El Presidente. De conformidad con el orden del día, se procede al debate de seis propuestas de resolución sobre la situación humanitaria de los refugiados iraquíes.
Marios Matsakis (ALDE), autor. – (EN) Señor Presidente, señor Comisario, Iraq está sumido actualmente en un abismo catastrófico y el pueblo iraquí se encuentra en estado de absoluta desesperación y desconcierto. Los datos estadísticos confirmados que aportan agencias internacionales, como la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Iraq (UNAMI) y otras organizaciones internacionales, son francamente desalentadores y angustiosos. Un promedio de un centenar de personas mueren a diario de forma violenta y doscientas resultan heridas; el 50 % de la población subsiste con menos de un dólar diario y el desempleo afecta a más del 80 % de la población. Solo una minoría tiene acceso a un abastecimiento adecuado de agua y a sistemas de saneamiento eficaces. El suministro de electricidad está fuertemente restringido y sufre frecuentes interrupciones sin previo aviso. Cuatro de cada cinco médicos han abandonado sus hospitales y tres de cada cuatro niños no están escolarizados.
Hay casi tres millones de desplazados internos, o sea, refugiados dentro de su propio país, y esta cifra se incrementa en unas dos mil personas diarias. Otros dos millones de iraquíes están refugiados en países vecinos, concretamente en Siria, Jordania, la región del Golfo, Egipto e Irán. Estas personas no tienen reconocida formalmente la condición de refugiados y carecen de la consiguiente protección.
La UE y la comunidad internacional en general tienen el deber moral de manifestar compasión y comprensión ante las terribles circunstancias en las que se encuentran los refugiados iraquíes. Además –y esto es aún más importante– tienen que adoptar medidas mucho más eficaces para garantizar que esa pobre gente reciba la ayuda y el apoyo que tan desesperadamente necesita para poder sobrevivir a la indignidad y al desastre que ha caído sobre ellos.
La presente propuesta de resolución conjunta enumera una serie de medidas importantes para ayudar a los refugiados iraquíes a llevar una existencia más humana.
Hasta el momento he intervenido en calidad de representante de mi Grupo, pero permítanme que añada ahora unas palabras a título personal. Iraq es un país relativamente joven; no se independizó de Gran Bretaña hasta 1932. A esto le siguió una historia agitada y, finalmente, Sadam Husein accedió al poder. Era un tirano y un criminal, pero Occidente, incluidos lamentablemente algunos Estados europeos, le ayudó a hacerse con el poder.
No obstante, triste es decirlo, incluso los peores tiempos de Gobierno totalitario de Sadam Husein resultan insignificantes en comparación con la mortandad, la destrucción y el sufrimiento que se han abatido sobre el pueblo iraquí tras la invasión de Bush-Blair y la ocupación continuada del país. Esos dos «guardianes de la paz» ordenaron un ataque contra Iraq con la promesa de que ello aportaría felicidad y prosperidad al pueblo iraquí. Lo que consiguieron fue, en cambio, desencadenar una calamidad de proporciones gigantescas. Aun así, algunos círculos de la UE continúan aplaudiendo esa invasión y, recientemente, han acordado recompensar al señor Blair por sus servicios a favor de la «paz» en el mundo árabe nombrándole Representante Especial del «Cuarteto» en Oriente Próximo. ¡Que Dios aporte un poco de cordura a esos círculos y nos proteja de los Bush y los Blair de este mundo!
Esko Seppänen (GUE/NGL), suplente del autor. – (DE) Señor Presidente, Comisario, leeré el discurso de Tobias Pflüger. «Lamentablemente, hasta hoy no hemos celebrado un debate sobre la asistencia a los refugiados iraquíes. Lo lamento profundamente. ¿Por qué los Grupos de los liberales, los nacionalistas de derecha y los conservadores retiraron el tema del orden del día del último periodo parcial de sesiones? En su lugar, la Cámara se enzarzó en un debate ideológico sobre Cuba.
