Índice 
 Anterior 
 Siguiente 
 Texto íntegro 
Debates
Martes 4 de julio de 2006 - Estrasburgo Edición DO

4. 70 años después del golpe de Estado del General Franco en España - (Declaraciones del Presidente y de los Grupos políticos)
PV
MPphoto
 
 

  El Presidente. Como primer punto de nuestro orden del día, voy a efectuar una declaración sobre los 70 años después del golpe de Estado del General Franco en España, el 18 de julio de 1936.

Como saben, un grupo de 200 diputados solicitó con sus firmas una pregunta oral a la Comisión y al Consejo, cuyo objeto, explícitamente señalado, era un debate sobre la condena al régimen de Franco en el 70 aniversario del golpe de Estado franquista.

La Conferencia de Presidentes no aceptó esta petición y consideró más oportuno efectuar una declaración del Presidente, seguida de las tomas de posición de los diferentes Grupos políticos sobre el significado de esta fecha; es lo que estamos haciendo ahora.

Es una fecha ya lejana en la Historia: 70 años nos separan del 18 de julio de 1936. Es casi tanto como la esperanza de vida de la generación de españoles que protagonizamos la transición a la democracia, una transición considerada modélica, pero cuyo éxito necesitó de olvidos selectivos o de aplazamientos de la memoria, que ahora emerge en un proceso de recuperación que llena las librerías y se plasma hasta en leyes.

Como les dije hace dos años, yo pertenezco a esta generación —como muchos de los diputados españoles que están aquí— y es inevitable que mi relación personal con el pasado determine mi recuerdo. Pero esta es una declaración institucional, como Presidente de la Cámara, y mi recuerdo de hoy debe ser un acto político que transcienda lo personal. Porque traer al presente nuestro pasado es un acto de voluntad que tiene que ver, sobre todo, con el futuro que queremos construir, y lo queremos construir no solo sobre la frágil y perecedera memoria de cada cual, sino sobre la Historia, que no se recuerda, sino que se aprende, y que, por ello mismo, se puede compartir.

Y la Historia nos dice que ese día parte del ejército español —solo parte— se alzó contra el Gobierno de la Segunda República, elegido democráticamente por los españoles en 1931. Se frustró así una gran esperanza, porque esa república había llegado con el ánimo de propiciar la democracia y abordar reformas pendientes de gran calado: la agraria, la militar, la separación de la Iglesia y del Estado, el establecimiento de una seguridad social, los Estatutos de Autonomía para las regiones, y derechos como el voto de la mujer o el divorcio, en una sociedad profundamente patriarcal.

Esas reformas se convirtieron en punto de referencia para muchos países europeos. Fue una referencia para la democracia en Europa, la nueva frontera de la democracia en Europa, una democracia que, por aquellos tiempos, atravesaba momentos difíciles, porque se había hundido en Italia, en Grecia, en Polonia, en Hungría y en Alemania. Por eso, aquel golpe militar no solo dio origen a una guerra larga y cruel en España, sino que, además, acabó con aquella esperanza de Europa de la que había hablado André Malraux.

La guerra de España no fue solo una guerra y no fue solo española. Fue un enfrentamiento entre dos grandes concepciones del mundo. Sí, volvían las dos Españas de Larra y Machado, y a cada español una de las dos Españas le heló el corazón. Pero una guerra entre españoles no hubiera sido tan larga, no hubiera durado tanto, simplemente porque nuestras propias fuerzas no nos lo habrían permitido.

La guerra fue un momento decisivo para la historia del mundo. Tuvo una transcendencia internacional de enorme magnitud. Desde 1936 los futuros beligerantes de Europa en la Segunda Guerra Mundial comenzaron a enfrentarse directa o indirectamente en la guerra civil española. España fue la primera gran batalla de la Segunda Guerra Mundial, banco de pruebas de una guerra futura que devastaría Europa. Por primera vez en la historia se experimentó el bombardeo de poblaciones civiles. Guernica está en la memoria de todos, pero hubo muchas guernicas en España.

