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Procedimiento : 2005/0042A(COD)
Ciclo de vida en sesión
Ciclo relativo al documento : A6-0030/2006

Textos presentados :

A6-0030/2006

Debates :

PV 16/03/2006 - 5
CRE 16/03/2006 - 5

Votaciones :

PV 16/03/2006 - 9.1
CRE 16/03/2006 - 9.1
Explicaciones de voto

Textos aprobados :

P6_TA(2006)0093

Acta literal de los debates
Jueves 16 de marzo de 2006 - Estrasburgo Edición DO

5. Programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud (2007-2013) (debate)
Acta
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  El Presidente. De conformidad con el orden del día se procede al debate del informe (A6-0030/2006) del señor Trakatellis, en nombre de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, sobre la propuesta de decisión del Parlamento Europeo y del Consejo de establecer un Programa de Acción Comunitario en el Área de la Salud y de la Protección de los Consumidores 2007-2013. Aspectos sanitarios [COM(2005)0115 – C6-0097/2005 – 2005/0042A(COD)].

 
  
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  Markos Kyprianou, miembro de la Comisión. (EL) Señor Presidente, antes que nada quisiera agradecer al ponente, el señor Trakatellis, su excelente trabajo en la redacción de este informe. Pero también quiero dar las gracias a los miembros de las dos comisiones por su magnífica tarea en el estudio y examen de este programa. Me complace sinceramente el gran número de oradores que han intervenido, así como las muchas propuestas presentadas. Igualmente quiero decir de entrada que de hecho, en circunstancias distintas, yo no podría estar en desacuerdo con la esencia de las propuestas presentadas.

En lo que respecta a la división en dos programas, puede ser que tengamos puntos de vista diferentes, pero las recomendaciones añadidas a las acciones del programa amplían su alcance y lo hacen más efectivo, al abarcar más sectores. Asimismo, y esto no es menos importante, no solo se han previsto los recursos que la Comisión requiere para sostener el programa, sino que su presupuesto se ha incrementado aún más.

Sin embargo, en las actuales circunstancias –y me refiero en concreto a las circunstancias económicas– lamentablemente debemos ser cautelosos y, usando una palabra que no me gusta demasiado, «realistas». El asunto más importante que nos ocupa en este momento es el fin del debate sobre las perspectivas financieras, y el Parlamento desempeña en este terreno un papel fundamental. En este punto quiero resaltar el apoyo y las posturas positivas del Parlamento y de la Comisión en cuanto al refuerzo financiero del programa.

Es obvio que si se mantiene el compromiso alcanzado en el Consejo Europeo en diciembre, el programa sufrirá drásticos recortes. El Presidente Barroso ya ha enviado la pertinente carta al Presidente Borrell comunicándole que si el acuerdo queda como en diciembre, el sector de la salud y de la protección de los consumidores no solo carecerá de suficientes recursos, sino que en 2007 tendrá menos que en 2006. En otras palabras, habrá menos dinero para la Europa de 25 y 27 Estados miembros que para la Europa de los 15. Creo, como apunta también el Presidente Barroso en su carta, que esto no tiene justificación, y menos aún en un momento en que queremos acercar Europa a sus ciudadanos. Por eso se ha pedido al Presidente Borrell que el Parlamento haga un mayor esfuerzo de colaboración en este sector.

La propuesta de la Comisión para el programa también está reflejada en el correspondiente presupuesto. No obstante, si finalmente tiene lugar la reducción sustancial a la que he aludido, habrán de abandonarse numerosas acciones y muchos sectores de la propuesta, pues no tendrá sentido asignar pequeñas cantidades a un gran número de sectores de modo que ninguno de ellos cuente con suficiente apoyo.

Por eso es necesario reevaluar todo el programa, fijar prioridades y reducir notablemente el número de acciones, iniciativas y sectores abarcados, a fin de poder apoyar efectivamente a los pocos sectores elegidos.

Por supuesto, yo quisiera que en los sucesivos debates esta situación quedara subsanada y que se entendiera que esto no fue sino un error y que, dada la gran importancia política tanto de los asuntos sanitarios como de la protección del consumidor, siquiera se añadieran algunas pequeñas cantidades finalmente al programa.

En lo que respecta a la cuestión de dividirlo, entiendo las posturas expresadas. Sé que ambas comisiones preferirían programas separados, comprendo sus argumentos y sus preocupaciones. Sin embargo, nosotros seguimos creyendo que, en esencia, un programa conjunto comportaría ciertas ventajas: se podría hacer un mejor uso de los recursos. En todo caso, no obstante, hasta que se haya aclarado el tema de las perspectivas financieras, la Comisión no estará en condiciones de tomar una decisión definitiva en cuanto a la división. Así las cosas, en esta fase del proceso la Comisión rechazará las enmiendas encaminadas a dividir el programa en dos y, tan pronto conozcamos el resultado final del debate sobre las perspectivas financieras, volveremos a estudiarlo. El Parlamento ha dejado clara su postura y tomamos nota.

No entraré en más detalles debido a la falta de tiempo. He tenido el placer de discutir el programa con la comisión competente. Tan solo quisiera resaltar que, dado que no hay tiempo y que son muchas las enmiendas, la postura de la Comisión sobre cada una de ellas será comunicada por escrito, y yo agradecería que se incluyeran en el Acta de este debate(1). Sin embargo, insistiré en el hecho de que las enmiendas rechazadas no lo son debido a discrepancias de principio. Quiero recordarles que muchas de ellas, lógicamente, han sido aceptadas, pero en el caso de las que no lo han sido es por el hecho de que sencillamente, por un lado, es necesario que haya ciertas prioridades en la situación financiera actual y, por otro lado, hay que respetar los criterios de subsidiariedad, es decir, no intervenir en competencias de los Estados miembros y, claro está, no interferir ni duplicar acciones amparadas en otras políticas y acciones comunitarias.

Para terminar, quisiera darles las gracias una vez más y decirles que seguiré el debate entre sus Señorías con el máximo interés.

 
  
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  Antonios Trakatellis (PPE-DE), ponente. – (EL) Señor Presidente, el problema de la gripe aviar ha sido –estará de acuerdo conmigo– una oportunidad para que la Unión y los Estados miembros actúen de forma coordinada y efectiva fortaleciendo la confianza y el sentimiento de seguridad entre los ciudadanos. Pero también ha demostrado una vez más el valor que tiene la actuación comunitaria en el terreno de la salud pública.

Por eso creo que este debate es el momento oportuno para respaldar el presente informe, incluida una mayor financiación, base necesaria para la consecución de objetivos, los cuales, junto con las líneas básicas de actuación, garantizan la continuidad y también el desarrollo del programa anterior. Esto se consigue mediante una combinación de objetivos y actuaciones, como proteger a los ciudadanos de las amenazas para su salud provocadas por agentes físicos, químicos y biológicos, de enfermedades contagiosas, etcétera. Es necesario un sistema común de defensa y una respuesta coordinada en Europa ante posibles pandemias, como demuestra el caso de la gripe aviar.

La promoción de políticas que fomenten una vida más sana, los determinantes de la salud. Se lo debemos a nuestros hijos, a las generaciones venideras, tenemos la obligación de establecer unas pautas de vida que tengan en cuenta seriamente los determinantes de la salud: buenos hábitos alimenticios, no fumar, condiciones sociales y económicas que eviten un estrés excesivo.

La prevención de enfermedades debe basarse ante todo en abordar los determinantes de la salud que afecten probadamente a la salud física y mental.

Otra línea de actuación que requiere una acción conjunta y coordinada es la reducción de la incidencia que tienen las grandes enfermedades y lesiones en la morbilidad y la mortalidad.

Mejorar la eficiencia y eficacia de los sistemas de salud: hemos de examinar conjuntamente los sistemas de salud de los Estados miembros para garantizar su compatibilidad, ya que esto les permitirá prestar un mejor servicio a los ciudadanos europeos.

Poner a disposición no solo de los profesionales de la salud, sino también de los ciudadanos de a pie, más información y conocimientos, por un lado para desarrollar la salud y, por otro, para incorporar los objetivos de las políticas aplicadas en los sectores sanitarios a otras políticas.

Mejores prácticas sanitarias, que constituyen no solo los medios más efectivos de combatir enfermedades, sino que también evitan mayores pérdidas de salud. Es evidente que el criterio de evaluación de los tratamientos no puede ser el coste financiero, sino la eficacia, lo que supone además un ahorro a largo plazo.

Asimismo, se hace hincapié en actuaciones como el efecto del medio ambiente en la salud y la recopilación de datos relativos a la baja natalidad, la baja fertilidad y la esterilidad, que se están convirtiendo en un azote para una envejecida población europea, ya expuesta a la amenaza del problema demográfico. La recopilación de datos y el desarrollo de estrategias de movilidad de pacientes, la continuación del desarrollo de la tarjeta de salud electrónica, los mecanismos de promoción de los transplantes de órganos, la cooperación entre la Comisión y los Estados miembros y con organismos internacionales como la OMS y el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, son medidas necesarias para el intercambio de opiniones y para la promoción de las acciones de salud. Los Estados miembros están llamados a desempeñar en este punto un importante papel, dado que gran parte de los datos proceden de ellos.

El elemento de coordinación del programa, en mi opinión, es crucial y necesario para su éxito, y el método abierto de coordinación puede contribuir realmente a la subsidiariedad fortaleciendo las estrategias en el sector de la salud y la atención sanitaria, como la movilidad de pacientes.

Señorías, podría seguir enumerando sin parar temas de prevención y sanidad. Pero estoy seguro de que la necesidad de una intervención coordinada que combine la actuación conjunta en el plano comunitario con la capacidad de los Estados miembros de mejorar su eficiencia constituye ahora una base común. Esta aspiración verdaderamente ambiciosa se contempla en el segundo programa propuesto. Es un programa más completo y, según la experiencia que he adquirido, creo que comparativamente dará mejores resultados.

Desde este punto de vista, creo que es aceptable la enmienda 64, que propone una mayor financiación, pues el programa ahora está más lleno y es distinto del presentado por la Comisión, y, sin fondos, los mejores programas no pueden dar resultados. En consecuencia, como ponente, les invito con toda convicción a que voten a favor de la enmienda 64, pues creo que si lo hacen enviarán un mensaje de firmeza al Consejo y otro de esperanza a los ciudadanos europeos, que han de saber que de verdad nos preocupamos por ellos y por su salud.

 
  
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  Anders Samuelsen (ALDE), ponente de opinión de la Comisión de Presupuestos. – (DA) Señor Presidente, quisiera comenzar dando las gracias al señor Trakatellis por el magnífico trabajo que ha realizado en el asunto que hoy nos ocupa. Esta es sin duda una de las áreas en que más necesario es asegurar un auténtico apoyo a las clases populares. Se habla mucho de que en este momento hay una concepción claramente defensiva de la cooperación europea, sobre todo tras las votaciones en los Países Bajos y en Francia sobre el Tratado Constitucional. Pero todos los estudios demuestran que es muy difícil detectar una oposición popular a la cooperación transfronteriza, concretamente en las áreas que hoy estamos debatiendo. Por eso considero importante recalcar que apoyamos el trabajo realizado hasta ahora. Respaldamos el intento de dividir el programa en dos y estamos a favor de garantizar la máxima financiación posible de los programas.

En especial, quiero señalar que el informe incluye una propuesta de la Comisión de Presupuestos con vistas a asegurar que la Comisión pueda aportar la financiación básica de forma bienal mediante convenios de asociación en red. Se trata de asegurar que se gaste el mínimo de recursos posibles en burocracia y que la mayor parte se dedique a aumentar los esfuerzos en las áreas en que estamos de acuerdo. Dicho esto, quiero agradecer de nuevo al señor Trakatellis su encomiable labor. Realmente espero que consigamos enviar una clara señal a los europeos de que la UE puede marcar la diferencia al beneficiarnos a todos en este campo.

