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Acta literal de los debates
Miércoles 12 de enero de 2005 - Estrasburgo Edición DO

4. Ayuda de la Unión Europea a las víctimas del maremoto en Asia
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  El Presidente. De conformidad con el orden del día, se procede a las Declaraciones del Consejo y de la Comisión sobre las consecuencias del tsunami del 26 de diciembre de 2004.

 
  
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  Asselborn, Consejo. (FR) Señor Presidente, señor Presidente de la Comisión, Señorías, la catástrofe sin precedentes ocurrida el pasado 26 de diciembre ha afectado a doce países y ha causado hasta ahora la muerte a más de 160 000 personas, sin contar a los miles de desaparecidos, los muchos heridos y las numerosas de personas desplazadas y que se han quedado sin techo, cuyo número se cifra en cinco millones. Los niños que han quedado huérfanos o están separados de sus familiares, son especialmente vulnerables en estas circunstancias. La situación sanitaria es muy preocupante y los daños materiales son de una magnitud que desafía cualquier intento de cálculo.

Ante la dimensión de la catástrofe, la Presidencia luxemburguesa, en estrecha cooperación con la Presidencia neerlandesa, reaccionó después del 26 de diciembre, desplazándose con la Comisión a la zona afectada el 1 de enero. Ese mismo día, el Ministro de Sanidad luxemburgués se puso en contacto y se reunió con los responsables de la OMS y de la Cruz Roja Internacional.

Sobre la base de estos primeros contactos con las Naciones Unidas y los países afectados, y a raíz también de la cumbre extraordinaria ampliada de Yakarta, la Presidencia convocó un Consejo de Asuntos Generales y Relaciones Exteriores el 7 de enero, que reunió a gran número de Ministros de Asuntos Exteriores, Cooperación y Sanidad.

El Consejo de 7 de enero reafirmó la solidaridad de la Unión Europea con los países afectados y las poblaciones de esos países, a las que agradece –y esto es muy importante– el apoyo que prestaron a los ciudadanos europeos que se encontraban sobre el terreno en el momento de la catástrofe. El Consejo rindió homenaje también al impulso de solidaridad general manifestado por la sociedad civil y los ciudadanos.

El Consejo ofreció la oportunidad de hacer balance de las numerosas iniciativas emprendidas tanto por la Comisión como por los Estados miembros, y de la coordinación, tan esencial, de la ayuda aportada por la Unión Europea. Juntos, reflexionamos sobre el modo de responder mejor a la urgencia de la situación desde los puntos de vista financiero, material y sanitario, y sobre los medios financieros y operativos necesarios y suficientes para las fases sucesivas de rehabilitación y reconstrucción. Se invitó a participar en este Consejo a responsables de las agencias de las Naciones Unidas, concretamente de la OCHA, de la OMS y también del UNICEF. Aportaron al Consejo información adicional sobre la situación sobre el terreno, las medidas adoptadas y la evaluación de las necesidades futuras. Es este contexto se reafirmó que las Naciones Unidas desempeñarían un papel central en la coordinación de la ayuda.

Los principales resultados inmediatos de este Consejo son los siguientes: en el plano financiero, el Consejo anunció que la ayuda pública combinada de la Unión Europea y los Estados miembros a favor de las víctimas del tsunami –ayuda de emergencia y ayuda a la reconstrucción– asciende actualmente a unos 1 500 millones de euros. No obstante, el Consejo no dejó de recordar que este esfuerzo no debe hacernos olvidar la problemática general del desarrollo de la ayuda humanitaria y los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en particular en África, ni disminuir los recursos reservados a este fin.

Desde el punto de vista sanitario, se ha pedido a los Estados miembros que conjuguen sus esfuerzos bajo la dirección de la OMS, y ello para prevenir los riesgos de epidemias e instalar infraestructuras sanitarias mediante el envío de material y equipos médicos adecuados. La Unión Europea y los Estados miembros apoyarán a la OMS.

Por lo que respecta a las medidas a más largo plazo, el Consejo ha manifestado su deseo de reforzar la capacidad de la Unión Europea para hacer frente a catástrofes importantes y ha indicado su voluntad de dotarse de los instrumentos siguientes.

En primer lugar, una estrategia de prevención, un sistema de alerta temprana y de reacción rápida a las catástrofes, en particular con vistas a la Conferencia mundial para la reducción de los desastres, que se celebrará de Kobé, Japón, del 18 al 22 de enero próximos.

En segundo lugar, se mejorará el mecanismo de protección civil y ayuda humanitaria y se reforzará la capacidad de análisis. El Consejo desea desarrollar las capacidades de respuesta rápida de la Unión Europea dotándose de estructuras adecuadas de planificación, coordinación y movilización de recursos.

El tercero de estos instrumentos es la mejora de la cooperación consular.

En cuarto lugar, hay otras medidas que el Consejo deberá examinar, en particular el desarrollo de una capacidad de respuesta rápida de la Unión Europea, es decir, de un sistema de alerta temprana. También habrá que examinar la creación de un cuerpo voluntario europeo de ayuda humanitaria y reforzar la coordinación de la Unión Europea en los ámbitos del rescate, la evacuación y el transporte de víveres y asistencia médica.

Otras medidas complementarias incluyen el apoyo comercial y las asociaciones bilaterales, incluidos los hermanamientos de ciudades, hospitales, y, por último, una reprogramación del servicio de la deuda de los países afectados que lo deseen. Este debería ser un punto del orden del día del Consejo Ecofin de la semana próxima.

