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Procedimiento : 2006/2221(INI)
Ciclo de vida en sesión
Ciclos relativos a los documentos :

Textos presentados :

A6-0025/2007

Debates :

PV 14/03/2007 - 17
CRE 14/03/2007 - 17

Votaciones :

PV 15/03/2007 - 5.9
CRE 15/03/2007 - 5.9
Explicaciones de voto
Explicaciones de voto

Textos aprobados :

P6_TA(2007)0080

Debates
Miércoles 14 de marzo de 2007 - Estrasburgo Edición DO

17. Negociación de un Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y los países de Centroamérica - Negociación de un Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y la Comunidad Andina (debate)
PV
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  El Presidente. De conformidad con el orden del día se procede al debate conjunto del

- informe (A6-0026/2007) del señor Meyer Pleite, en nombre de la Comisión de Asuntos Exteriores, con una propuesta de recomendación del Parlamento Europeo destinada al Consejo sobre el mandato de negociación de un Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y sus Estados miembros, por una parte, y los países de Centroamérica, por otra (2006/2222(INI)), y

- informe (A6-0025/2007) del señor Yañez-Barnuevo García, en nombre de la Comisión de Asuntos Exteriores, con una propuesta de recomendación del Parlamento Europeo destinada al Consejo sobre el mandato de negociación de un Acuedo de Asociación entre la Unión Europea y sus Estados miembros, de una parte, y la Comunidad Andina y sus países miembros, de otra (2006/2221(INI)).

 
  
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  Luis Yañez-Barnuevo García (PSE), ponente. – (ES) Señor Presidente, en la Cuarta Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, celebrada en Viena la pasada primavera, se dio luz verde al inicio de negociaciones para un acuerdo de asociación estratégica entre Europa y la Comunidad Andina. En este informe propongo una treintena de recomendaciones para que el Consejo y la Comisión las tengan en cuenta a la hora de establecer las líneas de negociación. Una asociación que pretendemos sea ambiciosa, amplia y de largo alcance, en línea con las gemelas, digamos, con Mercosur y América Central, porque consideramos que es una necesidad estratégica para ambas regiones.

América Latina y Europa están llamadas por la historia, la lengua, la cultura, las creencias y los valores, así como por la común visión del mundo, el apoyo al multilateralismo y al sistema de las Naciones Unidas, a convertirse en aliados estratégicos en un mundo globalizado. Ello es así especialmente para los países andinos donde se encuentran algunas de las bolsas de pobreza extrema y las mayores desigualdades del continente.

El acuerdo deberá tener tres pilares. Uno de carácter político-institucional, uno de cooperación y uno comercial. En el ámbito político y de seguridad deberíamos conseguir una carta euroandina para la paz y la seguridad, la instalación de un diálogo político permanente, la promoción de la calidad de la democracia, la cohesión social, el apoyo a la gobernabilidad, la reducción de la pobreza, los intercambios humanos, la lucha contra el terrorismo, la prevención de conflictos y la coordinación para la reforma de las Naciones Unidas, junto con las operaciones de gestión civil y militar de las crisis.

El segundo pilar es la promoción del desarrollo humano sostenible y el acceso progresivo de los productos andinos a los mercados europeos, en condiciones competitivas, teniendo en cuenta las enormes asimetrías económicas y de grado de integración entre europeos y andinos, lo que significará la revisión de la PAC y de las subvenciones por parte de la Unión.

El tercer pilar es el comercial propiamente dicho, pero a diferencia de otros modelos con terceros países, por ejemplo, los acuerdos de los países andinos con los Estados Unidos, no deben ser stricto sensu acuerdos de libre comercio, o acuerdos de libre comercio sin más, sino que deben tener en cuenta el abismo citado que separa ambas regiones. Sin medidas económicas de acompañamiento, cooperación y existencia financiera, las puras políticas comerciales no cumplirían en esas condiciones su función de contribuir al desarrollo.

La inclusión de los derechos laborales, especialmente de los pueblos indígenas y tribales, la protección de las condiciones dignas de trabajo, la no discriminación y la igualdad laboral entre hombres y mujeres y la erradicación del trabajo infantil deben ser incluidos en el acuerdo. Hay que señalar asimismo especialmente la importancia de la inversión europea como elemento esencial para el desarrollo de aquellos países y, también, la necesidad de que las empresas europeas apliquen, en lo que respecta a las condiciones de trabajo, los mismos estándares que aplican en los países europeos.

La inmigración, como fenómeno y fuente de oportunidades, debe recogerse en el acuerdo, cuidando los derechos de los inmigrantes, así como facilitar, abaratar y dar mayor transparencia y seguridad a las transferencias de remesas.

En el capítulo ambiental, que debe ocupar un lugar destacado en el acuerdo, se ha de incluir la puesta en común de políticas encaminadas al ahorro de energía, la diversificación, la promoción de energías alternativas y renovables y la reducción de emisiones contaminantes, en la dirección en que ha ido el último Consejo Europeo.

