El Presidente. De conformidad con el orden del día, procedemos al debate basado en las declaraciones del Consejo y de la Comisión sobre la preparación del Consejo Europeo, que tendrá lugar en Bruselas los próximos días 15 y 16 de junio, incluidos los próximos pasos en el periodo de reflexión, así como en la pregunta oral a la Comisión sobre los próximos pasos en el período de reflexión, de Jo Leinen, en nombre de la Comisión de Asuntos Constitucionales (O-0033/2006 - B6-0208/2006).
Para ello contamos con la presencia del señor Winkler, en nombre del Consejo, y del señor Barroso, Presidente de la Comisión, al que acompaña la señora Wallström, Vicepresidenta de la Comisión.
Hans Winkler, Presidente en ejercicio del Consejo. – (DE) Señor Presidente, señor Presidente de la Comisión, señora Vicepresidenta de la Comisión, Señorías, dentro de unos días o incluso horas, la Presidencia del Consejo austriaca va a alcanzar un punto culminante en forma de Consejo Europeo, lo que nos dará la oportunidad de abordar y estudiar toda una serie de cuestiones que nuestra Presidencia ha estado atendiendo y establecer unos resultados. Durante la Presidencia austriaca, se han abordado un gran número de cuestiones y muchas de estas cuestiones y problemas se han resuelto, la mayoría de veces junto con ustedes, el Parlamento Europeo.
Los temas de este Consejo Europeo son muy diversos y, por lo tanto, me ceñiré a una breve sinopsis de muchos de ellos. No digo que vaya a abarcarlo todo, ya que, por supuesto, quiero evitar interferir demasiado en el tiempo de intervención de los diputados de esta Cámara.
La próxima Cumbre será de trabajo. En el orden del día no hay decisiones que marquen una época, pero la cosecha de la Presidencia austriaca –allí donde aún no se ha almacenado– habrá llegado justo a las puertas del granero. Las puertas del granero están abiertas de par en par y ahora lo que queremos es introducir la cosecha.
En las últimas semanas y meses, la Presidencia austriaca del Consejo ha empezado a trabajar según un doble enfoque para que Europa avance y esto también se aplica al próximo Consejo Europeo. En primer lugar, esto ha conllevado abordar cuestiones específicas con el propósito de realizar progresos en las que atañen más a los ciudadanos: cuestiones relacionadas con la prosperidad, el crecimiento económico, la seguridad en el empleo, la seguridad interna y exterior, la seguridad social, la seguridad energética y mucho más.
En segundo lugar, este enfoque ha consistido en reactivar el debate continuo sobre el futuro de Europa. Este doble enfoque que combina cuestiones específicas con el futuro de Europa también conformará el orden del día del Consejo Europeo. Por consiguiente, el orden del día del Consejo contendrá, sobre todo, una serie de cuestiones sobre las que todos los participantes están de acuerdo de que necesitan soluciones europeas. Existen cuestiones que plantean problemas a nuestras sociedades y ciudadanos y que, en un mundo globalizado, no se pueden abordar de manera sensible sin que exista un esfuerzo concertado por parte de todos los Estados miembros de la UE y, añadiré, de todas las instituciones de la UE.
El primer gran grupo de cuestiones se refiere al ámbito de la seguridad, la libertad y la justicia. Todos los estudios realizados sobre este tema, incluido el de la Comisión –y la Vicepresidenta de la Comisión, la señora Wallström, lo ha dicho en reiteradas ocasiones– demuestran que los ciudadanos quieren más Europa, esperan más de Europa, en este ámbito en particular. En los últimos seis meses, se ha logrado realizar un enorme progreso concreto en este campo: solo voy a mencionar brevemente la estrategia sobre la lucha contra el terrorismo, la ampliación del espacio de Schengen y la conclusión de la facilitación de visados , así como de los acuerdos de readmisión con varios terceros países.
También hemos invertido una gran cantidad de tiempo y energía en una Estrategia para la dimensión exterior de Justicia y Asuntos de Interior en los últimos seis meses –que incluye el inicio del desarrollo de un cinturón de seguridad, por decirlo así, en torno a la UE– y hemos iniciado una asociación de seguridad entre la UE, nuestros países vecinos, Rusia y los Estados Unidos. Esta Iniciativa de Viena, acordada en la Cumbre tripartita entre la UE, Rusia y los Estados Unidos de América, también se reflejará en las conclusiones del Consejo Europeo.
La migración ha sido y sigue siendo una cuestión muy importante que también se tratará por el Consejo, sobre la base de una serie de casos concretos. El tiempo no me permite entrar en mucho detalle. Esta importante cuestión garantiza su propio debate, que deberá examinarse desde varios puntos de vista: no solo desde el punto de vista de la lucha contra la inmigración ilegal y de la cooperación judicial y policial, sino también desde una perspectiva de desarrollo. Como persona responsable de los temas de desarrollo durante los últimos seis meses, puedo decir que también hemos realizado un trabajo considerable sobre la migración en el marco de la estrategia de desarrollo de la UE y que se trata de un enfoque importante que no debemos olvidar, inclusive en nuestra presentación pública del problema. No cabe duda de que la adopción de medidas individuales será inútil en este sentido: solo será de ayuda un paquete de medidas efectivo.
Naturalmente, se está trabajando en todo lo que he mencionado hasta ahora y, por lo tanto, cabe la posibilidad de que el Consejo Europeo invite a las partes implicadas para que continúen el impulso de trabajo en todos estos campos.
Europa también tiene que ofrecer una mayor seguridad a través de sus esfuerzos para mejorar su capacidad de emergencia y de respuesta a la crisis. Durante los meses de su Presidencia, Austria se ha dedicado en particular a esta tarea. Se va a presentar al Consejo Europeo un informe sobre este desarrollo detallado hasta la fecha, que incluirá recomendaciones para la adopción de nuevas medidas. El ex Comisario y Ministro de Asuntos Exteriores francés, el señor Barnier, ha presentado un informe muy exhaustivo, estimulante y progresista, que, sin duda alguna, se examinará a fondo por todas las instituciones de la UE en las próximas semanas y meses. Contiene una serie de buenas ideas para resolver este problema en beneficio de la seguridad pública.
Otra cuestión muy importante que no se puede resolver razonablemente sin que intervengan soluciones paneuropeas es el desarrollo sostenible. Como sabemos, la UE ha tenido una estrategia sobre este tema desde que se celebró el Consejo Europeo de Gotemburgo en 2001, cuyo objetivo es que todas las decisiones reflejen la gestión responsable de los recursos naturales. En estos momentos y bajo la Presidencia austriaca, se ha renovado completamente esta pauta y se ha desarrollado en una nueva estrategia ambiciosa y exhaustiva para todo el abanico de los principales campos, como el cambio climático, la energía limpia, el transporte, con un énfasis especial en el consumo sostenible y los modelos de producción. También la cuestión del cambio climático se encuentra en el orden del día en este contexto.
La cuestión de la Estrategia de Lisboa es, por supuesto, otra cuestión importante del Consejo Europeo que se celebrará ahora en Bruselas. Tal como ha informado aquí el Canciller austriaco, el señor Schüssel, el Consejo Europeo ha estado examinando esta estrategia en detalle desde marzo y ha proporcionado mucha orientación específica. Desde entonces, se han logrado dos importantes hitos: el compromiso sobre la libertad de prestar servicios, por lo que el Consejo le está sumamente agradecido al Parlamento –quiero dejar esto absolutamente claro y expresar mi agradecimiento a esta Cámara– y el acuerdo en principio sobre el Séptimo Programa Marco. En el caso de la Directiva de Servicios, el Consejo se ha mantenido lo más fiel posible al compromiso del Parlamento. Esta Directiva es un buen ejemplo sobre cómo las instituciones de la UE, si cooperan de manera constructiva y con eficiencia, pueden lograr progresos concretos en beneficio de nuestros ciudadanos. La Presidencia austriaca está especialmente agradecida al Parlamento por todo esto.
Sobra decir que la cuestión de la política energética será otro tema importante del Consejo Europeo. Esta cuestión ha sido examinada y debatida en un gran número de ocasiones, inclusive en relación con terceros países y, ayer, tuve la oportunidad de informar a esta Cámara sobre la Cumbre con la Federación de Rusia. En cuanto al debate dentro del Consejo, se ha hecho especial hincapié en las medidas internas requeridas, como la mejora de la eficiencia energética y el cambio hacia fuentes de energía renovables. En estos momentos, también conviene que adoptemos medidas exteriores, y para ello es necesario un enfoque dinámico común debidamente estudiado en términos geoestratégicos. Según las instrucciones del Consejo Europeo, la Comisión y el Secretario General del Consejo, Javier Solana, han elaborado un documento estratégico que se presentará al Consejo Europeo.
Otra cuestión sobre la que, según las encuestas, los ciudadanos esperan más Europa es la de la política exterior, esto es, de las relaciones exteriores de la UE. La mayoría de los ciudadanos europeos quieren que la UE desempeñe un papel importante en el escenario internacional. A pesar de los avances realizados en los últimos años –y creo que son considerables– la UE sigue sin tener el peso que corresponde a su poder económico y su contribución al comercio internacional. Siguen existiendo una serie de deficiencias que deben solucionarse y hay que agradecer a la Comisión el haber elaborado un documento de conceptos sobre este tema, que formula una serie de propuestas. Estoy seguro de que el Presidente de la Comisión también informará sobre esta cuestión.
Por supuesto, la cuestión de la mejora del funcionamiento de la Unión también se encuentra en el orden del día del Consejo Europeo. Este título más bien grandilocuente abarca los esfuerzos del Consejo Europeo por lograr avances concretos que también puedan evaluarse por cada uno de los ciudadanos. Incluye una serie de iniciativas que quiero describir brevemente. Una iniciativa que es muy importante para la Presidencia austriaca del Consejo –y, añadiré que, también lo es para mí, personalmente– es la cuestión de la transparencia en el Consejo. Estos esfuerzos no son nada nuevo –ya se han realizado progresos en esa dirección–, pero la Presidencia austriaca del Consejo ha intentado hallar un enfoque global que pretende crear una nueva conciencia sobre la transparencia, por decirlo así. La esencia de esta propuesta consiste en hacer que todo el procedimiento de codecisión, en todas sus etapas, esté abierto al público. Creemos que también es una manera de mejorar la confianza de los ciudadanos. No hemos solucionado aún todas las reservas, pero nuestra Presidencia tiene la firme intención de trabajar en esa dirección hasta el último minuto.
La subsidiariedad ha sido una cuestión importante, ya que, además de una concienciación sobre la transparencia, no cabe duda de que necesitamos una mayor sensibilización sobre la subsidiariedad. Quiero dejar bien claro –ya que sé que aquí, en particular en el Parlamento, se expresa escepticismo multitud de veces– que no estamos hablando aquí sobre un deseo de renacionalización. Quiero dejar claro que nuestra Presidencia se ha guiado por un objetivo diferente. Estamos hablando de contribuir a centrar la acción europea en los ámbitos específicos en los que sea capaz de producir valor añadido.
Para ello, la Presidencia austriaca del Consejo organizó una conferencia que se celebró a mediados de abril en St. Pölten, en Austria, titulada «Europa empieza en casa». Naturalmente, tuvo una participación significativa de los diputados al Parlamento y están ustedes familiarizados con las propuestas interesantes que se dieron a conocer allí. Para nosotros es importante que esta cuestión sea ahora un punto fijado en el orden del día y que se tenga presente incluso con una mayor intencionalidad que antes.
Solo voy a mencionar brevemente los progresos considerables que hemos logrado alcanzar –y espero que así sea realmente– sobre la cuestión de la comitología. Se trata de capacidad de examen riguroso, se trata de que la Comisión, el Parlamento y el Consejo interactúen eficientemente. Si la propuesta que ayer se elaboró entre los negociadores se pudiera hacer aprobar ahora –tanto por el Consejo como por el Parlamento– habríamos conseguido unos progresos que, aunque se trata de una cuestión bastante árida, no por ello es menos importante para nuestra cooperación.
Ahora me gustaría pasar a la última parte de mi intervención: el futuro de Europa, el proceso constitucional, y el periodo de reflexión. El periodo de reflexión que el Consejo Europeo decidió el pasado mes de junio ha supuesto que muchos de los Estados miembros hayan adoptado iniciativas más o menos intensivas para poner en marcha un debate real sobre el proyecto europeo. También hay que examinar la cuestión de la identidad europea desde varios puntos de partida. Recordaré a esta Cámara la conferencia «Sonido de Europa» al comienzo de la Presidencia austriaca y, también, un acontecimiento que, en mi opinión, se puede decir que fue definitivamente un éxito: el «Café d’Europe» (Café de Europa), que se celebró al mismo tiempo en todas las capitales el Día de Europa.
También la Comisión ha participado muy activamente, desarrollando su Plan D. Quiero expresar mi especial gratitud a la Vicepresidenta de la Comisión, Wallström, por su cooperación constructiva. Hemos mantenido unas buenas relaciones de trabajo con la Comisión, en beneficio de una mayor transparencia y una mejor respuesta a las demandas y expectativas de los ciudadanos. Resulta que los Estados miembros quieren ampliar este periodo de reflexión de alguna manera por al menos un año. En el Consejo Europeo, se debatirán intensamente los mecanismos en detalle, lo que va a suceder después, y se elaborarán las propuestas pertinentes.
Pasando al tema del Tratado Constitucional, hemos logrado romper el silencio que reinaba al principio. No era una conclusión previsible que se pudiera restablecer este debate, pero trabajamos duro para que esto fuera así y, a finales de mayo, logramos mantener un debate sobre esta cuestión entre los ministros de Asuntos Exteriores por primera vez en más de un año. Como participante en ese debate, puedo decir que fue muy abierto, de gran alcance y útil y que clarificó el camino a seguir en muchos puntos, incluso si no se alcanzaron decisiones específicas. A todos nosotros nos ha quedado claro que los problemas que el Tratado Constitucional pretende y pretendía resolver siguen estando en el orden del día común de la UE y que hemos de continuar defendiendo el proyecto constitucional como un proyecto europeo común.
El debate entre los ministros de Asuntos Exteriores en Klosterneuburg también ha dejado claro que aún no ha llegado el momento de hallar una solución definitiva para las cuestiones jurídicas relacionadas con el Tratado Constitucional, ya que no todos los Estados miembros están preparados por el momento. Por lo tanto, constituirá un reto para toda la Unión y un reto particular para las próximas Presidencias trabajar para garantizar que, en 2009, quede claro el fundamento jurídico de la UE del futuro. Al fin y al cabo, 2009 es un año crucial por diversos motivos: no solo va a ver un nuevo Parlamento Europeo, sino también uno o dos retos institucionales, como puede ser, una nueva composición de la Comisión.
Todavía no es posible determinar cuál será el mandato exacto que el Consejo Europeo otorgará en este sentido, si se fijará un programa –y de ser así, en qué consistirá– y cómo seguir adelante con respecto a esta cuestión; los Jefes de Estado o de Gobierno debatirán y adoptarán decisiones en este sentido. Creo que esto será, sin lugar a dudas, uno de los temas principales del próximo Consejo Europeo. Sin embargo, una cosa está clara en lo que se refiere a la Presidencia austriaca del Consejo: tenemos que trabajar juntos con todos los Estados miembros y todas las instituciones para avanzar en estas cuestiones fundamentales que circundan el futuro de la Unión Europea.
Por último, está la cuestión de la ampliación de la Unión Europea, otra cuestión a la que se dará importancia en el Consejo Europeo. No quiero entrar en detalle sobre los distintos países. Están familiarizados con el estado de las negociaciones respectivas con Bulgaria y Rumanía que, como todos esperamos, se adherirán a la Unión el 1 de enero de 2007. Probablemente han seguido ustedes los progresos realizados hace dos días en las conferencias de adhesión con Turquía y Croacia a la vista de todos los problemas que se han planteado en el caso del primero, en particular. En Klosterneuburg, los ministros de Asuntos Exteriores han logrado alcanzar algún que otro acuerdo sobre más acciones comunes. Los Jefes de Estado o de Gobierno continuarán este debate y determinarán cómo hay que seguir adelante en los próximos meses. Resulta que en el segundo semestre de este año, la Comisión elaborará, entre otras cosas, una aportación al debate sobre la capacidad de la Unión Europea para hacer frente a la ampliación, para lo que, como bien saben, también ha habido llamamientos desde el Parlamento.
Las conclusiones del Consejo Europeo mencionarán la situación con respecto a los Balcanes occidentales. Como saben, este asunto ha sido una prioridad particular de la Presidencia austriaca del Consejo. Hay que considerar esta cuestión en el contexto de una política de paz y estabilidad en los Balcanes. Nos referiremos nuevamente a la Declaración de Salzburgo de los ministros de Asuntos Exteriores y a la posibilidad de adhesión de la UE que ofrece para los países de los Balcanes occidentales. En el Consejo Europeo se abordarán una serie de cuestiones relativas a la política exterior y se efectuarán declaraciones sobre las mismas: sobre los Balcanes occidentales, Irán, Irak, Líbano y el Oriente Próximo; y la Estrategia de la UE para África también figurará en el orden del día.
Como pueden ver, a nuestros Jefes de Estado o de Gobierno y al Presidente de la Comisión les aguarda un menú extenso. Espero que estarán de acuerdo en que hemos trabajado duro durante los últimos meses para avanzar en todas estas cuestiones importantes, y esperamos que el Consejo Europeo conseguirá concluir varias cuestiones y estimular el debate de otras en la medida que sea necesario, en el periodo que viene, en interés de Europa y de nuestros ciudadanos.
(Aplausos)
José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión. (FR) Señor Presidente, señor Winkler, Señorías, un año después del inicio del período de reflexión, es hora de hacer balance. ¿Dónde nos encontramos? ¿Qué podemos hacer para que Europa avance? ¿Qué podemos esperar del Consejo Europeo?
Empezaré por decirles que un fantasma recorre Europa: el fantasma del europesimismo. Si ya teníamos el euroescepticismo tradicional de los que nunca han querido Europa como proyecto político, ahora tenemos el pesimismo de los que se declaran europeos convencidos y muy a menudo caen en un estado de «crisisfilia», compitiendo por demostrar que uno conoce mejor que otro las causas de la profunda crisis que atraviesa Europa.
¿Cuál es la causa de este europesimismo? En gran medida, ha sido la sombra de los resultados negativos de los referendos celebrados en dos de nuestros Estados miembros. Su sombra ha proyectado dudas sobre Europa y la capacidad de Europa para definir un proyecto de vida en común. Es una de las razones por las que necesitamos encontrar una solución a la cuestión constitucional. Quiero decirlo sin ninguna ambigüedad: en la Comisión Europea estamos a favor de los principios, los valores y la esencia del Tratado Constitucional.
La cuestión es saber, en primer lugar, por qué necesitamos ese texto constitucional. ¿Qué perdemos por no tener un Tratado Constitucional? Perdemos una aclaración de las competencias entre los distintos niveles, perdemos la ampliación de la codecisión y la ampliación de la votación por mayoría cualificada, perdemos el carácter jurídicamente vinculante de la Carta de los Derechos Fundamentales, perdemos un Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión, que sería al mismo tiempo Vicepresidente de la Comisión, perdemos una acción más eficaz en ámbitos como la salud pública, la seguridad alimentaria e incluso la energía, porque la Constitución ampliaba las competencias en este terreno. Perdemos también un aumento de la coherencia en el plano exterior.
Y a este respecto quiero decirles –la experiencia de un año y medio como Presidente de la Comisión me lo confirma– que en Europa tenemos una necesidad absoluta de lo que aportaba el Tratado Constitucional desde el punto de vista exterior: más eficacia, más democracia, más coherencia.
Los Tratados actuales no nos permiten alcanzar plenamente todos esos objetivos. Seamos claros: Niza no basta.
(Aplausos)
La cuestión es saber cómo superar esta situación. ¿Conseguiremos resolver el problema hablando todos los días de la Constitución? ¿Conseguiremos resolver el problema limitándonos a un enfoque pragmático? Digo que no, digo que hay que evitar dos trampas. En primer lugar, sería una trampa decir, como algunos desean, que la Constitución está muerta, hagamos cosas puramente concretas: sería un peligro para Europa. Por otra parte, también sería un peligro para Europa, debo decírselo, que nos encerrásemos ahora en un debate puramente institucional o constitucional, que pretendiéramos que estamos bloqueados en espera de la solución de la cuestión constitucional.
Por esta razón, debemos avanzar en dos niveles, como decimos en nuestro documento del 10 de mayo con respecto al enfoque de doble vía. En primer lugar, una Europa de los resultados, una Europa de proyectos concretos, pero –y llegamos al segundo nivel– una Europa de los resultados que no se opone, que no es una alternativa, a la Europa política, sino que es, por el contrario, una condición para conseguir la adhesión de los ciudadanos a Europa como gran proyecto político. Por tanto, no es cuestión de elegir entre la Europa de los resultados y la Europa institucional, hay que elegir ambas. Necesitamos una Europa de los proyectos, de los resultados, para tener un gran proyecto para Europa.
¿Qué Europa de los resultados proponemos? Después de todo, hemos obtenido ya algunos resultados. Por eso, no puedo estar de acuerdo con quienes dicen que Europa está completamente estancada. Creo que, involuntariamente, refuerzan la situación de crisis. Comprendo que los analistas deban decirlo, pero como dirigentes políticos tenemos una responsabilidad. ¿Piensan realmente que devolveremos la confianza a los ciudadanos simplemente con mensajes negativos? No. Para hacer avanzar Europa hay que reconciliarse con la esperanza, con la confianza, y mostrar los avances.
La verdad es que a pesar de los dos referendos negativos hemos conseguido resolver la cuestión presupuestaria para los próximos siete años y para 25 países. A pesar de todo, y gracias a la colaboración del Parlamento Europeo, hemos podido encontrar una solución política al problema tan controvertido de la Directiva de servicios. A pesar de todo, hemos podido relanzar la Estrategia de Lisboa para el crecimiento y el empleo. Hemos lanzado –cosa impensable hace dos años– una estrategia común para la energía en Europa. Por tanto, seguimos avanzando sobre la base de proyectos concretos. Llegamos a resultados para crear el momento adecuado para tratar la cuestión institucional.
En nuestro documento de 10 de mayo presentamos propuestas concretas. Sin querer entrar de nuevo en los detalles de las mismas, recordaré algunas de ellas. Ver qué es lo que no marcha en el mercado único para defender a los consumidores en Europa. Ver qué obstáculos sigue habiendo a la plena realización del gran mercado europeo. Hacer balance de nuestro ámbito social: ¿cuáles son los obstáculos a una Europa más solidaria? Al mismo tiempo que avanzamos en la cuestión del mercado, debemos avanzar en la cuestión social. Sobre la base de los Tratados vigentes, realizar avances en materia de justicia, de cooperación y de lucha contra el terrorismo y la delincuencia. Es posible, sobre la base de los Tratados actuales, hacer más en materia de inmigración, de lucha contra la inmigración ilegal, al mismo tiempo que se resuelven las cuestiones de la inmigración legal. Es un asunto de capital importancia. Si los Estados miembros quieren hacer más, pueden hacerlo sobre la base de los Tratados. Por tanto, no es simplemente una cuestión institucional, es también una cuestión de voluntad política. Hagamos, pues, progresos en materia de justicia y de seguridad. Son ámbitos en los que los ciudadanos europeos piden a los Estados miembros que hagan más, porque es evidente que hoy no es posible luchar contra el terrorismo ni afrontar los retos de la inmigración ilegal cada uno por su lado: debemos trabajar juntos.