El Consejo de Asuntos Generales del 31 de enero repasará todas las medidas y todas las estrategias que la Unión y los Estados miembros han previsto a medio y largo plazo con vistas a la elaboración de un plan de acción operativo de la Unión.

La noche de ese mismo 7 de enero, la señora Ferrero-Waldmer, la Comisaria europea competente, y los Ministros competentes de Sanidad y de Cooperación, así como yo mismo, informamos a una delegación amplia de este Parlamento.

Esta semana, la Presidencia y la Comisión seguirán dialogando intensamente con las instancias competentes del Parlamento Europeo a efectos de la aplicación de los compromisos financieros de la Unión, y espero que, en el Consejo de Asuntos Generales del 31 de enero, podamos concretar ya algunas de las estrategias que esbozamos en el Consejo de Asuntos Generales del 7 de enero.

(Aplausos)

 
  
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  Barroso, (PT) Señor Presidente, Señorías, la magnitud del desastre en Asia nos lleva a reflexionar sobre la fragilidad de la vida humana frente a la fuerza de la naturaleza y sobre la forma en que otros asuntos palidecen si se comparan con una tragedia humana de esta magnitud. También hace que consideremos la naturaleza de la acción política a escala nacional y europea cuyo objetivo es abordar el impacto de catástrofes naturales como esta. Creo que este es el momento adecuado para pensar en nuestros instrumentos y políticas y sobre la forma en que coordinamos nuestros esfuerzos y en que compartimos responsabilidades entre las autoridades nacionales y las instituciones europeas.

Mi viaje de la semana pasada a Yakarta me hizo entender de alguna manera la verdadera magnitud de la tragedia provocada por este terremoto y el maremoto que le siguió. El viaje también me confirmó que la comunidad internacional, incluyendo la UE y la Comisión, era capaz de responder rápidamente aportando cantidades de dinero considerables y suministrando otras formas de ayuda.

El Comisario Michel quedó horrorizado por lo que vio cuando se encontraba en la zona. La ola gigante barrió completamente toda presencia humana en 500 kilómetros de costa, destruyendo todo lo que encontraba a su paso y alcanzado lugares a más de cinco kilómetros tierra adentro. La mayor tragedia es que la mayoría de la población vivía en la misma franja costera que ha quedado devastada. Nos han llegado relatos alarmantes similares de Sri Lanka, Tailandia, la India y las Maldivas y los estragos que causó en otros países, menos accesibles, solo sale a la luz ahora. La tragedia también llegó hasta la costa de África.

Esta enorme catástrofe natural ha dejado 150 000 muertos a su paso, y más de 5 millones de personas sin hogar y traumatizadas, quienes ahora se enfrentan al reto de recoger lo que queda de sus familias devastadas, reconstruir sus casas, restaurar las actividades económicas y, en breve, intentar empezar sus vidas otra vez.

 
  
  

(EN) La magnitud del desastre y las horribles imágenes plasmadas en nuestros televisores y periódicos despertó la compasión masiva de nuestros ciudadanos europeos, quienes reclamaron ampliamente una respuesta muy rápida y a gran escala. Tenemos que sentirnos orgullosos de la respuesta europea. Los europeos han hecho una demostración masiva de solidaridad, tanto por parte de las instituciones como de los ciudadanos individuales. La ayuda global europea a las víctimas y a los países afectados es de lejos la más importante de todo el mundo: Europa ha sido el primer donante en anunciar una ayuda directa; los representantes europeos estuvieron entre los primeros que se personaron sobre el terreno. Quiero elogiar a todos los que participaron, directa o indirectamente, en este gran esfuerzo.

En cuanto a la gestión de la crisis, quiero destacar la cooperación excelente entre la Comisión y la Presidencia del Consejo, en particular la cooperación del Primer Ministro Juncker, y el Parlamento Europeo. Hemos demostrado hasta qué punto es crucial asegurar una cooperación interinstitucional sólida y eficaz.

En otras situaciones de emergencia, la Comisión ha tenido más tiempo para debatir y preparar su respuesta de antemano con el Parlamento y el Consejo, nuestras autoridades presupuestarias. En este caso no teníamos tiempo. Nueve días después de que las olas azotaran las costas de Asia y África, los Jefes de Gobierno de los países afectados y los principales donantes se reunían en Yakarta para ponerse de acuerdo sobre la forma de reparar los daños y sobre los fondos que facilitaríamos.

Para preparar el terreno en el plazo limitado de que disponíamos, estudié con el Presidente Borrell Fontelles y el Primer Ministro Juncker, antes de salir para Yakarta, la propuesta de la Comisión de prometer hasta 450 millones de euros. Los dos se mostraron muy favorables y apoyaron el enfoque que propuse. En realidad, en la conferencia de Yakarta mencioné un mensaje especial que me envió el Presidente Borrell Fontelles pidiéndome que lo transmitiera a los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos allí.

Sin haber tenido la oportunidad de un debate a fondo en el Pleno del Parlamento y el Consejo, indiqué en la conferencia de donantes de Yakarta que el compromiso de 450 millones de euros de la Comisión estaba condicionado a su aprobación por las autoridades presupuestarias y esto incluye a ustedes, el Parlamento Europeo. Hoy la prioridad de la Comisión es escuchar sus puntos de vista, responder a sus preguntas y llegar a un acuerdo sobre la mejor forma de abordar las dos tareas principales a que nos enfrentamos en estos momentos, a saber, la manera de convertir nuestro compromiso condicional rápidamente en dinero concreto en el presupuesto y, seguidamente, hacer que estos fondos se traduzcan en programas de reconstrucción efectivos sobre el terreno que ayuden a los damnificados a reconstruir sus vidas destrozadas.

