Presidenta. – El siguiente punto es la declaración de la Comisión sobre la cumbre mundial de la FAO sobre seguridad alimentaria – Erradicar el hambre de la superficie de la tierra.
Karel De Gucht, Miembro de la Comisión. – Señora Presidenta, la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de la semana pasada en Roma es el último de una serie de grandes eventos organizados durante este año en los que la seguridad alimentaria y la agricultura han ocupado un lugar importante: en Madrid en enero, en L´Aquila en julio, en Nueva York y en Pittsburgh en septiembre, así como la reunión del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial del mes pasado.
La premisa subyacente de todos estos acontecimientos ha sido la comprensión de que estamos perdiendo el pulso contra el hambre en el mundo. En la actualidad, más de 1 000 millones de personas en todo el mundo no cubren sus necesidades nutricionales básicas diarias, y la situación amenaza con empeorar en muchos países en desarrollo, debido también a los efectos del cambio climático, que añade problemas adicionales para la capacidad de estos países para tener seguridad alimentaria.
La Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria ha constituido una oportunidad para mantener el impulso político que se ha generado en los últimos meses. Una vez más, la seguridad alimentaria mundial ha sido centro de atención. Sin embargo, el tiempo de debatir ha concluido, es el momento de actuar.
Para la Comisión Europea, la cumbre ha sido un evento útil debido a tres motivos. Primero, por la promesa de redoblar nuestros esfuerzos para alcanzar el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el hambre para 2015. En mi opinión, ese objetivo aún es válido, y deberíamos esforzarnos por alcanzarlo, especialmente en aquellos países y regiones en los que los avances hacia su consecución han sido muy limitados, por ejemplo los de África.
Segundo, la promesa de mejorar la coordinación internacional y la gobernanza de la seguridad alimentaria por medio de un Comité de Seguridad Alimentaria Mundial reformado, que se convierta en un elemento central de la cooperación global para la agricultura, la seguridad alimentaria y la nutrición. La Comisión Europea ha alentado activamente esta reforma y está ayudando a ella proporcionando una parte esencial de su financiación. Éste es, en mi opinión un paso muy importante que allanará el camino para un sistema de gobernanza global de la seguridad alimentaria basado en un asesoramiento científico sensato y que se muestre más abierto a los actores claves del sector público y privado y a las organizaciones no gubernamentales. Estos actores son cruciales para conseguir que el nuevo sistema sea más efectivo que el actual.
Tercero, la promesa de invertir la tendencia descendente en la financiación nacional e internacional para agricultura, seguridad alimentaria y desarrollo rural. Si queremos cumplir el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir a la mitad el hambre para 2015, los compromisos asumidos para incrementar la ayuda oficial al desarrollo deben ser cumplidos, especialmente por parte de aquellos países que se han comprometido a alcanzar el objetivo del 0,7 % de su producto nacional bruto.
Algunos han criticado que la declaración final no establezca más objetivos precisos de asistencia oficial al desarrollo para la agricultura y la seguridad alimentaria, pero debemos recordar que ya habían sido realizadas promesas financieras significativas en la cumbre del G8 en L´Aquila. La prioridad ahora es cumplirlas. Con el decidido apoyo del Parlamento europeo, la Comisión ha movilizado con éxito el mecanismo alimentario de 1 000 millones de euros, del cual un 85 % ya está comprometido para el período 2009-2011. Sin embargo, necesitamos mayor asistencia, y más continuada a lo largo del tiempo. Para ser responsables de las cantidades prometidas, necesitamos un sistema de promesas global, pero también debemos desarrollar mecanismos de vigilancia, indicadores específicos y puntos de referencia que pueden ser usados para informar sobre los resultados e impactos de las inversiones. No obstante —y permítanme decir esto alto y claro— incluso el compromiso más sustancial por parte de los donantes será inútil si los gobiernos de los países en desarrollo no son capaces de traducir sus propios compromisos en mejores políticas, estrategias e inversiones agrícolas.
Al debatir la seguridad alimentaría, también debemos ser cuidadosos con la terminología y distinguir la seguridad alimentaría de la soberanía y de la autosuficiencia alimentarias. Las iniciativas puestas en marcha en todo el mundo para mejorar la producción no son suficientes. Lo que importa es que los ciudadanos deben tener acceso sostenible a los alimentos, lo que básicamente constituye una cuestión de pobreza. El comercio de alimentos —tanto regional como global— desempeña un papel importante en la mejora del acceso a los alimentos, proporcionando a los agricultores unos ingresos y permitiendo que los consumidores tengan acceso a alimentos más baratos. La autosuficiencia en relación con los alimentos o la autarquía podría ser una estrategia muy costosa y no ser necesaria cuando los mercados y el comercio funcionen correctamente.
Por tanto, concluir la Ronda de Doha con un resultado equilibrado y exhaustivo sería un gran avance. Tampoco debemos olvidar que la seguridad alimentaria global es un problema muy complejo y polifacético que requiere un enfoque integral. La Unión Europea ha hecho en este ámbito unos avances muy destacados a lo largo de la última década, unos avances que siguen garantizados por el proceso de Coherencia Política para el Desarrollo (CPD) Las diversas reformas de la política agraria común han reducido claramente las restituciones a la exportación y la gran mayoría de las ayudas para los agricultores en la UE está reconocida parte de la OIC como «no distorsionadora del comercio». Además, con el acuerdo «Todo Menos Armas», el acceso al mercado de la UE es libre para los países menos desarrollados, y las disposiciones de los acuerdos de asociación económica (EPA) muestran una compresión de los problemas que afrontan muchos de los países de la región ACP al garantizar la seguridad alimentaria a sus ciudadanos. Por tanto, en la UE hemos recorrido un largo camino, al mejorar la coherencia de las políticas de desarrollo y así creando unas condiciones de seguridad alimentaria mejoradas para los países en desarrollo. Otros países y regiones deberían hacer lo mismo.
Para finalizar, la Cumbre de la FAO ha subrayado que si queremos mantener nuestros objetivos de reducir a la mitad el hambre en 2015, debemos incrementar la AOD y mejorar las inversiones en agricultura de la AOD y también las privadas, y debemos mejorar la gobernanza global del sector agrícola.
Albert Deß, en nombre del Grupo PPE. – (DE) Señora Presidenta, señor Comisario, es importante que en el Parlamento Europeo debatamos el tema del hambre en el mundo. No podemos sentarnos en silencio mientras crece el número de personas que pasan hambre, y entre las que se cuentan muchos niños
Hace veinte años que fui elegido por vez primera para un parlamento y aún puedo recordar bien cómo organizaciones internacionales como el Banco Mundial, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, las propias Naciones Unidas y la Organización Mundial del Comercio declararon su intención de reducir a la mitad el hambre en el mundo en el plazo de veinte años. ¿Qué ha sucedido desde entonces? El hambre no ha sido reducida a la mitad, sino que ha aumentado. Más de 1 000 millones de personas pasan hambre a diario. Ha ocurrido lo contrario de lo que estas organizaciones pretendían.
Existen muchas causas para esto. Hay países como Zimbabue donde un gobierno incompetente ha transformado el granero de África en una región de hambruna. Un presidente comunista ha llevado a ese país a una situación en la que los ciudadanos pasan hambre y nosotros no decimos nada. Sin embargo, compartimos la responsabilidad de esto. Dedicamos semanas, cuando no años, a hablar sobre el clima que habrá dentro de cien años. A los ciudadanos que pasan hambre hoy y que la pasarán mañana no les preocupa el clima de dentro de un siglo. Quieren algo para comer mañana, pero no tenemos respuestas para sus problemas. Si pretender descuidar los asuntos del futuro, el preocuparnos por personas que pasan hambre hoy es una cuestión de simple humanidad. Señor De Gucht, cuando decimos que aspiramos a reducir a la mitad el hambre en 2050, me suena casi insultante. En tanto que comunidad mundial, debemos ser capaces de reducir mucho antes el número de personas que no tienen gran cosa que llevarse a la boca. Podemos transportar armas a cualquier rincón del mundo, pero aparentemente no somos capaces de hacer lo mismo con alimentos. Es un fracaso de la comunidad mundial, un fracaso que quiero denunciar. Debemos encontrar respuestas distintas de las que hemos propuesto hasta la fecha.