 
  
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  John Bowis, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (EN) Señor Presidente, recomiendo encarecidamente el informe de mi colega y acojo con sumo agrado lo que tanto él como el Comisario han dicho sobre el presupuesto en sus declaraciones iniciales. Creo que es algo que el Parlamento debe escuchar. En estos momentos tenemos un presupuesto ridículo de 0,15 céntimos por ciudadano de la UE –eso es todo lo que gastamos cada año en salud en esta Unión Europea– a pesar de las muchas amenazas, retos y oportunidades que se nos presentan en el ámbito de la salud.

Esta semana me he reunido con pacientes de enfermedades iatrogénicas. El Comisario y su Señoría el ponente entenderán lo que eso significa, porque es un término griego, pero para el resto de mis colegas diré que se trata de los pacientes que han sufrido graves discapacidades o graves problemas de salud a causa de accidentes sufridos en el hospital. Es una de las cuestiones de seguridad de los pacientes que forma parte de nuestro plan de trabajo, introducida con razón durante la Presidencia británica.

Nos enfrentamos al reto del envejecimiento de la población, puesto que las personas viven más tiempo –mayoritariamente en buenas condiciones de salud–, pero luego llega la debilidad a una edad avanzada y han de hacer frente a todos los problemas relacionados con enfermedades neurodegenerativas que eso conlleva. En estos momentos, el gasto farmacéutico provocado por el Parkinson es mayor que el causado por el cáncer.

Tenemos que mejorar la calidad, y la forma en que mejoramos la calidad en la Unión Europea pasa por describir normas de calidad, no por prescribirlas. Esa es la manera de avanzar; no es muy cara; lo hemos hecho con el cribado del cáncer, empezando con la Presidencia irlandesa y continuando bajo la Presidencia austriaca. Estamos pidiéndolo para la diabetes, sobre todo la diabetes de tipo 2, y la propia Comisión aboga por hacer algo en esa misma línea para la salud mental, uno de los mayores retos de la época que nos ha tocado vivir. Probablemente, un tercio de nosotros tendrá, en algún momento de su vida, algún problema de este tipo y desde luego tendremos que estar agradecidos si hemos conseguido avanzar en ese ámbito.

Pero el presupuesto nos preocupa. Una de las mayores amenazas en este momento es la pandemia de gripe. Una de las mayores necesidades es la gestión eficaz del Centro europeo para la prevención y el control de enfermedades. Uno de los problemas, que nos ha explicado directamente su consejo, es que no cuenta con suficientes recursos ni financiación, y que no podrá hacer su trabajo debidamente si la pandemia se produce durante los próximos meses, o incluso durante los próximos años. Esa debe ser una prioridad para nosotros, pero no puede acabar con el resto de nuestro trabajo en el ámbito sanitario. Tenemos que dedicar tiempo y energía y algunos recursos para aprovechar las oportunidades que, gracias a los tribunales europeos, se presentan en el ámbito de la movilidad de los pacientes. Es preciso que nos concentremos en todas las enfermedades que causan alarma entre el público, ya se trate de las cardiacas o respiratorias, reumatológicas o cerebrales.

También tenemos que pensar en toda la ciencia médica, incluidas las áreas más modernas, como la medicina complementaria, que puede desempeñar un papel. Hace poco recibí un tratamiento de acupuntura para aliviar el dolor de la ciática y les puedo garantizar la eficacia de al menos un tipo de tratamiento complementario. También recomiendo ese aspecto de este informe a la Cámara.

 
  
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  Linda McAvan, en nombre del Grupo del PSE. – (EN) Señor Presidente, en primer lugar quiero unirme a quienes han felicitado al señor Trakatellis por su trabajo y por la forma abierta y cooperativa en que ha elaborado este informe.

Todos sabemos que la Unión Europea tiene competencias y recursos limitados, incluso menos recursos de los que desearíamos, para actuar en el campo de la salud. Sin embargo, es importante que centremos nuestro trabajo en aspectos en los que la UE puede hacer una aportación valiosa y marcar una diferencia real. Por eso el Grupo del PSE ha intentado garantizar que nos centremos realmente en el programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud.

Necesitamos un programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud que forme parte de la estrategia en materia de salud de la Unión Europea. En este momento tenemos gran cantidad de iniciativas ad hoc, con frecuencia lanzadas por las Presidencias, en torno a una u otra enfermedad. Eso no es suficiente: necesitamos una estrategia y tenemos que definir qué debe abarcar. Por mi parte, creo que debe incluir las amenazas transfronterizas para la salud; ya hemos oído hablar de ellas, conocemos el caso de la pandemia de gripe. En segundo lugar, debe incluir las cuestiones relacionadas con la movilidad sanitaria de los pacientes: ahora que cada vez más personas se desplazan, tenemos que hacer bien lo de la tarjeta sanitaria. Me llegan muchos casos de personas que todavía tienen problemas con su tarjeta sanitaria. Luego está la gente que está de viaje y quiere recibir asistencia sanitaria en el extranjero con el impreso E112. Tenemos que evitar que el Tribunal continúe elaborando las normas sobre asistencia sanitaria; somos los legisladores quienes debemos elaborarlas. En tercer lugar, quiero mencionar el ámbito de la cooperación, del intercambio de buenas prácticas para abordar factores determinantes de la salud. Como ha dicho el señor Trakatellis, esto es muy importante. En este terreno nos vemos muy presionados por organizaciones que nos piden que incluyamos en el programa acciones sobre alguna enfermedad o afección. El Grupo del PSE no apoya la inclusión de una lista de afecciones en el informe, porque creemos que debemos centrarnos en los factores determinantes para la salud. No queremos crear una jerarquía de enfermedades y afecciones, porque muchas de ellas son terribles para quienes las padecen.

Mantener este claro enfoque en la salud en el programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud no va a ser fácil. Solo hay que ver el número de enmiendas presentadas para el pleno –casi 200– y las muchas exigencias contrapuestas que se formulan. Sin embargo, a menos que el programa tenga un enfoque claro, a menos que consigamos demostrar que la UE añade valor y no se limita a una serie de declaraciones en cumbres o conferencias, será muy complicado convencer al Consejo y al público de la necesidad de incrementar el presupuesto.

Por lo tanto, la pelota está en el tejado de la Comisión. Espero que proponga una estrategia en el ámbito de la salud y espero que nos centremos en un futuro programa de acción en el ámbito de la salud. Vamos a votar a favor de la enmienda 64; creemos que es muy importante dejar claro que la atención sanitaria es importante. Sabemos que el público es escéptico con Europa, pero si los ciudadanos nos ven tomar medidas sobre las cosas que les importan, es posible que se muestren un poco más favorables a la Unión Europea.

Espero que defendamos un buen presupuesto, pero también que prestemos especial atención al enfoque del programa.

 
  
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  Holger Krahmer, en nombre del Grupo ALDE. (DE) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías: la competencia en política sanitaria reside básicamente en los Estados miembros. Y esto responde a una buena razón: los sistemas de salud son financiados a base de cotizaciones e impuestos, y cada uno de ellos está concebido de modo que cubra necesidades específicas. Además, en el terreno de los servicios sanitarios y de la asistencia médica rige el principio de subsidiariedad.

El artículo 152 del Tratado de la Unión obliga a los Estados miembros a garantizar un alto nivel de protección sanitaria. La UE, por su parte, puede adoptar medidas de apoyo a las políticas de los Estados miembros. A veces tengo la impresión de que la Comisión y algunos de nuestros diputados quisieran competir con las políticas sanitarias nacionales. En este campo existe el mismo problema que se repite en otras áreas: Europa se muestra impotente para hacer las cosas importantes que deberían centrar su actividad. En consecuencia, la UE abarca muchos ámbitos políticos que, ante la duda, es preferible que los regulen los Estados miembros, e interfiere constantemente en los asuntos de estos.

Con ello, lógicamente, no quiero decir que Europa deba desentenderse totalmente de la política sanitaria. Por el contrario, debe concentrarse en aquello que suponga un auténtico valor añadido europeo, y aquí enlazo directamente con lo aludido por la anterior oradora: Europa debe actuar sobre todo en las cuestiones que sobrepasen las fronteras y que un Estado miembro no pueda resolver por sí solo. Hay que dar la máxima prioridad a la mejora del intercambio de información y estrechar la colaboración para coordinar la lucha contra las epidemias y enfermedades contagiosas. Los riesgos para la salud que se derivan de la gripe aviar demuestran la absoluta necesidad de coordinar las medidas internacionalmente.

Lo mismo puede decirse del VIH y el sida, un gran problema sobre todo en los nuevos Estados miembros, que cae progresivamente en el olvido a pesar de sus crecientes índices de prevalencia.

La UE debe establecer prioridades más firmes en la lucha contra las enfermedades. Mi Grupo ha presentado enmiendas al respecto, para las cuales solicito una vez más el apoyo de sus Señorías. Debería prestarse especial atención a las principales enfermedades de gran difusión, como la diabetes, el cáncer y las dolencias cardiovasculares; ahí es donde deben centrarse las medidas comunitarias y los escasos recursos.

No somos nosotros quienes debamos elaborar una lista de la compra. En la comisión hemos debatido largamente las enfermedades y las medidas preventivas que merecen prioridad en el programa de acción. Seamos coherentes aquí con nuestras demandas. La resolución del Parlamento de diciembre de 2005 sobre el programa de trabajo pedía explícitamente medidas para combatir la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. El contenido de la propuesta de programa de acción de la Comisión era demasiado general. Ahora nos toca a nosotros fijar las prioridades políticas y centrarnos en las enfermedades de mayor difusión.

También quisiera decir unas palabras sobre el presupuesto y la financiación de las ONG. Mi Grupo apoya la propuesta del ponente de que el presupuesto del programa de acción se incremente hasta 1 200 millones de euros. Si nos tomamos en serio las prioridades establecidas en este programa, es obvio que serán precisos recursos suficientes. Las asociaciones de pacientes y las organizaciones no gubernamentales juegan un papel cada vez más importante, lo que justifica que reciban apoyo de la UE. Al financiar las ONG, sin embargo, debemos observar estrictos criterios y transparencia. No sería aceptable que algunas organizaciones –como sucede con el medio ambiente– recibieran un apoyo tan generoso que pudieran sufragar oficinas en Bruselas como si fueran sucursales de la Comisión Europea.

 
  
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  Hiltrud Breyer, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (DE) Señor Presidente, el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea apoya claramente un programa sanitario independiente y financieramente bien dotado.

La salud está en el primer lugar en la lista de preferencias de los ciudadanos de Europa, y nosotros debemos dar una señal inequívoca de que la política sanitaria también es una prioridad para el Parlamento Europeo, para la Unión Europea. Lógicamente, los servicios y los sistemas se organizan en el plano nacional, pero los objetivos de la política sanitaria deben discutirse internacional y conjuntamente en Europa. Si cada año gastamos mil millones de euros en subvencionar el tabaco, la política de salud merece al menos el mismo importe.

En cuanto a la financiación de las ONG, en el Grupo de los Verdes queremos que quede claro que solo podrán financiarse las ONG independientes de la industria. Por desgracia, existen muchas ONG sufragadas por la industria farmacéutica que son sus portavoces, y cuya única función es hacer publicidad de medicamentos supercaros. Eso no es lo que queremos. Queremos apoyar a las ONG independientes. Y es una contradicción, señor Krahmer, decir que ellas no pueden recibir dinero público. ¿Qué han de recibir, si no? ¿Es preferible que las financie la industria farmacéutica y que sigan sus directrices? ¡De ninguna manera! Es obvio que esas ONG también necesitan financiarse para poder sufragar sus relaciones públicas.

