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Procedimiento : 2007/2255(INI)
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Ciclo relativo al documento : A6-0080/2008

Textos presentados :

A6-0080/2008

Debates :

PV 22/04/2008 - 16
CRE 22/04/2008 - 16

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PV 23/04/2008 - 4.10
CRE 23/04/2008 - 4.10
Explicaciones de voto
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Textos aprobados :

P6_TA(2008)0173

Debates
Advertencia
Martes 22 de abril de 2008 - Estrasburgo Edición DO

16. La política de China y sus efectos en África (debate)
PV
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  Presidente. − El siguiente punto es el informe de Ana Maria Gomes, en nombre de la Comisión de Desarrollo, sobre la política de China y sus efectos en África (2007/2255(INI)) (A6-0080/2008).

 
  
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  Ana Maria Gomes, ponente. (PT) Señor Presidente, la búsqueda desenfrenada de petróleo, recursos naturales y nuevos mercados por parte de China en África suscita preocupación sobre las repercusiones de la creciente presencia china en dicho continente y las respectivas consecuencias para las políticas europeas. Europa no puede embarcarse en el ejercicio de señalar con el dedo a China por miedo, ni puede apuntarse a una competición sin principios evitando métodos y criterios de interés propio de Pekín. Tanto Europa como China tienen la obligación de contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio: la reducción de la pobreza y la resolución de los conflictos en África. Ambas tienen que asumir que sólo a través de la promoción del desarrollo sostenible y del buen gobierno podrán sus propios intereses e inversiones ser sostenibles y vistos como legítimos en África.

En este informe hemos intentado analizar la presencia de China en África de forma objetiva, reconociendo tanto las repercusiones positivas como negativas. En base a varias recomendaciones específicas para la acción hay dos mensajes políticos esenciales: en primer lugar, la UE necesita dar una respuesta coordinada a los desafíos planteados por la política china, supuestamente no condicionada. Esa respuesta no puede abandonar los principios europeos. La UE debe continuar fiel a la política de cooperación para el desarrollo, especialmente en lo que respecta a la condicionalidad relativa a los derechos humanos. Porque sin respeto a los derechos humanos no puede haber buen gobierno y, sin buen gobierno, y el Estado de Derecho que éste implica, no habrá desarrollo sostenible en África ni en cualquier otra parte del mundo. En segundo lugar, Europa debe incorporar a China en el debate de las respectivas políticas africanas, aunque, obviamente, esta cooperación no puede tener lugar por encima de las cabezas de los africanos. Esta incorporación trilateral requiere un apoyo adecuado al papel que deben asumir las instituciones africanas, como la Unión Africana, la NEPAD, otras instituciones regionales y gobiernos y parlamentos nacionales. Por esta razón, Europa debe incrementar su apoyo al refuerzo de las sociedades civiles africanas para impulsar la rendición de cuentas por los respectivos gobiernos.

En este informe, recomendamos a la UE que no pierda oportunidades para hablar de forma franca con China, o sobre China en África, en particular cuando ello implique críticas privadas o públicas. China desea ser vista como un actor responsable en África, aunque frecuentemente invoca la retórica de la no interferencia para intentar justificar acciones inaceptables, como la continua complacencia con el bloqueo por parte del régimen sudanés del envío de una fuerza híbrida ONU-Unión Africana —que hace mucho tiempo que debería estar en Darfur— o su más reciente y vergonzoso envío de armas al régimen de Mugabe en un barco al que los países vecinos de Zimbabue están impidiendo —con razón— desembarcar. En realidad, todo lo que China hace en África tiene repercusiones políticas, sean positivas o negativas.

Por otro lado, China está mostrando que es una potencia pragmática que aprende deprisa. Por eso, es crucial que Europa no deje de hacer comprender a Pekín que aquello que se espera de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, como China, es, de hecho, contribuir a la promoción de los principios y objetivos de las Naciones Unidas.

En este informe, proponemos que la UE anime a China a aumentar la participación en reuniones multilaterales de donantes y a adoptar criterios y orientaciones específicas de aceptación internacional sobre la transparencia de la ayuda, las industrias extractivas, el bien gobierno, la protección del medio ambiente, los derechos laborales, etc., con vistas a asegurar que realmente contribuye a la reducción de la pobreza, los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la promoción de la paz y la seguridad en África.

Sin embargo, Europa también debe mirarse al espejo y aprender de sus errores y carencias en relación con África. Los Estados miembros necesitan cumplir las promesas de ayuda pública al desarrollo y una ayuda reducida y objetivos por alcanzar apenas contribuirán a realzar el mérito de China al poner financiación rápida a disposición de África. Europa debe mejorar la eficacia de su ayuda y garantizar la coherencia entre sus diversas políticas, y eso implica dejar de mirar para otro lado con respecto a los crímenes cometidos por ciertos regímenes opresivos africanos, con quienes sigue tratando, como siempre, en flagrante contradicción con sus criterios y principios proclamados.

Para concluir, señor Presidente, quería agradecer la excelente colaboración de los ponentes alternativos y de otros colegas, cuyas enmiendas contribuirán en gran medida a enriquecer el informe. Espero que mañana continúe habiendo un amplio consenso, sobre todo porque son pocas las enmiendas a votar. Yo misma he presentado tres enmiendas: dos se refieren a pequeñas correcciones y la tercera es para reafirmar la posición del Parlamento Europeo, haciendo un llamamiento para que el Código de Conducta de la Unión Europea sobre la exportación de armas pase a ser legalmente vinculante, y evitando así que el actual apartado 62 repita el llamamiento contenido en el apartado 66.

 
  
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  Louis Michel, miembro de la Comisión. − (FR) Señor Presidente, ponente, señoras y señores, Señorías, en primer lugar deseo felicitar a la señora Gomes por su excelente trabajo en este asunto delicado y difícil, incluso controvertido.

Apoyo las numerosas recomendaciones que ha planteado respecto de la política que la Unión Europea debe adoptar para hacer frente a la creciente presencia china en África. La UE y China tienen realmente una serie de cosas en común en sus negociaciones con África. En primer lugar, ambos han percibido el enorme potencial de África tal vez más, o en cualquier caso antes, que nadie.

La UE y China son asimismo dos de los socios comerciales más importantes que invierten en África, ocupando los puestos primero y tercero del mundo, respectivamente. Naturalmente, esto exige un nivel mucho mayor de cooperación, discusión y, tal vez, estrategias comunes entre China y Europa con respecto a África y de acuerdo con este continente. Comparto su opinión sobre este asunto.

Quiero hablarles hoy acerca de los aspectos que considero prometedores, al objeto de implicar a China y a nuestros socios africanos en una cooperación trilateral. Quiero asimismo compartir con ustedes mis dudas e interrogantes sobre otros asuntos. Por último, quiero exponerles cómo preveo mantenerme fiel a este informe.

Primero, África vive en la era de la economía global y de la globalización. Está reafirmando su condición de interlocutor internacional y global, actuando en los principales temas globales. Ha construido una amplia red de asociaciones en todo el mundo con un compromiso claro de restablecer las relaciones. Para ser francos, está obligando ahora a sus socios a competir entre ellos, de una manera más bien torpe quizás, pero razonable. Eso es una realidad e incluso me atrevería a decir que es justo y legítimo. Significa que sus socios han de ser modernos, fiables y leales en sus actuaciones.

Pienso que la UE y China están dispuestas a poner en práctica este nuevo planteamiento y que lo quieren hacer, tal vez por razones diferentes, pero ciertamente tienen la voluntad de hacerlo. Ambos somos socios importantes de África. Nuestra política africana es, desde luego, distinta en lo referente a condiciones y principios pero, en el fondo, resulta posible identificar numerosos intereses comunes y analogías. Por ejemplo, ya hemos iniciado un diálogo sobre la paz, la estabilidad y el desarrollo sostenible en África. Está claro que tenemos que ir más allá en cuanto al soporte esencial a nuestros amigos africanos, que han de aportar el ímpetu a este diálogo. Eso explica el enfoque trilateral que propuse el año pasado y que ustedes parecen compartir, sobre todo en su propuesta de construcción de una plataforma permanente.

A este respecto, ustedes subrayan muy acertadamente la importancia de la igualdad y el respeto mutuo, que han de sustentar esta asociación trilateral. A riesgo de provocar una controversia, Europa debe comprender que en los momentos actuales ciertamente no resulta aconsejable, con un socio como China, intentar asumir el control imponiendo de forma unilateral nuestras condiciones. Hemos de evitar las generalizaciones y embarcarnos en el proceso del diálogo. Creo que, una vez hayamos entablado diálogo con China, estaremos en condiciones de utilizarlo para abordar asuntos como el Estado de Derecho, la democracia y la gobernanza; en otras palabras, todo sobre lo que se fundamentan los valores de Europa y la inspiración para sus políticas.

Estoy de acuerdo con ustedes en que necesitamos una política europea que sea más eficaz y tal vez más expeditiva, ya que ésa es la principal ventaja que los chinos tienen sobre nosotros. Además resultaría más atractiva, más en consonancia con las prioridades de nuestros socios africanos. Por darles sólo un ejemplo, somos literalmente impotentes, como instituciones europeas, para desplegar programas, ayuda o medidas en las situaciones posteriores a los conflictos. Tomemos el caso de Liberia, por ejemplo. Se trata de un país en el que existe un gobierno elegido democráticamente, un Presidente que cuenta con un programa real y que propugna el cambio. ¿Dónde está la respuesta eficaz que este país necesita para comprender que la paz, la estabilización y la democracia resultan rentables? ¡En ninguna parte! Es algo que me duele a diario.

