Presidente. – El siguiente punto es el debate sobre seis propuestas de resolución relativas al caso de Khadijeh Moghaddam(1).
Paulo Casaca, autor. − (PT) Señor Presidente, Comisaria, señoras y señores, uno de los aspectos más oscuros del régimen teocrático iraní es su misoginia. Desde la revolución islámica de 1979, las autoridades iraníes han ido eliminando sucesivamente la totalidad de los derechos más importantes de las mujeres, y la lapidación, la mutilación y las violaciones de la intimidad y de los derechos más básicos son hoy la norma. La sociedad está reaccionando cada vez más patente y enérgicamente ante esta situación.
En este contexto, el movimiento por un millón de firmas emprendido hace alrededor de dos años en Irán es una de las manifestaciones más importantes del deseo de la sociedad civil iraní de demostrar su oposición al régimen en el poder.
En los últimos dos años hemos asistido a alrededor de cien sentencias de prisión y a otros castigos impuestos a quienes han firmado la petición del movimiento. Hoy, después de presentar nuestra propuesta, diversas organizaciones para los derechos humanos nos han informado de que tres mujeres activistas pertenecientes a este movimiento —Nashrin Afzali, Nahid Jafari y Zeynab Peyghambarzadeh— han sido condenadas a penas de prisión condicional y de azotes; se trata de una situación intolerable, y hago un llamamiento a todos mis colegas diputados al PE para que muestren su repulsa ante la misma y manifiesten su apoyo a las mujeres iraníes.
Erik Meijer, autor. − (NL) Señor Presidente, Irán es un país donde únicamente pueden soportar vivir quienes estén dispuestos a recibir las intimidaciones de los militares y los teólogos conservadores. Allí la libertad, la democracia y los derechos humanos carecen de significado. Se celebran elecciones, pero los candidatos tienen que gozar del apoyo del clero conservador, por lo que los disidentes quedan, por definición, excluidos. Muchos iraníes han huido del régimen de terror de su país, y muchos de ellos ya no estarían con vida si no lo hubieran hecho así. En Europa, deberíamos dar cobijo a estos refugiados, en lugar de devolverlos a su país o tratarles como terroristas.
Al mismo tiempo, no se puede negar que parte de la población iraní aprueba la matanza de homosexuales, la discriminación contra las mujeres y la represión de las minorías étnicas; esta misma parte terminó aborreciendo la decadencia occidental de su país durante el período de la dinastía Pahlavi, que se vio forzada al exilio a finales de los años setenta, tras haber convertido a Irán en una extensión de los Estados Unidos y de Europa. En aquél entonces tampoco se hablaba de democracia, y se perseguía o se exiliaba a los oponentes al régimen; en gran medida, los errores de Occidente fueron responsables de que el actual régimen de terror ascendiera al poder. Si Irán hubiera tenido una verdadera oportunidad de convertirse en una nación moderna durante el mandato del Primer Ministro Mossadeq, a principios de los años cincuenta, nunca se hubiera tornado en un campo de cultivo para los dirigentes actuales.
Existen movimientos a favor del cambio en Irán, pero son objeto de hostilidad generalizada. La señora Khadijeh Moghaddam fue secuestrada el 8 de abril y acusada de «difundir propaganda contra el Estado, perturbar a la opinión pública y realizar acciones contra la seguridad nacional». Aunque ya ha sido liberada, las severas restricciones sobre los derechos de las mujeres, sencillamente, continúan. Debemos mostrar solidaridad con los oprimidos.
Eija-Riitta Korhola, autora. − (FI) Señor Presidente, como se evidencia de la Resolución, en Irán se utilizan medidas coercitivas para tratar de silenciar a quienes hablan claro a favor de los derechos de la mujer en el país; son arrestados, interrogados y condenados a prisión e, incluso, algunos llegan a recibir amenazas de lapidación. La labor de las ONG se ha visto verdaderamente dificultada, y se aplican restricciones a la libertad de expresión y de reunión; además, a comienzos de enero se cerró la revista Zanan, que se había manifestado abiertamente a favor de la igualdad.
Asimismo, es preocupante que Irán todavía no haya ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. La abogada y defensora de los derechos humanos iraní, Mehrangiz Kar, ha afirmado que el sistema jurídico del país es incompatible con la Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de la mujer, ya que su Constitución no puede ir contra la ley sharia; sin embargo, la mayoría de los países musulmanes la han ratificado.
Se plantea la cuestión de si los responsables de la toma de decisiones y las autoridades iraníes consideran que las mujeres activas políticamente y críticas con el sistema plantean una verdadera amenaza a la sociedad iraní. Estas persistentes y valientes mujeres representan una enorme fuerza a favor del cambio, y es importante que la UE muestre su apoyo a quienes luchan en el país a favor de derechos humanos fundamentales.