La situación en Iraq es desesperada. Desde la invasión por parte de los Estados Unidos y la formación de la llamada “coalición de voluntades” han sido asesinadas más de 600 000 personas. Más de 2 millones de iraquíes han huido del país. A estos se pueden añadir 2 millones de ciudadanos que, dentro del país, han sido desterrados de sus hogares y más de 40 000 refugiados no iraquíes. El número de personal de servicio de los Estados Unidos que ha perdido la vida crece cada día y ahora alcanza los 3 600. Lamentablemente, a causa de su participación en la guerra y su apoyo a la misma, algunos Estados miembros de la UE –y Alemania es uno de los principales culpables– tienen una parte importante de la responsabilidad por la situación en Iraq.
Ahora hay que prestar ayuda efectiva a los refugiados. Esa no puede ser tarea solo de los países vecinos. La UE debe asignar fondos para este propósito. Las deportaciones a Iraq deben detenerse inmediatamente. Las tropas de los Estados Unidos y sus aliados de la llamada coalición de voluntades deben retirarse. Los Estados miembros de la UE deben dejar de apoyar la guerra. Es imprescindible poner fin a la guerra ilegal y a la ocupación de Iraq.»
Charles Tannock (PPE-DE), autor. – (EN) Señor Presidente, yo fui uno de los políticos que apoyaron la guerra de Iraq en 2003 con el convencimiento de que Sadam Husein representaba un grave riesgo a largo plazo para la estabilidad regional, pero también debido a la horrenda brutalidad de su régimen baasista. Pensaba que este sería sustituido por la democracia, el respeto de los derechos humanos y el Estado de Derecho.
Sin embargo, como muchos otros, lamentablemente subestimé la intensidad de la insurgencia subsiguiente y la grave carencia de planes para el tiempo de paz posterior a después de la invasión –por parte de nuestros aliados estadounidenses, en particular–, así como el desastroso desmantelamiento del ejército iraquí como medida desbaasificadora, que dejó fuera de control a los oficiales sunitas descontentos, libres para ofrecer sus conocimientos expertos a la insurgencia. Tampoco se logró blindar las fronteras jordana y siria contra la penetración de extremistas yihadistas, que acudían en tropel a golpear a los aliados; a lo cual se suma el hecho de que Sadam abrió las cárceles antes de su caída, de manera que la delincuencia organizada se añadió al cóctel letal, siempre con la interferencia de Irán en el bando de los chiítas en lo que ya se ha convertido prácticamente en una guerra civil.
Curiosamente, inmediatamente después de la invasión había pocos desplazados internos o refugiados, en comparación con el éxodo anterior de los kurdos en tiempos de Sadam. Paradójicamente, el flujo de refugiados kurdos se ha interrumpido ahora, dado que se trata de una de los pocos reductos de paz que quedan en el país.
Lamentablemente, durante los dos últimos años un gran número de iraquíes –más de dos millones, tal vez– han abandonado el país, sobre todo miembros de las sufridas y largo tiempo perseguidas minorías asirias cristianas, presionadas por los islamistas de todos los bandos, que les acusan de colaborar con los cruzados, y por los kurdos, que codician sus tierras. El canónigo Andrew White, que estaba al frente de la única iglesia anglicana de Iraq, dejó Bagdad ayer ante el temor por su vida y su seguridad, después de haber intentado conseguir la liberación de los cinco británicos secuestrados.
Aun así, en el momento actual, la UE debe contribuir más a mitigar la crisis aumentando la ayuda financiera a los Estados árabes vecinos, que han recibido al grueso de los refugiados –sobre todo Jordania y Siria– y que han destacado por su acogida a los asirios. Los Estados miembros de la UE también deben aceptar más refugiados, de manera temporal, dentro de los límites de lo razonable.
Paulo Casaca (PSE), autor. – (PT) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, hermanos y hermanas iraquíes, una palabra inicial en memoria de todos aquellos que han sido privados de su tesoro más preciado a causa de su origen étnico o religioso, de sus creencias reales o supuestas, o por ser un símbolo de valentía política y espíritu público. Permítanme que me centre en mi camarada, compañero y amigo, el diputado al Parlamento Mohamad Hosein Ahuad, la mismísima encarnación de la lucha contra el fascismo teocrático, que fue asesinado el 12 de abril en el Parlamento iraquí.