También se puede hacer mucho más en el ámbito de la dimensión exterior. La solución correcta es la que está en la Constitución: un Ministro de Asuntos Exteriores, Vicepresidente de la Comisión. Debemos reunir nuestras capacidades y recursos en el plano exterior, pero, dado que todavía no tenemos Constitución, la Comisión presentó hace unos días un documento que contiene propuestas concretas para reforzar la eficacia, la coherencia y la visibilidad de la Unión Europea en el plano exterior. Por otra parte, hemos presentado propuestas importantes en materia de subsidiariedad, de transparencia, de «legislar mejor» para Europa.
Hay aquí un conjunto de proyectos concretos, por no hablar de los dos grandes ámbitos que, creo, proyectan a Europa hacia su futuro: la energía, a raíz del Libro Verde que hemos presentado, y la investigación. Son dos grandes prioridades.
La verdad es que el presupuesto consagrado a la investigación registra un aumento del 60 % para los próximos siete años en comparación con el período anterior. Por ello, hemos propuesto la creación de un Instituto Europeo de Tecnología, basado en una red, para infundir una vocación europea a nuestros esfuerzos de investigación y atraer a los mejores investigadores del mundo. ¿Por qué, hoy, los mejores investigadores europeos están en los Estados Unidos? ¿Por qué no somos capaces de atraer aquí, a Europa, a los mejores investigadores chinos, indios, latinoamericanos o estadounidenses? Necesitamos también un proyecto emblemático para movilizar nuestras capacidades en materia de investigación.
Por tanto, movilicémonos en torno a algunos proyectos concretos que puedan devolver la confianza en Europa: es la Europa de los proyectos. Pero la Europa de los proyectos no basta, tenemos que resolver también la cuestión institucional. ¿Qué proponemos a este respecto? Proponemos pasar ahora del denominado período de reflexión a un período de compromiso.
La primera etapa importante es el año próximo, en el que celebraremos el 50º aniversario de la Comunidad Europea, el 50º aniversario del Tratado de Roma. No creo que los Jefes de Estado y de Gobierno puedan dejar pasar el 50º aniversario de la Unión sin comprometerse en este proyecto de vida en común. Hay dos posibilidades: o bien se hace una declaración volcada únicamente en el pasado, es decir, una mera conmemoración, o bien se hace una declaración que mire al futuro, una especie de renovación de nuestro compromiso a favor de nuestro proyecto de vida en común.
Como Presidente de la Comisión, creo que tengo el deber de pedir a los Jefes de Estado o de Gobierno, que son los accionistas de nuestros proyectos, que renueven su compromiso. Creo que también ustedes, como miembros del Parlamento Europeo, tienen derecho a preguntar a los Jefes de Estado o de Gobierno si quieren invertir en este proyecto de vida en común, que hoy es más necesario que nunca en este mundo globalizado. Es lo que vamos a hacer.
Por esta razón, he propuesto una declaración que no sea simplemente una nueva declaración de Messina. Como recordarán, tras el fracaso de la Comunidad Europea de Defensa, la declaración de Messina permitió relanzar Europa y, después, crear la Comunidad Económica Europa. Fue firmada por los Ministros de Asuntos Exteriores. Hoy eso ya no es posible. Ya lo he dicho: Europa no será burocrática, ni tecnocrática, ni simplemente diplomática; Europa debe ser democrática. Por esta razón, hay que comprometer a todas las instituciones de Europa y propongo que la declaración no solo sea firmada por los Jefes de Estado o de Gobierno, sino también por la Comisión y el Parlamento Europeo, que hoy ocupa un lugar central en el proceso de integración europea.
(Aplausos)
Si tenemos éxito en esta empresa, poniendo en ello toda nuestra energía, el año que viene tendremos ocasión de relanzar el proceso constitucional europeo y el proceso de construcción de una Europa que sea una Europa ampliada, lo que implica un debate sobre la ampliación.
No creo en una Europa en miniatura, no creo en una Europa a varias velocidades, dividida. No creo que la respuesta a la situación actual, a las dificultades que vive Europa, sea decir «separémonos». ¿Vamos a consentir que uno o dos países hagan una Europa más avanzada dejando atrás a los demás? No lo creo.
(Aplausos)
Creo que nuestro deber sea hacer todo lo posible para que Europa, en su forma ampliada, funcione. Y se lo digo a la luz de alguna experiencia previa. Si comparo la situación con 1992, por ejemplo, cuando negociábamos con nuestros interlocutores estadounidenses, chinos, rusos u otros, puedo decirles que hoy Europa es más respetada fuera de sus fronteras que antes. Una Europa ampliada es una condición necesaria para una Europa poderosa.
Mantengamos un debate sobre la ampliación. Reconocemos que algunas de nuestras opiniones públicas dudan sobre el ritmo y la magnitud de la ampliación. Mantengamos un debate sobre la cuestión de la capacidad de absorción, pero señalando el valor añadido que ha supuesto ya para Europa la ampliación.
Esta es la Europa que deseo de todo corazón. Una Europa ampliada, una Europa abierta, una Europa más competitiva, una Europa que es mucho más que un mercado, una Europa que tiene un proyecto político, y un proyecto político que descansa en la idea de solidaridad, porque sin solidaridad no existe siguiera la idea de Unión. Este es el gran proyecto para la Europa del siglo XXI. No una Europa cerrada, no una Europa reducida, en miniatura, sino una gran Europa ampliada, que sea capaz de modelar la globalización, en lugar de sufrir sus consecuencias.
Este es el gran proyecto para Europa. Para llevarlo a cabo es esencial que los responsables políticos salgan del círculo vicioso del europesimismo y comiencen a construir el círculo virtuoso de la confianza, con resultados concretos, cierto, pero también con esta gran visión de una gran Europa.
(Aplausos)
Jo Leinen (PSE), autor. – (DE) Señor Presidente, Señorías, las intervenciones del Presidente en ejercicio del Consejo y del Presidente de la Comisión han transmitido la buena impresión de que la Constitución Europea no está muerta sino muy viva, y de que existe la voluntad común de llevar este importante proyecto europeo a una conclusión satisfactoria. Creo que este Parlamento puede respaldar incondicionalmente lo que hemos escuchado.
La Presidencia austriaca ha reactivado el debate constitucional. Esto es algo positivo, y ha sido una tarea ardua, pero podemos ver que todas las partes han vuelto ahora a sentarse a la mesa para deliberar juntos cómo debemos seguir adelante. Creo que muchas cuestiones que se encuentran en la agenda de la Cumbre –desde la política energética, la política de desarrollo a la política común exterior– y muchas otras serán más fáciles de resolver con el nuevo Tratado Constitucional que con el antiguo Tratado de Niza. Por ello, el debate constitucional que necesitamos no es un debate institucional sino uno eminentemente político. También conviene que informemos a los ciudadanos sobre los costes que conlleva no tener la Constitución. En nuestra resolución, pedimos al Presidente de la Comisión que presente a los ciudadanos un estudio que demuestre todo lo que podemos perder por no disponer de este nuevo Tratado.
A mediodía, el Pleno votará una resolución que contiene una serie de demandas y también de ideas para el próximo periodo de reflexión y el nuevo curso del proceso constitucional. El mensaje que ocupa el primer lugar de la Cumbre es que, nuevamente, necesitamos una declaración de todos los 25 Estados miembros según la cual apoyan este proyecto común y, también, que queremos continuar el proceso de ratificación. Esta declaración es necesaria debido a que otras afirmaciones públicas han dado, de vez en cuando, la impresión de que los Estados miembros implicados se están distanciando de sus compromisos, y esto constituiría una auténtica crisis de la confianza y un desmoronamiento de la lealtad entre los Estados miembros. Espero que la Cumbre pueda enviar este mensaje.
El segundo punto que quiero abordar es que hemos de advertir sobre el peligro de romper este compromiso global y seleccionar o desmantelar este Tratado. Ello debilitaría el proyecto de una Europa política y pondría en peligro la cohesión.
En tercer lugar, suena a música celestial que la Cumbre haya de decidir una agenda. La UE siempre ha tenido éxito cuando ha trabajado siguiendo un objetivo claro y una fecha fijada. Así ha sido con el mercado interior y con el euro y ahora también tiene que ser así con la Constitución. Se han citado las fechas de 2007 y 2009: coinciden con las de nuestra resolución, y necesitamos este Tratado para las elecciones europeas. Advierto sobre el peligro que representa ir a unas elecciones europeas con esta crisis sin resolver: esto fortalecería a quienes se oponen a Europa y aumentaría el euroescepticismo, e incluso volvería a reducir el número de votantes. Es necesario que lo logremos de aquí a 2009.
Creemos que es necesario un diálogo específico con los dos países que han votado «no» en sus referendos. Todavía no está claro sobre cómo y en qué circunstancias estos dos países continuarán el proceso de ratificación. Tenemos que reconocerlo. El momento de la verdad llegará tras las elecciones en los Países Bajos y en Francia, si no llega antes, y sus socios necesitan conocer cuál es el problema específico con el Tratado. El «no» fue demasiado vago y no nos es muy útil. Necesitamos una propuesta específica sobre cómo podemos ayudar y qué es lo que hay que hacer. Es hora de que exista un compromiso para examinar esta cuestión más de cerca –no se puede resolver por otras partes; nadie más puede mantener el debate por ellos. Es necesario que el esfuerzo venga de los dos países, pero hay que preguntárselo.
Mi siguiente comentario tiene que ver con que se está ampliando el periodo de reflexión y, es más, todas las partes tienen que proponerse participar en esta reflexión. Algunos países siguen callados y no participan en este proceso. Esto no es bueno para nadie, ya que sigue siendo necesario que también estos países ratifiquen la Constitución, y si la población no sabe dónde se está metiendo y qué le aguarda, esto es perjudicial para todos los demás.
Creemos que la participación de los ciudadanos debe incrementarse. El Plan D de la Comisaria Wallström es bueno. Nosotros también, hemos de poner nuestro granito de arena para garantizar que se dispondrá incluso de más dinero. Simplemente necesitamos recursos y, también, proyectos transfronterizos en vez de solo debates nacionales. Hemos de seguir promoviendo este elemento: de ciudadano a ciudadano y de ciudadano de la Unión a ciudadano de la Unión.
El foro interparlamentario ha sido un gran éxito. Ese proceso requiere la participación no solo de los órganos ejecutivos, sino también de los órganos legislativos, los Parlamentos y, nosotros, el Parlamento, estamos dispuestos a continuar este diálogo interparlamentario.
Ha de quedar claro al final de este debate que Europa no solo es Bruselas, Europa es todos nosotros, dondequiera que vivamos en nuestros países, regiones y localidades y, si lo logramos, habremos conseguido realizar un verdadero avance.
(Aplausos)
Margot Wallström, Vicepresidenta de la Comisión. (EN) Señor Presidente, gracias por darme la oportunidad de responder a la pregunta del señor Leinen un año después del «no» en los referendos francés y neerlandés, y tan solo un día antes del Consejo Europeo. Esta ocasión me permite igualmente esbozar la posición de la Comisión sobre el período de reflexión y el proceso constitucional. El mes pasado respondí en parte a esa pregunta cuando presenté ante esta Cámara dos Comunicaciones de la Comisión al Consejo Europeo –la evaluación del período de reflexión y el Plan D– y la Agenda de los Ciudadanos para lograr resultados para Europa. Como ya ha señalado el Presidente Barroso, hemos establecido una Agenda de los Ciudadanos formada por estos proyectos concretos y los objetivos que deseamos alcanzar.
Antes de abordar los siguientes pasos que deberemos dar, permítanme decir algo sobre los primeros pasos. Como sus Señorías ya han escuchado, la Comisión mantiene su compromiso con los principios, valores y la mayor eficiencia que conllevaría el Tratado Constitucional. Acogemos igualmente con agrado las nuevas ratificaciones, como la realizada hace poco por el Parlamento estonio, y la anunciada por la próxima Presidencia finlandesa.
También me gustaría responder a la pregunta del señor Leinen y a su propuesta de examinar los efectos de un «no» a la Constitución o al Tratado Constitucional, y estamos plenamente dispuestos a hacerlo. Me parece que deberíamos sopesar las consecuencias y el coste de no tener una Constitución. No podemos ignorar que en estos momentos no hay consenso, no hay una posición común entre los Estados miembros sobre el futuro de la Constitución y la reforma institucional que tanto necesitamos. No podemos permitir que esto nos paralice, y no lo hacemos, como sus Señorías ya han escuchado.
Para empezar, la Comisión pretende llevar a cabo un ambicioso programa político para satisfacer las expectativas de los ciudadanos y restablecer la confianza del público en el proyecto europeo. El esbozo presentado por el Presidente Barroso no deja duda alguna sobre nuestra determinación. Cumpliremos nuestras promesas y lo haremos sobre la base de los Tratados vigentes. No podemos esperar a que seamos en breve 27 Estados miembros para llegar a un consenso sobre la cuestión constitucional.
Al mismo tiempo, la Comisión mantiene su compromiso de debatir y entablar un diálogo con los ciudadanos a escala comunitaria, nacional y regional. Los métodos que emplearemos figuran en el Plan D, que significa debate, diálogo y democracia. Deberemos utilizarlos para explicar el valor añadido del proyecto europeo. Debemos utilizarlos para explicar por qué necesitamos un nuevo Tratado Constitucional. Debemos utilizarlos para debatir las prioridades políticas con la ciudadanía.
Nuestras dos instituciones no siempre están de acuerdo en todos los detalles, pero compartimos una idea fundamental: nuestro compromiso con una Unión más democrática, transparente y eficaz. Y eso trasciende cualquier período de reflexión.
Creo igualmente que los asuntos europeos sufren un déficit de participación. Aún así, los ciudadanos abrigan grandes esperanzas en cuanto a los logros y el contenido de las políticas, lo que plantea importantes exigencias a los Estados miembros y nuestras instituciones. Debemos hacer que los ciudadanos participen más en el proceso de elaboración de políticas en todos los planos, en particular los jóvenes y las mujeres. Dichas iniciativas deben ser concretas y concebirse como una función permanente del desarrollo de los asuntos europeos, y deben asegurar que se tomen en serio las reacciones de los ciudadanos –¿qué hacemos con lo que escuchamos en el diálogo y a través de la participación de los ciudadanos?– y que el acto de escuchar venga seguido de acciones concretas.
Ya lo he dicho antes y lo repito hoy: el Plan D no es una operación de rescate de la Constitución. No se limita al período de reflexión, ya sea este de uno, dos o más años. Es un punto de partida para un proceso de reforma democrática a largo plazo. Queremos que los ciudadanos asuman la responsabilidad de las políticas de la UE para que las comprendan y entiendan su importancia, y que las instituciones de la UE rindan cuentas y sean fiables para aquellos a quienes sirven.
Muchas veces veo y escucho expresiones nostálgicas sobre la época dorada de la Unión Europea, pero hoy día de nada sirve encerrar a unas cuantas personas en un castillo en alguna parte para que intenten resolver los problemas de la Unión Europea. Actualmente necesitamos la participación de los ciudadanos, necesitamos el apoyo y la confianza de los ciudadanos para poder construir un futuro par la Unión Europea. Necesitamos entablar un diálogo y que las instituciones de la UE funcionen de forma participativa.
Como he señalado acerca de la propuesta de resolución, necesitamos prestar especial atención al Plan D durante el año que viene, hasta el Consejo Europeo de junio de 2007. Ya he prometido que la Comisión presentará una revisión intermedia tras este Consejo Europeo. Prestaré mucha atención a las conclusiones del Consejo Europeo en dicha revisión, así como a la resolución de esta Cámara.
La consecución de resultados concretos y la reconexión con los ciudadanos europeos generará el clima favorable necesario para llevar a cabo las reformas institucionales, es así como las motivamos. Hasta ahora, el Plan D ha sido un buen ejercicio para poner en marcha una amplia gama de actividades, y creo que hemos empezado a pensar y razonar de forma diferente. Nos concentramos en la realidad de nuestros días y del futuro, en la forma en que tenemos que interactuar con los ciudadanos de hoy y de mañana. En los Estados miembros han tenido lugar más de 660 actividades, y cientos de miles de ciudadanos han visitado el sitio web dedicado al debate sobre Europa.
Creo, al igual que el señor Leinen, que en el futuro necesitaremos un planteamiento más basado en el contacto entre los ciudadanos para permitir que estos se reúnan por encima de las fronteras para debatir el plan de trabajo europeo. Nos concentraremos sobre todo en los jóvenes, los europeos del mañana, y haremos que un mayor número de mujeres participen en el proceso decisorio. Necesitamos que todo el proyecto europeo sea más participativo, más transparente y más eficaz, y este objetivo va más allá que cualquier período de reflexión. Únicamente de esa manera podremos proyectar a la Unión Europea hacia el futuro.
(Aplausos)
Hans-Gert Poettering, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (DE) Señor Presidente, Señorías, me complace que el Presidente en ejercicio del Consejo haya hablado de una Cumbre de trabajo. Al fin y al cabo, Europa solo progresará gracias a los esfuerzos diarios del trabajo arduo y específico, y no como resultado de brillantes proezas retóricas: en Europa no hay escasez de discursos dogmáticos. Quiero desear al Presidente en ejercicio del Consejo todo el éxito del mundo para la Cumbre.
Sin embargo, mi agradecimiento particular es para el Presidente de la Comisión: no solo por estar presente hoy aquí –por supuesto, podría decir que solo asiste cuando está aquí el Presidente del Consejo Europeo–, sino por lo que ha dicho hoy. Al fin y al cabo, hace poco hemos oído a nuestro estimado colega, el diputado señor Schultz, pronunciar duras críticas hacia el Presidente de la Comisión, y puesto que el señor Schultz es conocido por su objetividad, presumo que será muy elogioso sobre la intervención del Presidente de la Comisión cuando intervenga dentro de unos momentos.
Esta doble trayectoria –defensa de los principios del contenido de la Constitución Europea por un lado y proyectos específicos para hacer avanzar a Europa, por otro–, cuenta con nuestro fuerte apoyo. Quiero hacer hincapié, en nombre de nuestro Grupo, que esto tiene nuestro más fuerte apoyo, y que estaría bien si los otros presidentes de los Grupos se unieran a mí para afirmarlo muy claramente. Cuando celebremos el aniversario del 25 de marzo de 1957 el año que viene –el 25 de marzo de 2007–, nuestro Grupo insistirá en que este acontecimiento no sea una celebración de aquellos Jefes de Estado o de Gobierno que se dan muestras de reconocimiento los unos a los otros bajo o frente a bonitas banderas, sino que, en cambio, exprese la democracia de Europa, y que el Parlamento Europeo participe en la declaración y establecimiento de nuestros objetivos para el siglo XXI. Digo esto pensando en el Secretario General del Consejo, ya que no son los Jefes de Estado o de Gobierno quienes suelen obstruir las cosas. Pido al Secretario General del Consejo que permita que el Parlamento participe debidamente desde el comienzo, tal como ha propuesto el Presidente de la Comisión, por lo que queremos expresarle nuestro reconocimiento y agradecimiento.
(Aplausos)
Mi segundo comentario tiene que ver con la seguridad en Europa. Por supuesto, es un acto de equilibrio delicado. Por un lado, existe la necesidad de protección que tienen los ciudadanos contra la delincuencia grave, contra el terrorismo, la inmigración ilegal, y esperamos que se adopten medidas específicas sobre todo esto, pero, por otro lado, en lo que se refiere a la inmigración, también esperamos el respeto de la dignidad humana y una búsqueda de medidas humanas para abordar la inmigración ilegal. No podemos aceptar la situación en la que miles de personas están muriendo de una muerte espantosa en el Mediterráneo y en los mares de este mundo, sino que, en cambio, también se tienen que adoptar medidas específicas sobre esta cuestión, con el fin de evitar estas tragedias humanas.
Otro punto se refiere a la Estrategia de Lisboa. Sobre la cuestión de la Directiva de Servicios, hemos demostrado nuestra buena voluntad, nuestra capacidad de acción, y felicito a la Presidencia austriaca por haber tomado esta senda. Estamos a favor de un Instituto Europeo de Tecnología, siempre que cree una red, en lugar de más burocracia. Con respecto al suministro de energía, estamos a favor de la diversidad: la diversidad con respecto a las fuentes de energía –no podemos confiar en una única forma de energía, ni ninguna forma de energía se puede regular– y, también, la diversidad del suministro. No podemos confiar en un único país o en un pequeño número de países para nuestro suministro de energía, sino que también es necesaria la diversidad de proveedores, y el principio de solidaridad entre todos los Estados miembros de la UE se aplica a esta cuestión: no podemos dejar a nadie en la estacada.
Si hablamos del concepto de solidaridad –y aquí miro al señor Kasoulides– considero que es inaceptable que negociemos con Turquía en estos momentos –y esto es una decisión, y tomar una decisión significa que los Tratados han de cumplirse– cuando Turquía no reconoce a uno de los Estados miembros de la UE, cuando no extiende la unión aduanera en el marco del Protocolo de Ankara a Chipre. Esto va en contra de la solidaridad que nos une en la UE y, por ese motivo, hemos de insistir para que la unión aduanera entre en vigor.
(Aplausos)
Mi último comentario se refiere al debate sobre la Agencia de Derechos Fundamentales. Tengo mis dudas sobre si esta es la senda correcta que hay que tomar, y pido que se reconsidere. Naturalmente, Jean-Claude Juncker ha presentado un informe sobre este tema al Consejo de Europa. Es necesario que el Parlamento considere cuáles son los medios de cooperación con el Consejo de Europa y, también con su Asamblea Parlamentaria. La labor que el Consejo de Europa lleva a cabo en la actualidad, que ha demostrado su valía, no debe transferirse simplemente a las instituciones de la UE; en cambio, hemos de concentrarnos en maneras de complementarnos mutuamente, puesto que el Consejo de Europa también es una comunidad europea de Estados, con 46 miembros. Somos 25, y pronto seremos más, y conviene que las actividades de cada comunidad complementen la sensibilidad de los demás. Si la Presidencia del Consejo tiene esto en cuenta en la Cumbre, mi elogio por el éxito de esta Presidencia será aún mayor. Por lo tanto, deseo a la Presidencia todo el éxito del mundo para la Cumbre de Bruselas del día de mañana y del siguiente.
(Aplausos)
Martin Schulz, en nombre del Grupo PSE. – (DE) Señor Presidente, Señorías, quiero empezar con un comentario a favor del Presidente en ejercicio del Consejo. Anteayer, este Parlamento aprobó un informe provisional de la comisión temporal sobre la CIA. La votación de mi Grupo fue muy coherente, mientras que la del Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos) y de los Demócratas Europeos fue muy incoherente, pero no obstante una mayoría reconoció que la UE se fundamenta en el Estado de Derecho, y voy a pedir al Presidente en ejercicio del Consejo que traslade ese mensaje al Consejo, que está preparando la reunión con George Bush. La existencia de la UE y sus Estados miembros se basa en la filosofía del Estado de Derecho. La UE es un lugar donde prevalece el Estado de Derecho; Guantánamo y los vuelos de la CIA son lugares sin ley. Una comunidad basada en el Estado de Derecho como la UE, que defiende sus valores, tiene que decir un claro «no» al uso indebido de nuestras instituciones por parte de los servicios secretos estadounidenses e incluso un «no» más enfático a la existencia de vacíos legales como Guantánamo. Quiero pedir al Presidente en ejercicio del Consejo que haga llegar este mensaje a la Cumbre.
