INFORME sobre el desafío del deterioro de los terrenos agrícolas en la Unión Europea, en particular en la Europa meridional: la respuesta a través de los instrumentos de la política agrícola de la Unión Europea

    23.2.2009 - (2008/2219(INI))

    Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural
    Ponente: Vincenzo Aita
    Ponente (*): Inés Ayala Sender, Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria
    (*) Procedimiento de comisiones asociadas - artículo 47 del Reglamento

    Procedimiento : 2008/2219(INI)
    Ciclo de vida en sesión
    Ciclo relativo al documento :  
    A6-0086/2009
    Textos presentados :
    A6-0086/2009
    Debates :
    Textos aprobados :

    PROPUESTA DE RESOLUCIÓN DEL PARLAMENTO EUROPEO

    sobre el desafío del deterioro de los terrenos agrícolas en la Unión Europea, en particular en la Europa meridional: la respuesta a través de los instrumentos de la política agrícola de la Unión Europea

    (2008/2219(INI))

    El Parlamento Europeo,

    –   Vista la Convención de las Naciones Unidas sobre la lucha contra la desertificación y sobre la diversidad biológica,

    –   Vista su Resolución legislativa, de 14 de noviembre de 2007, sobre la propuesta de Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo por la que se establece un marco para la protección del suelo y se modifica la Directiva 2004/35/CE[1],

    –   Vista su Resolución de 9 de octubre de 2008 sobre la forma de afrontar el desafío de la escasez de agua y la sequía en la Unión Europea[2],

    –   Visto el artículo 45 de su Reglamento,

    –   Vistos el informe de la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural y la opinión de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (A6-0086/2009),

    A. Considerando que la actividad agrícola es un sector económico que depende fuertemente de los fenómenos naturales y, al mismo tiempo, presenta un considerable potencial de intervención,

    B.  Considerando que la agricultura es el mejor medio para evitar la degradación de los suelos y que ello requiere una estrategia justificada que contribuya al mantenimiento de esta actividad,

    C. Considerando la función que desempeña la población agrícola europea en el combate contra la desertificación y el papel crucial del productor europeo en el mantenimiento de la cobertura vegetal de las regiones afectadas por las persistentes sequías, así como el beneficio que aportan muy particularmente los cultivos permanentes, los prados y los cultivos silvícolas a la captación de agua,

    D. Considerando que especialmente en los suelos agrícolas del sur de Europa y de otras regiones de los Estados miembros de la UE se registra un proceso de deterioro del medio ambiente provocado por la interacción negativa de la actividad humana y de los fenómenos climáticos,

    E.  Considerando que una agricultura intensiva que explote excesivamente la tierra puede contribuir a la erosión del suelo, haciéndolo improductivo,

    F.  Considerando que la desertificación está considerada actualmente uno de los fenómenos que amenazan en mayor medida los suelos en los países mediterráneos,

    G. Considerando que el suelo es la base de la producción destinada a la alimentación humana, de los piensos, de los textiles y de los combustibles, y que desempeña una importante función en la captura del CO2; considerando, no obstante, que los suelos se encuentran ahora más expuestos que nunca a daños irreversibles provocados por la erosión eólica y laminar, la contaminación, la salinización, la impermeabilización, el empobrecimiento en sustancias orgánicas y por su pérdida de biodiversidad,

    H. Considerando que ya se han observado efectos negativos como el desequilibrio hidrogeológico, la intrusión de agua marina en las capas freáticas costeras, la salinización del suelo, la pérdida de suelos agrícolas, la disminución de la biodiversidad, un incremento de la vulnerabilidad frente al riesgo de incendios y enfermedades de plantas y animales,

    I.   Considerando que las modificaciones en la interacción entre el medio ambiente natural antrópico y el productivo tienen efectos importantes en los sistemas de explotación vegetal y animal, en la orientación productiva de los suelos y en la oferta de productos alimenticios, con evidentes repercusiones en la seguridad alimentaria, así como en la estructura social, cultural y económica de las zonas afectadas, como consecuencia del fenómeno del abandono, con repercusiones incluso desde el punto de vista hidrogeológico,

    J.   Considerando que el regadío también sirve para mantener la humedad de los suelos y para recargar las capas freáticas, y que estos factores han de tenerse en cuenta a la hora de diseñar la política agrícola común (PAC),

    K. Considerando que la escasez de agua y la sequía acentúan el aumento de los precios de las materias primas agrícolas, y teniendo en cuenta la necesidad de garantizar un suministro estable de alimentos a la población,

    L.  Considerando que la gestión de los sistemas agrícola y forestal ofrece oportunidades de intervención en el ciclo general del carbono, lo que puede contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero,