Cuando aún nos encontramos en los primeros días, quiero explicar con más detalle qué pienso que sería la mejor manera de utilizar el compromiso de la Comisión, si ustedes y el Consejo están de acuerdo con la financiación que hemos propuesto.

En la vertiente humanitaria, la Comisión ha dado una respuesta rápida y muy eficaz. A través de nuestra oficina de asistencia humanitaria, ECHO, hemos sido una de las primeras organizaciones en responder a la catástrofe al facilitar 23 millones de euros –3 millones de los cuales estuvieron disponibles el mismo día de la catástrofe– en ayuda humanitaria a la Cruz Roja y otros socios a fin de satisfacer las necesidades fundamentales. Reforzamos el personal de ECHO sobre el terreno, y nuestros expertos han estado trabajando estrechamente con las Naciones Unidas y otros donantes para evaluar las necesidades y garantizar la coordinación de la ayuda humanitaria sobre el terreno.

El Comisario Michel ha visitado las zonas más afectadas del 1 al 7 de enero para tener una impresión de primera mano y evaluar las necesidades de ayuda y rehabilitación. También hemos sabido movilizar rápidamente a la protección civil. El Mecanismo Europeo de Protección Civil, cuyo responsable es el Comisario Dimas, puso manos a la obra desde que llegaron las primeras noticias sobre el maremoto.

Durante toda la catástrofe, el Centro de Control e Información de la Comisión Europea ha funcionado las 24 horas del día para movilizar y coordinar la ayuda de protección civil de los Estados miembros de la Unión Europea y los países vecinos. El mecanismo ha demostrado ser un sistema sencillo y eficaz que permite canalizar la ayuda en función de las necesidades concretas de cada país afectado. Antes de que pasaran 24 horas desde que se produjo la catástrofe, el Centro envió expertos de evaluación y coordinación a Tailandia y Sri Lanka. Tal como ha subrayado el señor Kofi Annan, se necesitarán de inmediato 1 000 millones de dólares estadounidenses. En respuesta a ello propuse, en el marco del compromiso, que se destinaran 100 millones de euros más de la reserva de emergencia para prestar ayuda humanitaria. Sé que sus comisiones han estado examinado esta propuesta favorablemente y que el Comisario Michel anunció nuestro compromiso en la conferencia de donantes de las Naciones Unidas que se celebró ayer en Ginebra. Esto también demuestra nuestro pleno apoyo al enfoque del Parlamento de destacar el papel coordinador de las Naciones Unidas.

En la vertiente de la reconstrucción, he propuesto aportar 350 millones de euros. Preveo que una parte de este dinero procederá de nuevos fondos y otra parte de una reprogramación de los fondos que ya se habían previsto para los países afectados. Aunque la tarea de reconstrucción llevará varios años, la financiación de esta reconstrucción tendrá que facilitarse este año y el que viene. Entiendo que la palabra «reprogramación» haya preocupado de alguna manera al Parlamento. Por tanto, ¿por qué la Comisión propone esto? La principal razón es la rapidez. Los fondos para proyectos planeados para 2005 ya se encuentran sobre la mesa y se pueden utilizar para las labores de reconstrucción urgentes e inmediatas. La espera a que lleguen nuevos fondos durará hasta seis meses. Tenemos que movilizar los fondos para la reconstrucción ahora mismo. Todos los donantes responden de la misma forma, incluido el Banco Mundial, para movilizar fondos para el proyecto de ayuda a los damnificados por el maremoto lo más rápidamente posible. Por otra parte, no creo que este enfoque tenga efectos secundarios negativos.

Podemos preguntarnos si esto dará lugar a una cancelación de proyectos ya planeados. La respuesta es que no. Si, como nosotros, los Gobiernos deciden que el proyecto relacionado con el maremoto tenga prioridad inmediata, los proyectos planeados podrán retomarse en 2006 ó 2007, al amparo de las nuevas perspectivas financieras; en algunos casos, el problema es que no podemos continuar con el proyecto anterior para estas regiones porque el maremoto ha afectado a las mismas, por lo que hay que dar prioridad a los proyectos relacionados con el maremoto.

¿Implicará esto que Asia prive a otras regiones de sus fondos? La respuesta es que no. Todos los proyectos que se reclasifiquen y se aplacen de esta forma estarán dentro de la dotación de Asia que, en caso necesario, tendrá que readaptarse. Cuento con su apoyo a este respecto. Después de ver el proyecto de resolución del Parlamento Europeo, les puedo asegurar que «los pobres de todo el mundo no pagarán el precio de esta catástrofe».

En cuanto a la cooperación y la ayuda al desarrollo, la prioridad de la Unión Europea es claramente, y continuará siéndolo, África, debido a sus necesidades estructurales que todos ustedes conocen. Pero esto no significa que no podamos proceder ahora dando prioridad directa a la ayuda a las víctimas de esta catástrofe.