Para que las cegadoras lágrimas del dolor no impidan que veamos a aquellas mujeres que siguen luchando por mantener a sus hijos con vida en los senderos de la limpieza étnica, los innumerables miles de iraquíes que tienen la mirada perdida en el infinito en las calles de Ammán, Damasco y El Cairo, víctimas gravemente afectadas de síndromes postraumáticos, los campamentos montados en plazas o en los contrafuertes de iglesias o mezquitas en ruinas, me gustaría enviar un mensaje de solidaridad, de amor, de cariño y de esperanza para todos.
No podemos ni siquiera imaginar, como tampoco expresar con palabras, la barbarie de las fuerzas de la oscuridad que ensayaron su plan para el conjunto del gran Oriente Próximo a orillas del Tigris y el Éufrates. La resolución común que ahora presentamos es un primer paso decisivo para invertir esta situación.
Jean Lambert (Verts/ALE), autora. – (EN) Señor Presidente, acojo con agrado la resolución y, como otros, también estoy francamente preocupada por la situación verdaderamente trágica que estamos viendo en Iraq y en sus fronteras en este momento. Es un pueblo que ya ha sufrido guerras, limpieza étnica, una dictadura brutal, una invasión ilegal y violencia comunitaria, y ahora ve cómo se le cierran las fronteras por fuera y por dentro, con pocas oportunidades de reasentamiento y con una acogida muy ambigua por parte de la Unión Europea, suponiendo que alguno consiga llegar.
No debería sorprendernos que la guerra genere refugiados –siempre es así– y de hecho, como ya se ha dicho, algunos de nuestros Estados miembros tienen una grave responsabilidad por la situación. Por una vez puedo estar de acuerdo con el señor Tannock, sin duda en lo que respecta a la falta de planes para después de la guerra.
Acojo con especial agrado el rechazo, en esta resolución, del retorno forzoso de los refugiados iraquíes o de quienes han visto rechazadas sus solicitudes y residen actualmente en la Unión Europea, y en este momento es sin duda necesario definir un estatuto para esas personas, en vez de dejarles abandonados en la miseria en nuestros propios Estados miembros, como está ocurriendo en algunos lugares.
Por mi parte, diría que actualmente no hay ninguna zona segura en Iraq. Incluso en el Kurdistán podemos observar la acumulación masiva de tropas turcas en sus fronteras, que obstaculiza la posibilidad del retorno a las aldeas destruidas y socava los esfuerzos por mejorar la estabilidad económica en la zona. De hecho, algunos de los que fueron devueltos llevaban chalecos antibala y casco, lo que a mi parecer indica que la zona no es exactamente segura. Hace solo una semana también recibimos un informe de Human Rights Watch que manifiesta que, a pesar de los esfuerzos de las autoridades del Kurdistán, las fuerzas de seguridad partidarias continúan practicando secuestros y torturas; de manera que no existe ninguna zona verdaderamente segura en Iraq.
Sabemos que tenemos que aumentar nuestro apoyo a los países que se ocupan de los refugiados en las fronteras y al ACNUR, pues ya sabemos lo que sucede cuando se ignora la difícil situación de los refugiados en la frontera. Basta recordar nuestra propia experiencia cuando en mayor o menor medida volvimos la espalda a los dos millones de refugiados afganos en la frontera paquistaní y les dejamos abandonados sin un apoyo adecuado; alguien llena ese vacío y el resultado no siempre es de nuestro agrado.
Acojo con satisfacción que en la resolución se inste a la Comisión a explicar con mayor detalle, en la Comisión de Presupuestos del Parlamento, qué ayuda estamos prestando exactamente en Iraq y cómo nos proponemos ayudar a los países vecinos. No obstante, pienso que también deberíamos examinar nuestras propias políticas de reasentamiento con el fin de ofrecer apoyo al menos a algunos de los que, una vez más, están viendo absolutamente alteradas sus vidas.
Bogusław Rogalski (UEN), autor. – (PL) Señor Presidente, la situación humanitaria y de los derechos humanos en Iraq está deteriorándose constantemente. Eso es lo que revelan los informes de la misión de asistencia de las Naciones Unidas para Iraq.
