| 24 de septiembre de 2001
El concepto filosófico de género
Geneviève Fraisse
Resumen: en el pensamiento anglosajón, gender
empieza a funcionar como concepto filosófico en torno a los años
70. Sin embargo, a pesar de la facilidad terminológica, su traducción
al francés presenta ciertas dificultades. La traducción de
gender por genre en francés, y «género» en español,
resulta ambigua. El alemán, por su parte, le permite coexistir,
en su forma inglesa gender, con el término Geschlecht, que puede
traducirse como «sexo» o como «género». Compararemos también
este concepto, que plantea tantos interrogantes como los que intenta resolver,
con las expresiones clásicas «diferencia entre los sexos» y «diferencia
sexual». La expresión «diferencia entre los sexos» se emplea fácilmente
en francés, alemán o italiano, pero no existe en inglés,
que dispone únicamente de sexual difference y sex.
La palabra es antigua, el concepto nuevo. El libro de Robert Stoller
Sex and Gender, editado en 1968, marca el origen de un debate terminológico
y filosófico que tardará en cerrarse. «Sexo y género»:
todo está dicho en este título que separa como una evidencia
el sexo biológico del género social. Naturaleza y cultura
marcan una oposición, o más bien una tensión, en el
análisis de la relación entre los sexos o, como se dice en
francés, de la différence des sexes. Así pues, los
tres términos en juego son sexo, género y diferencia entre
los sexos, enmarcados en un contexto filosófico y político:
tocando ya a su fin, el siglo XX constata que el físico de los sexos
no es más que un soporte de identificación, individual y
colectiva, para hombres y mujeres, y que por tanto, la crítica de
las adscripciones sexuales requiere una nueva terminología. El feminismo
es el movimiento intelectual que plasma esta evolución filosófica
y política. «Género», o gender, es la palabra que expresa
el concepto: es una proposición filosófica. Se decide simbolizar
en el concepto de «género» la necesidad de inteligir la diferencia
entre los sexos. Así pues, la insistencia en el concepto de «género»
es un acontecimiento filosófico reciente.
Digamos que este acontecimiento es un reto, un reto surgido de una dificultad
terminológica y, por consiguiente, epistemológica. La palabra
«sexo», a pesar de su carácter supuestamente transnacional y, por
consiguiente, evidente, es un término que puede interpretarse en
una escala que va de lo concreto a lo abstracto. En la palabra «sexo»,
el inglés marca en primer lugar lo biológico y lo físico,
mientras que en francés esta palabra remite tanto al ámbito
de la sexualidad como al carácter sexuado de la humanidad. En otras
palabras, sexual difference nos remite a la realidad material de lo humano,
mientras que différence des sexes (diferencia entre los sexos)
incluye el aspecto abstracto de la especie. Al igual que el francés,
el alemán dispone de un término genérico, la palabra
Geschlecht, que cubre tanto el ámbito de la representación
empírica como el uso conceptual de la palabra «sexo». Pero, a diferencia
del francés, sexo y género se dicen únicamente con
la palabra Geschlecht.
Así pues, el pensamiento feminista estadounidense «inventó»
el concepto de «género» a falta de un instrumento adecuado para
expresar la reflexión sobre los sexos, el pensar el dos en uno,
un pensamiento formalizador sobre los sexos. Ahora bien, aunque de esta
manera gender obtuviera rango de concepto teórico, la palabra
no era nueva, no se trataba de un neologismo. De ahí el interrogante
de cómo han recibido otras lenguas esta proposición terminológica
y conceptual.
El francés se ha visto confrontado a múltiples términos
y expresiones. A diferencia de lo que sucede en inglés, en francés
el género no es únicamente el género gramatical, sino
que sirve también para denominar al género humano, a la especie,
mankind. Por tanto, «género» designa tanto al conjunto de los
seres humanos como la división de esta especie en dos categorías
sexuadas. Señalemos de paso que «género humano» y «especie
humana» son dos expresiones distintas pero a veces intercambiables, aun
cuando una tenga un carácter más político, y la otra
más zoológico, al igual que sucede con Geschlecht y Gattung
en alemán.
Ante esta polisemia entre el género humano y los géneros
gramaticales, se entiende que la importación de gender quedara
oscurecida. En seguida se vio que gender daba lugar a una traducción
en plural (les genres), como una vuelta al ámbito gramatical origen
del préstamo.
Ello suscita dos observaciones: si gender encerraba la idea de que
hablar de los sexos, de sus diferencias y su relación empleando
un término abstracto y neutro subsume el conjunto de los problemas
y permite su formalización, el deslizamiento que supone el uso del
género gramatical reintroduce esta dualidad sexuada demasiado marcada
por lo biológico. No obstante -y esta es la segunda observación-
la gramática, con sus dos, o incluso tres géneros podría
ser el lugar ideal para la construcción intelectual de los sexos.
Por consiguiente, la tentativa de abstracción hecha con gender
en singular quedaría legitimada con la vuelta al plural de partida.
La gramática sería una buena manera de mantener un equilibrio
entre lo biológico y lo social, lo natural y lo cultural.
Sin embargo, ello no es suficiente para convencer de la utilidad de
este nuevo término. Es bien probable que la necesidad de «doblar»
la palabra «sexo» no pareciera tan grande. En efecto, el inglés
sólo dispone de sexual difference donde el francés puede
matizar utilizando différence sexuelle y différence des
sexes. Antes de comentar esta distinción terminológica,
señalemos que el alemán utiliza también la expresión
Geschlechterdifferenz (différence des sexes) de manera conceptual.