El señor Poettering se ha referido a mi legendaria objetividad, por lo que le estoy muy agradecido. Ha olvidado añadir que se apresuró a unirse a mi crítica al Presidente de la Comisión cuando él y la señora Martens le remitieron una carta conjunta con un contenido similar.
(Interrupciones del señor Poettering)
Al señor Schüssel también, todos ellos miembros del Grupo del PPE-DE. No es nuestro problema si su propia casa no está en orden, señor Poettering.
El Presidente de la Comisión ha merecido hoy que se le elogie; por lo tanto, si dice lo que es correcto, estamos de su lado. Decimos «sí» a la necesidad de esta Constitución, y «sí» a las reformas que la Constitución ha de aportar para sustituir el insuficiente Tratado de Niza. Que esté ahora afirmando esto en público en lugar de dejar siempre a la Comisaria Wallström en la estacada, que esté declarando que lo respalda ante este Parlamento, representa un progreso. ¡Bravo!, lo ha hecho bien, señor Presidente de la Comisión.
Sin embargo, con esto no basta; se necesita algo más, algo que también se ha mencionado hoy. Necesitamos pedir a aquellos países cuyos referendos son responsables de tirar esta Constitución qué es lo que proponen y cómo podemos remontar este obstáculo. Los Gobiernos de Francia y de los Países Bajos también deben tener la obligación de sugerir a la UE maneras de resolver este dilema. Voy a sugerir algo a Francia. Estoy francamente seguro de que, si el señor Chirac anunciara que iba a dimitir inmediatamente si los ciudadanos votaban «sí» a la Constitución, tendríamos asegurado un apoyo de los franceses por mayoría absoluta para la Constitución. Sin embargo, una cosa es cierta: la crisis de la UE también es una crisis para algunos Gobiernos, y esa es la razón reiterada de la incapacidad del Consejo Europeo de avanzar en la mayoría de puntos, puesto que algunos Gobiernos no quieren este Tratado Constitucional y otros se esconden detrás de los que no lo quieren. A propósito, esto es así en Dinamarca, Portugal y todos aquellos países con una opinión diferente de las tres Presidencias del Consejo, la actual y las dos futuras. El Primer Ministro de Finlandia, Matti Vanhanen, es valiente al ratificar simbólicamente y declarar su apoyo a la Constitución durante la Presidencia finlandesa del Consejo.
(Aplausos)
Creo que es positivo que el Canciller austriaco Schüssel haya declarado su apoyo a esta Constitución. Aunque la propuesta que ha presentado para este referendo no es nueva y ya se ha debatido por la Convención, demuestra que Austria la quiere. El Gobierno alemán, que, en ese momento, asumirá la Presidencia por tercera vez consecutiva, ha declarado su firme apoyo a esta Constitución, lo que es una buena señal. Todos los que dicen que esta Constitución está muerta se equivocan.
La propuesta del Consejo, en ocasión del 50º aniversario de los Tratados de Roma, para pedir una declaración solemne de los dirigentes sobre si realmente quieren una mayor integración europea, si apoyan realmente los principios de una mayor integración y de si siguen apoyando el espíritu de los Tratados de Roma después de 50 años, es una buena idea. El contenido es lo que marca la diferencia: ha de afirmar que la declaración solemne que se hace no es de nobles objetivos sino de acciones concretas. Por ejemplo, podría decir: sí, queremos que la Constitución –en particular, su contenido– sea una realidad. Al fin y al cabo, hay algo que está absolutamente claro, y digo esto en nombre de nuestro Grupo y de todos sus miembros: queremos la ampliación de la UE. Acogemos con satisfacción el proyecto de las conclusiones sobre Bulgaria y Rumanía. Sabemos que la eventual adhesión de los Estados balcánicos está teniendo un efecto pacificador allí. Por este motivo, declaramos que creemos en la necesidad de la ampliación. Sin embargo, sin las reformas constitucionales y la división de poderes asociada; sin la claridad de acción o el potencial democratizador que la Constitución contiene, esta ampliación es imposible, a menos que queramos destruir Europa, y esto no es así. Por esta razón, se nos exige a todos que continuemos luchando por esta Constitución, para que Europa siga fundamentándose en el Estado de Derecho y adquiera la fuerza económica que necesita para enfrentarse a estos retos del siglo XXI.
(Aplausos)
Graham Watson, en nombre del Grupo ALDE. – (EN) Señor Presidente, el éxito del Consejo Europeo de esta semana depende ante todo de un concepto: la democratización.
La democracia, la transparencia y la responsabilidad deben ser los elementos que configuren el futuro de nuestra Unión. Sin un claro compromiso con estos tres principios, nos quedaremos con los parches que han paralizado las reformas hasta ahora y fomentado la desconfianza del público en la Unión.
Europa se construirá con el apoyo de los ciudadanos o no se construirá. Subsanar el déficit democrático implica poner fin a la adopción de normativas a puerta cerrada. Por eso mi Grupo felicita a la Presidencia austriaca por prometer hacer de la transparencia la regla y no la excepción a la hora de elaborar las políticas comunitarias, y acoge con agrado la voluntad manifestada por el Presidente de la Comisión de publicar los nombres de los miles de miembros de los comités consultivos de la Unión Europea. Seguimos esperando la lista, señor Barroso.
Pedimos al Consejo que anuncie que todos los debates sobre asuntos legislativos por codecisión estarán abiertos al público. Sabemos –como escribía la periodista Meg Greenfield– que todos están a favor de la democracia en principio, pero que su práctica da lugar a serias objeciones. Observamos que, digan lo que digan en público, esos dos viejos conspiradores, el Reino Unido y Francia –dos países que han cultivado la democracia a escala nacional y que ahora sufren de amnesia ante sus resultados– siguen oponiéndose a la apertura del Consejo. Corresponde a los demás Estados miembros llevarlos a la fuerza al siglo XXI.
A corto plazo, el Consejo debe confiar en el Parlamento y permitirnos una mayor fiscalización legislativa. Las iniciativas más importantes, en particular en el ámbito de la justicia y los asuntos de interior, a menudo no pueden avanzar por falta de una mayoría cualificada y acaban en un punto muerto.
Ha llegado la hora de aplicar la cláusula pasarela del artículo 42 y trasladar las políticas del tercer al primer pilar, como propone la Comisión en su Comunicación del 10 de mayo, ya que nuestra reputación –y de hecho nuestra influencia– reside en la defensa de valores tales como la democracia, la libertad y el respeto de los derechos humanos.
Para garantizar la protección de los datos personales es necesario trasladar la protección de datos al tercer pilar. De forma similar, las garantías procesales mínimas para la orden de detención europea –que tuve el honor de pilotar en el trámite de esta Cámara– están atascadas en el Consejo desde 2001.
Queremos ver avances en todos estos temas para que la Unión Europea sea más democrática y más eficaz. Europa exige nada menos que un impulso inequívoco hacia un proceso democrático de toma de decisiones.
A largo plazo, únicamente un Tratado Constitucional –tan práctico como ideológico– puede ofrecer el marco institucional para la democratización de Europa. Pero también es hora ya de reconocer que el decimosexto y último Estado miembro que ratificará la Constitución en su versión actual será Finlandia. Tenemos que reconocer que Francia, los Países Bajos y el Reino Unido nunca ratificarán el texto de 2004. Dinamarca, Irlanda y Suecia no pueden proceder a la ratificación en las condiciones actuales. La República Checa y Polonia optaron por no ratificarla, y para Portugal resultará casi imposible, pues se ha comprometido a celebrar un referendo.
De modo que nos quedan dos opciones: la renegociación o el olvido. Cuanto más pronto se hagan mejoras estructurales y de fondo en ese texto y se resuelvan las inquietudes del público, mejor.
Presidente Barroso, acojo con agrado la visión y determinación de las que ha hecho gala usted hoy. Pero me gustaría que dijera esto mismo con mayor determinación y frecuencia a los Estados miembros. Tiene razón: todos son accionistas de la empresa, pero han sido víctimas de la moda del corto plazo, y los mercados se desploman en todo caso. Tenemos que hacer que los Estados miembros comprendan cuánto necesitan a la Unión Europea.
Mi Grupo da las gracias a la Presidencia austriaca por la buena labor que ha realizado hasta ahora. Le deseamos éxito con otros puntos importantes de su plan de trabajo, como la inmigración y otros aspectos del Programa de La Haya, la política social y económica, y la agencia de los derechos fundamentales que tanto necesitamos. Asegúrense igualmente de que en el plan de trabajo de nuestros Ministros de Asuntos Exteriores figure la ayuda a Palestina y las entregas de sospechosos por parte de la CIA. Los buenos vinos que sirvieron ustedes en Klosterneuburg fueron un buen aperitivo. Ahora deben sentarse a la mesa.
Monica Frassoni, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (IT) Señor Presidente, señor Barroso, Señorías, me alegra, señor Barroso, que haya cambiado de opinión sobre lo que dijo el año pasado y sobre la Constitución. Tan solo espero que no haya vuelto a cambiar de opinión y que pueda demostrar la misma determinación ante los Estados miembros.
En primer lugar, la declaración tendrá que estar lista en el mes de marzo y si el Parlamento Europeo desea hacer una contribución a esta, creo que debemos decir algo distinto sobre el tema que votaremos mañana, simplemente decir que es necesario mantener este texto y que este Tratado constitucional es lo único que puede aceptar el Parlamento Europeo.
Señor Leinen, esta resolución no hace avanzar en absoluto el debate sobre Europa que todos queremos. Si queremos obtener resultados, tenemos que dejar claro el contenido de nuestra propuesta. Los Estados miembros no lo han logrado, pero desgraciadamente nosotros tampoco.
En segundo lugar, en relación con el tema del desarrollo sostenible, observamos varias declaraciones muy interesantes en las últimas declaraciones que se nos han entregado. Sin embargo, creemos que algunos aspectos prácticos que deben llevarse a cabo y que ni siquiera han sido propuestos. Se necesitan medidas mucho más decididas en materia de cambio climático, transporte y biodiversidad, y es necesario utilizar los recursos de la Unión Europea de una forma más respetuosa con el medio ambiente. En cambio, todo lo que hacemos es dar pasos hacia atrás con una serie de propuestas sobre la contaminación atmosférica, sobre residuos y sobre muchos otros temas que realmente nos desconciertan.
Nos alegra que se haya vuelto a reafirmar la importancia de la transparencia, aunque me parece que es mucho más importante hacer un seguimiento eficaz de la aplicación de la legislación comunitaria que enredarse en complejos y muy costosos procedimientos de evaluación de impacto. Esta tendencia está muy a la moda, pero consideramos que enredarse en procesos complejos y no muy transparentes pone en peligro nuestra democracia.
Además, señor Barroso, seguimos observando un gran número de problemas de transparencia y de acceso a la documentación, ámbito en el que nos parece que la Comisión no ha hecho suficiente. Por ello apoyamos lo que ha hecho el Consejo, aunque sabemos que las palabras son una cosa y las acciones otra muy distinta, y hemos presentado diversas propuestas y peticiones que no han sido agotadas hasta ahora.
En tercer lugar, quiero abordar el tema de la dimensión externa. Señor Winkler, por lo que respecta a la energía, nos preocupa un poco que la única prioridad que se menciona en las conclusiones se refiera a la adquisición de recursos y al transporte de los mismos a través de los países de transito, al tiempo que no se hace referencia alguna a la eficiencia ecológica y a las fuentes de energía renovable. No obstante, estos elementos presentan una dimensión externa, pues los quince fabricantes internacionales de automóviles tienen una influencia sobre los precios del petróleo comparable posiblemente a la de la OPEP. Considero que este silencio por parte de Europa es un elemento negativo.
Además, en las conclusiones finales señalan que esperan que se adopte un mandato de negociación para los Balcanes. Pues bien, ¿quién debe otorgar dicho mandato si no la Presidencia del Consejo? Me parece que, en este aspecto, usted tiene que ir más allá de las esperanzas.
Terminaré dirigiéndome a usted, señor Winkler, porque cuando ayer habló de Túnez, quedamos muy decepcionados y sorprendidos. Dijo que se habían entregado algunos fondos para ONG. Eso no es así y también la Comisión lo confirma. Los 900 000 euros para la Liga de los Derechos Humanos no han sido entregados, y considero que el hecho de que la Presidencia afirme aquí lo contrario constituye algo sumamente negativo. Le insto a que verifique sus fuentes y nos haga saber si esto es verdad o no, porque se trata de un ejemplo muy grave que contribuye a restarle credibilidad a Europa.
(Aplausos)
Francis Wurtz, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (FR) Señor Presidente, señor Barroso, señor Winkler, los principales puntos del orden del día del próximo Consejo Europeo plantean cada uno a su modo la cuestión del significado de la integración europea. Este es el caso con respecto a las consecuencias de la famosa pausa de reflexión y a la política energética común, y tampoco la acción de Europa en el mundo pasa inadvertida en este contexto.
Hablaré primero de la pausa y su prórroga. La primera parte del proyecto de conclusiones de la Cumbre de Bruselas aborda este tema y lleva el bonito título de «Europa escucha». Todo esto está bien, pero ¿qué escucha? El documento se extiende sobre las medidas contra la inmigración ilegal, desafortunadamente yuxtapuestas en la misma frase al tráfico de seres humanos, el terrorismo y la delincuencia organizada; aborda los mecanismos de intervención de la Unión en caso de crisis; insiste en la necesidad de tener más rigurosamente en cuenta en el futuro la capacidad de absorción de la Unión Europea antes de embarcarse en una nueva ampliación, etc. Estas son otras tantas cuestiones que están presentes, estoy de acuerdo, en el debate con nuestros conciudadanos. Pero curiosamente la que ocupa el lugar central en la crisis de confianza que sufre la Unión, es decir, la cuestión social, aparece completamente marginada en el proyecto de conclusiones del Consejo Europeo, que se contenta, en el curso de una frase, con pedir a la Comisión que elabore un informe sobre la situación de aquí a la primavera próxima. Decir esto no es caer en la «crisisfilia», señor Barroso. Recuerdo que la propia Presidencia austriaca apuntó este tema el pasado mes de enero. Esto es de lo que hay que hablar en primer lugar para sacar las conclusiones que se imponen. La confianza de los ciudadanos no nos viene dada. Hay que ganársela.
Pasemos ahora a la política europea de la energía. Contribuir a superar el reto energético del siglo XXI es en efecto una responsabilidad europea por excelencia. Pero no puede conformarse con la carrera por la rentabilidad, ni con la competencia a todo trance. Preparar el periodo pospetróleo, ir mucho más allá en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, desarrollar el esfuerzo de investigación para aumentar la eficacia y la diversidad energética, transformar la organización de los transportes, afirmar el derecho a la energía para todos, son tareas eminentemente políticas que no pueden supeditarse, so pena de fracasar, a los miopes cálculos de mercado.
El mismo debate concierne en fin a las ambiciones europeas en materia de política exterior. ¿Quién puede estar en contra de que nos dotemos, como propone la Comisión, de instrumentos y normas de funcionamiento capaces de mejorar la coherencia, la eficacia y la visibilidad de nuestra acción exterior? Pero tengo la convicción de que la razón de fondo de la debilidad de la acción de Europa en el mundo no es ni técnica ni institucional. Se debe a la dramática falta de voluntad política y visión común del Consejo Europeo. ¿Cómo interpretar de otro modo, en este mismo momento, la asombrosa inercia de los 25 ante el irresponsable torpedeo por el Gobierno israelí de la iniciativa del Presidente palestino, en una violación flagrante y permanente de las resoluciones de la ONU y de la «Hoja de Ruta» del «Cuarteto»? Todo esto nos reafirma en la idea de que la famosa pausa o el plan D solo serán útiles representan una oportunidad para mantener un debate franco y abierto sobre los cambios estructurales que hay que fomentar para que los europeos puedan percibir de nuevo la razón de ser positiva de Europa en el mundo de hoy.
(Aplausos)
Brian Crowley, en nombre del Grupo UEN. – (EN) Señor Presidente, quisiera dar las gracias al Presidente de la Comisión y al Presidente en ejercicio del Consejo, así como a la Vicepresidenta de la Comisión, por sus intervenciones y contribuciones. Me gustaría abordar brevemente una serie de temas que deberemos tratar en Europa, antes de volver al período de reflexión sobre la Constitución.
La Presidencia austriaca ha demostrado en los últimos días que cuando se aborda un tema determinado de una manera concreta es posible tener éxito. Cuando se intenta conciliar a las distintas partes es posible alcanzar un resultado que nadie habría considerado posible. Ya lo hemos visto en varios frentes legislativos, tanto en la cooperación con el Parlamento como en el trabajo con la Comisión. Me parece que Europa necesita comprender en estos momentos que las inversiones de tiempo y esfuerzo dan sus frutos. Esos frutos no son tan solo ideales esotéricos, sino que crean soluciones reales para los problemas a los que se enfrenta la gente en su vida.
Desgraciadamente, gran parte del debate está determinada por lo que dicen los comentadores de los medios de comunicación y no por lo que dicen los ciudadanos de la Unión Europea, pues cuando uno habla con la gente y le pregunta qué necesita, el tipo de Europa que desean, todos responden que desean un mercado interior, más seguridad laboral, más seguridad energética, más seguridad personal, que sus hijos tengan un medio ambiente más seguro y limpio en el que vivir y que Europa desempeñe un papel responsable en la escena mundial. En vista de todo ello, ¿por qué en esta Cámara insistimos en hablar de crisis de confianza en Europa, cuando el nivel de crisis, temor y aversión que algunos creen que existe simplemente no podemos encontrarlo entre el público en general?
Podemos hacer algunas cosas importantes en la próxima reunión del Consejo para intentar que avancen las cosas. En primer lugar, es necesario renovar el compromiso y el idealismo de la Agenda de Lisboa, y establecer los auténticos objetivos y metas para convertirnos, de aquí a 2010, en la economía más dinámica del mundo y crear las inversiones, investigación y desarrollo que necesitamos para generar nuevos puestos de trabajo y nuevas oportunidades. Tenemos igualmente que proseguir con los expedientes en curso, como el de la Directiva de servicios, la protección de los servicios de interés público o el derecho al servicio universal, y hacerlos realidad.
Por lo que se refiere a la energía, el Presidente de la Comisión ha presentado una buena propuesta para una política energética común en Europa, pero debemos examinar igualmente las alternativas, como la oportunidad de utilizar cultivos para la producción de energía.
Por último, en relación con el período de reflexión sobre la Constitución, considero que es un error llamarla constitución, y me alegro de que los Ministros de Exteriores lo hayan dicho en Austria. Sin embargo, contiene algunos elementos positivos y me felicito de la perspectiva que acaba de esbozarnos el Presidente de la Comisión y la Vicepresidenta de la Comisión acerca de la idea de un Plan D, aprovechar los elementos positivos y seguir adelante. Tan solo me gustaría advertir de que no deberíamos ir más lejos de lo que están dispuestos a ir los Gobiernos, porque son estos en última instancia los principales representantes de su pueblo y sus intereses nacionales.
Jens-Peter Bonde, en nombre del Grupo IND/DEM. – (DA) Señor Presidente, lo que deberíamos hacer es comenzar de cero y crear una nueva Convención elegida directamente para elaborar propuestas que posteriormente se sometan a referendo al mismo tiempo en todos los Estados miembros. De este modo obtendríamos las normas básicas que los votantes desean y podríamos decir que la UE es una democracia y una unión de democracias.
El documento del Consejo Europeo sobre la transparencia es tan solo una hoja de parra. El año pasado, la UE adoptó más de 3 000 actos. De estos, cincuenta y siete fueron aprobados mediante el procedimiento de codecisión. En el Consejo Europeo de Sevilla de 2002 y una vez al final de la Presidencia de Tony Blair se decidió avanzar hacia la transparencia completa y codecisión. Ahora, es la propia Ministra del señor Blair, Margaret Beckett, la que intenta bloquear los avances en el último instante. Si se adoptan en todo caso estas medidas, los periodistas podrán escribir que el Consejo Europeo ha satisfecho las expectativas de la gente al avanzar hacia la transparencia.
Sin embargo, la mayor parte de la legislación comunitaria seguirá siendo adoptada por funcionarios en los 300 grupos de trabajo secretos del Consejo tras haber sido elaborada en otros 3 000 grupos de trabajo secretos bajo la égida de la Comisión. Los ejemplos de transparencia y democracia seguirán siendo las excepciones a la regla. Los verdaderos avances que realizó el Consejo Europeo se refieren a su apoyo a la propuesta de la Comisión para que en el futuro todas las propuestas se examinen cerca de la población, es decir, en los Parlamentos nacionales. Se trata de una propuesta constructiva y ahora la iniciativa le corresponde a los Parlamentos nacionales. Espero que estén listos para aprovechar esta oportunidad.
Hans-Peter Martin (NI). – (DE) Señor Presidente, permítame ofrecerle algunos consejos constructivos. Utilice los numerosos medios de que dispone y sus mecanismos sensoriales para averiguar lo que el público europeo realmente quiere. La respuesta probablemente será: justicia, responsabilidad y democracia.
Y la cuestión de la seguridad también figuraría entre esas prioridades. Desgraciadamente, el ámbito de la justicia – que solo puede ser producto de los dos últimos ámbitos, a saber, la democracia y el control – no figura entre ellas. Estoy convencido de que para avanzar es necesario romper con aquello que no ha dado resultado, abandonar lo que no ha funcionado: dejar atrás la Constitución y avanzar hacia el Tratado básico que contemple la subsidiariedad, la transparencia y el control. Todo ello hace mucha falta.
Le pediría que entendiera que, para muchos europeos, la élite que se reúne en Bruselas y Estrasburgo tiene la misma aceptación que un chicle en un jersey de cachemir. Es necesario cambiar esta situación. Cuando lo hagamos, tendremos una oportunidad.
Othmar Karas (PPE-DE). – (DE) Señor Presidente, Señorías, cuando entregó el Premio Carlomagno, Jean-Claude Juncker dijo, entre otras cosas, lo siguiente: «Gracias a Dios, nos observan otras personas que no son europeas. Los africanos, los asiáticos, incluso los americanos no dejan de maravillarse de los éxitos de Europa. Los únicos que refunfuñamos acerca de ellos somos los propios europeos. No puedo entenderlo». Ni yo tampoco. Debemos dejar de hablar de crisis y, en lugar de ello, trabajar juntos en los proyectos y soluciones necesarios.
El Presidente de la Comisión tiene razón cuando dice que el Tratado de Niza no es suficiente. Es por ello que se aprobó el Tratado de Laeken, y en Laeken se acordó la Convención, por lo que ya hemos redactado un nuevo Tratado que tiene que ser transpuesto. Tiene razón cuando dice que los dos referendos en los que se obtuvo un resultado negativo nos han hundido en una crisis que se ve reforzada en parte por el hecho de que la consideremos una crisis. Ese es el motivo del período de reflexión que ya dura un año. Es por ello que deseamos rescatar el proyecto político de la Constitución. De hecho, 16 Estados miembros ya la han ratificado.
Al Presidente en ejercicio del Consejo le diré que esperamos que este Consejo Europeo ponga fin al discurso sobre la muerte del proyecto político de un nuevo Tratado y que, en cambio, todas las partes declaren su apoyo a la decisión relativa a este proyecto político, llevándolo a término en esta legislatura y continuando el proceso de ratificación. Espero que deje de hablarse de la crisis de la Unión Europea y se hable únicamente de los proyectos políticos; espero no solo un análisis, sino que se fijen fechas, se establezcan proyectos, se emitan órdenes de trabajo, se fijen calendarios y que el público participe.
