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Procedimiento : 2007/2203(INI)
Ciclo de vida en sesión
Ciclo relativo al documento : A6-0040/2008

Textos presentados :

A6-0040/2008

Debates :

PV 24/04/2008 - 5
CRE 24/04/2008 - 5

Votaciones :

PV 24/04/2008 - 7.9
Explicaciones de voto
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Textos aprobados :

P6_TA(2008)0182

Debates
Jueves 24 de abril de 2008 - Estrasburgo Edición DO

5. Libro Verde sobre la utilización de instrumentos de mercado en la política de medio ambiente y otras políticas relacionadas (debate)
PV
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  Presidente. – El siguiente punto del orden del día se refiere al informe de Anne Ferreira, en nombre de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria relativo al Libro Verde sobre la utilización de instrumentos de mercado en la política de medio ambiente y otras políticas relacionadas (2007/2203(INI)) (A6-0040/2008).

 
  
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  Anne Ferreira, ponente. − (FR) Señor Presidente, Comisaria, Señorías, ante todo desearía expresar un especial agradecimiento a los ponentes alternativos y a los ponentes de opinión por su valiosa cooperación.

Podemos estar hoy satisfechos con el equilibrado informe aprobado por la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, que es el resultado de esfuerzos comunes. La Unión Europea está indudablemente comprometida con el medio ambiente, tanto en su interior como a escala internacional.

Tras haber fijado una serie de objetivos para responder a las situaciones de urgencia medioambiental en las que nos hallamos, la Unión Europea debe elaborar los medios de lograrlos. Para ello, se ha dotado, a lo largo de los años, de legislación que se revisa regularmente y que se aplica en su territorio. Invierte asimismo en investigación, sensibiliza a la opinión pública y fomenta las buenas prácticas en los Estados miembros.

Ahora proponemos seguir una pista diferente de la de los instrumentos de mercado. El informe se basa en el Libro Verde de la Comisión, el cual contiene una serie de propuestas e ideas que me complacen. En primer lugar, trata de enriquecer un texto que, desde mi punto de vista, se centra excesivamente en el cambio climático. Se trata sin duda de una cuestión fundamental, pero no debemos ignorar todos los ámbitos de la actividad humana cuya repercusión en el medio ambiente es asimismo muy importante.

Por otra parte, lamento no haber dispuesto de elementos de la consulta que podrían haber contribuido a completar nuestro trabajo. En el Libro Verde, la Comisión propone lograr los objetivos medioambientales con unos costes menores y razonables. Ello debería ser posible a través de los instrumentos económicos, que representan, por otra parte, un medio flexible de lograr los objetivos fijados.

Por último, el informe propone a la Comisión la elaboración de un plan de acción o de otro sistema en materia de instrumentos de mercado para el medio ambiente. Tengo una pregunta para la Comisión: ¿Nos puede indicar en qué fase del periodo de reflexión se halla y si los resultados de la consulta de que dispone a día de hoy confirman o modifican las propuestas del Libro Verde? Creo que se trata de una pregunta muy importante.

En lo que respecta a la aplicación de los instrumentos de mercado, debemos ceñirnos a ciertos principios. Debemos, por supuesto, aplicar el principio de «quien contamina, paga» y garantizar que los instrumentos de mercado se complementen entre sí, que complementen a otros instrumentos y que sean coherentes y apropiados a los ámbitos en cuestión. Tal es el objetivo. Dicho de otro modo, no hemos de ser sistemáticos sino que debemos hacer gala de un gran ingenio.

En cuanto a los instrumentos concretos, que no tengo tiempo de debatir aquí, debo hacer hincapié en que el Parlamento se muestra escéptico ante la propuesta sobre la biodiversidad, por la sencilla razón de que nos parece difícil, si no imposible, indemnizar en caso de perjuicios ocasionados a un ecosistema más o menos raro en otro país.

En cuanto a la internalización de costes, se trata de un principio en el que nos tenemos que basar y en relación con el que hemos de adoptar medidas. Actualmente, se presta muy poca atención a los costes medioambientales de las actividades humanas, sobre todo las actividades industriales y económicas, a los que, en un lenguaje más técnico se denomina costes externos. El sector del transporte constituye un ejemplo típico.

Tomo nota de que la Comisión debe presentar, durante el próximo mes de junio, una propuesta de revisión de la Directiva «Euroviñeta» que, concretamente, establecerá el pago de unos importes variables en relación con el transporte por carretera. Dicho principio de variabilidad debe aplicarse cada vez más en la elaboración de instrumentos de mercado para el medio ambiente. La Comisión ha propuesto un sistema similar en materia de fiscalidad de la energía, la división en dos componentes: uno energético y otro medioambiental.

Si la revisión de la Directiva logra su objetivo, debería garantizar asimismo que se restablezca la competencia con otros medios de transporte y que se empleen los modos que emiten menos CO2.

Por último, hay un punto que desearía destacar especialmente: la competitividad de la economía europea. Seguro que estamos de acuerdo al respecto, aunque hay que prestar atención a la pregunta que cabe plantearse en este caso, a saber, si la inacción entrañaría costes sociales, económicos y medioambientales, aparte de políticos.

 
  
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  Androula Vassiliou, Miembro de la Comisión. − Señor Presidente, desearía dar las gracias al Parlamento y, en concreto, a sus ponentes por su reacción, muy constructiva, ante el Libro Verde sobre la utilización de instrumentos de mercado.

El año pasado se presentó, con la ayuda del Comisario Dimas, este Libro Verde, cuyo objetivo consiste en entablar un amplio debate público sobre los avances en el uso de los instrumentos de mercado con fines políticos vinculados a la energía dentro de la Comunidad. El Libro Verde se fundamenta de la opinión ampliamente compartida de que no sólo los instrumentos de mercado, tales como los impuestos, las tasas y los sistemas de permisos negociables, sino, asimismo, las subvenciones específicas proporcionan un medio flexible y rentable de alcanzar determinados objetivos políticos.

Me complace que el Parlamento apoye dicho planteamiento. Igualmente, me satisface que el Parlamento comparta la opinión de que los instrumentos de mercado no se pueden contemplar y emplear de manera aislada y que deben combinarse con instrumentos reglamentarios.

El informe del Parlamento es una contribución muy útil y completa al debate sobre el uso de instrumentos de mercado, a nivel tanto comunitario como nacional. Su alcance es aún más amplio y comprende cuestiones tales como la «ecologización» del producto interior bruto y la revisión del Régimen de comercio de derechos de emisión de la UE. Aunque tales cuestiones están, obviamente, relacionadas con el tema del Libro Verde y son en sí mismas muy importantes, se excluyeron de éste ya que se tratan en otros documentos de la Comisión elaborados en paralelo.

La Comisión tomará nota de las numerosas observaciones y peticiones transmitidas por el Parlamento en el marco de su trabajo a propósito de las diversas cuestiones citadas en el Libro Verde y en otras iniciativas específicas.

En cuanto a las acciones inminentes, previstas para este año, les puedo informar de que la Comisión tiene previsto revisar la Directiva sobre la fiscalidad de la energía en otoño, con objeto de garantizar que aquélla contribuya más eficazmente al cumplimiento de los objetivos de la UE en materia de energía y cambio climático.

Lo que se antoja más importante y, con arreglo a la petición del Parlamento, uno de los aspectos principales será lograr una mejor complementariedad con el Régimen de comercio de derechos de emisión de la UE. En mi opinión, es muy importante lograr una sinergia óptima entre el Régimen de comercio de derechos de emisión de la UE revisado y la fiscalidad de la energía, de modo que se garantice que la UE cumpla sus objetivos en materia de cambio climático y energía del modo menos costoso posible.

Nuestro objetivo consiste en presentar la propuesta a tiempo para que el Parlamento presente un dictamen antes de que concluya la presente legislatura. Existen ámbitos en los que sólo cabe adoptar acciones eficaces a través de legislación de nivel comunitario. Entre tales cabe citar, por ejemplo, la fiscalidad del uso de la energía —a la que me acabo de referir— y el Régimen de comercio de derechos de emisión de gases de efecto invernadero de la UE.

