Presidente. - El siguiente punto del orden del día es el informe del Consejo Europeo y la declaración de la Comisión sobre la reunión del Consejo Europeo (15-16 de octubre de 2008).
– Señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Sarkozy, señor Presidente de la Comisión Europea, señor Barroso, en las últimas semanas, hemos vivido algunos momentos extremadamente difíciles en los que la Unión Europea, bajo su Presidencia, ha demostrado su capacidad de actuación. Si los países de Europa no hubieran encontrado una respuesta común, si no hubiera habido un acuerdo entre los socios europeos, y si no hubiera existido el euro, es muy probable que hoy nos encontrásemos en una situación desastrosa.
Las propuestas del Eurogrupo de hace diez días, las decisiones del Consejo Europeo del pasado miércoles y los acuerdos celebrados este fin de semana en la Cumbre de Camp David son toda una serie de éxitos que reflejan una verdadera coordinación de medidas y esfuerzos dirigidos a efectuar las reformas necesarias para responder eficazmente a los problemas de la economía mundial. Sin embargo, los gobiernos no han sido los únicos en responder a la crisis. El Consejo Europeo, bajo su liderazgo, y en estrecha colaboración con la Comisión Europea y el Parlamento Europeo, ha garantizado que la Unión Europea desempeñara un papel crucial con relación al bienestar de todos nuestros ciudadanos, ante los que todos nosotros somos responsables.
Con frecuencia, en los momentos de crisis, la Unión Europea ha demostrado su verdadera fuerza, gracias a usted, señor Sarkozy, y gracias al Presidente de la Comisión, el señor Barroso. La acción europea ha sido una acción común. Por todo ello, antes de iniciar el debate de esta mañana, quiero felicitarles, señor Presidente en ejercicio del Consejo y señor Presidente de la Comisión.
Nicolas Sarkozy, Presidente en ejercicio del Consejo. − (FR) Señor Presidente, Señorías, es un honor para mí comparecer aquí, una vez más, ante el Parlamento Europeo para informar sobre el trabajo de la Presidencia del Consejo, en este momento tan importante para Europa. Si me lo permiten, voy a intentar hablar libremente, que es lo propio en esta Cámara, que es el corazón de la Europa democrática a la que todos aspiramos.
¿Qué hemos intentado conseguir? En primer lugar, la Presidencia ha querido que las instituciones europeas estuvieran unidas ante todas las crisis que hemos tenido que gestionar. He querido que el Parlamento Europeo se involucrara, en todo momento, en los importantes acontecimientos que hemos vivido, y quiero dar las gracias a los presidentes de sus grupos, de todas las convicciones políticas, por haberse involucrado en este diálogo y haber trabajado junto a la Presidencia del Consejo.
Asimismo, he querido trabajar codo con codo con la Comisión y, en particular, con su Presidente, porque, independientemente de las divergencias o diferencias entre los que nos sentamos en esta Cámara, todos somos muy conscientes de que la división entre las instituciones europeas debilita a Europa y la obligación de aquellos que asumimos responsabilidades es trabajar codo con codo. Europa avanzará, si el Parlamento Europeo, la Comisión y el Consejo llegan a un consenso en las cuestiones importantes, para asegurar así que se oiga la voz de Europa.
(Aplausos)
Hemos querido, ante todo, que Europa permaneciera unida; algo que no ha sido fácil conseguir. Hemos querido que pensara por si misma, porque el mundo necesita la opinión de Europa, y que tome la iniciativa. Si Europa tiene algo que decir, no queremos que simplemente lo diga, sino que lo haga.
Primero tuvimos la guerra, con la reacción totalmente desproporcionada de los rusos durante el conflicto de Georgia. Las palabras tienen un significado. Uso la palabra «desproporcionada» porque la intervención de Rusia en Georgia fue desproporcionada.
(Aplausos)
Sin embargo, uso la palabra «reacción» porque, si esa reacción fue desproporcionada, es porque, con anterioridad, se había producido una acción completamente inapropiada. Europa tiene que ser justa y no debe dudar en salir de los ámbitos ideológicos a fin de portar un mensaje de paz.
La crisis empezó el 8 de agosto. El 12 de agosto, estábamos en Moscú con el señor Kouchner al objeto de conseguir un alto el fuego. No quiero decir que esto fuera lo ideal; simplemente quiero decir que, en cuatro días, Europa consiguió que se produjera un alto el fuego. A principios de septiembre, Europa obtuvo el compromiso de una vuelta a las líneas que se ocupaban antes del comienzo de la crisis del 8 de agosto. En dos meses, Europa consiguió el final de la guerra y la retirada de las tropas de ocupación.
Había varias teorías sobre esta cuestión. Algunos decían —y tenían razones para ello— que el diálogo era inútil y que la respuesta a una agresión militar debía ser militar. Qué locura. Europa fue testigo de la caída del Muro de Berlín y del final de la Guerra Fría, Europa no debe formar parte de una nueva guerra fría que se sufre, simplemente, por una falta de compostura.
(Aplausos)
Éste fue un problema que superamos con nuestros aliados estadounidenses, que consideraban que la visita a Moscú era inoportuna. A pesar de todo, trabajamos codo con codo con nuestros aliados estadounidenses. Su posición difería de la nuestra. Tratamos de trabajar con ellos en vez de contra ellos, y, francamente, teniendo en cuenta el estado en que se encuentra el mundo hoy en día, rotundamente, no creo que le haga falta una crisis entre Europa y Rusia. Sería una irresponsabilidad. Por consiguiente, podemos defender nuestras ideas sobre al respeto a la soberanía, el respeto a la integridad de Georgia, los derechos humanos y las diferencias que tenemos con aquellos que dirigen Rusia, pero hubiera sido una irresponsabilidad crear las condiciones para un conflicto que en modo alguno necesitamos.
Han empezado en Ginebra las conversaciones sobre la futura situación jurídica de los territorios de Georgia, Osetia y Abjasia. Me han comunicado que han empezado en condiciones difíciles, pero ¿quién podría haber pensado otra cosa? Lo importante es que han empezado. Asimismo, debo decir que el Presidente Medvédev ha mantenido la promesa que hizo ante la Presidencia de la Comisión y la Presidencia del Consejo cuando viajamos a Moscú a principios de septiembre.
Europa ha logrado la paz. Europa ha logrado la retirada de un ejército de ocupación y Europa se ha esforzado por conseguir unas negociaciones internacionales. Creo que hacía mucho tiempo que Europa no desempeñaba un papel semejante en un conflicto de esta clase.
Evidentemente, veo todas las ambigüedades, todos los defectos, todos los pactos que hubo que formalizar, pero, en conciencia, creo que hemos conseguido todo lo que se podía conseguir y, sobre todo, señor Presidente, creo que, si Europa no hubiera garantizado que se oyera la voz del diálogo y la razón, nadie más lo habría hecho. Es más, cuando salimos hacia Moscú y Tbilisi el 12 de agosto junto al señor Kouchner, todos los medios de comunicación internacionales sabían que los rusos estaban a cuarenta kilómetros de Tbilisi, y que su objetivo era derrocar el régimen del Presidente Saakachvili. Así estaban las cosas. Estábamos al borde de la catástrofe pero, gracias a Europa —una Europa resuelta— dicha catástrofe no se produjo, aunque, señor Pöttering, claramente hay mucho trabajo por hacer para reducir la tensión en esa parte del mundo.
Mi segundo punto se refiere a la crisis, la crisis financiera sistémica, increíble, inverosímil que comenzó —déjennos mostrarles la verdadera situación— el 15 de septiembre, y no el 7 de agosto de 2007. El 7 de agosto de 2007 dio comienzo una crisis grave y preocupante pero, casi no me atrevo a decirlo, normal. El 15 de agosto de 2008 entramos en otra crisis, porque ¿que ocurrió el 15 de agosto de 2008? Lehman Brothers quebró; y ese día el mundo, atónito, descubrió que un banco puede ir a la quiebra.
No nos corresponde a nosotros, ni me corresponde a mí, juzgar lo que hizo o no hizo el Gobierno de EEUU. Lo que quiero decir, y lo mantengo, es que 15 de septiembre de 2008, la crisis grave se convirtió en una crisis sistémica, con el hundimiento del sistema financiero de EEUU, seguido del hundimiento del sistema financiero europeo, y después, gradualmente, de otras bolsas de valores y sistemas financieros.
¿Qué se intentó hacer en ese momento? Se aplicó el primer Plan Paulson, que no funcionó. No estoy siendo crítico al decir esto; estoy describiendo la realidad de la situación. En aquel momento, nosotros, junto con el Presidente de la Comisión, tratamos de elaborar una respuesta común europea, primero dentro de la zona euro. Señor Presidente, han hablado sobre esto; esté la gente a favor o en contra, el hecho es que, tenemos el mismo banco y la misma moneda, y, por tanto, la misma obligación de unidad.
Alcanzar una posición común no fue fácil. Empezamos proponiendo una reunión de los cuatro países europeos que son miembros del G8. No trato de insultar a nadie al decir que la influencia, por ejemplo del Reino Unido, en el sistema financiero mundial, es mayor que la de otros países entre los Veintisiete. Supuse que, si, por alguna proeza de la imaginación, podíamos conseguir un acuerdo entre el Reino Unido, Alemania, Italia y Francia, esto no iría en detrimento de los demás países de Europa, sino en su beneficio.
Naturalmente, había discrepancias, pero, ¿quién podía culparnos? En los primeros días de la crisis, no sabíamos, inicialmente, cuál era la mejor respuesta a una crisis sin precedentes en la historia de la economía o en el siglo xx, al menos. Entonces, pensé: «después de la reunión de los cuatro, deberíamos reunir también a los países del Eurogrupo, más Eslovaquia, que en cualquier momento será miembro del grupo». Esa semana adicional nos permitió encontrar una solución conjunta que permitiría a los bancos reanudar su trabajo: conceder préstamos. Sin embargo, nos encontramos con una situación en la que los bancos ya no se prestaban dinero entre ellos, ya que no tenían dinero para prestar, y todo el sistema se estaba hundiendo. Se nacionalizaban bancos en el Reino Unido, en Bélgica quebraban, el sistema de Islandia —fuera de Europa, pero al mismo tiempo tan cerca— se estaba hundiendo, muy malas noticias en Suiza y, poco a poco, el contagio: Alemania, Francia, todo asolado. En el Eurogrupo, logramos alcanzar un acuerdo sobre un plan enorme —1 800 000 millones de euros— para permitir que nuestras instituciones financieras continuaran con su trabajo y tranquilizar a los ahorradores y empresarios de Europa.
Después, fuimos al Consejo de Europa, que adoptó la misma estrategia, y, a partir de entonces, fuimos capaces de calmar los mercados europeos. Tuvimos una gran sorpresa: en ese momento, apareció el Plan Paulson II , y todo el mundo pudo ver que se inspiraba en gran medida en el plan europeo. No es una cuestión de reconocimiento, sino simplemente de reflexionar sobre el hecho de que la crisis es mundial, y, por tanto, la respuesta sólo puede ser mundial. Los Estados Unidos y Europa tienen que cooperar.
No obstante, todo esto se refiere a la gestión de la crisis, Señor Presidente, nada más y nada menos. Si no hubiéramos hecho esto, ¿qué habría ocurrido?
Todavía tenemos que dar las verdaderas respuestas. ¿Cómo ha podido ser posible todo esto? ¿Cómo podemos evitar que vuelva a suceder? Es más, ¿tiene Europa ideas que defender o una política que proponer? En este contexto, propuse, en nombre de Europa, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, a principios de septiembre, que se celebrara una cumbre internacional para sentar las bases de un nuevo Bretton Woods, con referencia a lo que se produjo a raíz de la Segunda Guerra Mundial para establecer un nuevo sistema financiero mundial. Esta idea está avanzando. ¿Cuál tiene que ser el objetivo de Europa en el contexto de esta cumbre? Europa debe proponer una reforma radical del capitalismo mundial.
Ha habido una traición de los valores del capitalismo, pero no se ha puesto en tela de juicio la economía de mercado. Hubo una falta de normas, y vimos la recompensa de los especuladores en detrimento de los empresarios. Debemos proponer una nueva regulación. Europa tiene que proponer ideas y lo hará. En primer lugar, señor Presidente, ningún banco que trabaje con dinero del gobierno debería poder trabajar con paraísos fiscales.
(Aplausos)
Ninguna institución debería poder trabajar sin estar sometida a normas financieras; los operadores deberían ver que sus sistemas de remuneración están calculados y organizados de manera que no tengan que asumir riegos innecesarios como los que hemos presenciado; las normas de contabilidad de nuestros bancos no deberían agravar la crisis, sino, al contrario, atenuarla; y se debería redefinir el sistema monetario en base a tipos de cambio fijos y no en base a tipos de cambio entre monedas. Hemos intentado todo en el mundo. ¿Podemos, el resto del mundo, continuar asumiendo el déficit de la primera potencia mundial sin decir nada? La respuesta es, claramente, «no».
(Aplausos)
Es más, no sirve de nada señalar con el dedo a nadie; tenemos que encontrar los medios para asegurarnos de que esto no vuelva a pasar. Cambiando de tema, aunque podría decir mucho más, pero quiero, sobre todo, que Europa estudie la gobernanza mundial en el siglo xxi. No debe sorprendernos que no esté funcionando. Estamos en el siglo xxi, pero con unas instituciones del siglo xx. Por consiguiente, el Presidente de EEUU y Europa han propuesto varias cumbres, a partir de mediados de noviembre, que se centrarán en una nueva forma de regulación, una nueva forma de gobernanza mundial. Espero que Europa sea capaz de debatir esto.
Tendré la oportunidad de proponer una reunión a mis socios, Jefes de Estado o de Gobierno, para preparar estas cumbres. La reforma radical de nuestro sistema capitalista y de nuestro sistema internacional, es una cuestión, asimismo, muy importante para el Parlamento Europeo, que debe debatirla y que debe proponer sus ideas. No obstante, Europa debe hablar con una sola voz si quiere que la escuchen.
¿Quién participará en esta cumbre? Hay muchas opiniones. Pienso que la más simple es el G8, que es indispensable —con Rusia, naturalmente— al que sería pertinente añadir el G5, que también es indispensable y que permitiría que China e India, en concreto, se involucraran en este fundamental debate. Éste será el objetivo de nuestro viaje a China, con el Presidente Barroso, convencer a las potencias asiáticas de que participen en esta reforma radical.
Señor Presidente, ha habido una tercera cuestión durante esta Presidencia, que ha sido sumamente difícil: el futuro del paquete de energía y cambio climático. Soy perfectamente consciente de que su Parlamento y algunos de sus grupos están divididos sobre la manera de proceder. Permítame que exponga lo que creo firmemente y la política que intento proponer. El paquete de energía y cambio climático, que es tan ambicioso, se basa en el convencimiento de que el mundo se dirige al desastre, si continua produciendo en las mismas condiciones. Ése es el análisis.
(Aplausos)
No veo ni un solo argumento que sugiera que el mundo va a mejor, desde el punto de vista medioambiental, porque se ha producido la crisis financiera. Cuando decidimos emprender el paquete de energía y cambio climático, lo hicimos conscientes de nuestras responsabilidades hacia nuestros hijos y hacia el futuro de nuestro planeta. Es una política estructural, es una política histórica, y sería lamentable abandonar esta política con el pretexto de que se ha producido la crisis financiera.
(Aplausos)
Sería lamentable e irresponsable. ¿Por qué sería irresponsable? Porque Europa estaría enviando el mensaje de que no está decidida a realizar los esfuerzos que prometió en este ámbito y, si Europa no realiza estos esfuerzos, no existirá la posibilidad de convencer al resto del mundo de la necesidad de preservar el equilibrio mundial. Por consiguiente, no es simplemente una cuestión de que Europa no asuma su responsabilidad, es una cuestión de no asumir la responsabilidad ante el mundo entero en lo que respecta al medioambiente. Porque, si Europa no da ejemplo, no se la escuchará, respetará ni se la tendrá en cuenta; y si Europa no hace su trabajo, nadie lo hará por ella. Por lo tanto, habremos perdido nuestra cita con la historia.
(Aplausos)
¿Qué significa «perder nuestra cita»? En mi opinión, significa dos cosas: en primer lugar, que debemos reconsiderar los objetivos «20/20/20»; y, en segundo lugar, debemos reconsiderar el calendario, es decir, finales de año. No obstante, no es mi intención poner en peligro la codecisión, de ninguna manera, y, debo añadir que no tengo ni la capacidad ni el deseo de hacerlo. Es más, hay que ser malpensado para atribuirme esa idea, aun cuando atribuirme ideas sea todo un cumplido. A pesar de todo, en este asunto, hemos luchado junto con el Presidente Barroso en el Consejo de Europa para cumplir los objetivos y el calendario. No ha sido fácil.
Por lo tanto, tenemos algunas semanas para convencer a algunos de nuestros socios, cuyas dudas entiendo; porque no se pueden crear las condiciones para un acuerdo sin intentar comprender lo que dicen aquellos que están en desacuerdo contigo.
Hay algunas economías que dependen un 95 % del carbón. No se las puede pedir algo que las llevaría a una situación catastrófica, en un momento en el que ya tienen graves problemas. Por tanto, vamos a tener que encontrar medios que sean flexibles, al tiempo que respetamos los dos límites que propuse al Consejo: el cumplimiento de los objetivos y el cumplimiento del calendario.
Quizás tenga la oportunidad, señor Presidente, de extenderme más en otros foros, no quiero poner a prueba su paciencia. No obstante, quiero decirle algo: esto es lo que queríamos hacer, y espero que todos puedan apoyarlo.
Quiero decir algo sobre la cuarta cuestión, el pacto sobre inmigración. El pacto es un buen ejemplo de democracia europea y, a pesar de las discrepancias iniciales, todos conseguimos llegar a un acuerdo sobre una política de inmigración selectiva acordada con los países de emigración, como aquel del que obtuvimos los beneficios de Schengen que se aplica a tres cuartas partes de los países de Europa. Es más, si hemos eliminado la necesidad de visado entre nosotros, lo correcto es que aquellos países cuyos ciudadanos no necesitan visados para ir de una país a otro tengan la misma mentalidad cuando apoyen la política de inmigración europea.
Me quedan dos puntos para concluir. El primero es que la crisis financiera ha provocado una crisis económica. La crisis económica está aquí. Es inútil predecirla ya que la estamos atravesando en este momento. Personalmente, quiero decir, siendo totalmente consciente de los desacuerdos entre determinados países, que no me puedo imaginar a nadie explicándome que, ante la crisis financiera, necesitábamos una repuesta europea común, pero que, ante la crisis económica, no necesitamos esa misma respuesta europea común.
Quiero decir algo sobre el significado de «común». «Común» no significa dar la misma respuesta. Para la crisis financiera propusimos una serie de instrumentos, una hoja de ruta, armonización y coordinación. Creo que para la política económica es necesario lo mismo. Esto no significa que todos vayamos a hacer lo mismo, pero, al menos, significa que tenemos la obligación de hablar de los asuntos, una obligación de informarnos mutuamente, y, en determinadas cuestiones, una obligación de consultarnos mutuamente. Hay varias iniciativas. Permítanme mencionar una idea: los mercados de valores han alcanzado un nivel históricamente bajo. No me gustaría que los ciudadanos europeos se despertaran, dentro de unos meses, y descubrieran que las empresas europeas están en manos de capital no europeo, que las habría comprado al precio más bajo del mercado de valores —por casi nada— y habrían adquirido su propiedad. Los ciudadanos europeos se darían entonces la vuelta y preguntarían «¿Pero qué habéis hecho?».
Quiero pedirles que reflexionemos sobre la oportunidad que podríamos tener si, además, creáramos fondos soberanos en cada uno de nuestros países, y, quizás, si fuese posible coordinar esos fondos soberanos nacionales en cada momento, para dar una respuesta sectorial a la crisis. Quiero añadir que he seguido con mucho interés el plan estadounidense para el sector del automóvil. 25 000 millones de dólares estadounidenses con unos tipos de interés a un precio insuperable, para salvar de la quiebra a los tres fabricantes de automóviles de EEUU.
Quiero extenderme, durante un minuto, sobre esta cuestión en Europa. Estamos pidiendo a nuestros fabricantes —y con razón— que ahora fabriquen vehículos limpios, que cambien totalmente sus sistemas de producción. De acuerdo con esto, gracias a la prima medioambiental, el 50 % de los vehículos vendidos en mi país, en lo sucesivo, serán vehículos limpios. ¿Se puede dejar al sector del automóvil europeo en una posición de competencia muy irregular con sus competidores de EEUU sin preguntarnos qué políticas sectoriales existen para proteger la industria europea?
Esto no significa poner en tela de juicio el mercado único. Esto no significa poner en tela de juicio el principio de libre competencia. Esto no significa poner en tela de juicio el principio de ayuda estatal. Lo que significa es que Europa tiene que dar una respuesta común y una respuesta que no sea ingenua cuando se enfrente a la competencia de otras grandes regiones del mundo. Nuestra obligación es que, en Europa, podamos seguir fabricando aviones, barcos, trenes y automóviles, porque Europa necesita una industria sólida. Y la Presidencia va a luchar por esa política.
Para concluir, mi último punto hace referencia a las instituciones. No sé si los que oigo son suspiros de alivio porque estoy finalizando mi discurso, o porque los otros temas eran menos importantes. Las instituciones no son el único tema europeo, y sería un error muy grande dedicar demasiado tiempo a esta cuestión, haciendo caso omiso de todo lo demás. No obstante, las instituciones son una cuestión a tratar. Quiero expresar mi firme convencimiento de que la crisis exige una reforma de las instituciones europeas. La crisis comporta que Europa pueda dar una respuesta tan contundente y tan rápida como cualquier otra potencia mundial, como, por ejemplo, lo ha hecho Estados Unidos para enfrentarse al drama de la crisis financiera.
Soy de los que piensan que sería un error muy grave no reformar nuestras instituciones. Muy grave. Sobre todo porque, a fin de seguir temas complicados como, por ejemplo, Georgia y Rusia, la crisis financiera y la crisis económica, no parece muy razonable tener una presidencia rotatoria cada seis meses. Independientemente de lo que se votara en las últimas elecciones, debo decirles que, francamente, si amamos Europa y queremos que hable con una sola voz, no me parece muy razonable pensar que la Presidencia del Consejo deba cambiar cada seis meses. Por consiguiente, junto con el Presidente Barroso, tenemos que establecer una hoja de ruta para diciembre con el objeto de responder a la cuestión de Irlanda. Tengo la intención, antes de abandonar la Presidencia del Consejo, de proponer una hoja de ruta para señalar, de forma consensuada, los medios para superar la situación que ha surgido.
Quiero, además, decir una última cosa referente a que la zona euro no puede continuar sin un gobierno económico claramente identificado. No podemos continuar así por más tiempo. Quiero rendir tributo al trabajo del BCE. Quiero expresar mi firme convencimiento de que el BCE tiene que ser independiente, pero, si la obligación del BCE es desarrollar todo su potencial, tiene que poder negociar con un gobierno económico. Ése era el espíritu del tratado. El espíritu del tratado es el diálogo, la democracia y la independencia recíproca, y en mi cabeza, además, el verdadero gobierno económico del Eurogrupo es un Eurogrupo que se reúna a escala de Jefes de Estado o de Gobierno. Me quedé atónito al descubrir, cuando solicite esta reunión, que era la primera vez que una reunión de este tipo tenía lugar desde la creación del euro.
Para ser franco, creamos una moneda, un banco central, y tenemos una política comunitaria única, pero no tenemos un gobierno económico digno de este nombre. Comisario Almunia, el intento que consistió en elegir un presidente para los ministros de Economía fue útil y yo mismo estuve involucrado en la decisión, ya que era ministro de Economía en ese momento. Además, quiero rendir tributo al trabajo del señor Juncker, y al suyo propio. No obstante, quiero decir algo: cuando las crisis adquieren proporciones como las que hemos visto, una mera reunión de los ministros de Economía no está a la altura de la gravedad de la crisis. Además, cuando tuvimos que conseguir las sumas que conseguimos, no fue a los ministros de Economía a los que tuvimos que movilizar, sino a los Jefes de Estado o de Gobierno, que son los únicos que poseen la legitimidad democrática para adoptar decisiones tan relevantes.
Señorías, podría decir mucho más. Pero, como conclusión, simplemente quiero decir que el mundo necesita una Europa con una voz fuerte. Esta responsabilidad recae en ustedes; en la Comisión y en el Consejo. Quiero decirles a todos ustedes que ha sido de gran ayuda para la Presidencia, sentir, más allá de las diferencias, la solidaridad del Parlamento Europeo que, desde el principio, había tenido en consideración la gravedad de la crisis y estuvo dispuesto —y hay que elogiarles por ello— a superar nuestras diferencias políticas a fin de crear las condiciones para una Europa unida. Quería decirles esto porque lo creo firmemente.