Llevemos los foros parlamentarios igualmente a los Parlamentos nacionales y regionales. Aumentemos la transparencia y hagamos más concreto el Plan D. De este modo podremos llevar a cabo con éxito los proyectos políticos, y el período de análisis pasará a ser algo perteneciente al pasado.
PRESIDENCIA DEL SR. McMILLAN-SCOTT Vicepresidente
Jan Marinus Wiersma (PSE). – (NL) Señor Presidente, en el orden del día del Consejo figura un tema importante, a saber, la ampliación de la UE. Me gustaría decir unas cuantas cosas acerca de Rumanía y Bulgaria, que acapararán el centro de atención en esta ocasión debido a que el Parlamento aprobará hoy una resolución al respecto. El mes pasado debatimos en esta Cámara con el Comisario Rehn la adhesión de Rumanía y Bulgaria, junto con el informe de la Comisión sobre los avances en los preparativos de estos dos países. Esta semana, los Jefes de Estado y de Gobierno abordarán ese mismo tema durante su reunión.
Nuestro Grupo considera que la Comisión ha llegado a un veredicto imparcial. La Comisión comparte nuestro deseo de mantener la fecha del 1 de enero de 2007 para la adhesión de ambos países, siempre que efectúen las reformas que aún quedan pendientes. Estamos convencidos, al igual que la Comisión, de que es posible sin problemas. Nuestro Grupo siempre ha mantenido su apoyo al ingreso de Rumanía y Bulgaria en la fecha prevista del 1 de enero de 2007. Ahora, estos dos países deben concentrarse en atar los cabos sueltos para ajustarse a la fecha de adhesión. Creo que los dos países tienen el ímpetu político necesario para ello.
Ambos parecen haber aprendido sus lecciones, como observamos en la respuesta que esos países han dado al informe del Comisario Rehn. Las reacciones de Sofía y Bucarest a este informe fueron mucho más objetivas, de modo que ambas capitales han tomado buena nota de lo que les pedimos y se preparan para llevarlo a cabo. Esta actitud refuerza aún más mi optimismo de que Rumanía y Bulgaria harán sus deberes con seriedad. Además, ambos países hicieron avances considerables el año pasado, lo que resulta alentador. Por ello no procede especular sobre una postergación de su adhesión. Los dos países candidatos han demostrado recientemente que su decisión es firme, lo que hace que mi Grupo tenga confianza en que los preparativos se completarán a tiempo.
Por ello, en estos momentos no tenemos objeciones de fondo a la propuesta de la Comisión para que emitamos nuestro veredicto final el próximo mes de octubre, una vez presentado el informe definitivo. Nos felicitaríamos si el Consejo adoptara la misma actitud que la Comisión. Al adoptar esta actitud, todos tenemos que desempeñar nuestro papel. El papel de Rumanía y Bulgaria está muy claro. Ya hemos pedido en otras ocasiones a la Comisión que haga un esfuerzo adicional para ayudar a los preparativos de Rumanía y Bulgaria, y a expresar con claridad lo que se espera de los países candidatos. Reiteramos esa petición en esta ocasión.
Asimismo, el Consejo tiene la responsabilidad de llegar a un veredicto imparcial, pero también de que los Estados miembros finalicen a tiempo la ratificación del Tratado de adhesión. Como acordamos el año pasado con la Comisión Europea, el Parlamento participará en el seguimiento del proceso de adhesión hasta el final, y estoy convencido que el resultado será positivo.
Silvana Koch-Mehrin (ALDE). – (DE) Señor Presidente, yo le diría al Presidente en ejercicio del Consejo que, al final de Presidencia austriaca del Consejo, el Gobierno de su país tiene una nueva oportunidad de acabar con la impotencia del Consejo, ya que esta Presidencia ha producido resultados muy contradictorios hasta ahora.
Me alegro mucho de la iniciativa a favor de una mayor transparencia en los procesos decisorios. Como ha señalado el señor Watson, la Presidencia cuenta con apasionados defensores de la transparencia en el Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa. Por otra parte, lo irónico de esta historia es que, en 2006 – el Año Europeo de la Movilidad de los Trabajadores – se haya adoptado la Directiva sobre servicios que obstaculiza precisamente esa movilidad.
En cuanto al Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, sin embargo, el Consejo tiene que entender que dicho Tratado ha fracasado en su versión actual. Si realmente compartimos la omnipresente convicción de que la política europea debe centrarse en el ciudadano, no podemos simplemente ignorar el «no» de Francia y de los Países Bajos, ni ignorar que otros Estados miembros ya han anunciado que no ratificarán este Tratado constitucional. Europa necesita una constitución –eso ha quedado perfectamente claro– y el fondo de este Tratado constitucional es positivo, pero es necesario avanzar propuestas concretas sobre los cambios que pueden introducirse.
En este contexto me alegré mucho al leer una entrevista con el jefe del Presidente en ejercicio, el señor Wolfgang Schüssel, publicada en el periódico aleman Bild am Sonntag, por dos motivos. El primero es que apoya a Alemania en la Copa del Mundo. Me parece excelente, pues estamos seguros de que ganaremos. El segundo, sin embargo, es que propuso celebrar un referendo sobre el Tratado constitucional en la misma fecha en todos los Estados miembros de la UE. Me parece una excelente idea, ya que así acercaríamos las instituciones europeas a los ciudadanos. Además sería un acontecimiento histórico: una constitución que los propios ciudadanos han adoptado, con lo que sería un Tratado realmente importante.
El Presidente en ejercicio ha dicho, con toda modestia, que en el orden del día del Consejo no figuran decisiones trascendentales. Sin embargo, si logra presentar la idea de celebrar un referendo sobre el Tratado constitucional el mismo día en toda Europa ante los Jefes de Estado y de Gobierno y obtiene el apoyo de algunos de ellos, podrá decir, con toda modestia, que ha tomado decisiones trascendentales. Le deseo mucho éxito en este empeño.
Johannes Voggenhuber (Verts/ALE). – (DE) Señor Presidente, Señorías, mañana los Jefes de Estado y de Gobierno se reunirán para prorrogar solemnemente su período de inactividad e impotencia. Guy Verhofstadt lo ha llamado un «silencio ensordecedor»: el estruendo de la aleatoriedad, de la subsidiariedad y la proporcionalidad, de los «frenos de emergencia» y de los «núcleos» de los cajones de arena de la tecnocracia – la mayoría de estos términos ni siquiera tienen traducción. Nos espera otro año de este barullo.
Quiero decirle al Presidente en ejercicio del Consejo que al final de la Presidencia de su país debe presentarse un informe provisional sobre el debate europeo... pero no hay tal debate. La Presidencia nos ha prometido una hoja de ruta para superar la crisis que sufre Europa... pero no la tiene. Ha prometido que Europa escucharía, pero los debates han tenido lugar en círculos cerrados, entre élites selectas, se han celebrado con expertos a puertas cerradas, y la Presidencia solo ha escuchado lo que quería oir. Los ciudadanos no hablan de todo esto.
Tras un año para pensar en estas cuestiones, el Presidente de la Comisión viene aquí para dar la siguiente respuesta a la pregunta sobre las causas del europesimismo de la gente: la causa es el fracaso de los referendos. El Presidente confunde causa con efecto. El fracaso de los referendos es el resultado y no la causa del europesimismo. La cuasa es el fracaso de la Europa intergubernamental, de su enorme déficit democratico, de su débil legitimidad, del bloqueo provocado por la unanimidad y las rivalidades nacionalistas. Los Gobiernos han estado obstaculizando el avance de Europa. Quieren gobernar Europa como una actividad secundaria. No son capaces de presentar una respuesta social a la globalización. Estas son las causas del pesimismo que reina entre los europeos. Europa los ha desilusionado, y es por ello que se necesita una democracia europea. Espero que esta idea se tenga igualmente en cuenta en el Consejo.
Gabriele Zimmer (GUE/NGL). – (DE) Señor Presidente, Señorías, el año pasado se caracterizó por las numerosas protestas populares contra la Directiva sobre servicios, pero también por las campañas contra el desmantelamiento de los servicios sociales y el debilitamiento de la democracia. Solo tengo que mencionar las campañas que tuvieron lugar en Francia, Grecia y Alemania – en este último país, las protestas de los médicos de las clínicas universitarias duran desde hace meses y aún continúan, y todo ello está relacionado con la política que seguimos a nivel nacional y europeo. Ha llegado la hora de que no solo los Gobiernos, sino también la Comisión y el Parlamento se den cuenta por fin de que, fuera de las instituciones europeas, la opinión pública de la UE comenzó hace mucho a desarrollar su propia idea de una Europa diferente, de una UE distinta.
Sin embargo, los planes y deliberaciones para el próximo Consejo Europeo conocidos hasta ahora han puesto de manifiesto que el Consejo Europeo pretende dar a entender al público que ha comprendido el «no» a la Constitución europea como una crítica al estilo de hacer política, y no a las políticas y prioridades oficiales. En todo caso, ni el Plan D, ni un Libro Blanco sobre la comunicación con las bases, ni un montón de papel, ni varios sitios Web han modificado las prioridades de dicha política. A menos que, señora Wallström, los resultados que acaba de escuchar den lugar finalmente a las correcciones necesarias. Hay que reconocer que si comprendiera las medidas necesarias de las que acaba de hablar en el sentido de estas correcciones, contaría con nuestro pleno apoyo.
Sin embargo, me parece que la reacción que hemos observado en lo que va de año indica que no las ha comprendido así. En mi opinión, otra demostración de ello es la reciente propuesta de la Presidencia austriaca del Consejo de someter a referendo el texto actual de la Constitución, sin modificación alguna, en todos los Estados miembros. Eso es inaceptable, pues es necesario introducir correcciones. Cuando se hayan introducido será perfectamente legítimo estudiar la posibilidad de celebrar un referendo. Tenemos que poner fin de una vez a la situación que existe hasta ahora, en la que diversos países simplemente han procedido a la ratificación y glorificación. Se ha mencionado a este respecto que deberíamos aprovechar la oportunidad del 50 aniversario para celebrar un debate democrático sobre los planes y proyectos de la UE hasta ahora, a fin de que la Unión Europea tenga un nuevo comienzo.
El Presidente. Lo siento. Si su Grupo le concede un turno de palabra de dos minutos, tiene que ajustarse a esos dos minutos. Este no es el comienzo del final de su intervención, sino el final de su intervención. Le ruego que se atenga al tiempo de palabra.
Zbigniew Krzysztof Kuźmiuk (UEN). – (PL) Señor Presidente, el Consejo Europeo volverá a debatir el futuro del Tratado constitucional en su próxima reunión en Bruselas. Sin embargo, el refrán dice que no se azota al caballo muerto. El Tratado constitucional, que fue rechazado en los referendos francés y neerlandés no es más que un caballo muerto, a pesar de que muchos Parlamentos de los Estados miembros lo hayan ratificado. Resulta difícil imaginarse que algún dirigente francés o neerlandés esté dispuesto a proponer el mismo documento a sus votantes.
Además, el Tratado implica una clara tentativa de avanzar hacia un Estado europeo unificado, a pesar de que en Europa hemos presenciado tendencias justamente en sentido opuesto. Ante nuestros propios ojos han surgido ocho estados independientes de la antigua Yugoslavia. Uno de esos países forma actualmente parte de la Unión Europea y los otros están llamando a su puerta. En España, resulta difícil ignorar las tendencias separatistas de Cataluña, mientras que en Bélgica cada vez es más difícil mantener la unidad entre Valonia y Flandes. Por ello es imposible aceptar un texto que al parecer se dirige en contra de estos procesos tan obvios.
Por lo tanto, dejemos de azotar este caballo muerto y abordemos las cuestiones que son realmente importantes para Europa y sus ciudadanos. Tenemos que apoyar el espíritu de empresa y crear nuevos puestos de trabajo, necesitamos reformas para acelerar el crecimiento económico e incrementar los ingresos fiscales a fin de poder permitirnos un mayor gasto en programas sociales, educación, atención sanitaria y pensiones.
Si la Unión Europea resuelve con eficacia estos problemas, Europa funcionará correctamente sin el Tratado constitucional.
Mirosław Mariusz Piotrowski (IND/DEM). – (PL) Señor Presidente, el Consejo Europeo vuelve a abordar la cuestión del proyecto de Constitución para Europa, a pesar de que el texto que intenta obstinadamente resucitar está muerto. Algunos comentaristas han calificado estos intentos de necrofilia política.
Los ciudadanos de la Unión Europea no quieren la Constitución y hay que respetar sus deseos. Al parecer, la Comisaria Wallström ha decidido ignorar esto, al igual que otros, pues hace poco declaró en una reunión celebrada en Cracovia que es crucial que se ratifique la Constitución europea. Sin embargo, no dijo de qué forma la Constitución resolvería los problemas reales de los ciudadanos de los Estados miembros ni lo que sucedería a los ciudadanos de aquellos países que ya han rechazado esta Constitución en referendos democráticos.
El Tratado constitucional es una amenaza a la democracia, pues no tiene nada que ver con la participación de los ciudadanos en las decisiones sobre el destino de sus países o con la responsabilidad de los ciudadanos ante su electorado.
(Aplausos)
Jean-Marie Le Pen (NI). – (FR) Señor Presidente, los franceses y los neerlandeses se mantienen en sus trece. Según un sondeo británico, el 74 % de los franceses y el 75 % de los neerlandeses consideran que no debería aplicarse ninguna parte de la Constitución europea, a menos que se decida convocar un nuevo referendo. Es una amarga muestra de discrepancia para el señor Sarkozy, que, sin tener en cuenta el voto de la población francesa, quiere que el Congreso vuelva a votar solo las partes I y II de la Constitución. Es también una discrepancia con los que quieren hacer que franceses y neerlandeses voten de nuevo sobre la Constitución acompañada de un protocolo social para aplacar a los primeros y un protocolo sobre la subsidiariedad para tranquilizar a los segundos.
Como las desgracias nunca vienen solas para los eurofederalistas, según el mismo sondeo, el 63 % de los franceses y el 68 % de los neerlandeses quieren recuperar competencias de la Unión Europea o abandonarla sin más. Es la revancha de los pueblos europeos contra los eurócratas ideológicos e irresponsables de Bruselas. Es también la vuelta del derecho de los pueblos y las naciones a disponer de su destino y defender su soberanía y su identidad.
Pasemos a la Europa de las realidades, la Europa de las naciones, que ingleses y daneses han sabido conservar tan bien. Rechazaron el Acuerdo de Schengen y la Europa invadida por entradas masivas de inmigrantes provistos de permisos de residencia y de trabajo por iniciativa del señor Zapatero y del señor Berlusconi. Rechazaron el euro y su pacto de austeridad presupuestaria, que frena el crecimiento. Rechazaron el superestado europeo concebido para destruir las naciones europeas.
Que el próximo Consejo Europeo de Bruselas decida prorrogar otro año el período de reflexión demuestra, por si falta hacía, la brecha existente entre los pueblos europeos y las elites autoproclamadas, que no han sacado ninguna conclusión y actúan como si no hubiera pasado nada. No han comprendido que los europeos se sienten engañados por esta Europa pasiva y ultraliberal, que se contenta con bonitas palabras y con lemas y tiene la tasa de crecimiento más baja y la tasa de desempleo más alta del mundo. No han comprendido que los pueblos europeos no quieren a Turquía en Europa y que el avance turco impuesto por Bruselas creaba una fractura irreparable.
Timothy Kirkhope (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, este Consejo Europeo previsiblemente será, al menos parcialmente, un ejercicio para hacer inventario acerca de la Constitución europea. Sin embargo, la Constitución se encuentra sumamente desacreditada, se mire por donde se mire. No debemos pedir a Francia y los Países Bajos que vuelvan a votar y hemos de tomar muy en serio las palabras del Primer Ministro neerlandés. Cuanto más se prolongue esta cuestión, tanto más distante estará la Unión Europea de sus ciudadanos.
Debemos dejar atrás el interminable debate sobre la mecánica constitucional y dedicarnos a obtener resultados, porque si no lo hacemos, los ciudadanos llegarán a la conclusión de que sus dirigentes no han aprendido nada. Llevar a cabo una selección de los elementos del texto constitucional resultaría, al menos en estos momentos, una tarea improductiva.
No obstante, no cabe duda de que necesitamos una Europa de resultados, como ha indicado tan acertadamente el Presidente Barroso. Personalmente me gustaría también una Europa de verdaderas reformas, porque sin estas no puede haber resultados. Es necesario avanzar en las reformas económicas y felicito al Presidente Barroso y a los miembros de la Comisión por la labor que han realizado a este respecto. Sin embargo, tenemos que hacer mucho más y concentrarnos más en la consecución de resultados concretos, como ha señalado la señora Wallström.
Me gustaría mencionar brevemente otra cuestión. La Ministra de Asuntos Exteriores británica indicó que intentaría anular las decisiones que abren las reuniones del Consejo al público. Esta decisión resulta totalmente sorprendente y preocupante, y constituye un giro de 180º en la política del Gobierno británico. El señor Blair siempre elogió las virtudes de la transparencia durante su Presidencia y llegamos a un acuerdo concreto en relación con la transparencia de las reuniones y trámites del Consejo. Es absolutamente necesario que los demás Gobiernos respondan breve y firmemente a las tentativas de la Ministra de Asuntos Exteriores británicas de mantener el secreto de esta forma tan injusta e inaceptable.
(Aplausos)
¿Qué desea ocultar? Resulta una acción vergonzosa por parte del Gobierno británico y espero que sea derrotada en toda la línea.
(Aplausos)
Hannes Swoboda (PSE). – (DE) Señor Presidente, ya se ha dicho que el próximo Consejo no adoptará decisiones de gran relevancia. Sin embargo, podría enviar un doble mensaje de gran importancia, a saber, un «sí» a la ampliación, pero también un «sí» al fortalecimiento de las instituciones de la Unión Europea, sobre todo por lo que respecta a la capacidad de la Unión para hacer frente a dicha ampliación.
Nunca ha dejado de sorprenderme que algunos de nuestros homólogos británicos digan que no necesitamos una constitución, sino que necesitamos muchos nuevos Estados miembros. De igual manera, algunos diputados polacos – sobre todo de la derecha – se oponen a la Constitución, pero creen que Ucrania debe ingresar lo antes posible. No será posible. No habrá un apoyo mayoritario de la población ni de esta Cámara para una nueva ampliación a menos que se lleven a cabo los cambios necesarios, incluyendo la capacidad de la Unión para hacer frente a esta ampliación. Tenemos que aceptar este hecho.
Todos los que, como yo, estamos a favor de poner en marcha una nueva ampliación sin duda reflexionaremos sobre cómo hacer un lugar para Ucrania dentro de la UE. Sin embargo, tendremos que exponer con toda claridad que la UE primero necesita adquirir la fuerza necesaria.
No obstante, es necesario aplicar los fundamentos de esta constitución, ya sea en su versión actual o modificada. Si alcanza un consenso a este respecto y el Consejo lo declara con la misma claridad, enviará un mensaje muy claro, el mensaje correcto.
En mi calidad de ponente para Croacia, me alegro de que se haya emitido un mensaje muy claro sobre este país. Croacia se merece desde hace tiempo sus propias negociaciones. También me alegraré mucho si declaramos claramente – en particular en relación con Salónica y posiblemente en términos más firmes que en Salzburgo – que tenemos una obligación con los Balcanes, no solo en interés de esos países, sino también en el nuestro. Sin embargo, si declaramos al mismo tiempo, con claridad y sin ambages, que primero tenemos que reforzar y reformar nuestras instituciones, la gente lo entenderá y enviaremos un mensaje importante, podríamos decir incluso que este Consejo Europeo emitiría un mensaje trascendental.
En cuanto a la cooperación con los Estados Unidos, después del Consejo Europeo se celebrará la Cumbre con este país y también habrá que hacer los preparativos correspondientes. Hemos dicho una y otra vez que esa cooperación es deseable y necesaria. Sin embargo, debe basarse en valores comunes, uno de los cuales es el respeto de los derechos humanos, y es por ello que Guantánamo y las actividades de la CIA son tan importantes para nosotros, por lo que reviste una gran importancia para nosotros que estos temas figuren en el orden del día. No deseamos quitarle méritos a los Estados Unidos o a la lucha contra el terrorismo, sino que deseamos luchar contra el terrorismo al lado de los Estados Unidos sobre la base de estos valores comunes.
Karin Riis-Jørgensen (ALDE). – (DA) Señor Presidente, quiero hacer un llamamiento a los Jefes de Estado y de Gobierno de la UE para cuando se reúnan en Bruselas el día de mañana y el viernes. En primer lugar y ante todo, deben hacer que la UE forme parte de sus debates nacionales. Cuando se debaten las reformas en los Estados miembros, no se menciona para nada la UE. Lo cierto es que la UE es un concepto totalmente ajeno cuando se examina el Estado del bienestar. Por ejemplo, en Alemania, en Francia y en mi propio país, Dinamarca, actualmente se celebra un debate sobre las reformas económicas necesarias para mantener el bienestar en el futuro. Todos los políticos de ámbito nacional – tanto Ministros como miembros de los Parlamentos – deberían tener claro que es absolutamente necesario tener una UE fuerte y eficaz, pues esa es una de las condiciones indispensables para el Estado del bienestar. ¿Por qué entonces escuchamos este silencio ensordecedor? ¿De qué sirve que la Comisión y el Parlamento reserven todos estos recursos para un diálogo con la población, si los políticos nacionales no abordan dicho debate y le hacen tanto daño?
Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa ha trabajado constantemente a favor de la transparencia en el Consejo de Ministros. ¿Por qué vacila ahora el Reino Unido, después de que Tony Blair prometiera en esta Cámara abrir al público las reuniones del Consejo de Ministros? No basta con hacer promesas. La transparencia en los trabajos de la UE es un imperativo absoluto si deseamos acercarnos a la gente. Por ello pido a todos los Jefes de Estado y de Gobierno que abran al público las reuniones del Consejo de Ministros a fin de que todos puedan ver cómo trabaja, puedan ver, esperamos, que no hay nada que ocultar y que los ministros han asistido a las reuniones. Así pues, debemos evitar la celebración de 25 conferencias de prensa en las que todos se presentan como héroes. También espero que la Presidencia acoja favorablemente la petición del Presidente Borrel para que se adopten medidas para establecer una única sede para la UE.
Pierre Jonckheer (Verts/ALE). – (FR) Señor Presidente, señor Winkler, señor Barroso, quisiera volver sobre un punto de su discurso. Ha dicho con razón que hemos de avanzar en dos niveles: el refuerzo del mercado único, por un lado, y la solidaridad social, por otro. Yo añadiría: justicia social y equidad. Pienso, señor Barroso, que el rechazo y el europesimismo están alimentados por una conciencia bastante clara de que no avanzamos en dos niveles y que la acción de su Comisión –yo añadiría que al igual que la del Consejo– ha tendido a privilegiar el primero. Quiero decirles o recordarles que, bajo su Presidencia, al igual que bajo la Comisión Prodi, las instituciones europeas no han decidido ninguna nueva legislación social. Es más, tampoco se ha decidido ningún nuevo convenio colectivo entre interlocutores sociales. Este es el profundo desequilibrio –pienso– que cada vez siente más una parte de la población, la que, debido a la globalización, vive en condiciones más precarias. Me parece que el Consejo, el Parlamento y la Comisión deben responder a esta situación.
