14. Revisión del Acuerdo marco sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión - Adaptación del Reglamento del Parlamento al Acuerdo marco revisado sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión (debate)
Presidenta. – De conformidad con el orden del día, se procede al debate conjunto sobre:
- el informe elaborado por Paulo Rangel (A7-0279/2010), en nombre de la Comisión de Asuntos Constitucionales, sobre la revisión del Acuerdo marco sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión [010/2118(ACI)] , y
- el informe elaborado por Paulo Rangel (A7-0278/2010), en nombre de la Comisión de Asuntos Constitucionales, sobre la adaptación del Reglamento del Parlamento al Acuerdo marco revisado sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión [2010/2127(REG)].
Paulo Rangel, ponente. – (PT) Con respecto a estos dos informes, en primer lugar, quiero felicitar y mencionar públicamente, como lo he hecho en la Comisión de Asuntos Constitucionales, el notable trabajo realizado por mis colegas, el señor Lehne, el señor Swoboda, la señora Roth-Behrendt, la señora Wallis y la señora Harms, que formaban el equipo de diputados de esta Cámara que negoció este Acuerdo marco con la Comisión.
También me gustaría mencionar la gran apertura y el espíritu altamente constructivo de colaboración mostrado por el Presidente de la Comisión y, después de la nueva Comisión asumiera sus funciones, por el Comisario Šefčovič y sus equipos. Creo que se ha conseguido un trabajo notable, y que esto ha conducido a un acuerdo histórico que representa el primer Acuerdo marco tras la firma del Tratado de Lisboa y el primer Acuerdo marco con una base directa y explícita en los tratados, pero específicamente en el artículo 295 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.
En realidad, me gustaría decir que este acuerdo crea una asociación altamente transparente, dinámica y muy estrecha entre el Parlamento y la Comisión, y que esencialmente representa un compromiso: un equilibrio entre las visiones respectivas de las dos instituciones sobre el nuevo papel que corresponde a cada una de ellas a raíz del Tratado de Lisboa.
Creo que el trabajo realizado por nuestro equipo ha sido, de hecho, muy positivo, pues en este Acuerdo marco, se ha logrado dar expresión a las nuevas competencias y al fortalecimiento de las competencias derivadas del Tratado de Lisboa. Esto se aplica al procedimiento legislativo y a la programación o planificación, en particular, por mencionar sólo dos ejemplos, en la participación del Parlamento en el programa de trabajo de la Comisión o, por ejemplo, en asuntos relacionados con el uso de la Comisión del «derecho indicativo» en las competencias legislativas del Parlamento.
En segundo lugar, un aspecto muy importante es el aumento de las competencias de control y supervisión del Parlamento, ya sea en los detalles relacionados con la especificación de normas para la elección del Presidente de la Comisión y de este último como un organismo, o, por ejemplo, en lo que respecta a la participación del Parlamento en cuestiones, tales como la reorganización o la posible eliminación de un comisionado, o, por poner otro ejemplo, en las audiencias de los directores de los organismos de control o incluso en la supervisión de las negociaciones internacionales. En todos estos ámbitos, se han ratificado las competencias derivadas del Tratado de Lisboa.
El acceso a la información es también muy importante, sobre todo, cuando se trata de información clasificada o confidencial, y, además, el gran intercambio de información y puntos de vista entre los líderes del Parlamento y la Comisión. Por ejemplo, sabemos que estos días, ya es posible que el Comisario de Asuntos Constitucionales y el Presidente de la Comisión participen en las partes relevantes de la Conferencia de Presidentes, o que existen varias plataformas para el diálogo directo entre la Conferencia de Presidentes, la Conferencia de Presidentes de Comisión, la Presidencia del Parlamento, la Presidencia de la Comisión y el Colegio de Comisarios. Incluso se ha reforzado la presencia de la Comisión en el Parlamento, sobre todo, mediante la aplicación del turno de preguntas, no sólo para el Presidente de la Comisión, sino también para los Comisarios.
En vista de ello, me gustaría decir, con profundo respeto por el Tratado de Lisboa y su nuevo equilibrio de poderes, y también con un profundo respeto por la idea de la separación de poderes, que aquí tenemos un acuerdo clarificador que hará posible que el Tratado de Lisboa sea actual, activo y aplicable.
Maroš Šefčovič, Vicepresidente de la Comisión. – Señora Presidenta, es un gran placer para mí unirme a su debate sobre el Acuerdo marco revisado sobre las relaciones entre nuestras dos instituciones. Me complace bastante que la resolución que se va a votar el miércoles recomiende que el Parlamento deba apoyar el Acuerdo marco. Esto llevará a su fin satisfactoriamente un proceso que empezó hace ya casi un año con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa.
En esta ocasión, quisiera expresar mi sincero agradecimiento y gratitud al señor Lehne y a todo el grupo de trabajo: a la señora Diana Wallis, la señora Dagmar Roth-Behrendt, la señora Rebecca Harms, el señor Hannes Swoboda y, por supuesto, a nuestro ponente, el señor Paulo Rangel. Hemos trabajado con gran espíritu e intensidad y, además, nuestros debates han sido muy constructivos y, al mismo tiempo, muy francos.
Es evidente que el aumento de los derechos y las competencias del Parlamento en el marco del nuevo Tratado repercute en muchas formas de establecer relaciones entre nuestras instituciones. Así se reflejó en la resolución del Parlamento de 9 de febrero de 2010 y en la declaración relacionada del Presidente Barroso de ese mismo día. Por tanto, es de suma importancia que, con el Acuerdo marco revisado, nuestras instituciones cuenten ahora con una base sólida y consensuada formalmente para las relaciones mutuas y que también sean capaces de empezar a aplicar todos los elementos del Acuerdo en las prácticas del día a día. Este Acuerdo marco revisado se basa en el Acuerdo marco en vigor desde 2005 que, como hemos podido observar, ha sido un instrumento de mucho éxito para gestionar las relaciones entre nuestras instituciones.