Europeos dejaron su vida en ambos bandos y sus nombres pueblan los cementerios de Madrid, de Jarama, de Belchite, de Teruel, de Guadalajara, del Ebro..., nombres míticos, donde tanto europeo reposa y que después se pasearon a lomos de los tanques que cubrieron la geografía de la liberación europea. Aquella guerra para algunos fue la última gran causa, para otros fue una cruzada.

Yo recuerdo la cruzada, los obispos saludando al modo fascista, rodeando a generales en la entrada de las iglesias. También recuerdo los cementerios llenos de fusilados de un bando y de otro. Fue la guerra más apasionada, en la que por primera vez se enfrentaron las ideologías del siglo XX: la democracia, el fascismo y el comunismo. Fue una guerra de religión y, al mismo tiempo, una lucha de clases, una revolución frente a una reacción.

Fue un enfrentamiento que se prolongaría en Europa y que también se prolongó en España, una vez que la guerra hubo acabado, porque no fue solo una guerra, hubo también una posguerra, larga y dura, donde no se trataba ya de ganar al enemigo, puesto que la guerra se había ganado, sino que se trataba más bien de erradicarlo, para mantener un sistema que permaneció durante mucho tiempo y obligó a España a mantenerse ajena al proceso de democratización y también al de reconstrucción que vivió Europa, gracias al Plan Marshall.

Muchos colegas de los países del Este tienen en la memoria el aislamiento que sufrieron como consecuencia de Yalta y del telón de acero que les separó de la Europa libre, democrática y próspera, y así ha sido. Pero se recuerda menos que en el Sur de Europa hubo países —España y Portugal— que también se vieron aislados de este movimiento y permanecieron durante mucho tiempo bajo dictaduras militares.

Recuerdo una vez que un congresista norteamericano me reprochó que los europeos no éramos agradecidos al esfuerzo de liberación que los Estados Unidos habían hecho con Europa. Tuve que recordarle que, en lo que a España se refiere, ese esfuerzo brilló por su ausencia, porque, precisamente porque el régimen militar les fue útil en la guerra fría, se olvidaron de liberarnos.

Hoy quisiera hacer mías las palabras de Salvador de Madariaga, cuyo nombre figura en uno de nuestros edificios. «Antes de 1936 —decía Salvador de Madariaga— todos los españoles vivían en España y en libertad. Hoy —decía en 1954— unos cientos de miles viven en libertad desterrados de España y el resto vive en España desterrado de la libertad».

La libertad volvió a partir de 1975. Empezamos a construir las bases de una comunidad basada en la democracia, en la libertad y en la perspectiva de Europa. Nuevas generaciones han abierto nuevas exigencias políticas respecto al futuro y respecto al pasado. Se han encontrado con una guerra y una dictadura clausuradas y, cuando hoy en España se habla de reparación moral de las víctimas, lo que queremos hacer es discutir la memoria activa de nuestro país, de nuestra sociedad, para asumir la carga plena de nuestro pasado, para honrar a todos los muertos, para no discriminar en la memoria aquella parte que nos pueda resultar incómoda, para no encerrarnos en las mentiras que consuelan y para afrontar las verdades que alumbran. Son heridas dolorosas que han cicatrizado en Europa, pero que siguen en la memoria de muchas personas, porque, en su día, no pudieron exorcizarlas.

Eso es lo que da sentido a un acto como el de hoy, aquí, en el Parlamento Europeo, para enfrentar el pasado vivo de una parte de la memoria de nuestro continente, para no repetir los errores de ayer, para condenar críticamente a sus responsables, para rendir homenaje a sus víctimas, para expresar nuestro reconocimiento hacia todos los que combatieron por la democracia, padecieron persecución e impulsaron el retorno de España a Europa, como nuestra patria común.

