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Acta literal de los debates
Martes 5 de septiembre de 2006 - Estrasburgo Edición DO

15. Sistema de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero: planes nacionales de asignación (2008-2012) (debate)
Acta
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  El Presidente. De conformidad con el orden del día, se procede a las declaraciones del Consejo y de la Comisión sobre el sistema de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero: planes nacionales de asignación (2008-2012).

 
  
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  Stavros Dimas, miembro de la Comisión. (EL) Señor Presidente, el cambio climático es el problema ambiental más importante que afronta nuestro planeta. Si las medidas que hemos aplicado para abordarlo no dan resultado, entonces el cambio tendrá en el futuro consecuencias económicas y sociales muy desafortunadas en todo el mundo.

Por este motivo el Protocolo de Kyoto se firmó y ratificó en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que contempla una reducción del 5,2 % de las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero por parte de los países desarrollados, y dentro de ese marco la Unión Europea se ha comprometido a reducir un 8 % las emisiones con respecto a los niveles de 1999.

A fin de alcanzar este objetivo entre 2008 y 2012 hemos tomado diversas medidas a escala comunitaria y nacional. Muchas de estas medidas están contenidas en el primer y segundo programa europeo sobre cambio climático. La medida principal que hemos adoptado y que se aplicó el 1 de enero de 2005 es el sistema comunitario de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero, especialmente de dióxido de carbono.

Con este sistema proporcionamos el método eficiente más barato de reducir gases de efecto invernadero a medio y largo plazo. El sistema abarca cerca del 50 % de las emisiones de dióxido de carbono en la Unión Europea. Afecta a unos 11,5 millones de empresas e instalaciones industriales y de otro tipo y hoy constituye el mayor sistema de intercambio de cuotas de gases del mundo. Se trata sin duda del único sistema internacional y muchos países se han unido a él, que abarca a numerosos sectores de actividad económica.

El éxito del sistema comunitario de intercambio de cuotas es muy importante porque podrá constituir una base y nuestro objetivo es utilizarlo como sistema central a fin de crear un sistema internacional de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero.

Este es un método eficaz de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a escala mundial y, en particular, de que podamos garantizar que países desarrollados como los Estados Unidos –el país que más gases de efecto invernadero emite en el mundo, ya que origina una cuarta parte de todas las emisiones de dióxido de carbono– contribuyen a esta reducción y, por supuesto, para que también podamos encontrar algún método aceptable para los países en desarrollo, que emiten cada vez más gases de efecto invernadero.

Todos ustedes habrán leído en los periódicos lo que ha ocurrido hace poco en California, donde se tomó la iniciativa de impulsar un sistema similar al sistema europeo de intercambio de cuotas de emisión de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, que deberá empezar a funcionar en 2009. Lo mismo ocurre, aunque específicamente en empresas que generan electricidad, en siete Estados del nordeste de los Estados Unidos, y parece que desde abajo ya se está presionando al Gobierno federal para que empiece a debatir la cuestión de un sistema mundial de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero.

He de subrayar que no cabe duda alguna con respecto a la firme voluntad de la Comisión Europea de mantener y mejorar este sistema, a fin de lograr la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero necesarias para estabilizar las concentraciones de estos gases en la atmósfera.

La pasada primavera las empresas incluidas en el sistema comunitario, en cumplimiento de su obligación, notificaron sus emisiones de dióxido de carbono verificadas por auditores independientes y, por primera vez, tenemos un conjunto coherente de verdaderos valores de dióxido de carbono auditados por agencias independientes en la Unión Europea.

Las emisiones reales fueron inferiores a las esperadas por muchos. En estos momentos cabe extraer las siguientes conclusiones:

En primer lugar, con respecto a la supervisión, la presentación de informes y la verificación, el sistema funciona muy bien. Los resultados de la auditoría de 2005 demuestran que las empresas cumplieron de forma satisfactoria las obligaciones básicas que se derivan del sistema de intercambio. La infraestructura del programa funciona sin problemas.

En segundo lugar, los mecanismos basados en el mercado son un éxito y, al parecer, el sistema comunitario de intercambio de cuotas de emisión ya empieza a dar sus frutos.