    M. Recordando la existencia de la Convención de las Naciones Unidas, adoptada en 1994, de lucha contra la desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África, cuyo objetivo es luchar contra la desertificación de las tierras de cultivo y contra la sequía, así como el apoyo del Parlamento a esta Convención,

    N. Reconociendo que la Directiva marco sobre la política de aguas (Directiva 2000/60/CE) tiene un valor de dispositivo regulador y sirve de instrumento de base para la protección de los suelos, que promueve la cooperación interregional, el uso sostenible del agua y la protección de los recursos hídricos disponibles y contribuye al mismo tiempo a mitigar los efectos de las inundaciones y de la sequía,

    O. Considerando la necesidad de un enfoque integrado y multidisciplinario con el fin de evitar tener que buscar soluciones en condiciones de emergencia, lo que podría suponer otras consecuencias negativas y reacciones perjudiciales en cadena,

    P.  Considerando la oportunidad de llevar a cabo un seguimiento de la situación por lo que concierne a la evolución de los actuales fenómenos y la aparición de nuevas situaciones de riesgo, mediante la especialización en el uso de sistemas de detección por satélite y de los modelos geológicos y bioquímicos (cartográficos),

    Q. Considerando el aumento de la frecuencia con que se producen condiciones meteorológicas extremas, con una alternancia de períodos de sequía y de lluvias intensas que aceleran los procesos de degradación de la litosfera, en especial en las regiones en las que el suelo es estructuralmente más vulnerable, tanto en el norte como en el sur de Europa,

    R.  Considerando que se ha registrado un aumento a escala mundial de la demanda y de los precios de los productos alimenticios,

    1.  Estima que entre las orientaciones y métodos de gestión de la PAC es necesario incluir expresamente algunos principios e instrumentos para la protección climática en general y para limitar los daños provocados por la degradación de los suelos, en particular;

    2.  Considera necesario que se refuercen los parámetros relativos a la condicionalidad ecológica y su aplicación en la Unión, sobre todo en lo que se refiere a la biodiversidad y la materia orgánica de los suelos, y que se extiendan a la protección de las aguas;

    3.  Subraya que la financiación comunitaria para las medidas adoptadas para permitir al sector agrícola adaptarse al cambio climático debe basarse en un enfoque territorial que tenga en cuenta el nivel de vulnerabilidad de las regiones de la Unión; indica que, de acuerdo con evaluaciones fiables efectuadas a escala internacional y europea, los suelos agrícolas del sur de Europa son más vulnerables frente al cambio climático;

    4.  Lamenta la falta de visión de los Jefes de Estado y de Gobierno de los Estados miembros cuando decidieron recortar la dotación para el desarrollo rural y constata que los recursos previstos en el segundo pilar son demasiado limitados para hacer frente a los nuevos desafíos derivados del cambio climático; sugiere a la Comisión que estudie la creación de un fondo específico para financiar acciones preventivas, en beneficio de todos los sectores económicos afectados, incluido el agrícola;

    5.  Considera que los problemas actuales, incluidos la escasez de alimentos y de agua, el aumento de las temperaturas y la evapotranspiración y el riesgo de degradación del suelo, exigen la aplicación de unas políticas agrícolas nuevas, integrales y científicas aplicables a las condiciones climáticas del Mediterráneo; opina que, con la ayuda de las instituciones comunitarias y nacionales, estas políticas han de reflejar la investigación y el desarrollo de cultivos adaptados a los nuevos desafíos medioambientales, incluido el ahorro de agua, ofreciendo al mismo tiempo a los agricultores unos ingresos suficientes para que puedan mantener un nivel de vida europeo;

    6.  Considera que, en la estrategia de conservación del suelo, los principios de la PAC relativos a las buenas condiciones agronómicas y ambientales deben favorecer sobre todo las acciones destinadas a verificar y mejorar el funcionamiento y la viabilidad ecológica de los sistemas de drenaje existentes, mediante la elaboración de planes de gestión del agua sostenibles y adaptados a las condiciones locales y asesorando a los agricultores de las zonas amenazadas por la sequía la siembra eficaz de cultivos adaptados al lugar y que reduzcan el consumo de agua;

    7.  Defiende un mayor apoyo de la Unión a la mejora de la gestión del agua en las tierras agrícolas, para lo que sería necesario incentivar la introducción de sistemas de riego más eficientes, adaptados a los distintos cultivos, promover la investigación en la materia e impulsar el aprovechamiento de los avances biotecnológicos;

    8.  Considera necesario crear «microembalses », gestionados mediante cooperativas, destinados al riego (albercas de colina) y a la lucha contra los incendios, ubicados preferentemente en zonas en las sea imposible el riego por gravedad, lo que ofrece mejores condiciones de coste de funcionamiento, utilizando también las aguas residuales tratadas con técnicas de fitodepuración o lagunaje;