(Aplausos prolongados)

 
  
MPphoto
 
 

  Jaime Mayor Oreja, en nombre del Grupo PPE-DE. (ES) Señor Presidente, señoras y señores diputados, intervengo en representación del Grupo del Partido Popular Europeo al final de esta declaración referida a la historia reciente de España. Quiero subrayar que nuestra posición se fundamenta esencialmente en el pleno respaldo y apoyo a los valores de reconciliación, de superación de un trágico pasado, que fueron los que impulsaron la transición democrática y que culminaron en la Constitución de 1978.

Un día como mañana, un 5 de julio de hace 30 años, el Presidente del Gobierno de España, Adolfo Suárez, tomaba posesión de su cargo, de su responsabilidad de llevar adelante nuestra transición democrática.

Para quienes como yo tuvimos el honor y la oportunidad de servir aquel proyecto, de formar parte de aquel partido, la Unión de Centro Democrático, que tuvo la responsabilidad de la ejecución material desde el Gobierno de aquella transición, con el esfuerzo de otras formaciones políticas, con un respaldo inequívoco de la sociedad española y con el impulso de su Majestad el Rey, aquella apelación al final de las dos Españas irreconciliables, el recordatorio de los valores de la Constitución española de 1978, la libertad y la reconciliación, surgen desde lo más profundo de nuestras convicciones. Porque el error, el disparate, la tragedia del último siglo en la historia de España, fueron la facilidad de recreación de las dos Españas, la exageración siempre presente en nuestro territorio, la facilidad con que esas dos Españas se convencían de la imposibilidad de una convivencia democrática.

Todos conocemos el origen y la razón de ser de la Unión Europea, que se asienta en la misma fortaleza moral de aquella Constitución española, la fortaleza moral de los que se unen, la fortaleza moral de la unión, para que no se repitiera nuestro pasado reciente, para que no se iniciasen más guerras mundiales nacidas en suelo europeo, ni más guerras, ni más dictaduras, ni más regímenes comunistas, ni más guerras civiles como la que habíamos sufrido en España.

Las nuevas naciones europeas podremos cometer errores al abordar nuestros problemas de presente y de futuro, pero hay un error que no podemos cometer, que no tenemos el derecho de cometer: repetir errores históricos, no aprender de los errores de nuestra historia.

Por todo ello, la reconciliación y la concordia no deben aburrirnos. No debemos cambiar nuestra actitud, y por eso a muchos españoles nos parece un error histórico que hoy se trate de impulsar una segunda transición, como si la primera hubiese quedado vieja y obsoleta; es un error histórico quebrar unilateralmente la esencia de nuestra Constitución de la concordia; constituye un disparate histórico introducir en España el debate del derecho de la autodeterminación, la creación en el seno de España de nuevas naciones que no han existido nunca; es un error histórico porque nos aleja de nuestra concordia.

Por eso, señor Presidente, en este trigésimo aniversario de la transición democrática española, que inició su andadura un 5 de julio de 1976, y en nombre del Grupo del Partido Popular Europeo, permítame que concluya con un ¡viva! por la reconciliación, un ¡viva! por la libertad, y un ¡viva! por la Constitución española de 1978.

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Martin Schulz, en nombre del Grupo del PSE. – (DE) Señor Presidente, después de escuchar su discurso, quisiera preguntar: ¿qué espíritu inspiraba a Franco y a su régimen? Todos lo conocemos bien. Era el espíritu de la intolerancia, del desprecio por la humanidad, el espíritu que destruye las instituciones democráticas, que odia todo lo que no se ajusta a sus deseos. Tras el régimen de Franco había desprecio por la humanidad y una mortífera propensión a la violencia. El sometimiento incondicional a su ideología o la muerte: ese era el mensaje del régimen de Franco. Sin embargo no se trataba de un mensaje español, pues cuando Franco tomó el poder hace 70 años, mi país ya llevaba tres años sufriendo bajo la dictadura de Hitler y Mussolini ya llevaba 14 años gobernando Italia. En aquel momento, el movimiento fascista del que Franco formaba parte –principalmente en su vertiente militarista– ya existía en toda Europa.