Ewa Tomaszewska, autora. − (PL) Señor Presidente, en Irán se producen graves violaciones de los derechos humanos; en particular, la amenaza de lapidar hasta la muerte a casi diez mujeres —me refiero a Iran, Khayrieh, Kobra N, Fatemeh, Ashraf Kalhori, Shamameh Ghorbani, Leyla Ghomi, Hajar y las hermanas Zohreh y Azar Kabiriniat—, así como para otras personas. El uso de la pena de muerte para los niños y para quienes se pronuncian a favor de los derechos de las mujeres exige una reacción enérgica por parte del mundo democrático. La detención de quienes han participado en la campaña «Un millón de firmas» muestra la manera en que se está impidiendo a la sociedad el ejercicio de su derecho a expresar su opinión sobre cuestiones fundamentales.
Deben condenarse estas acciones. Los organismos de la Unión Europea deberían realizar un seguimiento de la situación de los derechos humanos en Irán. Nos gustaría que se enviara a un grupo de observadores al país y que prepararan un informe detallado para someterlo a la consideración del Parlamento Europeo, con el fin de que éste defina su propia posición y presente sus propuestas para las medidas que pudieran contribuir a mejorar la situación de los derechos humanos en Irán.
Marios Matsakis, autor. − Señor Presidente, a pesar de los esfuerzos que puedan realizarse por intentar comprender una sociedad diferente, un estilo de vida y las circunstancias que prevalecen en un Estado profundamente musulmán como es Irán, es imposible no sentir conmoción e indignación por el trato totalmente antidemocrático y brutal que reciben las mujeres en ese país.
Algunos ejemplos incluyen la exclusión de la mujer de la mayoría de los principales cargos estatales y de su nombramiento como jueces, la negación de la igualdad de derechos con el hombre en el matrimonio, el divorcio, la custodia de los hijos y la herencia, y el hecho de que su testimonio ante un tribunal sólo vale la mitad que el de un hombre, la edad legal de matrimonio de la mujer con tan sólo trece años y la condena de las mujeres a un castigo severo y degradante, e incluso a la muerte, mediante métodos primitivos y bárbaros, incluso para supuestos delitos como mantener una relación extramarital.
En lugar de realizar esfuerzos por mejorar la situación, el régimen iraní está tratando de empeorar aún más las cosas; valga como ejemplo el proyecto de ley sobre la «protección de la familia», que actualmente está siendo objeto de consideración y con el que se intenta legitimar aún más la poligamia, el matrimonio temporal y el derecho unilateral de los hombres a solicitar arbitrariamente el divorcio y a obtener la custodia de los hijos. Además, las autoridades iraníes están llevando a cabo una campaña de represión en aumento constante hacia las mujeres activistas y los defensores de los derechos de las mujeres en general.
Hacemos un llamamiento al régimen iraní para que trate de liberarse del fanatismo religioso y de las filosofías políticas fallidas y largo tiempo subrogadas y para que, empleando el sentido común, trate de devolver a su país al siglo xxi, en lugar de hundirlo todavía más en la época oscura del totalitarismo musulmán del pasado.
Raül Romeva i Rueda, Autor. − Señor Presidente, conocí el caso de Mokarrameh Ebrahimi gracias a la campaña internacional que en su momento lideraron Amnistía Internacional y Stop Stoning Forever, el objeto de la cual era conseguir la liberación de esta mujer que había sido condenada a morir lapidada por haber tenido una relación extramatrimonial.
La buena noticia es que, gracias, sin duda, al menos en parte, a esta campaña, Ebrahimi fue liberada el pasado 17 de marzo tras haber pasado once años en prisión. Las malas noticias son que su compañero no tuvo tanta dicha y murió lapidado hace un año, así como que al menos otras diez mujeres, así como dos hombres, corren riesgo de acabar siendo asesinadas por lapidación en Irán.
Desgraciadamente, éste no es un hecho aislado en un país donde la situación de los derechos humanos, incluidos los de las mujeres, consigue preocupantes récords en cuanto a despropósitos. De hecho, las ejecuciones se han doblado en 2007, haciendo de Irán el país con el mayor índice de ejecuciones per cápita después de Arabia Saudí, y ambos países representan, junto con Yemen, los tres países en los que han tenido lugar más ejecuciones de menores de 18 años.
Desde que empezó la campaña Stop Stoning Forever, en octubre de 2006, son seis las personas que han podido salvarse de morir lapidadas, otras han conseguido prórrogas y numerosos dosieres están siendo revisados.
Sin embargo, debo destacar también que son numerosos los ejemplos de persecución y represión que sufren quienes osan ser activistas pro derechos humanos en Irán.
