El Presidente. – De conformidad con el orden del día, se procede al debate conjunto sobre:
– las declaraciones del Consejo y la Comisión sobre las conclusiones de la Cumbre del G-8,
– el informe (A6-0220/2007) de la señora Kinnock, en nombre de la Comisión de Desarrollo sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) - balance intermedio (2007/2103(INI)).
El Consejo no está presente.
Louis Michel, miembro de la Comisión. (FR) Señor Presidente, Señorías, en primer lugar quiero hacer unos comentarios, tal y como se me ha pedido, sobre el resultado de la Cumbre de Heiligendamm sobre cuestiones de desarrollo y cuestiones relativas a África.
El simple hecho de que estas cuestiones hayan sido objeto, una vez más, de atención especial ya es de por sí una buena noticia. La reafirmación de África como tema importante en el proceso del G-8 es un hecho positivo, pero evidentemente no es nada del otro mundo a la vista de los resultados efectivos. Entiendo bastante las críticas de quienes se sienten decepcionados por las referencias a la ayuda al desarrollo. El compromiso adoptado se limita a reiterar simplemente el compromiso de Gleneagles y creo que podríamos hacer sido más ambiciosos.
Sabemos que la Unión Europea de 27, por su parte, financiará entre el 80 y el 100 % del compromiso del G-8 con África. No deberíamos permitir que los miembros del G-8 incumplan su propio compromiso, que quiero recordarles consiste en doblar la ayuda a África. Algunos miembros del G-8 no están en absoluto camino de cumplir ese compromiso. La ayuda total de los Estados Unidos, por ejemplo, ha disminuido un 20 % y la de Japón un 10 %, y no cabe duda de que esos países deberían esforzarse.
Con respecto a las cuestiones de gobernanza, así como a los principios fundamentales de la política de desarrollo, estoy razonablemente satisfecho de que nuestro enfoque de la gobernanza, es decir, una gobernanza multidimensional y de conjunto, así como la redacción que propusimos, se hayan mantenido en la declaración final sobre África. Nuestra estrategia de gobernanza se centra en resultados y en la oferta incentivos a los países que han emprendido reformas de gobernanza apropiadas y creíbles, basadas en una firme voluntad política.
Me complace destacar el hecho de que el trabajo de la Cumbre del G-8 de este año ha prestado especial atención a la educación: esto es sin duda una de nuestras aportaciones más valiosas. La declaración expresa con claridad la necesidad de financiar las necesidades que no están cubiertas y cuyo valor monetario se cifra en 500 millones de dólares estadounidenses para 2007, en todos los países englobados en la iniciativa «Vía rápida de educación para todos».
Asimismo, me satisface enormemente el texto definitivo sobre recursos financieros para cuestiones de salud, para el Fondo Mundial y para programas de prevención de la transmisión materno-filial. Los 60 000 millones de dólares que se prometieron para los próximo años a fin de combatir el VIH/sida, la malaria y la tuberculosis representan un compromiso claro y estricto en comparación con el lenguaje cauteloso que se utilizaba al principio y que omitió cualquier indicación definitiva de los recursos financieros necesarios.
Voy a concluir mis comentarios relativos al G-8 con una observación de tipo más general. El concurso de belleza de cifras y declaraciones en que parece haberse convertido el G-8 no convence a nuestros socios africanos en lo que al desarrollo se refiere. Más bien al contrario, ya que estos últimos nos confrontan con la falta de resultados sobre el terreno y, sobre todo, con el incumplimiento de nuestros compromisos. Además, lo hacen de forma más convincente al haber encontrado un modelo alternativo en China. China no solo compra grandes cantidades de materias primas en África, sino que construye carreteras, Ministerios y hospitales a los pocos meses de recibir la petición y hacer la promesa. Es casi un golpe maestro cuando nuestros propios procedimientos, que además fueron establecidos básicamente por el Consejo y el Parlamento Europeo, nos imponen unos 0plazos de hecho de varios años entre el momento en que se alcanza el acuerdo y el momento de ponerlo en práctica efectivamente.
Sin embargo, tenemos que aprender una lección con respecto al G-8: mientras África desarrolla cada vez más relaciones con países emergentes, el concurso de belleza del G-8 se convertirá en un espectáculo marginal cada vez menos convincente si no conseguimos incluir a China y a los demás países emergentes en iniciativas internacionales relacionadas con África y el desarrollo. Por este motivo, de hecho, iré a China a principios de julio: para hablar de África con colegas chinos.