Iniciamos nuestras negociaciones sobre la revisión del Acuerdo marco en marzo con este espíritu de cooperación satisfactoria. Creo que todos debemos estar muy satisfechos con el resultado. Al igual que el ponente, el señor Rangel, yo también soy de la opinión de que esta revisión es un logro importante que va a estrechar las relaciones entre nuestras instituciones y que, además, va a ofrecer soluciones prácticas en consonancia con el aumento de las competencias del Parlamento tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. Así es como estamos poniendo en práctica la relación especial entre la Comisión y el Parlamento Europeo.
Permítanme destacar algunos elementos que constituyen un progreso real. El acuerdo establece normas y un calendario para un diálogo más intenso y estructurado entre las instituciones que permita al Parlamento una aportación importante cuando la Comisión esté preparando sus programas de trabajo, como una contribución a la programación de la Unión.
Asimismo, en este Acuerdo se estipulan normas sobre cómo la Comisión tendrá que informar al Parlamento acerca de la negociación y la conclusión de acuerdos internacionales. Además, establece las normas sobre la disposición de información clasificada al Parlamento con respecto a las norma internacionales y, además, facilitar la prestación de información al Parlamento, por ejemplo, sobre negociaciones internacionales.
También establece normas para mejorar la información facilitada al Parlamento Europeo relativa a la labor de los expertos que asesoran a la Comisión.
Espero que mejore nuestro diálogo y nuestra coordinación en lo que respecta a la planificación de los períodos parciales de sesiones del Parlamento y a la garantía de la presencia de los Comisarios.
A pesar de que el Acuerdo aún no ha entrado en vigor, ya hemos aplicado importantes elementos del mismo. Permítanme mencionar algunos ejemplos relacionados con la preparación del programa de trabajo de la Comisión para 2011. El 7 de septiembre, el Presidente Barroso pronunció su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Parlamento Europeo, y yo asistí a la Conferencia de Presidentes con información sobre el progreso experimentado en la preparación del programa de trabajo de la Comisión.
El 7 de octubre, el Colegio y la Conferencia de Presidentes de Comisión se reunieron en el edificio Berlaymont. Además, el Presidente Barroso volverá a reunirse con la Conferencia de Presidentes del Parlamento el miércoles.
Todo esto tiene por objeto aumentar el diálogo político entre nuestras instituciones y, desde mi punto de vista, parece que hemos diseñado los instrumentos adecuados para ello en nuestro Acuerdo marco.
Como ustedes saben, las negociaciones para el Acuerdo marco revisado han sido largas y han requerido un gran esfuerzo por parte de ambas instituciones a fin de llegar a un texto que contemple tanto los intereses como las preocupaciones de nuestras instituciones.
También sabíamos que, para una serie de aspectos en nuestras relaciones —por ejemplo, la programación de la Unión, introducida por el Tratado de Lisboa—, también tendríamos que incluir al Consejo.
Dado que el Consejo había decidido no formar parte de las negociaciones sobre el Acuerdo marco revisado, hemos tenido precaución de no prejuzgar sobre las cuestiones que deben acordarse con el Consejo.
Por tanto, los negociadores han hecho verdaderos esfuerzos para respetar plenamente el equilibrio de las instituciones, según se establece en los tratados, así como el compromiso a la cooperación leal entre ellos.
Esto se evoca en varias ocasiones en el acuerdo y, además, la Comisión está totalmente convencida de que el texto al que hemos llegado, después de unas negociaciones que a veces han resultado difíciles, respeta plenamente los derechos y las competencias de cada una de las instituciones de la UE y, además, resiste la prueba del examen jurídico.
Sin embargo, hay voces que consideran que el Acuerdo marco ya va demasiado lejos, y no puede excluirse la posibilidad de una demanda legal en contra del acuerdo o en contra de casos concretos de su aplicación.
En este contexto, la Comisión considera que la propuesta de resolución sobre la adopción del Acuerdo marco revisado alegará oficialmente la propia interpretación del Parlamento del texto acordado.
En algunas cuestiones importantes, esta interpretación va más allá del texto acordado tras las conversaciones confidenciales. Se trata principalmente de las disposiciones relativas a facilitar información al Parlamento sobre las negociaciones de acuerdos internacionales y la inclusión de eurodiputados como observadores en las delegaciones de la Unión para las conferencias internacionales, así como de las definiciones y modalidades para la aplicación del derecho indicativo.
Al cuestionar este enfoque en la Comisión de Asuntos Constitucionales, se informó a la Comisión de que estas interpretaciones, de hecho, tenían por objeto registrar los objetivos iniciales del Parlamento y de que sólo el texto del Acuerdo marco como tal tenía valor legal.
Para evitar cualquier ambigüedad, este es el sentido que la Comisión da a la interpretación del texto por parte del Parlamento.
La Comisión permanece totalmente fiel a todos los compromisos asumidos en el acuerdo, y pretende aplicar el acuerdo tras la aprobación del texto. Permítanme aclarar que la Comisión no estará vinculada a ninguna interpretación unilateral de este Acuerdo marco. El texto de este Acuerdo, tal como se ha negociado, en la práctica, nos ofrece todas las posibilidades necesarias para encontrar soluciones en beneficio del Parlamento y la Comisión sin dejar a un lado los derechos e intereses de otras instituciones.