La modernización de la política de Europa respecto a África ha sido prioritaria para mí desde que tomé posesión del cargo. Pienso que es válido afirmar que hemos realizado progresos notables, sobre todo merced a la asociación estratégica resultante de la Cumbre de Lisboa, aunque ciertamente todavía queda mucho camino por recorrer. La lucha contra la pobreza continúa siendo el objetivo principal de nuestra política de desarrollo. Para ello, hemos de crear riqueza y crecimiento económico. China está presenciando este crecimiento económico día a día y, evidentemente, esta experiencia podría beneficiar a los países africanos.

Desde luego, el crecimiento económico de cualquier tipo debe ir acompañado de una activa política de redistribución para que resulte eficaz en la lucha contra la pobreza. Lo he dicho en multitud de ocasiones: el crecimiento no garantiza el desarrollo. La clave está en la redistribución y ésta precisa de un gobierno sólido. Necesita asimismo una sociedad vigilante, una prensa libre, todas esas cosas. Creo que la UE y China tienen un papel real a desempeñar aquí, aunque se trata de un proceso largo que va a exigir un esfuerzo considerable por ambas partes.

Me gustaría informarles acerca de algunas de los interrogantes que se me plantean. ¿Es verdaderamente realista, por ejemplo, es constructivo, es útil, es incluso deseable iniciar esta cooperación insistiendo en que China adopte las políticas y las normas establecidas por la PAC? Ciertamente lo dudo. Si funciona, pues tanto mejor, pero lo dudo.

En cualquier caso, los africanos no parecen excesivamente deseosos de que China siga este rumbo, precisamente porque están buscando alternativas a la ayuda europea al desarrollo. La ayuda china goza de consideración porque es más rápida que la europea y no impone tantas restricciones, que en última instancia vendrán a reducir el espacio político de África. Eso tiene un cierto fundamento. En alguna parte ha habido un malentendido. La gente dice a menudo: «Ustedes, los europeos, imponen condiciones». Eso no es cierto. La cooperación o la financiación que proporcionamos no conllevan condiciones políticas anexas. La naturaleza de dicha ayuda, la forma en que se utiliza, sí. No se presta apoyo presupuestario, por ejemplo, si no existe buena gobernanza; no habrá apoyo presupuestario para países donde exista algún conflicto. Sin embargo, eso no nos impide ofrecer apoyo al desarrollo o ayuda humanitaria, aún cuando no estemos de acuerdo con el gobierno o el régimen en el poder.

Lo que es fundamentalmente diferente, donde existe confusión, es que los chinos tienen capacidad de respuesta, su proceso de desembolso es mucho más rápido que el nuestro, con toda nuestra burocracia, lo que ha constituido la maldición de mi vida durante casi cuatro años. Ésa es la realidad, ahí es donde residen la confusión y los malos entendidos y pienso que es necesario poner de relieve esta cuestión.

Evidentemente, comparto su valoración. Es importante que la ayuda china esté en línea con las prioridades nacionales africanas, con los sistemas nacionales, preferentemente junto con otros socios.

Otro tanto cabe decir hoy día. Resulta prematuro, tal vez incluso contraproducente, forzar la situación en este sentido, por no hablar de intentar hacerlo de manera unilateral. Se trata de un objetivo a largo plazo, pero por ahora sólo alcanzo a vislumbrar tres ámbitos donde pueden concentrarse nuestra cooperación y diálogo.

Uno es la creación de un diálogo abierto y constructivo sobre África entre la UE, un inveterado donante, y China. El segundo es la necesidad de intercambiar nuestras experiencias sobre desarrollo con China y África, de manera que juntos podamos avanzar en nuestra agenda sobre desarrollo. Por ejemplo, China ha diseñado una serie de programas sobre equipos fotovoltaicos. Ciertamente, en un continente como África existe espacio para la cooperación trilateral, y éste es un ejemplo. He hablado con el Ministro de Comercio sobre este asunto con el que coincidí en una reunión en Tonga y se mostró muy receptivo al respecto. Vamos a debatirlo de nuevo en Pekín, a donde marcho directamente desde aquí, así que vamos a revisar estos temas allí.

Tercero, hemos de cumplir nuestros compromisos en lo referente a la Agenda de París. Se trata de una cuestión de armonización de reglamentación y de división del trabajo. A este respecto pido, insto al Parlamento a que nos ayude a obligar a nuestros Estados miembros a que prediquen con el ejemplo. Todos los Ministros de Desarrollo, todos los Primeros Ministros en Europa, sin excepción alguna, están de acuerdo en que es necesario que exista una mejor división del trabajo, una mayor coordinación para garantizar la cohesión. Eso está muy bien, pero cuando les planteamos estrategias reales de reparto del trabajo, no obtenemos ninguna respuesta. Es necesario plantear este tema porque es un hecho. Como ven, mi objetivo no sólo consiste en incorporar a China a la PAC. Quiero ir más allá, intentando encontrar un terreno común con los diferentes operadores chinos en África, incluido el gobierno, a fin de fomentar el desarrollo en África.

Los europeos y los chinos hemos de comenzar por la agenda africana y realizar aportaciones y aunar nuestras respectivas ventajas, sin sacrificar los valores y los principios que han garantizado la estabilidad, la paz y la prosperidad de Europa durante los últimos 50 años. Eso no me convierte ni en un soñador ni en un iluso, de hecho más bien todo lo contrario. Resulta importante reconocer, como hacen ustedes, que el compromiso de China suscita dudas y a veces preocupaciones, incluso en África. A mi también me preocupa a veces qué forma tendrá la cooperación con China, pero eso qué importa. He ahí la razón precisa por la que estoy afirmando que necesitamos diálogo. Es evidente que China está persiguiendo sus intereses económicos, diplomáticos y estratégicos en África. Europa ha cometido demasiadas veces el error de no admitir que se siente tentada por esa misma idea y, en lugar de escudarse en los razonamientos, que a veces resultan extremadamente hipócritas de cualquier forma, sería mucho mejor admitir que África tiene potencial, que cuenta con vínculos especiales con Europa y que tenemos un interés compartido por descubrir, construir y fortalecer esos lazos. Creo que ésta es la estrategia de beneficio para todos, ya que sólo de esa forma podremos resolver la ecuación negativa de donante y beneficiario, que siempre da origen a la humillación y la suspicacia y a un sentimiento de dependencia de uno respecto del otro, del más débil respecto del más fuerte.

Como he dicho, pasado mañana estaré en Pekín y voy a intentar, señora Gomes, tomar el pulso a la situación con una interpretación positiva de su excelente informe.

 
  
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  Bastiaan Belder, ponente de opinión de la Comisión de Asuntos Exteriores. − (NL) Señor Presidente, como ponente de opinión de la Comisión de Asuntos Exteriores en el excelente informe de la señora Gomes, quiero resaltar los siguientes puntos de dicha opinión.

Las autoridades chinas tienen que respetar los principios de democracia, buena gobernanza y derechos humanos en sus relaciones con África. La Comisión de Asuntos Exteriores deplora, por consiguiente, la cooperación meramente pragmática de China con los regímenes represores en África.

La presencia comercial de la República Popular China sobre territorio africano provoca efectos ecológicos que China debe subsanar de forma responsable. Al fin y al cabo, la prensa occidental está publicando noticias francamente alarmantes sobre la explotación del entorno natural, sobre todo en la región del delta del Congo. Estos informes van desde la explotación del petróleo y el exceso de capturas de pesca, hasta la deforestación en una reserva oficial de la naturaleza.

La Comisión de Asuntos Exteriores deplora igualmente el hecho de que Pekín excluya a una serie de Estados africanos de la asociación estratégica entre China y África, simplemente por mor de sus contactos diplomáticos con Taiwán. Esta actitud de los chinos no sólo es contraria a su propio principio de no intervención en los asuntos internos de terceros países, sino que tampoco se ajusta al actual acercamiento entre Taiwán y Pekín.

 
  
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  Gay Mitchell, en nombre del Grupo del PPE-DE. – Señor Presidente, China comenzó a comerciar y a cambiar en los 80 y ha sacado a 400 millones de sus propios habitantes de la pobreza, tal como menciona el excelente informe de la señora Gomes. ¿Qué otra parte del mundo, en ese plazo de tiempo, ha sacado a 400 millones de personas de la pobreza? Hemos de ser realistas a este respecto. Es uno de los temas que tenemos que debatir aquí esta noche.

Muchas otras partes del mundo han sentido el calor del dragón chino. Las mejoras económicas en muchos países latinoamericanos y africanos se deben en gran medida al auge económico de China. Las actividades de China, ya sean en el ámbito de la inversión, el comercio o la ayuda en África, se han multiplicado a un ritmo asombroso a los largo de los últimos años. Las cifras hablan por sí solas. El valor del comercio chino con África ha aumentado desde 2 000 millones de dólares en 1999 hasta casi 40 000 millones de dólares en 2005. Como ha dicho el señor Comisario, China es ahora el tercer socio comercial más importante de África.

La implicación de China en África está creando muchas oportunidades. No obstante, es necesario que echemos una ojeada crítica a sus impactos sobre el desarrollo. El potencial de desarrollo y las condiciones para el mismo son las dos caras de una misma moneda. Sin una no es posible alcanzar la otra. Es cierto que el potencial de desarrollo abunda en muchos países africanos, pero los gobiernos africanos corruptos han mostrado durante décadas una total despreocupación por sus pueblos, privándoles de la posibilidad de desarrollarse. Serán las autoridades políticas africanas quienes decidan si la participación de China debe contemplarse como un beneficio o una maldición para el individuo africano de a pie.

El Congo constituye un ejemplo primordial de dónde existe un gran potencial de desarrollo. El producto per cápita allí es de 714 dólares al año. La población congoleña ha sufrido mucho. China ha concluido un trato con el Congo para construir ocho hospitales, miles de kilómetros de carreteras y estaciones de ferrocarril, y a cambio van a recibir minerales muy apreciados para China. Pero para conseguir que eso funcione, no puede tratarse simplemente de una situación beneficiosa para dos. Puede ser una situación beneficiosa para las tres partes, ya que puede promocionar la causa de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. ¿Podemos nosotros, en Europa, colaborar con China para intentar perfeccionar lo que está ocurriendo, intentar mejorar la situación en lugar de limitarnos a censurar lo que hace China o las deficiencias que tiene este país? Si somos capaces de trabajar junto con China y África para mejorar la buena gobernanza, entonces pienso que podemos ofrecer ayuda y comercio y mejoras.