Luis Manuel Capoulas Santos, en nombre del Grupo S&D. – (PT) Señora Presidenta, Comisario, Señorías, las cifras que ilustran el hambre y la malnutrición en el mundo, cifras que todos conocemos y que vemos repetidas con asaz frecuencia, son tan trágicas que mencionarlas casi resulta obsceno.
El derecho a los alimentos está asociado con el derecho más sagrado de todos: el derecho a la vida, es decir, a una vida con un mínimo de decencia y no solamente una lucha por sobrevivir.
Por tanto, la lucha contra el hambre en el mundo debería ser la prioridad número uno de todas las agendas políticas, y todos los recursos deberían ser movilizados para alcanzar este objetivo.
Por desgracia, también somos conscientes de que los recursos, incluidos los financieros, no siempre son la principal limitación. Casi siempre el problema reside en la gestión y el uso de los recursos y en la falta de una gobernanza juiciosa y de una coordinación eficaz a escala global, regional y nacional.
La propuesta de resolución que ha sido presentada hoy —y a la que mi grupo político, el Grupo de la Alianza Progresiva de Socialistas y Demócratas en el Parlamento Europeo— contiene propuestas y recomendaciones que, si fuesen seguidas, ciertamente podrían ayudar a mitigar de manera significativa este problema tan grave. Por tanto, insto a la Comisión a que le preste la atención que merece y a que, en base a ella, presente propuestas legislativas y adopte procedimientos para ponerlas en práctica...
La difícil e incierta situación política que experimentamos también supone un momento de cambio para aquellas políticas que son las mejores herramientas para la Unión Europea en relación con este asunto: la política agrícola común y la política pesquera comunitaria, que van a ser reformadas de manera radical.
Con los nuevos poderes que nos confiere el Tratado de Lisboa, ésta es también la oportunidad perfecta para que el Parlamento vaya más allá de las meras proclamaciones y protagonice acciones reales. Esperamos que la nueva Comisión y los otros grupos políticos estén preparados para acompañarnos en esta misión.
George Lyon, en nombre del Grupo ALDE. – Señora Presidenta, quiero dar las gracias a mis colegas que ya han hecho su contribución.
Mi primer comentario es que creo que el reciente repunte de los precios de los alimentos en todo el mundo debe ser una llamada de atención para todos nosotros. El crecimiento hasta el doble de los precios de los cereales y del arroz ha tenido un impacto desproporcionado en algunos de los países más pobres en desarrollo. En efecto, se estima que casi otros 75 millones de personas de todo el mundo pasaron hambre como resultado directo de los elevados precios de los alimentos en 2007 y 2008. Eso es algo que debemos tomar muy en serio. De hecho, en algunos países hemos visto motines e inestabilidad política como resultado del incremento de los precios de los alimentos.
Con la previsión de que la población mundial supere los 9 000 millones de personas y de que el cambio climático tenga un importante impacto en nuestra capacidad para conseguir alimentos, la seguridad alimentaria es una cuestión clave que debemos afrontar y abordar y para la que tenemos que encontrar soluciones. La Unión Europea debe hacer todo lo posible para ayudar a los países en desarrollo a introducir sistemas agrícolas y de producción de alimentos que sean sostenibles y que les permitan abastecerse. Eso exige una financiación —como el Comisario ha señalado en su intervención— y exige unos mercados abiertos. Aquí existe un reconocimiento de que Europa lleva tiempo ayudando a abrir y a liberalizar mercados. Pero también es cierto que muchos de los problemas que afrontan los países en desarrollo proceden de un fracaso de la política y del sistema legal. En realidad, no habrá cantidad de ayuda suficiente para corregir el problema hasta que existan un sistema político estable y un sistema legal estable que permita salir adelante a los granjeros y recoger los beneficios de unos precios de mercado más altos.
Se estima que la producción de la UE deberá crecer más de un 70 % en el futuro solamente para cubrir la demanda. Sostengo que la agricultura europea tiene una función importante, no solamente para garantizar que aquí somos autosuficientes, sino también para asegurar que podemos contribuir a la seguridad alimentaria global en el futuro.
José Bové, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (FR) Señora Presidenta, señores Comisarios, Señorías, la lucha contra el hambre exige una considerable inversión política y financiera. La Organización para la Agricultura y los Alimentos fue incapaz de generar esa inversión la semana pasada en Roma, algo que lamento.
Más de 1 000 millones de personas sufren malnutrición y 40 millones de hombres, mujeres y niños mueren anualmente de hambre. Estas dramáticas cifras han crecido desde 1996, el año de la primera Cumbre Mundial sobre Alimentación. La crisis financiera y económica global ha empeorado la situación, y los habitantes de los países del sur son sus víctimas principales. Un 10 % del presupuestario publicitario en todo el mundo serviría a los países en desarrollo para obtener el apoyo necesario para proteger sus infraestructuras agrícolas.
La crisis alimentaria es una de las principales amenazas que se cierne sobre la paz y la estabilidad en el mundo. En 2050, los pequeños productores tendrán que alimentara más de 9 000 millones de personas. El daño al suelo, a la biodiversidad, la dependencia del petróleo, las emisiones de gases de efecto invernadero, el agotamiento de las reservas hídricas y el desarrollo de patrones de consumo nos coloca en una situación muy frágil, mucho más que hace cuarenta años.
La pobreza y la dependencia de las importaciones son la causa principal de la inseguridad alimentaria. La necesidad de ayudar a la producción local resulta obvia. A finales de los años cincuenta, Europa introdujo la política agrícola común con el fin de producir los alimentos que necesitaba. Para hacerlo se protegía el mercado interno y se ayudaba a sus consumidores. Esta decantación por la autonomía, este derecho a la soberanía alimentaria, debe ser ahora accesible para todos los países del mundo que lo deseen.
James Nicholson, en nombre del Grupo ECR. – Señora Presidenta, nuestras resoluciones sobre este asunto se refieren a los retos duales de la erradicación del hambre —que actualmente afecta a una sexta parte de la población mundial— y a garantizar un abastecimiento de alimentos para el futuro.
Nos enfrentamos a una situación en la que, por un lado, la población mundial está creciendo mientras que, por el otro, la producción de alimentos está demostrando ser un esfuerzo aún más complicado debido a los efectos negativos del cambio climático y a los costes crecientes asociados a la producción de alimentos.
Aunque el elemento agrícola de la seguridad alimentaria es el elemento clave innegable para resolver este problema, también debemos centrarnos muy seriamente en cómo la buena gobernanza en los países en desarrollo es absolutamente necesaria si queremos tener alguna oportunidad de atajar con éxito el hambre en el mundo. Tomemos, por ejemplo, Zimbabue, país al que ya se ha referido el señor Deß. Hubo una vez en que fue conocido como el granero de África, cuando era capaz de alimentarse a sí mismo y a varios países vecinos. Ahora es incapaz de hacerlo tras quedar destruido por las actuaciones nocivas de Robert Mugabe y sus secuaces.
Todos debemos trabajar codo con codo para superar este problema y para evitar el descontento civil y la miseria que podría surgir de todo ello.