Señor Presidente, Señorías, antes de acabar, quiero decir unas palabras sobre el informe de la señora Kinnock y, por tanto, sobre el balance intermedio de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuya relevancia actual me parece indiscutible. Estoy convencido de que los Objetivos del Milenio están a nuestro alcance, a condición de que, por supuesto, todos quienes participan en el desarrollo, no solo los patrocinadores, sino también los países socios, cumplan sus compromisos. También quiero hacer hincapié en el compromiso firme y total de la Unión Europea en este período crucial de realización de esos objetivos.
A este respecto, por tanto, quiero hacer algunas observaciones, y, de hecho, expresar unas pocas reservas, sobre algunos detalles del mensaje contenido en el informe. Si estoy, por supuesto, muy de acuerdo con el contenido de este informe, también estoy algo sorprendido por el mensaje ambiguo que transmite al mundo con respecto a la actuación de la Unión Europea como donante. Quiero señalar que la Unión Europea es, y no lo olvidemos, el principal proveedor de ayuda al desarrollo, tanto en volumen como en porcentaje del PIB: dedicamos 100 euros per cápita a esa ayuda, frente a tan solo 69 euros que ha aportado Japón y 53 euros los Estados Unidos. Por supuesto, esto no es motivo para regodearnos en una feliz autocomplacencia, porque el progreso es evidentemente posible y necesario en este terreno. Además, este progreso está planificado en la medida en que la Unión Europea se ha comprometido a cumplirlo con el Consenso Europeo sobre el Desarrollo.
El informe lamenta que el aumento de la ayuda procedente de ciertos Estados miembros se deba en parte a la cancelación de la deuda. Por supuesto, estoy de acuerdo con el fondo de este comentario o reserva. Dicho esto, incluso dejando de lado el alivio de la deuda, la ayuda de la Unión Europea ha aumentado, cosa que no han hecho los demás donantes principales. No obstante, está claro que somos sensibles a este argumento y, por este motivo, la Comisión ha invitado a los Estados miembros a establecer, para finales de año, un programa nacional que demuestre los incrementos presupuestarios que permitirán a los Estados miembros lograr sus objetivos de ayuda al desarrollo para 2010.
Además, no debemos subestimar ni las medidas de efectividad ni el efecto multiplicador de la división del trabajo entre la Comisión y los Estados miembros. Tampoco debemos subestimar el valor de alinearnos con las estrategias y procedimientos de países socios o, en menor medida, el recurso creciente a la ayuda presupuestaria, que es considerable. En estos terrenos la Unión Europea también ostenta el liderazgo indisputado. Sin embargo, percibo cierta incomodidad con respecto a la ayuda presupuestaria que, no obstante, es el instrumento preferido de cooperación, ya que refleja la confianza entre socios que son iguales desde el punto de vista de los derechos y deberes. Al apoyar las políticas nacionales y participar en el proceso presupuestario, estamos utilizando el instrumento más adecuado para la asignación por los países socios, un mecanismo que también ofrece una mayor predecibilidad y una flexibilidad excepcional. Por supuesto, todavía es posible mejorar el mecanismo. Este es el objetivo del contrato por los Objetivos del Milenio en que trabaja actualmente la Comisión –un asunto que ayer traté muy de paso cuando contesté en comisión a nuestro colega, el señor Van den Berg– y, en las próximas semanas, podremos hablar con ustedes de los criterios y condiciones del presente contrato por los Objetivos del Milenio.
Estos solo son unos pocos comentarios. Por lo demás, creo que es crucial que unamos fuerzas para hacer realidad los Objetivos del Milenio. Gracias a nuestro enfoque, los países desarrollo recibirán un claro mensaje de solidaridad de la Unión Europea que solo puede servirles de ayuda en la medida en que exprese su propia determinación.
Para concluir, he de darle las gracias a la señora Kinnock por este informe tan relevante y felicitarle por él. Coloca las cuestiones en su debido contexto. Es una contribución muy útil y una fuente constante de inspiración para el trabajo de la Comisión.
