2. Inmigración - Plan de política en materia de migración legal - Prioridades políticas en la lucha contra la inmigración clandestina de los nacionales de terceros países (debate)
Presidenta. – De conformidad con el orden del día, se procede al debate conjunto sobre lo siguiente:
- las declaraciones del Consejo y de la Comisión sobre la inmigración,
- el informe de Lilli Gruber, en nombre de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, sobre el plan de política en materia de migración legal [2006/2251(INI)] (A6-0322/2007),
- el informe de Javier Moreno Sánchez, en nombre de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior, sobre las prioridades políticas en la lucha contra la inmigración clandestina de los nacionales de terceros países [2006/2250(INI)] (A6-0323/2007).
Manuel Lobo Antunes, Presidente en ejercicio del Consejo. − (PT) Señora Presidenta, señor Comisario, Señorías, la Unión Europea continúa enfrentándose a unos desafíos importantes en lo que respecta a su respuesta a la evolución de la situación de la migración.
El Planteamiento global sobre la migración, adoptado por el Consejo Europeo en diciembre de 2005, sigue constituyendo el marco básico de definición de la respuesta a esos desafíos. Al adoptar el Planteamiento global, el Consejo Europeo subrayó la necesidad de un planteamiento equilibrado, global y coherente que englobara unas políticas encaminadas a luchar contra la inmigración clandestina y a aprovechar las ventajas de la migración legal, en cooperación con terceros países. La aplicación del Planteamiento global ha sido una cuestión prioritaria para las sucesivas Presidencias.
El Planteamiento global sobre la migración no ha quedado intacto, sino que el Consejo Europeo lo ha perfeccionado y desarrollado, a la luz de los acontecimientos y los avances realizados en su aplicación. Ahora forma parte de la política global de migración de la Unión Europea.
En su reunión de los días 21 y 22 de junio de este año, el Consejo Europeo adoptó una serie de conclusiones sobre la ampliación y la intensificación del Planteamiento global. En esas conclusiones, se prevé, concretamente, la aplicación del Planteamiento global a las regiones orientales y sudorientales vecinas de la UE, así como la creación de asociaciones de movilidad y migración circular entre la UE y terceros países.
Los acontecimientos de este verano y, en particular, los que han tenido lugar en las fronteras marítimas meridionales de la UE han puesto de manifiesto la importancia de la aplicación del Planteamiento global. Mientras sigamos aplicando el Planteamiento global, se deben tomar medidas encaminadas tanto a la lucha contra la inmigración clandestina como a la creación de oportunidades de migración legal.
El Consejo ha tratado de realizar progresos en lo que respecta a esos dos objetivos inseparables; en su reunión de junio, debatió la situación de las fronteras mediterráneas meridionales, reiteró la importancia del papel que debe desempeñar Frontex y decidió seguir trabajando a partir de las propuestas de Malta. Ese trabajo dio lugar a la adopción —en la reunión del Consejo del 18 de septiembre— de una serie de conclusiones sobre la intensificación de la gestión de las fronteras marítimas meridionales de la UE. En algunas de esas conclusiones, se hace un llamamiento para que se tomen iniciativas urgentes a fin de reforzar las medidas actuales y los acuerdos existentes. Se insta a los Estados miembros a que presten una ayuda bilateral a aquellos Estados miembros que, debido a su situación geográfica y a su nivel de cooperación con los terceros países vecinos, estén sometidos a una presión excepcional en lo que respecta a la inmigración clandestina. Esa cooperación englobará, entre otras cosas, medidas de retorno, condiciones de acogida y responsabilidades para con los solicitantes de asilo, refugiados y menores.
En las conclusiones, se subraya asimismo la necesidad de intensificar la cooperación en este ámbito con los terceros países de origen y de tránsito, sobre todo con respecto a la gestión de sus fronteras, la asunción de la responsabilidad de las operaciones de búsqueda y salvamento, la lucha contra la trata de seres humanos y contra el contrabando y la creación de un marco eficaz para el retorno de los inmigrantes clandestinos.
Se ha hecho hincapié en la necesidad de una estrecha cooperación con organizaciones internacionales como el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y la OIM (Organización Internacional para las Migraciones). Otro aspecto fundamental es el intento de intensificar las actividades de Frontex, en particular, mediante operaciones conjuntas a largo plazo y mediante la ampliación de las actividades en el marco de la red europea de patrullas costeras.
En cuanto a las medidas a largo plazo, el Consejo ha invitado a la Comisión a presentar un informe sobre posibles medidas adicionales, además de un análisis exhaustivo de algunas de las propuestas de Malta, un estudio de las partes pertinentes del Derecho marítimo y un compromiso con la creación de equipos de expertos en materia de asilo, en el marco del debate en curso relativo al Libro Verde de la Comisión sobre el Sistema Europeo Común de Asilo.
La función de Frontex de garantizar que los Estados miembros controlen de forma eficaz las fronteras exteriores de la Unión Europea es cada vez más importante. Como bien saben, Frontex inició su actividad en octubre de 2005 y, aunque no ha transcurrido mucho tiempo desde entonces, ya ha desarrollado su capacidad operativa y ha tomado importantes medidas encaminadas a reforzar la seguridad de las fronteras exteriores de la Unión Europea, centrándose en la lucha contra la inmigración clandestina. Ya se han llevado a cabo varias operaciones conjuntas coordinadas por Frontex, y hay otras en curso en el Atlántico y en el Mediterráneo. Fue especialmente importante el lanzamiento —en mayo de este año— de la red europea de patrullas costeras, en la que, a largo plazo, se integrará el futuro sistema de seguimiento europeo.
Otro acontecimiento importante fue la adopción por parte del Consejo del Reglamento por el que se establece un mecanismo para la creación de equipos de intervención rápida en las fronteras (denominados RABIT) en julio de este año y su entrada en vigor el 20 de agosto. Con arreglo al Reglamento, se establece un mecanismo para la prestación de una asistencia operativa rápida durante un período limitado a cualquier Estado miembro que la solicite por encontrarse en una situación excepcional y urgente, especialmente debido a la llegada de un gran número de nacionales de terceros países a determinados puntos de las fronteras exteriores con la intención de entrar clandestinamente en la Unión Europea.
Actualmente Frontex está aplicando ese Reglamento. Sin embargo, la eficacia de las operaciones coordinadas por Frontex requiere la disponibilidad de un equipo adecuado. Con arreglo a lo dispuesto en el Reglamento Frontex, Frontex ha creado un registro centralizado del equipo técnico disponible, denominado CRATE. En ese registro ya figura un gran número de helicópteros, aeronaves, barcos y otros equipos que los Estados miembros están dispuestos a facilitar para las operaciones coordinadas por Frontex.
En lo que se refiere a las medidas legislativas en materia de inmigración ilegal, los órganos competentes del Consejo ya han empezado a estudiar la propuesta de directiva del Parlamento Europeo y del Consejo relativa a la imposición de sanciones a empresarios que contraten a nacionales de terceros países en situación irregular. La Comisión presentó esa propuesta, encaminada a la lucha contra el empleo ilegal como un factor estimulante de la inmigración clandestina, en mayo de 2007.
El Consejo, que ha seguido el procedimiento de codecisión a fin de agilizar la adopción de un acuerdo, también ha concedido una alta prioridad a la propuesta de directiva del Parlamento Europeo y del Consejo relativa a procedimientos y normas comunes en los Estados miembros para el retorno de los nacionales de terceros países que se encuentren ilegalmente en su territorio. Los órganos competentes del Consejo la están estudiando en este momento.
En lo que respecta a la política de readmisión, cabe destacar que, tras la entrada en vigor en junio del acuerdo de readmisión formalizado con Rusia, ya se ha adoptado la decisión de formalizar un acuerdo de readmisión con Ucrania, y se han suscrito otros acuerdos de readmisión con los países de los Balcanes Occidentales y con Moldova. Todos esos acuerdos se llevarán a término una vez que el Parlamento Europeo haya emitido su opinión.
A continuación, quisiera comentar brevemente el plan de política en materia de migración legal. Como bien saben, el Consejo y la Presidencia portuguesa también han dado prioridad al fomento de la migración legal. La Presidencia organizó una conferencia de alto nivel dedicada a la cuestión de la migración legal, que se celebró en Lisboa el 13 y el 14 de septiembre y que congregó a ministros, altos funcionarios y representantes de renombre del mundo académico, así como a representantes del Parlamento Europeo y de la Comisión. En la conferencia se abordaron cuestiones relativas a la migración legal, como, por ejemplo, las vías legales de migración y la gestión de los flujos migratorios, la integración y la Agenda de Lisboa y la migración y el desarrollo. Los resultados de esa conferencia desempeñarán un papel fundamental en la orientación de nuestro trabajo en los próximos meses.
De igual modo, el Consejo comenzará a trabajar pronto en una propuesta de directiva marco sobre los derechos de los inmigrantes establecidos legalmente en un Estado miembro, a fin de que puedan trabajar, y sobre la creación de un permiso de residencia único, así como en una propuesta de directiva sobre las condiciones de entrada y residencia de trabajadores muy cualificados, que, esperamos, la Comisión presentará en las próximas semanas. Esas dos propuestas, junto con otras que se presentarán en los próximos años, representan las siguientes etapas del plan de política en materia de migración legal presentado por la Comisión en enero de 2006.
El Consejo ya ha comenzado a estudiar la propuesta de Directiva del Consejo, por la que se modifica la Directiva 2003/109/CE con el fin de extender su ámbito de aplicación a los beneficiarios de protección internacional. El objetivo de esa propuesta es hacer extensible a los beneficiarios de protección internacional la posibilidad de obtener el estatuto de residentes de larga duración. El Consejo está a la espera del dictamen del Parlamento, requerido para que ese proyecto de instrumento pueda adoptarse inmediatamente.
En cuanto a las relaciones exteriores en el contexto de la migración, debo comunicarles que el Consejo ha seguido aplicando activamente el Planteamiento global sobre la migración, con arreglo a lo dispuesto por el Consejo Europeo en sus conclusiones de diciembre de 2005 y de 2006. Procede asimismo destacar las conclusiones sobre la ampliación y la intensificación del Planteamiento global sobre la inmigración que el Consejo adoptó en junio. En diciembre de 2006, el Consejo Europeo invitó a la Comisión a lo siguiente: a presentar propuestas sobre la manera de aplicar el Planteamiento global a las regiones orientales y sudorientales vecinas de la Unión Europea; a proponer formas de incorporar las oportunidades de migración legal a las políticas exteriores de la UE, a fin de desarrollar una colaboración equilibrada con terceros países, adaptada a las necesidades específicas del mercado laboral de los Estados miembros; a proponer formas y medios de facilitar la migración circular y temporal; y a presentar propuestas detalladas sobre cómo organizar las diversas formas de desplazamiento legal entre la UE y terceros países e informar mejor sobre ellas.
La Comisión presentó dos comunicaciones en respuesta a esas invitaciones y, después de la adopción de esas comunicaciones de la Comisión, la Presidencia presentó ante el Consejo un proyecto de conclusiones, al objeto de que se comenzara a trabajar en las medidas determinadas por la Comisión.
La Conferencia ministerial euromediterránea sobre migración se celebrará en noviembre. El objetivo de esa Conferencia es elaborar iniciativas y medidas encaminadas a la puesta en práctica de cuestiones relacionadas con la migración. Por otro lado, también se ha prestado una atención especial a África; se ha continuado e intensificado el diálogo que se inició en 2005 con los países africanos sobre asuntos relacionados con la migración. De igual modo, se ha dado prioridad al seguimiento de las Conferencias ministeriales sobre migración y desarrollo que se celebraron en Rabat y en Trípoli, en julio y en noviembre de 2006 respectivamente. En esas Conferencias ministeriales —la primera, regional, y la segunda, continental—, se determinaron una serie de ámbitos en que podría reforzarse la cooperación entre los países de origen, de tránsito y de destino de los inmigrantes.
El Consejo está trabajando activamente en ese ámbito, a fin de traducir en medidas concretas los programas conjuntos acordados en Rabat y en Trípoli.
Franco Frattini, Vicepresidente de la Comisión. − (IT) Señora Presidenta, Señorías, le estoy muy agradecido al representante del Consejo por su descripción de las líneas generales de nuestra acción común y quisiera dar las gracias especialmente a ambos ponentes, la señora Gruber y el señor Moreno Sánchez, por los dos informes que estamos debatiendo y comentando hoy.
Lo primero que podría comentarse es, por supuesto, lo lejos que ha llegado Europa en tan poco tiempo; toda una nota de optimismo. Como todos recordamos, hasta la celebración de la cumbre de Hampton Court, en octubre de 2005, se dudaba incluso que Europa pudiera tener una estrategia común en materia de inmigración. Ahora no sólo se trata de una consigna para todos nosotros, sino que ya estamos poniendo en práctica algunas iniciativas que se han adoptado y que han empezado a dar su fruto.
De modo que salta a la vista que Europa tiene un papel que desempeñar en la gestión del imparable fenómeno mundial de la migración. Las medidas emprendidas por los Estados miembros a escala nacional ya no son suficientes. De igual modo, es evidente que la actuación comunitaria redunda en beneficio de Europa, de los Estados miembros y de todos nuestros socios, tanto los del sur —principalmente los países africanos— como nuestros vecinos del este, porque —como se nos ha recordado— la Comisión propuso ampliar el Planteamiento global al este, es decir, a los flujos migratorios procedentes del este; una propuesta que recibió todo el apoyo del Consejo.
Nos referimos con frecuencia a un planteamiento global. Ahora todos estamos de acuerdo en que eso significa crear un vínculo absolutamente inquebrantable entre la dimensión exterior y las políticas interiores de inmigración. No podemos limitarnos a gestionar la inmigración exclusivamente en nuestro territorio, sino que debemos atajar las causas que subyacen a la inmigración, protagonizada, aún hoy, en su inmensa mayoría, por personas desesperadas que huyen de la persecución, la pobreza o la guerra y que no tienen opción a decidir si abandonar su país o quedarse en él. No les queda más remedio que abandonar su país para poder sobrevivir.
Por lo tanto, está claro que las causas subyacentes de la inmigración no pueden atajarse con un mero planteamiento basado en la seguridad; si bien las patrullas de vigilancia del Mediterráneo han sido, y continuarán siendo, esenciales para proteger las inmediaciones de las Islas Canarias. Esa no puede ser nuestra única estrategia, y no hay duda de que debemos dar respuesta a la petición de los Estados miembros de la UE de que se gestione la migración legal. Esa es una de las mejores formas de luchar contra la inmigración clandestina.
Cuanto mayor sea nuestra capacidad de gestión de la migración económica —que es nuestra obligación—, más reduciremos el sedimento gris e impreciso de la inmigración clandestina. Por eso, para empezar, desearía hablar de la migración legal; un tema que debatimos hace unos días en una importante reunión celebrada en Lisboa. Entonces hablamos de las perspectivas de futuro, y me dio la impresión —que, espero, sea confirmada por el Parlamento— de que hay un impulso político a favor de estudiar la cuestión de la migración económica desde un punto de vista no ideológico.
Francamente, debemos hacerlo teniendo en cuenta que necesitamos trabajadores no comunitarios y que no debemos sembrar la alarma con cifras desorbitadas que podrían transmitir una idea equivocada. Según algunos observadores e incluso algunos periódicos importantes, estamos preparados para acoger a 20 millones de inmigrantes en situación regular. Ese tipo de cifras son realmente peligrosas. Una cosa es señalar una tendencia demográfica evidente, a saber, que Europa está envejeciendo y que el declive demográfico dará lugar a un descenso de la población activa; y otra diferente, plantear ahora unas cifras que podrían ser la respuesta adecuada dentro de 50 años.
Por lo tanto, tenemos que gestionar todos los aspectos de este fenómeno, empezando por el declive demográfico de Europa. El segundo aspecto, en cambio, consiste en llevar a la práctica los objetivos de la Estrategia de Lisboa, en lo que se refiere a la competitividad y al atractivo de la economía europea. Para poder hacerlo, necesitamos mano de obra en todos esos sectores que muchos ciudadanos europeos parecen tener algo olvidados, por así decirlo. El tercer factor radica en que la inmigración no puede ser la única forma de resolver el problema del declive demográfico.
Por ejemplo, no debemos olvidar que, mientras hablamos de la inmigración procedente de países no comunitarios, aún no hemos eliminado los obstáculos a la libre circulación de los trabajadores comunitarios. Algunos ciudadanos europeos aún no tienen plena libertad para trabajar en cualquier otro país de la UE. En la jerga técnica, a esto se le llama «preferencia comunitaria», aunque no debe explicarse con un término burocrático, sino mediante medidas políticas. Quiere decir que en Europa sólo existirá una auténtica movilidad laboral cuando se hayan eliminado los obstáculos a los que se enfrentan los trabajadores europeos, y me refiero, naturalmente, a los nacionales de los nuevos Estados miembros. Ese es, por tanto, otro factor que debe tenerse en cuenta.
El cuarto aspecto consiste en negarse a considerar el declive demográfico como algo a lo que debemos resignarnos, porque «de todos modos, están llegando trabajadores de África». Nuestro declive demográfico, al igual que nuestro futuro, ha de ser un motivo de preocupación. Por eso, por ejemplo, las medidas encaminadas a ayudar a las familias y a incrementar la tasa de natalidad de Europa son tan importantes en este contexto como la gestión del fenómeno de la inmigración desde los terceros países.
Lógicamente, estamos adoptando iniciativas a fin de alcanzar todos esos objetivos, y algunas ya han sido adoptadas en el ámbito de la inmigración. Puedo comunicarles que vamos a iniciar un procedimiento de licitación para el Portal de Inmigración europeo. Confío en que el procedimiento de licitación haya concluido en unos meses —siempre que los trámites burocráticos lo permitan— y así podamos contar con el primer Portal de Inmigración unificado de Europa. El Portal ofrecerá acceso a oportunidades, ofertas y búsquedas de empleo, a los sectores que necesitan mano de obra, etc. Contribuirá en gran medida a mejorar la capacidad de Europa en este ámbito.
