Índice 
 Anterior 
 Siguiente 
 Texto íntegro 
Debates
Martes 25 de octubre de 2005 - Estrasburgo Edición DO

14. Sesión solemne - Chile
MPphoto
 
 

  El Presidente. Señor Presidente de la República de Chile, señores Presidentes del Congreso y del Senado chileno, señoras y señores diputados, tenemos hoy el privilegio de acoger al Presidente de la República de Chile, don Ricardo Lagos Escobar, que viene, además, acompañado de los Presidentes de las dos cámaras parlamentarias chilenas.

Don Ricardo Lagos es una personalidad de excepcional importancia en el panorama político de América Latina.

Señor Presidente, permítame que, en nombre del Parlamento Europeo, le dé hoy nuestra más calurosa bienvenida.

Cuando Ricardo Lagos tenía 45 años, dejó una vida tranquila y acomodada en las Naciones Unidas para alquilar una pequeña oficina en Santiago de Chile y empezar a trabajar por la democracia en su país, entonces en plena dictadura militar. Trabajó, luchó y viajó por todo Chile; fue detenido, pero volvió a la lucha para acabar con el régimen del General Pinochet.

Su labor ha sido perseverante para derogar los enclaves autoritarios de una Constitución firmada por un dictador, y hace un mes logró llevar a cabo la reforma de esa Constitución, que ahora está firmada por un presidente democrático.

En la memoria colectiva de los chilenos y de todos los demócratas del mundo, creo que se recuerda con emoción la imagen de Ricardo Lagos en un programa de televisión, que ha hecho historia, mirando a la cámara con el dedo levantado, enfrentándose a Pinochet y abriendo el camino que llevaría a millones de chilenos a votar «no» en el referéndum de 1988, con el que Pinochet pretendía perpetuarse en el poder. Creo que esa es la imagen más simbólica de la transición de la apertura democrática en Chile.

(Aplausos)

Por su fe en Chile y en la democracia, apoyó a un democratacristiano, Patricio Aylwin, como Presidente de Chile, y en ese Gobierno fue Ministro de Educación y abordó una profunda reforma de la enseñanza en su país.

Después, fue también con otro democratacristiano, el Presidente Frei, con el que se había enfrentado antes en las elecciones presidenciales, Ministro de Obras Públicas; es un buen ejemplo de la cooperación entre democratacristianos y socialistas, en un momento en que el país la necesitaba, para transitar hacia la democracia. Fue entonces cuando tuve ocasión de conocerle: él, Ministro de Obras Públicas en su país, y yo, en el mío. De su mano, querido amigo, empecé a conocer su maravilloso país, desde los desiertos volcánicos del norte a los paisajes alpinos del sur, hasta el sur más austral.

Y, finalmente, en marzo de 2000, fue elegido Presidente de la República de Chile, un país que, ya en 1812, en los albores de su independencia, redactó su Reglamento Constitucional Provisorio, que decía así: «Todo habitante libre de Chile es igual de derecho (...). El extranjero deja de serlo si es útil; y todo desgraciado que busque asilo en nuestro suelo será objeto de nuestra hospitalidad y socorros. A nadie se impedirá venir al país, ni retirarse cuando guste con sus propiedades».

Apliquen estas palabras a Ceuta, a Melilla o a Lampedusa, para darse cuenta de la rabiosa actualidad que tienen hoy en Europa.

(Aplausos)

Señor Presidente, señoras y señores diputados, Chile, en lengua aymara, significa «el lugar donde acaba el mundo» y, ciertamente, en la frontera del río Bio-Bio acabó el mundo, porque allí se detuvo la conquista española ante la fiera resistencia araucana. Pero, hoy, Chile es un país plenamente integrado en el mundo, abierto, dinámico y democrático, que ha firmado con la Unión Europea el acuerdo de asociación más completo que la Unión ha firmado con ningún otro país que no aspira a ser miembro de la Unión.

Desde entonces, las exportaciones chilenas hacia la Unión han aumentado en un 35 % y globalmente nuestros intercambios se han multiplicado prácticamente por tres. Eso demuestra el beneficio mutuo que nos aporta nuestra asociación.

Quiero, al darle la bienvenida, señor Presidente, reconocer que es un privilegio para este Parlamento que haya usted querido venir aquí, cuando está a punto de acabar su mandato presidencial; un mandato, por cierto, que usted deja con una aprobación de su opinión pública superior al 65 %, algo sorprendentemente positivo, no solo en América Latina, sino también en Europa.