Glenys Kinnock (PSE), ponente. – (EN) Señor Presidente, muchas gracias por estar aquí, resaltando la importancia que merecen estos asuntos en este Parlamento. También quiero agradecer al Comisario sus amables comentarios. Creo que muchos de nosotros lamentamos profundamente que el Consejo haya decidido no estar representado hoy aquí para los debates sobre el G-8 y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Por desgracia, el Consejo tenía otras prioridades.
Mi informe es una oportunidad para evaluar a mitad de camino el progreso o la falta de progreso hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Sin duda, la realidad es que muchos países subsaharianos no están en vías de alcanzar ni uno solo de ellos. Prácticamente ningún país de África está en vías de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en cuestiones de salud materna e infantil. Por eso, nuestra comisión está de acuerdo en que la Unión Europea debe continuar liderando los esfuerzos en defensa de los derechos de salud sexual y reproductiva mediante ayudas financieras y otras formas de apoyo. En 2005, los dirigentes del mundo desarrollado se encontraron en la cumbre del G-8 en Gleneagles y se comprometieron a duplicar la ayuda anual a los países pobres hasta 50 000 millones de dólares y a cancelar el 100 % de la deuda.
En mayo de 2005, el Consejo de la UE ya había establecido la agenda para la cumbre de Gleneagles, que tuvo lugar en julio de ese año. Se había acordado –y esto es importante– un compromiso a plazo fijo de destinar el 0,7 % del PNB y de condonar el 100 % de la deuda. En el momento de redactar mi informe existían serias dudas sobre la credibilidad de determinados Estados miembros de la Unión Europea. En este punto estoy en profundo desacuerdo con el Comisario. Salvo en la cancelación de la deuda, muchos Estados miembros llevan retraso. Los acuerdos sobre la deuda iraquí y nigeriana se han contabilizado de tal manera que distorsionan la realidad de la ayuda efectiva. Se calcula que esta ascendió en 2006 a unos 13 000 millones de dólares. En 2010, cuando se supone que las ayudas a África han de alcanzar los 50 000 millones de dólares, la mayor parte de la deuda ya habrá sido condonada y ya no podrá seguir inflando las cifras de la ayuda. Actualmente, Oxfam cifra el déficit en la indignante suma de 30 000 millones de dólares.
En el G-8 vimos que algunos países de la Unión Europea presionaban para que se cumplieran las promesas, pero lo que sucedió, como ha dicho el Comisario, fue una reiteración y una confirmación de las promesas de 2005 de incrementar la ayuda. Aún no se han presentado calendarios claros y compromisos prácticos vinculantes. Hacen falta más detalles y compromisos financieros claros con los que, por ejemplo, podrían taparse los agujeros de los países favorecidos por la iniciativa de vía rápida «Educación para todos».
También es necesario un claro compromiso de impulsar el acceso universal a las medicaciones contra el VIH/sida. Se ha hablado de cinco millones de personas en 2010. Quisiéramos saber si esa es una cifra absoluta porque, si fuera así, más bien debería acercarse a diez millones. Pero si se refiere únicamente a África, el comunicado presenta un cuadro muy diferente. Una vez más, aquí tampoco se ha establecido un plazo concreto. La realidad es que los países en desarrollo no quieren recibir cheques ni pagarés de ningún tipo; lo que quieren es poder emprender planes creíbles y de costes calculados, como hacen nuestros Gobiernos.
En cuanto al cambio climático, todo el G-8, excepto los Estados Unidos y Rusia, estuvieron de acuerdo en reducir las emisiones a la mitad para 2050. Fue bien recibida la promesa de los Estados Unidos de unirse a los esfuerzos de las Naciones Unidas, pero de nuevo tengo que decir que no se presentaron objetivos vinculantes claros y que el G-8 en Alemania ni siquiera acordó un año base para el objetivo del 50 % en 2050. Tampoco hubo un acuerdo sobre el propósito de limitar el cambio climático a 2 ºC. Dada la importancia que damos a la condonación de la deuda y a las promesas de ayuda, sabemos que sigue eludiéndose todo el asunto de la justicia en el comercio. El año pasado, en el G-8 de San Petersburgo se hizo un llamamiento a bombo y platillo para que la Ronda de Doha llegara a una conclusión satisfactoria, pero lo que de verdad tenemos es algo muy diferente de lo que los países en desarrollo creían firmar cuando firmaron una ronda de desarrollo de Doha. Todo lo que hizo el G8 en Alemania fue repetir lo dicho en San Petersburgo un año antes.