En resumen, el objetivo, señor Presidente, señor Comisario, debe ser, en opinión de este ponente, que en la Quinta Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe, que se celebrará en Lima en 2008, estemos en condiciones de poder firmar este ambicioso acuerdo de asociación estratégica entre la Unión Europea y sus países miembros y la Comunidad Andina y sus países miembros.

 
  
  

PRESIDENCIA DEL SR. MAURO
Vicepresidente

 
  
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  Willy Meyer Pleite (GUE/NGL), ponente. – (ES) Señor Presidente, a nadie se le escapa que este debate que va a tener lugar en la Cámara se produce en un momento importante para América Latina en general, cuyos pueblos parece que están contestando, con mucha fuerza, la política que les ha empobrecido: una política de recetas neoliberales que, en estos momentos, están en cuestión. La reciente visita del Presidente Bush a América Latina es una evidencia más que clara.

Concretamente, respecto del Acuerdo de Asociación con América Central, la Unión Europea tiene una deuda histórica con América Central. Jugamos un papel muy importante en la década de los ochenta, en el proceso de pacificación y democratización de América Central –los acuerdos de San José, Acuerdo de Esquipulas–, en los que la Unión Europea se despegó, con una posición autónoma, respecto de los Estados Unidos y jugó un papel fundamental.

Indudablemente, el momento por el que pasa América Central es muy claro: hay un crecimiento económico muy débil –estamos en el 0,6 %–, niveles de pobreza que siguen siendo similares a los de la década de los noventa, y las desigualdades aumentan.

La verificación de los acuerdos de paz es una asignatura todavía pendiente, lo mismo ocurre en materia de derechos humanos, de impunidad, de corrupción, y la integración regional es todavía muy débil.

En ese contexto, este modesto ponente optó por un determinado informe para concretar el tipo de asociación. Y lo basó en tres pilares fundamentales: el diálogo político para la buena gobernanza, la cooperación al desarrollo que contribuya a eliminar las causas estructurales de la pobreza y de la desigualdad, y un comercio en condiciones de justicia y beneficio mutuo basado en la complementariedad y la solidaridad. Un acuerdo que apueste por una integración regional que contribuya a la redistribución equitativa y justa del ingreso y de la riqueza de Centroamérica. Ese era el contexto. Pretendíamos un acuerdo que no se convirtiera en un acuerdo de zona de libre comercio y de privatización de los servicios públicos. En definitiva, pretendíamos no subordinar la cooperación y el diálogo político a las recetas del libre comercio.

Estoy convencido de que un acuerdo comercial marcadamente neoliberal entre regiones desiguales –en todo el sentido de la palabra–, solamente lleva a profundizar esa desigualdad y propicia el aprovechamiento de una élite empresarial, profundizando un círculo mayor de dependencia, exclusión, pobreza y altísimos costes sociales y ambientales.

Creo que se debe producir un comercio y una cooperación en función de un desarrollo sostenible a nivel regional para beneficiar a los pueblos, y no una serie de proyectos en beneficio del capital transnacional como el Plan Puebla-Panamá o el Banco Europeo de Inversiones.

Con esa intención elaboré este modesto informe, contando con muchas organizaciones de la sociedad civil de Europa y de América Central. Lógicamente, el informe recibió las consiguientes opiniones de la Comisión de Desarrollo y de la Comisión de Comercio Internacional de la Cámara. Vaya por delante mi agradecimiento a todas las aportaciones que mejoraron el texto desde esta filosofía que pretendía mantener a lo largo de todo el texto.

Expreso mi agradecimiento especial a don Miguel Ángel Martínez por sus siempre justas y solidarias aportaciones, en este caso de la Comisión de Desarrollo. En la opinión de la Comisión de Comercio Internacional, el señor Gianluca Susta, incorporó al texto enmiendas, enmiendas muy importantes que realmente desnaturalizaron el informe que yo pretendía presentar ante la Cámara.

La verdad es que se pretendía un informe equilibrado, basado en esos tres pilares que antes mencioné, pero, en la práctica, el conjunto de enmiendas configuraban un documento que perseguía, fundamentalmente, establecer una zona de libre comercio.

En ese punto, en fin, lo que me cabía era intentar amortiguar al máximo esa visión, es decir, que se intentara hacer ver o creer en Centroamérica que lo que perseguíamos los europeos, fundamentalmente, era una zona de libre comercio. Alcanzamos –y lo agradezco– siete enmiendas de transacción con los señores Salafranca, del Grupo PPE-DE, Obiols, del Grupo del PSE, y Susta, del Grupo ALDE, a los que agradezco, insisto, sinceramente, ese intento para aproximarnos a una amortiguación y no desvirtuar el informe.

Pero también, lógicamente, agradezco las enmiendas del señor Obiols y de la señora De Kayser, del Grupo Socialista Europeo, y del señor Romeva, del Grupo Verde, porque, efectivamente, adjetivan y mejoran este interés por convertir el mandato en un mandato claro de un acuerdo de asociación en esos términos, que excluyera la zona de libre comercio.