Por eso, señor Presidente, créame, nos sentimos todos muy complacidos de escuchar de usted las lecciones que podemos aprender de la gran experiencia chilena hacia la democracia.

(Aplausos)

 
  
MPphoto
 
 

  Ricardo Lagos Escobar, Presidente de la República de Chile. (ES) Muchas gracias, señor Presidente, por su amable presentación, señores, señoras, miembros de este Parlamento, amigos todos: hace quince años vine ante ustedes, a conversar con sus jefes de bancada, como uno de los líderes de la oposición a la dictadura en Chile.

Hoy me presento como Presidente de la República de un país democrático, después de quince años de exitoso ejercicio de una amplia coalición política y social en el Gobierno.

Chile ha cambiado mucho desde aquellos años oscuros. Hemos logrado recuperar nuestra vida ciudadana y nuestras instituciones democráticas. Hemos doblado el producto y mundializado nuestra economía. Al mismo tiempo, disminuimos la pobreza a la mitad, reformamos la educación, la salud y la justicia, y, hemos emprendido, con recursos públicos y privados, el más ambicioso plan de infraestructura y de vivienda: hoy, una de cada cuatro viviendas en Chile ha sido construida en estos quince años

Y creo que, por haber realizado estos cambios al mismo tiempo, hoy tenemos una alta cohesión social y nuestra población apoya nuestra inserción en la sociedad mundial.

Siempre hemos mirado la experiencia de Europa. Durante más de medio siglo, ustedes han logrado combinar democracia, economía de mercado y una alta cohesión social, compatibles con equilibrios macroeconómicos y con un Estado de bienestar o, mejor, con una red de protección social.

Tenemos un patrimonio cultural común y vínculos históricos que nos unen.

Los chilenos tenemos vivo el recuerdo en nuestra memoria del apoyo que esta Asamblea prestó a la recuperación democrática en Chile.

En momentos duros para nuestra patria, miembros de este Parlamento en aquel entonces, viajaron a Chile, participaron en nuestras asambleas, apoyaron a nuestra sociedad civil y demostraron su solidaridad con la causa democrática.

Solo nos cabe gratitud al recordar estos hechos. Y les pedimos que valoren la significación de lo que se ha obtenido. El papel de Europa fue, es y será siempre inestimable.

La historia —nuestra historia— sería distinta sin ustedes.

La verdad sobre las violaciones de los derechos humanos es hoy pública y reconocida. Una trayectoria luminosa para encontrar la verdad se inició con el Informe Rettig, sobre detenidos desaparecidos, y ha continuado hasta el día de hoy con el Informe Valech, sobre prisión y tortura en esos años oscuros.

No conozco otro país del mundo que se haya atrevido a formar una comisión para escuchar la declaración de 35 000 personas, que fueron detenidas y torturadas, de las cuales, la comisión reconoció el carácter de víctimas a 29 000.

Hemos sido capaces de ir reconociendo la conciencia moral de nuestra sociedad. Hemos enfrentado la tarea de hacer verdad y justicia respecto de las violaciones de derechos humanos.

Chile goza hoy, como decía el Presidente Borrell, de una democracia firme y robusta. La Constitución autoritaria ha sido modificada.

Los trabajadores han recuperado sus derechos. Chile cuenta hoy con un seguro de desempleo, reformas laborales y una nueva justicia laboral más eficaz.

El papel de la mujer es crecientemente reconocido; hay una importante y completa legislación sobre deberes y derechos familiares.

La protección del medio ambiente forma parte de la imaginación colectiva y se ha plasmado en importantes políticas públicas que fueron recientemente analizadas por la OECD.

Hoy, en Chile, nuevas generaciones, crecidas y formadas en democracia, amplían los límites recibidos y despliegan su creatividad en todos los ámbitos.

Hoy, siete de cada diez jóvenes en educación superior constituyen la primera generación universitaria en sus familias. Esa es la magnitud del cambio que hemos introducido en Chile: es un país más libertario, más solidario, más progresista, más abierto a un mundo en el cual queremos dejar nuestra impronta.

Es cierto, bajamos la pobreza de un 40 a un 18 por ciento, y la indigencia de un 12,9 a un 4 por ciento.

Tenemos una economía competitiva, bajos índices de corrupción e indicadores de desarrollo humano satisfactorios.

Sin embargo, no estamos satisfechos; queda mucho por hacer. Tenemos que modificar la previsión social para hacerla más justa y equitativa. Tenemos todavía una crónica de desigualdad en la distribución de los ingresos provenientes del trabajo. La diferencia de ingresos entre el 20 por ciento más rico y el 20 por ciento más pobre es, en promedio, de 14 veces. Pero si introducimos los elementos de las políticas sociales esta diferencia se reduce a 7 veces.