Para nosotros, lo fundamental es fomentar la medicina complementaria y alternativa. Me complace que ya se hayan realizado experiencias positivas al respecto. Hay millones de personas en la Unión Europea que han tenido experiencias muy positivas con la medicina complementaria y alternativa, sin olvidar tampoco a la medicina ecológica. Por tanto, es discriminatorio que la Unión Europea no considere esas formas de medicina, que aún no tienen apenas una existencia en la sombra.

Si la Comisión cree realmente lo que proclamó en Lisboa, esto es, que somos una sociedad innovadora, debemos entonces aprovechar la ciencia y la innovación que aportan la medicina alternativa y complementaria, desarrollarlas y ponerlas a disposición de los ciudadanos de la Unión Europea. Esto es fundamental y tengo la impresión de que la Comisión se ha implicado demasiado en los intereses de la gran industria farmacéutica con su demanda de medicamentos superventas. Esto no puede seguir así. No podemos seguir promoviendo solapadamente la investigación industrial y farmacéutica; nuestro objetivo debe ser practicar una auténtica innovación. Y ahí debe haber un hueco para la medicina complementaria y alternativa.

Termino con esto. Una vez más, todos pedimos expresamente que no haya discriminación, que no se permita la selección genética. Por eso, reiteramos nuestra petición al señor Trakatellis de que acepte nuestra enmienda como cláusula adicional en que se diga claramente que en esta materia solo se puede seguir trabajando postnatalmente y siempre que haya terapias disponibles.

 
  
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  Adamos Adamou, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (EL) Señor Presidente, Señorías: debo felicitar al señor Trakatellis por el excelente trabajo que ha hecho en una materia tan complicada, y estoy de acuerdo con él en muchos aspectos, sobre todo en lo relativo al aumento del marco financiero del programa.

Sin embargo, no comparto su deseo de que no se mencionen ciertas enfermedades, que son las más mortíferas, y realmente no se trata de listas de la compra, como ha dicho el señor Krahmer.

Cáncer: una de cada cuatro muertes se debe al cáncer. Uno de cada tres europeos sufrirá algún tipo de cáncer a lo largo de su vida.

Enfermedades del corazón: primera causa de muerte.

Reumatismo: más de ciento cincuenta enfermedades y síndromes. Uno de cada cinco europeos sigue un tratamiento permanente por reumatismo o artritis. El reuma es la segunda causa más frecuente de visitas al médico. En la mayoría de los países, el veinte por ciento de la atención primaria abarca a personas que sufren reumatismo. Y hay más enfermedades, tales como la diabetes y las dolencias psíquicas.

Dado que las enfermedades mencionadas afectan a sectores tan amplios de la población europea y están tan directamente vinculadas a la calidad de vida de los ciudadanos, opino que hay que citarlas expresamente en el programa. En consecuencia, he presentado la enmienda correspondiente en nombre de mi Grupo, la enmienda 156, que les pido que apoyen.

Es un hecho que los miembros pudientes de nuestra sociedad disfrutan de un acceso directo y sencillo no solo a la información sobre salud, sino también a los servicios médicos. Están bien informados sobre los peligros y amenazas para la salud y tienen medios para consultar regular y puntualmente a un médico.

Esto contrasta con las personas con dificultades económicas, que carecen de ese acceso directo y sencillo a la información, y muy probablemente deberán esperar largo tiempo hasta ser atendidos. Por lo tanto, es preciso hacer un gran esfuerzo por incluir en nuestros sistemas de salud las necesidades de esos grupos y las organizaciones que los representan. Debemos tener en cuenta sus experiencias para diseñar unos sistemas de salud capaces de satisfacer las necesidades de los europeos que sufren la discriminación y reciben una atención sanitaria deficiente. Por eso se ha presentado la enmienda correspondiente –la enmienda 157–, para la que también pido su apoyo, y termino felicitando una vez más al señor Trakatellis por su magnífico trabajo.

 
  
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  Johannes Blokland, en nombre del Grupo IND/DEM. (NL) Señor Presidente, en primer lugar quiero dar las gracias al ponente por su trabajo en este informe. Es encomiable su compromiso con la salud pública en Europa. Aunque estoy de acuerdo con la esencia del informe, deseo hacer tres observaciones.

En primer lugar, con respecto al presupuesto, la enmienda 64 lo incrementa sustancialmente, si bien con carácter meramente indicativo. A mi juicio, esta enmienda no pertenece a este informe, pues el nivel del presupuesto no es objeto de este debate, sino que depende de lo que resulte de las negociaciones sobre las perspectivas financieras.

En segundo lugar, quisiera mostrarme a favor de la enmienda 148 del Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos) y de los Demócratas Europeos. La investigación genética puede ser un elemento valioso que añadir a las actuales técnicas de diagnóstico, pero solo si se usa de forma éticamente responsable. Por ejemplo, debemos evitar que las compañías de seguros excluyan a determinadas personas de sus pólizas basándose en un perfil genético.

Por último, quisiera llamar la atención del señor Comisario sobre la forma burocrática en que se ha distribuido el presupuesto de investigación. Ha llegado a mis oídos que una simple solicitud puede costar incluso miles de euros. Además, los solicitantes carecen de información sobre los criterios según los cuales, en su caso, serán examinados y se rechazarán o concederán sus solicitudes. Además, aunque la Comisión es muy estricta con el cumplimiento de los plazos por los solicitantes, no hay ninguna consecuencia cuando es ella quien demora su decisión. No hace falta decir cuánta frustración genera esto.

Propongo que introduzcamos un procedimiento preliminar en que se examinen las solicitudes a la luz de un número limitado de aspectos. Entonces se pedirán solicitudes completas tan solo a los proyectos que tengan verdaderas posibilidades. Esto reducirá la carga de trabajo de la Comisión y también la carga que soportan los solicitantes. Quisiera escuchar la respuesta del señor Comisario a este respecto.

 
  
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  Liam Aylward, en nombre del Grupo UEN. – (EN) Señor Presidente, la salud pública en cada país es crucial para los ciudadanos y un asunto que corresponde claramente a cada Estado miembro. Sin embargo, una de las grandes ventajas de ser un Estado miembro de la Unión Europea es el acceso a la colaboración y a la base de conocimientos de otros Estados miembros. Ese acceso es importante en cualquier ámbito y, en este caso, si es posible mejorar la salud pública, ya sea por su amplitud o sus efectos, mediante la cooperación de los Estados miembros, entonces hay que fomentarla.

El Gobierno irlandés sigue tratando de ofrecer una asistencia sanitaria de primera categoría a sus ciudadanos, que incluye una asistencia sanitaria apropiada, inmediata y segura en el contexto adecuado: una asistencia sanitaria prestada de una forma que sea justa para los pacientes, los contribuyentes y los profesionales sanitarios. Tiene el objetivo de proporcionar personal profesional preparado para el trabajo, formación, equipos y apoyo para promover una vida más sana en un entorno más saludable.

En nuestra época, tanto en Irlanda como en toda la Unión Europea, tenemos importantes retos sanitarios que abordar: las enfermedades cardiovasculares, los trastornos neuropsiquiátricos, el cáncer, las enfermedades digestivas, las enfermedades respiratorias, los trastornos de los órganos sensoriales, la obesidad y la diabetes son algunos de ellos. Ningún país puede solucionar esto por sí solo. La Unión Europea, haciendo uso de la experiencia de sus Estados miembros y expertos y en virtud de esta propuesta, que ha sido ampliamente mejorada por la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, responde al desafío de ayudar a los Estados miembros en el ámbito de la salud pública. También quiero felicitar al señor Trakatellis por su aportación a este informe.

Las comunicaciones, la educación, el acceso a métodos modernos, la prestación de un buen asesoramiento médico y la reducción de las diferencias en el ámbito de la salud pública entre los Estados miembros son elementos cruciales.

Además, y más concretamente, acojo con agrado las enmiendas relativas a la inclusión de la medicina alternativa en el programa. Un mejor conocimiento de la medicina complementaria y alternativa puede hacer una importante contribución a la capacidad de los ciudadanos de tomar decisiones más informadas y responsables sobre su salud.

 
  
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  Andreas Mölzer (NI). (DE) Señor Presidente, muchas de las enfermedades que hoy padece Europa están directamente relacionadas, en mayor o menor medida, con nuestra forma de vida. Piénsese por ejemplo en el incremento de las enfermedades nutricionales y las derivadas de la falta de ejercicio. Por lo tanto, sería un buen punto de partida fomentar estrategias que promuevan una forma de vida más sana. Sin embargo, su éxito no deja de ser dudoso, ya que se gastan actualmente 1 400 millones de euros en un sistema de información sobre salud que no ha servido más que para el intercambio de informes. La mayor parte de las enfermedades que sufrimos, incluso en Europa, no se deben ya a la falta de información.

La realidad es que la salud comienza con la actitud ante la vida. Hasta los niños saben que vive más sano quien hace ejercicio y come con moderación y de forma natural. Hace tiempo que la sociedad conoce lo que es malo para la salud, aun sin inscripciones en las cajetillas de tabaco, en la cerveza o en el vino, en los dulces y en la comida preparada, que imponen al consumidor juicios y decisiones cuando es él quien desea juzgar y decidir.

Es cuestionable la eficacia de dichas medidas supuestamente disuasorias, y yo no creo que la sociedad las acepte. En una encuesta, el 66 % de los interrogados se ha declarado a favor de fomentar conductas sanas, con descuentos en las primas de los seguros para quienes se sometan periódicamente a exámenes médicos, por ejemplo. Ese es el rumbo que debemos seguir. Y hay una cosa que está totalmente clara: la prevención reduciría también la carga financiera de nuestro sistema sanitario.

 
  
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  Ria Oomen-Ruijten (PPE-DE). (NL) Señor Presidente, la salud siempre está a la cabeza de la lista de preferencias de los europeos. Si Europa puede contribuir a eso, es muy legítimo y, de hecho, es nuestra obligación, pues el Tratado exige que garanticemos un alto nivel de salud pública.

Quisiera felicitar al ponente por el programa. Se ha mostrado abierto a los justos deseos de los demás diputados, y la Comisión ha presentado un buen programa que, no obstante, el Parlamento ha cambiado en algunos aspectos. Por citar uno de ellos, ahora se establece expresamente que los Estados miembros deben cooperar en hacer más sencilla la solicitud y prestación de servicios sanitarios.

Yo procedo de una región fronteriza que cuenta con hospitales académicos en Maastricht, Lieja y Aquisgrán. Desde lo alto del monte Vaalser –que tiene un poco más de 300 metros de altura y por tanto para nosotros los limburgueses es una montaña– casi se distinguen esos tres hospitales académicos punteros. Seguramente sería una buena idea, anteponiendo el coste al beneficio, que esas regiones unieran sus fuerzas para garantizar que esas grandes instalaciones no se paralizaran, cosa que nos costaría a todos mucho dinero.

Por eso me complace el programa ampliado, que incluye estas opciones transfronterizas. Y hasta aquí mi primera observación. La segunda se refiere a los sistemas sanitarios, todos ellos sometidos a presión, en parte por la demografía y en parte porque necesitamos cada vez más instalaciones que, a menudo, son cada vez más costosas. Todos los Estados miembros están adaptando sus sistemas sanitarios. ¿Por qué necesitamos inventar la pólvora en cada lugar? ¿No podemos aprender unos de otros? Este es un elemento que merece también gran atención.