En cuanto a los AAE, recomiendo especialmente la enmienda del señor Van den Berg, que lamentablemente ha sido excluida del texto aquí presente por un error en la compilación. Creo que supone una aportación muy valiosa al debate sobre los AAE.
Por último, quisiera decir que ahora mismo necesitamos cambiar totalmente de ritmo. En 2005, miles de nuestros ciudadanos se manifestaron en todo el mundo a favor de la erradicación de la pobreza. Estamos comprobando que la ayuda realmente funciona. Hay verdaderas mejoras en materia de reducción de la pobreza, escolarización infantil, sanidad y reducción de la mortandad. Sin embargo, hace falta un verdadero cambio social y político, así como una mayor comprensión de que aquí no estamos pidiendo caridad, sino justicia para los países en desarrollo de todo el mundo.
(Aplausos)
El Presidente. Gracias por su excelente trabajo, señora Kinnock, y felicidades por su informe.
Maria Martens, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (NL) Señor Presidente, señor Comisario, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que se fijaron en 2000, son planes ambiciosos para reducir drásticamente la pobreza mundial para 2015. A finales de este mes habrá transcurrido la mitad del plazo previsto, pero lamentablemente no habremos cumplido la mitad de estos objetivos ni por asomo. Los planes de desarrollo están muy retrasados. Aún hay demasiadas personas que mueren de hambre, demasiados niños que todavía no van a la escuela, demasiadas mujeres desfavorecidas y el sida, la malaria y la tuberculosis siguen causando demasiadas víctimas; podría seguir con la lista durante un rato, por desgracia.
Es crucial mejorar la calidad y la cantidad de la ayuda y en este sentido mucho depende de la voluntad política de los países. Ni que decir tiene que todos los países han de cumplir su promesa de reservar el 0,7 % del Producto Interior Bruto para la ayuda al desarrollo. Aunque no solo se trata de dinero. Se trata principalmente de prestar una ayuda mejor y más eficaz y de coordinarla mejor. Es necesario reducir la ayuda fantasma, en la que el dinero se gasta principalmente en consultores, informes de evaluación y estudios.
En nombre de mi Grupo quiero mencionar otras cuestiones. En primer lugar, quiero llamar su atención sobre la importancia de la transparencia de los flujos financieros. Debe quedar claro adónde va a parar el dinero. En segundo lugar, con respecto a la reducción de la deuda, mientras las deudas son un gran problema para muchos países, su reducción no puede ni debe ser un premio a la mala gestión de los Gobiernos. Por este motivo, la reducción de la deuda solo es posible en condiciones muy estrictas, incluidas la gobernanza y la transparencia. Es preciso garantizar que los recursos que ahora están disponibles se gasten realmente en combatir la pobreza. En tercer lugar, quiero llamar su atención sobre la importancia del comercio. El comercio y la apertura de los mercados pueden, en ciertas condiciones, representar una tremenda fuerza motriz del crecimiento económico. Los países deben poder contar con nuestro apoyo para ello.
En cuanto a los derechos de la propiedad intelectual, quiero advertir que hay que tener cuidado y no tirar el bebé junto con el agua de la bañera. Es preciso que la industria siga considerando atractivo investigar en el terreno de la lucha contra enfermedades asociadas a la pobreza. Para ello precisa cierto grado de protección de de patentes y derechos de propiedad intelectual.
Por último, con respecto a la salud sexual y reproductiva, muchas mujeres de los países en desarrollo corren graves riesgos, incluso para su propia vida, durante y después del embarazo. Muchas mujeres mueren innecesariamente por ello. La ayuda en este terreno es muy urgente. Por este motivo estamos a favor de aumentar la ayuda para esas mujeres.
Margrietus van den Burg, en nombre del Grupo del PSE. – (NL) Señor Presidente, por desgracia el Consejo está ausente, cosa que decepciona profundamente al Grupo Socialista en el Parlamento Europeo. En el año 2000, un total de 191 líderes mundiales suscribieron la Declaración del Milenio con el compromiso de desterrar la pobreza extrema del mundo para 2015 y mejorar la salud y el bienestar de los más pobres. En estos momentos, una de cada cinco personas que viven en el mundo no tiene acceso a las necesidades sociales básicas, como la educación y agua de beber limpia. Dentro de exactamente dos semanas y media habrá transcurrido la mitad del plazo para el cumplimiento de los ODM. El excelente informe de la señora Kinnock, que apoyamos plenamente, hace balance de lo que hemos logrado hasta ahora.
