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Procedimiento : 2009/2550(RSP)
Ciclo de vida en sesión
Ciclos relativos a los documentos :

Textos presentados :

B6-0136/2009

Debates :

PV 12/03/2009 - 6
CRE 12/03/2009 - 6

Votaciones :

PV 12/03/2009 - 7.18
CRE 12/03/2009 - 7.18

Textos aprobados :

P6_TA(2009)0142

Debates
Jueves 12 de marzo de 2009 - Estrasburgo Edición DO

6. Quincuagésimo aniversario del levantamiento nacional del Tíbet y diálogo entre el Dalái Lama y el Gobierno chino (debate)
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  Presidenta. – De conformidad con el orden del día, se procede a la pregunta oral a la Comisión sobre el quincuagésimo aniversario del levantamiento nacional del Tíbet y diálogo entre el Dalái Lama y el Gobierno chino, de Marco Cappato, Marco Pannela y Janusz Onyszkiewicz, en nombre del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, y Monica Frassoni y Eva Lichtenberger, en nombre del Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea (O-0012/2009 – B6-0012/2009).

Me gustaría hacer un breve comentario personal: creo sinceramente que nuestro debate puede contribuir a la libertad de todos los ciudadanos tibetanos y no al dominio de un estado o de una religión.

 
  
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  Marco Cappato, autor. – (IT) Señora Presidenta, comparto su esperanza. Por desgracia, no podemos esperar que el Presidente en ejercicio del Consejo aproveche este debate y discusión para ayudar a hacer progresar la posición de la Unión Europea. De hecho, la Presidencia checa considera por lo visto que una política europea común es un obstáculo para las grandes políticas exteriores nacionales de nuestros Estados nacionales. China lo agradece, Rusia lo agradece; es decir, países represivos y antidemocráticos de todo el mundo agradecen esta ausencia de Europa tan bien ilustrada por la ausencia de la Presidencia en esta Cámara.

Me gustaría indicar a la señora Ferrero-Waldner, pues tratamos juntos este asunto, cuál es en mi opinión el problema principal: no se trata solo de un problema de orden público —en otras palabras, de examinar cuántos monjes han sido arrestados y cuántos tibetanos han sido asesinados recientemente a causa de la brutal represión china, con la esperanza de que la cuenta ofrezca un resultado inferior al de hace un año—. Lo que me hubiera gustado decir al Consejo y que diré ahora a la Comisión es que debe darnos una opinión sobre la cuestión política fundamental, es decir, sobre las negociaciones entre la República Popular China y los emisarios del Dalái Lama, el objetivo de estas conversaciones y la razón por la que se suspendieron —podríamos decir que han fracasado— salvo que podamos reactivarlas.

Hay dos posiciones contrapuestas: por un lado, la posición del régimen chino, que dice que el Dalái Lama es un hombre violento y el cabecilla de un pueblo violento, y que el Dalái Lama y el Gobierno tibetano en el exilio desean la independencia en favor de un estado nacional tibetano, lo que entra en conflicto con la unidad territorial de China. Este es el planteamiento de Pekín. Por otro lado están el Dalái Lama, el Gobierno tibetano en el exilio y los emisarios del Dalái Lama, que dicen buscar otra cosa, que su medio de lucha es la no violencia y que simplemente desean una verdadera autonomía, entendiendo autonomía como la conservación de su cultura, de su tradición, de su lenguaje y de su religión, o de sus culturas y religiones. Este es el mensaje del memorando que los emisarios tibetanos del Dalái Lama han presentado al régimen chino. Este memorando ha sido publicado y contiene sus peticiones.

En este punto, a la Unión Europea se le pide que elija, que tome partido. Hay dos posiciones en conflicto: una de las partes miente. La UE puede ser decisiva en la búsqueda de la verdad. Como el Partido Radical, proponemos satyagraha, la búsqueda de la verdad, como una iniciativa política colectiva de ámbito mundial. La Unión Europea debe hacer uso de sus instrumentos diplomáticos —señora Ferrero-Waldner, dígale esto al Presidente Barroso, por favor—, debemos reunirnos con el Dalái Lama y concederle el honor de dejarle hablar, con el fin de hallar la verdad. ¿Tiene razón Pekín al decir que los tibetanos son terroristas violentos partidarios de la independencia, o tiene razón el Dalái Lama al decir que desean un estado autónomo adecuado y digno? Europa no puede quedarse quieta y permanecer callada ante este conflicto.

 
  
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  Eva Lichtenberger, autora.(DE) Señora Presidenta, hace 50 años el ejército chino asestó el golpe definitivo a la resistencia tibetana. Desde entonces, los tibetanos han huido, con extraordinaros esfuerzos, por el Himalaya y han cruzado las fronteras hacia otros estados. Hasta este momento, varios miles de personas al año —todas refugiadas— han realizado este esfuerzo supremo de cruzar desfiladeros a 5 000 metros de altura. Si, como China siempre ha reivindicado, la situación de los tibetanos es tan maravillosa, no habría razones para huir ni justificación del hecho de que se haya impedido durante meses a periodistas, ciudadanos occidentales y observadores directamente visitar este país o que solo se les haya permitido hacerlo con escolta. Observadoras del servicio de inteligencia incluso siguen a las mujeres periodistas al lavabo con el fin de asegurarse de que no pueden hacer nada prohibido.

