Índice 
 Anterior 
 Siguiente 
 Texto íntegro 
Procedimiento : 2005/2248(INI)
Ciclo de vida en sesión
Ciclo relativo al documento : A6-0238/2006

Textos presentados :

A6-0238/2006

Debates :

PV 05/09/2006 - 14
CRE 05/09/2006 - 14

Votaciones :

PV 06/09/2006 - 7.5
Explicaciones de voto

Textos aprobados :

P6_TA(2006)0340

Acta literal de los debates
Martes 5 de septiembre de 2006 - Estrasburgo Edición DO

14. Un modelo social europeo para el futuro (debate)
Acta
MPphoto
 
 

  El Presidente. De conformidad con el orden del día, se procede al debate del informe elaborado por los señores Proinsias De Rossa y José Albino Silva Peneda, en nombre de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales, sobre un modelo social europeo para el futuro [2005/2248(INI)] (A6-0238/2006).

 
  
MPphoto
 
 

  Proinsias de Rossa (PSE), ponente. – (EN) Señor Presidente, este informe de propia iniciativa, que he elaborado junto con el señor Silva Peneda, con el apoyo crucial de nuestros respectivos equipos, es una contribución muy importante al debate en curso sobre el futuro de Europa y el papel que el modelo social europeo puede desempeñar en la reactivación de la unificación de nuestro continente.

Hoy por hoy no cabe ninguna duda de que la creación de la Unión Europea ha sido un proceso de paz muy eficaz y acertado. Lo que ya no se reconoce con tanta facilidad es que también ha sido un proceso efectivo de prosperidad. En su libro «El sueño europeo», Jeremy Rifkin habla de la notable recuperación de los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial. Que la tasa de crecimiento europea sobrepasara la de los Estados Unidos durante medio siglo, hasta mediados de la década de 1990, desarrollando y estableciendo una extraordinaria infraestructura social que aseguró la posibilidad de compartir la prosperidad, fue un logro considerable.

Este éxito no se basó en un clima de competición implacable, sino en un contrato social que garantiza que los trabajadores compartirían la riqueza creada y que su dependencia de la sociedad también sería beneficiosa en general mediante la prestación de servicios públicos universales.

Ahora nos encontramos en un nuevo período –una revolución sin precedentes en el ámbito de la tecnología, de la estructura de edad de nuestra población y de la globalización del capital, donde existe una creciente necesidad de crear una democracia transnacional capaz de gobernar efectivamente esos fenómenos nuevos.

Este informe reconoce que los desafíos que afrontamos no pueden abordarse mediante dogmas recalentados, ya sean de izquierdas o de derechas. Esto no quiere decir que ya no haya diferencias filosóficas, sino que las condiciones objetivas del mundo moderno en que vivimos redefinen esas diferencias.

El presente informe es una reafirmación de que los valores europeos fundamentales de igualdad, solidaridad, redistribución y no discriminación, atención a los jóvenes, a los ancianos y a los enfermos mediante servicios públicos universales, deben defenderse en las reformas necesarias ya emprendidas; de que nuestro modelo social no es un obstáculo a la competitividad y al crecimiento, sino, de hecho, un ingrediente necesario si queremos tener el tipo de sociedad europea decente que nuestros ciudadanos sin duda desean; y de que el concepto de «flexiguridad», utilizado por primera vez por mi colega el señor Rasmussen en Dinamarca, puede ayudar a facilitar las reformas sin que los ciudadanos caigan en la pobreza y puede, si se adapta debidamente a las necesidades de cada uno de los Estados miembros, ser una herramienta importante en el proceso.

 
  
MPphoto
 
 

  José Albino Silva Peneda (PPE-DE), ponente. – (PT) Quiero empezar diciendo que la UE que conocemos hoy en día se basó en un ideal cuyo principal objetivo era la conquista y el mantenimiento de la paz. En medio siglo, Europa se ha convertido, en el escenario mundial, en sinónimo de paz, democracia, libertad, solidaridad, prosperidad y desarrollo.

La paz, un objetivo fundamental del proyecto europeo, se ha logrado de forma manifiesta, hasta tal punto que damos por sentado el valor verdadero de esta gran victoria, ya que durante más de seis décadas vivir en paz se ha convertido en algo normal. Estamos hablando de la paz arraigada en la libertad, la democracia y el respeto de los derechos humanos y el Estado de Derecho. Comparemos el modelo social europeo con otras situaciones: un ejemplo que nos resulta cercano es el gran engaño de las experiencias totalitarias comunistas, que durante décadas privaron a muchos europeos de su derecho a la libertad, recuperada hoy felizmente por la mayoría.

La brutal realidad del fundamentalismo islámico actual es otro ejemplo de un movimiento alejado de los valores fundamentales en los que se basa el modelo social europeo. El presente informe aborda básicamente estos valores. La forma en que estos valores se aplican varía de un país a otro y, por lo tanto, destacamos la idea de que, aunque el modelo social europeo es una unidad de valores, esa unidad se aplica de distintas formas.

La globalización, el desarrollo tecnológico y el cambio demográfico son los principales factores que se esconden tras las dificultades a las que se enfrentan, en mayor o menor medida, los sistemas de protección social en los distintos países europeos. De ahí la necesidad de llevar a cabo reformas oportunas; o tomamos medidas para que el modelo social europeo sobreviva, o se extinguirá si no hacemos nada.

Sabemos que si el crecimiento económico es débil, cualquier reforma estructural estará abocada al fracaso desde el principio. Por este motivo, hemos hecho más hincapié en el informe sobre la aplicación de la Estrategia de Lisboa por parte de los Estados miembros y sobre la necesidad de completar el mercado interior. En las reformas que hay que emprender debe darse prioridad a los siguientes ámbitos: mayor flexibilidad en el mercado laboral, aprendizaje permanente, más tiempo para llevar a cabo una vida activa, el equilibrio entre la vida familiar y laboral, cambios en las fuentes de financiación y lucha contra la pobreza y la exclusión social.

En el ámbito de la competitividad, recomendamos que se preste más atención a las PYME y a la innovación. Las directrices generales de las reformas que hay que implementar y que han sido destacadas en nuestro informe son indicativas de un pensamiento reformista firmemente arraigado en los valores fundamentales del modelo social europeo. En tanto que elementos que guían todas nuestras acciones políticas, estos valores son ahora más necesarios que nunca.

Por tanto, es importante para nosotros que el Parlamento afirme que las reformas que es necesario llevar a cabo en los distintos sistemas de protección social no deben, bajo ninguna circunstancia, afectar a los valores fundamentales sobre los que se basa el modelo social europeo. La decisión del Parlamento sobre el contenido de este informe será importante más allá de la Unión, porque constituirá una afirmación política de la defensa de valores que son importantes no solo para Europa, sino también para el resto del mundo. A este respecto, quiero mencionar a la Organización Internacional del Trabajo, que se refirió de forma explícita al modelo social europeo como una posible fuente de inspiración para las nuevas potencias emergentes.

Por ultimo, me gustaría mencionar a mi colega, el señor De Rossa, y darle las gracias por el excelente espíritu de cooperación que hemos mantenido y que nos ha permitido trabajar de una forma estimulante y gratificante.

 
  
MPphoto
 
 

  Paula Lehtomäki, Presidenta en ejercicio del Consejo. (FI) Señor Presidente, Señorías, en primer lugar quiero expresar mi agradecimiento por la oportunidad que se me brinda de debatir con esta Cámara el futuro social de Europa. Obviamente, se trata de una cuestión muy importante para los ciudadanos de Europa.

Los Jefes de Estado de la Unión Europea han confirmado en repetidas ocasiones su compromiso con los valores europeos y con el desarrollo de los modelos sociales europeos. El modelo social europeo, que es capaz de combinar crecimiento económico, bajos niveles de desempleo y cohesión social, ofrece una base sólida sobre la que buscar respuestas a los retos de la globalización y del envejecimiento de la población.

El modelo social europeo también requiere una revisión constante. Tenemos que facilitar el cambio para nuestros ciudadanos. Tenemos que demostrar nuestro apoyo a la competitividad europea y a unos niveles más elevados de empleo y, asimismo, luchar contra la pobreza y la exclusión. Tenemos que estar seguros de que los sistemas de protección social son sostenibles a largo plazo y de forma adecuada. Todos estos objetivos se respaldan de modo recíproco.

Resulta vital para el futuro de una Europa social que la Estrategia de Lisboa para el crecimiento y el empleo se ponga en práctica asiduamente. Si queremos mantener las sociedades europeas del bienestar, es necesario mejorar la competitividad, reducir los índices de desempleo y aumentar la productividad. Uno de los objetivos de la Presidencia finlandesa es reforzar la base para el crecimiento económico en Europa.

En las próximas semanas, esperamos que la Comisión presente una comunicación sobre el cambio demográfico en Europa. Estas cuestiones fueron abordadas en la reunión informal de Ministros de Empleo, Asuntos Sociales y Sanidad de la UE en Helsinki en julio. Una de las conclusiones de la Presidencia finlandesa extraída de estas negociaciones fue que el cambio en la estructura de edad de la población no debería ser considerado como un mero reto: también constituye un indicador de lo bien que funciona el modelo del bienestar europeo. Una gran parte de la población tiene la oportunidad de vivir más tiempo y de forma más saludable. Aunque las conclusiones relativas al potencial de crecimiento económico y la sostenibilidad de las finanzas públicas pueden ser menos positivas, es esencial contar con una política de reforma activa a largo plazo.

El debate sobre el mercado de trabajo constituye una parte fundamental del modelo social europeo. El Primer Ministro finlandés, el señor Vanhanen, y el Presidente de la Comisión, el señor Barroso, acogerán una cumbre social extraordinaria a tres bandas en Lahti el 20 de octubre. Su objetivo es continuar el debate sobre la gestión del cambio estructural en Europa. Tenemos que encontrar un equilibrio entre la flexibilidad y la seguridad e invertir abundantemente en aptitudes y conocimiento. Al facilitar a hombres y mujeres la conciliación de la vida familiar y laboral, estaremos dando al mismo tiempo una respuesta europea más eficaz a los retos planteados por la globalización y el envejecimiento de la población. Esta conciliación de la vida laboral y familiar también está básicamente vinculada a la implementación de la Estrategia de Lisboa. Esto se destacó en el Consejo Europeo de primavera de 2006, cuando se adoptó el Pacto Europeo por la Igualdad de Género.