Esto me lleva a un segundo punto, que tiene que ver con los instrumentos al servicio de la solidaridad o la justicia social. Señor Presidente de la Comisión, no podremos construir mañana un modelo equitativo si no tenemos una política fiscal a escala europea. Esta es la contradicción existente entre quienes son reticentes a proseguir la ampliación y quienes quieren más justicia social: el mantenimiento de la unanimidad en todos los asuntos fiscales equivale a bloquear la posibilidad de una política fiscal europea. Hemos necesitado 15 años para disponer de una directiva sobre las rentas del ahorro, que por lo demás está llena de excepciones, y no avanzamos en unas normas comunes en materia de impuesto de sociedades.
En conclusión, señor Presidente, el proyecto político de la Unión Europea no se reduce a un mercado único, que nos hace falta, sino a una forma de competencia entre modelos nacionales. Necesitamos un enfoque más activo y más políticas comunes a escala europea para garantizar la equidad y un modelo social europeo.
Erik Meijer (GUE/NGL). – (NL) Señor Presidente, si no existiera la Unión Europea, sin duda sería necesaria una cooperación paneuropea que contribuyese a mejorar la vida de quienes habitan en las regiones fronterizas, para aquellos aspectos fronterizos relacionados con el medio ambiente, el suministro de energía, la protección de los consumidores y de la salud contra las sustancias peligrosas que se comercian a escala internacional. La gente quiere una Europa que contribuya a eliminar los obstáculos para la paz, la seguridad social, los servicios públicos y la solidaridad internacional. Algo muy diferente a engalanar una potencia mundial o incrementar la libertad de las empresas multinacionales.
La gente quiere una Europa que ayude a resolver sus problemas y no una Europa que les cause molestias. La gente ya no ve en la Unión actual esa Europa. Los votantes de dos países nos han dicho que las cosas tienen que cambiar. Si queremos mantener la Unión Europea que existe actualmente, esta tendrá que alimentarse de la base, de nuestros ciudadanos y de sus organizaciones. Seguir imponiendo estructuras verticales, concebidas por las potencias, no resolverá nada. Necesitaremos emplear con creatividad la ampliación y una mayor participación de nuestros ciudadanos para hacer posible un nuevo inicio en mejores condiciones.
Konrad Szymański (UEN). – (PL) Señor Presidente, la mayoría de las reformas necesarias pueden efectuarse sin el nuevo Tratado. Un ejemplo de ello es el orden del día del próximo Consejo Europeo que abordará la ampliación del espacio de Schengen, la cuestión de la transparencia de los debates del Consejo, las negociaciones sobre la ampliación de la Unión Europea y la reforma de las políticas exteriores.
No hagamos que el Tratado de Niza resulte inaceptable para los europeos, pues es todo lo que tenemos actualmente. No solo necesitamos reflexionar sobre el nuevo tratado, sino que también necesitamos la voluntad política de los Estados miembros y de sus ciudadanos para llevar a cabo tareas comunes. El problema no reside en la falta de un nuevo tratado, sino en la falta de ideas comunes sobre el futuro. Anunciamos que legislaremos mejor y, sin embargo, adoptamos una Directiva sobre servicios tan vaga que el Tribunal Europeo de Justicia se está frotando las manos ante la perspectiva de aumentar aún más su poder.
Anunciamos la existencia de intereses comunes en materia de energía y, no obstante, cada día llevamos a cabo una política energética absolutamente egoísta. Anunciamos inversiones en la investigación y, a pesar de ello, el Instituto Europeo de la Tecnología se desvanece ante nuestros propios ojos, desgarrado como resultado de los egoísmos nacionales. Nos comprometemos a aplicar el principio de subsidiariedad y, sin embargo, financiamos un programa marco de investigación que será cofinanciado por todos los contribuyentes europeos, a pesar que en muchos Estados miembros se consideran ilegales algunas de estas investigaciones.
Se trata de contradicciones reales que resultan lamentables para el bien europeo. Se trata de contradicciones que plantean mayores interrogantes sobre la situación del proyecto Europeo que sobre el rechazo de un tratado u otro.
Bastiaan Belder (IND/DEM). – (NL) Señor Presidente, el Consejo Europeo debe poner fin de una vez por todas a la confusión sobre la situación de la Constitución europea. Mientras que un Estado miembro declara que este documento esta muerto, otro ratifica la Constitución como si no pasara nada. Hago un llamamiento a los Jefes de Estado y de Gobierno para que pongan fin a esta confusión, pues de lo contrario seguirá menguando la confianza del público en la Unión Europea. Estoy a favor de que el período de reflexión se prorrogue un año más, siempre que partamos de un documento totalmente nuevo para el Tratado. Preferiría un tratado a una constitución, un documento manejable que combine los tratados anteriores, un tratado en el que la Unión demuestre su valor añadido en el ámbito de las políticas transfronterizos dentro de un espacio definido.
Pido en particular a la Presidencia austriaca que demuestre su capacidad de liderazgo y elimine por fin la confusión que ha surgido y que impulse la redacción de un marco nuevo para el tratado. Por fin, Austria va a dejar su marca en este programa, algo que he estado esperando desde hace seis meses.
Roger Helmer (NI). – (EN) Señor Presidente, proclamamos que la UE es una Unión de valores basada en la democracia y el Estado de Derecho. Sin embargo, cuando los daneses votaron en contra del Tratado de Maastricht en 1992, cuando los irlandeses votaron en contra del Tratado de Niza en 2000, se les dijo que volvieran a intentarlo. ¡Vaya democracia! Cuando los franceses y los neerlandeses votaron en contra de la Constitución el año pasado, nosotros hicimos caso omiso de su veredicto. Estamos intentando revivir una constitución que está muerta de acuerdo con sus propios términos. Estamos aplicando amplias partes de ella sin fundamento jurídico. ¡Vaya Estado de Derecho!
En nuestra obstinada determinación de imponer el proyecto europeo a pesar de la opinión pública, hemos demostrado un desprecio descarado por los votantes y los valores democráticos. Y los votantes han comenzado a darse cuenta de ello. Siento una creciente inquietud e incluso ira contra el proyecto europeo entre los habitantes de mi circunscripción de East Midlands. Así pues, sigan adelante con la Constitución de la UE si así lo desean, pero recuerden, están alimentando el resentimiento público que acabará con la construcción europea.
Gerardo Galeote (PPE-DE). – (ES) Señor Presidente, la inmigración ilegal se ha convertido en uno de los mayores retos de la Unión Europea. En España, por ejemplo, según todos los sondeos, es percibida como el segundo problema nacional.
Por lo tanto, me hubiera gustado oír de la Presidencia austriaca palabras más decididas, con mayor ambición y concreción sobre los avances que, en esta materia, espera usted del próximo Consejo Europeo.
Al margen de la previsión en el proyecto constitucional, podríamos —y a mi juicio deberíamos— seguir progresando en la comunitarización de medidas de lucha contra la inmigración ilegal.
Y sé muy bien que algunos dirán que hay algunos Gobiernos que toman decisiones en contra de sus socios europeos, desoyendo a la Comisión, y que, cuando vienen los problemas, quieren que se los resolvamos entre todos. Pero yo les diría a esos que con una política comunitaria sobre inmigración jamás se procedería a una regularización masiva sin control y, por lo tanto, el «efecto llamada» que ahora tanto nos asusta no existiría.
Y a los inmigrantes regulares hay que garantizarles su integración y la igualdad de derechos y obligaciones. Por cierto, se podría reflexionar sobre medidas transitorias para los ciudadanos rumanos y búlgaros, que —yo también confío en ello— serán pronto ciudadanos comunitarios.
En otro orden de cosas, la Presidencia hoy ha hecho referencia de pasada al documento encargado a Michel Barnier. El Parlamento se ha ocupado mucho, desde el pasado verano, de las catástrofes naturales; hemos visitado las zonas afectadas y hemos percibido —y así lo constata una resolución aprobada casi por unanimidad— mucha insatisfacción social y demasiada descoordinación entre las administraciones competentes.
Y, por último, quiero decirle que no ha mencionado nada sobre el Reglamento de los Fondos. Queda por resolver, señor Presidente, un detalle para que el Parlamento pueda votarlo en la primera semana de julio. Sus colaboradores le pueden informar al respecto, pero yo le pido un último esfuerzo y le deseo mucha suerte.
Robert Goebbels (PSE). – (FR) Señor Presidente, la Unión Europea y el mundo necesitan flujos de energía seguros, asequibles y sostenibles. Acabo de citar a Javier Solana. El interesante documento que ha remitido al Consejo Europeo se distingue por algunos silencios ensordecedores: si bien evoca la necesidad de una política energética para Europa y un plan de acción que incluya una serie de prioridades, el señor Solana evita cuidadosamente mencionar conceptos como «mercado común de la energía» y «mercado único». En suma, la Europa de la necesaria solidaridad energética sigue en el limbo.
El hecho es que la cuestión energética va a convertirse en un elemento clave de todas las políticas europeas. La energía dictará nuestra política de relaciones internacionales. Condicionará las políticas económicas, ambientales y sociales de nuestros países. La energía influirá cada vez más en todas las políticas de la Unión: de la agricultura a las políticas estructurales, pasando por el hábitat, los transportes y la investigación.
A pesar de ello, la respuesta de Europa a los distintos retos energéticos sigue siendo débil y apagada. ¿Qué hacer? Para influir en su abastecimiento del exterior, Europa debe declarar, en primer lugar, su solidaridad interna, su voluntad de construir un verdadero mercado común. El señor Solana nos dice que el mejor modo de garantizar un abastecimiento seguro de energía a precios asequibles reside en el buen funcionamiento de los mercados mundiales. Ahora bien, los mercados mundiales están dominados por cárteles y oligopolios. ¿Dónde está el mercado libre y transparente querido a los liberales? Gazprom acaba de iniciar un diálogo con la compañía argelina Sonatrach, cuyo propósito no es sin duda hacer favores a la Unión. ¿No sería hora de que los países de elevado consumo de energía también se organizasen?
En su resolución sobre la Estrategia de Lisboa, el Parlamento pidió a la Unión que consultara a los estadounidenses, los japoneses, los chinos y los indios para evitar una competencia ruinosa para todos. Europa debe invertir en eficiencia energética, en las nuevas tecnologías, en energías renovables. Todo el mundo sabe que el futuro energético de Europa no será ni 100 % nuclear, ni 100 % renovable. Necesitaremos un surtido de energías que sea lo más inteligente posible, habida cuenta de las diferencias geográficas y climáticas de los Estados miembros, de sus recursos de energía primaria, biomasa, etc.
La Unión no puede omitir ninguna posibilidad. Hay que alentar la investigación en todas sus formas. Y después, ante todo, Europa debe mostrarse más solidaria y más enérgica en la defensa de nuestros intereses comunes.
Andrew Duff (ALDE). – (EN) Señor Presidente, la finalidad de este debate es permitir que el Presidente Borrell pueda decir algo interesante cuando hable ante el Consejo Europeo mañana. Me temo que si el Parlamento acepta simplemente la línea que han propuesto los Grupos del PPE-DE y del PSE, aprobaremos la misma parálisis que existe dentro del Consejo.
El Presidente Barroso tiene mucha razón cuando dice que las políticas deben avanzar, y que «Messina 50» es probablemente una propuesta positiva, pero ¿qué sentido tiene ampliar el período de reflexión sin establecer un objetivo y una finalidad para dicha reflexión? Dejar las cosas para más tarde no es una política creíble. Esperar que los sucesores de Chirac, Balkenende y Blair resulten fervientes federalistas no es más que una fantasía demente.
Lo que necesitamos es que el Consejo Europeo fije un plazo para presentar una decisión en el otoño de 2007 y convoque una nueva conferencia para renegociar la parte 3 de la Constitución. No se trata únicamente de problemas jurídicos, señor Presidente en ejercicio, sino de una profunda crisis política a la que debemos hacer frente. Espero que puedan resguardarse las disposiciones constitucionales clásicas que figuran en la primera y segunda partes de la Constitución, en torno a las cuales existe un consenso. Sin embargo, es la parte 3 la que contiene las políticas comunes que tanto han disgustado a la opinión pública de Francia y los Países Bajos, y en algunos otros lugares, en particular la relativa a la política social y económica, y la cuestión de las fronteras.
De hecho, tenemos muy pocas opciones. O bien intentamos mejorar el producto y comercializarlo ante el tribunal de la opinión pública o bien dejamos todo el proyecto en el olvido.
Bernat Joan i Marí (Verts/ALE). – (EN) Señor Presidente, uno de los mecanismos principales para la integración de Europa es la ampliación de la Unión Europea. Bulgaria y Rumanía están a las puertas de la Unión Europea, Turquía ya está negociando las condiciones de su adhesión, el nuevo Estado de Montenegro ha expresado la esperanza de convertirse en miembro de la Unión Europea y puede que otros Estados de los Balcanes le sigan.
En este contexto, quiero centrarme en la cuestión de los criterios de Copenhague y en las políticas relativas a las minorías. Muchos Estados todavía siguen el anticuado modelo francés e intentan asimilar a aquellas personas cuyo idioma y cultura son diferentes de los del Estado. Por ejemplo, en Rumanía existe una gran minoría de habla húngara cuyos derechos deben ser plenamente reconocidos antes de que Rumanía entre en la Unión Europea en señal de reconocimiento de la diversidad interna. Es decir, en señal de respeto de los derechos humanos, porque satisfacer los derechos de las minorías es un elemento esencial del respeto de los derechos humanos. La Unión Europea da esperanza a las minorías. No las defrauden.
Jonas Sjöstedt, (GUE/NGL). – (SV) Señor Presidente, el proyecto de conclusiones del Consejo comienza con el título «Europa escucha». La pregunta es saber si es cierto. La UE quizás escuche, ¿pero le preocupa lo que dice la gente?
Hace un año, los referendos de los Países Bajos y Francia enviaron mensajes claros a la UE. El proyecto de Constitución fue rechazado por amplia mayoría. Si la UE hubiese escuchado se habría respetado esa decisión. En lugar de ello, se introdujo lo que ha dado por denominarse un período de reflexión con el fin, no declarado pero evidente, de introducir la misma Constitución por la puerta trasera, a pesar de la voluntad del pueblo. Ahora se anuncia un debate y una reflexión, pero un debate destinado únicamente a desempolvar más tarde la misma Constitución carece de todo sentido. Todas las respuestas que surgen de dicho debate ya existen de antemano. Ese período de reflexión corre peligro de convertirse en una manipulación, en lugar de ser un debate auténticamente democrático. Si se desea un debate abierto sobre el futuro de la UE es necesario respetar las normas básicas de la democracia, y hay que dejar claro que la Constitución ha sido rechazada de una vez por todas.
Roger Knapman (IND/DEM). – (EN) Señor Presidente, vamos a disponer de un período de reflexión ampliado, ¿no es así?
Se dice que algunas personas que se toman períodos de reflexión están «en retiro», y algunos retiros se realizan mejor que otros. Señor Barroso, puede que hasta la fecha algunas personas hayan aprendido de la reflexión, diciendo que quizás no fuera así o que podrían haber hecho las cosas de otro modo o incluso, aunque cueste creerlo, que estaban equivocadas. Pero lo único que hemos escuchado esta mañana es «Teníamos razón. Los ciudadanos de Francia y los Países Bajos estaban equivocados. La Constitución debería volver». Se han contratado nuevos arquitectos para que construyan sobre los mismos cimientos de la integración, el exceso de regulación y la ambición empírica. Afortunadamente, solo tres de cada diez personas en Gran Bretaña siguen creyendo en esta basura, así que adelante con nuestro referendo, sea cual sea la pregunta.
(Aplausos del Grupo IND/DEM)
Mario Borghezio (NI). – (IT) Señor Presidente, Señorías, quisiera mencionar dos temas, a saber, la ampliación y la lucha antiterrorista.
En relación con la ampliación quiero destacar la importancia del criterio de compatibilidad y de la capacidad de absorción, que me temo no han recibido un gran apoyo por parte de mi país en los debates celebrados en el Consejo.
Por lo que respecta al terrorismo, hay que plantear una pregunta obvia. ¿Cómo puede compatibilizarse este compromiso por parte de la Unión Europea con el reciente nombramiento en Italia del antiguo terrorista de Prima Linea, el señor D’Elia, que es culpable de ser cómplice en el asesinato de un agente de policía italiano?
Los lazos de solidaridad que unen a la izquierda europea con el nuevo Gobierno italiano han evitado hasta ahora que se formule esta pregunta obvia a la población y que se debata en la Unión Europea. Es una vergüenza si consideramos que en Italia el terrorismo de las Brigate Rosse y de Prima Linea no solo ha ido dirigido a agentes de policía, jueces, políticos y empresarios, sino también a sindicalistas y exponentes de la mejor cultura laborista, como el profesor Biagi.
Jacques Toubon (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente, señor Winkler, su Presidencia puede hacer valer ya ahora un balance positivo. Le felicitamos por ello. En cuanto al Consejo Europeo que va a celebrarse, no está en condiciones de tomar decisiones importantes, pero puede tener una influencia decisiva en el futuro de la Unión Europea.
Facilitar la recuperación o ratificar el fracaso: este es el desafío que les espera. Deberán definir ustedes la estrategia para futuras ampliaciones. Les pido que pongan fin a esta ciega huida adelante de la que hemos tenido una nueva ilustración con el inicio de las negociaciones detalladas con Turquía, cuando esta no reúne las condiciones políticas para ello y no progresa en la integración del acervo comunitario. A partir de ahora hay que considerar la capacidad de absorción de la Unión Europea un parámetro clave. No más ampliaciones sin mejorar los mecanismos de decisión, sin un presupuesto suficiente, sin nuevos recursos, sin un acuerdo real sobre la naturaleza del proyecto europeo.
De esto se trata en el fondo: continuar la construcción de la Europa política fijando el calendario de aplicación de las principales reformas contenidas en el Tratado constitucional que nos negamos a olvidar. La Convención obtuvo un resultado que no se puede pasar por alto. Hemos de ir más allá de Niza.
¿Cuál debe ser el contenido de las políticas europeas? No queremos que Europa consagre el grueso de sus decisiones a perfeccionar el mercado interior, es decir, a crear un vacío. Queremos una Europa que construya. Queremos que los Gobiernos y nuestro Parlamento elaboren las políticas que necesitamos: inmigración, energía, coordinación económica, investigación, seguridad y relaciones exteriores.
Contrariamente a lo que se pretende, los europeos quieren más Europa, pero quieren una Europa que abra vías de solidaridad, que garantice la seguridad, que influya en el mundo y no se limite a vigilar el mercado. Una Europa, también, que respete sus compromisos más sagrados: Estrasburgo como sede el Parlamento Europeo. Se necesitará mucha lucidez y valentía. Confiamos en que hagan ustedes gala de ellas a finales de junio.
Magda Kósáné Kovács (PSE). – (HU) Señor Presidente, hemos estado diciendo que Europa es de los ciudadanos, porque la Unión Europea existe a través de ellos y para ellos. Al mismo tiempo nos sentimos inseguros y planteamos interrogantes, porque sabemos que las decisiones se han disociado de los ciudadanos, los cuales suelen considerar que los resultados de la Comunidad son algo natural; sin embargo, la solidaridad no llega de forma natural a todos, como pretende usted, señor Presidente, y estoy muy de acuerdo con lo que usted ha dicho sobre este tema. El efecto político de la ampliación se está comenzando a sentir en la voluntad de aquellos que votaron en contra, y la solidaridad no se ha convertido en una segunda naturaleza de nuestro modo de funcionar, pero al igual que usted, tengo esperanza en el futuro. Queremos más solidaridad y una democracia que se consolide constantemente, y es por ese motivo que necesitamos la Constitución. Por otra parte, en ocasiones no comprendemos por qué los antiguos Estados miembros abandonaron en el Consejo la iniciativa que habían tomado de crear la Agencia de los Derechos Fundamentales, cuando nosotros, los nuevos Estados miembros, damos constantemente pruebas de democracia y respeto de los derechos humanos. Incluso ahora nadie cuestiona la importancia de la democracia, la apertura y la transparencia. Pero cuando hablamos de derechos humanos, ¿por qué preferimos examinar a los demás en lugar de a nosotros mismos, los Estados miembros de la Unión Europea? No podremos evitar el control comunitario en materia de respeto de los derechos humanos.
Ahora quisiera exponer algunas ideas sobre la dimensión social de la Unión Europea: esta ha tenido en cuenta los problemas a los que se enfrentan los nuevos Estados miembros. Creemos que la definición de prioridades para el Fondo Social Europeo reviste especial importancia a la hora de determinar los objetivos de la política social. Pero para garantizar que la Europa social realmente sea social, no basta con hacer hincapié en los objetivos de competitividad respecto a los de empleo; tenemos que hacer énfasis en la cohesión social, porque sin ella, no solo los países, sino que la propia Unión Europea podría dividirse. Aquí me gustaría añadir que agradecemos que se haya hecho tanto énfasis en la problemática de la población romaní.
Por último, en relación con la reducción de diferencias, algunos marchan en un ascensor de alta velocidad a la planta indicada, mientras que otros deben subir por la escalera. Pensemos en aquellos que han comenzado la ardua tarea de subir por la escalera.
Bronisław Geremek (ALDE). – (PL) Señor Presidente, Polonia está a favor del Tratado constitucional. No escuche a los políticos polacos, sino a la opinión pública de Polonia. Más del 60 % de la población apoya el Tratado constitucional. Si es así, ¿qué podemos hacer para que entre en vigor? El período de reflexión es para los ciudadanos, no para las instituciones europeas. Para ellos ha llegado la hora de ponerse a trabajar. La Presidencia austriaca puede estar orgullosa de sus numerosos logros, de los cuales me gustaría mencionar tres en esta ocasión.
En primer lugar, la cuestión de Estrasburgo. El optimismo de la música de Mozart hizo que los políticos europeos se mostraran optimistas respecto a la Constitución, cosa que es importante. En segundo lugar, me parece que el hecho de que haya prestado atención al llamamiento del Parlamento para introducir más transparencia en los debates del Consejo fue un paso muy importante y felicito a la Presidencia austriaca por ello. En tercer lugar, el informe del señor Barnier, que es uno de los documentos europeos más interesantes redactados recientemente, también ha estimulado el debate.
Sin embargo, ¿qué debemos hacer en estos momentos? Ahora mismo tenemos que abordar, conjuntamente con la Comisión, dos graves problemas sociales. Y las posteriores presidencias también tendrán que hacerlo. Antes que nada tenemos que hacer frente al problema de los inmigrantes en Europa, y en segundo lugar, al problema de la dimensión social de Europa. La política comunitaria, la política común europea, debe concentrarse en estas cuestiones. Por último, tenemos que preguntarnos lo que podemos hacer para hacer posible el texto constitucional sea una realidad. La respuesta está en manos de la Comisión Europea. Una tercera parte del Tratado constitucional repite en gran parte lo establecido en tratados que ya han sido ratificados. La Comisión Europea debe llevar a cabo un análisis jurídico y únicamente las aproximadamente 25 enmiendas que se han presentado deberían introducirse en la primera parte del Tratado y ser objeto de una decisión inmediata.
Esta es una gran tarea para las instituciones europeas y quiero manifestar mi confianza en la Comisión y la Presidencia de la Unión Europea.
