INFORME sobre los sistemas de cuidados sanitarios en el África subsahariana y la sanidad en el mundo

6.9.2010 - (2010/2070(INI))

Comisión de Desarrollo
Ponente: Véronique De Keyser

Procedimiento : 2010/2070(INI)
Ciclo de vida en sesión
Ciclo relativo al documento :  
A7-0245/2010
Textos presentados :
A7-0245/2010
Textos aprobados :

PROPUESTA DE RESOLUCIÓN DEL PARLAMENTO EUROPEO

sobre los sistemas de cuidados sanitarios en el África subsahariana y la sanidad en el mundo

(2010/2070(INI))

El Parlamento Europeo,

–    Visto el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que reconoce que la salud es un derecho fundamental,

–    Visto el derecho de todas las personas de disfrutar del mayor nivel posible de salud física y mental,

–    Vista la Iniciativa de Bamako de 1987 y su objetivo «Salud para todos en 2000»,

–    Vista la declaración de Alma-Ata de 1978, en la que se definía el concepto de asistencia médica primaria,

–    Vista la Carta de Ottawa de 1986 para la promoción de la salud,

–    Vista la propuesta del Fondo Internacional de Socorro a la Infancia, aceptada por la OMS en 1987, dirigida a reactivar la política de los servicios de asistencia médica primaria y a luchar contra la mortalidad infantil,

–    Vista la plataforma de Abidján de 1998 sobre el tema «Estrategias de apoyo a las mutualidades de salud en África»,

–    Vistos los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas del año 2000 relativos especialmente al desarrollo humano (salud y educación), el agua y la energía, el desarrollo rural, la agricultura y la seguridad alimentaria, y en particular los objetivos 1, 4, 5, 6 y 8,

–    Visto el Acuerdo de Cotonú, de 23 de junio de 2000, revisado el 25 de junio 2005,

–    Vistas las prioridades de la Unión Europea establecidas en diciembre de 2005 en el «Consenso europeo sobre la política de desarrollo»,

–    Vista la conferencia internacional de Ouagadougou de 2008 sobre la asistencia médica primaria y los sistemas de salud en África, así como el compromiso de los Jefes de Estado presentes de incrementar los recursos destinados a la salud hasta un nivel mínimo del 15 % del presupuesto nacional,

–    Vistas las declaraciones de la Unión Económica y Monetaria del África Occidental (UEMAO) con miras a establecer un seguro universal de enfermedad en beneficio de las poblaciones, así como su Reglamento (n° 7/2009), de 26 de junio de 2009, sobre la regulación de la mutualidad social en el seno de la UEMAO,

–    Visto el 10º Fondo Europeo de Desarrollo para el período 2008-2013 y la Decisión del Consejo de diciembre de 2005,

–    Vista la Declaración de París, de marzo de 2007, tras la Conferencia «Consorcio» (G-8, Oficina Internacional del Trabajo, OMS, Banco Mundial, FMI, OCDE) sobre la cobertura del riesgo de enfermedad,

–    Vistas las prioridades del Fondo Fiduciario UE-África establecidas en abril de 2007 y, más concretamente, el componente relativo al desarrollo de las redes de infraestructuras en África,

–    Vista la iniciativa global «International Health Partnership» de Londres, de 5 de septiembre de 2007, dirigida a mejorar la coordinación de la ayuda exterior en los planos bilateral y multilateral,

–    Vista la cumbre del G-8 de junio de 2007, así como el lanzamiento de la iniciativa «Providing for health», encaminada a desarrollar sistemas de financiación de la sanidad sostenibles, equitativos, favorables a los pobres y dotados de una cobertura universal,

–    Visto el nuevo instrumento financiero de la Unión Europea de cooperación para el desarrollo (ICD),

–    Visto el informe especial del Tribunal de Cuentas de la Unión Europea (10/2008) sobre la ayuda europea a los servicios de salud en el África subsahariana,

–    Vista la estrategia común Unión Africana-Unión Europea en materia de sanidad, definida en Lisboa en diciembre de 2007,

–    Visto el Documento conjunto no oficial de la Presidencia y la Comisión adoptado en la reunión informal de ministros de desarrollo celebrada en Burdeos en septiembre de 2008, sobre la cobertura del riesgo de enfermedad y la financiación de los sistemas de sanidad en los países en desarrollo,

–    Vista la Declaración de Argel de 2008 sobre la investigación en el ámbito de la salud,

–    Vista la Declaración de Ethekwini de 2008 sobre la higiene y el saneamiento,

–    Vista la Declaración de Libreville, de agosto de 2008, sobre la salud y el medio ambiente en África,

–    Vista la Declaración de Bali de 2008 sobre la gestión de residuos para la salud humana,

–   Vistas las conclusiones de la Conferencia de Oslo, de octubre de 2008, sobre los principios rectores como instrumentos que garantizan los derechos de las personas en situación de desplazamiento forzado interno, esto es, las personas desplazadas contra su voluntad como consecuencia de conflictos, persecuciones, desastres naturales o proyectos de desarrollo, hayan o no cruzado una frontera,

–    Vistos los objetivos definidos por EuropeAid para el período 2009-2013,

–   Visto el estudio sobre el derecho consuetudinario llevado a cabo por el CICR, que identifica la salud en particular como una norma consuetudinaria del Derecho internacional humanitario que debe respetarse,

–    Vista la declaración de la Asociación Internacional de la Mutualidad, de junio de 2009, sobre el lugar que corresponde a la mutualidad en los sistemas universales de protección de la salud,

