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Debates
Martes 5 de julio de 2005 - Estrasburgo Edición DO

6. Patentabilidad de las invenciones implementadas en ordenador
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  El Presidente. De conformidad con el orden del día, se procede al debate de la Recomendación para la segunda lectura, en nombre de la Comisión de Asuntos Jurídicos, sobre la Posición Común del Consejo con vistas a la adopción de la Directiva del Parlamento Europeo y del Consejo sobre la patentabilidad de invenciones implementadas en ordenador [11979/1/2004 – C6-0058/2005 – 2002/0047COD)] (ponente: Michel Rocard) (A6-0207/2005).

 
  
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  Michel Rocard (PSE), ponente. (FR) Señor Presidente, Señorías, hemos llegado al término de una larga y estupenda batalla parlamentaria. Tengo que recordar lo que está en juego, aunque cinco minutos es un tiempo absurdamente corto para un problema tan complejo.

Hay tres cosas en juego. El principio de la libre circulación de las ideas, el respeto de la competencia y el rechazo del efecto monopolístico asociado a la patente y, por último, la protección de los creadores individuales y de las pequeñas y medianas empresas frente a la potencia aplastante de algunas muy grandes empresas.

Todo el mundo aquí desea aclarar el Derecho y piensa que es necesaria una directiva. Nadie desea que todos los programas informáticos sean patentables. Por tanto, no debería haber ninguna dificultad, excepto por el hecho de que un fenómeno reciente, que no tiene más de veinte años, ha complicado las cosas.

Cuando nació la industria informática y se crearon los primeros programas, nadie pensaba en patentar. El Silicon Valley, señor Presidente, funcionó y se desarrolló durante veinte o treinta años sin patentes. Los programas estaban defendidos por derechos de autor, y con eso bastaba. Después, llegó de los Estados Unidos, que no tienen una ley al respecto, la idea de extender la patentabilidad a este ámbito. El punto de partida es la idea de que lo inmaterial no es técnica y que todo lo que conecta con el mundo material, emplea materia o energía o emplea herramientas es patentable. Lo que es patentable debe caracterizarse por su novedad, su actividad inventiva, su aplicabilidad industrial y su contribución técnica. Todo lo que es vehículo u órgano, que introduce datos en un programa que los procesa o que extrae el resultado de los cálculos del programa para pasarlo al mundo real a través de una pieza que se mueve o de una señal, todo eso es patentable, mientras que el programa en sí mismo no es patentable.

Después se incorporaron indisolublemente programas a invenciones en las que vehículos, programas y órganos estaban todos juntos y eran indisociables. Más adelante, aparecieron invenciones en las que solo el programa era nuevo, mientras que vehículos y órganos eran antiguos. Así hemos visto que algunos tribunales y oficinas nacionales de patentes, así como la Oficina Europea de Patentes, han cometido el error de calificar técnica cualquier cosa, con el siguiente resultado: 200 000 patentes de esta naturaleza o más en los Estados Unidos y 30 000 emitidas por la Oficina Europea de Patentes, a pesar del apartado 2 del artículo 52 de su Convenio de base, que estipula que los programas no son patentables.

Conocemos los abusos, pero hay que recordarlos: así se han patentado métodos pedagógicos, métodos comerciales y también guías quirúrgicas para cirujanos. En todos estos casos, la gratuidad del programa habría permitido que toda África, por ejemplo, se beneficiara de inmediato de ellos en la enseñanza o la medicina. Ahora bien, están patentados en los Estados Unidos, con la consecuencia de que son muy caros y están fuera del alcance del mundo moderno. Todos hemos condenado esos abusos, incluso la Oficina Europea de Patentes, pero su error supone que las líneas divisorias no estén claras.

Se les pide, señor Presidente, Señorías, un retorno a los principios y al Derecho. Sin embargo, algunos líderes de nuestra gran industria no nos han comprendido. Tienen miedo a quedar desprotegidos, lo que comprendemos a corto plazo, puesto que la desprotección modificará algunos equilibrios. ¿Qué hacen hoy las empresas más grandes? Intercambian entre sí carteras de patentes para desembarazarse de los inconvenientes que la patentabilidad representa para los que no pueden entrar en este juego, es decir, todos los que son más pequeños que ellas. En todos los presupuestos de investigación y desarrollo de estas empresas, los costes jurídicos no dejan de aumentar, hasta rebasar hoy un poco en todas partes el 20 %. Dos tercios de las patentes en uso en los territorios europeos son norteamericanas o asiáticas, pero no europeas. Por último, cuando Siemens, GEM PLUS o Alcatel venden divisiones de telefonía móvil, son esas divisiones, patentes incluidas, las que se van a Asia, lo que no deja ninguna oportunidad de desarrollo a Europa en esos ámbitos.

Pensamos, pues, señor Presidente, que, a largo plazo, la defensa de la industria europea pasa más por la libertad y el libre acceso, que por la patente. Además, ¡China forma a dos millones y medio de informáticos al año! ¿Cómo resistir esa batalla? Más valdría la libertad. Nuestros grandes industriales habrían debido comprenderlo, pero en vez de ello han buscado el ridículo, sin contar con que este debate ha dado lugar a algunos insultos. Por ejemplo, quien les habla es un «hombre de la Edad Media». Esto demuestra la debilidad de su posición. Nuestros amigos industriales deberían admitir que no porque se haya producido un error hay que adaptar los principios y el Derecho a dicho error.

Con respecto ahora al último problema, el Tratado TRIPS, o ADPIC, permite ambas posibilidades. O bien todos los programas son patentables, en cuyo caso no hay problema: todos entran dentro del Tratado ADPIC y de los paneles de la OMC, que no es lo que queremos. O bien ningún programa es patentable: dependen entonces de las leyes internacionales que rigen el copyright. Dependen también de los paneles de la OMC, pero con otras reglas. En este segundo caso, estamos también en regla con el Tratado ADPIC, pero sabiendo que la única cosa prohibida por este Tratado es la zona gris. Si existe una divergencia en cuanto a las razones por las cuales es patentable un determinado programa, entonces la línea divisoria ha dejado de ser efectiva y la situación en que «todo es patentable» es posible o al menos es admisible.

Señorías, se les propone aquí reconciliar los principios, el Derecho, la coherencia y la claridad pidiendo únicamente a nuestros grandes industriales un esfuerzo de adaptación, una adaptación que todo nos hace pensar que será mucho menos dolorosa de lo que ellos creen.

(Aplausos)

 
  
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  Joaquín Almunia, miembro de la Comisión. Señor Presidente, el Comisario McCreevy no ha podido asistir a esta sesión, por lo que yo representaré a la Comisión en este debate. Quiero empezar dando las gracias a Michel Rocard, ponente de este expediente complejo y técnico, por el arduo trabajo que le ha dedicado. Asimismo me gustaría dar las gracias a los ponentes alternativos, quienes han realizado una importante contribución a la labor del Parlamento sobre este tema.

Esta propuesta no es solo importante para las invenciones que se utilizan en un ordenador ordinario – un portátil, por ejemplo - sino que abarca numerosos bienes y dispositivos de consumo que cada día revisten más importancia en nuestra vida cotidiana, como los automóviles, las lavadoras, los teléfonos móviles, las cámaras, los reproductores de DVD, los televisores, las aspiradoras y equipos médicos, como los escáneres.

La propuesta de Directiva no pretende abolir las prácticas actuales de la Oficina Europea de Patentes ni extenderlas al registro de patentes de programas puramente informáticos, como afirman muchos de los que se oponen a las propuestas. De hecho, muchos han afirmado – sin razón – que la Directiva introduce por vez primera la noción de la patentabilidad de las invenciones de software en las prácticas sobre patentes de la UE. El texto de la propuesta excluye explícitamente las patentes de software puro, así como las patentes de métodos comerciales en sí mismos. Solo pueden patentarse las innovaciones técnicas incorporadas en un programa informático que cumplan los criterios de novedad, inventiva y aplicabilidad industrial exigidos para registrar una patente.

Para que las empresas europeas, incluyendo las pequeñas y medianas, puedan competir en el sector de la alta tecnología se requiere un marco legal que garantice la protección de las patentes en este ámbito. Las patentes pueden garantizar la rentabilidad de las inversiones en I+D, atraer capital de riesgo y generar poder de negociación. Se trata de un efecto secundario que incrementa la innovación.

La Comisión considera que la Posición Común introduce un marco legal previsible que fomenta y recompensa la innovación.

Se han presentado algunas enmiendas por las que se rechaza esta Posición Común. Me gustaría puntualizar que con ello solo aumentaría la inseguridad jurídica para estos inventos. La falta de armonización en este ámbito iría en detrimento de la competitividad de las empresas europeas y seguiría siendo un obstáculo para el buen funcionamiento del mercado interior.

Por ello, la Comisión sigue apoyando la línea que refleja la Posición Común. Podemos aceptar aquellas enmiendas que introducen clarificaciones técnicas o contextuales útiles, con pequeños ajustes o declaraciones de interpretación cuando estos sean necesarios, pero es necesario mantener el equilibrio en general de la propuesta.

La definición de contribución técnica que se recoge en la propuesta de Directiva procede de la jurisprudencia, y si bien podría formularse de modo más elegante, no podemos invertir su sentido. En cambio, parece más útil concentrarse en el ámbito de los objetos patentables que figura en el artículo 4, introduciendo las exclusiones con mayor claridad. Sin embargo, si se modifican, en contra de lo establecido en el Convenio europeo de patentes, tan solo se creará confusión. Además, los problemas en materia de interoperabilidad pueden resolverse permitiendo el acceso, en su caso, a las tecnologías necesarias y protegiendo, al mismo tiempo, los derechos legítimos de los inventores.

El informe elaborado por la Comisión de Asuntos Jurídicos mantiene en general el planteamiento equilibrado que presenta la propuesta de la Comisión. No obstante, habría que introducir algunos cambios para adaptar las definiciones y criterios a la legislación general en materia de patentes.

La Comisión puede aceptar la imposición de nuevas obligaciones en materia de notificación, incluyendo la creación de nuevos comités consultivos, siempre que el Parlamento tenga en cuenta las repercusiones económicas que esto conllevaría.

La Comisión no puede aceptar las modificaciones relativas al derecho de iniciativa de la Comisión ni a la relación con las instituciones extracomunitarias.

En las cuestiones clave de fondo, la Comisión se ha comprometido firmemente a promover la interoperabilidad con el fin de fomentar la innovación y la competencia, y a garantizar que la legislación comunitaria no constituya un obstáculo para los diversos modelos de desarrollo de programas informáticos – ya sean «exclusivos» o de «código abierto (dominio público)». De este modo mantiene una cierta flexibilidad en cuanto a la solución elegida para garantizar la interoperabilidad, siempre que se respeten nuestras obligaciones internacionales.

En cuanto al ámbito de patentabilidad, la Comisión puede aceptar una mayor clarificación de la Posición Común, pero no cambios importantes que se desvíen de la situación actual o de las soluciones que prevé la legislación general en materia de patentes. Quiero manifestar en este momento que consideramos que algunas enmiendas relacionadas con la contribución técnica y la actividad inventiva tienen problemas de redacción.

En relación con la reivindicación de programas informáticos instalados en un soporte, en los que dichos programas apliquen una invención patentada, la Comisión puede aceptar cualquier solución que se sitúe entre la Posición Común y la propuesta de la Comisión, incluso otras fórmulas para alcanzar el mismo objetivo, es decir, el respeto de las patentes válidas.

La Comisión ha tomado nota del gran número de enmiendas presentadas aparte del informe de la Comisión de Asuntos Jurídicos. Presentaré la posición general de la Comisión respecto a todas las enmiendas al final del debate de esta mañana.

 
  
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  Piia-Noora Kauppi, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (FI) Señor Presidente, Comisario, Señorías, es muy importante que en la votación de mañana se garantice que la Posición Común del Consejo que amplía el ámbito de aplicación para la patentabilidad de programas informáticos no pase por el Parlamento sin enmiendas.

Ha habido un número extraordinariamente grande de problemas con esta propuesta. La Comisión y el Consejo no han tenido en cuenta ninguna de las enmiendas de la propuesta de Directiva que una mayoría del Parlamento ha presentado en primera lectura. El ejemplo más patente se puede encontrar en el sitio web SCADPlus de la Comisión. Por citar directamente de este sitio: «la Posición Común del Consejo de mayo de 2004 no recogió ninguna enmienda significativa de las introducidas por el Parlamento». Por lo tanto, se ha prescindido del Parlamento con un encogimiento de hombros. Esta no es la manera correcta de proceder, ni aquí ni en este ni en ninguno de los asuntos relacionados con el procedimiento de codecisión.

Espero que una mayoría del Parlamento apoye las enmiendas razonables que se han hecho a la Posición Común del Consejo, y que hacen que los requisitos para la patentabilidad de los programas informáticos sean más estrictos de lo que son ahora. Es muy importante impedir la concesión de aquello que constituye pura y simplemente diseños de software y corporativos en Europa. Hasta cierto punto, la práctica actual en la Oficina Europea de Patentes se ha desviado demasiado hacia una zona gris, con patentes que se conceden con fundamentos poco sólidos.

El ámbito de aplicación para la patentabilidad de los programas informáticos en Europa no debería ampliarse más. Por otro lado, la mayoría de los productos tecnológicos de hoy en día que utilizan programas informáticos y patentes concedidos para un producto tecnológico no deben rechazarse simplemente porque los programas sean un componente del mismo. Sin embargo, también es importante garantizar que no se puedan utilizar patentes para dificultar la creación de software compatible. Es positivo que compartamos la opinión de la Comisión sobre este tema.

La Directiva tiene que respaldar la investigación innovadora europea y el desarrollo de productos en el sector del software. Esto supone que no deben erigirse barreras innecesarias al desarrollo de software de código fuente abierto, aunque teniendo en cuenta que las patentes son de suma importancia para muchas empresas europeas. La investigación académica, tanto aquí como en todo el mundo, ha demostrado sin embargo que la investigación y el desarrollo no dependen de las patentes ni de la geografía. Las empresas tienen que llevar a cabo el desarrollo de programas informáticos allí donde se disponga del mejor entorno para la innovación, independientemente del alcance de la protección de las patentes en una región geográfica. Nada indica que este software patentable tenga que fabricarse en Europa: se puede fabricar perfectamente bien en la India, en China o en cualquier otro lugar del mundo y, seguidamente, patentarse en otra parte.

El objetivo de la Directiva es armonizar la manera en que se registran las patentes de programas informáticos en la Oficina Europea de Patentes y en los Estados miembros, cuando estas se conceden. Por este motivo, estoy a favor de que la Directiva adquiera fuerza de ley. Los problemas comunes asociados a los sistemas de patentes, como la lentitud, el elevado coste, etc. no son relevantes en este debate, pero ahora es evidente que existe la necesidad de crear patentes comunitarias. Hay que crear rápidamente una patente comunitaria europea.

Creo que es probable que las enmiendas que el Parlamento apruebe mañana nos lleven a la conciliación. Quiero recordar a todos que si el Parlamento no está satisfecho con el resultado de la conciliación, siempre puede rechazar toda la propuesta incluso después de la conciliación. Bajo ningún concepto se debe permitir que se apruebe una mala directiva.

 
  
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  Maria Berger, en nombre del Grupo del PSE. – (DE) Señor Presidente, quiero empezar agradeciendo calurosamente no solo a nuestro ponente, el señor Rocard, sino también a la señora McCarthy, quien ha sido nuestra ponente en la fase de primera lectura, ya que ambos han realizado una excelente labor al guiarnos hasta donde estamos ahora en este proceso legislativo tan difícil.