Por eso, me pregunto: ¿cuál es nuestro cometido como Unión Europea? Necesitamos provocar de algún modo la reanudación del diálogo sino-tibetano. Pero dicho debate deberá llevarse a cabo con principios distintos. Hasta ahora, todo lo que ha sucedido es que China ha repetido las mismas acusaciones y exigencias, sin intentar comprender en lo más mínimo la explicación de los representante tibetanos de que no es una cuestión de abandonar China y pasar a ser un estado independiente sino de obtener autonomía.

Señora Comisaria, ¿cómo debemos tratar el hecho de que el control de Internet en el Tíbet sea más estricto que en ningún otro lugar de China y que hayan sido empresas europeas las que han facilitado las herramientas para que este control sea tan eficiente? Debemos actuar. Están llamando a nuestra puerta para entablar un diálogo.

 
  
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  Benita Ferrero-Waldner, miembro de la Comisión. − (EN) Señora Presidenta, me complace mucho que este debate tenga lugar hoy, sobre una cuestión que ha preocupado a muchos de nosotros durante mucho tiempo y, especialmente, teniendo en cuenta los tristes acontecimientos de hace un año en el Tíbet. Creo, por lo tanto, que está muy bien que estemos debatiendo esta cuestión para examinar otra vez lo que podemos hacer.

Antes de pasar a las diferentes cuestiones que ustedes han planteado en la resolución común presentada, déjenme pronunciar unas palabras sobre nuestras relaciones bilaterales con China. La política de la UE respecto a China es de compromiso. Nuestra asociación estratégica es fuerte, y esto nos permite abordar todas las cuestiones, incluidas las más delicadas. Hemos construido un marco impresionante de interacción a alto nivel en el que periódicamente abordamos los cambios mundiales a los que se enfrentan nuestros ciudadanos, sin olvidar las cuestiones en las que no estamos de acuerdo. El Tíbet es una de ellas. Permítanme ser bien clara: no estamos de acuerdo con China respecto al Tíbet, y todavía nos preocupa de un modo muy real y legítimo la situación de los derechos humanos en el Tíbet, como ustedes dos acaban de apuntar; también nos preocupa el hecho de que el Tíbet haya permanecido cerrado en gran medida a los medios de comunicación internacionales, a los diplomáticos y a las organizaciones humanitarias desde hace ya casi un año; y también nos preocupa la paralización de las negociaciones con los representantes del Dalái Lama y las autoridades chinas, a pesar de las tres rondas de negociaciones del último año.

Estas cuestiones también ocupaban una posición prioritaria en los programas políticos de varios líderes de la UE en reuniones bilaterales celebradas con las autoridades chinas el año pasado. Nos hemos esforzado por alcanzar un entendimiento común con China respecto a este delicado asunto y siempre que hemos tratado la situación en el Tíbet con ellos hemos sido muy claros.

Permítanme recordar otra vez la posición de la UE, que no da cabida alguna a malas interpretaciones. En primer lugar, apoyamos la soberanía y la integridad territorial de China, el Tíbet incluido. En segundo lugar, siempre hemos defendido una reconciliación pacífica mediante el diálogo entre las autoridades chinas y los representantes del Dalái Lama. Recuerdo que cuando estuve allí con el Presidente de la Comisión, el señor Barroso, y otros colegas, mantuve diálogos específicos sobre estas cuestiones con muchos de mis interlocutores. Siempre hemos mantenido que debe haber un diálogo de reconciliación y que el diálogo debe proseguir.

El diálogo tiene que ser constructivo y sustantivo, y por esto lamentamos evidentemente que, hasta ahora, este diálogo no haya aportado resultados sustantivos de verdad. También hemos afirmado que los diálogos deberían abordar los problemas principales, como la conservación de la cultura, la religión y las tradiciones únicas tibetanas, así como la necesidad de alcanzar un sistema de autonomía significativa para el Tíbet en el marco de una constitución china. Siempre hemos sostenido que este diálogo debe abordar la participación de todos los tibetanos en el proceso de toma de decisiones. Así pues, nos alegraría que se trataran las cuestiones mencionadas en el futuro plan de acción nacional chino sobre derechos humanos.

Para nosotros, el Tíbet es un asunto de derechos humanos y, por tanto, se ha planteado así invariablemente. También hemos transmitido sistemáticamente este mensaje a nuestros homólogos chinos y hemos escuchado con mucha atención sus opiniones. Nos hemos esforzado en todos los sentidos para comprender su posición con un espíritu de respeto mutuo, pero los derechos humanos son universales, y la situación en el Tíbet es por consiguiente —y con toda la razón— una preocupación legítima de toda la comunidad internacional, y particularmente de la Unión Europea. Esto se ve por supuesto reforzado por la existencia de instrumentos de derecho internacional para la protección de los derechos humanos desde hace más de medio siglo.