En cuanto a la financiación, el coste debe ir antes que el beneficio. La gripe aviar es un problema básicamente de tiempo. Cuando veo –el señor Bowis se ha hecho eco de este sentimiento– que el equipo gestor de Estocolmo para enfermedades contagiosas afirma que «no puede funcionar cuando se sufre un desastre de tal magnitud», me doy cuenta de que es necesario renovar los acuerdos mutuos, y espero que exactamente eso sea lo que haga la Comisión.

También creo que es importante que este programa se extienda a la asistencia y previsión alternativa y complementaria, y que hay que hacer mucho más en relación con enfermedades como el cáncer, la diabetes y el parkinson.

 
  
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  Evangelia Tzampazi (PSE). (EL) Señor Presidente, quiero felicitar al señor Trakatellis por su disposición a cooperar.

El programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud es un texto de gran importancia que pretende garantizar una prevención eficaz, mejorar los servicios sanitarios y elevar la calidad de vida de los ciudadanos, lo cual es nuestro primer objetivo político.

La prioridad básica del programa es combatir las desigualdades en materia de salud fortaleciendo las redes existentes en el ámbito de la salud pública.

En lo que se refiere a las personas discapacitadas, hemos de tener en cuenta que la discapacidad no es una enfermedad ni una incapacidad, sino un diferente estado de salud que debe considerarse al procesar y aplicar todas las políticas y programas comunitarios. Es sumamente importante desarrollar estrategias e intercambiar buenas prácticas en la promoción de la salud de las personas discapacitadas, y facilitarles información fiable de forma accesible a ellos, que son uno de los grupos destinatarios del programa. También debemos garantizar la igualdad de acceso a los respectivos sistemas sanitarios y farmacéuticos.

Otra prioridad básica es salvaguardar el valor añadido que tienen las acciones de la Comunidad en relación con las acciones nacionales en el campo de la salud, a fin de fortalecer la cooperación internacional en sectores innovadores como la telemática en la medicina. Para las personas discapacitadas, estas acciones pueden abrir nuevos caminos que les permitan buscar una mejor calidad de vida y un acceso puntual y sencillo a los servicios sanitarios, a la vez que ayudan a racionalizar el gasto sanitario.

 
  
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  Georgs Andrejevs (ALDE). (LV) Señor Presidente, Señorías, antes que nada deseo felicitar a mi colega, el señor Trakatellis, por su informe. En el nuevo programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud y la protección de los consumidores para 2007-2013, la Comisión ha hecho hincapié en el importante papel que desempeña la UE en la reducción del número de enfermedades, es decir –y quiero subrayarlo– en el ámbito de las enfermedades graves. Las dolencias cardiovasculares, como sabemos, son sin duda una de las principales causas de muerte en Europa. Cada año pierden la vida dos millones de ciudadanos de la UE como consecuencia directa de ellas. Las decisiones adoptadas por el Consejo durante la Presidencia irlandesa fueron –y siguen siendo– un buen inicio de nuestros esfuerzos en la prevención de tales enfermedades. Por eso, igual que muchas otras Señorías, creo que las enfermedades cardiovasculares deben mencionarse también en este documento legislativo. Debemos llamar a las cosas por su nombre. Por todo ello, conmino a sus Señorías a que apoyen las enmiendas 142 y 143, que aclaran cuáles pueden considerarse las principales enfermedades de Europa y contra las que debemos colaborar mediante la prevención, el control y el tratamiento. Gracias, señor Presidente.

 
  
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  Caroline Lucas (Verts/ALE). (EN) Señor Presidente, acojo con gran satisfacción el informe del señor Trakatellis. Le felicito y le doy las gracias por su excelente trabajo en torno al mismo. También quiero sumarme a quienes critican la escasa financiación del área en cuestión. Mi Grupo apoyará la enmienda 64. De hecho, mi Grupo había propuesto inicialmente un nivel aún más elevado de financiación, como probablemente recordarán.

Quiero subrayar, una vez más, uno de los aspectos fundamentales que ya se ha mencionado y sobre el que mi Grupo ha presentado una enmienda: la contribución de la medicina complementaria y alternativa. Más de 100 millones de ciudadanos comunitarios utilizan ya la medicina complementaria, cuya popularidad crece rápidamente. Ampliar los conocimientos del público sobre la medicina complementaria y alternativa puede ser una forma importante de capacitarles para tomar decisiones más responsables y mejor informadas sobre su salud. Por lo tanto, creo que es vital que saquemos del gueto a esa rama de la medicina y reconozcamos los beneficios muy reales que puede aportar.

La mayor sensibilización pública sobre los peligros de los productos químicos en la cadena alimentaria, la creciente resistencia a los antibióticos provocada por una utilización excesiva de los mismos y la preocupación sobre los efectos secundarios de algunas medicinas convencionales contribuyen a una reflexión masiva sobre nuestra forma de vida y el modo en que tratamos de recuperar nuestra salud. Las medicinas complementarias, que tienen un enfoque integral y centrado en la persona, atraen a un público que no deja de aumentar. Es importante reconocerlo como fenómeno. Sin embargo, sigue existiendo una enorme disparidad entre la demanda de esas medicinas por parte del público y la insignificante financiación dedicada a la investigación en este campo. Es esencial que reduzcamos esa diferencia.

Apoyo plenamente las enmiendas que se refieren a la gravedad de la contaminación ambiental como riesgo para la salud y uno de los principales motivos de preocupación para los ciudadanos europeos. Este problema debe abordarse urgentemente en el marco de una estrategia sanitaria preventiva.

Como ya ha dicho la señora Breyer, nuestro Grupo cree que la participación de la sociedad civil es sumamente importante para la formulación y aplicación de la política comunitaria en el ámbito de la salud. Me complace la propuesta de incremento de la financiación para permitir esta mayor participación, así como los criterios descritos en la enmienda 53, que dejan clara la necesidad de mantener la independencia con respecto a intereses industriales, comerciales y empresariales.

Sin embargo, la enmienda 141, presentada por los liberales, enturbia las aguas y acaba precisamente con la seguridad jurídica que establece la enmienda 53. Por eso ruego a mis colegas que la rechacen.

 
  
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  Bairbre de Brún (GUE/NGL). (La oradora habla en gaélico)

(EN) Señor Presidente, los actuales temores sobre la posibilidad de una mutación del virus de la gripe aviar hacen que el público sea consciente de la necesidad de una estrategia conjunta en relación con las enfermedades transmisibles. Al mismo tiempo, debemos reconocer que las enfermedades no transmisibles son, con mucha diferencia, las que causan una mayor carga de morbilidad, y debemos poner nuestros recursos allí donde vayan a ser más eficaces.

También pido a esta Cámara que apoye la enmienda que aboga por la participación de las comunidades desfavorecidas en la elaboración de las futuras políticas en el ámbito de la salud. No podremos abordar las desigualdades en la salud sin la participación activa de aquellos cuya experiencia vital les convierte en expertos en este ámbito.

También apoyo la inclusión de la medicina complementaria y alternativa en las acciones apoyadas por el programa y estoy totalmente a favor de que la salud constituya un programa independiente del de la protección de los consumidores.

El programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud puede apoyar la integración de la salud en todas las políticas comunitarias. La Unión Europea está en una posición única para complementar el trabajo realizado por los Estados miembros, para analizar la incidencia de otras políticas en la salud, para promover el acceso a la información, para mejorar la evaluación de la detección precoz y la comunicación de los riesgos y para hacer recomendaciones sobre mejores prácticas.

(La oradora habla en gaélico)

 
  
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  Urszula Krupa (IND/DEM). (PL) Señor Presidente, como médica quisiera llamar la atención especialmente sobre el hecho de que la ciencia moderna está buscando la base psicológica de la mayoría de las enfermedades calificadas de psicosomáticas, desde la obesidad hasta los problemas circulatorios y la hipertensión arterial, así como las enfermedades autoinmunes y los tumores, y que una sociedad basada en el conocimiento debe estar al tanto de esto, muy en particular los legisladores de la Unión Europea.

Las políticas comunitarias también pueden desempeñar un importante papel en la prevención de enfermedades y en la protección de la salud pública, no solo en relación con las enfermedades consideradas de civilización, sino también las patologías mentales. Sin embargo, es necesario un cambio de estilo de vida, abandonar un modelo liberal que no sigue ningún principio ético en pos de un estilo basado en valores éticos y morales, pues el orden mental y la integración mental ayudan a prevenir el subdesarrollo personal debido a las enfermedades mentales y todas las formas de dependencia, inclusive la nicotina, el alcohol, las drogas y otras formas de adicción autodestructiva.

Se están dedicando ingentes recursos simplemente a subsanar los efectos de dicha dependencia, pero la falta de restricciones legales hace que el gasto sea en vano. Un problema similar existe con la protección del consumidor, que a menudo se reduce a meras frases grandilocuentes a causa del predomino de los grandes monopolios en el mercado, que miran por su propio interés e invierten grandes sumas en publicidad. Hay que contener la marea de una información tan manipuladora, haciendo que por fin los lemas de la UE sobre la protección de los derechos fundamentales se hagan realidad.

 
  
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  Irena Belohorská (NI). (SK) Señorías, yo también deseo dar las gracias al señor Trakatellis por su excelente informe. Comparto plenamente su idea de dividirlo en dos partes, una para la promoción de la salud y otra para la protección del consumidor en 2007-2013. Yo también he presentado diversas enmiendas a esta informe, y celebro que algunas de ellas hayan sido aprobadas, sobre todo la referida a los nuevos Estados miembros, que es la que más me importa.

Existen diferencias flagrantes entre los sistemas sanitarios de los distintos Estados miembros de la UE. Los nuevos parecen estar en cierta desventaja, dado que se enfrentan a grandes retos sanitarios y disponen de escasos fondos para mejorar la situación. El gasto insuficiente en salud es un obstáculo que dificulta el desarrollo de esos países y el crecimiento de la Unión Europea en su conjunto. Es preciso dar a conocer que es posible financiar programas de salud con los Fondos Estructurales de la UE. Para los nuevos Estados miembros, saber esto sería una inyección de esperanza, pues supondría una oportunidad de mejorar la calidad de los servicios.

Es lamentable que, en aras al principio de subsidiariedad, el sector sanitario no forme parte de las competencias de la Unión Europea y se someta a la legislación nacional. Agradezco el esfuerzo de incluir en el informe la protección de la seguridad del paciente. Las dificultades que encuentran los ciudadanos europeos para acceder a los servicios sanitarios cuando están en un país diferente al suyo constituyen un obstáculo a la libre circulación. Es necesario definir con mayor claridad la ambigua normativa sobre el reembolso de los servicios médicos, pues actualmente los ciudadanos encuentran poco claras y difíciles de entender las disposiciones y normas del Tribunal de Justicia Europeo. Sería buena para los pacientes la creación de una base de datos con información sobre proveedores de servicios médicos en los demás Estados miembros. Esto mejoraría sin duda la situación de los pacientes y posiblemente eliminaría las largas listas de espera para algunos servicios.

Los medios de masas también pueden contribuir a mejorar la salud general de la población. Sería una buena idea sustituir ciertos reality shows por programas que aprovechen ese atractivo formato para destacar asuntos relacionados con la nutrición, cuya degradación contribuye decisivamente a la incidencia de la obesidad, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Animar a los medios de comunicación a afrontar los asuntos sanitarios también es importante por razones de seguridad nacional, debido a la actual amenaza de atentados bioterroristas. En caso de epidemia, la sociedad estaría mejor informada sobre las estrategias básicas para contener su expansión. Es necesario prestar más atención y dedicar más recursos a la salud, pues sabemos que será imposible conseguir los objetivos de Lisboa si no tenemos una población sana.