Existen otros ámbitos, sin embargo, en los que los propios Estados miembros pueden emprender medidas eficaces y en los que pueden cooperar y sacar partido de la experiencia recabada en otros Estados miembros. Con ese fin, el Libro Verde recomienda la creación de un foro sobre instrumentos de mercado que permita la puesta en común de conocimiento transectorial y transnacional.

Para concluir, desearía dar las gracias al Parlamento por su constructiva aportación al debate sobre los usos adicionales de los instrumentos de mercado, la cual es de utilidad para todos los responsables políticos, se hallen éstos en Estrasburgo, Bruselas o en las capitales nacionales.

 
  
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  John Purvis, ponente de opinión de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios. − Señor Presidente, la señora Ferreira ha elaborado una excelente y equilibrada respuesta al Libro Verde sobre la utilización de instrumentos de mercado en la política de medio ambiente y, como ponente de la opinión que la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios ha redactado con arreglo al procedimiento de cooperación reforzada, me complace que hayamos podido colaborar con la señora Ferreira y hayamos contribuido de manera significativa a la redacción de este informe.

En nuestra opinión, el Régimen de comercio de derechos de emisión (ETS, por sus siglas en inglés) es el instrumento más rentable, adecuado a la demanda y objetivo del que se dispone en la actualidad para alcanzar el objetivo de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE cifrado en un 20 % para 2020. El ETS debería ser la piedra angular de la combinación de instrumentos de mercado, por lo que me congratulo de las propuestas de la Comisión de mejorarlo y ampliarlo. El Régimen debería imponer un límite cada vez más estricto, de manera que en 2020 se alcanzara dicho objetivo del 20 %. Asimismo, debería aplicarse lo más ampliamente posible a los principales emisores.

La subasta debería ser el principal método de asignación de objetivos de emisión, con objeto de evitar los inconvenientes que entrañan para la competencia los derechos históricos (grandfathering). El método de la subasta es más eficaz desde el punto de vista económico. Fomenta la incorporación de nuevos participantes, la innovación y el desarrollo tecnológico y operativo.

Señora Comisaria, hago especial hincapié en nuestra opinión de que la fiscalidad de la energía, los impuestos y los subsidios en general, deberían seguir siendo una herramienta de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero muy secundaria y complementaria que no quedara comprendida directa o indirectamente por el Régimen de comercio de derechos de emisión. Por dicha razón, creemos que el apartado 26 del informe no concuerda con el mensaje general de dar prioridad al Régimen de comercio de derechos de emisión.

Por último, la Comisión debe negociar con urgencia los acuerdos recíprocos con otras jurisdicciones. Unos compromisos internacionales mutuos y equivalentes que comprendan sectores vulnerables a la competencia serían muy preferibles a la introducción de ajustes fiscales en la frontera para compensar las distorsiones comerciales.

 
  
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  Neena Gill, ponente de opinión de la Comisión de Industria, Investigación y Energía. − Señor Presidente, se habla mucho del cambio climático pero se actúa poco en lo que respecta a la adopción de medidas concretas. Creo que la UE debe constituirse en ejemplo mundial. Por ello se antoja crucial un mayor uso de los instrumentos de mercado, ya que éstos son medios rentables de reducir las emisiones de carbono e incrementar la eficiencia energética.

Según creo, tales impuestos indirectos, permisos negociables y subvenciones ayudarán a que la Unión Europea alcance sus objetivos en materia de emisiones. Sin embargo, sin dejar de reconocer que los Estados miembros tienen que conservar cierta flexibilidad con respecto a sus propios regímenes fiscales, se ha de dar la bienvenida a cualquier herramienta o ayuda que pueda brindar apoyo a nuestras industrias y a nuestros consumidores para que éstos adopten decisiones más ecológicas, y nuestras políticas deben ser tales que incentiven el cambio de conducta.

Así pues, es perentorio que se corrijan las deficiencias del mercado y que dispongamos de una política de precios basada en las emisiones de dióxido de carbono, de modo que se refleje el daño medioambiental con arreglo al principio de «quien contamina, paga». Una reducción del IVA en los productos ecológicos puede ser de ayuda para las personas vulnerables de la sociedad, sobre todo para los ancianos, a quienes amenaza ahora más que nunca el riesgo de pobreza energética.

Además, cualquier ingreso obtenido a través de las subastas debería reinvertirse para solucionar el problema de la pobreza energética y financiar otros programas medioambientales.

 
  
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  Anders Wijkman, en nombre del Grupo del PPE-DE. – Señor Presidente, se trata, como ya se ha dicho, de un informe importante y desearía felicitar a la señora Ferreira.

Sabemos que nuestro actual modelo económico no es capaz de incorporar los costes medioambientales a los precios de mercado. El principio de «quien contamina, paga» se estableció y aprobó durante la Conferencia de Estocolmo, celebrada en 1972. Sin embargo, como sabemos, no se ha aplicado en la mayoría de los países.

Este informe es muy importante. Da respuesta a las numerosas deficiencias del mercado que padecemos en diversos ámbitos entre los que, por supuesto, el cambio climático representa actualmente el problema más obvio. El informe propone multitud de iniciativas en varios ámbitos clave. En general, tales propuestas están, en su mayoría, bien elaboradas. Sin embargo, creo que todos nosotros podríamos haber hecho un mayor esfuerzo para abreviar el informe y fusionar determinados apartados del mismo. Se están presentando ahora peticiones de naturaleza muy similar al respecto. Creo que el informe habría salido beneficiado y sería mucho más claro.

En nombre de mi grupo, y como ya ha indicado el señor Purvis, tengo que mencionar que ciertos apartados nos causan dificultades. Uno de ellos es el 26. No se puede fomentar un régimen de comercio de derechos de emisión y, al mismo tiempo, solicitar un impuesto sobre las emisiones de CO2 de ámbito europeo. Es incoherente. En segundo lugar, nos causa ciertos problemas el apartado 24. Aunque estamos de acuerdo con la mayoría de su contenido, aquél está formulado, a nuestro juicio, de un modo demasiado general y de algún modo da a entender que los ingresos procedentes de las subastas se incorporarían o deberían incorporarse al futuro al presupuesto de la UE, lo que no podemos apoyar. Aparte de este punto, apoyamos el informe en líneas generales y, de nuevo, transmitimos nuestra felicitación a la señora Ferreira.

 
  
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  Gyula Hegyi, en nombre del Grupo del PSE. – (HU) «Cambiemos el mundo», dicen las personas de izquierdas que piensan que el mundo debería ser distinto. No somos capaces de reconciliarnos con el capitalismo de casino: un supuesto desarrollo acompañado de la destrucción de valores naturales. El siglo XX nos mostró que las utopías están condenadas al fracaso si no cuentan con los marcos económico y social adecuados. La base medioambiental del «impuesto verde» y la política fiscal en su conjunto pueden contribuir a la creación de un mundo mejor en el que vivir, facilitando una economía de mercado y unos instrumentos sostenibles. En cuanto al aumento de la fiscalidad de las materias primas, un sólo impuesto sobre la energía podría obligar a todos a reducir su dependencia de las importaciones de energía, a usar menos sus automóviles y a invertir en transporte público, tranvías y ferrocarriles. Si el equilibrio fiscal se desplazara de los salarios al consumo podrían desarrollarse un lugar de trabajo radicalmente nuevo y un estilo de vida más próximo a la naturaleza en el que la cultura, en lugar de la locura consumista, desempeñara una función más importante. La aplicación de impuestos a las emisiones nocivas y a los residuos no reciclables reducirá la contaminación medioambiental y las enfermedades endémicas que la acompañan, de modo que también se reducirá la cifra de muertes prematuras e innecesarias. Un cambio hacia la fiscalidad medioambiental podrá aceptarse como una forma de revolución pacífica. Por supuesto, la presión fiscal no aumentará, ya que los impuestos en Europa son ya demasiado elevados. Una reducción del consumo de energía fomentaría la competitividad de nuestros productos. A través de la fiscalidad medioambiental podríamos dar el salto desde el mundo materialista del siglo XX hasta un mundo más concienciado y rico en valores medioambientales y humanos. Si hay algo en lo que nosotros, los representantes de los 27 Estados miembros de la UE, podemos ponernos de acuerdo, ello es la fiscalidad medioambiental. Cambiemos el mundo, si bien a través de reformas cuidadosamente evaluadas y audaces.