En su resolución ustedes concretan el futuro de un diálogo sino-tibetano. Como todos ustedes saben, en la última ronda de negociaciones, a petición del Gobierno chino, la parte tibetana presentó un memorando sobre una autonomía auténtica para el futuro del Tíbet. En mi opinión, el documento contiene algunos elementos que pueden servir de base para futuras conversaciones. Pienso en un párrafo sobre cultura, educación y religión.

También me anima el hecho de que, por primera vez en un documento escrito, la parte tibetana haya expresado su firme compromiso de no perseguir la separación o la independencia. Creo que esto es importante para hacer progresar el diálogo. También me complace que el Dalái Lama reafirmara ante esta Cámara el diciembre pasado su compromiso con el enfoque intermedio y el diálogo como únicos modos de lograr una solución mutuamente aceptable y duradera.

Permítanme terminar compartiendo con ustedes una convicción personal. A lo largo de mi carrera política y personal siempre he creído firmemente que, mediante el compromiso y el diálogo, hasta los problemas más delicados pueden abordarse, y con un poco de suerte, cuando la ocasión es propicia, pueden solucionarse. Por esta razón deseo hacer un llamamiento a China y al representante del Dalái Lama para retomar este diálogo lo más pronto posible con espíritu abierto y con vistas a alcanzar una solución duradera en el Tíbet. Puedo garantizar, por nuestra parte, el apoyo más incondicional a este proceso. Esta es nuestra posición y esta es la posición que presentaremos a la parte china.

 
  
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  Charles Tannock, en nombre del Grupo del PPE-DE. (EN) Señora Presidenta, el lema de la UE es «unidad en la diversidad». Es un principio que nos ha sido muy útil.

Desafortunadamente, esta idea no encuentra nada de correspondencia en la dictadura comunista autoritaria de la República Popular China. Allí se prefiere reprimir la diversidad a aceptarla. Las minorías que desean expresarse de cualquier otra manera que no sea el modo convencional autorizado por el Partido son rutinariamente marginadas y perseguidas. Se puede observar esta tendencia en el tratamiento de muchas minorías religiosas, incluidos los cristianos, los musulmanes y los miembros de Falun Gong, y más señaladamente en la actitud de la RPC respecto al Tíbet.

En 1950, las fuerzas comunistas invadieron el Tíbet, lo que condujo al exilio del Dalái Lama hace 50 años. Desde entonces, el Tíbet ha estado sometido al control de Pekín. La cultura tibetana tradicional, que estuvo aislada durante cientos de años, ahora se ha visto fuertemente debilitada por las acciones del Gobierno, que se ha esforzado por impedir el resurgimiento de cualquier brote de nacionalismo tibetano. De hecho, la represión sistemática y a veces brutal de la cultura tibetana ha encendido el fuego de la identidad tibetana y ha despertado la conciencia del mundo en relación a la difícil situación del pueblo del Tíbet.

El liderazgo inspirador del Dalái Lama ha asegurado que el futuro del Tíbet permanezca en gran medida al frente del debate público, a pesar de los grandes esfuerzos que ha llevada a cabo la RPC para amonestar a aquellos, como el anterior Presidente en ejercicio del Consejo, Nicolas Sarkozy, que se atrevían a cuestionar la opinión de Pekín.

En este Parlamento siempre hemos mantenido una actitud firme en defensa de los derechos autónomos del pueblo del Tíbet, lo que no significa automáticamente el derecho a la autodeterminación o a la independencia. Con esto, no queremos provocar ni contrariar a China. Sin embargo, reconocemos que no podemos contemplar nuestro compromiso con determinados valores —derechos humanos, democracia, Estado de Derecho y libertad de conciencia— como algo aparte de la asociación económica estratégica que la UE está llevando a cabo con China, importante sin duda.

Las voces favorables a China al otro lado de esta Cámara podrán opinar en este debate, pero durante demasiado tiempo al pueblo del Tíbet se la ha negado la voz y nos toca a nosotros hablar por ellos.

 
  
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  Glyn Ford, en nombre del Grupo del PSE. (EN) Señora Presidenta, al Grupo Socialista le preocupa la situación de los derechos humanos en China. Si bien reconocemos que la situación ha mejorado significativamente en los últimos 10 años, todavía hay muchas áreas en las que los derechos humanos continúan sin la protección debida o adecuada. Puede haber un cierto grado de libertad de pensamiento, pero no hay libertad de acción. Sin duda, podríamos destacar el hecho de que no se haya llegado a permitir la actuación de organizaciones sindicales libres dentro de China. Nos preocupa la grave situación de los 100 millones de trabajadores migrantes que se han trasladado del campo a la ciudad y que gozan de un acceso sumamente limitado a la salud y a la educación. Nos preocupa la grave situación de las minorías étnicas y religiosas en toda China.