Pude seguir los procedimientos desde el mismo principio, y nada de lo que ha ido sucediendo con relación a este proyecto de Directiva sobre las invenciones implementadas en ordenador pueden describirse como trabajo legislativo cotidiano a escala de la Unión Europea. Todos hemos experimentado el tipo de presión que puede considerarse o bien intolerable o bien democracia en acción, las protestas de personas que, al igual que nosotros, aseguran que desean ver más disposición a la innovación por parte de las empresas europeas. A pesar de esto, apenas nos hemos puesto de acuerdo sobre una formulación concreta.

Se nos acaba de confirmar nuevamente que la postura de la Comisión es extremadamente inflexible y que no todos sus miembros comparten la Posición Común del Consejo. Cuanto más tiempo y más esfuerzos dedicamos a esta cuestión, más claras se muestran dos reflexiones generales. La legislación tiene sus límites, y estoy segura de que con este proyecto nos hemos tropezado con ellos. O queremos crear definiciones y normas de aplicación claras e inequívocas, en cuyo caso se corre el peligro de que no lleguemos suficientemente lejos y, por lo tanto, no se deje espacio suficiente para futuros desarrollos, o dejamos espacio para la negociación y, de esta forma, la seguridad jurídica y la coherencia legislativa salen perdiendo. Normalmente, este tipo de conflictos se resolvería mediante un ordenamiento jurídico que funcionara y diera a todos, ya fueran grandes o pequeños, oportunidades más o menos justas de protección y control jurídicos. Cabe lamentar que, en Europa, no podamos darlo por descontado. Puede que lo que necesitemos, incluso con más urgencia que esta Directiva, sea un auténtico sistema de patentes europeo y un sistema de protección jurídica que funcione a escala europea y que permita el acceso por igual a todo el mundo, ya sean de pequeño o gran tamaño.

Esta noche mi Grupo fijará su posición final, y en cualquier caso puedo asegurarles que todos abogamos por defender las enmiendas que nuestro ponente, el señor Rocard, ha presentado.

 
  
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  Toine Manders, en nombre del Grupo ALDE. – (NL) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, quiero expresar mi gratitud a todos ustedes, en particular al señor Rocard y al señor McCarthy, quienes han obrado un pequeño milagro con esta Directiva; Directiva que ha causado tanta tensión y con respecto a la cual se pueden discernir una serie de corrientes que representan las diferentes opiniones de esta Cámara.

El objeto principal de esta Directiva es terminar con el goteo de patentes banales que han pasado por la Oficina Europea de Patentes de Múnich en los últimos años, incluido el software puro que, aparentemente, se puede patentar. He entendido, y todos estamos de acuerdo con ello, que el objetivo común de esta Directiva es que esto no sea posible. Por lo tanto, en principio, esta Directiva tiene por objeto mejorar y reforzar el artículo 52 del Convenio de Múnich.

Como abogado, busqué y leí el artículo pertinente. La legislación no podría expresarse más claramente que en el artículo 52 del Convenio de Múnich. Aunque este artículo está redactado en términos muy sencillos, por desgracia, se ha interpretado incorrectamente, o al menos de forma diferente, en cada uno de los Estados miembros, y el resultado ha sido una inseguridad jurídica enorme.

Es crucial que se ponga fin a las patentes banales, ya que tenemos que proteger y reforzar la innovación y la investigación, y con ello la competencia y el empleo dentro de Europa. Si no hay una compensación, nadie inventará nada y, por lo tanto, creo que hay que introducir un plan de compensaciones justo para los inventores, y que puedan proteger sus ideas, su propiedad intelectual. De lo contrario, mucho me temo que, después de la producción que requiere un número muy elevado de mano de obra que ya se está trasladando a China, un ingente número de departamentos de investigación y desarrollo seguirán el ejemplo, en particular las multinacionales, seguidas por las pequeñas y medianas empresas. Si esto sucede, creo que viviremos para lamentar que sea tan difícil legislar en Europa, que demostremos tener una falta grave de decisión y que no tengamos el valor de legislar lo que reforzaría nuestra competitividad a escala mundial. Creo que es lamentable para nuestros hijos, así como para las futuras generaciones, si no nos atrevemos a seguir adelante. Por lo tanto, espero que se redacte una directiva sólida, y parece que va a ser así.

¿Cuál es el mayor problema? El mayor problema es que esta Cámara, la Comisión y el Consejo no tienen un control democrático sobre la Oficina Europea de Patentes, y esto es lo que queremos conseguir. De ahí que los liberales hayamos presentado la enmienda 65, en la que pedimos que se rechace la totalidad de esta Directiva y pedimos a la Comisión que presente una patente comunitaria, para que esta Cámara pueda controlar a la Oficina Europea de Patentes, que de esta manera entrará dentro del ámbito de la normativa europea, y creo que dispondremos de instrumentos jurídicos y una organización jurídica. En ese momento podremos aplicar procedimientos jurídicos armonizados y arrojar luz sobre toda la cuestión, lo que beneficiará principalmente a las pequeñas y medianas empresas.

Por el momento, si una pequeña empresa quiere emprender acciones legales debido a una violación de patente, esto le va a costar millones, cosa que una pequeña empresa no puede asumir. Espero que como Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa lleguemos a una posición bien estudiada, pero también espero que se vote mañana en contra de la Directiva en su totalidad, de modo que la Comisión pueda presentar una propuesta sensata y bien fundamentada para una patente europea que se materialice en una Directiva como esta, para que podamos disfrutar de una Directiva armonizada y bien planteada.

 
  
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  Eva Lichtenberger, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (DE) Señor Presidente, Señorías, lo que decidimos hoy es si la innovación en el sector de las TI será posible y si las pequeñas y medianas empresas tendrán la libertad que necesitan para evolucionar. Sin excepción –quienes se oponen a las patentes tanto como sus defensores– afirman actualmente que esto es lo que quieren.

Nadie admite abiertamente que lo que quieren es patentar programas informáticos. La diferencia radica en las propias enmiendas, y en la serie de puertas traseras que hay que abrir para patentar programas informáticos. Lo que marca la diferencia es la existencia de una línea divisoria clara entre las invenciones técnicas, que, por descontado, continuarán estando protegidas por patentes, y los programas informáticos, que en todo caso ya están protegidos por derechos de autor. La cuestión es si optamos por diez o quince puertas traseras y la inseguridad jurídica que conlleva o por el desarrollo de la libertad de las pequeñas y medianas empresas.

Si hoy ustedes se deciden a favor de la Posición Común del Consejo, elegirán dejar la puerta abierta de par en par al negocio de las patentes en su conjunto, que controlará progresivamente el mercado europeo. De ser así, estarán votando a favor de que los programas informáticos queden inscritos en el acuerdo ADPIC, y a favor de que las ideas se conviertan en productos comerciales en un mercado en el que las pequeñas y medianas empresas no tendrán ninguna oportunidad de seguir el ritmo, ya que los costes del desarrollo de patentes y de su defensa ante los tribunales son demasiado altos. Resulta inaceptable exigir a todas las pequeñas y medianas empresas que busquen un agente de la propiedad industrial para defender sus propias innovaciones.

Si, no obstante, se pronuncian a favor de las 21 enmiendas, que ya cuentan con un amplio respaldo, estarán dando a las PYME innovadoras y creativas espacio para moverse, en otras palabras, espacio para evolucionar. Estas 21 enmiendas representan nuestro intento de corregir el error cometido por los Gobiernos, que es evidente que han tomado el barco equivocado y que han cedido a la presión de la industria.

No nos dejemos ilusionar por el hecho de que la industria desee la plena patentabilidad del software, como una buena fuente de ingresos adicionales con la cual llenar la caja registradora y, naturalmente, para expulsar a las pequeñas y medianas empresas, junto con la innovación, del mercado. Esto al menos es lo que se desprende con claridad de los anuncios recogidos en European Voice y en todas partes por compañías como SAP y afines. Échenles un vistazo, y se darán cuenta de a qué equivale realmente la Posición Común del Consejo.

Las 21 enmiendas contribuirán a la realización de un mercado libre, con compañías compitiendo en el mercado y no en los tribunales, y por lo tanto, les pido que den su apoyo a estas 21 enmiendas, que necesitamos con urgencia, si queremos que la innovación siga desarrollándose.

 
  
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  Ilda Figueiredo, en nombre del Grupo GUE/NGL.(PT) Señor Presidente, Señorías, este debate es, en verdad, de suma importancia, ya que las hay muchas cosas en juego. La libertad intelectual, la innovación tecnológica y la competitividad económica de Europa corren peligro, tal como han señalado los científicos, los profesores, la comunidad estudiantil, una serie de organizaciones y las pequeñas y medianas empresas.

La Posición Común adoptada por el Consejo el 7 de marzo de este año es tan inaceptable como la propuesta de Directiva presentada el 20 de febrero de 2002. El Parlamento se pronunció al respecto el 24 de septiembre de 2004 y, sin embargo, el Consejo no ha tenido para nada en cuenta su opinión, y esto es inaceptable.

Tal como dijimos en ese momento, es erróneo conceder patentes a las ideas, al conocimiento y quién sabe si a la propia vida. Por consiguiente, tal como propusimos en ese momento con respecto a la propuesta de Directiva sobre la patentabilidad de las invenciones implementadas en ordenador, recomendamos que se rechace la Posición Común del Consejo. Este es el modo de proceder más adecuado en este momento, y el único que impedirá que la innovación y el conocimiento sigan por un camino muy peligroso.

Como bien sabemos, el sistema actual de derechos de autor ya proporciona una protección considerable a los autores de programas informáticos, dándoles el control sobre el uso que se hace de su trabajo. Sin embargo, es inadmisible que se ponga en peligro la posibilidad de que cualquier persona se siente ante un ordenador y escriba el programa que desee, o que una empresa pueda desarrollar programas específicos para sus necesidades.

Concentrar el derecho de crear programas informáticos en manos de unos pocos dará lugar a restricciones peligrosas. Tal como hemos visto, los programas informáticos han contribuido al desarrollo de economías y han hecho posible automatizar y simplificar muchas tareas a un coste relativamente bajo. En un marco jurídico en el que los programas informáticos dependan de patentes, esto no será posible.

Una empresa o una persona en casa estará obligada a contratar un equipo de abogados especialistas antes de diseñar nuevos programas informáticos para comprobar si la idea puede vulnerar una patente. Por lo tanto, es un terreno muy peligroso. A diferencia de las patentes normales, que protegen una invención, las patentes de programas informáticos fomentan en realidad el uso indebido de ideas. Dicho de otro modo, las patentes de programas equivalen a un ataque a la libertad intelectual y a la capacidad de la industria europea para crear y desarrollar nuevas ideas.

Todo se reduce a que las patentes de programas son simplemente mecanismos jurídicos para concentrar el desarrollo de conocimientos y la capacidad de innovación en manos de grandes corporaciones multinacionales como Microsoft y otras. Los particulares y las pequeñas y medianas empresas no dispondrán de los medios para competir en la sala de un tribunal con grandes compañías sobre una idea abstracta.

Por lo tanto, es crucial que rechacemos esta posición del Consejo. Por nuestra parte, consideramos que no es necesario tener una directiva en este ámbito pero que, si debe existir, por lo menos hay que garantizar la posibilidad de creación e innovación, la libertad intelectual, y esperamos que se aprueben las propuestas de enmienda que suscribimos.

 
  
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  Thomas Wise, en nombre del Grupo IND/DEM. (EN) Señor Presidente, las empresas de informática poseen uno de los espíritus más independientes del mundo. Sé cómo se sienten ante la posibilidad de que se apruebe esta Directiva. Ellos, al igual que muchos otros, rechazan las restricciones monolíticas. Y saben que la UE es uno de esos monolitos. Esta Directiva es un ejemplo típico de las medidas monolíticas que rechazan.

En las últimas semanas he trabajado mucho para ayudar a las PYME informáticas a oponerse a esta Directiva. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que las enmiendas que propone el ponente no cambian el problema fundamental. Lo que intenta el señor Rocard es eliminar del ámbito de aplicación de esta Directiva los rasgos no técnicos de las invenciones implementadas en ordenador. Y aunque resulta loable, no intenta detener la Directiva como tal, sino que de hecho la apoya. De este modo, podríamos decir que las pequeñas empresas informáticas están entre la espada de Rocard y la pared.

El señor Rocard llega a decir en su exposición de motivos que apoya en principio la posición del Consejo. Sus enmiendas no se oponen a la armonización, sino que la apoyan explícitamente. Una de ellas incluso señala que los Estados miembros por sí mismos no pueden alcanzar el objetivo de la Directiva, a saber, la armonización de las normas nacionales en materia de patentabilidad de las invenciones implementadas en ordenador. Desgraciadamente, el señor Rocard es una de esas personas, tan típicas de la UE, que creen que la Oficina Europea de Patentes es una especie de filial de la UE, cuando en realidad también incluye a países extracomunitarios.

Rechazo esta Directiva en su totalidad. Y por eso votaré en contra de ella y de la versión del señor Rocard. Siempre he dicho que si la UE es la respuesta, la pregunta debió de ser muy tonta. Y ahora esto ha quedado muy patente.

 
  
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  Brian Crowley, en nombre del Grupo UEN. (EN) Señor Presidente, antes que nada me gustaría rendir mi homenaje personal al ponente, el señor Rocard, quien ha tenido que hacer frente a la difícil tarea de encontrar compromisos y acuerdos sobre esta cuestión. Sin embargo, me entristece tener que decir que he escuchado en numerosas ocasiones el debate sobre esta cuestión, tanto en la comisión parlamentaria como aquí en el Pleno, y me parece que estamos totalmente desconectados de la realidad que tiene lugar fuera de estos muros.

La innovación es la clave, el motor que propulsará nuestras economías. Cuando algunos hablan de garantizar que otras personas puedan utilizar patentes de programas informáticos, parece como si creyeran que cualquier persona pudiera concebir estas ideas por sí misma y no necesitara protección o principios para estas ideas. Sin embargo, lo que proponen los autores de algunas de las enmiendas y los grupos de presión es simplemente la ausencia de toda regulación, la inexistencia de protección dentro de la Unión Europea, pero ¿que conseguiríamos con ello? Que las empresas norteamericanas, japonesas y de otros países patenten las ideas concebidas por los programadores informáticos europeos, por los innovadores europeos, y que esos innovadores europeos se vean obligados a recomprarlas.

Las patentes no son una espada, son un escudo. Existen para defender ideas. Debemos asegurar que las normativas que adoptemos garanticen esa protección y esos derechos a los innovadores. Algunas de las intervenciones pronunciadas hoy en esta Cámara y una parte del material de los grupos de presión que he recibido durante las últimas semanas sobre este tema hablan de la protección de las pequeñas y medianas empresas. Les voy a dar un ejemplo: el innovador sector informático de Irlanda da empleo a 100 000 personas, de las cuales 62 000 trabajan en pequeñas y medianas empresas. Estas empresas apoyan plenamente la Posición Común en este aspecto, y por ello invitamos a todos los diputados y diputadas a que piensen con su corazón, pero sobre todo con su cabeza acerca de la protección que desearían en caso de tener ideas.

No estamos hablando de armonización, sino del reconocimiento mutuo de las 25 normativas divergentes y distintas de los Estados miembros para que se pueda garantizar a las pequeñas empresas, a los pequeños innovadores, seguridad jurídica y financiera para la protección de sus ideas y su promoción.

 
  
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  Bruno Gollnisch (NI). (FR) Señor Presidente, ¿son patentables los programas informáticos? Para los gigantes de las tecnologías de la información, como las empresas estadounidenses IBM y Microsoft, no cabe ninguna duda. Para la mayoría de las PYME innovadoras, pero también los profesionales asociados a la industria de los programas informáticos, como programadores, investigadores y desarrolladores independientes, la patentabilidad de los programas significaría sin duda una muerte anunciada. Este pesado expediente va y viene entre el Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros desde hace más de dos años. El resultado de esta maratón parlamentaria podría conducir a la aprobación de una Directiva Bolkestein –una más– sobre la patentabilidad de los programas informáticos.