El Fondo Europeo de Integración es por fin una realidad. Ya lo hemos debatido en otras ocasiones, y ustedes le han brindado su apoyo. He de decir que el Consejo ha reducido ligeramente la dotación financiera que yo propuse en un principio, pero, al menos, ya está en marcha. Disponemos de casi 1 000 millones de euros para abordar este importante aspecto de nuestra estrategia de migración. No puede haber inmigración sin integración. Ahora existe el Fondo Europeo. Estamos financiando cursos de idiomas y de formación profesional en los países de origen. Se trata de otra condición previa para la gestión de la migración económica. Si los que llegan aquí no cuentan con la formación profesional necesaria para un determinado sector o no hablan las lenguas de los países en que trabajan, están condenados al aislamiento social, y no queremos que eso suceda. La Unión Europea ya está financiando iniciativas en ese ámbito.
Como bien sabrán, la Comisión se dispone a adoptar dos medidas legislativas, a propuesta mía, en los próximos días. El representante del Consejo se ha referido a ellas. Ambas serán directivas, unas directivas bastante innovadoras, y la primera de ellas estará relacionada con los trabajadores muy cualificados. Desde luego que no se dedicarán a dar cifras, como, por ejemplo, cuántos ingenieros hacen falta en Italia o cuántos médicos necesita Bélgica. Esas cuestiones las decidirán conjuntamente los Gobiernos y los mercados laborales de los países pertinentes. Lo que nos interesa es conseguir que Europa sea más atractiva que sus competidores, entre los que se cuentan los Estados Unidos, Canadá y Australia, que atraen al 95 % de los trabajadores no comunitarios más cualificados —los procedentes de países africanos y asiáticos—, mientras que el conjunto de Europa sólo es capaz de atraer al 5 %. Son demasiado pocos.
La idea del permiso de trabajo europeo, la denominada «tarjeta azul», consiste en que un trabajador muy cualificado requerido en cierto país adquiera, después de un período determinado, el derecho a trasladarse a otro país de la Unión Europea —en el que contará con un puesto de trabajo, por supuesto—, sin ningún tipo de trámites ni procedimientos engorrosos. Esa persona podrá volver a su país, si así lo desea, y luego volver a Europa después de cierto tiempo, si eso es lo que quiere. Ese tipo de migración circular también puede evitar que los países de origen sufran una «fuga de cerebros» permanente.
Como es lógico, la segunda directiva, la relativa a los derechos comunes de los inmigrantes económicos, será igualmente importante, ya que, por primera vez, habrá un solo documento para los permisos de trabajo y para los de residencia. La persona entra en Europa para trabajar. Lógicamente, no me refiero a los solicitantes de asilo ni a la reagrupación familiar; me refiero a las personas que entran en Europa para trabajar, es decir, los inmigrantes económicos. En principio, no debería haber ninguna separación entre la residencia y el trabajo, y ese tipo de documento ha de ser transparente.
Indudablemente, así se producirá una armonización de los derechos. En algunos Estados miembros, el derecho a la asistencia médica no está plenamente garantizado, mientras que en otros, sí. Naturalmente, la propuesta que la Comisión presentará al Consejo y al Parlamento dejará en manos de los Estados miembros la decisión de superar el nivel existente, por ejemplo, en el caso de aquellos sistemas nacionales que ya sean más ventajosos. Lógicamente, no esperamos que un país más virtuoso reduzca su nivel de derechos; lo que queremos decir es que los menos virtuosos deben incrementar su nivel de derechos sociales, educativos y sanitarios, así como su nivel de derechos a otro tipo de servicios.
En 2008 presentaré una serie de propuestas relativas a otras categorías de trabajadores inmigrantes; a saber: los trabajadores estacionales, los que asisten a cursos de formación remunerados y los trabajadores trasladados por sus empresas. Por ejemplo, si una empresa tiene oficinas en varias ciudades europeas, la idea es que se faciliten los traslados dentro de esa misma empresa y que no haya que iniciar los trámites desde cero en cada país. A continuación, claro está, llegará el turno de los trabajadores no cualificados; la mayor categoría, que aún requiere bastante trabajo exploratorio. En lugar de presentar una propuesta legislativa ahora, prefiero plantear opciones o propuestas abiertas —algo que haré a principios del próximo año—, con el propósito de recoger comentarios y sugerencias antes de presentar la mejor propuesta posible. No estamos hablando de grupos reducidos, sino de la inmensa mayoría de quienes vienen a Europa sin ninguna formación profesional. Deben abordarse muchos aspectos al respecto.
Según el informe de la señora Gruber, la cooperación con los países de origen para evitar la fuga de cerebros constituye un aspecto fundamental, que a mí me preocupa especialmente. Como ya he dicho, la idea de la migración circular es precisamente esa: evitar una merma permanente de energía. Por ejemplo, ya se iniciado la cooperación con determinados países de África subsahariana, con el objetivo específico de evaluar la mejor forma de abordar el caso de los trabajadores más cualificados que trabajan durante una temporada en Europa y luego vuelven a casa, donde pueden ser contratados y empleados en beneficio de su país de origen.
Se trata de un diálogo abierto que tengo previsto dirigir firmemente en los próximos meses, en parte, gracias al gran apoyo que me está brindando la actual Presidencia portuguesa, como también lo hicieron las anteriores Presidencias. Disponemos de una gran oportunidad en ese sentido. Van a celebrarse dos cumbres ministeriales: la cumbre euromediterránea, que ya se ha mencionado, y la cumbre de los dirigentes de la UE y de África. Espero que esa cumbre nos permita avanzar y creo que lo hará, porque, naturalmente, confío en que los jefes de Gobierno presentes en la cumbre Europa-África adopten una auténtica declaración de asociación entre Europa y África en materia inmigración, movilidad y empleo.
Si eso sucede, en mi opinión, habremos dado un gran paso adelante, en parte, porque, con arreglo a lo acordado con la Presidencia portuguesa, la propuesta que debatimos durante la Presidencia alemana con el Ministro de Trabajo y el Ministro del Interior de la República Federal se presentará ahora en el primer Consejo mixto de Ministros del Interior y de Trabajo. A principios de diciembre, se tomarán las primeras medidas políticas tangibles encaminadas a armonizar los diversos aspectos de nuestra estrategia de migración: no sólo la seguridad, sino también el aspecto económico y laboral, que reviste una gran importancia por todos los motivos que he dado.
Los acuerdos de cooperación con los países de origen son otra cuestión. La Comisión ha comenzado actuar en ese ámbito con determinados países de forma experimental. En pocas palabras, hemos creado perfiles de países. Cada país es diferente a los demás, y no podemos gestionar el flujo migratorio de Malí del mismo modo que el de Senegal. Cada país tiene su propio perfil y debe considerarse distinto.
Una vez hecho eso, ofrecemos oportunidades de asociación, que forman parte de un acuerdo global. Las hemos llamado «plataformas de cooperación», y son acuerdos con una plataforma de temas sobre los que se deberá llegar a un acuerdo; a saber: la lucha conjunta contra la trata de seres humanos —dado que la trata de personas comienza en el país de origen—, la erradicación de la corrupción que protege la trata de seres humanos y la gestión de las oportunidades de empleo, mediante la facilitación de información, formación profesional y cursos de idiomas. Hemos abierto la primera oficina de empleo, financiada con fondos europeos, en Bamako, la capital de Malí. También nos hemos comprometido a facilitar información sobre la legislación europea, oportunidades de empleo y cursos de formación en esa oficina, y, de hecho, ya lo estamos haciendo. Malí es el primer país que se ha mostrado interesado, y ya hemos llevado a cabo esta iniciativa con él. Estamos dispuestos a hacer lo mismo con otros países que nos lo propongan y cuando nos lo propongan.
En cuanto a la integración, permítanme señalar muy brevemente que se trata de un aspecto fundamental de la política de migración, y, como es lógico, el Fondo se destinará a todas las políticas encaminadas a la integración social de las personas que se atengan a nuestras normas. Por último, el tema de la inmigración clandestina también forma parte de nuestra estrategia política. Sé que la Comisión LIBE ha aprobado el informe del señor Weber sobre la política europea de repatriación, y me complace que lo haya hecho. Lo debatiremos más adelante, pero también es importante.
La lucha contra la inmigración ilegal implica no fomentar el trabajo en negro, porque constituye un imán para los trabajadores clandestinos. Como bien saben, un porcentaje cada vez más alto de los inmigrantes que trabajan en Europa se está quedando sin empleo, y eso es muy preocupante. Al principio había trabajo para muchas personas —trabajo estacional, en el sector agrario y en el del turismo, obras públicas, etc.—, mientras que ahora, lamentablemente, el desempleo ha experimentado un repunte. ¿Qué vamos a hacer con esas personas que se están quedando sin trabajo?
De ahí que no debamos fomentar el trabajo ilegal; por el contrario, debemos castigar a los empresarios que se aprovechan de los inmigrantes clandestinos y debemos garantizar una política de repatriación que respete los derechos humanos fundamentales y, al mismo tiempo, sea muy clara y muy firme en lo que respecta a nuestros objetivos. No podemos tolerar la ilegalidad ni los actos ilegales reiterados.
La agencia europea Frontex ha contribuido a la detención de miles de inmigrantes clandestinos. Sólo este verano ha rescatado a más 1 200 personas, que, como tantas otras, estaban abocadas a una muerte segura, y debemos nuestro agradecimiento a la tripulación de los barcos, los aviones y los helicópteros que participan en las misiones de Frontex. No sólo eso, sino que Frontex también ha conseguido reducir la afluencia de inmigrantes clandestinos a las zonas que patrulla. Ha sido, es y continuará siendo una herramienta clave en el contexto de este planteamiento global.
Para concluir, señora Presidenta, señalaré que la inmigración no nos mantendrá ocupados durante los próximos meses, sino durante las próximas décadas. Por lo tanto, está bien que Europa se dé cuenta de que tiene la excelente oportunidad de desempeñar un papel a escala mundial en este ámbito, al igual que en otros.
Lilli Gruber, ponente. – (IT) Señora Presidenta, Señorías, la inmigración no es un acontecimiento excepcional ni un fenómeno pasajero. En 2006, había dieciocho millones y medio de inmigrantes en la UE-27. Como bien saben, hay múltiples razones: las guerras, la pobreza, las catástrofes medioambientales y las dictaduras implacables de muchas regiones del mundo. La Unión Europea es uno de los principales agentes del mundo; de modo que no debe aplazar más la elaboración de unas políticas estructurales encaminadas a hacer frente a este desafío que nos afecta a todos. Solos no conseguiremos nada.
Se ha avanzado mucho en la lucha contra la inmigración clandestina, pero no lo suficiente. La apertura de vías legales de entrada en la Unión Europea es el arma más importante para luchar contra la inmigración clandestina. Son las dos caras de una misma moneda, y, por eso, Javier Moreno Sánchez y yo hemos decidido presentar juntos nuestros informes.
Nuestras economías ya no podrían funcionar sin los trabajadores inmigrantes, y sin sus cotizaciones a la Seguridad Social, nuestro sistema de bienestar social se paralizaría, en vista de la amenaza del brusco descenso de la tasa de natalidad que se cierne sobre él. Las cifras de Eurostat no dejan lugar a dudas: en 2050, un tercio de los 490 millones de europeos tendrá más de 65 años. El plan de acción de 2005 de la Comisión supuso un gran avance, porque presentaba unas propuestas prácticas encaminadas a una apertura uniforme de vías legales de migración en el ámbito de la UE. Lógicamente, el establecimiento de las cuotas de entrada dependerá de cada Estado miembro.
De las cinco directivas que usted se dispone a proponer en los próximos meses, Comisario Frattini, para nosotros, la más importante es la que garantiza un marco común de derechos a los inmigrantes. Le deseo mucha suerte, porque todos sabemos que las negociaciones que se mantendrán en el Consejo no serán sencillas, pero cuente con todo el apoyo del Parlamento. Esa es una de las razones por las que debemos adoptar el procedimiento de codecisión y suprimir el derecho de veto en el Consejo.
Mi informe fue aprobado por unanimidad en la Comisión LIBE, salvo por un voto en contra, y les estoy muy agradecido a mis colegas de otros Grupos por su apoyo incondicional. En el informe, pedimos que se faciliten unas estadísticas coherentes y fiables a escala de la UE. No se puede legislar sobre la inmigración sin saber cuál es su verdadero alcance; si no se manejan cifras concretas, puede convertirse fácilmente en un instrumento propagandístico.
Este fenómeno debe abordarse sin ninguna demagogia, sin ningún populismo y sin ningún tabú. Por lo tanto, creo que es fundamental que los políticos y los periodistas sean más responsables a la hora de tratar un tema tan delicado como éste. Como bien saben, ambos colectivos desempeñan un papel fundamental en el proceso de integración.
La integración es un proceso de doble sentido de derechos y obligaciones para ambas partes, y es esencial que los inmigrantes participen activamente en la vida económica, social y política del país de acogida. Coincido con usted, señor Frattini, en lo referente al principio de la igualdad de trato en lo que respecta a los derechos socioeconómicos, porque entre los derechos fundamentales no sólo se cuentan la igualdad de remuneración y la seguridad en el trabajo, sino también el reconocimiento de cualificaciones, la transferibilidad de los derechos de pensión, la reagrupación familiar y la concesión a las mujeres de una personalidad jurídica independiente de la de su cónyuge.
En cuanto a la Directiva sobre los trabajadores muy cualificados, la llamada «tarjeta azul» podría ser una excelente manera de atraer a esos profesionales que Europa tanto necesita. En cualquier caso, nos gustaría tener algunos datos más acerca de la tarjeta azul, señor Comisario, porque —como bien ha señalado usted— sólo el 5 % de los trabajadores inmigrantes están muy cualificados, frente al 95 % de los trabajadores inmigrantes, que no están cualificados.
La Directiva sobre los trabajadores estacionales debería suplir las carencias existentes en cuanto a los derechos de ese último grupo de trabajadores, y, en mi opinión, a los trabajadores estacionales que se atengan a las normas se les debería brindar un acceso preferente a otras formas de inmigración temporal y permanente. Sin embargo, señor Frattini, aunque las propuestas abiertas o las opciones —como usted las llama— relativas a los inmigrantes no cualificados o con escasa cualificación están muy bien, ¿cuánto tiempo más vamos a tener que esperar para poder contar con una directiva al respecto? Mi pregunta es, sobre todo, para el Consejo.
Señorías, se me acaba el tiempo. Quisiéramos instar a los Gobiernos y al Consejo a que sean más realistas y más valientes. Hace falta una política responsable que dé respuesta a los miedos y a las inseguridades de nuestras sociedades, que cada vez se muestran más inquietas. Las fronteras no están cerradas, y tampoco nos están invadiendo los inmigrantes. La inmigración es necesaria y, si se gestiona con buen criterio, puede resultar muy valiosa para una sociedad civil en la que se respetan las diferencias.
(Aplausos)
Javier Moreno Sánchez (PSE), ponente. – (ES) Señora Presidenta, señor Vicepresidente de la Comisión, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señora Gruber, Señorías, en la era de la globalización imaginar el futuro de Europa y de nuestras sociedades sin inmigración es estar fuera de la realidad. La inmigración es necesaria y positiva para la estabilidad demográfica, el crecimiento económico y la diversidad cultural de la Unión.
Ahora bien, necesitamos una inmigración legal de trabajadores con derechos y obligaciones, no esclavos. El desarrollo y el éxito de una política de inmigración legal dependen, en gran parte, de una lucha firme contra la otra cara de la moneda, la inmigración clandestina.
La gestión de estos flujos migratorios clandestinos y su control superan la capacidad de acción individual de los Estados miembros y son, sin duda, la dimensión más delicada de la política de inmigración global y común que debe desarrollar la Unión Europea.
Los desequilibrios económicos y sociales recientes, los conflictos internacionales y el cambio climático ampliarán los flujos de clandestinos hacia la Unión Europea. Son más rápidos que nuestra respuesta política y no se van a detener por sí solos. Tenemos que actuar ya.
Acogemos y compartimos el enfoque de la Comisión. Su papel es esencial en el desarrollo de una política más coherente y eficaz por parte de los Estados miembros basada en el pleno respeto de la dignidad humana y los derechos fundamentales, desde la solidaridad, la responsabilidad compartida, la transparencia y la confianza mutua.
En primer lugar, debemos lograr unas fronteras terrestres, marítimas y aéreas seguras a través del control y de la vigilancia integrada. En este sentido, Frontex y RABIT son el camino a seguir. El camino de la solidaridad y de la responsabilidad compartida.
Señorías, Frontex funciona. Donde ha llevado a cabo operaciones se han salvado vidas y la inmigración clandestina ha disminuido sustancialmente. Los flujos de clandestinos han tenido que buscar otras rutas, como se ha comprobado recientemente en España y en Italia.
Ahora bien, Frontex es un recién nacido, hijo de la Unión, que sólo puede crecer y cumplir su función con el apoyo de sus padres, los Estados miembros, a los que pedimos que cumplan sus compromisos poniendo a disposición los recursos humanos y logísticos necesarios.
Por otra parte, es imperativo establecer una política europea de retorno, plenamente respetuosa de los derechos humanos, como uno de los factores disuasorios e impulsar la celebración de acuerdos de readmisión con los países terceros. Abogamos por la aprobación de la directiva sobre retorno durante la Presidencia portuguesa.
Señorías, necesitamos voluntad y valentía política para atajar el mayor factor de atracción de la inmigración clandestina: el empleo ilegal. Debemos ganarle la partida a las mafias y a los empresarios sin escrúpulos que explotan a los inmigrantes clandestinos. Se mueven enormes cantidades de dinero e intereses ocultos que exigen una acción contundente y enérgica.
Debemos, como usted ha dicho, señor Vicepresidente, aplicar la tolerancia cero al empleo irregular para reducir la economía sumergida que provoca el efecto llamada. La dimensión psicológica es obvia. Si no existen posibilidades de trabajar ilegalmente en la Unión se reduce el incentivo de emigrar hacia ella.