Patrick Le Hyaric, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (FR) Señora Presidenta, Comisario, si la Unión Europea quiere desempeñar un papel positivo en l mundo, si realmente quiere alumbrar un nuevo humanismo, debe escuchar el grito desatendido del hambre que resuena por todo el planeta.
Seguimos con nuestros discursos, tanto aquí como en otros lugares. Honestamente, sin embargo, ¿podemos tener la conciencia tranquila cuando en el mundo un niño muere de hambre cada cinco segundos? Los niños no mueren porque existan problemas técnicos, se debe a la ola de ultraliberalismo que recorre el mundo en la actualidad.
Hasta ahora, trabajábamos la tierra para alimentar a las personas. Hoy el sistema capitalista ha convertido los cultivos y los alimentos en bienes, en objetos de especulación global. Por eso debemos cambiar radicalmente la política, apoyar la Organización para la Agricultura y los Alimentos y proporcionarle los medios para actuar.
Necesitamos intervenir, como ya ha dicho el Comisario, y exigimos que se actúe. Sin embargo, para garantizar que la acción se produce, la Unión Europea debe reforzar el principio de soberanía alimentaria para todos los ciudadanos, implementar sistemas de remuneración para el trabajo agrícola con precios garantizados para cada país y cada continente; debe respetar y reforzar los compromisos para conceder ayuda oficial para el desarrollo a los países del sur, cancelar la deuda de los países pobre, detener la compraventa de tierras por parte de las multinacionales y los fondos de cobertura, y debe reconocer que la agricultura y los alimentos no pueden formar parte del regateo agresivo de la OMC.
Debemos escuchar el grito del hambre y actuar en consecuencia. Eso haría que Europa incrementara su talla, y es algo urgente.
Bastiaan Belder, en nombre del Grupo EFD. – (NL) En los cerca de diez años que he sido diputado al Parlamento Europeo, he escuchado con regularidad buenas palabras en esta Cámara. Tras la Cumbre Mundial de la Alimentación de Roma, el señor Barroso, Presidente de la Comisión, también empleó buenas palabras. Dijo: «Hemos fracasado colectivamente en la lucha contra el hambre. Es un escándalo moral y una gran mancha en nuestra conciencia colectiva». Fin de la cita. Y tenía toda la razón. Lo que convierte al resultado de la cumbre en aún más decepcionante Tengo la ligera sensación de que lo que tuvimos en el centro del escenario en Roma fueron los intereses políticos de los países ricos, en lugar de los intereses de los 1 000 millones de personas hambrientas que padecen hambre en todo el mundo. Por ilustrarles al respecto, usaré dos ejemplos: como cada vez se reconoce de manera más generalizada, la política de biocombustibles y su fomento están generando incrementos de los precios y, por tanto, más hambre. Sin embargo, parece que sea un tabú expresar la más mínima crítica hacia esa política.
Además, en muchas ocasiones anteriores ha llamado la atención en esta Cámara sobre el peligro de animar a terceros países a realizar grandes inversiones en África, con vistas a garantizar su propia seguridad alimentaria, por ejemplo. ¿Cómo se puede esperar que países en los que hay millones de personas que dependen de la ayuda alimentaria de las Naciones Unidas exporten a terceros países? Sin embargo, en la declaración final no se menciona esto.
A los países ricos les resulta muy fácil tratar temas controvertidos simplemente realizando promesas bienintencionadas y desapasionadas y encargando más estudios. Otra cosa que extraigo de la declaración es que los países en desarrollo tendrán que depender principalmente de sus propios recursos. Ante el fracaso de la comunidad internacional en la erradicación del hambre hasta la fecha, calificaré esto como mínimo de vergonzoso.
Aparte de esto, también he dedicado algo de tiempo a consultar las declaraciones finales de las cumbres alimentarias anteriores y he llegado a la conclusión de que comparten un número sorprendente de similaridades; entre ellas y con la resolución de este Parlamento, en realidad. Todas hablan de urgencia e invariablemente solicitan la implementación de las promesas realizadas en el pasado. Sin embargo, ¿no supone una señal para nosotros la repetición de todas esas peticiones? Citando al señor De Schutte, el ponente de las Naciones Unidas, «las personas pobres no necesitan promesas». Como se ha señalado en muchas ocasiones, la seguridad alimentaria debe ser un derecho humano. Señora Presidenta, deseo abordar esto desde un ángulo diferente y decir que la Biblia nos enseña que uno de los mandamientos divinos ordena alimentar al hambriento. Ésa es mi obligación personal y nuestra responsabilidad colectiva.
Dimitar Stoyanov (NI). – (BG) Asistí a la reunión de la FAO en Roma. Vi con mis propios ojos en qué consistió la conferencia. Creo que también debemos abandonar la ligera hipocresía que nos ha afectado, porque el dinero gastado en organizar una conferencia como ésta, cuyo resultado no suele ser más que una serie de promesas, tal vez podría ser utilizado en aspectos prácticos para calcular, tal y como ha señalado los oradores que me han precedido, el número exacto de niños que hoy no habían muerto de hambre si esos fondos no hubiesen sido gastados en historias felices. Sin embargo, el Comisario ha dicho que el problema tiene que ver con la producción global de alimentos, pero antes de señalar la brizna en el ojo ajeno debemos ver la viga en el nuestro.
Mi país, Bulgaria, basándose en pruebas científicas, ha conseguido las tierras más fértiles de toda la Unión Europea. Hace ciento cincuenta años, los granjeros búlgaros eran capaces de abastecer a las poblaciones más densamente pobladas del Imperio Otomano en Asia Menor utilizando tecnología del siglo XIX. Sin embargo, hoy en día, la agricultura en Bulgaria se encuentra en claro declive, y más aún desde que Bulgaria se incorporó a la Unión Europea. Las cuotas que la propia Comisión ha impuesto a Bulgaria están restringiendo la producción agrícola, mientras que las tierras de Bulgaria quedan desaprovechadas. Por ejemplo, una sola granja de las 28 regiones de Bulgaria puede cubrir la cuota de producción de tomates asignada a Bulgaria por parte de la Comisión Europea. Ha sido así porque hace diez años unos datos indicaron que ése era el nivel oficial de producción. Sin embargo, nadie se fija en cuál puede ser el nivel real de producción. Actualmente, dentro de la propia Unión Europea, existen restricciones a los procesos de producción de alimentos que de otra manera podrían mejorar la situación y de hecho arrojar una medida real de cara a la lucha contra el hambre. Por tanto, mientras las cosas estén controladas por funcionarios, que solamente miran a hojas de papel y que no están interesados en nada más, lo único que nos quedarán serán promesas, no acciones.
Filip Kaczmarek (PPE). – (PL) Señora Presidenta, el número de personas que pasa hambre y que vive en situación de pobreza extrema ha aumentado espectacularmente durante el año pasado, y no es cierto que sea culpa del capitalismo. Hay sistemas políticos que son mucho peores para la vida humana y para la lucha contra el hambre. Tan solo pondré un ejemplo. Hace varias décadas, en Europa, un país que tenía muy buenas condiciones fue llevado a la inanición por el comunismo. Como resultado de ello, en un sólo país murieron de hambre más personas de las que fallecieron por la misma causa en todo el mundo. Ese país era Ucrania. Recomiendo cautela para lo que se dice en la Cámara.