–    Vistos los trabajos llevados a cabo por el programa STEP I y II (Estrategias y técnicas contra la exclusión social y la pobreza) de la Oficina Internacional del Trabajo para luchar contra la exclusión social, reducir la pobreza y promover el trabajo digno por medio de estrategias innovadoras de ampliación de la protección social,

–    Vista la Declaración de Yaundé, de septiembre de 2009, aprobada por los miembros de la Concertación entre las partes interesadas en el desarrollo de las mutualidades de salud en África, que considera que las mutualidades de salud son una respuesta adecuada para alcanzar el objetivo de cobertura universal en los países con rentas bajas y medias,

–    Vista la adopción, en abril de 2009, por el «Consejo de jefes de secretaría» de todos los organismos de las Naciones Unidas de la «Iniciativa mundial para el establecimiento de un umbral universal de protección social» basado en un conjunto coherente y articulado de transferencias sociales esenciales y de servicios sociales básicos, como los relativos a la salud, a los que todos los ciudadanos deberían tener acceso,

–    Vistos los trabajos de la Asamblea Parlamentaria Paritaria ACP-UE de 3 de diciembre de 2009, y en particular su resolución sobre los problemas agrícolas y el cambio climático, que no podrán por menos de tener un efecto negativo en la salud pública, así como la iniciativa «Clima para el Desarrollo África»,

–    Vista la Comunicación de la Comisión de 2010 (COM(2010)0128), dirigida a promover el papel de la Unión Europea en la salud mundial,

–    Vistas las conclusiones del Consejo n° 3011 de Relaciones Exteriores, de 10 de mayo de 2010, sobre el papel de la Unión Europea en el ámbito de la salud mundial,

–    Visto el artículo 48 de su Reglamento,

–    Visto el informe de la Comisión de Desarrollo (A6-0245/2010),

A.  Considerando que los fondos verticales en el ámbito de la salud han conseguido reducir la mortalidad relacionada con las enfermedades graves, como la tuberculosis, la malaria y otras, y que debe darse continuidad a los esfuerzos en este sentido,

B.  Considerando que la comunidad internacional, incluida la Unión Europea, debe apoyar a los Estados en la aplicación de sus respectivas políticas nacionales en materia de sanidad, de forma que las prestaciones sanitarias financiadas por las administraciones públicas y accesibles a todos los ciudadanos se sitúen en el centro de estas medidas;

C.  Considerando que los sistemas básicos de salud deben asegurar la cobertura de todas las enfermedades y que, por tanto, tanto el enfoque horizontal como el vertical son necesarios y complementarios,

D.  Considerando que un enfoque horizontal bien estructurado permite contemplar sistemas de seguro (mutualidades de salud, microseguros, etc.) en los que los beneficiarios se convierten en partes interesadas en su propia salud,

E.   Considerando que la salud no es una mercancía, ni en África ni en otras partes, y que es necesario definir planteamientos del seguro de enfermedad que no tengan fines lucrativos y se basen en los valores de la solidaridad y la democracia,

F.   Considerando que en los años noventa se han desarrollado numerosos iniciativas en África dirigidas a establecer sistemas de cobertura contra los riesgos de enfermedad, y que debe apoyarse la dinámica social que las impulsa,

G.  Considerando que la terminología utilizada en los países de lengua inglesa, de lengua francesa o de lenguas africanas es distinta y no se refiere siempre a los mismos conceptos; que en algunos casos se habla de «mutualidades de salud» («mutual health organisations»), en otros casos de «seguro de enfermedad comunitario» («community based health insurance») y aun en otros de «microseguro de salud», y que este término abarca un amplio abanico de dispositivos solidarios basados en la mutualización de los riesgos con el fin de cubrir una parte o la totalidad de los costes de los servicios sanitarios,

H.  Considerando que el término «mutualidad» hace hincapié en el movimiento social y en la acción mancomunada de un grupo de miembros; que el término «seguro» se basa 1) en el pago anticipado —esto es, previo a la realización de los riesgos— de cotizaciones, 2) en el principio de riesgos compartidos, y 3) en la noción de garantía, y que la mutualidad puede definirse, de acuerdo con la plataforma de Abidján (1998), como una asociación autónoma sin fines de lucro fundada en la solidaridad y la participación democrática que, especialmente mediante las cotizaciones de sus miembros, tiene la finalidad de mejorar el acceso de éstos y de sus familias a prestaciones sanitarias de calidad, llevando a cabo al mismo tiempo una acción preventiva y de asistencia mutua,

I.  Considerando que las condiciones sociales y humanitarias en las que viven algunas poblaciones no hacen posible que los ciudadanos entiendan en todos los casos el concepto de previsión y, por consiguiente, la oportunidad de cotizar para asegurarse contra un riesgo de enfermedad que puede no producirse, tanto más cuanto que organizaciones no gubernamentales de diferente naturaleza pueden prestar paralelamente y de forma gratuita asistencia sanitaria y medicamentos,

J.  Considerando que la diáspora africana subsahariana se ha sensibilizado con respecto a la oportunidad y al interés de las mutualidades de salud en los diferentes países de acogida en los que éstas se encuentran bien desarrolladas, y que la diáspora mantiene a menudo una estrecha relación con los respectivos países de origen,

K.  Considerando que es imposible poner en práctica en África un sistema monolítico de asistencia sanitaria, siguiendo el ejemplo de Europa, donde coexisten diferencias entre los regímenes universales de seguridad social, por una parte, y los sistemas obligatorios de seguridad social, por otra;