Las estadísticas son horrendas. Como media, cada día mueren alrededor de 100 personas y más de 200 resultan heridas. El 50 % de la población vive con menos de un dólar al día y el índice de desempleo alcanza el 80 %. Los suministros de agua son insuficientes y los sistemas de alcantarillado son ineficientes, lo que fomenta la propagación de enfermedades. Tres cuartos de los niños no van a la escuela. La actividad criminal, los ataques armados, los secuestros de personas implicadas en actividades políticas o de resconstrucción del país son sucesos que tienen lugar todos los días. Por eso son tantos los iraquíes que huyen de su país y más de 2 millones de personas son desplazados internos. También cabría destacar que en suelo iraquí hay más de 40 000 refugiados procedentes de otros países, incluidos 15 000 palestinos. Ese es el panorama actual de Iraq.
Por ello es preciso que actuemos de inmediato en el plano humanitario y político a fin de aliviar la trágica situación a la que se han visto abocados los refugiados. Debemos recordar que medio millón de esos refugiados son niños. Debemos garantizar que se registren los desplazados internos, para que tengan derecho a raciones de alimentos. Hoy se les niega este derecho. También debemos influir sobre los países vecinos para que dejen de imponer restricciones a la entrada de los refugiados, obligando así a muchos a quedarse en las fronteras.
La Unión debe asegurarse de que la ayuda que enviamos a Iraq, a los iraquíes, sea completa y sostenible y esté coordinada con las acciones de los Estados Unidos. La Unión debería rechazar el prejuicio antiamericano de una vez por todas. Es la única forma en que podremos aliviar la situación increíblemente difícil a la que han de hacer frente millones de refugiados y por tanto evitar una crisis humanitara a gran escala.
También pedimos al Gobierno Iraquí que tome de inmediato medidas para garantizar la seguridad de los desplazados y el cese de la discriminación de las personas en función de sus orígenes. La Comisión Europea, entretanto, debería incrementar la ayuda humanitaria destinada a todos los desplazados de Iraq y ofrecer apoyo a los países vecinos que ya prestan este tipo de asistencia.
Eija-Riitta Korhola, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (FI) Señor Presidente, la difícil situación de los refugiados iraquíes sigue siendo grave, salvo por un paso que se ha dado en la buena dirección. La recomendación del principal delegado de las Naciones Unidas para los refugiados de conceder el estado de refugiado a las personas del sur y el centro de Iraq que busquen asilo de acuerdo con lo estipulado en la Convención de 1951, es una solución que se acoge favorablemente. Como también lo es la oferta de formas adicionales de protección en los casos en que no se conceda el estatuto de refugiado.
Quisiera abordar dos cuestiones en concreto, sin salir de las fronteras de Iraq. En primer lugar, la situación de las minorías religiosas se hace cada vez más intolerable. Los asirios, armenios, ortodoxos y otros grupos cristianos, así como los mandeos y los judíos, están siendo escandalosamente discriminados en el mercado laboral, entre otros. En ciertas zonas, las autoridades son totalmente incapaces de proteger a las minorías de la violencia ejercida por soldados musulmanes. De hecho, prácticamente no hay libertad religiosa.
En segundo lugar, me parecen increíbles las amenazas que han lanzado las autoridades iraquíes de congelar el suministro de artículos vitales a los refugiados iraníes. Estos miembros de la oposición tienen estatuto de refugiados de acuerdo con el Derecho internacional, así como un derecho inalienable a la protección.
John Attard-Montalto, en nombre del Grupo del PSE. – (EN) Señor Presidente, tenemos que reconocer que lo que está ocurriendo y lo que ha ocurrido en Iraq es mucho peor que una guerra civil, una pregunta que a menudo se plantea. Evidentemente, no se trata de una guerra civil. Es algo peor. Es el caos absoluto. Nadie tiene la menor idea de cómo resolver el desastre en que sumimos a Iraq ni ningún plan para ello. Digo «sumimos» porque lo que ocurrió no era necesario, no se había pedido y tampoco se deseaba. Fue una invasión que se ha convertido en una terrible pesadilla para quienes participaron en ella.