    9.  Indica la importancia de las terrazas para la lucha contra la erosión y para aumentar la capacidad de almacenamiento de agua del suelo, y considera que deberían tomarse medidas para el mantenimiento, restauración y construcción de terrazas;

    10. Considera que las intervenciones agrarias y forestales deben incluir programas de reforestación de los terrenos agrícolas marginales o contaminados, habida cuenta de que las raíces de los arbustos pueden garantizar el afianzamiento del estrato superior instable a la roca estable, que opera como substrato de depuración;

    11. Apoya la puesta en marcha de una política comunitaria en materia forestal que tenga como principal objetivo combatir el cambio climático;

    12. Considera además necesario impulsar intervenciones agrícolas que garanticen el mantenimiento de la masa vegetal con el fin de evitar la salinización de los cauces provocada por la erosión;

    13. Subraya que muchas variedades de arbustos mediterráneos presentan una buena resistencia al fuego y una gran capacidad de recuperación, por lo que sería oportuno valorizarlas teniendo en cuenta, además, que sus raíces son aptas a contrarrestar la erosión del suelo;

    14. Opina que, a este fin, deberían cultivarse variedades que necesitan menos agua o, en determinadas circunstancias, sustituir los cultivos de primavera por cultivos de invierno, que no sólo requieren menos riego, sino que también protegen más eficazmente los suelos al estar cubiertos por vegetación durante el período crítico de la erosión;

    15. Considera que los viveros locales pueden producir variedades mejor adaptadas a las condiciones ambientales y que, por lo tanto, sería oportuno incentivarlos con intervenciones específicas;

    16. Pide la aplicación de medidas en favor de la protección y la plantación de setos, en particular en las zonas donde se han perdido en los últimos años;

    17. Reconoce el importante papel que desempeñan los recursos fitogenéticos en la adaptación de la agricultura a las cambiantes condiciones climáticas; pide, por tanto, a la Comisión y a los Estados miembros que elaboren programas para fomentar la conservación y el desarrollo de los recursos fitogenéticos por parte de los agricultores y jardineros y de las empresas hortícolas pequeñas y medianas;

    18. Recuerda la importancia de la retirada de tierras de la producción para la recuperación de las tierras agrícolas y la retención del agua; pide a la Comisión y a los Estados miembros interesados que favorezcan los sistemas agrícolas adaptados a los suelos de los ecosistemas mediterráneos;

    19. Considera que, entre los criterios para mantener el contenido en sustancias orgánicas del suelo, los principios de la PAC relativos a las buenas condiciones agronómicas y ambientales deben fomentar los sistemas de absorción y fijación del carbono mediante una optimización del uso de las técnicas de cultivo de secano (labor mínima de la superficie, rotación de cultivos, genotipos adaptados al medio, control de la evapotranspiración, fertilización específica, lucha integrada, etc.);

    20. Pide a los organismos competentes a escala territorial que intervengan para programar planes de gestión y tecnologías de utilización del agua de riego en función de las nuevas exigencias y de las condiciones ambientales, y prever un uso prudente de los recursos hídricos según su calidad; pide asimismo que intervengan ante los organismos de gestión del agua de riego para optimizar la gestión de los recursos hídricos disponibles, teniendo en cuenta la necesidad de reducir la pérdida de recursos en los sistemas de distribución;

    21. Defiende la puesta en marcha de un observatorio comunitario de la sequía y un refuerzo de la capacidad de reacción coordinada de la Unión frente a los incendios, pues ambos fenómenos contribuyen notablemente a la desertificación y al deterioro de las tierras agrícolas, muy especialmente en las regiones mediterráneas;

    22. Destaca la necesidad de mejorar la eficacia de las informaciones transmitidas por los Estados miembros y la coordinación entre ellos;

    23. Recomienda el desarrollo de un sistema de alerta precoz y de control permanente del estado de los suelos que permita actuar a tiempo contra la erosión, el empobrecimiento en materia orgánica provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la pérdida de tierras de cultivo y de biodiversidad;

    24. Pide, por tanto, a la Comisión que, en su propuesta de nueva definición de zonas montañosas e insulares y de otras zonas con desventajas naturales, prevista para 2009, prevea para las zonas objeto del seguimiento, entre los parámetros de evaluación prioritarios, el grado de riesgo de degradación del suelo y de desertificación;

    25. Cree necesario reforzar la investigación, el desarrollo y la innovación, prestando especial atención a las regiones más afectadas por la escasez de agua y la sequía, teniendo en cuenta los avances biotecnológicos;