Hay que encontrar el equilibrio virtuoso entre la protección social y las condiciones para mantener la competitividad. Y, entonces, miramos a Europa, de una manera distinta a cómo lo ven ustedes. El debate europeo a veces es nuestro debate, —soy consciente del momento en que hablo en este Parlamento y no quiero entrar en temas que son propios del debate de ustedes— pero sí quisiera señalar hoy aquí que, aunque Chile muchas veces se ha presentado como modelo neoliberal, no hay nada más lejos de la realidad.

Entendemos que el consenso de Washington, así denominado, que habla de liberalizar mercados, que habla de privatizar determinadas empresas, que habla de desregular y que habla de tener presupuestos equilibrados, es algo que Chile ha hecho y en buena hora.

Pero, lo que no está en el consenso de Washington es la necesidad de tener, con ese crecimiento, políticas públicas concretas dirigidas a los sectores más desfavorecidos; políticas públicas, concretas, para crear una red de protección social, sin la cual ningún país es capaz de competir en el mundo.

(Grandes aplausos)

Los países que no son capaces de tener un mínimo de cohesión social en el interior de sus sociedades, en el largo plazo se enfrentan a un conflicto interno en su sociedad, que impide la competencia hacia fuera.

Entonces, lo que nosotros hemos hecho es un tremendo esfuerzo por crecer y hemos crecido. Pero este crecimiento se ha plasmado en políticas sociales, en educación; hemos hecho la más profunda reforma de la salud y, déjenme decirles «¡por Dios qué es difícil!», porque reformar la salud equivale a lidiar con un conjunto de intereses creados.

Les dije a los amigos médicos que tenemos en Chile «ustedes, mis amigos, son todos socialistas durante la mañana, cuando trabajan en un hospital público, pero son todos capitalistas en la tarde, cuando atienden su clientela privada». Y, cuando me amenazaron con hacer una huelga, dije «conforme, pero se van a la huelga en la mañana y en la tarde». Se entiende, ¿no?

(Aplausos)

Entonces, es difícil llevar a cabo una reforma de la salud, porque los únicos que no están organizados son los pacientes de los hospitales y los únicos en nombre de los que uno tiene que hablar son ellos. La reforma, pues, implica un tremendo cambio en favor de la salud primaria. Hoy, en Chile, respecto de 25 patologías —serán después 56 patologías, que representan el 80 % de las intervenciones médicas de los hospitales— podemos garantizar tres cosas: una institución de calidad, un plazo para ser atendido y, si la persona no tiene recursos, los recursos los ponen los quince millones de chilenos. El proceso de esta reforma fue largo, pero forma parte de la cohesión social, que es esencial.

Entendemos el debate de ustedes, en materia de salud, en materia de previsión; quiero señalar que la edad media en Chile es muy similar a la edad media que tienen ustedes en Europa, hay unos pocos meses de diferencia solamente, y, por lo tanto, tener que lidiar con una previsión social de una población que envejece es para nosotros muy importante.

Y, al mismo tiempo, hemos podido obtener una buena situación macroeconómica y quisiera señalar que Chile cumple la totalidad de los requisitos de Maastricht.

En otras palabras, el debate de ustedes, a veces, es también nuestro debate. Y por eso lo seguimos con atención, por eso queremos aprender también de lo que ustedes han hecho. ¿Por qué no decirlo? Europa representa en muchos aspectos un paradigma importante hoy en el mundo y, en ocasiones, ustedes, inmersos en su debate, no se dan cuenta de que son, también, un ejemplo del tipo de sociedad que se quiere crear hoy en el mundo.

Es cierto, sabemos que para seguir creciendo con equidad en el futuro y no quedar presos de un esquema exportador de materias primas y baja creación de empleo y bienestar, tenemos que hacer una fuerte inversión en innovación, ciencia y tecnología. Hemos cuadriplicado los esfuerzos, pero estamos creando un fondo para la innovación financiado con una parte muy pequeña de la renta que produce el cobre.

El cobre es un recurso no renovable, que genera grandes ingresos para Chile. Esos grandes ingresos extraordinarios serán un fondo para el futuro a través de la ciencia y la tecnología. Y, a este respecto, entonces, contamos con la cooperación europea. El acuerdo que tenemos con Europa es un acuerdo que nos permite acceder también a las disposiciones que ustedes tienen en este ámbito.