Cuando se comete un error, es preciso asumir la responsabilidad por el mismo. Ya va siendo hora de que quienes participaron, los países de la coalición y sus socios aquiescentes, asuman la responsabilidad por lo que le ha ocurrido al pueblo iraquí, especialmente a los refugiados que buscan ayuda y que, incluso cuando consiguen encontrarla, solo reciben un apoyo mínimo.
Ya va siendo hora de que quienes cometieron el error inicial y son responsables de la caótica situación demuestren esa responsabilidad, y los refugiados son los primeros que deben recibir ayuda.
Kathy Sinnott, en nombre del Grupo IND/DEM. – (EN) Señor Presidente, señor Comisario, prácticamente oculta entre las noticias constantes sobre la violencia en Iraq, apenas se escucha la voz de la minoría cristiana de ese país. Esa pequeña población carece de toda protección y la comunidad internacional prácticamente desconoce su existencia. Esas personas están sufriendo intensas oleadas de persecución violenta. Los cristianos iraquíes se enfrentan a la necesidad de elegir entre el exilio –si consiguen escapar–, la conversión o la persecución.
Esta última adopta muchas formas: violencia, discriminación laboral, confiscación de bienes, etc. Para un sacerdote caldeo cristiano, Ragheed Aziz Ganni, la persecución se saldó con su muerte.
¿Qué va a hacer la Comunidad Europea para ayudar a las comunidades cristianas caldeas, asirias y ortodoxas? El Gobierno iraquí proclama su compromiso de acabar con la violencia, pero la falta de seguridad impide garantizar la paz sobre el terreno y proteger a las poblaciones vulnerables. Estas necesitan nuestra ayuda.
Jean-Claude Martinez, en nombre del Grupo ITS. – (FR) Señor Presidente, está muy bien presentar una resolución sobre Iraq en aras de la situación humanitaria, los refugiados, la ayuda internacional, etc. ¿Quién no podría estar de acuerdo, por otra parte, con el considerando A y los hechos que constata de que cada día hay 100 muertos y 200 heridos, el 70 % de la población no tiene agua, 3 millones de personas están desnutridas y 2 millones están refugiadas, entre ellas 500 000 niños, en Siria, Jordania, Egipto y otros lugares?
Pero, ¿quién ha hecho esto? ¿Quién es el responsable? ¿Quién ha sembrado el caos? ¿Fue Sadam Husein o el partido Baas? El caos surgió de la guerra, una guerra injusta a los ojos de los teólogos de la Edad Media, una guerra ilegal con arreglo a la Carta de las Naciones Unidas, una guerra declarada sobre la base de una mentira contada por dos Jefes de Estado, el de los Estados Unidos y el del Reino Unido. ¿Quién apoyó esta guerra aquí, en el Parlamento Europeo? ¿Quién justificó, pidió y aprobó la intervención que condujo al caos? El actual Ministro de Asuntos Exteriores francés, el señor Kouchner, y algunos de los signatarios de esta resolución lo hicieron.
¿Qué se supone que debemos decir? ¿Que está muy bien ser humanitarios a afrontar los efectos, pero que es mejor prevenir y evitar las causas? ¡Ese es el problema de la Europa política! En Europa queremos tanto los derechos humanos que en todas partes –en Palestina, en Iraq, en África, en el terreno de la globalización económica– apoyamos políticas que, al violar como hacen estos derechos humanos, nos permiten reafirmar nuestro amor infinito por esos mismos derechos humanos, violados en última instancia con nuestro previo apoyo. Así pues, está muy bien proponer en el apartado 16 centros postraumáticos para los refugiados, pero también habría que prever centros de prevención política, aquí, para nuestros dirigentes, de modo que se les pueda enseñar sabiduría, lucidez y valentía para decir «no», enseñarles a rechazar el optimismo ingenuo que destruye todo en su estela.
Justas Vincas Paleckis (PSE). – (LT) Apoyo la resolución y compadezco a los más de 4 millones de iraquíes que han sido obligados a huir de su tierra natal. Esa cifra es superior al número de habitantes de mi patria, Lituania. Las cifras de refugiados siguen creciendo y la mitad de ellos se ven obligados a huir al extranjero. La situación en Iraq no mejora. Los refugiados están condenados a vegetar en la pobreza, normalmente sin ningún empleo, mientras sus hijos crecen abocados al analfabetismo. Por estas razones, las organizaciones terroristas pueden reclutar seguidores.