Voy a citar algunos ejemplos concretos de cómo este enfoque de reprogramación puede tener efectos inmediatos. En Indonesia, la Comisión tiene un programa de 35 millones de euros cuyo objetivo es mejorar el acceso y la calidad de la asistencia sanitaria en el plano comunitario. Si el Gobierno de Indonesia está de acuerdo, este programa puede ampliarse rápidamente para ayudar a reconstruir y reforzar las instalaciones de asistencia sanitaria dañadas por el maremoto. En Sri Lanka tenemos previsto cooperar con el Banco Mundial en un programa de viviendas para ayudar al reasentamiento de personas desplazadas internamente. De modo similar, este programa se puede ampliar rápidamente para facilitar el realojamiento de familias desplazadas por el maremoto.

Al margen de la cuantía de los nuevos fondos, subrayo que es necesario que la Comisión examine cómo se pueden reprogramar de esta forma los proyectos planificados para garantizar que podamos responder a las necesidades de reconstrucción en los primeros meses, que son críticos. Pero el compromiso de la Comisión era provisional y se puede revisar una vez se hayan calculado los costes finales. Ya sabemos que las necesidades son enormes y que hay margen para una contribución aún más elevada de nuevos fondos si tanto el Parlamento como el Consejo están de acuerdo con ello.

Apoyo plenamente la línea acordada en Yakarta de que los países tienen que evaluar las necesidades y crear sus propios planes nacionales de reconstrucción de las zonas devastadas por el maremoto. Esto permitiría delimitar los proyectos prioritarios y los medios para aplicarlos. Se trata de una cuestión de principio fundamental: permitir que los países asuman su propia responsabilidad y garantizar que coordinen todos los compromisos generosos que se han contraído. No tenemos que inundar los países con cientos de mecanismos e instrumentos diferentes, concebidos de antemano con otros donantes o instituciones financieras internacionales.

Examinemos otro principio que todos los donantes y países acordaron en Yakarta: prestar nuestra ayuda rápidamente. En Yakarta hice hincapié en que la Comisión miraría de explorar todos los medios a su disposición para que sus planes pasaran a ser programas efectivos lo más rápidamente posible. El Consejo de Asuntos Generales también apoyó este compromiso. Esto implica acelerar nuestros procedimientos en la medida de lo posible dentro de los límites del Reglamento Financiero, para no demorarnos con una pesada burocracia innecesaria.

He visto la rapidez y eficiencia con que los países ya se han movilizado para ayudar a sus ciudadanos. ¡Es impresionante! Así pues, tenemos que ofrecer el grueso de nuestra ayuda en forma de ayuda presupuestaria, dando a los países las herramientas para reconstruir sus infraestructuras destruidas y restaurar los medios de vida de sus comunidades asoladas. Este enfoque es la única forma en que los países afectados pueden coordinar la ayuda de forma eficaz. Sería para ellos una misión imposible si los cientos de donantes prestaran su ayuda por separado y todos exigieran que se siguieran sus propios procedimientos.

Sin embargo, es preciso supervisar debidamente la ayuda presupuestaria si queremos asegurar una buena gestión financiera de nuestros fondos. A este fin, apoyo la iniciativa del Banco Mundial y las demás instituciones financieras internacionales de impulsar fondos fiduciarios con los países afectados, creando efectivamente un fondo común en el que los donantes puedan ingresar dinero y estableciendo un conjunto común de normas de aplicación, supervisión y auditoría que guiará la gestión de los fondos.

La Comisión también tendrá que abordar proyectos puntuales y particulares que se ejecutarán mejor por la vía de la aplicación directa, en vez de pasar por los presupuestos nacionales. Por ejemplo, hay que emprender trabajos concretos en la fase humanitaria que podrían prolongarse útilmente en la fase inicial de reconstrucción. Alternativamente, pueden darse condiciones concretas que impidan un fácil acceso al presupuesto nacional para determinadas regiones geográficas o, de hecho, para las comunidades más pobres que tienen que beneficiarse de esta reconstrucción. Estos casos también justifican que sigamos canalizando parte de nuestros fondos a través de ONG.

La Comisión Europea ha actuado desde el primer día en todos los frentes, desde la ayuda humanitaria hasta la protección civil y, cada vez más, en la rehabilitación y la reconstrucción. Continuaremos nuestros esfuerzos sin descanso. Sin embargo, también vamos a reflexionar sobre mejoras, nuevas ideas y soluciones. Vamos a responder a todas las solicitudes de propuestas por parte del Consejo y propondremos herramientas innovadoras. Con ello, lo que más nos preocupa es encontrar soluciones que aporten efectividad y un buen uso de las capacidades disponibles en los Estados miembros y las instituciones europeas, optimizando los medios y las tecnologías a escala europea. La creación de nuevas estructuras porque sí no es una opción; hacer un mejor uso de la gran capacidad europea existente de forma coordinada y articulada es el camino a seguir.

También estaremos particularmente atentos a la dimensión europea de nuestras iniciativas y nos preocuparemos de que sea más visible para el gran público y los beneficiarios. La solidaridad es un distintivo de la Unión Europea. Que esto se vea en tiempos de crisis.

Reconozco la importancia que da el Parlamento a la adopción de medidas adicionales, más allá de la ayuda, que la Unión Europea puede ofrecer después de ayudar a los países afectados por el maremoto. Pueden estar ustedes seguros de que todos los departamentos de la Comisión se han movilizado a en sus ámbitos respectivos para investigar qué se puede hacer en este sentido. Esto incluye la ayuda a las iniciativas en torno a la moratoria de la deuda del G8, la investigación de posibles iniciativas comerciales que faciliten el acceso comercial a la Unión por parte de los países afectados y la cooperación con los Gobiernos con el propósito de facilitar la aplicación del denominado «Indian Ocean Tsunami Facility» (instrumento financiero para los tsunamis del Océano Índico) del Banco Europeo de Inversiones.