La Oficina Europea de Patentes, en contradicción con la letra y el espíritu de la ley, ha concedido más de 30 000 patentes de proyectos de cálculos matemáticos o métodos de tratamiento o visualización de datos. A menudo, estas patentes son tan amplias, triviales y perjudiciales como sus equivalentes en los Estados Unidos. Pienso que hay que rechazar la patentabilidad de los programas informáticos por múltiples razones, la primera de las cuales es que la informática emplea lenguajes y que no se pueden patentar las palabras de una lengua, lo que impediría a los demás utilizarla libremente. Se protege la combinación específica de esas palabras y esa protección se ejerce a través de los derechos de autor, al igual que la protección de los derechos de autor se ejerce en música sobre una partitura y no sobre las notas musicales. Por lo demás, es exactamente el principio que plantea el Convenio de Múnich.

¿Por qué revisar esta parte del Derecho establecido? ¿Por qué suprimir los derechos de autor? Esta supresión impediría escribir nuevos programas. ¿Cómo pensar en vivir en un país en el que se autorizase a una empresa a poseer la exclusividad sobre la presentación de un documento con negrillas en el título y subtítulos en cursiva, la barra de progresión, el empleo del doble clic o la cesta de la compra electrónica, cosas que ya han sido patentadas en los Estados Unidos? Debemos denegar a la Comisión y al Consejo la licencia para matar la innovación de los pequeños creadores programas informáticos.

 
  
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  Klaus-Heiner Lehne (PPE-DE).(DE) Señor Presidente, Señorías, aunque estoy muy agradecido al ponente y a los ponentes alternativos, me gustaría dar las gracias especialmente a la ponente alternativa de nuestro Grupo, la señora Kauppi, quien se ha esforzado en lo posible, espléndidamente, por forjar compromisos sensatos y alcanzar una solución sólida, demostrando así un extraordinario grado de capacidad. La labor que ha realizado en este tema hace que tenga muy buena opinión de ella.

Permítanme que una vez más explique en detalle algo que se puso de manifiesto en el debate de la Comisión de Asuntos Jurídicos: nadie, o sea, ningún Grupo político, quiere patentes de programas informáticos, si bien no puedo excluir la posibilidad de que haya quienes personalmente sí las deseen. En todo caso, eso no es de lo que trata esta Directiva; en realidad, con ella se pretendía impedir que se desarrollara una legislación en Europa de la forma en que se ha hecho en los Estados Unidos. Este es su propósito, un propósito que cumple la Posición Común.

A finales de mayo recibimos un documento con la posición de la Cámara de Comercio e Industria de Múnich y de Alta Baviera. Más bien como la situación irlandesa que el señor Crowley ha descrito antes, la mayor concentración de pequeñas y medianas empresas que desarrollan programas informáticos en Alemania se encuentra en esta zona alrededor de Múnich. Organizaron una audiencia, cuyo resultado no dejó lugar a dudas sobre su convicción de que la Posición Común – aunque sea mejorable, por supuesto– cumple las condiciones establecidas y resuelve los problemas.

En la Comisión de Asuntos Jurídicos hemos introducido toda una serie de mejoras vitales en el informe Rocard mediante 39 enmiendas, aclarando más algunos puntos, por ejemplo conceptos como la «interoperabilidad» y la «definición técnica», y creando alternativas. Por lo tanto, lo que la Comisión de Asuntos Jurídicos ha elaborado es un informe que se caracteriza por la moderación y por su capacidad de solucionar todos los problemas que quedan todavía por resolver. Las enmiendas del señor Rocard, y las que han presentado los demás Grupos de esta Cámara van más allá de lo que se pretende.

Hace algunos meses nos sentamos juntos aquí y renovamos nuestro compromiso con el proceso de Lisboa, cuyo núcleo central –entre otras cosas– es la consecución de una sociedad basada en el conocimiento en Europa. Al no disponer de materias primas, tenemos que confiar en nuestros cerebros, nuestros conocimientos y las habilidades de nuestros ciudadanos. Si tuviéramos que permitir una situación, creada por demasiadas enmiendas, en la que la mayor parte de la alta tecnología de Europa no se pudiera ya patentar, pondríamos en peligro los medios necesarios para que las generaciones futuras en este continente se ganen la vida y, por lo tanto, esta posición es indefendible y la inmensa mayoría de mi Grupo no va a aceptarla.

Voy a comentar otro punto, que tiene gran importancia, y es la cuestión de lo que algunos llaman propuestas de rechazo de la Posición Común. Se trata de una opción que nuestro Grupo tiene que considerar, esta noche, y hay dos factores por los que merece la pena que así lo hagamos. El primero es que no ganamos nada si, como consecuencia de las enmiendas de la Comisión de Asuntos Jurídicos, tenemos que soportar un largo procedimiento de conciliación, solo para ver cómo la Directiva sale derrotada en tercera lectura por mayoría simple. El segundo es que no queremos acabar teniendo una Directiva tan distorsionada por las enmiendas del Parlamento que acabe siendo perjudicial para el proceso de Lisboa y para la propia Europa. Si esto es lo que va a suceder, más bien preferimos no tener ninguna directiva en absoluto. Por lo tanto, nuestro Grupo tomará una decisión sobre esta cuestión esta noche.

 
  
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  Andrzej Jan Szejna (PSE). – (PL) Señor Presidente, la introducción de patentes para programas informáticos no solo perjudicará a las pequeñas y medianas empresas europeas, a la investigación científica y al sector de las TI en su conjunto. Sobre todo perjudicará al ciudadano medio, que tiene un ordenador en su escritorio y que ya paga un mucho dinero por un software caro y protegido.

Evaluaciones realizadas por expertos independientes han demostrado que la Posición Común del Consejo permitirá patentar programas informáticos. Sin embargo, se puede decir que el texto que el Parlamento recibió hace dos años saca a hurtadillas esta posibilidad por la puerta de atrás.

La Comisión de Asuntos Jurídicos ha aprobado enmiendas que no garantizan que se alcance un compromiso adecuado, y que no hacen nada por eliminar los puntos más importantes de controversia y que ponen en tela de juicio, en especial con respecto a la cuestión más apremiante, la definición de lo que es susceptible de ser protegido por una patente. Harán muy poca cosa por ayudarnos a distanciarnos de las prácticas ultraliberales que se utilizan actualmente en la Oficina Europea de Patentes al evaluar las solicitudes que implican el uso de programas informáticos. Prescinden de las disposiciones útiles del proyecto de Recomendación en segunda lectura de 29 de abril y de 4 de mayo de 2005, lo que hubiera contribuido a hacer una clara distinción entre lo que es y lo que no es una invención.

Se corre el riesgo de que la Directiva no tenga un efecto armonizador, puesto que no solo no aclara las cuestiones más controvertidas, sino que incluso refuerza las dudas existentes. También se puede interpretar como prueba de la práctica ultraliberal de considerar que las soluciones que implican el uso de programas informáticos son invenciones, con arreglo a los apartados (2) y (3) del artículo 52 del Convenio sobre la Patente Europea firmado en Múnich.

Es nuestra obligación votar siguiendo la línea de la primera lectura y de las ideas expuestas por Michel Rocard y apoyar las decisiones tomadas por nuestros colegas en la legislatura anterior. Tenemos que hacerlo así no solo para garantizar que su trabajo no acabará en el cubo de la basura, sino también, y principalmente, para proteger el mercado libre de los programas informáticos, para proteger a las pequeñas y medianas empresas y para impulsar el desarrollo de la innovación. Al mismo tiempo, no debemos olvidar que hay que garantizar una protección adecuada de la propiedad intelectual dentro del mercado común.

 
  
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  Sharon Margaret Bowles (ALDE). (EN) Señor Presidente, la limitaciones territoriales de las infracciones constituyen el motivo por el que la Oficina Europea de Patentes permitió la presentación y registro de solicitudes de patentes. El nuevo planteamiento que figura en mi enmienda 66 elimina la reivindicación de programas informáticos y, por ende, los problemas que plantean, pero extiende las disposiciones en materia de infracción que ya se aplican en la mayoría de los Estados miembros a las importaciones procedentes de China, Rusia y otros países. Esta propuesta, junto con las propuestas de supervisión de la Oficina Europea de Patentes, encaja mejor en el marco de la patente comunitaria y su administración, que es el ámbito al que corresponde toda esta cuestión.

Señor Rocard, sus enmiendas se centran en poca cosa más que los programas de los ordenadores personales, y no en la amplia gama de importantes tecnologías que dependen de las invenciones implementadas en ordenador. Casi en todos los sectores tecnológicos se emplean aparatos programables. La lista es infinita, pues va desde el control de la fermentación para el cultivo de antibióticos hasta la aeronáutica o las telecomunicaciones. Los dispositivos programables se encuentran en todas partes, en casi cualquier cosa que se enchufe o se encienda, y sus enmiendas abarcan aparatos y métodos, no solo programas. Sus simplistas exclusiones del procesado de datos excluyen el procesado de señales y la tecnología digital. Información es un término que se utiliza desde los inicios de la radio para distinguir las señales del ruido. Las ciencias naturales aplicadas excluyen la ingeniería. La expresión «fuerzas controlables de la naturaleza» representa una pesadilla jurídica para muchos Estados miembros. En su conjunto, su terminología elimina la patentabilidad de ámbitos muy extensos de la tecnología, y no solo de la programación.

Si deseaba formular una serie de enmiendas para paralizar y dispersar a la industria europea, tanto grandes como pequeñas empresas, no podía haber concebido nada más malicioso. Lo siento mucho, pero sus torpes enmiendas no están a la altura del mundo real de la tecnología industrial.

 
  
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  David Hammerstein Mintz (Verts/ALE).(ES) Señor Presidente, esta engañosa y ambigua Directiva es el sueño de los abogados de patentes y, al mismo tiempo, la pesadilla de las pequeñas empresas de software, de los consumidores y de la libertad de expresión en la red. Porque estamos ante una Directiva rechazada por más del 90 % de las pequeñas empresas de software del continente. Estamos ante una Directiva de monopolio —realmente de monopolio— ya que es una Directiva antiliberal.

Es una Directiva que potencia un mundo propio de los Rockefeller y Morgan de principios del siglo pasado. Es un mundo que no beneficia a las pequeñas empresas europeas, cuyo número está incrementándose, muchas veces en las zonas menos desarrolladas de Europa, como, por ejemplo, en Extremadura, en España, donde están desarrollándose centenares y centenares de nuevas empresas de software. Estas empresas están amenazadas, como también lo están las que se desarrollan en Polonia y en todos los países de la ampliación.

Aquí se han dicho muchas mentiras. Se ha dicho que estamos en contra de patentes sobre software técnico: no es verdad. Estamos a favor, obviamente, cuando se trata del mundo físico, las fuerzas de la naturaleza: una lavadora, un coche... ¡nadie está en contra de estas patentes! Pero sí que estamos en contra, obviamente, de unas patentes que amenazan realmente el flujo de información e innovación. Se han dicho muchas cosas sobre innovación. Se ha confundido patentar libremente de forma ilimitada con la innovación, dos cosas que nada tienen que ver.

Lo que estamos defendiendo es el derecho a desarrollar el software, desarrollar la industria. Y esta Directiva va a poner cortapisas y muchas trabas a la innovación real sobre el suelo de este continente que se llama Europa.

Creo que merecemos un mundo de software, un mundo de empresa, un mundo para los consumidores, que esté abierto a la innovación real.

 
  
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  Umberto Guidoni (GUE/NGL). (IT) Señor Presidente, Señorías, aunque en la Posición Común se afirma que existe un deseo de excluir la patentabilidad de los programas informáticos como tales, de hecho se están creando las condiciones para patentar en el futuro algoritmos de programas informáticos.

A diferencia de los derechos de autor, que protegen todo el programa, las patentes de programas informáticos permitirían un monopolio en el uso de instrucciones generales. Al patentar dichos algoritmos en un programa complejo que es simplemente una combinación de miles de instrucciones, podrían violarse de modo simultáneo cientos de patentes. Por ejemplo, se dice que Linux, que se utiliza actualmente en varios programas, incluidos los utilizados por Gobiernos, viola 283 patentes de los Estados Unidos. Por lo tanto, la introducción de normas de patentes podría significar el final del software gratuito y de código abierto, al menos en Europa.

Si se aprobara la patentabilidad de los programas informáticos, como tanto desean las multinacionales de los Estados Unidos y los países europeos que se benefician del monopolio de los Estados Unidos, se produciría un traslado de los costes del sector de la tecnología y la innovación al sector jurídico y de seguros. Todo eso contribuiría a la exclusión de las pequeñas y medianas empresas del proceso de desarrollo de programas informáticos debido a los costes y a las complejidades jurídicas. Con todo, habría menos competencia y menos innovación, y los consumidores europeos tendrían que hacer frente a un aumento de gastos y a unas posibilidades de elección más limitadas.

La Estrategia de Lisboa sobre el modelo económico europeo combina innovaciones tecnológicas, competitividad y solidaridad. No obstante, la posición del Consejo está reñida con esto. La directiva sobre la patentabilidad de los programas informáticos ataca el derecho a la libre transferencia de conocimientos y cuestiona el objetivo de una sociedad de la información accesible para todos.

Por esa razón, la batalla contra la patentabilidad de los programas informáticos que está teniendo lugar en esta Cámara se ha convertido en una batalla por la libertad y la democracia.

 
  
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  Johannes Blokland (IND/DEM).(NL) Señor Presidente, la razón por la que tenemos que considerar una propuesta sobre patentes para innovaciones relacionadas con los programas informáticos es que la práctica actual deja mucho que desear. Opiniones diferentes sobre si los programas se pueden o no se pueden patentar hacen que el marco jurídico sea ambiguo y, por lo tanto, la forma lógica de avanzar parece ser la de introducir nuevos instrumentos legislativos en este ámbito. La cuestión sigue siendo si la Posición Común ofrece una solución equilibrada que sea apropiada tanto para las empresas pequeñas como grandes. Es de lamentar que incluso los expertos no hayan podido establecer si la Directiva promoverá la innovación en las pequeñas y medianas empresas, o si pondrá obstáculos en su camino y dificultará la innovación. Ha sido imposible disipar el temor ante consecuencias no deseadas entre las pequeñas empresas, para las que los tres siguientes aspectos son de suma importancia:

El primero es la accesibilidad de las solicitudes de patentes. Los costes que conlleva la obtención de una patente son prohibitivos, y la Directiva no ofrece ninguna solución. El segundo aspecto es en qué medida las PYME pueden protegerse una vez tienen una patente. ¿Les es posible, desde el punto de vista práctico, controlar constantemente si otra compañía la está vulnerando? Asimismo, no disponen del personal ni de los recursos financieros necesarios para hacer frente a las acusaciones de usurpación de patentes de otras compañías. La Directiva en esta forma conlleva el riesgo de un nivel considerable de litigios relativos a las innovaciones relacionadas con programas informáticos. El tercero es el problema de las elevadas tasas para la obtención de los derechos de licencia cuando las pequeñas compañías usan programas elaborados por titulares de patentes. Por otra parte, no está claro cuál será el impacto de la Directiva sobre el uso y desarrollo de software libre.

Aunque esta Cámara ha presentado enmiendas en un intento de abordar los aspectos que nos preocupan, estas no han encontrado mucho eco en el Consejo. Como la Posición Común en su estado actual no es convincente y el Consejo parece no estar dispuesto a cambiar de enfoque otra vez, hay que rechazar dicha Posición Común.

 
  
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  Roberta Angelilli (UEN).(IT) Señor Presidente, Señorías, la innovación y la investigación tienen que ser un patrimonio compartido, y no un privilegio para unos pocos.