La guerra civil no fue solamente una guerra civil española. España fue su principal territorio y los españoles sus principales víctimas, pero el pueblo español también fue su rehén en un ensayo para una guerra mayor. Guernica y la Legión Cóndor constituyeron y siguen constituyendo una mancha en la historia de mi país.

La juventud de los años treinta escribió una página gloriosa en la historia europea y mundial, cuando acudió a España para defender la democracia voluntariamente. Ernest Hemingway creó un inolvidable monumento literario a esa generación. El famoso escritor norteamericano Arthur Miller dijo en una ocasión que en los años treinta la palabra España era una explosión. Se trataba de superar el feudalismo clerical y establecer un espíritu de libertad y tolerancia frente al demonio de la intolerancia.

Cuando ahora pensamos en España, en la izquierda Europea recordamos las innumerables víctimas que esa guerra civil se cobró entre nuestras filas, pero no solo entre las nuestras. También hubo demócrata-cristianos, liberales y republicanos que se opusieron a esa intolerancia. Toda la comunidad mundial de pensadores y de naciones contraria al deseo totalitario de subyugación, asociado a Franco, se opuso a él. Franco perdió.

Si me permiten hacer un balance de la situación en esta Asamblea 70 años después, quisiera hacerles notar que, desde que se introdujeron las elecciones directas, tres Presidentes del Parlamento Europeo han sido españoles: un demócrata-cristiano conservador y dos socialdemócratas. Si hoy, 70 años después, un Presidente español de origen catalán puede decir, en nombre de los representantes electos de 25 naciones de Europa, que la integración europea constituye una victoria sobre la intolerancia y la esclavitud, entonces, 70 años después, podemos decir que la libertad ha ganado y que Franco ha perdido. ¡A Europa no podía ocurrirle nada mejor!

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Bronisław Geremek, en nombre del Grupo ALDE. – (FR) Señor Presidente, Europa tiene una historia muy rica y aunque el Parlamento Europeo no debe tratar de arrogarse el papel de único depositario de la verdad sobre el pasado, es importante para el futuro de la integración europea que el Parlamento se sienta responsable de la memoria colectiva europea, que es el principal factor constitutivo de la unidad europea.

Estamos ahora en 2006. Conmemoramos el aniversario de la insurrección de los obreros de Poznan en junio de 1956 y de la revolución húngara de octubre de 1956: dramáticos sucesos en la lucha por el pan y la libertad. Contamos el año 2006: hace 70 años, el General Franco imponía un régimen dictatorial contra la libertad, la democracia y el Estado de Derecho. España, que habría debido ser uno de los países fundadores de la Unión Europea, se vio separada durante medio siglo del resto de Europa, en contra de la voluntad de su pueblo.

Al pensar en estos hechos, conviene no hacer la cuenta de las injusticias, del odio, de los conflictos y de los sufrimientos humanos de los periodos de guerra civil y de dictadura. Para que sucesos como esos no puedan producirse nunca más, debemos recordar que la experiencia española es una experiencia de Europa, es una de las experiencias que dieron lugar a la fundación y construcción de la Unión Europea.

Europa no debería olvidar que España supo cerrar este dramático capítulo de forma consensuada a través de la reconciliación y el diálogo pacífico. Rindamos homenaje a la valentía y la sabiduría del pueblo español.

En estos días de aniversarios, el Parlamento y toda Europa deberían vibrar con el sentimiento de libertad en que se basan; Europa debería sentirse unida más allá de todas las diferencias políticas y tomar conciencia de que ahora sabemos por qué existe Europa: lo debemos entre otras cosas a la dramática experiencia que hoy conmemoramos con tristeza. Muchas gracias.

