Discurso de investidura del Presidente del Parlamento Europeo Jerzy Buzek
Señora y señores Presidentes del Parlamento Europeo:
Señoras y señores Ministros:
Señoras y señores presidentes y representantes de las instituciones europeas:
Estimados colegas, y ante todo, apreciados amigos:
Me encuentro hoy ante ustedes en mi calidad de decimotercer Presidente de esta Cámara constituida por medio de elecciones directas. Es un placer contar entre nosotros con los antiguos Presidentes:
- Sr. Emilio Colombo,
- Sr. Enrique Barón Crespo,
- Sr. Egon Klepsch,
- Sr. Klaus Hänsch,
- Sr. José María Gil-Robles,
- Sra. Nicole Fontaine,
- Sr. Pat Cox,
- Sr. Hans-Gert Pöttering.
Es un gran honor tenerles hoy aquí.
Tal como han afirmado repetidas veces muchos de ustedes, mi elección es también un símbolo. Un símbolo de los sueños de unidad europea de los ciudadanos de nuestra región, hoy hechos realidad.
Estimados colegas de Estonia, Letonia, Lituania, Eslovaquia, República Checa, Hungría, Eslovenia, Chipre y Malta:
Conozco y comprendo las inquietudes, las necesidades y las expectativas de los países recién adheridos a la Unión. Las conozco porque en mi país son parecidas. Ahora vamos a asumir juntos la responsabilidad del futuro de nuestro continente. Ya no hay una vieja Europa y una nueva Europa. Se trata ahora de nuestra Europa, de la Europa común. Una Europa que queremos moderna y fuerte, y que así la vean nuestros ciudadanos.
Esto exigirá trabajo y energía.
Se trata de un objetivo digno de esfuerzo porque están en juego los sueños de varias generaciones de europeos. Y estoy preparado para ese trabajo y ese esfuerzo porque esos sueños fueron un día también los míos.
Estimados colegas:
En el momento de iniciar la presente legislatura, Europa y nosotros mismos —sus representantes— nos enfrentamos a numerosos desafíos. No podemos olvidar que, en los citados esfuerzos por una mejor Europa, el Parlamento Europeo desempeña un papel especial, no solo institucional sino también social. Un papel altamente simbólico. El Parlamento Europeo es la esencia del sistema democrático europeo.
El Parlamento Europeo es el fundamento de la solidez y la estabilidad de dicho sistema, el guardián de los ideales y valores que se plasman no solo en nuestras decisiones y en sus consecuencias, sino también en nuestros debates.
Los griegos, que inventaron la democracia, acostumbran a decir por voz de su maestro Aristóteles que el indicador de la madurez humana —y por tanto también social— es la capacidad de resolución de conflictos y de conciliación de intereses contrapuestos no por la vía violenta sino a través del diálogo y el debate. El Parlamento Europeo, continuador de esta tradición, es también el garante de la estabilidad de la escena política en la que se desarrollan escenarios diversos y en la que el poder corresponde a los diputados. Pero el Parlamento Europeo tiene también otra misión: la de crear la visión de una nueva Europa, una visión que vaya más allá del presente, de lo que es, y que alcance a lo que debería ser. Para crear conjuntamente esta visión necesitamos imaginación, conocimientos, sabiduría y sobre todo valentía.
La filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt dijo una vez que la política es el único ámbito, junto con la religión, en el que pueden darse milagros. Nosotros, en Europa, hace exactamente hoy veinte años, asistimos a uno de estos milagros. Y por eso mismo creemos en la fuerza del coraje, de la imaginación y del saber. Me parece que todos los aquí reunidos creemos en ella.