(Aplausos)
José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión. − (FR) Señor Presidente, señor Presidente en ejercicio del Consejo, Señorías, en el Consejo Europeo de la semana pasada se trabajó con una intensidad sin precedentes para abordar la crisis económica en Europa. Se descartó el riesgo de las medidas adoptadas para un caso concreto y de manera no coordinada, a fin de lograr una posición común dirigida a restaurar la estabilidad del sistema financiero europeo. Quiero rendir tributo al Presidente Sarkozy, cuyo dinamismo e inestimable determinación, hizo posible dar el impulso necesario a la acción de los Veintisiete en torno a los principios y objetivos comunes.
Asimismo, estoy orgulloso de la contribución hecha por la Comisión, que —tal y como ha dicho el Presidente Sarkozy— ha trabajado siempre codo con codo con la Presidencia francesa y que además siempre ha insistido en que sólo una respuesta europea podría tener impacto a la escala necesaria.
Este impulso que observamos en el Consejo Europeo y que, además, nos ha permitido aprobar un pacto muy importante sobre inmigración, debe también guiarnos cuando se realice la organización de la Agenda Europea antes del Consejo de Europa de diciembre.
En concreto, tenemos que desarrollar una hoja de ruta para el Tratado de Lisboa, a fin de prepararlo adecuadamente para las elecciones de 2009.
Con respecto al paquete sobre «energía y cambio climático», será necesario hacer un gran esfuerzo para firmar un acuerdo para finales de año. La Comisión trabajará estrechamente con la Presidencia para encontrar soluciones que respondan a las preocupaciones de todos los Estados miembros. Estamos contando con el apoyo continuo del Parlamento para alcanzar un acuerdo.
No obstante, quiero centrar mi discurso de hoy en lo que ha de ser nuestra preocupación principal e inmediata: la economía europea. Tenemos que trabajar en tres áreas: en primer lugar, emprender acciones inmediatas en el ámbito europeo para superar la crisis financiera; en segundo lugar, reformar el sistema financiero internacional; y, en tercer lugar, fortalecer lo que se denomina «la economía real» a fin de minimizar las consecuencias de la crisis financiera y crear las condiciones para el resurgimiento del crecimiento y el empleo.
Realmente creo que Europa está en posición de, por medio de las decisiones que adopte, hacer que se sienta su presencia en la respuesta internacional a la crisis. La cumbre de Camp David, el fin de semana pasado, indicó claramente lo que Europa es capaz de lograr cuando está unida. Vamos a ser claros, este resultado no era evidente. Hace un mes o dos, fue imposible tener con nosotros al Presidente de EEUU. Ahora, sin embargo, hemos logrado tener con nosotros a nuestros socios estadounidenses, y creo que hemos creado las condiciones para una reforma esencial del sistema financiero mundial.
Ciertamente, estamos viviendo un momento sin precedentes, y por tanto necesitamos un grad de coordinación también sin precedentes. Para esta respuesta internacional, necesitamos una auténtica respuesta europea. Europa debe modelar la respuesta internacional a los problemas internacionales. La norma de la globalización es, precisamente, respetar el principio de apertura e interdependencia. En lugar de padecer la globalización, Europa debe modelarla con sus valores, y, además, proteger sus intereses. Estoy satisfecho y orgulloso de haber observado que, durante esta crisis, Europa ha demostrado que estaba a la altura de estos retos.
Señor Presidente, permítame darle algunos detalles más sobre nuestra respuesta a la crisis.
Nuestra primera prioridad fue desempeñar nuestro papel, en calidad de Comisión, en el rescate de las instituciones financieras en dificultades. Para hacerlo contamos con la excelente cooperación de los Estados miembros y del BCE.
Nuestro siguiente paso fue presentar un paquete de medidas concretas para responder a la escasez de necesidades de capital, garantías de depósito y normas de contabilidad. La rapidez era esencial, y hemos respondido agilizando nuestro trabajo. En la misma línea, agradecí la diligencia con la que este Parlamento fue capaz de concluir su examen de los cambios en las normas de contabilidad. Sé que se dan plena cuenta de que las otras propuestas que están sobre la mesa merecen la misma urgencia.
Asimismo, tenemos que ver qué otras propuestas serán necesarias para actualizar y llenar las lagunas del actual régimen regulatorio.
Tendremos la propuesta de las agencias de calificación crediticia el próximo mes. Plantearemos una iniciativa sobre la remuneración de los ejecutivos, en función de una revisión de nuestra recomendación de 2004. Estudiaremos regular los derivados. Trabajaremos de manera constructiva con el Parlamento Europeo en el seguimiento de sus recientes resoluciones y estudiaremos las consecuencias que puedan tener para el programa de trabajo de la Comisión de 2009. No habrá ningún ámbito de los mercados financieros que quede exento de esta revisión.
Una importante aportación para una acción futura, serán los resultados del grupo de alto nivel que he creado a cargo del señor de Larosière para examinar la supervisión financiera transfronteriza en Europa. Me alegra anunciarles, en este momento, la composición de este grupo. Lo formarán los señores Balcerowicz, Masera, Nyberg, Pérez Fernández y Ruding. Voy a pedir a este grupo que presente sus primeros resultados a tiempo para el Consejo de Europa de primavera, y esta tarde discutiremos en su Conferencia de Presidentes la manera de asegurar que el Parlamento participe en esta labor.
Pero, como antes he dicho, tendremos, además, que promover la reforma del sistema financiero mundial. En los últimos meses se ha demostrado que las instituciones de Bretton Woods no se han adaptado al ritmo de la integración de los mercados financieros globales.
La cooperación Unión Europea-Estados Unidos resultará esencial: como saben, la Unión Europea y Estados Unidos aglutinan casi el 80 % de todos los mercados financieros. Esta cooperación es importante no sólo para que consigamos salir de esta crisis, sino, además, para evitar que se produzca otra. Con respecto a esto, las conversaciones que mantuvimos el Presidente Sarkozy y yo mismo con el Presidente Bush, el pasado fin de semana, han supuesto un importante paso adelante.
Pero no es suficiente. Tenemos que conseguir que se sumen otros protagonistas importantes. Iré a China a finales de semana donde, junto con el Presidente Sarkozy, plantearé la cuestión al Presidente y al Primer Ministro chinos y a otros socios asiáticos en la Cumbre de la ASEAN. Necesitamos que se involucre el mayor número de protagonistas.
El objetivo es elaborar un sistema de gobernanza financiera mundial adaptado a los retos del siglo xxi en cuanto a eficacia, transparencia y representación.
Europa está señalando el camino. Esto es algo de lo que podemos estar todos orgullosos, y quiero trabajar con el Parlamento para que la contribución europea a este debate internacional sea contundente.
Pero existe, además, lo que normalmente denominamos la economía real y todos sabemos que, día a día, hay más evidencias de que nos estamos enfrentando a una grave desaceleración económica. Se nota el impacto en el empleo, en los ingresos familiares y en la cartera de pedidos de las empresas grandes y pequeñas.
Una cosa debe estar clara: no hay una salida de ámbito nacional para esta crisis; nuestras economías están demasiado interrelacionadas. Saldremos a flote en grupo o nos ahogaremos todos juntos. No debemos ceder a los cantos de sirena que piden protección; no debemos volver la espalda a la globalización ni poner en peligro nuestro mercado único. Éste seguirá siendo el motor del crecimiento en la Unión Europea.
Tampoco podemos seguir haciendo negocios como hasta ahora. La economía europea necesita un estímulo para recuperarse, para seguir creciendo, para generar empleo. En primer lugar, dentro de Europa. Tendremos que redoblar nuestros esfuerzos para abordar las cuestiones a largo plazo y para estar en mejores condiciones para acometer los retos a los que nos enfrentamos, haciendo que Europa sea una economía del conocimiento, invirtiendo más en investigación y desarrollo e innovación. El Pacto de Estabilidad y Crecimiento revisado deja suficiente flexibilidad a las políticas presupuestarias de los Estados miembros para reaccionar ante las actuales circunstancias excepcionales y para fomentar el desarrollo y el empleo.
Pero también tenemos que mirar más allá de nuestras fronteras. El comercio ha sido clave para el crecimiento europeo en los últimos años. Ahora es el momento de tomar la iniciativa en lo tocante al acceso al mercado, para que las barreras comerciales no ayuden a nadie. Espero que todos hayamos aprendido que el proteccionismo hace que la recuperación sea más difícil.
La industria europea necesita apoyo. Es necesario que las PYMES puedan concentrarse libremente en sus mercados. Por esta razón, recientemente propusimos, por ejemplo, que nuestras empresas más pequeñas quedaran exentas de las cargas excesivas en cuanto a las normas de contabilidad e informes estadísticos.
Los grandes fabricantes también necesitan ayuda. Quiero estar seguro de que se está dando un uso máximo a programas europeos como el programa de competitividad e innovación y el programa marco de investigación. Tenemos que reforzar las sinergias entre la Estrategia de Lisboa para el crecimiento y el empleo y la agenda de energía y cambio climático.
El fomento de la inversión en tecnologías de bajas emisiones de carbono y en medidas de eficiencia energética, al mismo tiempo, apoyarán nuestra competitividad, nuestra seguridad energética y nuestra agenda sobre cambio climático. El Banco Europeo de Inversiones será un socio muy valioso en este esfuerzo.
Los ciudadanos europeos necesitan apoyo, especialmente los más vulnerables. Es muy importante que, en un momento en el que aumenta el desempleo, mantengamos la inversión en formación, desarrollemos nuevas capacidades y preparemos a los ciudadanos para aprovechar las oportunidades cuando éstas vuelvan. Ahora es más importante que nunca avanzar en nuestra Agenda Social sobre Oportunidades, Acceso y Solidaridad. Revisaremos el papel que puede desempeñar el Fondo de Adaptación a la Globalización.
En todos estos ámbitos, tenemos que actuar con inteligencia. Tenemos que aprovechar al máximo cada medida que adoptemos. Una medida acertada significa matar dos pájaros de un tiro. Por ejemplo, ayudar al sector de la construcción, sí, pero fomentando unas existencias inmobiliarias energéticamente eficientes. Usar las ayudas estatales si fuera necesario, sí, pero de acuerdo con las directrices que destinen estas ayudas al apoyo del medio ambiente y a la investigación y desarrollo. Ayudar a sectores clave como el del automóvil —¿por qué no?— pero preparándolo para el mercado de mañana de vehículos limpios. Un respaldo inteligente: eso es lo que necesita nuestra industria, no proteccionismo. Esto es lo que quiero subrayar muy claramente.
La Estrategia de Lisboa que se presentará como paquete en diciembre, será la oportunidad para integrar estos diferentes aspectos. No hay una varita mágica para enderezar la economía de la Unión Europea. Lo que tenemos que hacer es tomar cualquier alternativa, explorar todos los caminos posibles en los que la política de la Unión Europea pueda ayudar a los Estados miembros a aprovechar todas las oportunidades que ponga Europa en el camino hacia crecimiento. Ésa será nuestra tarea en las próximas semanas. Eso es lo que estamos preparando, y ésa es una tarea que quiero abordar junto con el Parlamento Europeo.
Ciertamente, estamos viviendo un momento histórico, tiempos en los que la crisis pone en tela de juicio todas las certezas, y las mentes están más abiertas al cambio. Son momentos muy especiales, no pasan todos los días. Tenemos que comprender que, verdaderamente, es uno de esos momentos en los que existe una mayor ductilidad y, por tanto, cuando podemos hacer un verdadero cambio; éstos son momentos en los que sabemos que las decisiones de hoy tendrán un impacto decisivo en la realidad de mañana. Necesitamos un cambio y lo necesitamos ahora. Un cambio para no volver a las soluciones del pasado, sino para encontrar las soluciones del futuro, las soluciones del siglo xxi de un mundo globalizado.
Hoy, Europa puede proponer los principios y normas que forjarán un nuevo orden mundial. Tenemos la oportunidad de presentar propuestas basadas en los valores europeos, basadas en sociedades y economías abiertas. Tal y como dije este fin de semana en Camp David, las sociedades abiertas necesitan el Estado de Derecho y la democracia. Asimismo, las economías abiertas necesitan normas; normas de transparencia, y una regulación y supervisión razonables.
Europa demuestra lo que verdaderamente es en los momentos de crisis. En Georgia, Europa fue capaz de parar una guerra. En la crisis financiera, Europa está abriendo el camino para la solución mundial. En las próximas semanas, debemos demostrar que somos capaces de continuar liderando la lucha contra el cambio climático y de crear una política energética para el futuro, porque se lo debemos a nuestros ciudadanos, nuestras economías y nuestros socios de todo el mundo, así como a las futuras generaciones de europeos.
(Aplausos)
Joseph Daul, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (FR) Señor Presidente, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Presidente de la Comisión, Señorías, este verano, Europa y el mundo se han enfrentado dos veces a graves crisis. Dos veces, ha demostrado Europa que, con voluntad política y estando unida, puede no sólo adoptar una posición firme y rápida, sino, además, tener influencia entre sus socios en el mundo, por ejemplo en Georgia.
En nombre de mi grupo, quiero rendir tributo en esta Cámara al trabajo ejemplar de la Presidencia francesa y de su Presidente, el señor Sarkozy, durante estas dos graves crisis. El señor Sarkozy no ha cogido vacaciones, ha estado trabajando desde el comienzo de su Presidencia. La actual Presidencia de la Unión está prestando un gran servicio a Europa y a los europeos. Esta demostrando que Europa puede estar presente en el escena internacional…
(Murmullos)
Señor Presidente, pese a todo me gustaría que me escuchasen.
Está demostrando que vale la pena que Europa se construya y se sienta. Es más, durante el último Consejo Europeo, las directrices de los países de la zona euro se aprobaron por unanimidad; en cuanto a medidas para introducir mecanismos de regulación, mecanismos de supervisión o normas éticas que acaben con los contratos blindados. Todo esto va en la dirección correcta.
Ciertamente, no hemos superado la crisis financiera, pero es en las situaciones de crisis cuando podemos y debemos aprobar normas para el futuro. Se dice por ahí que estamos siendo testigos del hundimiento del capitalismo, que todo es culpa del libre mercado. La realidad es que, aunque el libre mercado ha demostrado su capacidad, tiene que estar reglamentado; y, claramente, no ha habido suficientes normas, o no han sido aplicadas con la suficiente contundencia. Es en esto y, y no en un problema ideológico, en lo que tenemos que trabajar, con la ayuda de los bancos centrales, con la de toda la comunidad internacional.
Todavía sobre este tema, acojo positivamente la iniciativa de la Presidencia para reunir a nuestros socios al objeto de establecer un nuevo orden económico y financiero mundial. Tenemos que garantizar que los pequeños ahorradores no vean sus esfuerzos destruidos de la noche a la mañana. Tenemos que garantizar que los empresarios, y, en concreto, las pequeñas y medianas empresas, puedan seguir financiando sus actividades —que son una fuente de empleo y crecimiento— a tipos de interés razonables.
Nuestro grupo apoyará cualquier medida que tenga por objeto salvaguardar la solidaridad y el modelo de economía social de mercado europeo, cuyo gran valor apreciamos plenamente en épocas de crisis. Con respecto al Tratado de Lisboa, una vez más, invito a aquellos Estados miembros que todavía no lo han ratificado a que lo hagan lo antes posible, para que tengamos una idea general del estado final de la ratificación.
Si pedimos esto, es porque vemos la dificultad, para Europa, de funcionar de manera eficaz, con la norma de la unanimidad y sin una presidencia estable. Esperamos que el Consejo Europeo de diciembre apruebe una hoja de ruta y un calendario realista, pero al mismo tiempo exigente, para solucionar la crisis. Además, quiero añadir que, si se siguiera aplicando el Tratado de Niza en los próximos meses, debería aplicarse tanto en el Parlamento Europeo como en la Comisión Europea. Por tanto, invito a todos los miembros de esta Cámara a asumir sus responsabilidades. La Comisión, que se creará en otoño de 2009 y a cuyo presidente investirá el Parlamento el 15 de julio, la formarán menos comisarios que Estados miembros. Está eso, y además el Tratado de Niza, y un Parlamento con menos escaños y menos poder, y una Comisión con menos comisarios.
El Consejo de Europa ha aprobado el Pacto sobre Inmigración. Éste es un gran éxito, pero nos aguardan muchos retos nuevos y diferentes: clima, energía, defensa, por nombrar unos pocos. Sólo trabajando según nuestro modelo social y consolidando nuestra economía social de mercado, seremos capaces de dar respuestas creíbles y susceptibles de mantenerse para nuestras generaciones venideras. Señor Sarkozy, exijo que nuestro trabajo progrese. Vamos a hacer todo lo posible dentro del Parlamento para garantizar que, a finales de año, tengamos también aquí una visión creíble para el mundo y para el futuro de nuestros hijos y nietos.
Martin Schulz, en nombre del Grupo del PSE. – (DE) Señor Presidente, Señorías, el fin de semana, vimos una imagen verdaderamente histórica. Vimos al peor Presidente de los Estados Unidos que se recuerda, flanqueado por un Presidente eficaz de la Unión Europea y por un Presidente de la Comisión Europea que va camino de entrar en razón en lo que a la política del mercado interno europeo se refiere.
Fue verdaderamente un momento histórico, y una gran oportunidad para que Europa ocupara el lugar que por derecho le corresponde en la política internacional. Las políticas de la Administración Bush de absoluta desregulación de los mercados mundiales, de total laissez faire, en el que cualquiera puede adoptar cualquier medida en cualquier lugar, están ahora en quiebra, y Europa tiene la oportunidad de llenar el vacío resultante con un nuevo orden económico más social en Europa y en todo el mundo. Ésta es la tarea que nos espera, y, verdaderamente, es histórica.
(Aplausos)
Señor Sarkozy, los primeros pasos han sido buenos. Ha adoptado usted medidas necesarias ante la crisis, así que nuestro grupo le apoya en ese aspecto. No voy a ocultar que estamos impresionados, también con la determinación que han demostrado usted y —lo voy a decir claramente— el propio Sr. Barroso, aunque no la Comisión.
Continuando con el tema de aprovechar la oportunidad, debemos preceder las medidas que ahora son necesarias con las palabras «nunca más». Lo ocurrido en los mercados no se debe repetir nunca. Se debe poner fin al desastre de los mercados financieros internacionales, y a la crisis de la economía real que éste ha desencadenado. Eso no debe volver a pasar.
Para garantizar que así sea, necesitamos normas nuevas. Estas nuevas normas las necesitamos también de usted, señor Barroso. En un momento, mi colega el señor Rasmussen explicará lo que esperamos de usted exactamente. Esperamos las propuestas que usted acaba de mencionar para finales de año, porque tenemos que actuar con rapidez. No disponemos de mucho tiempo.
Si actuamos con rapidez, las normas serán lo más importante: no sólo las normas para los bancos, sino también las normas necesarias para los fondos de cobertura y los fondos de capital riesgo/inversión. Decidimos esto aquí, hace unas semanas, con un gran consenso.
Hoy he escuchado hablar a un socialdemócrata: el señor Sarkozy, líder desde hace tiempo del UMP, Presidente francés conservador; y habla igual que un verdadero socialista europeo.
(Aplausos)
El señor Barroso, en recuerdo tardío de su pasado trotskista, maoísta, habla como una auténtica persona de izquierdas. Asimismo, oigo hablar al señor Daul como un genuino socialdemócrata. En la entrada pueden encontrar formularios de afiliación al Grupo Socialista del Parlamento Europeo.
(Hilaridad general)
Quiero ahora leer en voz alta una cita; escuchen atentamente, señores.
(Gritos de protesta de las «señoras»)
«En las últimas décadas, algunos de nuestros países y la Unión Europea en su conjunto fueron objeto de una regulación y de un proteccionismo excesivos […] Estas normas desmedidas […] merman nuestra competitividad…» Eso se sacó del Manifiesto del Partido Popular Europeo de 2006, firmado por el señor Sarkozy, el señor Barroso y el señor Daul. Señores, Han llegado ustedes tarde, pero lo importante es que han llegado.
(Aplausos)
(Gritos de «El señor Pöttering también»)
Me pregunto, cuando discuto esto con ustedes: ¿dónde están los ciudadanos de a pie de la Unión Europea en sus discursos? ¿Quién está hablando de los contribuyentes a los que ahora estamos cargando con los riesgos de este desastre? ¿Quién está hablando del poder adquisitivo necesario para reactivar el mercado interior?
Estamos entrando en un período de amenaza de recesión, si es que no estamos ya en ella. Necesitamos más poder adquisitivo. No necesitamos únicamente una protección social para los bancos, sino también, sobre todo, una protección contra los riesgos para los ciudadanos de a pie; porque, si fallan nuestros planes —y no hay ninguna alternativa— los que tendrán que pagar serán, sobre todo, los ciudadanos de a pie de la Unión Europea, los trabajadores. Por esta razón queremos establecer la misma protección para estos ciudadanos que para los grandes bancos, a través de más normas, de más supervisión, y, sin duda también, de la protección del Estado. Ésta es la exigencia fundamental, sobre todo, en los Estados miembros.
(Aplausos)
Asimismo, quiero parafrasear las palabras de la señora Merkel en el congreso del partido de la CDU del año 2000: el Estado debe quedar en un segundo plano en los ámbitos de la política económica y social. No estoy de acuerdo: el Estado no debe permanecer en un segundo plano, debe intervenir más, debe realizar una mayor supervisión de las cuestiones económicas. Les estoy agradecido al señor Barroso y al señor Sarkozy por afirmar que necesitamos más normas, no menos; que necesitamos más supervisión, no menos. Ustedes van por el buen camino. Por tanto, les digo que, asimismo, irán por el buen camino —y tendrán nuestro apoyo en esto— si no permiten que en la situación actual se contraponga el paquete del clima, que sin duda puede crear empleo y permite una gestión económica sostenible, a la crisis financiera.
Como bien dijo el señor Juncker, la crisis financiera pasará, pero la crisis climática, lamentablemente, quedará. Por esa razón es un error contraponerlos. No obstante, usted tiene razón, señor Sarkozy, en que esto se debe resolver de acuerdo con la solidaridad recíproca de los más fuertes con los más débiles y, asimismo, con la cooperación de todos nosotros, aquí en el Parlamento y en el Consejo.
Señor Presidente, Señorías, quiero agradecerles sinceramente, en especial al Presidente, que me hayan concedido un minuto más. La clara posición del Grupo del PSE sigue siendo que, en esta crisis, los valores por los que nunca hemos obtenido una mayoría en esta Cámara, son ahora prioritarios. Si ahora nos apoyan, finalmente, habrán aprendido la lección, pero deben admitir que gracias a los errores que han cometido ustedes, sobre todo, todavía no tenemos las normas que necesitamos.
(Aplausos de la izquierda, protestas de la derecha)
Graham Watson, en nombre del Grupo ALDE. — Señor Presidente, dirijo mis comentarios al Presidente en ejercicio del Consejo. Señor Presidente en ejercicio, nos ha traído palabras cálidas y alentadoras del Consejo de la semana pasada. Ha dicho que el Consejo y el Parlamento deben trabajar codo con codo pero nuestro trabajo consiste en leer la letra pequeña.
¿Por qué las conclusiones del Consejo sólo hacen referencia a la cooperación entre el Consejo y la Comisión?
(Aplausos)
¿Por qué en todos los apartados en los que se habla de cambio climático no hay ninguna mención al Parlamento Europeo? En el párrafo 16 de este documento, debería haber invitado al Parlamento Europeo —no sólo a la Comisión— a trabajar con usted; y reconocer que el Consejo y el Parlamento también decidirán, que no sólo lo hará el Consejo. Además, señor Presidente en ejercicio, se va a dar cuenta de que necesita al Parlamento Europeo porque algunos Estados miembros están intentando deshacer acuerdos alcanzados de la manera adecuada. Europa debe ser fiel a los objetivos negociados. Resulta deshonesto que algunos gobiernos digan que el nuevo clima económico hace que esos acuerdos sean inalcanzables. Los nuevos objetivos de emisiones para el sector del automóvil no estarán en vigor hasta 2012: las propuestas de reparto de emisiones sólo se aplicarán a partir de 2013, mucho después de que economía mundial se recupere, según las previsiones. Si no actuamos ahora provocaremos una catástrofe climática y la factura será aun mayor. Necesitamos más que lo que el Consejo acordó la semana pasada.