Sin embargo, el Grupo Socialista se ha opuesto a este debate y a esta resolución. El motivo es la proporcionalidad. Es correcto criticar a China por la situación de los derechos humanos en dicho país del mismo modo que criticamos a los Estados Unidos por el uso de la pena de muerte, Guantánamo y las entregas extraordinarias, pero no tenemos que hacerlo en cada sesión. Francamente, está resultando contraproducente. Antes las autoridades chinas hacían caso de nuestras resoluciones, pero ya no es así. Pues algunos individuos y grupos en su búsqueda desesperada de atención siguen elevando las demandas, hoy con una exigencia —creo que por vez primera— de que los Estados miembros deroguen la política de una sola China y reconozcan al Gobierno tibetano en el exilio.

El Dalái Lama estuvo aquí en diciembre, sin ir más lejos, hablando en nombre del Tíbet en la sesión plenaria. ¿Por qué hace falta volver otra vez a este asunto? No hay nada nuevo en la resolución.

Yo, junto con Elmar Brok, Philippe Morillon y otros diputados de este Parlamento, tuve la oportunidad el verano pasado de visitar Lhasa. Fuimos el primer colectivo internacional que viajaba allí después de los disturbios en marzo y hablamos tanto con las autoridades como con los que simpatizaban con los manifestantes tibetanos. Como escribí después, la realidad es que las protestas pacíficas —y nosotros apoyamos la protesta pacífica— se convirtieron en disturbios raciales cuando tiendas, hogares y chinos de la etnia hani fueron atacados y quemados, con un resultado de docenas de muertos. Las escuelas sufrieron ataques incendiarios y se atacaron hospitales y mezquitas de la minoría musulmana. El mismo Dalái Lama admitió la realidad de la situación al amenazar entonces con renunciar a su condición de dios viviente.

China ha hecho mucho por el Tíbet en cuanto a la construcción de infraestructuras, como la vía férrea Qinghai-Lhasa, y en cuanto a niveles más elevados de prestación social. El problema es que esto está empezando a irritar al resto de China.

(Protestas)

Pero el problema es que, como decían los Beatles, no se puede comprar amor con dinero. Los tibetanos todavía desean un nivel de autonomía cultural y política mucho más elevado que el que China está dispuesta a conceder. Como dije entonces, China debe dialogar con representantes del Tíbet para encontrar una solución que otorgue esta autonomía a la vez que protege los derechos de las minorías de grupos étnicos y religiosos de la provincia.

La alternativa es que los tibetanos jóvenes e impacientes se vuelquen en la violencia y el terrorismo. Como resultado del artículo que escribí, se me pidió debatir la cuestión con el representante del Dalái Lama en Londres, y lo hice extensamente. Estoy de acuerdo con la señora Comisaria: es mediante el diálogo y el compromiso que hallaremos una salida, no con resoluciones interminablemente reelaboradas, repetitivas y estridentes como la de hoy.

 
  
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  Hanna Foltyn-Kubicka, en nombre del Grupo UEN.(PL) Señora Presidenta, durante las últimas decadas, los países democráticos han hecho llamamientos en muchas ocasiones a favor del respeto a los derechos humanos en países no democráticos. Estos esfuerzos han sido efectivos solo cuando los países y las organizaciones internacionales han sido consecuentes con sus acciones y exigencias. Por desgracia, el caso del Tíbet o, en un sentido más amplio, el problema de los derechos humanos en China frecuentemente se ha dejado al margen y se ha dado prioridad a las relaciones comerciales. Si no fuera por los Juegos Olímpicos en Pekín y la actitud decisiva adoptada por muchas organizaciones sociales y no gubernamentales, el mundo todavía sabría muy poco sobre la situación en el Tíbet.

Nuestro papel, como Parlamento Europeo, es garantizar que los países democráticos reaccionen con firmeza y decisión ante las acciones de las autoridades chinas, tales como la campaña de «mano dura», puesta en práctica hace algún tiempo. Pero esto solo se puede conseguir si uniformemente y de modo decidido condenamos todas las violaciones de los derechos humanos perpetradas por las autoridades comunistas en China.

Vale la pena recordar que, en su resolución de 6 de julio de 2000, el Parlamento Europeo hizo un llamamiento a los Estados miembros para que reconocieran el Gobierno tibetano en el exilio si, en el plazo de tres años, no se alcanzaba ningún acuerdo entre las autoridades chinas y la administración del Dalái Lama. Como sabemos, Pekín todavía se niega a entablar negociaciones con el líder indiscutible del pueblo tibetano. No nos olvidemos tampoco del undécimo Panchen Lama, el prisionero político más joven, que ha permanecido bajo custodia china durante 14 años. Este año, tendrá 20.

Así que me gustaría pedir otra vez al Parlamento que actúe de manera consecuente y que se tome seriamente sus declaraciones. Si no demostramos que nos tomamos en serio nuestras palabras, será difícil esperar que otros mantengan sus promesas y cumplan sus obligaciones.