Con este espíritu, seguiremos poniendo en práctica la relación especial entre nuestras dos instituciones y, al mismo tiempo, colaboraremos de forma fiel con todas las instituciones.
Espero con entusiasmo el momento en que se firme el acuerdo y su satisfactoria aplicación a partir de dicho momento.
Íñigo Méndez de Vigo, en nombre del Grupo PPE. – (ES) Señora Presidenta, yo entré en este Parlamento hace ya dieciocho años. El Parlamento Europeo era un parlamento consultivo. Era un parlamento que no tenía poderes.
En este proceso, en estos dieciocho años, hemos visto cómo el Parlamento pasaba de ser un parlamento consultivo a ser un parlamento plenamente colegislador. Eso lo decía nuestro buen amigo, Francisco Lucas Pires, que veía ese proceso: del parlamento deliberativo al parlamento legislativo.
Por tanto, lo que vamos a aprobar el miércoles es la culminación de una negociación entre la Comisión y el Parlamento sobre el Acuerdo marco.
Les confieso a ustedes que cuando tengo que explicarle a mi familia que me voy a Estrasburgo y voy a intervenir en el debate sobre el Acuerdo marco Parlamento-Comisión, tengo que hacer una explicación más o menos larga. Porque, claro, estas cosas no existen a nivel de los Parlamentos nacionales o a nivel nacional; por tanto, no se entiende por qué hay que llegar a un acuerdo entre Comisión y Parlamento a la hora de poner en práctica lo que dicen los Tratados.
Bueno, pues hay que hacerlo. Hay que hacerlo por una razón muy elemental que ha dicho Paulo Rangel y que ha dicho también Maroš Šefčovič: porque queremos ser eficaces.
El Acuerdo marco lo que busca fundamentalmente es resolver por anticipado todos aquellos obstáculos —en el marco de la legislación, en el marco del control parlamentario, en el marco de los códigos de conducta— que luego puedan producirse en la práctica.
Por tanto, creo que es una buena mezcla de esta democracia europea, que es una democracia «consensual» y no una democracia «conflictual» como las que conocemos en nuestros países.
Y en la democracia consensual lo inteligente es encontrar soluciones a los problemas que puedan plantearse. Por tanto, el Acuerdo marco es un instrumento para evitar problemas en el futuro y hacer realidad lo que dicen los Tratados. Y puesto que tenemos un Tratado nuevo, el Tratado de Lisboa, lo lógico era desarrollarlo.
Quiero felicitar a Paulo Rangel y al equipo que él ha capitaneado, así como a la Comisión Europea, porque creo que han llegado a un acuerdo muy razonable. Y cuando uno lee el contenido de ese Acuerdo, no puede por menos de extrañarse ante las voces que se oyen en algunos Parlamentos nacionales sobre si ello pone en peligro los poderes del Consejo.
Pero, ¡por Dios! si el Consejo es el otro colegislador. Si nosotros lo que queremos es legislar y estamos legislando mucho y bien con el Consejo de Ministros. Nosotros somos colegisladores en pie de igualdad. No tenemos que ganar ninguna pequeña ventaja. Nosotros lo que queremos es que esto sea eficaz y creo que el Acuerdo va a contribuir a ello.
Y déjeme decirle, señor Šefčovič, que ha tomado usted el toro por los cuernos —es una expresión muy taurina en mi país—; ha dicho usted que la interpretación de los artículos 6 y 7 de la resolución es lo que interpreta el Parlamento con relación a los convenios internacionales, a la conferencias internacionales. Creo que aquí no hay nada extraño. Si de lo que se trata aquí es de que el Parlamento esté informado y de que participe a través de la Comisión y mediante la negociación, ¡nada más!. ¿Para qué? Pues para que cuando tengamos que aprobarlo aquí, sepamos lo que ha hecho la Comisión.
Por tanto, señora Presidenta, —y con esto termino— ¡enhorabuena a los dos! Y yo creo que esto es el augurio como se diría en Casablanca, «el comienzo de una hermosa amistad».
Ramón Jáuregui Atondo, en nombre del Grupo S&D. – (ES) Señora Presidenta, me sumo a las palabras que han pronunciado todos los oradores hasta este momento en este debate.
Por encima de la dificultad técnica que este Acuerdo pueda representar, creo que estamos hablando de algo importante, de algo que tenemos que considerar junto a la reforma del Reglamento que hicimos hace unos meses, después de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. Este Acuerdo marco y el nuevo Reglamento constituyen dos elementos esenciales de la nueva arquitectura democrática europea.
Estoy convencido de que este nuevo rol que el Parlamento está asumiendo tras el Tratado de Lisboa de ser una Cámara legislativa, con la reforma del Reglamento y con el Acuerdo marco adquiere una base, un fundamento de funcionamiento razonable porque –como se ha dicho también– lo que es importante es que esta Cámara, a partir de ahora, tiene la gran función de dialogar y de consensuar, con la Comisión y con el Consejo, las nuevas leyes de la Unión Europea.
Para hacer eso tenemos un nuevo Reglamento y tenemos un Acuerdo marco que también establece todos los elementos que configuran nuestra relación. En ese sentido, quiero destacar la importancia, por ejemplo, de las funciones de control que la Cámara ejerce sobre la Comisión.
Creo, señor Šefčovič, que tendríamos que acabar contemplando un mecanismo de presencia de la Comisión ante esta Cámara –que contempla este Acuerdo–, por ejemplo, la presencia conjunta de todos los Comisarios para responder a preguntas directas. Es lo que tendríamos que hacer para responder con inmediatez, de manera directa, a la relación política en la que nos movemos.