 
  
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  Thomas Ulmer (PPE-DE). (DE) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, antes que nada quiero dar las gracias sinceramente al señor Trakatellis por su excelente cooperación y su magnífico informe.

En él han quedado claros los tres objetivos básicos comunes de la política comunitaria en materia de salud y protección del consumidor. El primero, proteger al público de los riesgos y daños que las personas no pueden controlar y contra los que los Estados miembros no pueden luchar eficaz o plenamente. Está claro cuál es la cuestión principal: fomentar la capacidad de los europeos de tomar decisiones sobre su salud. En este sentido, también es digna de elogio la iniciativa de la Comisión de reducir las restricciones en la política de información de la industria farmacéutica. En tercer lugar, la incorporación de la política sanitaria a las demás áreas de la política de la UE.

En el ámbito de la salud, este informe introduce tres nuevas materias básicas relacionadas con los retos de nuestro tiempo: la respuesta a las amenazas –por ejemplo, las epidemias que hoy tenemos tan presentes, con la gripe aviar–; en segundo lugar, la prevención de enfermedades y las pautas de comportamiento –por citar algunas, el tabaquismo, la obesidad, las adicciones y la falta de ejercicio– y, en tercer lugar, la necesaria cooperación entre las autoridades sanitarias nacionales, que siguen siendo francamente mejorables en muchos aspectos. Yo no veo en es punto ningún menoscabo de la subsidiariedad, sino una mayor cooperación, efectos sinérgicos y un fortalecimiento de la subsidiariedad.

Creo que la división en protección del consumidor y protección de la salud puede ser positiva y correcta, pues representan dos campos de la política con diferentes fundamentos jurídicos, con lo que también atañen a distintos poderes de la UE. Personalmente, me parece impresionante todo lo que queremos hacer en siete años con 1 500 millones. Espero que logremos buena parte de ello. Pensemos que la seguridad social obligatoria mueve 180 000 millones de euros al año solo en la República Federal Alemana.

Doy mi apoyo a la enmienda 64 sobre la extensión del marco financiero. Creo que es lo mínimo si queremos hacer algo digno. Comparado con lo que gasta la Comunidad en siete años en subvencionar el cultivo de tabaco, esta cantidad aún es insignificante, pues representa no más de la quinta parte de dichos subsidios.

Es evidente que no podemos satisfacer todos los deseos de los ciudadanos e instituciones de Europa en un programa marco. Hemos intentado ser lo más justos y equitativos posible. Creo que esta es una gran oportunidad de acercar de nuevo un poco más Europa a los ciudadanos mediante una labor conjunta de relaciones públicas.

 
  
  

PRESIDENCIA DEL SR. ONESTA
Vicepresidente

 
  
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  Dorette Corbey (PSE). (NL) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, en primer lugar quiero felicitar al señor Trakatellis. Su dominio de la materia sanitaria tiene un gran valor para nuestro debate. La salud es un importante tema político, pero, antes que nada, es un asunto de interés nacional. Está justificado que Europa preste atención a la salud, pero Europa solo debe actuar si existe un claro valor añadido en su actuación. No obstante, señor Comisario, tengo muchas esperanzas depositadas en su política.

Para empezar, espero que anime usted activamente a los demás Comisarios a asumir políticas sanas. Contemplemos los subsidios agrarios desde el prisma de la salud. ¿Es lógico que sigamos protegiendo la grasa, el azúcar y el tabaco? Yo preferiría que favoreciéramos las hortalizas y la fruta. Alternativamente, señor Comisario, le invito a que se plante en medio de la pelea entre la DG de Industria y la DG de Medio Ambiente por la calidad del aire y los productos químicos y abogue decididamente por la salud. Esto no costará dinero alguno y es el mayor favor que puede hacer usted a los ciudadanos europeos.

En segundo lugar, le ruego que se implique en la batalla contra la desigualdad y me remito a lo dicho por la señora Belohorská al respecto. El acceso de los ciudadanos al tratamiento médico adecuado está muy desequilibrado. Los enfermos de cáncer tienen muchas más posibilidades de sobrevivir en unos países que en otros. Los métodos de tratamiento son diferentes y el acceso a la salud, desigual. El conocimiento de su enfermedad por los pacientes es distinto en cada país. La prevención no es objeto de la atención que merece en todos los Estados miembros.

Invito al señor Comisario a que centralice los conocimientos. Los Estados, los hospitales, las asociaciones de pacientes y los proveedores de servicios pueden aprender unos de otros. Combinar prevención y tratamiento. Y le pido, por encima de todo, que no reúna estadísticas sobre la situación general de la salud, sino que reúna información práctica sobre las principales enfermedades, incluidos el cáncer, el reuma, la diabetes, las dolencias pulmonares y, por supuesto, las cardiovasculares, y entonces evalúe dónde es posible introducir mejoras. Podrá usted establecer centros y redes de conocimiento capaces de constituir una valiosa fuente de información tanto para el proveedor de servicios como para el paciente. En ese sentido, la Unión Europea puede hacer una gran contribución.

Por último, ruego a sus Señorías que firmen la Declaración nº 1, sobre la diabetes, presentada por diversos diputados a esta Cámara. Ya tenemos 260 firmas y necesitamos ochenta más, así que les pido su colaboración.

 
  
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  Frédérique Ries (ALDE).(FR) Señor Presidente, señor Comisario, salud y protección de los consumidores son dos ámbitos en los que los ciudadanos piden más Europa –como refleja repetidamente cada Eurobarómetro sucesivo− y, a este respecto, quiero dar las gracias a los dos ponentes, el señor Trakatellis y, para esta tarde, la señora Thyssen, que han mostrado mucho sentido común al proponernos la división de los dos programas.

Hecha esta observación preliminar, quisiera sumarme a todos aquellos que están con el profesor Trakatellis y con usted, señor Comisario, y a muchos otros que se han expresado a favor de un programa de Salud ambicioso, a pesar de que, como bien sabemos, no conseguiremos los 1 500 millones de euros solicitados, ni alcanzaremos, sin duda, el tan simbólico listón del 1 % del presupuesto europeo. Por tanto, finalmente nos veremos obligados a hacer recortes, dolorosos sacrificios. Por esta razón me parece importante centrar nuestra acción en las cinco o siete enfermedades que constituyen las principales causas de mortalidad en Europa. Debemos tener en cuenta lo que nos dice la OMS y apoyar la enmienda 142, propuesta por el Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, y no tener miedo a citar específicamente determinadas enfermedades y redoblar los esfuerzos en materia de prevención, por ejemplo, con respecto a las enfermedades cardiovasculares y los distintos cánceres, pues ser ambiciosos no equivale a hacer demasiadas cosas a la vez.

Los ciudadanos piden a Europa que sea eficaz y transparente: no hay que decepcionarles con medidas dispersas y de escaso peso. Nos piden también que tengamos capacidad de respuesta y les tranquilicemos, sobre todo hoy. A este respecto, no sería correcto dejar sin un presupuesto digno al Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades de Estocolmo. Recordemos, después de todo, que el mismo se puso en marcha en 2005, tras la fulgurante propagación del SRAS hace dos años. Tiene por tanto para nosotros el máximo interés que el CEPCE pueda cumplir su misión, hoy que la gripe aviar ha arribado a nuestro continente.

Para concluir, señor Comisario, tengo una pregunta para usted y también para el Consejo: ¿cómo va a financiar el plan de acción de salud y medio ambiente y conciliarlo con este nuevo programa de salud pública? Ya sabemos que Europa debe dotarse de medios para combatir la contaminación ambiental, que afecta a los más vulnerables de nosotros, las mujeres embarazadas y los niños. Proteger a los más jóvenes es también ofrecer todas las oportunidades a la Europa de mañana.

 
  
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  Carl Schlyter (Verts/ALE). – (SV) Señor Presidente, quisiera dar las gracias al señor Trakatellis y al señor Kyprianou por su excelente trabajo. No obstante, nos encontramos en una situación absurda en que gastamos cinco veces más en subsidiar el tabaco que en promocionar la salud pública, es decir, cinco veces más en arruinar la salud de las personas que en mejorarla.

Lo que más me gusta es que este informe se centra en la prevención. Los recursos son tan limitados que solo alcanzan para las tareas de cooperación, de intercambio de buenas prácticas y de divulgación de la información. Pero es en el plano nacional donde se encuentran los recursos y donde debe tener lugar la mayor parte del trabajo. En los cambios efectuados por el Parlamento Europeo, encuentro positiva sobre todo la enmienda 53, cuya importancia quiero destacar. Al haber tan pocos fondos, no deben destinarse a organizaciones que presionen, abierta o soterradamente, por los intereses de la industria farmacéutica. Sería bueno que un cuidadoso control impidiera que eso llegara a suceder.

Hasta ahora no se han mencionado las enmiendas 92 y 114, relativas a la igualdad de sexos. Creo que es un aspecto importante que hay que considerar. Se destinan demasiados fondos al hombre y a la salud del hombre, y demasiado pocos a la atención de las mujeres. Sin embargo, es en la relación entre salud pública y la industria donde Europa puede hacer la mayor contribución en este campo. Los artículos del Tratado sobre salud pública se aplican muy escasamente en la política mercantil. ¿Dónde está la dimensión sanitaria en la política sobre alcohol? Lo mismo se puede decir de los productos químicos y los pesticidas. Aquí es donde es más necesario centrar los esfuerzos.

Señor Comisario, puede hacer usted una contribución inicial a esta más amplia visión no aprobando los ocho nuevos pesticidas que se presentan ahora y que son biopersistentes, perjudiciales para el sistema endocrino y carcinogénicos de clase 2, una nutrida relación de razones para prohibir un producto químico. Ahora tiene la ocasión de hacerlo.

 
  
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  Kathy Sinnott (IND/DEM). (EN) Señor Presidente, felicito al profesor Trakatellis por este informe. Es importante recalcar que la salud es una competencia nacional. Sin embargo, sí nos parece apropiado que la UE fomente estilos de vida que favorezcan la salud y que, por lo menos, exija que los servicios sanitarios de todos los países cumplan unas normas de calidad mínimas. Esto es especialmente conveniente en un país como el mío, Irlanda, que tiene la economía más pujante de Europa, pero cuyo servicio sanitario es insuficiente y en el que la gente se encuentra en situaciones de riesgo porque no pueden recibir los servicios básicos de salud que necesitan.

La diabetes es un buen ejemplo de una enfermedad cuya financiación es insuficiente en mi pudiente circunscripción. Tenemos medio puesto de enfermera especializada en diabetes para atender a 250 personas, cuando, para que el servicio sea eficaz, debería haber uno por cada 50 personas. Otras experiencias con el sistema irlandés de salud han influido en mi lectura de este informe. En el ámbito de los órganos, tejidos y sangre humanos, solicitaré una enmienda oral para incluir el concepto de trazabilidad. Los escándalos de la hepatitis C que hemos sufrido en Irlanda son un buen ejemplo de los riesgos médicos de no poder localizar el origen de la contaminación. En el caso del escándalo de la retención de órganos en Irlanda, a los niños muertos se les extraían rutinariamente los órganos sin el conocimiento ni el consentimiento de sus familias, lo que prueba la necesidad ética de la trazabilidad para garantizar que los productos humanos se obtengan de forma legítima.

Para terminar, quiero decir que Europa tiene una función que desempeñar en la promoción de la salud. Sin embargo, no creo que los fondos comunitarios deban utilizarse para promover a las lucrativas industrias sanitarias, que tienen fondos más que suficientes para promoverse ellas mismas.