    26. Pide a la Comisión que, en el ámbito de la revisión intermedia del Séptimo Programa Marco tome en consideración la posibilidad de mayores incentivos para apoyar, en más Estados miembros, los programas de investigación y desarrollo destinados a mejorar los conocimientos para una gestión más sostenible del suelo y de las zonas afectadas por el deterioro;

    27. Pide a la Comisión que analice la necesidad de crear un instrumento financiero para luchar contra las causas y los efectos del cambio climático y, en particular, la degradación de los suelos;

    28. Considera conveniente organizar programas adecuados de formación y actualización destinados tanto a los asalariados del sector como al público, con el doble objetivo de buscar soluciones específicas y sensibilizar a los usuarios respecto de su responsabilidad colectiva en la explotación de los recursos del territorio;

    29. Pide que la Unión Europea ponga en marcha medidas de información y formación destinadas, en particular, a los jóvenes agricultores con el fin de promover la introducción de técnicas agrícolas que favorezcan la conservación del suelo, sobre todo en lo que se refiere a los efectos del cambio climático y a la influencia de la producción agrícola en el clima;

    30. Recuerda que, sobre la base de su Resolución de 5 de junio de 2008 sobre el futuro de los jóvenes agricultores en el marco de la actual reforma de la PAC[3], la financiación de los proyectos se deberá conceder prioritariamente a las actividades que podrán favorecer la instalación de los jóvenes en el sector agrícola;

    31. Considera necesario que la Unión refuerce y mejore la autonomía con respecto a las importaciones de productos alimenticios y piensos para el ganado y la autosuficiencia, en particular mediante una mejor defensa del suelo agrícola y de sus factores de productividad, que promueva un aprovechamiento sostenible del barbecho para la cría de ganado (mediante programas que fomenten el consumo de carne de rumiantes y primas a una gestión de los pastos que respete la naturaleza) con objeto de reducir la dependencia de la importación de piensos; opina que, si la política agrícola quiere contribuir a la seguridad alimentaria y a la viabilidad en el mundo, debe esforzarse por conseguir una relación equilibrada, en la agricultura de la Unión, entre la producción vegetal, la producción animal y la producción de energía;

    32. Pide, en un mercado mundial del CO2, que se fomente la protección y recuperación de los bosques, prioritariamente en los Estados miembros que han perdido su patrimonio de bosques naturales, y subraya la necesidad de una gestión integral y sostenible de los bosques en la Unión;

    33. Subraya el papel de los bosques en el ciclo del agua y la importancia de una combinación equilibrada de bosques, pastizales y tierras de cultivo para una gestión sostenible del agua; destaca, en particular, la función de los suelos con una elevada fracción orgánica y una rotación adaptada de cultivos; advierte que la creciente explotación de tierras constituye una amenaza para la agricultura, la seguridad alimentaria y la gestión sostenible del agua;

    34. Pide que, en el ámbito de las actividades agrícolas de mantenimiento de los prados, de los pastos permanentes y de las superficies boscosas, se reconozca la posibilidad de vincular la emisión de certificados «verdes» a la producción de bienes públicos (captura de CO2, biodiversidad, conservación del suelo);

    35. Pide a los Estados miembros que utilicen el segundo pilar de la PAC para conceder primas, en el ámbito de las actividades agrícolas de mantenimiento de los prados, de los pastos permanentes y de las superficies boscosas, y así contribuir a la producción de bienes públicos (captura de CO2, biodiversidad, conservación del suelo); pide a la Comisión que dé prioridad al mantenimiento del barbecho;

    36. Pide con insistencia al Consejo que adopte una posición común sobre la propuesta de Directiva marco relativa a la protección del suelo (COM(2006)0232), con el fin de crear un instrumento comunitario que permita luchar contra estas amenazas;

    37. Pide al Consejo y a la Comisión que examinen las estrategias para la recuperación de los suelos degradados, utilizando mecanismos de incentivación que limiten la degradación de los suelos;

    38. Encarga a su Presidente que transmita la presente Resolución al Consejo, a la Comisión, así como a los Gobiernos y Parlamentos de los Estados miembros.

    EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

    Introducción

    El suelo agrícola se define como aquella parte de la litosfera que permite el cultivo y la cría de bienes destinados principalmente a la alimentación. Además de producir alimentos, el suelo agrícola desempeña numerosas e importantes funciones:

    –    crea un vínculo entre la atmósfera, los recursos hídricos y los sistemas geolitológicos;

    –    filtra sustancias de distinto tipo disueltas en el agua y acumula partículas depositadas en la atmósfera,

    –    actúa como un depósito de carbono gracias a la capacidad de los cultivos de fijar el CO2 atmosférico a través del proceso de fotosíntesis clorofílica y de almacenarlo en el suelo al nivel de la rizosfera,

    –    regula el flujo de las precipitaciones atmosféricas,

    –    interactúa con el clima y determina el tipo de cultivo viable,

    –    influye en la forma y características del paisaje,

    –    en él se encuentran los distintos tipos de hábitat y la diversidad biológica, y proporciona agua y nutrientes,

    –    crea las condiciones para la conservación de las semillas y para la vida de micro y macroorganismos,

    –    desempeña importantes funciones sociales y culturales.

