Index 
 Zurück 
 Vor 
 Vollständiger Text 
Plenardebatten
Mittwoch, 7. Oktober 2015 - Straßburg Überprüfte Ausgabe

9. Feierliche Sitzung — Spanien
Video der Beiträge
PV
MPphoto
 

  El Presidente. – Majestad, señorías, es para mí un placer y un gran honor dar hoy la bienvenida a su majestad el rey Felipe ante el Pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo.

Majestad: hemos tenido la oportunidad de reunirnos en anteriores ocasiones, y le conozco como un hombre reflexivo e informado, como un hombre con una gran experiencia en los asuntos internacionales y europeos. Espero, por tanto, su discurso con gran interés. Un discurso muy importante en estos tiempos difíciles para Europa cuando tratamos de hacer frente al reto de nuestros tiempos —la inmigración—, y un discurso muy oportuno, dado que este año celebramos el trigésimo aniversario de la firma del Tratado de adhesión de España a la Comunidad Europea.

Los aniversarios son siempre un buen momento para hacer balance de los éxitos y de los fracasos, pero también para hacer planes de futuro.

Hace treinta años el sueño de muchas generaciones de españoles se hizo finalmente realidad: al término de un largo exilio, después de muchas penalidades y sacrificios, España volvía al lugar que le correspondía en el seno de la familia democrática europea.

En los últimos treinta años, Europa ha contribuido a hacer una España mejor y más fuerte. España ha contribuido, a su vez, a hacer mejor y más fuerte a Europa. Ha sido un éxito muy grande.

Me gustaría que, en los próximos años, España siga contribuyendo con su pasión y sus ideas al éxito de Europa. En estos tiempos difíciles, la Unión Europea necesita más que nunca a España. Me complace enormemente, por tanto, que su majestad el rey Felipe nos honre hoy con su presencia. Majestad: le doy la más calurosa bienvenida al Parlamento Europeo y le cedo la palabra.

 
  
MPphoto
 

  Felipe VI. Señor Presidente del Parlamento Europeo, señor presidente de la Comisión Europea, señorías, señoras y señores, quiero comenzar mis palabras ante esta Cámara agradeciendo al Presidente del Parlamento Europeo su amable invitación para dirigirme, como rey de España, a sus señorías, legítimos representantes de los ciudadanos europeos. Y gracias, Presidente, por sus palabras y por su generosa presentación. Lo hago como español que también se siente profundamente europeo; lo hago asumiendo la herencia histórica que nos precede y convencido de que nuestro futuro está en la continuación de nuestro gran proyecto común de la Unión Europea.

(Aplausos)

Para los hombres y mujeres de mi generación, Europa ha estado siempre presente en nuestro desarrollo intelectual y vital. Esa presencia, esa cercanía, ha dado lugar a afectos, a esperanzas e ilusiones; ha generado un sentimiento de pertenencia al proyecto europeo cuyo propio ser convive de forma constructiva y natural con nuestra identidad como nacionales de los Estados miembros de la Unión.

También, esa convicción en Europa nace de la clara conciencia de que la Unión es la historia de un indudable éxito colectivo que, a pesar de sus dificultades, ha conseguido, de modo sobresaliente, culminar sus principales y más altos objetivos.

Objetivos de paz, de concordia y convivencia entre naciones que, hace solo decenios, protagonizaron uno de los enfrentamientos más devastadores y brutales de la historia universal.

Objetivos de prosperidad y crecimiento económico, que han hecho posible que millones de hombres y mujeres ─de familias─ de nuestro continente hayan vivido y vivan con unos índices de bienestar material y social desconocidos en el tiempo.

Objetivos, sobre todo, definidos por firmes principios y valores humanos universales, que están en la base de esta obra inmensa, construida con inteligencia, con generosidad y con mucho esfuerzo y trabajo por europeos de diversas nacionalidades y de varias generaciones.

Esa fe en Europa con la que he comenzado mis palabras nace de la profunda identidad europea de mi país. España y los españoles somos —y sus señorías lo saben bien— europeos por cultura y geografía; por historia y también por vocación política. No es posible concebir España sin Europa, ni Europa sin España. Y, por tanto, soy europeo, porque soy español.

(Aplausos)

Los logros políticos, económicos y sociales, así como la extraordinaria proyección de España en los últimos decenios y en todos los campos, no podrían entenderse sin la voluntad democrática y de progreso del pueblo español y sin nuestro firme compromiso con la integración europea.