 
  
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  Zuzana Roithová (PPE-DE). (CS) Acojo con gran satisfacción el trabajo realizado por el señor Trakatellis, ponente y miembro del Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos) y de los Demócratas Europeos, en la redacción de este informe, sobre el cual se ha pronunciado el Parlamento. Los ciudadanos y profesionales de la salud también acogen con satisfacción este nuevo programa de acción. Lo más importante es que, según el informe, los políticos y responsables sanitarios colaborarán para trazar el camino de la resolución de problemas que trascienden las fronteras de los Estados. El informe allana el camino hacia una estrategia moderna, especialmente en materia de coordinación de actividades, pero, por desgracia, tras el radical recorte presupuestario del Consejo no contará con una adecuada provisión de fondos comunitarios. La Unión aún tiene mucho por hacer, sobre todo en las tareas que cada Estado miembro no puede efectuar por sí solo. Se trata no solo de combatir graves enfermedades contagiosas que no conocen fronteras, como el sida y la gripe, sino también de combatir la extensión de la drogodependencia y de las dolencias relacionadas con el modo de vida. El Centro Europeo de Prevención y Control de Enfermedades se constituyó con este mismo fin, en conexión con los laboratorios nacionales competentes. Los recortes presupuestarios no son buenas noticias, y revelan las deficiencias en las prioridades de la elite política de la UE y de algunos diputados.

A este respecto quisiera llamar la atención sobre otro problema. La medicina moderna permite a las personas tener una vida más larga y de mayor calidad, pero esto tiene un coste cada vez mayor: entre el 60 y el 90 % de los fondos públicos. Cuanto mayor es la proporción de la financiación comunitaria de los servicios sanitarios, menor es la responsabilidad que los ciudadanos individuales asumen sobre su salud. Asimismo, cuanto más regula el Estado, más se reduce la responsabilidad personal de los ciudadanos. Buena muestra de esto son los países que han conocido una tendencia centralizadora y han regulado totalmente la salud: en ellos, las decisiones sobre la salud de los pacientes, la prevención y el tratamiento –y su coste– se han tomado al margen de los pacientes. A pesar de ciertas reformas, esos sistemas se han mostrado menos eficaces y más costosos. A las viejas ideas y costumbres les cuesta desaparecer entre pacientes, médicos y políticos. Por eso, los programas destinados a tener mejor informados a los clientes de servicios sanitarios y a mejorar la compatibilidad del sistema no deben recortarse bajo ningún concepto. Son recursos que se amortizan con creces.

Tengo dudas también sobre la efectividad de ciertos reglamentos –supuestamente básicos para la protección de la salud y el medio ambiente– que hemos aprobado absurdamente. Me temo que a veces lo que se intenta es complacer a algunos grupos de presión industriales y no se gasta suficiente dinero en la salud de los ciudadanos. Por eso apelo a la Comisión a que dedique una mayor proporción del presupuesto a análisis basados en pruebas empíricas. De ese modo, nuestras decisiones legislativas serán más responsables y adquiriremos conciencia de su verdadero impacto en la salud pública, su coste económico y su repercusión en la economía europea. Por eso doy mi apoyo también a la enmienda 64.

 
  
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  Anne Ferreira (PSE).(FR) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, en primer lugar, y como han hecho otros colegas, quiero expresar mi apoyo a la decisión de no fusionar los ámbitos de salud y protección de los consumidores del programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud y la protección de los consumidores.

Aparte de que las competencias de la Unión Europea en estos dos ámbitos son de distinta naturaleza, la política de salud no puede considerarse un producto de consumo.

Si bien apoyo la implantación de la «salud electrónica», esta no debe servir para crear un medio encubierto de experimentar una política de información.

Agradezco al señor Trakatellis que proponga aumentar considerablemente la dotación presupuestaria de este programa, un aumento necesario para llevar a buen término nuestros objetivos y acciones. Habría sido preferible una financiación superior, dados los desafíos que hay que superar, pero obtendremos ya cierta satisfacción si el Consejo acepta aumentar las dotaciones financieras para la salud en el marco de las perspectivas financieras 2007–2013.

Quisiera hacer hincapié en dos prioridades. En primer lugar, hay que mejorar la cooperación y la coordinación en materia de salud para poder afrontar con más rapidez las amenazas sanitarias transfronterizas. Si hubiera sido así, habríamos podido evitar que la epidemia de chikungunya se expandiera tanto. Esta situación debe incitar a la Unión Europea, a los Estados miembros y a los laboratorios farmacéuticos a implantar un sistema de vigilancia e investigación sobre este tipo de enfermedad, que puede ser rara en proporción a la población mundial, pero que es catastrófica a escala local.

Mi segunda prioridad es esta: para alcanzar el objetivo de mejorar el nivel de salud de todos los europeos hay que tener en cuenta la repercusión de las condiciones de vida ambientales y sociales sobre la salud. Para tratar mejor determinadas patologías hay que abordar sus causas. Todos sabemos que las personas vulnerables o socialmente marginadas son más propensas que otras a contraer determinadas enfermedades. Debemos ayudar a los más frágiles.

Si los Estados avanzasen rápidamente en estos dos ámbitos, los ciudadanos se sentirían algo más protegidos por la Unión Europea.

 
  
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  Marios Matsakis (ALDE). (EN) Señor Presidente, felicito al señor Trakatellis por su informe, que, como esperábamos, es excelente. Un importante aspecto del problema de la salud en la UE es la protección contra las enfermedades mediante la prevención. Las tres principales lacras prevenibles que afectan a la salud humana –el tabaco, el consumo excesivo de alcohol y la malnutrición– provocan la muerte prematura de millones de ciudadanos europeos cada año. En el caso del tabaco, se cree que está implicado en la causa de muerte de uno de cada tres fumadores. Fumar mata a mucha más gente que la drogadicción, los accidentes de tráfico y la infección por el VIH juntos. Por lo tanto, si el tabaco es un asesino tan masivo, ¿estamos tomando medidas suficientes para ayudar a nuestros ciudadanos a liberarse de este hábito autodestructivo? Me parece que no.

En primer lugar, seguimos financiando el cultivo del tabaco en la UE. Sin duda eso no es muy inteligente, como ya han mencionado muchos de mis colegas. En segundo lugar, permitimos a las multinacionales tabaqueras, que cada vez son más poderosas, que presionen e influyan libremente en importantes centros de toma de decisiones; desde luego, presionan con toda libertad a los diputados al Parlamento Europeo. En tercer lugar, nos quedamos atrás en la aplicación de una estrategia de información eficaz. Por ejemplo, incluimos en los paquetes de cigarrillos terroríficas advertencias a las que todo el mundo ha dejado de prestar atención, mientras que las empresas tabaqueras pagan para que los ídolos cinematográficos aparezcan fumando en las pantallas.

No tenemos programas estructurados de educación contra el tabaco en las escuelas. Construimos caros departamentos hospitalarios para tratar a pacientes que padecen enfermedades graves causadas por el tabaquismo, pero toleramos que muchos médicos que trabajan en esos mismos departamentos den el peor ejemplo posible fumando en público. Muchos Estados miembros pagan caros departamentos para tratar enfermedades relacionadas con el tabaquismo, pero no pagan para que los fumadores sigan programas para dejar de fumar antes de enfermar. Por último, muchos Estados miembros siguen dejando a los fumadores pasivos a merced de los fumadores, ya sea en su lugar de trabajo o en locales dedicados al ocio.

Ahora que tenemos un Comisario de Salud decididamente contrario al tabaquismo, quizás sea hora de librar una verdadera guerra abierta contra las gigantes tabaqueras de la muerte y confiar razonablemente en nuestra victoria.

 
  
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  Avril Doyle (PPE-DE). (EN) Señor Presidente, quisiera comenzar diciendo que estoy de acuerdo con todas y cada una de las palabras del anterior orador; no voy a repetirlo todo, pero quisiera decir: «¡buen trabajo!» Quiero dar las gracias al señor Trakatellis por su excelente informe y también al Comisario por haber sido tan sincero con nosotros esta mañana al decir que este plan de acción comunitaria en el ámbito de la salud necesita ya ciertas revisiones si queremos que sea eficaz, así que tenemos que establecer aspectos prioritarios, debido –según sus propias palabras– al «embrollo contable». Todo lo que puedo decir sobre eso es que es una vergüenza.

El Tratado CE establece que «al definirse y ejecutarse todas las políticas y acciones de la Comunidad se garantizará un alto nivel de protección de la salud humana». Este informe es un primer paso importante para hacer realidad el derecho de nuestros ciudadanos a la protección de la salud consagrado en la Carta de los Derechos Fundamentales.

Aunque la salud es competencia de los Estados miembros, la Comunidad Europea puede aportar valor y complementar las actividades de los mismos mediante una muy necesaria coordinación y recopilación de modelos de mejores prácticas, con el fin de que podamos aprender unos de otros y crear centros de excelencia. Mediante la integración de la salud en todas las políticas comunitarias, la realización de amplias evaluaciones de incidencia en la salud de toda la legislación comunitaria y el fomento de estilos de vida saludables, la UE puede proporcionar la plataforma necesaria para fomentar un pensamiento común en todos sus Estados miembros.

Según la Organización Mundial de la Salud, en 2000, por primera vez en la historia, el número de personas con sobrepeso en todo el mundo era igual al número de personas que presentan un peso inferior al normal –más de 1 000 millones de personas con sobrepeso, 300 millones de las cuales padecen obesidad– con las enormes consecuencias que eso tiene para la morbilidad. A este respecto, es indispensable que fomentemos un enfoque preventivo, así que acojo con satisfacción las diversas iniciativas de la Comisión en este ámbito.

Los factores de comportamiento, sociales y ambientales generales que determinan la salud pueden abordarse de forma óptima a escala comunitaria mediante un enfoque integral y no fragmentado. Las medicinas complementarias y alternativas, cuando cuentan con fundamentos científicos, deben incluirse en cualquier programa de acción comunitario en el ámbito de la salud.

La Comunidad Europea cuenta con una inmejorable posición para luchar contra problemas de salud transfronterizos, como la amenaza que suponen las epidemias de enfermedades infecciosas y los incidentes relacionados con productos alimentarios. La EEB, el SRAS y la reciente gripe aviar han resaltado, por desgracia, la necesidad de llevar a cabo acciones preventivas coordinadas y activas en el ámbito de la salud.

La proliferación de agencias comunitarias en el ámbito de la salud –el Centro europeo para la prevención y el control de las enfermedades, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, entre otros– es una evolución bienvenida y muy necesaria para atajar estas amenazas para la salud. Sin embargo, estos organismos no pueden funcionar sin una política clara a escala comunitaria y sin los recursos financieros necesarios para sostenerla. Si el dinero no se garantiza en el presupuesto y no se puede adoptar un enfoque preventivo, las consecuencias, financieras y de otros tipos, pueden ser mucho mayores. Que una UE de 25 Estados miembros dedique a la salud menos dinero que la UE de los 15 no es aceptable y, sinceramente, es irresponsable.

¿Podría el Comisario decirnos dónde está nuestra directiva de servicios sanitarios y cuándo tendremos una propuesta de proyecto?

 
  
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  Karin Jöns (PSE). – (DE) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, yo también quiero dar las gracias al señor Trakatellis por su excelente informe. Sin duda es difícil satisfacer plenamente todos los intereses legítimos implicados y mostrarse al mismo tiempo convincente. Por eso lamento, por ejemplo, que el cáncer desaparezca como prioridad expresa en el nuevo programa de acción en materia de salud.

Sin embargo, tiene usted toda la razón, señor Trakatellis, en que para todos los objetivos que nos hemos propuesto es necesario contar también con suficientes recursos. Actualmente estamos lejos de esa situación, por no hablar del hecho de que hoy este Parlamento va a rechazar, por inaceptable, la nueva propuesta de la Comisión de un programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud y de la protección del consumidor.