Contemplo con optimismo los importantes retos que se nos plantean y que a mi modo de ver son los siguientes:
1. Crisis económica y solidaridad europea,
2. Energía y ecología,
3. Política exterior,
4. Derechos humanos y sistema de valores,
5. Nuestro Parlamento y su reforma.
Señoras y señores Diputados:
La cuestión de la crisis económica es la más dolorosa y compleja. Debemos superar la crisis y lo haremos. Europa ha adoptado un papel de liderazgo en este respecto, proponiendo soluciones en los grupos G8 y G20, soluciones que sin implicar una renuncia a nuestro modelo social contribuirán al mejoramiento de la economía mundial.
En un contexto de mundialización, Europa debe hablar con una sola voz.
En tiempos de crisis como los actuales, debemos priorizar especialmente el crecimiento económico y la lucha contra el paro, resucitar las ideas de la Estrategia de Lisboa, y hallar los medios de invertir en nuevas tecnologías, en innovación, en educación y en capital humano. El presupuesto comunitario juega un importante papel a la hora de dotar a los programas de investigación europeos de prioridades y procedimientos claros.
En nuestra lucha contra la crisis, debemos escuchar a los economistas que propugnan aprovecharla para acometer una reforma en profundidad de la economía europea y mundial. Una vez fuera de la crisis se apagará el deseo de reformas, con lo que tampoco estaremos protegidos frente a la siguiente crisis.
De acuerdo con el nuevo Tratado, el Parlamento y el Consejo tienen las mismas competencias presupuestarias. El procedimiento de codecisión abarca los ámbitos de agricultura, pesca, comercio exterior, justicia y asuntos de interior, otorgándonos las mismas competencias también en lo relativo a los gastos agrarios.
Tenemos este derecho y deberíamos ejercerlo, pero no solo para superar la crisis.
Debemos resistir a la tentación del proteccionismo y la renacionalización de los ámbitos cubiertos por las políticas comunes. La política de cohesión debe seguir siendo una prioridad en el próximo presupuesto comunitario si queremos llegar a la plena integración de una Europa reunificada. El mercado único es nuestro mayor logro y debemos defenderlo y consolidarlo para que Europa siga siendo competitiva.
Esto significa reforzar y no debilitar la integración europea. Tengamos pues la valentía de proclamar nuestras convicciones. Expliquemos a los ciudadanos por qué Europa es algo positivo y por qué la estructura comunitaria nos reportará beneficios a todos los europeos.
Si no se valora la importancia y las necesidades de la vida en sociedad no será posible luchar contra la crisis.
La Comunidad que construimos no puede dinamizarse ni entenderse ni tampoco sería habitable sin dos elementos: la solidaridad y la cohesión social.
En efecto, no puede existir una auténtica comunidad que no se ocupe de todos, y especialmente de los más débiles: los parados, las personas sin formación, los habitantes de las regiones más rurales y periféricas.
La lucha contra el paro constituye el objetivo primordial de la Presidencia sueca. Nos proponemos ayudarla en su labor con la máxima energía.
Hubo un tiempo en que, del otro lado del telón de acero, coreábamos por las calles: «No hay libertad sin solidaridad». Hoy podemos decir que sin solidaridad no hay tampoco comunidad. Sin solidaridad no es posible una Europa moderna y fuerte.
Apreciados amigos:
Sin el potencial intelectual, económico y creativo de las mujeres no podremos superar la crisis.
La mitad de nuestra sociedad no disfruta de las mismas posibilidades y oportunidades que la otra mitad.
La crisis demográfica exige un fortalecimiento de la familia y de la natalidad. Debemos procurar que las mujeres no sacrifiquen sus carreras profesionales por su familia y por la educación de sus hijos.
Para superar la crisis demográfica sin renunciar a nuestros principios democráticos debemos también ser una comunidad abierta. La inmigración siempre ha sido beneficiosa para Europa. Hay que proponer soluciones que permitan acoger a inmigrantes y crear las condiciones para su integración, pero también esperar de ellos que estén abiertos a la misma.
El diálogo intercultural puesto en marcha por mi predecesor, Hans-Gert Pöttering, constituye un instrumento positivo y demostrado para dicha integración.