En el año 2000, 198 miembros de las Naciones Unidas adoptaron de manera específica los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El Comisario ha hablado hoy sobre el objetivo prioritario y más importante. Hoy debemos responder a la pregunta de si este objetivo es asequible. Los europeos se preguntan si nuestras prioridades y nuestra política son correctas y especialmente, por ejemplo, si una lucha costosa contra el cambio climático es más importante que la lucha contra la pobreza. He recibido esta pregunta esta misma semana: ¿no equivoca la Unión Europea medios y objetivos, y en lugar de luchar contra los efectos del calentamiento global, dando inicio a la iniciativa más costosa de la historia de la humanidad, una batalla contra el cambio climático?
Creo que la mejor demostración de que no existe incoherencia entre la acción para proteger el clima y para eliminar la pobreza sería la efectividad en este último ámbito; es decir, eliminar verdaderamente el hambre del mundo. Entonces nadie nos acusaría de tener unas prioridades erróneas y de considerar a la lucha contra el cambio climático como más importante que la lucha contra el hambre, como también ha señalado el señor Deß.
La agricultura será muy importante en los próximos años. Lo que debemos hacer es convencer y ayudar a los países en desarrollo para que inviertan en agricultura y para atenerse a sus propias declaraciones de que el 10 % del presupuesto nacional será destinado al desarrollo de la agricultura. Sólo de este modo podemos incrementar el potencial de la agricultura de los países pobres y ayudarles a ser más eficaces en la lucha contra el hambre.
Louis Michel (ALDE). – (FR) Señora Presidenta, Comisario, con la excepción del señor Berlusconi, cuyo país acogió la cumbre, ningún miembro del G8 estuvo presente en la Cumbre de la FAO sobre Seguridad Alimentaria.
De modo que una reunión altamente política en términos económicos, sociales y financieros quedó reducida a un encuentro Técnico rutinario. Sin embargo, el objetivo del señor Diouf era desarrollar herramientas y medios de producción, con el fin de garantizar la seguridad alimentaria de un modo sostenible para los países en desarrollo.
La crisis económica y financiera —como es sabido, ya que ha sido repetido en varias ocasiones— no hace sino agravar el hambre en el mundo. El tema está más de actualidad que nunca, ya que por primera vez en la historia el hambre afecta a más de 1 000 millones de personas en el mundo. Eso equivale a una sexta parte de la población mundial, un 20 % que en 2005 y 105 millones de personas más que en 2008.
Como ha señalado el señor Bové, todo esto significa que se registra un riesgo evidente de provocar nuevos conflictos y, además, conflictos de una naturaleza extremadamente grave. La falta de inversión en la agricultura ha llevado a este fenómeno de la inseguridad alimentaria. El hecho es que la agricultura es el único medio de existencia para el 70 % de los pobres del mundo, como ha destacado el señor Diouf, quien ha solicitado un total de 44 000 millones de dólares anuales para financiar inversiones que ayuden a los pequeños productores. Su petición ha sido totalmente desatendida; no hay agenda, no hay estrategia y no hay voluntad política por parte de los países ricos.
Comisario, ¿cuánto se ha avanzado en la aplicación de los compromisos alcanzados en julio? Como he estado en su situación, conozco la dificultad de captar donantes. Aun recuerdo la batalla extremadamente compleja, también mantuvo el Presidente Barroso, para obtener aquellos despreciables 1 000 millones de euros, hace dos años, para conseguir este mecanismo alimentario. Pese a todo, el futuro de Europa está estrechamente ligado al destino de los países en desarrollo.
Comisario, no creo en las fórmulas de nuestro colega socialista que nos habla de capitalismo y de ultraliberalismo; lo que, además, como asimilación semántica, resulta moralmente discutible. Yo mismo no puedo ver la solución en esta clase de crítica ideológica sin perspectiva.
Señor Le Hyaric, debo decirle que el oscurantismo marxista soporta una responsabilidad mucho mayor que el liberalismo por el subdesarrollo de algunos países desde que obtuvieron su independencia.
Es lo que quería decir, porque no quería dejar sin respuesta en esta Cámara ningún desatino ni invocación intelectual corto de vista que exceda los límites de la honestidad.
Judith Sargentini (Verts/ALE). – Señora Presidenta, mis colegas los señores Bové y Belder han esbozado el problema y la realidad política, pero en la agricultura se registra una nueva tendencia. Los países ricos garantizar sus alimentos básicos o sus biocombustibles comprando tierras en países pobres; apropiación de parcelas o, como se conoce eufemísticamente, «adquisición de tierras de cultivo». Así ocurre, por ejemplo, en Madagascar.
Discutir sobre esto parece ser demasiado delicado para los líderes mundiales. Europa y sus dirigentes tienen el deber moral de oponerse a esta nueva forma de lo que yo llamaría colonialismo. La declaración de la Cumbre Alimentaria de la FAO no se centró en la cuestión de la apropiación de terrenos y a ese respecto verdaderamente perdió una oportunidad de dirigirse contra el hambre en el mundo. ¿Por qué no lo hicieron?
Luego tenemos la política agraria común de la UE. Producimos una gran cantidad de comida. Los europeos tienen alimentos que consumir, pero esa PAC arruina las posibilidades tanto de los productores a pequeña escala como de los agricultores industriales en los países en desarrollo, y pierden la oportunidad de obtener unos ingresos decentes. Eso provoca escasez de víveres y propicia la necesidad de importar alimentos. ¿Cuándo es posible ver una política agrícola europea libre y justa?
Richard Ashworth (ECR). – Señora Presidenta, tanto las Naciones Unidas como la Unión Europea han acordado que la creciente población mundial va a demandar un mayor rendimiento global de la productividad agrícola con un incremento de entre el 50 % y el 100 %. Aceptamos esto. Aceptamos el punto de vista del señor Comisario, o solamente porque lo aceptamos, sino porque es un objetivo que el mundo no puede permitirse no alcanzar. Pero al mismo tiempo, se pide a la agricultura que lo consiga utilizando menos tierras, menos aguas, menos energía y menos gases de efecto invernadero. De modo que hay tres puntos que debemos comprender.
En primer lugar, los gobiernos —y la UE en particular— deben invertir más en I+D; sencillamente no tenemos la información sobre la que basar un plan para el futuro. En segundo lugar, frente a la volatilidad de los mercados globales, necesitamos una red de seguridad con respecto a la política agrícola común. Y en tercer lugar la seguridad alimentaria y todo lo que implica para la Unión Europea, acarrea un coste. Hay costes que no podemos trasladar a los consumidores, por lo que repito: necesitamos una política agraria fuerte y debemos imponer nuestra tesis en el debate presupuestario.
João Ferreira (GUE/NGL). – (PT) Señora Presidenta, la declaración final adoptada en la última cumbre de la FAO por sus 193 países miembros verdaderamente es, por desgracia, una gota en el océano de la lucha contra el hambre. No establece plazos, por encima de todo, no determina recursos ni condiciones concretos para atajar una lacra que afecta a más de 6 000 millones de seres humanos.
Según los datos disponibles, en los apenas noventa segundos que tardaré en realizar esta intervención, quince niños morirán de hambre en el mundo. Ésta es la acusación más descarnada y breve que puede hacerse de un sistema económico injusto, explotador, irracional y, por tanto, históricamente vilipendiado.
Se trata de un sistema basado en políticas y pautas reales y ahora, señor Michel, en protagonistas y en una retórica liberar que han llevado a la situación actual: fomento del modelo agroindustrial, en línea con la protección de los intereses de la gran industria agroalimentaria, y como resultado el empobrecimiento cualitativo de las industrias agrícolas mundiales; años y años de inversiones inadecuadas en actividades agrícolas, de fomento del abandono de la industria agrícola y de liquidación de las pequeñas y medianas explotaciones, un sector que permite la subsistencia del 70 % de los pobres del mundo.