Pedimos también a los Estados miembros una acción decidida y dotada de recursos financieros adecuados contra la trata de personas a través de la cooperación judicial y policial y que se preste una atención particular a las personas más vulnerables las mujeres y los menores y se les facilite el acceso a la salud y a la educación.
La acción externa exige diálogo y cooperación estrecha con los países de origen y de tránsito. Debemos seguir con la vía abierta en las Conferencias Ministeriales de Rabat y Trípoli y en el Foro Mundial de Bruselas, haciendo hincapié en el vínculo entre inmigración y desarrollo.
Debemos lograr que la inmigración se convierta en un factor de desarrollo, tanto para los países de origen como para los países de acogida, y que a través del codesarrollo atajemos conjuntamente las causas profundas de la inmigración clandestina.
Asimismo, es necesario maximizar el impacto positivo de las remesas de los emigrantes en el desarrollo de sus respectivos países y explorar el recurso al microcrédito.
Por otra parte, debemos velar por una política exterior coherente que garantice la compatibilidad de los objetivos comerciales y de ayuda al desarrollo para que los países menos avanzados puedan exportar sus productos y no tengan que exportar a sus ciudadanos.
Señorías, no quisiera concluir mi intervención sin expresar mi agradecimiento a todos los ponentes, con los que he mantenido una estrecha cooperación positiva, reflejada en el alto consenso alcanzado en la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior.
Señorías, no nos equivoquemos, tenemos que luchar contra la inmigración clandestina, atajar sus causas y sus cauces, pero no tenemos que luchar contra los inmigrantes clandestinos, no son delincuentes; emigrar no es un delito. Atajemos los discursos populistas y xenófobos que asocian inmigración a inseguridad, delincuencia, terrorismo o paro. Nunca se emigra por capricho, siempre por obligación. Actuemos para que deje de ser una obligación y sea una elección personal.
(Aplausos)
Manolis Mavrommatis (PPE-DE), ponente de opinión de la Comisión de Desarrollo. – (EL) Señora Presidenta, en primer lugar, quisiera felicitar a Lilli Gruber y a Javier Moreno Sánchez por su excelente trabajo y por la cooperación que hemos mantenido en la elaboración de ambos informes.
La posición consolidada de la Comisión Europea defiende la adopción de una auténtica política común de inmigración por parte de los 27 Estados miembros. La inmigración está indisolublemente ligada al desarrollo, y, habida cuenta del problema demográfico al que se enfrenta actualmente la Unión, la inmigración legal no constituye otro problema más, sino que forma parte de la respuesta a muchos de los problemas de Europa.
La oportunidad de emitir una opinión ha permitido a la Comisión de Desarrollo —en el papel del Parlamento Europeo— salvaguardar la igualdad de derechos para ambos sexos, proteger a los grupos más vulnerables, como las mujeres y los menores inmigrantes, y ofrecer información y cursos de idiomas a los inmigrantes recién llegados.
Además, se ha tenido en cuenta la fuga de cerebros de regiones del mundo como África, donde la necesidad de recursos humanos en la sanidad es acuciante. Esas zonas se resienten cada vez que un médico abandona el país para ir a la UE en busca de un futuro mejor.
Por eso, aplaudimos la propuesta de la Comisión de intensificar la migración circular. De ese modo, los inmigrantes tendrán la posibilidad de volver a su país de origen, después de un período de un año, y de llevarse allí los conocimientos y la experiencia que hayan adquirido en los Estados miembros de la UE.
Es asimismo esencial que la Comisión facilite más información acerca del marco jurídico en el que se encuadrará el término «migración circular». En este sentido, me gustaría darle las gracias al Comisario Franco Frattini por la delicadeza con la que ha tratado el tema de la inmigración durante los dos últimos años y por sus continuos esfuerzos por conseguir que los 27 Estados miembros adopten una política común de inmigración.
(Aplausos)
Maria Badia i Cutchet (PSE), Ponente de opinión de la Comisión de Cultura y Educación. – (ES) Señora Presidenta, señor Comisario, señoras y señores diputados, como ponente de opinión sobre inmigración legal de la Comisión de Cultura, he destacado la importancia de abordar los aspectos sociales, educativos y culturales vinculados con la inmigración, tan necesarios para contribuir al crecimiento económico y a la cohesión social y avanzar en la integración de estas poblaciones y en las sociedades de acogida, reduciendo así la desconfianza mutua.
En el terreno educativo he propuesto desarrollar políticas que faciliten el acceso de los inmigrantes al sistema educativo y su integración en el mismo, reconociendo, a su vez, las titulaciones académicas y profesionales adquiridas en países terceros.
Con el fin de impedir la fuga de cerebros hemos resaltado la propuesta de la Comisión de promover la contratación ética en aquellos países donde la emigración de personal cualificado pueda desestabilizar su situación socioeconómica.
Y, finalmente, quiero subrayar la importancia y la responsabilidad de los medios de comunicación a la hora de transmitir información, tanto en los países de origen como en las sociedades de acogida, con el fin de evitar dar una imagen sesgada del fenómeno migratorio.
Maria Panayotopoulou-Kassiotou (PPE-DE), ponente de opinión de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género. – (EL) Señora Presidenta, la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género lamenta que tanto en la comunicación sobre el proyecto de estrategia de migración legal como en el texto que se nos pide que votemos hoy apenas se haga referencia al problema de la igualdad de las mujeres.
Por lo tanto, instamos a la Comisión, a los Estados miembros y a las diversas formaciones del Consejo con competencias en este ámbito a que intensifiquen sus esfuerzos. La coordinación de las políticas de migración legal debe permitir que se brinde una protección especial a los derechos de las mujeres inmigrantes que son víctimas de la discriminación por partida doble. Se ha de luchar contra la inmigración clandestina, porque favorece las redes de distintas formas de explotación de hombres, mujeres y menores vulnerables.
Subrayamos la importancia de un planteamiento global en lo que respecta a las políticas de migración legal; un planteamiento que recoja medidas de integración en ambos sentidos, es decir, que refuerce tanto la aceptación por parte de las sociedades de acogida como la voluntad de integración de los hombres y las mujeres inmigrantes.
Las mujeres y sus familias desempeñan un papel importante en ese sentido, y debería facilitarse la reagrupación familiar, mediante la concesión de una personalidad jurídica independiente. Tenemos que luchar contra la discriminación, las amputaciones, los matrimonios forzosos, la poligamia, los delitos de honor y cualquier tipo de violencia en las sociedades de origen y reforzar la formación reglada de las mujeres.
Joseph Daul, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (FR) Señora Presidenta, Comisario Frattini, señor Presidente en ejercicio del Consejo, Señorías, el tema de la inmigración es una cuestión política especialmente importante, porque muchas veces representa un drama humano. El Grupo del Partido Popular Europeo y de los Demócratas Europeos es consciente de la gravedad de este debate, y no dejamos de pensar en los cientos personas que han perdido la vida porque soñaban con vivir en Europa. Tenemos que tener muy presente el respeto por la vida humana, a la hora de elaborar nuestra política de migración.
Desearía felicitar a los ponentes por su trabajo y al Comisario Frattini por la buena disposición y la determinación política de las que ha hecho gala. Debemos hacer cuanto esté en nuestra mano para controlar la afluencia de inmigrantes; están en juego la cohesión de nuestra sociedad, nuestra capacidad de acoger inmigrantes y nuestra determinación en la lucha contra el racismo, la intolerancia y la xenofobia. La gestión de la inmigración requiere la adopción de un planteamiento basado en el respeto por la dignidad humana, en el realismo y en un marco jurídico consistente.
Señorías, al debatir el tema de la inmigración, es importante establecer una distinción entre los solicitantes de asilo, los refugiados provisionales y los inmigrantes económicos, que son, con mucho, los más numerosos. En cuanto a esa última categoría, también tenemos que distinguir entre la inmigración clandestina, que es responsabilidad de la Unión Europea, y la inmigración legal, que compete a los Estados miembros.
Estamos a favor de que se adopten medidas estrictas en lo que respecta a la inmigración clandestina. Europa tiene que asumir sus responsabilidades y atajar el problema de las mafias que hacen negocio con el sufrimiento humano. Reconocemos que se han realizado algunos progresos, como la creación de la agencia Frontex, el Fondo para las Fronteras Exteriores de la UE y los equipos de intervención rápida en las fronteras, que patrullan las zonas fronterizas. Sin embargo, todo eso es demasiado poco, ya que el personal, el material y los recursos financieros empleados continúan siendo insuficientes. Ahora vamos a proporcionar estos instrumentos con los recursos adicionales que hacen falta. No obstante, si queremos ser más eficaces, los Estados miembros que protegen nuestras fronteras exteriores han de actuar con arreglo a unas normas comunes. Es esencial que establezcamos un auténtico protocolo comunitario para la protección de nuestras fronteras exteriores, acompañado de un sistema de control.
No todos los Estados miembros se enfrentan a los mismos problemas en lo que respecta a los flujos migratorios. Tenemos que procurar distinguir entre los Estados que actúan de guardianes de nuestras fronteras y los demás. Los que se encuentran al sur y al este de la Unión se enfrentan a una labor titánica. En este sentido, ha de brindarse la máxima solidaridad, y han de emplearse los recursos técnicos, logísticos y financieros necesarios para ayudar a esos Estados miembros de primera línea que se enfrentan a una inmigración clandestina masiva. La lucha contra la inmigración clandestina no sólo requiere la puesta en práctica de medidas en nuestras fronteras exteriores, sino también la movilización de esfuerzos en el ámbito de la Unión Europea. Actualmente hay entre diez y quince millones de personas que residen ilegalmente en nuestro territorio.
Si nuestras democracias se rigen fundamentalmente por el principio de la igualdad ante la ley, es imprescindible que adoptemos una política que establezca que las personas que hayan entrado clandestinamente en la UE sean devueltas sistemáticamente a sus países de origen. La Unión Europea debe organizar el retorno de los inmigrantes clandestinos de tal forma que se respeten lo más estrictamente posible los derechos humanos y la dignidad humana. Queremos que Europa continúe siendo un refugio para las personas que huyen de la persecución y, por eso, estamos en contra de la regularización de todos los inmigrantes clandestinos. Lejos de ser una solución, sólo daría a los inmigrantes clandestinos y a las personas que pretenden entrar en la UE la idea equivocada de que tarde o temprano se regularizaría su situación. Ese tipo de amnistías no harían sino perpetuar las actividades de las organizaciones que se dedican a la inmigración clandestina y a la trata de personas. Aplaudimos con entusiasmo la propuesta de la Comisión de castigar a los empresarios que contraten a inmigrantes clandestinos.
En cuanto a la situación actual en lo que respecta a la inmigración legal, nuestro Grupo opina que nuestras negociaciones con terceros países deberían estar supeditadas a la demostración por parte del país de origen de su compromiso de controlar la inmigración ilegal. Si bien es cierto que la regulación de la inmigración legal no compete a la Unión Europea, sino a los Estados miembros, si queremos contribuir a la eficiencia y la coherencia en este ámbito, tenemos que coordinar nuestros esfuerzos de un modo más eficaz a escala de la UE-27. De igual modo, tenemos que estudiar la posibilidad de establecer un proceso de acogida común que permita el acceso de los trabajadores muy cualificados y de los que cuentan con unas cualificaciones específicas al mercado laboral europeo. La propuesta sobre la «tarjeta azul» europea debería desarrollarse y debatirse más a fondo, junto con la idea de un proyecto de inmigración circular para los trabajadores no cualificados.
Señorías, en el ámbito de la inmigración, todo es cuestión de mantener el equilibrio adecuado entre una sociedad unida, fuerte y abierta a los demás y el respeto por el Estado de Derecho. No queremos cerrar nuestras puertas, ni mucho menos, sino asegurarnos de que los posibles inmigrantes sean bien recibidos y se integren bien en nuestra sociedad, como ocurre en otras regiones del mundo.
Claudio Fava, en nombre del Grupo del PSE. – (IT) Señora Presidenta, Señorías, permítanme expresar mi agradecimiento a ambos ponentes por un trabajo valioso y extremadamente relevante.
Quisiera empezar con una imagen que todos tenemos muy presente desde hace varios meses: la fotografía de cuarenta náufragos supervivientes aferrados a una red de pesca en pleno Mediterráneo durante dos días y dos noches. En esa ocasión, por lo visto, era más importante salvar la pesca que salvarles la vida a aquellas personas desesperadas; el barco pesquero que los encontró no los acogió a bordo. Esta observación viene al caso, porque, como bien nos ha recordado el Comisario, necesitamos un planteamiento global a la par que diferenciado en lo que respecta a la inmigración. Debe tratarse de un planteamiento equilibrado, solidario y —como bien ha señalado la señora Gruber— desprovisto de tabúes.
La inmigración no puede considerarse un mero problema de seguridad. Se trata de un desafío necesario para Europa, un factor de integración y de evolución social al que tenemos que hacer frente. El Comisario Frattini ha manifestado que Europa tiene un papel que desempeñar, y nosotros estamos de acuerdo. Europa tiene un papel que desempeñar, siempre y cuando pueda lidiar con todas las complejidades del problema.
En los pocos segundos que me quedan, quisiera destacar los tres principios más importantes contemplados en los dos informes. La manera más eficaz de atajar la inmigración clandestina es mediante la apertura de vías para la inmigración legal, siempre y cuando los inmigrantes y los países de acogida tengan derechos y obligaciones recíprocos.
En cuanto a la inmigración clandestina, me gustaría señalar que debe establecerse un principio de solidaridad entre los Estados miembros, siempre que ese principio sea aplicable a todos los Estados miembros y no sólo a los países mediterráneos. Al mismo tiempo —como bien han dicho muchas de sus Señorías—, debemos luchar contra la inmigración clandestina creando en los países de origen las condiciones necesarias para atajar las causas de la profunda desesperación que empuja a estas personas a huir: las causas subyacentes a las que se refería el señor Frattini.
Por último, señora Presidenta, el respeto por los derechos humanos continúa siendo un punto de referencia indispensable para nuestras políticas. El proceso de integración europea sólo será firme y significativo si podemos evitar que Europa cierre sus puertas a los inmigrantes.
PRESIDE: SR. ONESTA Vicepresidente
Graham Watson, en nombre del Grupo ALDE. – Señor Presidente, ¿qué mejor ilustración de la necesidad de una política europea común de inmigración que el caso de los pescadores tunecinos? Todo lo relativo a este trágico suceso – desde los emigrantes en un bote de goma en alta mar hasta los traficantes de personas que les pusieron allí y las autoridades que encarcelaron a sus rescatadores – testimonia el fracaso de la estrategia europea en materia de inmigración.
Cada vez que ocurría una tragedia humana, durante una década terrible de pasividad, los liberales y los demócratas han hecho una sencilla pregunta: ¿cuántas personas deben morir antes de que los Gobiernos comprendan que alzar el puente levadizo del castillo europeo no sirve a los intereses de nadie? Gestionar la inmigración nos interesa a nosotros tanto como a los que intentan llegar a nuestras orillas y están dispuestos a morir en ese intento. Mientras que el populismo ha impulsado una política forjada en la fragua del miedo, nosotros deberíamos enfrentarnos a los hechos.
Hecho número uno: a lo largo de los próximos 20 años Europa perderá 20 millones de trabajadores – unos trabajadores que hacen funcionar nuestros sectores de servicios y cuyos impuestos financian los servicios prestados a nuestros ciudadanos.
Hecho número dos: los gobiernos nacionales están disuadiendo a las personas que Europa necesita para competir – en realidad, para sobrevivir – en un mercado global despiadado. El 85 % de los mejores cerebros emigran a América o a Australia, desanimados por nuestra burocracia, nuestra ruindad y nuestras barreras a la libre circulación.
Hecho número tres: de los inmigrantes que llegan a Europa, sólo tres de cada veinte están cualificados; la mayoría de ellos carecen de formación, de bienes y de esperanza. Las propuestas del Comisario Frattini solamente abordan la mitad del problema, retomando las ideas de la señora Hennis-Plasschaert de una carta verde europea para superar la carencia de trabajadores cualificados. Pero esta «carta azul» tiene sus propias carencias: no se mencionan, por ejemplo, los trabajadores que necesitamos en los sectores de restauración, asistencia sanitaria y turismo. Podría servir para hacer frente a los retos económicos y demográficos si fuese acompañada de la libre circulación de los trabajadores de los nuevos Estados miembros de la UE, pero sirve de poco a la hora de resolver el problema de los inmigrantes ilegales en nuestras fronteras meridionales.
No nos equivoquemos: la cómoda suposición de la Comisión de que podremos quedarnos con los mejores y descartar a los demás no funcionará. Empujados por la pobreza, el hambre, la miseria y la guerra, la gente seguirá cruzando el Mediterráneo, se ajusten o no a nuestros criterios. ¿Por qué? Porque nuestras políticas agrícolas y pesqueras están hundiendo los precios de sus productos y esquilmando sus recursos naturales.
Es evidente que debemos patrullar las fronteras de Europa. El informe Moreno Sánchez tiene razón al pedir que se conceda a Frontex el presupuesto, personal y equipamiento necesarios para realizar su trabajo – aunque eliminar a Gibraltar de Frontex equivale a dejar un hueco en la valla, y francamente es una quimera. A largo plazo, sin embargo, sólo una política comunitaria integral que castigue a los traficantes de personas, cree instrumentos legales y ofrezca esperanza a los desesperados podrá contrarrestar las tendencias actuales.
La verdad es que tenemos tan sólo una opción respecto a los países en desarrollo: o admitimos sus productos o admitimos a su gente. Si queremos que no entren tantos, tendremos que prestarles una mayor ayuda en su propio país, como bien dice el informe de la señora Gruber. Éste es el motivo por el que la Presidencia portuguesa deberá redoblar sus esfuerzos para rebajar los aranceles agrícolas europeos y para hacer que concluya con éxito la ronda de Doha, y el motivo por el que la Comisión tendrá que elaborar un programa generoso para África, vinculando las ayudas financieras y la apertura de los mercados al respeto por los derechos humanos y por el Estado de Derecho, con el fin de que las personas tengan la esperanza de una vida mejor en su patria.