 
  
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  Frédérique Ries, en nombre del Grupo ALDE. (FR) Señor Presidente, Comisaria, también yo desearía felicitar a nuestra ponente, la señora Ferreira, por su excelente trabajo y por su estrecha cooperación con los ponentes alternativos en relación con este importante tema.

Me centraré aquí en los dos puntos principales de la Resolución, el sistema de intercambio de cuotas de CO2 y la fiscalidad medioambiental. En cuanto a las cuotas de emisión, es lamentable constatar, como se ha dicho una y otra vez, que las emisiones industriales de CO2 aumentaron en un 1 % en 2007, el año pasado, cuando la Unión Europea se había fijado, durante la Cumbre de primavera, el ambicioso objetivo de reducir en un 20 % las emisiones de gases de efecto invernadero en 2020. En síntesis, la maquinaria está atascada —por expresarlo de manera suave y eufemística—, tenemos que empezar de nuevo, ya que ha llegado la hora de entrar en un círculo virtuoso.

Identifico dos posibilidades: la primera consiste en apoyar a la Comisión Europea, que está a favor del pago de cuotas de emisión. La segunda parte de la idea de que el sistema actual, relativo únicamente al CO2, es demasiado restringido y que habrá que ir incorporando otros contaminantes, comenzando, sin duda, por el NOx y el SO2.

El régimen favorable del que sigue beneficiándose el sector del transporte marítimo también me genera dudas. A diferencia de la situación en que se hallará en breve el sector de la aviación, aquél no está sujeto a legislación comunitaria o internacional alguna en materia de reducción de las emisiones de CO2, lo que constituye un doble rasero que no podemos permitir.

Otra de las piedras angulares de la Resolución es la fiscalidad «verde», los impuestos medioambientales, la revolución de la que hablaba el señor Eguy. La postura de los Liberales y Demócratas al respecto es clara. Los instrumentos basados en el mercado comunitario no deberían limitarse al sistema de intercambio de derechos de emisión. Tenemos que considerar otros sistemas y, como autora del mismo, soy muy favorable a lo expuesto en el apartado 27, que relanza la idea de introducir un impuesto sobre el «carbono» como contrapartida de la disminución de las subvenciones a los carburantes fósiles.

Por otra parte —y estoy de acuerdo con los señores Purvis y Wittman al respecto—, el Grupo ALDE no apoyará la última frase del apartado 26, en la que se pide a la Comisión que presente una propuesta de impuesto comunitario sobre el CO2 antes de que concluya 2008. Preferimos que la Unión complete su ambicioso paquete legislativo en materia de «energía y cambio climático».

En conclusión, tenemos que poner fin a la hipocresía y ser muy conscientes del precio de nuestra ambición. Para lograr una reducción de un tercio de las emisiones de CO2, por ejemplo, cada europeo debe emitir una cantidad de dióxido de carbono ocho veces menor que la actual. Estas cifras ilustran de manera palmaria que, al margen del uso de los instrumentos de mercado para proteger el medio ambiente, no podemos eludir nuestra propia responsabilidad y que la Unión tendrá que trabajar con gran energía para mantener el rumbo, de modo que el desarrollo sostenible no sea sólo una moda sino el modelo de todos nosotros en el futuro.

 
  
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  Alessandro Foglietta, en nombre del Grupo UEN. – (IT) Señor Presidente, Señorías, desearía felicitar a la señora Ferreira por su excelente trabajo.

Asumir la responsabilidad a nivel mundial en cuanto a la lucha contra el cambio climático es una tarea fundamental que habrá de llevarse a cabo en diversos ámbitos: no sólo en el de las empresas y las instituciones sino, asimismo, entre las personas. Como ciudadanos europeos, podemos reducir sustancialmente nuestra huella ecológica y lograr importantes resultados a través de pequeñas medidas, incluidas nuestras opciones de compra, que pueden tener importantes repercusiones mundiales. Los Estados miembros pueden fomentar o facilitar que las personas elijan productos ecológicos a través de instrumentos de mercado.

Aparte de fomentar la investigación sobre nuevas tecnologías, es importante garantizar que éstas se pongan a disposición de los consumidores y se divulguen lo bastante como para aportar beneficios medioambientales a la comunidad. Es una lástima que 16 países que representan las principales economías del planeta, los cuales se reunieron en París entre los días 16 y 18 de abril, no fueran capaces de llegar a un acuerdo sobre una resolución conjunta destinada a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50 % de aquí a 2050.

Sin embargo, esperamos que las próximas negociaciones de Kobe y Hokkaido constituyan un mayor éxito en este ámbito, máxime dado que estoy convencido de que el cambio climático se ha de combatir a nivel mundial. De otro modo, constituirá únicamente una pesada carga para las empresas europeas que les hará perder competitividad con respecto a los productores extraeuropeos, sin contribuir a que se logre el objetivo de una mejora medioambiental a nivel mundial.

Hemos de usar los instrumentos de mercado como palancas económicas y dirigirnos hacia unos sistemas de producción ecológicos que sean sostenibles a largo plazo. En ese sentido, acojo con agrado el Libro Verde de la Comisión. La Unión Europea tiene que fomentar la difusión en los Estados miembros de instrumentos de mercado que permitan internalizar los costes medioambientales de los productos y promover la eficiencia energética y el aislamiento térmico de los edificios. Considero esencial que la Unión Europa alcance el objetivo del 20 % de consumo de energía procedente de fuentes renovables en 2020.

 
  
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  Margrete Auken, en nombre del Grupo Verts/ALE. (DA) Señor Presidente, desearía dar las gracias a la señora Ferreira por un buen informe sobre un tema importante y por una cooperación tan agradable como excelente. Si la UE desea estar realmente a la altura de las muchas y muy hermosas palabras pronunciadas en relación con nuestros objetivos en materia de cambio climático y medio ambiente, será crucial que nosotros, los políticos, asumamos la responsabilidad y adoptemos las decisiones difíciles en nombre de nuestro electorado. Una de las herramientas eficaces que tenemos a nuestra disposición consiste en limitar los niveles de consumo que ejercen presión sobre el medio ambiente, haciendo que quien contamine, pague. Se trata de un excelente principio con el que todo el mundo está de acuerdo pero que, hasta la fecha, no se ha tomado en serio en casos en los verdaderamente cueste a quien contamina. Cabe citar, por ejemplo, el caso de los costes de los transportistas, que jamás se han reflejado en los costes del transporte. Una de las primeras cosas que deberíamos hacer es internalizar los costes a los que popularmente se designa como «externos». Ello representaría un importante avance. Por supuesto, también sería posible ir más allá en el control del consumo de sustancias contaminantes, incluso a través de medidas económicas, y permítanme que les diga que simplemente no entiendo por qué no es posible combinar las tasas sobre el CO2 con un régimen de comercio de derechos de emisión. Sencillamente, no lo entiendo.

La aplicación de una política de precios medioambientalmente adecuada constituye un método eficaz de usar el mercado en el marco de una política medioambiental, no en sustitución de los obligatorios requisitos y prohibiciones sino en paralelo a éstos. La Comisión también ha propuesto esta opción. Se han expresado numerosas preocupaciones con arreglo a las que el uso de tales métodos de mercado podría ocasionar distorsiones sociales. Sin embargo, hay que ser conscientes de la hipocresía. La repercusión de los impuestos al consumo suele ser equitativa, toda vez que los más pudientes son asimismo quienes más consumen y, por ende, quienes pagan más. Si existe el deseo de hacer algo en relación con las dificultades que están experimentando los más pobres para sufragar su consumo básico, cabe hacer uso de otros muchos métodos que no entrañan la aplicación de impuestos medioambientales. Por ejemplo, la fiscalidad ordinaria y las políticas social y salarial son mucho más adecuadas si nos tomamos en serio nuestra responsabilidad de velar por los menos favorecidos.