El fundamentalismo de mercado las políticas de privatización y de liberalización y el comercio libre han tenido como resultado (y esto es algo que sigue sucediendo) en el abandono de las tierras, la concentración de propiedad agraria y la producción dominada por unos pocos y la dependencia alimentaria de muchos.
Los expertos estiman que costarían 44 000 millones de dólares superar la lacra de la malnutrición crónica. Ésa es una suma mucho más modesta que lo que los Estados miembros aportaron a las grandes empresas para salvarlas de la actual crisis sistémica.
Diane Dodds (NI). – Señora Presidenta, durante la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria, el Secretario General Ban Ki-Moon dijo que «la crisis alimentaria de hoy es una llamada de atención para mañana». En 2050, nuestro planeta puede ser el hogar de 9 100 millones de personas, más de 2 000 millones más que hoy, una cifra asombrosa y que significará que los granjeros tendrán que producir un 70 % más de alimentos.
Los granjeros de Irlanda del Norte quieren ayudar a cubrir esa necesidad. Sin embargo, la mayor parte de ellos cree que Europa está obstaculizando su capacidad para producir más alimentos obligándoles a reducir sus tasas de existencias por medio de reglamentos sobre nitratos y fosfatos, de la burocracia, de una falta de investigación y desarrollo dentro de la industria y por tanto de una actitud que transmite que la seguridad alimentaria no es un problema.
La reforma de la PAC determinará la capacidad de los agricultores para producir alimentos. También influirá en el precio de éstos. Si los agricultores no son apoyados desde Europa con pagos directos, el precio de los alimentos deberá disminuir para ajustarse a los costes de producción. Mi objetivo es promover la producción de alimentos dentro de Irlanda del Norte y la seguridad alimentaria en Europa. Ésta únicamente será alcanzada si permitimos a los productores que produzcan. La reforma de la PAC tendrá un papel importante en esto, y la seguridad alimentaria deberá ser un componente fundamental de nuestro trabajo a medida que la reforma de la PAC continúe adelante.
Mairead McGuinness (PPE). – Señora Presidenta, como una de las autoras de este informe, en primer lugar doy las gracias a los grupos políticos, que han trabajado juntos muy estrechamente para obtener un texto que no ha sido enmendado. Pienso que todos debemos estar muy satisfechos con esto. Tenemos opiniones distintas sobre muchas cosas, pero creo que sobre el punto general de querer hacer lo correcto para ayudar a alimentar a los hambrientos del mundo, este texto constituye un paso en la dirección correcta.
También fui la autora de un informe sobre la seguridad alimentaria global y el mandato anterior de la PAC, por lo que he trabajado muy duro en este asunto. Haré un sólo comentario que parece escapárseles a muchos: son los granjeros quienes alimentarán al mundo si encuentran el clima adecuado —y esto lo digo en el contexto más amplio— para realizar ese trabajo en particular. El resto de nosotros hablará de ello. Tenemos la responsabilidad de desarrollar y poner en marcha las políticas que permitan a nuestros granjeros producir alimentos. Responderán si cuentan con dos elementos básicos: uno son unos precios decentes y el otro son ingresos estables. La volatilidad creciente ha golpeado a ambos y los productores no pueden sobrevivir a eso.
Antes de agotar mi tiempo —y como una de las autoras les pido que sean tolerantes al respecto—, por favor no demonicen la política agrícola común. Algunas de las argumentaciones son históricas y están anticuadas; hemos reformado completamente esta política y quizás sin la PAC tendríamos mayores problemas de inseguridad alimentaria en la Unión Europea. ¿Por qué no adoptamos sus mejores partes y pedimos al mundo en desarrollo que se una a nosotros y a esta política? Porque es preciso que seamos duros en esto: no debemos sacar del atolladero a los gobiernos de los países en desarrollo; es su responsabilidad utilizar la ayuda al desarrollo de manera adecuada; la nuestra es asegurarnos de que se gasta y se invierte más dinero en agricultura. Creo que es hora de dejar de andarse con las ramas con este asunto y de ser duros con los gobiernos y exigentes con nosotros mismo. Tenemos una responsabilidad moral y estamos preparados para asumirla.
Enrique Guerrero Salom (S&D). – (ES) Señora Presidenta, señor Comisario, el mundo tiene ante sí dos grandes retos, dos retos de larga duración: la lucha contra los efectos del cambio climático y la lucha contra la pobreza y el hambre en el mundo.
El señor Comisario ha dado las cifras, también las han dado otros diputados. Figuran en la declaración final de la Cumbre de la FAO: más de mil millones de personas en el mundo sufren hambre y cuarenta millones perecen cada año como consecuencia de la pobreza.
La crisis alimentaria, primero, y la crisis financiera, después, nos están alejando del cumplimiento de los Objetivos del Milenio. No avanzamos, sino que retrocedemos. Los retos son de larga duración, pero las respuestas son urgentes, se necesitan ahora. Sin embargo, en las últimas semanas hemos recibido noticias preocupantes: la resistencia de los grandes emisores de gases a tomar decisiones en la Cumbre de Copenhague y la falta de líderes y de concreción en la Cumbre de la FAO, en Roma.
Son preocupantes los problemas que tenemos, pero no lo es menos la falta de capacidad de acción. El género humano ha progresado porque hemos identificado los retos, hemos sabido cuáles eran las respuestas y hemos actuado. En estos momentos también sabemos a qué nos enfrentamos, pero hemos perdido la capacidad de actuar.
Por eso, yo apoyo la resolución, que pide en este Parlamento acción, y acción urgente.
Franziska Keller (Verts/ALE). – Señora Presidenta, el artículo 208 del Tratado de Lisboa afirma que el principal objetivo de la política de desarrollo de la Unión Europea es la reducción y la erradicación de la pobreza. La pobreza también es la principal causa del hambre. El artículo 208 también afirma que la Unión debe tener en cuenta esos objetivos en otras políticas que puedan afectar a los países en desarrollo.
Sin embargo, con los subsidios a la exportación la UE está destruyendo los mercados de los países en desarrollo, causando por tanto pobreza y hambre. Si queremos que nuestra ayuda al desarrollo sea eficaz, necesitamos asegurarnos de que no es obstaculizada por otras políticas. De lo contrario, no lograremos alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Debemos tener eso presente cuando revisemos y reformemos políticas como la agrícola común o las de pesca.
(El orador acepta contestar a una pregunta con arreglo al procedimiento de «tarjeta azul» de conformidad con el apartado 8 del artículo 149)
Mairead McGuinness (PPE). – Señora Presidenta, quiero pedir a la oradora que me ha precedido que sea concreta sobre qué restituciones a la exportación. Me he referido a esto en mi intervención y acepto que en el pasado se causó daño a través de las restituciones a la exportación y que Europa ha reformado ahora su política agrícola. Sin embargo, cuando el año introdujimos las restituciones a la exportación para el sector lácteo, el único país que se quejó fue Nueva Zelanda, que no es un país en desarrollo. Me gustaría que me planteasen un ejemplo en el que esto verdaderamente constituya un problema.
Franziska Keller (Verts/ALE). – Señora Presidenta, por supuesto que el ejemplo del pollo congelado que todos conocen ya es un tanto antiguo, pero incluso ahora los tomates que están altamente subvencionados en la Unión Europea se comercializan en los mercados africanos, son más baratos que los productos locales y por tanto destruyen puestos de trabajo e incrementan la pobreza. De modo que sigue tratándose de un fenómeno común y creo que debemos centrarnos en él.