La ayuda humanitaria a los refugiados es vergonzosamente escasa si se compara con las cifras que gastan en armas los Estados Unidos y el Reino Unido, los países que iniciaron la guerra de Iraq. Los 60 millones de dólares estadounidenses aportados por donantes de los Estados Unidos son tan solo una gota en el océano.
Este año llegarán a los países de la Unión Europea unos 40 000 refugiados de Iraq –el doble que el año pasado–, mientras que los Estados Unidos apenas han aceptado varias docenas de iraquíes este año.
Estaría bien que los líderes de los Estados Unidos y el Reino Unido visitaran Iraq y los países vecinos y vieran con sus propios ojos el sufrimiento de los refugiados. A lo mejor así se comportaban de otra forma.
Janez Potočnik, miembro de la Comisión. (EN) Señor Presidente, el deterioro de la seguridad en Iraq ha provocado un desplazamiento de población en gran escala: alrededor de dos millones de iraquíes han huido dentro de las fronteras de Iraq y aproximadamente otros dos millones han huido a los países vecinos, de los cuales 750 000 se encuentran en Jordania y 1,4 millones en Siria. Este desplazamiento puede desembocar en una crisis humanitaria y podría llegar a constituir un riesgo para la estabilidad en la región, y la Comisión también está sumamente preocupada por las dimensiones del sufrimiento humano.
Estamos siguiendo atentamente la situación sobre el terreno y examinamos de manera constante cualquier evolución de la misma. Mantenemos estrecho contacto con otros actores clave de la comunidad internacional, como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. En este contexto, la Comisión participó activamente en la Conferencia Internacional del ACNUR del pasado mes de abril en Ginebra.
Por lo que respecta a la ayuda existente, con el fin de aliviar las penurias de los desplazados, en 2006 la Comisión asignó, a través de EuropeAid, 10 millones de euros para el apoyo a las personas desplazadas internamente. En febrero de 2007, a modo de respuesta rápida ante el deterioro de la situación y atendiendo al llamamiento lanzado por el ACNUR en enero, la Comisión anunció, a través de ECHO, una asignación adicional de 10,2 millones de euros, repartida en 4 millones de euros para los desplazados internos y 6,2 millones de euros para los iraquíes desplazados en el exterior. Además, la Comisión mantiene su apoyo a la prestación de servicios básicos dentro de Iraq.
Comprendemos que este apoyo sigue siendo limitado frente a las dimensiones del sufrimiento humano. Pero solo se trata de una primera respuesta inmediata a la situación humanitaria. La Comisión está examinando en este momento diversas opciones para mejorar la ayuda a los refugiados iraquíes en el futuro. Sin embargo, la situación de la seguridad limita gravemente la prestación de ayuda dentro de Iraq. Muchos de nuestros socios, incluido el ACNUR, solo mantienen una presencia mínima en Iraq.
La Comisión está intentando evaluar mejor la situación y transmitir al mismo tiempo su voluntad de continuar ayudando a los refugiados iraquíes por medio de diversas misiones técnicas y políticas. El Comisario Michel visitó personalmente la región a finales de abril. Desde entonces también se han desarrollado varias misiones técnicas en Jordania y Siria.
Por lo tanto, mantenemos nuestro compromiso de seguir colaborando con los países que acogen a refugiados iraquíes. La Comisión ya ha mantenido y va a seguir manteniendo conversaciones periódicas sobre la situación con las autoridades sirias y jordanas.
En particular, esperamos participar en el Grupo de Trabajo sobre los Refugiados que se acordó constituir en Sharm el Sheij, que según las últimas noticias tiene previsto reunirse en Ammán el 22 de julio. La Comisaria Ferrero-Waldner ya ha manifestado que la Comisión está dispuesta a prestar asistencia técnica al grupo de trabajo con el fin de facilitar el proceso.
Consideramos que la única solución duradera para los refugiados es la paz y la reconciliación en Iraq. Vamos a continuar apoyando a los refugiados iraquíes con objeto de alcanzar ese fin. Estoy de acuerdo con ustedes en que tenemos el deber moral de ayudar.