En relación con la interpretación que usted ha hecho de los apartados 7 y 8, le querría decir que la comprendo. La comprendo porque es verdad que la Cámara no tiene que ser parte estrictamente de la negociación, pero también tiene usted que comprender que nosotros, como Parlamento, hemos expresado un deseo, una posición de principio del Parlamento y una posición de futuro sobre cómo tiene que relacionarse la Cámara con las negociaciones internacionales.
Andrew Duff, en nombre del Grupo ALDE. – Señora Presidenta, hemos escuchado con gran interés al Comisario Šefčovič, que parecía más interesado en apaciguar al Consejo que en criticar con firmeza la posición del Parlamento. Creo que es del todo correcto, ya que, si el Consejo —que veo que todavía no está aquí esta noche— hubiese estado verdaderamente interesado en formar parte de este Acuerdo marco, lo hubiese hecho.
Como Parlamento, sabemos que, a medida que pongamos en práctica el Tratado de Lisboa, tendremos que aplicar nuestras nuevas competencias con discreción y responsabilidad. También estamos comprometidos a reforzar el poder de la Unión en las negociaciones internacionales a través de un desempeño eficaz de la Comisión. Puedo destacar, especialmente, la necesidad de que el Presidente Barroso revise el Código de Conducta de los Comisarios, sobre todo, las declaraciones financieras. Éramos conscientes de ciertas debilidades expuestas en el curso de la aprobación del Parlamento de la Comisión Barroso II.
Ryszard Czarnecki , en nombre del Grupo ECR. – (PL) Nuestro colega español, el señor Méndez de Vigo, ha dicho que estaba teniendo verdaderos problemas a la hora de intentar explicar a su familia las relaciones procedimentales y legales tan específicas que existen entre los organismos de la Unión Europea. Él tiene más paciencia que yo. Ni siquiera he intentado hablar de ello con mi esposa, pues me parece demasiado complicado. Creo que el Tratado de Lisboa se ha convertido en una especie de cita a ciegas, lo que significa que no es algo bueno o correcto que apenas estemos empezando a definir las competencias de cada uno de los organismos de la Unión. Es tarde, pero según un dicho español, «más vale tarde que nunca». No debemos hablar de la amistad de la forma propuesta por el señor Méndez de Vigo. Más bien, debemos hablar de relaciones más prácticas y contactos más claros entre la Comisión, el Consejo y el Parlamento Europeo. Eso es mejor que hablar de la amistad. Muchas gracias.
Morten Messerschmidt, en nombre del Grupo EFD. – (DA) Señora Presidenta, yo también quisiera aprovechar esta oportunidad para reconocer el buen trabajo realizado por el señor Rangel con respecto a una serie de secciones del informe. El hecho de que obtengamos más información de la Comisión, sin duda, se traduce en progreso. El hecho de que se haga hincapié en la necesidad de control parlamentario, así como en la necesidad de una cooperación mutua mejorada, también es un progreso evidente.
Sin embargo, en un ámbito —el que ha sido el más importante tanto hoy como en el debate anterior— hay razones para expresar frustración. Se trata, evidentemente, de la política exterior común, a cuyo respecto no hay nada que reprochar al señor Rangel, pero hay motivos para criticar la dirección que este ámbito ha seguido desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa. Era un miembro del Folketing, el Parlamento danés, cuando se convenció a Dinamarca a dar un «sí» al Tratado de Lisboa a condición de que no condujera a la renuncia de la soberanía. Todas las autoridades oficiales de la UE nos dieron la palabra de que no se produciría tal renuncia del poder, y ahora podemos ver que el Parlamento Europeo muy a las claras está asumiendo un poder que no estaba previsto originalmente en el ámbito de la política exterior. Esto es realmente lamentable, porque muchos europeos, incluidos, sin duda, los franceses, los neerlandeses y los irlandeses, quienes tuvieron la oportunidad de decir «no» en su momento, hayan accedido a esta cooperación con la esperanza de que la política exterior fuera un ámbito donde aún pudieran conservar su soberanía. Ahora podemos ver que todo va a ser objeto de una interacción entre la Comisión y el Parlamento Europeo, y el Consejo quedará completamente aislado. Eso es realmente lamentable.
Andrew Henry William Brons (NI). – Señora Presidenta, voy a resistir la tentación de rechazar automáticamente como insidioso o sin valor todo acuerdo entre dos grupos de partidarios del «proyecto», tal como se denomina. Voy a tratar de juzgarlo por sus méritos y deméritos.
El equipo del Parlamento Europeo tiene la misión de aumentar el poder y la influencia del Parlamento, y ha tenido algún éxito. Sería un error decir lo contrario. Ha tenido éxito al lograr la igualdad de trato del Parlamento con el Consejo, un mayor deber para que la Comisión considere las iniciativas legislativas del Parlamento, las rondas de preguntas con la Alta Representante, la participación en las negociaciones internacionales, y mucho más.
Sin embargo, también hay que destacar la otra cara de la moneda. La igualdad del Parlamento con el Consejo debe implicar una reducción relativa en el poder de ese organismo, lo que representa —de forma muy incorrecta, sin embargo, en el caso de mi propio país— los intereses de los Estados nacionales. Por otra parte, el poder ejercido por el Parlamento se ejerce de manera desproporcionada por parte de los líderes de los grandes grupos políticos y los Presidentes de las Comisiones. Los miembros ordinarios de estos grupos no tienen ningún poder independiente más del que nosotros tenemos como miembros no inscritos.
La promesa de participación en las negociaciones internacionales también consta en el acuerdo de 2005, y el Parlamento ha sido tratado con desdén. No nos comunicaron la identidad del supervisor en el acuerdo sobre la transferencia de datos financieros con los Estados Unidos, y cuando los miembros de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior preguntó por qué se percibía la necesidad de mantenerlo en secreto, el miembro de la Comisión se negó a contestar y entendió mal la pregunta o fingió no entenderla.