Esto ha sido, en parte, afortunado, porque hemos conseguido amortiguar, como decía, puntos tan importantes como la letra v) en donde se recomendaba explícitamente que la zona de libre comercio debería ser un objetivo estratégico prioritario, incluso haciendo menciones al Plan ALCAC y, lógicamente, lo hemos conseguido amortiguar pero no lo suficiente.

No sé si se habrá dado en otras ocasiones, pero voy a hacer una recomendación a mi Grupo para que se abstenga al votar este informe, porque considero que, efectivamente, no alcanza el objetivo que pretendía, a saber, ser un informe equilibrado.

Yo, de todas maneras, tengo mucho interés en conocer la opinión del Parlamento de América Central, el Parlacen, de las organizaciones políticas de América Central, y, lo que sí espero y deseo es que la Comisión Europea, cuando empiece la negociación, tenga en cuanta que allí lo que se nos está pidiendo no es una fotocopia de los Estados Unidos, sino una posición equidistante, diferente y autónoma.

 
  
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  Peter Mandelson, miembro de la Comisión. (EN) Señor Presidente, en primer lugar quisiera agradecer, también en nombre de mi colega, la señora Ferrero-Waldner, el impecable trabajo de los dos ponentes, así como el análisis y los comentarios constructivos que han hecho la Comisión de Asuntos Exteriores, la Comisión de Desarrollo y la Comisión de Comercio Internacional en relación con los diferentes aspectos y perspectivas de futuros acuerdos con esas regiones.

La conclusión de acuerdos de asociación con Centroamérica y la Comunidad Andina es desde hace tiempo un objetivo estratégico para ambas regiones, confirmado reiteradamente por los Jefes de Estado y de Gobierno en las cumbres de Guadalajara y Viena.

Con la negociación de estos acuerdos, la UE muestra su compromiso con la región y su firme voluntad de reforzar sus relaciones con todos los países latinoamericanos. Europa y América Latina son socios naturales, y unos lazos más estrechos con Centroamérica y la Comunidad Andina contribuirán a forjar una asociación más fuerte, tanto desde el punto de vista político como económico.

Los acuerdos serán negociados de región a región a fin de impulsar los procesos de integración regional en Centroamérica y en la Comunidad Andina. Tal como se ha recalcado repetidamente, incluso en esta misma Cámara, la integración regional es fundamental para la estabilidad política y social, y también ayudará a insertar mejor esas regiones en la economía mundial, al desarrollar unas economías más amplias y estables, capaces de atraer inversiones. Sin embargo, es preciso desterrar la idea de que la UE intenta «imponer» su modelo: la integración regional debe ser impulsada por cada región sobre la base de sus propias ambiciones y sus propios calendarios.

Los acuerdos de asociación se conciben como acuerdos de carácter amplio que abarcan todo el abanico de relaciones polifacéticas de la UE con ambas regiones: diálogo político, cooperación y comercio.

El respeto y el fomento de los principios democráticos, los derechos humanos, el Estado de Derecho y la gobernanza seguirán estando en el centro de nuestras relaciones con Centroamérica y la Comunidad Andina. Además, la Comisión considera que los acuerdos de asociación deben prestar especial atención a la aplicación efectiva de patrones internacionalmente acordados en el terreno de los derechos humanos y en el ámbito social, laboral básico y ambiental, a fin de fomentar el desarrollo sostenible.

En cuanto al diálogo político, estos acuerdos abarcarán un amplio espectro de materias, como el cambio climático, la energía, la emigración y la lucha contra las drogas. Son asuntos de crucial importancia no solo para nuestras regiones, sino para todo el planeta. El diálogo reforzado con Centroamérica y la Comunidad Andina pretende conseguir un compromiso constructivo a favor del multilateralismo efectivo y la gobernanza internacional, capaces de responder a los desafíos mundiales del siglo XXI.

El capítulo político de los acuerdos de asociación irá acompañado de medidas encaminadas a fomentar el comercio y la inversión interregionales en un marco equilibrado y justo. Para lograrlo no solo se potenciará la liberalización progresiva y recíproca del comercio de bienes y servicios, sino también el establecimiento de un marco normativo justo y transparente. También deberán tenerse en cuenta las asimetrías entre regiones: la parte comercial del acuerdo será plenamente coherente con las normas y obligaciones de la OMC, aunque yendo más allá de sus reglas básicas a fin de maximizar los beneficios mutuos y a largo plazo de la liberalización birregional del comercio.

La cooperación entre ambas partes deberá estar profundamente arraigada en los principios y objetivos globales establecidos por nuestra política de desarrollo, como el Consenso Europeo sobre el Desarrollo, y por los acuerdos internacionales en los que somos parte, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la Declaración de París sobre Eficacia de la Ayuda al Desarrollo. La cohesión social será una prioridad. El capítulo de cooperación deberá reflejar la voluntad de colaborar y de intercambiar experiencias. Asimismo, deberá plasmar la solidaridad con los más pobres y marginados.