 
  
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  Raül Romeva i Rueda, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (ES) Señora Presidenta, hace años que sigo el caso del Tíbet; he visitado la región; he hablado con muchas personas dentro y fuera del país y considero legítimas, y hasta cierto punto lógicas, las reivindicaciones del pueblo tibetano y, sobre todo, más que justificados los miedos que en estos momentos tienen ante la política de gran represión que reciben por parte del Gobierno chino y que ya dura más de 50 años tras una breve y diría que falsa tregua durante los Juegos Olímpicos.

Pocos pueblos he conocido con una voluntad más clara a favor del diálogo y a favor de llegar a acuerdos que el pueblo tibetano. Y por ello, sigo sin entender esa obsesión por parte del Gobierno chino por, por un lado, tergiversar la realidad y, por otro lado, obstinarse en bloquear una y otra vez la ronda del diálogo.

A un país no lo hace grande ni su fuerza militar, ni su tamaño, ni su riqueza económica. Lo hace grande la magnificencia de sus actos y su generosidad. La Unión Europea debe y puede contribuir respetando, lógicamente, las soberanías, pero con firmeza, a reconducir esta situación. Ello pasa por apoyar la petición tibetana de recuperar el diálogo chinotibetano y por asumir que si alguien lleva años cediendo y sufriendo la presión de las autoridades chinas es en este caso el pueblo tibetano.

No estamos ante un conflicto entre iguales, ni en cuanto a capacidad, ni en cuanto a motivaciones. La Unión Europea debe ser respetuosa con todas las partes, pero no puede ser neutral ante la opresión, las detenciones indiscriminadas, la tortura, los asesinatos o el genocidio religioso, lingüístico y cultural.

El memorándum para una autonomía genuina para el pueblo tibetano, rechazado por ahora por parte de China como documento de trabajo, supone ya de por sí un auténtico esfuerzo y una enorme cesión en las aspiraciones, legítimas, insisto, del pueblo tibetano.

China tiene ahora la posibilidad de mostrar al mundo su generosidad y su voluntad de paz y armonía y, sobre todo, la Unión Europea tiene la posibilidad de ayudarla a estar a la altura de su grandeza.

 
  
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  Thomas Mann (PPE-DE). (DE) Señora Presidenta, el día 10 de marzo de 1959, el pueblo tibetano fue sometido a un sufrimiento atroz a manos de los chinos. Sesenta mil personas perdieron sus vidas y cientos de miles fueron arrestadas, alejadas de sus hogares y torturadas durante los meses que siguieron. Hace un año, hubo una nueva escalada de violencia. Más de 200 tibetanos murieron, algunos como resultado de disparos mortales intencionados, y ahora —poco después del quincuagésimo aniversario— se han cerrado los monasterios al mundo exterior, las carreteras de acceso están vigiladas y hay soldados y agentes de seguridad listos para sofocar cualquier conato de manifestación. Todavía no tenemos noticia de posibles disturbios. ¿Qué respuesta se da a esta exhibición de poder? Silencio en los medios de comunicación. El Dalái Lama ha pedido a su pueblo que siga en el camino de la no violencia. Su llamamiento al diálogo no ha encontrado ninguna respuesta positiva en Pekín. Cuando un emisario del Dalái Lama presentó medidas específicas para la autonomía en un memorando, fueron rechazadas por el Presidente Hu Jintao. «Debemos construir una Gran Muralla contra el separatismo», dijo. Esta idea, que es pura provocación, fue rematada con la planificada introducción forzosa de un día festivo para los tibetanos: el 28 de marzo será el Día de emancipación de los siervos. Esta es la amarga realidad.

Hace dos días, el Parlamento Europeo hizo un despliegue de banderas. En sesión plenaria, una gran cantidad de nosotros puso la bandera tibetana en su mesa y mostró su solidaridad con el sufrimiento de los tibetanos. Hubo manifestaciones pacíficas en todos los rincones de la UE. Nuestros colegas diputados —el señor Cappato, la señora Lichtenberger, el señor Tannock y el señor Romeva i Rueda— tienen toda la razón: la resolución de hoy habla alto y claro. El memorando debe ser la base de futuras negociaciones. Es un documento a favor de una verdadera autonomía en el marco de la Constitución china. El aislamiento del Tíbet debe terminar —para sus habitantes, para los turistas y para los periodistas—. Debemos dar una respuesta a 600 tibetanos encarcelados.

 
  
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  Roberta Angelilli (UEN). (IT) Señora Presidenta, Señorías, este Parlamento no puede permitir que el reciente grito de dolor del Dalái Lama pase inadvertido. Le escuchamos hablar hace solo unos meses en Bruselas; todos sabemos que es un hombre moderado, un pacificador, un portavoz de la cultura tibetana, es decir, la cultura de la armonía y la fraternidad por excelencia. Es en nombre de estos valores, hablando de sus «hermanos chinos», que el Dalái Lama ha pedido —enérgicamente, eso sí— una autonomía auténtica y tangible para el Tíbet, recordando la tortura y el terrible sufrimiento de su pueblo y su tierra. Esta es una petición que el Parlamento debería sentirse orgulloso de apoyar. Es nuestro deber político e institucional, en nombre de la democracia, los derechos humanos y los valores de la libertad. Los tibetanos tienen los ojos puestos en Europa, tal vez, como su única esperanza; de ningún modo debemos defraudarles.