Béla Glattfelder (PPE). – (HU) Un siempre creciente número de científicos de todo el mundo anuncia que en 2030 se registrará una escasez severa simultánea de petróleo, agua y alimentos. Sin embargo, da la sensación de que lo primero que experimentaremos será la escasez de alimentos, toda vez que 1 000 millones de personas pasan hambre en el mundo. El número de personas que sufren hambre sigue creciendo a una velocidad mayor que la de la población mundial. Por tanto, mientras que sólo una de cada seis personas pasa hambre en estos momentos, dentro de unas décadas, esta proporción será de uno a cuatro o de uno a cinco. Cada minuto, dos niños mueren de hambre. La solución a esta tragedia es obviamente que suspendamos la política agrícola común de la Unión Europea. La UE solamente puede ser fuerte y desempeñar una función de liderazgo en el mundo si cuenta con una política agrícola común sólida.
Sin embargo, el hambre no es un fenómeno exclusivo de África. El hambre también está presente en la Unión Europea. Por ejemplo, hay regiones de la UE en la que los ciudadanos gastan menos de un 10 % de sus ingresos en alimentos, mientras que en otras áreas —algunas zonas de Bulgaria y del sur de Rumanía— sus habitantes dedican de media el 50 % de sus ingresos a adquirir alimentos. Esto también incluye a quienes invierten aún más en alimentos. Merece la pena hacer hincapié en este punto porque debemos hacer frente al hecho de que cada vez que redactamos un nuevo reglamento que encarece la producción agrícola y que reduce su eficiencia, como los reglamentos de bienestar animal que aumentan la cantidad de forraje necesario para producir 1 kilo de carne, no solamente dañamos el medio ambiente con mayores emisiones de CO2, sino que cada medida individual de este tipo incrementa el número de personas que pasan hambre. Tal vez sea precisamente esa cantidad añadida de forraje lo que debemos utilizar, por ejemplo, para criar aves de corral, que pronto estarán ausentes de la mesa de algún niño hambriento.
Corina Creţu (S&D). – (RO) el número de personas desnutridas en el mundo ha superado la cota de los 1 000 millones, agravando la trágica situación de que una de cada seis personas pasan hambre. Por desgracia, como se ha mencionado con anterioridad, los líderes de las grandes potencias industrializadas han mostrado una actitud indiferente hacia una cumbre importante y necesaria, como la organizada por la FAO en Roma recientemente. Los líderes de los Estados miembros del G8 no consideraron necesario asistir a dicha reunión, con la excepción del Primer Ministro italiano.
No puedo evitar referirme a la enorme e injusta diferencia entre el grado máximo de atención concedido por los representantes de este grupo de países, que conforman el 60 % del PIB global, al rescate del sistema bancario y su indiferencia por la trágica situación de hambruna que cada vez a afecta a más seres humanos en nuestro planeta. De hecho, ésta no es una crisis que haya sido responsabilidad de los países pobres, aunque sean los más afectados por ella.
Hemos alcanzado el grado más preocupante de hambre global desde 1970. Cada seis segundos un niño muere de hambre. Por desgracia, los países desarrollados cierran sus ojos ante una tragedia que nos afecta a todo a través de sus complejas implicaciones. El mejor ejemplo de esto, y también una advertencia para todos nosotros, es la desatención mostrada hacia la agricultura durante las dos últimas décadas y que ha desembocado en la actual crisis alimentaria. Del total de la ayuda oficial al desarrollo, los fondos destinados a la agricultura han caído del 17 % en 1989 al 3,8 % en 2006.
La seguridad alimentaria es un desafío extremadamente serio que exige soluciones urgentes, principalmente abrir los mercados y proporcionar ayuda a los granjeros de los países en desarrollo para que pueda producirse suministro de alimentos y para que el hambre sea erradicada lo antes posible.
Esther Herranz García (PPE). – (ES) Señora Presidenta, en primer lugar quisiera felicitar a la señora McGuinness por esta iniciativa, en la que se pone de manifiesto el importante papel que desempeña la PAC a la hora de hacer frente a las necesidades de suministro de alimentos a escala internacional.
Ahora que la Comisión Europea parece querer reducir el peso de la PAC dentro del presupuesto comunitario, hay que decir muy alto y muy claro que la PAC ya no es una prioridad, pero la suficiencia alimentaria sí debería serlo, y en décadas pasadas se ha visto que sin la PAC la suficiencia alimentaria es muy difícil, por no decir imposible, de alcanzar.
La agricultura no se puede comparar, por tanto, con otros sectores de la economía capaces de prosperar en un mercado libre, porque el mercado alimentario no es un mercado libre. El agricultor necesita el respaldo de la Unión Europea para poder sacar adelante su empresa y la Unión necesita, a su vez, al agricultor para mantener un modelo agrícola capaz de proveer alimentos suficientes y de calidad a un ciudadano cada vez más exigente.
Creo, por tanto, que tendría que producirse un cambio de rumbo de la PAC, pero no desaparecer. Para ello, sería necesario garantizar las ayudas directas a los agricultores, además de restablecer una política de gestión de los mercados agrícolas que aporte mayor estabilidad a los precios, lo que repercutiría en beneficio no sólo de los agricultores sino también de los consumidores y de los países terceros.
Sería necesario establecer un marco de buenas prácticas para favorecer unas relaciones equilibradas entre los diferentes agentes de la cadena alimentaria, evitando prácticas abusivas y promoviendo un reparto más justo de los márgenes comerciales.
Además, hace falta una política de información al consumidor europeo que haga hincapié en los esfuerzos realizados por los productores comunitarios para cumplir la normativa de la Unión Europea en materia de medio ambiente, seguridad alimentaria y bienestar de los animales, porque los productores comunitarios tienen que competir con las producciones de países terceros, donde se aplican, a esas importaciones, unos estándares muy inferiores.
Y esos productores de países terceros prefieren exportar a la Unión Europea que abastecer los mercados de sus propios países por una cuestión de rentabilidad, con el aval de las negociaciones de la OMC.
Michèle Striffler (PPE). – (FR) Señora Presidenta, Comisario, Señorías, antes se ha dicho que cada cinco segundos un niño muere de hambre y de pobreza en algún lugar del mundo, y que se estima que más de 1 000 millones de personas experimentan desnutrición.
El asunto de la seguridad alimentaria global adquiere por tanto un carácter de urgencia extrema y debe figurar en lo alto de la agenda política europea e internacional. Las políticas europeas deben ser más coherentes de modo que garanticen que hacemos realidad el primer Objetivo de Desarrollo del Milenio.
Los 1 000 millones de euros del mecanismo alimentario son un primer paso necesario, y resulta esencial que las medidas de aplicación se centren en las pequeñas y medianas familias y granjas productoras, en particular en aquellas dirigidas por mujeres, así como en las poblaciones pobres, aquellas más afectadas por la crisis alimentaria.
La agricultura sostenible debe ser un área prioritaria. Es preciso explorar mecanismos de financiación innovadores, como un impuesto internacional sobre las transacciones financieras; con el fin de acompañar la adaptación al cambio climático y de hacerla más accesible para los pequeños productores de los países más vulnerables.
Ricardo Cortés Lastra (S&D). – (ES) Señora Presidenta, colegas, ante la reciente conclusión de la Cumbre sobre seguridad alimentaria, me gustaría expresar mi decepción por la leve repercusión social, mediática y política del acontecimiento. Decepción, sobre todo, por la incapacidad de llegar a un acuerdo sobre el paquete de 44 000 millones de dólares destinado a ayudar a los campesinos más pobres; decepción porque todo sigue igual.
Cuando hablamos de seguridad alimentaria, agricultura y desarrollo, a menudo se nos olvida la cuestión del agua y de su escasez, un problema esencial del presente y sobre todo del futuro. En el contexto actual de crisis económica y medioambiental, necesitamos más que nunca un compromiso por parte de los países desarrollados para la articulación de un nuevo foro de reflexión internacional, al más alto nivel, con el objetivo de conseguir consolidar el agua como un bien público, compartir tecnologías y desarrollar sistemas de gestión del agua eficientes, sostenibles y económicamente viables.