Señor Lobo Antunes, señor Frattini, celebren ustedes su próxima reunión del Consejo en la sala de inmigración de Ellis Island, en Nueva York. Aprovechen las lecciones de nuestra historia de emigraciones hacia el oeste, cuando estén preparando la cumbre UE-África de diciembre. La inmigración no desaparecerá: está impulsada por una mezcla intoxicante de desesperación y de esperanza, obedece a la ley de la oferta y la demanda, pero si fuese gestionada adecuadamente podría enriquecer y dinamizar a Europa.
(Aplausos)
Cristiana Muscardini, en nombre del Grupo UEN. – (IT) Señor Presidente, señoras y señores, si bien es cierto que ya hay varias directivas sobre migración legal y que se van a proponer otras, aún queda por resolver el auténtico problema de impedir la inmigración clandestina e incontrolada y de definir claramente y garantizar la observación de las leyes y normas vigentes en los países de la UE, ya que se trata de una condición esencial para la convivencia cívica.
Le estoy agradecido al Comisario Frattini por las propuestas que ha presentado. Sin embargo, el problema continúa siendo grave, en el sentido de que hay resoluciones de jueces —me refiero a casos vistos en Alemania y en Italia— contrarias al procesamiento de los padres de una niña retenida en casa o a la admisión a trámite de la solicitud de divorcio de una mujer a la que su marido ha maltratado en repetidas ocasiones, porque, según esos jueces, esa conducta responde a los usos y costumbres de los países de origen de los inmigrantes. El asunto también se reviste de gravedad a la luz del proyecto de Tratado de Reforma. Si bien es cierto que contempla una política común de inmigración, ésta tardará en llegar, y la cuestión es que, si deseamos poner freno a la inmigración clandestina, necesitamos una política común de forma inmediata.
En febrero de 2004 fui ponente de opinión de la Comisión de Asuntos Exteriores sobre Frontex, una agencia que se creó en 2004 y que lleva desarrollando su actividad desde 2005, aunque aún no cuenta con suficientes recursos. Muchas veces no dispone de medios para vigilar las fronteras oficiales ni tampoco nuestras fronteras, y son las fronteras de nuestros países las que requieren un mayor control. La creación de una sociedad justa, sin conflictos manifiestos ni latentes, —entre cuyos riesgos evidentes se cuenta el de la distorsión de nuestra identidad y de la identidad de otros pueblos— requiere una política firme encaminada a la lucha contra la ilegalidad. Instamos a la Comisión y al Consejo a que intensifiquen el control de las fronteras de la UE y a que adopten una legislación armonizada con objeto de castigar con rapidez y firmeza a quienes se dedican a la trata de seres humanos, así como a que promuevan unos acuerdos óptimos con los países de origen de los inmigrantes.
Las políticas blandas que avivan la amenaza del terrorismo y el malestar social son absolutamente incompatibles con la protección de los derechos humanos y de la dignidad humana. Esa es una de las razones por las que nosotros diríamos que la falta de una norma común sobre el derecho de asilo agrava la situación; aunque no vemos mucha iniciativa por parte de los Grupos políticos.
Jean Lambert, en nombre del Grupo Verts/ALE. – Señor Presidente, deseo agradecer a la Comisión, al Consejo y a nuestros dos ponentes que se reconozca por fin la complejidad de los problemas y la necesidad de una estrategia coherente. Sabemos que la inmigración es un hecho de la vida, sabemos que es una fuerza para el desarrollo y sabemos que son muchos los nacionales de la UE que siguen también este camino para poder ganarse la vida, estudiar o aspirar a algo mejor, exactamente igual que los que vienen del África subsahariana.
Vemos con satisfacción el cambio hacia la concesión de los mismos derechos a todos los grupos de inmigrantes, porque nos preocupaba que un enfoque sectorial del problema pudiera traer consigo una complejidad aún mayor al otorgar distintos derechos a los distintos inmigrantes.
Pero también nos preocupa que se encuentre una fórmula para que los que no pueden regresar a sus países de origen por causa de algún conflicto, y que por lo tanto se quedan abandonados, a menudo en nuestras calles.
Vemos también con agrado la invitación a los Estados miembros para que reconozcan con mayor franqueza la necesidad de trabajadores inmigrantes de nuestras economías. La globalización ha impulsado las migraciones, y estoy totalmente de acuerdo con los diputados que han hablado de reformar las reglas que rigen nuestro comercio. Como ellos nos han dicho, si os lleváis nuestro pescado, llevaos también a nuestros pescadores. En este caso pediría a algunos Estados miembros que no derramen lágrimas de cocodrilo sobre la triste situación de algunos inmigrantes – y que no voten en esta Cámara a favor de acuerdos de pesca o de tratados comerciales que arruinan las economías de otros países.
También es justo que en este debate analicemos el empleo en términos de igualdad de derechos y de remuneración, así como de buenos sistemas de inspección, algo que beneficiará a cuantos trabajadores necesiten conocer sus derechos. Si nos preocupa la fuga de cerebros, tendremos que estudiar también medidas para retener a nuestros propios trabajadores cualificados. Tenemos que utilizar y desarrollar las capacidades de los trabajadores inmigrantes que vienen hasta nosotros, y el programa EQUAL nos ha ofrecido algunos ejemplos fantásticos que no debemos olvidar.
Atraer a los más cualificados no es meramente una cuestión de libre movimiento; es también cuestión de abordar el racismo y la xenofobia, que desaniman a muchas personas altamente preparadas a venir a la Unión Europea.
(Aplausos)
Giusto Catania, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (IT) Señor Presidente, señoras y señores, hoy el Comisario Frattini nos ha hablado primero de la migración legal y después de la inmigración clandestina. Si las políticas de la Unión Europea concordaran con su razonamiento, podría estar de acuerdo con él, pero, por desgracia, eso no es así.
En los últimos años, las políticas de la UE se han centrado ante todo en aspectos como la denegación de entrada, la delincuencia entre los inmigrantes, la represión y la amenaza de la invasión; ahora por fin hemos empezado a hablar de las políticas de admisión. Por lo tanto, todos estaremos de acuerdo en que es esencial contar con una política sobre migración legal para luchar contra la inmigración clandestina, impedir la trata de seres humanos, evitar las travesías marítimas de los esperanzados y acabar con el creciente parecido del Mediterráneo con un cementerio. No obstante, debemos actuar con lógica. De modo que antes de proponer políticas de denegación de entrada, deberíamos estudiar la manera de incrementar las vías legales de entrada y de resolver el problema demográfico.
No he entendido bien si antes el señor Frattini se estaba refiriendo a las filtraciones a la prensa. En realidad, fue la propia Comisión Europea la que realizó la previsión de los 20 millones de inmigrantes para 2030 en su Libro Verde, en el que se explicaba que la Unión Europea está atravesando tal crisis demográfica que, de aquí a 2030, necesitaremos 20 millones de inmigrantes. Sin embargo, por 20 millones de inmigrantes no debería entenderse 20 millones de inmigrantes cualificados. Estamos actuando al revés: en primer lugar, aplicamos políticas de denegación de entrada, después, decidimos cómo atraer a los inmigrantes cualificados y, por último, tratamos de resolver el problema más importante, qué hacer con todos los demás.
En mi opinión, deberíamos revisar más detenidamente las políticas aplicadas en los últimos años y analizarlas. También deberíamos pensar qué tipo de política de denegación de entrada deseamos. Creo que la idea de una detención administrativa de 18 meses constituye, en sí misma, una ofensa y una violación sistemática de los derechos humanos.
También deberíamos analizar la actuación de Frontex. Este año nos hemos gastado 45 millones de euros, y este verano Frontex ha llevado a cabo cuatro misiones en el mar. A mi parecer, no podemos estar satisfechos con la política de Frontex. Su política concede más importancia a la denegación de entrada que a salvar vidas.
Para concluir, quisiera decir que las vidas han de ser lo más importante. En otro orden de cosas, a petición del presidente de nuestro Grupo y de otras personas, la Comisión nos iba a informar hoy sobre el asunto de los siete pescadores tunecinos que están encarcelados en Italia por haber rescatado a 44 migrantes. Espero que el Comisario Frattini pueda explicarnos este asunto, que no es sino el resultado de la política de criminalización de la inmigración.
Roger Knapman, en nombre del Grupo IND/DEM. – Señor Presidente, el pobre señor Frattini sigue perdido en el laberinto de Hampton Court, mientras vemos cómo la UE se aleja cada vez más de la democracia. Comparemos nuestra posición – y no es la primera vez – con la de Suiza.
Suiza sabe que los conocimientos a nivel local son la clave de la política de inmigración. La UE intenta centralizar el control de la inmigración pasando por encima de los gobiernos nacionales. Los suizos, por el contrario, tratan de devolverlo siempre que es posible hacia abajo, hacia el nivel cantonal. En Suiza, la cuota anual de inmigrantes la deciden entre el Gobierno Federal y los cantones. Las propuestas de crear una agencia federal de inmigración han sido rechazadas
Los cantones suizos, con su larga tradición de democracia directa, han sido históricamente los impulsores de una política de inmigración que sirve a los intereses de la política nacional y garantiza la buena integración de los inmigrantes en la sociedad suiza. Como el profesor Windisch de la Universidad de Ginebra señaló a la Fundación Francesa para la Innovación Política en su boletín de abril de 2006, la democracia directa suiza tuvo que enfrentarse – abiertamente y desde el principio – a los problemas derivados de la inmigración e integración mediante ¡vade retro! referendos e iniciativas populares. Y continuaba diciendo: «A diferencia de un país muy centralista como Francia, el debate ha sido entablado tanto a escala federal como al nivel de los cantones y comunas, promoviendo una respuesta de base comunitaria, y desarrollando iniciativas tales como la creación en cada cantón de una oficina de integración y la dispersión geográfica de los recién llegados.»
La lección para aquellos de nosotros que, a diferencia de los suizos, no hemos tenido la suerte de quedarnos fuera de la UE es la siguiente: la política de inmigración suiza funciona porque se decide con arreglo tanto a las necesidades locales como a las nacionales, y porque las comunidades locales, y no una burocracia anónima y centralizada, es la responsable de integrar a los inmigrantes sobre la base de estas necesidades. En el Reino Unido, debido a su pertenencia temporal a la UE, la política de inmigración se aleja cada vez más de este manantial del conocimiento local, y en el Partido por la Independencia del Reino Unido hemos señalado inmediatamente las carencias de esta estrategia.
Alessandro Battilocchio (NI). – (IT) Señor Presidente, señoras y señores, para empezar, me gustaría dar las gracias a ambos ponentes por su excelente trabajo. El fomento y la regulación de la migración legal es la única solución viable, no sólo para luchar contra los actos delictivos vinculados a los flujos migratorios, sino también para proteger y garantizar los derechos humanos. Al igual que los demás ciudadanos europeos, los inmigrantes han de integrarse y formar parte de sus respectivas comunidades y deben observar todos los derechos y obligaciones que eso conlleva.
Hace un año, fui el ponente de opinión de la Comisión de Desarrollo sobre el informe relativo al cruce de las fronteras exteriores. Ahora quisiera subrayar —como entonces— la necesidad de que Europa destine suficientes recursos para lo siguiente: la creación de unos centros de acogida decentes, la formación del personal, el acceso de los extranjeros a la información sobre sus derechos y obligaciones, la imposición de penas severas a quienquiera que explote la inmigración clandestina y, sobre todo, una cooperación plena entre los Estados miembros.
Ahora que Frontex está en marcha, debe recibir suficientes fondos y conseguir que otros países vecinos afectados por los flujos migratorios participen lo más activamente posible.
Mikel Irujo Amezaga (Verts/ALE). – (ES) Señor Presidente, sí. Segundo, tenía problemas con la interpretación y, aparte, si me permite dos segundos, sólo aprovecho para decir que ...
(El orador se expresa en vasco)
Lo siento, era sólo introducir estas pequeñas palabras en euskera en el día de las lenguas, ya que, tal y como se ha dicho en este debate, no somos delincuentes, sólo queremos hablar en nuestra lengua.
Alfredo Antoniozzi (PPE-DE). – (IT) Señor Presidente, señoras y señores, debo felicitar y dar las gracias al Vicepresidente de la Comisión, el señor Frattini, por haber presentado un Plan de acción que por fin nos ofrece un punto de partida relevante para el futuro debate y el futuro enfoque de la migración legal.
En cuanto al informe, creo que se trata de un texto equilibrado, fruto de las útiles negociaciones mantenidas por los distintos Grupos políticos y las importantes enmiendas de transacción acordadas por ellos; algo que nos permite brindar un amplio apoyo al texto y, por tanto, apoyar parlamentariamente la futura labor de la Comisión Europea en este ámbito. Quisiera señalar que la posición del Grupo del PPE-DE ha constituido un importante elemento de equilibrio y de concreción en la elaboración de este informe.
Los aspectos clave de la posición que nuestro Grupo siempre ha mantenido con respecto al fenómeno de la inmigración se han confirmado. De todos esos aspectos específicos, desearía destacar nuestro compromiso con unas medidas firmes y contundentes encaminadas a la lucha contra la inmigración clandestina, el apoyo de un mayor vínculo entre la inmigración legal y la clandestina y la búsqueda de un mayor número de mecanismos de diálogo y de integración para los inmigrantes.
No cabe duda de que este informe puede describirse como un informe europeo, y no sólo por el efecto retórico, sino también porque, en él, la inmigración se considera un fenómeno, con sus aspectos positivos y negativos, que todos los socios europeos deben abordar conjuntamente. Todos han de ser solidarios y enfrentarse a los problemas con la misma dedicación y determinación, incluso si esos problemas les afectan más a unos que a otros. El naufragio de un barco lleno de inmigrantes deberá considerarse un problema común, tanto si tiene lugar cerca de Sicilia como cerca de las Islas Canarias o en otra parte.
Cuando menos, hace falta una política orientada a la coordinación del fenómeno de la inmigración a escala europea. El contenido del informe nos lleva a confirmar esta convicción, aunque también expresa un claro y absoluto respeto por las competencias nacionales en el ámbito de los aspectos cuantitativos y los flujos migratorios.
Bárbara Dührkop Dührkop (PSE). – (ES) Señor Presidente, primero, quiero, como todos, felicitar a los ponentes por su excelente trabajo.
La inmigración no es un fenómeno nuevo y lo sabemos todos , pero lo que sí es nuevo es que en estos últimos años se haya incrementado tanto y eso es debido a la pobreza que aumenta y a que un mayor número de países cae en la pobreza.
Por ello, hoy el reto principal creo que es controlar estos flujos migratorios, ordenarlos en función de las necesidades reales y garantizar una mayor integración de estas personas en los países de acogida, al mismo tiempo que hay que reforzar nuestra vigilancia de las fronteras, junto con políticas que permitan la repatriación a los países de origen.
Por encima de todo está la lucha contra las mafias que trafican con seres humanos. Hay que cortar y dar respuesta a las tragedias humanas ligadas a la inmigración clandestina; en eso estamos de acuerdo.
El control fronterizo, sin embargo, sería común a los Estados miembros. Solidaridad y responsabilidad compartida deben ir a la par.
Ahora un par de palabras sobre Frontex. Su labor ha sido encomiable. Y me dirijo ahora al Consejo, que acaba de mencionarnos una larga lista de barcos y helicópteros. Yo me pregunto: ¿dónde están? Porque sólo estando en la lista no sirven. Creo que el Consejo además actúa esquizofrénicamente cuando pide más esfuerzo a Frontex y, al mismo tiempo, recorta su presupuesto en un 2,5 %, y esto ante el telón de fondo de que los créditos para 2007 ya están agotados.
A pesar de Frontex sabemos, sin embargo, que la afluencia de la inmigración continuará por más que pongamos toda la voluntad en ordenarla. Porque es voluntad, y no legislación, lo que ponemos, porque la Comisión y el Consejo han renunciado a una directiva única sobre las condiciones legales de entrada a la Unión.
Es como si todos los desiderata de Tampere, que tanto defendimos los socialistas, hubieran pasado a mejor vida.
Jeanine Hennis-Plasschaert (ALDE). – (NL) Señor Presidente, en un mundo en el que los conflictos regionales son cada vez más numerosos, el reparto de la riqueza es absolutamente desigual y hay una creciente movilidad, cada vez será más importante y, al mismo tiempo, más difícil controlar los flujos migratorios. ¿Está la Unión en condiciones de asumir sus responsabilidades con amplio paquete de medidas en lo que se refiere a la inmigración, ya sea legal o clandestina? Hace un tiempo que venimos debatiendo los siguientes aspectos: los factores que empujan a las personas a irse, los factores que las disuaden de hacerlo, la importancia de las ayudas a la región, las condiciones inhumanas en que muchas veces se encuentran las personas, el reparto de cargas deseado entre los Estados miembros, la repatriación de los inmigrantes clandestinos, la falta de oportunidades para la migración legal y el peligro de la fuga de cerebros, amén de los cambios demográficos a los que nos enfrentamos en la Unión. Todos esos aspectos se han abordado de un modo u otro o se abordarán a corto plazo mediante directivas, planes de acción y otros instrumentos. En este sentido, me gustaría expresar mi agradecimiento al Comisario Frattini. El jueves pasado volvió a exponer sus objetivos con gran entusiasmo en la conferencia «Shaping the Migration Strategies», que yo había organizado con otros diputados al Parlamento.