Considero que el señor Comisario tenía razón: si queremos que China nos escuche, no se puede utilizar la diplomacia de la megafonía. Gran parte del planteamiento chino consiste en que no pueden quedar mal. La diplomacia –la diplomacia tranquila– tiene mayores posibilidades de conseguir lo que deseamos lograr. Pienso que Europa debe trabajar con China para alentar las buenas prácticas en lo que podría constituir la primera oportunidad real de hacer algo a favor de África tras años de hablar del tema y no hacer nada al respecto. Si China nos presiona para que compitamos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, tanto mejor. Necesitamos esa competencia, necesitamos esa presión.

 
  
  

PRESIDE: RODI KRATSA-TSAGAROPOULOU
Vicepresidenta

 
  
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  Józef Pinior, en nombre del Grupo del PSE. – Señora Presidenta, ante todo quiero felicitar a la señora Gomes por este informe serio y de gran importancia política.

China es un actor global en el mundo contemporáneo y nos gustaría verla como un socio real de la Unión Europea en el proceso de globalización. China debería desempeñar una función importante en el nuevo orden mundial y aplaudimos el papel pacífico desempeñado por China en África.

Al mismo tiempo, China tiene que asumir sus responsabilidades en el ámbito de los derechos humanos y el desarrollo. En concreto, China debería utilizar su influencia para controlar a sus amigos más indeseables, incluido el Gobierno de Sudán. Afortunadamente, China ha dejado de oponerse al despliegue de las fuerzas de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas y está enviando a algunos de sus ingenieros militares para formar parte de las mismas.

En el lado negativo, China ha seguido enviando armamento a los regímenes dictatoriales en África. Esta misma semana, Zambia, Mozambique, Sudáfrica y Tanzania han impedido los intentos de un buque chino de realizar un desembarco masivo de municiones, morteros y otras armas letales destinadas al Presidente Mugabe en Zimbabue. Estas armas podrían desempeñar un papel antidemocrático, incluso letal, en manos del régimen de Mugabe.

En este informe, el Parlamento Europeo insta a China a ponerse del lado de las sociedades africanas, la democracia y los derechos humanos en África.

 
  
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  Fiona Hall, en nombre del Grupo ALDE. – Señora Presidenta, quiero dar las gracias a la señora Gomes por la ingente labor que ha vertido en este informe y por su estrecha cooperación con los compañeros.

El informe es muy ambicioso, así que he de centrarme en sólo unos pocos temas. En concreto, aplaudo el llamamiento a la Comisión para que presente, lo antes posible, propuestas para vetar en el mercado de la UE toda la madera y productos de ella obtenidos de forma ilegal. Resulta vital para frenar el comercio por la puerta falsa de mobiliario chino, fabricado con madera africana talada de manera ilegal. Ese comercio no sólo pone en peligro los bosques tropicales africanos, sino que priva a los países africanos de los ingresos fiscales que tanto necesitan. El Banco Mundial estima que las talas ilegales cuestan a los países en desarrollo 15 000 millones de dólares al año en ingresos no percibidos.

Segundo, apoyo totalmente a la ponente al instar a la UE a que abogue por un instrumento jurídico vinculante en materia de exportación de armas y que mantenga su embargo de armas a China. Desde el momento de la elaboración del informe, hemos tenido pruebas patentes, como han señalado algunos compañeros, de que China continúa exportando armas a países como Zimbabue, que están perpetrando graves violaciones de los derechos humanos.

En temas comerciales más amplios, apoyo personalmente la mención de los Acuerdos de Asociación Económica en el informe. Los AAE no son desdeñables, ya que si fueran más flexibles y más claramente respetuosos con el desarrollo, podrían servir de modelo para el comercio China-África. En la situación actual, China amenaza con sepultar a África de nuevo en el pozo de los artículos de consumo.

Por último, aplaudo el llamamiento del informe a favor del diálogo multinacional entre la UE, África y China. Resulta especialmente importante en relación con el cambio climático.

El señor Comisario ha mencionado el ejemplo de los equipos fotovoltaicos. Ningún continente es más vulnerable al calentamiento global que África, y el futuro de millones de africanos puede depender de que UE incorpore a China al acuerdo post-Kyoto y que comparta la tecnología de energías renovables.

 
  
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  Konrad Szymański, en nombre del Grupo UEN. – (PL) Señora Presidenta, el informe de la señora Gomes expone todos los aspectos más importantes de la presencia china en África. Sólo hay una imprecisión: la presencia china en África no tiene nada que ver con ninguna política de desarrollo, no digamos de ayuda. La política de desarrollo aquí no es más que una herramienta para la ejecución de los dos objetivos estratégicos generales de China.

El primer objetivo consiste en garantizar los suministros de materias primas utilizando una diplomacia bastante brutal en cuestión de materias primas. Es la creciente demanda china de materias primas naturales y generadoras de energía la que está convirtiendo a Sudán, Angola y los países del África subsahariana en países de tanta importancia.

El segundo objetivo, no menos importante, del Gobierno chino es el de consolidar el polo autoritario del mundo como contrapeso a los modelos liberal-demócratas de Occidente. De ahí la violación incluso de un embargo de las Naciones Unidas al comercio de armas con Darfur, Liberia y la República Democrática del Congo. De ahí los lazos políticos entre Pekín y Sudán, Chad, Zimbabue y Somalia.

La exclusión de la cooperación para la ayuda de los países que reconocen a Taiwán constituye un síntoma adicional de la primacía de una estrategia particularizada sobre la política de desarrollo.

Hoy hemos de admitir que Europa se ve impotente en esta situación. Podemos, desde luego, apoyar los llamamientos del señor Comisario y despreciar los principios de la OCDE en lo referente a la corrupción y las finanzas públicas, y luego podemos hacer lo mismo con otros convenios internacionales. Por último, incluso podemos arrojar a la papelera la Carta de las Naciones Unidas, pero en ese caso dejaremos de saber sobre qué está basado nuestro papel en la política mundial y en qué nos diferenciamos de otros actores en la política mundial.

 
  
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  Margrete Auken, en nombre del Grupo Verts/ALE. (DA) Señora Presidenta, quiero dar las gracias a la señora Gomes por el excelente y equilibrado informe y por la magnífica colaboración. En la UE estamos acostumbrados a desempeñar un papel preponderante en África en cuanto al comercio y el desarrollo. Sin embargo, por culpa de la creciente inversión de China, las cosas podrían cambiar rápidamente. La presencia de la UE en África no está exenta de problemas; sin embargo, la presencia de China amenaza con evolucionar por unos derroteros altamente funestos. La enorme demanda de China de materias primas y energía está guiando las inversiones chinas sin una especial preocupación por el saludable desarrollo de la sociedad. Por el contrario, China debería ocuparse de problemas como la creación de puestos de trabajo a través de inversiones adecuadas, es decir, debería dejar de aportar su propia mano de obra y en su lugar, desarrollar el sector de producción y elaboración sobre el terreno, esto es, en África. No obstante, la buena gobernanza también ha de quedar incorporada a la política de inversiones. Hasta ahora, China ha rehusado adoptar este enfoque y no ha mostrado ninguna preocupación por si está apoyando a regímenes corruptos y violentos o por si está contribuyendo a la eliminación de la población civil. China ha de ajustarse a las reglas de juego democráticas y respetar los derechos humanos, en lugar de ofrecerse simplemente como una alternativa barata.

Al fin y al cabo, los chinos podrían hacer al menos eso en favor de los africanos. Permítanme poner de relieve uno de los problemas más notables de África, que ya ha sido mencionado, a saber, el del crecimiento de la población. China posee un conocimiento y una experiencia únicos en este campo, que podrían resultar de gran ayuda. Además, Señorías, imaginemos que China esté comprando ahora armas, tal como han mencionado hoy varias personas, unas armas que han sido enviadas a Zimbabue y a las que ahora se les deniega la entrada en muchos puertos en países como Mozambique y Sudáfrica. China aparecería entonces como una superpotencia que escucha a los demás y hace frente a su responsabilidad que se deriva de su escaño en el Consejo de Seguridad en las Naciones Unidas. Eso es lo que está alentando ciertamente el informe: que se establezca un diálogo válido entre la UE, China y África para beneficio de todas las partes.

 
  
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  Paul Marie Coûteaux, en nombre del Grupo IND/DEM. − (FR) Señora Presidenta, un aplauso para la señora Gomes, pero al mismo tiempo me gustaría plantear una cuestión de carácter general. Quisiera preguntar a quién está intentando engañar el Gobierno chino. Bueno, tengo una idea: pienso que está intentando engañar a todo el mundo. Se ha mofado de la Comisión Europea, que debo decir se ha mostrado enormemente ingenua y permisiva en el episodio de las cuotas de prendas textiles. Se está burlando de las normas sobre comercio internacional –si es que aún queda alguna– al eludir verificar continuamente si sus exportaciones se fabrican de acuerdo con las normas de calidad y seguridad de los países importadores, sobre todo en lo tocante a juguetes, demostrando con ello lo absurdo del libre comercio.

Ha dejado en ridículo a Francia organizando manifestaciones antifrancesas en París al enojarse por las protestas francesas sobre el maltrato al pueblo de Tíbet, al que continúa oprimiendo.