Así pues, tanto en francés como en alemán prevalece
el mismo enfoque, concreto y abstracto, de sexe y différence
des sexes. Sin embargo, como Geschlecht significa tanto sexo como género,
el alemán se ha visto obligado a doblar Geschlecht y utilizar
gender (sic). Señalemos que el sueco hace lo mismo con las palabras
kön y genus, recurriendo al latín, como ha hecho el alemán
desde hace mucho tiempo, como lengua conceptual.
En todos estos casos, lo más destacable es la necesidad conceptual.
Se percibe una necesidad epistemológica que debe ser interpretada
como el sello de un pensamiento vivo. A ello hay que añadir la importancia
del uso del término «género» al margen de la investigación
teórica, en particular en la Conferencia de Pekín de 1995
organizada por las Naciones Unidas, que ha permitido que «los derechos
de la mujer», expresión ésta consagrada en el ámbito
internacional, se convierta en el «género». En África se
habla ahora de género y desarrollo, en particular en el ámbito
francófono. De esta manera se hace una transferencia lingüística
no sólo de sexo a género, sino también de mujer a
género. El género ha permitido que el sustantivo «mujer»
ya no haga las veces de categoría genérica para calificar
la investigación y los trabajos en este ámbito, para definir
un compromiso. En el África francófona, el término
es combativo, en el sentido de que no sólo significa que la cuestión
de la mujer tiene como raíz la relación entre los sexos,
hombres y mujeres, sino que también es la expresión de una
exigencia de igualdad, aunque sea en un horizonte muy lejano.
El problema
Con la elección del vocabulario (palabra y concepto), la crítica
feminista se ha afinado. En primer lugar, era necesario marcar una ruptura
con la tradición dominante resumida en el aforismo freudiano «la
anatomía es el destino» y distinguir entre lo que depende de la
naturaleza y lo que depende de lo social en la relación entre los
sexos, separar el hecho biológico de la construcción cultural.
En una segunda fase se pudo desligar completamente estas dos realidades,
afirmar que el género nada tenía ya que ver con el sexo,
o más bien que mantener el vínculo analítico entre
lo biológico y lo social significaba preservar, con respecto a la
cuestión de la diferencia entre los sexos, un esencialismo perjudicial.
Y todo sin olvidar que «sexo» remite a «sexualidad»: ¿puede el «género»
integrar la dimensión de la vida sexual en la reflexión?
Algunos dirán que «género» escamotea la provocación
que es siempre el sexo, mientras que otros, por el contrario, verán
en este concepto el soporte de una filosofía y de una liberación
posible. Sea como sea, hacer desaparecer el vocablo «sexo» no es un acto
anodino.
Es cierto que la distinción jerarquizada entre sexo y género
se asemeja no sólo a la alianza entre el hecho y el concepto, sino
también al dualismo naturaleza/cultura. Al problema político
se añade un problema epistemológico: ¿la oposición
biológico/social es pertinente? ¿La crítica que recurre
al «género» no encierra en sí misma su propia solución,
ya que, al utilizar o denunciar la oposición, la legitima? ¿No
viene ya dada la respuesta en la pregunta? ¿La oposición
naturaleza/cultura, como construcción conceptual moderna, es el
único esquema de inteligibilidad posible? ¿El pensamiento
alimentado por los interrogantes y la acción feministas no debería
inventar un nuevo marco, una nueva problemática, para la cuestión
de la diferencia entre los sexos? ¿La oposición entre lo
biológico y lo social ( en forma de sexo frente a género
tanto como de género versus sexo) no requiere otra respuesta que
la que le aporta un dualismo maltrecho? La historicidad de la diferencia
entre los sexos podría ser el hilo conductor, la historicidad no
sólo como crítica de las representaciones atemporales de
los sexos sino también como localización de los sexos en
la fábrica de la Historia.
Para terminar, volvamos a la distinción entre différence
sexuelle y différence des sexes. La riqueza del francés
nos permite disponer de estas dos expresiones, con las que la filosofía
no duda en jugar. La expresión «diferencia sexual» marca la dualidad
de los sexos con una representación de su definición: ¿qué
pasa con lo masculino y lo femenino como categorías identificables,
incluso en su variación? Por su parte, la expresión différence
des sexes no presupone un contenido: es una categoría vacía.
En ello reside su pertinencia fundamental.
Geneviève Fraisse
Traducción: Isabel Carbajal
Bibliografía
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in den KulturWissenschaften, Stuttgart, KrönerVerlag, 1995.
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Scott Joan W., Gender and the Politics of History,
New York, Columbia University Press, 1988.
Este artículo está incluido, bajo el título de «Le
genre», en el Vocabulaire Européen des Philosophies, red.
Barbara Cassin, Editions du Seuil, París, 2002 (de próxima
aparición).
Geneviève Fraisse, filósofa e historiadora, es
Directora de investigaciones en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas
de Francia (CNRS). Actualmente es diputada al Parlamento Europeo. Autora
de varios libros, en particular Muse de la raison. Démocratie et
exclusion des femmes en France, Les deux Gouvernements: la famille et
la Cité y La controverse des sexes.
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