Permítanme concluir con una descripción resumida de los preparativos de estas negociaciones. El proyecto de directrices para la negociación fue aprobado por la Comisión el 6 de diciembre de 2006 y actualmente se discute con los Estados miembros. La Comisión espera que se aprueben las directrices definitivas y, si las circunstancias lo permiten, poder empezar a negociar efectivamente con esas dos subregiones latinoamericanas en este mismo semestre. Si logramos cumplir a este ambicioso calendario, será en gran medida gracias al apoyo y la firme voluntad de sus Señorías de fomentar las relaciones entre la UE y América Latina, en particular con estas dos regiones.

 
  
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  Miguel Angel Martínez Martínez (PSE), ponente de opinión de la Comisión de Desarrollo. – (ES) Señor Presidente, el informe inicial que nos presentó el señor Willy Meyer sobre el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y los países de Centroamérica sirvió de base para la opinión que elaboramos en la Comisión de Desarrollo. Obtuvimos un acuerdo muy general con sus planteamientos y también estuvimos de acuerdo en una serie de recomendaciones de nuestra Comisión de Desarrollo al respecto. El señor Willy Meyer se mostró muy receptivo y firmamos conjuntamente siete enmiendas para introducir las preocupaciones específicas de la Comisión de Desarrollo.

Debo reconocer, colegas, que encuentro muy descafeinado el texto que nos llega al Pleno de la Cámara con respecto a las propuestas iniciales, reorientándolas en gran medida en clave neoliberal, acaso reflejando el pensamiento de la mayoría del Parlamento.

La verdad es que nosotros podemos vivir con esos textos gracias a los compromisos, los votaremos, pero los votaremos sin ningún entusiasmo, sabiendo que no encajan en las necesidades de Centroamérica ni en las aspiraciones de sus pueblos y sabiendo, también, que no aumentará con este texto el crédito de la Unión Europea en esas sociedades.

De las siete enmiendas propuestas por la Comisión de Desarrollo, tres han sido aceptadas, y subrayan que el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica debe incluir la dimensión de la cooperación al desarrollo y, por lo tanto, recoger, como ha dicho el señor Comisario, las prioridades definidas en el consenso europeo de cooperación: es decir, la erradicación de la pobreza y la realización de los Objetivos del Milenio. Acaso esos reconocimientos y la necesidad que sentimos del acuerdo salven, en el texto que votaremos, los mínimos exigibles para nuestro apoyo.

 
  
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  Małgorzata Handzlik (PPE-DE), ponente de opinión de la Comisión de Comercio Internacional. – (PL) Señor Presidente, señor Comisario, quiero dar las gracias al ponente por su informe completo y equilibrado, que resulta altamente significativo en el mundo de hoy. Es una señal crucial y un medio auxiliar para negociar el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y la Comunidad Andina en un momento crucial de cambio político y económico en la región.

La Comunidad Andina es un sistema productivo y cohesivo que integra a diversos países latinoamericanos. Ambas partes, la Unión Europea y la Comunidad Andina, se beneficiarán con la profundización de las relaciones políticas y económicas mutuas. Las directrices propuestas al Consejo constituyen un documento cohesivo y completo que contiene todos los elementos necesarios para una cooperación satisfactoria. El ponente destaca el papel decisivo del diálogo político, la promoción del desarrollo sostenible, la educación y los derechos humanos. También hace hincapié en la importancia de la lucha contra las drogas, el tráfico de armas y el crimen organizado, y recalca que esta cooperación debe basarse en el libre comercio. El Acuerdo de Asociación debe liberalizar gradualmente el comercio y desarrollar relaciones políticas, y al mismo tiempo promover la democracia y los derechos sociales y culturales que caracterizan la región.

Me complace que el papel de las pequeñas y medianas empresas en el proceso de asociación se haya incluido en las directrices de la negociación, como recalqué en mi opinión para la Comisión de Comercio Internacional. Todos sabemos muy bien que el sector de las PYME es una de las principales fuentes de crecimiento económico y repercute decisivamente en el nivel de vida y en la reducción de la pobreza. Por este motivo, creo que debemos hacer especial hincapié en la promoción de este sector facilitando el acceso a préstamos para las PYME, eliminando las barreras comerciales innecesarias y aplicando programas destinados a la innovación y el desarrollo.

 
  
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  Gianluca Susta (ALDE), ponente de opinión de la Comisión de Comercio Internacional. – (IT) Señor Presidente, Señorías, me centraré en el informe Meyer, que aborda una iniciativa importante para la Unión Europea, que debe ver en Centroamérica una oportunidad, promover el comercio y reducir gradualmente las barreras arancelarias, pero no la libre circulación de personas, productos o servicios, aprovechando así al máximo las características específicas de esos países.

Esto implica aumentar la cooperación y el desarrollo, proteger la dignidad social e individual de los miembros más débiles de la sociedad y abrir gradualmente nuestros mercados, sobre todo a la producción agrícola local de esos países, que sigue constituyendo una gran parte de su PIB.