Está convirtiendo al mundo entero en un hazmerreír, ya que sabe que el mundo se rige por el mercado y que ambiciona el mercado chino. Por tanto, está haciendo exactamente lo que quiere. Su dominio resultará tanto más completo dado que, por medio de artimañas políticas, el Gobierno chino ha conseguido superar a Europa, señor Michel, en el acceso a África, consiguiendo así el control sobre nuestros principales artículos. ¿Quién puede culparle? Solamente se está beneficiando de nuestra debilidad, sobre todo del estúpido y peligroso desentendimiento de Europa, y de Francia en concreto, respecto de un continente que a lo largo del siglo XXI será cada vez más importante para nosotros.

 
  
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  Andreas Mölzer (NI). – (DE) Señora Presidenta, está quedando claro a la vista del ejemplo de África que la tan cacareada cooperación para el desarrollo no se desarrolla generalmente tan conforme al plan como a uno les gustaría pensar. Demasiado a menudo se utiliza para promocionar exportaciones de los países donantes y, a veces, para apoyar a dictadores o incluso simplemente para crear nuevas dependencias, utilizando políticas de gestión de deuda.

En este contexto, las últimas aspiraciones de China e India respecto del continente africano deberían ser contempladas desde el punto de vista europeo con el mayor de los escepticismos. Los países de bajos costes, que están dañando la economía europea a escala masiva, aparentemente están intentando asegurarse fuentes de materias primas baratas y abrir nuevos cauces de venta. Este tipo de persistente neocolonialismo –como me gustaría llamarlo– de África por parte de China e India acabaría de un golpe con todos los esfuerzos de la política occidental hasta la fecha. No se puede permitir a Pekín o a Nueva Delhi que inciten a las naciones, a las que se acaba de condonar su deuda, a pedir prestado y crear nuevas dependencias solamente para asegurarse el suministro de materias primas. Del mismo modo, no debería permitirse a las naciones africanas poner la mano con un ansia excesiva para recibir ayuda al desarrollo, cuando no están dispuestas a acoger de vuelta a sus propios ciudadanos al ser detenidos como inmigrantes ilegales por Frontex en las costas de Europa.

Sobre la base del equilibrio global de poder, nosotros como europeos vamos a quedar muy en ridículo si intentamos ejercer presión sobre China. China tampoco va a renunciar a hacer negocios con gobiernos que son censurados a escala internacional, como Sudán, por ejemplo. Como tampoco va a dejar de suministrar armamento a Zimbabue. Para un país en que los derechos humanos y la democracia, la protección del medio ambiente y la sostenibilidad continúan teniendo en la actualidad tan poca importancia, este planteamiento probablemente tampoco resulte ilógico del todo.

Así pues, por lo que respecta a África, necesitamos una política que exija estabilidad, democracia y derechos humanos, así como una política –y este es el aspecto más importante– que tenga presentes los intereses europeos. La Unión Europea no debe facilitar dinero indefinidamente a África sin vincularlo a objetivos en términos de contenido y política. El planteamiento hasta ahora sólo ha creado un vacío en torno a nosotros que se ha traducido en oleadas de migración, violaciones de los derechos humanos y una gran pobreza. Las aspiraciones de China e India llevarán probablemente esta situación aún más lejos, si no imprimimos por fin un cambio total de rumbo. Los europeos no pueden seguir financiando solamente proyectos humanitarios y permitir a otras potencias, como China e India en este caso, que prosigan sus grandes operaciones comerciales.

 
  
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  Daniel Caspary (PPE-DE). – (DE) Señora Presidenta, Señorías, cuando pienso en África, a menudo me pregunto: ¿es África un continente ciertamente olvidado desde nuestro punto de vista europeo o, como europeos, vislumbramos oportunidades en África?

A menudo tengo la impresión de que los europeos seguimos percibiendo a África excesivamente como un problema y que no percibimos las oportunidades. El enfoque chino respecto a África es muy diferente. Para los chinos, África constituye ante todo una oportunidad y ellos están centrados en aprovechar esta oportunidad. Han venido haciéndolo de forma bastante inadvertida en los últimos años. Solamente en los últimos meses han resultado más notorios y, por esa razón, están practicando una política de intereses puramente económicos.

Asuntos como los derechos humanos, el Estado de Derecho y la buena gobernanza, que algunos de nuestros compañeros ya han puesto de relieve hoy, no les pasan factura por el momento a los chinos en África. Su única preocupación son las inversiones en infraestructuras en África, de forma que puedan tener un acceso ilimitado a los mercados de materias primas. Se trata de cubrir la creciente necesidad de China de materias primas. Decididamente no se trata de ayudar a las naciones africanas y a la población africana en su andadura hacia un desarrollo económico verdaderamente sostenible.

Tengo la firme convicción de que hemos de hacer mayor énfasis en el arraigo de las naciones africanas en la economía mundial, de manera que puedan beneficiarse de la globalización en los mercados mundiales con sus materias primas, con sus recursos, con todo lo que ellas tienen para ofrecer, y no convertirse en unilateralmente dependientes de los monopolios chinos. Tenemos que entablar diálogo con las naciones africanas en estos temas mejor de lo que he hemos hecho hasta ahora. Además, hemos de asimilar la competencia con los chinos de un modo más intenso que en el pasado y hacer realmente todo lo que podamos para convencer a los africanos de la buen gobernanza y la ventaja de los mercados libres.

Sólo entonces conseguiremos promover el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos en África y, a continuación, lograr impedir que las naciones africanas se decanten en favor de China, ya que África no va a aprender realmente nada de China –es algo que hemos aprendido de forma dolorosa en las últimas semanas– acerca de cómo funciona la democracia y la economía social de mercado.

 
  
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  Alessandro Battilocchio (PSE). – (IT) Señora Presidenta, Señorías, en primer lugar quiero felicitar a la ponente, Ana Gomes, por el excelente trabajo que ha realizado. La creciente presencia china en África nos obliga a emprender una línea de conducta para hacer frente, lo mejor que sepamos, a las oportunidades y los nuevos retos que se presentan.

La contribución china a África como donante de ayuda es algo positivo, pero me gustaría dedicar unos instantes a resaltar dos aspectos: para nosotros europeos –en parte sobre la base de los principios y compromisos recogidos en el Acuerdo de Cotonú y, con carácter más general, en línea con el marco global de nuestra política de desarrollo– resulta preocupante que China lamentablemente esté exportando, junto con la ayuda, una serie de detestables prácticas nacionales, incluida la corrupción, los préstamos irregulares, la falta de respeto por los derechos de los trabajadores y un bajo nivel de consideración por los asuntos medioambientales.

Otro asunto que es necesario controlar de forma cuidadosa es la estrecha relación entre Pekín y ciertos regímenes totalitarios y represivos en África, como Sudán y Zimbabue. En este contexto, China tiene que asumir todas las responsabilidades inherentes a su papel como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidades.

 
  
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  Danutė Budreikaitė (ALDE). (LT) Señora Presidenta, Señorías, la política china en África constituye una amenaza para el desarrollo armónico de los países africanos. Las condiciones laborales en las empresas chinas que operan en África son propias de la esclavitud. China continúa ofreciendo a los dictadores africanos ayuda política y financiera y está aumentando la cooperación militar con los regímenes africanos. Sudán y Zimbabue son los principales importadores de armas de China. China ofrece a los países africanos enormes préstamos sin condiciones de transparencias, alimentando la corrupción, ya de por sí extendida, dentro de los grupos en el poder en los países africanos. La exportación ilegal de madera y marfil africano por parte de China está teniendo un efecto devastador sobre el medio ambiente de África. En una situación como ésta, la política de cooperación para el desarrollo no es capaz de alcanzar sus objetivos. Por tanto, me gustaría pedir a la UE que garantice que China no deje de respetar los derechos humanos y la buena administración a la hora de realizar las inversiones y que se detenga cualquier tráfico de armas con países africanos en los que exista o sea inminente una guerra o un conflicto militar. Hasta que China no se muestre dispuesta a detener el comercio de armas, la UE debería imponer un embargo de armamento sobre el país. Hay otra cosa que es preciso poner de relieve, y ésa es sobre todo que, a la vista de la política de China en África, los diferentes Estados miembros de la UE deberían superar sus discrepancias. La política de la UE, recientemente revisada, ha de permitir a África utilizar sus recursos naturales y humanos de manera mutuamente beneficiosa y continuar con el desarrollo de su independencia económica y política.

 
  
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  Wiesław Stefan Kuc (UEN). – (PL) Señora Presidenta, señor Comisario, el informe de la señora Gomes es, efectivamente, una lección detallada sobre el tema de los vínculos trilaterales, altamente complejos, entre los Estados africanos y China, con especial referencia a los intereses de la UE. Y además tenemos el papel desempeñado en el desarrollo de África por otras organizaciones, como el Banco Mundial.

No existe duda alguna de que el papel de China en el desarrollo de los Estados africanos, que se agranda año tras año, debe analizarse desde una perspectiva positiva, a pesar de las reservas en cuanto a la prioridad de las acciones. Hemos de darnos una respuesta acerca de si las inversiones comerciales son más importantes que la asistencia humanitaria. Para los Estados africanos pobres, cualquier ayuda es importante, lo mismo que es importante el agua, y también la lucha contra las enfermedades, la educación, la construcción de infraestructuras y la paz. Sólo cabe extraer una conclusión: hemos de trabajar juntos para desarrollar los mejores métodos para el desarrollo sostenible, si bien acelerado y perdurable, para estos Estados.

 
  
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  Bastiaan Belder (IND/DEM). (NL) Señora Presidenta, en el artículo 65 de su exhaustivo informe, la señora Gomes insta a la UE y a China a que suspendan los acuerdos en materia de comercio de armas con los gobiernos africanos que sean responsables de violaciones de los derechos humanos, que intervengan en conflictos o que se encuentren al borde de la guerra. Estoy totalmente de acuerdo con la ponente en ese punto. Lo mismo cabe decir de los ejemplos concretos que aporta, y en la lista de Estados africanos, el Zimbabue de Mugabe es el que en estas fechas más sobresale.