Georgios Karatzaferis (IND/DEM). – (EL) Señor Presidente, aquí se plantean dos cuestiones: hasta qué punto respetamos la democracia en Europa y quién es el que manda en última instancia. Si realmente creemos en la democracia y la Constitución cambiará la vida de los europeos, deberíamos permitir que estos expresen su voluntad en un referendo. No debemos tener miedo de los pueblos europeos. ¿Quién es el que manda? ¿Es usted, señor Presidente de la Comisión? Si realmente es así, dígame cuáles son las fronteras sudorientales de Europa. No lo sabe, porque Turquía no se lo permite. Correcto. Permítame preguntarle sobre el Derecho del mar, que se aplica en toda Europa, excepto en el Mar Egeo. Correcto. ¿Qué país amenaza a Europa? Únicamente Turquía en el Egeo con su casus belli. Correcto. ¿Qué país viola el territorio europeo? ¿Rusia? No. Es Turquía la que lo hace todos los días en el Egeo. Correcto. ¿Qué país no reconoce a la República de Chipre? Turquía. Correcto. ¿Que país ocupa el 40% de la superficie de un país europeo? Turquía. Correcto. ¿En qué país se mofan de la imagen del Patriarca ecuménico? En Turquía y usted lo tolera. Correcto.
Esta es la realidad, señor Presidente de la Comisión, y le propongo que su próxima reunión con Bush no se celebre en las Azores, sino en Guantánamo. Es ahí donde debe celebrarse, para que comprenda al fin lo que sucede en este mundo y que está siendo cómplice de los crímenes de los estadounidenses.
Jana Bobošíková (NI). – (CS) Señorías, al comenzar la Presidencia austriaca, el canciller Schüssel prometió que las negociaciones sobre la Constitución avanzarían. Por eso espero que la reunión del Consejo indique claramente que el texto que se ha impuesto a los ciudadanos es incomprensible, injusto y, lo que es más importante, que está muerto, y que ha llegado la hora de redactar un nuevo documento.
En vista de que el canciller Schüssel es un político que respeta la palabra dada, no debería aceptar las tácticas manipuladoras para ganar tiempo que utilizan la canciller Merkel y el presidente Chirac, que pretenden que la Constitución madure de «forma natural» durante un año más para alcanzar después una decisión durante las Presidencias alemana y francesa.
Desde una perspectiva histórica, Austria es la mejor situada para alterar este proceso. Ya ha recorrido el camino de las tentativas de integración europea. Hace menos de cien años, el Imperio austrohúngaro reunía 21 países europeos. Sin embargo, solo duró 51 años. ¿Por qué? Porque no se abordaron los problemas, que se dejaron madurar de «forma natural». Me parece que prorrogar el período de reflexión sobre la actual constitución constituye una muestra de desdén por los ciudadanos, y la campaña destinada a resucitarla es simplemente tirar el dinero.
Antonio Tajani (PPE-DE). – (IT) Señor Presidente, señor Barroso, Señorías, me dirijo a usted, señor Barroso, porque me congratulo de su discurso de esta mañana en el que ha revivido el gran proyecto de Europa.
Por fin hemos oído que la Comisión levanta la voz en esta Cámara para revivir la política y garantizar el papel que debe tener la Unión en la escena internacional. Esta es la Comisión que queremos y la que quieren los europeos. Una Comisión que se sacuda la carga de la burocracia, que es la principal culpable del alejamiento entre los pueblos de Europa y las instituciones.
Estoy de acuerdo con usted, señor Barroso. Si nos rendimos ante las dificultades y dejamos que nos abrume el pesimismo, no alcanzaremos ningún objetivo. La política debe aceptar el gran desafío de construir una Europa que sea consciente del papel que debe desempeñar en la escena internacional, es decir, una Europa que exporte paz, una Europa capaz de ocupar un papel de liderazgo en el Mediterráneo, en Oriente Próximo, en los Balcanes y en la lucha contra el terrosismo y la falsificación, una Europa con firmes relaciones transatlánticas.
Es por ello que es necesario llevar a buen fin el proceso constitucional. El primer semestre del año próximo revestirá una importancia crucial. Estamos de acuerdo en que la Presidencia alemana prepare – como lo ha hecho la Presidencia austriaca y sin duda lo hará la finlandesa – una serie de iniciativas políticas para 2007 que implique a los 450 millones de europeos, de los que tan menudo nos olvidamos. El Parlamento deberá desempeñar su papel de líder, y estoy seguro de que lo hará.
Los romanos solían decir nihil difficile volenti, nada es díficil si hay voluntad. Queremos una Europa política, una Europa de valores, una Europa del pueblo, una Europa de la subsidiariedad, una Europa solidaria y una Europa de libertad. Señor Presidente, no podemos permitirnos fallar ante este reto.
Harlem Désir (PSE). – (FR) Señor Presidente, aparte del fantasma del europesimismo, hay otro fantasma que recorre Europa: el del autismo y la hipocresía y sus mitos asociados. Y este fantasma alimenta al que usted ha mencionado. También yo comprendo el apego al Tratado Constitucional de los Estados miembros que lo han ratificado y de la mayoría de los diputados al Parlamento Europeo. Como todos los que hicieron campaña a favor de su ratificación –y fue mi caso en Francia–, sigo convencido de que contiene avances esenciales para el funcionamiento y la vida democrática de la Unión.
Pero debemos disipar el mito de que con el tiempo será posible presentar el mismo texto, acompañado de un simple anexo, en los países en que ha sido rechazado. Y debemos deshacernos de la hipocresía de los Estados miembros que no han sido capaces de ratificarlo hasta ahora y que, de hecho, simplemente no pueden obtener una mayoría, en especial cuando se prometió a la población un referendo.
Creo que en vez de ello hay que reconocer este hecho e intentar avanzar, como ha propuesto usted hace un momento, señor Barroso, porque la vida de Europa no puede basarse en los lamentos. Necesitamos un relanzamiento, avances y progresos. Este relanzamiento –también en esto estoy de acuerdo con usted– no puede limitarse al debate sobre las instituciones, sino que pasa por las políticas. Pasa por la Europa de los proyectos, la Europa del crecimiento y del conocimiento, la Europa de la investigación, de la energía y de la cooperación en el Mediterráneo. Y por lo que respecta a las instituciones, obstinarse en querer mantener el Tratado tal cual está no es probablemente el mejor modo de salvar su sustancia. Creo que el período de reflexión –que el Consejo parece que se pasará el tiempo prorrogándolo– corre más bien el riesgo de mantenerlo en conserva.
De hecho, pienso que este ejercicio alcanzará pronto sus límites y que es necesario prepararse para salir de él proponiendo un nuevo plan de trabajo. Y para salir, hará falta hacer lo que su predecesor, el actual Primer Ministro italiano, dijo ayer y elaborar un texto nuevo y más sencillo, que permita reformas limitadas pero cruciales. En cuanto a esas reformas, deberían ser claras y fácilmente comprensibles para los ciudadanos y centrarse esencialmente en la mejora del funcionamiento democrático de la Unión y en la aclaración de las responsabilidades entre las instituciones.
¿Qué reformas? Mencionaré seis de ellas, y creo que habría que pararse ahí poco más o menos. Para empezar, reforzar los poderes del Parlamento Europeo, cuya legitimidad es cada vez más reconocida por los europeos. En segundo lugar, aumentar la transparencia de la labor del Consejo cuando debate asuntos legislativos, pues no es aceptable que Francia y el Reino Unido pongan trabas hoy a esa transparencia. En tercer lugar, asegurar que la designación del Presidente de la Comisión se efectúe teniendo en cuenta el voto de los ciudadanos en las elecciones europeas. En cuarto lugar, establecer un poder de control de la subsidiariedad por parte de los Parlamentos nacionales. En quinto lugar, revisar las normas de votación por mayoría cualificada sobre la base de lo acordado en el Tratado de 2004, de modo que se basen en la población. Y, por último, en efecto, crear la figura del Ministro de Asuntos Exteriores. Todas estas ideas las han apoyado ya los Estados miembros. Estoy convencido de que, en todos los países, la mayoría de los ciudadanos estarían dispuestos a apoyar estas reformas. Necesitamos iniciativas. Demos más importancia al contenido que a la forma.
Karin Resetarits (ALDE). – (DE) Señor Presidente, Señorías, Zeus debería declarar sus sentimientos por su amante Europa: eso fue lo que pedía hace seis meses al comenzar la Presidencia austriaca del Consejo. La esposa que tiene en casa debe estar ciega si no ve que está pasando algo fuera del hogar marital. Mucha pompa y resplandor de flashes, abundante plata y porcelana, invitados distinguidos, una promesa importante detrás de otra, y ahora incluso una reunión con George W. Bush. No hay tiempo para aburrirse con Europa.
No obstante, ¿qué imagen da esta Europa en la escena internacional? ¿Se trata de una mujer fuerte y plena de confianza que cuenta con el apoyo de quienes la rodean, una mujer que se cree capaz de guiarnos en estos tiempos difíciles? ¿Creemos en Europa o estamos ante una figura plagada de dudas, que desconoce su papel en esta sociedad, en esta red de conexiones entre distintos países? ¿Qué queremos de Europa? ¿Qué esperamos de ella? Nosotros tenemos una idea clara al respecto. Creemos que Europa debe protegernos contra la pobreza, ofrecernos seguridad, garantizar que no vivamos en la precariedad, sino que seamos capaces de ahorrar un poco, ahora y en el futuro, que no dejemos que la traten como a un niño en la aldea global y que sea un ejemplo. Europa despierta grandes expectativas, pero no creemos que sea capaz de cumplir ninguna de ellas. Así se explica el gran escepticismo que detecta el Eurobarómetro.
Actualmente, Europa es totalmente incapaz de cumplir las expectativas del público, ya que el Consejo le otorga muy poco margen de maniobra para ello y la Comisión la mantiene ocupada con tareas que la alejan cada vez más del público europeo. Nadie entiende a Europa. ¿A qué dedica todo su tiempo? Lo esencial sigue sin hacerse –al menos ese es el mensaje que transmite– y el descontento aumenta. Europa necesita urgentemente un nuevo plan maestro con proyectos que se centren en los ciudadanos. Debe hacerse menos pesada y desarrollar una imagen. Algo que resulta imposible si la Presidencia del Consejo rota cada semestre. Una se va y otra llega, estamos ante una «casa a medio camino», no un hogar seguro.
Estoy convencida de que las cosas serían distintas si tuviéramos la Constitución. Sin embargo, en 2007 no la tendremos, por lo que pido al Consejo Europeo que fije competencias claras y una mayor eficiencia para Europa. Si lo hace, incluso el público dará luz verde a la Constitución.
Nils Lundgren (IND/DEM). – (SV) Señor Presidente, las declaraciones típicas que figuran en el proyecto de conclusiones de la Presidencia hacen referencia a la necesidad de que la UE escuche a la gente y entable un diálogo con ella. Estas declaraciones prevén una situación en la que existen dos partes. ¿Cuáles son esas partes que, de cierta manera, se enfrentan entre sí? Curiosamente son los pueblos de Europa y la clase dirigente. Esto implica que los representantes políticos no se consideran en la práctica los representantes del pueblo, sino un grupo o estamento que se opone al pueblo. Es una desgracia. Por eso nos sorprendemos y agitamos tanto al ver los resultados de los ocasionales referendos que tienen lugar en Europa. La estructura de los partidos europeos está totalmente desfasada. Los europeos no pueden votar por sus propios partidos y, al mismo tiempo, comunicar su profundo euroescepticismo. Eso es algo que tenemos que cambiar en el futuro a fin de que no sigamos jugando este juego tan vil. Los dirigentes deben escuchar al pueblo y estar dispuestos a entablar un diálogo con él. La clase dirigente debe representar al pueblo.
Paweł Bartłomiej Piskorski (NI). – (PL) Señor Presidente, tengo una impresión cada vez más fuerte de que el debate sobre el futuro de Europa ha llegado a un callejón sin salida. Es como la obstrucción de un vaso sanguíneo que suministra sangre al corazón. Si continúa esta situación es posible que se produzca un infarto grave y extenso. Me parece que el debate sobre el Tratado constitucional es precisamente esa obstrucción.
Yo me cuento entre quienes apoyaron el Tratado constitucional y lo sigo haciendo. Sin embargo, me he lamentado de que, debido a la ambición de algunos políticos, se le denominó Constitución europea, lo que hizo que pasáramos de un debate pragmático sobre lo que deberíamos incluir en el Tratado a un plebiscito a favor o en contra de la Unión Europea. Y si bien me lamenté de este título y de estas ambiciones, también reconocí que dicho tratado era necesario.
Hoy día es necesario decir con toda claridad que este estado de cosas es insostenible. No es posible organizar una nueva votación sobre el mismo documento en estos países. Les pido que retiren esta obstrucción y dejen que llegue sangre fresca al corazón, a fin de que podamos enfrentarnos a los graves problemas, como la verdadera liberalización de la economía europea, liberalización que todavía no se ha llevado a cabo.
Bogusław Sonik (PPE-DE). – (PL) Señor Presidente, uno de los temas para el próximo Consejo Europeo es la tentativa de definir la capacidad exacta que tiene la Unión Europea para absorber nuevos Estados miembros.
Las futuras ampliaciones de la Unión Europea dependen de esta definición. Será un debate importante, ya que esta definición no debería ser la llave que cierre la puerta a la adhesión de los más importantes vecinos de la Unión Europea. El miedo a la ampliación es un mal consejero. Por supuesto, debemos intentar definir las fronteras geográficas de la Comunidad Europea, pero también tenemos que recordar que debemos respetar los claros criterios que supuestamente deben cumplir los países candidatos a la adhesión a la Unión Europea.
Tenemos que recordar que la Unión es un proyecto que atrae y ofrece esperanza a millones de nuestros vecinos. Bielorrusos y ucranianos. Hoy en día prestamos apoyo a la sociedad civil de Belarús. La dictadura en el poder, apoyada por Rusia, nos impide llevar a cabo cualquier otra política. Sin embargo, la Unión debe prestar especial atención a la hora de definir una perspectiva europea clara para Ucrania. La conducta del Gobierno de Kiev cuando se intentó utilizar la energía para chantajearlo en el mes de diciembre, su solidaridad con Moldova, por ejemplo, su estrecho seguimiento de lo que sucede en la región de Transdniéster, y sus buenas relaciones con Georgia, demuestran que Ucrania puede ser una auténtica fuerza estabilizadora en la región y garantizar la propagación de la democracia. Ucrania es un aliado muy valioso para la Unión Europea.
Paso ahora al segundo tema relacionado con el Consejo Europeo, que es la creación de una Agencia de los Derechos Fundamentales. Se supone que esta será una institución importante cuya labor debería promover el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, me gustaría manifestar mi inquietud por las tentativas de limitar su ámbito de acción a los Estados miembros de la Unión Europea. La misión histórica de la Unión consiste en apoyar y promover las ideas y Gobiernos democráticos. A escala mundial aún existen muchas amenazas fuera de la Unión Europea.
Es por ello que debemos utilizar la creación de una Agencia de los Derechos Fundamentales para enviar un claro mensaje a los ciudadanos de todo el mundo en el que se diga que la Unión cuenta con un instrumento eficaz para ayudar a todos aquellos que luchan por los derechos humanos y las libertades democráticas fundamentales. Por ello pido que las actividades de la Agencia no se limiten al territorio de los 25 Estados miembros. La Agencia necesita actuar igualmente en otros países, sobre todo en aquellos que forman parte de la política de vecindad de la Unión Europea o han celebrado acuerdos de asociación con ella, como en el caso de Rusia.
Poul Nyrup Rasmussen (PSE). – (EN) Señor Presidente, hay un refrán que dice que si no luchas, no cuentas. Señor Barroso, me gusta verle luchar. Reconozco que está usted luchando por un nuevo tratado. También me gusta ver a la Comisaria Wallström luchando; ¡hacen buena pareja cuando luchan!
(Risas)
Permítanme decirles que ahora es cuando tenemos que luchar. ¿Qué está sucediendo en el Consejo? Sé lo que está sucediendo: quizás un día, mediante contactos informales a puerta cerrada, consigamos un nuevo tratado, como ha dicho hoy la señora Wallström, pero eso es hacer las cosas a la antigua usanza. Ahora tenemos que hacerlo junto con los ciudadanos. Si los ciudadanos no están de nuestra parte, no tendremos un nuevo tratado. Por ello me alegra tanto ver que juntos –el Parlamento, los partidos europeos y la Comisión– podemos celebrar un debate verdaderamente europeo con ciudadanos de a pie.
Disculpen que lo diga así, pero es un trabajo horrible porque consume tiempo y energía, y muy pocas veces alguien da las gracias por ello. No obstante, al final marcarán una diferencia en la historia, porque el resultado será un nuevo tratado.
Por ello tengo dos consejos que darles. En primer lugar, junto con el presidente del Grupo, nos hemos centrado en las siguientes cuestiones. No podemos hacer más por resolver los conflictos internacionales, especialmente en Oriente Próximo, sin un nuevo tratado. No podemos crear más y mejores empleos y garantizar una mayor cooperación económica sin un nuevo tratado. No podemos luchar contra el terrorismo, el tráfico ilegal y el crimen transfronterizo sin un nuevo tratado. Necesitamos un nuevo tratado para lograr precios energéticos bajos. Necesitamos un nuevo tratado para lograr una mayor transparencia.
Por ello, señor Barroso, tal y como usted ha dicho, le recomiendo que trabaje más sobre esta declaración el año que viene. No obstante, prométame que el año que viene uno de los mensajes más importantes de esa declaración será que esta Unión Europea no es una competición entre Estados, porque eso es lo que la gente teme cada vez más. Temen la incertidumbre y la competencia financiera en torno a la reducción de impuestos, una especie de «dúmping» social que socava el estado de bienestar. Esta Unión Europea es una competición libre y transparente en el mercado libre entre empresas, servicios y proyectos que pueden incrementar nuestra riqueza. Esa es una señal muy importante que hay que enviar. La Unión Europea es cuestión de personas: se trata de anteponer a las personas, de combinar un nuevo estado de bienestar y una versión modernizada, para la prosperidad de esta región.
Mi último punto es que necesitamos a Bulgaria y a Rumanía. Señor Presidente en ejercicio, necesitamos una clara señal en la reunión de pasado mañana. Nos reuniremos en Bruselas con nuestros líderes y Primeros Ministros, y nuestro mensaje será claro: necesitamos a Bulgaria y a Rumanía a partir del 1 de enero de 2007. Se lo merecen y Europa los necesita.
(Aplausos)
Markus Ferber (PPE-DE). – (DE) Señor Presidente, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Presidente de la Comisión, Señorías, me gustaría hacer tres breves comentarios. En primer lugar, me pregunto, cuando celebramos nuestros debates aquí en Estrasburgo, si realmente debemos crear una Agencia de los Derechos Fundamentales en Viena que competiría con el Consejo de Europa, un instrumento que ya ha dado pruebas de que es capaz de hacerse cargo de esta tarea, no solo dentro de los Estados miembros de la UE, sino también fuera de nuestras fronteras. Solo puedo animarles, como dije al Canciller Schüssel en un debate, a que hagan una contribución activa para tratar con eficacia ese mal europeo que es la «agencitis». También ustedes podrían enviar un mensaje claro desde sus propios países al respecto.
En segundo lugar –y en esto estoy totalmente de acuerdo con lo que dijo el señor Rasmussen– es evidente que también necesitamos defender nuestros propios valores en el marco de las negociaciones de ampliación. Me preocupa mucho que caigamos en el comportamiento mecánico que hemos observado en los últimos diez años y que hemos criticado una y otra vez en este hemiciclo. ¿Era realmente necesario negociar un capítulo con Turquía el lunes, a pesar de que algunas de las condiciones mínimas, en concreto el reconocimiento del Protocolo de Ankara, todavía no se han abordado? Me pregunto si no volvemos a enviar el mensaje incorrecto al echar a andar un tren que no podremos detener en 10, 12 o no sé cuántos años. La Presidencia austriaca del Consejo podría haber enviado un mensaje más firme sobre este tema.
En tercer lugar, la Unión Europea se basa en los Estados miembros. No existe un único pueblo europeo – y esto va dirigido igualmente a la señora Wallström, que no está escuchando – sino 25 pueblos nacionales, como vemos actualmente con el fútbol. Y tenemos una Unión Europea que se basa en los Estados miembros y no en una mayoría de la población que manifiesta sus opiniones a través de referendos. Realmente no es necesario tenerlas en cuenta, de lo contrario este proyecto acabará por irse a pique.
Genowefa Grabowska (PSE). – (PL) Señor Presidente, nos quejamos de que, a pesar de nuestros éxitos y logros alcanzados durante los últimos 50 años de integración europea, la Unión Europea se ha quedado atascada. Nos quejamos de que carece de una visión clara, de que no se ha llegado a un acuerdo sobre la dirección a tomar y lo que debe hacerse en el futuro. Sin embargo, debemos admitir que estas críticas y reservas que expresan los ciudadanos se refieren al funcionamiento actual de la política comunitaria y no al Tratado constitucional, cuya importancia no ha sido explicada suficientemente al público. Después de todo, la Constitución europea es un documento fundamental que permitirá que la Unión haga frente a los nuevos retos que se le plantean.
Todos somos conscientes de que la Unión no puede seguir su desarrollo con los actuales Tratados, y no porque estos Tratados sean «demasiado restrictivos» para 25 o más Estados miembros. Estos Tratados tienen la carencia fundamental de que no contemplan la participación de la sociedad civil a la hora dar forma a las políticas de la Unión ni en el proceso decisorio.
Presidente Barroso, me gustaría preguntarle cuántos millones de firmas tendríamos que reunir ahora, como parte de una iniciativa ciudadana, para que la Comisión escuchara la voz de los ciudadanos. En estos momentos, usted no está obligado a tomar en consideración su voz, pero el Tratado constitucional concederá a los ciudadanos la oportunidad de crear dicha iniciativa y para ello bastaría con un millón de firmas. Repito, serían necesarias un millón de firmas entre los 457 millones de ciudadanos de la Unión Europea para dar lugar a dicha iniciativa. ¿No significa esto algo para quienes se oponen al Tratado constitucional blandiendo consignas democráticas con tanto entusiasmo?
Presidente Barroso, he escuchado con gran placer la declaración que ha hecho hoy sobre la Constitución. Sin embargo, estas palabras deben ir respaldadas con actos, y la tarea más importante en estos momentos es recuperar la confianza de los ciudadanos de Europa en el proyecto europeo. Tenemos que hacerlo en los antiguos Estados miembros, donde Europa se ha convertido en algo banal, porque los ciudadanos han oído hablar de ella durante demasiado tiempo, y también tenemos que aprovechar la actitud proeuropea, o más bien el entusiasmo de los nuevos Estados miembros.
En mi país, Polonia, un 80 % de los ciudadanos desean más Europa, y un 60 % quieren un Tratado constitucional. Esta es una buena señal y espero que durante el Consejo Europeo estos países tomen las decisiones correctas y muestren el camino que debe seguir Europa y el lugar que ocupa el Tratado constitucional, a fin de que podamos superar este punto muerto.
(Aplausos)
Íñigo Méndez de Vigo (PPE-DE). – (ES) Señor Presidente, señor Presidente de la Comisión Europea, ha hecho usted un buen discurso hoy y quiero felicitarle por ello. Ha hecho usted un buen discurso, porque creo que ha logrado tocar la fibra sensible de la gente, de quienes estamos aquí y de quienes están fuera y nos están escuchando. Ha hecho usted un alegato para no dejarse llevar por el europesimismo y creo que tiene usted razón.
Ha dicho usted también una cosa importante: que Europa no está en crisis. Es cierto, Europa no está en crisis. No debemos caer en esa idea. Pero también es cierto que tenemos que hacer un esfuerzo por explicar las razones por las cuales el Tratado Constitucional es importante para la vida de la gente, porque, claro, mucha gente piensa que el Tratado Constitucional no ha entrado en vigor —y así es— y no ha pasado nada; Europa no se ha hundido en el mar.