Los Estados miembros y la Comisión han acordado en el Consejo de Asuntos Generales ofrecer ayuda directa a los países en sus esfuerzos por desarrollar sistemas de alerta temprana para que puedan responder mejor a futuras catástrofes.

He tomado nota con interés de las ideas que se han presentado sobre la posibilidad de suministrar buques de pesca de la Comisión, es decir, flotas de la Unión Europea para las comunidades pesqueras de los países afectados. La idea es muy atractiva. Todos hemos visto imágenes de barcos destrozados por el maremoto, y nuestra propia industria pesquera está a punto de desguazar barcos de su propia flota en consonancia con las restricciones de pesca.

(Aplausos)

En estos momentos, mis servicios están explorando si hay buques disponibles, el estado en que se encuentran, si cumplen las necesidades de las comunidades pesqueras de las zonas afectadas por el maremoto y la forma en que se pueden poner a disposición de estos pescadores. Espero que esta iniciativa funcione y les informaremos de los resultados de nuestro trabajo.

La Comisión está examinando también propuestas en torno a un nuevo enfoque europeo para reforzar la capacidad de prevención de catástrofes y, como se debatió en la reunión extraordinaria del Consejo el viernes pasado, pretendemos estudiar mecanismos de alerta temprana y preparativos para la gestión de catástrofes, la forma de mejorar más la prestación de ayuda humanitaria de la Comisión y la protección civil con vistas a desarrollar nuestra capacidad de respuesta rápida ante eventuales crisis en terceros países con pleno respeto de la especificidad y los principios de la ayuda humanitaria. En este contexto, la Comisión está elaborando una propuesta de desarrollo de una capacidad de respuesta rápida por parte de la Unión Europea, que le permitirá mejorar su asistencia en futuras catástrofes humanitarias y otras crisis. Esperamos presentar esta propuesta en la reunión del Consejo del 31 de enero de 2005.

En cada uno de los programas de emergencia organizados por la Comisión que han tenido éxito, el Parlamento ha desempeñado un papel fundamental. En este sentido, pienso en Afganistán o los Balcanes. Este papel no consiste simplemente en llegar a un acuerdo sobre la financiación, sino en seguir el programa y darle peso político cuando sea necesario garantizar que se mantenga el rumbo hacia las metas políticas del programa. El Parlamento también podría centrarse en los recursos administrativos –en oficinas centrales y delegaciones– necesarios para una aplicación efectiva. Confío que van a desempeñar ustedes un papel importante a la hora de facilitar el programa de reconstrucción de la Comisión después del maremoto. Con este fin, me comprometo a que la Comisión les informe con regularidad de los progresos realizados, tanto en el Pleno como en las comisiones.

Ayer, la Comisión mantuvo un debate a fondo sobre la crisis asiática y sobre cómo deberíamos organizar el seguimiento de la labor realizada hasta la fecha. A finales de este mes espero presentar propuestas de la Comisión relativas a la mejora de la capacidad de respuesta europea a las crisis. La Comisaria Ferrero-Waldner se desplazará a la región en las próximas semanas para evaluar de nuevo las necesidades y dar más sustancia a esta propuesta. Voy a proponer que informe al Parlamento a su regreso.

Hemos fijado objetivos ambiciosos para la respuesta de la Unión Europea a la crisis de Asia Meridional, tanto en la reunión de Yakarta como en la de las Naciones Unidas en Ginebra. La gran afluencia de ayuda de nuestros ciudadanos particulares en esta crisis demuestra además su apoyo al pleno compromiso de todas las instituciones de la Unión Europea de que cumplan las promesas que hemos hecho. Tenemos que dar respuestas y cuento con su apoyo para ayudar a la Comisión a que así sea. Les doy mi palabra de que voy a cooperar estrechamente con ustedes en la ingente tarea que nos espera.

(Aplausos)

 
  
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  El Presidente. Agradezco tanto al Consejo como a la Comisión la completa información que nos han suministrado sobre este trágico acontecimiento; en particular, quiero reconocer expresamente la perfecta coordinación que el Presidente de la Comisión ha mantenido con la Presidencia del Parlamento durante las reuniones que han seguido y, en especial, agradecerle también que haya incorporado a la delegación en la Conferencia de Ginebra a dos diputados de este Parlamento, lo que, sin duda, contribuirá a que podamos hacer de forma más coordinada y rápida los trabajos que a cada institución competen.

 
  
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  Deva (PPE-DE), en nombre del Grupo. – (EN) Señor Presidente, acabo de regresar de Sri Lanka, donde he sido testigo de muchas escenas espantosas que todos hemos visto en televisión. Como diputado a este Parlamento nacido en Sri Lanka, quiero expresar mi gratitud a todas aquellas personas que han respondido tan generosamente a los llamamientos y, en especial, por la ayuda prestada por los pueblos de Europa; a mi país, el Reino Unido, en particular, y a mis electores del sudeste de Inglaterra.

La UE y sus Estados miembros han donado juntos casi 1 500 millones de euros hasta la fecha. El importe sigue aumentando. La Comisión y el Parlamento han autorizado 23 millones de euros y han prometido fondos de 350 millones de euros, si bien 150 millones de este importe no son nuevos, sino que se tomarán de los programas de desarrollo a largo plazo existentes. Esto hay que revisarlo.