Actualmente, la Asamblea Consultiva Islámica está revisando el Código penal iraní y, sin embargo, en el mejor de los casos, la sentencia de lapidación hasta la muerte sería reemplazada por otros métodos de ejecución y de flagelación.
Bernd Posselt, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (DE) Señor Presidente, este imponente edificio de Estrasburgo recibe el nombre de Louise Weiss, quien se ganó la hostilidad de la policía y los tribunales en la Francia democráticamente iluminada del período de entreguerras, debido a la campaña que emprendió a favor del sufragio femenino.
Ciertamente, no podemos comparar dicha situación con la dictadura totalitaria de Irán, pero la memoria debería enseñarnos a los europeos a mantener cierto grado de humildad. El régimen iraní es inaceptable y totalitario, pero Irán es un país extenso y de múltiples facetas, donde las fuerzas de la reforma están ganando terreno de manera constante. Por ejemplo, quienes iniciaron esta petición se encuentran entre los movimientos de reforma a los que debemos prestar nuestro más firme apoyo, y que ahora se han extendido hasta incluir a los miembros de la familia Jomeini.
Puede encontrarse ya un mayor número de mujeres en la política, la Administración y el mundo académico de Irán que en la mayoría de los países islámicos o de los Estados asiáticos; quizá ello no concuerde con la opinión común, pero es un hecho.
Tenemos que hacer prosperar esta pluralidad en Irán con el fin de propiciar la caída definitiva del régimen inaceptable y totalitario del país, lo que nos plantea un tremendo desafío como europeos. Por lo tanto, estoy profundamente agradecido a mi colega, Albert Dess, por ayudarme el lunes a mantener este importante punto en el orden del día porque, señoras y señores, ¡tenemos que hacer de Irán una de nuestras prioridades en el contexto del trabajo del Parlamento por promover los derechos humanos!
Marianne Mikko, en nombre del Grupo del PSE. – (ET) Señoras y señores, la situación de las mujeres en Irán es grave; la religión suele utilizarse como excusa para llevar a cabo violaciones de los derechos humanos.
Es humillante saber que incluso hoy en día puede castigarse a las mujeres a pena de azotes, o incluso con la pena de muerte. Es fundamental que Irán firme lo antes posible la Convención de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. Este importante documento ha sido firmado ya por 185 países; sin embargo, Irán es una auténtica «mancha» en la región, pues todos los países con los que limita han aceptado ya la Convención.
Recibo con especial satisfacción la liberación de la defensora de la lucha contra la discriminación a la mujer, Khadijeh Moghaddam pero, seamos honestos, tuvo que pasar nueve largos días recluida en una celda. La campaña «Un millón de firmas» que inició fue un paso firme hacia el establecimiento de los derechos de las mujeres. Es inaceptable que se encarcele a las mujeres por luchar por la igualdad de derechos. La violencia contra las mujeres en Irán debe finalizar; las mujeres deben poder tener la palabra en todas las cuestiones. Irán no puede considerarse a sí mismo como una excepción en esta aldea global que es el mundo.
Janusz Onyszkiewicz (ALDE). – (PL) Señor Presidente, hoy ha tenido lugar una reunión entre la señora Rajavi, que encabeza el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, y políticos franceses y representantes del Parlamento Europeo.
En su exposición, la señora Rajavi ha manifestado claramente lo importantes que son los derechos de las mujeres para la oposición demócrata iraní, demostrando, una vez más, que la oposición nos da la esperanza de que se produzca un cambio en Irán. Todo lo que necesitamos es tomar ciertas medidas.
El primer paso es cumplir las sentencias de los tribunales que establecen que el movimiento iraní muyahidín debe ser excluido de la lista de organizaciones terroristas. El segundo, quizá incluso más importante, es reconocer, finalmente, al Consejo Nacional de la Resistencia de Irán como el representante del Irán democrático, y ahí es donde deberíamos depositar nuestras esperanzas para el cambio pacífico.
Carlo Fatuzzo (PPE-DE). – (IT) Señor Presidente, señoras y señores, tengo que ceder a la tentación de citar un ejemplo, y en mi opinión muy palmario, de la credibilidad de las autoridades gubernamentales iraníes.
Su seguro servidor, Carlo Fatuzzo, presente ante ustedes, fue acusado de apoyar a los terroristas antiiraníes; repito: antiiraníes, para gran regocijo mío, claro está, en una reunión pública y oficial entre el Ministro iraní de Asuntos Exteriores y una delegación de la Comisión perteneciente a la delegación Unión Europea-Irán. De aquello hace cinco años; repito: cinco años. Dejaré que usted, señor Presidente, y mis numerosos colegas, juzguen la amenaza que represento para el régimen iraní. Tal es la credibilidad de los ministros y dirigentes iraníes.
