Schulz al Consejo Europeo informal: "La Unión Fiscal sin control parlamentario es inaceptable."

 
Bruselas -
30-01-2012
Internal Policies and EU Institutions

Es para mí un gran honor dirigirme a ustedes hoy por primera vez como Presidente del Parlamento Europeo. Pero no por desempeñar este nuevo cargo y ser depositario de nuevas dignidades ha cambiado mi personalidad ni voy a dejar de hablar claro.

El Parlamento Europeo se ha pronunciado inequívocamente desde un principio contra una modificación del Tratado, sencillamente porque no era necesaria y por temer que un debate sobre modificaciones del Tratado fuera a abrir la caja de Pandora. Las ciudadanas y los ciudadanos no entenderían que nos pusiéramos ahora, en medio de la crisis, a discutir sobre instituciones y artículos del Tratado. ¡Lo que esperan de nosotros son respuestas a sus preocupaciones cotidianas! Si seguimos sin darles estas respuestas, seguirá mermando la confianza en las instituciones políticas, tanto en las nacionales como en las europeas. ¡Déjennos de una vez volver a hablar de contenidos! ¡Déjennos hablar de cómo queremos sacar a Europa de la crisis! ¡Déjennos emprender la tarea con energía!

El Parlamento Europeo quiere aportar una contribución constructiva, pero para ello tiene que poder participar.

Señoras y señores:

El pacto presupuestario proclama la disciplina presupuestaria como panacea contra la crisis de la deuda y prescribe límites de déficit nacionales y sanciones automáticas.

Es cierto que es necesaria la prudencia en materia presupuestaria para controlar la deuda pública.

Es cierto que la reducción del déficit es una cuestión de solidaridad intergeneracional. De lo contrario, volveremos a hallarnos un día en la situación vergonzosa de legar a nuestros hijos no una casa, sino la correspondiente hipoteca. Es importante asegurarnos que la crisis no se vuelva a producir, pero la austeridad sola no será suficiente y no traerá el crecimiento económico y el empleo que necesitamos.

El Parlamento Europeo dice sí desde hace tiempo a los presupuestos sostenibles, pero también dice sí a las inversiones. Europa necesita inversiones para estimular y relanzar la economía, para reforzar la demanda y, lo que no es menos importante, para ir reduciendo la mole del déficit. Europa necesita crecimiento para proteger los puestos de trabajo y crearlos, para garantizar las pensiones y la enseñanza. Hoy hay cuarenta y cinco millones de personas en Europa sin empleo: es un récord negativo. Que cinco millones de jóvenes de entre quince y veinticuatro años de edad estén en paro, que en España casi uno de cada dos jóvenes esté sin trabajo debe llenarnos de preocupación. Que una generación de jóvenes crezca sin perspectivas representa una amenaza de disgregación de toda una sociedad desde su interior.

¿Qué haremos para relanzar la economía de Europa y que estas personas vuelvan a tener trabajo?

Nosotros, los diputados al Parlamento Europeo, hemos aprobado y presentado una y otra vez, en innumerables resoluciones, medidas concretas para relanzar la economía, para regular los mercados y para compensar los desequilibrios económicos entre los países, por última vez con el paquete de seis medidas de gobernanza económica.

El Parlamento Europeo es un foro de debate y controversia sobre la orientación política de la UE. Es el lugar en el que se atiende a las preocupaciones de la gente y se defienden en voz alta sus intereses. Está claro que con frecuencia surgen problemas, a veces incluso desagradables, pero nos esforzamos siempre por elaborar soluciones concretas.

Por eso exigimos también, con la infrecuente mayoría de quinientos treinta votos de todos los grupos políticos, participar en las negociaciones en pie de igualdad con las otras instituciones.

La persistente tendencia a considerar este tipo de cumbres como la solución, que sin embargo luego no se logra, despierta expectativas que después no se ven colmadas. Esto es perjudicial para la confianza en la capacidad de actuación de la UE.

Ahora intentan ustedes poner la primera piedra de una unión fiscal, y nosotros celebramos este paso.

Debido al veto del Primer Ministro Cameron, han debido dar este paso en la formación de veintiséis países. Quiero darles ahora las gracias con toda claridad por haber ofrecido resistencia cuando el Primer Ministro Cameron trató de obtener excepciones a la regulación de los mercados financieros.

No obstante, aun con toda la comprensión por las presiones bajo las que tuvieron ustedes que actuar, quiero advertirles encarecidamente de dos peligros gravísimos.

En primer lugar, deben ustedes oponerse todos juntos a la división de Europa. No podemos permitir que la UE se divida en sus distintos componentes o que se consolide una Europa a distintas velocidades. ¡Por separado somos débiles, juntos somos fuertes!

En segundo lugar, ¡no aceptaremos una unión fiscal al margen del control de los representantes democráticos nacionales y europeos! Debemos preservar la coherencia del derecho comunitario, no podemos permitirnos estándares diferentes.

Como me han dicho los representantes del Parlamento en las rondas de negociación, el pacto presupuestario parece hacer del método comunitario el procedimiento fundamental. Ahora, tras una tenaz pugna, el Parlamento ha vuelto a ser respetado como legislador con iguales derechos. Esto es de por sí una buena noticia: por lo pronto, el Consejo abandona la escarpada senda intergubernamental.