También acojo con satisfacción la propuesta de un préstamo de 1 000 millones de euros por parte del Banco Europeo de Inversiones. Tenemos que prestar la ayuda que hemos prometido. En el pasado, la comunidad internacional no lo ha hecho así. La creación de un cuerpo civil de reacción rápida para la prestación de ayuda, como ha propuesto la Comisaria Ferrero-Waldner, es una medida digna de encomio. Nuestra ayuda tiene que ser visible.

Me sentí incómodo en Sri Lanka porque la ayuda de la UE se entregó inmediatamente, pero se hizo de forma muy poco visible, a pesar de que el Comisario Michel fue extremadamente visible y práctico. Las Naciones Unidas y las ONG solo actúan como coordinadores y no pretenden ser los donantes. Nuestros contribuyentes exigen visibilidad. La procedencia importa.

También tenemos que asegurarnos de que nadie robe la ayuda; sí, de que nadie la robe. Si no existen sistemas adecuados en los países de destino, la ayuda será desviada a menos que nos aseguremos de que los mecanismos de entrega sean totalmente transparentes y responsables. Actualmente existe una necesidad urgente de donar barcos pequeños y adecuados. Me complace que el Presidente Barroso lo haya mencionado.

También se precisan sistemas de alerta temprana antes de que ocurra otra catástrofe. Una llamada telefónica confirmada a la CNN y a las demás cadenas de radiotelevisión habrían podido salvar miles de vidas en Sri Lanka, Somalia y Tailandia. Después de todo, los estadounidenses evacuaron Diego García. Sin embargo, esta llamada telefónica nunca llegó. Esto no se refiere solo a Asia. ¿Cómo se alertaría a las personas en Europa si, por ejemplo, la actividad volcánica en las Islas Canarias causaran un maremoto? ¿Elaborará la Comisión un informe urgente?

En Sri Lanka, espero que la reconstrucción también comporte reconciliación y que la ayuda sea coherente con las conversaciones de Oslo de diciembre 2002 y las expectativas de la Conferencia de Donantes de Tokio. No podemos esperar menos para Indonesia, con sus separatistas de Aceh.

Hay que recordar que es el comercio y la inversión, y no la ayuda, lo que va a sostener a las personas a largo plazo. La devastación se limita a las zonas costeras y los países del sur de Asia siguen abiertos a los negocios.

Trabajemos juntos, no solo para reparar la destrucción, sino también para tender una mano a las víctimas, y no para darles una limosna.

(Aplausos)

 
  
  

PRESIDENCIA DEL SR. TRAKATELLIS
Vicepresidente

 
  
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  Schulz (PSE), en nombre del Grupo. – (DE) Señor Presidente, Señorías, no creemos que haya nada importante que añadir a lo que ha dicho el Presidente en ejercicio del Consejo, el señor Asselborn, ni el Presidente de la Comisión, el señor Barroso. Tanto la Comisión como el Consejo han descrito los pasos esenciales que hay que tomar. En el Grupo Socialista en el Parlamento Europeo podemos decir que respaldamos todas estas iniciativas, y que esta Cámara tiene que conceder toda la ayuda económica y de organización necesaria. Creo que todos –incluyendo al señor Deva, que acaba de intervenir– han dejado claro que, en lo que respecta al Parlamento, tanto los recursos económicos como las medidas de organización están garantizados.

Por lo tanto, me limito a efectuar algunas observaciones elementales sobre esta catástrofe, que ha puesto de manifiesto que vivimos en una aldea mundial y que la solidaridad, que es necesariamente evidente en el mundo en que vivimos, ha de tener un carácter supranacional. Por esta razón es importante volver a revisar, y que la tengamos presente, la importancia decisiva del papel desempeñado por la propia UE junto con los Estados miembros, ya que es en la Unión Europea donde la voluntad de los europeos de unirse a la acción supranacional se manifiesta en sí misma, y donde esta acción internacional organizada bajo los auspicios de la Unión Europea que deriva en medidas que se toman en los continentes, es una consecuencia necesaria de que una catástrofe de este tipo no conoce límites geográficos a su impacto, afectando no solo a las personas que habitan allí donde azota sino también a las personas de todos los países, incluyendo a la Unión Europea.

Por lo tanto, se nos piden nuevas formas de organización, y se están creando. La Comisión ha propuesto una de ellas: la combinación de una unidad de respuesta rápida, fuerzas de respuesta rápida y pericia técnica, organizadas bajo el liderazgo de la Unión Europea Se trata de una propuesta inteligente y que merece que se apoye. Se ha propuesto que se organicen instrumentos financieros junto con los de los Estados nacionales, y esto es algo que no podemos excluir, pero está igualmente claro que las personas como los europeos, procedentes de una sociedad con gran movilidad, no pueden prescindir de la ayuda consular en una situación como esta. Resulta, por lo tanto, positivo que de este debate surja el desarrollo de un sistema consular conjunto, que potencialmente abra el camino para un servicio diplomático compartido.

A modo de conclusión, voy a decir que, en medio del flujo de información que he recibido durante los últimos días, hay una noticia predominante. Hace unos meses, en esta Cámara, conmemoramos a las víctimas del ataque terrorista en Beslán. He sabido esta mañana que los habitantes de Beslán han reunido un millón de rublos –lo que asciende a 30 000 euros– como expresión de solidaridad con las víctimas del maremoto. En una situación como la de ellos, no puede haber un mayor ejemplo de comportamiento humano, solidaridad, incluso de grandeza humana. Creo que hay que aprovechar esta oportunidad para expresar nuestro más profundo respeto por el pueblo de Beslán, que también ha sido víctima.