 
  
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  Georg Jarzembowski (PPE-DE). (DE) Señora Presidenta, señora Comisaria, Señorías, nosotros los Demócratas Cristianos reconocemos sin vacilación la soberanía de la República Popular China sobre su territorio, incluido el Tíbet.

Pero al mismo tiempo rechazamos la opinión de China de que cualquier declaración de la Unión Europea sobre los derechos humanos en ese país constituye una interferencia inadmisible en los asuntos internos chinos. Según una concepción moderna de los derechos humanos y el derecho internacional —que esperamos que China pronto comparta—, a la comunidad internacional se le exige una preocupación expresa por los derechos humanos en cualquier lugar del mundo, particularmente en casos muy flagrantes.

¿Cómo, si no, podría un Tribunal Penal Internacional juzgar los crímenes contra la humanidad en los países de la antigua Yugoslavia y dictar sentencia si no tuviera el derecho de intervenir en aras de los derechos humanos?

La República Popular China y su gobierno deberían admitir, por lo tanto, que el debate de derechos humanos tales como la libertad de reunión, la libertad de una prensa independiente, la libertad religiosa y los derechos de las minorías culturales en el Tíbet y en otras partes de China no constituye ninguna injerencia inadmisible. Y debe hacer frente a este debate.

Lo que más nos importa hoy, sin embargo, es simplemente la petición —y por esto no puedo comprender al señor Ford, si bien él siempre ha estado más al lado del Gobierno chino— hecha a la República Popular China y su gobierno para que reanude las negociaciones con el Dalái Lama como líder de una gran parte del pueblo tibetano.

A decir verdad —como mi colega ya ha dicho—, el Gobierno mantuvo dichas conversaciones el año pasado, pero las interrumpió después de los Juegos Olímpicos. No nos queda más remedio, pues, que sospechar que las conversaciones en cuestión solo se llevaron a cabo durante los Juegos Olímpicos para desviar nuestra atención. Sin embargo, señor Ford, nosotros no permitiremos que nuestra atención se desvíe. Pondremos este asunto sobre la mesa una y otra vez y haremos llamamientos al Gobierno chino para que participe en conversaciones serias con el Dalái Lama, pues aún se están violando derechos humanos en el Tíbet y debemos asegurarnos de que esta situación cambia.

 
  
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  Marcin Libicki (UEN). (PL) Señora Presidenta, si hoy estamos debatiendo la suerte de los tibetanos perseguidos, debemos tener claro que sus posibilidades solo mejorarán si la comunidad internacional en su conjunto ejerce presión política sobre China. Por eso debo remarcar que, a este respecto, todos los esfuerzos hechos por la señora Ferrero-Waldner y por aquellos que están en posición de influir en la política mundial pueden perfectamente acabar fructificando.

También debo remarcar que he escuchado con un gran pesar la intervención hecha por el representante del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, que ha alegado que los crímenes de China estaban justificados por la construcción de una línea ferroviaria conectada con el Tíbet. Esto me recuerda a los tiempos en que, en Europa, se utilizaba la construcción de autopistas para justificar la construcción de campos de concentración. No podemos permitir que se construyan vías ferroviarias y autopistas sobre la base del dolor y el sufrimiento de personas perseguidas.

 
  
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  Cornelis Visser (PPE-DE). (NL) Señora Presidenta, estuve aquí hace un año, cuando debatimos sobre los disturbios en el Tíbet. Imploramos a China para que permitiera a los medios de comunicación y a las organizaciones internacionales acceder a la región, y me alegra decir que nosotros, como Parlamento, hicimos un llamamiento entonces a favor de un diálogo serio entre China y el Dalái Lama.

El año pasado, China demostró al mundo entero, mediante la organización y celebración de los Juegos Olímpicos, que es un país capaz de transformarse y de sorprender al mundo. En el período previo a los Juegos, China dio a los periodistas extranjeros algo de espacio. Valoro el hecho de que esta concesión temporal de un poco de libertad de prensa fuera para periodistas extranjeros. Lamentablemente, duró poco. El martes pasado, unos periodistas no pudieron acceder al Tíbet para informar de cuál es la situación en el lugar.

Lamento profundamente el hecho de que el Gobierno chino ya no garantice la libertad de prensa. Mientras tanto, la libertad de prensa es inexistente para los periodistas de China. Los periodistas chinos practican un sistema de autocensura que les obliga a adoptar la posición del Gobierno. En este caso también hay una diferencia abismal entre la ley —que es firme y garantiza la libertad de prensa— y la realidad de la práctica, que obliga a los periodistas a autoimponerse restricciones. Todos los medios deben someterse a los dictados de censura de los partidos.