La España democrática de las últimas décadas se ha basado sólidamente en una firme y sincera voluntad de entendimiento entre los españoles; una voluntad generosa y fraternal. Y se ha sustentado en nuestra Constitución, que es el gran pacto que defiende, preserva y ampara los derechos y libertades de los ciudadanos, protege a los pueblos de España en el ejercicio de sus diversas culturas y tradiciones, lenguas e instituciones, y consagra la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político como valores esenciales de nuestra convivencia.

Europa se ha construido sobre la voluntad de sumar, no de restar; de aunar y no dividir; de saber compartir y ser solidarios. Tengan, así pues, señorías, la seguridad de poder contar con una España leal y responsable hacia el proyecto europeo; con una España unida y orgullosa de su diversidad; con una España solidaria y respetuosa con el Estado de Derecho. Así entiendo nuestra contribución a la prosperidad de la Unión Europea y a esta, como una de las obras políticas más importantes construidas en la historia reciente de la Humanidad.

Por otra parte, la pertenencia de España a la Unión Europea ha contribuido de un modo determinante al mayor desarrollo económico y social de nuestro país.

Este año celebramos el 30 aniversario del ingreso de España en las Comunidades Europeas. La «vuelta de España a Europa» —si me permiten esta expresión— se muestra como la culminación de un gran proyecto colectivo que arranca con los ilustrados del siglo XVIII y que fue sentido intensamente a partir de finales del siglo XIX. Las ideas de regeneración y modernización a través de Europa —muy presentes en el siglo pasado en Ortega y Gasset, y en Madariaga— se vincularon en los años 60 al camino hacia la democratización de mi país.

Así Europa ha sido uno de los grandes consensos básicos de la sociedad española. Ha sido el horizonte de la democracia y también de la modernización económica y la regeneración social y política de nuestro país; y lo sigue siendo hoy. Europa es donde los españoles queríamos estar, donde nos merecíamos estar y donde permaneceremos siempre.

(Aplausos)

Durante estos treinta años España ha demostrado ser un socio constructivo, en permanente compromiso con los valores y principios de la Unión, porque son los nuestros. Señorías, los españoles hemos mantenido siempre una actitud de confianza en la idea de Europa.

Mi país ha recibido mucho de la Unión, eso es indudable; pero también lo es que al mismo tiempo ha realizado una notable contribución al proyecto comunitario y a la construcción europea. España ha mostrado siempre su vocación europeísta, con aportaciones cruciales en ámbitos tan diversos como la ciudadanía europea, la política de cohesión, la promoción de la diversidad cultural y lingüística; o la profundización de un espacio de libertad, seguridad y justicia, caracterizado por el reconocimiento mutuo de resoluciones judiciales y por una efectiva cooperación policial que preserve nuestras libertades.

Además de construir desde dentro, España ha aportado a la Unión sus vínculos históricos con Iberoamérica, su estrecha relación con el Mediterráneo, su clara dimensión transatlántica y, en suma, su vocación universal.

En esta trayectoria, larga y positiva, no cabe ocultar —señorías— que los últimos años no han sido fáciles para España ni para otros muchos países de Europa. Aún sufrimos tasas muy altas de desempleo, uno de los principales problemas para nuestra economía y para nuestra sociedad. Son muchos los sacrificios que han tenido que hacer los españoles para volver a la senda del crecimiento y de la creación de empleo. Pero debemos entender y valorar que, para lograr todo ello, para la superación de la crisis, ha sido decisiva la contribución de las instituciones europeas.

Señor Presidente, señorías, el proyecto europeo, que nació hace más de 60 años, crea efectivamente un espacio de paz, prosperidad, libertad, justicia y solidaridad del que debemos sentirnos legítimamente orgullosos. Sin embargo, lo hecho hasta ahora no puede llevarnos a la complacencia o al conformismo. Nada está ganado para siempre. Y no podemos perder la visión de futuro, ni permitir estancarnos o retroceder ante las dificultades o los desafíos, que son grandes y que requieren, por ello, de un nuevo impulso político.