En tercer lugar, y esto es quizá lo más importante, los Estados miembros pueden y deben esperar que los sectores incluidos en este sistema contribuyan mucho más a la reducción de las emisiones, especialmente si se tiene en cuenta que la Unión Europea en su conjunto todavía no está preparada para cumplir sus compromisos sobre la base del Protocolo de Kyoto.

Como saben, los Estados miembros han de notificar sus planes nacionales de asignación que, en su conjunto, también determinan el límite superior de toda la Unión Europea para el período de intercambio 2008-2012, que coincide con el primer período de compromiso de acuerdo con el Protocolo de Kyoto.

Ayer la Comisión había recibido 10 planes nacionales de asignación que representan más o menos la mitad del total de las cuotas aprobadas por la Comisión durante el primer período de intercambio. Estos países son: Alemania, Estonia, Lituania, Irlanda, Letonia, Luxemburgo, Polonia, Eslovaquia, el Reino Unido y, ayer, Grecia.

Los demás Estados miembros todavía no ha notificado sus planes nacionales a la Comisión. Sin embargo, diez de ellos ya están disponibles como planes preliminares en el marco de la consulta pública. Proceden de los siguientes Estados miembros: Austria, Bélgica, Bulgaria, Chipre, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos, Portugal y España.

La Comisión está revisando actualmente los planes nacionales de asignación notificados. Como comprenderán, en esta fase la Comisión no puede hacer ningún comentario sobre el fondo.

Con respecto a nuestro enfoque más general de este asunto, lo diré sin rodeos: la Comisión utilizará todos los medios políticos y jurídicos de que dispone para garantizar que los planes nacionales cumplan tanto los compromisos adquiridos en el marco del Protocolo de Kyoto como los datos reales sobre las emisiones verificadas para 2005. Esto mantendrá la escasez en el mercado, así como las condiciones de participación equitativa por parte de las empresas.

Lo más importante para los Estados miembros que no están a punto de alcanzar los objetivos basados en el Protocolo de Kyoto, es que los planes nacionales deben utilizarse para contribuir a lograr las reducciones requeridas. Sobre todo, los Estados miembros con los peores resultados han de distribuir menos cuotas en relación con el primer período de intercambio. Nuestra labor será garantizar una evaluación estricta y justa de todos los planes.

Por último, quiero asegurarles que la Comisión concede gran importancia a que todos los Estados miembros presenten sus planes nacionales de asignación para el segundo período de intercambio lo antes posible y ya hemos enviado una carta, una especie de aviso preliminar, a los países que llevan retraso, antes de incoar procedimientos por infracción.

Si los Estados miembros no envían la información reclamada, la Comisión examinará la posibilidad de emprender otras acciones. Confío en que eso no sea necesario y que, en los próximos días, en el próximo mes, los Estados miembros envíen sus planes de asignación de intercambio de cuotas de emisiones de gases de efecto invernadero.

 
  
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  Paula Lehtomäki, Presidenta en ejercicio del Consejo. (FI) Señor Presidente, Señorías, el Consejo coincide con la Comisión en que el sistema de intercambio de cuotas de emisión en la Unión Europea es una de las piedras angulares de la política climática de la UE. Es este instrumento el que ha permitido a la Unión Europea liderar la respuesta al desafío del cambio climático. Los precios del carbón serán un elemento fundamental en nuestros esfuerzos por estimular el desarrollo y la adopción de tecnologías más favorables para el medio ambiente.

Como con todos los nuevos sistemas, el intercambio de cuotas de emisión también ha padecido dolores de crecimiento en sus fases iniciales. Por este motivo tenemos que evaluar con detenimiento la forma de seguir mejorando el sistema, para que pueda cumplir su objetivo de reducir los gases de efecto invernadero de forma efectiva y abajo coste. Esto será posible gracias al próximo informe de evaluación de la Comisión.

En estos momentos hay un enorme proyecto en curso para elaborar otros planes nacionales de asignación. Los Estados miembros los están elaborando y la Comisión tendrá la tarea de evaluarlos. Así quedó claramente establecido en la Directiva relativa al comercio de derechos de emisión aprobada por el Consejo y el Parlamento Europeo hace tres años.

En la primavera de este año adquirimos muchas experiencias útiles gracias a los informes sobre datos de emisiones de 2005. Ahora tenemos que estudiar la forma de mejorar la transparencia del sistema basándonos en esa experiencia. Si el sistema es transparente, nos encontramos en mejores condiciones para garantizar que los datos del mercado están a disposición de todos los protagonistas de forma coherente y coordinada al mismo tiempo.