Presidente en ejercicio, reconoce usted, con razón, el poder de los mercados. Desde la caída del Muro de Berlín, cincuenta millones de europeos han salido de la pobreza porque la libre circulación de bienes, servicios y personas es la clave de la prosperidad europea. Más que eso, resulta vital para nuestra libertad. Hoy estamos viendo lo que ocurre cuando los mercados carecen de responsabilidad. En las últimas semanas, el sistema financiero mundial ha mirado al abismo y necesitamos una acción concertada para sacarlo de ahí. Así que mi grupo acoge positivamente la consolidación por parte del Consejo de las medidas que acordamos para la zona euro. Han aliviado la presión en los mercados interbancarios. Ahora tenemos que bajar los tipos de interés para aliviar la recesión.
Asimismo, acogemos positivamente la Directiva de la Comisión sobre requisitos de capital, las nuevas normas de contabilidad y los planes para controlar a las agencias de calificación crediticia. Además, Europa debe desempeñar un papel importante en la negociación de un sistema mundial de gobernanza financiera. Si bien las normas son necesarias, también lo son los medios para hacerlas cumplir. La Cumbre no llegó a un acuerdo sobre un régimen eficaz para supervisar el sistema financiero en Europa. He expuesto los argumentos a favor de una autoridad europea de servicios financieros y se rumorea que el Presidente en ejercicio también está a favor de una supervisión rigurosa a nivel europeo. Por supuesto que hay que intentar conseguir un acuerdo mundial con los estadounidenses, pero es preciso continuar sin ellos, si no cooperan. La supervisión del sector de los servicios financieros sigue siendo la pieza que le falta al puzzle.
Presidente en ejercicio, es usted un hombre de acción. Sus actos subrayan los argumentos a favor de un Presidente del Consejo a tiempo completo. Llama usted la atención sobre nuestros éxitos. En agosto, Europa mantuvo los tanques fuera de Tbilisi. Este mes, Europa ha conseguido que los bancos sigan funcionando. Si, en diciembre, Europa actúa para preservar el planeta, entonces, convencerá hasta a los más escépticos de que el Tratado de Lisboa es necesario.
(Aplausos)
Daniel Cohn-Bendit, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (FR) Señor Presidente, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Presidente de la Comisión, sería la última persona en no reconocer que el dinamismo y la resolución son necesarios en política, y es cierto que el Presidente francés ha mostrado un nivel de dinamismo y resolución que le ha venido bien a Europa.
A veces, me da la sensación de que estoy soñando. Me da la sensación de que estoy soñando cuando se habla de la crisis, porque todas las crisis —la crisis financiera, la crisis medioambiental, el hambre en el mundo— son interdependientes, y no se puede resolver una crisis sin resolver las otras. De acuerdo con eso, es un error decir que ¡la crisis empezó en julio, septiembre o agosto! Empezó hace años; y un mínimo de autocrítica por parte de un ex Ministro de Economía de Francia, un mínimo de autocrítica por parte de esta Comisión que, incluso hace un año, rechazaba toda regulación europea de los flujos financieros les haría, de todas maneras, más creíbles en el futuro.
(Aplausos)
¡Es como estar en un sueño! Es como si la actual crisis fuera un desastre natural, imposible de predecir. No, eso no es cierto; y, de acuerdo con eso, es posible el debate.
La lógica a la que obedecen las crisis es la siguiente y es muy simple: más y más, lo antes posible. Esto es lo que creó la crisis financiera, esto es lo que está creando la crisis medioambiental y esto está causando el aumento del hambre en el mundo. De acuerdo con eso, dejemos de hablar de crecimiento incontrolado…, es decir, lo que importa es el contenido del cambio. Lo que me ha parecido interesante es que todo el mundo ha hablado de una reforma radical del capitalismo y de la economía de mercado, pero hoy no he oído cuáles son los motivos para esta reforma radical. Lo que necesitamos es una economía medioambiental de mercado y una economía social de mercado, es decir, tenemos que cuestionarnos los fundamentos mismos de nuestro sistema de producción, de nuestro estilo de vida. Si no nos hacemos estas difíciles —muy difíciles— preguntas, una vez más nos dirigiremos al desastre.
Esa es la razón por la que, cuando usted dice, por ejemplo, señor Sarkozy, que es necesario ayudar al sector del automóvil para reactivarlo, lo que no entiendo es que, al mismo tiempo, los alemanes quieran rebajar las imposiciones, para la industria del automóvil, con respecto al CO2, es decir, imponer una legislación a la baja, y, además, darles dinero. El sector del automóvil, especialmente el sector del automóvil alemán, que es el que más beneficios ha obtenido en los diez últimos años; es uno de los que va invertir fondos en paraísos fiscales. Por tanto, vamos a dar dinero a Mercedes, BMW y Audi para que lo envíen a paraísos fiscales. No estoy de acuerdo con esto.
(Aplausos)
Ciertamente, porque, señor Schulz, mientras que usted habló a sus colegas de la derecha, yo hablé mis colegas de la derecha y de la izquierda —a los socialdemócratas y a los cristianodemócratas por igual— que estaban de acuerdo con las presiones políticas del sector del automóvil alemán para reducir los criterios sobre el clima. Sí, señor Schulz, eso es cierto.
(Aplausos)
De acuerdo con eso, claro que tengo razón. Se puede esconder en este asunto, señor Socialdemócrata, se puede esconder, pero sería indigno de su política.
Quiero continuar con este punto, quiero continuar con este aspecto tan importante, del crecimiento (conversaciones a micrófono cerrado). Cállense, estoy hablando. Es decir, cuando dicen «crecimiento», es importante hablar del tipo de crecimiento y de cómo obtenerlo. Como el Estado tiene ahora participaciones en los bancos —parte de la nacionalización, etcétera— el debate debe estar ahora en cómo vamos a invertir. ¿Cómo y por qué vamos a invertir?
Es un debate sobre contenido. Si invertimos en daños medioambientales, lo haremos mejor que antes. Ésa es la razón por la que, como antes dijeron con razón, debemos discutir un plan europeo de reactivación, pero un plan europeo de reactivación medioambiental, el que el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea denomina Trato Verde, y no uno antiguo.
Para concluir, quiero decir dos cosas. En los paraísos fiscales —usted fue Ministro de Economía— se debe cambiar la obligación de hacer declaraciones. Con esto quiero decir que, cuando alguien, una empresa o un banco va invertir dinero en un paraíso fiscal, éste último tiene que declarar al país de origen el dinero que se ha invertido. Cambiar lo que no ha… La transparencia es un comienzo para detener a las empresas que usan paraísos fiscales. Ésta es una importante decisión que nos haría avanzar.
Por ultimo, todavía quiero hablar del paquete del clima. Señor Sarkozy, ha organizado usted —el señor Watson tiene razón— un golpe de estado institucional. Lo ha hecho al declarar que una decisión como ésta la adoptaría el Consejo Europeo, que tiene que adoptarla por unanimidad. Ha abierto usted la caja de los truenos con los vetos de Alemania, Italia y Polonia, en lugar de dejar las cosas como están, esto es, con el voto de las comisiones parlamentarias, con la Comisión adoptando una posición, y con el Consejo de Ministros de Medio Ambiente. Teníamos la posibilidad de decidir sobre el paquete del clima por codecisión, por mayoría cualificada. Al rechazar esto en diciembre, eliminó la codecisión y la votación por mayoría cualificada. Pagará usted un alto precio por esto, porque ahora está a merced del veto de los países que acabo de mencionar.
Por consiguiente, apoyo su resolución con respecto a Europa, su dinamismo con respecto a Europa, con respecto al hecho de que tenemos que avanzar y de que Europa debe ser independiente; pero, al mismo tiempo, nuestras opiniones todavía difieren considerablemente, enormemente, en cuanto al «cómo», a la democracia europea y al contenido medioambiental de la necesidad de una reactivación.
(Aplausos)
Cristiana Muscardini, en nombre del Grupo UEN. – (IT) Señor Presidente, Señorías, quiero expresar nuestro total apoyo a lo que ha dicho el Presidente. Apreciamos el trabajo que la Presidencia ha realizado durante estos meses difíciles y acogemos positivamente las propuestas realizadas. No obstante, queremos recordar al Presidente de la Comisión que al hacer determinadas afirmaciones, que podríamos apoyar, asume la responsabilidad del camino que han elegido determinados comisarios, incluido el Comisario responsable de Competencia, cuyos comentarios sobre el tema de la parafina no han ayudado, claramente, a mejorar la seguridad o a traer la calma a los mercados.
Asimismo, nos habría gustado que la Comisión hubiera respondido con mayor rapidez sobre los derivados, productos que han llevado a muchos ciudadanos a una situación catastrófica, así como a muchas administraciones y a los Estados miembros de la UE. Los comentarios del señor Sarkozy calan hondo en quienes no queremos una Europa con un presidente que cambia cada seis meses, sino con un presidente que pueda actuar como representante de una Europa verdaderamente unida —no homogénea, pero unida— capaz de trabajar como una sola para estudiar los problemas y establecer estrategias para luchar contra ellos y, sobre todo, para solucionarlos. Esta crisis es, sin duda, sistémica, pero para luchar contra una crisis sistémica tenemos que concebir un nuevo sistema y —con el debido respeto, Presidente Sarkozy— volver a establecer las bases del capitalismo mundial.
Quizás, hay algo más que deberíamos decir. Deberíamos decir que el libre mercado no significa un liberalismo extremo, y que en el mundo actual un sistema que intente basarse en el capital debe ser capaz de combinar consideraciones sociales y liberales. Hay bancos que se han hundido y bancos que se están hundiendo. El Banco Central Europeo podría haber hecho mucho más, si hubiéramos puesto en marcha lo que usted sugirió, señor Presidente, incluso antes del comienzo de su mandato, de crear una relación más estrecha entre los poderes de dirección política y económica. Es imposible gestionar la economía sin una visión política que señale los objetivos a alcanzar.
Esperamos que en el futuro el BCE pueda tener un mayor control sobre las cualidades del sistema financiero, pero no queremos que se encierre en una torre de marfil. Quiero concluir, señor Presidente, diciendo que estoy muy contenta con la aprobación del pacto sobre inmigración y asilo. Al menos, tenemos normas comunes en un ámbito que nos afecta a todos y en el que debemos estar particularmente unidos. Esperamos que se puedan armonizar las sanciones civiles y penales en determinadas cuestiones apremiantes, para luchar contra los especuladores y aquellos que ponen en peligro la seguridad de los consumidores y, por lo tanto, la estabilidad de la economía. Gracias, señor Presidente, esperamos que tenga éxito en su labor.
Francis Wurtz, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (FR) Señor Presidente, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Presidente de la Comisión, nunca en la historia del Parlamento Europeo hemos tenido que reaccionar a una crisis multidimensional de tal profundidad y gravedad, y uno no puede evitar temer que lo peor está todavía por venir.
En primer lugar, una serie de países del Sur, en principio socios de la Unión Europea, están al borde del abismo: además de una crisis alimentaria, medioambiental y energética, hay un crisis financiera. Estos países no han tenido nada que ver con dicha crisis, pero les está golpeando fuerte. Una caída en los ingresos, una caída en las inversiones, una caída en el crecimiento: son los más ignorados por la acción internacional, hasta tal punto que el Director General de la FAO, el señor Diouf, se sintió obligado a señalar que sólo el 10 % de los fondos de emergencia que las grandes potencias prometieron en junio, se han asignado hasta el momento. Aquellos que intentan eliminar el capitalismo tienen menos trabajo.
Por otra parte, la crisis está afectando a los países emergentes, pero todavía no es posible evaluar las consecuencias sociales de esto. En nuestra misma puerta, un Estado como Islandia, que hasta no hace mucho tiempo se presentaba como un modelo de éxito, está en peligro de quiebra. Dentro de la Unión, nuevos países miembros como, por ejemplo, Hungría —que incluso nunca más podrá invertir sus bonos del Tesoro— están lidiando con problemas muy graves que van a tener como consecuencia unos sacrificios sin precedentes para sus ciudadanos. Asimismo, el vuelco ha sido espectacular en países como el Reino Unido, Irlanda y España, por citar algún ejemplo. La conmoción ha sido considerable en todas partes. Probablemente será así también en Francia, si la recesión exacerba aún más un clima de particular tensión social, con grandes recortes de empleo, una caída del gasto público, autoridades locales sin recursos financieros y proyectos de privatización de servicios públicos.
Pueden decir que ése es otro tema. No lo es, porque si en nuestros países hay indicios de una crisis social de dimensiones inimaginables, es a causa de un modelo de desarrollo por el que nuestros ciudadanos están hoy pagando un alto precio. El modelo se creó en Estados Unidos y en el Reino Unido, pero la Unión Europea lo adoptó totalmente como propio con la destrucción de los equilibrios internacionales de poder, hace veintitantos años. Desde entonces, la Comisión nos ha proporcionado este modelo, un mes tras otro, y es el modelo que impregna nuestros tratados, la jurisprudencia del Tribunal y algunas de nuestras políticas.
Por esta razón, señor Sarkozy, no puedo compartir su diagnóstico de un terrible mal que está actualmente corroyendo nuestras sociedades. La chispa que inició el fuego se puede localizar, sin duda, en Nueva York, pero hay más combustible ardiendo en Europa que en Estados Unidos, y todos aquellos líderes políticos que han trabajado en un cambio estratégico de dirección de Europa, en los últimos veinte años, les deben una explicación a nuestros ciudadanos. No deben pensar que no tienen la obligación, en este momento, de adoptar medidas —medidas necesarias, a pesar de todo— respecto a las normas de información, la supervisión financiera de las agencias de calificación, o los contratos blindados.
No obstante, además de esto, es necesario cambiar la esencia del sistema: dinero para obtener beneficios, para con los beneficios obtener más dinero, ese círculo vicioso que resta mérito al trabajo y provoca la devaluación de los salarios, el recorte del gasto social y la destrucción de los recursos del planeta, así como la marginalización de una gran parte de la población mundial. Los índices no engañan: sólo el 2n% de las transacciones monetarias actuales están relacionadas con la producción de bienes y servicios; el 98 % lo están con las finanzas. Atajar el problema de raíz, a partir de ahora, significa aplicar los criterios cada vez más drásticos de rendimiento financiero, que son totalmente incompatibles con el fomento no discriminatorio de las capacidades humanas y con un auténtico desarrollo sostenible.
Del mismo modo, un segundo Bretton Woods, digno de tal nombre, debería tratar de introducir el control colectivo de la creación de dinero en todo el mundo, es decir, sustituir al dólar como moneda común internacional, por una auténtica moneda común internacional diseñada para corregir las desigualdades intolerables que desestabilizan el mundo y para contribuir al desarrollo equilibrado de la humanidad y del planeta. Estamos muy lejos de aquello que es lo mejor, en este momento, para evitar un exceso de superlativos en las reformas radicales en el empleo, a no ser que la súbita propensión de los líderes europeos a querer cambiar el mundo se inspire en el lema del Príncipe de Salina en El Gatopardo: «Todo cambia para que todo siga igual». No obstante, corren el peligro de llevarse pronto una desagradable sorpresa.
(Aplausos)
Nigel Farage, en nombre del Grupo IND/DEM. — Señor Presidente, dirijo mis comentarios al Presidente en ejercicio del Consejo. Presidente Sarkozy, fueron su determinación, dinamismo e iniciativa las que le enviaron a Georgia y Rusia para buscar y preparar un acuerdo. Lo hizo por cuenta propia. No estaba actuando en nombre de la Unión Europea. Sería un engaño que alguien en este lugar pensara que fue así. No había tenido lugar una reunión del Consejo, no hubo una resolución ni hubo un mandato. Lo hizo como Presidente francés, muy bien por usted.
No obstante, si está usted proponiendo que ése es el modelo con el que deberíamos decidir sobre nuestros asuntos exteriores en el futuro —la idea de que un Presidente o un Ministro de Asuntos Exteriores permanentes decidan sobre la marcha cuál debería ser la política exterior de todos nosotros sin hacer referencia a ningún gobierno ni parlamento nacional— la respuesta tiene que ser: no, muchas gracias.
En cuanto a la crisis financiera, estoy encantado de que su plan inicial de poner dinero entre todos saltara en pedazos. Estuvo bien que Irlanda, Grecia y Alemania abandonaran y actuaran en su propio interés nacional. Lo ocurrido en la cumbre fue más una cuestión de países haciéndose promesas mutuamente; lo que está muy bien y me hace muy feliz.
No he oído hoy a nadie reconocer que esta crisis financiera se debe, sobre todo, a un fracaso de los reglamentos. No hemos tenido una falta de normativas: de cada plan de acción en materia de servicios financieros que se ha elaborado durante los diez últimos años, hemos tenido una superabundancia de reglamentos. Esto ha dañado la competitividad de plazas como Londres y no ha protegido ni a un solo inversor. Así que, por favor, la respuesta no es más reglamentación. Tenemos que replantearnos qué hemos estado haciendo.
Pienso que tenemos que empezar actuando en nuestro propio interés nacional. El hecho de que nuestros bancos no puedan pagar dividendos durante los próximos cinco años, mientras que los bancos suizos sí pueden, es algo que demuestra que si se tiene la flexibilidad y adaptabilidad de estar fuera de la Unión Europea, se puede capear la crisis financiera mucho mejor que si se está atascado en el medio.
Bruno Gollnisch (NI). – (FR) Señor Presidente en ejercicio del Consejo y de la República francesa, debatimos los cuidados paliativos que hay que dar al enfermo, pero somos muy discretos sobre las causas de la enfermedad. ¿Cómo es que ninguna institución de la UE vio venir la actual crisis? Ni el Consejo, ni la Comisión, ni el Banco Central, ni siquiera, Señorías, nuestro Parlamento, ni ninguno de los Gobiernos de los Estados miembros. Predijeron la crisis, es cierto, un simple puñado de economistas, como, por ejemplo, el ganador del Premio Nobel, Maurice Allais, y de cargos políticos, por lo general de nuestra tendencia ideológica, entre los que figuró, una vez más, el señor Le Pen. Por desgracia, fue como «predicar en el desierto».
No obstante, se trata claramente de una crisis del sistema euro-internacionalista, el libre comercio sin control, y la aterradora división entre la ficción financiera y la realidad de nuestras economías e industrias en declive, que en un futuro podrían ser el objetivo de fondos soberanos de terceros países que se beneficien de la actual situación. Incluso su labor, señor Sarkozy, atestigua el desajuste de la Unión: una reunión de cuatro, no de los Veintisiete, el sábado 4 de octubre; una reunión bilateral sólo con Alemania el 11 de octubre; una reunión con sólo quince miembros del Eurogrupo; una reunión con el Presidente de EEUU para convencerle de que se organizara otra reunión, en teoría, diseñada para reformar radicalmente todo el sistema, a la que estaban invitados, si he entendido correctamente, sólo seis de los veintisiete Estados miembros de la UE, los Estados Unidos, Japón, Rusia, India y China.
No estoy prejuzgando la utilidad de esas reuniones. Estoy diciendo que es una vuelta a la diplomacia bilateral o multilateral, y claramente demuestra que, dados su falta de reacción, su enmarañamiento en normas burocráticas y su compulsivo deseo de poderes que no es capaz de ejercitar, la Unión, como marco, ha pasado a la historia. El informe del Consejo Europeo da fe de esto, si se lee entre líneas. Ratifica las iniciativas que ha tenido usted, suplica al Banco Central, de manera indirecta, que apenas suavice el régimen de los criterios de Maastricht, pero no decide nada.
Ha mencionado usted la situación en Georgia y todos sus esfuerzos, pero ¿cómo no ve que el reconocimiento unilateral de la independencia de Kosovo preparó el terreno para la independencia de Abjasia y Osetia del Sur? ¿Cómo puede justificar la prórroga indefinida de la OTAN cuando el propio Pacto de Varsovia ha desaparecido?
Señor Sarkozy, el camino a seguir está en otra parte. Implica una ruptura radical con el sistema internacionalista y el total cuestionamiento de los denominados beneficios de la mezcla universal de personas, bienes y capitales. La defensa clara de nuestra independencia e identidad no significa que nos aislemos; más bien, es un requisito previo para recuperar nuestra influencia en el mundo.
Nicolas Sarkozy, Presidente en ejercicio del Consejo. – (FR) Señor Daul, gracias por su apoyo. El Grupo del Partido Popular Europeo (Demócratas Cristianos) y los Demócratas Europeos siempre ha creído en una Europa que protege, y usted mismo ha estado involucrado en el diálogo con nuestros vecinos rusos. Fue una posición visionaria: Rusia tiene la energía, Europa tiene la tecnología. Rusia se está enfrentando a un serio problema demográfico; está perdiendo alrededor de 700 000 personas al año, sobre un territorio que tiene dos veces el tamaño de los Estados Unidos de América. No veo a Rusia como un enemigo implacable de Europa; muy al contrario, creo que será necesario, en el futuro, sentar las bases para una zona económica común entre Rusia y la Unión Europea, que sería, además, la mejor manera de conseguir que en ese país se acercaran a los valores de respeto a los derechos humanos y la democracia que apreciamos en Europa.
Añado, señor Daul, que apoyamos a los bancos para proteger a los ahorradores. Había varias estrategias: Algunos países —volveré sobre esto más tarde— querían proteger y garantizar los productos de los bancos. Yo luché a favor de proteger y garantizar a los propios bancos, para que así pudiéramos después dejarles hacer su trabajo, y el apoyo de su grupo fue esencial para nosotros.
Quiero terminar diciendo que su llamamiento a la ratificación del Tratado de Lisboa fue muy apropiado, y, además, no es en absoluto ofensivo pedir a las personas que sean coherentes: no se puede decir que no se votó porque se tenía miedo a perder un comisario si, al negarse a votar, se está forzando la conservación de un tratado que establece la reducción del tamaño de la Comisión. Respeto las opiniones de todo el mundo, pero no puedo estar de acuerdo con las incoherencias. No se puede estar entre los defensores más firmes de la ampliación europea y, al mismo tiempo, evitar que Europa establezca las instituciones para la ampliación. Hemos visto lo que le ha costado a Europa ampliarse sin considerarlo en produndidad; no debemos cometer el mismo error.
Señor Schulz, dice usted que estoy hablando como un socialista europeo. Puede ser, pero debe admitir que usted no está hablando, realmente, como un socialista francés.
(Aplausos)
Francamente, en la escisión socialista, elegiría al señor Schulz, sin ningún arrepentimiento ni remordimiento. No obstante, quiero decir una cosa más: Europa nos obliga a llegar a acuerdos. Eso es lo que estamos haciendo ahora el señor Schultz y yo. Europa, sus instituciones y sus políticas serán a probadas y aplicadas, algún día, por gobiernos de izquierdas y de derechas; es la ley de la alternancia. El ideal de Europa —y esto es lo que la hace grande— no se puede reducir simplemente a una cuestión de izquierdas y derechas.
Por suerte, señor Schulz, hay hombres como usted, capaces de reconocer que otros de distinto bando político no están necesariamente equivocados sólo por que no están en su bando. Y, además, quiero decirle, señor Schulz, a usted y a su grupo, que, como Presidente en ejercicio del Consejo, aun cuando mi lealtad de partido pertenece al PPE, he valorado mucho el sentido de la responsabilidad del Grupo Socialista cuando ha cedido ante determinados planteamientos. Reducir Europa simplemente a un debate entre la izquierda y la derecha, aunque ese debate exista, es un pecado contra el compromiso europeo, contra el ideal europeo. Por lo tanto, no pienso que esté usted renunciando a sus principios cuando apoya a la Presidencia; no más que yo renunciando a los míos cuando valoro el apoyo del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo.
Iría incluso más lejos. El señor Schulz dice que es una tarea histórica, y tiene mucha razón. Dice, como el señor Daul, que la crisis puede constituir una oportunidad. Tiene toda la razón. Y cuando dice «nunca más», tiene usted, una vez más, mucha razón. Esto no es una cuestión de cristianodemócratas o socialdemócratas, es una cuestión de sentido común. ¿Quién nos llevó a este punto? Por otra parte, no puedo estar de acuerdo con la idea de que, durante los últimos treinta años, sólo se han equivocado los gobiernos de derechas, y los gobiernos de izquierdas siempre han tenido razón: esto significaría volver a escribir una historia dolorosa por ambas partes.
Quiero añadir, con respecto a sus comentarios relativos a la Canciller Merkel, que tengo la impresión de que hay elecciones en Alemania, y, por consiguiente, yo consideraría sus palabras como parte del programa electoral. Por mi parte, la señora Merkel me ha ofrecido su solidaridad y amistad, y quiero rendir tributo, una vez más, a su labor cuando ostentó la Presidencia. Las Presidencias de seis meses son parte de una continuidad, y me he beneficiado, enormemente, de los esfuerzos de mis predecesores, en particular, de los de la señora Merkel.