Salvatore Iacolino (PPE). – (IT) Señora Presidenta, yo también quiero felicitar a los negociadores sobre el resultado positivo que se ha logrado, por otra parte, en un tiempo razonablemente corto. La prueba y la confirmación tangible del diálogo interinstitucional constructivo son dos aspectos que ofrece este acuerdo, que esperamos que sea adopte el miércoles y se ratifique inmediatamente después.
Este acuerdo, sin duda, da un impulso a la centralidad del papel del Parlamento Europeo, algo que ya se pretendía claramente con el Tratado de Lisboa, y establece una estrecha cooperación entre las instituciones; el intenso trabajo de los negociadores, sin duda, sigue el rumbo de esta dirección. No cabe duda de que el Parlamento confía en la Comisión y debe evaluar correctamente, mediante un examen constante, las actividades introducidas por los programas aprobados y los resultados tangibles que se consigan. El Código de Conducta de los Comisarios, así como el requisito de facilitar información, incluida la información confidencial, son dos aspectos que debemos acoger con beneplácito.
No estoy de acuerdo con algunas enmiendas que, en mi opinión, no van en la dirección opuesta, aunque, en general, son coherentes, hasta cierto punto, con el diseño previsto del texto acordado. Estoy igualmente convencido de que, a través de este informe, es posible legislar mejor y hacer mejores evaluaciones del impacto en relación con propuestas legislativas concretas. Al mismo tiempo, las relaciones deben reforzarse con los Parlamentos nacionales, que son el reflejo de estas actividades.
Acojo con satisfacción el trabajo realizado en relación con los organismos y estoy convencido de que la primacía de las políticas también depende de una mayor voluntad por parte de las Direcciones Generales de la Comisión para cooperar con el Parlamento.
En conclusión, espero que la Comisión ponga en práctica el acuerdo, una vez que se haya finalizado, sin aplicar ningún tipo de burocracia.
Zita Gurmai (S&D). – Señora Presidenta, me alegra observar que el nuevo Acuerdo marco representa una mejora significativa, y la profundización, de las relaciones con la Comisión, y la relación especial refleja la nueva competencia del Parlamento Europeo en el marco del Tratado de Lisboa. Como resultado del excelente trabajo que se ha llevado a cabo en la Comisión y en el grupo de trabajo, las soluciones prácticas incluidas en el acuerdo revisado que se ha propuesto aportan mejoras importantes en la planificación y el procedimiento legislativo, en el estudio parlamentario, en las obligaciones de facilitar información y en la presencia de la Comisión en el Parlamento. Bienvenido, Comisario Šefčovič.
Permítanme llamar su atención sobre dos puntos en particular. Considero que la participación del Parlamento en las negociaciones internacionales es un importante paso adelante, de forma que se facilita la aprobación del Parlamento y se aporta más previsibilidad al procedimiento. En mi opinión, uno de los elementos más importantes es el seguimiento de las solicitudes de iniciativa legislativa del Parlamento. Acojo con satisfacción el desarrollo experimentado en cuanto a que la Comisión se comprometa a informar del seguimiento concreto realizado a cualquier solicitud de iniciativa legislativa en el plazo de tres meses a partir de su adopción; la Comisión debe presentar una propuesta legislativa después de un año como máximo o incluir la propuesta en el programa de trabajo del año siguiente. Si la Comisión no presenta ninguna propuesta, debe explicar las razones al Parlamento.
Como ponente de la iniciativa de los ciudadanos europeos, espero que también se gestione con el mismo respeto el seguimiento de las solicitudes de los ciudadanos. Fue un placer observar el gran apoyo que recibió el informe en comisión. Confío en que el período parcial de sesiones siga la línea acordada entre la Comisión y el grupo de trabajo del Parlamento Europeo. Buen trabajo y muchas gracias.
Trevor Colman (EFD). – Señora Presidenta, se dice que este Acuerdo marco sobre la relación entre la Comisión y esta Cámara introducido por el Tratado de Lisboa —en realidad, en la Constitución de la UE— va a dar lugar a un proceso gubernamental más democrático. En verdad, no es más que una ilusión de democracia donde no la hay.
Los siguientes puntos son importantes. Lisboa no tiene autoridad democrática ni moral en el Reino Unido, donde la clase política gobernante ha engañado a los británicos para que no dieran su veredicto en relación con el Tratado. Los supuestos cambios de este acuerdo no disminuyen de forma alguna el poder ni la actividad de una Comisión no elegida e irresponsable apoyada por esta condescendiente Cámara. En la práctica, la UE seguirá haciendo sus negocios, como siempre lo ha hecho, a escondidas y a puertas cerradas.
En su momento, la recomendación será votar rotundamente en contra de estas propuestas, pues ni reconocemos ni reconoceremos el Tratado de Lisboa hasta que este no se haya presentado a los británicos para que den su opinión al respecto. Esa es la verdadera democracia.
Monika Flašíková Beňová (S&D). – (SK) Me complace bastante que tengamos la oportunidad de hablar hoy acerca del Acuerdo marco revisado sobre las relaciones entre el Parlamento Europeo y la Comisión. Esta revisión corrobora y da forma tangible a la posición más fuerte del Parlamento Europeo tras la aprobación del Tratado de Lisboa. Hoy, yo personalmente quisiera destacar el acuerdo celebrado entre la Comisión y el grupo de trabajo del Parlamento Europeo sobre el Acuerdo marco y, además, señor Vicepresidente, quisiera darle las gracias por su participación personal.