1.   Recuerda que la salud refleja el nivel socioeconómico, la democracia y la buena gobernanza de los Estados;

2.   Recuerda la influencia que ejercen en la economía de los países subsaharianos los condicionantes externos, como las normas del comercio internacional, las políticas de cooperación, la crisis financiera, el cambio climático, la política de las grandes farmacéuticas y la política de las grandes instituciones financieras internacionales;

3.   Destaca que estos condicionantes externos pueden reducir drásticamente el margen de maniobra de los Estados que se esfuerzan por garantizar una buena gobernanza y pueden afectar profundamente la salud de las poblaciones;

4.   Recuerda que el derecho universal a la salud constituye un derecho transversal que interesa a otros ámbitos del Derecho, como el Derecho sanitario y social, el Derecho laboral y el Derecho civil;

5. Recuerda a la comunidad internacional los compromisos contraídos en favor de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y a la Unión Europea su compromiso de mejorar la ayuda que presta actualmente a los servicios sanitarios en el África subsahariana;

6. Recuerda el derecho de las mujeres a controlar sin cortapisas las cuestiones relativas a su salud genésica, tanto si se trata de la procreación, de la contracepción o del aborto como de las enfermedades de transmisión sexual; condena las mutilaciones genitales y los terribles actos de violencia de los que las mujeres son todavía víctimas, y que la violación siga siendo un arma de guerra; aboga, por consiguiente, en favor del derecho de las mujeres a acceder a prestaciones sanitarias en estos ámbitos mediante la aplicación de un enfoque transversal, al tiempo que reclama una estrategia diagonal que permita apoyar de forma prioritaria este sector de la sanidad;

7. Recuerda el derecho de todos los niños a acceder a los programas de vacunación e inmunización; recuerda, asimismo, que todos los años mueren todavía 8,8 millones de niños menores de cinco años (la mitad de ellos en el África subsahariana) a causa de enfermedades que pueden prevenirse y curarse;

8. Recuerda que la neumonía y la diarrea son las causas principales de mortalidad infantil en el África subsahariana;

9. Expresa su preocupación por el hecho de que algunas organizaciones privadas que reciben fondos europeos y prestan servicios de atención sanitaria a las poblaciones africanas puedan limitar, bajo la influencia de tradiciones religiosas, determinadas prácticas sanitarias o de prevención en el ámbito de la salud reproductiva;

10. Destaca que las organizaciones privadas que reciben fondos europeos deben ofrecer, en el ámbito de la salud reproductiva, prestaciones conformes a los derechos fundamentales, la dignidad y la libertad de las personas;

11. Condena la proliferación de organizaciones sectarias que abusan de la credulidad de las poblaciones más vulnerables para ofrecer cuidados ficticios sin que se produzca una reacción de las autoridades competentes;

12. Expresa su preocupación por la creciente mercantilización de la salud y por la consolidación de un sistema médico de dos velocidades en los países que tienen dificultades políticas y sufren carencias en términos de buena gobernanza;

13. Respalda el trabajo, a menudo admirable, de las organizaciones no gubernamentales que llevan a cabo su misión en regiones afectadas por conflictos, si bien recuerda que esta labor de emergencia no puede tener carácter permanente ni sustituir a unos sistemas de sanidad y seguridad social sostenibles;

14. Destaca la importante función que desempeñan los agentes no estatales, incluidas las organizaciones religiosas, así como los hospitales privados sin fines de lucro, en la mejora de la salud de la población y en la promoción de la educación para la salud;

15. Pide a la Comisión que, con el fin de obtener resultados sólidos y sostenibles, apoye el refuerzo de los sistemas nacionales de sanidad, especialmente mediante la aplicación de un método centrado en el interés público y reconociendo la importancia de la colaboración público-privada para el sector de la salud, incluido su componente no lucrativo, siguiendo criterios de eficiencia y equidad;

16. Constata que un elevado porcentaje de la población del África subsahariana, especialmente en las zonas rurales, no puede hacer frente a los costes de la salud y de los medicamentos, ni siquiera genéricos;

17. Expresa su preocupación por el tráfico en el mercado africano de medicamentos caducados, adulterados o falsificados, y por la débil respuesta de las autoridades nacionales y la comunidad internacional frente a este fenómeno;

18. Expresa su preocupación por las graves carencias de personal médico bien formado y por el hecho de que muchos médicos no permanezcan en su país; sugiere que se les ofrezca la posibilidad de obtener visados de entradas múltiples para que puedan continuar formándose en Europa al tiempo que mantienen sus raíces en África;

19. Lamenta la falta de personal sanitario cualificado —médicos, enfermeras, farmacéuticos— en muchos países africanos, así como la contratación de muchos profesionales sanitarios en los países europeos, privando así a los países africanos de unos recursos muy importantes para su desarrollo;

20. Destaca que en los países en desarrollo continúa avanzando una enfermedad tan devastadora como el cáncer infantil, y pide a la Comisión que promueva las campañas de información dirigidas a favorecer su diagnóstico precoz y una atención médica eficaz;

21. Acoge con satisfacción que, a pesar de las dificultades sociales, económicas y políticas, muchos países del África subsahariana traten de poner en práctica políticas dirigidas a mejorar o permitir el acceso de sus poblaciones a los servicios de atención sanitaria, incluso en aquellos casos en que se trata de servicios mínimos; pide a la Comisión Europea que, en materia de sanidad, evalúe de forma detallada los resultados obtenidos en la mejora de la salud (con respecto a la mortalidad materna e infantil) mediante mecanismo de financiación de la ayuda al presupuesto general de los Estados; pide, asimismo, que se tengan en cuenta otros mecanismos de financiación;