Un método que no funcionaría en este ámbito es el basado en la creación de un tipo de consumo básico que resulte más barato o incluso se ofrezca de manera gratuita. En primer lugar, el consumo será siempre relativamente elevado; sin embargo, el peor aspecto de este modelo es que no incentiva en absoluto el ahorro. Así, pese a todo, sería mejor una fiscalidad progresiva que aplicara impuestos medioambientales. Sin embargo, lo mejor que se puede hacer es mantener tales instrumentos de mercado al margen de otras consideraciones si se desea que sean verdaderamente eficaces en la pugna por salvar el medio ambiente, el clima y la naturaleza. Es bueno que la preocupación por la distorsión social sea tan elevada. Sin embargo, en este caso se trata de salvar el espacio en el que vivimos de modo que puedan heredarlo nuestros descendientes.

 
  
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  Jens Holm, en nombre del Grupo GUE/NGL. (SV) En breve adoptaremos una decisión sobre el informe de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria relativo el Libro Verde sobre la utilización de instrumentos de mercado en la política de medio ambiente y otras políticas relacionadas. Se trata de un excelente informe que cuenta con todo mi apoyo.

Permítanme que les formule en primer lugar un comentario personal. Nos estamos refiriendo a los instrumentos de mercado. Personalmente, estoy harto de hablar de instrumentos de mercado relativos a la política medioambiental. No necesitamos más influencia de las empresas o del mercado. Necesitamos más control político. Necesitamos planificación. Necesitamos, por ejemplo, unos requisitos más estrictos en materia de emisiones y deberíamos poder recurrir a la contratación pública con fines medioambientales y aplicar impuestos y tasas medioambientales. Es, de hecho, en este ámbito en el que contamos con instrumentos de mercado, dado que se trata de introducir impuestos y tasas sobre artículos que agravan los problemas medioambientales, dicho de otro modo, de internalizar los problemas medioambientales. Tales instrumentos representan un buen ejemplo de cómo asumimos la responsabilidad política en cuanto a los problemas medioambientales, en lugar de cederla al mercado.

Permítanme que les dé ejemplos concretos de aspectos particularmente importantes de este informe. Un impuesto mínimo sobre el CO2, un impuesto sobre el CO2 combinado con un requisito de reducción claro, representa probablemente el modo más eficaz de reducir las emisiones. Mi propio país fue el primero en introducir un impuesto sobre el CO2 en el mundo. Ello sucedió a comienzo del decenio de 1990. Sin afirmar que Suecia se encuentra a la vanguardia en todas las cuestiones relativas al cambio climático, el impuesto sobre el CO2 ha sido una de las principales causas de la reducción de nuestras emisiones de dióxido de carbono. Es hora de que otros países obren del mismo modo. En el apartado 26 de este informe pedimos, precisamente, un impuesto sobre el CO2.

En general, pedimos más apoyo de los Estados miembros para que éstos introduzcan impuestos medioambientales. Creo que el día de hoy ofrece una oportunidad única para promover la introducción de un impuesto sobre el CO2 y otros impuestos medioambientales. Durante los últimos años se ha experimentado un extraordinario aumento de la concienciación en todo el mundo. En el informe también declaramos que la determinación de tales asuntos corresponde a los Estados miembros, lo que, desde luego, es absolutamente cierto. Pertenece a su ámbito de competencias.

Otra cuestión es el Régimen de comercio de derechos de emisión. Hemos de admitir que el primer periodo comercial, 2005-2007, ha sido completamente desastroso. El Régimen no ha logrado reducir las emisiones y numerosos contaminantes han recibido, incluso, unas asignaciones excesivamente generosas y han obtenido pingües beneficios gracias al mismo.

En el presente informe pedimos, pues, que se proceda a subastar los permisos de emisión, exigimos un límite de emisiones compatible con el objetivo de reducción del 30 % y la aplicación de restricciones y de unos requisitos rigurosos para el uso de mecanismos flexibles. Se espera que, con ello, el Régimen de comercio pueda empezar a funcionar. De no ser así, tendríamos que considerar la posibilidad de sustituirlo por algo completamente distinto, por ejemplo, por unos impuestos de emisión elevados.

En este contexto es importante recordar que, en adelante, la aviación se incluirá en el comercio de derechos de emisión, ya no podemos limitar las medidas contrarias a este sector únicamente al Régimen de comercio. Se antojan necesarias medidas paralelas como la introducción de un impuesto sobre los carburantes de aviación y la aplicación de tasas sobre las emisiones de óxido de nitrógeno, NOx, y ello es precisamente lo que pedimos en este informe. En ese sentido, desearía aprovechar la oportunidad para formular una pregunta a la Comisión: Antes ha dicho que presentarían medidas contra las emisiones de dióxido de nitrógeno, contra el NOx, procedentes de la aviación, y que incluso se haría este año. ¿Nos puede decir en qué situación se halla este tema? ¿Dispone de las fechas en las que entrarán en vigor tales medidas? Teniendo en cuenta que el transporte aéreo prácticamente ha duplicado sus emisiones en los últimos años, muchos de los aquí presentes desearíamos ver medidas concretas. No podemos esperar más.

Tales instrumentos son un buen ejemplo de cómo estamos asumiendo la responsabilidad política del cambio climático. Los impuestos y las tasas nos permiten acelerar la necesaria reducción de las emisiones y, ojalá, dar una solución al problema del cambio climático en su conjunto. Hagámoslo así. Es nuestro deber frente a nuestros hijos y frente a todos los demás seres vivos de este hermoso planeta.

 
  
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  Johannes Blokland, en nombre del Grupo IND/DEM. – (NL) Señor Presidente, deseo felicitar a Anne Ferreira por su informe sobre los instrumentos de mercado en la política de medio ambiente. Uno de los fundamentos de la propuesta que se nos ha transmitido es el principio de «quien contamina, paga». Se trata de una premisa importante, ya que permite una distribución equitativa de la carga. También es uno de los motivos por los que estoy a favor de que todos los costes externos, incluidos los medioambientales, se transfieran a los consumidores de los productos fabricados y de consumo. Permite adquirir una perspectiva realista y fomenta una competencia justa.

En noviembre del año pasado asistí a la conferencia titulada «Beyond GDP» (Más allá del PIB). Se celebró en la misma un intensivo debate sobre los métodos de emplear indicadores distintos del PIB para medir el bienestar social, ya que, en la práctica, los factores sociales y medioambientales desempeñan una función importante, al igual que los factores económicos. A uno le puede ir bien desde el punto de vista económico, pero si vive en una ciudad densamente poblaba y muy contaminada, su calidad de vida no es tan maravillosa. Me alegro de que la señora Ferreira incluya este punto en su informe.

Por último, desearía expresar mi apoyo a dos apartados concretos de su informe, el 58 y el 59, sobre la internalización de los factores medioambientales en el precio del agua y, en segundo lugar, referido el marco legislativo encaminado a reducir, a medio plazo, el nivel de residuos producidos.

 
  
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  Bogusław Sonik (PPE-DE). – (PL) Señor Presidente, la amenaza que pende sobre el equilibrio medioambiental mundial nos obliga a tomar medidas que den lugar a cambios en nuestros modelos de crecimiento y un nuevo estilo de vida para nuestras sociedades.

La actividad comercial entraña costes ecológicos que a menudo no se tienen en cuenta en la contabilidad económica. Pese a que el principio de «quien contamina, paga», uno de los pilares de la política medioambiental de la Unión Europea, se aplica en toda la Comunidad, dicha aplicación deja mucho que desear en ciertos países.