La Unión es un agente mundial fundamental, cuyo objetivo es el fomento de la democracia, los derechos humanos y el desarrollo sostenible. La Comisión acaba de presentar una comunicación sobre el tema del «trabajo decente». Es muy importante que la UE y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) cooperen en esta materia. El fomento mundial del trabajo decente también impulsará la productividad en los países menos desarrollados.

Durante su Presidencia, Finlandia quiere fortalecer la capacidad de la Unión Europea de adaptarse a las presiones de la competencia mundial. La mejora de la competitividad europea está estrechamente vinculada a la conservación de las sociedades europeas del bienestar. Europa puede ser competitiva y sólida desde el punto de vista social, pero para ello es necesario que sigamos esforzándonos y que nos preparemos para el cambio.

Como dijo el Primer Ministro Vanhanen en la sesión plenaria del Parlamento Europeo en julio, también tenemos que tomarnos en serio el temor que los europeos tienen a la competencia mundial. Los valores comunes y la justicia social desempeñarán un papel central a la hora de aplacar estos temores.

 
  
MPphoto
 
 

  Vladimír Špidla, miembro de la Comisión. (CS) Señorías, en primer lugar me gustaría dar las gracias a los señores Silva Peneda y De Rossa por su informe sobre el modelo social europeo para el futuro. El informe hace una contribución útil y que incita a la reflexión sobre el debate lanzado en el Consejo Europeo celebrado en Hampton Court en octubre de 2005. Lo que es más importante, no obstante, es que se vuelve a hacer hincapié en la importancia de la Europa social y de la necesidad de proteger y desarrollar el modelo social europeo.

Señorías, el debate sobre el modelo social europeo es, por naturaleza, complejo y puede ser abordado desde distintas perspectivas. Creo que el informe del Parlamento en su forma original adopta un enfoque amplio de miras y transmite los puntos más importantes. Si se me permite, me gustaría compartir algunas consideraciones con ustedes.

En primer lugar, el informe indica finalmente que el modelo social europeo se edificó sobre una serie de valores específicos. La ejecución técnica de estos valores puede variar, por supuesto. Al hablar de valores, hablamos de algo meritorio; en otras palabras, si estamos convencidos de que estos valores se encuentran en el corazón del modelo europeo, estamos demostrando nuestra voluntad para canalizar nuestros esfuerzos para proteger y desarrollar estos valores.

Cuando hablamos del modelo social europeo, uno de los adjetivos que utilizamos es europeo. Creo que el modelo social europeo se basa claramente en la integración europea, sin la que no habría esperanzas de progreso en la escena mundial, independientemente de los Estados miembros de los que estemos hablando. Por tanto, la integración europea constituye una piedra angular del modelo social europeo, y, como una moneda de dos caras, el modelo social europeo es también una de las piedras angulares de la integración europea. Dado que, desde un punto de vista geográfico, la integración europea es un concepto complejo, podríamos celebrar una serie de debates de amplio espectro, aunque, en principio, donde encontremos el modelo social europeo, también encontraremos las fronteras de la integración europea. Dicha integración existe desde el momento en que tenemos una serie de valores que han sido adoptados por los Estados miembros. Hay, por supuesto, otros valores que podríamos añadir, y esto es claramente una cuestión que daría lugar a un debate muy intenso. En mi opinión, estos son los elementos centrales de este debate en el Parlamento y las principales razones por las que es tan importante.

Comparto la opinión expresada por los ponentes de que es importante no considerar las políticas sociales como una carga, sino más bien como un factor positivo y activo en la creación de empleo, en el apoyo del crecimiento y en el fortalecimiento de la cohesión social. Europa no puede ser competitiva sin ser fuerte desde el punto de vista social. No puede ser competitiva sin una política social. Es equivocado pensar que si descartamos esta idea central, ganaremos algún tipo de ventaja maravillosa. Esta opinión ha sido expresada, a mi parecer, de forma muy clara y eso me complace.

También me complace que las posiciones del Parlamento y la Comisión coincidan en tantos puntos, por ejemplo en su valoración de la situación. Europa debe reformar sus políticas, si quiere proteger sus valores. Preservar este status quo no es una solución; preservar el status quo a largo plazo sencillamente no merece la pena. También tenemos que darnos cuenta de que, además de una Europa innovadora y abierta, también tenemos una Europa con más de 20 millones de desempleados. La situación en el mercado de trabajo está mejorando cada vez más y, recientemente, la cifra era de unos 18 millones, una mejora de 2 millones, que es una cantidad considerable. Tenemos una Europa en la que hay pobreza; tenemos una Europa en la que hay pobreza infantil; una Europa en la que el crecimiento está estancado y hay demasiada exclusión social. Si la UE quiere seguir siendo operativa y fuerte desde el punto de vista económico, debe hacer frente a una serie de retos entre los que se incluye el envejecimiento de la población, que supone una amenaza para nuestros sistemas sociales, y la globalización, que constituye una fuente de temor, principalmente para los países que cuentan con una tasa de desempleo elevada y que, al mismo tiempo, confirma cuán indispensable es lanzar las reformas estructurales.

Quiero dar las gracias al Parlamento por sus propuestas, que me gustaría resumir en una palabra: modernización, o tal vez una palabra más adecuada sería mejora. Tenemos que modernizarnos a fin de ser capaces de preservar una educación y unos sistemas sanitarios de gran calidad, y de proporcionar un empleo y unas pensiones decentes para todos. La Comisión y los Estados miembros han lanzado el proceso de modernización y de reforma como parte del relanzamiento de la Estrategia de Lisboa. Quiero dar las gracias a los ponentes, a este respecto, por destacar la importancia del equilibrio entre la dimensión económica, por un lado, y el empleo y la protección social, por el otro. La UE tiene a su disposición una gama de instrumentos que ayudarán a los Estados miembros a impulsar la modernización. Esta legislación respaldará el cambio económico y la aplicación de medidas destinadas a proteger nuestros valores y calidad de vida, confiriendo la autoridad para controlar el cumplimiento de los derechos comunitarios y aportando un presupuesto que es vital para apoyar la cohesión económica, social y territorial de la Unión.

La mayor parte de las propuestas recogidas en el informe son muy similares a las actuales actividades de la Comisión. Se incluyen actividades relacionadas con el cambio demográfico, que se abordará en las propuestas contenidas en el Libro Verde sobre demografía, que me gustaría presentar en octubre. También se recogen actividades relacionadas con la llamada «flexiguridad», es decir, la flexibilidad combinada con la seguridad, en relación con la cual la Comisión ha empezado a negociar con las partes interesadas, y se espera que estas negociaciones culminen con la adopción de una serie de principios comunes a finales de 2007. Asimismo, contamos con actividades relacionadas con los servicios de interés general, que la Comisión abordará en una comunicación que se finalizará a finales de este año sobre la base del informe del Parlamento. También hay cierta similitud en las actividades contenidas en la Comunicación de la Comisión de junio de 2006 «Una agenda de los ciudadanos – Logrando resultados para Europa», en la que la Comisión se comprometió a llevar a cabo, en 2007, una evaluación exhaustiva de la realidad de la Comunidad Europea y a lanzar un programa orientado a un enfoque de los derechos y la solidaridad, que también examinará la posibilidad de elaborar una lista de derechos para los ciudadanos europeos.

Por ultimo, me gustaría volver a dar las gracias a los ponentes por su informe, que mira al futuro y que hace varias propuestas útiles. La Comisión responderá a ello en los próximos meses en el contexto de las principales iniciativas a las que he aludido. Señorías, si me lo permiten, me gustaría retomar lo que dije al principio. El modelo social europeo se basa en la idea de que es posible vincular la democracia política, la eficiencia y la eficacia económicas y la solidaridad.

 
  
MPphoto
 
 

  Miloslav Ransdorf (GUE/NGL), ponente de opinión de la Comisión de Industria, Investigación y Energía. – (CS) Señorías, antes, todo el sector del gasto social era considerado como un asunto incidental, como una cuestión de redistribución. Creo que la experiencia de los últimos años ha demostrado que no se trata de una cuestión de gastos, sino de inversiones, y me complace que estemos debatiendo este informe durante la Presidencia finlandesa. La crisis finlandesa de principios de la década de 1990 fue superada mediante la inversión en las personas, de forma similar a lo que hicieron los daneses en la época del obispo Grundtvig.

Recientemente, el economista estadounidense Richard Florida ha llamado la atención en sus trabajos sobre la clase creativa y la economía de la creatividad. Tenemos que crear una red capaz de aprovechar todos los tipos de talento en la sociedad europea y de hacer avanzar el progreso. En mi opinión, debemos considerar el modelo social europeo como un ámbito de elección y no como una cuestión de unificación. Habría que diversificar los estilos de vida, porque cuando jugamos con el empleo barato, como hacen las economías asiáticas, las opciones disminuyen, al igual que las oportunidades de crecimiento económico.

 
  
MPphoto
 
 

  Emine Bozkurt (PSE), ponente de opinión de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género. – (NL) Señor Presidente, quiero dar las gracias al señor De Rossa y al señor Silva Peneda por su trabajo y por el informe sobre el modelo social europeo. Me complace que la aportación de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género se haya teniendo en cuenta y que se vea reflejada en el informe.

Las mujeres son indispensables en el modelo social, al igual que lo son en el mercado laboral. No por nada hemos decidido en Europa mejorar la participación de las mujeres en el mundo laboral. A pesar de esto, las mujeres a menudo siguen ausentes del mercado de trabajo y, por ese motivo, figuran con demasiada poca frecuencia en el modelo social.

Las mujeres a menudo son las primeras víctimas del mal funcionamiento del sistema social. Si no hay fondos para guarderías de día o para centros de atención a enfermos, ancianos o personas con discapacidad, a menudo son las mujeres, esposas y madres las que se quedan en casa para cuidar de ellos.