La Comisión de Comercio Internacional, como es habitual, ha hecho una aportación de acuerdo con su ámbito de competencia, pero el crecimiento de la competitividad de los países de Centroamérica es, sin duda alguna, un requisito imprescindible para la estabilización política de una región que sigue sufriendo las consecuencias del choque violento entre las instituciones dictatoriales y las fuerzas revolucionarias de hace algunos años, un choque que causó cientos y cientos de miles de muertes y que convulsionó esta región geopolítica.

Por tanto, el enfoque cultural y político del informe es positivo, y no creo que la propuesta de la Comisión de Comercio Internacional lo haya diluido. Además, el hecho de que algunas de sus directrices hayan sido aceptadas en sustancia ha ayudado a combinar la cuestión de la creación de una zona de libre comercio con el conjunto más general de cuestiones vinculadas al desarrollo de la democracia en esta región geopolítica.

 
  
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  José Ignacio Salafranca Sánchez-Neyra, en nombre del Grupo del PPE-DE. (ES) Señor Presidente, señor Comisario, señorías, los informes que presentan los señores Yañez y Meyer responden a una vieja reivindicación de nuestro Parlamento para que las comunidades andinas y centroamericanas puedan gozar también de acuerdos de asociación, como sucede con otras áreas de la región, y, por lo tanto, beneficiarse de los instrumentos más afinados, más desarrollados, de que la Unión Europea dispone para sus relaciones con países terceros.

Es evidente, señor Presidente, que no son las dos únicas áreas con las que la Unión Europea está negociando estos acuerdos de asociación. Aprovecho la presencia –con nosotros esta noche– del Comisario de Comercio para pedirle un esfuerzo especial con unas negociaciones que se están dilatando ya desde hace demasiado tiempo, que son las negociaciones que tiene la Unión Europea emprendidas hace tiempo con el Mercosur.

Comprendo las dificultades que pesan sobre ese proceso negociador. No son imputables exclusivamente, por supuesto, a la voluntad de la Unión Europea, pero creo que tendríamos que hacer un esfuerzo para intentar darles un empujón y poder progresar en esta línea.

Quiero señalar, señor Presidente, que en las generaciones primera y segunda de acuerdos entre la Unión Europea y los países de América Latina, se puso el acento en la investigación y el desarrollo, en la tercera generación se puso el acento en la cláusula democrática, y en esta cuarta generación de acuerdos de asociación se pone el acento en una liberalización progresiva y recíproca de los intercambios.

Naturalmente, esto no quiere decir que los aspectos comerciales sean los más importantes. Yo entiendo que esta asociación, como decía el señor Comisario hace un momento, es una asociación que pone los fundamentos de la relación en el diálogo político, en el respeto a los derechos humanos, a los valores democráticos, el respeto al imperio de la ley, y en la lucha contra la corrupción.

Pero es evidente que no podemos soslayar la importancia del libre comercio, que es una reivindicación de los países centroamericanos y andinos, y, en este sentido, lo único que podría recomendar, señor Presidente, es que este calendario tan ambicioso del que nos ha informado el señor Comisario, habida cuenta de que la Comisión ha aprobado las directivas de negociación y el Parlamento las va a aprobar también mañana, se pueda sustanciar en los plazos más cortos y más breves posibles, porque ya hemos esperado demasiado tiempo para que estas comunidades, andina y centroamericana, puedan gozar de estos acuerdos de asociación, como los que tienen México y Chile que, por cierto, han producido excelentes resultados.

 
  
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  Raimon Obiols i Germà, en nombre del Grupo del PSE. – (ES) Señor Presidente, nuestro Grupo ha estado a la búsqueda de consenso en relación con los informes que han suscrito nuestros colegas, el señor Yañez y el señor Meyer. Hemos buscado enmiendas de transacción, porque consideramos importante transmitir el mensaje a las subregiones latinoamericanas concernidas de que lo que la Unión Europea propone no es un simple tratado de libre comercio, sino un tipo de acuerdo más global que tenga en cuenta fundamentalmente los aspectos de concertación política y de cooperación al desarrollo.

Si he comprendido el fondo de la discusión que se ha producido en este Parlamento alrededor de estos dos informes, entiendo que lo que hay es la posición de representantes del Grupo Popular, que enfocan más estas eventuales negociaciones desde una perspectiva de énfasis en los aspectos de libre comercio, mientras que otros, entre los cuales se incluye nuestro Grupo Socialista, dan más importancia a los aspectos de concertación política, de solidaridad, de apoyo a la institucionalidad democrática, a la lucha contra la pobreza y contra la violencia.

Si contemplamos lo que es el cuadro concreto de las relaciones comerciales entre la Unión Europea y América Central, por ejemplo, vemos que el comercio de la Unión Europea con América Central representa aproximadamente un 0,3 % de nuestros intercambios comerciales exteriores y que, incluso en América Central, la relación de intercambio comercial con la Unión Europea representa no más del 9 o el 10 % de su relación comercial exterior.