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Daniel Marc Cohn-Bendit, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (FR) Señor Presidente, Señorías, España en 1936 representa ante todo una lección, o mejor dicho cuatro lecciones para nosotros, los europeos. La primera lección es la valentía, la abnegación y la extraordinaria imaginación de un pueblo, el pueblo español, en marcha hacia la libertad y la democracia. ¿Quién puede olvidar las extraordinarias invenciones sociales de la Cataluña libre? ¿Quién puede olvidar todo lo que el pueblo español intentó durante ese periodo asombroso?

La segunda lección es la barbarie del fascismo. Como se acaba de decir, Guernica es un símbolo de ella: el símbolo del asesinato, de los encarcelamientos; el símbolo también de un proyecto internacional del fascismo, pues es evidente que el fascismo español nunca habría podido ganar esta lucha sin la ayuda del nacionalsocialismo. En 1936, el proyecto de dominación europea del fascismo ya era evidente.

La tercera lección es más difícil de entender porque es la de la cobardía: la cobardía de los europeos, la cobardía de los franceses –aun cuando Léon Blum lo tuviera difícil–, la cobardía de los ingleses, la cobardía de todos los que pensaron que si el pueblo español pagaba el precio, ellos se lo ahorrarían. Esta actitud resultó ser, como en Múnich en 1938, uno de los grandes errores y las grandes lecciones que debemos extraer de este período. Quien cree que puede agachar la cabeza esperando que la tormenta pase por otro lado a menudo se equivoca, como demuestra la historia. Es una gran lección que para muchos europeos esto fue muy difícil de aceptar durante mucho tiempo. A veces el pacifismo allana el camino al horror. A veces es símbolo de valentía. Saber elegir entre uno y otro siempre es muy difícil. Pero si hay que hablar de cobardía, también hay que resaltar la valentía: por ejemplo, la de Pierre Cot, Ministro de Léon Blum, quien, siendo Ministro, hizo enviar armas a España. Recordemos que Pierre Cot, cuyos actos fueron heroicos en aquel difícil período, es el padre de uno de nuestros colegas diputados, Jean-Pierre Cot, a quien doy las gracias por recordarme los actos de su padre.

La cuarta lección, por último, se refiere a la horrible intolerancia del totalitarismo comunista. Porque no hay que olvidar que hay dos grandes imágenes de la guerra española. La primera es la de las brigadas internacionales que querían salvar al pueblo español. Pero al mismo tiempo la imagen de la intolerancia de las brigadas comunistas, que asesinaron a miembros trotskistas del POUM y a anarquistas, porque no tenían la misma orientación política. También es una lección de la guerra española. Nos enseña que la liberación no es tener la razón contra todos, sino más bien aceptar la diversidad y la democracia.

Señorías, la Unión Europea debe sacar todas las consecuencias de estas cuatro lecciones. Debemos recordarlas cuando cunde la barbarie en Bosnia y cuando tenemos el deber de mostrar solidaridad con los pueblos oprimidos. Si aprendemos bien estas lecciones, creo que el futuro podrá ser un poco más radiante.

 
  
MPphoto
 
 

  Francis Wurtz, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (FR) Señor Presidente, el Parlamento hace lo que debe al organizar este acto político con ocasión del 70º aniversario del desencadenamiento de la Guerra Civil española por Franco.

En efecto, por más de un motivo, el aplastamiento de la joven República es algo que concierne a toda Europa. En primer lugar, los golpistas de 1936 solo pudieron vencer al Frente Popular con el decisivo apoyo de la Italia fascista y la Alemania nazi. También fue en España donde esta última experimentó su futura blitzkrieg contra Francia. Y Guernica fue el primer ejemplo de la historia universal de la masacre de una población civil por bombardeos aéreos masivos, que se convertiría en un terrorífico modelo de lo que ocurrió durante toda la Segunda Guerra Mundial.

