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 Índice 
 Texto íntegro 
Procedimiento : 2017/2233(ACI)
Ciclo de vida en sesión
Ciclo relativo al documento : A8-0006/2018

Textos presentados :

A8-0006/2018

Debates :

PV 07/02/2018 - 5
CRE 07/02/2018 - 5

Votaciones :

PV 07/02/2018 - 7.3

Textos aprobados :

P8_TA(2018)0030

Debates
Miércoles 7 de febrero de 2018 - Estrasburgo Edición provisional

5. Revisión del Acuerdo marco sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión Europea (debate)
Vídeo de las intervenciones
PV
MPphoto
 

  Esteban González Pons, ponente . – Señora presidenta, en este informe, además de las enmiendas, lo que se discute es si la Comisión es un órgano con responsabilidad política que responde ante el Parlamento y ante los electores —un verdadero gobierno de Europa como quiere este Parlamento—, o solo un órgano administrativo que habla en el Parlamento pero responde ante el Consejo, o sea, un títere de los Gobiernos europeos.

Si ustedes votan a favor de este informe, votarán por un gobierno europeo; si ustedes votan en contra, votarán por una Comisión de los Gobiernos de los países de Europa. Son dos modelos muy diferentes. Ayer el presidente Juncker nos alertó de que dentro del Consejo hay voces que quieren eliminar la figura del candidato a presidente de la Comisión. Déjenme que les diga que en mi opinión eso sería un paso atrás para la democracia europea. No digo un paso atrás para la construcción europea, que también, digo que unas elecciones europeas sin candidato a presidente de la Comisión son unas elecciones menos democráticas, casi unas elecciones fallidas.

La figura del candidato a presidente de la Comisión permite a los ciudadanos acudir a las urnas sabiendo cuál es el programa de cada partido y cuál es el candidato de cada partido. Lo normal. Porque en las elecciones europeas no solo se elige un Parlamento, también se elige un gobierno europeo, y sería una anormalidad democrática que los ciudadanos no puedan elegir ese gobierno o ni siquiera sepan quiénes son los candidatos a dirigir ese gobierno.

Esta Unión Europea es todavía una democracia en construcción y, por lo tanto, vulnerable. A los enemigos de Europa les basta con oponerse a la democracia europea. No se puede ser amigo de Europa y contrario a la democracia europea. Para los nacionalpopulistas, es más fácil atacar a una Unión Europea con déficit democrático que a una Unión Europea que se construye y se sustenta sobre el voto de los ciudadanos. Los nacionalpopulistas vienen a las instituciones europeas para destruirlas, se disfrazan de demócratas para atacar la democracia y utilizan el Estado de Derecho para acabar con el Estado de Derecho. Solo la verdadera democracia desenmascara a los falsos demócratas.

Por eso, nuestro mayor problema es que cada día más y más ciudadanos compran el discurso populista porque sienten que las instituciones comunitarias están lejos de la gente normal; porque sienten que las instituciones comunitarias viven en el universo de las estadísticas y las grandes cifras en vez de en el mundo real de los precios del supermercado y de las enfermedades de los hijos; porque sienten que las instituciones europeas rinden cuentas ante el Consejo pero no ante el pueblo.

Esta desafección creciente solo puede acabar si se incrementan las posibilidades de participación política: que los ciudadanos puedan elegir con más democracia europea, no con menos. Cuando decimos solo «necesitamos más Europa» en vez de decir «necesitamos más democracia europea», lo que se entiende es que estamos buscando más burocracia europea y no más política europea.

Si no construimos una Europa democrática, si Europa sigue siendo solo otra alianza histórica entre las naciones europeas, todo el esfuerzo que hemos hecho los demócratas europeístas tras la Segunda Guerra Mundial y tras las dictaduras del Este y del Sur de Europa no habrá servido para nada.

Que los ciudadanos conozcan y puedan votar a los candidatos a presidente de la Comisión no es un capricho, ni siquiera es una exigencia democrática; que se sepa la cara que tiene el candidato es lo normal y lo raro sería que insistiéramos en que se pueda elegir un presidente del gobierno europeo sin que los ciudadanos sepan ni qué cara tiene ni de qué nacionalidad es ni cuál es su nombre, ni siquiera cuál es su género.

Por eso en mi informe propongo que el Parlamento Europeo esté preparado para rechazar cualquier candidato a presidente de la Comisión propuesto por el Consejo que no haya sido previamente designado como candidato principal en las elecciones europeas. Este no es un conflicto entre el Consejo y el Parlamento. Este es un conflicto entre el poder y la democracia. Y este no puede ser el primer Parlamento de la historia que, entre poder y democracia, elige poder.

 
Última actualización: 19 de febrero de 2018Aviso jurídico