Paralelamente al proceso relativo a los planes de asignación, la Presidencia finlandesa va a emprender una revisión de la Directiva relativa al intercambio de derechos de emisión. Es especialmente importante que el sistema ayude a enviar una clara señal a los operadores de que la tecnología baja en carbono, menos nociva para el medio ambiente, es una inversión que merece la pena.

 
  
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  Avril Doyle, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (EN) Señor Presidente, me complace la presencia de la Comisión y la Presidencia en este debate. He de preguntar a qué se debe esta inclusión a última hora, el pasado viernes, del debate en el orden del día, sin la debida preparación entre los diferentes Grupos políticos. ¿Se debe a razones puramente técnicas, para cumplir su obligación de informar al Parlamento hasta el 30 de junio, aunque sea con un par de meses de retraso? Pero no me detendré en esto porque el tiempo es demasiado precioso para derrocharlo.

El Grupo del PPE-DE apoya plenamente el mecanismo de comercialización de emisiones y nuestros objetivos de Kyoto, y está de acuerdo con la necesidad de presionar a los 25 Estados miembros para que cumplan sus metas con respecto a los gases de efecto invernadero, como se había acordado en Kyoto. Esto está fuera de discusión.

He oído lo que acaba de decir el Comisario con respecto a las conclusiones de la revisión de 2000: «el sistema funciona bien, los resultados han sido buenos, el sistema existe y funciona». Señor Comisario, no sé si se trata de un ejercicio de relaciones públicas y si realmente no queremos que la verdad llegue a oídos de quienes puedan estar escuchando. Respaldo plenamente un sistema efectivo de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero, igual que todos mis colegas, pero el sistema no funciona bien. Sé que todavía es pronto, y esto es una reserva genuina con respecto a todo lo que digamos tras lo que ha sido un período muy corto de revisión de 18 meses. La teoría es buena, pero la práctica ha sido desastrosa y no se ha correspondido en absoluto con la teoría. Tenemos que examinar esta situación con urgencia.

La idea era que al final de cada año la cantidad de dióxido de carbono realmente emitido se correspondiera con la cantidad de permisos de emisión que una empresa entrega a su Gobierno. La finalidad era mantener la presión sobre las empresas para reducir sus emisiones. ¿Qué ha ocurrido? El primer año, 2005, las emisiones reales de dióxido de carbono de 21 países sumaron 44 millones de toneladas menos que la cantidad de permisos de emisión de CO2 asignados por los 21 Gobiernos en cuestión. Esto ha supuesto la falta absoluta de una presión por reducir las emisiones y un mercado de créditos de carbono muy volátil que ha fluctuado entre 31 euros por tonelada y 8 euros por tonelada, para luego subir de nuevo a 16 euros por tonelada. Estoy de acuerdo en que necesitamos un mercado de créditos de carbono que funcione correctamente. Es preciso que la industria acepte lo que decimos. Necesitamos credibilidad, en la práctica y en la teoría. ¿Podría usted detallar por favor las enmiendas que propone a la directiva antes del segundo período del plan nacional de asignación?

Por cierto, Irlanda también presentó su plan nacional de asignación el 13 de julio y usted no la ha incluido entre los países que ha leído en voz alta. Me gustaría que confirmara que sí lo ha presentado. ¡A ver si me están mintiendo en mi propio país!

 
  
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  Dorette Corbey, en nombre del Grupo del PSE. – (NL) Señor Presidente, señor Comisario, señora Halonen, me complace participar en este debate. Asimismo, me complace oír al Comisario y al Consejo decir que el sistema de intercambio de cuotas de emisiones funciona bien. Nuestro Grupo ha hecho todo lo posible por sacar adelante esta directiva y por ello es tan importante que funcione bien. Sin embargo, quiero hacer unas pocas observaciones y, al igual que la señora Doyle, tengo una serie de dudas.

En primer lugar, es una pena que solo nueve países hayan presentado hasta ahora sus planes. Es bueno saber que la Comisión se ocupa del asunto, pero es decepcionante que solo nueve países estén preparados a tiempo.