La Unión Europea está introduciendo una serie de actos legislativos y normas encaminados a mejorar el estado del medio ambiente y es fundamental introducir nuevos instrumentos de mercado. Los impuestos económicos en la Unión Europea podrían desempeñar una función muy importante en la consecución de los objetivos de protección medioambiental en la UE. Hasta la fecha, el único sistema en vigor es el Régimen de comercio de derechos de emisión de dióxido de carbono, lo que se antoja insuficiente.

Deberían evaluarse otros instrumentos de mercado. Es muy importante que los ingresos procedentes de impuestos ecológicos se empleen para evitar las repercusiones negativas en el medio ambiente y en la salud humana. Se antoja esencial lograr una armonización gradual de los impuestos medioambientales en toda la UE. La fiscalidad medioambiental en los Estados miembros es muy diversa. El dejar la solución de tales problemas en manos de los Estados miembros entraña el riesgo de que se produzcan distorsiones en la competencia entre empresas.

Al introducir nuevos instrumentos de mercado, ha de seguirse una serie de directrices básicas: el público ha de aceptarlas, los impuestos no pueden contemplarse como otra obligación impuesta por la Unión Europea y, además, aquéllos han de introducirse gradualmente.

Ciertos Estados miembros de la UE cuentan con sus propios instrumentos, a saber, certificados de ahorro de energía o certificados de energía ecológica. Sin embargo, todos los Estados miembros deberían brindar un apoyo firme a las tecnologías de baja emisión de dióxido de carbono, a las tecnologías de ahorro energético y a las que emplean fuentes de energía renovables.

Por último, desearía señalar que la Unión Europea se halla a la vanguardia en materia de protección medioambiental, por lo que creo que le corresponde la responsabilidad de dar ejemplo al resto del mundo.

 
  
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  Genowefa Grabowska (PSE). – (PL) Señor Presidente, desearía felicitar a la ponente por su excelente planteamiento a propósito del asunto de la protección medioambiental. También desearía recordarles que, desde que se publicó el informe de las Naciones Unidas titulado «Nuestro futuro común», elaborado por Margot Wallström, sabemos que es nuestra responsabilidad frente a las futuras generaciones, nuestros hijos y nietos, legar un medio ambiente en las mejores condiciones posibles.

La participación de la Unión Europea en éste ámbito es ya muy positiva y también el Parlamento está tomando el pulso de la situación. Contamos con una Comisión Temporal sobre el Cambio Climático, tenemos una buena legislación y aprobamos reglamentos, directivas y decisiones. Ahora ha llegado el momento de fortalecer otros mecanismos, sobre todo los incentivos económicos y los impuestos, y, asimismo, intensificar las campañas de información y las medidas preventivas.

Para que tales acciones sean eficaces, el planteamiento tendrá que ser de ámbito comunitario. Los Estados miembros tienen que dejar atrás su reticencia y su resistencia frente a la armonización fiscal, al menos en lo que respecta al medio ambiente. Aunque se use con fines razonables, los impuestos ecológicos no son en absoluto populares en la actualidad. Como todos los impuestos, provocan rechazo. Por esta razón, hemos de hacer todos los esfuerzos a nuestro alcance, a nivel europeo y nacional, para que los pagos y los impuestos ecológicos resulten socialmente aceptables.

Necesitamos actividades que inspiren un elevado grado de concienciación ecológica. Necesitamos incentivos que garanticen la difusión de las buenas prácticas y que fomenten una conducta social proecológica. A fin de cuentas, nadie se queja cuando en la tienda del Parlamento Europeo se nos pide cinco céntimos por una bolsa de plástico. Ello reviste una importancia fundamental: no la dimensión económica de esta acción, sino el momento de reflexión que la acompaña, cuando el cliente piensa si comprar la bolsa de plástico o si dejarla y reducir así la cantidad de basura en el planeta. Es un buen modo de hacer que las personas piensen. Ésta aceptarán las tasas, los impuestos y otros gravámenes medioambientales, si bien únicamente cuando crean que son razonables y cuando puedan percibir que entrañan unos resultados positivos.

 
  
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  Holger Krahmer (ALDE) . – (DE) Señor Presidente, acojo con satisfacción los instrumentos de mercado como medios de aplicación de políticas, incluida la medioambiental. Sin embargo, desearía señalar que ningún instrumento político es eficaz por el mero hecho de ser «de mercado».

Todos los instrumentos que empleamos para lograr objetivos políticos deben cumplir ciertos criterios. Por ejemplo, ¿es adecuado el instrumento para la consecución del objetivo de que se trate? Si confundimos diversos objetivos no lograremos alcanzar ninguno de ellos de manera adecuada. Si una medida medioambiental está vinculada a la intención de ganar dinero no será fiable, ya que el instrumento en cuestión podría corromperse por diversos motivos. ¿Contribuye verdaderamente un instrumento tal a lograr un objetivo? Dicha cuestión ha de evaluarse minuciosa y regularmente. ¿Es un instrumento concreto compatible con otros que ya existan? ¿Es eficaz, es decir, son los beneficios que procura proporcionados a sus costes?

En el presente informe identifico ciertos puntos con respecto a los que dudo que se hayan cumplido los criterios citados. Los regímenes de comercio de derechos de emisión funcionan bien en la teoría pero, en la realidad, la situación es algo distinta. El Régimen de comercio de derechos de emisión de la UE se halla en una situación caótica. Se han gastado fortunas sin haberse logrado el objetivo real del Régimen. Es cierto que se hallaba en fase experimental y que todavía lo estamos probando; sin embargo, no cabe duda de que no podremos permitirnos muchos experimentos tan caros.

La política de fiscalidad del uso de la energía ilustra asimismo mis argumentos. En realidad, la fiscalidad no tiene lugar en un Libro Verde de la UE sobre instrumentos de mercado. El mero hecho de que un instrumento influya en ciertos sectores del mercado no lo convierte en un instrumento de mercado. En principio, no tengo nada en contra de que se empleen medidas fiscales para lograr objetivos medioambientales, aunque sólo apoyaré su introducción si cumplen los criterios que he citado.

Abogo por que se fijen los objetivos que han de cumplirse. La elección de los medios para lograrlos debería dejarse, a continuación, en manos de los agentes del mercado.

 
  
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  Wiesław Stefan Kuc (UEN). – (PL) Señor Presidente, Comisaria, los instrumentos de mercado vinculados a la política de medio ambiente, tal como los describe la ponente, se componen fundamentalmente de impuestos y tasas. Como bien señala en el apartado 28, podría darse el caso de que no cumplan los objetivos fijados y de que, por el contrario, se conviertan simplemente en un medio de aumentar los ingresos fiscales.

Los asuntos que se han debatido con cierto detalle se orientan al futuro. La pregunta es: de conformidad con el principio de «quien contamina, paga», ¿quién se encargará de limpiar el suelo, el agua y el aire contaminados por residuos industriales del pasado, por plaguicidas obsoletos, por amianto, por pentacloruro de fósforo y por otros compuestos?

Creo que los bonos verdes a los que se refiere el apartado 67 serían muy convenientes para dicho fin. A las empresas que participaran en este proceso se les podrían asignar tareas que no se hubieran acometido de otro modo y aquéllas las llevarían a cabo con ayuda de los mercados financieros. La introducción de tales bonos, a los que cabría denominar bonos verdes, permitiría resolver multitud de problemas asociados a la introducción de instrumentos de mercado en el ámbito de la protección medioambiental. Se trata de una idea excelente por la que felicito a la señora Ferreira.

 
  
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  Caroline Lucas (Verts/ALE). – Señor Presidente, felicito a la señora Ferreira por sus excelentes trabajo y cooperación, gracias a los cuales tenemos ante nosotros un informe que ofrece una evaluación exhaustiva y franca del potencial y de las limitaciones de los instrumentos de mercado.

Está claro que los instrumentos de mercado tienen una función que desempeñar. Alinear la lógica económica con la realidad económica y social a través de la aplicación del principio de «quien contamina, paga» debería constituirse en un poderoso método de guiar las pautas de la producción y el consumo hacia la sostenibilidad. Por ejemplo, si los verdaderos costes medioambientales y sociales del transporte de mercancías se internalizaran y se incorporaran a los precios que se abonan dentro de la cadena de suministro, podríamos asistir al fin de la locura que representa que productos más o menos idénticos se transporten de manera absurda desde y hacia países remotos.