Por tanto, mucha gente puede tener la tentación de decir que tampoco es tan importante el Tratado Constitucional, puesto que no ha pasado nada una vez que no ha entrado en vigor.
En todas las campañas en que he participado no he oído decir nunca lo que hoy todos los líderes que han hablado aquí han dicho: el Tratado Constitucional es necesario para que Europa funcione mejor, para dar un valor añadido a la gente. Tenemos que hacer un esfuerzo enorme de pedagogía para explicar a la gente lo que yo denominé en alguna otra ocasión «el coste de la no Constitución»: por qué el hecho de no tener un Tratado Constitucional repercute negativa y cotidianamente en sus vidas.
Es verdad —y lo ha dicho el señor Rasmussen— que es una tarea ingrata explicar esas cosas; es una tarea que exige un gran esfuerzo intelectual, que pongamos a trabajar nuestras células grises, para contárselo a la gente con ejemplos claros y precisos, pero es una tarea necesaria.
Yo creo que Europa requiere hoy muchísima pedagogía, pero también requiere cierto cuajo, cierta envergadura política, y yo creo que este Parlamento, que ha sido pionero en muchas otras ocasiones, con la Resolución que vamos a aprobar hoy de la Comisión de Asuntos Constitucionales, marca ese camino, en el que, con mucha pedagogía, creo que lograremos salvar el barco de la Constitución, ponerlo a flote y hacer que el Tratado Constitucional sea un valor añadido para la vida de la gente.
Achille Occhetto (PSE). – (IT) Señor Presidente, señor Barroso, Señorías, me parece, señor Barroso, que durante el Consejo Europeo del próximo viernes, tendrá que oponerse a lo que se afirmó en Klosterneuburg y argumentar que el problema no radica en prorrogar el período de reflexión sobre las cuestiones institucionales, sino en avanzar rápidamente para mejorar y ratificar la Constitución europea, y en adoptar políticas capaces de mejorar la imagen de Europa entre los europeos.
De hecho, si los dos países que no han ratificado la Constitución tomaron esta decisión por motivos que no tienen nada que ver con el texto constitucional, lo que hay que hacer realmente es adoptar rápidamente políticas prácticas que sean capaces de mejorar la imagen de Europa. Sin embargo, para ello necesitamos dejar atrás lo antes posible el período de reflexión sobre las cuestiones institucionales.
Las limitaciones a las que nos enfrentamos para hacer realidad la economía basada en el conocimiento más competitiva del mundo se deben al planteamiento intergubernamental y no al comunitario. No puede existir una moneda única sin políticas económicas y sociales comunes, y sin una auténtica gobernanza socioeconómica.
Por ello debemos declarar con claridad que los problemas sociales y económicos se resuelven construyendo instituciones que mantengan el planteamiento comunitario. Si no deseamos destruir a Europa, tenemos que afirmar, como ha hecho el señor Schulz, que Europa necesita inmediatamente la Constitución.
Tunne Kelam (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, el europesimismo del que ha hablado el Presidente Barroso parece ser una enfermedad mucho más contagiosa que la gripe aviar. Es grave, porque es la excusa perfecta para que muchos líderes políticos no aborden los retos que supone cambiar Europa. Si sigue así, esta situación me recordará cada vez más al viejo chiste soviético de la década de 1970: la economía soviética estaba en un punto muerto y el tren no se movía, así que se dio la orden de correr las cortinas, balancear el vagón a un lado y otro y pretender que el tren se movía a alta velocidad.
Sin duda necesitamos una solución política, no en la forma de una Europa de primera división y otra de segunda división, sino con un nuevo liderazgo político que esté a la altura de los padres fundadores hace cincuenta años. ¿Podemos restaurar realmente la confianza y generar inspiración entre los votantes si seguimos dirigiendo nuestras políticas de unas elecciones nacionales a otras, encontrando en ellas la excusa perfecta para no aplicar las políticas comunes?
Creo que las personas pueden distinguir fácilmente entre los líderes con visión de futuro, compasivos y valientes y el enfoque mezquino y prepotente de aquellos cuyo objetivo principal es mantener el control de la situación. Si el nombre de la Constitución es un obstáculo, estoy dispuesto a cambiarlo. Podríamos racionalizar el formato, pero necesitamos mantener la sustancia de la Constitución, de otro modo no podremos aplicar con éxito las políticas comunes de una Europa ampliada. No podemos aplicar la solidaridad, principio rector de todos nuestros esfuerzos.
Stavros Lambrinidis (PSE). – (EL) Señor Presidente, quiero hablar acerca del Acuerdo sobre tratamiento y transferencia de datos de pasajeros con los Estados Unidos, que ha rechazado el Tribunal Europeo de Justicia, y sobre la Decisión marco relativa a la protección de datos, que el Consejo Europeo rechaza en cada una de sus reuniones.
Mi propuesta concreta es la siguiente: que si renovamos este Acuerdo sobre la base del tercer pilar, no lo hagamos hasta 2007. En segundo lugar, que a continuación se negocien con el Parlamento enmiendas a este Acuerdo que protejan los derechos fundamentales aplicando por fin la cláusula de pasarela. En tercer lugar, que todo este proceso se realice en cooperación con el Parlamento Europeo y en el marco de un diálogo a tres bandas serio, y en cuarto lugar, que se adopte inmediatamente la Decisión marco sobre protección de datos en el marco del tercer pilar.
Hoy se celebrará una votación sobre la propuesta del Parlamento. Se trata de una propuesta muy seria y ya es hora de que comiencen a trabajar en ella. Mantengan las promesas que la Presidencia danesa hizo al Parlamento Europeo y adóptenla, porque si no lo hacen, me temo que el Parlamento Europeo se verá obligado a detener otras actividades importantes, a pesar de que requieren una legislación europea para la protección de derechos.
Geoffrey van Orden (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, el Parlamento ha apoyado de manera coherente la ampliación, especialmente la oportuna adhesión de Bulgaria y Rumanía. Por ello confío en que el Consejo Europeo confirme esta semana su compromiso con la fecha de adhesión del 1 de enero de 2007 para estos países.
Como ponente sobre Bulgaria durante los últimos seis años he observado de primera mano el progreso que ha realizado este país, transformando su economía, su sistema político y sus estructuras administrativas. Sobre todo ha habido un cambio de actitudes y expectativas. Los ciudadanos quieren una vivir mejor y ahora creen que eso es posible. Es muy importante que no socavemos de ningún modo la confianza y el deber para con los ciudadanos de Bulgaria, que compartimos con las autoridades búlgaras.
La resolución del Parlamento deja claro que en los próximos meses tienen que producirse ciertos resultados. Estos resultados dependen principalmente del Gobierno búlgaro, pero la Comisión y los Estados miembros deben hacer todo lo posible por ayudar. Sé que el Reino Unido y otros países ya han prestado asistencia para la lucha contra el crimen organizado. Quisiera pedir que se intensificaran esos esfuerzos durante los próximos cuatro meses.
Pasando a otras cuestiones, la Unión Europea es muy buena dando lecciones a otros, pero a menudo no llega a aprenderlas ella misma. Hemos escuchado muchos comentarios con respecto al «período de reflexión» tras el fracaso de la Constitución, pero parecemos incapaces de sacar las conclusiones correctas. La respuesta que hemos escuchado esta mañana es «más Europa». No sé de dónde sale eso. No es lo que me dicen los ciudadanos de East Anglia a quienes represento. Quieren menos interferencias de Bruselas y quieren que la Unión Europea ponga su casa en orden y que asuma menos tareas pero las lleve a cabo con más eficacia.
La gente quiere tener un mayor control sobre su propia vida. Quieren un Gobiernos local y nacional responsable; quieren seguridad y prosperidad, y quieren una Europa que se diferencie del anticuado proyecto que lamentablemente sigue encima de la mesa.
Richard Corbett (PSE). – (EN) Señor Presidente, los que afirman –sobre todo a un lado de la Asamblea– que los franceses y los neerlandeses han dicho «no» y que por ello hay que poner fin a todo este debate y nunca debemos volver a pensar en cambiar los tratados, son demasiado simplistas y solo quieren oír una respuesta. Cuando dicen, como ha hecho uno de ellos, «¿qué parte del “no” no entienden en los resultados franceses y neerlandeses?», podríamos volvernos y decir «¿qué parte del “sí” no entienden ustedes de los otros 16 a 18 –si se incluyen Rumanía y Bulgaria– países que han dicho “sí” a esta Constitución?»
No nos estamos enfrentando a una cuestión de rechazo masivo o de aceptación masiva, sino a un problema de divergencia. Y ¿qué hacemos en la Unión cuando se produce un problema de divergencia? Nos sentamos, lo hablamos e intentamos encontrar una solución aceptable para todos. Así es como progresamos. Por ese motivo tiene sentido tomarse tiempo para disponer de este período de reflexión, prolongarlo y ver qué posibilidades hay.
También tiene sentido no solo abordar la cuestión del texto, sino también el contexto –l’Europe des projets, el programa de Hampton Court, las cuestiones que preocupan a los ciudadanos– y entonces, oportunamente, en un nuevo contexto, decidir qué hacemos con respecto al texto. No se equivoquen al respecto: tendremos que decidir qué hacemos con el texto. Las cuestiones que el Tratado pretendía abordar no han desaparecido. No se han esfumado de la noche a la mañana y tienen que resolverse. Tendremos que retomarlas, y tiene sentido orientar el período de reflexión hacia ellas.
Puede que en el espacio de un año y en un contexto nuevo sea posible mantener el texto tal y como está o añadir ciertas afirmaciones que lo aclaren, o con interpretaciones o protocolos adicionales o volviendo a redactar la parte 3, como han sugerido algunos. También puede que esto no sea posible y el proceso tenga que suspenderse. La conclusión puede ser que tengamos que vivir con los Tratados vigentes durante mucho más tiempo porque ahora es imposible cambiarlos. No obstante, todo esto se verá en su momento. Ahora no es cuestión de decidir. Ahora no es el momento de decir que tenemos que volver a redactar el texto. Tomaremos esa decisión cuando concluya el período de reflexión, y haremos bien.
(Aplausos)
Margie Sudre (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente del Consejo, señor Presidente de la Comisión, Señorías, un año después del «no» de Francia y los Países Bajos, es hora de que Europa se recupere y proponga soluciones para aprovechar al máximo el contenido del proyecto de Constitución europea.
Nuestros Jefes de Estado o de Gobierno van a tener que debatir cuestiones clave para nuestro futuro: independencia energética, inmigración, futuro del Tratado Constitucional y ampliación. En cada uno de estos temas, los europeos esperan verdaderas respuestas de sus dirigentes, así como la valentía de sacar las consecuencias políticas y financieras de tales respuestas. La situación humanitaria de los inmigrantes que afluyen a las orillas sur de la Unión debe ser una de las grandes prioridades de los europeos y requiere una respuesta común en términos de acogida de los inmigrantes y de política de asilo. Demuestra también la necesidad de revisar en profundidad nuestra política de desarrollo, que, evidentemente, no responde a las necesidades urgentes de los ciudadanos de países a los que deseamos ayudar, pero no lo logramos.
Por lo que respecta a la ampliación, acojo con agrado la sabiduría de la Comisión Europea de aplazar al próximo mes de octubre la decisión sobre la entrada en la Unión de Rumanía y Bulgaria en función de los progresos realizados por cada uno de estos países. No obstante, la Comisión debería demostrar la misma lucidez con respecto a Turquía. Me parece muy criticable haber dado últimamente señales tan positivas a ese país, en el marco de las negociaciones con vistas a su adhesión, cuando sigue sin reconocer a Chipre, que sin embargo es uno de los miembros de la Unión a cuyo seno pretende incorporarse. Europa solo será fuerte si es respetada, y solo será respetada si aplica a todos las mismas normas.
Por último, quiero reafirmar que el criterio de la capacidad de absorción no es una invención de algunos Estados miembros, sino uno de los criterios de Copenhague. Hacer creer a los Estados candidatos que se les presta un servicio permitiéndoles entrar en una Unión que no esté en pleno funcionamiento es engañarlos. Engañaríamos tanto a los ciudadanos de los Estados miembros actuales como a los de países que se esfuerzan tanto por unirse a la Unión Europea.
Carlos Carnero González (PSE). – (ES) Señor Presidente, hablamos del período de reflexión y debate sobre el futuro de Europa, pero a la luz de lo que estamos discutiendo esta mañana, creo que es un debate sobre el presente de la Unión Europea.
Futuro y presente se confunden, sobre todo porque es imprescindible poner en marcha una Constitución para resolver los problemas que tenemos hoy encima de la mesa. Yo creo que es imprescindible que, en esa dirección, la Comisión atienda el punto de nuestra Resolución en el que se le pide que haga un informe sobre el coste de la no Constitución. Es indispensable.
Yo, incluso, pido más: que la Comisión se comprometa, señor Barroso, a presentar ese informe ante esta Cámara y ante el Consejo inmediatamente después del verano, en septiembre u octubre, para que podamos debatir con los ciudadanos en concreto, sobre cómo solucionar, con esa Constitución que no está en vigor, asuntos como la inmigración irregular, de la que aquí se ha hablado.
Ciertamente, tenemos que continuar el proceso de ratificación y, al final, llegar a una solución que desbloquee, pero sobre la base de este texto, que es un buen texto: es un texto de consenso. Yo creo que en esta dirección va la Resolución del Parlamento Europeo.
Solamente le hago un ruego, señor Barroso: yo hoy le he aplaudido con ganas; seguramente es la primera vez que lo hago, se lo digo con sinceridad. Si usted mantiene el discurso que ha hecho aquí fuera de esta Cámara, lo seguiré haciendo.
Francisco José Millán Mon (PPE-DE). – (ES) Señor Presidente, yo también estoy de acuerdo en que se tomen medidas que sirvan para acercar la Unión Europea a los ciudadanos. Apoyo, por tanto, esa Europa de los resultados que ha mencionado hoy el Presidente, señor Barroso.
El fracaso de los referendos en Francia y en los Países Bajos obedeció no solo a razones de política interior, sino también a que hay ciudadanos que no comprenden o no valoran suficientemente el proceso de construcción europea.
Hemos de reforzar la confianza de los ciudadanos en la Unión, demostrarles su valor añadido, mediante una acción más eficaz en asuntos tales como la seguridad, el control eficaz de los flujos migratorios, la creación de empleo, etc. Son cuestiones a las que el Consejo Europeo debe prestar máxima atención.
También tenemos que explicar mejor el funcionamiento y los objetivos de la Unión. Hace unos días, en Aquisgrán, el Primer Ministro Juncker proponía que los jóvenes europeos visitaran los cementerios de las guerras para que las nuevas generaciones pudieran valorar adecuadamente la aportación de la Unión a la paz en un continente tan ensangrentado por las guerras en el pasado.
Pues bien, la Unión, creo yo, debe ocupar también un lugar en los colegios, en las escuelas. Como propuso hace unos meses en París el Presidente de mi partido, Mariano Rajoy, conviene crear una asignatura específica, obligatoria, en todos los colegios, en las escuelas de los Estados miembros, cuyo contenido fuera el origen, los objetivos y el funcionamiento de las instituciones de la Unión Europea. Esa pedagogía dirigida a los jóvenes es muy importante.
También hemos de explicar mejor otro gran éxito: los procesos de ampliación. Debemos poner de relieve que la perspectiva de la adhesión ha sido un poderoso motor para que muchos países experimentasen grandes transformaciones políticas, económicas y sociales en su propio beneficio y en el de la Unión.
Y permítanme aquí, para terminar, hacer una referencia a la adhesión de Rumanía y Bulgaria, sobre la que hoy aprobaremos una Resolución. Estos países están llevando a cabo, en estos últimos tiempos, espectaculares avances en muchas áreas. Están experimentando esas grandes transformaciones a que antes me refería y quisiera destacar, en particular, los progresos de Rumanía en áreas como la reforma del sistema judicial o la lucha contra la corrupción.
Estoy convencido de que, si avanzan en esta línea de reformas, los dos países estarán en la Unión el 1 de enero de 2007 y celebro mucho que el próximo Consejo Europeo les anime a concentrar sus esfuerzos en este objetivo común.
Riitta Myller (PSE). – (FI) Señor Presidente, necesitamos una Constitución para responder a los problemas que el nuevo milenio plantea en materia de cooperación. Una Unión de casi 30 países no puede dirigirse con normas adoptadas el milenio pasado para una Comunidad que inicialmente estaba formada por seis países.
Un Tratado constitucional será una respuesta racional a los retos que el público ha fijado para la cooperación europea. El público pide transparencia en las decisiones, claridad en los acuerdos y tratados, y competencias en las cuestiones que debemos resolver juntos, a fin de que las medidas adoptadas tengan la eficacia necesaria. Si deseamos tratar a nuestros ciudadanos en pie de igualdad, cada Estado miembro tiene el derecho y la obligación de decidir por sí mismo si desea o no ratificar la Constitución. Solo entonces habrá llegado el momento de sacar conclusiones acerca del futuro del Tratado. Al ser el próximo país que ocupará la Presidencia, Finlandia merece nuestra consideración por aplicar este principio.
Alexander Stubb (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, quisiera comentar tres aspectos. El primero es que creo que el discurso del señor Barroso ha sido excelente. Ahora estamos entrando en el círculo vicioso del europesimismo y lo que necesitamos es una fuerte inyección de eurooptimismo. Tenemos que mirar los logros de los últimos 10 o 12 años y ver que los resultados son impresionantes, desde la ampliación hasta la justicia y los asuntos interiores, pasando por la PESC y, sin duda, la moneda única. A veces tendemos a perder la perspectiva. Debemos darnos cuenta de que la Unión Europea es una permanente gestión de crisis. Pasamos de una pequeña crisis a otra, pero creo que en líneas generales el resultado es positivo.
El segundo aspecto que quiero comentar es que en este momento creo que nos enfrentamos a una nueva generación de lo que yo llamo «quejicas de la UE» o «lloricas de la UE». Son personas, normalmente Ministros, que se reúnen a puerta cerrada, celebran un debate, se dan palmaditas en la espalda y dicen «una decisión magnífica». Cinco minutos después empiezan a escurrir el bulto, se presentan ante los medios de comunicación nacionales y dicen: «ay, qué decisión más terrible acaba de tomar la Unión Europea». No se puede hablar negativamente de la Unión Europea seis días a la semana e ir a misa el domingo y decir que la Unión Europea es estupenda. Puede que este sea el motivo por el que la Ministra británica de Asuntos Exteriores, Margaret Beckett, no quiere que haya mucha transparencia, porque entonces los ciudadanos verían que algunas de las posturas británicas son, efectivamente, proeuropeas.
El aspecto final que quiero comentar es que necesitamos un Tratado Constitucional. Los problemas no van a desaparecer y eso lo hemos escuchado en el debate de hoy. Necesitamos la Carta de los Derechos Fundamentales; necesitamos una personalidad jurídica; necesitamos un Ministro de Exteriores; necesitamos más votaciones por mayoría cualificada y necesitamos más codecisión. Necesitamos tener resueltas estas cosas y esperamos poder hacerlo antes de 2009. La profundización y la ampliación van de la mano. Niza no basta.
(Aplausos)
Zsolt László Becsey (PPE-DE). – (HU) Señor Presidente, me gustaría mencionar tres cuestiones importantes relacionadas con la ampliación de la Unión Europea.
La primera es la consolidación de la actual ronda de ampliación, es decir, ¿aplicamos las mismas normas a la hora de decidir el ingreso de nuevos Estados miembros en la zona del euro? Es decir, ¿garantizará la Unión Europea que el año próximo existirán las condiciones necesarias para la ampliación del espacio de Schengen por lo que respecta a sus ámbitos de competencia? Es decir, ¿crearemos la Agencia de los Derechos Fundamentales, que el Parlamento Europeo ya ha aprobado, o vamos a sabotearla? Estas preguntas son muy importantes en un momento en el que hemos visto, por ejemplo, que por primera vez se han aplicado sanciones contra la voluntad de un Estado miembro en el caso de Lituania, un Estado miembro que pretende ingresar en la zona del euro. ¿Por qué es necesaria una política de estabilidad de precios en un país que esta recortando diferencias? ¿O acaso la deflación debe ser una condición necesaria en este caso? Así pues, ¿acaso era la perspectiva de un criterio de Maastricht más favorable en 1999 en una Italia endeudada hasta el cuello de lo que lo sería actualmente en Vilna? ¿Por qué se imparten lecciones a los diez nuevos Estados miembros, utilizando a Lituania, sobre inflación, por personas en cuyos países la situación se degrada progresivamente, como en el Caso de la España del señor Almunia o en el Luxemburgo del señor Juncker? Uno de los padres del euro, el profesor Lamfalussy, califica este planteamiento de vergonzoso. ¿Y pueden nuestro estimado Consejo y nuestra querida Comisión tomar la decisión política estratégica de no recomendar la adhesión, sin el Parlamento, que normalmente reivindica sus privilegios? ¿De qué forma se aplican las mismas normas en este caso?
En segundo lugar, ¿realmente vamos a esperar a que la Comisión presente en otoño su evaluación sobre la fecha y las condiciones de adhesión de Rumanía y Bulgaria, si ya las hemos fijado mediante un canje de cartas? ¿Nos disponemos a apresurar la adhesión de países cuyos indicadores económicos y sociales, y cuyo nivel de corrupción están muy por detrás de los actuales Estados miembros e incluso de los diez nuevos? ¿Qué Europa obtendremos de esta manera? ¿Dónde está la visión en este caso? ¿Cumplirá y aplicará esta sociedad la legislación cuando sea parte de la Unión Europea? En países en los que no existe, por ejemplo, un registro de la población romaní o de la propiedad de la tierra o en el que se abandonan decenas de miles de bebés. Y que decir de la mayor minoría nacional indígena, los millones de hungaroparlantes. ¿Por qué no echamos un vistazo, en este caso, a nuestras propias declaraciones de Copenhague sobre las minorías, hechas en 1993, o a anteriores exposiciones del Parlamento y la Comisión, en las que los derechos de las minorías y la democracia solían figurar en pie de igualdad?
En tercer lugar, tenemos que examinar el nivel y la velocidad de las distintas negociaciones. ¿Cuándo admitiremos en las negociaciones de ampliación que el nivel de preparación e integración europea de Croacia es extraordinario, y que presentaría menos problemas de absorción que Turquía, por citar un ejemplo? El prestigio de la Unión Europea no amentará si no hay coherencia y no se aplican las mismas normas, y resulta evidente que con construcción sin prisas de la integración en dos fases se recuperará todo lo que se ha gastado en la ampliación de la UE. Esta es la realidad, aunque sea negativa.
Charles Tannock (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, ojalá pudiera pronunciar este discurso en un Parlamento con sede en Bruselas y no en esta Cámara, porque el sempiterno circo de Estrasburgo, ahora exacerbado por el escándalo financiero, desacredita a nuestra Asamblea.
Acojo con agrado, por supuesto, el hecho de que Bulgaria y Rumanía estén a punto de adherirse a la Unión Europea en 2007, aunque todavía haya cuestiones sin resolver, como el sistema –o su ausencia– de protección de la infancia en Rumanía y la importancia del crimen organizado en Bulgaria. No obstante, retrasar su admisión un año más solo serviría para enviar una señal equivocada a sus poblaciones y Gobiernos.