Esos años oscuros, 1936-1939, reclaman la atención de Europa por otra razón más: la manera en que los republicanos fueron traicionados por democracias vecinas. La no intervención de 1936 abrió las puertas a Múnich en 1938, que condujo al desastre en todo el continente a partir de 1939; y qué decir de la indiferencia complaciente de los dirigentes europeos y occidentales, en general, hacia el régimen franquista después de la guerra, desde el momento en que su jefe se unió a las fuerzas del bien en contra del imperio del mal.

Hay, por último, una razón más por la que la tragedia española tiene una dimensión europea: es la extraordinaria corriente de solidaridad internacional que suscitó entre los obreros y la gente común, así como entre los más eminentes intelectuales europeos; una solidaridad que ilustraron notablemente las brigadas internacionales con sus 40 000 voluntarios procedentes de unos cincuenta países.

A la inversa, una serie de republicanos españoles pasaron a integrarse en la resistencia francesa. Algunos de ellos participarían en la insurrección de París de agosto de 1944 bajo la dirección de mi llorado camarada difunto, Henri Rol-Tanguy. Otros participaron en la liberación de Estrasburgo, en noviembre del mismo año, en las filas del ejército del General Leclerc.

Sin ninguna duda, la conciencia europea no sería la misma sin los indecibles sufrimientos de las víctimas del franquismo, sin el intrépido coraje de los resistentes españoles y sin la marea de solidaridad que sostuvo a la joven República. Que nuestro acto conmemorativo de hoy rinda a todas y a todos el homenaje que merecen!

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Brian Crowley, en nombre del Grupo UEN. – (EN) Señor Presidente, tengo grandes dificultades para saber lo que he de decir hoy, pues a diferencia de muchos de mis colegas pertenezco a una generación que no tiene el recuerdo de la tragedia que supuso la misma fundación de la Unión Europea.

Sin embargo, yo leo historia y tengo ciertos conocimientos de la materia. Hoy estamos hablando del septuagésimo aniversario del golpe de Estado de Franco. Todos los días se conmemora en los libros de historia alguna atrocidad o tragedia sucedida en el continente europeo en los últimos 227 años.

Supongo, por tanto, que deberíamos centrarnos realmente en el hecho de que el fascismo, el comunismo, el imperialismo y los regímenes totalitarios que hemos sufrido en nuestro continente suponen una misma amenaza: la falta de respeto de la diferencia humana y de las diferentes ideas y la intolerancia hacia los que quieren recorrer un camino distinto. Tanto si hablamos de Potsdam, de Hungría, de Gdańsk, de Siberia, de España, de Portugal o de Irlanda, quienes han intentado imponer su voluntad sobre los demás siempre han fracasado, porque la esencia misma del ser humano es el deseo de ser libre para poder vivir y relacionarnos con los demás.

Por eso, es fundamental que aprendamos de los errores del pasado, y también que nos aseguremos de no repetirlos. Antes que criticar o acusar diciendo que esta tragedia fue más dramática, más inicua o más relevante en la política europea que otras tragedias, pongámonos de acuerdo en que sucedió y utilicémosla como ejemplo. Hoy en Europa hemos sido capaces de superar las diferencias, hemos encontrado un foro y un camino hacia delante en que las personas de distintos países, con diferentes ideologías, historias e interpretaciones de la misma historia pueden sentarse y encontrar una base común y una causa común.

Lo mejor que podemos hacer hoy en el Parlamento Europeo es animar al Presidente Zapatero en sus esfuerzos por aproximar a los que hasta ahora habían sido pueblos irreconciliables para que encuentren un camino común en el País Vasco. No se trata de perdonar las atrocidades cometidas ni de negar los errores; se trata de que no se puede vivir en el pasado, no se puede vivir amargado. Siempre que aparezca una oportunidad para la paz, debemos aprovecharla.