Es cierto que, a finales del siglo XX, Europa materializó la utopía inspirada por los ideales de la reconciliación, la paz y la prosperidad compartida, puesta en marcha por los padres fundadores en los años cincuenta. Pero hoy los europeos debemos identificar ─más allá de la conservación de lo logrado y de la superación de los retos cotidianos─ nuevos y altos objetivos, nuevas grandes metas que aporten fuerza e ilusión al proyecto europeo; tanto desde dentro, fruto de la convergencia entre el liderazgo de la dirigencia y el empuje y la sensibilidad de todos nuestros conciudadanos; como hacia fuera, en nuestra proyección exterior común.

Para que la Unión Europea recupere su protagonismo en el mundo es necesario formular un nuevo ideal; un nuevo propósito europeo que movilice a los ciudadanos a favor de la integración y del proyecto de unidad.

En este sentido, las consecuencias de la crisis económica y financiera sobre nuestras sociedades y los desafíos sociales y políticos que ha generado deben hacernos reflexionar y conducirnos a una acción decidida y eficaz que permita reforzar el proyecto europeo; un proyecto insustituible y vital para todos. Y, por ello, el fortalecimiento de la legitimidad democrática del proyecto comunitario es un elemento y una necesidad fundamental. Ha llegado el momento de evolucionar en Europa hacia una verdadera comunidad política reforzada.

Debemos trabajar para construir una Europa más integrada, que pueda afrontar con éxito la gestión de un futuro plenamente globalizado y que sea capaz de ofrecer a sus ciudadanos confianza y cercanía. Sin una Unión Europea fuerte no habrá solución eficaz a los problemas de nuestras respectivas naciones.

Como subrayó Jean Monnet en 1943: «Los países de Europa son demasiado pequeños para asegurar a sus pueblos la prosperidad y los avances sociales indispensables».

En este sentido y desde una perspectiva institucional, hay que subrayar que el Parlamento Europeo ha asumido un liderazgo decidido, y ofrece un poderoso impulso político hacia la integración comunitaria. No sería posible entender este proyecto de integración política y democrática, en tanto que unión de Estados y de ciudadanos, sin el Parlamento Europeo.

Pero a todos ─Estados miembros e instituciones comunitarias─ compete la tarea de reforzar el buen gobierno de la Unión, respetando la independencia y separación de poderes, velando por la transparencia y la rendición de cuentas y acercando, en definitiva, al ciudadano a la toma de decisiones.

La identificación de unos nuevos objetivos nos lleva necesariamente a subrayar la importancia de los principios y los valores que son el fundamento mismo de Europa: la libertad, la igualdad, la solidaridad, la dignidad de los hombres y mujeres, el pluralismo y la defensa de los derechos humanos son los fundamentos que nos definen como europeos.

Debemos preservar y hacer efectivos esos valores porque de ello depende nuestra identidad, y porque son nuestras convicciones profundas. Esos valores se encuentran hoy cuestionados y amenazados. La lucha contra esta amenaza es un imperativo irrenunciable para los pueblos que creemos en la democracia, que creemos en la libertad y la justicia.

Señorías, asegurar la prosperidad, el crecimiento y el empleo de los ciudadanos es también una de las máximas prioridades de la Unión.

Y para garantizar la sostenibilidad económica del proyecto comunitario, parece claro que debemos ahondar en el refuerzo de la unión económica y monetaria. En este contexto, el andamiaje institucional del que nos hemos dotado ha de seguir completándose mediante mecanismos que refuercen la solidaridad financiera y permitan, a través del control y la vigilancia, prevenir excesos pasados.

Así, en el futuro próximo debemos seguir impulsando un marco riguroso de coordinación y supervisión presupuestaria; avanzando en la introducción de mecanismos presupuestarios propios para la zona del euro; profundizando en la unión bancaria para superar la fragmentación efectiva de los mercados financieros; y, por encima de todo ello, estableciendo un marco que impulse la competitividad y la convergencia de las economías europeas.

Estoy convencido de que el debate sobre el futuro de la moneda común seguirá siendo enormemente relevante en los próximos meses y que dará frutos concretos basados en la responsabilidad y la solidaridad, verdaderas señas de identidad también del proceso de integración.

Para España, la moneda única es un logro irreversible. Y estamos convencidos de que la zona del euro se configura cada vez más como el núcleo de integración que nos ha de conducir a una mayor unión política.

Pero esa Unión nunca sería completa sin su imprescindible dimensión social, que no puede ser preterida. Creo por ello oportuno reiterar el compromiso asumido en el artículo 9 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, en el que se refleja claramente nuestra voluntad de alcanzar un elevado nivel de empleo y de protección social, de educación y de protección a la salud.