Por eso, hay que hacer constar de forma enérgica que debe impedirse la patentabilidad de los programas informáticos como tales. Es importante señalar este principio, para obtener una directiva que represente un término medio legítimo entre las patentes incontroladas, que corren el riesgo de paralizar la innovación y la competencia, y la necesidad de garantizar adecuadamente aquellas que, mediante sus propias invenciones, pueden aportar un valor añadido real en el mercado.

Además, pedimos que las solicitudes de patentes se evalúen con la máxima atención, teniendo en cuenta su carácter innovador, su originalidad y su aplicabilidad industrial. Este es el único modo de impedir una extensión excesiva de los derechos de patentes que perjudique a las pequeñas y medianas empresas, y por consiguiente, la proliferación de disputas respecto a patentes, como viene ocurriendo desde hace 15 años en los Estados Unidos.

Para concluir, consideramos positiva la creación de un fondo que ofrezca apoyo financiero, técnico y administrativo a las PYME que avanzan hacia el ámbito de las patentes. En particular, creemos que es crucial elaborar un régimen europeo de patentes adecuado, encaminado a garantizar un acceso equitativo para las pequeñas y medianas empresas.

 
  
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  Luca Romagnoli (NI).(IT) Señor Presidente, Señorías, en el espacio de unos años, el continuo florecimiento de ideas en el sector de la tecnología de la información ha permitido reducir las diferencias en tecnología e información.

Las patentes de programas informáticos reprimen la libre invención –que hasta ahora ha sido posible incluso sin mucho capital– para proteger el monopolio del uso de técnicas genéricas, fruto del absolutismo mercantil que es extremadamente peligroso en términos políticos.

Es un grave obstáculo a la libertad de ideas y su reinterpretación, que únicamente sirve para hacer que las empresas y administraciones gubernamentales dependan del grupo de presión Microsoft y del reducido número de multinacionales no europeas.

Las patentes representan un peligro para el desarrollo de software de código abierto y una amenaza para todas las empresas de información y comunicación italianas y europeas –que son en su mayoría pequeñas y medianas empresas o incluso microempresas–, al igual que una amenaza económica para la diversificación de los sistemas de información gubernamentales.

Para defender la libertad de la investigación científica, el derecho a la transferencia de cultura y conocimientos, por no decir la protección de los derechos fundamentales de los individuos, tenemos que salvar a Europa de las patentes de programas informáticos oponiéndonos a la directiva europea que propone introducirlas y apoyando las enmiendas presentadas por el señor Buzek, el señor Rocard y el señor Duff.

 
  
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  Giuseppe Gargani (PPE-DE). (IT) Señor Presidente, Señorías, como presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos, siento una necesidad especial de felicitar al señor Rocard, a la señora Kauppi y al señor Lehne por el trabajo que han realizado, al igual que a quienes se han dedicado a estas negociaciones tan difíciles.

Tengo que decir que la Comisión de Asuntos Jurídicos ha logrado un equilibrio aceptable en consonancia con las posibilidades culturales y el debate que ha tenido lugar hasta ahora en esta Cámara y en otros foros. Naturalmente, es mi deber mantener este equilibrio, porque es un producto de este Parlamento.

Como todos aquellos que siguen de cerca la cuestión, yo también considero útil disponer de una directiva de armonización sobre la patentabilidad de las invenciones implementadas en ordenador, cuyo objetivo es eliminar las imprecisiones e incertidumbres producidas por la adopción de varias prácticas interpretativas por parte de las oficinas de patentes de los Estados miembros y establecer de forma precisa el ámbito de dicha protección.

No obstante, también hay que tener en cuenta que la adopción de la directiva de patentes únicamente puede alentar el proceso de innovación tecnológica si se resuelven dos factores fundamentales. En primer lugar, ha de eliminarse la ambigüedad en torno al concepto de contribución técnica, puesto que frustraría la eficacia de la directiva como medio de armonizar los procedimientos para la emisión de patentes. En segundo lugar, hay que adoptar una disposición precisa e incisiva sobre la cuestión de la interoperabilidad que impida el desarrollo de soluciones normalizadas en el ámbito de la TIC.

El objetivo de la armonización no puede lograrse sin entrar en conflicto con los principios en los que se basa el régimen actual de patentes, que con los años ha demostrado ser un instrumento adecuado y un incentivo eficaz para el mundo de la industria, para empresas pequeñas y grandes. No hay más que pensar en la convergencia cada vez más frecuente de la tecnología de la información y las telecomunicaciones, que permite a las empresas suministrar y utilizar paquetes de programas informáticos integrados y servicios implementados en ordenador. Para permitir el desarrollo adecuado de estos nuevos paquetes, debemos asegurarnos de que pueda combinarse la protección de los derechos de autor con la protección de las patentes para las invenciones implementadas en ordenador, sin que sean patentables los programas informáticos.

Especialmente en estos tiempos difíciles, Europa tiene que abordar la cuestión de la competitividad. Las patentes tienen que ayudar a la economía europea y a los ciudadanos europeos. Si la directiva no fuera clara, funcionaría en ventaja de las empresas no europeas, y fracasaríamos en nuestro trabajo y en nuestro deber respecto a la Estrategia de Lisboa, al nuevo proyecto social sobre el que se tanto se habla y al desarrollo.

Como ya he dicho, la Comisión ha realizado un trabajo valioso, porque ha sido capaz de ir más allá de la Posición Común. La tarea de perfeccionar el texto, señalando los puntos poco claros, es ahora responsabilidad del Parlamento. Si eso no ocurre, la Comisión será responsable de una propuesta no sectorial, casi imposible de especificar, en lugar de una propuesta exhaustiva sobre las patentes en general que pueda satisfacer a pequeñas y grandes empresas.

Quisiera plantear esta petición conjuntamente al Parlamento y a la Comisión.

 
  
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  Manuel Medina Ortega (PSE).(ES) Señor Presidente, el orador que me ha precedido, el señor Gargani, ha manifestado su preocupación por el equilibrio en la posición que adoptemos con respecto a esta propuesta de directiva. Yo creo que, precisamente, el ponente, señor Rocard, y la señora Berger, en su enmienda 53, han puesto de relieve cuáles deben ser los objetivos de este equilibrio, al decir que «hay que definir cuidadosamente las condiciones para la concesión de patentes y las modalidades para hacerlas respetar, en particular con el fin de mantener dentro de límites razonables las consecuencias inevitables del sistemas de patentes, tales como la restricción de la libertad creadora, la inseguridad jurídica y los efectos contrarios a la competitividad».

En las enmiendas presentadas por el señor Rocard y la señora Berger, se trata de mantener ese equilibrio, en primer lugar, con respecto a lo que es, precisamente, la invención aplicada por ordenador: aquí no estamos discutiendo las invenciones de ordenador. Las invenciones de ordenador —los programas de ordenador— ya están protegidas por una Directiva comunitaria de 1991, que estableció el derecho de propiedad intelectual o, si se quiere, los derechos de autor. Y esa Directiva está vigente.

De lo que estamos hablando aquí es de otra cosa completamente diferente: de las invenciones que se aplican o son asistidas, como se dice en algunas de las enmiendas, por ordenador, es decir, de aparatos que utilizan programas de ordenador. Hay que tener un cuidado enorme para no mezclar una cosa con la otra e impedir, así, el ejercicio o el desarrollo de la creación a través de ordenador.

Concretamente, resulta muy importante la enmienda 50, presentada por el señor Rocard y la señora Berger, para mantener el derecho a la interoperabilidad de los programas de ordenador. El hecho de que pueda existir una patente sobre algún aspecto del programa de ordenador no debe impedir la libre creación o la utilización de programas de ordenador para continuar el desarrollo. Esa cláusula de interoperabilidad, que se defiende en la enmienda 50, también se defiende en un texto, ligeramente diferente —la enmienda 68—, de las señoras Mann, McCarthy y Roth-Behrendt.

En definitiva, hay que evitar en todo caso que se pueda considerar una vulneración de patente el desarrollo, la experimentación, la fabricación, la venta, la cesión de licencias y la importación de programas que hagan uso de una técnica patentada para conseguir la interoperabilidad. En resumen, las enmiendas presentadas por el señor Rocard y la señora Berger van dirigidas a mantener la posibilidad de creación en este ámbito y a que, a ser posible, proyectos, como, por ejemplo, el proyecto LinEx, desarrollado por la Junta de Extremadura, en España, puedan seguir adelante en beneficio de la innovación creadora en el ámbito de la Unión Europea.

 
  
  

PRESIDENCIA DEL SR. SARYUSZ-WOLSKI
Vicepresidente

 
  
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  Vittorio Prodi (ALDE). (IT) Señor Presidente, Señorías, las patentes constituyen un factor importante del progreso tecnológico. No obstante, es necesario recordar el significado original del pacto entre el inventor y la sociedad, según el cual el inventor tiene un monopolio temporal para explotar la invención, mientras que la sociedad se beneficia del aumento de conocimientos derivado de la completa revelación del contenido de la patente, sentando así la base del ulterior progreso.

Me parece conveniente analizar cómo se presentan algunas patentes. Tengo la impresión de que estamos siendo testigos de una tendencia creciente hacia las patentes genéricas, precisamente para que las reivindicaciones sean lo más amplias posible. Me parece que los bufetes de abogados han salido ganando y que el perdedor de este juego es la sociedad en su conjunto. Hay que hacer hincapié en esto con respecto a los programas informáticos. En realidad, gran número de patentes concedidas no son más que una vaga descripción de un proceso lógico.

En cuanto a los programas informáticos, creo que la protección de los derechos de autor es suficiente. En este sentido, he apoyado muchas de las enmiendas presentadas por el señor Rocard, a quien agradezco su dedicación como ponente. A ese respecto, creo verdaderamente que el período de protección se podría acortar. Sin embargo, si los inventores desean un nivel más elevado de protección, como una patente, no podrán prescindir de la plena revelación de la invención y tendrán que hacer de ella la base vinculante de las reivindicaciones. Esto también se aplica, más en general, a fin de limitar la posibilidad de incertidumbre jurídica.

Desde ese punto de vista, opino que el Parlamento debe desempeñar una función más decisiva en el contexto del fortalecimiento de la Unión, en parte aprobando una Posición Común con respecto a la Oficina Europea de Patentes.

Personalmente estoy a favor de una reforma que simplifique los procedimientos, incluida la adopción de una única lengua, es decir, el inglés, a base de normas que permitan también a las pequeñas y medianas empresas utilizar este instrumento fundamental.

 
  
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  Rebecca Harms (Verts/ALE).(DE) Señor Presidente, tengo que decirle que todo el debate en esta Cámara sobre patentes de programas informáticos desmiente ampliamente el mantra repetido constantemente y diseminado por las instituciones europeas en todo el continente, sobre todo a través de las iniciativas de la Comisión y del Consejo, ya que queremos hacer todo lo que podamos para proteger los intereses vitales de las pequeñas y medianas empresas.

La industria del software ha crecido bien y ha prosperado en Europa, y lo ha hecho sobre la base de normas perfectamente adecuadas sobre los derechos de autor y la reingeniería, en algunos ámbitos derivados de las patentes. ¿Por qué, entonces, necesitamos nuevas normas en primer lugar, cuando se habla tanto del exceso de regulación? Si lo que ahora se propone para las patentes de programas informáticos se aprueba realmente, beneficiará solo a dos o tres grandes empresas, principalmente a Microsoft y SAP, una de ellas estadounidense y la otra una de las principales empresas alemanas, y quizá también a Siemens y empresas de este tipo. Por el contrario, perjudicará los intereses vitales de muchas pequeñas y medianas empresas que han tenido mucho éxito durante los últimos años.

Las normas sobre patentes de programas informáticos que estamos debatiendo hoy aquí podrían muy bien resultar ser una medida para la creación de puestos de trabajo; los puestos de trabajo en cuestión se crearían para abogados, que tendrían mucho que hacer si no rechazamos lo que hoy se exige de nosotros.

 
  
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  Vittorio Agnoletto (GUE/NGL). (IT) Señor Presidente, Señorías, más allá de las declaraciones oficiales, se ha añadido un cambio al artículo 2 que permite que las patentes protejan además el software contenido en un ordenador.

Esto abre las puertas a la patentabilidad del software. Es como si un día fuese posible patentar escalas, notas y acordes. Es como si se patentase la escala musical pentatónica, con lo cual de repente gran parte de la música blues infringiría dicha patente y todos los autores tendrían que pagar un canon a quien la hubiera registrado.

Ya se han solicitado patentes para ideas que no son nuevas, como el clic del ratón para ejecutar un comando o el operador de desigualdad en el software de código fuente abierto y para otras ideas nada originales que se utilizan hoy en día en prácticamente todo paquete de software en circulación.

Además, si se obstruyera la interoperabilidad mediante patentes de programas y se obligara a los consumidores a adquirir y utilizar siempre productos fabricados por la misma empresa, las consecuencias serían enormes, especialmente de naturaleza económica. Ninguna empresa debe poder construir un monopolio a base de programas informáticos patentados. Las pequeñas empresas se verían obligadas a soportar enormes gastos, por un lado para no infringir la patente y, por otro, para defender sus propias acciones ante los tribunales. Por ello, la competencia ya no sería un asunto tan solo de mercado, sino también jurídico.

Pensemos en todos los institutos de investigación de las universidades y hospitales que hoy, gracias a la ausencia de esta directiva, llevan a cabo investigaciones pudiendo ahorrar dinero en programas informáticos porque utilizan programas desarrollados por los propios institutos y que, por tanto, son gratuitos, o también programas alternativos mucho menos costosos que los productos de Microsoft. Sin las patentes de software, Europa podría mantener bajos los costes, fomentar la innovación, mejorar la seguridad y crear empleo.

Al título de la revista Harvard Business Review «Las patentes son bombas inteligentes», yo le añadiría «contra las perspectivas de permitir la futura interacción de diferentes culturas y mundos».

 
  
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  Kathy Sinnott (IND/DEM). (EN) Señor Presidente, la programación informática reviste una enorme importancia para los habitantes de mi circunscripción en Irlanda. Hasta tal punto que he recibido sacas enteras de correspondencia en la que se me pide que vote en un sentido u otro. Comprender los matices y repercusiones de nuestra decisión no resulta sin duda una tarea fácil. Hoy estamos hablando, por decirlo así, de la propiedad sobre las ideas. En el mundo de los programas informáticos, las grandes ideas de ayer son los elementos constitutivos de las grandes ideas de mañana. Todos pueden utilizar estas ideas para hacer avanzar la ciencia y el progreso.

Uno de los aspectos más hermosos del sector del software es que un programador puede escribir por sí solo un programa interesante. Puede ofrecerlo a los demás a cambio de una comisión o puede introducirlo en el ámbito del código abierto donde todos pueden utilizarlo y añadirle elementos. Por su propia naturaleza, su conducta carece de dobleces y millones de personas hacen exactamente lo que él ha hecho. Eso es lo que ha impulsado la innovación hasta ahora y lo que ha hecho avanzar a la Sociedad de la Información y al estado de la técnica.

¿Cuánta innovación generará este solitario programador si necesita ponerse en contacto con un equipo de abogados especialistas en patentes? Si mañana decidimos en esta Cámara que los programas informáticos serán patentables, los programadores de toda Europa podrían violar la ley sin siquiera saberlo hasta que sea demasiado tarde. Si permitimos que se patenten los programas, ¿cuánta creatividad y libertad de ideas se perderían por temor a violar uno de los cientos de miles de patentes que habrá? Las patentes registradas o adquiridas controlarán las herramientas que los programadores deben utilizar para su oficio. Invito a sus Señorías a votar a favor de todas las enmiendas que se oponen a la patentabilidad. De este modo estableceremos una posición muy fuerte para negociar con el Consejo.