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Jens-Peter Bonde, en nombre del Grupo IND/DEM. – (DA) Señor Presidente, «¡no pasarán!». Eso gritó el gran joven poeta de mi juventud, Gustaf Munch-Petersen, cuando permaneció solo en el frente como soldado voluntario en la Guerra Civil española, mientras sus compañeros se retiraban al verse frente a fuerzas superiores. Gustaf dejó a su mujer, un hijo y familia en Dinamarca. Su actuación no era defendible ni responsable y no pudo evitar la plaga del fascismo en Europa. Su protesta solitaria no tenía fundamento, pero imagínense que todo el mundo hubiese actuado con el mismo valor. Morir sin temor fue la última ofrenda poética de su vida.

La mayoría de la gente permaneció pasiva mientras la democracia se veía amenazada y, en muchos lugares, quedaba desplazada, hasta que otros valientes acabaron con el nazismo y el fascismo.

Para muchos de los presentes en esta Asamblea, la liberación dio paso a una nueva ocupación, con el telón de acero y el Gulag. Recordemos hoy a las muchas personas –valientes o no– que murieron. Rindamos homenaje a los que opusieron resistencia como soldados voluntarios en la Guerra Civil española, participaron en la defensa de la democracia y dieron muestras de valor y temeridad en los ejércitos clandestinos creados para luchar contra la política de los Gobiernos de apaciguamiento de los enemigos de la democracia. Muchas personas que participaron activamente en los movimientos de resistencia se incorporaron luego a los partidos políticos y también a los movimientos que he representado en esta Asamblea durante 27 años. Casi todos han muerto. En su lecho de muerte, mi valiente vecino, Hans –herrero de oficio– hablaba atropelladamente de las bombas británicas que caían sobre una escuela francesa en lugar del cuartel general de la Gestapo. Hans había facilitado los planos ilegales, en su calidad de agente al servicio de los británicos. El error no fue suyo, pero el recuerdo de los colegiales muertos le atormentó hasta el final.

También me gustaría recordar a un joven académico que viajó por todo el país para crear el primer movimiento de resistencia danés, mientras el Gobierno cooperaba con el poder ocupador alemán. Posteriormente, Frode Jakobsen estuvo al frente del Gobierno clandestino triunfante, Asociación Danesa por la Libertad. Después de la guerra, fue ministro del Gobierno y participó en el gran congreso del Movimiento Europeo de La Haya de 1948, que dio origen al Consejo de Europa y la integración europea. Durante muchos años, fue presidente del Movimiento Europeo y diputado socialdemócrata al Parlamento danés. Dicho esto, cabe añadir que votó negativamente en todas las votaciones sobre los Tratados CE y el Tratado de la Unión Europea y en 1972 comenzó a criticar a la UE por razones democráticas.

Hemos creado un premio con su nombre, que se concede cada año a quienes hayan demostrado un valor político inusitado y hayan hecho algo a favor del prójimo en un momento en no era oportuno ni rentable hacerlo ni era probable que les ayudase a avanzar en su carrera. Nunca hemos tenido dificultades para encontrar candidatos. Siempre hay personas que demuestran un valor político inusitado y algunas de ellas han buscado inspiración en el medio millón de voluntarios y ciudadanos del mundo que acudieron a España para decir «no pasarán». Quisiera dar las gracias a todas aquellas personas que demostraron su valor personal y murieron por nuestra libertad. «El pueblo unido jamás será vencido.»

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Maciej Marian Giertych (NI). – (PL) Señor Presidente, actualmente hay democracia, libertades civiles, propiedad privada y tolerancia en toda Europa central y occidental gracias al hecho de que el Comunismo no arraigó en nuestro continente, aunque podría haberlo hecho. En Europa oriental, la batalla victoriosa de los polacos contra los bolcheviques de 1920 y la resistencia decisiva de la Polonia católica contra la dominación soviética construyeron un dique frente al comunismo.