En la política sanitaria, el público también quiere más protección de Europa, no menos. Entre las prioridades de política europea aquí nombradas, la salud ocupa el cuarto lugar. Por eso mismo es urgente que la salud vuelva a contar con su propio programa de acción.

No puedo entender cómo ha podido la Comisión siquiera sugerir una asignación presupuestaria tan baja, ni cómo el Consejo la ha podido recortarla aún más. Por eso hoy tenemos dos graves errores por corregir: queremos dos programas separados y queremos más dinero. Se lo digo, en primer lugar, al Consejo. Si se llevara a cabo su nueva reducción, eso significaría que solo tendríamos la tercera parte del anterior presupuesto para una Europa que será de veintisiete miembros. En consecuencia, seríamos totalmente incapaces de atender la prevención primaria ni la secundaria frente a ciertas enfermedades, ni la urgentemente necesaria protección contra los riesgos patológicos ocasionados por la globalización.

 
  
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  Frederika Brepoels (PPE-DE). (NL) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, yo también comenzaré felicitando al señor Trakatellis no solo por su magnífico informe, sino, sobre todo, por la forma en que ha atendido a todos los diputados que deseaban ver sus preocupaciones reflejadas en el informe. Es un documento de gran importancia, pues formula los programas de acción comunitaria en términos de salud pública para los próximos seis años, que no pueden ser ampliados por los Estados miembros individuales. Creo que se puede decir que el ponente se las ha arreglado para combinar todos los aspectos relevantes y específicos en un campo tan vasto y tan sensible como es la salud pública.

Por mi parte, me satisface especialmente que por primera vez sea posible incluir la medicina complementaria y alternativa en las acciones, lo que permitirá a la sociedad elegir estando mejor informada y siendo más responsable de su propia salud. Me preocupa que se menosprecien tan a menudo las formas alternativas de medicina, aunque las numerosas personas que se benefician de ellas pidan lo contrario. No obstante, la Comisión ha citado una cifra según la cual no menos del 30 % de la población y cientos de miles de médicos y terapeutas demandan estos métodos alternativos.

Un mejor conocimiento de la medicina complementaria sería un gran paso a favor de la salud pública, por lo que aplaudo plenamente que se afronte el problema de la escasez de órganos en el plano comunitario. Tanto el establecimiento de plataformas comunes de donantes y receptores como el desarrollo de actividades que fomenten la seguridad y la calidad de los órganos pueden ser de utilidad a este respecto en toda la UE.

Como miembro de la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria, antes que nada quiero señalar que los factores ambientales afectan a la salud. Con demasiada frecuencia, los ciudadanos desconocen las consecuencias de exponerse a ciertas sustancias tóxicas, por ejemplo. Una información clara, respaldada por la investigación científica, ayudaría a prevenir muchos sufrimientos y evitaría también malentendidos.

El programa de acción prevé medidas específicas en el terreno de la prevención, detección y concienciación, y con respecto a la información sobre enfermedades graves. Como miembro de MAC, «Diputados contra el Cáncer», recientemente constituidos en el Parlamento, no puedo sino celebrar estos pasos concretos. Pero hay una cosa que, como muchos otros diputados, me cuesta digerir.

Mientras no se llegue a un acuerdo sobre las perspectivas financieras para el próximo período, todo el debate sobre este programa de acción será meramente académico. Aun así, la necesidad es grande, y más aún las ambiciones, por lo que el Parlamento en los próximos meses deberá conseguir que se dispongan los fondos necesarios.

(Aplausos)

 
  
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  Lidia Joanna Geringer de Oedenberg (PSE). (PL) Señor Presidente, aunque los servicios sanitarios sean competencia de los Estados miembros, la UE debe aprovechar sus posibilidades de complementar la acción nacional en interés de toda la Comunidad. Por este motivo, es intolerable que en los próximos años el presupuesto de la Unión recorte el gasto en ámbitos que afectan a la calidad de vida de sus habitantes, en especial la salud.

La Unión Europea puede y debe contribuir a la protección de la salud y la seguridad de sus ciudadanos, sobre todo desde que la última ampliación ha aumentado el desequilibrio entre Estados miembros en el ámbito de la salud. Las claras diferencias de esperanza de vida de los ciudadanos, de salud y de acceso a los servicios sanitarios, están directamente relacionadas con el nivel de desarrollo de cada Estado miembro.

Los nuevos programas de atención sanitaria, cuya intención general es mejorar la salud de los ciudadanos y la prevención en el sentido amplio de la palabra, deberían corregir ese desequilibrio. El objetivo de todos los políticos de la UE debería ser mejorar el nivel de los servicios sanitarios. En concreto, ahora habría que centrar los esfuerzos en reducir la desigualdad del acceso y la calidad de los servicios médicos en los Estados miembros mediante la introducción de pautas comparables y una mayor transparencia de los sistemas sanitarios nacionales. El nuevo programa sería especialmente útil en el caso de las amenazas transfronterizas a la salud, pues permitiría poner en marcha estrategias y acciones comunes para proteger la salud y la seguridad y acabar con las amenazas, y para favorecer los intereses económicos de los ciudadanos al reducir la carga del sistema sanitario sobre ellos. Un mejor intercambio de información sobre los servicios médicos disponibles y la posibilidad de reembolso de los gastos en el territorio de la Unión Europea también contribuirían a promover la movilidad de pacientes y especialistas, como bien ha apuntado el autor de este crucial informe, el señor Trakatellis.

 
  
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  Christofer Fjellner (PPE-DE). (SV) Señor Presidente, he expresado solo unas pocas opiniones sobre el programa de salud de la Comisión y con ello he levantado cierta inquietud. Sin embargo, creo que es realmente encomiable, por lo que doy las gracias no solo al señor Kyprianou, sino también al señor Trakatellis.

Para mí no cabe duda de que la salud es, ante todo, asunto de los Estados miembros, y me complace que la mayoría de esta Cámara esté de acuerdo. Lo que hagamos en el plano comunitario debe aportar un claro valor añadido para los usuarios del sistema. Yo he estado implicado y he luchado por tres aspectos concretos de esta materia, en los cuales quiero insistir. El primero de todos es el punto de partida de este informe, a saber, que lo más importante es el compromiso individual de cada uno con su propia salud. En lo que respecta a atención sanitaria y al trabajo en el terreno de la salud pública, los políticos debemos considerar siempre a las personas, aun enfermas, como adultos con derechos y obligaciones, incluido el control de sus propias vidas y su salud. No debemos olvidar que el compromiso activo con nuestra propia salud es siempre la mejor medicina. Por eso es tan desafortunado el hecho de que los socialdemócratas deseen eliminar los artículos destinados a promover precisamente esa implicación activa en nuestra propia salud.

Como diputados al Parlamento Europeo debemos facilitar asimismo la circulación dentro y entre los países, de modo que cada cual pueda procurarse el tratamiento y la atención en que más confíe. Hoy en día, los que menos libertad de circulación disfrutan en la UE son los que más la necesitan, es decir, los pacientes. Para ellos, las fronteras europeas son como pequeños Muros de Berlín que se interponen en su posibilidad de recibir tratamiento. Para ellos, la libre circulación puede ser una cuestión de vida o muerte. No podemos creer que los aspectos más importantes de la sociedad de bienestar se puedan regular y organizar con la economía planificada, que tan claramente ha demostrado ser el modelo económico más destructivo de la creatividad y de la buena administración. Necesitamos más libertad de elección y de movimientos.

Por tanto, debemos hacer lo posible por garantizar que los responsables políticos, junto con quienes ejecutan las decisiones y, en especial, los que se benefician de los servicios sanitarios, tengamos un mejor acceso a la información sobre esos servicios. Es preciso que podamos comparar resultados, y no solo costes, como sucede actualmente. Esto no es solo necesario para que aprendamos unos de otros, sino para que los usuarios puedan aprovecharse de la libre circulación y de la libre elección que les ha reconocido el Tribunal de Justicia Europeo. Todo ello sería, por tanto, beneficioso para los pacientes europeos.

Hasta la época de la Segunda Guerra Mundial, las personas que entraban en contacto con los servicios sanitarios eran víctimas. Con harta frecuencia, su estado era mejor antes de llamar al médico que después. Mediante el desarrollo de los métodos de tratamiento y de los fármacos, hemos pasado a ser pacientes en nuestros sistemas sanitarios. Sin embargo, estoy convencido de que en un futuro no muy lejano seremos consumidores de salud, y esta es una perspectiva a la que debemos contribuir: víctimas ayer, pacientes hoy y consumidores de servicios sanitarios mañana. Sería una fantástica evolución que, estoy seguro, nos hará no solo más sanos, sino más libres.

 
  
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  David Casa (PPE-DE). (MT) Deseo unirme a mis colegas y agradecer al señor Trakatellis el excelente trabajo que tenemos ante nosotros. Es prioridad de todo Gobierno establecer un sistema sanitario, ya que se trata de un sector importante para absolutamente toda la población. En él no hay fronteras y se halla en el corazón de cada país. La Carta de los Derechos Fundamentales consagra todo esto y subraya que la Unión Europea debe prestar la atención y dar la prioridad necesarias al sector de la salud. La UE debe intervenir fijando objetivos de mejora en los sistemas de salud pública, ayudando a prevenir las enfermedades contagiosas y tratando de eliminar todo riesgo que haga peligrar la salud de la Comunidad. Por eso es muy importante que contemplemos el programa de acción comunitaria en el ámbito de la salud de una forma objetiva y distintiva, centrada exclusivamente en este sector concreto. No podemos estar de acuerdo en un solo programa para dos sectores diferentes, por relacionados que estén entre sí. Con ello se podría llegar a perder lo esencial y se haría más mal que bien. Lo mismo se puede decir del programa de protección a los consumidores, en sí una materia compleja que precisa atención especial. Queremos ver un programa que, por un lado, acerque los sistemas sanitarios de los distintos países y, por otro, ayude a cada país a conseguir sus propios objetivos. Y no puedo dejar de mencionar la importancia que hay que dar a los casos de las personas afectadas por enfermedades crónicas o discapacidades. Debemos asegurarnos de que no sean marginadas y, sobre todo, de que puedan conseguir una alta calidad de vida. Las personas con dificultades deben tener la ocasión de recibir asistencia que haga su vida más fácil y beneficiarse de programas de investigación que mejoren sus condiciones de vida. También hemos de tener en cuenta el importante papel que desempeñan las personas que cuidan de los impedidos, y debe haber programas para facilitarles la adecuada formación a fin de que puedan desarrollar su función con la máxima eficiencia. Estamos ante un programa que constituirá una herramienta crucial para que los pacientes se beneficien del mejor tratamiento y de las mejores medicinas. Un programa que educará a los europeos y les ayudará a elegir mejor en interés de su salud. Este programa ayudará a reducir los desequilibrios sanitarios existentes entre los países miembros de la UE, de modo que cada uno de ellos disfrute de un nivel servicio más elevado. Sí, tenemos un reto ante nosotros, un reto que debe llevarnos a una prevención más eficaz, a mejores servicios sanitarios y a una mayor calidad de vida.

 
  
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  Péter Olajos (PPE-DE).(HU) Señor Presidente, en primer lugar quiero dar las gracias al señor Trakatellis por su magnífica y esmerada labor.

La salud es nuestro valor más importante, por lo que también es bueno que la UE aborde este asunto. Estoy de acuerdo con las palabras del señor Fjellner y como diputado de un nuevo Estado miembro me complace que se separen los ámbitos de la salud y la protección del consumidor, pues abordan problemas totalmente distintos.