    Está claro que la interacción entre suelo agrícola, agua y aire define el funcionamiento de un sistema único cuyo objetivo prioritario ha de consistir en el desarrollo de una agricultura sostenible capaz de reducir la contaminación y el deterioro medioambiental, de proporcionar servicios y bienes ambientales y, al mismo tiempo, mantener su capacidad productiva. Si por una parte la agricultura sufre el impacto de los otros sistemas de producción, por otro es responsable de la buena gestión de este importante, pero no renovable, recurso natural.

    Situación actual

    Según los datos recabados y las averiguaciones efectuadas a distintos niveles, el suelo agrícola sufre una presión ambiental cada vez mayor cuyos efectos negativos ya observados son el desajuste hidrogeológico, la subida del nivel del mar y la consiguiente salinización de los suelos, la pérdida de terrenos agrícolas, la disminución de la biodiversidad, una mayor incidencia de los efectos negativos a raíz de los daños provocados por los incendios y las enfermedades de plantas y animales. Estas modificaciones repercuten considerablemente en la orientación de los cultivos y en la productividad de los suelos, con especial referencia a las cuestiones de seguridad alimentaria. Aunque el acervo comunitario contempla disposiciones relativas a la protección del suelo, actualmente no se dispone de una normativa comunitaria específica que responda a unas exigencias que se han modificado. Vistas las dimensiones de los objetivos, los distintos ámbitos de aplicación, y habida cuenta de que con frecuencia las estrategias de intervención para el sector agrícola afectan a otros aspectos ambientales, el marco normativo vigente y sus disposiciones deberán mejorar la gama y el tipo de intervenciones que, necesariamente, deberán tener un carácter transfronterizo. Por ejemplo: si el deterioro de un determinado suelo tuviera consecuencias en lugares muy distantes del punto de origen, los costes de intervención para restablecer la normalidad podrían estar a cargo de un país distinto de aquel que provocó los daños. Por lo tanto, es necesario actuar en un contexto integrado y multidisciplinario, sobre la base de un programa de seguimiento y de evaluación de la evolución de los fenómenos de deterioro lo más amplio posible mediante sistemas de detección por satélite y cartográficos.

    Objetivo del informe

    Se ha puesto en marcha una reflexión y una evaluación de la situación actual, con especial referencia a las superficies productivas del sur de Europa en las que ya son evidentes algunos fenómenos de deterioro del suelo. Vista la situación, se han examinado las posibilidades de intervención que ofrece la actividad agrícola para luchar contra el deterioro de los terrenos agrícolas y proceder al mismo tiempo a su recuperación, al uso y a la gestión sostenible de la litosfera. En este contexto, el Parlamento Europeo organizó una audiencia pública con el fin de profundizar el diálogo sobre las distintas cuestiones objeto del debate, lo que permitió al ponente focalizar las propuestas analizadas y presentadas. El objetivo del informe es ofrecer indicaciones, reflexiones y propuestas concretas que se podrán tomar en consideración en el momento oportuno para elaborar una estrategia común de recuperación, mantenimiento y mejora de las intervenciones en el suelo agrícola. Por otra parte, resulta evidente que una de las prioridades es definir un plan común de intervención, principalmente mediante una programación destinada a prevenir el deterioro y a preservar el suelo agrícola. Al respecto, por sus características morfológicas y pedológicas, los suelos de la Europa meridional ponen en evidencia con anticipación lo que podría ser la situación en varios hábitats productivos del la Europa septentrional, es decir, que las regiones del sur podrían verse afectadas por una desertificación progresiva mientras que en las del norte se podría registrar una disminución significativa de las precipitaciones, con la consiguiente necesidad de adecuar el sistema hidrogeológico creado por el ser humano en el curso de los siglos.

    Posibilidades de intervención

    Es evidente que el uso de los suelos agrícolas y su modo de gestión representan los ejes para contribuir, entre otras cosas, a responder a los nuevos desafíos (cambio climático, energías renovables, escasez de agua, biodiversidad, etc.). Por lo tanto, los instrumentos jurídicos a disposición y las posibilidades de intervención en el ámbito de las actividades agrícolas se han de considerar, con una nueva finalidad, entre las orientaciones y los métodos de gestión de la PAC.