En segundo lugar, creo que los Estados miembros han sido demasiado generosos en sus últimas asignaciones, y por ello la Directiva relativa al régimen de comercio de derechos de emisión ha surtido muy poco efecto.

Otro problema político que llama especialmente la atención lo constituyen las ganancias imprevistas que han obtenido las compañías eléctricas. A estas se han asignado cuotas gratuitas que han conseguido vender a la industria de gran intensidad energética y también a los consumidores, lo cual, naturalmente, es difícil de aguantar cuando las compañías eléctricas, en cualquier caso, aumentan sus beneficios.

Señor Comisario, me gustaría ver una evaluación completa de esta directiva y, asimismo, creo que, dada esta generosa asignación y las ganancias imprevistas de las compañías eléctricas, convendría preguntar si no sería mucho más preferible adoptar un sistema de subasta en lugar del sistema de mantenimiento de derechos adquiridos que tenemos en estos momentos.

 
  
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  Chris Davies, en nombre del Grupo ALDE. – (EN) Señor Presidente, todos sabíamos que este sería un ejercicio de aprendizaje sobre la marcha y que no nos saldría bien a la primera, y así ha sido, en efecto. El hecho de que haya más derechos de emisión que emisiones sin duda pone en peligro la credibilidad de todo el sistema, pero ahora estamos en la segunda fase del proceso y la lección tiene que estar aprendida.

Doy las gracias al señor Comisario por venir aquí y señalar implícitamente a los Estados miembros que han incumplido hasta ahora el plazo de presentación de esos planes. No iremos a ninguna parte si los Estados miembros no cumplen sus promesas de forma efectiva. Espero que la señora Ministra incluya este punto en el orden del día del Consejo de Medio Ambiente del 23 de octubre. Ahora que los Ministros salen por televisión espero ver su azoramiento cuando los señale usted uno a uno, señora Ministra, pidiéndoles explicaciones de por qué no han presentado esos planes.

Con demasiada frecuencia, esos planes llegan tarde y están llenos de vaguedades. La Comisión debe ser justa, pero también estricta. El Parlamento espera que se aseguren ustedes de que esos planes nacionales de asignación cumplan los objetivos propuestos por el régimen de comercio de emisiones, y muchos Estados miembros que están verdaderamente comprometidos y que ya han presentado sus planes les respaldarán y querrán que ustedes garanticen la igualdad de condiciones y que los demás entren en vereda.

Digan lo que digan, muchos Estados miembros están buscando una vía de escape del sistema de comercio de emisiones. Corresponde a ustedes mantener bien cerradas las puertas de salida.

 
  
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  Claude Turmes, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (EN) Señor Presidente, los Verdes compartimos totalmente la postura de nuestros colegas. Estamos en un momento crítico en el que ya no valen las trampas. Lo que han estado haciendo Francia, Polonia y Alemania con las asignaciones excesivas no puede continuar. Sin embargo, aprovecharé mi tiempo de intervención para tratar otro asunto: la distorsión del mercado.

Si se observa el plan alemán de asignación de derechos de emisión se comprueba que hay una cláusula especial para RWE, que recibe cuatro años de emisiones correspondientes a una central eléctrica antigua y, por otro lado, han dejado sin nada a las nuevas empresas que acceden al mercado. El mercado eléctrico alemán ya está completamente dominado por cuatro compañías. Así, el segundo plan alemán de asignaciones tiene un programa oculto: no permitir las inversiones en centrales de gas en Alemania, que son exactamente lo que temen esas cuatro grandes compañías. Por consiguiente, la Dirección General de Competencia de la Comisión debe participar plenamente en la revisión.

Ha hecho usted otro comentario: ¿Por qué hacemos esto? ¿Para poner un precio al CO2 o para conseguir inversiones en tecnología eficiente? Solo tiene que mirar los planes de asignación de Polonia y Alemania. ¿Qué es lo que hacen? Conceden 14 años de emisiones completas para una inversión en una central de carbón en Alemania, y no hay el menor incentivo de precio para pasar del carbón al gas, que era la opción más barata disponible en Europa para reducir las emisiones de CO2.

Los planes de asignación de Alemania y Polonia son un escándalo: echan por tierra todo el sistema de incentivos. Señor Comisario, pesa sobre usted ahora una gran responsabilidad.