A finales de la semana pasada, la prensa occidental informaba de un suministro de armas chino a gran escala para el régimen de Mugabe a través de Sudáfrica, como si la tensión interna en Zimbabue no hubiera aumentado suficientemente a consecuencia de todas las maquinaciones en las elecciones presidenciales. «Para Zimbabue, viajar a China es viajar a nuestro segundo hogar», dijo el Presidente Mugabe durante su última visita a Pekín, aproximadamente hace un año y medio. ¿Cuándo van a distanciarse realmente las autoridades chinas de este y otros «amigos» africanos? Señor Comisario, espero que plantee esta apremiante cuestión en Pekín. El informe de la señora Gomes proporciona asimismo motivo para ello.

 
  
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  Zbigniew Zaleski (PPE-DE). (FR) Señor Comisario, después de todo lo que nos ha explicado, examinemos la presencia de China en África. Para ello, voy a continuar en polaco.

(PL) Señora Presidenta, señor Comisario, a principios del siglo pasado, a los hogares ingleses y franceses llegaron nativos chinos en calidad de sirvientes exóticos. En los años 50 y 60 nos llegaron los productos chinos: plumas y otros productos de uso escolar; y ahora, los chinos han emergido como una poderosa fuerza económica y política.

Como usted ha dicho, todo el mundo tiene derecho a actuar en la escena económica y política y nadie se lo va a impedir, pero los chinos han aunado sus esfuerzos y están persiguiendo sus objetivos con un plan concreto: pero ¿cuáles son los objetivos a los que aspiran? Libres de cualquier mancha o lacra de colonialismo, pueden y van a explotar los recursos naturales en África. Lo estoy expresando muy claramente: explotar. Además, y lo que es peor, pueden exportar y ya están exportando su modelo sociopolítico totalitario y es necesario proteger a África de ello. Hay que salvar a África de ello.

Europa tiene vínculos tradicionales, que datan de la época colonial, con lo que benévolamente se califica como «cooperación». Tanto desde un punto de vista humanitario como desde una sensación de culpa, deberíamos realizar una contribución constructiva a África en cualquier aspecto. Nosotros lo estamos haciendo, pero los chinos nos están exprimiendo. En paralelo con esta superpotencia, la UE también debería ganarse la confianza de África y, al mismo tiempo, mostrar su disposición a contribuir a desarrollar este gran continente, que nos es tan cercano.

Señor Comisario, nos encontramos ante un reto enorme.

 
  
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  Vural Öger (PSE). – (DE) Señora Presidenta, el renovado interés por África en todo el mundo va acompañado por un cambio de perspectiva. Hoy, África es más que un simple continente de pobreza. Existen tasas de crecimiento de hasta el 10 % en algunos países africanos.

Vayamos al núcleo de la cuestión: ¿qué busca China en África? Su motivación más importante para el compromiso allí son los recursos energéticos. En la lucha por hacerse con las materias primas, sin embargo, la política europea basada en valores sale perdiendo cada vez con mayor frecuencia. La motivación más importante de Europa es el desarrollo sostenible de África.

En teoría sería ideal un plan conjunto entre la UE y China para África. No deberíamos erigirnos en los buenos en este caso, ya que los países de África desconfían de la UE tanto como de China. La UE no puede proporcionar soluciones ni para China ni para África. En cualquier caso, la UE debe continuar supeditando el compromiso a ciertas condiciones. Al mismo tiempo debería apoyar a los gobiernos, las instituciones y la sociedad civil con mayor intensidad que hasta ahora. El diálogo con África es necesario, pero no debería olvidar los agravios. A este respecto no puedo sino apoyar el informe de la señora Gomes.

 
  
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  Renate Weber (ALDE). – Señora Presidenta, felicito a mi compañera, señora Ana Gomes, por su trabajo y sus evaluaciones exhaustivas y realistas. Tal como demuestra el informe, China ya es un importante socio económico y político para África. Por lo que respecta al desarrollo de África, creo que es mucho lo que queda por hacer en este continente y que China, como nuevo actor, debería ser bienvenida a participar.

No obstante, lo que temo sobremanera es que, en lugar de canalizar su apoyo a través de proyectos constructivos –sanidad, educación, reducción de la pobreza e infraestructuras–, China continúe dedicada a alimentar las catástrofes del continente y lo haga a través del tráfico de armas y de socavar cuantos avances realicen los países africanos hacia la democracia, la buena gobernanza y el respeto por los derechos humanos. El buque chino que transportaba armamento para Zimbabue vuelve a cuestionar el compromiso real de China respecto a contribuir a la paz y la seguridad en África.

Muchos países africanos aplauden su cooperación con China al no estar vinculados los beneficios económicos a ninguna condición, pero la UE debería continuar recomendando seriamente, tanto a China como a los países africanos, la construcción de instituciones, el fomento de los derechos humanos y unas normas más transparentes para la explotación de los recursos naturales. Los últimos acontecimientos han demostrado que, incluso en aquellos casos en que durante los dos últimos años los gobiernos han comenzado a mostrar una mayor apertura sobre la forma de gastar el dinero y los recursos públicos, han vuelto a recaer en una administración menos transparente. La UE tiene la obligación de ayudar a China a convertirse en un socio fiable en la cooperación para el desarrollo.

 
  
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  Jan Tadeusz Masiel (UEN). – (PL) Señora Presidenta, señor Comisario, a pesar del activo comercio entre China y los países africanos, e incluso a pesar del hecho de que China se haya convertido recientemente en un donante neto con relación a África, sigue siendo Europa, y no China, el destino elegido por los emigrantes africanos, a pesar de nuestro pasado colonial. Es la mejor prueba de la preferencia de los africanos por nuestros valores, como el respeto por los derechos humanos y la preocupación por el desarrollo sostenible que garantiza un futuro mejor.

Eso confiere a la Unión Europea un derecho moral, pero también la obligación de examinar la política china con relación a África, ya que, como acertadamente señala la ponente, China podría acelerar de forma notable el proceso del desarrollo sostenible en África, pero igualmente podría dañarlo. A la vista de ello, la idea de celebrar conversaciones trilaterales entre la Unión Europea, los Estados miembros de la Unión Africana y China merece especial apoyo.

 
  
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  Zuzana Roithová (PPE-DE). – (CS) El cortejo chino a África no sólo implica la cooperación militar, materias primas de importancia estratégica, inversiones a gran escala y creación de un mercado ingente para los productos chinos; también se trata de construir infraestructuras. El volumen de comercio se ha multiplicado por cinco desde el año 2000 y pronto alcanzara un total de 100 000 millones de dólares, aunque el comercio occidental continúa, de momento, siendo responsable de dos terceras partes de los ingresos comerciales de África. La política china está basada en el concepto de «no interferencia» y en la ventaja económica comparativa. Eso implica exportar artículos económicos y armas a cambio de materias primas. Las inversiones y los contratos a largo plazo representan elementos de una premeditada estrategia china a largo plazo que no siente compasión alguna por África.

La influencia de China en los países africanos constituye un ejemplo peligroso de modelo totalitario, de un modelo de mercado corrupto, carente de todo respeto por los individuos o los derechos humanos, o de todo respeto por el medio ambiente. El ansia china por las materias primas a cambio de los suministros incondicionales de armas a África se está convirtiendo en un obstáculo cada vez mayor para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Hemos de obligara China a aceptar su parte de responsabilidad en la política de desarrollo, la reducción de la pobreza y el crecimiento sostenible. China es, al fin y al cabo, un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y como tal, tiene una responsabilidad respecto de los eventos en África.

Condeno el apoyo de China al régimen sudanés. Apoyo un diálogo con China sobre la armonización de las políticas en África con vistas a reducir la pobreza, pero no albergo muchas esperanzas. Sin embargo, no hemos de tirar la toalla. Hemos de poner coto al saqueo de materias primas y ayudar a África a convertirse en económicamente independiente. Hemos de atenernos a nuestra estrategia de políticas comerciales basadas en el respeto a los derechos humanos y la protección medioambiental. Ruego al Señor que podamos conseguirlo.

 
  
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  Katrin Saks (PSE). – (ET) En primer lugar quiero dar las gracias a Ana Gomes por este informe. A mi parecer, su principal mensaje atañe no sólo a la conducta de China, sino también a las constantes deficiencias de la política exterior común de la Unión Europea. Ciertamente, todos estamos de acuerdo en que en este caso sería muy loable una posición común de la Unión Europea.

Quiero centrarme en un par de puntos. Primero, el enfoque global: deberíamos contemplar la cooperación entre China y África desde una perspectiva global, no desde el punto de vista de que África es tradicionalmente un espacio de influencia exclusivamente europea. Segundo, hemos de resaltar la responsabilidad: China tiene que reconocer la creciente responsabilidad que dimana de una asociación estratégica de este tipo.

Y una última observación: el punto 13 de las sugerencias de la Comisión de Asuntos Exteriores.

«Considera que las actividades chinas en África, por un lado, y la nueva asociación estratégica UE-África, por otro, deberían ser compatibles entre sí;»

En primer lugar, no creo que nuestra política deba estar alineada con la de la República Popular China, y aún menos tengo el convencimiento de que los chinos vayan a tomar en consideración nuestras recomendaciones de carácter narrativo.

 
  
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  Cristian Silviu Buşoi (ALDE). – (RO) El volumen del comercio entre China y África ha aumentado desde los 2 000 millones de euros en 1999 hasta aproximadamente 39 700 millones de euros en 2005, siendo China el tercer socio de África en estos momentos en cuanto a la importancia del comercio.

Eso demuestra a las claras el elevado interés que tiene África para los intereses globales de China.

La resolución contiene algunas conclusiones muy importantes, que merece la pena volver a resaltar. Hemos de comunicar muy claramente que esperamos que las actividades de China en África no sólo se refieran a las naciones que ofrecen interés desde el punto de vista de política energética.