Señor Watson, tengo el mayor de los respetos por usted y sus ideas, pero aún cuando pueda usted leer la letra pequeña, aparentemente sin gafas, parece que hoy no ha sido, porque ¿qué dice el texto? Se refiere expresamente a las conclusiones del Consejo Europeo de marzo de 2007 y de marzo de 2008. Y, ¿qué dicen esas dos decisiones del Consejo? Dicen que el paquete sobre cambio climático se aprobará por codecisión con el Parlamento Europeo. Hay una continuidad en los textos, señor Watson.
Por tanto, ¿qué estaba intentando hacer? Quizás fue un error. Quería poner fin a que el Consejo Europeo publicara comunicados de cincuenta páginas que nadie lee, y, por consiguiente, propuse un comunicado de ocho páginas. Si quiere atenerse a un comunicado más corto, es mejor no seguir la práctica habitual de resumir las conclusiones de Consejos previos a fin de ocultar la falta de nuevas decisiones por parte del actual Consejo. Por lo tanto, pienso que la codecisión estaba incluida en las referencias a esos dos Consejos previos. Quiere que se lo confirme, y estoy más que dispuesto a hacerlo, pero puedo ir todavía más lejos, señor Watson.
Con respecto al paquete de energía y cambio climático, sé, reitero y creo que necesitaremos un gran acuerdo de compromiso del Parlamento Europeo para conseguir que se apruebe. Lo único que quería a hacer en octubre, era intentar preservar el consenso dentro del Consejo Europeo, porque, como usted admitirá, si yo hubiera venido al Parlamento Europeo con una decisión del Consejo Europeo que básicamente dijera que en ningún caso alcanzaríamos un acuerdo antes de diciembre, usted, con mucha razón, me habría dicho «ha roto usted con lo que los Consejos decidieron en 2007 y 2008». Lejos de haber cuestionado el paquete de energía y cambio climático, he luchado en su favor, y lejos de haber modificado la codecisión, estoy exigiéndola. Es más, tanto el Presidente Barroso como yo así se lo dijimos a nuestros colegas del Consejo Europeo.
Señor Cohn-Bendit, realmente, está en plena forma. Me ha dicho «sí» cinco veces y «no» sólo dos veces; estoy acostumbrado a un resultado menos favorable. Para ser sincero, su apoyo respecto a la determinación de la Presidencia y a algunas de sus medidas es beneficioso. Asimismo, quiero decirle, señor Cohn-Bendit, que pienso que una Presidencia de la Comisión, y una Presidencia del Consejo, que están tan comprometidas con la defensa del paquete de energía y cambio climático merecen el apoyo de los Verdes. No estamos de acuerdo en nada, pero seguramente ustedes, los Verdes, no van a luchar contra una Presidencia de la Comisión y una Presidencia del Consejo que se comprometen absolutamente a aprobar el paquete de energía y cambio climático. Sin duda, podemos, al menos, recorrer parte del camino juntos. Usted es representante porque ha sido elegido, yo soy representante porque he sido elegido, y no es ninguna vergüenza admitir que, si yo le necesito, usted también me necesita; eso es, probablemente, más doloroso para usted que para mí, pero así es. Asimismo, me pide que haga algo de autocrítica. Tiene mucha razón, desde luego que tengo que hacerlo, pero no soy el único.
(Risas y aplausos)
Finalmente, con respecto al golpe de estado institucional, respondo lo mismo que al señor Watson. El señor Cohn-Bendit no me lo tendrá en cuenta. Por otra parte, ¿pueden ser esta crisis, y la defensa del medio ambiente, una oportunidad para el crecimiento? Pienso que tiene toda la razón; usted lo denomina «crecimiento verde» y yo «crecimiento sostenible», pero es innegable. Asimismo, quiero decir que la prima medioambiental sobre los coches lo ha demostrado. Francia es uno de los únicos lugares donde no está decreciendo el sector del automóvil. ¿Por qué? Porque la prima medioambiental ha ayudado a vender más vehículos limpios que sucios. Quizás los Verdes encuentren la frase «vehículo limpio» impactante, pero para nosotros es de una extraordinaria importancia. El proyecto Grenelle Environment, que espero que se vote por unanimidad en Francia, también por parte de los Socialistas, demuestra que Francia está firmemente comprometida con este enfoque. Realmente pienso que sería un error histórico, si Europa perdiera el tren del paquete de energía y cambio climático.
Señora Muscardani, gracias por su apoyo. Usted mencionó el pacto sobre inmigración, y me alegra que lo hiciera, porque nadie habla de los trenes que llegan a tiempo, pero es realmente una novedad sorprendente para Europa que los Veintisiete en pleno hayamos podido alcanzar un acuerdo sobre el pacto. Por supuesto, todavía hay algunas ambigüedades, y por supuesto, nos hubiera gustado ir más allá, pero aún así. ¿Quién podría haber pronosticado que todos los aquí presentes tendrían la sensatez, con los Estados, de acordar un pacto europeo sobre inmigración unos pocos meses antes de unas elecciones europeas? Créanme, ésta es la única manera de evitar que los extremistas de cada uno de nuestros países controlen un tema que merece inteligencia, humanidad y firmeza. Por lo tanto, le agradezco, señora Muscardini, que planteara la cuestión.
Señor Wurtz, usted dijo que no compartíamos el mismo diagnóstico, y, sin duda, es cierto. Su discurso, no obstante, fue, como siempre, moderado en las formas, pero exagerado en el fondo. Las cosas no son menos impactantes, señor Wurtz, si las dice con delicadeza: no son las palabras las que importan, sino lo que hay detrás de ellas. Aunque estoy seguro de que es necesario reformar el capitalismo, le digo, señor Wurtz, que el capitalismo nunca ha causado tanto daño social, democrático o medioambiental como el sistema colectivista que usted ha apoyado durante tantos años. Los grandes desastres ecológicos, señor Wurtz —debe escuchar al señor Cohn-Bendit cuando habla de autocrítica—, los grandes desastres ecológicos han sido una de las características, no de la economía de mercado, sino del sistema colectivista. Los desastres sociales, señor Wurtz, han sido una de las características del sistema colectivista, y el sistema colectivista sostuvo el Muro de Berlín, millones de personas han sufrido físicamente la privación de libertad. Por consiguiente, mantengo mi compromiso con la economía de mercado, el libre comercio, y los valores del capitalismo, pero no con la traición del capitalismo.
(Aplausos)
Podemos mirar atrás y repasar el siglo xx, y puede estar seguro que el veredicto no favorecerá a las ideas a las que ha sido fiel durante décadas. Me dice que despierte, pero, con toda la cordialidad, señor Wurtz, me temo que a usted le aconsejaría no pensar muy detenidamente sobre lo que ocurrió en el siglo xx, porque los hombres sinceros como usted verían entonces que han estado apoyando sistemas que están muy lejos de los ideales de su juventud.
Señor Farage, no tenía un mandato —eso es innegable— pero, francamente, tampoco las tropas rusas cuando entraron en Georgia.
(Aplausos)
Es usted una de esas personas que, durante años, han criticado Europa por su falta de voluntad política. Tenía que elegir: podía pedir la opinión a todo el mundo y no actuar, o actuar y después comprobar si los demás estaban de acuerdo. Preferí actuar. Alfin, señor Farage, una Europa que se parece a lo que usted quiere. Cierto, soy yo, lo que es menos grato, pero, en el fondo, todavía es la Europa que ha estado esperando y suplicando. Debo añadir que, democráticamente, yo, junto con el señor Kouchner, garantizamos que el Consejo Europeo validara las decisiones que habíamos tomado.
Un último punto: cuando los irlandeses —y no estoy juzgando a nadie, dado lo grave que era la crisis— tomaron la decisión de garantizar todos los productos de sus bancos, excluyendo los bancos y sucursales europeos, menos mal que estaba allí la Comisión para reparar los daños. ¿Qué ocurrió? En veinticuatro horas, la City se encontró sin activos líquidos, porque, naturalmente, todos los activos líquidos abandonaron la City para ir a los bancos garantizados por el Estado irlandés, que había decidido, por su propia cuenta, garantizar el 200 % de su PIB. Puede ver, claramente, que nos necesitamos mutuamente: si no hubiéramos coordinado nuestra respuesta, todos los países se hubieran sumido en una espiral de «a ver quién puede dar más garantías», y los ahorros de los ciudadanos habrían ido al país que más garantías les diera, en detrimento de los otros. Es usted un fiel defensor del Reino Unido; pues bien, es Europa la que hizo posible que se restableciera el equilibrio en la City, no el Reino Unido por si solo.
(Aplausos)
Finalmente, señor Gollnisch, es usted el único del mundo que piensa que Europa no hace falta. Hay dos posibilidades: o el mundo está equivocado y usted tiene razón, o al revés. Me temo que, una vez más, es al revés.
(Fuertes aplausos)
José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión. – (FR) Señor Presidente, hemos presenciado algunos debates ideológicos, y han sido muy interesantes. Por lo que a mí respecta, creo que ahora no es el momento de entrar en este debate, pero habrá tiempo más tarde. De momento, me centraré más en las respuestas inmediatas y urgentes a la crisis.
En cualquier caso, quiero decir esto: nuestro análisis de las causas de esta crisis demuestra claramente que ha habido falta de reglamentación, en concreto en Estados Unidos. Algunos sectores dentro de este mercado no estaban regulados, y eso fue lo que provocó la crisis. No obstante, nuestro análisis demuestra, además, que la causa subyacente de la crisis está, sin duda, unida a determinados desequilibrios fundamentales que se pueden encontrar en la economía de EEUU y en la economía mundial.
La verdad —como muchos economistas han subrayando y continúan subrayando— es que sería difícil mantener los niveles de deuda pública que vemos en los Estados Unidos, y que son los países con mayor deuda los más consumidores, mientras que aquellos con mayores reservas son los que menos consumen.
Hay aquí problemas básicos en cuanto al desequilibrio en la deuda pública, el déficit público. Para que me entiendan, si los Estados Unidos hubieran tenido un pacto de estabilidad y crecimiento, puede que esta crisis financiera no se hubiera producido: cuando los fundamentos macroeconómicos son sólidos, tenemos más posibilidades de resistir a estos problemas de lagunas, de falta de normativas.
Es cierto que, además, hubo problemas de reglamentación. No porque el mercado financiero no esté reglamentado; todo lo contrario, es probablemente el sector con más normativas de la economía, incluso en los Estados Unidos. No porque no tengamos reglamentos en Europa, en absoluto, tenemos muchos en este sector. No obstante, es verdad que hubo falta de mecanismos de supervisión, que, debemos recordar, son, esencialmente, sistemas nacionales.
Éste es un ámbito en el que la Comisión Europea y el Banco Central Europeo no tienen, en realidad, ningún mandato; los mecanismos de supervisión son esencialmente de índole nacional. Asimismo, es verdad que tenemos que estudiar qué podemos hacer desde el punto de vista legislativo, y, en cuanto a eso, acojo positivamente los esfuerzos del Parlamento Europeo. Es cierto que, durante muchos años, el Parlamento Europeo ha estado presentando excelentes informes sobre algunas de estas cuestiones, y estamos preparados para trabajar con ustedes.
Merece la pena recordar, sin embargo, que, lo mismo que «ningún hombre es una isla», ninguna institución es una isla, y la Comisión está trabajando con el Parlamento y el Consejo sobre estas cuestiones. Seamos muy claros: hace una pocas semanas —no años, ni meses, hace unas pocas semanas— habría sido imposible cambiar algunas de estas normas, porque, como saben muy bien, algunos Estados miembros se habrían opuesto, básicamente. Ésa es la verdad.
Por esa razón, tenemos que entender que ahora se dan las condiciones para que hagamos algunos cambios —cambios consensuados, espero— no sólo para la reforma en Europa, sino, además, para que Europa pueda proponer reformas mundiales al sistema financiero.
La segunda cuestión está relacionada con el «paquete sobre cambio climático», y quiero darles las gracias, Señorías, por sus comentarios y apoyo. Sobre la cuestión institucional, en primer lugar —creo que el Presidente Sarkozy ya lonha explicado muy claramente, pero permítanme decir esto en nombre de la Comisión— no estamos concediendo respeto a los procedimientos arraigados de adopción de decisiones, en particular la codecisión y el papel fundamental desempeñado por el Parlamento Europeo, con la necesidad de un consenso sólido entre los Estados miembros sobre algo tan importante como el paquete de energía y cambio climático. Estos dos aspectos no son incompatibles ni contradictorios, sino complementarios. Les puedo asegurar que, junto con la Presidencia, estamos trabajando activa e incansablemente para alcanzar un acuerdo, ambicioso pero equilibrado, con el Parlamento.
Tengo que ser absolutamente sincero con ustedes, y puedo decirles que, si no fuera por el liderazgo del Presidente Sarkozy y —creo que puedo decir esto—, asimismo, la contribución de la Comisión, no habríamos alcanzado un consenso en este Consejo Europeo para mantener los objetivos que aprobamos hace un año.
Lo cierto es que, ante una situación financiera como en la que estamos ahora, los gobiernos —como es muy normal, diría— se vuelven más defensivos, más prudentes. Quizás quieran retroceder a posiciones menos ambiciosas. Y ése es un reto que debemos asumir juntos, porque creo que sería una tragedia, si Europa abandonara sus pretensiones para la lucha contra el cambio climático.
Sería una tragedia porque la objeción principal que se hace al paquete es que estaríamos haciendo un sacrificio sin que otros hicieran lo mismo. En realidad, sin embargo, si queremos que otros nos acompañen, no debemos, a estas alturas, dar ninguna indicación de que estamos reduciendo nuestras pretensiones. Es precisamente en momentos como éste cuando necesitamos cumplir los objetivos «20/20/20» que establecimos el año pasado, y por esa razón el mensaje tiene que ser muy firme. Quiero alabar el papel del Presidente Sarkozy, y, asimismo, de los miembros del Consejo Europeo; quiero, además expresar mi gratitud a la Canciller Merkel. Fue durante su Presidencia, hace un año, cuando aprobamos esos objetivos, y espero que ahora no moderemos nuestras pretensiones.
Yo también puedo decirlo, lo sabe perfectamente; es interesante, señor Schulz. No puedo por menos que respaldar lo que se ha dicho. Realmente creo que podemos tener diferencias políticas e ideologías distintas, pero también que —particularmente en una situación como en la que estamos ahora— tenemos que unirnos, no separarnos.
No creo que ninguna fuerza política de esta Cámara pueda atribuirse el monopolio de las ideas europeas. A lo largo de la historia de Europa, han sido las contribuciones de los cristianodemócratas, los socialistas, los liberales, y de otros grupos pertenecientes a la derecha, la izquierda y el centro, las que han creado la Europa política.
Entiendo muy bien el debate político, y, desde luego, no quiero quitar importancia al debate ideológico, pero, no obstante, creo que, en una situación como ésta, merecería la pena que todos aquellos que creen en los ideales de Europa y que piensan que Europa tiene que desempeñar un papel cada vez mayor en el mundo, constituyeran una plataforma de consenso. Después de todo, el mundo —no sólo los europeos, sino todo el mundo— esperan que Europa proponga soluciones concretas.
Por mi parte, puede tener la seguridad de que, en este espíritu de consenso —con respeto por las diferentes fuerzas políticas, por supuesto, pero, si me permite decirlo, más allá de las diferentes posiciones partidistas— nosotros, las tres instituciones, la Comisión, el Parlamento y el Consejo, seremos capaces de trabajar juntos para hacer una Europa más fuerte.
Hartmut Nassauer (PPE-DE). – (DE) Señor Presidente, Señorías, esta mañana se ha afirmado, con razón, que la Unión europea ha demostrado su capacidad de actuar en dos grandes crisis. Esto ha inspirado confianza al resto del mundo en el papel de la Unión Europea y ha permitido a ésta recuperar la confianza de sus ciudadanos. Esto se debe, principalmente, al Presidente en ejercicio del Consejo. Presidente Sarkozy, éste es un logro del que puede estar orgulloso con toda razón.
Por supuesto, no es difícil imaginar que el Presidente Sarkozy habría adoptado un enfoque dinámico e imaginativo, incluso si no hubiera sido Presidente del Consejo No obstante, el hecho es que es el Presidente del Consejo y, por consiguiente, sus actos han beneficiado a la Unión Europea. Así es como debe ser.
Indudablemente, deberíamos tener presente que es una suerte que sea el actual Presidente en ejercicio del Consejo. No obstante, la capacidad de la Unión Europea para manejar las crisis no debería depender de la suerte. Esto significa que necesitamos el Tratado de Lisboa. Éste es otro argumento a favor de poner en vigor el tratado y estoy convencido de que, en este Parlamento, hay una amplia mayoría que lo apoya.
Por moderación, no lo hemos dicho todavía alto y claro, pero creo que es el momento de explicar que este Parlamento apoya el Tratado de Lisboa y que estaría bien que el Parlamento pudiera lograr ponerlo en vigor antes de las elecciones europeas. No está dentro de nuestras facultades, pero creo que es nuestra posición.
El señor Schulz ha analizado la crisis financiera, establecido las causas en el sistema y, sin más preámbulos, les ha echado la culpa, con total convicción, a los conservadores, liberales y cristianodemócratas. Señor Schulz, qué imagen tan simple del mundo presenta usted, sin duda debido a las elecciones. Es usted muy consciente de que el grado de prosperidad en Europa, que es insólito en otras partes importantes del mundo, los altos niveles de seguridad social, los niveles de protección medioambiental sin parangón, el pertinente progreso tecnológico y, sobre todo, el nivel de libertad personal relacionado con todos estos logros, se basan en la economía social de mercado y no en las ideas socialistas. Tenemos que recordar esto. No ha fracasado el sistema, sino algunos de sus protagonistas y se les debe pedir cuentas. Para esto, necesitamos nuevos reglamentos.
Quiero hacer un comentario sobre el paquete de energía y cambio climático. Quiero, además, decir en nombre del Grupo que los objetivos de este paquete son indiscutibles, pero que tenemos que hablar sobre los métodos. En un momento en el que el comercio de los derechos de emisión, según los cálculos de la Comisión, costará de 70 000 a 90 000 millones de euros por año, que deben recaudar los afectados, no podemos creer, en serio, que toda esta estructura no se verá afectada por la crisis financiera y la crisis en la economía real. Por esta razón, queremos decir que mantendremos nuestro firme compromiso con los objetivos. No obstante, creo que es apropiado considerar y debatir el expediente cuidadosa y minuciosamente a fin de garantizar que no cometamos errores legislativos y, sobre todo, que los afectados se involucren. Para esto, necesitamos tiempo y debemos estar seguros que nos tomamos el tiempo necesario.
Robert Goebbels (PSE). – (FR) Señor Presidente, Señorías, estamos viviendo la era de los fontaneros: un fontanero polaco influyó en el «no» francés al Tratado Constitucional, y Joe el fontanero decidió entre el señor Obama y el señor McCain. Incluso nuestros Jefes de Estado o de Gobierno han tenido que empezar a dedicarse a la fontanería, para taponar las tuberías que no cesan de reventar en un sistema financiero internacional que se ha hundido totalmente. Nuestros gobiernos se han equipado con un equipo estilo IKEA, una caja de herramientas que debe permitir a cada Estado pergeñar una solución concreta para cada situación concreta. Sin embargo, como cualquier aficionado al bricolaje sabe, los diseños de IKEA son desesperadamente básicos: si se aplica el método IKEA a las finanzas internacionales se corre el riesgo de quedarse cortos. La Presidencia ha hecho lo que ha podido, es decir, gestión de la crisis, como el Presidente Sarkozy ha subrayado aquí. Nuestros gobiernos se las han arreglado para taponar las numerosas goteras de un sistema financiero internacional que está tan interconectado que los fallos han convertido en mundiales.
No obstante, la fontanería tiene sus límites: tenemos que abordar la arquitectura de las finanzas internacionales. Si queremos rediseñar el mundo financiero para que sirva a la economía real, no es necesario crear otro grupo de alto nivel; sería perfectamente adecuado un grupo de bajo nivel que fuera responsable de anotar las propuestas del Foro de Estabilidad Financiera. Por ejemplo, el Foro recomendó en 2001 que se debía proporcionar una mejor cobertura para los riesgos que asumían los bancos. El Parlamento Europeo, en varias ocasiones, ha señalado con el dedo los sinsentidos obvios de las finanzas internacionales, pero no se escuchó su voz. La cumbre europea aseguró estar decidida a aprender de la crisis y a hacer que aquellos que están involucrados en el sistema financiero actúen de manera más responsable en todos los aspectos, incluyendo los relacionados con los pagos y otros incentivos. Va a haber una conferencia internacional para discutir todo esto. Así que, ¿vamos a acabar con un nuevo Bretton Woods? No parece probable. Ya se están alzando voces, entre las que se incluyen algunas desde dentro de la Presidencia, que advierten del riesgo de la reglamentación excesiva. El Comisario McCreevy cada vez es más polémico: no quiere legislar sobre unos límites al apalancamiento para los fondos de inversión. Mientras que el Consejo Europeo quiere regular las fabulosas primas de los chicos de oro, el señor McCreevy está apostando por la autorregulación que hemos visto en funcionamiento en los últimos años. Mientras que incluso el señor Paulson está pidiendo una mejor regulación de los mercados, el Comisario McCreevy cree que, y cito: «hay un peligro real de que los deseos bienintencionados de abordar los fallos del mercado se conviertan en unas normativas apresurada, desacertada y contraproducente» Los Charlies McCreevys de este mundo ya nos están preparando para la próxima burbuja especulativa, que pronostico que se formará alrededor del mercado secundario del sistema de comercio de las cuotas de emisión. Mientras tanto, señor Sarkozy, la economía real está entrando en recesión. Ahora no es momento de reducir nuestras pretensiones con relación al medio ambiente, pero tampoco de cambiar, unilateralmente, el único sector industrial europeo que está abierto a la competencia internacional.
Marielle De Sarnez (ALDE). – (FR) Señor Presidente, en este momento de crisis financiera mundial, Europa está dando sus primeros pasos como protagonista político; y bajo su Presidencia, bajo la Presidencia francesa, los Jefes de Estado o de Gobierno han tomado las decisiones correctas. Asimismo, creo que el plan europeo está mejor pensado que el Plan Paulson, y espero que podamos reducir el daño.
Claramente, ahora tenemos que ir más allá. La reforma del sistema financiero mundial que todos estamos esperando y suplicando sólo será posible —estoy totalmente convencida— si Europa está en posición de hacer sentir su presencia, y para que así sea tendremos que encontrar nuevos recursos. Tendremos que crear una autoridad para los mercados financieros y una comisión bancaria europeas. Necesitamos una autoridad reguladora europea que, en su momento, será competente para hablar con las autoridades reguladoras de EEUU, y tenemos que ser capaces de terminar con los paraísos fiscales en nuestro propio continente, si queremos que nuestros esfuerzos por defender esta idea a nivel mundial sean creíbles.
Igualmente, si vamos a enfrentarnos a la crisis económica y social, necesitaremos una respuesta europea. Necesitamos un plan de acción conjunta para ayudar a nuestros conciudadanos, para que, en el futuro, podamos invertir en actividades que no se puedan reubicar; por ejemplo, grandes infraestructuras o un plan para adaptar los edificios a las normas medioambientales. Necesitaremos la gobernanza económica de la zona euro; sin duda, ya es hora. No obstante, más que eso, necesitaremos en el futuro, pensar, definir, apoyar, e inspirar un modelo de desarrollo europeo que sea ético, humano, socialmente responsable, y sostenible en todos los sentidos de la palabra.
Konrad Szymański (UEN). - (PL) Señor Presidente, me alegra que nos hayamos concedido más tiempo para aprobar una decisión más equilibrada sobre la reducción de las emisiones de dióxido de carbono. El sistema propuesto por la Comisión repartía los costes de la introducción de las restricciones de manera muy desigual. Suponía que países cuya producción de energía se basa en el carbón tendrían que incurrir en unos gastos de miles de millones de euros por año. Estos países suelen ser los más pobres de la Unión. Esto es algo que, por ejemplo, los polacos, que tendrían que pagarlo muy caro, simplemente, no pueden entender. Es importante tener en cuenta que no estamos dando un buen ejemplo al ser los únicos en el mundo en introducir ese sistema, debilitando así las bases de nuestra propia economía.
Además, la crisis financiera no debe servir de pretexto para relegar la situación en Georgia. Hay que recordar que Rusia está manteniendo un número de tropas tres veces mayor en las áreas en conflicto que las que había allí el 7 de agosto. Rusia está persiguiendo una política de hechos consumados en relación con la situación jurídica internacional de Osetia, y no está aplicando el acuerdo de paz. Por consiguiente, ha anulado el derecho a ser socio de la Unión Europea.