Por este motivo, estoy a favor de un modelo que tenga en cuenta a las mujeres, uno en el que el Gobierno preste ayuda cuando sea necesario y de una forma asequible. Estoy en contra de un modelo pensado en Bruselas que, por las buenas o por las malas, tiene que ser aplicado en toda Europa. Sin embargo, estoy a favor de la solidaridad social en Europa bajo el lema de «Uno para todos y todos para uno».

Esto queda reflejado en el informe que estamos debatiendo hoy y, por este motivo, estoy a favor del informe de los señores De Rossa y Silva Peneda.

 
  
MPphoto
 
 

  Ria Oomen-Ruijten, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (NL) Señor Presidente, cuando echamos un vistazo a nuestra sociedad y hablamos con la gente, se puede ver que están preocupados por las consecuencias de la globalización y por la propia globalización y que les preocupa, debido al persistente desempleo en algunos Estados miembros, que les llegue a afectar. Pueden ver los efectos perjudiciales que conlleva el desarrollo demográfico y esto hace que las personas, también al debatir sobre el modelo social europeo, se muestren muy reticentes.

Se preguntan cuán sostenible es todo lo que tenemos actualmente. ¿Podemos mantener las pensiones, las prestaciones por desempleo, en caso necesario, o el nivel de bienestar tal como son actualmente? Este es el tipo de aviso del que estoy hablando.

La cuestión central es si los sistemas de seguridad social, que son muy diferentes pero que están basados en determinados valores, pueden ofrecer lo que prometían cuando fueron creados por primera vez.

Me complace que dos de mis colegas, los señores De Rossa y Silva Peneda, hayan logrado, a pesar de sus distintas procedencias políticas, elaborar un excelente informe que pueda servir de base para el debate en el futuro. Les estoy extremadamente agradecida.

En el centro del modelo social europeo se encuentra la necesidad del desarrollo económico, porque sin este no podemos ofrecer ni garantizar la seguridad social. Queremos ser capaces de garantizar que las personas disfruten de unas prestaciones sociales básicas, pero también debemos conseguir los fondos necesarios para ello. Esto implica un proceso continuo, en el que se reorganice la seguridad social a fin de que los ciudadanos puedan recibir lo que esperan.

Existen distintos modelos y el nuestro se diferencia de los demás en que se basa en una economía de mercado social y, de hecho, en las enseñanzas sociales cristianas. Quiero dar las gracias por las muchas sólidas recomendaciones recogidas en este informe.

 
  
MPphoto
 
 

  Jan Andersson , en nombre del Grupo del PSE. – (SV) Señor Presidente, me gustaría empezar dando las gracias a los dos ponentes, que han trabajado muy bien juntos. El informe que han elaborado es muy bueno. A menudo, en Suecia, me preguntan si realmente existe un modelo social europeo o si lo que en verdad tenemos es una colección de modelos diferentes. Mi respuesta es que, aunque es cierto que nuestros sistemas sociales son diferentes, también tienen mucho en común y es esa convergencia la que constituye el modelo social europeo. Todos tenemos sistemas basados en la solidaridad con los que están desempleados o enfermos o que han sufrido accidentes laborales. Todos tenemos un sector público a través del cual pagamos por lo que es común, en distinto grado. Todos tenemos agentes sociales y sociedad civil, que desempeñan un papel importante en el proceso por el que conformamos nuestras sociedades. Estas son las características comunes distintivas.

Si el modelo social se basa en valores comunes dentro de sistemas distintos, esto quiere decir que podemos aprender unos de otros en el curso del proceso en el que nos encontramos. Por supuesto, no es el caso que el modelo social o los distintos sistemas sociales no se puedan cambiar. Como han dicho muchos oradores en este debate, hay que modificar constantemente los sistemas como tales, no tanto los valores que los sustentan.

Los dos grandes retos actuales son el cambio demográfico y la globalización. A la vista del cambio demográfico, también debemos demostrar nuestra solidaridad con la próxima generación. Así pues, la próxima generación no deberá tener que gastar una cantidad poco razonable de lo que produce en los que nos jubilemos ni requerir grandes cantidades de dinero para asistencia médica. Por tanto, tenemos que crear sistemas de pensiones sostenibles.

Sin embargo, también debemos garantizar la creación de un entorno de trabajo que haga posible que las personas permanezcan en el mercado laboral durante más tiempo. Para ello, entre otras cosas, es necesario contar con jornadas de trabajo razonables. Debemos ser capaces de evolucionar, para que el segmento de mayor edad de la fuerza de trabajo pueda participar en los cambios que afectan al desarrollo de aptitudes y en otras cuestiones y para que puedan seguir trabajando. Esto significaría que tendríamos más trabajadores en el mercado de trabajo. Tal vez, también tengamos que aceptar a más personas de países de fuera de Europa en el futuro, que casi seguro que será lo que ocurra.

En cuanto a la globalización, hay dos formas de proceder. La primera es imitar a las economías de nuestros competidores, China y la India, en cuanto a salarios, condiciones del mercado de trabajo, etc. La segunda forma es intentar competir con trabajadores bien formados e invirtiendo en investigación y desarrollo, lo que significaría que nuestros trabajadores y los productos que fabrican serían los mejores del mundo. Sin embargo, esto requiere seguridad en el mercado laboral, ya que implica cambios y reestructuración. Las personas implicadas en el cambiante mundo laboral necesitan sentirse seguros. Sé que la Presidencia finlandesa se está refiriendo a esto como «seguridad en medio del cambio» más que como «flexiguridad», pero representa lo mismo. Si uno se siente seguro, también es capaz de participar en el cambio y el desarrollo de Europa. Entonces, podremos desarrollar nuestros sistemas sociales de forma que devengan un factor productivo en la tarea del cambio.

 
  
MPphoto
 
 

  Patrizia Toia, en nombre del Grupo ALDE. – (IT) Señor Presidente, Señorías, en estos meses, en el debate sobre el proceso de creciente integración política de Europa, entre éxitos y derrotas, hemos dicho a menudo que Europa debe definir mejor su proyecto, su finalidad, y yo diría que su indispensabilidad: la Europa de los resultados, anticipada por nosotros concretamente para que dé a los ciudadanos una señal concreta de su razón de ser.

Pero hoy es preciso promover también su dimensión social, junto con el crecimiento y el conocimiento, los objetivos que siempre declaramos. Esto debe venir acompañado de la indagación de en qué debe convertirse Europa, para poder decir claramente a los ciudadanos europeos si el futuro de Europa –y no solo su historia pasada y la del siglo XX que todos conocemos y hemos vivido– tendrá también esta prioridad, esta señal distintiva que ha caracterizado los distintos modelos y sistemas en todos los Estados miembros.

Precisamente es necesario dar este salto a escala europea: los avances realizados hasta ahora en los distintos países y Estados miembros se enfrentan hoy a retos que difícilmente pueden tener tan solo respuestas aisladas. Está claro –y he de decirlo a todos los que temen que en Bruselas se decida todo: qué, cómo y con un único modelo–, es evidente, es indiscutible, que la competencia y la responsabilidad de las políticas sociales corresponden a los Estados miembros y que las decisiones sobre la cantidad y la calidad de renta que se asigna a nuestros sistemas sociales, si el acento de pone más en la seguridad social, en la educación o en la reparación, deben tomarse a escala nacional.

Estas son decisiones nacionales, no hay duda, y también yo defiendo que mi país decida qué Estado social quiere construir, pero considero necesario un enfoque compartido a escala europea sobre algunos derechos fundamentales que deben salvaguardarse, sobre los derechos sociales, que, como quisiera recordar a sus Señorías, hemos inscrito en la sección relativa a los derechos de nuestro proyecto de Constitución. Debemos partir de aquí, de un enfoque compartido, que defina algunas directrices, precisamente porque los sistemas sociales nacionales se enfrentan al peor de los desafíos: la compatibilidad económica y financiera. De hecho, queremos que competitividad y cohesión social vayan de la mano, sean dos caras de una misma moneda de desarrollo integral de la sociedad.

Por ello considero importante el debate de hoy; por ello deseo que figure en el plan de acción europeo, aunque algunos quizás lo discutan porque es solo un informe de iniciativa sobre el tema. No basta con hablar de modelos institucionales, no basta con hablar de qué gobernanza es necesaria, es indispensable debatir sobre el modelo competitivo de nuestra economía libre.

Los ciudadanos quieren saber también esto cuando toman una opción política, cuando toman o se niegan a tomar las opciones económicas que les pedimos que tomen en aras de un mayor empleo o de otra cosa: pedirán saber si esos derechos sociales son de algún modo un rasgo distintivo de todos los sistemas de bienestar que realicen los distintos países.

 
  
MPphoto
 
 

  Sepp Kusstatscher, en nombre del Grupo Verts/ALE. (DE) Señor Presidente, estoy seguro de que todos, en principio, estamos de acuerdo con el modelo social europeo, al menos de palabra. ¿Quién puede estar en contra de un sistema compartido de valores, o ser contrario a la paz, la justicia social, la libertad, la igualdad, etc.?

Aunque la política de la UE no carece de excelentes principios y directrices, en el día a día la vida que discurre en paralelo a dicha política se topa con la cruda realidad, con, entre otras cosas, la lucha por conseguir beneficios a corto plazo y a menudo con la explotación y la competencia sin escrúpulos. Muchos miran impasibles, o miran hacia otro lado, mientras que una minoría se enriquece y cada vez más personas se empobrecen más y más.

Este documento solo hace referencia de paso a los problemas sociales más graves, como la pobreza extrema, la discriminación contra los inmigrantes, la triste realidad de los desempleados de larga duración; no es lo suficientemente riguroso a la hora de destacar la desigualdad y la injusticia, y la culpa hay que buscarla en el principio de subsidiariedad, que en sí mismo es positivo. Si lo que llamamos armonización en economía tiene que ser considerado como la cosa más evidente del mundo, entonces la UE debería decir que sí a las medidas de armonización en el ámbito social, empezando por armonizar los impuestos para después pasar a debatir sobre los ingresos mínimos y básicos y los salarios de los ciudadanos, y decir que sí en particular a la armonización del sistema de pensiones.