Estimados colegas:
Nos enfrentamos a una crisis energética. Es posible que los europeos no entiendan de geopolítica. Pero sí entienden los cortes de la calefacción. Debemos avanzar en la diversificación de las fuentes de energía aumentando las inversiones en fuentes renovables y combustibles fósiles. La energía nuclear sigue a nuestra disposición, pendiente de las decisiones de los Estados miembros. Debemos ampliar la red de gasoductos exteriores para no depender un solo Estado. Debemos reforzar las interconexiones entre nuestras redes gasísticas y eléctricas, así como sopesar la posibilidad de compras conjuntas de gas, para crear así un verdadero mercado europeo de solidaridad energética. Entiendo que ha llegado la hora de una verdadera política energética común de la Unión Europea, y trabajaré por que se ponga en marcha.
La creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1951 constituyó el germen de nuestra Comunidad. Robert Schuman declaró a la sazón que «la solidaridad de producción que así surgirá hará que toda guerra (...) no solamente resulte impensable sino también materialmente imposible».
Apreciados amigos:
Nuestra política energética debe tener en cuenta los riesgos medioambientales derivados del cambio climático. Necesitamos una «revolución verde» y una ética de la autolimitación.
El Parlamento Europeo está debatiendo sobre esta cuestión. He trabajado, junto con numerosos colegas diputados, en la Comisión Temporal sobre el Cambio Climático. Ya conocéis mis puntos de vista y sabéis que colaboraré con vosotros en favor de un compromiso en Copenhague, que será beneficioso tanto para el medio ambiente como para nuestras economías.
Señoras y señores diputados:
Somos una institución importante en la escena internacional. Es lo que esperan de nosotros nuestros conciudadanos. Necesitamos más Europa no solo dentro de nuestras fronteras sino también en el mundo. Una política exterior coherente y eficaz que conlleve una visión del orden mundial debería ser uno de los grandes objetivos de la actual legislatura.
Jean Monnet dijo una vez que todos tenemos una ambición. La pregunta sería si esta ambición es ser alguien o conseguir alguna cosa. Tengamos la ambición de conseguir alguna cosa en esta legislatura.
¿Qué es lo más importante?
Primero:
Una política activa en relación con nuestros vecinos orientales y meridionales. A tal efecto debemos continuar con nuestro trabajo en el marco de la Asamblea Interparlamentaria APEM y adoptar acciones en el marco de Euronest.
Segundo:
Promover la democracia y los modelos de buena gobernanza. Debemos aprovechar las asambleas interparlamentarias y nuestras delegaciones para organizar cumbres parlamentarias previas a las cumbres bilaterales de la Unión. Esto es de gran importancia puesto que el Parlamento Europeo va a legislar en codecisión en un mayor número de políticas. Un buen ejemplo de esta cooperación es Eurolat.
Tercero:
Es hora de crear una auténtica asociación parlamentaria transatlántica y de establecer conjuntamente un nuevo marco para el orden mundial. Trabajaré por reforzar los vínculos con el Congreso de los Estados Unidos a todos los niveles.
Cuarto:
Trabajar en nuestra asociación estratégica con Rusia sin olvidar que, al igual que en nuestras relaciones con China, los aspectos económicos y políticos no deben nunca primar sobre los derechos humanos, el Estado de Derecho y la democracia. Como Presidente me comprometeré plenamente con el diálogo con nuestros socios rusos, en el marco también de la nueva estrategia para el Báltico.
Quinto:
Debemos fortalecer nuestras relaciones con India y las demás potencias emergentes, como Brasil y la República de Sudáfrica. India debe ser nuestro socio tanto en el terreno económico como en el político.
Sexto: Oriente Próximo sigue siendo clave para la estabilización mundial. Europa debe desempeñar un papel activo en dicha región.