    El Parlamento Europeo ya ha demostrado su interés por los problemas de seguridad alimentaria. El ponente desea añadir a esta problemática el concepto de autonomía productiva, con referencia a la posibilidad de disponer de cierto número de factores productivos que permitan opciones empresariales en un margen más amplio de libertad.

    Las cuestiones relativas a la lucha contra el deterioro del suelo han de incluir necesariamente una estrategia de conservación del suelo gracias a una mayor atención a las instalaciones hidráulicas y agrarias y a su manutención. Es de gran interés observar, en particular, que los sistemas de embalse y conducción de las aguas de riego tendrán que hacer frente a mayores costes de uso. En consecuencia, será necesario adaptar o adoptar técnicas de riego que reduzcan el volumen de la irrigación mediante la optimización del volumen extraíble de agua freática. Al respecto, es especialmente urgente reducir las pérdidas a lo largo de las conducciones de irrigación.

    Para proteger el ecosistema de los suelos y luchar contra el deterioro se deberá prestar especial atención a los programas de reforestación, teniendo presente que para las intervenciones en las regiones meridionales de Europa las variedades forestales arbustivas de tipo mediterráneo pueden contribuir eficazmente a luchar contra la erosión, además de hacer frente al problema de los incendios. Para ello, sería necesario crear y gestionar, a través de los consorcios, micro estanques de irrigación con la doble función de recoger el agua de lluvia, lo que permitiría las intervenciones con agua dulce en caso de incendio, y de almacenar y reciclar las aguas residuales urbanas mediante técnicas de fitodepuración y lagunaje en las zonas interiores en las que el uso de depuradoras no siempre resulta económicamente rentable.

    Especial importancia revisten las técnicas de cultivo de secano como el laboreo mínimo superficial que puede interrumpir la subida del agua por capilaridad, la rotación de cultivos para modificarlos o combatir las enfermedades, la elección de los genotipos más adaptados al medio ambiente de cultivo y no únicamente destinados a responder a requisitos de carácter comercial, los métodos para controlar la evapotranspiración, que a veces provoca considerables pérdidas de agua del suelo, mediante el uso sistemático de correctores del terreno (optimización de la estructura del suelo) o mediante cobertura vegetal.

    Un elemento útil para evaluar la situación y su evolución podrá ser el SIG (sistema de información geográfica). Para ello, resultará útil la normalización de los datos que se interpretarán mediante el uso y la combinación de sistemas geológicos y bioquímicos.

    Por lo tanto, es necesario que en la propuesta de la Comisión sobre la nueva definición de las zonas de montaña y de las zonas con desventajas naturales se tomen en consideración, entre los parámetros prioritarios, el estado de conservación del suelo y su grado de riesgo de desertificación. Asimismo, en el ámbito de la revisión a medio plazo del 7° Programa Marco, sería necesario apoyar con mayores incentivos la investigación sobre la lucha contra el deterioro de los suelos. El objetivo consiste en optimizar las técnicas de producción, a la vista de unas exigencias modificadas, y buscar nuevas soluciones que den prioridad al ahorro de agua con el fin de reducir la demanda de energía para la producción de alimentos.

    En cuanto a la formación y actualización, se subraya que los programas se deberán destinar no solamente a los trabajadores del sector sino también al público en general con el doble objetivo de buscar soluciones específicas y responsabilizar a los usuarios acerca de un uso más sostenible de los recursos naturales y del territorio, entendido en su acepción más amplia, y respecto del cual existen responsabilidades presentes y futuras.

    De conformidad con el principio de renovación de la sociedad agrícola y vista la necesidad de prever un mayor dinamismo de los agentes del sector agrícola, la financiación de los proyectos de recuperación y gestión de los terrenos se debería otorgar prioritariamente a las empresas de jóvenes agricultores.

    En un momento en el que la crisis alimentaria mundial afecta a millones de personas y cuya consecuencia inmediata es la imposibilidad de programar y gestionar la producción de alimentos, es oportuno subrayar que la protección del suelo permite mantener un potencial productivo de significación política y estratégica, permite garantizar el equilibrio entre importaciones y exportaciones y garantiza un grado de autonomía y capacidad de negociación multilateral.

    La actividad agrícola y forestal representa una realidad en la que es posible intervenir con repercusiones en el funcionamiento de un entero ecosistema, a la que se debería vincular la emisión de certificados verdes, una vez reconocida la capacidad de las actividades de todo el sector agrícola de alcanzar un efecto triple: estimular un mayor uso de técnicas de producción sostenibles y crear un mercado de intercambios sobre la base de certificados verdes, sin costes para el contribuyente.