Señor Presidente en ejercicio del Consejo, admiro las declaraciones del Ministro Socrates. En efecto, los países de la Unión Europea tienen una responsabilidad histórica para con aquellas personas que ahora viajan en la otra dirección. Si bien es cierto que usted, como Presidente en ejercicio del Consejo, ha hecho alarde de grandes ambiciones, los hechos ponen de manifiesto que a la UE aún le queda mucho para asumir una responsabilidad a escala mundial. En muchos Estados miembros, el debate sobre la migración está completamente polarizado. No se hace ninguna distinción entre los solicitantes de asilo y los inmigrantes económicos, que suelen ser clandestinos. Los problemas de integración dominan el debate. Se dice que están en juego los sistemas de seguridad social, y, si nos descuidamos, se equiparará al inmigrante medio con un terrorista. Con demasiada frecuencia, resulta prácticamente imposible mantener un debate abierto, justo y transparente. Por desgracia, esa situación se ve reflejada en los procedimientos de toma de decisiones del Consejo —tan lentos, que exasperan—; como cuando el Consejo decide acometer una armonización, pero acaba con las normas mínimas más básicas imaginables. La adopción de medidas concretas siempre se basa en el mínimo común denominador. Sí, soy impaciente por naturaleza; no obstante, he creído oportuno señalar esta cuestión.
Lo cierto es que muchos Estados miembros carecen de ambición. La falta de solidaridad es vergonzosa, y cito el ejemplo de Frontex, pero hay muchos más. ¿Cuándo van a demostrar los Estados miembros que apoyan un planteamiento a largo plazo, que ya no les mueve el miedo y que no volverán a permitir que sus actos dependan de un artículo crítico en primera plana ni de las próximas elecciones? Las certeras conclusiones del Consejo no bastan. Por lo tanto, señor Presidente en ejercicio del Consejo, mi pregunta es la siguiente: ¿cómo va a hacer que cambie la situación? ¿Está el Presidente en ejercicio del Consejo dispuesto a conceder poderes de codecisión al Parlamento en lo que respecta a las nuevas directivas sobre migración legal — como la relativa a la tarjeta azul—, anticipándose así al nuevo Tratado? Ese sería el gesto adecuado, señor Presidente en ejercicio del Consejo.
Mario Borghezio (UEN). – (IT) Señor Presidente, señoras y señores, el presidente Doyle nos advierte de los riesgos de las soluciones simplistas. Los logros de Frontex —que debería contar con muchos más recursos— indican que está empezando a suceder algo y que se están obteniendo resultados. La política de Francia está bien encaminada y podría servir de ejemplo. Lo mismo sucede con algunas resoluciones judiciales, por ejemplo, en Italia, donde están empezando a confiscarse las casas arrendadas a inmigrantes clandestinos. Ese tipo de medidas prácticas deberían aplicarse en toda Europa.
Y, sin embargo, la bien intencionada y abierta izquierda está defendiendo un argumento sumamente especioso. Discúlpeme, señora Gruber, pero me asombra que una persona tan inteligente como usted asegure que la apertura de las puertas a los inmigrantes legales puede servir al propósito de fomentar la migración legal y luchar contra la inmigración clandestina; cuando lo cierto es justo lo contrario. Sólo erradicando la plaga de la ilegalidad podremos abrirnos a lo que es aceptable y tolerable —incluso numéricamente—, es decir, a una inmigración legal, impecable y transparente. ¿Han oído hablar alguna vez de la mafia? Lo cierto es que esa palabra no figura en su informe, y tampoco aparece la palabra terrorismo; pero tanto la mafia como el terrorismo se enriquecen con la trata de inmigrantes clandestinos y con las muertes de los pobres. Incluso usted debería entenderlo; no es difícil.
Kathalijne Maria Buitenweg (Verts/ALE). – (NL) Señor Presidente, quisiera leer el siguiente texto, extraído de un informe financiado por el Parlamento:
«Cabe concluir razonablemente que el número de personas muertas en las fronteras europeas se ha incrementado significativamente desde que en 1995 se ampliaron los controles a las fronteras exteriores.»
(NL) Señor Presidente, en realidad, no es que el número de personas que intentan entrar en Europa haya aumentado, sino que las fronteras están mucho más vigiladas, y, por lo tanto, las personas optan por unas rutas mucho más peligrosas. En el informe, también se afirma lo siguiente:
«Las propuestas del Consejo Europeo supondrán probablemente unos costes humanos más elevados, debido a la intensificación de los aspectos de seguridad y vigilancia.»
(NL) Señor Presidente, me gustaría mucho saber qué tienen que decir la Comisión y el Consejo al respecto. Creo que en lugar de utilizar esa investigación, deberíamos recopilar nuestra propia información sobre las travesías mortales. ¿Están de acuerdo en que deberíamos recopilar esa información?
Señor Presidente, no estoy diciendo que no deba haber ningún control fronterizo, sino que debería haber más oportunidades para la migración legal. En ese sentido, me gustaría aplaudir la propuesta de la Comisión sobre la tarjeta azul. El nombre alude al azul de la bandera europea; aunque la tarjeta azul parece centrarse fundamentalmente en las estrellas. Debe complementarse. Me alegro de que la Comisión haya asegurado que trabajará en ello. Esperaré ansiosamente sus propuestas, porque creo que constituyen un complemento necesario para las propuestas que se han presentado hasta ahora.
Nils Lundgren (IND/DEM). – (SV) Señor Presidente, la migración ha existido a lo largo de toda la historia de la humanidad. Ha sido uno de los motores más importantes de esa historia. Por lo tanto, cuando hablamos de la migración entre países, estamos abordando unas cuestiones fundamentales, unas cuestiones existenciales relacionadas con la libertad humana. ¿Acaso las personas no tienen derecho a elegir en qué parte del mundo desean vivir? En realidad, aquí no se discute nada de eso. El Estado del bienestar moderno es incompatible con la libre inmigración y muy difícil de compatibilizar con la migración en general, debido a los distintos niveles de vida.
Según los estudios, la inmigración como medida para rejuvenecer nuestras poblaciones prácticamente se ha estancado. La inmigración de los miembros de la familia apenas si ha tenido repercusiones en la estructura demográfica. Haría falta que entre el 50 % y el 70 % de los habitantes de un país fueran inmigrantes para poder rejuvenecer la población de una nación como Japón.
La fuga de cerebros es un grave problema para muchos países en desarrollo, y aquí se está proponiendo que privemos a otros países de sus habitantes instruidos. Hace falta otro planteamiento.
Marine Le Pen (NI). – (FR) Señor Presidente, señoras y señores, las últimas cifras publicadas en el informe anual sobre las actividades de Eurodac de 2006 —la herramienta biométrica utilizada por Europa para hacer un seguimiento de los solicitantes de asilo—, ponen de manifiesto que el número de personas que ha cruzado clandestinamente alguna frontera de la UE ha aumentado un 64 % desde 2005. Este preocupante dato demuestra —si acaso hiciera falta alguna prueba— que Europa no puede controlar sus fronteras exteriores ni frenar el crecimiento exponencial de la inmigración clandestina, procedente, fundamentalmente, de África.
El único consuelo que brinda el informe es que el Parlamento parece haberse dado cuenta de que la regularización masiva de los inmigrantes que han entrado clandestinamente en el territorio de la Unión Europea no constituye una solución de por sí y no resolverá el problema. Ya era hora. Sin embargo, antes de llegar a esa conclusión, España, Bélgica, Francia, Italia y los Países Bajos tuvieron que recurrir primero a esa peligrosa política de regularización, y eso ha dado lugar inevitablemente al así denominado efecto «llamada» y a los consiguientes flujos migratorios de sus vecinos europeos.
No obstante, tenemos que ser positivos. Por algo se empieza. Aunque si queremos luchar contra la inmigración clandestina de forma eficaz, hay una medida que debe adoptarse urgentemente; a saber: el restablecimiento de los controles en las fronteras exteriores. Frontex no es sino un recurso efectista, una iniciativa desvirtuada por la falta de recursos humanos y materiales que ni siquiera cuenta con el apoyo de varios países europeos que no están dispuestos a perder el control de la gestión de la inmigración por nada del mundo, y, por eso, nunca sacará a Europa de esta espiral infernal.
La culpa del continuo y creciente problema de la inmigración es de Europa, por haber suscrito los vergonzosos acuerdos de Schengen. Esos acuerdos deben derogarse, y rápido.
Irena Belohorská (NI). – (SK) La legislación de la Unión Europea en materia de política de migración es profusa. Disponemos de los Convenios de Ginebra, el Convenio de Dublín, varios reglamentos y un gran número de directivas.
Sin embargo, su aplicación plantea graves problemas, y su profusión hace que todo el sistema resulte ininteligible. Además, muchas veces, la legislación de los Estados miembros no suele aplicarse correctamente, y la condición de solicitante de asilo y la de refugiado tienden a equipararse.
No dispongo de mucho tiempo, así que me centraré en la cuestión de los niños que abandonan su país de origen sin la compañía de sus padres para solicitar asilo en otro país; precisamente el 5 % de todos los solicitantes de asilo son niños. Si bien disponemos de estadísticas sobre la cantidad de niños que han solicitado asilo, no sabemos cuántos han cruzado la frontera y no han solicitado asilo. Sabemos a cuántos se les concede el asilo, pero no estamos al tanto de qué les sucede a los que se les deniega la solicitud.
Por otra parte, cuando un niño llega a un país, se le debe asignar un representante legal que defienda sus intereses; aunque no sabemos exactamente cuáles son los intereses de un niño. Los representantes legales de los niños no deberían ser voluntarios inexpertos, estudiantes ni juristas con conflictos de intereses.
Patrick Gaubert (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente, señoras y señores, me alegré al leer recientemente que el Grupo Socialista en el Parlamento Europeo hacía un llamamiento para que el debate de esta mañana no se convirtiera en un ejercicio de electoralismo. Es más, después de escucharles esta mañana, me da la sensación de que sus posturas están a un paso de las de mi propio Grupo.
Coincido con la señora Gruber en que los Estados miembros no pueden seguir gestionando la inmigración de forma independiente desde su propio rincón de Europa. De igual modo, estoy de acuerdo con el señor Moreno en que es nuestro deseo contribuir al desarrollo de las naciones con un alto nivel de emigración, a fin de que sus ciudadanos estén más dispuestos a quedarse en su país. También coincido con el señor Fava en que Europa debería adoptar una postura firme con respecto a los empresarios que explotan sin escrúpulos a sus trabajadores.
Hay personas que asocian la inmigración con la violencia y que achacan a los inmigrantes todos los males de su país. Esas personas no comparten los valores fundamentales de la Unión Europea.
Por suerte, también hay personas que luchan humanitariamente contra la inmigración clandestina —el origen de los esclavos de nuestro tiempo— y que apoyan una inmigración legal que nos brinda oportunidades económicas, culturales e intelectuales a todos.
Lo que sabemos a ciencia cierta en el Parlamento es que este problema no puede resolverse aplicando meras medidas nacionales. El único camino posible es la adopción de una política europea concertada. No creamos Frontex para que sacara personas ahogadas de las aguas marinas de Europa Meridional ni para que recogiera los cadáveres de los niños que mueren de hambre y de sed en los territorios del Este. Frontex no es una frontera infranqueable, sino una forma de impedir la llegada de un número excesivo de inmigrantes, para el que no contamos con suficientes recursos sociales y materiales.
El control de nuestras fronteras no constituye un problema técnico ni militar, sino una cuestión política. Al igual que ustedes, estoy tratando de hallar la solución más realista y humanitaria. Como bien sabemos todos, esa solución ha de encontrarse aquí, en torno a la mesa europea, y debemos llegar a un acuerdo sobre ella con los dirigentes de los países de los que procede la mayor parte de la inmigración. Nos corresponde a nosotros poner en marcha una nueva forma de codesarrollo más eficaz que permita una regulación inteligente de los flujos migratorios y una llegada pacífica de los inmigrantes a la Unión Europea.
Señorías, muchas veces, los inmigrantes no tienen capacidad de elección con respecto a cuanto les acontece, pero nosotros sí podemos elegir; podemos optar por acogerlos con interés, dignidad y comprensión. Nos corresponde a nosotros tener éxito donde otros llevan tanto tiempo fracasando.
(Aplausos)
Martine Roure (PSE). – (FR) Señor Presidente, aplaudimos sinceramente este debate conjunto, porque hoy en día no podemos contar con una política europea de migración realmente eficaz y coherente si no abordamos estos dos asuntos conjuntamente y a escala comunitaria.
Nuestros respectivos países llevan años aplicando una política restrictiva con respecto a la inmigración, y, sin embargo, esa política no ha impedido que los inmigrantes siguieran llegando. Por el contrario, continúan llegando a Europa —con gran peligro para su persona—, donde esperan encontrar unas condiciones de vida mejores, y, para muchos, se trata de una cuestión de supervivencia. Actualmente el mundo es una aldea global, y nunca podremos detener a las personas que escapan del sufrimiento y de la desesperación. Aún hay personas que tratan de hacernos creer que podemos cerrar nuestras fronteras, y adoptan así una postura absolutamente irresponsable.
Todo es cuestión de ética y de solidaridad, y nos corresponde a nosotros ayudar a los países que están en apuros. Por eso, desearía que este debate no se centrara exclusivamente en Frontex. Indudablemente, el Consejo Europeo tiene que explicar por qué Frontex ha tenido que suspender su actividad en el Mediterráneo a mediados de agosto por falta de capacidad operativa. Aunque, en realidad, deberíamos centrarnos en averiguar cómo conseguir que las personas que desean venir a Europa puedan hacerlo de un modo debidamente regulado.
Naturalmente, deberíamos estudiar la posibilidad de poner en marcha una tarjeta azul europea que permitiese a los inmigrantes circular libremente entre Europa y sus países de origen, de un modo transparente y seguro. Al mismo tiempo, es importante que la Comisión presente primero una propuesta en la que se defina una base común para los derechos de los inmigrantes. Muchísimas personas están siendo explotadas de forma vergonzosa en nuestros países. Debemos ser plenamente conscientes de que hoy en día, en un mundo que cambia sin cesar, es urgente que aquellos países cuyos habitantes continúen viviendo en la miseria puedan desarrollarse en armonía. Es simple y llanamente nuestra obligación. Todas las personas deberían tener derecho a quedarse a vivir en su país de origen, pero, tal como están las cosas, no todo el mundo puede hacerlo.
Por último, espero que los Estados miembros respeten el mandato de la Conferencia Intergubernamental de someter la cuestión de la inmigración legal a una votación por mayoría cualificada y al procedimiento de codecisión. Sólo repetir que es absolutamente indispensable hacerlo si deseamos adoptar una política europea coherente en este ámbito.
Jean-Marie Cavada (ALDE). – (FR) Señor Presidente, señor Comisario, señor Presidente en ejercicio del Consejo, por fin podemos debatir juntos los temas de la inmigración clandestina y la inmigración que se considera legal; son las dos caras de una misma moneda, sin las que ningún país puede pretender tener una política de inmigración de éxito. En realidad, la mayoría sólo han conseguido crear desequilibrios electorales que únicamente han servido para agravar los problemas, y eso es lo último que necesitan si desean resolverlos de forma eficaz.
Hoy en día ningún Estado miembro puede decir que desee gestionar solo su política de inmigración, y la tragedia de esta Unión Europea es que muchos de sus miembros son países que históricamente, durante dos siglos o más, han sido unos expertos en inmigración, porque la han sufrido ellos mismos. Hoy se harán algunos gestos políticos, aunque creo que ha llegado la hora de pasar al siguiente nivel. En una zona como la nuestra, en la que se permite la libertad de circulación, las decisiones que tome un Estado miembro repercutirán de forma inmediata en los países vecinos. De la misma manera, teniendo en cuenta que, en lo sucesivo, todos los países de la Unión compartirán las fronteras exteriores, no podemos pretender que los Estados miembros que se encuentran al sur y al este de la UE se tengan que enfrentar, solos y desamparados, a la afluencia masiva de inmigrantes que se está registrando en Malta, en Canarias y en Lampedusa, así como en las zonas del este de la Unión e incluso en el noroeste.
Dada la solidaridad que indudablemente requiere la situación, debemos ejercer una voluntad política que, a mi parecer, los Estados miembros aún no están muy dispuestos a demostrar. No podemos elaborar una política europea de inmigración adecuada si no ponemos fin al desequilibrio imperante en los Tratados actuales. La lucha contra la inmigración clandestina ha de englobarse en un sistema comunitario adecuado, y no puede seguir tolerándose la parálisis absoluta que afecta actualmente a nuestra política de inmigración legal.
Por todo ello, quisiera volver a recalcar la necesidad de someter nuestra política de inmigración legal y de integración al procedimiento de votación por mayoría cualificada y al procedimiento de codecisión con el Parlamento Europeo, de acuerdo con el mandato de la Conferencia Intergubernamental. Es la única manera de responder democráticamente a uno de los mayores desafíos a los que la Unión Europea se enfrenta en estos momentos.
Roberts Zīle (UEN). – (LV) Señor Presidente, señor Comisario, me alegro mucho de que el Parlamento, en su esfuerzo por reforzar la solución comunitaria, también esté lidiando con cuestiones relativas a la inmigración legal que afectan a mi país, Letonia, concretamente en relación con el déficit de empleo registrado en algunos sectores, como el de la construcción y el de los servicios de catering. En efecto, muchos ciudadanos letones se han ido del país para trabajar legalmente en esos sectores en distintos países de la UE, y, en nuestro país, esos puestos de trabajo están siendo ocupados, tanto legal como clandestinamente, por ciudadanos de terceros países. Sin embargo, en cuanto a las personas que desean vivamente reforzar el papel del Parlamento Europeo en materia de inmigración y reducir el de los Estados miembros —especialmente el de los más pequeños—, me gustaría hacer hincapié en otro aspecto. Deberíamos hacer cuanto esté en nuestra mano por convencer a ciertos Estados miembros de que dejen de restringir el acceso al mercado laboral a los Estados miembros que pasaron a formar parte de la UE en 2004, por no hablar de la actitud hacia los Estados miembros de la ampliación de 2007, una actitud que fomenta el trabajo ilegal incluso para los ciudadanos de la UE. Sean coherentes, señoras y señores. Gracias.
Hélène Flautre (Verts/ALE). – (FR) Señor Presidente, al proponer la apertura de vías legales de inmigración —una idea motivada fundamentalmente por las necesidades económicas de Europa, normalmente ajenas a las necesidades reales de las personas que viven en el sur de la Unión— en realidad, más que la cantidad de inmigrantes que pueden venir a Europa, se está decidiendo cuáles de ellos pueden entrar legalmente en nuestro territorio. ¿Y qué hay de los demás?