 
  
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  Marcin Libicki (UEN).(PL) Señor Presidente, de la misma manera que un doctor no debe causar daños a sus pacientes, este Parlamento no debe perjudicar a las sociedades que lo han elegido. Nuestra primera preocupación tiene que ser la libertad y, en particular, la libertad de la actividad económica.

Esto plantea la pregunta de si en este asunto son necesarias las normas. Dado que hemos sido testigos de un desarrollo sin precedentes de los programas informáticos durante la última década más o menos, ¿necesitamos realmente en estos momentos introducir normas detalladas para regularlos? Las cosas estaban yendo bien, entonces, ¿por qué estropearlas? El éxito económico que se ha logrado es obvio, y toda nueva normativa que adoptemos ahora no hará más que entorpecer un mayor éxito.

La competencia es absolutamente crucial, puesto que es la «levadura» del éxito económico, o más bien la fuerza impulsora que se halla detrás de él. De un lado, es cierto que las grandes empresas tienen oportunidades para llevar a cabo nuevas investigaciones que no tienen las pequeñas empresas. De otro lado, sin embargo, una vez las grandes empresas obtienen un monopolio, tienden a caer víctimas de la apatía y del estancamiento. Los monopolios nunca favorecen el éxito económico, tanto si son monopolios estatales como monopolios detentados por grandes empresas. Cuando votemos sobre este informe, y sobre todo cuando votemos sobre sus enmiendas, hay que tener cuidado de no dar luz verde a un monopolio controlado por grandes compañías, ya que esto sería extremadamente perjudicial.

Sobre todo, conviene recordar que no hemos de perjudicar a las pequeñas y medianas empresas en aras del éxito económico. Y sobre todo, no hemos de perjudicar a los usuarios medios de programas informáticos, puesto que esto iría en contra de los intereses de todos.

Estamos a favor de proteger la libertad y el éxito económico, en vez de la opresión y la apatía.

 
  
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  Sergej Kozlík (NI).(SK) La única directiva que hay que considerar es una que establezca claramente los criterios necesarios para distinguir entre las invenciones patentables implementadas en ordenador de las invenciones no patentables, proporcionando así una protección eficaz para este tipo de invenciones en los Estados miembros de la UE. La Directiva tiene que prohibir los intentos de patentar elementos que no se pueden patentar, como los procedimientos no técnicos triviales y la patente de software puro.

El punto principal es el proyecto de enmiendas donde la frase invención implementada en ordenador debe substituirse por la frase invención controlada por ordenador o invención asistida por ordenador, y que define el concepto de contribución técnica y, más concretamente, que también define los términos que son importantes para juzgar el carácter técnico de la invención, y establece claramente que los derechos sobre el software puro, o incluso sobre los medios, son inadmisibles. En caso contrario no podremos apoyar el proyecto de Reglamento.

 
  
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  Hans-Peter Mayer (PPE-DE).(DE) Señor Presidente, aunque se sostiene que estamos debatiendo uno de los más controvertidos instrumentos legislativos, esto solo sería así si la mitad de nosotros estuviera a favor y la mitad en contra. No obstante, las proporciones son bastante diferentes, ya que la inmensa mayoría de esta Cámara respalda el objetivo de esta legislación, que plasma el principio inequívoco de que los programas informáticos como tales no se pueden patentar.

La legislación hace algo más que proteger los programas informáticos mediante los derechos de autor. De la misma manera que las frases individuales no están protegidas por derechos de autor, sino más bien el libro como una unidad, se deduce lógicamente que no solamente están protegidas las líneas individuales deun programa, sino más bien el trabajo en su totalidad. Naturalmente, lo que nuestra economía necesita, no obstante, son patentes, ya que las patentes denotan e indican una economía basada en el conocimiento, que produce cosas como los avances técnicos, las invenciones con requisitos adicionales como la novedad, que estén basadas, implementadas o gestionadas por ordenador.

¿Por qué necesitamos esta legislación? La necesitamos para no acabar en la situación de los Estados Unidos. Todos sabemos que ya se han concedido más de 30 000 patentes de programas informáticos, y queremos que esto siga siendo así en el futuro. La legislación es necesaria si tenemos que hacer esto. En realidad, nos estamos protegiendo al permitir que la Comisión lo controle y nos informe dentro de tres años sobre si, a pesar de nuestros esfuerzos por taparlas mediante los últimos compromisos, siguen existiendo lagunas, y si las hay, tiene que informarnos de ellas, al tiempo que nos dé una relación del «movimiento de software libre» que nos permitirá prestarle atención dentro de tres años y cubrir todas las lagunas que se hayan podido abrir.

Por lo tanto, este no es el fin de la historia, y no solo porque todavía tenemos que alcanzar un acuerdo con el Consejo; también continuaremos observando la manera en que nuestra legislación se pone en práctica y nos reservaremos el derecho de tomar más medidas dentro de tres años sobre la base de lo que surja de ello.

 
  
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  Arlene McCarthy (PSE). (EN) Tenemos la oportunidad de ponernos a la cabeza del mundo en materia de derecho de propiedad industrial, pero ¿estamos a la altura? El marco jurídico es claro: el artículo 52 del Convenio sobre la Patente Europea establece que los programas informáticos no pueden patentarse como tales. Todos nosotros consideramos que debemos fijar límites claros a la patentabilidad. Simplemente no nos ponemos de acuerdo en la forma de hacerlo.

Tenemos que endurecer la legislación y asegurarnos de que el examen que se efectúe no permita que se patenten programas o métodos empresariales. Sin embargo, no debemos olvidar que nuestra capacidad de invención y de innovación en el ámbito de los programas informáticos y de las tecnologías conexas puede contribuir a alcanzar el objetivo de convertir a Europa en la economía más competitiva del mundo de aquí a 2010.

En un momento en que nuestras industrias tradicionales emigran a China y al Extremo Oriente, tenemos que utilizar nuestra capacidad de invención para ganarnos la vida. Los ingresos obtenidos por las patentes y las licencias sobre nuestras invenciones concedidas a nuestros competidores a escala mundial hacen que nuestras inversiones resulten rentables, y contribuyen a la creación de empleo y al crecimiento.

Las PYME que inventan señalan que sin la protección de la patente no están en condiciones de negociar con las grandes empresas o de impedir que empresas de mayor tamaño plagien sus invenciones. Necesitan la protección que ofrece la patente a un precio asequible y en condiciones aplicables a los gigantes del sector. Pero también debemos garantizar que los pequeños fabricantes de software no tengan que hacer frente a un campo minado de patentes banales. Tienen que poder innovar, escribir y desarrollar líneas de código, y producir procesos informáticos sin violar o infringir la legislación sobre patentes.

Se han presentado varias enmiendas que podrían resolver este problema, de modo que podemos adoptar una legislación comunitaria equilibrada y viable que no permita el registro de patentes por la puerta trasera, pero que asegure que, en un entorno mundial cada vez más competitivo, las empresas europeas más inventivas puedan acceder a las patentes y se enfrenten al dominio norteamericano en este sector.

El señor Crowley ha dicho que podríamos encontrarnos en la absurda situación de tener que pagar derechos de licencia a empresas norteamericanas y japonesas por las patentes e innovaciones que nosotros mismos hemos creado. De hecho, habría que añadir a la India a esta lista, pues en su nueva Ley de patentes de 2005, la India ahora permite que se patenten los sistemas integrados. ¿Valoramos realmente nuestra capacidad de invención en menor medida que los países para los que la innovación y las invenciones son algo nuevo?

 
  
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  Andrew Duff (ALDE). (EN) Señor Presidente, el Parlamento se encuentra ante el gran desafío estratégico de establecer un marco normativo que impida la extensión de la patentabilidad de los programas informáticos. Desde un punto de vista táctico, nuestra primera tarea de mañana será derrotar las propuestas simplistas que desean evitar una segunda lectura. Tenemos que poder avanzar a un ritmo constante para modificar la Posición Común. Únicamente llegaremos a un texto legislativo de primer orden a través del procedimiento de conciliación. No legislar implicaría dejar al sector a la merced de la OEP, los tribunales y los grupos de expertos de la Organización Mundial del Comercio. Me temo que daría lugar a una situación costosa, litigiosa y confusa.

 
  
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  Paul van Buitenen (Verts/ALE).(NL) Señor Presidente, la manera en que se ha llegado a la propuesta de patentes de programas informáticos es, a mi entender, escandalosa. Las grandes empresas como Microsoft consideran que las patentes de programas son un medio de obtener beneficios financieros y, a través de la Alianza del Sector del Software, han influido en la redacción de la propuesta de la Comisión, cosa que se ha descubierto por accidente, porque se dejó por error el nombre del autor en el documento. La propuesta de la Comisión lleva el sello de la cultura incestuosa de los gestores de las oficinas de patentes, de los abogados de patentes de las grandes empresas y de los gestores de patentes de la Comisión. Aunque esta Cámara tomó medidas correctoras en 2003, el Consejo de Ministros consiguió, a fuerza de procedimientos de votación dudosos, volver a poner la propuesta sobre la mesa. No hubo una mayoría cualificada de Estados miembros y las peticiones de varios Estados miembros para reemprender las negociaciones se rechazaron de plano.

Incluso en los Países Bajos, el debate sobre las patentes de programas informáticos es discutible. Mientras que el Gobierno informó mal al Parlamento, los funcionarios neerlandeses siguieron trabajando sobre la propuesta en los comités de la UE. El Ministro neerlandés ignoró al Parlamento cuando se tomaron decisiones en el Consejo de Ministros. Por lo tanto, apoyo las enmiendas para rechazar esta propuesta. A mi entender, esta Cámara se estará poniendo en ridículo si tolera la manera en que se ha llegado a esta propuesta legislativa.

 
  
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  Erik Meijer (GUE/NGL).(NL) Señor Presidente, en 1991, Microsoft era una pequeña empresa que tenía que competir contra las más grandes. Entonces Bill Gates nos dijo que la industria llegaría a un punto muerto si todo nuestro conocimiento estaba sujeto a patentes, con un puñado de gigantes que podían imponer pagos ilimitados a los recién llegados. Ahora que su empresa es uno de los gigantes, sus grupos de presión nos cuentan una historia totalmente diferente.

La campaña contra las patentes de programas informáticos tiene lugar desde hace mucho tiempo. Sus adversarios perseveran y sostienen argumentos sólidos. Estoy de acuerdo con la «Fundación para una Infraestructura de Información Libre», que reivindica que las patentes de programas ponen en peligro la libertad del desarrollo del software, y que, al promover la monopolización y haciendo que los precios suban, son perjudiciales para la innovación. Esto, a su vez, repercute en las compañías de software, en las tiendas de Internet, las escuelas y los consumidores. ¿Acaso queremos crear una situación en la que los ordenadores estén en manos de uno, o unos pocos, proveedores de programas?

Mañana, necesitamos al menos 367 votos para modificar o rechazar el texto del Consejo. Insto a todos los que se oponen a las patentes de programas informáticos a que estén presentes con superioridad numérica. Votaremos entonces por el software libre y la creatividad en lugar de la concentración de poder y el monopolio.

 
  
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  Hans-Peter Martin (NI).(DE) Señor Presidente, hoy quiero dirigirme a las personas que no están aquí, no a todos los 450 millones de europeos, sino a los que esperan fuera de esta Cámara, y a aquellos que nos han estado acosando con sus correos electrónicos, faxes y llamadas telefónicas. Creo que ha sido maravilloso que lo hicieran. Lo que vemos que está ocurriendo hoy y que vamos a ver que ocurrirá mañana es importante para las formas de la democracia en la Europa del futuro. La gente empieza a preocuparse sobre asuntos que van a afectarles. Nosotros mismos hemos visto cómo los argumentos muy diversos expuestos en esta Cámara son a menudo mucho más perspicaces, mucho más detallados y precisos de lo que nosotros somos capaces de plantear entre el aluvión de decisiones que hay que tomar.

Tras cinco años en que los diputados propusieron 5 500 enmiendas y votaron sobre 50 000 puntos adicionales, ninguno de nosotros puede reivindicar haber llegado al fondo de todo ello. La aportación que recibimos fue positiva; me convenció. Estoy convencido de que haremos un favor a la democracia, a las pequeñas y medianas empresas e incluso a la prosperidad económica si votamos en contra de estas patentes de programas informáticos. En cuanto a las personas que permanecen fuera con sus silbatos y camisetas, quiero alentarles para que no cejen en su empeño, para que publiquen los resultados de la votación, para mostrar cómo cada uno de nosotros ha votado realmente. De esta manera veremos a quién han satisfecho los diputados con su voto: a los partidos con sus resoluciones, a los grupos de presión o a sus propias conciencias.

 
  
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  Marianne Thyssen (PPE-DE).(NL) Señor Presidente, se afirma reiteradamente que la propuesta objeto del debate de hoy afectará principalmente a las pequeñas y medianas empresas, y además de forma negativa, pero son principalmente las PYME las que podrán beneficiarse de una mayor seguridad jurídica y una aplicación uniforme de las normas jurídicas en el mercado interior. Siempre he creído y sigo haciéndolo de que las PYME no tienen un problema específico con esta propuesta, sino un problema general con el sistema de patentes como tal, tanto en cuanto al acceso como a la justificación.

En primera lectura votamos una enmienda en la se solicitaba a la Comisión que informara sobre las repercusiones que las invenciones implementadas en ordenador tendrían en las PYME. En ese momento, pedí concretamente a la Comisión que reconsiderara con atención la manera en que, mediante un enfoque europeo, se pudiera garantizar a las PYME una posición más ventajosa con respecto a las patentes.

Me alegró mucho encontrar otras cuatro enmiendas en el informe Rocard en las se prestaba una atención especial a este sector de la industria. Muchas PYME, sin embargo, consideran que esto solo es puro jarabe de pico, lejos de ser suficiente, y algo sobre lo que ya no tienen ninguna confianza. Quieren hechos y resultados, y por lo tanto hay varias preguntas que me gustaría que me respondieran.

¿Por qué la Comisión, puesto que conocía esta cuestión y estas preocupaciones entre las PYME –que se remonta a principios de 2002, hace tres años– no ha tomado ninguna medida concreta que beneficie a las PYME? Sin duda, existe mucho material con el que trabajar, puesto que decenas de miles de invenciones implementadas en ordenador ya han sido patentadas en Europa.

En segundo lugar, ¿hará la Comisión algo en concreto para las PYME? ¿Qué tiene en mente? Me gustaría obtener una respuesta clara. Mi pregunta expresa la preocupación de grandes grupos de PYME y su respuesta, Comisario, influirá la forma en que voy a votar mañana.

 
  
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  Adam Gierek (PSE).(PL) Señor Presidente, la propuesta de Directiva de la Comisión y del Consejo es inaceptable por una serie de motivos. El más importante de ellos es que el artículo 4 prohíbe patentar los programas informáticos, e inmediatamente después, el artículo 5, deja la puerta abierta de par en par a dichas patentes si se refieren – y cito– a «un ordenador programado [o] a una red informática programada». La cuestión que se plantea es qué es lo que está en juego aquí. A mi entender, lo que está en juego es el enorme mercado del software que existe en la Unión Europea, y el establecimiento de un monopolio sobre él. Lo que está en juego es al menos varias docenas de miles de millones de euros. Las amenazas que plantea la Directiva sin enmiendas son las siguientes. La primera, que el mercado del software quedará monopolizado por agentes importantes de fuera de Europa, poderosos desde el punto de vista financiero. Esto es muy peligroso para la UE en el entorno mundial, donde todos compiten con todos.