La justicia solo podrá ser un principio válido en la UE, si la ley, en toda Europa, ofrece plena protección a los miembros más débiles de la sociedad.

 
  
MPphoto
 
 

  Ilda Figueiredo, en nombre del Grupo GUE/NGL. (PT) Este debate es extremadamente importante, dada la gravedad de la cuestión, el llamado modelo social europeo, es decir, los derechos económicos, sociales y laborales que han sido adquiridos por los trabajadores y el resto de ciudadanos durante décadas, un hecho que no ha sido tenido en cuenta por la Comisión ni se ha recogido en este informe. Todo lo contrario.

Lo que subyace a este informe es la idea de que los sistemas de seguridad social obstaculizan el desarrollo económico y que son insostenibles, dados los retos demográficos planteados por la globalización y la competencia mundial. El informe destaca profundas reformas estructurales que en la práctica darán lugar al colapso de los sistemas públicos de seguridad social, dejando de lado la principal arma de la que disponemos para proteger la inclusión social, luchar contra la pobreza, la distribución desigual de los ingresos, la inseguridad laboral y el desempleo y para promover la dignidad de los trabajadores.

De esta forma, los ponentes del Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos) y de los Demócratas Europeos y del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo pretenden continuar con la política de satisfacer a los capitanes de la industria de Europa y a los intereses de los grandes grupos económicos y financieros, abriendo nuevos ámbitos de negocio y poniendo gran parte de los fondos destinados a los sistemas de pensiones en manos del sector privado. Por tanto, la tendencia es caminar cada vez más por el camino neoliberal de la llamada Estrategia de Lisboa y el Pacto de Estabilidad.

Sin embargo, esto no es lo que esperan los más de 72 millones de personas que viven en la pobreza y los más de 18 millones de desempleados. Lo que necesitamos es cambiar estas políticas. Esto es lo que teníamos en mente con las propuestas que presentamos, que esperamos que sean aprobadas.

 
  
MPphoto
 
 

  Brian Crowley, en nombre del Grupo UEN. – (EN) Señor Presidente, yo también quiero sumarme a mis colegas y agradecer a los coponentes su trabajo en torno a este importantísimo informe. Asimismo, doy la bienvenida a esta Asamblea a la señora Comisaria, porque al fin y al cabo la Comisión tendrá que aplicar algunas de las cosas de las que estamos hablando aquí.

Uno de los elementos básicos del debate es que por fin se ha reconocido que a menos que se pueda crear riqueza económica, junto con las condiciones laborales que permitan garantizar los puestos de trabajo y la seguridad en los mismos y los derechos posteriores, entonces el modelo social europeo no existe.

Tal y como ha señalado con razón mi colega el señor Andersson, no existe un único modelo, sino varios. Lo único que todos ellos tienen en común es la necesaria solidaridad entre los ciudadanos de un mismo país y entre los de diferentes países de la Unión Europea. La idea de proteger a los miembros más vulnerables de nuestra sociedad ocupa el centro de lo que debería ser el modelo social europeo. Al examinar la lista de cuestiones y ámbitos que hay que abarcar, naturalmente siempre surgen dificultades, ya sea con respecto al desempleo de larga duración, al desempleo juvenil, al desempleo femenino, al bienestar social, a la protección en relación con el acceso a la vivienda, a la educación y a la formación, o, más recientemente, la situación demográfica y la crisis de las pensiones que se avecina.

Da igual que se intenten y se propongan soluciones para resolver los problemas existentes, lo único que deberíamos aprender de la experiencia práctica que ahora tenemos con algunos de estos distintos modelos sociales es que no vale la talla única. Es necesario que haya flexibilidad en estos modelos, garantizar que los valores fundamentales –situar al ser humano en el centro del modelo social– siguen siendo primordiales. Pero además, cuando hablamos de armonizar la fiscalización o armonizar el salario mínimo, sin duda esto es contraproducente para la creación de igualdad, porque los países que tienen actualmente salarios inferiores y un alto grado de protección social podrían perder competitividad, porque los negocios y las empresas se verán atraídos a otros lugares y se perderán puestos de trabajo. Por ello se necesita flexibilidad.

Apoyo el informe en general y me encantan sus comentarios. Un ámbito que despierta cada vez más interés es la necesidad de garantizar el vínculo entre el rendimiento económico y la generación de riqueza, que después debe utilizarse para la protección social. No se puede tener una cosa sin la otra y cuando hablamos de aumentar los impuestos, se pueden tener los impuestos más altos del mundo, pero si no se tienen empresas que den empleo a los ciudadanos y que paguen impuestos, entonces después ya no se puede ofrecer protección social.

 
  
MPphoto
 
 

  Derek Roland Clark, en nombre del Grupo IND/DEM. – (EN) Señor Presidente, este informe abarca diez ámbitos distintos, prácticamente en todas las esferas de la Unión Europea, desde la paz y la seguridad hasta los derechos humanos y desde Lisboa hasta Laeken. Por tanto, se trata de una aspiración, un intento de fundar una cultura embrionaria.

Cuando yo era más joven jugaba a rugby y recuerdo un partido que no marchaba bien. El capitán nos reunió y nos exhortó a que mostráramos más espíritu de equipo. Una petición inútil, porque el espíritu de equipo no se puede fabricar: surge de la cultura del juego de combinar varias aptitudes, de jugar unos para otros, de cubrirse mutuamente los errores y del ambiente social posterior al partido.

Del mismo modo, no sirve de nada que los ponentes nos reúnan para votar a favor de un modelo social europeo. Si todos sus componentes, informes, tratados, reglas y reglamentos, etc. son valiosos y todo este equipo de naciones los ponen en práctica, entonces el modelo social europeo surgirá por sí solo. Por lo tanto, este informe es irrelevante.

El considerando O del informe especifica que la Constitución debería reflejar el concepto del modelo social, pisando el mismo terreno. De ello se desprende que la Constitución Europea es también irrelevante, además de que está muerta.

Este informe hace hincapié en el papel de los Estados miembros y sus competencias, sobre todo en su función a la hora de asegurar puestos de trabajo que propicien el crecimiento económico y la prosperidad. Comenta la diversidad de los Estados miembros europeos y dice que hemos de respetar sus tradiciones, todo lo cual ha sido apoyado por el Presidente finlandés esta mañana. Sin embargo, todo esto se perderá si la Unión Europea se embarca en la locura de una Constitución.

Para concluir, pueden ustedes deducir que dudo de la sinceridad de este informe, que recoge la siguiente declaración: «recomienda a los Estados miembros que profundicen la cooperación y el intercambio de las mejores prácticas». Hace un año observé en esta Asamblea que uno de los rasgos fundamentales de la Unión Europea fue que cada uno de los Estados miembros podría presentar sus mejores prácticas para compartirlas con todos los demás. No obstante, cuando lo dije en la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales durante el debate en torno a la directiva sobre la ordenación del tiempo de trabajo e intenté aportar algunas buenas prácticas de un Estado miembro, el Reino Unido, el ponente me dijo con firmeza: «No queremos que descargue sus ideas sobre nosotros.»

 
  
MPphoto
 
 

  Roger Helmer (NI). (EN) Señor Presidente, hace un año el Primer Ministro británico Tony Blair se dirigió a esta Asamblea con una pregunta crucial: ¿qué clase de modelo social es ese que tiene 20 millones de desempleados en toda la Unión Europea? Fue una buena pregunta, y hasta la fecha no he oído la respuesta.

El modelo social europeo es bueno, es compasivo, pretende hacer el bien y, aún así, ha creado un clima reglamentario y fiscal que ahuyenta a las empresas, que destruye la riqueza y socava la competitividad. Ya va siendo hora de afrontar la realidad: la protección del empleo de una persona equivale al desempleo de otra. El modelo social es profundamente discriminatorio. Favorece a las personas que trabajan y discrimina a los desempleados. Si queremos lograr los objetivos de Lisboa, si queremos afrontar los desafíos de la globalización, si queremos crecimiento y puestos de trabajo y competitividad y prosperidad, entonces hemos de empezar a desmantelar el modelo social europeo.

 
  
MPphoto
 
 

  Csaba Őry (PPE-DE). – (HU) El modelo social europeo se enfrenta a retos considerables, relacionados básicamente con los cambios en el entorno económico y la transformación social. Hoy se han nombrado en esta Cámara varios elementos de estos cambios.

En mi opinión, la cuestión fundamental es la necesidad de crear más empleos. Para ello, y en relación con el modelo social, es importante destacar lo siguiente: solo más empleos, y por tanto, más apoyo al sector de las pequeñas y medianas empresas puede hacer posible que hablemos de elementos de cambio dentro del modelo social. Me complace oír al Comisario Spidla decir que se trata de preservar los valores europeos. A fin de tener éxito en esta tarea, queda claro que también es necesario llevar a cabo cambios estructurales en el modelo social europeo. La principal pregunta que se plantea es saber a través de qué estrategia de la UE y con qué grado de cambio es posible lograrlo.

A este respecto, pienso que necesitamos armonizar las políticas comunitarias y, en concreto, aplaudo el objetivo establecido en el informe: un método abierto de coordinación reforzado para que los Parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo puedan desempeñar un papel más activo a este respecto. Estoy convencido de que en las principales cuestiones políticas son necesarias una mayor cooperación y posiciones de consenso comunes a escala europea. Por lo tanto, el enfoque que debemos seguir son las declaraciones europeas comunes y políticas adaptadas a cada Estado miembro. En cuanto a las perspectivas de futuro, esta declaración es suficientemente pragmática y muestra claramente que debemos trabajar juntos. Los problemas solo podrán solucionarse aunando esfuerzos, no fragmentándolos.

Creo que se trata de un buen informe y que es defendible y pido el apoyo del mayor número posible de diputados, preferentemente del espectro político más amplio.

 
  
MPphoto
 
 

  Stephen Hughes (PSE). (EN) Señor Presidente, quiero felicitar a ambos ponentes, que han hecho un trabajo excelente.

