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Premio Nueva Economía Fórum - Antonio Tajani, Presidente del Parlamento europeo

Madrid
11-04-2018

Es para mí un gran honor recibir hoy este prestigioso premio Nueva Economía Fórum 2018.

Quiero dar las gracias a la Vice-Presidenta por su presencia hoy en este acto.

También a los organizadores, a los representantes de las instituciones y de la sociedad española y europea. Muchos de ellos, amigos con quienes durante años he trabajado en el Parlamento Europeo y la Comisión. Gracias por acompañarme.

Un agradecimiento especial a la Presidenta del Congreso de los Diputados, mi amiga, Ana Pastor, y al Presidente del Senado, Pío García-Escudero. Para mí, como presidente del Parlamento Europeo, tiene un significado especial que los presidentes de las Cortes Generales estén aquí. 

Pero sobre todo, doy las gracias a los españoles por la cariñosa acogida que me dispensan cada vez que vengo a este gran país.

 

Señoras y señores,

Hoy quiero hablarles del futuro de la Unión Europea. Especialmente en términos económicos y de cohesión.

Empezaré diciendo que para mí este premio es un reconocimiento al esfuerzo político, económico y social de muchos europeístas a lo largo de las últimas décadas.

Un esfuerzo creador, en palabras de Robert Schumann, por asegurar la paz, el bienestar y la prosperidad en nuestro continente. Quizás el más noble y valiente esfuerzo que hayamos realizado los europeos en nuestra historia moderna.

Para el desarrollo económico y la cohesión social de España, la Unión ha sido fundamental.

Sin ir más lejos, los fondos europeos que ha recibido España, representan más del triple de la cantidad que recibió toda Europa con el Plan Marshall tras la segunda guerra mundial.

Solo hay que mirar a nuestro alrededor para darse cuenta. No hay un solo rincón en el que el apoyo europeo no sea visible.

El AVE Barcelona-Madrid, la restauración del Monasterio de Guadalupe, el saneamiento de la bahía de Santander o la depuradora del Nervión. Son solo algunos ejemplos de una larga lista.

Pero España también ha contribuido de manera determinante al desarrollo económico de Europa. Les daré tres ejemplos.

El primero, el hecho de abrir las puertas de la Unión Europea, no solo al mercado español, sino a todo el continente Latinoamericano. España ha trabajado mucho para que sus estrechísimos lazos culturales, sociales y económicos se extendiesen a toda la Unión Europea. Gracias a ello, hoy podemos hablar de una relación privilegiada entre Europa e Hispano-América.

El segundo, el Euro, que es hoy una realidad, en gran parte porque España se incorporó a él desde el primer momento, haciendo un grandísimo esfuerzo. España es la cuarta economía de la zona euro, de no haberse incorporado al euro a tiempo, éste hubiera nacido débil.

 

El tercero, el esfuerzo para salir de la crisis económica. Un trabajo de reformas y consolidación fiscal fundamental para que toda la Unión Europea hable hoy de crecimiento.

Quiero por ello dar las gracias a todos los españoles por esta muestra reciente de europeísmo y solidaridad. Sé que no ha sido fácil. Son muchas las personas que aún sufren las consecuencias de la crisis, especialmente en términos de desempleo. Los datos de paro juvenil son muy preocupantes todavía.

Pero hoy España lleva 4 años creciendo a un 3% del PIB y la creación de empleo es constante. Seguir por este camino es fundamental para que los beneficios de ese crecimiento lleguen a todos los rincones de la sociedad y para que la economía europea sea fuerte.

 

Señoras y señores,

La Unión Europea es nuestro futuro. Pero requiere de un esfuerzo constante que le dé aliento y asegure su éxito. Y que debe ser de la misma magnitud que los desafíos a los que nos enfrentamos.     

Durante los muchos años que me he dedicado a la política europea, siempre ha sido mi objetivo poner al ciudadano en el centro de la acción política: como eurodiputado primero, como Vicepresidente de la Comisión Europea después, y, actualmente, como Presidente del Parlamento Europeo.

Lo hice cuando promoví los derechos de los pasajeros aéreos, los programas específicos de apoyo a las start-ups, o la reindustrialización de Europa como motor de crecimiento y empleo.

Lo hago ahora como Presidente del Parlamento Europeo, institución que se empeña cada día asentando las bases de nuestra prosperidad de cara al futuro.

Somos todos conscientes de que los desafíos a los que nos enfrentamos son muchos y complejos. El terrorismo, la inmigración, la situación económica, el desempleo, especialmente el juvenil, preocupan mucho a nuestros ciudadanos.