En segundo lugar, que una serie de pequeñas y medianas empresas informáticas implicadas en el software en Europa se declararán en quiebra. En tercer lugar, que son los titulares de patentes y, por lo tanto, todo el monopolio, en el sector servicios, que incluyen también los servicios de Internet, los que dictarán los precios. En cuarto lugar y por último, que se planteará una amenaza importante a la democracia en Europa, dada la importancia de Internet como medio de comunicación.

En su calidad de ponente, el señor Rocard se ha esforzado mucho por tomar las riendas de esta cuestión compleja. Sus propuestas defienden los principios del «software libre», lo que es loable, así como la defensa de la democracia frente a la dictadura de los monopolios. A estas alturas del proceso legislativo, nos vemos abocados a un procedimiento de conciliación, que creo que dará pie a la solución óptima.

Al igual que las teorías matemáticas y el mismo proceso del pensamiento, los programas informáticos no se pueden patentar. Sin embargo, lo que se puede patentar son invenciones creadas con la ayuda de ordenadores, y esto ya ocurre. Dichas patentes contienen «reivindicaciones independientes» técnicas, que se refieren a sistemas concretos, y «reivindicaciones dependientes», que solo son válidas en el contexto de una determinada patente, y que pueden incluir referencias a ordenadores y todos los aspectos de su funcionamiento. Este ámbito de invención, que es clave en cuanto a la automoción, los electrodomésticos, el teléfono móvil y otras industrias por ejemplo, tiene, sin embargo, que estar regulado.

 
  
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  Mojca Drčar Murko (ALDE).(SL) En Derecho de patentes, una invención está sujeta a una forma especial de protección jurídica. No es la aplicación concreta de una determinada idea la que está protegida, sino la idea o el concepto en sí. Por lo tanto, la invención siempre es algo intangible. Esta doble naturaleza de la protección de las patentes comporta dificultades, dados los efectos del Derecho de patentes en la vida real, cuando tiene que enfrentarse cara a cara con los intereses y derechos de los creadores de programas. Por lo tanto, el problema es que, por un lado, existen compañías que quieren utilizar el Derecho de patentes para proteger sus inversiones en investigación y desarrollo, mientras que, de otro, existe la sociedad y los particulares que la componen, que luchan por retener un abanico de logros intelectuales comunes disponibles para todos.

Como legisladores hemos de considerar ambos bandos, el de quienes creen que la línea divisoria está empezando a invadir el territorio que ha sido tradicionalmente objeto de protección de las patentes y el de otros que siguen oponiéndose a la creencia de que la Posición Común del Consejo no excluye totalmente la posibilidad de la patentabilidad de programas informáticos. La mayor parte de las enmiendas propuestas por la Comisión de Asuntos Jurídicos está cerca de dar una definición más equilibrada, por lo que a mí me parece que son un añadido útil a la Posición Común y una buena base para una decisión final.

 
  
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  Ryszard Czarnecki (NI).(PL) Señor Presidente, hoy es un día importante para el Parlamento Europeo, ya que se nos brinda una verdadera oportunidad para demostrar que esta Cámara representa realmente a millones de europeos. La razón de ello es que podemos defender –y defender con mucha eficacia– los intereses de millones de propietarios de ordenadores, así como los intereses de cientos de miles de pequeñas y medianas empresas. Se nos han escrito correos electrónicos y cartas y peticiones solicitándonos que así lo hagamos.

En mi opinión, los ciudadanos europeos se han dado cuenta de repente de que una Europa de ciudadanos necesita al Parlamento Europeo. No debemos actuar como portavoces o miembros de los grupos de presión de las grandes empresas; al contrario, tenemos que actuar como el portavoz del movimiento social popular que está llevando a cabo una campaña contra decisiones equivocadas de las instituciones de la UE. Estas decisiones solo pueden ser enderezadas por otra institución de la UE. Lo que está en juego aquí no solo son, y ni tan siguiera principalmente, patentes de programas informáticos. El aspecto más importante de este debate es la presión pública, que brinda una enorme oportunidad para que el Parlamento represente a los ciudadanos no solo en declaraciones teóricas espléndidas, sino también en la práctica. Tenemos que aprovechar esta oportunidad.

 
  
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  Erika Mann (PSE).(DE) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, a diferencia de muchos diputados, quiero señalar que, en el transcurso de nuestras deliberaciones, todos nosotros –o en cualquier caso, la mayor parte– hemos estado de acuerdo en que queremos patentes en el ámbito de las invenciones implementadas en ordenador, y que la mayor fortaleza de nuestra industria europea depende de su obtención. La situación actual es esquizofrénica, ya que las empresas que quieren obtener patentes en este ámbito pueden hacerlo, y la propuesta de la Comisión en realidad no ha hecho más que argumentar a favor de una mayor armonización en toda Europa.

Creo que todos los diputados estarán de acuerdo en que la segunda cosa que queremos evitar en lo que se refiere a las patentes es seguir el camino que han tomado los estadounidenses, lo que posibilitaría cosas como la patente del «software-to-software», cuando lo que queremos, para decirlo en pocas palabras en lenguaje informático es «software-to-hardware».

El gran problema que ahora tenemos es poner orden en el lenguaje. Con la votación prevista para mañana, quiero preguntar otra vez a la Comisión cómo se puede hacer esto a la vista del enorme número de enmiendas que tenemos ante nosotros, siendo las principales las que se relacionan con la interoperabilidad, presentadas por el señor Rocard y otros, por la señora Kauppi y por mí misma, y quiero saber cuál es la posición de la Comisión con respecto a estas diversas propuestas y, en particular, en lo relativo a la autorización obligatoria o a las exclusiones limitadas para el «software-to-software». ¿Quizá la Comisión tiene algo más que decir sobre esta cuestión?

 
  
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  Marco Pannella (ALDE). (IT) Señor Presidente, Señorías, los diputados radicales hemos participado en este asunto, en particular a través del señor Cappato, desde la última legislatura, y hemos dejado la postura del Parlamento muy clara, pero no ha sido aceptada.

Hoy estamos debatiéndolo una vez más, en una situación en la que oímos intervenciones de la extrema derecha y la extrema izquierda de nuestro Parlamento en apoyo del mercado, cosa que, como miembro del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, acojo con especial agrado. Es un mercado amenazado y corrupto por la jungla del ejército burocrático, que siendo partidario de los grandes grupos monopolistas y oligopolistas, está dispuesto a utilizar el lenguaje del poder legal burocrático para impedir la práctica de la libre invención y el libre comercio.

Creo que si mañana adoptamos las enmiendas del señor Rocard y las que he presentado junto con otros 50 diputados, incluida Emma Bonino, tendremos una estrategia y una oportunidad de vencer. De lo contrario, estoy de acuerdo con el señor Duff cuando afirma que el procedimiento de conciliación ya no tendrá que contar solo con la ausencia del voto a favor de la directiva de España, Austria, Bélgica e Italia, como en mayo de 2004. En efecto, estoy seguro de que lograremos desplazar la postura de la Comisión y del Consejo hacia el liberalismo y la justicia.

 
  
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  Joachim Wuermeling (PPE-DE).(DE) Señor Presidente, Señorías, en esta Cámara se ha afirmado a menudo el valor de las innovaciones y la importancia de la sociedad basada en el conocimiento. Se nos ha dicho que el intelecto nunca nos fallará, que es la baza que Europa puede jugar en una economía cada vez más mundial.

Sin embargo, tan importante como el desarrollo de este intelecto es, por descontado, la prevención del robo de nuestras ideas por otros. Imaginen a un inventor que invierte, durante dos años, millones de euros en una invención, solo para que tres meses después, alguien haga una copia de la invención, la saque al mercado y robe al inventor las compensaciones de su labor. Las patentes protegen a los débiles; protegen a los inventores contra aquellos que ejercen el poder del mercado. Las patentes deciden a favor del intelecto cuando compite con el poder del mercado, y lo hacen sin referencia al tamaño de la empresa en cuestión.

Estoy muy descontento con la manera en que se ha mantenido este debate durante las últimas semanas. Hemos acabado con un ambiente acalorado, con un feudo de grupos de presión sin precedentes, y tenemos que admitir, si somos honestos, que lo que hay que hacer fundamentalmente, incluso si hemos llegado tan lejos como la segunda lectura, es tomar decisiones sobre una multiplicidad de formulaciones, y que en esta etapa, solo podemos en cierta medida calibrar las posibles ramificaciones de las distintas posiciones que se han tomado. La Comisión de Asuntos Jurídicos ha presentado enmiendas a menos de diez artículos. Tenemos que considerar unas cuantas docenas más y tan solo tenemos una ligera idea de cuáles serán sus efectos.

Acabo de caer en la cuenta de que aún no es el momento oportuno para tomar una decisión sobre este expediente, y que tenemos que considerar realmente la posibilidad de rechazar la Posición Común y, por lo tanto, interrumpir temporalmente el proceso legislativo. Si ello fuera posible, sería la decisión más responsable que podemos tomar en este momento.

 
  
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  Edit Herczog (PSE).(HU) He estado siguiendo el debate sobre el proyecto de Directiva sobre las invenciones implementadas en ordenador con gran interés, por una parte por su importancia (estoy convencida de que es uno de los proyectos más importantes presentados ante esta Cámara), pero también porque en toda mi carrera como diputada en un Parlamento nacional o al Parlamento Europeo no he visto nunca un proyecto de instrumento legislativo que haya sido mal interpretado o mal entendido por tantos. Hemos escuchado decir tantísimas cosas ya en relación con esta Directiva –sobre Microsoft, sobre Linux, sobre los intereses de las compañías multinacionales y de las pequeñas y medianas empresas, del software lícito, del software libre y derechos de autor– que hemos perdido de vista lo que realmente es importante, de la sustancia de la cuestión. Lo importante es Lisboa. Lo importante es la economía y la sociedad basadas en el conocimiento. Lo importante es que necesitamos proteger el conocimiento que creamos. Y el principal medio del mercado para proteger el conocimiento es la patente.

Es un descrédito para Europa que la patente común europea no pueda ver la luz, a pesar de que es indispensable para que el conocimiento y la innovación deriven en inversión y beneficios. Ahora se nos brinda la oportunidad de realizar progresos en el campo de la legislación en materia de patentes, y de hacer algo para garantizar que la protección del conocimiento se reinterprete para satisfacer las exigencias del siglo XXI. Sería demasiado ingenuo pensar que esta Directiva es un concepto totalmente nuevo que ofrece algo en términos cualitativos que la anterior legislación no hacía. No representa algo nuevo y revolucionario, representa el reconocimiento de que simplemente este mundo moderno nuestro está basado en la información digital y en las soluciones de alta tecnología, y que forman de tal manera parte integrante de nuestras vidas cotidianas que es imposible concebir desarrollo y tecnología sin ellos. Necesitamos esta Directiva. El señor Rocard ha realizado un trabajo importante intentando reformular el marco de la Directiva, y por ello merece nuestro reconocimiento. No hay que culparle por no haberlo logrado; esto es probablemente hasta donde se podía llegar.

Sin embargo, es muy importante que la Directiva sobre patentes de programas informáticos salga a la luz en la forma propuesta por la Comisión, o con algunas enmiendas. Sin esta Directiva, Europa acabará con una desventaja competitiva si se compara con todas esas regiones que no temen adaptar sus propios sistemas a las exigencias de la era moderna. También existen otras soluciones para proteger la innovación. Pero las patentes son la solución que establece una conexión entre una invención y su utilización en el mercado, y eleva el conocimiento a un factor económico. No permitamos que esta solución se nos escape, ya que solo una economía europea fuerte es capaz de mantener los valores europeos que cada uno de nosotros representa en esta Cámara.

 
  
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  Patrizia Toia (ALDE). (IT) Señor Presidente, Señorías, actualmente existen dos mundos que solicitan a las instituciones europeas que esbocen una estrategia más abierta y flexible sobre un asunto tan fundamental para el desarrollo no solo de la economía, sino también de la sociedad. Por tanto, nos están pidiendo que enmendemos la Posición Común en el sentido de una mayor apertura y flexibilidad.

Son dos mundos importantes para Europa y su futuro: el mundo de las pequeñas y medianas empresas y el mundo de los jóvenes. Muchos diputados ya han hablado de las pequeñas y medianas empresas y estoy de acuerdo con la petición de mayor flexibilidad, a fin de evitar una mayor rigidez de la directiva sobre patentes. De suceder esto, se obstaculizarían las actividades de las pequeñas y medianas empresas, convirtiéndose en una amenaza anticompetitiva para su desarrollo.

Me gustaría destacar las expectativas de los jóvenes. Creo que en muy pocos asuntos abordados en esta Cámara se ha producido una movilización tan firme de los jóvenes, de movimientos y asociaciones que utilizan software no solo para comunicarse y aprender, sino también como una ocupación, como un trabajo independiente y con mil finalidades entre el sector del voluntariado y las nuevas profesiones, que se administran independientemente y también son muy importantes para el desarrollo de una sociedad con un sistema económico más abierto y más vinculado a la capacidad de los jóvenes de organizarse por sí mismos.

Creo que hemos dicho muchas veces, casi siempre retóricamente, que Europa está en sintonía con la gente joven. Hoy tenemos la oportunidad –y espero que el Parlamento no la desaproveche– de estar verdaderamente en sintonía con estas peticiones realizadas por los jóvenes y con los numerosos movimientos que se han manifestado. El Parlamento no debe decepcionarlos.

Por todo ello, apoyaré las enmiendas presentadas por el señor Rocard, el señor Duff y otros diputados, con la finalidad de mejorar la seguridad y la claridad de la Posición Común de Europa. Creo que tenemos que ser coherentes en dos puntos. Primero, si mantenemos que el software no se puede patentar, debemos tener cuidado de no ampliar el alcance, puesto que, de hacerlo, nos arriesgaríamos a contradecirnos. Segundo, aunque resulta importante garantizar la protección mediante patentes, no podemos permitir que se llegue a la inflexibilidad y a una concentración en manos de pocos, puesto que pondría en peligro el desarrollo y la innovación en Europa.

 
  
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  Alexander Stubb (PPE-DE). (EN) Señor Presidente, si alguien hubiese preguntado hace tres años a alguno de los diputados a esta Cámara si sabía lo que es una invención implementada en ordenador, la mayoría habría respondido «no muy bien». Todos hemos visto a los manifestantes de esta mañana. Algunos de ellos se mostraban bastante agresivos. Uno de ellos saltó justo delante de nuestro coche y una invención implementada en ordenador llamada ABS probablemente le salvó la vida.

Esta historia viene de largo, y su trama ha dado muchos giros sumamente interesantes. En primer lugar, tenemos la dramática primera lectura en el Parlamento Europeo. A continuación, el Consejo rechaza completamente nuestra posición. Luego la Comisión se niega a volver a la primera lectura. Después tenemos la turbia Posición Común del Consejo y ahora, por último, nos encontramos al final de la segunda lectura. Y me temo que este acto jurídico será rechazado mañana, como ha señalado el señor Wuermeling.

No sé si es positivo o negativo, pero lo que sí sé son dos cosas, dos mensajes. Un mensaje va dirigido al grupo «David», es decir, a los defensores del código abierto y las pequeñas y medianas empresas. Esto no habría sido tan negativo después de todo, si lo hubiéramos examinado detenidamente. No habría evitado el avance del código abierto. En mi calidad de finlandés, puedo decir que no habría evitado que se inventase y desarrollase Linux. A los «Goliat», las grandes empresas, les digo que «muestren un poco de compostura». Las presiones que han ejercido son realmente miserables. Los defensores del código abierto les han vencido sin esfuerzo por 100 a 0.

La pregunta es, ¿que significa todo esto desde un punto de vista institucional? Tengo un mensaje institucional para la Comisión y el Consejo. El Parlamento Europeo es un órgano colegislador y tienen que tomarlo en serio. Cuando vean que esta propuesta es rechazada mañana por la mañana, deberán volver a empezar y presentar un nuevo acto jurídico. Europa necesita que las invenciones implementadas en ordenador puedan patentarse de alguna forma, pero mañana no la tendremos.