El pasado otoño, durante la Presidencia británica y en los prolegómenos de la cumbre extraordinaria celebrada en Hampton Court, miembros de mi Gobierno dijeron dos cosas contradictorias acerca de la idea del modelo social europeo. Por un lado dijeron que el modelo social europeo no existía –sino que tenemos 25 modelos sociales nacionales diferentes– y, al mismo tiempo, que si existía un modelo social europeo entonces era un fenómeno continental y una piedra atada al cuello de la economía de una serie de Estados miembros.

El señor Helmer nos ha recordado lo que dijo el señor Blair en esta Asamblea. De hecho, varios Ministros han dicho lo mismo y está claro que leen el mismo guión, es decir, ¿realmente queremos un modelo social que condena a 20 millones de personas al desempleo? Si el señor Helmer escuchara el debate, entonces habría oído la respuesta a esta afirmación del señor Blair, porque este informe destapa esas mentiras. El primer apartado sustancial subraya que en efecto tenemos un modelo social europeo que refleja una serie de valores comunes basados en la preservación de la paz, la justicia social, la igualdad, la solidaridad, el fomento de la libertad y de la democracia y el respeto de los derechos humanos. El informe plantea la cuestión de que lejos de ser una carga o una piedra atada al cuello, la política social debería considerarse un factor positivo de crecimiento económico de la Unión Europea, no solo porque aumenta la productividad y la competitividad, sino también porque genera cohesión social, eleva el nivel de vida de los ciudadanos y garantiza el acceso a los derechos y libertades fundamentales. Esto es absolutamente correcto, y si la vemos en ese sentido, la política social se convierte en un factor productivo; este fue el tema de una presidencia neerlandesa hace algunos años.

El informe también reconoce lo que han dicho algunas personas, que existe una clara necesidad de modernizar y adaptar el modelo para responder a la amplia gama de desafíos que afrontamos: el cambio demográfico y tecnológico, la globalización y otros más. Los ponentes también afirman que la reforma y la modernización del modelo han de preservar y potenciar los valores que lleva asociados. Esto tiene una importancia crucial. En el Reino Unido hay personas se mueven la cabeza ante lo que consideran el lentísimo avance de la modernización y la reforma en una serie de países de la Europa continental. Suelen olvidar la forma brutal, inhumana y destructiva en que se llevó la reforma durante los años de Thatcher en Gran Bretaña. Lo que intentan hacer varios países continentales es emprender ese proceso de reforma a través del consenso, preservando al mismo tiempo los valores subyacentes del modelo social europeo. Ese es el método correcto y que yo admiro mucho.

Un comentario final: lamento que el Grupo del PPE-DE haya propuesto una enmienda al apartado 23 con vistas a eliminar una referencia concreta a la necesidad de que la Comisión proponga una directiva marco sobre los servicios de interés general. Espero que esa enmienda decaiga, porque si hubiéramos tenido ese marco, la propia Directiva de servicios habría tenido un parto mucho más fácil. Todavía lo necesitamos y espero que la Comisión atenderá la petición que se hace al respecto en el informe.

 
  
MPphoto
 
 

  Bernard Lehideux (ALDE).(FR) Señor Presidente, nuestros conciudadanos viven demasiado a menudo la intervención de Europa como una intrusión en su vida diaria. Por otra parte, a veces tienen razón. Pero los que no quisieron la Constitución se negaron a ver que ese texto podía haber aclarado las competencias de la Unión y de los Estados miembros.

Nuestros conciudadanos piden, de hecho, una Europa que responda a sus preocupaciones urgentes y concretas, pero solo cuando sea la institución que mejor pueda hacerlo. En este sentido, una Europa social es una prioridad entre muchas. Tenemos el deber de crear un marco que sea –usted mismo lo ha dicho, señor Comisario– moderno y equilibrado y que garantice normas sociales de alto nivel, dejando al mismo tiempo un margen de maniobra suficiente a los Estados miembros.

Señorías, paremos esos estériles debates entre aquellos para los que la palabra «social» es sinónimo de resurrección del control estatal y los que proponen en largos informes medidas inoperantes y contraproducentes. Como hemos hecho ya con la Directiva de servicios, debemos ocuparnos de definir ese marco, todos juntos y con la máxima urgencia posible, empezando por ejemplo por adoptar textos sobre el tiempo de trabajo, sobre los servicios de interés general y sobre el estatuto de la mutua europea.

 
  
MPphoto
 
 

  Gabriele Zimmer (GUE/NGL). – (DE) Señor Presidente, es una lástima que este informe sobre el modelo social europeo para el futuro no nos lleve mucho más lejos. Ninguno de los actuales modelos sociales de la UE ha empezado, a fecha de hoy, a hacer lo que habían dicho que harían y no han creado las condiciones en las que todos los seres humanos puedan llevar la vida que ellos quieren con dignidad en la UE. Tal como yo lo veo, los principales retos, también para el mercado interior, son la abolición de la pobreza, la eliminación de las divisiones sociales y la acción enérgica para proteger el clima.

Por tanto, creo que la Unión Económica y Monetaria necesita ser complementada con una Unión Social Europea. Para ello, en primer lugar, se podría crear la maquinaria necesaria para luchar contra el dúmping social; en segundo lugar, habría que establecer normas sociales mínimas en toda Europa, y, en tercer lugar, habría que crear sistemas de seguridad social europeos que hagan que la pobreza sea imposible. Resulta lamentable que el informe que tenemos ante nosotros sobre un modelo social europeo para el futuro no contenga propuestas sustanciales para una verdadera Europa social caracterizada por la solidaridad.

 
  
MPphoto
 
 

  Ģirts Valdis Kristovskis (UEN). (LV) Quiero señalar que este informe sí contiene algunas declaraciones bien fundadas y previsiones bastante desalentadoras, pero me gustaría hablar no del hecho de que cada uno de los Estados miembros de Europa tiene un sistema social distinto, sino de dos grupos de personas. Represento a un país donde hay personas que en el pasado participaron en hacer frente al desastre nuclear de Chernóbil, y ahora estas personas necesitan ayuda. En el pasado se implicaron en la lucha contra este desastre sabiendo que estaban salvando vidas humanas, que estaban ayudando a Ucrania y, por ende, también a Europa. Hoy en día, el Estado letón todavía no tiene suficientes recursos. El sistema social letón no es capaz de ayudar a estas personas, ahora que son inválidas.

El segundo grupo está formado por letones, así como por personas de otros países bálticos y de Europa del Este, que como resultado de la ocupación de la URSS, fueron enviados a campos de concentración. Estas personas se vieron privadas de una vida normal, de una educación, vivieron en un periodo de esclavitud y trabajaron como esclavos. Por este motivo, hoy en día es imposible, con los recursos de los que disponen Letonia y el resto de países bálticos, lograr la rehabilitación social de estas personas. Si hablamos del modelo social europeo y de la solidaridad, creo que este modelo debería incorporar una protección social adicional para estas personas, protección que sea de carácter supranacional y que no constituya una carga que deba asumir un solo país, al tratarse de países que, de hecho, son los más pobres de Europa.

 
  
  

PRESIDENCIA DEL SR. COCILOVO
Vicepresidente

 
  
MPphoto
 
 

  Georgios Karatzaferis (IND/DEM). (EL) Señor Presidente, hemos de admitir que realmente hemos metido la pata en la cuestión del Estado del bienestar. Lo cierto es que hace unos pocos años decidimos muchas cosas sin tener la intuición de que la esperanza de vida de las personas va en aumento. Por entonces, hace cuarenta años, un infarto significaba la muerte; ahora se trata en una operación rutinaria.

De forma similar, hace unos pocos años –hace diez años, cuando firmamos el acuerdo sobre el comercio mundial– no pensábamos que nuestros productos están gravados por el coste del Estado de bienestar, mientras que los productos fabricados por indios y chinos, que abarcan la mitad de la fuerza de trabajo del planeta, no soportan dicho coste. Consecuentemente, los productos chinos están inundando Europa, nuestras empresas están cerrando y mañana seremos incapaces de ofrecer este Estado del bienestar.

La verdad es que o vamos a la quiebra o no estaremos tan seguros como ciudadanos. Estos son los hechos. Por tanto, hemos de ver cómo podemos abordar la situación de forma realista. Estamos dando gato por liebre a los ciudadanos. No vamos a poder cumplir nuestra palabra.

Ahora decimos que obtendremos fondos de las empresas, pero los productos chinos e indios ya las han doblegado. Por tanto, tenemos que mirar los hechos de frente. La tecnología debería mostrarnos el camino. Hace cuarenta años, cuando era niño, en verano íbamos a trabajar a los campos y había 50 personas para dos decáreas. Ahora hay una máquina con un operario.

La tecnología se come los puestos de trabajo. Por tanto, ¿cómo podemos garantizar hoy día este nivel de vida? Debemos encontrar modos que no sean obvios para esta forma de pensar. Es preciso que nos demos cuenta de que hemos cometido un error cuando, hace diez años con los acuerdos sobre el comercio mundial, no tuvimos en cuenta este parámetro, a saber, sus productos baratos que hoy inundan el mercado y que desplazan a nuestros productos de las tiendas.

Es un grave error por el que tendremos que pagar. Hemos de decir la verdad a los ciudadanos europeos: que no podremos convertir a los chinos en europeos y que, desgraciadamente, tendremos que convertir a los europeos en chinos.

 
  
MPphoto
 
 

  Jan Tadeusz Masiel (NI). (PL) Señor Presidente, permítame hablar del modelo social europeo desde el punto de vista de un ciudadano de un nuevo Estado miembro. Se dice que los científicos han identificado cuatro modelos diferentes, a saber, el escandinavo, el anglosajón, el continental y el mediterráneo. Aunque difieren, también comparten características comunes. Yo añadiría otro modelo, el poscomunista, que no encaja en ninguno de los otros. El modelo poscomunista se caracteriza por la ausencia total de cualquier modelo, y en él el personal de un supermercado trabaja hasta las diez de la noche, incluido el primero de mayo, o veinticuatro horas al día por 200 euros al mes.