 
  
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  Roberto Musacchio, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (IT) Señor Presidente, Señorías, este debate sobre el intercambio de cuotas de emisión es una parte importante pero también arriesgada del Tratado de Kyoto. Somos muy críticos con lo que puede convertirse en un mero comercio con el derecho a contaminar, por añadidura a los perjuicios causados a los países que sufren subdesarrollo. Como hemos escuchado, es totalmente ineficaz a la hora de reducir realmente las emisiones.

Debemos ser muy claros, sobre todo en vísperas de una conferencia entre las partes, la decimotercera sobre el clima, que se celebrará emblemáticamente en África, en Nairobi. No debemos crear un mercado de la contaminación, sino promover el nuevo desarrollo ambiental mediante políticas de cooperación que permitan a los países más ricos producir contaminando bastante menos y a los más pobres recibir ayuda para desarrollarse con el acceso a nuevas tecnologías ambientales.

Esta es, por tanto, una diferencia sustancial, con respecto a la cual Europa, que participará en la conferencia de Nairobi, debe ser clara, calibrando bien la relación entre los intercambios de emisiones y la promoción de políticas de cooperación realmente benficiosas.

 
  
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  Peter Liese (PPE-DE). (DE) Señor Presidente, Señorías, señor Comisario, el cambio climático es uno de los desafíos más importantes que han de afrontar políticos como nosotros. Aunque se pretendía que el intercambio de cuotas de emisión fuera uno de los instrumentos principales a la hora de afrontar este desafío, hay que decir que los resultados logrados hasta la fecha desde su fase inicial no son realmente convincentes.

Estaba previsto que el intercambio de cuotas de emisión empezara el 1 de enero de 2005, pero en muchos Estados miembros no fue así. Los planes nacionales de asignación, incluso lo aprobados por la Comisión en la primera fase, no eran realmente muy ambiciosos, y lo que, como es natural, molestó de verdad a las empresas de los países con planes muy ambiciosos fue que los criterios para la concesión de certificados de emisión variasen considerablemente, de modo que, por ejemplo, una acería o una fábrica de tiza obtenía muchos más certificados de emisión en un país que en otro. Estas disparidades no eran una mera consecuencia del reparto de cargas exigida por Kyoto; en algunos casos habían sido exageradas, y esto, por supuesto, propició una distorsión de la competencia.

Durante el proceso de elaboración de la resolución sobre el intercambio de cuotas de emisiones, que se tramitó por el procedimiento de codecisión, esta Asamblea defendió que las normas fueran muy claras y precisas, a lo que la Comisión respondió que estas eran bastante innecesarias y que todo este asunto podría gestionarse, evitando los excesos, mediante la aplicación de la legislación en materia de competencia. Tengo la impresión de que la Comisión ha de volver examinar esto más de cerca y prevenir las distorsiones de la competencia entre los Estados miembros y entre las empresas en el interior de los mismos.

Con respecto a la próxima fase, el objetivo no ha de consistir, como en la primera, en que el intercambio de cuotas funcione más o menos; por el contrario, ha de funcionar bien. Las distorsiones de la competencia deben evitarse en la medida de lo posible y si queremos que la política europea sea creíble es preciso conseguir las máximas reducciones posibles de CO2.

 
  
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  Karin Scheele (PSE). (DE) Señor Presidente, el Comisario Dimas ha dicho que solo nueve países –aunque, si la señora Doyle tiene razón e Irlanda también lo ha hecho, entonces son diez– han presentado planes nacionales de asignación y que solo seis de ellos lo hicieron hasta finales de junio como estaba previsto. Nuestra tardanza en asuntos como este es especialmente molesta en vista del hecho de que hemos percibido un aumento renovado de las emisiones, sobre todo en los antiguos Estados miembros. ¿Qué pueden hacer la Comisión, el Consejo Europeo y la Presidencia del Consejo para presionar en este ámbito, para superar la mera redacción de resoluciones y llegar a su verdadera puesta en práctica?

La segunda cuestión que quiero plantear guarda relación con el fondo de estos planes nacionales de asignación. Me gustaría saber cómo pueden garantizar la Comisión o el Consejo Europeo que los planes de acción nacionales sean rigurosos, que a nuestros Estados miembros se les exija cumplir los requisitos del Protocolo de Kyoto, nuestras propias leyes y que se les impida escabullirse de sus obligaciones.