 
  
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  Lasse Lehtinen (PSE).(FI) Señor Presidente, el acalorado debate sobre esta Directiva demuestra que la democracia funciona. Ayer mismo en el tren a Estrasburgo se colocaban peticiones en las manos de los viajeros, y se ha producido un volumen excesivo de correos electrónicos sobre este tema. Las cosas se están exagerando y esto es lo que ocurre aquí.

Ni tan siquiera en algún momento en el futuro van a poder patentar un simple programa informático sin impacto técnico, ni la excelente idea del software libre perecerá después de que la Directiva entre en vigor. Me atrevo a reivindicarlo, procediendo como vengo del mismo país que el sistema Linux.

Por otro lado, si se tiene que derribar esta nueva Directiva, esto supondrá un nuevo revés para la competitividad europea. Si eliminamos a esta Directiva todavía quedará menos de la declaración de Lisboa. Se ha exagerado el argumento, por otro lado artificial, de que esta Directiva pondría a las grandes y malas multinacionales en contra de las pequeñas y medianas empresas. Muchas PYME de mi país, Finlandia, se han puesto en contacto conmigo y dicen que esta Directiva les beneficiará. Al mismo tiempo las protegerá tanto a ellas como a sus innovaciones de las grandes empresas. Las grandes empresas siempre se las arreglarán incluso sin normas, pero las normas claras, por otro lado, siempre benefician a las pequeñas.

No estoy entre los que se oponen a las patentes por principio. La patente es una de las tradiciones del espíritu europeo. Las patentes son los cimientos de la economía del mercado moderno y que funciona con éxito. Dan seguridad y, asimismo, protección contra los piratas. ¿Por qué no deberíamos patentar las invenciones implementadas en ordenador, lo que nos beneficiará a todos en nuestras vidas diarias? Actualmente, no existe una legislación armonizada sobre patentes en Europa. Esto crea un entorno operativo inseguro para las empresas y la inversión. De hecho, necesitamos una buena legislación transparente sobre patentes por el bien del empleo.

Cabe esperar que esto no será otro ejemplo de cómo Europa perjudica sus propios intereses por ineptitud y debilita su competitividad.

 
  
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  Cecilia Malmström (ALDE).(SV) Señor Presidente, esta es una cuestión muy complicada, objeto de una intensa presión ejercida por parte de varios grupos. Creo que es estupendo que, por una vez, los ciudadanos presten atención a lo que hacemos aquí en el Parlamento, cosa que es un lujo para nosotros.

Es importante disponer de un sistema de patentes europeo eficiente. Es justo que los inventores individuales y las empresas puedan patentar sus invenciones, incluidas las invenciones implementadas en ordenador. Sin embargo, la tendencia actual es la patentar también el software puro, cosa que no es digno de elogio. Necesitamos investigadores, innovadores y desarrolladores de programas individuales que puedan crear nuevas ideas sin correr el riesgo de usurpar patentes banales y acabar implicados en interminables pleitos.

En primer lugar, tenemos que rechazar la propuesta en su totalidad y pedir a la Comisión que vuelva con una propuesta exhaustiva para una patente comunitaria que abarque todas las invenciones. Es un error aislar las invenciones relacionadas con los progrmas informáticos como un sector con derecho propio.

En segundo lugar, tenemos que modificar la Posición Común, que no es un documento jurídico sensato. Contiene demasiadas ambigüedades. Sobre la base de la mayoría de las propuestas del señor Rocard, quizá podamos lograr un compromiso constructivo en beneficio de las pequeñas, medianas y grandes empresas.

 
  
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  Tomáš Zatloukal (PPE-DE).  (CS) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, pocas directivas han provocado un debate tan acalorado. A mi entender, no puede haber nadie aquí hoy que no haya oído los argumentos vehementes de los adversarios y defensores de esta Directiva. La Directiva sobre la patentabilidad de las invenciones implementadas en ordenador se adentra profundamente en la definición de las normas del juego en los sectores con un desarrollo más rápido de la economía europea, pero ha estallado un debate ferviente sobre la interpretación ambigua del término «programa como tal», que impide las excepciones a la patentabilidad.

Estoy a favor de una protección coherente de los programas informáticos en forma de protección de la solución creativa inherente a un programa completo o a parte de un programa, pero me opongo a que se concedan patentes sobre las ideas individuales. En cambio, las invenciones patentables tienen que ser soluciones que combinen una idea con su ejecución técnica, como por ejemplo los sistemas de seguridad de los automóviles. La protección de fórmulas, órdenes o instrucciones individuales sería claramente dar un paso en la dirección equivocada. No me opongo a las patentes en general, pero no puedo consentir la aprobación de esta Directiva en la versión propuesta por el Consejo, que en mi opinión admite varias interpretaciones.

Por este motivo solamente voy a dar mi respaldo a una versión del texto que elimine la posibilidad de interpretaciones alternativas y que haga que el texto sea más preciso. El conjunto de enmiendas presentadas por mi Grupo supone un intento de rectificar los problemas que acabo de mencionar. Me siento obligado a decir que, por mi parte, considero la posición adoptada por el Consejo muy lamentable, puesto que ha ignorado mi petición y la de muchos de mis colegas –respaldada por la Comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento– de volver a presentar la Directiva para primera lectura. Creo que el Consejo haría bien en escuchar nuestros comentarios, ya que esto alentará el respeto mutuo entre el Parlamento y el Consejo, al mismo tiempo que impulsará la cooperación entre estas dos instituciones fundamentales.

Quiero concluir dando las gracias al ponente, el señor Rocard, y, en particular, a la ponente alternativa de nuestro Grupo, la señora Kauppi, por su trabajo excelente.

 
  
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  John Attard-Montalto (PSE). (EN) Señor Presidente, el debate sobre las invenciones implementadas en ordenador ha sido interesante y apasionado, pero desgraciadamente la mayoría de las intervenciones han adoptado posiciones extremas. Todos nos damos cuenta de que se trata de una cuestión sumamente compleja. Referirse a ella en términos bíblicos no resulta útil, pues sigue dividiendo en compartimientos los diversos argumentos. En relación con esta Directiva hemos escuchado, por una parte, que si no tomamos partido por las patentes en general, reprimiremos la innovación y haremos que Europa sea menos competitiva. Por consiguiente iríamos en contra de lo que intentamos conseguir mediante la Agenda de Lisboa.

Por otra, se nos ha dicho que si se regulan las patentes habrá más burocracia y el consumidor saldrá perjudicado. Según uno de los oradores sería una amenaza para la democracia. Personalmente creo que debemos considerar toda esta cuestión a escala mundial.

En primer lugar, resulta inútil que en Europa nos concentremos en este tema sin tener en cuenta toda la cuestión de las patentes.

En segundo lugar, en cuanto a la posición de Europa en un mundo globalizado, resulta inútil que legislemos mientras no seamos parte de una estructura legislativa internacional que invite a otros continentes y países desarrollados o en vías de desarrollo para que participen sobre el plano internacional.

 
  
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  Simon Coveney (PPE-DE). (EN) Señor Presidente, esta es una cuestión compleja y técnica, y me gustaría agradecer al ponente y, en particular, a la ponente alternativa de mi Grupo, por el esfuerzo que le han dedicado. Todas las personas que han sido abordadas por los grupos de presión de ambos bandos de este debate deben haber escuchado argumentos convincentes a favor y en contra de la Posición Común que se nos propone.

Me gustaría hacer algunos comentarios en el breve tiempo de que dispongo. En primer lugar, habría que recalcar que esta Directiva no propone la introducción de un nuevo régimen de patentes en la UE, sino armonizar y dar coherencia a las Oficinas de Patentes de los distintos Estados miembros. Cualquiera que sea nuestra posición respecto a las patentes, tenemos que conceder que la situación actual, en la que las 15 oficinas nacionales de patentes carecen de un planteamiento coherente, no contribuye a que avance un mercado común integrado y en buen estado de funcionamiento.

Sin embargo, también es cierto que en los últimos años el sector del software y de las TI de la UE han prosperado en la situación actual. Así pues, ¿para qué necesitamos un planteamiento común? Las propias PYME parecen divididas a este respecto. Algunas personas han decido presentar esta cuestión como un enfrentamiento entre las grandes multinacionales y las PYME. Sin embargo, mi experiencia me dice que no es así. Encontramos PYME en ambos bandos del debate, pues algunas desean proteger sus ideas e invenciones, mientras que otras temen que la Posición Común propuesta acabe sembrando un campo minado de patentes. Nadie en esta Cámara desea votar a favor de una situación que vaya en detrimento del impulso de las PYME.

Quiero concentrarme brevemente en los dos temas clave de esta Directiva: en primer lugar la definición de las patentes que deseamos permitir. No proponemos que se patenten programas informáticos como ocurre en los Estados Unidos. Hay que recalcarlo. Si es necesario introducir enmiendas para clarificar este aspecto, bienvenidas sean, aunque el texto actual no es malo. Los derechos de autor existen para proteger los programas.

El segundo tema clave es la cuestión de la interoperabilidad, y creo que vale la pena apoyar las enmiendas de la señora McCarthy al respecto. Tenemos que asegurarnos de que los equipos y redes que los usuarios necesitan para innovar no sean retirados del mercado. Me refiero en particular al código abierto y al movimiento a favor del código abierto que tantos éxitos ha cosechado en los últimos años.

Como conclusión diré que la gente está comenzando a adoptar una posición muy pesimista en estos momentos y que, a fin de cuentas, la propuesta probablemente será rechazada mañana. Lo que reflejaría una grave incapacidad de las instituciones para encontrar un terreno común y llegar a un acuerdo sobre un ámbito de gran importancia para la economía europea en general.

 
  
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  Barbara Kudrycka (PPE-DE).(PL) Señor Presidente, hace tiempo que se ha definido claramente el estatuto jurídico de los programas informáticos. Los programas informáticos están protegidos por derechos de autor, y el Convenio sobre la Patente Europea excluye la patente de programas informáticos. Tanto los académicos jurídicos y los especialistas en TI se oponen a que ni tan siquiera haya un cambio en esta situación El único propósito de la Directiva del Consejo es sancionar las prácticas de la Oficina Europea de Patentes, y estas prácticas son tanto equivocadas como peligrosas.

Hablando en nombre del Profesor Buzek y en el mío propio, pido por lo tanto a la Cámara que, o bien vote a favor de las 21 enmiendas de este paquete, que recupera el significado que la Directiva tenía después de la primera lectura, o bien que rechace la Directiva en su conjunto. Tal como ha observado el Parlamento alemán en su resolución del 17 de febrero de 2005, la inflación de patentes lleva consigo el riesgo de un cambio en la opinión pública con respecto a la eficacia de un sistema de patentes como una herramienta de innovación y progreso. En este contexto, compete al Parlamento echar el freno.

No hay ninguna necesidad de que se amplíe el ámbito de aplicación del Derecho de patentes para que contemple los programas informáticos. El principal argumento a favor del Derecho de patentes era el deseo de proteger las inversiones. Las innovaciones tangibles requieren la realización de largas pruebas, seguidas por inversión de capital, antes de que deriven en beneficios. Normalmente, la inversión en activos de TI es pequeña, si es que es perceptible Por lo tanto, no hay ninguna necesidad para que se les conceda una protección jurídica adicional.

No hay ningún atisbo de verdad en la reivindicación de que las patentes de programas informáticos, tal como las interpreta la Oficina Europea de Patentes, representan una oportunidad. Las patentes también implican riesgos y, por lo tanto, tienen que utilizarse con cuidado. Se cuentan muchos mitos y medias verdades sobre las patentes y voy a citar algunos ejemplos. Es un mito que la economía siempre se beneficie cuando se conceden derechos de patente. Los funcionarios a menudo evalúan la innovación económica por el número de patentes, pero estas pueden perjudicar la inversión al limitar la competencia. Existe un gran número de compañías punteras de TI que no han solicitado nunca patentes, y prácticamente ningún especialista en TI está interesado en descripciones de patentes. Nadie ha conseguido demostrar que existe una relación directa entre la expansión de patentes y el crecimiento económico.

Otro mito es que las patentes ayudarán a las pequeñas y medianas empresas, ya que permitirán que estas empresas adquieran derechos exclusivos para sus ideas innovadoras. Sin embargo, las patentes pueden actuar como obstáculos o como protección. Es muy duro para las empresas más pequeñas obtener protección, ya que los costes de hacer respetar una patente son extremadamente elevados y, a veces, incluso son 100 veces mayores que los costes de obtener la patente. Y lo que es más, también es necesario realizar largas consultas para establecer si una determinada invención ha sido reservada por un tercero. En cuanto al sector de las TI, donde es especialmente fácil realizar pequeños cambios, patentar programas sería el equivalente a crear un campo de minas.

 
  
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  Tadeusz Zwiefka (PPE-DE). (PL) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, la obligación básica que corresponde a las instituciones de la UE durante el proceso legislativo es elaborar una legislación fácil de entender y efectiva. No necesito recordar a la Cámara el número de veces que hemos recibido garantías tanto del Presidente de la Comisión como de los representantes de cada una de las Presidencias de que esto será así, y de que, sin duda alguna, el Parlamento forma parte importante de este proceso.

El debate de hoy marca el final de nuestro trabajo en torno a una Directiva que es, por desgracia, un ejemplo de un enfoque totalmente diferente. Tanto la Comisión como el Consejo creen que sus proyectos son los únicos que valen algo, y ambos han rechazado propuestas formuladas por los diputados a esta Cámara. Quiero creer que las cosas cambiarán esta vez, y que se dará prioridad a los intereses de millones de ciudadanos de la UE y de las pequeñas y medianas empresas. Estas últimas dan empleo al 90 % de los trabajadores, y esto es algo que, sin duda, no hay que olvidar. Por esta razón no podemos centrarnos exclusivamente en los intereses de las grandes y ricas empresas.

Las principales dudas se refieren a la ausencia de una distinción clara entre una invención, o dicho de otro modo, una solución técnica patentable, y un programa informático o un algoritmo, ya sea un método de cálculo, un concepto matemático o un método para llevar a cabo actividades económicas, en especial con respecto al comercio al por menor. En vista de ello, el objetivo de esta armonización es muy dudoso, por no decir algo peor. Es lamentable que la cláusula que excluye la patente de programas informáticos como tales no sea más que una ilusión, como ocurre con las prácticas actuales de la Oficina Europea de Patentes. Al mismo tiempo, el Comisario nos ha informado en su intervención al principio del debate de hoy que esta Directiva no implicará ningún cambio en las prácticas de la Oficina Europea de Patentes, lo que constituye una afirmación alarmante.

No puede haber ninguna duda de que existe una necesidad urgente de armonización del Derecho de patentes, entre otras cosas con respecto a las invenciones obtenidas con ordenadores. Sin embargo, un requisito esencial para dicha legislación es que sea buena, y buena para todo el mundo.

Sin las enmiendas del señor Rocard y del señor Buzek, la Directiva reforzará el enfoque ultraliberal de los aspectos básicos que definen el concepto de una invención y lo legitimará. Por lo tanto voy a pedir a la Cámara que vote a favor de las enmiendas presentadas por el señor Buzek y el señor Rocard.

 
  
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  Othmar Karas (PPE-DE). (DE) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, ¿alguien tiene la impresión en estas dos horas de debate de que contamos con una Posición Común útil que podamos adoptar? ¿Tiene alguien la impresión tras este debate de que esta espinosa cuestión se ha tratado suficientemente, que es hora de votar sobre ella, que podemos reunir una mayoría cualificada a favor del «sí» o de la plétora de enmiendas? No creo que sea así, y existe un motivo para ello.