Por este motivo, la creación de un nuevo modelo social, común a toda Europa, y su puesta en práctica al menos en un nivel básico, interesan sobre todo a los ciudadanos de los nuevos Estados miembros. Por desgracia, es en los nuevos Estados miembros donde se percibe la mayor divergencia entre la calidad del trabajo y lo que se paga por él. El acceso a la asistencia sanitaria es escaso; no existe un mínimo apoyo social para quienes cuentan con recursos insuficientes, las prestaciones por discapacidad y las pensiones son muy bajas y, por último, existe un régimen clandestino de pagos para acceder a la educación superior.

Es triste, pero es en los nuevos Estados miembros donde existen menos puestos de trabajo disponibles y los que existen son de mala calidad, el salario suele oscilar entre los 200 y los 500 euros al mes, si bien el coste de la se sitúa está casi a la par con el del resto de Europa. Por desgracia, en Polonia, el país del sindicato «Solidarność», los derechos de los trabajadores son los peor protegidos de toda la Unión Europea. Espero que el modelo social europeo garantice que nuestros ciudadanos más pobres no tengan que temer las noticias de otra ampliación o de la introducción del euro.

A este respecto, todos necesitamos que la Unión Europea desempeñe un papel más significativo. El modelo social europeo debería pretender aumentar la confianza en las instituciones europeas, sobre todo por parte de los ciudadanos más pobres.

 
  
MPphoto
 
 

  Thomas Mann (PPE-DE). (DE) Señor Presidente, dos diputados a este Parlamento, de diferentes Grupos políticos, se han unido para redactar un informe sobre el futuro del modelo social europeo, y el resultado indica que su esfuerzo ha valido la pena. El modelo social europeo define la unidad de valores, pero también la diversidad de los sistemas nacionales. Entre los valores que nos guían se incluyen la solidaridad, la justicia social, el acceso a servicios de educación y salud, pero la forma en que se ponen en práctica se deja en manos de los Estados miembros, con sus diferentes modelos, nórdico o anglosajón, continental o mediterráneo. Tanto la globalización como las alarmantes tendencias demográficas arriesgan considerablemente los sistemas de seguridad social nacional.

Ahí es donde deben realizarse profundas reformas si queremos garantizar una financiación sostenible. Los sistemas han de ser más dinámicos y han de dejar de ser tan rígidos como hasta ahora. Lo que me parece digno de elogio en el informe es la promoción de pequeñas y medianas empresas, que siguen creando la mayoría de los puestos de trabajo y puestos de formación, además de la «flexiguridad», el innovador enfoque que combina mercados laborales flexibles, una organización moderna del trabajo, seguridad y protección social.

Sin embargo, existen tres ámbitos problemáticos, y los alemanes del Grupo del Partido Popular Europeo no son los únicos que los consideran así. El primero se encuentra en los apartados 13 y 14, que hablan del método de coordinación abierto, que no debemos permitir que se convierta en un nuevo proceso legislativo y solo es aceptable si se limita al intercambio de experiencias y buenas prácticas. Tanto los Parlamentos nacionales como los interlocutores sociales han de participar en esto.

El segundo está en el apartado 23, que incluye una petición urgente –formulada por el señor Hughes– de una directiva marco sobre servicios de interés general, en contradicción flagrante con el estado actual de las negociaciones.

En tercer lugar, en el apartado 31 está el Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización. Rechazamos la idea de que la deslocalización de empresas deba financiarse desde el plano europeo. No tenemos ninguna necesidad ni de procedimientos de aprobación de gran alcance, ni de nuevas burocracias, y sin duda no tenemos necesidad de privatizar el capital público. Las medidas para ofrecer a los trabajadores afectados por la globalización más formación y reciclaje son aceptables, pero nada más. Contamos con que esta Asamblea apoye esta postura y, si así lo hace, entonces podremos votar para aprobar el informe en su totalidad.

 
  
MPphoto
 
 

  Alejandro Cercas (PSE). – (ES) Señor Presidente, en primer lugar quiero felicitar a los colegas que han redactado este informe sobre un asunto tan importante, situado en el corazón de la construcción europea. Se trata de un informe muy positivo, porque las grandes familias políticas de este Parlamento y la inmensa mayoría de los diputados han conseguido seguir estando juntos en un discurso y en un compromiso comunes. Creo que es muy oportuno que digamos hoy, una vez más, que los mercados abiertos y el modelo social europeo, para la inmensa mayoría de los diputados de esta Cámara, forman parte de un todo indisoluble, y que así va a seguir siendo en el futuro.

Un informe razonado y razonable; un informe razonado, viendo el pasado y viendo que hemos conseguido con nuestro modelo el mayor espacio y la etapa más importante y de mayor progreso económico y social de Europa, y un informe razonable porque nos permite mirar al futuro no solamente a la defensiva, sino a la ofensiva, para ganar los grandes retos de la globalización. Y también, por qué no decirlo, es importante recordar que se ha conseguido subrayar el valor añadido que aporta la Unión a este modelo, en el que, obviamente, Europa no tiene la ambición de cubrir las tareas que realizan los Estados miembros, pero sí tiene los títulos jurídicos precisos para completar y promover acciones precisas que permitan alcanzar los objetivos comunitarizados del empleo y el bienestar social.

Tenemos muchos instrumentos, entre ellos, la legislación, que nos permite defender razonablemente objetivos básicos y derechos fundamentales de los trabajadores, y evitar un dumping social. Estamos pidiendo para el conjunto del mundo una nueva globalización donde no haya ese dumping social que se acompaña de instrumentos de deterioro de las condiciones de los trabajadores; la Unión tiene que evitar que esto se produzca en su seno bajo estas mismas premisas.

Señor Presidente, termino diciendo que estoy seguro de que nuestro modelo reformado tiene futuro, pero esta seguridad va acompañada de otra: ni siquiera la Europa económica tendrá futuro si no respeta su modelo social.

 
  
MPphoto
 
 

  Elizabeth Lynne (ALDE). (EN) Señor Presidente, en primer lugar quiero decirle que no me agrada que los dos principales Grupos elaboren informes conjuntos como cuestión de principio. Me parece que esto excluye de entrada a los demás partidos.

En cuanto a este informe, en general está bien. Sé que suena grosero, pero me complace que se haya hablado de la subsidiariedad y de que pidamos a los Estados miembros que actúen, no a la Unión Europea. Sin embargo, tengo grandes reservas con respecto a la noción misma de un modelo social europeo. Sé que tenemos objetivos comunes, pero no tenemos sistemas comunes entre Estados miembros, tal y como han señalado otros, para conseguir esos objetivos. En mi opinión tampoco deberíamos tenerlo, y de ahí mis preocupaciones.

Sé que otros lo han mencionado, pero no quiero que parezca, si se aprueba este informe, que queremos favorecer un modelo social europeo de talla única, en lugar de respetar la diversidad que tenemos en este momento. Objetivos sociales comunes, sí; un modelo social común, no.

 
  
MPphoto
 
 

  Mary Lou McDonald (GUE/NGL). (EN) Señor Presidente, en primer lugar quiero expresar mi satisfacción por este debate. Existen dos lugares comunes que surgen siempre que se habla de política social o modelo social europeo. El primero es que una Europa social está en el centro de este proyecto. El segundo es que se trata simplemente de una cuestión de crear recursos económicos y de que una marea en ascenso levantará todos los barcos. Ambas afirmaciones carecen totalmente de credibilidad y si uno se fija en las cifras relativas a la pobreza, a las personas sin hogar y a la dislocación social en esta Unión, entenderá por qué.

La realidad es que la Europa social ha sido sobre todo una «floritura» o un «apéndice» al plan de juego más amplio de esta Unión. Creo que si tenemos que tener un debate de verdad y fructífero sobre la política social, hemos de formular las preguntas fundamentales y las preguntas incómodas sobre la política macroeconómica de la Unión Europea. ¿Qué efecto ha tenido la liberalización y la privatización sobre los marginados? ¿Qué hay del sigiloso abandono del estado de bienestar? Y ¿sorprende que exista un abismo tan flagrante entre el ciudadano europeo y la Unión Europea, cuando las políticas que seguimos causan desapego entre los ciudadanos?

Espero de verdad que este informe sirva de trampolín para el debate y el análisis mucho más profundos que necesitamos.

 
  
MPphoto
 
 

  Jana Bobošíková (NI). (CS) Señorías, la experiencia demuestra claramente que el modelo económico europeo es insostenible, sobre todo en la práctica. El modelo social debería funcionar como una red de seguridad, o un trampolín, para los ciudadanos que no pueden trabajar a causa de dificultades temporales, senilidad o enfermedad. Sin embargo, se ha convertido en un cómodo refugio para quienes no desean trabajar. El modelo social europeo es un ejercicio de populismo altruista y produce endeudamiento en muchos países. No estimula la responsabilidad personal; no motiva a las personas a mejorar sus cualificaciones y su rendimiento; fomenta la pereza y la falta de responsabilidad, generando pasividad e indiferencia, y en última instancia ahuyenta a las empresas de la Unión Europea, propiciando un elevado desempleo en los Estados miembros.

El actual sistema social populista es en realidad un medio para obtener votos para los políticos, pero no traerá prosperidad futura a nuestros ciudadanos. Conviene decir claramente que el modelo social europeo no es, como quieren hacernos creer los políticos, un derecho natural. Es simplemente un bono temporal derivado de la eficiencia económica.

 
  
MPphoto
 
 

  Mihael Brejc (PPE-DE). (SL) Muy a menudo se dice que no existe un único modelo social en Europa, sino que, más bien, tentemos 25 modelos. Igualmente existe la creencia de que la política social es competencia de los Estados miembros. A la vista de estas opiniones comunes, la cuestión no es si es posible lograr el modelo único, sino, más bien, si es razonable aspirar a tener un modelo.

Me parece importante el hecho de que este informe destaque algunos valores y objetivos fundamentales comunes de modelos sociales europeos, como la igualdad, la ausencia de discriminación, la solidaridad y el acceso generalizado a la educación, a la asistencia sanitaria y a otros servicios públicos. Para nuestros ciudadanos, estos son los ingredientes esenciales de una economía próspera, así como los de una sociedad equitativa. Por tanto, los Estados miembros se esfuerzan continuamente por armonizar la eficiencia económica, la competencia y la justicia social. Por supuesto, variará la forma de hacerlo.