22. Recuerda la importancia que reviste la educación en materia de salud e higiene en las políticas de sanidad;

23. Considera necesario que los Estados organicen servicios de sanidad funcionales, socialmente eficaces y accesibles desde el punto de vista económico, de forma que integren las cuestiones relativas a la organización de la demanda de servicios sanitarios y, por tanto, al lugar que corresponde a las mutualidades de salud en el sistema sanitario; estima que esta medida presupone la creación de un registro de estado civil;

24. Destaca el cometido fundamental que incumbe a las autoridades locales en la mejora de la prevención y el acceso a las prestaciones sanitarias;

25. Se felicita por el éxito de los fondos verticales en términos de atractivo para los donantes y de progreso en lo que se refiere al retroceso de las grandes enfermedades como el sida, la tuberculosis, el paludismo, la poliomielitis y otras enfermedades graves; insiste, no obstante, en que este enfoque vertical en ningún caso puede sustituir a un enfoque horizontal y sostenible centrado en la asistencia sanitaria básica;

26. Recuerda que únicamente un enfoque horizontal, en términos de un sistema de asistencia sanitaria básica que cuente con la participación no sólo de los poderes públicos, sino también de muchos otros agentes, será capaz de conseguir una mejora sostenible a largo plazo de las condiciones de vida y de salud de las poblaciones;

27. Destaca que es poco probable que estos Estados puedan financiar a corto plazo sistemas nacionales de sanidad exclusivamente sobre la base de sus ingresos fiscales, y que debe elaborarse un modelo de financiación mixta; recuerda que la cofinanciación constituye un resorte favorable a la apropiación de los proyectos por los países socios;

28. Se felicita por el enfoque diagonal de determinados fondos verticales que han decidido dedicar una parte de sus recursos a la consolidación de los sistemas de sanidad de los países afectados por las enfermedades especificadas; destaca, no obstante, la necesidad de promover la cooperación sanitaria sobre la base de hermanamientos e intercambios regulares —por ejemplo, mediante la telemedicina— entre hospitales y profesionales de los sectores público y privado de los hemisferios norte y sur del planeta, centrándose de forma prioritaria en la formación de profesionales de la sanidad en el plano local;

29. Considera necesario establecer alianzas estratégicas entre los principales actores a nivel local, nacional e internacional, y que es indispensable llevar a cabo un diálogo institucional entre las administraciones públicas, los proveedores de servicios sanitarios y los agentes mutualistas, con el fin de definir y orientar la aplicación de la política sanitaria;

30. Considera, de acuerdo con la OMS, que la ampliación de la atención sanitaria debe conjugarse con unos sistemas de seguridad social basados en el pago previo y la distribución más que en el pago directo por los usuarios, y que las reformas dirigidas a garantizar la cobertura universal constituyen una condición necesaria para la mejora de la equidad en el sector sanitario;

31. Considera que un sistema de seguro de enfermedad puede contribuir a la consolidación financiera de un sistema sanitario, y que deben desplegarse todos los esfuerzos necesarios para estructurarlo eficazmente en el plano local;

32. Observa que existen principalmente dos regímenes capaces de facilitar servicios sanitarios gratuitos donde existe la necesidad de tales servicios, a saber, los regímenes universales de seguridad social, financiados mediante recursos fiscales, y los sistemas obligatorios de seguridad social;

33. Considera que un sistema de seguro de enfermedad debe ser solidario y adaptarse al contexto cultural, social y político en el que opera, y que no puede representar una simple transposición de un modelo importado ni tampoco el legado inmutable de un pasado colonial;

34. Considera que un sistema de seguro de enfermedad debe permitir el acceso universal a los servicios de atención sanitaria, no tener fines de lucro y ser participativo;

35. Considera que un sistema de seguro de enfermedad puede contribuir a orientar e influir la política sanitaria del Estado en el que opera, y que ello puede redundar en favor de sus beneficiarios;

36. Considera que las mutualidades de salud son las más adecuadas para crear una dinámica social basada en valores de solidaridad y permitir el acceso a servicios de atención sanitaria con carácter universal;

37. Considera que las mutualidades de salud desempeñan un importante papel en lo que se refiere a la mejora de la cohesión social, la capacidad de abogar por el acceso a servicios de atención sanitaria de calidad y la verdadera participación ciudadana en la elaboración y la aplicación de las políticas sanitarias, articulándose al mismo tiempo con los sistemas formales de protección social;

38. Afirma que las mutualidades de salud han sabido adaptar las profesiones de los seguros a las características socioeconómicas de las poblaciones de la economía informal, que quedan excluidas de los regímenes formales y de los seguros comerciales, y, por consiguiente, constituyen una respuesta adecuada para alcanzar el objetivo de cobertura universal en los países con rentas bajas y medias;

39. Afirma que el objetivo primordial de las mutualidades de salud no es sustituir a los Estados, sino que constituyen una alternativa para superar los obstáculos al acceso a la asistencia sanitaria y mejorar el acceso a la atención de calidad para todos los ciudadanos, con independencia de sus ingresos, al tiempo que incitan a los poderes públicos a reinvertir en el sector;

40. Alienta los esfuerzos desplegados por algunos Estados que, conscientes de las circunstancias y las necesidades locales, apoyan las iniciativas sectoriales (de agricultores, productores de café, grupos de mujeres o residentes de un mismo barrio), étnicas y comunitarias, incluidas las más tradicionales, como las «tontinas»;

41. Constata que varios países como Burundi, Burkina Faso, Cabo Verde, Senegal, Benín, Ruanda, Tanzania, Ghana, Nigeria, Guinea y Camerún están organizando sistemas, en algunos casos muy dispares, pero que están dando sus frutos;