Permítanme hacer algunos comentarios en relación con el Acuerdo marco. La posición más fuerte del Parlamento Europeo hace que la Unión Europea sea más democrática. Como los representantes electos de los ciudadanos de los Estados miembros, participaremos en la adopción de la legislación europea y ejerceremos un mayor control sobre la Comisión. La Comisión, por ejemplo, tendrá la obligación de presentarnos informes sobre las disposiciones de seguimiento concretas adoptadas para cualquier solicitud de iniciativa legislativa. La Comisión también estará obligada a solicitar nuestra aprobación en caso de que pretenda cambiar el Código de Conducta de los Comisarios. Definitivamente, también acogemos con beneplácito el hecho de que, en virtud del Tratado, el Parlamento estará mejor informado y contará con información más transparente en relación con la conclusión de acuerdos internacionales. Las disposiciones anteriores no son las únicas; el Acuerdo marco revisado contiene muchas más disposiciones similares, y creo firmemente que todas conducirán a una cooperación más eficaz y estrecha entre ambas instituciones, y que, además, representarán un aplicación coherente del Tratado de Lisboa.
Para terminar, me gustaría destacar un ámbito clave: la cooperación oportuna del Parlamento en lo que respecta a las solicitudes resultantes de la iniciativa de los ciudadanos europeos es una disposición importante que, de conformidad con el acuerdo, garantizará un estrecho contacto entre el Parlamento Europeo y los ciudadanos.
Hannes Swoboda (S&D). – (DE) Señora Presidenta, en primer lugar, quisiera dar las gracias al señor Rangel por el informe que ha elaborado y, también, cómo no, al señor Šefčovič, por las negociaciones que hemos mantenido. No ha sido un socio con el que resultara fácil negociar, pero sí que ha sido justo. Creo que hemos logrado un buen resultado. El resultado específico, naturalmente, es la base de nuestra cooperación, y aunque la interpretación que ha dado el señor Rangel es quizás un poco extensa, nos permite seguir centrados en nuestros objetivos.
Lo que queda ahora no es sólo la apertura y la transparencia entre los dos organismos, sino también la necesidad de convencer al Consejo —que no está presente— de que, si trabajamos juntos, no tiene que ser necesariamente a expensas del Consejo. Lamentablemente, el Consejo a veces se comporta como un niño al que se le quita un juguete, por lo que se siente molesto y ofendido. En lugar de sentirse ofendido y amenazando por las quejas, el Consejo debería trabajar con nosotros para lograr lo mejor para los ciudadanos de nuestro continente. Si queremos parecer fuertes al mundo exterior —y la política exterior común y los acuerdos comerciales comunes, entre otros, son aspectos importantes para ellos—, entonces sería mejor que trabajáramos juntos.
Kader Arif (S&D). – (FR) Señora Presidenta, Señorías, como todos sabemos, y como se ha señalado, el Tratado de Lisboa refuerza los poderes del Parlamento. Sin embargo, pocos de nosotros somos conscientes del cambio radical que se produce, sobre todo, en el campo de la política comercial, un ámbito que sigo muy de cerca.
En el marco del Tratado de Lisboa, el Parlamento ratificará todos los acuerdos comerciales internacionales. Esto ya está causando un gran revuelo, y los debates sobre el Acuerdo Comercial de Lucha contra la Falsificación (ACTA) y sobre el Acuerdo de Libre Comercio con Corea no son más que un primer indicio de ello. Sin embargo, los socialistas y demócratas de la Comisión de Comercio querían ir más lejos de lo que el Tratado permite. Yo soy su portavoz, y a pesar del escepticismo de algunos y la oposición mostrada por otros, he transmitido un mensaje claro: si el Parlamento va a ratificar cualquier acuerdo comercial, entonces esta institución debe estar implicada desde el inicio del proceso. Lo que parecía ser un ideal es ahora un elemento central de nuestras relaciones con la Comisión, pues nos consultarán íntegramente acerca de todos los mandatos de negociación, algo que acojo con beneplácito.
Por ello, pido a la Comisión y al Consejo que sigan respetando el espíritu comunitario y la voluntad democrática que se encuentra en el núcleo del Tratado. También pido a mis colegas —ya que sufrimos una especie de síndrome de Estocolmo en lo que respecta a la Comisión y el Consejo— que hagamos uso de todos nuestros derechos, porque tales derechos también son los derechos de nuestros ciudadanos.
Guido Milana (S&D). – (IT) Señora Presidenta, la revisión del acuerdo entre el Parlamento y la Comisión establece las bases para mejorar la colaboración entre ambas instituciones. Se ha avanzado bastante con respecto al procedimiento, la programación legislativa, el estudio parlamentario, los requisitos de facilitar información y la presencia de la Comisión en el Parlamento. Sin embargo, lo que más me alegra destacar es el progreso experimentado en lo que respecta al aspecto interinstitucional de las relaciones internacionales.
El papel asignado al Parlamento no debe considerarse fortalecido: se trata de un requisito. Esperamos que nadie ponga en duda que se autorice la presencia de observadores del Parlamento Europeo en las conferencias internacionales multilaterales y bilaterales como algo más que un acto de responsabilidad. En efecto, negar la condición de observador a los Miembros del Parlamento Europeo en los acuerdos bilaterales, como, por ejemplo, los acuerdos de pesca, impide, de hecho, el pleno conocimiento del ámbito sujeto a negociación, sobre el que el Parlamento tendrá que expresar su opinión posteriormente.
Creo que no es posible prescindir de estas condiciones previas, pues, de lo contrario, acabaríamos por conseguir que el Parlamento rechazara los acuerdos bilaterales que, por definición, no pueden modificarse y, en caso de no llegar a un acuerdo, la votación se convertiría en una mera formalidad.