Si no cuidamos el agua, nunca podremos hacer frente a la lucha contra el hambre.
Chris Davies (ALDE). – Señora Presidenta, en la Inglaterra del siglo XVIII, Thomas Malthus predijo que el crecimiento de la población sería superior al suministro de comida. Han sido muchas las formas en que estas ideas han sido desacreditadas porque hemos experimentado una serie de revoluciones agrícolas que han transformado nuestra sociedad. Pero las palabras de Malthus no erraban: durante las vidas de muchos de nosotros, la población mundial se ha triplicado —es increíble: se ha triplicado— y, en muchas partes del mundo, eso ha excedido el suministro de alimentos. Debemos hacer más si queremos evitar el hambre y controlar el crecimiento de la población; y el modo de hacerlo es garantizar que las mujeres ejercen un control sobre su reproductividad. Y debemos salvar las vidas de los niños. La mejor manera de reducir el crecimiento de la población es salvar las vidas de los pequeños, de modo que no exista la necesidad de tener más hijos.
Aquí en el mundo occidental somos adictos a comer carne: un desperdicio constante de recursos. Todo lo que puedo decir es que —y compruebo que mi tiempo se agota, señora Presidenta—, como persona que dejó de consumir carne hace veinte años, si queremos salvar el mundo y evitar el hambre, debemos comer productos verdes, no rojos.
Peter Jahr (PPE). – (DE) Señora Presidenta, la nutrición es un derecho humano y el hambre es un crimen contra la humanidad. También creo que la raza humana cuenta con los suficientes conocimientos técnicos y científicos como para garantizar que nadie en el mundo experimente hambre. Por supuesto, también necesitamos dinero para combatir el hambre mundial. Sin embargo, no sólo se trata de dinero. También necesitamos cumplir los siguientes requisitos previos. En primer lugar, desarrollar una estructura democrática estable en los países en desarrollo. En segundo, combatir la corrupción; y en tercer lugar establecer un sistema agrícola apropiado en los países en desarrollo; y, finalmente, invertir en agricultura. A menudo es poco lo dicho sobre los tres primeros puntos. Además, gran parte de la financiación desaparece en estos países, llega a las manos equivocadas y es utilizada para llevar a cabo prácticas corruptas.
Marc Tarabella (S&D). – (FR) Señora Presidenta, quiero abundar en lo que dije aquí hace dos días en relación con la trágica crisis alimentaria que se registra sobre todo en África, y sobre la clara falta de apoyo por parte de los países industrializados, así como por parte de los países emergentes, hacia el problema de la seguridad alimentaria global.
Durante los debates celebrados en la Cumbre de la FAO en Roma, varias ONG acusaron a las multinacionales alimentarias de intentar apropiarse de miles de hectáreas de tierras fértiles pertenecientes a pequeños productores en los países en desarrollo. Más de 40 000 hectáreas ya han sido adquiridas de esta forma desde Etiopía hasta Indonesia.
Las ONG también condenaron la tendencia de muchos países ricos a utilizar fertilizantes químicos y nuevas tecnologías en África en lugar de alentar el desarrollo sostenible de la agroecología. Y censuraron a las compañías agroquímicas, el uso de OGM y el desarrollo de combustibles de biomasa en detrimento de los cultivos.
Pido a la Unión Europea que invierta con urgencia en la aplicación de los proyectos de asociación global, que permiten coordinar mejor las acciones para combatir el hambre. Creo que la agricultura de subsistencia es sin lugar a dudas la respuesta más obvia.
Elisabeth Köstinger (PPE). – (DE) Señora Presidenta, la seguridad alimentaria a largo plazo es uno de los retos principales de la política agrícola común. En particular, ante la escasez de alimentos, debemos hacer hincapié en la importancia de una PAC sólida que en un futuro adopte una función clave a la hora de afrontar los desafíos globales.
Esto significa que necesitamos una financiación a largo plazo adecuada para la PAC. La PAC es un elemento importante de la política alimentaria y de seguridad de la UE, y después de 2013 desempeñará un papel significativo en la política de desarrollo y en la política de seguridad alimentaria exterior. Por tanto, las grandes prioridades son los ecosistemas de funcionamiento perfecto, los suelos fértiles, los recursos hídricos estables y las futuras diversificaciones de la economía rural. La cooperación internacional y la solidaridad, junto con unos acuerdos comerciales equilibrados que fomenten la seguridad alimentaria en lugar de ponerla en peligro, constituyen un elemento esencial de la seguridad alimentaria global y es aquí donde una PAC fuerte puede hacer una contribución importante.
Rareş-Lucian Niculescu (PPE). – (RO) En primer lugar, a riesgo de repetir una idea mencionada por el señor Stoynov, deploro el hecho de cuando estamos debatiendo sobre el hambre en el mundo existan tantas tierras sin cultivar en muchos países de Europa.
En segundo lugar, ya que la propuesta de resolución tiene que ver con este asunto y debido a que me complace que el Comisario se haya referido a este tema, quiero destacar el peligro planteado por el objetivo de autosuficiencia alimentaria, tan de moda. Este objetivo, que no es sinónimo de seguridad alimentaria, puede tener efectos no deseados sobre las actuales condiciones porque el cambio climático afecta de manera distinta a cada región. Esta situación convierte al comercio en más necesario que nunca y no en la ambición de cada país por producir todo lo que quiere consumir.
Marian Harkin, autora. – Señora Presidenta, tan solo quiero comentar dos asuntos planteados en el debate hasta ahora. Primero, el vínculo entre el hambre y el cambio climático. Como el señor Ki-Moon dijo en Roma, en unos tiempos en los que la población global está creciendo y el clima global está cambiando, en 2050 necesitaremos producir un 70 % más de alimentos, pese a que el clima está volviéndose más extremo e impredecible. De modo que cualquier esfuerzo positivo que hagamos en relación con el cambio climático tendrá un impacto positivo en la producción de alimentos.
Otro tema planteado de nuevo es la opción fácil: culpar a la PAC, como si ésta fuera responsable de todos los males del mundo en desarrollo. La PAC no es perfecta, pero ha sido reformada. Si queremos que nuestros productores sigan produciendo y garantizando la seguridad alimentaria de Europa, no podemos, por reglamento y retirada de apoyos, obligarlos literalmente a interrumpir su actividad.
Por ejemplo, ¿alguien ha realizado un estudio sobre la reciente reforma de la industria azucarera en la UE para determinar si la aniquilación de la industria azucarera en la UE ha beneficiado a las de los países del Tercer Mundo o si tan solo ha beneficiado a los barones del azúcar y a los propietarios de tierras, condenando a la pobreza a los pequeños productores? En modo alguno quiero minimizar la cuestión del hambre mundial, pero debemos asegurarnos de que cuando propongamos soluciones para un problema, verdaderamente sirvan para aliviarlo.
Sari Essayah (PPE). – (FI) Señora Presidenta, me parece excelente que el mismo día que estamos debatiendo la resolución sobre la conferencia del clima de Copenhague, también estén sobre la mesa las cuestiones de la seguridad alimentaria y el problema del hambre, porque estos asuntos están íntimamente relacionados.
Algunos diputados ya han mencionado el problema de cómo, a través de la política sobre cambio climático, también hemos causado parcialmente más problemas. Hemos establecido unos objetivos poco realistas para los biocombustibles, por ejemplo, lo que ha llevado a una situación en la que las tierras de los países en desarrollo son compradas para el cultivo de vegetación destinada a biocombustibles. Así que las tierras están siendo arrebatadas a los países más pobres, que podrían utilizarlas para cultivar y para desarrollar su propia producción agrícola.