42. Insiste en la adaptación de los sistemas a los valores de solidaridad y a la cultura africana, teniendo en cuenta la noción de familia amplia en este continente, lo cual plantea a su vez la cuestión del número de beneficiarios de la ayuda mutualista si ésta se interpreta con criterios occidentales;

43. Destaca el papel de facilitador que podría desempeñar la diáspora subsahariana en la sensibilización de sus compatriotas acerca del interés y la creación de mutualidades de salud en sus respectivos países;

44. Insiste en la interdependencia entre los sistemas de seguros y la estructuración de la asistencia sanitaria horizontal, dado que la población no comprende la utilidad de cotizar si no se garantiza el acceso a los servicios de atención y a los medicamentos;

45. Expresa su convencimiento de que el planteamiento asegurador requiere una amplia sensibilización de la población por medio de programas adaptados;

46. Pide a la Comisión que, en sus programas, siga haciendo hincapié en proyectos específicos que aborden los factores socioeconómicos determinantes de la salud, esto es, el agua potable, las infraestructuras viarias, la seguridad alimentaria, la vivienda y un trabajo dignos, la protección del medio ambiente o la lucha contra el cambio climático;

47. Insta a los Estados miembros y a los laboratorios europeos, de conformidad con las disposiciones del Acuerdo sobre los ADPIC, a que negocien una estrategia de colaboración que respete la protección de las patentes en los mercados desarrollados e incluya acuerdos de licencia voluntarios, el apoyo a los programas de salud, la transferencia de tecnologías y el aumento de las capacidades de producción local, de tal forma que sea posible reducir los precios de los medicamentos (escalonados o diferenciales) destinados a los países con rentas bajas;

48. Pide a la UE que no incluya en los AAE disposiciones relativas a los derechos de propiedad intelectual que constituyen obstáculos suplementarios al acceso a medicamentos esenciales; recuerda en este mismo contexto que, en virtud de la Declaración de Doha de 2001 sobre los ADPIC y la salud pública, la UE se comprometió a defender la salud pública sobre los intereses comerciales, e insta a la UE a que se sirva del marco de los AAE para ayudar a los países ACP a aplicar los supuestos de flexibilidad contemplados en la Declaración de Doha;

49. Pide a la Comisión que elabore indicadores transparentes de financiación de los sistemas sanitarios de los diferentes países, basados en los gastos relativos a la enfermedad en términos de atención médica e incapacidad laboral, las tasas de mortalidad infantil y materna, el tamaño de la población, el nivel de renta de los países, etc.;

50. Pide a la Comisión que apoye el modelo de sanidad horizontal y que considere entre sus principios relativos a la política de salud el cometido que, en combinación con otros métodos, incumbe a las mutualidades de salud como mecanismo de protección de la salud en la tarea de ampliar la cobertura sanitaria;

51. Insta a la Comisión a que adopte las medidas oportunas para que determinados grupos de la población que tienen dificultades para acceder a las prestaciones sanitarias —por ejemplo, los pastores— puedan acceder a dichas prestaciones;

52. Pide a la Comisión que adopte una posición firme en la reunión del Fondo Mundial de Lucha Contra el VIH/Sida, la Tuberculosis y la Malaria que se celebrará en Nueva York en octubre de 2010, y que participe en proyectos concretos para el período 2011-2013;

53. Pide a la Comisión que incluya en su ayuda a los fondos verticales recomendaciones dirigidas a realizar un esfuerzo «diagonal» de apoyo a los servicios de atención sanitaria básica en los países afectados; pide, asimismo, a la Comisión que formule recomendaciones dirigidas a los fondos verticales para que elaboren estrategias de salida destinadas a los países socios con una perspectiva a medio plazo, a medida que vayan alcanzando los objetivos previstos;

54. Pide a la Comisión que garantice una mayor coherencia de las políticas en el ámbito de las relaciones exteriores, y que elabore una comunicación sobre la protección social en materia de cooperación para el desarrollo, de acuerdo con la propuesta formulada por el Consejo en su conclusiones sobre la promoción del empleo en el marco de la cooperación para el desarrollo por parte de la UE, de 21 de junio de 2007; considera que dicha comunicación debe ir acompañada de un plan de acción concreto, limitado en el tiempo y dotado de los recursos apropiados;

55. Insta a la Comisión a que apoye la creación de tarjetas sanitarias en los países socios de la UE y organice con los países interesados —cuando sea necesario, a escala regional— la adecuación de las necesidades y los recursos en este ámbito;

56. Insta a la Comisión a que incluya las acciones desarrolladas en el marco de la acción humanitaria para la asistencia sanitaria en el ámbito del refuerzo del sistema de salud horizontal, considerando el enfoque LRRD (relación entre acciones de urgencia, rehabilitación y desarrollo);

57. Pide a la Unión Europea que valorice el potencial que representan las mutualidades de salud en la organización de la demanda sanitaria, y que apoye las numerosas iniciativas mutualistas existentes cuyo objetivo es promover el acceso a los servicios de salud;

58. Pide a los Estados miembros que faciliten, en función de las respectivas áreas de especialización, un mayor apoyo técnico y financiero a los gobiernos de los países en desarrollo, con el fin de establecer y ampliar los sistemas de protección social;

59. Insta a la Comisión y a las instituciones financieras internacionales como el BEI a que apoyen el desarrollo de sistemas mutualistas de seguridad social, así como su correspondiente financiación, por ejemplo mediante la garantía de créditos, (co)financiando inversiones en clínicas y asumiendo toda o parte de la remuneración de los profesionales de la salud;