También queremos perfeccionar nuestra integración en la economía mundial. Estamos convencidos de que los países progresan cuando asumen todo el planeta como una posibilidad. La mundialización no debe asustarnos.

En nuestro caso, la mundialización ha abierto nuevas posibilidades, incluso para economías pequeñas y alejadas de los grandes centros internacionales. Por cierto, ningún mecanismo automático va a reducir las desigualdades, la inestabilidad y las crisis que trae consigo la mundialización. Pero tenemos que tener normas e instituciones capaces de darle cauce al proceso mundializador. Si queremos llegar a ellas, debemos afirmar la capacidad de una política global, hoy emergente, para dar conducción a la sociedad.

Quiero decirlo francamente aquí: nos preocupa una mundialización que avanza a pasos agigantados, sin que avancen con la misma rapidez las instituciones multilaterales que tienen que establecer las reglas del proceso mundializador.

(Aplausos)

Y aquí, vemos en Europa, un actor imprescindible para hacer más justas las reglas del comercio, la creación de bienes públicos globales, la reorganización de los organismos internacionales y una coordinación macroeconómica entre los poderes económicos más importantes del planeta.

¿Ante quién recurro yo, cuando en el sur-sur de Chile, la capa de ozono disminuye y los rayos solares son más fuertes como resultado de las emisiones de gases en el hemisferio norte? A algunos no les gustan los acuerdos de Kyoto; les he dicho a los líderes de esos países «me parece bien, pero, ¿díganme entonces dónde voy yo a reclamar por lo que está ocurriendo en el mundo?» Porque lo que ocurre en mi país es un problema externo a mi país.

(Aplausos)

Y, aquí, quiero compartir con ustedes algo que nos parece central: para un país como Chile, lo multilateral termina siendo política local. Por eso creemos en las Naciones Unidas, de las cuales somos miembros fundadores. Por eso creemos que el Consejo de Seguridad es el único órgano que tiene legitimidad para usar la fuerza en nombre de la humanidad.

(Aplausos)

Por ello, en un momento en que nuestro país formaba parte del Consejo de Seguridad, dijimos no a una invasión en Iraq si la decisión se tomaba fuera del Consejo de Seguridad.

(Aplausos)

Y, porque fuimos coherentes, dijimos sí y en setenta y dos horas hicimos un esfuerzo y desplegamos nuestras Fuerzas Armadas en Haití, porque nos parecía que, como latinoamericanos, teníamos la obligación de asumir nuestras responsabilidades cuando el Consejo de Seguridad así lo pedía, en un país con tremendas dificultades que está en América Latina y el Caribe.

Estoy convencido, entonces, de que los problemas de Europa y los del mundo subdesarrollado se van a resolver conjuntamente. Como señalara un catedrático europeo, si nos empeñamos en encerrarnos tras los muros, pereceremos a manos de los asaltantes de dentro y de fuera.

Estos valores y objetivos compartidos constituyen la base del Acuerdo de Asociación que firmó Chile con la Unión Europea el 18 de noviembre de 2002.

El Parlamento Europeo aprobó este acuerdo por unanimidad de sus miembros, en un gesto político que Chile reconoce y agradece. Por ello, hoy están conmigo, presentes en esta solemne ocasión, los Presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados de Chile, uno de los cuales es un distinguido miembro de la oposición de Chile a mi Gobierno, pero en estas materias hay una política de Estado que une a todos los chilenos.

Este Acuerdo es el más amplio y comprensivo de los que Chile ha suscrito hasta ahora y también, posiblemente, el más ambicioso de la Unión Europea. Estamos construyendo nuestra asociación. Estamos fortaleciendo los vínculos en todas las áreas y ámbitos contenidos en el Acuerdo de Asociación. Hay un dinamismo creciente, como ha recordado el Presidente Borrell, en nuestro intercambio. La Unión Europea ha aumentado su importancia como el mayor inversor externo en nuestra economía, representando ahora el 42 % del total de inversiones extranjeras en Chile.

Nuestro comercio es, geográficamente, muy equilibrado: 30 % Europa, 25 % Asia, 18 % Estados Unidos, el resto, América Latina. Hemos suscrito un Acuerdo Horizontal de Transporte Aéreo, que esperamos convertir pronto en un Acuerdo de Cielos Abiertos entre Chile y Europa.

En el marco del Acuerdo hemos mantenido un diálogo político franco e intenso con Europa, un diálogo de verdaderos aliados, aunque a veces podemos diferir sobre algunas políticas —no quiero hablar de subsidios agrícolas aquí— pero con visiones comunes. En ese marco estamos participando en la operación ALTHEA de la Unión Europea en Bosnia y Herzegovina: tropas chilenas hacen su contribución a la paz en un país europeo.