(Aplausos)

 
  
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  Watson (ALDE) , en nombre del Grupo. – (EN) Señor Presidente, se trata de una tragedia mundial que necesita una respuesta mundial. Nos brinda la oportunidad de reafirmar el papel y las ventajas de la acción multilateral a través de las Naciones Unidas, pero también representa un desafío para las Naciones Unidas, que tienen que demostrar que están a la altura de la tarea. Hasta ahora, su respuesta ha sido prometedora. También la respuesta de la Unión Europea nos ha situado en una buena posición de partida, y aplaudo la actuación inmediata del Comisario Michel y el apoyo que han prestado sus colegas.

La ayuda de la Unión Europea, tanto pública como privada, ha sido admirable por su generosidad. Los fondos de ECHO se facilitaron rápidamente, al día siguiente de la catástrofe. En estos momentos, el total de los compromisos asciende a 540 millones de euros, más un préstamo de 1 000 millones de euros. Ahora bien, para ser sincero, un tercio de esta ayuda a fondo perdido es fruto de la reprogramación de la ayuda al desarrollo ya prevista para la región. Asegurémonos de que estos compromisos se cumplan, máxime cuando sabemos que solo se ha gastado un dos por ciento de los 1 000 millones de dólares estadounidenses comprometidos para la reconstrucción de la ciudad iraní de Bam tras el terremoto.

No seamos complacientes, ya que la ECHO actual puede actuar como entidad financiera. A largo plazo necesitamos tener capacidad para enviar tropas, barcos, hospitales flotantes y helicópteros para prestar ayuda en caso de catástrofe. Más de 150 000 personas han perdido la vida, comunidades enteras han sido exterminadas. Cinco millones de personas están heridas o han perdido sus casas, sus medios de vida o sus familias. Muchos son niños que corren peligro de caer en las redes de traficantes de niños y otros. A pesar de la buena voluntad extranjera, los niños de estas comunidades devastadas no deben verse forzados a abandonar las sociedades y tradiciones que conocen. El Unicef y otros organismos tienen que asegurar rápidamente el cobijo, la protección y el registro que precisan estos niños para reconstruir sus vidas y, quizá, con el tiempo, ser localizados por familiares.

Esta tragedia ha generado una respuesta muy importante en forma de donaciones de particulares de todo el mundo, a familiares de víctimas que no conocían y, sin embargo, a quienes querían ayudar, recordándonos lo pequeña que es nuestra comunidad mundial. Aprovechemos esta oportunidad para dejar de lado nuestras diferencias. Los países afectados pagarán este año más en aranceles aduaneros que lo que les vamos a dar en concepto de ayuda. Esto tiene que ser motivo de reflexión sobre nuestras políticas comerciales.

Es necesario asegurar una supervisión más estrecha de la ayuda para garantizar que no se utilice para alimentar conflictos regionales y que no sea desviada por funcionarios locales corruptos. Dotémonos de un marcador de los esfuerzos de reconstrucción de la UE, igual que las Naciones Unidas han de disponer de un sistema de seguimiento de la ayuda canalizada a través de sus agencias. Y que la Comisión amplíe su protagonismo en la coordinación de la respuesta de la Unión. Si cada uno de los Estados miembros aportara a ECHO un experto en ayuda humanitaria, existiría un cuerpo central conocedor de la capacidad de respuesta de los diferentes sistemas nacionales.

Por último, una lección clara que se desprende de todo esto es nuestra fragilidad frente a las fuerzas de la naturaleza. No podemos dominarlas, pero juntos podemos mitigar sus efectos devastadores. Disponemos de la tecnología para detectar terremotos en las zonas de peligro del mundo. Es posible suministrarla a regiones de riesgo a un coste moderado y quizá salvar cientos de miles de vidas.

(Aplausos)

 
  
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  Cohn-Bendit (Verts/ALE), en nombre del Grupo. – (FR) Señorías, debatir después de una catástrofe siempre es difícil, porque, por un lado, está la emoción y, por otro, la necesidad de sacar lecciones políticas de lo que ha pasado.

¿Podrían estar ustedes un poco más tranquilos o irse a tomar un café y volver cuando hayamos terminado de debatir las cosas importantes? ¿Sería posible? Fuera hay un bar, adonde pueden ir a beber tanto como deseen. Gracias. Disculpe, señor Presidente.

Quisiera decir que mi Grupo apoya la propuesta de la Comisión y del Consejo de reforzar las capacidades de intervención civil de la Unión Europea. En efecto, con esta catástrofe hemos visto que la intervención nacional, por muy necesaria que sea, es incapaz de responder sola a una catástrofe de estas dimensiones y que la capacidad de intervención civil debe englobar la intervención civil humanitaria, pero también la intervención civil política, es decir, la intervención en apoyo de la prevención de conflictos.

No podemos intervenir en Indonesia sin intervenir en el conflicto que existe allí, y no podemos ayudar a Sri Lanka sin intervenir en el conflicto militar que existe en ese país. Por tanto, la intervención para la prevención de conflictos y la intervención humanitaria están estrechamente ligadas y apoyamos a la Comisión a este respecto. Propongo a los diputados que donen el dinero que recibirán por esta sesión a la ayuda en favor de las víctimas de la catástrofe.