60. Pide a las compañías de seguros, a los bancos y a las mutualidades europeas que tomen la iniciativa de transferir sus amplios conocimientos técnicos, teóricos y prácticos, adquiridos a partir de una experiencia acumulada a lo largo de más de dos siglos de historia de los sistemas de seguros, a los nuevos regímenes de seguros en los países en desarrollo; pide a la Comisión que apoye y facilite activamente este tipo de iniciativas;

61. Pide a la UE que apoye activamente el desarrollo de infraestructuras sostenibles de salud primaria —hospitales, dispensarios y farmacias—, la formación de personal sanitario cualificado y el acceso a los medicamentos;

62. Pide a la Comisión que se asegure de que las políticas europeas en materia de salud reproductiva sean objeto de una buena promoción entre todas las asociaciones beneficiarias de fondos europeos;

63. Pide al Consejo que presione a los Estados miembros para que cumplan sus compromisos financieros en materia de ayuda para la cooperación; lamenta, en particular, que algunos Estados miembros no destinen el 0,56 % del PIB a la cooperación internacional;

64. Insta a todos los Estados miembros y a la Comisión a que destinen como mínimo el 20 % del gasto total correspondiente al capítulo de desarrollo a la sanidad y la educación básicas, a que incrementen su aportación al Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, así como la financiación de otros programas dirigidos a reforzar los sistemas sanitarios, y a que centren su actuación de forma prioritaria en la salud materna y en la lucha contra la mortalidad infantil;

65. Pide a la Comisión que dé cumplimiento a las observaciones y recomendaciones que le dirigió el Tribunal de Cuentas Europeo (documento 10/2008) con respecto a la ayuda para el desarrollo que presta a los servicios de salud en el África subsahariana, en el marco de sus compromisos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que deben alcanzarse indefectiblemente hasta el año 2015;

66. Encarga a su Presidente que transmita la presente Resolución al Consejo y a la Comisión.

EXPOSICIÓN DE MOTIVOS

Los problemas de salud en el África subsahariana ponen a prueba el modelo de solidaridad entre el Norte y el Sur. No puede por menos de resultar chocante que la diferencia entre la esperanza de vida de un africano y un europeo pueda ser de hasta treinta o cuarenta años. Esta diferencia refleja las dificultades para despegar de todo un continente, marcado todavía por el hierro de su pasado colonial. La mala gobernanza de determinados países, las dramáticas consecuencias de la crisis financiera, el cambio climático, los desastres naturales, la pobreza extrema, las guerras, los paraísos fiscales que sangran el continente africano, el capitalismo a ultranza de las grandes multinacionales, los conflicto étnicos, la avidez que despiertan los extraordinarios recursos naturales, las pandemias como el sida... son factores todos ellos que, unidos entre sí, crean una situación muy compleja.

La ayuda de emergencia que prestan organizaciones no gubernamentales financiadas por la Unión Europea y la comunidad internacional en su conjunto constituye una respuesta muy fragmentaria a esta complejidad, que permite afrontar las necesidades más urgentes y prestar atención sanitaria gratuita a los más desfavorecidos. Pero no todos tienen esta suerte, y este tipo de asistencia no puede constituir la base de un modelo sostenible para el futuro. Lo que es más, y de forma paradójica, esta asistencia obstaculiza en algunas regiones la asunción de la sanidad por los poderes públicos o por estructuras complementarias o alternativas que operan sobre una base solidaria. Los indicadores de salud en África son tan preocupantes que la privatización del sistema sanitario no haría otra cosa que agudizar todavía más unas desigualdades ya de por sí escandalosas.

Por ello, este informe aboga en favor de sistemas sanitarios sostenibles, aunque es muy probable, de acuerdo con el Banco Mundial, que transcurra mucho tiempo antes de que los países en desarrollo puedan financiar sus respectivos sistemas nacionales a partir de sus propios ingresos fiscales. Los sistemas sin ánimo de lucro, financiados al mismo tiempo, sobre la base de modelos mixtos, con recursos públicos, la solidaridad internacional y la participación de los ciudadanos, son los más adecuados para afrontar el enorme desafío que representa la sanidad en el África subsahariana. En 2006, la ayuda internacional cubría entre el 0,25 %y el 0,5 % de los presupuestos de sanidad en esta región del mundo. Pero incluso con este nivel de apoyo el problema sigue teniendo dimensiones enormes. Ante todo, porque la crisis financiera que está sufriendo el mundo no alienta a los países europeos a cumplir sus promesas, esto es, destinar en 2010 el 0,7 % como mínimo del PNB a la cooperación. Asimismo porque, siguiendo una tradición muy arraigada, la salud no constituye una prioridad: así, la asistencia destinada al capítulo de la sanidad sólo alcanza la mitad de la suma dedicada a la educación. Sin subestimar la importancia de este último sector, este diferencial es muy significativo. Por otra parte, porque se sigue planteando, como siempre ha sido el caso, el problema de la orientación que debe darse a la financiación.