A ellos sólo les queda una travesía de pesadilla: la imposibilidad de abandonar su país de origen, la interceptación en el mar, las vías no oficiales, la detención, el rescate o el ahogamiento —y me gustaría oírles repetir insistentemente que el rescate de las personas es un deber universal y fundamental, tal como lo demuestra el caso de los siete pescadores tunecinos, y que eso es lo mínimo que deberíamos esperar— y, a continuación, posiblemente una repatriación forzosa, un viaje interminable por unos países de tránsito hostiles, graves violaciones de los derechos, etc.
Dada su condición de Comisario responsable de justicia, libertad y seguridad, su principal preocupación —al igual que la nuestra— debería ser garantizar el respeto por los derechos humanos, y sus competencias en ese ámbito son muy amplias; de hecho a todos nos consta que son formidables.
Si a un ciudadano checheno se le deniega el asilo en Eslovaquia y se le expulsa a Rusia, vía Ucrania, ¿cómo puede garantizar que no sufrirá malos tratos? ¿Cuál ha sido el resultado de los primeros acuerdos de readmisión que la UE ha negociado en este ámbito? ¿Cómo podemos garantizar que no habrá represiones cuando repatriemos sin miramientos a las personas de esa manera?
Cuando las patrullas de Frontex interceptan pateras llenas de inmigrantes en el mar, ¿cómo puede garantizar que los que van a bordo realmente puedan solicitar asilo y que las patrullas en cuestión traten debidamente a los menores y tengan en cuenta sus intereses, con arreglo al Derecho internacional?
Para concluir, permítame pedirle que explique con claridad por qué no cuenta con una política activa encaminada a instar a los Estados miembros a que ratifiquen la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares.
Pedro Guerreiro (GUE/NGL). – (PT) En una intervención de un minuto, sólo podemos insistir en que debe ponerse fin a las políticas represivas orientadas a la seguridad, por las que los inmigrantes —tanto los hombres como las mujeres— que aspiran trabajar y a una vida digna son considerados como unos delincuentes. Los centros de detención para inmigrantes deben cerrarse y hay que acabar con la cruel política de repatriación. Se ha de luchar contra la xenofobia y el racismo y contra todas las políticas y la corrupción que los fomentan. La situación de los trabajadores inmigrantes debe regularizarse garantizando sus derechos laborales y sociales, una condición indispensable para terminar con unas situaciones de explotación que resultan inaceptables. Debe haber una política de integración eficaz que contemple expresamente la reagrupación familiar.
En nuestra opinión, a la luz de los resultados de otras políticas comunes, la elaboración de una política común de migración no constituye una respuesta adecuada a estas cuestiones ni a estos problemas. Cada país de la Unión Europea se enfrenta a una situación diferente en lo que respecta a la migración. Las decisiones adoptadas en relación con esta política deben respetar la soberanía de cada Estado, que, por supuesto, no es un obstáculo para la cooperación requerida en este ámbito a escala europea. No necesitamos una política común, sino una política y unas medidas diferentes que sean eficaces a la hora de proteger los derechos de los inmigrantes y de luchar contra las profundas causas de la inmigración.
Patrick Louis (IND/DEM). – (FR) Señor Presidente, señoras y señores, basta ya de tanta hipocresía política. El derecho de asilo y la inmigración no plantean ningún problema cuando se trata de tipos de civilización análogos. El problema es fundamentalmente la inmigración procedente de otra civilización, y eso no beneficia a nadie.
La inmigración de las personas que buscan empleo es doblemente injusta; por un lado, priva al país de origen de las cualificaciones que él mismo ha sufragado y, por otro, debilita el mercado laboral y quita oportunidades de empleo a los desempleados nacionales.
La inmigración de las personas que buscan prestaciones es un error por dos motivos: desarraiga a los pobres, que dejan sus países, hipnotizados por los atractivos de Occidente, y, en el país de acogida, desestabiliza los presupuestos sociales, que han sido elaborados y sólo pueden mantenerse en el contexto limitado y protector de la nación.
Eso significa que, al contrario de lo que se escribió hace un mes en las paredes del restaurante frecuentado en Bruselas por los miembros al Parlamento, la Unión Europea no necesita inmigrantes. De hecho, lo que Europa necesita es más bien lo contrario; a saber: una política familiar y demográfica y una cooperación soberana entre naciones y fronteras, no Frontex. El mundo debe comprender, para empezar, que la paz no se consigue a fuerza de inmigración, sino a fuerza de un desarrollo independiente, y, para continuar, que, cuando las personas pierden sus raíces culturales, se desencadena una auténtica proletarización.
Jim Allister (NI). – Señor Presidente, la capacidad de una nación Estado para controlar sus propias fronteras y para cambiar su política de inmigración cuando sea procedente constituye una prueba tangible de soberanía.
El hecho de que el Reino Unido ya no pueda rectificar el grave error de cálculo que hizo en 2004, con su política de puertas abiertas hacia Europa Oriental, es una muestra elocuente de cuánta soberanía que hemos perdido por ingresar en este club. He dicho «grave error de cálculo» porque, en lugar de los 13 000 inmigrantes previstos, ahora tenemos 750 000, con las consiguientes pérdidas masivas para la seguridad social, que cada año suponen millones en subvenciones y desgravaciones fiscales por unos hijos que ni siquiera viven en el Reino Unido, pero a las que tienen derecho porque sus padres trabajan allí. Las normas de la UE nos impiden hacer algo al respecto, pero algunos pretenden, no obstante, que cedamos más poder aún a Bruselas. Hacerlo sería un disparate.
József Szájer (PPE-DE). – (HU) Señoras y señores, las deficiencias de la política europea de inmigración y las dificultades experimentadas hasta ahora en el marco de la acción común han conseguido restar apoyo social a valores compartidos como la libre circulación de ciudadanos dentro de la Unión Europea.
Hemos abierto nuestras fronteras interiores, pero aún no contamos con una política común de inmigración. Eso es completamente absurdo. Entretanto, los ciudadanos europeos piensan que la consecuencia de tener las fronteras abiertas dentro de la UE es una inmigración sin ningún tipo de control. Si deseamos que continúe reinando la paz en nuestras sociedades y que la opinión pública siga apoyando la libertad de circulación, necesitamos una Europa fuerte —más fuerte de lo que es ahora— en materia de inmigración. No obstante, en ese sentido, no debemos olvidar que los ciudadanos de los nuevos Estados miembros, a pesar de ser ciudadanos europeos, continúan siendo objeto de unas restricciones importantes en lo que respecta a la política de inmigración.
El Partido Popular Europeo opina que una política europea común de inmigración adecuada y transparente requiere lo siguiente: en primer lugar, solidaridad entre los Estados miembros. Eso descartaría las decisiones unilaterales que afectan a todos a consecuencia de las fronteras abiertas, como, por ejemplo, la decisión del Gobierno español. En segundo lugar, la dignidad humana es el principio por el que debemos regirnos.
En tercer lugar, debemos actuar con firmeza contra la inmigración clandestina. Hace un momento, un diputado al Parlamento del Grupo Socialista aseguraba que la inmigración no es un delito. Sin embargo, señoras y señores, cuando una persona infringe las normas europeas y las normas de los Estados miembros, está cometiendo un delito, y por eso hablamos de la inmigración clandestina. Si queremos actuar contra la inmigración clandestina, necesitamos una mayor protección de nuestras fronteras y una disposición legal relativa al retorno de los inmigrantes a su país de origen.
En cuarto lugar, las normas sobre inmigración clandestina deben reforzarse y ser más transparentes —discúlpenme, quería decir las normas sobre inmigración legal— y han de tener más en cuenta los tipos de trabajadores que hacen falta en nuestros países.
En quinto lugar, la política de inmigración no debe comenzar en nuestras fronteras. Es increíble que, a pesar de que la Unión Europea sea una de las principales organizaciones de ayuda del mundo, no impongamos demasiadas condiciones a los países beneficiarios en lo que se refiere a la corrupción, al respeto por los derechos humanos y a la democracia. Tenemos que acabar con esa situación e imponer ese tipo de condiciones a los países beneficiarios. Por lo demás, opino que Europa necesita una política de inmigración más sólida.
Stavros Lambrinidis (PSE). – (EL) Señor Presidente, hace varias décadas, millones de conciudadanos europeos emigraron a Estados Unidos, a Australia, a Sudáfrica y a otros países europeos. No eran ricos, sino que huían de la pobreza.
Entonces pedimos que fueran aceptados y que se les otorgaran derechos. El dinero que enviaban a casa estimulaba nuestras economías. En los días de fiesta nacional de nuestros países, miles de banderas italianas, griegas e irlandesas ondean en esas naciones. Aquellos emigrantes aman los países a los que se fueron, pero también pueden amar sus países de origen; nadie se siente amenazado por ese amor compartido. Ellos mejoraron e impulsaron las economías y la riqueza cultural y democrática de los países de acogida.
Por consiguiente, la inmigración no debería considerarse fundamentalmente un fenómeno de seguridad, ni mucho menos un caldo de cultivo del terrorismo, como ha acabado por debatirse en Europa.
La política de inmigración debería ser una política global y debería abordar los siguientes aspectos:
- en primer lugar, la mejora de las vías legales de migración;
- en segundo lugar, la lucha contra la inmigración clandestina, especialmente contra las crueles redes de trata de inmigrantes, y el respeto por los derechos humanos en los centros de detención. El único delito que han cometido estas personas es haber nacido en unos países pobres y desgarrados por la guerra;
- en tercer lugar, el motivo de la afluencia de inmigrantes: las guerras, la pobreza, el subdesarrollo, las dictaduras. Europa debe abordar esos fenómenos en el marco de su política exterior y económica;
- en cuarto lugar, deberíamos preguntarnos por qué Europa resulta tan atractiva para los inmigrantes, y, al mismo tiempo, hemos de luchar contra el trabajo ilegal;
- en quinto lugar, las necesidades demográficas, educativas, económicas y de investigación de la Unión Europea. Tenemos que a atraer a esos trabajadores que tanto necesitamos;
- en sexto lugar, el respeto por los derechos fundamentales;
- en séptimo lugar, la construcción en Europa de un puente de unión entre los pueblos y las culturas, y el consiguiente fortalecimiento de nuestra política exterior.
La mayoría de esos aspectos no requieren intervención policial alguna, sino más bien políticos perspicaces y audaces. Me alegro de que, después de haberse centrado inicialmente en un planteamiento basado en la seguridad, la Comisión haya adoptado ahora un planteamiento global mucho mejor. Mis felicitaciones al señor Frattini.
Mogens Camre (UEN). – (DA) Señor Presidente, la clave de los problemas que nos ocupan está en el desequilibrio demográfico que reina en el mundo. La despenalización de la inmigración ilegal no resolverá ningún problema, y la gestión de la inmigración con arreglo a un conjunto uniforme de normas, aún menos. Sólo con la ayuda al desarrollo y a la democracia podrá conseguirse algo. Los países de la UE son tan diferentes que resulta imposible aplicar unas normas uniformes. En Dinamarca, más de la mitad de los inmigrantes que no son originarios de Occidente no tienen acceso al mercado laboral, y entre los que sí que lo tienen, los niveles de desempleo son elevados. Eso se debe a los elevados salarios mínimos y a las elevadas prestaciones sociales del país. De hecho, son tan elevados que los miembros al Parlamento pueden entender que Dinamarca sencillamente no pueda brindar acceso a su mercado laboral a ninguna persona sin cualificaciones, sea cual fuere su nacionalidad, y por muy cuantiosa que pudiera ser cualquier iniciativa de ayuda financiera.
La oposición de todos los Estados miembros a la creciente inmigración de culturas extranjeras debería bastar para convencer al Parlamento Europeo de que escuche más a su electorado.
Raül Romeva i Rueda (Verts/ALE). – (ES) Señor Presidente, todo debate sobre inmigración debería partir de, al menos, cuatro evidencias: la gente seguirá jugándose la vida para venir por muchos muros, rejas o barcos que pongamos; la gente no viene a España, Malta o Italia, viene a Europa; todos los estudios ponen de manifiesto que la población inmigrante es necesaria en la Unión Europea para garantizar el actual nivel del Estado de bienestar; y, por último, sigue siendo altamente preocupante el abuso al que muchas veces se ven sometidas estas personas por parte de empresarios sin escrúpulos que se aprovechan de su situación de vulnerabilidad para explotarles.
Si esto es así, e, insisto, se trata de evidencias ya demostradas, no de prejuicios ni de sospechas, si esto es así, repito, lo que toca ahora es desarrollar una política europea de permeabilidad razonable e inteligente en nuestras fronteras, ya que la impermeabilidad de las mismas no ayuda a gobernar el proceso y sólo añade dramatismo al mismo.
Asimismo, debemos adoptar una actitud responsable en la acogida, garantizando el acceso al derecho de asilo y refugio a los inmigrantes como un trato individualizado a los mismos y ofreciendo soluciones realistas.
Kyriacos Triantaphyllides (GUE/NGL). – (EL) Señor Presidente, hemos leído atentamente los informes de ambos diputados al Parlamento. En ellos, no se plantea ninguna propuesta que difiera sustancialmente de las medidas y políticas propuestas por el Consejo y por la Comisión.
Frontex —para la que se están tratando de conseguir más asignaciones— no es un mero mecanismo de vigilancia de nuestras fronteras, sino que también puede servir de plataforma de control de los terceros países que limitan con la UE. La solución para luchar contra la inmigración clandestina no radica en la creación de mecanismos de represión y de intervención. No deberíamos abrir centros de detención, recopilar datos biométricos en bases de datos centrales ni tratar a todas las personas que intentan cruzar nuestras fronteras como si fueran terroristas o delincuentes.
Por otro lado, la creación de un marco de condiciones para la inmigración legal tampoco es una forma de luchar contra la inmigración clandestina. Ese marco no debería seguir sirviéndonos de excusa para promover medidas que le son útiles al conjunto de la Unión Europea, pero que no tienen en cuenta los derechos de propios inmigrantes.
En la exposición de motivos pertinente, no se critica el uso de los datos biométricos, no se hace una distinción entre los controles y la gestión de la inmigración y tampoco se tiene en cuenta a los inmigrantes que no forman parte de las categorías de trabajadores con aptitudes intelectuales útiles o de mano de obra esencial para satisfacer las necesidades de las multinacionales.
La inmigración consiste en una relación bilateral de aporte y diálogo, de intercambio e influencia recíproca, de cooperación y respeto por los pueblos y por las personas y de comprensión y garantía de la igualdad de oportunidades. Por lo tanto, es nuestro deber promover políticas que se rijan exclusivamente por este planteamiento.
PRESIDE: Mario MAURO Vicepresidente
Manfred Weber (PPE-DE). – (DE) Señor Presidente, señoras y señores, hoy hemos hablado mucho de los inmigrantes. A continuación, me gustaría centrarme un momento en lo que nos piden nuestros ciudadanos. Los ciudadanos nos preguntan cómo podemos estar hablando de la inmigración de trabajadores muy cualificados, cuando hay millones de parados en la Unión Europea. Como políticos, tendremos que afanarnos en explicar a nuestros ciudadanos que, cuando se trata de trabajadores cualificados, necesitamos a los mejores cerebros del mundo.
Los ciudadanos también nos plantean la siguiente pregunta: «¿Se están tomando en serio nuestra preocupación por este asunto?» Nos referimos a la migración circular. En las últimas décadas, hemos traído a ciudadanos turcos a mi país y les hemos dado empleo. En la República checa, tenemos a los vietnamitas. Hasta ahora, la migración circular —es decir, el retorno de esos trabajadores a sus países de origen— no ha surtido efecto en esos países. Nuestros ciudadanos nos preguntan cómo pretendemos resolver ese problema y cómo se consigue que todo encaje.
De igual modo, tendremos que explicar claramente a los ciudadanos que consideramos que los inmigrantes tienen la obligación de integrarse —como bien ha dicho el señor Lambrinidis—, y eso significa que tienen que aprender la lengua y hacer un esfuerzo por integrarse. Sólo conseguiremos que los ciudadanos se muestren a favor de una política europea de migración —a favor de la inmigración legal— si queda claro, en lo que se refiere a la inmigración clandestina, que los inmigrantes clandestinos tendrán que irse de Europa. Es el único modo de lograr que la opinión pública apruebe la inmigración legal.
En mi opinión, lo más importante del informe es el hecho de que se garantice claramente a los ciudadanos europeos que las cuotas —es decir, la labor de determinar cuántas personas tendrán acceso al mercado laboral— se dejarán en manos de los Estados miembros; igual que antes. En eso hay mucha más confianza entre los ciudadanos.
Quisiera expresar mi agradecimiento a ambos ponentes por haber presentado un buen informe. Permítanme decir, en nombre de mi Grupo, el Grupo del PPE-DE, que celebramos que sus Señorías de los partidos políticos de izquierdas en el Parlamento también se hayan acercado a nuestra posición en muchos ámbitos, particularmente en relación con la cuestión de una política de retorno sólida, la de dejar la determinación de las cuotas en manos de las naciones y la de establecer unos controles fronterizos eficaces. Para mí, es sumamente grato que, como miembros del Grupo del PPE-DE, hayamos podido hacer valer nuestra posición en el Parlamento.
Magda Kósáné Kovács (PSE). – (HU) Gracias, señor Presidente. Europa necesita una política común de inmigración. Desde Tampere hasta La Haya, desde Claude Moraes y Patrick Gaubert hasta los dos excelentes informes de hoy y todas las comunicaciones de la Comisión que ha habido entre medias... esos han sido los altos en el camino en los que ya hemos podido establecer que el hecho de que la política de inmigración sea estricta no constituye una ventaja propiamente dicha.
Nuestro cometido es coordinar y distinguir. Tenemos que coordinar los complejos fenómenos que entran en juego en la migración, incluidas no sólo las personas que emigran exclusivamente por motivos económicos, sino también las que cruzan la frontera clandestinamente. En cuanto a éstas, tenemos que distinguir los solicitantes de asilo de los infiltrados vinculados a actividades delictivas y de las personas que podrían haber actuado ilegalmente bajo la presión de las propias autoridades.