(Aplausos)

Hemos de lanzar una señal clara e inequívoca de que los problemas sociales se encuentran en el centro del proceso de integración y de que nuestra tarea, en este ámbito, debe ser ayudar a todos los Estados miembros y a sus ciudadanos a desarrollar su potencial de crecimiento y empleo, mejorando la cohesión social y corrigiendo las desigualdades, en línea con los objetivos propuestos.

Sin duda, la dimensión social de la Unión enlaza directamente con la Europa de los ciudadanos y dota de humanidad, de sensibilidad con los que más lo necesitan, a todo el proceso de integración comunitaria.

Me parece justo recordar en este punto las palabras de Jacques Delors: «Rechazo una Europa que no sea más que un mercado, una zona de libre cambio sin alma, sin conciencia, sin voluntad política, sin dimensión social. Si es allí —decía— hacia donde vamos, lanzo un grito de alarma».

(Aplausos)

Señorías, en el ámbito de las relaciones exteriores, la Unión Europea debe configurarse como un actor global, desde la fortaleza que le aportan su cohesión interna y la unidad de acción. Cabe resaltar así el compromiso de Europa con la paz y la seguridad, con la erradicación de la pobreza y la lucha contra el terrorismo, con la protección de los derechos humanos, o con el respeto a los principios fundamentales del Derecho Internacional.

Nuestra proyección exterior ha de asentarse en una política común de seguridad y defensa más ambiciosa y generosa, capaz de combinar de manera coherente sus capacidades civiles y militares para poder así ofrecer un enfoque integral en la gestión de las crisis a las que continuamente nos enfrentamos.

En ese contexto, la política europea de vecindad cobra todo su sentido ante, por ejemplo, el problema migratorio, y nos lleva a reflexionar sobre la necesidad de dotarnos de instrumentos de colaboración con nuestros países vecinos para evitar los desplazamientos masivos, la violencia o la inseguridad.

España tiene una útil e importante experiencia en el tratamiento de flujos migratorios. El diálogo y la cooperación con los países de origen y de tránsito de los emigrantes irregulares deben estar en el centro de una verdadera política de inmigración europea, como lo están en la política migratoria española. Por ello, España se ofrece a compartir su experiencia y a apoyar iniciativas en la Unión Europea en este ámbito.

Esta política ha de configurarse como un instrumento que nos permita afrontar los desafíos compartidos y también aprovechar las oportunidades en ámbitos como el comercio, la energía o la seguridad. Quisiera recordar, en este contexto, el impulso dado por España a una iniciativa concreta: la reunión interministerial informal de Barcelona del pasado 13 de abril con nuestros vecinos del Sur.

Además, debemos seguir trabajando para construir un denso entramado de relaciones que trascienda nuestro entorno más inmediato. España, convencida del valor añadido de una Unión capaz de afrontar los desafíos de un mundo global, ha impulsado y respaldado siempre las relaciones de la Unión Europea con aquellas regiones con las que nuestro país mantiene una vinculación especial, como, por ejemplo, Iberoamérica.

Tampoco hay que olvidar que, en un mundo globalizado, la agenda comercial cobra especial relevancia, dado el impacto directo que la creación de oportunidades, las inversiones y los intercambios tienen en el bienestar y la prosperidad de nuestras sociedades.

Recuerdo y subrayo igualmente la importancia de impulsar políticas de preservación del medio ambiente y de lucha contra el cambio climático. Tenemos la oportunidad de avanzar en este campo, con las miras puestas en las nuevas generaciones, pues es realmente nuestro deber dejarles un mundo mejor.

Señorías, si bien son muchos los desafíos a los que nos enfrentamos, no puedo dejar de referirme más explícitamente al drama que hoy está teniendo lugar en nuestras fronteras.

Estamos sobrecogidos ante el sufrimiento desgarrador de aquellos que vienen a Europa huyendo de la violencia y el fanatismo. Son cientos de miles los refugiados que persiguen un proyecto de esperanza, que ven en la Unión un territorio de paz, prosperidad y justicia. No podemos defraudarles.

Debemos responder desde la generosidad, la solidaridad y la responsabilidad, con un enfoque global e integral que contribuya a abordar las causas del éxodo de estas personas forzadas a abandonar sus países de origen. Estoy plenamente convencido de que lo lograremos; como también lo estoy de que la única forma de llevarlo a cabo con éxito es hacerlo entre todos.