 
  
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  Rebecca Harms (Verts/ALE). (DE) Señor Presidente, me gustaría que echáramos otro vistazo al plan de asignaciones presentado por Alemania, y la razón es que Alemania ocupará el año que viene la Presidencia no solo del Consejo de la Unión Europea, sino también del G8, y ambas presidencias son cruciales desde el punto de vista de la protección climática y y de la política energética. Alemania se encargará de los preparativos de la próxima reunión importante de las Naciones Unidas del año que viene, 2007, y en Heiligendamm se adoptarán decisiones importantes.

No creo que el tipo de plan de asignaciones que ha presentado la República Federal demuestre la idoneidad del Gobierno alemán para desempeñar tales funciones. Al contrario, ahora incluso es evidente, por la forma en que van a asignarse los certificados, que ciertos grandes proveedores de energía alemanes van a utilizar este intercambio de cuotas de emisión como otra justificación más de nuevos aumentos de precio, al estilo de los que experimentamos en el curso del año pasado.

Asimismo, este plan de asignaciones evidencia que Alemania se niega a incentivar la sustitución del carbón por combustibles que generan menos dióxido de carbono. Esto me parece vergonzoso y absolutamente indefendible desde el punto de vista del debate en curso sobre el clima. Si la UE quiere actuar como debería y desempeñar en el futuro de nuevo una función destacada con respecto a la protección del clima, entonces hay que urgir al Estado alemán –que después de todo tendrá una responsabilidad crucial sobre Kyoto y el proceso posterior a Kyoto– a que cambie sus métodos.

 
  
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  Evangelia Tzampazi (PSE). (EL) Señor Presidente, acojo con agrado la declaración de la Comisión sobre los sistemas de intercambio de cuotas de emisión de gases de efecto invernadero. El cambio climático está teniendo importante efecto económico y social. Por consiguiente, es preciso encarecer la contaminación.

Un aspecto que refuerza la credibilidad del conjunto del sistema es la declaración de emisiones presentada por cada una de las empresas a la autoridad nacional competente. Algunas empresas presentan declaraciones certificadas por agencias y empresas especializadas, mientras que otras no están certificadas.

Por tanto, la Comisión tiene una enorme responsabilidad en la salvaguardia y el refuerzo de la credibilidad del sistema de intercambio, y podemos basarnos en él para emprender las iniciativas necesarias con vistas a proteger el nuevo sistema frente a tales distorsiones.

Propongo que en el periodo previo a la evaluación de los segundos planes nacionales para 2008-2012, la Comisión Europea adopte las medidas necesarias para impedir a los Estados miembros que concedan cuotas de emisión demasiado generosas a ciertas empresas.

Asimismo, pido a la Comisión que supervise la aplicación rigurosa de la metodología establecida, para que los factores de emisión se apliquen no solo a las instalaciones de combustión en su conjunto, sino a cada unidad de combustión.

 
  
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  Satu Hassi (Verts/ALE). (FI) Señor Presidente, Señorías, se trata de la credibilidad de la política de protección climática de la UE. De acuerdo con el Deutsche Bank, solo cinco de las asignaciones de cuotas de emisión publicadas por los Estados miembros para la próxima fase cumplen los criterios principales. Todos sabemos que, a fin de proteger el planeta en los próximos años, es preciso persuadir a los mayores países en vías de desarrollo para que acepten limitar sus emisiones. ¿Cómo podemos imaginar que lo acepten si la Unión Europea no está a la altura de sus propios compromisos adquiridos en Kyoto? Los Estados Unidos de América también están observando lo que hacemos. Hasta ahora, la acción de la Unión Europea ha animado a los estadounidenses que quieren que su país participe en la protección mundial del clima, pero si traicionamos nuestros compromisos de Kyoto, la victoria será para los que se oponen a la protección climática en los Estados Unidos y otros lugares.

La Comisión debe mostrar ahora firmeza e insistir en que los Estados miembros de la UE cumplan los criterios básicos para el intercambio de cuotas de emisiones. Por desgracia, uno de los primeros Estados miembros cuyo Gobierno ya se ha plegado a las exigencias de una empresa contaminante en la primera fase del intercambio de emisiones es Finlandia. Solicito a la Comisión que no permita que se extienda este tipo de finlandización.