Aplicar tales principios a los particulares a través de un sistema de comercio de dióxido de carbono personal podría ser un método sumamente eficaz para influir en la conducta del consumidor. No obstante, tal como aclara la señora Ferreira, los instrumentos de mercado no deben considerarse sustitutos de otros tipos de normas y reglamentos medioambientales Su utilidad dependerá de manera crucial del modo en que se conciban.

El Régimen de comercio de derechos de emisión es un buen ejemplo. Desearía advertir a sus Señorías de que, si hacemos caso de lo que la industria nos dice, acabaremos teniendo un régimen que no sirva sino para promover el comercio de un lado al otro por mor del propio comercio, tal como ha sucedido con las dos primeras fases, perdiéndose de vista por completo cualquier objetivo medioambiental. Para que sea eficaz, el régimen tendrá que establecer un límite estricto derivado del objetivo de reducción de las emisiones del 30 %, restricciones a la entrada de créditos externos y una subasta plena de los derechos de emisión desde un inicio.

Por último, desearía mencionar otro aspecto del informe que merece aprobación: el reconocimiento de que el crecimiento económico tradicional medido en función del PIB no representa ya una medida adecuada o precisa del verdadero bienestar. En fechas anteriores de este mismo año se celebró en el Parlamento una conferencia sobre este tema y espero que la Comisión publique el informe correspondiente durante el otoño.

 
  
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  Nils Lundgren (IND/DEM). – (SV) Señor Presidente, las cuestiones medioambientales se han convertido, de manera justificada, en uno de los asuntos políticos más importantes de nuestro tiempo y, de manera asimismo justificada, se han convertido en uno de los ámbitos de cooperación de la UE más importantes.

En primer lugar, no se puede combatir a nivel nacional la contaminación medioambiental transfronteriza en Europa, lo que otorga a la UE una clara función. En segundo lugar, la UE representa la mayor economía del mundo, con unas cifras de producción y comercio exterior enormes, y hay consenso entre los Estados miembros en cuanto a la asunción de la responsabilidad de las repercusiones medioambientales de este hecho. Esta combinación de magnitud y acuerdo sobre los objetivos medioambientales fundamentales da a la UE la oportunidad de ejercer una influencia mundial que puede revestir una importancia capital.

Sin embargo, el informe no inspira confianza. No distingue entre el consumo de recursos finitos y las repercusiones en el cambio climático. La ponente se sirve sin pudor de la cuestión climática para apoyar el supranacionalismo, la burocracia y el proteccionismo y hace un llamamiento explícito a favor de la fiscalidad común, la revisión del concepto de competencia libre y el aumento de los derechos de aduana. No se llega a la conclusión de que los países deben hallar soluciones en un marco de competencia mutua. Y, para colmo, formula la habitual e importuna afirmación de que hemos de adoptar un nuevo estilo de vida en nuestras sociedades occidentales.

¡Qué espanto! Nuestra labor consiste en garantizar que los costes medioambientales del consumo se reflejen en los precios que pagan los consumidores. Los ciudadanos libres elijen por sí mismo su estilo de vida.

 
  
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  Françoise Grossetête (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente, ayer, en esta Cámara, un estudiante de instituto de 16 años de edad me preguntó lo siguiente: ¿Está dispuesta Europa a hacer grandes sacrificios para salvar el planeta? Este joven estudiante estaba muy preocupado por el cambio climático y nos preguntó hasta dónde estábamos dispuestos a llegar. La suya fue una expresión de la angustia que sienten los jóvenes idealistas, quienes depositan en nosotros grandes expectativas.

Pues bien, tenemos los instrumentos de mercado en vigor: el sistema comunitario de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero y la Directiva «Euroviñeta» en el sector del transporte. Tales instrumentos entrañan ciertas ventajas, ya que fijan un valor sobre los costes medioambientales y contribuyen a la consecución de los objetivos medioambientales, con un coste menor, aparte de que incitan a las empresas a contraer un compromiso a más largo plazo, lo que en último extremo apoya el empleo. Tales instrumentos pueden contribuir a la reducción de los efectos nocivos que los impuestos medioambientales podrían tener en la competencia en determinados sectores.

El fomento del desarrollo sostenible y los esfuerzos por combatir el cambio climático no deberían ser únicamente un elemento disuasorio, a través de impuestos y tasas, sino asimismo un incentivo que facilitara una transición más rápida hacia conductas virtuosas y compatibles con el medio ambiente. Todos debemos hacer el esfuerzo, de ahí la necesidad de internalizar los costes medioambientales.

Es importante destacar asimismo que los impuestos medioambientales no deberían considerarse un modo de incrementar los ingresos fiscales sino un método de evitar toda contaminación perjudicial o la degradación del medio ambiente a unos costes razonables.

Por último, en los futuros debates sobre el paquete «energía y cambio climático» en el Parlamento Europeo, tendremos que estudiar con seriedad la introducción de un instrumento de ajuste en las fronteras que permita evitar las posibles «fugas» de carbono. Tenemos que cumplir la obligación de reducir las emisiones de CO2 al tiempo que conservamos nuestra competitividad económica. En ese sentido, hago hincapié en la importancia del impuesto sobre el «carbono». Se trata a menudo de un tema tabú que me parece, cuando menos, interesante y digno de estudio.

 
  
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  Marusya Ivanova Lyubcheva (PSE). – (BG) Deberíamos presentar una combinación de soluciones, un modo y unos principios generales. El informe expone claramente dicho extremo de un modo ejemplar. Proteger el medio ambiente es más barato que rehabilitarlo pero la incapacidad de hacer uso de unos instrumentos de mercado justos significa destinar subvenciones ocultas a los contaminadores. El conjunto de instrumentos ecológicos precisa flexibilidad si deseamos tener la certidumbre y la garantía de que no incumplimos otros indicadores e incrementamos la carga que soportan los ciudadanos. Los instrumentos comerciales deben combinarse con el fomento de la inversión en nuevas tecnologías y con instrumentos de compensación que permitan superar los déficits.

Los países concretos revisten importancia. Bulgaria, por ejemplo, experimentará problemas en el futuro. El cierre de ciertas partes de la central nuclear de Kozloduy deparó el aumento de la generación de energía a través de centrales térmicas y los precios de la electricidad subieron. Ello representó asimismo un aumento de las emisiones. El bajo nivel de los derechos de emisión de gases de efecto invernadero supone una penalización y los consumidores están teniendo que sufragar el aumento de precio. A menos que se proceda a una reasignación de los derechos de emisión de dióxido de carbono, y a falta de una compensación suficiente que contrarreste el cierre de las centrales desmanteladas, la aplicación de los demás instrumentos comerciales generará nuevos problemas. La economía medioambiental tiene su dimensión social y no deberíamos esperar hasta 2010 o 2013 para actuar.

 
  
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  Magor Imre Csibi (ALDE). – Señor Presiente, desearía destacar que la lucha contra el cambio climático requiere emprender acciones que comprendan ámbitos más amplios que el del transporte y la energía.

Evitar la deforestación también debería situarse en el centro de la estrategia comunitaria de mitigación del cambio climático como medio rentable de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con notable celeridad. Sólo se podrá evitar la deforestación a través de una combinación de estrategias reglamentarias e instrumentos de mercado.

La sociedad civil ha expuesto repetidamente el modo en que la UE contribuye activamente a la deforestación global, permitiendo que las maderas ilegales entren libremente en su mercado. Es vital que la UE introduzca legislación que garantice que sólo la madera y los productos de la madera procedente de fuentes legales puedan comercializarse en el mercado de la UE. El planteamiento reglamentario debería complementarse mediante una serie de instrumentos de mercado concebidos específicamente para el sector forestal, teles como la imposición de tasas sobre la tala prematura de bosques o la oferta de incentivos para la gestión forestal sostenible. No obstante, para que el uso de los instrumentos de mercado se difunda en el ámbito forestal, tendremos que dilucidar cuáles funcionan mejor, hasta qué punto se pueden usar y cuál es su correlación con la reglamentación.