Las últimas décadas han visto el surgimiento con fuerza de fondos de salud llamados verticales, dirigidos a enfermedades específicas como el sida, la tuberculosis, el paludismo, la poliomielitis, etc., que han drenado la ayuda internacional y las iniciativas privadas. Los resultados de las operaciones de investigación, vacunación y prevención han sido notables, si bien se ha producido el efecto perverso de debilitar la ayuda a los sistemas sanitarios básicos, llamados también horizontales. Estos sistemas horizontales conciernen a la salud en general, esto es, al acceso a los servicios de atención sanitaria y a los medicamentos para todas la población sin discriminaciones, a los retos de la mortalidad infantil y materna, a las enfermedades banales pero con consecuencias mortales, como la disentería, a menudo debidas a la pobreza, a la falta de higiene, a la falta de agua potable, etc. Se podría analizar hasta el infinito la variedad de los sistemas de salud existentes —o que intentan existir— en África. Este término muy general se refiere a las infraestructuras básicas, los agentes de la sanidad, las prestaciones sanitarias, los medicamentos y las sociedades farmacéuticas que los comercializan, la comunidad internacional, las organizaciones no gubernamentales, las iglesias —a veces las sectas— y los simples ciudadanos, enfermos o sanos. Desde la perspectiva del donador, puede parecer más seguro y fácil financiar objetivos claros, y ésta es una de las razones que explican el atractivo de los fondos verticales. Ahora bien, las críticas cada vez más numerosos de los expertos de la salud, que muestran su inquietud por la financiación mal equilibrada entre los sistemas verticales y horizontales, incitan a buscar una solución: algunos fondos verticales optan ahora, en efecto, por una política llamada «diagonal». Se trata de dedicar una parte de la financiación al apoyo de los sistemas básicos de salud. Este esfuerzo debe fomentarse y generalizarse, dado que estos fondos verticales deben apoyar unos sistemas de sanidad completos e integrados, y no fragilizarlos. Pero la debilidad de los sistemas básicos de salud tiene otros efectos perversos. Los numerosos desastres y conflictos que ha sufrido África han tenido como efecto la difusión de las prestaciones sanitarias de emergencia, ofrecidas gratuitamente por las ONG o las iglesias, que llevan a cabo un trabajo admirable, pero con un carácter poco duradero: estas prestaciones de emergencia son indispensables, pero no pueden sustituir a una política de salud permanente y sostenible.

Ahora bien, la financiación parcial de los sistemas de salud tiene un componente muy interesante, esto es, la participación de la sociedad civil y la asunción de la sanidad por la ciudadanía, aplicando modelos originales y solidarios. Desde los años 90, se ha asistido en África a la emergencia y la consolidación progresiva de estructuras mutualista muy diversas basadas en organizaciones comunitarias, de agricultores, de jóvenes o de mujeres, con un carácter sindical y mutualista[1]. Los microseguros[2] despiertan un interés creciente y se están llevando a cabo esfuerzos mutualistas alentados o no por los poderes públicos. Estos esfuerzos mutualistas reclaman una gobernanza participativa, dado que la escucha y la evaluación de las necesidades de las poblaciones se encuentran en el centro del proceso. Exigen, asimismo, un marco legislativo. Implican una amplia sensibilización de los poderes públicos, el personal médico y los ciudadanos[3]. Intentan, en cualquier caso, de formas muy variadas y estrechamente relacionadas con el contexto, promover el acceso a prestaciones sanitarias de calidad a través de la solidaridad, la inclusión, la democracia y el carácter no lucrativo. Las iniciativas provienen tanto del sector público como del privado y sus vectores son las iglesias, las redes no confesionales filosóficas y políticas y algunas asociaciones. Pero los obstáculos son numerosos:

-     Para poder financiar un seguro de enfermedad y estar dispuesto a hacerlo es necesario que la población cuente con un mínimo de recursos. Los más desfavorecidos no pueden adherirse.

-     Es necesario que las personas tengan en su entorno una serie de infraestructuras y un cuerpo médico disponibles: ¿de qué sirve un seguro si no hay ningún médico, ningún dispensario, ningún hospital y ninguna farmacia? Las infraestructuras sanitarias básicas son una condición sine qua para cualquier iniciativa mutualista. En las zonas urbanas, y todavía más en las rurales, la población que no dispone de medios para acudir a los centros de salud recurre a un curandero o adquiere medicamentos en el mercado o de vendedores ambulantes de medicamentos. Pero incluso cuando existen las infraestructuras, la tasa de frecuentación de los distritos sanitarios es muy baja: 0,24 anual en Mali, 0,34 en Burkina Faso y 0,30 en Benín;

-    La estabilidad política es también necesaria: los conflictos, las exacciones y las guerras requieren un modelo alternativo e infraestructuras específicas;

-     Por último, es necesario encontrar formas de seguro y mutualidad respetuosas con el contexto africano y sus valores, evitando trasladar a África un modelo occidental.

Varios países africanos han emprendido iniciativas prometedoras con la ayuda de la comunidad internacional. Así, Burkina Faso, Senegal, Burundi, la República Democrática del Congo y Cabo Verde han lanzado un programa apoyado por una ONG. Este ambicioso programa, denominado «Derecho a la Salud», hace hincapié en un enfoque comunitario e implica en los países mencionados 153 organizaciones comunitarias. Se combina además con otros programas como «Trabajo digno, vida digna» y «Seguridad y soberanía alimentaria»: la salud no puede disociarse, en efecto, de la erradicación de la pobreza, la lucha contra el hambre y las desigualdades sociales. La idea central del programa es el trabajo en redes en las que las diversas mutualidades se apoyan y refuerzan mutuamente a nivel local, nacional e internacional. Las mutualidades no sólo pueden actuar de forma más eficaz en sus respectivos niveles, sino también influir en las políticas de seguridad social y de salud pública en los países en los que ejercen sus actividades. En Burkina Faso, el gobierno ha emprendido el estudio de un seguro de enfermedad universal. En Burundi, el proyecto de mutualidad puede apoyarse en un sistema muy estructurado de la base al vértice. En este mismo país, la Confederación nacional de productores de café agrupa a más de cien mil productores, y el objetivo es crear 25 mutualidades de salud y estructurarlas en cinco uniones con una federación nacional. En la República Democrática del Congo, las estructuras mutualistas —como la mutualidad de salud Musaru, en el este del Congo— tienen dificultades para mantenerse frente a la «competencia» de las ONG, que prestan servicios de atención sanitaria gratuitos, especialmente en las zonas de conflicto. Pero son las iglesias que, en esta misma región, actúan como elementos dinamizadores de los modelos mutualistas; estas iglesias operan mediante una red muy bien establecida y eficaz.