Hasta ahora, nosotros, los nuevos Estados miembros hemos sido países de tránsito, pero en adelante también seremos países de destino, y nuestra responsabilidad será mayor, porque nosotros también necesitamos nuevos trabajadores. No necesitamos más fuerza física ni más materia gris que explotar, sino nuevos trabajadores para nuestro mercado laboral. Por eso, aplaudo las disposiciones reglamentarias en las que se indica el lugar que ocupan los inmigrantes en el contexto de nuestro mercado laboral. Aplaudo asimismo el plan de legislación común y los instrumentos propuestos en dicho plan.
Por último, me gustaría señalar que la cooperación con los países de origen es la clave del verdadero futuro humano, en el que la inmigración, ya sea legal o clandestina, no será una decisión para toda la vida ni implicará una huida del país de origen y del hogar, sino que se tratará de un período limitado, en el que las condiciones de retorno habrán de establecerse a fuerza de comprensión e integración. Gracias, señor Presidente.
Simon Busuttil (PPE-DE). – (MT) Gracias, señor Presidente, señor Comisario. Si bien es cierto que la agencia Frontex está haciendo un gran esfuerzo, he de decir que aún nos queda mucho para obtener los resultados requeridos. La misión cumplida por Frontex en el Mediterráneo el pasado mes de julio consiguió reducir a la mitad el número de inmigrantes que llegaron a mi país, Malta, con respecto al mismo mes del año anterior. Así y todo, aunque parezca increíble, la misión se suspendió a finales de julio; de hecho, en agosto llegaron el doble de inmigrantes que el año anterior. A pesar de que la misión de Frontex se ha reanudado este mes, se ha producido un incremento con respecto a septiembre del año pasado. Señor Presidente, ¿qué significa todo esto? Significa, en primer lugar, que tenemos que seguir reforzando Frontex; por eso, este Parlamento se ha comprometido a incrementar el presupuesto de Frontex y no a reducirlo, como pretende el Consejo. De igual modo, quiere decir que los Estados miembros que tantos barcos, helicópteros y aeronaves prometieron a Frontex no están cumpliendo sus promesas. Espero que tanto Frontex como la Comisión ayuden al Parlamento a conseguir que los Estados miembros cumplan su responsabilidad. Significa asimismo que aún queda mucho trabajo por hacer para conseguir que terceros países como Libia cooperen con nosotros en el ámbito de la inmigración. Y, sin embargo, señor Presidente, también significa que la política europea de inmigración aún destila hipocresía. Todo el mundo está de acuerdo en que lo primero debería ser salvar a las personas que están ahogándose en el Mediterráneo. Muy bien, así debería ser. Sin embargo, cuando planteamos la cuestión —como lo ha hecho Malta— de quién acogerá a las personas que se rescatan del mar, se impone un silencio absoluto.
Wolfgang Kreissl-Dörfler (PSE). – (DE) Señor Presidente, señoras y señores, está bien que por fin se haya reconocido que los esfuerzos conjuntos para luchar contra la inmigración clandestina no son suficientes y que también hacen falta estrategias globales para gestionar y coordinar conjuntamente la migración legal, especialmente en una Europa sin fronteras. Sin embargo, este asunto no se puede dejar exclusivamente en manos de los Ministros del Interior —quienes enseguida alcanzan acuerdos sobre medidas dirigidas a los inmigrantes clandestinos—, sino que también les concierne a los Ministros de Trabajo y de Asuntos Sociales.
Por lo tanto, aplaudo la iniciativa del Consejo y de la Comisión de hacer participar a los ministerios especializados pertinentes, incluido, por ejemplo, nuestro Vicecanciller, el señor Müntefering. Lo cierto es que la migración legal siempre implica el acceso de inmigrantes al mercado laboral y, por ende, a los sistemas de seguridad social.
Sin embargo, también tenemos que luchar más intensamente contra las causas de la migración y de que tantas personas traten de resolver su situación huyendo de unos países de origen desolados. Tenemos que crear oportunidades de empleo legal. La «tarjeta azul» y la migración circular son el primer paso hacia delante.
También desearía hacer un comentario acerca de Frontex. Lo que algunos Estados miembros están haciendo en este sentido es vergonzoso. La solidaridad requerida siempre no ha de corresponder sólo a unos cuantos países de la UE, sino a todos, y, a mi parecer, los refugiados deben repartirse entre todos los Estados miembros con arreglo a una fórmula que aún está por determinar. No puede ser un problema sólo para Malta, las Islas Canarias o Grecia. Al fin y al cabo, la eficacia de Frontex dependerá de los Estados miembros.
Desearía hacer una observación tangencial sobre Frontex. Frontex siempre saca de la mitología griega los nombres de sus operaciones, como, por ejemplo, Nautilus. Sin embargo, dentro de poco se llevará a cabo una operación que se llama Hydra. Me parece un nombre de mal gusto. Opino que debería cambiarse el nombre de la operación, porque cualquiera que tenga ciertos conocimientos de la mitología griega sabe lo que significa Hydra.
(Aplausos)
Agustín Díaz de Mera García Consuegra (PPE-DE). – (ES) Señor Presidente, algunas reflexiones y algunos datos, pocos. Según Eurostat, el 45 % de los extranjeros que en el año 2006 entraron en el continente europeo se quedaron en España. Entre el día 21 y la madrugada del 24 de septiembre llegaban a playas españolas 595 subsaharianos. Desde principios de año, sólo a las Islas Canarias han llegado más de 11 000 inmigrantes, 9 000 desde la puesta en marcha de la misión Hera el 23 de abril.
A pesar de los operativos de Frontex, Hera, Hermes, Nautilus, Poseidón y Malta, las cifras acreditan que las mafias que trafican con seres humanos cuentan con los medios necesarios para burlar nuestros mecanismos de control y abrir nuevas vías marítimas. Ejemplo de ello son las numerosas llegadas que en los últimos días se han producido en las costas del Levante español. O los más de 4 000 inmigrantes procedentes de Sri Lanka y Pakistán que esperan ser trasladados al continente europeo desde las playas de Guinea Conakry.
Por tanto, es necesario otorgar prioridad a las misiones destinadas a identificar y detener a los miembros de las mafias y reforzar la cooperación policial e internacional mediante la puesta en marcha de equipos conjuntos de investigación. Frontex debe mantener sus misiones de forma permanente en las zonas de crisis. Es imprescindible que el Consejo impulse más el desarrollo de la Red Europea de Patrullaje para ampliar las tareas de control y vigilancia.
El conjunto de la Unión debe promover e impulsar acuerdos de cooperación y campañas de información, no sólo lingüísticas y profesionales; hay que informar a los países de origen y tránsito también de los riesgos y de las muertes de los inmigrantes.
Por último, es preciso coordinar a nivel europeo las políticas de inmigración, al objeto de evitar legislaciones permisivas y procesos de regularización que sirvan de efecto llamada. Debemos, también, impulsar una política generosa y humanitaria de asilo y la necesaria protección internacional.
Termino, señor Presidente, no cabe hablarle al Consejo de solidaridad del 20 %. Frontex aporta el 80 % para que se puedan fletar buques, aviones, combustibles, todo menos lo que tiene que ver con la amortización del material. Así es que el Consejo debe impulsar la solidaridad del 20 % y no utilizar dobles lenguajes en una política que afecta a toda la Unión Europea.
Inger Segelström (PSE). – (SV) Señor Presidente, para empezar, permítame expresar mi agradecimiento a los ponentes por su excelente trabajo. Estoy satisfecha con la intención de ponerles las cosas difíciles a los empresarios y particulares que ofrecen empleos ilegales. El empleo ilegal —por ejemplo, en el ámbito de las labores domésticas y el cuidado de los niños— suele afectar fundamentalmente a las mujeres, sobre todo a las que son inmigrantes. Pero los afectados no son sólo los interesados, sino también los sistemas de seguridad social y de finanzas de los países en cuestión, así como la competencia en esos países. También aplaudo la intención de brindar un continuo apoyo al objeto de luchar contra la trata de seres humanos, especialmente contra la de mujeres y niños, que es la predominante. Agradezco el apoyo brindado a fin de reducir a la mitad el número de víctimas en diez años y con vistas a erradicar completamente esa práctica.
Por otro lado, lamento no haber recibido el apoyo del Grupo conservador en la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior con relación al propósito de ayudar a las mujeres y a los niños a liberarse y a comenzar una vida nueva. La aprobación de la enmienda 29 brindaría una nueva oportunidad de ayudar a las mujeres y a los niños a que puedan quedarse en la UE o volver a su país de origen. Voten a favor de ella a fin de que las mujeres puedan rehacer su vida después de haber sido víctimas de la trata de seres humanos.
También me alegro de que continuemos manifestando nuestro rechazo a los campos de refugiados fuera de la UE. Sin embargo, quisiera advertir de los trabajadores inmigrantes económicos que recibiremos si no permitimos que las familias, las parejas y los hijos los acompañen. Serán, en su mayoría, hombres jóvenes, y eso no es bueno para ninguna sociedad de la UE.
Estamos hablando de las fronteras de la UE.
Es importante que se impida la entrada de las personas que se dedican a la trata de seres humanos, la delincuencia, las drogas, el tráfico de armas y el blanqueo de dinero y que las personas que necesitan protección, en cambio, sean acogidas en una Unión humanitaria; ellas son el eje de la UE y no pueden excluirse del futuro común de Europa.
La migración no sólo será importante para los que vivimos aquí y ahora, sino también para las futuras generaciones. Nuestro objetivo ha de ser alcanzar la prosperidad tanto a nuestro nivel como a escala mundial.
Carlos Coelho (PPE-DE). – (PT) Señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Vicepresidente de la Comisión, señoras y señores, el debate de hoy se basa en dos informes que representan claramente dos planteamientos que se complementan: el plan de política en materia de migración legal y las prioridades en la lucha contra la inmigración clandestina. Sería un grave error apoyar uno y desechar el otro, puesto que son las dos caras de una misma moneda. Hoy en día la migración es un fenómeno de enormes dimensiones. Se calcula que actualmente hay alrededor de 26 millones de inmigrantes en la Unión Europea, tanto en situación regular como irregular. No cabe duda de que la migración es un fenómeno de dimensión europea, no sólo porque ningún Estado miembro puede gestionarlo de forma eficaz por su cuenta, sino también porque cualquier cambio en la política de migración de un Estado miembro puede repercutir en los flujos migratorios y en la evolución de éstos en los demás Estados miembros.
Señor Vicepresidente de la Comisión, como es lógico, estoy a favor de la idea de la tarjeta azul, así como de la creación de un portal de inmigración europeo, en el que se facilite información a gran escala sobre las opciones de migración legal y las condiciones para ella en el ámbito de la Unión Europea. Aplaudo la estrategia de desechar la idea de una directiva única —después de un impasse de varios años en el Consejo— y adoptar un enfoque progresivo que consista en la presentación de cuatro directivas sectoriales en los próximos tres años. Quisiera subrayar la necesidad de una política de ayuda al desarrollo, por la que se firmen acuerdos con terceros países a fin de gestionar la migración de forma eficaz. La cooperación con los países de origen es esencial para la lucha contra la trata de seres humanos y el empleo ilegal.
Por último, señor Presidente, también debemos garantizar el control fronterizo y la utilización de los recursos disponibles, como Frontex y los equipos de intervención rápida en las fronteras (RABIT).
Genowefa Grabowska (PSE). – (PL) La migración no es un problema exclusivo de Europa Meridional; también afecta al conjunto de la Unión, incluido mi país, Polonia, que se encuentra en el nordeste del continente.
La frontera oriental de Polonia es la frontera terrestre más larga de la Unión, y nosotros somos responsables de su seguridad. Además, Frontex —la agencia de la que tanto se espera— tiene su sede en Varsovia. Teniendo en cuenta que hemos asignado ciertas funciones y responsabilidades a Frontex, también deberíamos asegurarnos de que disponga de las herramientas y los recursos necesarios para poder actuar y proteger nuestras fronteras de forma eficaz.
Casi tres millones de compatriotas se han ido de Polonia en los últimos años. Han viajado a otros Estados miembros de la Unión, aprovechando los principios del mercado común. Pero nosotros también hemos acogido a miles de personas del Lejano Oriente, por ejemplo, a coreanos y a vietnamitas. Naturalmente, también han llegado ucranianos y belarusos. Necesitamos la llegada de esas personas, quienes están ayudando a construir Polonia.
Por eso, aplaudo los informes de la señora Gruber y del señor Moreno Sánchez, especialmente el informe sobre la política de inmigración, porque sienta las premisas para establecer una inmigración civilizada mediante la creación de vías para la inmigración legal. Los dos informes se complementan perfectamente. Si se suman a la propuesta de directiva sobre la imposición de sanciones penales a los empleadores de inmigrantes clandestinos que la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior está elaborando en estos momentos, constituyen una base jurídica sólida para la política de inmigración de la Unión. Me alegro de que el Parlamento esté desempeñando un papel tan importante en este sentido.
Me gustaría hacer una última observación. La inmigración no debería considerarse un problema, sino una oportunidad para una Europa envejecida. Deberíamos sacar partido de la energía y del entusiasmo de las personas que llegan legalmente y hacerlas participar en la creación de unas naciones nuevas y una Europa común.
Barbara Kudrycka (PPE-DE). – (PL) Señor Presidente, merece la pena tener en cuenta los aspectos en que el informe sobre la inmigración clandestina hace hincapié. El informe se centra principalmente en la cuenca mediterránea y también deposita una confianza excesiva en los instrumentos de acción comunitaria.
Como bien sabemos todos, la responsabilidad de los controles fronterizos recae en los Estados miembros. Sin embargo, en este sentido, mucho depende todavía de la preparación de los servicios específicos del Estado miembro en cuestión, a pesar de las referencias al principio de subsidiariedad y de la existencia de Frontex.
La situación de la frontera terrestre sudoriental también requiere atención, recursos financieros y una acción común, si bien aún no constituye una de las principales rutas de inmigración clandestina.
Además, la ampliación del espacio Schengen podría agravar los problemas relacionados con la migración. Esa es la razón por la que la política comunitaria de migración legal es un asunto tan importante. Sin embargo, no podremos gestionar la migración económica y legal, si antes no aprovechamos el potencial y la movilidad de la población activa de la Unión.
La existencia de períodos transitorios para la apertura de los mercados laborales a los ciudadanos de los nuevos Estados miembros y su supresión selectiva mediante la apertura de los mercados laborales sólo para los trabajadores muy cualificados dificultan seriamente cualquier medida encaminada a una política comunitaria de migración para los ciudadanos de terceros países.
Los factores culturales y geográficos relacionados con la migración legal también son importantes. Como es lógico, la situación geográfica y las afinidades culturales y lingüísticas de los Estados miembros influirán en su predisposición a adoptar una política de migración con respecto a ciertos terceros países. Me refiero a esos países a cuyos ciudadanos les resulta más fácil integrarse en la cultura y los valores europeos, debido a su proximidad y a su relación con ellos, por lo menos en lo que se refiere a la lengua en cuestión. El valor añadido de ese tipo de migración legal es, por tanto, el doble.
Josep Borrell Fontelles (PSE). – (ES) Señor Presidente, señores diputados, el Mediterráneo es la frontera más desigual del mundo. En términos económicos y de renta, la diferencia tremenda entre las dos orillas provoca un flujo que no podrá ser controlado únicamente por medios policiales.
En el verano de 2006 tuve ocasión de felicitar al Comisario Frattini porque, él y un grupo de pescadores españoles salvaron el honor de Europa recogiendo a un grupo de náufragos, y después asistimos a un vergonzoso mercadeo sobre qué hacíamos con ellos. Pero un año después, señor Comisario, ¿estamos mejor preparados hoy para hacer frente a ese problema?
Avanzamos muy despacio, avanzamos a un ritmo incompatible con la gravedad del problema que tenemos delante. Un problema que no seremos capaces de resolver sin el desarrollo de los países de origen. Pongámonos esto bien en la cabeza. No resolveremos el problema sin el desarrollo de los países de origen, porque aunque necesitamos muchos inmigrantes no podemos acoger todo el excedente demográfico del África subsahariana.
Y se está produciendo la combinación terrible del hambre por un lado y la antena parabólica de televisión por el otro. El cuenco vacío en la cocina y la antena llena de ilusiones es el mejor empuje hacia una inmigración ilegal que sólo controlaremos ayudando al desarrollo de los países de origen y evitando el trabajo ilegal, que es el verdadero efecto llamada.
(Aplausos)
Philip Bradbourn (PPE-DE). – Señor Presidente, el tema que estamos debatiendo hoy tiene sin duda la mayor importancia para Europa, y cada uno de sus Estados miembros se enfrenta con retos distintos. Por esta razón, ya se trate de la inmigración ilegal o legal, no podemos adoptar la estrategia de solución única para todos. Los asuntos de inmigración deben seguir siendo un derecho soberano de cada Estado miembro.
Sin embargo, estoy a favor de una mayor cooperación entre los Estados miembros en aquellos temas claramente comunes, en los que dicha colaboración pueda ser beneficiosa para todos. Y, al igual que otros oradores, deseo llamar especialmente la atención de la Cámara sobre el sistema Frontex, para el que recientemente hemos aprobado otros 12 millones de euros.
El sistema se ha resentido desde el principio por culpa de aquellos Estados miembros que han prometido recursos pero no han cumplido sus compromisos. Para que este proyecto tenga éxito tendremos que conseguir que la operación disponga de los recursos prometidos, en la cuantía y en el momento que se necesiten.
Sin embargo, ésta es sólo una de las herramientas para poner fin a la inmigración ilegal. Tenemos que buscar soluciones distintas e innovadoras en el mismo lugar donde los inmigrantes inician su viaje. Tenemos que estudiar campañas enfocadas específicamente a sus países de origen, en las que quede claro que Europa no es una puerta abierta. Y por encima de todo tenemos que ocuparnos también de los traficantes.