Una vida larga no basta: es igual de importante mantenerse sano todo el tiempo posible. Por eso, considero especialmente positivo que el programa se centre en extender la esperanza de vida sana de los ciudadanos, porque es fundamental para el bienestar de los europeos poder disfrutar de una buena salud el mayor tiempo posible.

A la vista de los desafíos demográficos a que nos enfrentamos, esto también tiene una gran relevancia para la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social. En Hungría, esto es especialmente importante, pues allí la esperanza de vida es diez años más baja que en los Estados miembros más antiguos. Por eso, el nuevo programa debe incluir esfuerzos especiales por reducir las diferencias entre los niveles de salud de los ciudadanos europeos.

Nuestra tarea más importante es fomentar la prevención, también prioritaria en este programa. Tal es el motivo por el que sugerí en mi propuesta de enmienda que el programa hiciera hincapié en la salud de los niños y los jóvenes, pues las costumbres que se adquieren tempranamente son decisivas en la prevención de los problemas que aparecen con la edad.

Por último, quisiera llamar la atención sobre el hecho de que cada céntimo que dediquemos a mejorar la salud de nuestros ciudadanos reportará múltiples beneficios. Es difícil encontrar una inversión más rentable para el dinero de los contribuyentes europeos que la salud. Por tanto, espero que finalmente se doten los recursos financieros necesarios para la puesta en marcha del programa que tenemos delante.

Una vez más le doy las gracias en nombre de todos nosotros, señor Trakatellis, por su excelente labor y espero que todo el contenido de este programa se lleve a cabo.

 
  
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  Richard Seeber (PPE-DE).(DE) Señor Presidente, deseo adherirme a las palabras de agradecimiento expresadas al señor Trakatellis, quien ha llevado a cabo una labor realmente ardua. Pero también quiero dar las gracias al señor Comisario, porque la Comisión está haciendo una buena labor, especialmente en lo relativo a la gripe aviar, tan estrechamente relacionada con todo esto.

La salud es, en efecto, un campo del máximo interés para todos nosotros y para los ciudadanos. Es evidente que la esperanza de vida se ha elevado de forma extraordinaria en los últimos años. Hay cifras que demuestran que su aumento ha sido de dos años y medio por década desde 1840. Esto, lógicamente, plantea nuevos desafíos para nuestros sistemas sanitarios y sociales. Significa que, al vivir durante más tiempo, también necesitamos que la esperanza de vida sana sea mayor –sobre todo por parte de los políticos y de los médicos– y que las personas no solo vivan más años, sino que vivan más sanas.

Nos enfrentamos a nuevos retos. Algunos ya se han mencionado, como la gripe aviar, que podría mutar en pandemia y plantear a Europa unos problemas hasta ahora nunca vistos. Tenemos que estar bien preparados para esto si queremos ser capaces de actuar a tiempo. También quisiera señalar que los problemas en torno al sida, al cáncer, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares deben permanecer en el orden del día, pues representan grandes riesgos para nuestros ciudadanos.

Asimismo, debemos tener claro que los Estados miembros son los principales responsables de la salud. Pero nosotros, en el lado europeo, debemos pensar dónde podemos realmente aportar el famoso valor añadido europeo, dónde podemos hacer algo desde Europa que ayude a los ciudadanos a vivir más y más sanos. Uno de los aspectos es, sin duda, el factor transfronterizo: las enfermedades no conocen fronteras.

Otro aspecto es el del conocimiento. Aquí mencionaré otra cifra. Los conocimientos en materia médica han aumentado de forma impresionante, y eso genera costes, por supuesto. Si aplicáramos ahora los conocimientos de la época de Bismarck, tan solo sería necesario el 1 % del presupuesto actual de salud. El 99 % restante se refiere a conocimientos adquiridos después. Por lo tanto, la salud cuesta dinero, y por eso respaldo decididamente la petición formulada por el ponente de dedicar 1 500 millones de euros de la Unión Europea. No podemos aprobar ambiciosos programas de salud sin disponer de los fondos necesarios.

Otro aspecto importante es el tocante a la prestación. Como ya he dicho, la población envejece. Eso significa también que habrá un aumento de las costumbres sanas y las prestaciones. Y, sobre todo, en este punto es necesaria una gran labor de investigación para sanear nuestros presupuestos de salud a largo plazo.

En general, estamos en el buen camino, pero no debemos cerrar los ojos ante los retos que se nos plantean.

 
  
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  Markos Kyprianou, miembro de la Comisión. (EN) Señor Presidente, quiero dar las gracias a sus Señorías por este interesante debate. Voy a hacer algunos comentarios.

En primer lugar, sobre la cuestión de las agencias, estoy totalmente de acuerdo en que tanto el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades como el Sistema Europeo de Vigilancia de la Gripe (EISS) son políticas muy importantes, pero no deben realizarse a costa de las demás políticas en el ámbito de la salud. Salvo que dispongamos de una mayor financiación, tendremos que realizar una elección imposible entre financiar plenamente las dos agencias y no hacer absolutamente nada más, o dividir el dinero, una opción que no estoy seguro de que tampoco sirviera para mucho. Este es un problema importante.

En lo que respecta a la financiación, quiero dar las gracias a sus Señorías por su apoyo. En vista de cómo trabajamos en la Unión en el ámbito de la salud, en general mediante iniciativas no legislativas, necesitamos más dinero. Cuando se legisla es mucho más fácil remitir las propuestas aprobadas y esperar que los Estados miembros las pongan en práctica. Pero cuando lo que se quiere es tomar otras medidas de coordinación, de recomendaciones o de intercambio de mejores prácticas, se necesita más dinero. Estoy de acuerdo en que no vamos a meternos en los asuntos que son competencia de los Estados miembros. Nos centraremos en áreas en las que la Unión Europea puede aportar algo tomando medidas a escala europea. De hecho, eso es lo que hace el programa.

Los servicios de salud son competencia de los Estados miembros. De eso no cabe duda. Pero en una Unión solidaria, no creo que podamos aceptar las desigualdades en el ámbito de la salud que todavía existen en la Unión Europea, donde la esperanza de vida varía en más de diez años de un Estado miembro a otro.

La movilidad de los pacientes es una cuestión relevante. Es una realidad que tenemos que abordar. Vamos a elaborar propuestas a ese respecto, pero el objetivo debe ser que se ofrezca a los pacientes un elevado nivel de tratamiento allí donde viven, donde están sus familias y donde se habla su idioma. Eso puede conseguirse mediante programas de centros de referencia, intercambio de mejores prácticas, la coordinación de los Estados miembros, la coordinación de los sistemas sanitarios y la colaboración para conseguir el mejor nivel de servicio posible. Repito: eso no afectaría a los principios de competencia y subsidiariedad.

No solo estamos trabajando con la medicina masiva; al contrario, quiero recordarles que en el programa se aborda también la cuestión de las enfermedades raras, así como la de los medicamentos huérfanos. También promovemos este ámbito.

En lo que respecta al tabaco, no puedo estar más de acuerdo y me encantaría poder tener la oportunidad de participar en un debate concreto sobre el tabaco. Lo dicho sobre las subvenciones es correcto, pero también quiero añadir que las subvenciones se reducirán hasta su desaparición y que esa es una decisión que ya se ha tomado, pero el Fondo del tabaco que hemos financiado en campañas a escala europea recibe dinero a través de esas subvenciones. Cuando se terminen las subvenciones, no nos quedará dinero para campañas paneuropeas contra el tabaquismo, así que nos volvemos a encontrar en una situación imposible, que espero que se solucione en un futuro próximo.

Sobre el alcohol, quiero recordarles que para finales de este año o en algún momento tras el verano, elaboraremos una propuesta de estrategia comunitaria sobre el alcohol. He tomado nota de los comentarios sobre los plaguicidas.

En lo tocante a la financiación, quiero dirigirme a la señora Doyle: hablo de un error contable –o al menos espero que sea un error contable– porque no puedo creer que se decidiera de forma intencionada reducir la financiación de la salud y la protección de los consumidores. Espero que en el acuerdo general alguien se diera cuenta de la incidencia que ese compromiso tendría sobre esos dos ámbitos concretos, lo que significa que puede corregirse. Si fue intencionado, lo lamento mucho y no puedo decir mucho más que eso.

He tomado nota de los comentarios hechos sobre la medicina complementaria. Creemos que esta cuestión depende del principio de subsidiariedad. La propuesta de la Comisión no aborda una medicina concreta como tal.

En lo que respecta al medio ambiente y la salud –y me dirijo ahora a la señora Ries–, el programa actual ya dispone de medidas, que se prolongarán cuando se apruebe un nuevo programa, sobre todo en materia de factores ambientales determinantes de la salud.

Sobre las diversas enfermedades, puedo garantizarles que el cáncer es nuestra principal prioridad, pero hemos incluido una nueva línea destinada a reducir la carga de morbilidad, aunque creíamos que en un programa de siete años necesitábamos más flexibilidad, así que no enumeramos enfermedades concretas; sin embargo, eso puede hacerse mediante distintas decisiones que se tomen en el curso del programa. Al elaborar una lista de enfermedades, en la práctica se están excluyendo otras, así que queríamos un enfoque más flexible.

Quiero recordar también a sus Señorías que presentaré una propuesta sobre la estrategia en el ámbito de la salud, que será más exhaustiva y detallará más ampliamente el programa en función de la financiación que consigamos; por lo tanto, habrá una estrategia completa y más amplia, que se elaborará conjuntamente con las partes interesadas y los ciudadanos.

Para concluir, quiero volver a dar las gracias al señor Trakatellis por su excelente trabajo, así como a los miembros de la comisión. Les agradezco de nuevo su apoyo en esta importante política.

(Aplausos)

 
  
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  El Presidente. – El debate queda cerrado.

Todos agradecemos una vez más al profesor Trakatellis su excelente trabajo.

La votación tendrá lugar hoy en el Turno de votaciones.

Anexo - Posición de la Comisión

 
  
  

Informe Trakatellis (A6-0030/2006)

La Comisión puede aceptar las enmiendas 4, 6, 7, 8, 9, 11, 12, 13, 17, 20, 21, 22, 24, 25, 30, 34, 35, 36, 44, 51, 55, 59, 60, 61, 65, 66, 69, 70, 72, 78, 80, 84, 85, 86, 88, 99, 100, 101, 102, 103, 106, 108, 111, 113, 119, 120, 122, 123, 124, 126, 132, 135, 139, 146 y 149.

Las enmiendas 16, 31, 32, 56, 57 y 90 pueden aceptarse en parte.

Las enmiendas 10, 14, 23, 26, 27, 28, 29, 39, 46, 50, 63, 67, 71, 73, 79, 81, 91, 110, 115, 116, 118 y 137 pueden aceptarse con modificaciones.

La Comisión no puede aceptar las enmiendas 5, 33, 47, 54, 58, 64, 68, 82, 83, 89, 95, 96, 98, 104, 105, 112, 128, 130, 141, 142, 143, 145, 147, 148, 150, 151, 152, 153, 154, 155, 156 y 157.

La Comisión rechaza principalmente por razones de división o recursos las enmiendas 1, 2, 3, 15, 18, 19, 37, 38, 40, 41, 42, 43, 45, 48, 49, 52, 53, 62, 74, 75, 76, 77, 87, 92, 93, 94, 97, 107, 109, 114, 117, 121, 125, 127, 129, 131, 133, 134, 136, 138, 140 y 144.

(Las enmiendas subrayadas son enmiendas nuevas presentadas por los Grupos políticos el 8 de marzo de 2005.)

 
  

(1)Posición de la Comisión respecto a las enmiendas del Parlamento: cf. Acta.

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