La política social no es una carga económica, sino un aspecto positivo del crecimiento económico de la Unión Europea, porque genera cohesión social, eleva el nivel de vida y garantiza derechos fundamentales e igualdad. La política social es un factor importante de la paz social, la estabilidad política y el progreso económico.

Es precisamente esta cuestión la que se aborda en este informe, ya que solicita la reforma de los sistemas económicos y sociales, para que puedan abordar los desafíos de los cambios demográficos, la globalización y el ritmo acelerado de desarrollo tecnológico. Lógicamente, la Unión Europea desempeña un papel importante en esto al coordinar varios esfuerzos para la aplicación de la Estrategia de Lisboa, al preparar directrices comunes para el crecimiento y el empleo y al garantizar cierto grado de coordinación en el ámbito de la seguridad social. Según este informe, la seguridad social no es coto privado de la derecha ni de la izquierda, sino que es esencial para una sociedad moderna.

Todos los Estados miembros de la Unión Europea buscan el modelo más apropiado y este informe es un incentivo adecuado y una base para el cambio de los modelos sociales de los Estados miembros. Quiero dar las gracias a ambos ponentes.

 
  
MPphoto
 
 

  Françoise Castex (PSE).(FR) Señor Presidente, Señorías, también yo quiero felicitar a los dos ponentes por su trabajo. Con este informe, que cuenta con el apoyo de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales –deseo subrayarlo– damos un gran paso adelante en la definición del modelo social europeo: una combinación equilibrada de necesidades económicas e imperativos de justicia social.

Demasiados europeos sufren por el hecho de que la Unión no les protege, no preserva sus servicios públicos, no presta suficiente atención a las consecuencias de la globalización. Muchos temen las amenazas contra los elementos estructures más básicos de su modelo social. Ante este sufrimiento, nuestra responsabilidad consiste, por supuesto, en garantizar los valores, pero también en demostrar nuestra voluntad con medidas concretas. Sería contrario a nuestros valores y vano buscar los costes laborales más bajos, los trabajadores más dóciles, los impuestos más bajos, las normas ambientales, sociales, sanitarias y de seguridad más débiles de nuestros competidores. Al contrario, nuestra identidad y nuestra fuerza contribuyen a la excelencia de nuestras normas de producción que funcionan.

Este informe demuestra que, al margen de nuestras diferencias, tenemos un interés común en una sociedad que no esté organizada únicamente en función de la ley del mercado, sino de la solidaridad y la redistribución mediante la protección de nuestros conciudadanos, es decir, nuestro capital humano, nuestro capital más rico e importante. Europa ha demostrado que la seguridad social, la protección contra los riesgos de la vida y el derecho a la jubilación para todos son los ingredientes de una receta buena para el ciudadano, buena para la sociedad y buena para la economía, que seguirá siendo el camino a seguir en el futuro.

 
  
MPphoto
 
 

  Jan Jerzy Kułakowski (ALDE). (PL) Señor Presidente, este es un tema muy importante, aunque estoy seguro de que no lo hemos tratado con suficiente profundidad y tendremos que volver sobre él más de una vez en el futuro. Sin embargo, quiero expresar mi reconocimiento por el trabajo de los ponentes y los resultados de su trabajo.

Me cuento entre los que consideran que existe un modelo social europeo. Sin embargo, es un modelo compuesto y no monolítico. Es un modelo en que la diversidad de experiencias se basa en valores comunes. Convendría mejorar este modelo y adaptarlo a los desafíos actuales, pero la mejora no debe debilitarlo.

Estas son las conclusiones más significativas que a mi juicio deberíamos extraer de este importante debate.

 
  
MPphoto
 
 

  Philip Bushill-Matthews (PPE-DE). (EN) Señor Presidente, el coponente, el señor De Rossa, ha hablado de la necesidad de una «sociedad decente». Esta expresión ha sido retomada y emulada en gran medida por el Consejo cuando habla de la necesidad de «justicia social». Espero que todos los Grupos de la Asamblea estén de acuerdo en la importancia de esas expresiones y en que no deberían ser meras palabras vacías, sino conceptos con un verdadero significado. También espero que los diputados de ambos lados de esta Asamblea reconozcan la importancia de que haya una verdadera inclusión social para todos. En otras palabras, que no solo debería abarcar a las personas que trabajan, no solo a quienes no pueden trabajar, sino también a quienes quieren trabajar pero no pueden encontrar trabajo porque hay demasiados obstáculos en su camino.

Por este motivo también me gustaría felicitar, además del primer coponente, al otro coponente, el señor Silva Peneda. Cuando ha intervenido se ha referido a la necesidad de reformar el modelo social. Esa expresión la ha utilizado el propio Comisario, que ha hablado de la necesidad de una reforma. Lo que me ha impresionado particularmente de las observaciones del Comisario es que ha dicho que el status quo no es una opción. Se refería concretamente a los 20 millones de desempleados, porque, de hecho, son un recordatorio constante de la mayor injusticia social. Hay que hacer algo. Hemos de contribuir a ello.

En mi opinión, la palabra clave es «reforma». He presentado una enmienda, con la ayuda de una docena más o menos de colegas de diferentes países, para incluir en la enmienda 1 al considerando F la expresión «modernización y reforma». La buena noticia es que el señor Hughes me ha confirmado esta tarde que el Grupo del PSE apoyará esta inclusión. Esta Asamblea tiene la oportunidad de demostrar que todos apoyamos esa expresión y que no carece de significado, sino que tiene sustancia. Nuestros electores quieren una reforma. Demostremos mañana que la queremos y que también vamos a votar a favor de ella.

 
  
MPphoto
 
 

  Proinsias de Rossa (PSE).(EN) Señor Presidente, me complace tener la oportunidad de volver a intervenir y responder brevemente a las intervenciones que ha habido hasta ahora.

He de decir que es un alivio que el señor Clark y el señor Helmer consideren el informe irrelevante, porque temía que recibiera demasiados elogios y que algo debo haber hecho mal si también les pareciera aceptable. Estoy realmente encantado con ello.

Siento curiosidad y estoy anonadado por el hecho de que algunos de mis colegas de la izquierda, del Grupo GUE/NGL, también parecen pensar que el informe es irrelevante, pero quizá se trate de un reflejo de la cuestión que he planteado de que la línea divisoria entre la izquierda y la derecha está cambiando en este mundo moderno nuestro y que no existen diferencias, sino que las líneas se mueven.

El señor Crowley ha acogido el informe con agrado. Sin embargo, aun a riesgo de perder un voto, debería decir que quizá no haya comprendido bien el informe, porque si bien la cuestión de ayudar a los pobres es una parte importante del modelo social europeo, no estoy de acuerdo, como él sí parece estarlo, con la teoría de que la marea ascendente hace que suban todos los barcos, porque en realidad no es así. No tenemos tiempo de profundizar en esto. Sin embargo, me parece que lo que lleva inherente este informe es la cuestión de que la política social es consustancial a una Europa próspera y que no es cuestión de una u otra, o de esperar que de una salga la otra. Hemos de conseguir las dos y encontrar modos de hacerlo mediante la reforma.

 
  
MPphoto
 
 

  Iles Braghetto (PPE-DE).(IT) Señor Presidente, Señorías, los sistemas de seguridad social se encuentran en una situación cada vez más difícil. Las crisis económicas recurrentes, los cambios demográficos y los procesos de inmigración nos obligan a repensar el modelo social europeo, entre otras cosas porque en la Unión Europea conviven las zonas más ricas y desarrolladas del mundo con otras caracterizadas por altos niveles de pobreza y desarrollo preindustrial. Por ello buscamos un modelo capaz de orientar el desarrollo y la riqueza en beneficio de muchos. ¿Cuáles son sus características? En el centro de la relación entre persona, sociedad y Estado hay que situar el concepto de subsidiariedad, en virtud del cual todos los ciudadanos europeos pueden expresar sus propias libertades, garantizadas por instituciones no opresoras.

Hay que promover la solidaridad social, para que el progreso de la sociedad y el aumento de la riqueza se conviertan en procesos gobernados por el respeto de la dignidad de cada cual y de la ayuda que los grupos sociales saben ofrecer a las personas con dificultades. No se confía aquí ni en un papel exclusivo de la institución pública, ni en los mecanismos de autorregulación del mercado, sino en una triple solidaridad: una solidaridad individual, difundiendo valores positivos en las personas; una solidaridad de grupos sociales autoorganizados en redes sociales; una solidaridad institucional con unas pocas normas esenciales y universalmente compartidas, por parte de un Estado que sea capaz de sacar partido de toda la energía de su sociedad.

También las empresas europeas forman parte de este proyecto, porque el pleno empleo es el elemento clave del modelo social, en especial las pequeñas y medianas empresas como esqueleto de un sistema en el que se conjugue la capacidad económica empresarial con la solidez del tejido social, hacia un nuevo modelo social europeo que, dentro de la diversidad de las formas y sistemas organizativos, promueva el bienestar de todos.

 
  
MPphoto
 
 

  Ana Mato Adrover (PPE-DE). – (ES) Señor Presidente, este informe que hoy debatimos sobre el modelo social europeo para el futuro, del que, sobre todo, quiero destacar el consenso que se ha logrado entre los dos grandes Grupos políticos –y quiero felicitar expresamente a mi colega José Silva y también a Proinsias De Rossa por el esfuerzo realizado–, constituye una buena noticia, porque está llamado a contribuir a la solidaridad, a una mayor cohesión social, a una mejor calidad de vida y a un futuro más sostenible de los sistemas de seguridad social en Europa.

No cabe duda de que la Europa de los ciudadanos a la que todos aspiramos requiere cada vez más políticas coordinadas, que nos permitan afrontar los nuevos retos a los que nos enfrentamos diariamente. Por ejemplo, el cambio demográfico, del que se ha hablado aquí esta tarde, con una mayor esperanza de vida, nos obliga, sin ninguna duda, a adoptar nuevas políticas y no solo sanitarias, sino de atención sociosanitaria, que permitan que la prolongación de la esperanza de vida vaya unida a la calidad de esta.