Se han producido distorsiones similares en la política agrícola. Sus consecuencias han sido la exportación a los países en desarrollo de nuestros excedentes de producción, obstaculizando así el desarrollo de la agricultura allí. Resulta extremadamente importante tener presente una gran verdad: en nuestro mundo tenemos alimentos más que suficientes, aunque no se detecta la voluntad de compartirlos.
Czesław Adam Siekierski (PPE). – (PL) Señora Presidenta, en la última Cumbre de la FAO, los Estados participantes no lograron generar ninguna propuesta constructiva. La ausencia de una estrategia común a escala internacional resulta preocupantes, especialmente a la luz del constante incremento de la población mundial, que se espera alcance los 9 000 millones de personas en 2050.
Todos recordamos bien los efectos de la crisis alimentaria de 2007, cuando, como resultado de un súbito aumento de los precios de los productos agrícolas básicos, millones de de persona en todo el mundo se enfrentaron a una falta de alimentos. Creo que la crisis debería enseñarnos una lección. Debemos abandonar las acciones que pretenden limitar la producción agrícola, tan populares, por no decir extrañas, de los últimos años en la UE.
Creo que, vistas las tendencias globales de los mercados de productos alimentarios, cualquier intento de restringir la PAC supone una decisión poco sabia que en un futuro cercano supondrá una amenaza para la seguridad alimentaria de nuestro continente. Debemos ayudar a los países en desarrollo a diseñar una política agrícola que les permita garantizar la seguridad alimentaria de sus ciudadanos.
Karel De Gucht, Miembro de la Comisión. – Señora Presidenta, yo también deploro que ningún líder del G8 estuviera presente en Roma salvo el Presidente de la Comisión, el señor Barroso, y, por supuesto, esto contribuye a dar la impresión de que ha sido una cumbre que no aportó nada nuevo. En mi opinión, esto resulta obvio si observamos la declaración final. Por otra parte, creo que también es muy importante que lográramos mantener el tema de la seguridad alimentaria en la agenda política, y el resultado de las distintas cumbres que hemos celebrado en 2009 ha sido que en efecto este asunto ahora figura en lo alto de la agenda internacional y que, cuando los líderes mundiales se reúnen, por ejemplo recientemente en Pittsburgh con motivo del encuentro del G20, se habla de cooperación al desarrollo y de políticas de desarrollo. De modo que en sí mismo es un elemento muy positivo.
Estuve en Roma y debo decir que además de la declaración final que es, estoy de acuerdo, un tanto decepcionante, se han producido debates muy interesantes y asimismo se ha registrado una presencia muy satisfactoria, por lo que algo puede salir de todo ello. Por ejemplo, se desarrolló un completo debate sobre la venta de tierras fértiles en los países en desarrollo y en países que no cuentan con territorio de cultivo; esa compra en sí misma es un tema muy interesante y creo que también es un ámbito en el que podemos alcanzar un entendimiento común.
Lo segundo que quiero decir es que, como un par de diputados ya han señalado, la PAC es, sobre todo, no ideal. Nada es ideal en este mundo, pero si miramos al efecto de la política agrícola común sobre los países en desarrollo, creo que podemos reivindicar que es, con mucho, el sistema menos perjudicial de un gran bloque con respecto a posibles efectos distorsionadores en los países en desarrollo. La OMC ha reconocido que la mayoría, si no todos, de los subsidios no distorsionan el comercio porque suponen un ingreso agrícola de apoyo, no los precios de los productos agrícolas.
También estoy un poco, cómo decirlo, desengañado por que nos estemos culpando a nosotros mismos todo el tiempo. Europa tampoco es ideal pero creo que con el Mecanismo Alimentario, por ejemplo, hemos dado un gran paso hacia adelante. Éste implica 1 000 millones de euros a lo largo de dos años; no se trata de apoyar el reparto de alimentos, sino que principalmente se centra en repartir semillas y similares, sosteniendo a los pequeños productores agrarios en el mundo en desarrollo. Creo que realmente es una innovación. También ha sido reconocido como tal por el Banco Mundial, por ejemplo, que está asumiendo este mecanismo. Así que no deberíamos culparnos a nosotros mismos todo el tiempo. Por cierto, este mecanismo fue una innovación de mi predecesor. Hay algo en lo que no estoy de acuerdo y se refiere a un caballero que, entretanto, ha desaparecido, el señor Le Hyaric. Mi predecesor no es socialista, es comunista; debería mirar a su grupo político: es un comunista y eso probablemente explique el razonamiento que empleaba.
Dicho esto, también en L´Aquila, asumimos nuestra responsabilidad en tanto de Comisión Europea y prometimos 4 000 millones de dólares, lo que representa aproximadamente un 20 % del paquete alimentario y del paquete de ayuda que fue acordado en L´Aquila. Con esto, somos con mucho el mayor donante que hace promesas en L´Aquila y también vamos a cumplirlas. Asimismo vamos a comprometer esta suma y a desembolsarla lo antes posible.
Terminaré refiriéndome a la nueva política agrícola de la y a la política de seguridad alimentaria de la UE porque, en el programa de trabajo de la Comisión para 2010 está previsto presentar al Consejo y al Parlamento una comunicación sobre una renovada política para agricultura y seguridad alimentaria de la Unión Europea. Este documento revisará distintas cuestiones que afectan a la agricultura y a la seguridad alimentaria, por ejemplo los retos planteados por el cambio climático, la mejorada atención a la nutrición y a la calidad de los alimentos, redes de seguridad y políticas de protección social, el impacto de los biocombustibles en la producción de alimentos o el uso y el impacto de las nuevas tecnologías y de las biotecnologías, la demanda creciente de enfoques basados en los derechos, adquisición de tierras a gran escala, etc.
La comunicación va dirigida en primer lugar a renovar el compromiso de la UE para ayudar a los países en desarrollo a progresar en su producción agrícola. Esto sigue siendo crucial, especialmente a la vista de la creciente demanda de alimentos debido a una población global que aumenta constantemente y al cambio de los patrones nutricionales y a los retos y amenazas planteados por el cambio climático sobre la producción agrícola sostenible. En segundo lugar, se centrará en generar reflexión sobre cómo puede la UE usar mejor su experiencia y conocimientos para apoyar la emergencia de las políticas regionales y d los marcos estratégicos en agricultura y seguridad alimentaria. En tercer lugar, se dirigirá a proporcionar las bases para el conjunto del planteamiento de la UE para armonizar los marcos de políticas ECMS existentes después de los compromisos alcanzados en la agenda de actuaciones de L´Aquila. En cuarto lugar, se centrará en proponer modos en que la UE puede contribuir a acelerar el proceso hacia la consecución de los ODM y especialmente el ODM número 1 con vistas a la inminente revisión de los ODM en septiembre de 2010 en Nueva York. En quinto lugar, se dirigirá a mejorar el posicionamiento de la UE con respecto a los actuales sucesos en el sistema de global de gobernanza alimentaria agrícola, y por último a ocuparse de temas que recientemente han adquirido importancia en la agenda de seguridad alimentaria.
El 16 de noviembre se inició una consulta pública sobre una serie de temas que finalizará a comienzos de febrero. De este modo obtendremos el parecer de todos los actores implicados y posteriormente la Comisión Europea emitirá una comunicación formal.
Presidenta. – He recibido seis propuestas de resolución(1) presentadas de conformidad con el artículo 110(2) del Reglamento.
El debate queda cerrado.
La votación tendrá lugar el jueves 26 de noviembre de 2009.