La primera lectura se celebró el 24 de septiembre de 2004, para ser totalmente ignorada por el Consejo en su acuerdo político. El comentario de la señora Kauppi al respecto de la resolución del Consejo fue que «parecía como si el Consejo quisiese ignorar la voluntad de los legisladores electos de Europa». El propio Consejo no está seguro. El 21 de diciembre, a petición de Polonia, la votación se eliminó del orden del día. Los Parlamentos alemán, español y neerlandés han expresado su oposición a la Directiva tal y como se ha propuesto. Las votaciones se han ido retrasando por períodos de tiempo cada vez mayores.

El Parlamento Europeo solicitó a la Comisión que elaborase una nueva propuesta para primera lectura. La Comisión de Asuntos Jurídicos, la Conferencia de Presidentes y el propio pleno adoptaron resoluciones en este sentido.

¿Cuál fue la respuesta del Consejo? Ordenó que no hubiese debate, al declarar que era muy importante que no lo hubiese. Pese a lo controvertido de la cuestión y a que el Tratado de Niza se encontraba vigente, simplemente se adoptó el acuerdo político. La consecuencia fue una falta de satisfacción y 178 enmiendas sobre la mesa de esta Cámara.

Esta Posición Común contiene aspectos que podría enumerar punto por punto y que se mencionan en las enmiendas, y esto me hace pensar que no contribuye a la seguridad jurídica, no fomenta la innovación e intimida a las pequeñas empresas. Por lo tanto, haríamos bien al rechazar mañana la Posición Común y volcar todos nuestros esfuerzos en la armonización de la ley europea de patentes, en lugar de adoptar y conformarnos con normativas que son controvertidas en la propia industria en cuestión.

 
  
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  Romana Jordan Cizelj (PPE-DE). (SL) Ha pasado un año desde que me convertí en diputada al Parlamento Europeo, y el asunto de la patentabilidad de las invenciones implementadas en ordenador es uno de los temas más importantes que hemos debatido durante ese periodo.

En mi país, Eslovenia, un gran número de personas se ha implicado en el debate sobre esta Directiva, al igual que en otros países europeos. En este sentido, la Directiva propuesta ya ha dado resultados positivos, puesto que un gran número de ciudadanos se ha implicado directamente en el proceso democrático. Se han dado cuenta de que las instituciones europeas no son tan remotas como podrían sugerir algunas de sus actividades. Sin embargo, aquí en el Parlamento no son los ciudadanos quienes toman las decisiones, sino los parlamentarios que deciden por ellos y toman decisiones en su nombre.

¿Qué tengo entonces en mente a la hora de decidir cómo votar la Directiva? El hecho de que aquí en Europa debemos seguir los objetivos de la Estrategia de Lisboa si queremos responder adecuadamente a los desafíos que plantea la globalización. Debemos explotar nuestra ventaja competitiva con respecto a otras áreas del mundo y basar nuestro desarrollo en el conocimiento y la investigación, así como en la aplicación de estos. Podremos animar a la gente a que participe en estas actividades si, entre otras cosas, garantizamos la correcta protección de la propiedad intelectual. Por lo tanto, debemos tener el valor para proporcionar un sistema jurídico europeo adecuado y uniforme que recompensará el trabajo innovador.

Creo firmemente que es el momento de adoptar la Directiva propuesta. Para eliminar toda preocupación relativa a las patentes de programas como tal, conviene que la Directiva indique claramente que en todo momento deben quedar fuera de la protección de patentes y en el dominio de los derechos de autor.

Creo que la Directiva debería incluir definiciones claras de los conceptos básicos. Debido al importante papel que desempeñan las pequeñas y medianas empresas en la Unión Europea, es igualmente importante que tengamos plenamente en cuenta la influencia de la Directiva sobre sus actividades.

 
  
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  Malcolm Harbour (PPE-DE). (EN) Señor Presidente, ahora que llegamos al final de lo que ha sido un interesante debate, ha llegado el momento de volver al tema del que estamos hablando, al quid de la cuestión. No se trata de extender la legislación vigente sobre patentes, y realmente no entramos en nuevos ámbitos. El objetivo de esta Directiva es clarificar la situación actual, ya que la legislación vigente en materia de patentes se aplica de forma incoherente. Las empresas que desean patentar sus invenciones, muchas veces no saben cuál es su situación, pues pueden obtener una patente en un país, pero no en otro.

Al mismo tiempo creo que todos estamos de acuerdo en que no queremos un régimen de patentes como el que avanza con gran velocidad en los Estados Unidos y otros países, sino un régimen que no admita las invenciones que podríamos llamar relativamente banales, relativas a métodos empresariales operativos o software puro, que deberían estar amparadas por los derechos de autor.

Sin embargo, cabe preguntarse si la propuesta que se nos ha presentado logra este objetivo. Pongámonos en el papel de un examinador de patentes que tiene que evaluar las patentes para su registro. Me parece que este texto y gran parte de lo dicho aquí no solo es complejo, difícil y opaco, sino que, de hecho, va en la dirección equivocada.

Parte del problema –y me parece que de gran parte del debate de hoy– es que muchas diputadas y diputados no aceptan que en casi todos los ámbitos de la invención tecnológica existe alguna forma de tecnología digital. La idea de que un ordenador sirve para ayudar a hacer o controlar cosas resulta más bien desfasada. En nuestros teléfonos móviles llevamos mayor potencia informática de la que tenía un gran ordenador de hace diez años. Esta potencia informática dispone de un programa con instrucciones, y resulta perfectamente lógico que las empresas que realizan innovaciones técnicas que comprenden software estén en condiciones de protegerlo.

Me parece que este debate va en la dirección equivocada, pues no ayuda a las pequeñas empresas, ni a las grandes empresas, ni al movimiento del código abierto. Tenemos que decidir si no hemos fracasado completamente en este aspecto, y si no ha llegado la hora de volver a comenzar.-

 
  
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  Zuzana Roithová (PPE-DE).   (CS) Señorías, el Convenio sobre la Patente Europea protege el interés público al prohibir que se patente todo aquello que no sea una solución técnica, y concretamente teorías científicas, creaciones estéticas, métodos matemáticos, planes o normas para realizar actos mentales y programas informáticos. Pese a que los derechos de autor permiten impedir que se produzcan abusos en este campo, unas 20 empresas han presentado más de 20 000 solicitudes de patentes relativas a programas informáticos. Estos no solo incluyen programas de control para aparatos que van desde lavadoras hasta dispositivos médicos únicos, sino también software puro y métodos empresariales, como el uso de carros para las compras a través de Internet. Es lamentable que los tribunales y las oficinas de patentes nacionales adopten decisiones distintas en numerosos casos, por lo que se necesitan normas claras en el ámbito europeo.

Lamento decir que seguimos esperando una directiva general y actualizada sobre la patente europea. Este hecho complica todavía más el debate de hoy, ya que tiene que ver con una directiva específica que no trata conceptos, sino que va más allá del ámbito de aplicación del Acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (ADPIC). El hecho de que las grandes empresas estén a favor de la Directiva sin duda constituye un factor importante, pero varias partes, incluidos los juristas e informáticos, la comunidad académica, las pequeñas empresas y el Senado checo, por ejemplo, han hecho hincapié en la ambigüedad de la Directiva. Esta ambigüedad conlleva el riesgo de que las disposiciones de la Directiva queden abiertas a interpretaciones amplias, que tendrían graves consecuencias para los consumidores y las pequeñas y medianas empresas. Es más, lamentablemente el Consejo no ha presentado una evaluación de impacto de la Directiva sobre las pequeñas y medianas empresas y sobre los nuevos Estados miembros, tal como solicitó el Parlamento.

En esta Cámara se ha formado una coalición entre partidos a propósito para el caso. Nuestro objetivo es conseguir un acuerdo de compromiso sobre las enmiendas conjuntas, y permitir la emisión de patentes de firmware, o dicho de otro modo, los programas de control de aparatos técnicos, solamente en los casos en que forme parte de una invención general. También queremos aumentar la capacidad de interacción de los consumidores e impedir que se otorguen patentes a ideas banales; después de todo, una patente cuesta 30 000 euros y el proceso de aprobación se alarga en promedio durante cuatro años. Dado que las pequeñas y medianas empresas actúan como fuerza impulsora del sector de la tecnología de la información, ya que representan el 70 % del volumen de negocio y el 80 % de los empleos, ambos factores actúan como obstáculos para el crecimiento dinámico en este sector. Por lo tanto, proponemos que se haga una distinción clara entre las patentes de máquinas y las de software puro.

En conclusión, quisiera pedir amablemente a la Comisión que exponga de forma clara cuáles son los avances que se han hecho en los preparativos para una patente europea actualizada. Si la Directiva no se modifica como es debido, mi Grupo en su conjunto votará en contra de la misma.

 
  
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  Carl Schlyter (Verts/ALE). (SV) Señor Presidente, hoy podemos elegir si queremos una legislación sobre patentes anticuada, con un punto de vista anticuado de las grandes empresas y del desarrollo, o un desarrollo moderno, a pequeña escala y creativo que implique una legislación moderna.

Todo el mundo afirma no querer saber nada de las patentes de software. Hemos podido observar lo desastrosa que fue su introducción en los Estados Unidos. El único modo que tenemos hoy para demostrar nuestros deseos es votar a favor de las 21 enmiendas de transacción suscritas por mí y muchos otros Entonces conseguiríamos una legislación inteligente y equilibrada en la que tendrían su lugar la creatividad y una legislación de patentes sólida.

Un voto en contra demostraría que estamos totalmente en manos de las grandes empresas. Daría lugar a una legislación por la cual los programas utilizados para hacer funcionar los equipos pudiesen patentarse. Sería igual que patentar los manuales de los equipos. Un mundo así no sería en absoluto moderno.

 
  
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  Joaquín Almunia, miembro de la Comisión. Señor Presidente, quienes han intervenido directamente en la elaboración de esta respuesta saben que se trata de un ámbito sumamente complejo. No podemos poner de cabeza esta Directiva. Lo que necesitamos es establecer el equilibrio adecuado entre estimular la innovación y no paralizar la competencia.

Como señaló el Comisario McCreevy en su declaración del mes de marzo de 2005, la pelota está en el tejado de Sus Señorías. Sea cual fuere la decisión del Parlamento, la Comisión la tendrá en cuenta y la respetará. Si Sus Señorías deciden rechazar la Posición Común, la Comisión no presentará una nueva propuesta. Sus Señorías deben recordar igualmente que un rechazo constituiría un obstáculo para muchas empresas europeas e iría en contra de los objetivos comunes de la Estrategia de Lisboa que prevén aumentar la competitividad europea.

En el debate, varias diputadas y diputados plantearon la cuestión de la interoperabilidad. La Comisión mantiene una cierta flexibilidad en ese tema. La legislación de los Estados miembros ya contempla la concesión obligatoria de licencias. Parece una buena solución siempre que no se discrimine entre los diversos modelos de desarrollo de software, ya sea «de propiedad» o de «código abierto». Habría que incentivar a las empresas para que concedieran licencias de forma voluntaria. Sin embargo, si los titulares de los derechos abusan de estos últimos e imponen condiciones poco razonables, las autoridades deben intervenir para asegurarse de que se impongan condiciones equitativas.

Una excepción limitada a la operabilidad, encaminada a promover las normas abiertas, podría constituir igualmente un buen planteamiento, siempre que se respeten las obligaciones internacionales.

Varios miembros de esta Cámara abordaron igualmente el tema de los derechos de autor. Permítanme decir que los derechos de autor son un derecho por separado y distinto de las patentes. Los derechos de autor y las patentes protegen distintos aspectos de algo que es novedoso y original. Así pues, las patentes no influyen sobre la existencia de derechos de autor.

Los derechos de autor protegen la expresión de una idea, pero no protegen invenciones, y la protección que conceden los derechos de autor no impiden que alguien tome una invención y la exprese de una manera diferente.

En cuanto a las pequeñas y medianas empresas y el acceso de estas al régimen de patentes, me gustaría destacar dos aspectos. En primer lugar, Su Señorías conocen las propuestas de la Comisión relativas a una patente comunitaria que reduciría el coste de las patentes en toda la Unión Europea. En segundo lugar, hemos encargado un estudio sobre la posibilidad de tomar un seguro para cubrir las costas legales de los litigios en materia de patentes. Este estudio se encuentra actualmente en su segunda fase, y hemos pedido a los consultores que presenten propuestas concretas.

En vista del gran número de enmiendas presentadas, hemos facilitado a la Secretaría un resumen por escrito de la posición de la Comisión respecto a ellas para su inclusión en el acta literal de este debate(1).

Por último espero que el resultado del voto sea favorable. No obstante, si fuera necesario seguir trabajando para alcanzar un acuerdo con el Consejo, la Comisión está dispuesta a prestar asistencia a los órganos colegisladores para que lleguen a un resultado constructivo.

 
  
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  El Presidente . El debate queda cerrado.

La votación tendrá lugar el martes a las 12.00 horas.

Declaración por escrito (artículo 142 del Reglamento)

 
  
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  Alyn Smith (Verts/ALE). (EN) Señor Presidente, después de escuchar atentamente los distintos argumentos esgrimidos en el debate de esta mañana, invito firmemente a los diputados a esta Cámara a que den su apoyo en la votación de mañana a las 21 enmiendas de compromiso que impedirán la introducción de las patentes de programas informáticos. Si no se aceptan estas enmiendas, yo y muchos otros votaremos en contra de esta resolución.

Este proyecto de normativa va en contra de los intereses de las pequeñas y medianas empresas (PYME) europeas que trabajan en el sector del software. Si el Parlamento aprueba esta legislación mañana, paralizará la innovación y ahogará a PYME europeas de vital importancia. El Parlamento debe votar en contra de esta legislación. No podemos permitir el lujo de ahogar a PYME europeas de tanta importancia. Las PYME son la savia de la creación de empleo en Europa. Los derechos de autor ya hacen todo lo que deben hacer. Las patentes de programas informáticos no son la solución.

 
  
  

Anexo - Posición de la Comisión

 
  
  

Informe Rocard (A6-0207/2005)

La Comisión puede aceptar las enmiendas 1, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13,

siempre y cuando el cambio se aplique de manera coherente: 14, 40, 72, 93, 114, 135, 158

15, 18, 21, 26-37, 43, 47, 58, 59, 60, 61, 63, 66, 75, 79, 90, 91, 92, 96, 100, 111, 112, 113, 117, 121, 132, 133, 134, 138, 142, 153, 154, 155, 161, 165, 176, 177, 178.

La Comisión puede aceptar, en el contexto de un paquete global satisfactorio y equilibrado, las enmiendas 5, 25, 48, 50, 67, 68, 80, 82, 101, 103, 122, 124, 143, 145, 166, 168.

La Comisión puede aceptar, sujetas a una nueva redacción, las enmiendas 4, 16, 17, 19, 22, 23 (reubicada en el texto), 53, 85, 106, 127, 148, 171.

La Comisión no puede aceptar las enmiendas 2, 3, 20, 24, 38, 39, 41, 42, 44, 45, 46, 49, 51, 52, 54, 55, 56, 57, 62, 64, 65, 69, 70, 71, 73, 74, 76, 77, 78, 81, 83, 84, 86, 87, 88, 89, 94, 95, 97, 98, 99, 102, 104, 105, 107, 108, 109, 110, 115, 116, 118, 119, 120, 123, 125, 126, 128, 129, 130, 131, 136, 137, 139, 140, 141, 144, 146, 147, 149, 150, 151, 152, 156, 157, 159, 160, 162, 163, 164, 167, 169, 170, 172, 173, 174, 175.

 
  
  

PRESIDENCIA DE LA SRA. ROTH-BEHRENDT
Vicepresidenta

 
  

(1) Posición de la Comisión sobre las enmiendas del Parlamento: cf. Anexo.

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