 
  
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  Paula Lehtomäki, Presidenta en ejercicio del Consejo. (FI) Señor Presidente, Señorías, en primer lugar quiero agradecerles este magnífico debate, del cual quiero comentar, en nombre del Consejo, algunos aspectos.

En primer lugar, con respecto a estos niveles de emisiones, no deberíamos extraer conclusiones demasiado apresuradas tan solo un año después: definitivamente tenemos que examinar la cuestión cuando haya pasado más de un año. Por ejemplo, para nosotros, en el norte de Europa, las temperaturas anuales –si va a ser un invierno frío o templado– y el estado de los mares, lagos y ríos son muy importantes, no solo para el consumo energético, sino también para la producción energética, así como para los volúmenes de las emisiones. Por tanto, todo esto puede variar mucho de un año a otro.

Como se ha dicho en este debate, los Estados miembros están preparando ahora la planificación de las asignaciones para la próxima fase, y, además de los países cuyas propuestas ya obran en poder de la Comisión, más o menos otros 10 países ya han publicado sus propios planes y se hallan en las últimas fases de su tramitación nacional. Los demás Estados miembros todavía no han llegado tan lejos, pero estoy segura de que van avanzando. Estas cifras se refieren a 27 países europeos, no solo a 25.

Se ha señalado que existen fallos en el sistema de intercambio de cuotas de emisión y, por consiguiente, es muy importante que la Comisión evalúe ahora muy a fondo su viabilidad y lo haga desde diferentes puntos de vista. Estamos a la espera de que la evaluación de la Comisión se materialice este mismo otoño, y quizá bastante pronto. No obstante, estamos de acuerdo en que, a pesar de los fallos, este sistema es totalmente necesario y debería orientarse a su objetivo original, que consiste en la necesidad de actuar como verdadero incentivo para que los agentes implicados inviertan en tecnología libre de carbono y menos nociva para el medio ambiente.

 
  
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  Stavros Dimas, miembro de la Comisión. (EN) Señor Presidente, quisiera dar las gracias a los oradores por sus aportaciones al debate de esta tarde. Ha quedado clara su gran preocupación por este problema de alcance mundial y por cómo lo está afrontando la Unión Europea.

Antes de continuar deseo asegurar a la señora Doyle que este debate no ha sido utilizado como tapadera por la Comisión, por el simple motivo de que ha sido el Parlamento, y no nosotros, quien lo ha solicitado. Así que no puede ser una tapadera. Por otro lado, en cuanto a la misión de Irlanda entre los países que han presentado un plan nacional de asignación, lo tengo entre mis papeles. He dicho que eran diez los Estados miembros y pensaba que había nombrado a Irlanda; si no lo ha oído usted, entonces tiene toda la razón.

Para mirar adelante, en lo que respecta a la supervisión, en estos momentos estoy preparando una revisión de alta calidad del sistema de comercio de emisiones de la Unión Europea a fin de determinar las mejoras necesarias para después de 2012. Esto no se ha podido hacer antes porque hasta el 30 de junio de 2006 ni siquiera conocíamos las emisiones reales. Las emisiones se notificaron el 15 de mayo de 2006, pero algunos países no enviaron sus datos hasta el 30 de junio de 2006. De modo que era imposible que hiciéramos la revisión antes de ese momento.

Más tarde, tras la aprobación del informe de revisión del sistema de comercio de emisiones de la Unión Europea en las próximas semanas, la Comisión pondrá en marcha este mismo año un grupo de partes interesadas, bajo los auspicios del Programa Europeo sobre Cambio Climático, para intensificar el debate sobre la revisión. Creo firmemente que tenemos que afrontar lo antes posible el debate sobre la revisión para lograr un resultado de alta calidad. Por tanto, los asuntos prioritarios que hay que tratar en la revisión son la armonización y la ampliación del alcance de la directiva, una mayor armonización y previsibilidad del proceso de restricción y asignación, teniendo en cuenta la competencia, un cumplimiento y aplicación más estrictos de las normas, la vinculación con los mecanismos de comercio de terceros países y el aumento de la implicación de los países en desarrollo.