Pido a la Comisión que presente un análisis de los instrumentos de mercado más apropiados para el sector forestal y que exponga cuál sería el marco adecuado para el uso de tales instrumentos y su combinación con otras herramientas políticas.

 
  
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  Zbigniew Krzysztof Kuźmiuk (UEN). – (PL) Señor Presidente, Comisaria, desearía llamar la atención sobre dos asuntos del presente debate:

En primer lugar, el modo en que se ha asignado la carga asociada la lucha contra el cambio climático en la Unión Europea es muy injusto. Por ejemplo, los límites de emisión de dióxido de carbono se asignaron a los Estados miembros sin tener en cuenta su retraso en materia de desarrollo, lo que, en Polonia y en otros países, ha dado lugar a una acusada subida del coste de la electricidad y, de resultas de la misma, a un perceptible aumento de los costes de producción y, asimismo, del coste de la vida.

En segundo lugar, la aplicación del paquete sobre el cambio climático, con arreglo a las estimaciones de la propia Comisión Europea, entrañará unos costes anuales aproximados de 50 000 millones de euros. En una situación en la que la mayoría de las naciones que más rápido están creciendo en el mundo, como China, la India y Brasil, y, asimismo, las potencias económicas como los Estados Unidos, no muestran excesiva preocupación por el cambio climático, podría suceder que la economía europea dejara de ser competitiva en los mercados mundiales, lo que significa que será necesario introducir instrumentos que protejan la producción europea, lastrada como está por la gran cuantía de tales costes adicionales.

 
  
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  Silvia-Adriana Ţicău (PSE). – (RO) Deberíamos destacar que la Unión Europea sólo será capaz de cumplir sus objetivos de reducir las emisiones contaminantes mediante la cooperación y el firme compromiso de las comunidades locales.

Éstas deberían conocer los instrumentos de mercado que se emplean con fines relacionados con las políticas medioambientales y otras políticas conexas.

Los certificados de comercio de derechos de emisión, la Directiva sobre la calidad de los carburantes, las normas EURO relativas a los vehículos, la Directiva sobre la adquisición de vehículos limpios y energéticamente eficientes, la norma EURO 6 para vehículos son sólo algunas de las iniciativas de la Comisión.

En octubre, la Comisión presentará una propuesta de modificación de la Directiva «Euroviñeta» basada en la internalización de los costes externos, incluidos los costes relacionados con el medio ambiente.

Como ponente de opinión de la Comisión TRAN en relación con la propuesta de Directiva relativa a los vehículos limpios y energéticamente eficientes, considero importante que se calculen los costes de un vehículo durante toda su vida útil, y que no sólo se tenga en cuenta el precio de compra inicial sino, también, el precio del combustible que consuma, las emisiones de dióxido de carbono, etc.

Espero que haya muchas autoridades locales que participen verdaderamente en estas consultas.

 
  
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  Marios Matsakis (ALDE). – Señor Presidente, transmito mi felicitación a la señora Ferreira por un informe extraordinariamente equilibrado. Nuestro medio ambiente padece el agravio que le infligen el aumento incesante de la población mundial y el apetito incontrolado del hombre por el consumo materialista. El clima está cambiando, la biodiversidad se resiente y los recursos naturales disminuyen. La ponente, que ha comprendido enteramente la labor que tiene entre manos, apoya acertadamente la opinión de que los principales instrumentos de mercado necesarios para paliar la situación son los incentivos económicos y los impuestos.

Por consiguiente, brindo todo mi apoyo a la idea de un sistema de fiscalidad medioambiental comunitario, que, inevitablemente, habrá de ser uniforme en todos los Estados miembros. Al mismo tiempo, un Régimen de comercio de derechos de emisión de dióxido de carbono eficazmente revisado contribuirá, no me cabe duda, a que la situación mejore significativamente.

Desde luego, no se debería olvidar que hacer que los ciudadanos adopten estilos de vida favorables al medio ambiente no es sólo una cuestión de mercado: la concienciación con respecto a la protección del medio ambiente entraña una educación y un aprendizaje adecuados desde una edad temprana y a lo largo de toda la vida.

 
  
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  Leopold Józef Rutowicz (UEN). – (PL) Señor Presidente, la protección medioambiental comprende múltiples ámbitos y su eficacia depende de la sincronización y de la aplicación juiciosa de las herramientas disponibles, entre las que se cuentan los instrumentos económicos.

Los instrumentos vinculados al Libro Verde presentan una serie de medidas sin ofrecer soluciones sistémicas. Un ejemplo de ello es el apoyo del ahorro en el consumo de carburante utilizado en el transporte municipal y con otros fines, lo que es legítimo. Sin embargo, el súbito aumento del precio de la electricidad respetuosa con el medio ambiente hace sonar ciertas alarmas, así como el hecho de que, en gran medida, dicha electricidad se genere mediante el uso de hidrocarburos. Las tasas sobre la emisión de dióxido de carbono propuestas castigan las consecuencias pero no abordan las causas. El fomento de fuentes de energía limpias, como la hidroeléctrica, la eólica, la solar y la nuclear, junto a la estabilidad de los precios de las mismas, tendrían importantes repercusiones en la sociedad, la economía y la protección medioambiental, y debería ser un ámbito en el que se emprendieran medidas sistémicas. El informe de la señora Ferreira se refiere a esta cuestión.

 
  
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  Nina Škottová (PPE-DE). – (CS) Como hemos escuchado en muchos de los discursos pronunciados anteriormente, el dióxido de carbono es un elemento importante y, acaso, clave, en la fijación del denominado precio ecológico y se presenta como la causa del cambio climático. Deseo llamar su atención sobre el hecho de que, según los resultados de ciertas investigaciones científicas, el dióxido de carbono en la atmósfera aumenta no antes de que la Tierra se caliente, sino después de que se ha calentado. Este proceso de calentamiento se relaciona con la actividad del sol, de modo que el calentamiento es un efecto, no la causa. De resultas de ello, los principales emisores de dióxido de carbono tras el calentamiento son los océanos. Por supuesto, no me opongo a una reducción de las emisiones de dióxido de carbono causadas por la actividad humana, pero creo que tenemos que asumir nuestra responsabilidad por una contaminación que tiene repercusiones en la salud y de otra índole, en lugar de asumir la responsabilidad del cambio climático. Hay que llamar a las cosas por su nombre.

 
  
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  Mieczysław Edmund Janowski (UEN). – (PL) Señor Presidente, Comisaria, se trata de un buen informe. No quiero repetir los puntos que ya se han expuesto, aunque sí desearía llamar la atención sobre ciertas cuestiones concretas.

En primer lugar, los seres humanos no son la parte más importante del «medio ambiente» y no son propietarios del agua, el suelo y la tierra. Sólo los usamos, no somos otra cosa que inquilinos. Debemos tenerlo en cuenta. Los problemas que afectan al medio ambiente no conocen fronteras —el aire, el agua y el suelo no se detienen ante las fronteras—, por lo que nuestras actividades también tienen que ser transfronterizas. Ello se aplica al ámbito de la Unión Europea y, asimismo, al mundo entero. De otro modo, nuestras actividades no lograrán su objetivo.

Me gustaría hacer hincapié en otro asunto. Aparte de estas cuestiones fiscales y de las presiones económicas, es muy importante concienciar a las personas, comenzando por los niños. Si no, no tendremos aparatos técnicos, casas, coches y vehículos que ahorren energía. Desearía darle las gracias, Comisaria, por los avances logrados hasta la fecha y le pediría que siga emprendiendo medidas en esta dirección.

 
  
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  Sylwester Chruszcz (NI). – (PL) Señor Presidente, Comisaria, desearía dar las gracias a la señora Ferreira por el informe que ha presentado. Éste trata cuestiones que, como ha ilustrado el presente debate, adquirirán cada vez más importancia en el futuro.