Zuzana Roithová (PPE). – (CS) Me complace bastante que la Comisión Europea reconozca que, para que el futuro de la Unión tenga éxito, es muy importante que el proceso de toma de decisiones sea más democrático. Por tanto, se trata de reforzar el papel del Parlamento Europeo. Aprecio el hecho de que el nuevo acuerdo de cooperación con la Comisión Europea promueva la importancia del Parlamento más allá de lo estipulado en el Tratado de Lisboa. Acojo con satisfacción el hecho de que el acuerdo permita realizar estudios de impacto más detallados y una mejor respuesta por parte de la Comisión a los requisitos políticos del Parlamento Europeo. También es de particular importancia que la Comisión mejore realmente el acceso de los diputados a los documentos, incluidas las propuestas para acuerdos internacionales. Esto ya se ha dicho aquí. Su ratificación no puede limitarse a ser una mera formalidad, como suele ser habitual en los parlamentos nacionales. Necesitamos contar con la información relevante con antelación para que podamos influir en su contenido a medida que avanzamos. El Consejo, que se siente agraviado, tiene que acostumbrarse al hecho de que, en el futuro, debe cooperar mucho mejor con el Parlamento Europeo.
Jaroslav Paška (EFD). – (SK) El Tratado de Lisboa supone nuevas tareas y obligaciones tanto para el Parlamento Europeo como para la Comisión Europea.
Es encomiable que en menos de un año desde que entró en vigor el Tratado de Lisboa ya tengamos sobre la mesa la revisión del Acuerdo marco sobre la cooperación mejorada de nuestras tareas conjuntas de la Comisión Europea y el Parlamento Europeo. El acuerdo mutuo sobre procedimientos conjuntos, sin duda, ayudará a evitar posibles malentendidos cuando se tomen decisiones conjuntas. Sin embargo, la Unión Europea está constituida sobre la base de un acuerdo entre los Estados nación que nos han traspasado —tanto al Parlamento Europeo como a la Unión Europea— parte de sus competencias. Por lo tanto, el Tratado de Lisboa, en ciertas materias, ha traído consigo la obligación de cooperar con los Parlamentos nacionales. La forma correcta en que debe llevarse a cabo esta cooperación debe ser el próximo paso a la hora de definir la cooperación en el marco de la Unión Europea. Esto es lo que me gustaría solicitar, señor Comisario.
Franz Obermayr (NI). – (DE) Señora Presidenta, en la UE, el Parlamento y el Consejo actúan como legisladores y tienen un mandato democrático, directamente en el caso del Parlamento Europeo y, al menos, indirectamente, en el caso del Consejo. Sin embargo, la Comisión, que no tiene mandato democrático de ningún tipo, sigue siendo el único organismo que puede proponer los reglamentos de la UE —y eso a pesar de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa—. Por tanto, considero que aún hay grandes deficiencias en este sentido.
Si el Parlamento Europeo tiene que ser capaz de aplicar su derecho de iniciativa de forma eficaz, también debe ampliarse en consecuencia la obligación de facilitar información. El nuevo instrumento de la iniciativa de los ciudadanos debe implicar al Parlamento, como el organismo que representa a los ciudadanos, en el proceso legislativo en cuanto sea posible.
El flujo de información entre la Comisión, por una parte, y el Parlamento, por otra parte, también necesita ser reforzado en el ámbito de las relaciones internacionales. No se debe permitir que la política exterior de la UE sea responsabilidad exclusiva de un Servicio Europeo de Acción Exterior burocrático que está relativamente lejos de los ciudadanos.
Elena Băsescu (PPE). – (RO) Creo que el nuevo acuerdo mejorará significativamente las relaciones entre el Parlamento y la Comisión Europea entre 2010 y 2015.
El momento de la revisión de la base jurídica de esta cooperación es el adecuado, justo algo después de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. La nueva normativa define claramente la responsabilidad política de ambas instituciones y refuerza las competencias que ha adquirido recientemente el Parlamento Europeo en el proceso de toma de decisiones.
En virtud del principio de igualdad de trato, el Parlamento ejercerá los mismos derechos que el Consejo en términos de acceso a los documentos legislativos o presupuestarios. Además, el papel prominente que el Parlamento desempeñará en la elaboración del programa de trabajo anual de la UE refuerza la participación ciudadana en el establecimiento de las prioridades de las políticas europeas.
Krisztina Morvai (NI). – (HU) Según la sabiduría bíblica, los buenos árboles dan buenos frutos y los malos árboles dan malos frutos. El Tratado de Lisboa se firmó en condiciones dictatoriales, lo que significa que no puede tener ninguna consecuencia democrática. Se trata de un Tratado que se ha impuesto a la fuerza a los Estados nación, por lo menos en Hungría, mi tierra natal, en circunstancias expresamente dictatoriales y antidemocráticas, pues es un Tratado que arrebata a las personas varias competencias a la hora de tomar decisiones sobre su propio destino, a sus espaldas y por encima de sus competencias, y traspasándolas a Bruselas. En virtud del derecho natural, el Tratado de Lisboa, obviamente, no es válido, al menos, en relación a Hungría, en primer lugar, por la falta de debate y reconciliación de este tratado tan importante con el pueblo, las organizaciones públicas y las diferentes organizaciones civiles, y, en segundo lugar, porque se ha aprobado sin tener ni idea del contenido del texto. Eso basta en cuanto a la consecuencia democrática de este tratado dictatorial.
Maroš Šefčovič, Vicepresidente de la Comisión. – Señora Presidenta, en primer lugar, me gustaría dar las gracias a todos los oradores, especialmente a aquellos que han manifestado su apoyo al Acuerdo marco, porque creo que se trata de un manual realmente importante sobre cómo podemos cooperar y trabajar mejor juntos en el futuro.