La Comisión ya ha confirmado su intención de afrontar el impacto de la aviación en el cambio climático mediante el comercio de emisiones. Hay una serie de buenas ideas para hacer más eficaz el sistema, como asegurar la certidumbre a más largo plazo con respecto a las asignaciones e incrementar la armonización en una serie de áreas.

Hace falta más tiempo para debatir y seguir desarrollando estas buenas ideas, y por eso tengo la intención de que la Comisión presente una propuesta legislativa en el curso de 2007.

Quisiera responder brevemente a la preocupación expresada sobre los beneficios inesperados de las compañías eléctricas al cargar en el precio el coste de las asignaciones, aunque las hayan recibido a título gratuito. Algunas realmente lo han hecho, y la electricidad se ha encarecido, no solo por culpa del sistema de comercio de emisiones, sino sobre todo por los altos precios del petróleo y por la falta de competencia en el mercado de la electricidad y del gas, por la falta de liberalización. Sin embargo, tal como ha mencionado un diputado, tal vez las subastas podrían ser la solución, además de la liberalización, pues así evitaríamos esos beneficios atípicos para las compañías eléctricas a costa de un precio más alto para los consumidores de electricidad. Según la directiva, las subastas están permitidas para el segundo período de comercio y hasta el 10 %. Este será uno de los asuntos que se debatan durante el período de revisión de la directiva.

Si miramos atrás podemos ver que la infraestructura del comercio de emisiones es sólida y que el mercado de permisos está desarrollándose bastante bien. En el primer año de operaciones, 2005 (al menos según los datos del Banco Mundial), se han negociado 320 millones de permisos a través de intermediarios del mercado, por un valor de más de seis millones de euros. De modo que nadie puede decir que el sistema de comercio de emisiones ha fracasado.

En 2006, el volumen mensual de negociación ha crecido de forma constante, con un total de 80 a 100 permisos en meses de mucha actividad. Un buen número de centros de intercambio en toda Europa ofrecen plataformas para el comercio de derechos, y también operan en el mercado otros intermediarios, como los agentes de comercio.

Quisiera decir algunas palabras sobre la llamada «sobreasignación» de derechos a instalaciones amparadas por el sistema de comercio de emisiones. Es cierto que hemos tenido un 3 % más de derechos asignados que de emisiones efectivas, lo cual tal vez se deba a varios motivos. Uno de ellos podría ser la reacción de las instalaciones de las compañías ante el sistema de ahorro de emisiones y las obligaciones que de él se derivan, reduciendo las emisiones más obvias y sencillas mediante el aumento de la eficiencia energética, por ejemplo, o con medidas fáciles de aplicar. Tal es el caso de Alemania, donde se ha producido un descenso real de las emisiones de CO2 en las instalaciones. Otra razón podría ser la extraordinaria suavidad del invierno de 2005, con un menor coste de calefacción, y –quizá esta sea la causa principal– las empresas que participan en el sistema han sido demasiado optimistas respecto al crecimiento de su negocio y han sobreestimado sus emisiones, a la vez que los Estados miembros han sido complacientes al aceptar sus cifras.

Sin embargo, durante el segundo período de comercio hemos dejado claro a todos los Estados miembros que es preciso respetar los doce criterios de la directiva, especialmente por parte de los países que no hayan cumplido su objetivo individual con respecto a la cuota, lo que contribuirá al objetivo general de la Unión Europea. También hay que tener plenamente en cuenta las emisiones reales actuales.

Seré estricto, pero justo, con los Estados miembros en lo que respecta a los planes nacionales de asignación, y me complace el apoyo a esta postura que han mostrado sus Señorías en sus intervenciones.

En primer lugar, corresponde a los Gobiernos proponer planes a la Comisión que aseguren que el sistema de comercio de emisiones de la Unión Europea contribuya a cumplir nuestros objetivos de cuota. Al mismo tiempo, todos los interesados deben participar en el proceso de mejora y ampliación del sistema de la Unión Europea a fin de lograr un mercado mundial de carbono que permita reducir las emisiones en la medida necesaria para combatir el cambio climático.

Quiero darles las gracias por este rico debate con sus intervenciones alentadoras e importantes y por su constante apoyo en la lucha contra el calentamiento global y la amenaza que supone para las futuras generaciones.

 
  
  

PRESIDENCIA DE LA SRA. KAUFMANN
Vicepresidenta

La Presidenta. El debate queda cerrado.

 
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