Señor Presidente, señorías, señoras y señores, como ya he dicho, la Unión Europea es una historia de éxito que debemos reconocer, valorar y admirar mucho más. Y gracias a este éxito, la Unión se encuentra hoy en una nueva etapa de su trayectoria que debe construirse e impulsarse ─como hicieron los padres fundadores─ desde los más altos valores y buscando alcanzar, nuevamente, las máximas metas.

Lo conseguiremos. Y lo conseguiremos con firmeza, con decisión y con la mayor ambición. Sin dudar. Con la indispensable participación y con el insustituible protagonismo de todos los ciudadanos de nuestras naciones.

El 19 de junio del año 2014, día de mi proclamación como Rey, dije ante el Parlamento de España que había llegado la hora de «una Monarquía renovada para un tiempo nuevo». Hoy afirmo ante esta Cámara que representa a los ciudadanos europeos, que todos tenemos el apasionante reto de construir también una Europa renovada para un tiempo nuevo en un mundo ciertamente distinto. No hay alternativa a una Europa unida. Tengamos confianza en Europa. Tengamos confianza en nosotros mismos, los europeos.

Muchas gracias.

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 

  Der Präsident. – Majestät! Ich möchte mich herzlich bedanken für Ihre außergewöhnliche Ermutigung, die Sie diesem Parlament mit Ihrer Rede entgegengebracht haben. Ich glaube, dass der Ansporn, den Sie unserem Haus mit Ihren Worten gegeben haben, hier nicht ungehört verhallt. Der Kampf für ein einiges Europa, den Sie mit Ihrer Rede auch zu Ihrer Sache gemacht haben, ist unsere gemeinsame Aufgabe. Ich glaube, ich spreche im Namen der Abgeordneten dieses Hauses, wenn ich Ihnen von ganzem Herzen für diese großartige Rede danke. Vielen Dank!

(Beifall)

 
  
  

PRESIDENZA DELL'ON. ANTONIO TAJANI
Vicepresidente

 
  
MPphoto
 

  István Ujhelyi (S&D). Elnök Úr, tisztelt Parlament, Magyarország gyászol. Szomorú, de szívből jövő kötelezettségem itt az Európai Parlament, az európai népek közvetlenül választott politikai testülete előtt beszámolni arról, hogy a tegnapi nap elhunyt Európa egyik bölcse, a magyar demokrácia egyik legnagyobb alakja: Göncz Árpád, korábbi író, az '56-os szabadságforradalom nagy alakja, a Magyar Köztársaság tíz éven keresztül a rendszerváltás követően első embere, köztársasági elnöke. Nagy megtiszteltetés, hogy ebben a házban Európa egyik bölcséről a kelet-európai demokráciák egyik fő alakítójáról megemlékezhetünk, és talán szimbolikus is, hogy a mai napon, akkor, amikor olyan események történnek a Házban, amely talán kizökkent minket a mindennapi politikai adok-kapokból. Göncz Árpád magyar író, műfordító, politikus volt, '56-os szerepvállalásáért életfogytiglanra ítélték, hat év után szabadult. Tagja lett a rendszerváltás utáni első magyar országgyűlésnek, annak elnöke lett, majd azt követően tíz éven keresztül a Magyar Köztársaság elnöke. Azóta sem volt hozzá hasonló, népszerű, a magyar társadalom által rajongásig szeretett vezetője Magyarországnak, aki 2000-ben megkapta a „Vision for Europe” díjat az egységes Európa megteremtéséért folytatott munkájáért. Később lánya, Göncz Kinga az Önök kollegája, európai parlamenti képviselő lett. Mindössze egy idézettel szeretnék tőle búcsúzni, azért, hogy itt hagyjam nekünk, a mai kor politikusainak az ő gondolkodását. Ő azt mondta: „Valahol a népszerűség igazi titka, ha az ember nem igazodik mindig a népszerűség követelményeihez.” „A hatalomhoz való viszonyunk az, amin megmérettetünk. Azon, hogy ki mire használta.” Emlékezzünk Göncz Árpádra!

 
  
MPphoto
 

  Presidente. – Grazie, ci associamo al lutto, nel ricordo anche di tutte le vittime dell'invasione dell'Ungheria del 1956. Ricordiamo quest'uomo, ma ricordiamo anche tutti coloro che sono caduti in nome della libertà attraverso di lui.