Con respecto a la controvertida cuestión de qué hacer con la Constitución de la UE, estoy de acuerdo con los que afirman que está muerta en su formato actual. No obstante, incluso los que nos oponemos en principio a una Constitución, con un Ministro de Exteriores, un Presidente permanente y una Carta de los Derechos Fundamentales vinculante, aceptamos que es necesario ajustar el tratado para dar cabida a una futura ampliación más allá de la fórmula de Niza y para nivelar el desequilibrio cada vez mayor entre pequeños y grandes Estados miembros con respecto a los derechos de voto en las instituciones. Esta cuestión solo puede empeorar con la proliferación de miniestados en los Balcanes occidentales –como acabamos de ver con la independencia de Montenegro–, que seguramente se convertirán en miembros de pleno derecho en los próximos diez años.
También estaría a favor de recuperar los poderes propuestos para aumentar la influencia de los Parlamentos nacionales y de una mayor transparencia en el proceso colegislativo del Consejo de Ministros, cuyo comportamiento actual es demasiado sigiloso. Por ese motivo deploro el giro de 180 grados que ha dado la Ministra británica de Exteriores, Margaret Beckett, que contradice de lleno tanto la opinión de su Primer Ministro como la dinámica general de reforma y transparencia en la Unión Europea. Es lamentable que el Gobierno británico, a diferencia de su homólogo danés, no deba someterse a la fiscalización y el mandato de la Cámara de los Comunes antes de decidir el sentido de su voto en el Consejo de Ministros. Sin duda se potenciaría todo el proceso legislativo, tanto en la Cámara de los Comunes como para los ciudadanos británicos, si los Ministros del Reino Unido comparecieran ante la Cámara de los Comunes para que se les preguntara qué iban a votar en el Consejo de Ministros y lo hicieran de manera totalmente transparente y abierta. Por ello, yo diría «no» a la señora Beckett con respecto a su opinión sobre la transparencia en el Consejo de Ministros.
Hubert Pirker (PPE-DE). – (DE) Señor Presidente, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Presidente de la Comisión, en vista de los problemas de integración que sufren actualmente muchos Estados miembros, de las tendencias demográficas y de los enormes problemas que nos plantea la inmigración ilegal y los problemas conexos de la delincuencia organizada y de trata de seres humanos, me felicito de que el tema central del próximo Consejo Europeo vaya a ser la migración. Está muy claro: si deseamos evitar conflictos en la Unión Europea a largo plazo, debemos gestionar la entrada de migrantes económicos, teniendo en cuenta sobre todo la capacidad de asimilación e integración de nuestros Estados miembros. Tenemos que establecer por fin una política europea de asilo, y a este respecto me gustaría felicitar a la Presidencia del Consejo por haber realizado una amplia labor preliminar para que se ayude rápidamente a los refugiados y, al mismo tiempo, se evite que la inmigración económica utilice certificados de asilo y se abuse del régimen de asilo.
Asimismo, debemos concentrarnos en la lucha contra la inmigración ilegal y la trata de seres humanos que, como acabo de decir, son elementos de la delincuencia organizada. Este problema no puede resolverse con la regularización, como la que está llevando a cabo una vez más España, pues la regularización produce un efecto de llamada con todos los resultados y tragedias que conlleva. Lo que necesitamos es una estrategia integral que debe incluir los siguientes elementos: ayuda en los países de origen, campañas de información a través de los medios de información – incluso en los países de origen – en las que se expliquen las consecuencias de la inmigración ilegal, y la creación de un mecanismo común de protección de las fronteras exteriores utilizando el sistema de información sobre visados, el sistema de información de Schengen y EURODAC, de modo que podemos mantener la estabilidad y la seguridad de la Unión Europea a largo plazo.
Panayiotis Demetriou (PPE-DE). – (EL) Señor Presidente, antes que nada quisiera felicitar calurosamente a la Presidencia austriaca por la labor que ha llevado a cabo y por haber puesto la Constitución europea en el centro de atención durante el semestre de su mandato.
Felicito cordialmente también al Presidente de la Comisión, señor Barroso, por la histórica intervención que ha pronunciando hoy ante el Parlamento Europeo. El señor Barroso ha reiterado la visión europea y revivido nuestras esperanzas en el futuro de Europa. Le felicito, señor Barroso.
Señorías, la globalización ha dado lugar a numerosos desafíos, muchos problemas y cantidad de presiones para la Unión Europea: presiones económicas, políticas, inflacionistas y todo tipo de desafíos. Si la Unión desea hacer frente a los retos que plantea la globalización, no le queda otra opción que la «constitucionalización». Europa no puede seguir funcionando como hasta ahora si espera poder resolver estos problemas. Ningún Estado miembro puede hacer frente por sí solo a los desafíos de la globalización. Es por ello que aquellos que se alegran de la muerte de la Constitución tienen que decirnos cómo tienen pensado enfrentarse a estos retos en las presentes circunstancias.
Europa necesita más credibilidad y hacer frente a los problemas de la mejor manera posible; este será el fundamento para apoyar la Constitución y defenderla ante los ciudadanos. Ese es nuestro trabajo, el de todas las instituciones. Los Estados miembros deben dejar de echarle la culpa a la Unión Europea y, cuando así les conviene, reclamar para sí los éxitos nacionales.
Por último y ya que hablamos de credibilidad, tengo que decir que Europa no tiene interés en negociar con Turquía, país que no reconoce a uno de los 25 Estados miembros y ocupa territorio europeo. El laxismo ante este país no va en interés de Europa, cuando hemos hecho todo lo posible para mostrarnos estrictos en nuestra evaluación de Bulgaria y Rumanía.
Hans Winkler , Presidente en ejercicio del Consejo. (DE) Señor Presidente, señor Presidente de la Comisión, Señorías, al inicio de este debate, el señor Schulz nos dijo, al igual que el Presidente de la Comisión, que el señor Leinen era una de las personas más importantes de Europa. Estoy totalmente de acuerdo si añadimos a la lista al Presidente en ejercicio del Consejo, es verdad.
(Interrupciones)
Este debate público que tanto deseaba el señor Corbett, y los debates que se han celebrado en esta Cámara en los últimos meses – recordaré el tan constructivo informe del señor Voggenhuber, los debates de la Comisión de Asuntos Constitucionales y las deliberaciones que hemos celebrado en esta ocasión – por fin tienen lugar, y cuando dice que debemos agotar el tema, estoy totalmente de acuerdo.
Hoy hemos celebrado un debate muy importante que influirá igualmente sobre las deliberaciones de los Jefes de Estado y de Gobierno porque es importante para Europa. El Presidente de la Comisión ha declarado con toda claridad, al igual que muchas de sus Señorías y yo mismo, que necesitamos caminar sobre ambas piernas, que necesitamos proseguir con este planteamiento de dos vías consistente en producir resultados y acciones concretos para nuestros ciudadanos, y debatir el futuro de un Tratado constitucional. Considero que es un resultado esencial y se lo trasladaré al Presidente del Consejo de esta forma.
El señor Poettering y algunos más han mencionado la Agencia de los Derechos Fundamentales. Me gustaría hablar sobre este tema brevemente porque es un tema por el que siento gran apego, y tengo la impresión que se ha producido algunos malentendidos a ese respecto. Se trata de que la Unión Europea sea ante todo una comunidad de valores, una unión que defienda los derechos humanos y los enarbole al exterior, y de que tenga una institución que pueda defender y que defienda dichos valores. Consideramos que esta Agencia de los Derechos Humanos sería una institución valiosa y, desde luego, que no competiría de modo alguno con el Consejo de Europa o cualquier otra institución. Quiero pedir a sus Señorías que examinen detenidamente las propuestas presentadas, porque lo que tratamos de evitar es precisamente esa competencia.
El señor Schulz también ha hablado de derechos humanos, sobre Guantánamo, sobre valores comunes y sobre la CIA. Huelga decir que también tenemos que explicar estos valores comunes a nuestros socios y amigos. El Consejo, numerosos Estados miembros y el Presidente en ejercicio del Consejo lo han dejado muy claro y, por supuesto, este será un tema importante en la próxima Cumbre con los Estados Unidos.
La señora Frassoni y algunas otras de sus Señorías – a las que estoy muy agradecido porque se trata de una cuestión importante para la Presidencia austriaca – mencionaron el tema de la transparencia. Esperamos poder producir un buen paquete en el Consejo Europeo. De hecho existen uno o dos problemas que esperamos superar, ya que este es otro de los temas en que coincidimos con el Parlamento en la importancia que tiene para la gente.
La señora Frassoni dijo igualmente que no hemos obrado con la precisión necesaria a la hora de flexibilizar las normas de concesión de visados para los países balcánicos. Quiero subrayar una vez más que tenemos un plan sumamente preciso para conceder un mandato y que en las conclusiones del Consejo se indicará igualmente que estas negociaciones llegarán a buen término durante el año próximo. Sabemos que este aspecto reviste una gran importancia para los países de los Balcanes.
Señor Voggenhuber, no puedo estar con usted cuando afirma que la Presidencia ha celebrado estos debates en los últimos meses a puerta cerrada con la presencia de expertos y elites. Hemos hecho un gran esfuerzo. Posiblemente no siempre hayamos tenido éxito, pero hemos realizado un esfuerzo considerable para hablar con escolares, estudiantes y la gente de a pie de todos los modos posibles. Y lo más importante es que lo hemos intentado con mucho ahínco, y estoy seguro que las futuras presidencias harán otro tanto.
El señor Galeote hizo referencia a la inmigración y, también en este ámbito hemos intentado lograr resultados muy concretos. En el futuro deberemos examinar la posibilidad de establecer una lista de terceros países seguros y, desde luego, necesitamos igualmente una política común de asilo. Existen muchos temas en los que debemos colaborar con nuestros socios en Europa para elaborar una política que tenga en cuenta los intereses de todos.
Asimismo se ha planteado la cuestión de las minorías y permítanme decir a este respecto que ha sido un punto de especial importancia que la Presidencia austriaca también ha intentado abordar.
La señora Resetarits ha vuelto a hablarnos de Zeus y Europa. Europa no solo era la amante de Zeus, sino que también tuvo tres hijos con él. Como es lógico, esta familia tuvo riñas, pero hasta donde sabemos, vivieron felices juntos y me parece que eso nos debería servir de ejemplo.
Si he entendido correctamente al señor Ferber, ha dicho que existen 25 pueblos y ha relacionado este hecho con la Copa del Mundial de fútbol. Si he de interpretarlo como una propuesta de que los 25 o 27 Estados miembros puedan competir en el futuro en los Campeonatos Europeos de Fútbol, solo puedo estar de acuerdo con ello, pues así mi país, Austria, podría por fin volver a participar.
(Aplausos)
José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión. (FR) Señor Presidente, señor Presidente en ejercicio del Consejo, Señorías, creo realmente que este ha sido uno de los debates más interesantes en los que he participado hasta el momento en el Parlamento Europeo. Al margen de los distintos puntos de vista que se han expresado, he observado una voluntad real de hacer avanzar el proyecto europeo y he visto que hay una preocupación muy real por agrupar, por unir: unir a las instituciones, y también, porque necesitamos su apoyo, unir a los Estados miembros y a los ciudadanos de Europa.
Unir a las instituciones porque, seamos claros, necesitamos a las tres instituciones: Parlamento, Comisión y Consejo. Si solo dependiera del Parlamento Europeo y la Comisión, tendríamos ya el Tratado Constitucional, pues la Comisión lo ha aprobado por unanimidad y el Parlamento Europeo por una muy amplia mayoría. Pero debemos contar también con todos los Estados miembros y, por el momento, no tenemos a todos los Estados miembros con nosotros. Por esta razón, es necesario, si realmente queremos resolver la cuestión, hacer una síntesis entre la ambición y el realismo. Hay que reunir a todos los Estados miembros.
Siendo así, como muy bien ha dicho, entre otros, el señor Rasmussen, y nos ha recordado la señora Wallström, hoy, cuando se trata de hacer avanzar a Europa, no basta con pedir a nuestros diplomáticos que se reúnan en un bonito entorno y encuentren la solución. Hoy hay que implicar a los ciudadanos. Pensando en el pasado, a veces me pregunto si el mercado único, el euro, los muchos progresos realizados, si todo esto habría sido posible si, en cada etapa, hubiéramos celebrado un referendo.
Hoy, si queremos hacer avanzar Europa, debemos hacerlo con los ciudadanos y, por esa razón la cosas son sin duda mucho más complejas. Es mucho más difícil, va a llevar algún tiempo, es cierto, pero es una condición indispensable: si queremos hacer progresar Europa, todos los europeos debemos esforzarnos. Y para ello debemos unir el bando europeo. Por este motivo, en mi introducción he hecho este comentario: no hay que sumar al euroescepticismo tradicional de quienes nunca han querido a Europa el europesimismo de los que quieren hacer avanzar a Europa.
(Aplausos)
Las grandes familias políticas europeas pueden expresar, sin duda, distintas posiciones, pero desde el momento en que estamos de acuerdo en hacer avanzar el proyecto europeo, debemos ser capaces de aglutinar nuestro bando para transmitir un mensaje positivo, un mensaje de confianza. La tarea de los que estamos en esta Cámara hoy no es simplemente hacer un comentario: por supuesto, podemos, y de hecho debemos hacer un análisis, pero la tarea de un dirigente, de un representante político, es inspirar confianza y esperanza. Por esta razón me parece esencial tener un programa capaz de reunir a nuestros conciudadanos en torno a resultados, en torno a proyectos, con vistas a la consolidación del gran proyecto europeo.
Podríamos señalar muchos de esos resultados, y me encanta la energía con que trabaja la Presidencia austriaca para obtener resultados concretos. En efecto, hay que decirlo claramente: los Estados miembros, que quieren fines, que quieren objetivos, deben darnos también los medios.
(Aplausos)
Muy a menudo, todos los Estados miembros están de acuerdo hoy en que hay que hacer más cosas a escala europea en materia de seguridad y justicia. Todos los Estados miembros nos dicen que hay que hacer más cosas en materia de lucha contra la inmigración ilegal y de gestión de la inmigración legal. Todos los Estados miembros dicen que hace falta más cooperación, pero después, cuando la Comisión propone que se transfieran del tercer al primer pilar ciertas competencias en materia de justicia y policía, sigo sin ver unanimidad por parte de los Estados miembros con respecto a este proyecto y los recursos necesarios para llevarlo a cabo.
(Aplausos)
Lo mismo sucede con la energía. Hoy existe un consenso sobre la necesidad de una política energética común, de una estrategia común. Pero necesitamos los medios para desarrollar esa estrategia común. Por esta razón, como han dicho entre otros, el señor Goebbels y la señora Frassoni, es importante obtener resultados concretos en materia de eficiencia energética, tener programas para las energías renovables, para poder traducir realmente en la práctica los objetivos del Libro Verde para una energía sostenible segura y competitiva.
Lo mismo sucede con la investigación. Uno de los grandes logros de Hampton Court, entre otros, es que debemos hacer más a escala europea en materia de investigación y desarrollo. Por esta razón, presentamos la idea de un Instituto Europeo de Tecnología como un proyecto insignia para movilizar nuestras energías. Espero que los Estados miembros, si están de acuerdo con los objetivos, puedan darnos también los medios para su realización.
(Aplausos)
Por ello creo, señor Presidente, Señorías, que este Consejo Europeo debería ponerse de acuerdo sobre el camino a seguir. No se trata simplemente de prolongar el período de reflexión, sino de entrar en un periodo de compromiso, que consiste en definir resultados concretos para el futuro próximo a fin de mostrar a nuestros conciudadanos el valor añadido de Europa y, al mismo tiempo, mostrarles, como han dicho el señor Leinen, la señora Méndez de Vigo y otros, el precio de no tener una solución institucional.
Necesitamos una solución institucional y aquí tocamos la cuestión de la ampliación, porque, muy a menudo, en el debate europeo, ponemos a un lado a los que están a favor de la ampliación y, a otro, a los que están a favor de la profundización. Sigo creyendo, como ha dicho el señor Juncker y otros, que necesitamos ambas cosas. La ampliación es precisamente una de las razones fundamentales de la profundización, una de las razones fundamentales que justifican la reforma institucional: una Europa ampliada reclama cada vez con más urgencia una reforma institucional.
(Aplausos)
La respuesta a las dificultades actuales no consiste en dividir Europa en países de primera y de segunda división. La respuesta a las dificultades actuales consiste, por el contrario, en intentar unir a todos los Estados miembros de la Unión: los que forman parte hoy de la Europa ampliada y los que se nos unirán muy pronto. A este respecto, quisiera decirles también que esperamos del próximo Consejo Europeo una señal clara de compromiso a favor de la adhesión de Rumanía y Bulgaria el 1 de enero de 2007 si esos países cumplen todas las condiciones que hemos fijado, por cuya realización se esfuerzan desde hace meses. Espero que el Consejo lo haga.
Por último, como han dicho algunos de ustedes, entre otros el señor Stubb, hay que tener perspectiva. Sé que hoy la nostalgia negativa está de moda: ¡oh, qué bien estaba Europa hace diez o veinte años! Pero, honestamente, ¿de qué Europa hablamos? ¿Estábamos mejor hace veinte años, cuando gran parte de nuestro continente no conocía la libertad, cuando gran parte de nuestro continente estaba dividido por regímenes que no estaban a favor de la libertad y la democracia?
(Aplausos)
¿Estábamos mejor hace diez años cuando los Balcanes eran escenario de masacres? ¿No forman los Balcanes también parte de nuestra Europa? ¿No queremos extender el espacio de libertad y democracia a los europeos de los Balcanes? Por ello, no comparto la depresión y el pesimismo. Creo que, con perspectiva, comprendemos la necesidad de Europa de avanzar. Cierto, Europa tiene dificultades y la cuestión institucional es una dificultad considerable, pero no caigamos en ese negativismo, ese escepticismo, ese cinismo que está hoy tan de moda. Unámonos en torno a valores como, quiero subrayarlo aquí, los del Derecho. Algunos de ustedes han hablado de Guantánamo. Pues bien, hay que decir muy claro que no hay absolutamente nada en el mundo que justifique que para luchar contra el terrorismo pueda existir un vacío desde el punto de vista del respeto de los derechos humanos. En tales casos, Europa debe defender sus valores y convicciones.
(Aplausos)
Así que estemos orgullosos de Europa. Nuestros socios latinoamericanos nos preguntan: ¿cómo lo han conseguido? Nosotros también intentamos hacer progresar la integración regional, ¿cómo lo ha conseguido Europa? Cuando hablamos con nuestros interlocutores en Rusia, China, la India y otras partes, ponen de manifiesto un gran respeto por una Europa que es una Europa ampliada y poderosa. Estemos orgullosos de Europa. Estemos orgullosos de nuestros valores, y creo que manifestando esta confianza y este espíritu de unión, aquellos de nosotros que realmente creemos en los valores europeos podremos resolver las dificultades actuales y hacer avanzar nuestro proyecto de Europa: una Europa competitiva, una Europa abierta, pero también una Europa basada en la idea de la solidaridad, una Europa que quiere dominar la globalización, y no sufrirla. Este es nuestro gran proyecto para Europa.
(Aplausos)
El Presidente. He recibido siete propuestas de resolución(1)para concluir el debate, presentadas de conformidad con el apartado 2 del artículo 103 y el apartado 5 del artículo 108 del Reglamento.
El debate queda cerrado.
La votación tendrá lugar hoy a las 12.30 horas.
Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)
Ilda Figueiredo (GUE/NGL). – (PT) Las declaraciones de la Comisión y del Consejo ponen de manifiesto que el próximo Consejo Europeo no adoptará las medidas que tanto necesitamos para cambiar lo que el señor Barroso ha denominado la «crisis cultural» de Europa, y que no quieren comprender las causas de las críticas que expresan los ciudadanos de los Estados miembros.
Eluden reconocer que la principal razón del descontento popular es la actual crisis social, que el proyecto de conclusiones del Consejo solo aborda al margen y pospone hasta un informe que se presentará en el mes de marzo de 2007. El único interés del Consejo es proseguir con las liberalizaciones, la Directiva para completar el mercado interior de servicios y la política común en materia de energía.
La prioridad absoluta es la cuestión constitucional, que el documento de las conclusiones omite igualmente, pero que ha sido el tema central –y prácticamente el único– del discurso del Presidente de la Comisión. En él subrayaba que la Comisión considera que sería perjudicial no continuar con el proceso, sin tener en cuenta que el proceso democrático condujo a que los pueblos de Francia y los Países Bajos rechazaran la Constitución europea, algo que las instituciones comunitarias deberían respetar.
Al anunciar nuevas formas de propaganda, como la propuesta Declaración sobre la Europa política, que se presentará el año próximo y que firmarán todas las instituciones de la Comunidad, el Consejo sigue una vía que no aborda los problemas reales.
Filip Kaczmarek (PPE-DE). – (PL) El futuro de Europa es algo muy importante. No es verdad que los buenos europeos deben ser federalistas. Podemos ser buenos europeos sin ser partidarios entusiastas del Tratado constitucional. ¿Deberíamos prorrogar el período de reflexión? Sin duda alguna, aunque tenemos que asegurarnos de que este período se utilice realmente para reflexionar y no para hacer súplicas, buenos deseos o crear la falsa impresión de que no existe alternativa al Tratado.
La prórroga del período de reflexión debería utilizarse para pensar en lo que los europeos desean realmente, en cómo encontrar un equilibrio entre los Estados grandes y los pequeños, entre los antiguos Estados miembros y los nuevos, entre las regiones más ricas y las más pobres, entre el anhelo de competitividad y el dogma del modelo social europeo. No va a ser tarea fácil. Me preocupa que no podamos resolver estos problemas si limitamos nuestras consideraciones al texto actual del Tratado constitucional. También es importante mostrarnos honestos con los europeos. ¿Estamos seguros de que aceptarán una ampliación de la Unión Europea lograda mediante el refuerzo del dominio político de los mayores Estados de la Unión Europea? ¿Han participado todos los actuales Estados miembros de la UE en pie de igualdad en la elaboración del Tratado constitucional?
Mucho se hablado sobre la necesidad de acercar Europa a los ciudadanos, de que estos puedan comprenderla con más facilidad. Espero que este deseo se aplique igualmente al debate sobre la Constitución europea.
Jules Maaten (ALDE). – (NL) El Tratado constitucional de la Unión Europea plantea ambiciones que la Unión no ha sido capaz de hacer realidad hasta ahora. La UE ha fracasado en la estrategia que se suponía debería convertir a Europa en la economía basada en el conocimiento más competitiva del mundo, en la cooperación para luchar contra la gripe aviar y en la aplicación de la política exterior común. Resulta muy comprensible que los europeos cuestionen nuestra aspiración de tener una Constitución con todas las de la ley, si ni siquiera podemos llegar a acuerdos en todos esos otros ámbitos, o si violamos los acuerdos vigentes, como el Pacto de estabilidad.
Debemos ser más modestos. Llevemos a cabo primero las reformas institucionales que son realmente necesarias. Esos cambios, que se recogen en el Capítulo 1 del Tratado Constitucional de 2004, pasarían a tener el carácter de un tratado ordinario y se evitaría la necesidad de celebrar un referendo en cada Estado miembro.
La Carta de los derechos fundamentales de la Unión Europea también debe convertirse en un Tratado llegado el momento. Actualmente concede al actual proyecto de Tratado sus matices constitucionales precisamente en aquellos ámbitos en los que la Unión no está lista para ellos. Yo hubiera preferido que se incluyera la elección directa del Presidente de la Comisión Europea. De esa manera al menos resolveríamos los problemas más urgentes y prestaríamos apoyo tanto al Parlamento Europeo como a los Parlamentos nacionales.