En un tono menos serio y a modo de conclusión, cuanto más a menudo asiste usted a las sesiones del Parlamento Europeo, señor Sarkozy, menos seguro estoy de si preferiría escucharle a usted o a su esposa. No obstante, tengo que decir que aunque, a veces, no estoy de acuerdo con lo que usted tiene que decir, indudablemente, anima la Cámara cuando lo dice. Felicidades por conseguirlo.
Philippe de Villiers (IND/DEM). – (FR) Señor Presidente, sólo tengo un minuto, pero quiero decir que, durante esta crisis financiera, usted sólo ha conseguido destruir los dogmas institucionales: Bruselas, Frankfurt, la competencia, los criterios de Maastricht, el sistema de libre comercio mundial, la prohibición sobre la ayuda estatal a las empresas y, en particular, a los bancos, etcétera.
Hace un momento, se refirió a la cuestión de los fondos soberanos, que es de extrema importancia para el futuro, a fin de salvar nuestras empresas si llegan al nivel más bajo, o mejor dicho, si están, porque lo están, en el nivel más bajo. No obstante, señor Sarkozy, tal y como está, el Tratado de Lisboa —que los líderes de Europa, y usted, en particular, están tratando de mantener mediante respiración asistida— le habría impedido hacer lo que ha hecho. Anula todas las restricciones sobre los movimientos de capitales, prohíbe todas las intervenciones e influencias políticas sobre el Banco Central y, sobre todo, prohíbe toda ayuda estatal a todas las empresas.
La cuestión es simple: ¿Qué va a elegir, señor Sarkozy? ¿Va a tener las manos atadas, o las manos libres? Para tener las manos libres, no necesita el Tratado de Lisboa, sino un tratado que tenga en cuenta las lecciones que, juntos, estamos aprendiendo ahora.
Sergej Kozlík (NI). – (SK) Estoy de acuerdo con las conclusiones del Consejo Europeo de que la Unión Europea debe esforzarse, junto con sus socios internacionales, por realizar una reforma completa del sistema financiero. Esta situación persistirá durante al menos 10 años y es el ciudadano de a pie quien pagará por todos los errores. Es preciso tomar decisiones, sin demora, sobre la transparencia, las normas reguladoras mundiales en relación con la supervisión transfronteriza y la gestión de la crisis.
No se debe permitir que la ayuda estatal dentro del marco de cada uno de los países distorsione la competencia económica, por ejemplo, a través de la discriminación a favor de las sucursales de aquellos bancos que pertenecen a un banco central en otro Estado de la Unión. No obstante, tampoco debería haber flujos desproporcionados de liquidez desde las sucursales a sus bancos matrices. Estoy a favor de un fortalecimiento inmediato de las normas que regulan las actividades de las agencias de calificación y su supervisión. Asimismo, necesitamos una decisión urgente sobre las normas que regulan la seguridad de los depósitos, con el fin de proporcionar una mayor protección a los consumidores.
José Manuel García-Margallo y Marfil (PPE-DE). – (ES) Señor Presidente, voy a decir en qué coincido con la Presidencia y en qué discrepo, qué falta, a mi juicio, en el discurso de la Presidencia.
Coincido en que el origen de la crisis no se circunscribe a la crisis de las sub primes en Estados Unidos. Coincido con el principio de lo que ahora el señor Greenspan llama la etapa de la «exuberancia irracional». Coincido en que los mercados han fallado porque ha fallado la regulación y han tenido que acudir al rescate los poderes públicos. Coincido en que es una crisis global y, por tanto, coincido con la necesidad de un Bretton Woods que algunos llaman II, algunos llaman III. Por cierto, que la referencia que ha hecho el Presidente Sarkozy al sistema actual me recuerda mucho la que hizo el general De Gaulle antes de que cayese el primer Bretton Woods, antes de la «rendición» de Fort Knox, cuando Nixon decidió desvincular el dólar del oro.
Para eso, es necesario poner en marcha una diplomacia europea, una diplomacia del euro, que Europa hable con una sola voz y hay que «arreglar la casa». Y «arreglar la casa» quiere decir seguir profundizando en los mercados financieros —en este caso, los minoristas, para tener una talla adecuada— y reflexionar sobre el marco regulatorio.
Sobre el Banco Central Europeo, coincido en que lo ha hecho bien. Lo ha hecho con rapidez, pero lo ha hecho de forma errática. Ha cambiado tres veces las normas sobre vencimientos y garantías y los bancos necesitan certeza en su financiación.
En segundo lugar, la política monetaria —el prestamista en última instancia— sigue siendo una política centralizada. La supervisión bancaria sigue siendo descentralizada.
¿No ha llegado, señor Presidente, el momento de saber si queremos desarrollar el artículo 105 del Tratado, que da mayores poderes de supervisión al Banco Central?
Coincido totalmente con el tema de la gobernanza económica. Puesto que estamos en este baile ideológico, decía Marx que cuando cambian las estructuras económicas hay que cambiar las superestructuras políticas.
Hicimos Maastricht, no hemos arreglado la arquitectura institucional.
Hay que buscar antes de Lisboa qué fórmulas nos permiten avanzar en este tema.
Y en tercer lugar, y muy importante, una petición muy concreta. Hay que oponer la economía financiera a la economía real. No se despida de la Presidencia, señor Presidente, sin encargar a la Comisión papeles concretos para hacer una agenda Lisboa+ que esté en vigor el 1de enero de 2011 y en la que se haga una revisión de los marcos financieros.
Y una cita final. En este tema ideológico, decía un filósofo español —Unamuno— que él era anticlerical en defensa de la Iglesia. Yo estoy en contra de la desregulación absoluta en contra del mercado. Creo que en eso coincidimos la Presidencia y yo.
Poul Nyrup Rasmussen (PSE). - Señor Presidente, se podría haber evitado esta crisis: no es una ley inevitable de la naturaleza. Es muy largo de contar, y no tengo tiempo de entrar en ello, pero por ahora una cosa es cierta: por favor, aprendamos de nuestra experiencia y hagamos las cosas juntos. Mantengamos el impulso.
Presidente Sarkozy, usted está lleno de energía, pues consérvela porque, ahora es tan urgente regular mejor y evitar que esta recesión se extienda, como lo fue evitar el desmoronamiento de nuestros bancos. Hoy le pido a usted, y también al Presidente de la Comisión, que se comprometan a lo siguiente.
En primer lugar: háganos un regalo antes de Navidad, Presidente Barroso: propuestas concretas sobre nuevos y mejores reglamentos. Estoy seguro de que el Presidente en ejercicio del Consejo, el señor Sarkozy, estaba de acuerdo conmigo cuando le pidió que se comprometiera hoy a responder a este informe del Parlamento Europeo con la siguiente propuesta concreta: no es sólo una cuestión de regular los bancos, sino también de regular los fondos de cobertura y los fondos de capital riesgo/inversión. Ése es el primer compromiso.
Me alegró mucho, Presidente Sarkozy, que en Camp David mencionara este simple hecho al principio, porque las empresas de fondos de cobertura y de fondos de capital riesgo/inversión ahora intentan mentirnos diciendo que ellos no tienen nada ver con la crisis financiera. Esto, simplemente, no es verdad. Han estado operando con un exceso de endeudamiento y codicia durante muchos años, así que, por favor, prométame hoy que todos los intervinientes tendrán que estar regulados; de lo contrario, no estamos aprendiendo nada de nuestra experiencia.
En segundo lugar: podría entrar en detalles, pero sólo quiero una respuesta de la Comisión. Presidente Barroso, por favor, comprométase a llevar a cabo las propuestas de este Parlamento sobre la regulación del mercado.
El último punto, está dirigido al Presidente Sarkozy. Usted y yo —y todos nosotros— pensamos que es un momento crucial para la Unión Europea. No les dé a los ciudadanos de a pie la impresión de que la Unión Europea no es capaz de evitar una recesión que afectará a millones y millones de trabajadores inocentes. Por esa razón quiero repetir lo que usted dijo: vamos a hacerlo juntos. He calculado, y creo que deberíamos pedir a la Comisión que confirme, Presidente Sarkozy, que si hacemos las cosas juntos e invertimos sólo un 1 % más en infraestructuras, educación, política de mercado de trabajo, e inversión en la industria privada cada año durante los próximos cuatro años, tendremos diez millones de empleos más. Creo que éste es un objetivo que merece la pena intentar conseguir, y, sinceramente, espero que se comprometerá, Presidente Sarkozy, a hacerlo realidad en diciembre o antes. Es ahora o nunca.
Annemie Neyts-Uyttebroeck (ALDE). – (FR) Señor Presidente, señor Barroso, señor Sarkozy, ya he tenido dos veces la oportunidad, en la Comisión de Asuntos Exteriores, de decir cuánto admiro las medidas que adoptaron durante la crisis entre Rusia y Georgia, y hoy lo vuelvo a repetir. Siento la misma admiración por su actuación en la crisis financiera y ante las consecuencias económicas que nos acarreó.
No obstante, con respecto a Rusia, déjenme decir que no estoy del todo tranquila al leer, en las conclusiones del Consejo, que, aparentemente, se ha decidido que las negociaciones sobre un nuevo pacto o alianza estratégica con Rusia continuaran a pesar de lo que ocurra, aunque se tomen en consideración las conclusiones del Consejo y la Comisión. Esto no me parece nada tranquilizador porque aunque, por una parte, estoy convencida, como usted, señor Presidente, de la necesidad de continuar pactando con Rusia, al mismo tiempo creo que no deberíamos darles la impresión —estoy segura de que usted no lo hará— de que no ha pasado nada, y de que todo seguirá como siempre.
Estoy segura que será usted inteligente, y le pido en nombre de mi grupo, que le diga claramente a Rusia, cuando vaya a Moscú para la Cumbre, que desde luego las cosas no siguen como si nada hubiese sucedido y que vamos a estar sumamente alerta en este asunto.
Bernard Wojciechowski (IND/DEM). – (PL) Señor Presidente, Robert Gwiazdowski, experto del Instituto Adam Smith, ha escrito públicamente que el Circo Volador de Monty Kaczyński había vuelto de Bruselas pero que no estaba nada claro para qué había ido allí. A los contribuyentes polacos les cuesta alrededor de 45 000 euros que su Presidente vaya a Bruselas. Quiero hacerle la siguiente pregunta, Presidente. ¿Por qué admitió en los debates a un político que no era miembro de la delegación del gobierno polaco? Nadie sabe, realmente, que estaba haciendo esa persona allí. Es más, el señor Kaczyński ha ganado un considerable apoyo de organizaciones extremistas en Polonia. Incluso se podría tildar a dichas organizaciones de fanáticas. Además, por lo que yo sé, el señor Kaczyński sólo habla polaco. No es capaz de expresar sus ideas en un idioma extranjero. Por lo tanto, tengo mucho interés en saber cómo se las arregló para conversar con él, señor Presidente. ¿Podría, por favor, explicar a la Cámara qué estaba haciendo exactamente el señor Kaczyński en la Cumbre del Consejo Europeo y qué discutió con él en persona?
Hans-Peter Martin (NI). – (DE) Señor Presidente, hemos estado discutiendo la trampa de la globalización, le piège de la mondialisation, durante más de doce años y ahora se ha cerrado sobre nosotros. Señor Presidente en ejercicio del Consejo, quiero hacerle una propuesta práctica. Le sugiero que cree una cátedra de historia de los mercados financieros. Así se investigaría en profundidad qué ha ocurrido para que estemos en la situación en la que nos encontramos en este momento. A tono con lo que ha dicho el señor Schulz: «Nunca más», con lo que, probablemente quería decir «nunca jamás», es decir, algo como esto no debe ocurrir nunca jamás. «Nunca más» significa: lleguemos a este extremo otra vez. Eso no debe suceder.
Esta cátedra nos permitiría determinar hasta qué punto la culpa recae en los conservadores, llevados por el neoliberalismo desmedido de EEUU, y hasta qué punto en los socialdemócratas, que no han reclamado, con la suficiente firmeza, el equilibrio social. Aprovechar la oportunidad de aprender de la historia, para que podamos crear una democracia social europea audaz y no conformarnos con los beneficios triviales que presuntamente nos habría concedido el Tratado de Lisboa, pese a que ni tan siquiera es apropiado.
Margie Sudre (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente, el conflicto entre Georgia y Rusia y la crisis financiera han sido dos oportunidades para que Europa haga sentir su presencia en el ámbito mundial como protagonista político de primer orden y de pleno derecho.
Gracias a su determinación, señor Sarkozy, Europa ha conseguido unirse para encontrar respuestas coordinadas, eficaces y rápidas. Ante la crisis, Europa ha demostrado que realmente existe y ha probado su valor añadido.
Con respecto a la inmigración, por ejemplo, el principio de «sálvese quien pueda» ha pasado de moda. La aprobación del Consejo Europeo del pacto sobre la inmigración y el asilo, emprendido por la Presidencia francesa, representa un importante paso adelante.
Con respecto a la lucha contra el cambio climático, Europa tiene que fijarse unos objetivos concretos y mostrar a sus socios mundiales el camino. Ya ha hablado sobre este tema, señor Sarkozy, pero esperamos que este acuerdo sea lo más equilibrado posible, porque tiene que tener en cuenta la situación económica de nuestros países, que actualmente es muy inestable. No obstante, también tenemos que examinar la cuestión del tipo de crecimiento que elegiremos para el futuro.
Para enfrentarse a los retos que tiene ante si, la Unión Europea necesita, ahora más que nunca, el Tratado de Lisboa. Entendemos las preocupaciones de los irlandeses, pero mantener el statu quo no es una opción. Los irlandeses tienen que proponer una solución durante el Consejo Europeo de diciembre: somos muchos los que lo pedimos.
En las últimas semanas, hemos observado orgullosos una Europa política fuerte, unida en la adversidad, que presentaba un frente decidido a sus socios, y a la que se escuchaba en el ámbito internacional. Esperamos que esta nueva mentalidad europea se convierta en la norma y perdure. El Tratado de Lisboa es la mejor solución que tenemos para lograrlo.
Martin Schulz (PSE). – (FR) Señor Presidente, no sé que artículo del Reglamento me da derecho a intervenir, pero gracias por haberme dado la oportunidad.
Presidente Sarkozy, tuve la impresión de que usted estaba hablando aquí en calidad de Presidente del Consejo Europeo, y respondí como presidente de un grupo del Parlamento Europeo. No tuve la impresión de que estaba hablando al Presidente de la República Francesa, de lo contrario le puedo asegurar que mi discurso habría sido muy distinto, ya que no hay diferencias entre mis colegas socialistas franceses y yo.
Nicolas Sarkozy, Presidente en ejercicio del Consejo. – (FR) Señor Presidente, en primer lugar, es muy normal que el señor Schulz responda. Por lo que entiendo, lo ha hecho a título personal. Mi estimado amigo, si le he ofendido al compararle con un socialista francés, lo lamento.
(Aplausos)
No era mi intención insultarle, pero admito abiertamente que lo que importa es lo que piense el destinatario. Por lo tanto, señor Pöttering, retiro mi comentario. El señor Schulz también puede hablar como un socialista francés.
Señor Nassauer, gracias por su apoyo. Sí, necesitamos el Tratado de Lisboa y, para hablar sin rodeos, lucharé hasta el último minuto de la Presidencia francesa para convencer a la gente de la necesidad que tiene Europa de desarrollar unas instituciones para el siglo xxi. Un político es alguien que asume sus responsabilidades. Apoyé el Proceso de Lisboa y lucharé para garantizar que dicho proceso llegue a su fin; y reitero una cosa: si no tenemos Lisboa, tendremos Niza, y si tenemos Niza, no habrá más ampliaciones, lo que sería profundamente lamentable. Esperemos, por tanto, que todos asuman sus responsabilidades.
Señor Nassauer, tiene razón en que hay mucho trabajo por hacer en el paquete sobre cambio climático. Soy muy consciente de ello, pero no debemos abandonar nuestras pretensiones, porque estoy convencido que es más fácil alcanzar un acuerdo sobre una gran pretensión que sobre una pequeña. Será más fácil alcanzar un acuerdo sobre una propuesta realmente ambiciosa que sobre una propuesta más limitada, y sería un error si, al tratar de agradar a todo el mundo, acabáramos con una política europea totalmente incomprensible. Debemos ser conscientes de este riesgo.
Señor Goebbels, habló usted sobre fontanería y arquitectura, y, de hecho, cuento con el apoyo de Luxemburgo para que se pueda rediseñar, sustancialmente, la arquitectura financiera, dentro y fuera de nuestro continente.
No obstante, señor Goebbels, esto no es una crítica, y mucho menos un ataque: es simplemente un comentario.
La señora De Sarnez lo expresó muy bien: no podemos luchar contra determinadas prácticas fuera de nuestro continente, y, sin embargo, tolerarlas dentro de él. Eso es todo. Aquellos que se sientan aludidos están, en realidad, asumiendo demasiado; no estoy señalando a nadie en particular, ni jamás se me ocurriría.
Señora De Sarnez, gracias por decir que hemos tomado las decisiones correctas. Debo decir que, yo personalmente, apoyo su propuesta para crear una autoridad reguladora europea: es sensato. ¿Por qué no podemos conseguirlo en seguida? Porque algunos países pequeños creen que, al defender su propio sistema de regulación, están defendiendo su identidad nacional. No estoy culpando a nadie. Por consiguiente, señora De Sarnez, mi opinión es que, a fin de cuentas, necesitaremos una autoridad reguladora europea y que, mientras tanto, tenemos que, al menos, establecer una coordinación entre las distintas autoridades reguladoras europeas. Ésa es la vía que estamos proponiendo, con la Comisión, y creo que es la única realista, porque si no llegaremos a un callejón sin salida.
Asimismo, mencionó usted la necesidad de una gobernanza económica europea y un plan económico europeo. Hace bien, pero quiero, en relación con su discurso, poner en duda lo que algunos, no usted, afirman cuando dicen que cualquier iniciativa económica europea aumenta el déficit. Rotundamente, ya basta. Podemos hablar abiertamente. Es posible estar a favor de una política económica europea sin que esto propicie un aumento en el déficit, y no podremos coordinar las políticas europeas, simplemente, por medio de una reactivación de la demanda.
Nosotros —no estoy diciendo «ustedes»— no debemos atribuir a otros cosas que no han dicho como hicimos, en su día, con quienes se atrevieron a tener una opinión sobre política monetaria: es posible abogar por una política monetaria diferente sin cuestionar la independencia del BCE. Hay que decirlo: es posible estar a favor de una política económica estructural europea sin propiciar un aumento del déficit. Basta ya de decir quién tiene razón y quién está equivocado. Todo lo contrario, el debate europeo debe ser un debate real, y nadie tiene el monopolio de la verdad.
En ocasiones, tenemos que apartarnos —y puede que éste sea el único punto en el que estoy de acuerdo con el señor de Villiers— a veces, tenemos que apartarnos de los dogmas que tanto daño han hecho al concepto de Europa, dogmas que incluso tienen menos legitimidad dado que, muchas veces, no resultan de decisiones tomadas por organismos democráticos, y, en consecuencia, legítimos. Mi propio ideal de Europa es lo suficientemente fuerte como para que la democracia europea sea una verdadera democracia. El pensamiento colectivo, los dogmas, las costumbres y el conservadurismo han hecho mucho daño, y aprovecharé la oportunidad para hablar más sobre ello con relación a otro tema.
Señor Szymański, quiero decir que comprendo perfectamente los problemas de Polonia, en particular la dependencia que tiene su economía del carbón, hasta un 95 %, pero creo que Polonia necesita a Europa a fin de modernizar su sector minero y que perfectamente podemos llegar a acuerdos con Polonia sobre el carbón limpio. Es más, a fin de modernizar su sector minero, Polonia necesita a Europa entera. Nosotros necesitamos a Polonia, y Polonia necesita a Europa. De acuerdo con esto, junto con el señor Barroso, vamos a buscar un acuerdo con nuestros amigos polacos y húngaros y con aquellos que tengan dudas sobre su crecimiento.
Señor de Villiers, tal y como usted dice, he rechazado los dogmas, porque creo en el pragmatismo, pero, honestamente, no atribuya a Lisboa, al tratado, defectos que no tiene. Estoy en posición de saber que el Tratado de Lisboa no es extraordinario. No es perfecto, pero, salvo en La Vendée, señor de Villiers, no existe la perfección, especialmente, cuando juntamos a veintisiete países con diferentes gobiernos y diferentes historias. Tiene que dejar por imposible el tratado ideal; sabe perfectamente que nunca existirá. Los europeos son pragmáticos y sensatos, y prefieren un tratado imperfecto que mejore las cosas que un tratado perfecto que no existirá nunca, porque nunca habrá un acuerdo sobre esta idea intangible.
En eso consiste Europa: en avanzar cada día, porque queríamos poner fin a la guerra y porque queremos crear un espacio democrático. Creo, señor de Villiers, que debería centrar su atención en una lucha distinta, porque ésta parece consistir en crear un enemigo imaginario cuando está muy claro, en la actual crisis, que los ciudadanos europeos comprenden que trabajar juntos nos hace fuertes, no débiles. Incluso alguien tan fuerte y con tanto talento como usted no podrá enfrentarse solo a esta crisis financiera. Es mejor lograr un acuerdo adecuado con toda Europa que sentarse solo en una esquina, sabiendo que tiene razón.
Sobre el tema de tener las «manos libres», señor de Villiers, mi respuesta se dirige a usted, es la respuesta de un hombre libre, incluso en el debate político francés. Y creo que lo más importante es que nos dejemos de tanta palabrería, y creo que la gente sincera que sigue totalmente sus ideas puede alcanzar buenos acuerdos y que el problema del debate político europeo es la falta de ideas, que nos ha afectado a todos, a todos los grupos políticos, como si nos paralizáramos ante la idea de sugerir algo nuevo. Si Europa ha avanzado, ha sido porque, en un momento dado, ha habido hombres y mujeres que han abierto un nuevo camino; y la autocrítica que pedía es algo que todos deberíamos emprender. Durante mucho tiempo, en Europa hemos actuado como si fuéramos objetos inamovibles. Seguíamos a los padres fundadores, pero no imitábamos su ejemplo: no abríamos nuevos caminos, ni sugeríamos nuevas ideas. Creo firmemente que, en este momento, tenemos que mostrar algo de imaginación, porque, al final, el mayor peligro está en no hacer nada, ahora, y en no ser audaz al enfrentarse a una situación completamente nueva.
Señor Kozlík, la transparencia es absolutamente vital. Sobre la cuestión de las agencias de calificación, creo que la actitud de estas agencias ha sido la parte más escandalosa de esta crisis. Estas agencias certificaban los productos de «triple A» el viernes, y los rebajaban a «triple B» el lunes. No podemos continuar con este monopolio de tres agencias de calificación, que en su mayoría son estadounidenses. El tema de las agencias de calificación, de su independencia con relación a determinados grupos, y de la existencia de una agencia de calificación europea va a ser, sin duda, uno de los temas cruciales en la primera cumbre sobre la futura reglamentación. Sobre el tema de la competencia, quiero decirle —a todos los que hablaron de competencia— que creo en la competencia, pero que estoy harto de los que quieren convertirla en fin en si misma, cuando en realidad es, simplemente, un medio para un fin. La competencia es un medio para el crecimiento; no es un fin en si misma, y haré todo lo posible para volver a introducir este concepto en la nueva política europea.
Creo en la libertad, creo en el libre comercio, y creo que debemos rechazar el proteccionismo, pero la competencia debe ser un medio para el crecimiento. La competencia como objetivo, como un fin en si misma, es un error: lo pensaba antes de la crisis, y sigo pensándolo después de la crisis.
Señor García-Margallo, tiene razón en que necesitamos un nuevo Bretton Woods, porque, como acaban de decir los señores Daul y Schulz, no tiene sentido celebrar una cumbre internacional, si lo único que vamos a hacer es poner parches. Si vamos a cambiar la mitad del sistema, no merece la pena.
Mencionó usted las normas de contabilidad, pero mire nuestros bancos. Para empezar, la dictadura de las normas de contabilidad de EEUU se ha hecho intolerable. En segundo lugar, la cantidad que pueden prestar los bancos depende de sus propios fondos y activos. Si consideramos los activos según la evaluación del mercado, en base a un mercado que ya no existe, que se ha desestabilizado completamente, vamos a hacer quebrar a los bancos, que, en consecuencia, tendrán incluso menos capacidad para hacer su trabajo. La cuestión de cambiar las normas de contabilidad, tal y como fue planteada por el Presidente de la Comisión, tuvo nuestro apoyo total, era una cuestión urgente. Asimismo, quiero, señor Presidente, rendir tributo a la receptividad del Parlamento Europeo para votar este cambio, porque logramos la unanimidad en el procedimiento de codecisión con una rapidez sorprendente, hecho que acoge positivamente el Consejo de Europa.