Deberíamos asimismo animar a China a que preste una ayuda incondicional a los socios africanos y las condiciones económicas asociadas con las subvenciones o préstamos internacionales no deberían afectar al objetivo de desarrollo sostenible.

Lo más importante para nosotros es ver qué vamos a hacer y lo que la Unión Europea va a hacer en estas circunstancias. Estoy de acuerdo con el Comisario Louis Michel cuando afirma que, por desgracia, la Unión Europea no saca provecho de su posición privilegiada respecto a África.

La Unión Europea debería destinar un mayor porcentaje de su presupuesto anual al apoyo financiero de los proyectos de infraestructuras, capaces de atraer inversiones extranjeras directas.

Por último, una presencia europea más importante en África debería convertir los propósitos en realidades.

 
  
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  Colm Burke (PPE-DE). – Señora Presidenta, China ha comenzado a incrementar notablemente sus vínculos diplomáticos y económicos con África a lo largo de la última década, en gran media debido a la demanda de materias primas. El comercio chino con este continente se ha multiplicado por cuatro desde 2001, al tiempo que la carrera en pos de los recursos ha tenido consecuencias negativas y ha perpetuado a las minorías corruptas y opresoras en África. Un ejemplo de tales regímenes represivos podría ser Sudán, donde CNPC –una empresa petrolera de titularidad estatal china– controla un 60-70 % de la producción de crudo de Sudán, al tiempo que este país es un importante destinatario de armamento chino.

Las condiciones políticas en cuanto a gobernanza, democracia y derechos humanos a menudo no están ligadas a las negociaciones de China en África. La propia China tiene graves problemas internos por lo que respecta a la buena gobernanza, el respeto de los derechos humanos y las principales normas laborales. Este país no parece estar en condiciones de supeditar su ayuda a las mejoras de los estándares africanos en materia de recursos humanos, dado que tampoco se atiene a tales estándares. No obstante, la política china de no intervención en los asuntos internos de sus socios económicos se ha convertido en una excusa demasiado cómoda, concediendo a China carta blanca para proseguir sus contratos, a veces desconsiderados, sobre todo en el continente africano.

Esta política de no intervención, junto a la permisiva actitud de China respecto de los regímenes discutibles, como el existente en Sudán, continúa siendo un tema de preocupación que hemos de resolver. Por desgracia, dado que el planteamiento predominantemente bilateral de China para África se opone al enfoque multilateral mayoritario de la UE, ésta se queda rezagada. Los corruptos dirigentes africanos prefieren firmar lucrativos acuerdos que no conllevan exigencias, por lo que la UE parece perder terreno.

No obstante, la UE tiene que defender su tradicional política de condicionamiento positivo, destinada a promover el desarrollo sostenible y no debería sentirse tentada a matizar su enfoque respecto de África, simplemente porque China esté firmando más contratos. Por el contrario, la UE tiene que presionar a China para que adopte más criterios favorables al desarrollo en sus relaciones con África. China es una potencia importante, un miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, por consiguiente, tiene responsabilidades en África y en todo el mundo.

 
  
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  Nirj Deva (PPE-DE). – Señora Presidenta, felicito a mi compañera, señora Gomes, por el excelente informe. Este informe refuerza nuestra relación con China, lo cual resulta necesario para sustentar la economía global. Hasta hace poco, y durante miles de años, China sólo ha ejercido un poder suave, como el que practicamos ahora en la UE, pero China está cambiando. China es una superpotencia, tanto económica como militar, y se halla en transición.

Nuestra relación con China tiene que estar basada en el respeto. No puede ser una relación en la que una de las partes se sienta con derecho a aleccionar o reprender a la otra. Pusimos fin a la Guerra Fría mediante el diálogo con la Unión Soviética y trajimos la paz a Europa. De forma similar hemos de dialogar con China a todos los niveles. Hemos de preservar las instituciones que sustentan nuestra economía liberal global y nuestros valores basados en las normas, pues de lo contrario estaremos acabados.

Eso significa que China desempeñe un papel pleno y activo en todas las instituciones de Bretton Woods posteriores a la guerra, que con tanto esmero hemos construido. También implica trabajar con China para reforzar las reglas del orden internacional, de manera que esté al servicio tanto de nuestros intereses como de los suyos. En 2020, la economía de China será la mayor del mundo. Ahora podemos elegir. O bien permitimos que China juegue un papel pleno y activo en las instituciones multilaterales liberales, abiertas a todos y basadas en las normas, construidas después de Bretton Woods –y eso incluye a la UE, la ACP, Río, Bali, además de las Naciones Unidas, la OMC, el FMI y el Banco Mundial– o bien obligamos a China, por medio de nuestra política a corto plazo, a retirarse e inevitablemente, dentro de un tiempo, destruir estas instituciones y a que construya las suyas propias, que se adapten a sus superpoderes.

Ésa es la razón por la que este informe resulta tan oportuno. Eso es también por lo que –y en esto voy a ser polémico– los Juegos Olímpicos en Pekín son tan importantes, ya que ésta es la primera vez en la historia en que China está participando con todo el mundo. Ésa es la razón por lo que tienen que ser un gran éxito, no sólo para China, sino para todo el mundo participante.

Nuestra tarea a principios del siglo XXI es de una enorme dimensión. Jamás se ha realizado en toda nuestra común historia de la Humanidad, pero hay que hacerla. Esa tarea consiste en hacer participar a la nación más antigua y más grande del mundo en todos los asuntos del planeta Tierra en calidad de socio nuestro.

 
  
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  Zita Pleštinská (PPE-DE). – (SK) Señorías, mi visita a China en marzo de este año me ha convencido de la oportunidad de este debate. Creo que, por lo que respecta a la Unión Europea, China no sólo es un importante socio comercial, sino también un serio competidor. El informe de la señora Gomes corrobora mi experiencia personal.

He tenido la oportunidad de presenciar la asombrosa diligencia de la mano de obra barata. Aun cuando China tiene que hacer frente a grandes desigualdades sociales y económicas y un medio ambiente en alarmante deterioro, y aunque los derechos políticos y las libertades fundamentales continúan siendo muy limitados, cuenta con una gran experiencia que puede resultar beneficiosa para los países africanos. África está librando una lucha contra la pobreza, pero es rica en materias primas. Gracias a la demanda procedente de China y de otras partes, los Estados africanos pueden gozar de una mayor presencia en los mercados.

En la actualidad, la UE es el mayor donante de ayuda para África y su socio comercial más importante. La aspiración de China es convertirse en el mayor socio comercial de África en 2010; por tanto, sus actividades en ese continente representan un grave desafío para la UE.

 
  
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  Czesław Adam Siekierski (PPE-DE). – (PL) Señora Presidenta, el interés de China por el petróleo, los metales preciosos y el gas africanos empieza a recordar ligeramente a las antiguas políticas coloniales de ciertas potencias europeas. China se presenta como un buen amigo y socio comercial de África; está convenciendo a los africanos de que quiere ayudarles a salir de la pobreza y el atraso y de que va a respaldar el desarrollo económico.

Esperemos que sus intenciones sean sinceras, pero en los negocios, como en la política, suele ocurrir que el fin justifica los medios. Los chinos están construyendo puentes, carreteras, estadios, hospitales, están abasteciendo a África de armas, están realizando préstamos financieros, y de esa manera se están haciendo con un nuevo mercado de ventas, al tiempo que dan la imagen de un Estado que se preocupa del futuro de África.

La UE debería participar bastante más en el desarrollo de África. No podemos permanecer como observadores neutrales, al tiempo que progresa esta nueva dominación china.

 
  
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  José Ribeiro e Castro (PPE-DE). (PT) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, quiero comenzar felicitando a la señora Gomes por el excelente informe que ha elaborado, pero en los escasos minutos de que dispongo me gustaría llamar la atención del señor Comisario, así como la de mis compañeros, sobre un caso práctico de esta relación que se está desarrollando justo ante nuestros ojos. El caso práctico es Zimbabue. Las noticias de los periódicos hablan de un buque que procede ¿de dónde? De China. ¿Cargado con qué? Con armas, armas para Zimbabue, armas cortas, granadas y morteros. Se le ha prohibido descargar en Durban, pero existen noticias de que se dirige a Angola para entregar ese armamento que se va a utilizar para agredir al pueblo de Zimbabue.

Hemos de adoptar una postura diplomática dura sobre China, así como sobre los países vecinos de Zimbabue, a fin de cortar de raíz este tipo de relación perversa, este tipo de relación letal, y asegurar que se respeten los resultados electorales. Opino que en nuestra relación con China, hemos de llamar la atención de este país, como la gran potencia y el enorme país que es, respecto de sus responsabilidades en la escena internacional, así como para mantener la paz y defender los derechos de la gente.

 
  
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  Zbigniew Krzysztof Kuźmiuk (UEN). – (PL) Señora Presidenta, señor Comisario, a lo largo de los últimos 10-15 años, China se ha convertido en la economía de desarrollo más rápido en el mundo, tal como atestigua el aumento anual superior al 10 % de su renta nacional. Eso ha provocado que este país se convierta en la cuarta economía más grande del mundo, con las mayores reservas de moneda extranjera del planeta.

Un desarrollo tan rápido del potencial económico significa que China se está convirtiendo en uno de los principales socios comerciales del mundo. A lo largo de los últimos 15 años, el valor del comercio entre China y África ha aumentado en más de 20 veces. Da la sensación de que la Unión Europea no se encuentra en situación de hacer frente a esta expansión. Por tanto, tenemos que alentar a China a que garantice que su actividad económica en África incluya una faceta social y medioambiental, así como el mantenimiento de los estándares democráticos.

La Unión Europea debería vigilar la expansión de China en África. Al fin y al cabo, seguimos siendo el mayor donante a los países africanos. En consecuencia, deberíamos aspirar a garantizar que la ayuda ofrecida a estos países vaya ligada a una ampliación notable de las relaciones comerciales con África.