(Aplausos)

 
  
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  Agnoletto (GUE/NGL), en nombre del Grupo. – (IT) Señor Presidente, tengo la impresión de que no se han apagado aún los reflectores de los medios de comunicación sobre la tragedia del Extremo Oriente y ya las enfáticas declaraciones de solidaridad dan paso a más cínicos intereses económicos y geopolíticos.

El señor Barroso ha intentado hacer un juego de prestidigitación, pero no es un buen prestidigitador. La palabra «reprogramación» significa la utilización de fondos ya destinados a ayudas. Por tanto, pido que los 350 millones para la primera fase de la reconstrucción constituyan una nueva dotación y que la totalidad del millón y medio que debe aportar la Unión Europea y los veinticinco Estados miembros se done sin ningún tipo de interés.

He escuchado en esta Cámara peticiones en el sentido de que se tome en consideración la deuda externa de los países afectados por el maremoto. Creo que debemos afirmar claramente que la única posibilidad practicable es la condonación de la deuda externa. Estamos hablando de países como Indonesia, con una deuda de más de 130 000 millones de dólares y que reembolsó 13 000 millones en 2002. Ante estas cifras, si no condonamos la deuda nuestras donaciones no supondrán ninguna ayuda concreta.

Todavía no he oído hablar de un intento de modificar, al menos temporalmente, las legislaciones en materia de inmigración: me refiero a la posibilidad de que los inmigrantes procedentes de las naciones afectadas, que viven ya en Europa, puedan viajar a su país para comprobar la situación, buscar a sus seres queridos y después regresar a la Unión sin arriesgarse a perder el permiso de residencia o el puesto de trabajo; me refiero también a la posibilidad de ofrecer un permiso de residencia, al menos temporal, a todos los que han resultado heridos en esta tragedia.

(Aplausos)

 
  
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  Karatzaferis (IND/DEM), en nombre del Grupo. – (EL) Señor Presidente, después de esta catástrofe tenemos que hacer frente a tres cuestiones.

En primer lugar, cómo podría manifestarse mejor esa solidaridad; en otras palabras, qué cantidad de dinero de los ciudadanos europeos llegará a los ciudadanos de las regiones devastadas sin terminar en los bolsillos de intermediarios, organizaciones paragubernamentales y contratistas.

En segundo lugar, necesitamos responder a algunas quejas recogidas en determinados periódicos de Oriente Próximo en el sentido de que la catástrofe estuvo supuestamente precedida de una prueba nuclear. No debemos permitir que se sugiera algo así, ni siquiera como una ridícula suposición. Pero primero tenemos que comprobar si se realizó alguna prueba nuclear.

En tercer lugar, tenemos que examinar en profundidad qué está ocurriendo en nuestro territorio. Aquí, la Comisión está recortando los fondos destinados a la investigación sísmica para desviarlos a la investigación espacial. Pero si ocurriera un maremoto similar en el Mediterráneo, el tsunami alcanzaría los Alpes e inundaría Grecia, Italia, Malta, Chipre, Francia, España y otros países. Por lo tanto, tenemos que considerar lo que podemos hacer en este terreno. La tragedia del sudeste asiático debe servirnos de lección. Como Hipócrates dijo hace 2 500 años, más vale prevenir que curar, algo que tiene mucho sentido. Ahora bien, no sé si tiene sentido que la Comisión esté recortando fondos para la investigación sísmica y destinándolos a la investigación espacial. Hagamos algo dentro de nuestro propio territorio antes de que tengamos también que lamentarlo.

(Aplausos)

 
  
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  Musumeci (UEN), en nombre del Grupo. – (IT) Señor Presidente, la enseñanza clave que debemos sacar de la catástrofe del océano Índico es la importancia y la urgencia de dotar a la Unión Europea de una protección civil.

Todo lo sucedido en los días pasados debe hacernos reflexionar seriamente: la Europa de 25 Estados miembros, la Europa de casi 500 millones de personas, la Europa de la moneda única, se quedó mirando atónita, consternada e impotente, mientras las poblaciones damnificadas pedían ayuda inmediata, práctica y efectiva.

¿Dónde estaba la protección civil europea de que se habla en el programa de acción instituido en 1999? ¿Qué efectos ha tenido el Observatorio europeo? ¿Dónde estaba el grupo de trabajo sobre protección civil creado en octubre de 2001 por el Consejo de la Unión Europea, precisamente para garantizar una intervención rápida incluso fuera de Europa? ¿Por qué durante la emergencia del tsunami la Comisión decidió dejar en casa a los 300 expertos del grupo de trabajo europeo después de haberlos adiestrado y preparado durante años?

Quizás no sea momento para polémicas, pero que al menos se tome nota , como pedimos desde hace tres años, de que Europa no necesita la coordinación y combinación de recursos, sino una Agencia de protección civil, un organismo autónomo, ágil y, por tanto, capaz de prevenir y actuar donde y cuando haga falta. Esto es lo que debería proponer el Parlamento, empezando por la resolución de mañana, si no queremos seguir fingiendo que no ha pasado nada ni creer que la solidaridad es solo una promesa vacía.

(Aplausos)

 
  
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  Presidente. – El debate se interrumpe para la votación y se reanudará a las 15.00 horas.

 
  
  

PRESIDENCIA DEL SR. BORRELL FONTELLES
Presidente

 
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