Una vez más, me gustaría destacar mi agradecimiento al grupo de trabajo y al equipo del Parlamento Europeo porque hemos pasado mucho tiempo juntos. Hemos mantenido 11 rondas de negociaciones muy intensas, pero este trabajo duro ha valido la pena y creo que hoy podemos celebrar realmente el haber conseguido un acuerdo excelente.
Por supuesto, he escuchado muy atentamente los comentarios de los honorables diputados y sus preguntas, algunas de las cuales reflejan preocupaciones acerca del acuerdo que nos ocupa.
Por tanto, antes de nada, quisiera destacar que es un principio importante para la Comisión el hecho de que deben preservarse las prácticas establecidas y exitosas en materia de cooperación entre nuestras instituciones. Esto significa que el Acuerdo marco revisado no debe conducir a una eliminación de las prácticas exitosas. De hecho, espero que la aplicación del Acuerdo marco, en todos los casos, dé lugar a mejoras evidentes.
Dicho esto, cabe destacar también que ambas partes reconocieron durante las negociaciones que se enfrentarán a dificultades de interpretación, pero también manifestaron su voluntad de aplicar el Acuerdo marco revisado de la forma más constructiva posible, y puedo garantizarles que la Comisión está comprometida a que así sea.
Estoy convencido de que la práctica demostrará que muchas de las preocupaciones expresadas hoy no se materializarán. Además, se han corregido algunas de las expectativas que van más allá de las competencias que los tratados atribuyen a cada una de las instituciones. Para responde a la solicitud de uso de la palabra en relación a mi declaración sobre el Código de Conducta, también quisiera confirmar que la Comisión presentará en breve una propuesta para la revisión del Código de Conducta y, de conformidad con los términos del Acuerdo marco, pedirá la opinión del Parlamento de forma oportuna, como bien se prometió durante las negociaciones.
Para concluir, quisiera destacar que debemos detectar todos los problemas y reunirnos de nuevo para buscar soluciones. De hecho, ya hemos previsto una revisión del Acuerdo marco para finales de 2011, que nos brindará un sinfín de oportunidades para corregir cualquier error que se haya podido cometer.
En este sentido, espero con gran entusiasmo colaborar con ustedes sobre la base de este Acuerdo marco revisado y, además, espero y deseo que apoyen este acuerdo en la votación del miércoles.
Creo y espero que este espíritu positivo también prevalezca en las relaciones generales entre todas las instituciones de la Unión Europea, porque esto es lo que los ciudadanos esperan de nosotros y, por tanto, es esto lo que debemos ofrecerles.
Paulo Rangel, ponente. – (PT) Me gustaría hacer mi discurso de clausura sobre la base de lo que se ha discutido aquí en este debate. Me gustaría concluir señalando lo siguiente. Uno de los objetivos principales de este Acuerdo marco era que, en las cuestiones presupuestarias y legislativas ordinarias, el Consejo y el Parlamente estarían en pie de igualdad, es decir, que tendría una posición paralela. En lo que respecta a las demás cuestiones, el objetivo también era respetar el equilibrio de poder derivado del Tratado de Lisboa y también el principio de separación de poderes con el fin de permitir al Parlamento ejercer mejor su control político al margen de las cuestiones presupuestarias y legislativas ordinarias.
Creo que la aclaración que ofrece este Acuerdo marco es positiva para ambas instituciones. Además, hace que sus relaciones sean más claras y transparentes.
Sin embargo, también es un aspecto positivo para las demás instituciones, en particular, para el Consejo, porque el Consejo tiene ahora un fundamento claro, con una clara comprensión y visión de cómo va a manejar las relaciones entre el Parlamento y la Comisión tras las mejoras introducidas por el Tratado de Lisboa. Por lo tanto, por mucho que el Consejo pueda reaccionar emocionalmente o hacer críticas directas en relación con el Acuerdo marco, la verdad es que llegará un momento en que recordará que fue un paso positivo para todas las instituciones, y también llegará el momento en que contaremos con un Acuerdo marco elaborado no para dos instituciones, sino, en última instancia, como el público europeo desea, para tres, que representan su opinión sobre la letra y el espíritu del Tratado de Lisboa.
Acojo con beneplácito la receptividad mostrada por la Comisión a lo largo de todo este proceso.
Presidenta. – Se cierra el debate.
La votación tendrá lugar el miércoles 20 de octubre.
Declaraciones por escrito (artículo 149 del Reglamento)
Rafał Trzaskowski (PPE), por escrito. – (PL) Cuando comenzaron las discusiones sobre el nuevo acuerdo interinstitucional hace un año, hicimos hincapié en el punto de que, en vista del fortalecimiento del Parlamento por el Tratado de Lisboa, había llegado el momento para una nueva calidad en nuestra cooperación con la Comisión. En aquel momento, me dije a mí mismo que, por supuesto, el Parlamento había salido beneficiado del Tratado de Lisboa a expensas de la Comisión, pero que el problema estaría en el detalle, y la forma en que nuestros negociadores consigan lograr, de forma provechosa, convertir la letra del Tratado en disposiciones específicas en el Acuerdo marco dependería de estos detalles. Hoy, ya contamos con tales disposiciones, y hemos logrado incluir las estipulaciones que hicimos en la resolución en el período parcial de sesiones de febrero, y por eso, cabe felicitar a nuestros negociadores y al ponente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, el señor Rangel. Esperemos que, a pesar de las fricciones iniciales entre nosotros y la Comisión durante la interpretación de las disposiciones que se han negociado, el acuerdo contribuya a una cooperación más eficaz y efectiva entre nuestras instituciones.