Una serie de cuestiones fundamentales subyacen al debate mutualista en África. ¿Qué lugar corresponde a las mutualidades con respecto a los esfuerzos de aquellos Estados que están intentando implantar centros de salud? ¿Qué lugar corresponde a las mutualidades con respecto a las ONG que prestan servicios gratuitos en toda la cadena de cuidados sanitarios? ¿En qué medida las mutualidades africanas, cuyos modelos se cuentan por centenares, pueden reflejar otra cosa que un repliegue corporativo, religioso o incluso étnico y emerger como un movimiento social? ¿De qué forma la comunidad internacional puede desempeñar un cometido de apoyo, o incluso de iniciativa, dejando al mismo tiempo que las estructuras africanas adquieran su propia autonomía y se responsabilicen de sí mismas? El modelo mutualista es un modelo alternativo a los esfuerzos del Estado que apela al mismo tiempo a la solidaridad de sus afiliados. ¿También de los más favorecidos? Recientemente se ha adoptado un reglamento supranacional sobre las mutualidades de salud a nivel de la unión económica y monetaria de los países de África occidental y varios países están intentando establecer un régimen de seguro de enfermedad obligatorio. ¿Mantendrá los valores de solidaridad, el dinamismo y la flexibilidad que deberían guiar las mutualidades africanas, que se desarrollan en contextos muy complejos? Parece que nos encontramos en una encrucijada.

Un modelo mutualista sostenible debería presentar diversas cualidades. Debería basarse en la solidaridad entre el Norte y el Sur y entre sus afiliados, fijándose alcanzar a largo plazo su propia autonomía y la autofinanciación. Debería ser flexible y adaptarse a diferentes contextos. Debe tener como objetivo la igualdad, no en las contribuciones individuales para su supervivencia económica, sino en el acceso a los servicios de atención que garantiza. Debería tener carácter participativo y ser vector de una dinámica social que le permitiera influir o incluso dirigir las políticas de salud y ejercer presión sobre los gobiernos. No debería, por tanto, depender directamente del gobierno de turno, ya que, de lo contrario, existiría el riesgo de cometer los mismos errores o hacerse responsable de las mismas carencias. Por último, debería vincular a los agentes sobre el terreno y asociarlos en las iniciativas relativas a la salud, y ser económicamente viable a largo plazo, solidario, flexible, dinámico y participativo. Es mucho pedir, pero las iniciativas señaladas anteriormente se inscriben en esta dirección.

La Unión Europea tiene un cometido en el establecimiento de estructuras de sanidad solidarias. En primer lugar, trabajando para que se cumplan las condiciones previas necesarias a los sistemas mutualistas, esto es, asesorando, orientando y financiando los sistemas básicos de salud y el acceso a medicamentos sin los cuales no puede desarrollarse ningún sistema de seguro de enfermedad. Facilitando a los países del África subsahariana una financiación transparente basada en indicadores de salud derivados de las necesidades de la población. Seguidamente, apoyando programas de sensibilización de la población con respecto a la prevención y al diagnóstico precoz de enfermedades: no cabe ninguna duda de que la baja frecuencia de las visitas a los centros de salud donde éstos existen refleja un problema que supera la cuestión financiera. Por último, apoyando programas internacionales de solidaridad que elaboren iniciativas e intercambios capaces de estructurar redes mutualistas que actúen como vectores de una transformación social. La no mercantilización de la salud que Europa reclama debería ser la norma también en África.

  • [1]  COHEUR Alain (2009). «Structures mutualistes en Afrique. Les mutuelles de santé, actrices de changement social», Politique, HS13, noviembre de 2009, pp. 27-29.
  • [2]  Los microseguros reagrupan el conjunto de mecanismos de financiación de los servicios de atención sanitaria, incluidas las mutualidades de salud, los sistemas de prepago, los fondos de solidaridad y el acoplamiento del crédito y las prestaciones sanitarias.
  • [3]  MARIKO Lamine (2009). Burkina Faso. «La mutualité, un pas vers la protection sociale. Les mutuelles de santé, actrices de changement social». Regards Nord-Sud. Politique, HS 13, noviembre de 2009, pp. 25-26.

RESULTADO DE LA VOTACIÓN FINAL EN COMISIÓN

Fecha de aprobación

30.8.2010

 

 

 

Resultado de la votación final

+:

–:

0:

17

6

0

Miembros presentes en la votación final

Véronique De Keyser, Leonidas Donskis, Charles Goerens, Catherine Grèze, Enrique Guerrero Salom, András Gyürk, Eva Joly, Filip Kaczmarek, Franziska Keller, Gay Mitchell, Norbert Neuser, Bill Newton Dunn, Maurice Ponga, Michèle Striffler, Alf Svensson, Eleni Theocharous, Patrice Tirolien, Ivo Vajgl, Iva Zanicchi

Suplente(s) presente(s) en la votación final

Proinsias De Rossa, Miguel Angel Martínez Martínez, Patrizia Toia

Suplente(s) (art. 187, apdo. 2) presente(s) en la votación final

Derek Vaughan