El 99 % de los reglamentos también habrían podido adoptarse por el procedimiento legislativo normal. Dando un rodeo en forma de debate sobre modificaciones del Tratado y de acuerdo intergubernamental, han llegado de nuevo al procedimiento legislativo normal. Bien está, pero podría haberse hecho más fácilmente.

No obstante, algunas propuestas del Parlamento aún no han hallado reflejo en el proyecto.

Les exhorto a que atiendan ustedes por fin estas peticiones:

En primer lugar, en un plazo de cinco años debe traspasarse todo el contenido del pacto presupuestario al Derecho contractual de la UE.

En segundo lugar, el Parlamento Europeo debe participar en todas las cumbres del euro y en todas las cumbres europeas. También se ha negociado el mecanismo de estabilidad europeo sin nuestra participación: para nosotros, esto es intolerable.

En tercer lugar, las 26 partes contratantes deben tener el mismo derecho a participar en todas las reuniones del Eurogrupo, tanto los que forman parte, como los que no forman parte de la Eurozona.

Señoras y señores:

Europa debe seguir evolucionando hacia una auténtica unión económica y fiscal. Lo constatamos diariamente solo con mirar al otro lado del Atlántico: el déficit y la inflación de los EE.UU. son claramente superiores a los de Europa. ¿Por qué, entonces, no se enfrentan los EE.UU. hasta tal punto con los mismos problemas que nosotros?

Porque nosotros no actuamos unitariamente. Porque no disponemos de ningún mecanismo para compensar desequilibrios económicos entre diferentes países, porque no aplicamos lo adoptado en el paquete de seis medidas de gobernanza económica. Nos sometemos al dictado de los mercados y aun así penamos para seguir a trancas y barrancas el ritmo marcado por las agencias de calificación.

Precisamente Standard and Poor's ha dicho no hace mucho que la actual estrategia de rescate puede «provocar su propio fracaso» y que el pacto presupuestario se basa únicamente en una mayor austeridad, sin aumentar el potencial de crecimiento. ¡Con esta apreciación ha justificado la rebaja de la calificación de nueve países de la zona del euro!

El pacto presupuestario aspira a recuperar la confianza de los mercados, y es verdad que la necesitamos, pero ¡no podemos perder en el camino la confianza de las personas!

2012 es el año en el que tenemos que salir de la crisis. El Parlamento Europeo colaborará para ello de manera constructiva y con empeño.

¿Cuáles son nuestras propuestas concretas?

Queremos un impuesto sobre las transacciones financieras: ya en marzo de 2011, una abrumadora mayoría del Parlamento Europeo reclamó su introducción. Es de justicia no permitir que los causantes de la crisis salgan de ella embolsándose miles de millones en primas y que sean los contribuyentes quienes paguen la cuenta de los especuladores. Con un impuesto del 0,05 % podrían recaudarse en la UE unos 200 000 millones de euros anuales. De este modo, las operaciones muy especulativas realizadas por ordenador resultarían menos atractivas y los mercados financieros ganarían en estabilidad.

Queremos eurobonos

Unos empréstitos comunes con un tipo de interés bajo podrían desactivar la crisis de la deuda y estabilizar el sistema bancario. Los eurobonos son un arma poderosa contra la especulación y la explosión de los tipos de interés. Estos últimos días, hemos presenciado de nuevo cómo los hedge-funds apostaban por la quiebra de Grecia. Hay que decir «¡Basta ya!».

Los eurobonos son además un símbolo de que Europa cree en su futuro común.

Queremos una agencia de calificación europea. Una agencia de calificación que rompa el monopolio estadounidense, que haga sus evaluaciones con arreglo a criterios claros, que tenga una estructura de propiedad transparente y, por lo tanto, no esté lastrada por conflictos de intereses.

Queremos una iniciativa de crecimiento europea. El Parlamento Europeo está elaborando una serie de informes de iniciativa en este ámbito, por ejemplo, sobre los bonos de estabilidad.

Otra medida oportuna sería dedicar a fines bien determinados los miles de millones de recursos para subvenciones no reclamados por los Estados miembros, en lugar de devolverlos a los contribuyentes. En el Fondo Social Europeo todavía quedan 30 000 millones de fondos sin asignar; parte de ellos debe invertirse en proyectos de empleo juvenil.

Celebramos expresamente el anuncio del Presidente Barros de que hoy presentará una iniciativa de crecimiento.

Bajo la presión de los mercados y ante la precipitación de los acontecimientos, con frecuencia resulta difícil pensar más allá de soluciones para los problemas inmediatos, parar un momento y cobrar conciencia de que en este edificio del Consejo, en la Comisión, en el Parlamento, se está escribiendo la Historia. Europa comparte un destino común. Todos en común tenemos la responsabilidad de dar con valentía nuevos pasos hacia la integración, de explicar a la gente también las decisiones graves y de escucharles.

Se dice que las ciudadanas y los ciudadanos ya no son partidarios de más Europa. No lo creo. El 77 % de los ciudadanos de la UE desean una coordinación más estrecha de la política económica. A sus ojos, la UE no es el problema, la UE es la solución.

No dilapidemos esta confianza: ¡pongámonos ya a trabajar en el impuesto sobre las transacciones financieras, los eurobonos y la iniciativa europea de crecimiento!

Gracias por su atención

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  • Armin Machmer
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