    OPINIÓN de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria (28.1.2009)

    para la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural

    sobre el reto que supone la degradación de las tierras agrícolas en la UE, y en particular en la Europa meridional: respuesta a través de los instrumentos de la política agrícola de la UE
    (2008/2219(INI))

    Ponente de opinión (*): Inés Ayala Sender(*) Comisiones asociadas - Artículo 47 del Reglamento

    SUGERENCIAS

    La Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria pide a la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural, competente para el fondo, que incorpore las siguientes sugerencias en la propuesta de resolución que apruebe:

    1.  Considerando que el suelo es la base de la producción destinada a la alimentación humana, de los piensos, de los textiles y de los combustibles, y que desempeña una importante función en la captura del CO2; considerando, no obstante, que los suelos se encuentran ahora más expuestos que nunca a daños irreversibles provocados por la erosión, la contaminación, la salinización, la impermeabilización, el empobrecimiento en sustancias orgánicas y por su pérdida de biodiversidad;

    2.  Dado que la agricultura es el mejor medio para evitar la degradación de los suelos, solicita una estrategia justificada que favorezca el mantenimiento de esta actividad;

    3.  Pide encarecidamente al Consejo que adopte su posición común sobre la Directiva marco relativa a la protección del suelo, con vistas al establecimiento de un instrumento comunitario que permita luchar contra estas amenazas;

    4.  Teniendo en cuenta que el regadío también sirve para mantener la humedad de los suelos y sirve para recargar los acuíferos, solicita que se tengan en cuenta estos factores a la hora de diseñar la política agrícola común;  

    5.  Considera necesario mejorar la formación de los agricultores, en particular los jóvenes, sobre todo en lo que se refiere a los efectos del cambio climático y a la influencia de la producción agrícola en el clima;

    6.  Defiende un mayor apoyo de la Unión Europea a la mejora de la gestión del agua en las tierras agrícolas y explotaciones ganaderas, incentivando la eficiencia hídrica de las instalaciones y sistemas de riego, así como el desarrollo de cultivos resistentes a la sequía;

    7.  Los problemas que se registran en la actualidad, incluidos la escasez de alimentos y de agua, el aumento de las temperaturas y la evapotranspiración y el riesgo de degradación del suelo, exigen la aplicación de unas políticas agrícolas nuevas, integrales y científicas aplicables a las condiciones climáticas del Mediterráneo. Con la ayuda de las instituciones de la UE y nacionales, estas políticas han de reflejar la investigación y el desarrollo por lo que se refiere a cultivos adaptados de manera local a los nuevos desafíos medioambientales en zonas que incluyan el ahorro de agua, ofreciendo al mismo tiempo a los agricultores unos ingresos suficientes para que puedan mantener un nivel de vida europeo;

    8.  Considera que la gestión integrada de los recursos hídricos en la agricultura debe ir acompañada de estrategias de modernización y mejora de la utilización y la gestión del agua, de racionalización y de limitación del consumo de agua;

    9.  Recomienda el desarrollo de un sistema de alerta precoz y de control permanente del estado de los suelos que permita actuar a tiempo contra la erosión, el empobrecimiento en materia orgánica provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la pérdida de tierras de cultivo y de biodiversidad;

    10. Cree necesario reforzar la investigación, el desarrollo y la innovación, prestando especial atención a las zonas más afectadas por la escasez de agua y la sequía y teniendo en cuenta los avances biotecnológicos;

    11. Pide la aplicación de medidas en favor de la protección y la plantación de setos, en particular en las zonas donde se han perdido en los últimos años;

    12. Recuerda la importancia de la retirada de tierras de la producción para la recuperación de las tierras agrícolas y la retención del agua; pide a la Comisión y a los Estados miembros interesados que favorezcan los sistemas agrícolas adaptados a las tierras de los ecosistemas mediterráneos y las medidas destinadas a una utilización eficaz del agua;

    13. Pide al Consejo y a la Comisión que examinen las estrategias para la recuperación de los suelos degradados, utilizando mecanismos de incentivación que limiten la degradación de los suelos;

    14. Espera con impaciencia la creación del Observatorio Europeo de la Sequía y del sistema de alerta precoz, y destaca la necesidad de mejorar la eficacia de las informaciones transmitidas por los Estados miembros y la coordinación entre ellos;

    15. Recuerda la existencia de la Convención de las Naciones Unidas de lucha contra la desertificación en los países afectados por sequía grave o desertificación, en particular en África (adoptada en 1994), cuyo objetivo es luchar contra la desertificación de las tierras de cultivo y contra la sequía, y el apoyo del Parlamento a esta Convención;