Si aplicamos la máxima clásica primum vivere, deinde philosophare, podemos llegar rápidamente a la conclusión de que lo más vital en nuestra relación, teniendo en cuenta la situación en estos países, no es tanto el intercambio comercial como aspectos de lucha contra la pobreza, contra la inseguridad, contra la violencia y, en algunos países, contra el peso crecientemente determinante del narcotráfico y del crimen organizado. Ahí está el tema fundamental.

Hace poco tiempo murió un gran periodista europeo, el polaco Kapucinski, que, refiriéndose a estos países, decía que solo atraen nuestra atención cuando hay derramamiento de sangre y añadía «esto es triste, pero es así». Me parece evidente que estamos frente a una situación en la cual la pérdida de atención, después de diez años de la firma de los acuerdos de paz en América Central, debe revertir en una atención superior y en aprovechar al límite las posibilidades que se ofrecen con la apertura de negociaciones para un acuerdo de asociación que debe contar, desde nuestro punto de vista, con el apoyo más consensuado y mayoritario de esta Parlamento.

 
  
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  Leopold Józef Rutowicz, en nombre del Grupo UEN. (PL) Señor Presidente, quiero dar las gracias a los ponentes, el señor Meyer Pleite y el señor Yañez-Barnuevo García, por su buen trabajo en torno a los acuerdos de asociación con los países de Centroamérica. Sus informes abordan plenamente los objetivos políticos que subyacen a la expansión de la cooperación.

Los países centroamericanos comparten nuestra cultura europea y latina. Están cerca de nosotros, y es perfectamente natural que negociemos la asociación con ellos. El acuerdo tiene por objeto fortalecer la posición de ambas partes en un mundo globalizado. Actualmente, nuestra ayuda a esta región es de naturaleza principalmente humanitaria. Les damos pescado en vez de una caña de pescar. Son China, la India y el capital mundial quienes ayudan a estos países a ayudarse a sí mismos, mediante la construcción de carreteras, minas, fábricas, creando puestos de trabajo y vendiendo con éxito sus productos allí.

Las negociaciones en torno a nuestra asociación deberían establecer vínculos económicos que beneficien tanto a Europa como a otros países asociados centroamericanos. Solo sobre esta base podemos construir un sistema duradero de relaciones económicas y políticas entre nuestras sociedades. Es de esperar que el capital europeo desempeñe un papel más importante en los países con los que queremos suscribir un Acuerdo de Asociación, junto con el apoyo chino e indio.

Los Acuerdos de Asociación entre otros países y la Unión Europea tienen una gran importancia política y si consiguen garantizar una cooperación económica continuada, entonces habrán cumplido plenamente su misión.

 
  
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  Raül Romeva i Rueda, en nombre del Grupo Verts/ALE. (ES) Señor Presidente, yo también quiero empezar felicitando a los dos ponentes por el esfuerzo de buscar un consenso entre los Grupos, a la hora de establecer el mandato de negociación de los acuerdos de asociación con América Central y con la región andina.

Sin embargo, como también se ha dicho, hemos podido constatar, en el proceso de elaboración de estos informes, que existen profundas e importantes diferencias entre los Grupos. A pesar de los esfuerzos de los ponentes, el texto final ha quedado realmente desequilibrado en los tres elementos fundamentales de este acuerdo: el diálogo político, la cooperación y el comercio.

A nuestro entender, una zona de libre comercio no es un objetivo realista ni adecuado para regiones tan vulnerables como las que aquí estamos tratando.

Por ello, entendemos que se ha perdido una buena oportunidad para alentar unas relaciones birregionales que permitan fortalecer una visión multidimensional de las mismas y que garanticen un desarrollo humano sostenible de los pueblos andino y centroamericano. Por ello, nuestro Grupo –a nuestro pesar y con la intención de mostrar que queremos seguir trabajando, pero lamentando que no se haya conseguido un resultado mejor en ambos informes– se abstendrá en la votación de mañana.

 
  
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  Jens Holm, en nombre del Grupo GUE/NGL. (SV) Señor Presidente, estos informes reclaman que los países en desarrollo desregulen, potencien a las empresas europeas en relación con los contratos públicos, protejan las patentes europeas y estadounidenses y hagan todo lo posible por garantizar que las inversiones de las grandes empresas europeas estén a salvo. Uno de los informes incluso solicita que se cree una zona de libre comercio, según sus propias palabras «sin excluir ningún sector». Piensen un poco en esta expresión. No, no deberíamos ir por ese camino en concreto. Cuanta más desregulación, tanto mejor, tal vez, para las grandes empresas, pero tanto peor para los trabajadores, el medio ambiente y las pequeñas empresas locales, todas ellas protegidas por las leyes que van a ser revocadas.

Permítanme citar dos ejemplos. Es bueno para Monsanto si logra patentar cultivos en Sudamérica, pero es malo para los agricultores y el medio ambiente. Es bueno para las empresas de asistencia sanitaria europeas que el sector sanitario se abra a la competencia, pero es malo para quienes no pueden pagarse la atención sanitaria. Existe una alternativa: el comercio justo en lugar del libre comercio desenfrenado y la cooperación y la seguridad en lugar de la competencia y de un mercado libre completamente desregulado. Eso es lo que necesitan tanto los ciudadanos de Europa como los de Latinoamérica. Termino señalando la posición del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, a saber, que nos abstenemos de votar.