Séptimo:
La ampliación es una de nuestras estrategias políticas más exitosas. ¿Alguno de nuestros antepasados europeos pudo alguna vez disfrutar de una paz duradera y de un bienestar como los que hoy conocemos? Croacia, y tal vez también Islandia, parecen los países más con más bazas para la adhesión.
Octavo:
La Unión es el mayor contribuyente mundial de la ayuda al desarrollo. Debemos elaborar un listado de nuestros beneficiarios actuales y potenciales y recordar nuestras obligaciones para con ellos, de conformidad con los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Aun cerrando nuestras puertas a algunos forasteros, no les cerremos por ello nuestros corazones y esforcémonos en la medida de lo posible por que en sus países se acerquen a nuestros niveles.
Noveno:
Debemos procurar reforzar las misiones enviadas por la Unión en el marco de la política europea de seguridad y defensa, que en el transcurso de los últimos seis años han sido veintidós. Estas misiones deben estar dotadas de un mandato claro y de los recursos necesarios para su actuación. El Parlamento Europeo desea asegurarse un control y una supervisión más estrictas de las mismas. Las nuevas competencias presupuestarias que el Parlamento adquirirá en virtud del Tratado de Lisboa mejorarán posiblemente nuestra flexibilidad en cuanto a la dotación de fondos para las misiones necesarias que nosotros apoyamos.
Estimados colegas:
La introducción del nuevo Tratado debe ser nuestra prioridad en un futuro inmediato. Me comprometo a preparar al Parlamento para adaptar su funcionamiento a las nuevas disposiciones del Tratado cuando éste entre en vigor.
Pero al margen del Tratado, percibimos la necesidad de reformas. Percibimos la necesidad de introducir un parlamentarismo más dinámico en nuestra cámara.
Como Presidente del Parlamento deseo basarme en la labor esencial iniciada por otros en los últimos años en el ámbito de la reforma parlamentaria. Ya se han hecho muchos cambios positivos pero debemos seguir avanzando.
Haré todo lo posible por ampliar el espacio para un debate político creativo en nuestra cámara.
Debemos insistir con firmeza en la primacía de la democracia sobre la tecnocracia.
A nivel personal, soy ferviente partidario de una mayor utilización del sistema de petición de uso de palabra desde la sala, para así dinamizar los debates en el Pleno. Entiendo que ello supone una especial garantía para los derechos de las minorías, es decir, de aquellos colegas que no ejercen ningún cargo en el Parlamento, o de sus grupos.
Como parlamentarios tenemos la obligación de escuchar la voz de nuestros conciudadanos. Pero al mismo tiempo también debemos convencerles de las ventajas de una Europa más unida y eficaz.
El elemento más importante de entre los pendientes en el proceso de reforma es la mejora de las relaciones con las restantes instituciones de la UE: la Comisión Europea y el Consejo de Ministros. Una parte importante de mi mandato será destinada a este fin.
Como Presidente me esforzaré en elaborar un nuevo modelo de colaboración con la Comisión Europea destinado a reforzar el control parlamentario del poder ejecutivo y a ampliar la responsabilidad de los órganos ejecutivos frente el Parlamento.
El pasado mes de julio pedí al Presidente de la Comisión que participase en un turno de preguntas que se celebrará cada mes en el Parlamento y durante el cual quienes deseen formularlas podrán intervenir desde el mismo hemiciclo. Mi propuesta es que iniciemos este tipo de debates lo antes posible.
Hace dos semanas, el Presidente Barroso nos transmitió las «orientaciones políticas» de su segundo mandato. Se trata de una novedad significativa: la aceptación de la lógica según la cual es el Parlamento quien elige al Presidente de la Comisión. Debo manifestar en este sentido mi profunda satisfacción.
Asimismo, he invitado a las comisiones parlamentarias a examinar la legislación todavía por adoptar y a comprobar si la nueva Comisión tiene intención de rechazar, modificar o mantener sus propuestas legislativas. Invito también a las comisiones a un debate en profundidad sobre la futura estrategia política de modo que las comparecencias de los candidatos propuestos a comisarios se basen en los aspectos legislativos concretos en lugar de únicamente en la valoración de sus currículos y su experiencia profesional.