    16. Reconoce el papel de marco regulador de la Directiva Marco del Agua (Directiva 2000/60/CE) como instrumento de base para la protección de los suelos, ya que promueve la cooperación interregional, el uso sostenible del agua y la protección de los recursos hídricos disponibles y contribuye al mismo tiempo a mitigar los efectos de las inundaciones y de la sequía;

    17. Pide, en el marco de un mercado mundial del CO2, que se fomente la protección y recuperación de los bosques, así como la repoblación forestal a partir de especies mixtas, prioritariamente en los Estados miembros que han perdido su patrimonio de bosques naturales, haciendo hincapié en la necesidad de una gestión completa y sostenible de los bosques en el seno de la Unión Europea;

    18. Considera necesario que se refuercen los parámetros relativos a la condicionalidad ecológica y su aplicación en la Unión Europea, sobre todo en lo que se refiere a la biodiversidad y la materia orgánica de los suelos, y que se extiendan a la protección de las aguas;

    19. Destaca la función que desempeña la población agrícola europea en el combate contra la erosión de los suelos y la desertización, y pide que se reconozca el papel crucial del productor europeo en el mantenimiento de la cobertura vegetal de las regiones afectadas por las persistentes sequías o amenazadas por la arena arrastrada por el viento; subraya el beneficio que aportan muy particularmente los cultivos permanentes, los frutales y viñedos, los prados y pastizales, y los cultivos silvícolas para la captación de agua;

    20. Subraya el papel de los bosques en el ciclo del agua y la importancia de una combinación equilibrada de bosques, pastos y pastizales y tierras de cultivo para una gestión sostenible del agua; destaca, en particular, la función de los suelos con una elevada fracción orgánica y una rotación adaptada de cultivos; advierte que la creciente explotación de tierras constituye una amenaza para la agricultura, la seguridad alimentaria y la gestión sostenible del agua.

    RESULTADO DE LA VOTACIÓN FINAL EN COMISIÓN

    Fecha de aprobación

    22.1.2009

     

     

     

    Resultado de la votación final

    +:

    –:

    0:

    42

    4

    1

    Miembros presentes en la votación final

    Adamos Adamou, Georgs Andrejevs, Liam Aylward, Maria Berger, John Bowis, Frieda Brepoels, Martin Callanan, Dorette Corbey, Magor Imre Csibi, Chris Davies, Avril Doyle, Mojca Drčar Murko, Edite Estrela, Jill Evans, Anne Ferreira, Karl-Heinz Florenz, Elisabetta Gardini, Cristina Gutiérrez-Cortines, Satu Hassi, Jens Holm, Marie Anne Isler Béguin, Caroline Jackson, Dan Jørgensen, Christa Klaß, Urszula Krupa, Marie-Noëlle Lienemann, Peter Liese, Jules Maaten, Linda McAvan, Riitta Myller, Miroslav Ouzký, Vladko Todorov Panayotov, Dimitrios Papadimoulis, Vittorio Prodi, Frédérique Ries, Guido Sacconi, Daciana Octavia Sârbu, Amalia Sartori, Richard Seeber, Bogusław Sonik, María Sornosa Martínez, Thomas Ulmer, Anja Weisgerber, Glenis Willmott

    Suplente(s) presente(s) en la votación final

    Inés Ayala Sender, Iles Braghetto, Philip Bushill-Matthews

    RESULTADO DE LA VOTACIÓN FINAL EN COMISIÓN

    Fecha de aprobación

    17.2.2009

     

     

     

    Resultado de la votación final

    +:

    –:

    0:

    23

    6

    3

    Miembros presentes en la votación final

    Niels Busk, Luis Manuel Capoulas Santos, Giovanna Corda, Albert Deß, Constantin Dumitriu, Michl Ebner, Carmen Fraga Estévez, Lutz Goepel, Friedrich-Wilhelm Graefe zu Baringdorf, Esther Herranz García, Lily Jacobs, Elisabeth Jeggle, Heinz Kindermann, Vincenzo Lavarra, Stéphane Le Foll, Véronique Mathieu, Mairead McGuinness, Rosa Miguélez Ramos, María Isabel Salinas García, Sebastiano Sanzarello, Agnes Schierhuber, Willem Schuth, Czesław Adam Siekierski, Alyn Smith, Petya Stavreva, Donato Tommaso Veraldi

    Suplente(s) presente(s) en la votación final

    Béla Glattfelder, Wiesław Stefan Kuc, Astrid Lulling, Maria Petre, Markus Pieper, Struan Stevenson, Vladimír Železný

    Suplente(s) (art. 178, apdo. 2) presente(s) en la votación final

    Hélène Goudin, Ewa Tomaszewska, Peter Šťastný