Porque somos conscientes de estas responsabilidades, participamos, como ya dije, en Haití, y aspiramos a colaborar más estrechamente con la Unión Europea en la nueva etapa que se inicie en ese país después de sus elecciones.

Estamos cooperando activamente en la modernización de nuestras instituciones públicas; queremos profundizar nuestra colaboración en temas medioambientales; aspiramos a intercambiar experiencias y buenas prácticas para fortalecer más la cohesión social en Chile.

Estimados amigos y amigas, los latinoamericanos no somos ajenos a la nueva diversidad que se observa hoy en Europa. Algunos de nuestros hermanos están recorriendo el camino inverso que abrió, hace siglos, la fuerte migración europea hacia nuestro continente. No solo españoles. A mediados del siglo XIX muchos de los países que aquí tenían dificultades para crecer exportaron mucha, mucha, mano de obra a América. Ahora algunos están haciendo el camino inverso hacia acá.

Tenemos un fuerte compromiso con la consolidación de una asociación estratégica entre Europa y América Latina y el Caribe. Queremos una mayor presencia de Europa allá. Vemos a nuestro Acuerdo de Asociación como un paso significativo. Seguimos con interés y esperanza las negociaciones de la Unión Europea con nuestros hermanos de Mercosur. Esperamos pronto hacer negociaciones de asociación más profunda, y desearía que, la próxima Cumbre Eurolatinoamericana, que va a tener lugar en Viena el próximo año, se concrete en una asociación estratégica intrarregional con tareas y medidas concretas.

En ocasiones, los latinoamericanos ponemos demasiada retórica; queremos concreción en estos acuerdos.

Más de una vez he expresado a los distintos líderes europeos la necesidad de entender el proceso de Colombia, los esfuerzos que allí se hacen por encontrar la paz. Todos debemos estar atentos para apoyar a Colombia en el presente esfuerzo de convivencia nacional.

Porque nos une nuestro pasado, lo que somos y lo que aspiramos a ser, queremos mucho más con Europa. Con una Europa fuerte, unida en su acción externa, decidida a desempeñar el papel que a Europa le corresponde en el mundo. Una Europa comprometida con el libre comercio que contribuya al éxito de la Ronda de Doha. Una Europa que busque la cohesión social interna y también a nivel global. Una Europa que apueste por el multilateralismo y busque darle un rostro humano a la mundialización. Una Europa que impulse el diálogo y concertación entre diversas tradiciones culturales, religiosas y laicas en el marco de lo que se ha denominado una alianza de civilizaciones.

Señores y señoras parlamentarios, hace 3 500 años un europeo dijo en La Odisea «Cántame Musa del hombre de ingenio multiforme, que fuera desviado una y otra vez de su camino... que vio muchas ciudades y entendió el pensamiento de los hombres... Esta es la historia que te pido, Musa, que cuentes para nosotros...»

Hoy llego aquí, a este Parlamento, pidiendo que nos narren esta historia, porque este viaje de 3 500 años es también el nuestro. Hemos sido a veces desviados de nuestro camino. Muchas veces. No es imposible que otra vez seamos desviados en el futuro.

Pero entender el pensamiento de los demás, y captar la variedad de sus ciudades nos tiene que llevar a un exitoso destino común. Tuvimos vuestro apoyo en años difíciles. En la actualidad nos enorgullece reencontrarnos como socios y, siempre, nos seguiremos reconociendo como amigos, unidos, no solo por intereses, sino también por ideales comunes e identidades que compartimos.

Ése es el valor importante que queremos seguir preservando y, por esa razón, me he permitido dirigirme a ustedes. Muchas gracias por haberme invitado.

(Aplausos prolongados)

(La Asamblea, puesta en pie, aplaude al Presidente de la República de Chile)

 
  
MPphoto
 
 

  El Presidente. Muchas gracias, señor Presidente, por habernos recordado la importancia de Europa. Gracias por habernos dicho que, a veces, ensimismados en nuestros problemas, perdemos el sentido de la importancia que tiene nuestro proyecto. Efectivamente, Europa no es un proyecto solo para sí misma sino que también responde a una necesidad del mundo. Gracias por haberlo dicho aquí en el Parlamento Europeo, que se ha honrado con su presencia.

 
  
  

PRESIDENCIA DEL SR. MAURO
Vicepresidente

 
Aviso jurídico - Política de privacidad