 
  
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  Gerard Batten, en nombre del Grupo IND/DEM. (EN) Señor Presidente, ¿cuál es la mejor forma de aumentar el nivel de vida y reforzar los derechos humanos y civiles en los países de Centroamérica y de la Comunidad Andina? Es una pregunta que podría referirse igualmente a toda América Latina y al resto del mundo en vías de desarrollo económico.

Va en el propio interés a largo plazo del mundo desarrollado y democrático utilizar su poder económico para promover el crecimiento y la democracia en el mundo en desarrollo. La mejor manera de hacerlo es reducir las barreras al comercio en todo el mundo y formalizar acuerdos comerciales y de cooperación condicionados al respeto del Estado de Derecho, de los derechos de propiedad y contractuales y de los derechos humanos y civiles.

Hemos visto que China, aun bajo el yugo de un régimen dictatorial comunista, es capaz de lograr un sorprendente desarrollo económico cuando adopta prácticas capitalistas, de libre mercado. El capitalismo, pese a sus defectos, funciona. Genera prosperidad, posibilidades de elegir y las condiciones necesarias para la democracia y valores civilizados. El socialismo, con todo su idealismo, no funciona. Genera opresión, falta de opciones y estancamiento material y político.

Por tanto, lo que necesitan los países en desarrollo de todo el mundo no es seguir el ejemplo de la cuasimarxista Unión Europea. No les hace falta lo que recomiendan esos informes, que supone exportar lo peor que tiene la Unión Europea: integración económica y política y legislación armonizada.

Lo último que necesitan esos países es copiar el modelo económico en declive de una Unión Europea cada vez más centralizada con sus instituciones políticas cada vez menos democráticas y responsables. Estos informes reclaman el libre comercio, lo que está bien pero no debe condicionarse a la recreación de las fracasadas estructuras de la Unión Europea.

 
  
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  Marcello Vernola (PPE-DE) . – (IT) Señor Presidente, Señorías, quiero empezar felicitando al ponente, el señor Yañez-Barnuevo García, por el informe sobre el acuerdo con la Comunidad Andina. Al estar basado en los tres pilares, constituye un marco que no se limita a los aspectos económicos. De hecho, todas las instituciones querían incluir en el futuro Acuerdo de Asociación cuestiones como el desempleo, la seguridad, la migración, el desarrollo social, el medio ambiente, el desarrollo sostenible y, por ende, la estabilidad política.

Queremos asegurar la protección de los derechos humanos, civiles, políticos, económicos y sociales e incluso, de acuerdo con las políticas de la UE, la biodiversidad y la protección de los ecosistemas. Es necesario luchar contra el trabajo infantil e invertir en educación, investigación, ciencia y tecnología. Las grandes diferencias existentes en la Comunidad Andina reclaman el compromiso de reducir la pobreza. Además, todos deberíamos recalcar la necesidad de combatir el azote del narcoterrorismo y hacer lo posible por erradicar el crimen organizado, la corrupción, la impunidad, el terrorismo, el blanqueo de dinero y el tráfico de armas. Por tanto, mediante este acuerdo necesitamos promover el empleo y, sobre todo, cultivar otros productos distintos de las drogas.

Esperamos que el acuerdo de asociación dé un nuevo impulso a la liberalización del mercado y del comercio mediante la zona de libre comercio, así como al control de los aranceles aduaneros y a la simplificación y armonización de los trámites aduaneros. Además, debemos garantizar la seguridad jurídica para los inversores, rechazando de plano las nacionalizaciones impuestas que recientemente hemos presenciado.

 
  
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  Józef Pinior (PSE). (PL) Señor Presidente, señor Comisario, en primer lugar quiero dar las gracias al señor Meyer Pleite por elaborar el informe que contiene las recomendaciones del Parlamento Europeo al Consejo en relación con la negociación de un Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y los países de Centroamérica, y al señor Yañez-Barnuevo García por su informe sobre las directrices para la negociación del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y la Comunidad Andina.

Las recomendaciones del Parlamento Europeo hacen hincapié en que los Acuerdo de Asociación, si bien tienen por objeto la liberalización gradual del comercio y el diálogo político y la cooperación, también pretenden apoyar el desarrollo social sostenido, la cohesión social, el refuerzo de la democracia, el Estado de Derecho y el respeto de los derechos humanos, políticos, civiles, económicos y sociales, sin olvidar las dimensiones culturales y ambientales de esos derechos.

En los últimos 20 años, los países de la Comunidad Andina y de Centroamérica han vivido una transición pacífica de regímenes autoritarios a la democracia. En la década de los ochenta, la Unión Europa desempeñó un papel relevante en este proceso. Con sus recomendaciones, el Parlamento Europeo mantiene esta tradición.