Señor Rasmussen, ¿podríamos haber evitado la crisis? Antes de poder decidir eso, tenemos que estar de acuerdo en la causa. ¿Qué ocurrió? Los Estados Unidos de América, nuestros aliados y amigos, han estado viviendo por encima de sus posibilidades durante las últimas tres décadas. El Banco de Reserva Federal llevó a cabo una política monetaria que suponía mantener los tipos de interés extraordinariamente bajos, lo que hacía que los fondos estuvieran disponibles para cualquiera que quisiera pedir un préstamo. Durante los últimos 20 ó 30 años, hemos soportado las increíbles deudas de la mayor potencia del mundo, y ahora el mundo entero tiene que hacerse cargo de ellas.
Dadas las circunstancias, los estadounidenses tienen que asumir sus responsabilidades y aceptar las consecuencias con nosotros, pero no veo cómo nosotros solos podríamos haberles dicho que pusieran fin a esta estrategia. Quiero añadir que algunos de nuestros bancos ya no están realizando su trabajo: el trabajo de un banco es prestar dinero a los particulares y a las empresas, para ayudar a los particulares al crecimiento de sus familias y ayudar a las empresas al desarrollo de sus proyectos, y ganar dinero después de un plazo determinado. Nuestros bancos se han transformado en lo que ellos denominan el patio de operaciones, que son lugares de especulación, y, durante años, pensaron que era más fácil ganar dinero especulando que invirtiendo.
Quiero añadir que la reciprocidad de los riesgos ha supuesto que todos nuestros bancos se porten bien. Hay 8 000 bancos en Europa, 44 de los cuales operan internacionalmente. Si hubiéramos asumido la responsabilidad de permitir la quiebra de un banco, como sucedió en EE.UU. con Lehman Brothers, se habría producido el colapso de todo el sistema. No sé cómo podríamos haber evitado la crisis, señor Rasmussen, pero creo que, si no hubiéramos respondido como lo hicimos, la crisis nos habría hundido: es algo de lo que estoy completamente seguro.
Dice usted que necesita propuestas antes de Navidad, pero, en realidad, las necesitamos antes de mediados de noviembre. De hecho, intento, junto con el Presidente Barroso, adoptar medidas para garantizar que, como europeos, vayamos a la cumbre con una sola voz, intentando una cosa más señor Rasmussen: tenemos que ponernos de acuerdo no en el mínimo denominador común, sino en el máximo, porque cualquier consenso conlleva el peligro de que, al tratar de forzar un acuerdo artificial, podamos rebajar nuestras pretensiones. Es un riesgo. Espero que sigamos siendo ambiciosos, y que no rebajemos demasiado nuestras pretensiones, pero que aún así hablemos con una sola voz.
No volveré sobre los fondos de cobertura; ya he dicho que deben regirse por una normativa. Ninguna institución financiera, sea pública o privada, debe escapar a la regulación.
Señora Neyts-Uyttebroeck, preguntó si continuarán las conversaciones con Rusia a pesar de los acontecimientos. Por supuesto que no, pero póngase en nuestro lugar. Rusia paró sus tanques a cuarenta kilómetros de las afueras de Tbilisi, tal y como Europa le había pedido. Rusia retiró sus tropas a las fronteras establecidas antes de la crisis del 8 de agosto. Rusia permitió que se desplegaran observadores, muy especialmente, observadores europeos; y Rusia, aunque de bastante mala gana, va a ir a las conversaciones de Ginebra. Si, dado todo esto, suspendiéramos la cumbre UE-Rusia, ¿quién comprendería la política de Europa? Nadie.
Quiero añadir que, junto con el Presidente Barroso, hemos tomado la precaución de no suspender, sino de posponer la cumbre. ¿Cuál es la diferencia? Si hubiéramos decidido suspender la cumbre, habríamos necesitado una decisión unánime del Consejo Europeo para fijarla de nuevo, y, a mi juicio, eso habría sido, desde el punto de vista político, embarazoso. La decisión de posponerla nos permite fijarla de nuevo sin repartir medallas que no se merezcan. Por consiguiente, creo que esta estrategia muestra mesura, serenidad y lucidez. No creo que podríamos haber hecho ninguna cosa, y sigo convencido de que Rusia va a ser un interlocutor con el que podremos dialogar, con el que podremos ser sinceros, pero sólo podremos animarles a avanzar, si hablamos con ellos. Si, por otra parte, no hablamos, Rusia se sentirá rodeada, y nuestras ideas tendrán menos influencia. Estoy convencido de esto pero, por supuesto, los acontecimientos futuros pueden demostrar que estoy equivocado. Por consiguiente, es una cuestión de asumir nuestras responsabilidades.
Señor Wojciechowski, no le corresponde al Presidente en ejercicio del Consejo decidir quién debe representar a Polonia. Polonia tenía dos asientos en el Consejo Europeo, y le correspondía a ella elegir quién debía ocuparlos. Imagine una Europa en la que el Presidente del Consejo Europeo dijera: «No, usted no puede entrar, y usted sí» ¿Qué clase de Europa sería esa? Polonia tiene un Presidente —al que usted, claramente, no apoya— y tiene un Primer Ministro; les corresponde a ellos actuar como hombres de Estado y como europeos y decidir quién debe representar a Polonia. Al final, conseguimos cerrarlo, y a comienzos de diciembre tendré la oportunidad de ir a Polonia, donde le diré al Presidente polaco: «Debe usted mantener sus promesas. Prometió firmar el Tratado de Lisboa, que fue ratificado por su Parlamento, y debe mantener esta promesa.» Ésa es la credibilidad de un hombre de Estado y de un político.
(Aplausos)
Creo con la suficiente firmeza en la importancia de Polonia en Europa para decirlo sin que nadie se ofenda.
Señor Martin, necesitamos una democracia europea valiente. Soy consciente de su campaña, su campaña contra la corrupción y a favor de una democracia en pleno funcionamiento. Tiene toda la razón, pero quiero decirle que, con el Presidente Barroso, hemos demostrado que podemos ser valientes. Es más, hay gente en esta Cámara que cree que actué sin un mandato. Si tuviera que esperar a tener un mandato para actuar, actuaría, sin duda, con menos frecuencia.
Señora Sudre, gracias, también, por su apoyo. Europa ya existe, y tiene toda la razón en que el statu quo no es una opción. Creo que en eso podemos estar todos de acuerdo. Lo peor sería que, una vez hubiera pasado la tormenta, siguiéramos como si nada hubiera pasado. Eso significaría el final del ideal europeo, y no tenemos derecho a dejar pasar esta oportunidad.
Así que, luego, algunos se sorprenden: ¿por qué celebramos una cumbre tan rápidamente? Éste es el porqué. Porque nos dijimos que, si esperábamos demasiado tiempo, especialmente, si esperábamos hasta que fuera elegido en nuevo Presidente de EEUU, la situación podría seguir empeorando y no tendríamos una respuesta. O bien la situación mejoraría, y, entonces, para la primavera, todos se habrían olvidado y nada cambiaría. Por lo tanto, teníamos que celebrar una cumbre, o, al menos la primera, en noviembre, sin tener en cuenta el calendario de EEUU.
Señorías, creo que he respondido a todos los que han intervenido. Además, tengo que atenerme a la agenda de la Presidencia y al horario de la rueda de prensa que tengo que dar junto con el Presidente de la Comisión y el Presidente del Parlamento Europeo. Quiero pedir perdón a los otros oradores, en caso de no haber respondido a todos. Desde luego que no es porque no quiera hacerlo, sino porque me han pedido que me ajuste a lo dispuesto para hoy. Lo he hecho lo mejor que ha podido, y, por supuesto, tendré la oportunidad de volver a este Parlamento en diciembre, si lo desean, para responder con más tiempo a las preguntas de aquellos que intervengan.
Presidente. − Señor Presidente en ejercicio del Consejo Europeo, se desprende claramente de los discursos y ahora del aplauso que tiene usted el apoyo del Parlamento Europeo.
José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión. − Sólo quiero responder, muy brevemente, a la pregunta que me hizo el señor Rasmussen. Asimismo, tengo que pedirles que me disculpen, porque tengo que asistir a la rueda de prensa. La Comisión estará representada por el Comisario Almunia.
Tal y como dije en mis anteriores intervenciones, ningún ámbito de los mercados financieros quedará fuera de nuestra revisión. Quiero agradecerle muchísimo la aportación que usted personalmente y muchos miembros del Parlamento Europeo hicieron en su informe. Examinaré todas esas opciones. Como el Presidente Sarkozy ha dicho, queremos liderar este esfuerzo mundial. Creemos que podremos llevar a la práctica algunas de esas propuestas antes de Navidad, tal y como pidió, pero algunas son, técnicamente, muy complejas. Tomaremos una decisión y la introduciremos en el debate internacional sobre todas esas cuestiones, pero creo que, además, es importante tener propuestas técnicamente correctas. Estoy seguro de que se ha fijado en que hemos hecho todo lo que se ha acordado con el Ecofin —la hoja de ruta financiera— que está a su disposición. No es exacto decir que no hemos legislado en servicios financieros bajo esta Comisión. Se han aprobado treinta y dos medidas legislativas, aprobadas por codecisión o comitología, en el ámbito de los servicios financieros desde el comienzo de esta Comisión, de las que 19 se aprobaron por codecisión. Habrá muchas más en las próximas semanas y meses, la primera de las cuales será la propuesta sobre las agencias de calificación a principios del próximo mes.
Déjenme darles un ejemplo sobre las agencias de calificación. Seamos muy sinceros sobre esto. Hablé personalmente con varios gobiernos en varias ocasiones sobre la necesidad de regular las agencias de calificación. La respuesta fue un «no» tajante. Esto es cierto. Por esa razón pido a aquellos que critican a la Comisión: quizás puedan usar su influencia en sus propios gobiernos o en los partidos que están en sus gobiernos. Eso sería muy útil porque, en realidad, hace algunos meses cuando discutí esto —y en este ámbito el Comisario McCreevy estaba a favor de regular las agencias de notación— la propuesta más ambiciosa que algunos gobiernos estuvieron considerando fue un código de conducta.
Pueden decir que todo eso está muy bien y que la Comisión tiene derecho a hacerlo. Es cierto, pero en las cuestiones relativas a servicios financieros, las cosas no son —como ustedes saben- iguales que en otras cuestiones. Cuando estábamos en una crisis —y el pico de la crisis se produjo en septiembre de este año (pero desde agosto del año pasado hemos tenido esta hoja de ruta)— muchos de los que están en nuestros gobiernos, en realidad, nos advirtieron, tajantemente, que no presentáramos propuestas que pudieran aumentar el nivel de alarma o crear una especie de reacción alarmista. Ésta es una cuestión en la que creo que la Comisión tiene que ser prudente. En las cuestiones que son muy delicadas respecto a los mercados financieros, no podemos hacer declaraciones sin enjundia. No podemos, sencillamente, hacer proclamaciones. Es muy importante en esta cuestión mantener la coordinación entre Parlamento, Comisión y Consejo. En la Comisión Europea estamos, por definición, a favor de una dimensión europea en regulación y en supervisión. Lo digo muy sinceramente. Si la Comisión, a menudo, no acepta las propuestas que ustedes han presentado, para bien, no fue siempre porque estuviéramos dormidos o porque hubiera una tendencia ideológica. Fue porque el análisis de la situación demostraba que la posibilidad de lograrlas era cero, o casi cero. Honestamente, es algo que quiero decirles. Tendremos tiempo de examinar todas las causas y todas las etapas de este proceso, pero creo que es importante que las conozcan en el debate.
Muy sinceramente, hace dos semanas algunos de nuestros gobiernos todavía decían que no necesitábamos una respuesta europea. Quizás se fijaron en que publiqué un artículo en la prensa europea en el que pedía —imploraba— una respuesta europea, y algunos de nuestros gobiernos dijeron: «No, podemos hacerlo a escala nacional. No necesitamos una dimensión europea». Así que intentemos actuar de manera conjunta. Hagamos la autocrítica que todos necesitamos hacer, pero tratemos de evitar una respuesta simplista a una cuestión compleja. Estamos preparados para trabajar de manera constructiva con el Parlamento y el Consejo Europeos a fin de encontrar buenas soluciones para Europa y, posiblemente, para el resto del mundo.
(Aplausos)
PRESIDE: Martine ROURE Vicepresidenta
Gilles Savary (PSE). – (FR) Señora Presidenta, lamento mucho que el señor Pöttering no me concediera la palabra cuando se la pedí, porque simplemente estaba solicitando el derecho a réplica, y hubiera preferido tenerlo mientras estaba aquí el Presidente del Consejo.
Estoy indignado por la utilización aquí como chivos expiatorios de los socialistas franceses. No he visto nunca jamás a un Presidente en ejercicio del Consejo cuestionar a un partido político. No he visto nunca a un Presidente de la República francesa burlarse de sus compatriotas en un foro internacional como éste, y, por consiguiente, lo encuentro ofensivo, y hubiera querido que el Gobierno francés se disculpara formalmente.
(La Presidenta interrumpe al orador)
Robert Atkins (PPE-DE). – Señora Presidenta, en observancia del reglamento. Tenemos otra vez un ejemplo más de la absurda y mala tramitación de los asuntos de esta Cámara. Ya es hora de que la presidencia se dé cuenta de que si hay que votar, hay que votar en el momento previsto, y nadie es más importante que el ejercicio de nuestros derechos democráticos durante las votaciones. Le pido, por favor, que comunique a la Presidencia cómo se tramitan aquí los asuntos, para que esto se pueda mejorar y votemos a la hora establecida y los discursos se ciñan a la duración correcta.
(Aplausos)
Presidenta. - Señor Atkins, si no le importa, continuamos con el debate. Señorías, les pido que respeten escrupulosamente su tiempo de uso de la palabra. No se sorprendan si les interrumpo.
Linda McAvan (PSE). - Señora Presidenta, es una pena que se haya ido el Presidente en ejercicio del Consejo, porque tenía un mensaje para él, pero espero que lo reciba el señor Jouyet.
Lo que dijo aquí esta mañana sobre el cambio climático es de extrema importancia, e hizo bien en recordar al señor Nassauer que ahora no es el momento de abandonar nuestras pretensiones sobre el cambio climático y de atenuar las propuestas que tenemos ante nosotros.
(Aplausos)
Ha habido muchas presiones en este Parlamento y en el Consejo. Empezaron mucho antes de que estallara la crisis financiera este verano: comenzaron el año pasado. Apenas se había secado la tinta en Berlín, cuando se empezó a intentar atenuar estas pretensiones.
El Presidente Sarkozy pidió el compromiso del Parlamento. Va a obtener algo más que el compromiso: va a obtener la codecisión. No sé por qué estamos discutiendo la importancia de la codecisión: no va a haber un paquete sobre cambio climático sin la codecisión de este Parlamento.
Queremos un acuerdo para Navidad. El Grupo Socialista puede comprometerse a ello. No estoy segura que la otra parte lo haga; quizás el Sr. Sarkozy pueda preguntar a su gente. El Grupo Socialista quiere un compromiso para Navidad, pero no cualquier acuerdo. Queremos un acuerdo creíble; queremos uno que equilibre el medio ambiente, el empleo y la competitividad.
No obstante, no queremos uno que sea el mínimo denominador común. El Presidente Sarkozy acaba de recordarnos qué ocurre si vamos a por el mínimo común denominador. Sabemos que cada uno de los países tiene problemas —y podemos hablar de ellos— pero debemos tener un paquete que sea creíble para las negociaciones internacionales, no uno que se establezca sobre la base de los efectos en otros países porque ese paquete no es creíble, ni uno que desmantele el régimen de comercio de los derechos de emisión ni hunda los precios del carbón. Presidente en ejercicio, espero que le lleve estos mensajes al señor Sarkozy.
El señor Nassauer ha hablado del coste del paquete sobre cambio climático. En este momento, estamos gastando miles y miles de millones en la crisis financiera a la que se están enfrentando nuestros bancos. Por supuesto, hay un coste que la Comisión ha calculado para el paquete, pero no quiero dirigirme a ciudadanos dentro de unos pocos años y decirles que, a causa de nuestra falta de intervención, aquí y ahora, sobre el cambio climático, hay que gastarse más miles de millones. Mucho peor que el dinero que implica serán las vidas que quedarán destruidas en todo el planeta. Tengamos algo de valor político en ambos lados de esta Cámara; avancemos y lleguemos a un acuerdo con el Consejo y hagámoslo antes de Navidad a tiempo para las negociaciones internacionales.
(Aplausos)
Margarita Starkevičiūtė (ALDE). - (LT) Sólo quiero decir una cosa. El Presidente de la Comisión dijo que la respuesta de la Unión Europea a la crisis fue insuficiente. En realidad, la respuesta fue firme, los Estados miembros respondieron, pero las Instituciones europeas tardaron en reaccionar. Eso se ha puesto perfectamente de manifiesto hoy en esta sala: cuando se fue el Sr. Sarkozy, se fueron todos los periodistas. No interesamos a nadie. Sobre todo, por nuestra incapacidad de reformar nuestra manera de trabajar. Hay gente excepcional en la Comisión y en el Parlamento, pero el sistema burocrático impide cualquier iniciativa. Fuimos capaces de reaccionar tras el tsunami que se produjo en Asia, pero mañana discutiremos un presupuesto, que se ha preparado sin tener en cuenta que estamos experimentando un tsunami económico en Europa. Podríamos hacer algo, señalar otras prioridades en nuestro presupuesto. También podríamos establecer prioridades en nuestras comisiones parlamentarias, que nos ayudarían a sobrevivir a esta crisis y a cumplir las expectativas de los ciudadanos. Se debe reformar la Comisión Europea. Quiero subrayar que las funciones estratégicas de la Comisión deberían quedar separadas de las técnicas, y entonces funcionaría con una mayor eficacia.
John Bowis (PPE-DE). - Señora Presidenta, al Presidente en ejercicio, ahora ausente, le diría: habló usted con elocuencia esta mañana sobre el reto para nuestro futuro económico, que legítimamente es prioritario en nuestra agenda, pero no menos legítima y elocuentemente dejó claro en la cumbre, y hoy otra vez, que su intención es mantener el calendario y los objetivos para abordar el cambio climático. Sus palabras son fundamentales y correctas. El paquete sobre cambio climático, dijo usted, es tan importante que no podemos sencillamente sacrificarlo con el pretexto de la crisis financiera.
Fue muy significativo que la Canciller Merkel, a pesar de las preocupaciones reales que su país y otros países tienen, dejara claro que Alemania está abiertamente a favor de la aplicación de los objetivos del cambio climático y de encontrar soluciones antes de la cumbre de diciembre. Si ése es el reto que nos plantea, creo que el Parlamento responderá, de manera eficaz y a tiempo.
Pero tengo que decir que ahora hay que centrarse en el Consejo. Para conseguir esto, necesitaremos garantías para los países que tengan problemas reales, como Polonia con el carbón. Tendremos que ser claros sobre los criterios para un enfoque más leve que sabemos que se proporcionará a una lista limitada de industrias y sectores que se enfrentan a verdaderos retos para las fugas. Asimismo, debemos dejar muy claro que nuestro apoyo al uso de biocombustibles en el transporte depende de la elaboración de combustibles de fuentes sostenibles. Sin todo eso, podríamos dañar de manera irreparable el medio ambiente y el hábitat, la fauna y la flora.
Nos hemos fijado un gran reto, pero es un reto que no nos podemos permitir sacrificar. Un desastre medioambiental haría que nuestros actuales problemas económicos parecieran insignificantes.
Como dijo el Presidente Sarkozy, ambas políticas deben ir juntas. Pero debemos asegurarnos —y el Presidente debe asegurarse— de que la incapacidad del Consejo para seguir su ejemplo no deje tirado al Parlamento.
Bernard Poignant (PSE). – (FR) Señora Presidenta, soy el primer socialista francés que participa en este debate. Lamento que se haya ido el Presidente en ejercicio del Consejo Europeo, que ha creído conveniente bromear sobre un importante partido de su gran país. Tiene derecho a hacerlo, pero también tiene la obligación de quedarse a oír la respuesta: eso es lo que le reprocho. De igual modo, no creo que sea conveniente que el Presidente en ejercicio del Consejo Europeo trate de crear divisiones en uno de los principales grupos del Parlamento. El señor Schulz le respondió. Cuando se mofe del socialismo francés, que tenga en cuenta el objetivo de sus mofas. Olvida que el socialismo francés dio a Europa grandes hombres como François Mitterrand, Jacques Delors…
(Aplausos)
... y olvida que, con el fin de tener credibilidad en Europa, ha cogido incluso prestados a dos socialistas, los señores Kouchner y Jouyet.
Lena Ek (ALDE). - (SV) Señora Presidenta, hay dos asuntos importantes. La primera es la crisis financiera. Es importante que, desde Europa, hablemos con una sola voz. La última vez que compartimos la gestión de una crisis con EEUU fue cuando tuvimos que discutir sobre terrorismo. Importamos un motón de normas que ahora parecen muy ajenas a la manera de pensar europea con respecto a la privacidad personal. Necesitamos tener un enfoque europeo para esta crisis y, por consiguiente, necesitamos tener leyes y normas comunes sobre, por ejemplo, la transparencia, la solidaridad y los instrumentos financieros que se han de usar en el mercado europeo. El Pacto de Estabilidad sería una excelente herramienta para este fin.
La segunda es el paquete sobre cambio climático. Hemos votado el paquete sobre cambio climático en dos comisiones principales y, por una mayoría amplia, hemos decidido unas directrices que apoyan la propuesta de la Comisión. No tenemos la más mínima intención de considerar ningún cambio en cuanto a los objetivos o el calendario. Si la Presidencia está decidida a hacer hincapié en los objetivos y el calendario, esperaremos la notificación de la fecha en la que podemos sentarnos y discutir el asunto en concreto. Por lo que respecta al Parlamento, usaremos nuestra competencia de codecisión y su procedimiento dentro del equilibrio interinstitucional.
(Aplausos)
Alexander Radwan (PPE-DE). – (DE) Señora Presidenta, yo también habría preferido hablar directamente al señor Sarkozy y al señor Barroso, en concreto porque quería dirigirme al Presidente de la Comisión, ya que hemos tenido escaso éxito con algunos Comisarios en los últimos años.
Los ciudadanos esperan que Europa se preocupe de asuntos importantes y no de trivialidades. El señor Schulz, que acaba de abandonar la Cámara, ha tratado por igual a todos los conservadores. Los ciudadanos no esperan que se les proteja como a niños en asuntos menores. En lugar de ello, quieren mayores exenciones de la regulación para las pequeñas y medianas empresas y para los ciudadanos y una mayor actuación en las cuestiones importantes. Quiero subrayar que el Parlamento Europeo ya pidió a la Comisión en 2003 presentar una propuesta sobre las agencias de calificación crediticia. Sorprendentemente, la Comisión se ha familiarizado, mientras tanto, con el término fondos de cobertura, aunque, sin duda, esto no es cierto en el caso de todos los Comisarios. El Presidente de la Comisión esta ahora investigando este ámbito.
El señor Schulz simplificó mucho las cosas al plantear que sólo tienen la culpa los Conservadores. De hecho, fue el Consejo el que, durante muchos años, impidió cualquier avance en el ámbito de la supervisión. Fueron los Ministros de Finanzas alemanes el señor Eichel y el señor Steinbrück. Quiero recordar al Parlamento que, normalmente, el responsable de retrasar las cosas a escala europea —y pido a los socialistas que se lo digan a su Presidente— era el señor Koch-Weser, que ahora ocupa un buen cargo en el Deutsche Bank.
En el futuro, esperamos que Europa introduzca sus valores morales y prioridades en la regulación de los mercados financieros. Esto significa sostenibilidad, no sólo maximizar los riesgos a fin de maximizar los beneficios. Asimismo, significa centrarse en los fundamentos, como haría una empresa mediana. Esto es algo que debemos introducir en un contexto internacional. No es suficiente simplemente celebrar conferencias internacionales. Europa debe estar unida a fin de garantizar a nivel internacional que algo como esto no vuelva a pasar otra vez.
Pervenche Berès (PSE). – (FR) Señora Presidenta, al examinar las conclusiones del Consejo, estoy impresionada por algo. Se menciona la cuestión de los pagos, y muy legítimamente, porque es una cuestión importante que tenemos que resolver juntos, y de la que tenemos que asumir la responsabilidad. No obstante, está también la cuestión de los paraísos fiscales, y, en ese tema, tengo la impresión —aunque puedo haberlo malinterpretado— de que, incluso entre líneas, el texto no dice nada.