La otra cara de la moneda es que nuestros Estados miembros deberán aplicar medidas de repatriación eficaces para disuadir a la inmigración ilegal y a quienes la organizan.
Para concluir, resumiré diciendo que lo que se necesita es cooperación entre los Estados miembros, y no regulación. La estrategia de talla única no puede solucionar los problemas de la inmigración, y no podemos caer en la trampa de creer que la solución consiste en «más Europa».
Louis Grech (PSE). – (MT) Señor Presidente, es cierto que en los últimos meses se están obteniendo algunos resultados, debido al compromiso permanente del Comisario Frattini y a la prioridad dada por la Presidencia portuguesa, a pesar de la tremenda burocracia y de la falta de solidaridad demostrada en algunos aspectos, que han retrasado el efecto de toda una serie de iniciativas. No obstante, el trágico asunto que nos ocupa merece una política europea común que aborde urgentemente una serie de «cuestiones» fundamentales, entre las que se cuentan las siguientes: la adopción de políticas de «reparto de cargas» entre todos los Estados miembros, la revisión de Dublín II, tal como se propone en el apartado 18 del informe del señor Moreno Sánchez, un apoyo financiero, u otro tipo de apoyo, adecuado, como, por ejemplo, aportaciones de capital destinadas a proyectos de infraestructura, así como una evaluación de la viabilidad de la creación de centros, como las oficinas de empleo, en los países de origen y de tránsito, la elaboración de una política de retorno realista, la aplicación de una política de integración oportuna y la lucha contra la delincuencia organizada relacionada con la trata de personas y contra la xenofobia y el racismo. Por desgracia, no contamos con una agencia europea con sede en el Mediterráneo que desarrolle esta política común de migración y asilo. Frontex nunca podrá cumplir esa función, a menos que sus competencias cambien considerablemente. Por último, señor Presidente, me gustaría expresar mi agradecimiento a ambos ponentes, quienes nos han demostrado exactamente lo atrasada que está la Unión en lo que a esto se refiere. Ambos han abordado el tema de los derechos y la dignidad de los inmigrantes, quienes con frecuencia suelen ser víctimas de la represión política, la pobreza y la delincuencia organizada, y la cuestión de las dificultades a que se enfrentan los Estados miembros pequeños, como Malta, sobre los que recae casi toda la carga del problema y que muchas veces ni siquiera cuentan con la solidaridad de los demás.
Libor Rouček (PSE). – (CS) Señoras y señores, Europa se enfrenta a dos desafíos. Por un lado, se observa un envejecimiento y un declive demográfico, y, por otro, cientos de miles e incluso millones de personas de países en desarrollo, deseosas de entrar legal o clandestinamente en la Unión, están llamando a nuestras puertas meridionales y orientales. El único modo de plantar cara a este desafío en el ámbito de la Unión Europea es mediante los esfuerzos conjuntos de todos los Estados miembros; ningún país, sea lo grande que fuere, puede resolver este asunto por su cuenta.
Por lo tanto, aplaudo los esfuerzos de la Comisión por buscar y proponer soluciones conjuntas, como, por ejemplo, la utilización de Frontex para impedir la migración clandestina. Otro ejemplo sería la gestión de la inmigración legal mediante el sistema de la tarjeta azul o mediante acuerdos de cooperación con los países de origen. De igual modo, celebro que el Comisario Frattini haya instado hoy a los países de la Unión Europea que aún no han abierto sus mercados laborales a sus conciudadanos de los nuevos Estados miembros a que lo hagan lo antes posible.
Manuel Lobo Antunes, Presidente en ejercicio del Consejo. − (PT) Señor Presidente, señoras y señores, seré breve. Este ha sido, sin duda, uno de los debates más completos, minuciosos y exhaustivos que he presidido, a los que he asistido y en los que he participado, con gran honor, en el seno del Consejo y del Parlamento. He tomado nota, y naturalmente he hecho caso, de varias sugerencias, consejos y propuestas presentadas en el debate, que a mí me han parecido sumamente importantes y esenciales para la labor que debemos desempeñar en el futuro.
A la luz de todo esto, cabe concluir que la Unión Europea cuenta con una estrategia coherente y global para abordar las cuestiones relativas a la migración y que ha hecho grandes progresos en la aplicación de políticas encaminadas a la materialización y a la puesta en práctica de esa estrategia. Ciertamente habrá dudas y vacilaciones, y seguramente tengamos que ser un poco más ambiciosos, pero insisto en que todo se ponderará en el contexto en que vivimos y según las dificultades a las que nos enfrentamos. Creo que vamos por buen camino y que podemos, y debemos, avanzar con determinación hacia la aplicación de un auténtico planteamiento global sobre la migración.
En nuestra opinión, esta política se basa en dos palabras clave; a saber: humanidad y solidaridad. Humanidad, porque la base y el objetivo de la política son las personas. La Presidencia no puede olvidarse de la humanidad y nunca lo ha hecho. Como bien se ha señalado, estamos hablando de personas que, con razón, tratan de acceder a nuestras sociedades en busca de una vida mejor para ellas y para sus familias. Se trata de un deseo humano que debemos respetar profundamente. La otra palabra clave es solidaridad, porque, como bien se ha dicho, no se trata de un asunto ni de un problema que pueda resolver un Estado miembro —ni dos ni tres— por su cuenta. Es un problema que afecta a todo el mundo; de modo que requiere y ha de dársele una respuesta conjunta. Por suerte, parece que cada vez hay más conciencia de la necesidad de combinar estos dos conceptos —humanidad y solidaridad— en la definición y en la aplicación de las políticas europeas de migración.
Ya hemos creado un instrumento conjunto para luchar contra la inmigración clandestina, una agencia llamada Frontex, que vio la luz hace dos años. Desde entonces, ha dado sus primeros pasos y, en nuestra opinión, a pesar de algunas dificultades, se ha desenvuelto bien. Está claro que debemos esforzarnos más por proporcionarle los recursos necesarios a fin de que pueda cumplir con mayor eficacia, rapidez y precisión la función para la que fue creada. Así y todo, creemos que, hasta la fecha, este instrumento conjunto ha demostrado suficientemente que su creación era necesaria y oportuna.
En el contexto de la migración legal, se ha señalado muy oportunamente en el debate de hoy la necesidad de intensificar nuestro diálogo con los terceros países, sobre todo con aquéllos de los que proceden los flujos migratorios. Ese diálogo es absolutamente fundamental, y estoy completamente de acuerdo en que —como bien se ha dicho— si no se tienen en cuenta, se analizan y se atajan de algún modo las causas que desencadenan los flujos migratorios en los países de origen, nunca podremos encontrar una solución definitiva para este problema.
Hemos intensificado el diálogo sobre este asunto con África y confiamos en que en la próxima cumbre Europa-África se obtengan unos resultados muy importantes —y, a la larga, la migración legal— en el ámbito de la migración y el diálogo sobre la migración con los países de origen. La migración legal es uno de los ejes de actuación prioritarios de la Presidencia portuguesa para este semestre. La Comisión también se ha dedicado activamente a este asunto y ha presentado unas propuestas que nos parecen muy interesantes. Esas propuestas se debatirán durante nuestra Presidencia, e insisto en que esperamos realizar grandes progresos entonces.
En resumen, a pesar de las dificultades y de los complicados problemas a los que debemos enfrentarnos, a nuestro parecer, vamos por buen camino. Puede que debamos ser un poco más ambiciosos en algunos aspectos, y puede que debamos ser un poco más rápidos con algunas cuestiones, pero creo que nadie puede negar de buena fe lo mucho que se ha avanzado en los últimos años.
Lógicamente, el Consejo aplaude y anima a que se mantenga este debate con el Parlamento Europeo. Hoy también se ha tratado el tema de la codecisión y el Tratado de Reforma. Como bien saben, el Tratado de Reforma parte de un mandato aprobado por el Consejo Europeo y, por ende, por todos los Estados miembros. Este tipo de decisiones dependen, claro está, de todos los Estados miembros y no sólo de la Presidencia. En cualquier caso, creo que el Tratado de Reforma, al igual que el Tratado Constitucional, constituye un paso sumamente importante hacia la ampliación del procedimiento de codecisión a muchas iniciativas legislativas en el ámbito de la UE.
Franco Frattini, Vicepresidente de la Comisión. − (IT) Señor Presidente, señoras y señores, yo también les estoy muy agradecido a todas las personas que han intervenido en este importantísimo debate. Creo que Europa ha de adoptar un auténtico planteamiento común con respecto a este fenómeno mundial que afecta a millones de niños, mujeres y hombres, así como a todos los continentes.
En primer lugar, estoy de acuerdo en que —como bien se ha dicho— debemos luchar contra la ilegalidad, tomando medidas contra los traficantes y contra las personas que explotan a los inmigrantes clandestinos y mediante una política de repatriación que sea plausible y respete escrupulosamente los derechos individuales y la dignidad de todos los seres humanos. La Unión Europea ya ha emprendido algunas actividades de repatriación y puede continuar haciéndolo. Quisiera recordar que las iniciativas de repatriación suelen delegarse en la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, a fin de garantizar la máxima transparencia de nuestro respeto por los derechos humanos.
En mi opinión, la política europea debería englobar las ayudas, el respeto por los derechos humanos, la política comercial con África y la inmigración. Como bien decía el señor Watson en relación con esos países: «nos quedamos con sus productos o nos quedamos con sus ciudadanos.» Debemos reflexionar sobre esto, sobre todo porque la estrategia ha de ser global y no puede excluir las relaciones comerciales ni nuestra política de ayuda al desarrollo de África.
Los controles de las fronteras exteriores también son fundamentales. Algunos de ustedes se han referido a ellos, otros han expresado sus dudas. Creo que convendría apoyar a Frontex. Convendría apoyarla, porque, como ha sucedido este verano, no sólo se han rescatado personas que, de lo contrario, habrían perdido la vida, sino que los agentes de Frontex han detenido a muchas otras. Son 400 las personas —miembros de organizaciones que se dedican al tráfico— que han sido atrapadas y entregadas a las autoridades. Se trata de una cifra importante, ya que corresponde únicamente al verano pasado.
Por lo tanto, confío en que el Parlamento reconozca la necesidad de asignar más fondos a Frontex en el presupuesto de 2008. Sé que hay una enmienda con la que se pretende congelar de forma inmediata nada menos que el 30 % de los gastos de funcionamiento de Frontex. Espero que esta propuesta sea reconsiderada y que se opte, en cambio, por incrementar el presupuesto, a condición de que se haga un seguimiento y se adopte una actitud absolutamente responsable con respecto al gasto.
Como es lógico, la migración económica se ha mencionado en repetidas ocasiones. El hecho de que presente una propuesta detallada sobre un permiso de trabajo europeo no quiere decir que vayamos a decidir en Bruselas cuántos inmigrantes hacen falta en cada país. Esa responsabilidad recaerá en el Gobierno nacional y en el mercado nacional de cada país; de modo que desearía que todos los que tuvieran dudas o estuvieran preocupados por esto se tranquilizasen. Lo que les estoy diciendo es que cada Estado miembro podrá decidir cuántos trabajadores no comunitarios de cada categoría necesita. Sin embargo, Señorías, lo que no podrán hacer los Estados miembros es decir que no necesitan ninguno y seguir consintiendo la inmigración clandestina y la explotación del trabajo ilegal. Eso no será posible, porque habrá normas europeas.
La inmigración, claro está, nos lleva a un valor universal, al que algunos de ustedes han aludido, el de la movilidad entre los pueblos. En mi opinión, no sólo hay oportunidades, sino también derechos, y los derechos siempre van acompañados de obligaciones. Sería inconcebible que hubiera una política relativa a los derechos, pero no a las obligaciones. No podemos y no querríamos imponer nuestra legislación europea ni nuestra financiación a nadie, a menos que nuestros homólogos estuvieran de acuerdo. Eso es algo que tiene que quedar muy claro: nuestra idea, nuestra política, se basa en la cooperación, en un pacto a gran escala con los países de origen y de tránsito de los inmigrantes.
Ese pacto debe incluir —y se trata de un elemento esencial— un respeto absoluto en nuestro territorio por nuestras leyes, por los derechos fundamentales y por nuestros valores más absolutos y universales: la vida, la dignidad de todas las mujeres y de todos los hombres y el respeto por la persona. Lo que me lleva al tema de la integración.
La integración de los inmigrantes no sólo implica un respeto por su origen y su religión, porque resultan enriquecedoras para todos nosotros, sino que también supone un respeto por su parte por nuestras tradiciones, nuestro origen, nuestra cultura y nuestra religión. Esa es la razón por la que, a mi modo de ver, integración es participación.
Francamente, no podemos integrar a fuerza de leyes a nadie que no desee integrarse, que no esté dispuesto a avanzar y que crea que Europa puede seguir consintiendo los matrimonios forzosos y la poligamia. Todo eso resulta inaceptable, porque nosotros tenemos nuestras leyes y nuestros valores universales.
Y eso significa educación, aprendizaje de la lengua, formación profesional y también significa empleo regular y rechazo de la ilegalidad. Significa la adopción de una postura firme contra la ilegalidad. Alguien ha expresado la siguiente opinión, con la que estoy especialmente de acuerdo: los inmigrantes que delinquen son los peores enemigos de los inmigrantes honrados, quienes trabajan y se ganan la vida con normalidad.
Esa es la razón por la que tenemos que explicar esta política a nuestros ciudadanos, quienes están sumamente preocupados. No deberían tener miedo de la inmigración propiamente dicha, sino de las personas que cometen delitos. Es nuestro deber garantizar que los delincuentes sean castigados; de lo contrario, no estableceríamos una distinción de cara a nuestros ciudadanos y no apaciguaríamos ese miedo y esa preocupación que acaban convirtiéndose en racismo y en xenofobia, un fenómeno espantoso, pero cada vez más extendido en la Unión Europea.
Para concluir, señor Presidente, los políticos tienen que tomar decisiones. Creo que nosotros deberíamos optar por establecer un pacto mundial de derechos y obligaciones entre iguales, entre homólogos. No debería haber una parte que estableciera las condiciones y otra que las aceptara, y tampoco se nos debería imponer nada que consideráramos inaceptable. Eso es lo que hace falta, porque no estamos hablando de una solución económica ni burocrática, sino de la dignidad y los derechos de seres humanos.
Presidente. − Se cierra el debate.
La votación tendrá lugar mañana a las 12.00 horas.
(Se suspende la sesión a las 11.45 horas y se reanuda a las 12.00 horas.)
Declaraciones por escrito (artículo 142)
Filip Kaczmarek (PPE-DE), por escrito. – (PL) El concepto de inmigración clandestina resulta un tanto paradójico. Yo me crié en un sistema político en el que algunas palabras eran consideradas a priori como positivas o como negativas por los dirigentes y por su propaganda. Por ejemplo, «internacional» se consideraba positiva, y «cosmopolita», en cambio, negativa. Debemos cuidarnos de no caer en semejante trampa semántica. Teniendo en cuenta que la xenofobia es algo negativo, cuesta mucho imaginar que la protección contra la inmigración clandestina pueda ser algo muy positivo para ningún país o para la Unión Europea. Ha de ser más bien un mal necesario.
Vi la pintada «nadie es ilegal» en una pared de Poznań, mi ciudad natal. De vez en cuando merece la pena pararse a pensar si un ser humano puede ser, de hecho, ilegal. El Atlántico y el Mediterráneo no son los únicos lugares en los que las personas se juegan la vida tratando de cruzar las fronteras de la Unión. La semana pasada una mujer chechena y sus tres hijas pequeñas murieron entre Ucrania y Polonia. Huían de la tragedia que se vive en su país de origen. No es de extrañarse que los chechenos traten de huir de su país ni que estén dispuestos a jugarse la vida en el intento.
La existencia en Europa de varios millones de inmigrantes que han entrado clandestinamente en la Unión constituye un problema muy real, que, sin embargo, debemos tratar de resolver teniendo en cuenta los valores universales sobre los que se basa la integración europea. Debemos recordar asimismo que la inmigración no es en sí un fenómeno negativo, por la sencilla razón de que ningún ser humano constituye un fenómeno negativo.
Katalin Lévai (PSE), por escrito. – (HU) Señoras y señores, señor Presidente, el 85 % de los inmigrantes no cualificados del mundo en desarrollo viven en la Unión Europea, mientras que sólo el 5 % se van a los Estados Unidos, y un mero 5 % de los inmigrantes muy cualificados llegan a los países del Viejo Continente, mientras que la economía estadounidense se hace con más de la mitad. Celebro que el informe de la señora Gruber intente, entre otras cosas, frenar e invertir ese proceso.
Creo que tenemos que idear formas de atraer a los trabajadores muy cualificados; aunque, al mismo tiempo, debemos evitar que se produzca una «fuga de cerebros» en los países en desarrollo. Por lo tanto, debería definirse el término «trabajadores muy cualificados», y deberían normalizarse y establecerse unos criterios de formación comunes en el ámbito de la Unión Europea.
En esta ocasión, no coincido con la Comisión en que haya que aplicar el principio de «cuanto más, mejor» y estoy de acuerdo en que las cinco directivas deberían fundirse en una. Una burocracia simplificada es otro atractivo más para los trabajadores cualificados.
Antes de elaborar la directiva o las directivas, sugiero que se lleve a cabo una evaluación de impacto que también tenga en consideración los factores sociales. Esa evaluación podría ayudar a garantizar que, al defender los intereses reales de los ciudadanos, la legislación que se está elaborando le ahorrará millones de euros a la Unión Europea.
En mi opinión, la propuesta del señor Frattini sobre la creación de paquetes de cuotas de entrada legal no sólo podría contribuir a la reducción de la migración clandestina en la Unión Europea, sino también a un control más efectivo de la migración clandestina en los terceros países.
En lugar de la tarjeta verde de la UE propuesta en el informe, creo que el nuevo sistema de la tarjeta azul tiene más posibilidades de conseguir lo esperamos en lo que se refiere a la inmigración legal.