Hoy en día, la liberalización del comercio no puede ser un fin en sí misma. Insisto, no puede ser un fin en sí misma, sino solo un paso hacia el establecimiento de la democracia y el Estado de Derecho, el desarrollo social y el desarrollo sostenible en Latinoamérica. Los Acuerdos de Asociación con los países de Centroamérica y la Comunidad Andina deben abarcar la política, el comercio y el desarrollo.

 
  
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  Ryszard Czarnecki (UEN). (PL) Señor Presidente, en Centroamérica el término «Unión Europea» se ve relegado gradualmente al diccionario de expresiones en desuso. La influencia política europea en la región disminuye, aunque en la década de los ochenta esos mismos países europeos contribuyeron de modo decisivo a la democratización de la región.

A lo largo de once años, el volumen de intercambios comerciales entre la Unión Europea y Centroamérica ha caído un 11 %, alcanzando su nivel actual del 13 %, a pesar de las condiciones preferentes unilaterales por nuestra parte. El Acuerdo de Asociación debería cambiar hasta cierto punto esta situación.

El segundo Acuerdo de Asociación con la Comunidad Andina coincide con un interesante período político en la región. La victoria de la izquierda antiestadounidense en Venezuela y Bolivia y la alteración del equilibrio de poder en la región es un desafío para la Unión Europea. En realidad favorece el proceso de integración económica y política de toda América Latina en mayor medida que MERCOSUR.

Quiero agradecer a los ponentes, el señor Meyer Pleite y el señor Yañez-Barnuevo García, y lamentar únicamente que estemos debatiendo asuntos tan importantes casi rozando la medianoche.

 
  
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  Willy Meyer Pleite (GUE/NGL). – (ES) Señor Presidente, en este caso aprovecho el turno de intervención para exponer la posición de mi Grupo, el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica, en relación con el informe de mi colega, el señor Yañez.

Como él bien entenderá, la orientación que vamos a dar al voto va a ser la misma que la que dimos para el informe que he tenido el gusto de presentar a la Cámara, es decir, una abstención. Por los mismos motivos, y sabiendo que el señor Yañez ha realizado un verdadero esfuerzo por presentar un proyecto muy equilibrado con el acento en lo más fundamental que en este momento está pidiendo América Latina, que es la parte del diálogo político y de la cooperación. Porque en la parte referente a la cooperación podemos jugar un papel muy importante respecto al papel que están desempeñando los Estados Unidos en América Latina y, desgraciadamente, la pluma de otros colegas, fundamentalmente la pluma de la Comisión de Comercio Internacional, que ha variado de forma sustancial este enfoque.

Nos vamos a la abstención. La verdad es que a veces nos pide el cuerpo incluso ir un poquito más lejos. Pero vamos a la abstención porque también creemos que tenemos que escuchar la opinión de América Latina y, en este caso, también a las organizaciones sociales de allí. Vamos a estar muy atentos para contribuir desde esta abstención al debate fundamental que va a ser el Acuerdo de Asociación con América Central, de una manera muy crítica, para que, efectivamente, se alcance un acuerdo de asociación que no sea una zona de libre comercio.

 
  
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  Bogusław Sonik (PPE-DE). (PL) Señor Presidente, a pesar de la innegable contribución de la Unión Europea al fortalecimiento del proceso de paz y a la construcción de estructuras democráticas en la región centroamericana, su papel en la zona ha perdido mucho peso en la última década.

Como ya hemos podido escuchar, en el comercio se observa la misma tendencia, ya que en 2001 cayó del 24 % a apenas el 13 %. Esta situación demuestra claramente lo importante que es firmar un nuevo Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y los países de Centroamérica.

Este acuerdo, además de sus indiscutibles ventajas económicas, también impondrá ciertas obligaciones a la Unión Europea, sobre todo con respecto al apoyo al proceso de democratización y descentralización, y a la mejora de la eficiencia administrativa en la lucha en contra de la violencia, la corrupción y las violaciones de los derechos humanos. Estas obligaciones justifican que el futuro Acuerdo de Asociación deba ser más que un simple acuerdo comercial. Debe contemplar también la cooperación política y social. La lucha contra la pobreza y la desigualdad social puede convertirse en una herramienta muy útil para el fortalecimiento de la democracia, la creación de confianza en las instituciones públicas y en la elite política, que tendría que ser la guardiana de estos valores.

Otro elemento sumamente importante de un futuro Acuerdo de Asociación consistiría en establecer normas preceptivas de protección ambiental. El sistema de incentivos probados en casos anteriores debería resultar útil a este respecto.

Todos los elementos que he mencionado deberían formar parte de un Acuerdo de Asociación y al mismo tiempo constituir los pilares de la cooperación entre la Unión Europea y los países de América Latina. Solo desempeñando un papel activo y comprometido en esta región podremos contribuir a su verdadero desarrollo económico, a su estabilidad social y política y al respeto de valores democráticos.

 
  
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  El Presidente. El debate queda cerrado.

La votación tendrá lugar el jueves a las 12.00 horas.

 
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