El Presidente en ejercicio del Consejo ha dicho que tenemos que ser ambiciosos y no perseguir sólo el mínimo denominador común; le invito a seguir las mismas directrices en la cuestión de los paraísos fiscales. Asimismo, invito al Presidente Barroso a, quizás, ampliar su fuerza de trabajo para gestionar esta crisis incluyendo al Comisario Kovács, si realmente quiere abordar estas cuestiones.
Finalmente, insto a la Comisión a que pida a los Estados miembros que revisen sus planes de acción nacionales. ¿Qué sentido tiene que coordinemos las políticas económicas de acuerdo con programas nacionales que no tienen ni siquiera en cuenta las predicciones de recesión que tendremos que abordar? Si toma en serio la gobernanza económica, la Comisión tiene que exigir a los Estados miembros que revisen sus planes a la luz de la realidad de la situación económica a la que tendrán que hacer frente.
Por fin, todo el mundo ha dicho lo que piensa y, al final, tenemos algo de cooperación europea, pero no es suficiente. Tenemos una oportunidad histórica para dar a los Estados las herramientas para influir en la realidad de las políticas económicas y las estrategias económicas e industriales de los Estados miembros, así que saquémosle el mayor partido. En nombre de la Comisión, tienen que tomar la iniciativa para proporcionar un marco que establezca la forma en que los Estados miembros utilizan la nacionalización de los bancos para convertirlos en los instrumentos para la financiación a largo plazo de la inversión que necesitamos…
(La Presidenta interrumpe a la oradora)
Jacek Saryusz-Wolski (PPE-DE). - (FR) Señora Presidenta, señor Jouyet, el Consejo Europeo dedicó parte de sus conclusiones a la seguridad energética, pero esta cuestión ha pasado desapercibida, y no se ha considerado en los debates. Ahora es más importante que nunca. Apoyo las conclusiones del Consejo, pero el diablo se ocupa de los detalles, y es precisamente esos detalles, y particularidades, las que faltan. Quiero plantear dos de ellas.
En primer lugar, está la cuestión clave de las relaciones de la UE con los países productores y de tránsito. La idea de intensificar nuestra diplomacia energética está totalmente justificada, pero lo que siempre se está omitiendo es la voluntad, por parte de los Estados miembros, de ponerse de acuerdo en el mensaje que enviamos a terceros países y la consistencia de nuestras políticas a nivel nacional en relación con el interés común de la Unión. En resumen, carecemos de una política exterior y de seguridad energética común. El mínimo común denominador, es decir, la coordinación de nuestras posiciones hacia nuestros proveedores y países de tránsito, está muy lejos de conseguirse y aplicarse. Por consiguiente, en lugar de hablar con una sola voz, la política en vigor es el «Sálvese quien pueda», como lo demuestran una serie de acuerdos bilaterales que debilitan nuestra posición negociadora y empañan la imagen de nuestra unidad hacia el exterior.
El segundo problema es la falta de proyectos europeos. No se menciona ningún proyecto de oleoducto y gaseoducto, que son vitales para garantizar nuestra seguridad energética, y ahora el destino de Nabucco parece incierto, a pesar de aludirse a él como a un proyecto de alta prioridad.
Asimismo, tenemos que aprender de la crisis de Georgia en cuanto a la seguridad energética, y establecer un sistema eficaz para proteger la infraestructura existente en los países de tránsito durante los períodos de guerra o inestabilidad política.
En conclusión, recuerdo el lema del Consejo: responsabilidad y solidaridad. Ahora nos queda tomar más medidas; de lo contrario, corremos el peligro de que la política exterior europea sobre seguridad energética sea papel mojado.
Dariusz Rosati (PSE). – (PL) Señora Presidenta, ya que tomo la palabra en el debate sobre las conclusiones del Consejo Europeo, quiero referirme a dos cuestiones.
La primera de ellas se refiere a la crisis financiera. Ésta ha demostrado, fuera de toda duda, que se necesita mejorar, de manera radical, el sistema de control regulador de los bancos. Los cambios deben centrarse en mejorar la evaluación del riesgo de los bienes y ajustar las medidas preventivas a los nuevos instrumentos financieros. No obstante, se necesitan, además, cambios que conduzcan a la eliminación de las decisiones procíclicas sobre las hipotecas. Las hipotecas aumentan cuando sube el precio de los inmuebles y disminuyen cuando éste baja. Es precisamente este mecanismo el que contribuye a la aparición de las burbujas especulativas.
La segunda cuestión que quiero mencionar trata del paquete sobre el clima. Acojo positivamente la decisión del Consejo de buscar un compromiso sobre el sistema para la venta de autorizaciones para las emisiones de CO2. Hay Estados miembros en los que el 90 % de la energía tiene su origen en el carbón. Si se exigiera a estos países comprar el 100 % de sus autorizaciones a partir, tan sólo, de 2013, el efecto en sus economías sería catastrófico. El sentido común y el principio de igualdad de trato requieren que se introduzcan períodos de transición.
Avril Doyle (PPE-DE). - Señora Presidenta, en marzo de 2007 bajo la Presidencia alemana, y, otra vez en marzo de 2008 bajo la eslovena, los líderes de Europa se comprometieron a lograr el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en, por lo menos, un 20 % para el 2020, una ambición ya limitada. No nos engañemos: a fin de conseguir un acuerdo internacional posterior a 2012 sobre cambio climático en Copenhague, tendremos que hacer una declaración clara y sin ambigüedades a través de nuestra legislación.
La actual crisis de liquidez financiera internacional y el contexto económico ha propiciado que muchos se vuelvan prudentes a la hora de establecer objetivos a largo plazo sobre el CO2 o de obligar a la industria a lograr las reducciones necesarias de gases de efecto invernadero y, de este modo, dirigir la economía de Europa hacia una economía baja en carbono y sostenible, que tan desesperadamente necesitamos y que, estoy de acuerdo, va a provocar una tercera revolución industrial con una interesante ventaja para Europa por ser la primera en actuar en todo el ámbito de las nuevas tecnologías.
No obstante, los objetivos post 2012 de la UE no se deben ver a la luz de la actual crisis económica. Creo que nuestros gobiernos podrán resolver esta crisis antes y, ahora, debemos comprometernos para que las futuras generaciones no se lleven la peor parte —incluida la peor parte económica— de cualquier retraso en cuanto al paquete de energía y cambio climático. No podemos pagar un precio más alto en el futuro por nuestra incapacidad para actuar ahora, o la historia no será benevolente con nosotros; o como ha dicho el Presidente Sarkozy, perderemos nuestra cita con la historia.
El Parlamento Europeo me ha dado, como una de las ponentes en el paquete sobre el clima, un mandato sólido para dirigir las negociaciones con el Consejo en el diálogo a tres bandas, y asumo esta responsabilidad con seriedad. Debemos mantener los objetivos y el calendario y, como ha dicho el señor Sarkozy, estará a la orden del día una mayor pretensión con algunos compromisos. Espero una colaboración muy estrecha con la Comisión y el Consejo bajo la Presidencia francesa. Creo que juntos podemos y encontraremos un acuerdo eficaz y factible sobre el paquete de energía y cambio climático para diciembre…
(La Presidenta interrumpe a la oradora.)
Ieke van den Burg (PSE). - Señora Presidenta, es interesante ver que la supervisión del mercado financiero se ha convertido en una Chefsache en el Consejo. Agradezco la creación del grupo de alto nivel con el Señor Jacques de Larosière, que en el PE hemos estado exigiendo durante varios años.
Quiero dar este claro mensaje: no es suficiente sólo coordinación. Realmente, necesitamos soluciones institucionales. La cooperación voluntaria de los supervisores nacionales de acuerdo con sistemas que se basan en «cumplir o explicar» como en la Solvencia II y en las propuestas de la Directiva sobre Requisitos de Capital es insuficiente, y el Foro de Estabilidad Financiera, que casi no tiene que rendir cuentas y que sólo tiene representantes de los países más grandes, con sus intereses nacionales, no es suficiente. No transmite una voz clara desde Europa. Necesitamos una estructura unificada similar al sistema europeo de bancos centrales, que está perfectamente establecido para ser un árbitro a nivel interno y una voz sólida a nivel internacional.
Paul Rübig (PPE-DE). – (DE) Señora Presidenta, en primer lugar, quiero felicitar al Consejo por su acuerdo sobre la tercera vía para el paquete sobre energía y cambio climático. Esta es una solución razonable que nos permitirá evitar la compra forzosa de compañías eléctricas, y, sin embargo, garantizar una competencia regular.
En segundo lugar, quiero decir que el tema del CO2 es, por supuesto, especialmente importante en el contexto de la crisis financiera, porque con la subasta corremos el riesgo, una vez más, de bordear la economía real y crear un nuevo instrumento especulativo financiero que llevará a la industria con un consumo intensivo de energía a irse de Europa. Por consiguiente, les pido, una vez más, que consideren detenidamente si no tendría más sentido la asignación gratuita de certificados de emisión de CO2 con un derecho de emisión máximo del 20% que quitar a las empresas el dinero que necesitan para invertir en innovación y desarrollo a fin de lograr la reducción del 20%.
Tenemos que estimular la inversión, especialmente para las pequeñas y medianas empresas. Por consiguiente, pido, además, que se desarrollen, de manera significativa, las redes transeuropeas, en especial, en el ámbito de la energía, y que se desarrollen estrategias para unas medidas más eficaces de eficacia energética, porque esto es especialmente importante para nuestras pequeñas empresas, y para el empleo y los salarios netos en Europa.
Finalmente, quiero pedir al Comisario Kovács que considere la manera de conseguir la reactivación de la economía a través de la política fiscal y, en particular, a través de nuevas oportunidades y más breves para la amortización y de deducciones adecuadas. Es posible que aplicando nuevas políticas e incentivos fiscales se pueda estimular la economía europea.
Giles Chichester (PPE-DE). - Señora Presidenta, no sería inverosímil equiparar la crisis de los mercados financieros con un huracán: una vez que el viento amaina parece que viene la calma, pero la devastación que deja tras él se tarda años en limpiar, y así ocurrirá con las consecuencias económicas y sociales de la confusión que hemos presenciado.
Tenemos que encontrar un equilibrio entre la continuidad y la adaptación a la luz del cambio de las circunstancias. En cuanto a la política energética, eso significa ser fiel a los objetivos estratégicos sobre suministro, sostenibilidad y competitividad, al tiempo que se considera si tenemos que cambiar las tácticas, los medios. La energía es vital para nuestro modo y nivel de vida. Es una industria a largo plazo, en la que crear nueva capacidad productiva lleva 5, 10 o 15 años, y, obviamente, no puede ser una respuesta a corto plazo para los retos a corto plazo a los que nos enfrentamos. En la misma línea, abordar el cambio climático es una cuestión a largo plazo, y no hay una fórmula mágica o una solución sencilla.
En cuanto a las tácticas, hay algunos que tienen reservas sobre el nivel y momento de los objetivos del paquete de energía y cambio climático. Hay quienes les preocupan las fugas de carbono o la deslocalización de los puestos de trabajo europeos, desde bastante antes de la crisis financiera. Quizás tengamos que examinar los detalles, cuando no al principio implicado, otra vez.
No obstante, mi principal preocupación, en este momento, es qué no deberíamos hacer, y es no caer en la trampa de un exceso de normativa, porque ésta podría precipitar algo mucho peor: que se vuelva a repetir la crisis económica de los años 30. Conozco de sobra la importancia de una buena reglamentación para que los mercados funcionen bien y para la transparencia, pero no matemos a la gallina de los huevos de oro.
Ryszard Czarnecki (UEN). – (PL) Gracias a los esfuerzos del Presidente y del Primer Ministro de mi país, Polonia, prevaleció el sentido común en la Cumbre de Bruselas, y se envió el mensaje adecuado sobre el paquete del cambio climático. De conformidad con los acuerdos de la Cumbre, por los que se debe dar gracias a los líderes de Europa, se ha alejado la amenaza de restricciones medioambientales excesivamente onerosas que afectarían a los nuevos Estados miembros en particular. No obstante, esa amenaza no ha desaparecido totalmente.
Asimismo, la Cumbre trató de la crisis financiera. Curiosamente, se había celebrado una mini cumbre, a la que asistieron los países más grandes de la Unión Europea, unos pocos días antes. Esta mini cumbre recordó al Politburó del Partido Comunista de la Unión Soviética. Los Estados miembros más poderosos de la Unión no tienen derecho a imponer sus soluciones sobre los otros países. Además, la aplicación del doble rasero es irritante. Me refiero al hecho de que es aceptable financiar a los bancos en los Estados miembros, pero no es aceptable ayudar a los astilleros polacos. A este respecto, la Unión Europea no es diferente a la Rebelión en la Granja de George Orwell, en la que todos los animales son iguales pero algunos son más iguales que otros.
Zuzana Roithová (PPE-DE). – (CS) Considero que la discusión sobre el alcance y el ritmo de las modificaciones a las normas medioambientales y sociales, entre otras, junto con la revisión de las normativas europeas, es una cuestión clave para resolver la recesión económica que la economía europea está, en estos momentos, sufriendo. El señor Schulz ha citado aquí, con sorna, los compromisos de la Comisión y el Consejo, pero también el Parlamento puede reducir el exceso de regulación de la Unión. Es precisamente el valor añadido negativo lo que mina la competitividad de la UE a nivel mundial. Los sectores del automóvil, la electrónica, el vidrio y textil, entre otros, no necesitan una inyección de fondos: necesitan niveles razonables de normativa. La crisis financiera no es el resultado de una falta de reglamentos, sino del fracaso de los mecanismos de control. Esos mecanismos son los que fallaron a la hora proteger las inversiones y los que amenazan el empleo. Lo mismo se aplica a los reglamentos a escala mundial. La crisis y la recensión económica mundial ofrecen la oportunidad de desarrollar una serie de regulaciones más exhaustivas para los mercados mundiales y no sólo para los europeos, a fin de lograr un desarrollo a largo plazo sostenible, medioambiental y socialmente aceptable. Éste es el entorno que debemos crear para los europeos también a nivel mundial. Por lo demás, acojo positivamente el acuerdo del Consejo sobre el paquete de energía.
Stavros Lambrinidis (PSE). - (EL) Señora Presidenta, lo que necesitamos, hoy aquí, es un nuevo acuerdo económico y social, el equivalente a un «New Deal». Si la UE no logra esto, entonces, la codicia del mercado continuará fomentando las inversiones contraproducentes que hipotecan su futuro y el futuro de sus trabajadores y ciudadanos.
¿Qué significa este nuevo trato? Necesitamos un nuevo sistema de gobernanza económica, un nuevo papel para el Banco Central Europeo, una nueva percepción del estado social, no como la cola del libre mercado, sino como la clave del desarrollo. Necesitamos una nueva financiación europea, un fondo de desarrollo verde, un fondo de globalización importante y, por supuesto, un presupuesto mayor para Europa, y necesitamos un nuevo Maastricht social de empleo y de crecimiento.
Marios Matsakis (ALDE). - Señora Presidenta, muchos ciudadanos europeos —incluidos algunos a los que yo represento— querían preguntar al señor Barroso y al señor Sarkozy si creían que era justo que los ciudadanos europeos de a pie corrieran con el coste de esta crisis financiera, en vez de hacerlo los ejecutivos de los bancos de Estados Unidos o de Europa que ganaron millones tras actuar negligentemente —o incluso delictivamente en algunos casos— y que ahora disfrutan sus millones al tenerlos en paraísos fiscales o en cuentas de ahorro garantizadas. Además, querían preguntar al señor Barroso y al señor Sarkozy si es justo que, cuando la economía estadounidense coge un catarro o tiene un cáncer, sean los europeos los que se sometan a quimioterapia. «Sí» a la cooperación con los estadounidenses, pero «no» a la dependencia.
Marie Anne Isler Béguin (Verts/ALE). - (FR) Señora Presidenta, señor Jouyet, yo estaba en Tbilisi, cuando llegó el Presidente para negociar el plan de paz, y, por supuesto, quiero rendirle tributo por su rápida actuación para parar esta guerra. No obstante, la guerra fue en parte un fracaso nuestro: durante catorce años, hemos sido demasiado prudentes; hemos observado en silencio cómo se intensificaban las provocaciones en las regiones separatistas. Es cierto que esta guerra fue una llamada de atención a Europa, para que hiciera frente a sus responsabilidades, pero en el Cáucaso todavía humean las hogueras, y debemos hacer todo lo posible para poner fin definitivamente a los conflictos estancados, en el interés de la seguridad de toda Europa.
Además, sé, señor Jouyet, que los países europeos están divididos con respecto a la entrada de Georgia en la OTAN; yo misma estoy en contra. Le haré una propuesta: pido a la Unión Europea que proponga la neutralidad para los países del Cáucaso. Sólo la neutralidad calmará las tensiones con Rusia y protegerá definitivamente a esta región de nuevos conflictos. La neutralidad garantizará la seguridad de estas nuevas democracias, y ayudará a garantizar nuestra propia seguridad.
Mirosław Mariusz Piotrowski (UEN). – (PL) Una de las cuestiones principales planteadas durante la Cumbre fue la crisis financiera mundial, junto con el paquete sobre cambio climático. Fue apropiado que el Consejo se centrara en este problema. No obstante, lo que es preocupante es que las decisiones clave se tomaran con anterioridad, en una reunión de los representantes de apenas cuatro países. La posición se consolidó posteriormente en el denominado Eurogrupo, y, sólo entonces, se llevó al Consejo Europeo. Este procedimiento levanta serias dudas sobre si, en realidad, se está tomando en serio el Consejo Europeo, o, simplemente como un foro que aprueba oficialmente las decisiones de un pequeño grupo de líderes. ¿Tenemos que considerar que, a todos los efectos, ha surgido ahora una Europa de tres velocidades?
A la luz de la crisis mundial, además, merece la pena reconsiderar decisiones anteriores sobre la limitación de las emisiones de dióxido de carbono. La aplicación inmediata de éstas podría intensificar aún más la recesión, especialmente en los países de Europa Central y Oriental, como, por ejemplo, Polonia, con consecuencias negativas para toda la economía europea. Por consiguiente, se debe aprobar un paquete distinto para aquellos países cuya principal fuente de energía sea el carbón.
Jean-Pierre Jouyet, Presidente en ejercicio del Consejo. – (FR) Señora Presidenta, seré breve teniendo en cuenta las respuestas que ya se han dado.
Quiero decir a la señora McAvan que estoy completamente de acuerdo con ella en que el paquete debe ser ambicioso, que esperamos que, si es posible, con la ayuda del Parlamento, podamos llegar a un acuerdo para Navidad, y que estamos de acuerdo en que no debería ser un simple acuerdo cualquiera. Por consiguiente, compartimos totalmente su filosofía, y esperamos que se logre un buen equilibrio entre la competitividad y el desarrollo sostenible.
Con respecto a la señora Starkevičiūtė, lo que quisiera decirle es que está claro que la crisis financiera ya ha tenido su mayor impacto. Debemos, y les digo esto también a otros oradores, mantener el rumbo, y por eso seguimos con el paquete de energía y cambio climático. Sobre el tema del presupuesto de la UE, lo debatiremos mañana juntos, en el contexto de la primera lectura que usted ha hecho. Creo que la propuesta de la Comisión se centra en el crecimiento y el desarrollo sostenible y que no debemos apartarnos de eso, pero volveremos sobre ello durante el debate de mañana.
Con relación a los comentarios del señor Bowis, está claro que no podemos suspender temporalmente nuestras pretensiones respecto al paquete de energía y cambio climático en vista de la crisis financiera; ya se ha hecho hincapie en eso. Sin embargo, debemos tener en cuenta las variaciones en las fuentes nacionales de energía y los equilibrios sectoriales.
A los señores Poignant y Savary les digo, en primer lugar, que reconozco la gran aportación hecha por los socialistas franceses a los debates en el Parlamento Europeo y su gran aportación al Grupo Socialista del Parlamento Europeo y, en segundo lugar, que me considero uno de los que más conciencia tienen de lo mucho que Europa debe a Jacques Delors y François Mitterrand. Asimismo, creo que el Partido Socialista Francés, a veces, tiene que gritar más alto, lo que evitaría determinadas ambigüedades: «Europa no es una causa de la derecha o de la izquierda; es la causa europea». Eso es lo que he aprendido del señor Delors, y sé que los señores Savary y Poignant comparten este punto de vista.
En relación con lo dicho por la señora Ek, claro que somos sinceros con respecto a los objetivos y el calendario. Debemos actuar para garantizar que el paquete esté listo para los retos internacionales que Europa tendrá que afrontar.
Con respecto a los comentarios del señor Radwan y otros sobre la crisis financiera, claramente, estamos adoptando medidas para proteger a los ciudadanos, para proteger a los ahorradores, y para garantizar que los responsables de la crisis en las diversas instituciones tengan que pagar por ello. Ya hemos dicho que se debe aplicar aquí el principio del deber de control. El dinero que se ha puesto se debe usar para proteger a los ciudadanos y ahorradores; su propósito no es dar un regalo a las partes que son las principales responsables de la crisis financiera, sea en Estados Unidos o en Europa, porque apostaron demasiado fuerte por la especulación.
La señora Berès tiene toda la razón al hacer hincapie, tal y como se ha dicho, en la lucha contra los paraísos fiscales dentro y fuera de la UE. Esta cuestión no se trató adecuadamente en las conclusiones del Consejo Europeo pero, tal y como dijo el Presidente en ejercicio del Consejo, habrá otros encuentros europeos; y «europeos» es la palabra correcta. Ésta no es una Europa de dos, tres o cuatro velocidades: hay encuentros europeos en los que podemos redactar, juntos, reglamentos financieros internacionales —nuevas normativas financieras internacionales— que prepararán el terreno para una mejor financiación a largo plazo de la economía. Respaldo lo que se ha dicho sobre la necesidad de diversidad en el grupo de reflexión creado por la Comisión.
El señor Saryusz-Wolski tiene toda la razón, y hace una observación muy importante: no hemos puesto suficientemente de relieve las conclusiones del Consejo, en particular, con respecto a la seguridad energética. Lo que se hizo sobre seguridad energética en el último Consejo Europeo, es algo de extrema importancia. Al mismo tiempo, tenemos que desarrollar en la práctica lo que se dijo en relación con las relaciones con los países productores y en tránsito. Somos muy claros sobre qué mensajes tenemos que enviar a terceros países, y, obviamente, tenemos que tenerlo en mente en el contexto del diálogo con Rusia. Asimismo, tenemos que desarrollar estas conclusiones a través de proyectos de apoyo para diversificar las fuentes de suministro, como, por ejemplo, los que se ha mencionado, en particular, Nabucco. Por supuesto, fue, en este sentido, una especie de Europa de la energía lo que germinó durante el último Consejo Europeo.
Respecto a los comentarios del señor Rosati, tal y como hemos dicho, debemos tener en cuanta las características concretas de la situación energética en Polonia, en particular, con respecto al carbón, pero está claro que Polonia también tendrá que asumir su responsabilidad en el contexto de los preparativos para la cumbre de Poznán a finales de año.
Finalmente, estoy totalmente de acuerdo con lo que ha dicho la señora Doyle. Debemos ser responsables. La crisis financiera no debe hacernos olvidar la respuesta que tenemos que dar a la crisis medioambiental, y no debemos escondernos detrás de la crisis financiera.
En cuanto a lo que pidió la señora van den Burg, ciertamente, necesitamos una mejor coordinación institucional en lo tocante a los supervisores. Tenemos que distinguir entre supervisión y reglamentación, y, en cuanto a los supervisores, necesitamos una mejor coordinación a escala institucional.
Al igual que el señor Rübig, estoy contento con el acuerdo alcanzado sobre la propuesta de una «tercera vía» para la energía. Es, en mi opinión, un compromiso completamente satisfactorio. Creo que es todo lo que puedo decirle. Igualmente, es importante tener incentivos fiscales para el ahorro de energía: comparto su punto de vista en eso.
Con respecto a lo que dijo el señor Chichester, es cierto que necesitamos soluciones estructurales para la crisis financiera —que será el reto para las próximas cumbres internacionales— y para el cambio climático, y debemos, sobre todo, tener una buena normativa, no un exceso de ella.
Finalmente, respecto a los comentarios del señor Czarnecki, está claro que, ante determinados problemas industriales, tenemos que estudiar las opciones de adaptación en algunos países. Éste es el caso de Polonia y sus astilleros navales; somos muy conscientes del problema.