 
  
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  Paul Rübig (PPE-DE). – (DE) Señora Presidenta, yo también quiero expresar mi felicitación por el informe. Demuestra muy claramente que China también puede servir de ejemplo. El desarrollo en China, especialmente el desarrollo económico, puede constituir un ejemplo para África. Las relaciones de mercado y el crecimiento alcanzado son notables.

China también es socio nuestro en la OMC. Efectivamente podemos constatar que cuando las negociaciones en la OMC sobre salarios estándar y reducción de cuotas culminan en éxito, pueden traducirse en una situación de cooperación beneficiosa para ambas partes. África y China necesitan a Europa. Europa es actualmente el foro de compras más poderoso del mundo. Me gustaría que se desarrollara una buena relación entre socios.

 
  
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  Louis Michel, miembro de la Comisión. − (FR) Evidentemente, resulta muy frustrante para los diputados, en un debate tan importante como éste y con un informe tan excelente, disponer de tan poco tiempo para intervenir.

Simplemente quiero dejar constancia del hecho de que he visto emerger dos frentes aquí en el Parlamento. Están quienes –y no expreso ninguna crítica, sólo estoy afirmando que esto es lo que he presenciado–, hay oradores que creen que el pesimismo y el miedo expulsarán a los chinos de África. Olvídense, eso ciertamente no va a ocurrir. Personalmente tengo una fe inquebrantable en el optimismo que surge de la modernidad y la apertura de mente.

He escuchado otras cosas aquí hoy que me hacen pensar que necesitamos entender que este tipo de relación con África es justamente lo que está llevando a África a perder la fe en Europa. No obstante, hemos de dejar de creer que tenemos un derecho moral para estar en África. No tenemos ningún derecho a estar en África, ninguno en absoluto, ni moral ni de otro tipo. Nuestro pasado ciertamente no nos confiere ningún derecho a pensarlo y me gustaría recordárselo a todo el mundo.

En esa misma línea, he escuchado criticar a los chinos por robar nuestros recursos naturales de África. Lo siento, no sé si el señor Coûteaux sigue estando entre nosotros, tal vez se haya tratado de un lapsus linguae. ¡Como si tuviéramos la propiedad de los recursos naturales en África! Realmente resulta bastante sorprendente. Voy a ser franco con ustedes: este tipo de comentario a veces me sorprende.

Quiero decirles que el único peligro que veo en la presencia de China, en las inversiones chinas en África, es la maldición de los recursos para los africanos. Es algo que tenemos que debatir con los africanos. Es lo que se conoce como la «maldición de los recursos» o la «economía del rentista». Este asunto hay que plantearlo en nuestras conversaciones con África. Soy un firme creyente en el diálogo, en la asociación tripartita, en la escucha y en la comprensión mutua de los problemas, así como en la búsqueda de una cooperación real. Para otros más proclives a los sermones, esto equivale a decir que «nosotros, los europeos, hemos de impartir clases sobre cómo proteger de los chinos a estos pobres africanos». He de decirles que me enfrento a este tipo de argumentos todos los días en mis relaciones bilaterales. Carecen de sentido y no comulgo con ellos, ni tampoco espero que nadie participe de ellos.

El informe de la señora Gomes se halla en el camino correcto. Personalmente pienso que casi todo lo que expone el informe es acertado. Como saben, parto para China dentro de unas horas. Voy a reunirme con el Ministro de Comercio chino. El Presidente Barroso y yo vamos a reunirnos con el Primer Ministro chino. ¿Piensan de verdad que no vamos a hablar de los derechos humanos, de Tíbet, de la democracia, de África? Por supuesto que lo vamos a hacer, en el peculiar lenguaje de la diplomacia convencional. La diplomacia de megafonía, en este caso, es totalmente contraproducente. Cuanto más se les hable a los africanos, cuanto más se les diga que tienen que recelar de los chinos, que están dispuestos a colonizar los países africanos, que ésta es la maldición de los recursos, cuanto más se diga eso, menos le escucharán a uno y menos estarán dispuestos a prestarle atención.

Europa tiene las herramientas para lograr sus aspiraciones. Puede hacerlo de dos formas. Primero, contamos con nuestro modelo, que hemos de defender. Tenemos que ser diferentes de los demás porque nuestro modelo es distinto de los demás. Está basado en valores compartidos, está basado en tolerancia, está basado en apertura, está basado en diálogo, está basado en información de retorno, está basado en respeto mutuo. Eso es Europa y Europa no tendría que cambiar. Europa no tiene que convertirse en algo distinto o perseguir otros modelos. Eso es lo primero que quería decir.

La segunda cosa es lo que dije anteriormente. Si tuviéramos un poco de valor –y el Parlamento Europeo puede ayudarnos enormemente en esta cuestión y, efectivamente, ya lo ha hecho– para convencer a los Estados miembros de que dividieran mejor el trabajo, de modificar las normas sobre el uso del Fondo Europeo de Desarrollo, si concediéramos un poco más a las instituciones europeas, si el Parlamento –integrando por ejemplo en el presupuesto el FED, que adquiriría entonces mucha mayor eficacia política– asignara más recursos a los Comisarios a fin de que pudieran actuar de acuerdo con los valores de Europa, utilizando la financiación mediante el FED, entonces les garantizo que Europa no tendría que preocuparse sobre la competencia con China. Eso es un hecho.

Existe una cierta base para ello, ya que contamos con una ventaja formidable. ¿Qué ventaja tenemos? No nos dedicamos a conceder préstamos, damos ayudas. No sé si estoy explicándome satisfactoriamente. Los africanos hoy están acercándose a los chinos y criticándonos por no tener suficiente capacidad de respuesta, aunque ofrecemos ayuda –en otras palabras, dinero que no tienen que devolver– a diferencia de préstamos blandos que, es preciso decirlo, absorben recursos naturales. Sin embargo, si estos préstamos se utilizan para infraestructuras, para el desarrollo sostenible, entonces ¿quién puede sostener que África no se beneficia de ello? Como saben, cuando se trata de infraestructuras en África, Europa, Europa y China, Europa, China y los Estados Unidos, Europa, China, Japón y los Estados Unidos, incluso el resto del mundo, podrían ofrecer tanta financiación como quisieran, habrían de pasar años hasta que existieran suficientes infraestructuras en África para apoyar cualquier desarrollo real.

Por tanto, todo este dinero, todas estas inversiones, no son necesariamente algo malo. La cuestión real es saber cómo se utiliza, cómo se gestiona. Sé que no puedo conseguir que todo el mundo esté de acuerdo, pero esa es la belleza de la democracia. Sinceramente creo que es a través de la apertura, a través del diálogo, a través de la búsqueda de una asociación triangular, en este caso, donde podemos marcar la diferencia. A mi juicio, Europa siempre seguirá siendo un socio especial de África por razones históricas, por motivos geográficos, por cuestión de modelo. No le tengo miedo a eso y creo que, si verdaderamente deseamos estar presentes en África –como alguien ha dicho, es muy importante–, hemos de actuar como he explicado y añadir otro ingrediente a la mezcla. Hemos de dejar de presuponer que nuestro interés en África se basa exclusivamente en la generosidad, la amabilidad y la humanidad.

Ciertamente también tenemos una obligación a ese respecto, pero hemos de aceptar que una relación con África representa un enorme potencial de beneficio mutuo para Europa. Ofrece un potencial tremendo de desarrollo económico mutuo y no hay absolutamente nada erróneo o inmoral en mirar las cosas desde esa perspectiva. Al menos, los chinos tienen una cualidad positiva: no ocultan sus planes. Jamás he oído decir a los chinos que quieren ayudar a los africanos o promover el desarrollo en África. No, son honestos. Juegan conforme a las reglas del desarrollo económico, ése es su primordial interés. Personalmente creo que si queremos respetar a nuestros socios, hemos de aceptar esto. No hemos de olvidar este aspecto. No existe ninguna solución milagrosa. Si África no se desarrolla económicamente, no se desarrollará en absoluto, punto, y nuestras políticas caritativas no servirán para nada.

Eso es lo que quería decir. Lo siento, señora Presidenta, por consumir tanto tiempo, pero he expresado una creencia que emana de mi experiencia cotidiana con estos países.

Una última cosa, por si sirve de algo. El buque chino navega de momento de vuelta a China. La gente siempre ha dicho que Europa tiene poco influencia política. Acabo de volver de la Cumbre de la SADC donde he conversado con Jefes de Estado. Zimbabue figuraba lógicamente en el orden del día. He hablado con todos los Jefes de Estado: Angola, Mozambique, todos ellos. He clarificado la cuestión del barco chino. Fueron los estibadores los que reaccionaron, pero varios países también se negaron a descargar el buque. Según la más reciente información de que dispongo, el barco fue devuelto a China. Por si sirve de algo, Europa ha intentado cumplir con su obligación con diplomacia suave y con los estibadores, evidentemente con la voz del pueblo. Todo ello ha merecido la pena y demuestra que los africanos no están dispuestos a aceptar cualquier cosa cuando se trata de la diplomacia, o lo que es lo mismo, la política.

 
  
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  Ana Maria Gomes, ponente. − Señora Presidenta, me gustaría recordar que nuestra compañera Erika Mann, que ha sido la ponente de opinión de la Comisión de Comercio Internacional, no ha podido estar presente. Me ha pedido resaltar este punto que hemos incluido en el informe: se trata de la importancia para África de desarrollar su propia estrategia respecto a China, señalando que tal estrategia puede realzar la naturaleza recíproca de las relaciones comerciales entre China y África si se centra en una mayor participación de los trabajadores africanos en proyectos chinos en África, una mayor voluntad por parte de China para transferir tecnología y un mejor acceso a los mercados chinos para las exportaciones africanas.

ponente. − (FR) Permítame dar las gracias al Comisario Michel y a mis compañeros diputados por sus comentarios y por las valiosas cuestiones planteadas.

