Cambio en la política de biocombustibles: reducir el CO2 y reforzar la seguridad alimentaria  

 
 

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En la última década, la UE ha promovido transformar las plantas en combustible para reducir las emisiones de CO2 del transporte. Hoy en día algunos afirman que los biocarburantes han generado más CO2 del que han evitado. Esto se debe a que la demanda de cultivos necesarios para su producción ha provocado deforestación. En la actualidad, la UE quiere limitar el combustible producido a través de cultivos alimentarios y reemplazarlo por aquel generado vía fuentes no alimentarias como los residuos.

La UE se ha comprometido a que en 2020 se haya logrado que el 10 por ciento del combustible para transporte provenga de fuentes renovables, principalmente de los biocarburantes. Pero la presión es cada vez mayor para intentar cambiar esta política y limitar la cantidad de comida utilizada para producir biocombustibles.


Para responder a esta cuestión, el 28 de abril de 2015, el Parlamento Europeo votó a favor del consenso alcanzado con los Gobiernos de la Unión Europea para limitar el volumen de combustible producido a partir de cultivos alimentarios como la semilla de colza y el aceite de palma.


La nueva legislación entrará en vigor en 2017. Lea los artículos que recopilamos en este dossier para ampliar su información sobre la materia.


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