 
  
MPphoto
 

  Gerben-Jan Gerbrandy (ALDE). Mr President, a point of order as well. Yesterday we discussed publicly, for more than three hours, the emission measurements of the automotive industry – better known as ‘Dieselgate’ – while at the same time in Brussels the so-called Technical Committee for Motor Vehicles met. That is a comitology committee of national experts chaired by the Commission. Since a total lack of transparency is a crucial element in the current car crisis, I believe that this House ...

(The President interrupted the speaker)

This is a point of order. I do believe that this House and the European public have the right to know the position of the Commission and the national governments in this field. So my request to you is: could you please ask for the full minutes – not the summary notes – including the underlying documents of this meeting?

 
  
MPphoto
 

  Iratxe García Pérez (S&D). Señor Presidente, como hablamos del reconocimiento de las víctimas, yo quiero usar este turno de palabra también para decir que en España, en menos de cuarenta y ocho horas, cuatro mujeres han sido víctimas de violencia de género, asesinadas por el terrorismo machista. Si tuviéramos datos de lo que ocurre en Europa, esta realidad sería todavía mucho peor. Hablamos de vidas de mujeres que están siendo asesinadas por el mero hecho de serlo y urjo a la Comisión Europea a que deje las palabras y actúe en este sentido.

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 

  Presidente. – Onorevole, non era un punto all'ordine del giorno, vi prego di intervenire sui punti all'ordine del giorno, naturalmente ci associamo tutti contro la violenza contro le donne, non soltanto in Spagna ma in tutta Europa e in tutto il mondo.

 
  
MPphoto
 

  Morten Messerschmidt (ECR). Mr President, I want to raise a point concerning the first vote on today’s voting list, on the calendar. As you can see, there will be no vote, because none of the amendments presented were deemed admissible. I have been asking for more than a week now for a reason why the proposal from the ECR Group, to limit the Strasbourg part-sessions from four to three days, would be inadmissible according to Mr Schultz. He refers to a verdict from the European Court of Justice from 2012, but that says nothing about the length of the part-sessions here.

Therefore I would like to request either that we vote on the amendment presented by the ECR or that we have an in-depth analysis so that we can actually know within what framework we can present the amendments according to the calendar. It makes no sense for this House to approve a calendar if we are not entitled to amend it.

(Applause)

 
  
MPphoto
 

  Presidente. – A nome del gruppo ECR, l'onorevole Messerschmidt ha depositato un emendamento inteso a sopprimere la giornata del giovedì da tutte le tornate di Strasburgo del 2017.

Il gruppo ECR depositò già un emendamento analogo nel 2014 relativamente al calendario del 2015. In quell'occasione il Presidente Schulz considerò l'emendamento irricevibile giudicando che esso sarebbe stato contrario alla giurisprudenza sull'applicazione del protocollo n. 6 sulle sedi delle Istituzioni. Su richiesta del suo gruppo, il Presidente domandò il parere del Servizio giuridico che però confermò l'interpretazione del Presidente. Quindi essendo stato dichiarato irricevibile, come nel 2014 – io non interrompo voi ma non amo essere interrotto da voi – visto che sto rispondendo ad un quesito giuridico posto da un parlamentare e da un gruppo politico, vi prego di ascoltare quello che la Presidenza intende comunicare al gruppo politico che ha sollevato un problema legittimo e giuridicamente rilevante.

Dicevo quindi, siccome l'emendamento che Lei con il suo gruppo ha presentato per il calendario del prossimo anno, essendo analogo o identico a quell'emendamento, essendo stato dichiarato irricevibile dal Presidente, e poi la scelta del Presidente confermata dal servizio giuridico, la Presidenza non può non considerare irricevibile lo stesso emendamento presentato quest'anno. Quindi non ci sarà votazione. Quindi non essendo stato depositato alcun emendamento in plenaria relativo al calendario dei periodi di sessione 2017 proposto dalla Conferenza dei presidenti ed annunciato in plenaria lunedì 5 ottobre 2016, dichiaro adottato il calendario dei periodi di sessione per il 2017.

 
  
MPphoto
 

  Morten Messerschmidt (ECR). Mr President, could we have the reason in writing? That has not been presented to us. I would like to see from the Legal Service the reason why this should be inadmissible. So if you just pass that to our office we would appreciate that.

 
Rechtlicher Hinweis