Comprendo al señor Comisario cuando afirma que Europa no puede dictar unilateralmente las condiciones para África, en especial cuando China no las aplica. No obstante, eso es precisamente por lo que nosotros, los europeos, tenemos que invertir más para fortalecer la sociedad civil africana, las instituciones como los Parlamentos, los medios de comunicación libres, las universidades, etc., de forma que los propios africanos puedan exigir e imponer condiciones, como las derivadas de los ODM, y garantizar que sean respetadas.

Estoy totalmente de acuerdo con el señor Comisario, como resulta evidente en el informe, cuando dice que el rápido desembolso de ayuda o la subvención europea son vitales para África y que la actuación coordinada y el reparto de tareas entre Estados miembros y la Comisión resulta esencial si queremos competir con la agilidad con que China financia a África en la actualidad, sin sopesar las consecuencias, aparte de sus propios intereses.

En términos de los criterios de la OCDE, está claro que compete a China decidir si le merece la pena adoptarlos. Sin embargo, creo que es nuestra misión, sobre la base de nuestras experiencias positivas y negativas en África, hacer comprender a China que su interés a largo plazo consiste en garantizar que los recursos naturales de África sean explotados y no esquilmados, y que, sin buena gobernanza, no existe ninguna garantía, ni siquiera para China.

Por último, tal vez una de las consecuencias positivas de la creciente presencia de China en África sea este debate y el informe que vamos a aprobar mañana. China ha ayudado a Europa a comprender que existe un potencial enorme en África y que existen historias de éxito en África. Espero de verdad que su viaje a China esta semana, señor Comisario, le brinde la oportunidad para promover la participación constructiva de China y África descrita en este informe, y de recordar a China, como usted ha afirmado hoy, sus responsabilidades como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no sólo con respecto a Tíbet y Myanmar, sino también a África, y específicamente Zimbabue y Darfur. Enhorabuena, señor Comisario, en el caso de que su actuación efectivamente consiguiera enviar el barco de vuelta a China. Esto es muy positivo.

 
  
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  Presidenta. – Se cierra el debate.

La votación tendrá lugar el miércoles a las 11.30 horas.

Declaraciones por escrito (Artículo 142)

 
  
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  Filip Kaczmarek (PPE-DE), por escrito. – (PL) El informe de la señora Gomes es indudablemente un pormenorizado e interesante análisis de la presencia de la República Popular China en África. Sin embargo, no puedo liberarme de la impresión de que en algún lugar, entre comercio, inversiones, infraestructuras, energía y otros asuntos importantes, hemos perdido de vista en este informe un asunto que es de importancia básica desde la perspectiva tanto de la institución que representamos –el Parlamento Europeo– como de la Comisión de Desarrollo, que es responsable de este informe. La protección de los derechos humanos en todo el mundo constituye una prioridad absoluta del Parlamento Europeo; podemos constatarlo en la página principal del sitio web del Parlamento Europeo. Si realmente creemos en este lema, no podemos limitarnos en la sección de gobernanza y derechos humanos a:

- un resumen superficial de la actuación de China (situado dentro de un contexto sumamente positivo) en Darfur, mientras que todos sabemos de sobras que no se ha producido mejora alguna en la región;

- una referencia de una sola frase a la violación del embargo de las Naciones Unidas sobre las ventas de armamento en África por parte de la República Popular China, que, no lo olvidemos, es miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas;

- o al breve comentario sobre el asunto de la cooperación china con Gobiernos responsables de violaciones de los derechos humanos, como Zimbabue.

«La UE no debería subestimar el poder de criticar privada y públicamente a China», como afirma la señora Gomes en la exposición de motivos de su informe Es una lástima que hayamos perdido una ocasión así con este informe. Gracias por su atención.

 
  
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  Eija-Riitta Korhola (PPE-DE), por escrito. – (FI) El informe de la señora Gomes constituye una contribución vital al debate sobre este importante reto a la cooperación internacional. Una vez más le felicito por su clarividencia.

Por una parte, podría parecer que África se ha beneficiado de sus estrechas relaciones en el plano económico con China. El impulso económico proporcionado por su socio comercial más importante, dejando Europa a un lado, ha reducido la pobreza. China mira a África no como una carga, sino como una oportunidad plena de potencial económico.

Por otra, resulta evidente que existen ciertos aspectos muy preocupantes de la posición de China en África. La exportación de armamento, las inversiones equívocas, la explotación de las materias primas: Europa reconoce demasiado bien las señales del neocolonialismo entre todo ese entusiasmo. Merece la pena cuestionar si el poder económico debería utilizarse para alimentar la obsesión de convertirse en una superpotencia. Eso resulta evidente, por ejemplo, en Darfur.

Otra cuestión es cómo debe reaccionar la UE. En muchos aspectos, China es el rival de Europa en África, y varias personas aquí han dicho que aleccionar a una superpotencia en auge, llena de amor propio, no resultará provechoso. El informe opta sabiamente por un planteamiento constructivo. Ahí tenemos que identificar nuestro papel, que consiste en recordar a China las obligaciones que comporta una asociación. Hay que realizar esfuerzos conjuntos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, prevenir conflictos y garantizar el desarrollo sostenible.

La cooperación tiene la máxima importancia para atajar el cambio climático. Bali supuso la esperanza de que China, como contaminante importante, y África, como víctima inocente, entraran a participar.

Por último, hemos de reconocer el hecho de que China no comparte los conceptos europeos del respeto a los derechos humanos. Ésa es la razón por la que hemos de realizar un esfuerzo bastante mayor para garantizar que la democracia duradera, el Estado de Derecho y la buena gobernanza arraiguen en África. La posible solución al reto chino no se encuentra en China, sino en la propia África.

 
  
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  Bogusław Rogalski (UEN), por escrito. – (PL) La potencia en auge que es China está teniendo un enorme impacto sobre el proceso de desarrollo sostenible en África, pero hemos de tener presente que los Estados africanos son responsables del impacto global de la presencia de extranjeros y organizaciones o gobiernos extranjeros en su territorio.

Tanto la UE como China están actuando para promover la seguridad, la paz y el desarrollo sostenible en África, pero la UE es el mayor donante y el principal socio comercial de África en la situación actual. Aunque China cuenta con una enorme experiencia merced a haber sacado a 400 millones de sus propios ciudadanos de la pobreza extrema durante los últimos 25 años, hemos de concentrarnos en las enormes desigualdades sociales y económicas, así como en la alarmante degradación del entorno natural, la restricción de las libertades fundamentales y las precarias normas de empleo.

Hemos de vigilar la explotación de los recursos naturales africanos, ya que puede conducir a su completo agotamiento y a la difusión de la corrupción, así como el agravamiento de la desigualdad social y la instigación de conflictos, que tendrían un impacto negativo sobre el desarrollo de los países africanos. Es precisamente el comercio y el consumo de los Estados occidentales los que están provocando el efecto de incrementar la demanda china de recursos naturales africanos, lo que se traduce en un aumento de las emisiones de CO2 en los países en desarrollo. No menos importancia entraña el hecho de que la pertenencia a la OMC imponga una serie de obligaciones a las que China está haciendo frente de manera insuficiente. La UE debería plantear el tema de la justicia en relación con el comercio, el clima y otros problemas como parte de la cooperación trilateral con China y África.

 
  
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  Toomas Savi (ALDE), por escrito. – Señora Presidenta, el hecho más inquietante sobre la política de China en África es que está proporcionando ayuda e inversiones allí al margen de toda condición. La ayuda al desarrollo que aporta la Unión Europea siempre ha estado ligada a unas estrictas condiciones referentes al progreso democrático, el reconocimiento del Estado de Derecho y la buena gobernanza, así como el respeto por los derechos humanos.

La pragmática cooperación «sin condiciones» de China con regímenes represivos en África debilita los esfuerzos que ha realizado la Unión Europea para promover la construcción del Estado democrático en África y nos obliga a introducir algunas políticas más flexibles sobre África. La ayuda condicional, aunque en ocasiones resulte extremadamente eficaz, también puede ser percibida como condescendiente y China, en su afán por satisfacer su creciente demanda de recursos, ha evitado utilizarla.

El creciente interés y la participación de China en África ponen en peligro los intereses europeos allí, y a fin de no perder presencia en África, hemos de inventar algunos nuevos medios más atractivos para promover la transición democrática en los países africanos. Pero por otra parte, no debemos renunciar a un diálogo constructivo entre la Unión Europea y China, así como otros grandes contribuyentes, que pudieran estar interesados en formar una estrategia multilateral coherente con respecto a África.

 
  
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  Bernard Wojciechowski (IND/DEM), por escrito. – Napoleón dijo en una ocasión que había que dejar dormir a China, porque cuando despertara, conmocionaría al mundo. Malas noticias: China se ha despertado, pero nosotros nos hemos quedado dormidos. Continuamos debatiéndonos con la herencia del régimen colonial, tanto en los Estados colonizados como en los colonizadores, pero hemos ignorado la posibilidad de que esta catástrofe pudiera ocurrir de nuevo. La acusación de que China está ejerciendo neocolonialismo no resulta del todo injustificada. China tiene los mismos intereses en la explotación de los países africanos que los que han tenido algunos de nuestros Estados europeos a lo largo de los siglos. Nos ha costado mucho aprender nuestra lección, pero China aún tiene que aprender a implantar los derechos humanos a nivel interno, al tiempo que ya está experimentando con el régimen colonial. Nos encontramos en una situación peligrosa, por la sed china de crudo y su hambre por los recursos africanos. Deberíamos enviar una señal clara a China: primero que se preocupe del historial interno en cuanto a los recursos humanos, y luego que demuestre al mundo que quiere participar sinceramente en los objetivos de desarrollo de África, y no sólo utilizarlos de manera instrumental.

 
Última actualización: 21 de octubre de 2008Aviso jurídico