En los últimos siete años y medio se han hecho muchos esfuerzos por cumplir estos objetivos y se han logrado una serie de grandes éxitos. Especialmente en Asia, donde la pobreza ha habido una importante reducción de la pobreza. El número de personas que han de sobrevivir con menos de un dólar al día ha disminuido allí 250 millones desde 1990. También en Centroamérica las cosas mejoran visiblemente. En ambas regiones el número de niños desnutridos ha disminuido radicalmente. El índice de mortalidad infantil se ha reducido en muchos puntos porcentuales. Cientos de miles de personas de Centroamérica y Asia han salido de la pobreza, de lo que esas regiones y todo el mundo deberían enorgullecerse.
Lo que sigue estando mal en Asia y Centroamérica es la enorme brecha entre ricos y pobres. Debemos ayudar a aplicar estrategias para una distribución más justa de los recursos naturales y del suelo, para establecer una fiscalidad más justa, reducir la corrupción y asegurar la gobernanza. Demasiadas personas, a pesar de todo el crecimiento y todo el progreso, siguen sin poder satisfacer las necesidades sociales básicas. Los programas de ayuda europeos deberían centrarse en esto a través de la sociedad civil.
En un continente, los Objetivos del Milenio están ahora más lejos que hace unos años. África, a pesar de algunos valerosos logros, a pesar de los esfuerzos de muchas personas, sigue yendo cuesta abajo. No es probable que allí se cumplan alguno de estos Objetivos del Milenio centro del plazo previsto. En el África subsahariana, tres cuartos de la población sufren VIH/sida.
El número de personas que pasan hambre ha aumentado en esa región varias decenas de millones. ¿Cómo podemos cambiar la mentalidad de los grupos prósperos? ¿Cómo podemos ayudar a los empresarios africanos, a las cooperativas de mujeres y a los bancos de microcréditos a invertir la tendencia? En primer lugar, mostrando con más insistencia no solo a las víctimas, sino también los logros, como por ejemplo el final de las guerras, en Mozambique y otros lugares, por no hablar ya de diplomáticos africanos de primera categoría como Kofi Annan, casas de moda de Abuja, viticultores de Sudáfrica, pilotos de Ghana, grandes jugadores de fútbol de toda África y empresarias de TIC. Son ellos y ellas quienes cambiarán África. Son ellos y ellas con quienes quiero asociarme. Son ellos y ellas a quienes deberíamos destinar nuestra ayuda europea. Es preciso que obtengan beneficios comerciales en lugar de fastidiarlos con nuestros productos abaratados.
Es hora de un nuevo comienzo. Un nuevo camino, pero ascendente. Después de todo, si combinamos calidad y recursos nacionales con nuestra cooperación auténtica en los ámbitos de la ayuda y el comercio, África podrá renacer de las cenizas. La cooperación auténtica significa que hace falta centrar más el Fondo Europeo de Desarrollo y nuestros presupuestos de ayuda en los Objetivos del Milenio, la educación y la asistencia sanitaria.
Tiene usted razón, señora Comisaria, los contratos de los ODM son una buena manera de lograrlo. Esto también incluye al G-8, que establece plazos reales para las tareas principales. La cooperación auténtica significa acuerdos generosos de cooperación económica. Los empresarios africanos han de poder colocar sus productos en nuestros mercados con valor añadido. Si el SOG plus puede contribuir a ello, entonces debería hacerlo. Construyamos un equipo africano formado por buenos jugadores, por ganadores, y démosle la oportunidad de ganar este partido en la segunda parte del encuentro 2015 por los ODM. Esto beneficiará a África y, de hecho, al resto del mundo.
Johan van Hecke, en nombre del Grupo ALDE. – (NL) Señor Presidente, probablemente no sea una coincidencia que en un debate sobre cooperación al desarrollo se hable mucho neerlandés, lo que me complace mucho.