El hecho de que el comunismo no arraigase en el Oeste se debe en gran parte a la guerra civil victoriosa que libró a la España tradicional contra los Gobiernos comunistas. Aunque llegó al poder de forma democrática, la izquierda española se comportó de forma similar a la izquierda de la Rusia bolchevique y el principal objetivo de sus ataques fue la Iglesia. Casi 7 000 sacerdotes murieron asesinados. Se profanaron iglesias, se disparó contra las cruces de los caminos y las imágenes sagradas. Las fuerzas tradicionales respondieron inmediatamente a ese ataque contra la España católica.

Las Brigadas Internacionales, organizadas por la Rusia bolchevique, acudieron en ayuda de la España comunista. Conforme a los usos comunistas, esas brigadas estaban totalmente controladas por células del partido comunista y sus servicios secretos, al igual que todo el régimen republicano. Gracias a la derecha española, al ejército español, a sus líderes y al general Francisco Franco, en especial, el ataque comunista contra la España católica quedó frustrado. Del mismo modo, también se frenaron otros intentos de propagar la plaga comunista a otros países.

La presencia de figuras como Franco, Salazar o De Valera en la política europea garantizó que Europa mantuviera sus valores tradicionales. Actualmente carecemos de hombres de Estado como ellos. Lamento tener que asistir ahora al fenómeno del revisionismo histórico, que presenta todo lo tradicional y católico de forma desfavorable y todo lo laico y socialista de forma favorable. Recordemos que el nazismo de Alemania y el fascismo de Italia también tenían raíces socialistas y ateas.

El poder del bloque socialista y anticatólico en esta Asamblea es muy preocupante. Pudimos ver claros ejemplos de dicho poder en la votación del mes pasado sobre los textos relativos a la tolerancia y al Séptimo Programa Marco. La Europa cristiana está perdiendo la batalla contra una Europa socialista y atea. ¡Esto tiene que cambiar!

(Protestas)

 
  
MPphoto
 
 

  Martin Schulz (PSE). – (DE) Señor Presidente, quisiera hacer uso de la posibilidad de hacer declaraciones personales al final de los debates. No recuerdo el artículo concreto del Reglamento, pero le ruego que me permita hacer esta declaración personal. He escuchado muy atentamente cuanto ha dicho el anterior orador. No voy a entrar en detalles, pero quiero decir algo en nombre propio y en el de mi Grupo: acabamos de oír hablar al espíritu del señor Franco. ¡Ha sido un discurso fascista que no tiene cabida en el Parlamento Europeo!

(Grandes aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Zbigniew Zaleski (PPE-DE). – (PL) Señor Presidente, al igual que el señor Schulz, quisiera ejercer mi derecho a intervenir brevemente, en mi calidad de diputado al Parlamento Europeo.

Lamento que usted y la Conferencia de Presidentes hayan decidido dedicar tanto tiempo al debate sobre Francisco Franco y, en cambio, no hayan permitido que se dedique si siquiera un minuto a otra terrible masacre que tuvo lugar en Katyń, como solicité, en nombre de los polacos y de todos los que murieron allí. Lamento profundamente la decisión de no atender mi solicitud.

 
  
MPphoto
 
 

  Hans-Gert Poettering (PPE-DE). – (DE) Señor Presidente, en mi calidad de católico, quiero manifestar que defendemos la dignidad humana, los derechos humanos, el Estado de Derecho, la democracia y la libertad. No consideramos que los dictadores y quienes apoyan a regímenes totalitarios –sean fascistas, nacionalsocialistas o comunistas– sean las personas adecuadas para defender nuestros ideales. Defendemos nuestros ideales con nuestras propias convicciones.

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  El Presidente. Quiero agradecer a todos su participación en este debate y quiero agradecer a los diputados que han asistido al debate, especialmente a los que no son españoles, el interés que han demostrado por este acontecimiento histórico, que fue, sin duda, una tragedia. También quiero señalar que nos han acompañado en la tribuna del público personas cuya memoria histórica les ha traído hasta aquí.

(Aplausos)

 
Última actualización: 31 de agosto de 2006Aviso jurídico