Además, el Gobierno también bloquea los sitios web. Los usuarios de Internet se informan rápidamente los unos a los otros de los acontecimientos políticos a medida que se producen. De cara al diálogo entre los tibetanos y los chinos —la población, el pueblo—, es crucial que dispongan de información correcta. Las negociaciones solo pueden mantenerse sobre la base de hechos, y para que esto ocurra la libertad de prensa en China es una condición previa importante. Debe haber libertad para escribir, para permitir que los periodistas informen al resto del pueblo chino sobre lo que sucede en el Tíbet.

Que Europa dé un golpe sobre la mesa y defienda los derechos humanos en China. Es un paso necesario para que el diálogo entre China y el Tíbet se active otra vez. Que China dé este paso en la dirección correcta y allane el camino del diálogo; en palabras del filósofo chino Lao-Tsé: «un viaje de mil millas empieza con un paso»

 
  
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  Zita Pleštinská (PPE-DE). – (SK) Yo estaba en China cuando se produjeron los tristes acontecimientos de marzo de 2008 en el Tíbet, y solo pude seguir los sucesos a través de Internet, pues no nos dejaban acceder al Tíbet. Me di cuenta, entonces, de hasta qué punto los habitantes del Tíbet necesitan ayuda.

Estoy convencida de que, mediante esta resolución, el Parlamento Europeo debe transmitir al Gobierno chino las palabras de Su Santidad el Dalái Lama en el sentido de que el Tíbet no tiene tendencias separatistas y solo lucha por el reconocimiento de la autonomía cultural tibetana dentro del marco de China.

Entiendo que la UE esté intentando establecer buenas relaciones económicas con China, y esto fue lo que dijimos en nuestros debates con el Gobierno chino y parlamentarios de Pekín en el marco de la visita de la delegación de la IMCO en marzo de 2008. Pero no podemos permanecer indiferentes ante la situación en el Tíbet o las violaciones constantes de derechos humanos, las represalias, el sufrimiento y la violencia.

En el quincuagésimo aniversario de la marcha del Dalái Lama hacia el exilio en India, espero que las autoridades chinas permitan a los observadores independientes y a los medios de comunicación extranjeros acceder sin restricciones al Tíbet para evaluar la situación sobre el terreno.

 
  
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  Victor Boştinaru (PSE). (RO) Señora Comisaria, me gustaría darle las gracias por la posición equilibrada que ha exhibido hoy otra vez durante la sesión plenaria del Parlamento.

Las relaciones de la Unión Europea con China son de una importancia estratégica para todos los diputados del Parlamento Europeo y tienen y tendrán importantes repercusiones mundiales. Esperaba que debatiéramos la cooperación de la Unión Europea con China en la reforma del sistema financiero mundial, teniendo en mente la posición equilibrada y constructiva de China, especialmente ahora, antes de la cumbre del G-20 en Londres. Podría haber sido el momento oportuno para introducir el tema de África en un programa compartido, considerando el importante papel que China tiene en esta región, y podría continuar.

A pesar de estas cuestiones obvias, a pesar del programa de la Comisión Europea respecto a China y a diferencia del programa de los 27 Estados miembros mucho más coherente y equilibrado respecto a China, observo con pesar que aquí, en el Parlamento Europeo, estamos convirtiendo esta relación estratégica en una cuestión y un instrumento de la campaña electoral de los grupos políticos.

Los derechos humanos son y deben ser la prioridad principal, pero no pueden ser la única.

 
  
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  Janusz Onyszkiewicz (ALDE).(PL) Señora Presidenta, a principos de los años 1950, el Gobierno chino obligó a los representantes tibetanos a firmar un acuerdo en el cual se garantizaba una amplia autonomía para el Tíbet. Estas garantías no llegaron a nada. Como resultado de la presión pública y el miedo a un boicot a los Juegos Olímpicos, el Gobierno chino inició negociaciones con los representantes del Dalái Lama. Sin embargo, estas negociaciones fueron de un bajo nivel irritante y, además, el diálogo era parecido a la comunicación entre dos televisores sintonizados en canales diferentes.

No queremos diálogo, queremos negociaciones. Queremos que los chinos negocien con los representantes del Dalái Lama sobre la base del memorando propuesto. Si el Gobierno chino cree que este memorando no es una buena base, que justifique su opinión en vez de esconderse tras la afirmación genérica de que no se trata de más que de un memorando que propone la independencia del Tíbet, lo que no es desde luego el caso.

 
  
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  Laima Liucija Andrikienė (PPE-DE).(EN) Señora Presidenta, apoyo plenamente lo que ha dicho la señora Comisaria: que el diálogo y el compromiso tienen una importancia crucial. Al mismo tiempo, hemos de admitir que lo que vemos hoy en día es una clara falta de voluntad política por parte de China de entablar un diálogo serio y orientado a obtener resultados con los representantes del Dalái Lama.