Debemos reforzar las relaciones con el Consejo de Ministros. Para que estas relaciones sean creíbles, deben reflejar el hecho de que en la actual Unión Europea el Parlamento es un auténtico legislador.
Debemos, asimismo, trabajar conjuntamente en la resolución de los problemas institucionales derivados del Tratado de Lisboa, que giran en torno a la extensión del procedimiento de codecisión, al nuevo sistema de comitología, a la designación de un nuevo Alto Representante y Vicepresidente de la Comisión, al control democrático del nuevo servicio para las acciones exteriores y a la actitud que cabrá adoptar frente a la nueva «doble Presidencia del Consejo» en las sesiones plenarias.
Nuestras relaciones con los veintisiete parlamentos nacionales de la Unión Europea deben desarrollarse en el mismo espíritu. En los últimos años nuestra cooperación ha tendido a aumentar, y el Tratado de Lisboa refuerza aún más si cabe nuestros contactos, otorgando un valor añadido al papel de los mismos en la creación de normas favorables para los ciudadanos. Un perfecto ejemplo de esta cooperación lo constituye el programa de Estocolmo en materia de justicia y de seguridad de los ciudadanos. En dicho programa ocupa un lugar decisivo la lucha contra la delincuencia organizada, tanto dentro como fuera de la Unión Europea, en concertación con los principales actores mundiales.
Como Presidente, tengo la intención de profundizar en estas relaciones en todos los ámbitos.
Es mi deseo que se prosiga con las reformas orientadas a destinar directamente los recursos humanos y los gastos del Parlamento a las actividades programadas.
Las comisiones que se ocupan de las diferentes estrategias políticas deben disponer de conocimientos especializados de calidad.
La riqueza y la fuerza de nuestra cámara residen también en las diferencias nacionales, lingüísticas y de mentalidad. Son estas diferencias las que hacen de Europa un territorio fascinante, y por eso mismo debemos contar con herramientas eficaces que nos permitan entendernos. Los diputados deben poder expresarse en su lengua materna, si así lo desean, para representar adecuadamente a sus electores. Soy consciente de este problema y me ocuparé de resolverlo.
Señoras y señores Diputados:
Debemos tener siempre presente que la Unión no consiste únicamente en afrontar los retos de futuro o en perseguir mayor bienestar y estabilidad. Cuando hablamos de Unión Europea hablamos ante todo de derechos humanos. Los derechos de las minorías —nacionales, étnicas, religiosas o ideológicas—, así como los derechos de las personas con discapacidades físicas o mentales de toda índole deben ser en todo momento protegidos.
Observo con inquietud las tensiones existentes en las relaciones entre Eslovaquia y Hungría por la cuestión de las minorías nacionales. Quiero ofrecer mi apoyo a la resolución del conflicto de acuerdo con los valores de nuestra Institución.
Un buen ejemplo de esta actuación es el premio Sájarov, que distingue a los líderes de la lucha por los derechos humanos, los cuales constituyen actualmente la base de lo que daré en llamar «Red Sájarov», que tengo intención de desarrollar. Deseo asimismo que sigamos adelante con el proyecto de la Casa de la Historia Europea iniciado por mi predecesor, Hans-Gert Pöttering.
Quisiera insistir una vez más, en esta Cámara, en que la Unión es una comunidad de ideales y valores.
Todos conocemos y estimamos estos valores. Estoy hablando de libertad, de igualdad, de solidaridad, de Estado de Derecho, de tolerancia y amor al prójimo, de seguridad y protección de la intimidad, de fe y razón, de derechos humanos y felicidad personal, y también de propiedad, familia y confianza mutua. Estoy hablando de memoria y de historia, y de futuro común.