Por eso Europa necesita dotarse los recursos apropiados. Especialmente desde el punto de vista financiero.

Estamos inmersos en los debates sobre cómo financiamos las políticas europeas a partir de 2020. Lo que en la Unión llamamos las perspectivas financieras.

      

En muchas ocasiones he defendido que para un buen presupuesto necesitamos primero, y ante todo, determinar las prioridades políticas, y después, hablar de cifras.

Europa tiene que tener más recursos propios. Y esto empieza por que quienes más se benefician de las ventajas del Mercado Único, contribuyan más. No los ciudadanos.

En este sentido, debemos explorar, por ejemplo, tres fuentes nuevas de recursos europeos.

La primera, las grandes plataformas digitales. No puede ser que, en un Mercado Único, escondan sus enormes ganancias detrás de las fronteras, para no tributar en los Estados en los generan su beneficio.

La segunda, la tasa de transacciones financieras especulativas. Demasiados años llevamos debatiendo sobre esta cuestión sin alcanzar un acuerdo.

La tercera, una tasa de emisiones a los productos de terceros países que no están sometidos a los estándares de emisiones de nuestra industria. Este hecho, no solo desprotege a nuestra industria, sino que debilita el Mercado Único al que terceros tienen acceso.

Esto son medidas concretas que pueden ayudarnos a aumentar los recursos sin cargar los costes sobre los ciudadanos. Y es que hay que transformar la política de las grandes palabras en actos concretos.

Recuerdo que como Comisario de Industria trabajé mucho junto a Ana Pastor cuando era Ministra de Fomento.

 Lo hicimos para asegurar que el consorcio de empresas europeas (españolas, italianas y belgas) que estaba contribuyendo la ampliación del canal de Panamá no perdiese ese contrato.

Fue un trabajo conjunto en el que aunamos esfuerzos entre las empresas, entre instituciones y gobiernos europeos, y con el gobierno de Panamá. Esa unidad de acción, en torno a la defensa de un interés europeo concreto, fue la receta de nuestro éxito.

 

Señoras y señores,

La unidad entre europeos es la respuesta a muchos de los problemas a los que nos enfrentamos. Nuestro desarrollo económico y cohesión social dependen de que sepamos hacerlo en muchísimas áreas.

En especial tres materias que son fundamentales de cara al futuro: la seguridad, la prosperidad y la acción exterior.

Los ciudadanos europeos merecen que la Unión redoble sus esfuerzos financieros y logísticos para garantizar su seguridad, su estilo de vida, su libertad.

Europa tiene que tener su propio FBI, luchar contra el terrorismo de manera coordinada, evitar que quienes comenten un crimen hagan del espacio Schengen una vía para escapar a la acción de la justicia.

Es imprescindible que la gestión de nuestras fronteras exteriores se haga de manera conjunta y solidaria. Debemos acoger a quienes verdaderamente lo necesitan. En esto la experiencia de España es primordial.

Los ciudadanos quieren, además, que Europa siga siendo una fuente de prosperidad. Debemos asegurar que la Unión sigue creciendo y que nuestras empresas pueden crear empleo.

Es prioritario que aprovechemos la revolución tecnológica y energética, y que la Unión sea el centro global de las inversiones en estas áreas. Debemos también seguir invirtiendo en innovación y educación. Erasmus tiene que redoblar sus recursos, como mínimo, para que la Unión Europea esté llena de oportunidades para nuestros jóvenes, y Horizonte 2020 debe también crecer.

Por último, la Unión Europea debe asumir una responsabilidad global que le corresponde.  Debe ser fuerte en el mundo.

El primer paso para ello es defender nuestros valores, ser un ejemplo global de libertad y democracia, que es la verdadera fuente de nuestra fortaleza, y un factor de equilibrio mundial.

En definitiva, una Europa fuerte en el mundo es una Europa que tiende la mano a sus socios. 

En varias ocasiones he pedido un plan Marshall para África, para que sea capaz de desarrollar los instrumentos que le permitan crecer y desarrollarse. Hoy insisto también en esta idea: España tiene que tener más presencia en África.

 

 

Señoras y señores,

Creo que esta es la Unión Europea de futuro que quieren nuestros ciudadanos. Por eso, mis últimas palabras tienen que ser de agradecimiento a los ciudadanos europeos.

Son ustedes quienes en su día a día hacen realidad este sueño de libertad, de paz y prosperidad.

Por mi parte, seguiré comprometido para que la Unión Europea responda a las expectativas de los ciudadanos. De ello depende nuestro futuro.

Muchas gracias,

Para más información:

europarl.president.press@europarl.europa.eu

 

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