Por último, respecto a lo que dijo la señora Isler Béguin, sabemos que resolver los problemas en el Cáucaso será un proceso interminable, y que Europa debe, además, adoptar medidas preventivas. Estoy de acuerdo con ella en que, además, debemos ser más progresistas respecto de la situación jurídica de estas regiones y de las regiones vecinas de Rusia.
Joaquín Almunia, miembro de la Comisión. – (FR) Señora Presidenta, tengo que hacer cuatro observaciones en cinco minutos. En primer lugar, Europa ha respondido, finalmente, unida. No habíamos comenzado «unidos», pero respondimos al unísono en las reuniones del Eurogrupo y del Consejo de Europa, y debemos continuar haciéndolo así. Ese es el mensaje que, creo, apoya todo el mundo. Una unión que va desde la coordinación de los paquetes de ayudas a la coordinación de los sistemas bancarios. Es absolutamente necesario coordinar dichos sistemas a nivel europeo para no causar problemas en determinados países. Una unión en Europa diseñada para la gobernanza mundial del sistema monetario y financiero. Eso es algo que se ha repetido aquí muchas veces, muchísimas veces, a nivel de Consejo. Además, en lo que se refiere a varios Estados miembros, éste es un nuevo mensaje que no se debe olvidar la semana que viene.
En segundo lugar, estoy totalmente de acuerdo —y esto es algo que el Presidente de la Comisión y el Presidente en ejercicio del Consejo han indicado— en que, a fin de emprender una nueva fase en la que haya una mejor regulación del sistema financiero a nivel europeo, Europa debe, durante los próximos años, desempeñar un papel de liderazgo a nivel mundial en lo que se refiere a esa regulación. Estoy totalmente de acuerdo con quienes han apoyado resueltamente que la supervisión se institucionalice, y no sólo que se coordine, a escala europea.
En tercer lugar, estoy completamente de acuerdo con quienes han hablado de la necesidad de adaptar los programas nacionales de reforma y las estrategias de Lisboa a los retos de la economía real de hoy y de mañana. Es más, este trabajo ya está en marcha y la Comisión se lo presentará a ustedes y al Consejo, en diciembre. Además, es necesario, en lo que se refiere a esta nueva dimensión y esta adaptación a la Estrategia de Lisboa, tener en cuenta el tejido industrial y, en particular, las pequeñas y medianas empresas, que son las principales víctimas de la falta de crédito provocada por la crisis en el sistema bancario.
Por último, el presupuesto. Es necesario, claro está, usar el presupuesto y los presupuestos nacionales sin crear problemas de sostenibilidad para el futuro. En lugar de ello, se deben usar los márgenes de maniobra de la política fiscal y presupuestaria, y esto dentro del marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento revisado en 2005. Hay mucho espacio para la flexibilidad, pero existe también la necesidad —y ustedes, junto con el Consejo, son la Autoridad Presupuestaria— de empezar a concebir el presupuesto europeo. Además, ése es el tema para un verdadero debate.
(Aplausos)
Presidenta. – El debate queda cerrado.
De conformidad con el artículo 103, apartado 2, del Reglamento interno, he recibido seis propuestas de resolución (1).
La votación se celebrará mañana, miércoles 22 de octubre de 2008.
Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)
Roberta Alma Anastase (PPE-DE), por escrito. – (RO) Las decisiones adoptadas en la reunión del Consejo Europeo del 15 y 16 de octubre de 2008, son de vital importancia para el futuro de Europa. En primer lugar, acojo positivamente las discusiones sobre la ratificación del Tratado de Lisboa. La Unión Europea (UE) tiene que llevar a cabo las reformas institucionales estipuladas en el Tratado a fin de garantizar que la organización funcione de manera eficaz y coherente, lo que supone una mayor transparencia para los ciudadanos de Europa. Por consiguiente, es de gran prioridad que el proceso para la ratificación del Tratado de Lisboa continúe y se complete lo antes posible en los veintisiete Estados miembros.
En segundo lugar, como ponente sobre la cooperación regional en la región del Mar Negro y miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores, quiero subrayar la importancia de los aspectos de la política exterior. Quiero reiterar lo urgente que es desarrollar una política europea común sobre energía, a fin de fomentar la seguridad energética y la unidad europea, así como de diversificar el suministro de energía a través del apoyo firme a los proyectos estratégicos como el del gasoducto Nabucco.
Por último, pero no por ello menos importante, acojo positivamente la decisión de reforzar las relaciones de la UE con sus vecinos orientales, en este caso, la República de Moldavia, a través de la firma de un nuevo acuerdo de cooperación de gran alcance. Además, la UE tiene que seguir estando activamente implicada en Georgia, así como en la solución de todos los conflictos de la región del Mar Negro.
Jean-Pierre Audy (PPE-DE), por escrito. – (FR) En primer lugar, quiero felicitar a la Presidencia francesa de la Unión Europea ejercida por el señor Sarkozy, Presidente de la República Francesa por el dinamismo, pasión y visión con la que ha asumido su mandato. Tanto en la cuestión de la guerra en el Cáucaso, que se ha evitado, como en las medidas adoptadas para resolver la crisis financiera y económica, la Presidencia ha demostrado lo mucho que necesitamos una Unión Europea fuerte y unida y una presidencia permanente para defender nuestros valores en un mundo que cambia a pasos agigantados y que se ha vuelto mucho más complejo. Con respecto a la crisis financiera y la necesidad de que la economía continúe funcionando adecuadamente, estoy a favor de que los Estados miembros usen su solidez financiera para intervenir a fin de restablecer la confianza. Los Estados miembros usan lo que, en el ámbito privado, son recursos que no aparecen en el balance de situación; es decir, garantías. En este contexto, lanzo la idea de estudiar la creación de un instrumento público mundial para valorar a los Estados. Éste se ubicaría con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y su gobernanza sería incuestionable e independiente. Esa agencia pública mundial para valorar a los Estados sería muy útil por lo que se refiere a garantizar que las finanzas y la economía mundiales estuvieran funcionado adecuadamente y que, por consiguiente, se estuviera haciendo, además, el debido progreso social.
Katerina Batzeli (PSE), por escrito. – (EL) El acuerdo expresado por el Consejo Europeo el 15 y 16 de octubre es un comienzo, pero no es suficiente.
Tenemos que volver a establecer el equilibrio de la Unión Monetaria Europea, junto con las políticas de desarrollo y sociales. Necesitamos una única política comunitaria y una nueva gobernanza económica e institucional para reestablecer el equilibrio básico de la economía en la eurozona.
En definitiva, se tiene que volver a examinar la creación de un fondo común europeo como consecuencia de las medidas directas adoptadas para abordar la crisis del crédito y se tiene que dejar claro que no puede suponer una carga para los contribuyentes, a largo plazo. La filosofía de permitir que la crisis del crédito se regule por si sola, aplicada hasta el momento a escala nacional, acarrea el peligro de la nacionalización de las políticas económicas y sociales y de la aparición de una economía europea con múltiples trayectorias. Se debe evitar esta escisión de la imagen institucional de la UE.
Europa tiene una oportunidad única e histórica y debe presentar su nuevo modelo de desarrollo económico y social, como había empezado a hacer a través de sus políticas sobre cambio climático, seguridad energética, estabilidad social y de una economía sostenible. Una vez que la crisis económica haya completado su evolución, Europa debería estar más fuerte a nivel político e institucional, debería ser más social y mostrar el camino en la política sobre cambio climático.
Titus Corlăţean (PSE), por escrito. – (RO) Acojo positivamente las conclusiones de la reunión del Consejo Europeo del 15 y 16 de octubre de 2008 respecto a la necesidad de redefinir la política de la Unión Europea sobre sus vecinos orientales, en particular en cuanto a la República de Moldavia. Realmente, la Unión Europea tiene que incluir a la región del Mar Negro y, obviamente, a la República de Moldavia en su lista de prioridades políticas.
Tenemos que establecer un mandato claro para negociar un nuevo acuerdo sobre el aumento de la cooperación con este país, pero con la condición muy clara de que es necesario que se produzca un progreso evidente y que el Gobierno comunista del presidente Chişinău se adhiera totalmente a las normas democráticas y legales de la legislación europea, así como que se respete la independencia del sistema judicial y el derecho de la prensa a la libertad de expresión. Los requisitos previos para la firma de este acuerdo son reprimir los abusos y excesos antidemocráticos de las autoridades comunistas, modificar la legislación a fin de anular las disposiciones que impiden a los ciudadanos con doble o múltiple nacionalidad tener acceso a cargos públicos y modificar la ley electoral de conformidad con las normas de los Estados miembros de la Unión Europea y de las recomendaciones del Consejo Europeo.
Rumania ha sido y será la principal defensora de la futura integración de República de Moldavia en Europa y espero que las autoridades moldavas adopten medidas específicas en esta dirección.
Daniel Dăianu (ALDE), por escrito. – Un nuevo Bretton Woods se tiene que preparar bien.
Cada vez hay más dirigentes políticos que están a favor de organizar una conferencia mundial para abordar los defectos estructurales de las actuales finanzas mundiales y cambiar la estructura internacional en este ámbito. No hace falta decir que se necesita urgentemente una reunión de nuevas y antiguas potencias económicas para dicha tarea histórica. Pero una conferencia mundial (¡un nuevo Bretton Woods!) se tiene que preparar bien. En primer lugar, se tienen que definir los estudios que sustentan la reconstrucción de las finanzas mundiales. Keynes y Dexter White dirigieron a un grupo de expertos durante un considerable período de tiempo, a pesar de ser una época de guerra, a fin de crear un proyecto viable. Tenemos que asegurarnos de que dicho proyecto sea factible cuando haya que tomar las decisiones. El equipo dirigido por el señor de Larosiere puede ser de gran ayuda con respecto a esto. En segundo lugar, es necesario que las mayores potencias económicas compartan las mismas ideas sobre las cuestiones clave. Y, en este aspecto, las cosas son más complicadas. Espero de verdad que la UE lidere los esfuerzos de integración para renovar el sistema financiero internacional y revisar los marcos normativos y de supervisión para que las finanzas puedan de verdad ser útiles a la economía.
Proinsias De Rossa (PSE), por escrito. – Europa, incluida Irlanda, necesita el Tratado de Lisboa si tenemos que desarrollar políticas coherentes y eficaces para abordar las crisis mundiales de la debacle del sistema financiero, el cambio climático, y el subdesarrollo de buena parte del mundo.
El nacionalismo económico no puede solucionar estos retos mundiales. Tampoco lo hará el dar carta blanca a las instituciones financieras o las sociedades mercantiles transnacionales para que hagan lo que quieran, al tiempo que se espera que los contribuyentes les saquen de apuros cuando golpee la crisis.
Necesitamos un sistema de gobernanza mundial que incluya la regulación transnacional de los mercados financieros. De hecho que incluya la facultad de gravar a dichas instituciones de manera que se evite que contrapongan un país a otro.
Para estabilizar esos mercados, es necesario un sistema tributario del cambio de divisa, que, además, puede ser un instrumento valioso para cubrir la falta de financiación en la aplicación de los Objetivos de desarrollo del Milenio.
Dicho sistema de gravamen se conoce normalmente como «impuesto Tobin». James Tobin fue el primero en proponerlo después de que EE.UU. destruyera el sistema Bretton Woods. Tendría un triple efecto: 1, ayudaría a estabilizar los mercados de divisas; 2, proporcionaría unos fondos considerables para ayudar a la aplicación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio; 3 recuperaría parte de la autorregulación concedida hasta ahora a los mercados financieros.
Elisa Ferreira (PSE), por escrito. – (PT) La moneda única europea ha creado una barrera que ha protegido a la Unión Europea de un mal mayor durante esta crisis. En este contexto, el euro, sin lugar a dudas, ha sido un éxito europeo.
Ante la desreglamentación y la crisis en los mercados, se ha desencadenado toda una serie actuaciones nacionales contradictorias entre si. Se ha precipitado un acuerdo que finalmente acogimos positivamente, pero no podemos olvidar la pasividad excesiva de la Comisión cuando se necesitaba un mínimo de prudencia y perspectiva.
En los últimos años —no meses— este Parlamento ha debatido y aprobado propuestas fundadas de reforma, en especial en el ámbito de la reglamentación y supervisión del mercado. En función de esta credibilidad, exigimos a la Presidencia del Consejo y la Comisión una implicación activa de esta Cámara en las soluciones de reforma, que deberán cubrir tres objetivos.
En primer lugar, en una Europa integrada, los riesgos sistémicos no pueden seguir regulándose a nivel nacional. Se debe intervenir a nivel estructural con normas claras y estables que garanticen la solidez del sistema.
En segundo lugar, en un mundo globalizado, Europa debe ser parte activa en la creación de un nuevo marco internacional en el que participen los principales socios.
En tercer lugar, en un momento en el que la recesión económica es ya un hecho, debemos, de manera coordinada, aplicar un paquete de recuperación económica que garantice el crecimiento y el empleo y permita a las familias y las empresas recuperar la confianza.
Ilda Figueiredo (GUE/NGL), por escrito. – (PT) Se ha omitido una vez más el elemento esencial de este debate: es decir, se debe romper con las políticas vigentes que son la causa principal de las actuales crisis. No obstante, fue interesante escuchar ayer a los grandes defensores del neoliberalismo admitir ahora que algo debe cambiar, pero sólo en cuanto a la «refundación del capitalismo», como señaló el Presidente Sarkozy. Por esta razón, una de sus prioridades es el desarrollo de la política de inmigración, en particular a través de la Directiva sobre retorno, que no respeta los derechos humanos fundamentales y que trata a los inmigrantes ilegales como si fueran delincuentes y no personas que escapan del hambre que hay en sus países, en busca de un futuro mejor para ellos y sus familias.
Uno de los principales aspectos de sus políticas continúa siendo el creciente menosprecio por las cuestiones sociales. Para abordar la crisis financiera, han movilizado medios y voluntades incalculables. No obstante, con respecto a la situación social y la crisis por la bajada del poder de compra, el aumento de la pobreza, el desempleo y el trabajo precario y mal pagado, siguen faltando los medios y la voluntad política exigidos. De hecho, lo que proponen tenderá a agravar la situación social y las desigualdades en la distribución de la riqueza.
Pedro Guerreiro (GUE/NGL), por escrito. – (PT) El Consejo Europeo ha confirmado las medidas previamente aprobadas que están destinadas a rescatar el capital financiero, el pilar del sistema capitalista, y garantizar la «contante reforma estructural».
La «refundación del capitalismo» simplemente significa más capitalismo —con todas sus malsanas contradicciones— más explotación de los trabajadores, más liberalización y privatización de los servicios públicos y más ingresos del trabajo transferidos al capital, una política que el Gobierno socialista de Portugal está aplicando escrupulosamente.
Sin embargo, no se ha dicho nada sobre:
- las crecientes dificultades a las que se enfrentan los trabajadores y la población en general, para aumentar los salarios y las prestaciones sociales, para reducir los precios de los bienes y servicios esenciales, o para una efectiva contención del aumento de los gastos de hipoteca;
- el fomento de la inversión productiva, los derechos laborales, los servicios públicos y un sector empresarial público fuerte —como en la banca— a través de una distribución justa de la riqueza creada;
- el fin de la política monetaria actual de la UE y su Pacto de Estabilidad, el fin de los «paraísos fiscales», y el refuerzo y uso de fondos estructurales para garantizar un desarrollo económico efectivo y mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.
Es decir, no se ha dicho nada sobre una ruptura con las políticas capitalistas…
Gábor Harangozó (PSE), por escrito. – Dadas las circunstancias excepcionales actuales del mercado, se necesitan medidas concretas a fin de garantizar la suficiente flexibilidad en la aplicación del Pacto de Estabilidad. Los hechos sin precedentes han puesto al descubierto las limitaciones del sistema europeo de integración financiera cuando se enfrenta a una crisis de esta magnitud. Cuando se reformó el Pacto de Estabilidad, nadie podía haber esperado tal caos financiero y la flexibilidad dada al Pacto de Estabilidad en caso de desaceleración económica parece insuficiente a la luz de los acontecimientos recientes. Tenemos que mantener la disciplina presupuestaria, pero se debe establecer una mayor flexibilidad para permitir que los nuevos miembros se unan a la zona euro tan pronto como sea posible. Con las normas actuales, la crisis financiera puede impedir, de hecho, que los nuevos miembros se unan a la zona euro tal y como estaba fijado. La racionalidad económica que subyace bajo la interpretación del mecanismo europeo de cambio debe readaptarse a las circunstancias financieras actuales para así crear las condiciones para unos mercados financieros sostenibles en los países que accedan a la zona euro. Acelerar el proceso permitiendo caminos específicos para adoptar el euro en cada país adherente según sus condiciones económicas, puede ser una solución ya que la crisis financiera ha hecho que la necesidad de los países en vías de adhesión de sumarse a la zona euro sea mayor.
Mieczysław Edmund Janowski (UEN), por escrito. – (PL) La actual crisis no es sólo una crisis financiera, tambíen es una crisis energética y alimentaria. Es la punta del iceberg cuya base está en parte en el derrumbamiento de los principios morales fundamentales y en parte en la ingenuidad humana. Evidencian esto la especulación y las inversiones poco seguras.
No existe el movimiento continuo ni en física ni en economía. ¿Qué guiaba a quienes, por medio de engaños, hundieron las finanzas del mundo? Nos dejamos embaucar por personas que crearon sus fortunas sobre el engaño. Ahora se espera que los contribuyentes saquen de apuros al sistema bancario. Es probable que esto cueste más que todo el presupuesto de la Unión Europea. La conmoción financiera se sintió primero en los Estados Unidos, pero sus consecuencias han afectado a todo el mundo. Determinados países como Islandia se encontraron al borde del desastre total. Seguro que se va a producir una reacción en cadena que causará mayores pérdidas. ¿Se puede sacar algo positivo de todo esto? Quizás sí. Quizás lleguemos a comprender que no es lícito construir nada en base al engaño, a partir de premisas falsas, y que se necesita una base firme de fiabilidad y solidaridad. No es cuestión de garantizar que la expresión «seguro como una banco» recupere su antiguo significado. Lo que está en cuestión es nuestro futuro y el de nuestros hijos. La economía de mercado, o, para decirlo de otra manera, el capitalismo, tiene que funcionar a partir de principios sólidos y perdurables, y la honestidad es un principio importante.
Eija-Riitta Korhola (PPE-DE), por escrito. – (FI) Señora Presidenta, en primer lugar, quiero agradecer al Presidente en ejercicio del Consejo lo que considero una línea de razonamiento adecuada: se debe dar alta prioridad a los intereses del medio ambiente en los buenos y en los malos tiempos. Sus respuestas a los señores Wurtz, Cohn-Bendit y Schultz fueron, igualmente, pertinentes.
Quiero expresar mi preocupación, en particular, sobre el destino del comercio de los derechos de emisión. Si se contempla lo que se ha hecho en esta Cámara este otoño, no se puede considerar que la posición del Parlamento sea el resultado de un proceso democrático. Huele a excesiva prisa, y las comisiones no sabían ni lo que estaban votando. Las enmiendas que se han presentado son una especie de pantomima y hemos sido manipulados y engañados. Nuestro ponente y nuestro coordinador del grupo nos traicionó a todos al no ir con la decisión que votó el grupo. El Parlamento nunca antes ha visto algo así.
La Comisión es una de las culpables. Entregó un gran paquete de legislación demasiado tarde y después nos advirtió que no lo tocáramos en nombre de la armonía internacional con respecto a la cuestión del clima. El resultado es un modelo malo para el comercio de los derechos de emisión, que, si se realizara, elevaría los costes y pondría en peligro los puestos de trabajo en Europa. Cualquier subasta que se aplique de manera unilateral es una carga fiscal extra. No consigo ver ningún beneficio para el medio ambiente si los productos europeos, que son los que se fabrican de la manera más limpia del mundo, deben asumir esta carga en nombre de la lucha contra el cambio climático.
Una subasta simplemente saca la contaminación de Europa, la deja en otro lugar, y nos trae desempleo. No es una política medioambiental ni buena ni responsable. Necesitamos una política climática más eficaz.
Las emisiones se tienen que reducir de acuerdo con los compromisos que hemos adquirido. Además, nuestra alternativa merece ser considerada adecuadamente en el Parlamento. Muchos Estados miembros están a favor de ella, así como la Confederación de Empresas Europeas y todo el movimiento sindical europeo. Otra lectura eliminaría el déficit democrático que ahora se ha establecido en la Cámara.
Marian-Jean Marinescu (PPE-DE), por escrito. – (RO) La crisis que se ha producido entre Rusia y Georgia, junto con la crisis financiera, ha probado no sólo en teoría, sino también en la práctica, la necesidad de reformar las instituciones europeas. La unidad europea, expresada a través de una sola voz, es la única respuesta en situaciones de esta clase. La aplicación del Tratado de Lisboa es una necesidad real. A partir de diciembre, el Consejo tiene que encontrar una solución que vaya en esa dirección, sin tener en cuenta las posibles consecuencias. La seguridad financiera, energética y política, así como la consolidación de los valores básicos de los proyectos europeos, sólo pueden ser garantizadas a través de una estrecha colaboración con nuestros vecinos.
La iniciativa sobre la «Asociación Oriental» añade una nueva dimensión política a las relaciones con nuestros vecinos, al completar y aumentar los proyectos que ya están en marcha en la región del Mar Negro mediante el fomento de un marco institucionalizado que ayuda a actualizar los acuerdos sobre controles de visados más liberales, a crear una zona de libre mercado y a establecer colaboraciones estratégicas con nuestros vecinos orientales.
Hay una evidente sensación de «cansancio» con respecto a la ampliación de la Unión Europea, pero no podemos permitirnos dejar fuera de la Unión Europea a países como Moldavia y Ucrania, durante mucho tiempo. La «Asociación Oriental» tiene que incluir una clara señal, una hoja de ruta para estos países, que abra la posibilidad de unirse a la UE, a condición de que, por supuesto, alcancen el nivel requerido en cada área.
Esko Seppänen (GUE/NGL), por escrito. – (FI) La cumbre de la UE discutió cómo el singular Síndrome de China de la economía de EEUU, es decir, el hundimiento del corazón de la economía financiera en Wall Street, también contaminó los mercados europeos con su radioactividad. Como consecuencia, el mundo se esté desplazando a una era post EEUU. Su liderazgo se hundió cuando su barco, bautizado «Capitalismo», encalló en la ideología de los híper-liberales.
Con suerte, la nueva pobreza del país y su dificultad para obtener préstamos acelerará la desaparición de la acción militar de Estados Unidos en los países ocupados. Habida cuenta de la clase de potencia ocupante que son los Estados Unidos, las operaciones militares desmedidas de Rusia en Osetia del Sur atrajeron, desde luego, mucho la atención. Tenemos que estar satisfechos con el resultado de la cumbre en la medida en que no se respaldaron los llamamientos para aislar a Rusia de los países extremistas de la UE y los fundamentalistas norteamericanos.
Csaba Sándor Tabajdi (PSE), por escrito. – (HU) No debemos permitir que Europa pague el precio de la crisis y de la especulación financiera que se originó en los Estados Unidos. La gente de a pie no debe sufrir las consecuencias de la estrechez de miras de los bancos y la codicia de los especuladores.
El paquete aprobado por el Consejo Europeo, con suerte, contendrá la marea de este tsunami financiero. La tarea fundamental de la Unión Europea junto con los gobiernos de los Estados miembros debe ser hacer todo lo posible para aliviar los efectos sociales y económicos de la crisis, evitar una recesión larga, y proteger las inversiones.
Tenemos que crear reservas para proteger a nuestros ciudadanos. Con este fin, los países europeos están obligados a introducir medidas de emergencia, reducir los gastos presupuestarios, suspender, temporalmente, las reducciones fiscales planificadas e incluso elevar los impuestos. Esto es lo que está ocurriendo desde Francia a Gran Bretaña, desde Italia a Letonia. No obstante, la única forma de conseguirlo realmente es mediante el consenso nacional; cualquiera que esté en su contra, pone la estabilidad financiera de la nación en peligro.
Es preciso reconsiderar los fundamentos de la economía de mercado. Es indispensable el control social de los procedimientos del mercado, no a fin de frustrar la competencia, sino para someterla al necesario control regulador. El Parlamento Europeo apoya la idea de una autoridad de supervisión financiera y del mercado de capitales a nivel europeo, que sugirió anteriormente el Primer Ministro húngaro, el señor Gyurcsány.
Es inaceptable que los culpables se libren sin ninguna responsabilidad. Congelar sus multimillonarios salarios no es un castigo. No se puede eludir las medidas punitivas, entre las que se incluyen la confiscación de los bienes y la congelación de los activos de los culpables de provocar una crisis financiera internacional.