Para muchos de nosotros, el caso del Tíbet —su autonomía— es una prueba definitiva para las autoridades chinas. El Tíbet es un reflejo de la situación de los derechos humanos en China, así como de la situación de defensores de los derechos humanos como Hu Jia, premio Sájarov 2008. No veo ahora al señor Ford en la Cámara, pero me gustaría asegurarle que los derechos humanos siempre han estado y siempre estarán entre las prioridades de nuestro programa político.

 
  
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  Tunne Kelam (PPE-DE). – Señora Presidenta, el Gobierno chino ha puesto el nombre de «liberación de los siervos» al aniversario de la ocupación del Tíbet. Lamentablemente, esto es todavía neolengua orwelliana aplicada: la esclavitud es la libertad, las mentiras son la verdad. Pero demuestra que los líderes comunistas chinos se han convertido en prolongados prisioneros de su propia mala conciencia.

La consecución de una autonomía auténtica para el Tíbet está estrechamente relacionada con la comprensión del mensaje de otra fecha: pronto se cumplirán 20 años de la revuelta democrática de los estudiantes en Tiananmen.

Conseguir una democracia de verdad en China es clave para llegar a una solución en el Tíbet, pero el tiempo se acaba, y mucho dependerá de nuestra propia moral y determinación.

También pido a la Presidencia del Consejo que haga una declaración similar a nuestra resolución en esta ocasión y también en junio, en ocasión de la masacre de la Plaza de Tiananmen.

 
  
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  Benita Ferrero-Waldner, miembro de la Comisión. − (EN) Señora Presidenta, este debate ha mostrado breve pero claramente otra vez nuestra gran preocupación por la situación en el Tíbet. Las intervenciones han subrayado que esta preocupación continúa siendo igual de real y legítima 50 años después del alzamiento tibetano del 10 de marzo de 1959. Además creo que nuestro debate también ha subrayado la necesidad de que ambas partes retomen el diálogo inmediatamente. Y digo «diálogo» porque el diálogo es siempre el primer paso importante antes de pasar a las negociaciones. También es la mejor manera de evitar la frustración y la violencia entre los jóvenes tibetanos. Creo que esta es una razón de mucho peso. Por esto mismo interesa a ambas partes lograr un diálogo más sustancial.

El Dalái Lama es un respetado líder religioso y, entre otras cosas, un galardonado con el premio Nobel. Si bien algunos líderes europeos se han reunido con él en varios contextos (normalmente religiosos), las reuniones en un contexto político no forman parte de nuestra política. Una vez dicho esto, mantenemos intercambios frecuentes con sus emisarios, especialmente sobre los avances en el proceso de diálogo, y así continuaremos.

 
  
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  Presidenta. – Se cierra el debate.

Yo también espero que el pueblo tibetano pueda obtener su libertad, pero igualmente espero que no tengan que vivir sometidos al control de ningún estado ni religión.

He recibido cinco propuestas de resoluciones(1)de conformidad con el apartado 5 del artículo 108 del Reglamento interno.

La votación tendrá lugar hoy a las 12.00 horas.

Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)

 
  
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  Filip Kaczmarek (PPE-DE), por escrito. – (PL) Durante 50 años, los refugiados tibetanos han pedido que se respeten sus derechos fundamentales. Estoy convencido de que el respeto de estos derechos y la reapertura del proceso de diálogo con el pueblo del Tíbet favorece claramente los intereses de China. En el mundo de hoy, la imagen de un país es una parte importante de su forma de operar dentro de la economía mundial y también en relación con la cooperación internacional. La negativa de China a entablar un diálogo con los representantes del Dalái Lama y su rechazo de las peticiones extremadamente moderadas de los tibetanos dañan su imagen. Entablar negociaciones sobre derechos que son acordes a los principios de la Constitución china no significaría ningún riesgo significativo para China. De hecho, se trata de todo lo contrario. Los grandes países y las grandes naciones deben ser magnánimos. Tal comportamiento puede servir como prueba de su grandeza.

Entablar un diálogo con el Tíbet proporciona a China una oportunidad para mostrar su lado bueno y positivo. Mostrar solidaridad con el Tíbet y el pueblo tibetano no es contrario a China. Es una manifestación de inquietud por los derechos humanos, la libertad religiosa y lingüística, la diversidad cultural y el derecho a mantener la propia autonomía e identidad nacional. Por lo tanto, no estamos interfiriendo en los asuntos internos de China, sino que meramente intentamos defender normas y valores que son importantes para nosotros en cualquier parte —en Europa, en Asia y en todo el mundo—. No estamos señalando a China de ningún modo. Defendemos los derechos de las naciones pequeñas incluso cuando se demuestra que es inoportuno o incómodo. Es así porque creemos que esta es la forma correcta de actuar.

 
  
  

(Se suspende la sesión a las 11.55 horas y se reanuda a las 12.05 horas)

 
  
  

PRESIDE: HANS-GERT PÖTTERING
Presidente

 
  

(1) Véase el Acta.

Última actualización: 15 de junio de 2009Aviso jurídico