Tunne Kelam (PPE-DE). – Señor Presidente, durante casi treinta años, la República Islámica de Irán ha supuesto una verdadera amenaza para los derechos humanos y la democracia. Las mujeres han sido el primer objetivo de esta rama extremista del Islam; sus derechos han sido arrebatados por el régimen de los mullahs, e incluso las niñas no son una excepción, pues con nueve años reciben el mismo tratamiento que una mujer adulta y pueden ser sometidas a pena de azotes, ejecución e incluso lapidación.
Aun así, muchas mujeres se han negado a seguir los imperativos del régimen. Es esperanzador ver que el principal movimiento de la oposición democrática, el Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, está dirigido por una mujer como la señora Maryam Rajavi. Las Resoluciones son positivas, pero no son suficiente: debemos dar nuestro apoyo a esas mujeres con la acción.
Armando Veneto (PPE-DE). – (IT) Señor Presidente, señoras y señores, quisiera recordar a la Cámara que cuando fui diputado al Parlamento nacional italiano, establecí importantes relaciones con la resistencia iraní y me mostraba a favor de la acción decisiva para proteger los derechos humanos que sus representantes defendían.
Pues bien, recibí un reproche velado por parte del Gobierno en aquel momento porque, como se me dijo, no podían adoptarse posiciones definidas y explícitas por exigencias de la realpolitik. Digo esto porque este debate debería dirigirse, en última instancia, a un punto fundamental: mientras que en esta Cámara otorgamos gran importancia al compromiso humanitario de Europa en su conjunto y del Parlamento Europeo, las presiones concretas relativas al petróleo, los propios intereses y el oportunismo contradicen dicho compromiso. ¡Eso es lo que debe combatirse!
Androula Vassiliou, Miembro de la Comisión. − Señor Presidente, la Comisión comparte la inquietud de sus Señorías por la situación de la señora Khadijeh Moghaddam y los casos de las mujeres y los defensores de los derechos humanos perseguidos por las autoridades iraníes.
La señora Moghaddam es una de las líderes de la campaña de petición «Un millón de firmas», que presiona para cambiar las leyes iraníes que se oponen a los principios de la igualdad de género y los derechos humanos.
Recibimos con satisfacción la noticia de la liberación de la señora Modghaddam, aunque mediante una elevada fianza. Sin embargo, debemos subrayar el hecho de que otros dos miembros de la campaña de firmas, la señora Hana Abdi y la señora Ronak Safazadeh, permanecen detenidas desde el otoño de 2007.
Además, deploramos la reciente sentencia para otros cuatro miembros de la campaña por haber actuado, supuestamente, contra la seguridad nacional tras su participación en una manifestación en el exterior de un tribunal de Teherán hace dos años: la señora Zeynab Peyghambarzadeh a dos años de prisión condicional, y las señoras Nashrin Afzali, Nahid Jafari y Minoo Mortazi a seis meses de prisión condicional y diez azotes. Condenamos rotundamente dichas sentencias, que pueden ser consideradas únicamente como parte de los esfuerzos en curso encaminados a intimidar y humillar a estas defensoras pacíficas de los derechos de la mujer.
La campaña en pro de los derechos de las mujeres y la igualdad es muy importante y significativa en el contexto iraní. Cada una de estas valientes mujeres merece todo nuestro apoyo. Hago un llamamiento a las autoridades iraníes para que procedan a la liberación incondicional de la señora Abdi y la señora Safazadeh y para que retiren todos los cargos contra ellas y sus colegas defensores de los derechos de las mujeres.
Desgraciadamente, muchos otros defensores de los derechos humanos corren peligro en Irán. Concretamente, apelo a las autoridades para que liberen de manera incondicional al señor Mansour Ossanlou y al señor Emadedin Baghi y para que pongan fin al hostigamiento, la intimidación y la persecución política de los defensores de los derechos humanos.
La Comisión reitera su preocupación por el cierre, hace dos meses, de la revista independiente femenina Zanan, y apela a las autoridades iraníes a readmitir su publicación. La UE considerará la actitud de Irán hacia Zanan, así como hacia la campaña de las mujeres por la igualdad de derechos, como un indicador de su voluntad de implicarse verdaderamente en la mejora de la situación de los derechos humanos.
Apelamos a la República Islámica de Irán a que cumpla la totalidad de sus obligaciones contraídas en virtud de las convenciones internacionales, principalmente el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Asimismo, recordamos que, cuando se presentó para su elección en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Irán afirmó que estaba considerando su adhesión a la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.
La Unión Europea ha planteado cuestiones relacionadas con los derechos humanos, incluyendo los derechos de las mujeres y la promoción de la igualdad de género con las autoridades iraníes, y continuará haciéndolo. Sin una mejora sistemática de la situación de los derechos humanos en Irán, nuestras relaciones con dicho país no pueden desarrollarse adecuadamente.