El pleno empleo, la temporalidad, el paro juvenil y el paro femenino requieren una política de empleo ambiciosa, que apueste por la estabilidad y la seguridad en el empleo. Lo mismo puede afirmarse respecto de la incorporación de la mujer a la vida laboral, con la necesidad de fórmulas innovadoras de conciliación y de flexibilidad de horarios, y de la inmigración, que yo considero más un reto que un problema. Este verano, más que nunca, estamos viviendo el drama de la inmigración en mi país, que está causando graves problemas humanos. Sin perjuicio de la actitud mantenida por el Gobierno socialista español, que ha alentado falsas expectativas y, por tanto, ha contribuido a agravar este serio problema, esta situación es un asunto que afecta a toda Europa y, por tanto, requiere medidas solidarias y eficaces por nuestra parte.

Creo que sería importante plantear una política europea de inmigración, y es importante decirlo hoy, que estamos hablando del modelo social europeo, porque la incidencia de este fenómeno en toda Europa va a influir mucho en el modelo social europeo. Creo, pues, muy conveniente que sigamos trabajando en aras de este modelo social europeo, teniendo en cuenta todos los retos a que nos enfrentamos, especialmente el de la inmigración.

 
  
MPphoto
 
 

  Vladimír Špidla, miembro de la Comisión. (CS) Señorías, agradezco la oportunidad de participar en este animadísimo debate que ha examinado el modelo social europeo desde diversas de perspectivas. Creo que puedo resumir mi opinión de la siguiente manera: las voces que desaprueban el modelo social europeo parecen ser con diferencia una minoría, mientras que la mayoría está a favor del modelo social europeo como factor significativo en nuestras vidas. Esta última es la opinión que mantiene, en sentido amplio, la Comisión.

Señorías, quiero retomar algunos de los aspectos importantes que han aparecido en este debate y aprovechar así el tiempo que me ha sido asignado para destacar los ámbitos más significativos. Me parece importante reconocer que la Unión Europea en sí misma es un producto muy original, una entidad política absolutamente original que no puede describirse fácilmente con términos como los que se emplean convencionalmente en la ciencia política. No se puede calificarla de simple tratado internacional ni aplicarle las definiciones políticas habituales. Lo mismo se puede decir del modelo social europeo. Es demasiado complejo para reducirlo a un único aspecto. Por tanto, quiero expresar mi reconocimiento a los ponentes, que han elaborado un texto que aborda este asunto con gran profundidad, en mi opinión.

Otro aspecto principal de este debate trascendental ha sido la conciencia de que el modelo social europeo no es simplemente una entidad estadística, sino que se basa, en sentido amplio, en la participación activa, y en algunos casos en el trabajo. Esto es así porque el trabajo, Señorías, tal y como hemos oído hoy, es más que un puesto de trabajo; claramente tiene un carácter ético definido y es precisamente esta actividad ética y la solidaridad ética las que sustentan el modelo social, un hecho que ha quedado patente a lo largo del debate.

Señorías, tomaré nota con interés del resultado de su votación, y como ya he indicado, muchos de los enfoques y posiciones que ya ha planteado la Comisión coinciden más o menos con lo que se ha debatido aquí. Muchas gracias, Señorías, señor Silva Peneda y señor De Rossa, por brindarme la oportunidad de participar en este debate.

 
  
MPphoto
 
 

  El Presidente. El debate queda cerrado.

La votación tendrá lugar el miércoles a las 12.00 horas.

Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)

 
  
MPphoto
 
 

  Gábor Harangozó (PSE). (EN) La reforma del modelo social europeo se halla ahora en el centro del debate en Europa. De hecho existen numerosas dificultades en el proceso de cambio social, derivadas de la necesidad de ajustarse a la globalización, la evolución demográfica y la innovación tecnológica. En esta fase apoyamos al ponente cuando hace hincapié en que la Unión no solo debería mantener, sino también mejorar el conjunto de valores europeos comunes que son la preservación de la paz, la justicia social, la igualdad, la solidaridad, el fomento de la libertad y la democracia y el respecto de los derechos humanos, al mismo tiempo que se tiene en cuenta que una condición imprescindible de la justicia social es la prosperidad económica. La Unión debe satisfacer las expectativas de sus ciudadanos y responder a las preocupaciones cada vez más extendidas sobre el empleo, la basa tasa de crecimiento actual y la necesidad de reformar los sistemas de protección social. El ponente subraya sabiamente que ya es hora de pedir la renovación en toda Europa del diálogo social, al mismo tiempo que se profundiza en la cooperación y el intercambio de buenas prácticas a través del método abierto de coordinación como instrumento principal para elaborar políticas en relación con el empleo, la protección social, la exclusión social, la igualdad de género en el mercado laboral, las pensiones y la asistencia sanitaria.

 
  
MPphoto
 
 

  José Ribeiro e Castro (PPE-DE). (PT) Es innegable que el modelo social europeo fue un factor crucial en la reconstrucción de la Europa democrática durante el período de posguerra y que varios millones de personas se han beneficiado de su éxito.

Sin embargo, tampoco puede negarse que al haberse creado durante una época de superpoblación y relativa inmovilidad en el mundo empresarial e industrial, es preciso actualizarlo en una época de importante declive de la población, de una economía mundial altamente competitiva y de demanda constante de recursos adaptables.

La reforma es muy necesaria a la luz del creciente número de factores relativamente nuevos que despiertan preocupación social, como el carácter insostenible de los sistemas de pensiones, el desempleo a largo plazo, el desempleo juvenil y el desempleo de personas cualificadas.

La reducción gradual del poder del Estado y la redefinición de su modelo, una mayor libertad para las economías y la promoción de la iniciativa privada, la creatividad, la competitividad y la inversión desempeñan un papel central a la hora de afrontar el desafío de servir a la nueva realidad.

Independientemente de la necesidad de ser flexible y de contemplar la futura reducción de algunos derechos que las generaciones anteriores daban por sentados, también me parece crucial que los sectores más vulnerables de la sociedad estén protegidos y defendidos.

 
  
MPphoto
 
 

  Magda Kósáné Kovács (PSE). (HU) La propuesta Peneda-De Rossa es excelente, no solo desde el punto de vista profesional y político, sino también como logro moral.

En nuestra opinión, el modelo social europeo no pretende colmar las lagunas entre los sistemas de redistribución. El informe considera que el modelo social es un medio principal de respetar y defender valores europeos que solo podemos conservar si Europa sigue el camino trazado en Amsterdam y Lisboa y si no se toman opciones definitivas en el marco de la falsa dicotomía entre competitividad o solidaridad. Para que la misión dé resultado es necesario considerar la concebir económica y la seguridad humana como elementos interdependientes que crean conjuntamente las condiciones para una vida humanamente digna.

Queremos dar las gracias en particular a los autores de la propuesta por haber formulado la declaración de tal forma que los nuevos Estados miembros también puedan identificarse con ella. El análisis del informe Peneda-De Rossa cierra el debate sobre si los objetivos de cohesión pueden reconciliarse con otros objetivos secundarios. La declaración es inequívoca: la identidad y la credibilidad de Europa dependen de si dejamos que se hundan países, regiones y grupos socialmente vulnerables. La reforma del modelo social es un instrumento y no un fin en sí mismo; es un instrumento para afrontar los nuevos desafíos que plantean la Europa multinacional, la globalización y la explosión de la información.

La declaración considera que la necesidad de evitar la trampa de la pobreza, que amenaza a los nuevos Estados miembros en particular, es una cuestión importante que pesa sobre la conciencia de Europa. Sabemos que el mismo envejecimiento de la población de Europa está creando las amenazas que vacían de esperanza el futuro de la población, y la mayor de esas amenazas es la pobreza infantil. La Europa de la que habla esta declaración no puede permitir que la trampa de la pobreza engulla a las generaciones futuras.

 
  
MPphoto
 
 

  Katalin Lévai (PSE). (HU) Deseo felicitar al ponente por el profundo análisis de la Europa social, un análisis que induce a reflexionar. Estoy de acuerdo en que el modelo social consiste ante todo en valores. Sin embargo, estos valores, de los que el viejo continente está tan justificablemente orgulloso, hoy afrontan graves amenazas que solo pueden evitarse mediante el esfuerzo común.

Aunque el crecimiento económico y la mayor competitividad son, en efecto, condiciones indispensables para salvaguardar los logros en la vertiente social, estos ya no pueden repescar por sí mismos a los grupos sociales que se han quedado atrás o que ya no pueden estar a la altura de una competencia cada vez más acelerada o ni siquiera participar en ella. Al contrario, agravan todavía más esas diferencias sociales. La trágica situación de los refugiados y emigrantes en Europa Occidental y de los ciudadanos de etnia romaní en Europa Oriental es un terrible recordatorio de todo eso.

La creación de nuevos puestos de trabajo puede conducir, a falta de garantías adecuadas, a la trampa de la explotación. La igualdad de condiciones no garantiza por sí misma una verdadera igualdad de oportunidades para quienes empiezan con desventaja. Al contrario, mantiene e incluso aumenta las diferencias. Las condiciones indispensables para reducir estas desigualdades son los principales sistemas de apoyo social y la posibilidad para todos de acceder a una educación de alta calidad.

Pero incluso la victoria de esos grupos que son competitivos es pírrica: las flagrantes diferencias y el declive cada vez mayor desestabilizan la sociedad, desgarrando su tejido conectivo. Los estallidos en Francia nos demostraron que incluso la mayor riqueza no puede protegernos en medio de una muchedumbre enfurecida. Al mismo tiempo, ni siquiera la reducción de los salarios hasta el nivel más bajo posible no contribuirá a que una sociedad socialmente descontenta resulte atractiva para los empresarios. Por esta razón, aunque estoy de acuerdo en que la fuente de las tribulaciones de la Europa social y de las posibles soluciones reside en el crecimiento económico y la competitividad, no podemos caer en el error de considerarlos objetivos absolutos y definitivos. Posiblemente quien mejor lo expresó fue el ex presidente del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, el señor Cook: la economía siempre debe estar al servicio de los ciudadanos, y no los ciudadanos al servicio de la economía.

 
Aviso jurídico - Política de privacidad