En el debate de hoy nos hemos referido al modo en que hemos de adoptar una mentalidad ecológica. Estoy convencido de que existe una considerable conciencia ecológica en la Unión Europea y en sus Estados miembros. La gente desea vivir de manera ecológica, desea adoptar un estilo de vida ecológico y es muy sensible ante las cuestiones ecológicas.

Sin embargo, no olvidemos que numerosos países de la Unión Europea, tales como Bulgaria y Polonia, han vivido durante muchas décadas en un régimen distinto. Nuestras economías se basaban en otro método de obtención de energía. La normativa sobre el régimen de impuestos medioambientales podría, pues, reducir la competitividad de estas economías y, de resultas de ello, hacer disminuir la concienciación medioambiental.

 
  
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  Avril Doyle (PPE-DE). – Señor Presidente, toda vez que nuestra idea consiste claramente en desarrollar unas economías pujantes pero de bajas emisiones de dióxido de carbono que cumplan los objetivos mundiales en materia de reducción de las emisiones de CO2 para dar respuesta a nuestro mayor reto en materia medioambiental, el cambio climático, una amplia gama de instrumentos de mercado —incluida la fiscalidad— tendrán una función vital que desempeñar sobre la base del principio medioambiental ampliamente aceptado de «quien contamina, paga».

Sin embargo, el excesivo hincapié que se hace en la fiscalidad, con la reiterada petición a la Comisión de que presente legislación al respecto a lo largo de todo el informe, por ejemplo, en el apartado 26 del mismo, en el que se «pide por consiguiente a la Comisión que presente una propuesta legislativa de impuesto comunitario mínimo sobre el CO2 antes de que concluya 2008», lo convierten, en su conjunto, en inaceptable para mí, pese al excelente trabajo realizado y las numerosas recomendaciones que podría apoyar. Estoy firmemente convencida de que dicha fiscalidad es un asunto que atañe a cada Estado miembro.

 
  
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  Androula Vassiliou, Miembro de la Comisión. − Señor Presidente, desearía dar las gracias a sus Señorías por las observaciones y las opiniones formuladas durante el debate. Trataré de comentar algunas de las observaciones formuladas.

La señora Ferreira se ha referido a la falta de información acerca de las respuestas a nuestro debate. Desearía informarles de que recibimos 170 respuestas, a cuyo análisis se están procediendo en la actualidad, e indicarles que esperamos disponer de un resumen de dichas respuestas a finales de verano, en cuyo caso, desde luego, se lo transmitiremos.

El señor Wijkman se ha referido a la incoherencia entre los regímenes de comercio de derechos de emisión y el impuesto sobre el carbono. Desearía comentar que, en la revisión de la Directiva sobre la fiscalidad de la energía, uno de los objetivos consiste precisamente en tratar y eliminar cualquier posible incoherencia.

Dos diputados se han referido a la cuestión de los posibles ajustes fiscales en la frontera para evitar la «fuga de carbono» en caso de que fracasen las negociaciones internacionales. Querría indicar que el objetivo principal y prioritario de la Comisión consiste en alcanzar un acuerdo internacional post-Kyoto satisfactorio para abordar el problema del cambio climático.

A propósito del impuesto sobre el queroseno empleado en el transporte aéreo, la cuestión se ha debatido ya con los Estados miembros. Resultó ser un tema muy delicado con respecto al que no se lograron avances. Dos Estados miembros aplican un impuesto de esta índole, pero debo señalar que ello plantea ciertas dudas de conformidad con el Derecho internacional. La Comisión no tiene intención de presentar propuesta alguna en relación con dicho impuesto.

En cuanto al recurso a unos tipos de IVA reducidos para la consecución de objetivos medioambientales, los servicios de la Comisión están estudiando el tema actualmente.

Por último, desearía indicar que ciertas observaciones formuladas por sus Señorías corresponden a los ámbitos de competencias de otros Comisarios. He tomado nota de todas sus observaciones y se las transmitiré a los Comisarios interesados. Aquéllas se analizarán y se tendrán en cuenta en las acciones de seguimiento relativas al Libro Verde.

 
  
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  Anne Ferreira, ponente. − (FR) Gracias, Comisaria, gracias, Señorías, por sus ricas e interesantes intervenciones. Hemos comprendido que el debate sobre la fiscalidad no está cerrado y desearía citar tres puntos en esta fase de las deliberaciones.

En primer lugar, la proporción de los impuestos sobre la energía, que representa un promedio del 76 % de la fiscalidad medioambiental, frente al 21 % del transporte.

En segundo lugar, los consumidores domésticos, en quienes recae una proporción mayoritaria de los impuestos medioambientales, mientras que otros sectores de la economía son los mayores consumidores de energía, agua y transporte.

En tercer lugar, la proporción de impuestos medioambientales en el PIB de los Estados miembros ha disminuido a lo largo de los últimos cinco años. Ello nos ofrece asimismo perspectivas para nuestras futuras reflexiones.

Desde luego, lamento lo que el PPE pide en relación con el apartado 26, en el que hemos propuesto un impuesto comunitario mínimo sobre el CO2. Me parece que tenemos que tendremos que avanzar en tal dirección si deseamos evitar el dumping en la Unión Europea. No se trata de suplantar a los Estados miembros en sus competencias fiscales, sino de contar un mínimo de armonización fiscal. Ello es necesario y así se ha destacado.

Aparte de que los Estados miembros están pidiendo que se avance en el camino de la coordinación fiscal, desearía llamar la atención sobre otro punto del informe. La reducción de la fiscalidad sobre el empleo no se puede vincular únicamente a la reducción de la fiscalidad medioambiental, tal como propone la Comisión. En mi opinión, aquélla debería formar parte de una reforma más general a la que se aplicaran principios de solidaridad y justicia social. Soy consciente de que ello no es aún competencia de los Estados, aunque conviene que reflexionemos al respecto y que aportemos cierta información a los Estados miembros.

El último punto tratado que creo es importante es el de la dimensión doméstica. Las medidas que emprendamos al respecto no deberían tener efectos adversos en los hogares que cuentan ya con unos ingresos escasos o aumentar la precariedad de otros.

Esto es lo que deseaba declarar a modo de conclusión. Gracias, Comisaria, sepa que contará con nuestro apoyo en la elaboración de la futura legislación sobre estas cuestiones.

 
  
  

PRESIDE: LUISA MORGANTINI
Vicepresidenta

 
  
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  Presidenta. − Se cierra el debate.

La votación se celebrará hoy a las 12.00 horas.

Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)

 
  
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  András Gyürk (PPE-DE), por escrito. – (HU) Para lograr sus objetivos medioambientales, los Estados miembros dan hoy en día prioridad casi exclusiva a la regulación directa, pese a haber otros muchos instrumentos reglamentarios disponibles. Creemos que se debería prestar más atención a los incentivos de mercado en materia de protección medioambiental. Nos parece que los conceptos de mercado, competencia y protección del medioambiente no son mutuamente excluyentes.

La importancia de los incentivos de mercado consiste en que el objetivo de la calidad medioambiental puede lograrse más económica y eficazmente a través de los mismos, al tiempo que se alcanzan otros objetivos sociales. Por desgracia, la Unión Europea no ha hecho mucho para fomentar los incentivos de mercado, aunque el Régimen de comercio de derechos de emisión podría considerarse una excepción. Reconforta, pues, que el Libro Verde incluya un análisis de las oportunidades ocultas en relación con tales incentivos temáticos. Podríamos añadir, sin embargo, que dicho análisis debería haber ido mucho más lejos.

Un uso más amplio de la reglamentación de mercado debería ir de la mano de una reducción de la reglamentación directa ineficaz. Ya que los incentivos económicos generan ingresos, tenemos que examinar cómo tales instrumentos, impuestos primordialmente sobre el trabajo, pueden generar impuestos. Este tema merece un debate intensivo. También estamos convencidos de que los ambiciosos objetivos de la política medioambiental de la UE no se podrán lograr si no se avanza en el ámbito de los incentivos de mercado.

 
Última actualización: 21 de octubre de 2008Aviso jurídico