La Comunidad Europea no es un fin en sí mismo, sino un vehículo que asegura la protección de estos valores y da esperanzas de que esta protección sea duradera y eficaz.
Estimados colegas:
Como Presidente me comprometo a colaborar con ustedes en la búsqueda de medios para promover un demos auténticamente europeo. Estoy decidido a adoptar medidas para garantizar a todas las comisiones y delegaciones el acceso a la televisión por satélite y por Internet. Los ciudadanos deben saber cómo se debate sobre sus derechos, y de qué manera estos se modifican y se someten a votación.
Debemos examinar en profundidad el sistema de organización de las elecciones europeas. Convendría, por ejemplo, insistir en el uso de las nuevas tecnologías en los procesos electorales, para aumentar el nivel de participación de los ciudadanos. Por otra parte, es hora ya de iniciar el debate sobre los partidos políticos europeos. Los ciudadanos tienen derecho a saber por quién votan, no solo en sus países sino también en Europa.
Entiendo que la cooperación con la Conferencia de Presidentes de Grupos Políticos reviste suma importancia. Asumiremos conjunta y solidariamente la responsabilidad por las actuaciones de nuestra Institución, junto con los catorce vicepresidentes de la Mesa, a quienes agradezco su declaración de cooperación. Es también de valorar el deseo de colaboración de los presidentes de las comisiones parlamentarias. Desearía que los presidentes de las delegaciones interparlamentarias permanentes pudieran influir significativamente en la política exterior de la Unión. Me ocuparé también, junto con los Cuestores, del presupuesto del Parlamento.
Pero sobre todo cuento con su colaboración, estimados colegas. Como Presidente del Parlamento Europeo soy consciente de mi responsabilidad de garantizarles unas buenas condiciones de trabajo. Pero al mismo tiempo quisiera también alentarles encarecidamente a contribuir a ello con su esfuerzo.
Señoras y señores:
Para la mayoría de nosotros el Tratado de Lisboa es una solución institucional esperada, pues se traducirá en una mayor eficacia de la Unión en la resolución de los problemas cotidianos y acercará las instituciones europeas a los ciudadanos.
Bronisław Geremek, en cuyo nombre hemos bautizado el principal espacio interior de nuestro Parlamento en Estrasburgo, gustaba de citar la conocida frase de que la integración europea es como ir en bicicleta: hay que pedalear constantemente hacia adelante para mantener el equilibrio y controlar la dirección de la marcha. Esto nos demuestra hasta qué punto nos es necesaria la ratificación del Tratado de Lisboa.
Apreciados amigos:
Hace menos de una semana asistí, en el Parlamento polaco, a los actos de conmemoración del vigésimo aniversario de la constitución del Gobierno de Tadeusz Mazowiecki, que fue el primer Gobierno no comunista en esta parte de Europa. A la sazón ganó el movimiento Solidarność pues concurríamos juntos: unidos y solidarios. Este aniversario es especialmente emotivo puesto que fue justo entonces cuando se inició la fulminante caída de los sistemas totalitarios de otros países de Europa central. Fue la primera brecha que permitió derribar el muro que dividía Europa.
Hoy os hablo desde Estrasburgo, capital de una región cuyo destino me recuerda el de mi Silesia, región fronteriza cuyos habitantes se han visto obligados a menudo a cambiar de nacionalidad sin que previamente hubiesen cambiado de lugar de residencia.
Prometo solemnemente que como Presidente del Parlamento en los próximos años seré vuestro embajador y el portador del mensaje de un continente reunificado a los ciudadanos de Europa y del mundo.
Debemos trabajar juntos en la búsqueda de soluciones concretas y prácticas a los grandes retos a que se enfrentan hoy Europa y el mundo.
Se trata de hacer realidad nuestros sueños. Pongamos pues manos a la obra con entusiasmo, conocimiento y coraje.
Porque es nuestra Europa: una Europa común, moderna y fuerte.
Muchas gracias.