Desde el punto de vista de los resultados del G-8 se puede decir con seguridad que el proceso de consecución de Objetivos de Desarrollo del Milenio está empezando a ser eso que dicen de «un paso adelante y dos pasos atrás». De hecho, el tema de África salió a relucir brevemente en Heiligendamm, aunque solo fuera para no contrariar a Bono y Bob Geldof. Las promesas de 2005 se reiteraron una vez más, pero no se contrajeron nuevos compromisos, por no decir un calendario. Comparto la preocupación de la señora Kinnock de que, a este paso, no llegaremos a la meta en 2015. Además, el informe Kinnock es ahora un documento sumamente ecuánime, en el que también se han tenido en cuenta las preocupaciones de nuestro Grupo. Permítanme enumerarlas brevemente.
En primer lugar, el 0,7 % no ha de ser una obsesión. La calidad y la eficacia de la ayuda prestada son, cuando menos, tan importantes como la cantidad. El llamado gasto en desarrollo de ciertos Gobiernos deja muchas preguntas sin responder, y la coordinación deja a menudo bastante que desear. En segundo lugar, si queremos conseguir los ODM es inevitable aumentar la ayuda presupuestaria directa, pero esto debe estar condicionado, en primer lugar a la gobernanza y también a un control parlamentario llevado a cabo con carácter de necesidad crucial. En tercer lugar, estamos a favor de una mayor reducción de la deuda. No de forma lineal, sino condicionada. El capital que quede disponible a raíz de esa reducción podría destinarse a un fondo que se canalice en primer lugar y sobre todo a la educación y la asistencia sanitaria.
Me gustaría terminar diciendo que el debate sobre la prioridad de los ODM o de la ayuda al comercio es un falso dilema en el que no queremos entrar. A nuestro juicio, no se trata de una disyuntiva, sino de elementos complementarios.
Konrad Szymański, en nombre del Grupo UEN. – (PL) Señor Presidente, hoy día solo un esfuerzo conjunto y global puede ayudar a África. La persistente financiación que proporciona Europa para los llamados derechos reproductivos, incluido el aborto, constituye un obstáculo fundamental a esta unidad.
Desde un punto de vista moral y médico, el aborto no es la respuesta al problema de las muertes durante el parto en África. Si queremos ayudar a las mujeres africanas en este sentido, deberíamos enviar ayuda médica, suministrar agua potable, educación y equipamientos sanitarios. Utilizar los recursos de la Unión Europea para financiar el aborto en África es contrario a los principios de la prestación de ayuda.
Obliga a todos los ciudadanos de la Unión Europea a implicarse indirectamente en este asunto. También es una forma de imperialismo moral sobre África, ya que es una actitud que no puede aprobarse en esta Cámara. Por este motivo les pido que voten en contra de los puntos 40 y 41 del informe. Hago esta petición en particular a los diputados demócrata-cristianos a esta Asamblea. Si mi petición no da resultado, no podremos apoyar este informe.
Frithjof Schmidt, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (DE) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, en estos momentos sacamos el balance intermedio del gran esfuerzo por alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y este balance es negativo, como pone de manifiesto el informe de la señora Kinnock. Mi Grupo apoya firmemente este buen informe.
Si prosigue esta política, muchos países en desarrollo, sobre todo en África, no alcanzarán los Objetivos de Desarrollo del Milenio y la mayoría de los países industrializados no podrán cumplir su promesa de ofrecer ayuda financiera. La Cumbre del G-8 celebrada en Heiligendamm, Alemania, ha sido desgraciadamente un nuevo ejemplo de ello.
Desde 1999, cada dos años se hacen las mismas promesas y no se cumplen. Con ello se socava la credibilidad de la Unión Europea ante muchos países en desarrollo. Las promesas de Heiligendamm vienen ahora a sumarse a las promesas de Gleneagles. Sesenta mil millones de dólares estadounidenses para el Fondo Mundial, pero se nos dice que esta cantidad incluye las promesas no cumplidas de Gleneagles. Esto es lo que se llama doble contabilidad. Se trata de crear confusión con cifras que no obligan a los distintos países.
Me parece muy bien, señor Comisario, que haya hablado con mucha claridad sobre esta cuestión. Eso es lo que hace falta. La tarea del Parlamento consiste en decirlo claramente y ejercer la debida presión a fin de que al menos la Unión Europea cumpla su plan progresivo para alcanzar el objetivo de dedicar a la Ayuda Oficial al Desarrollo un 0,7 % del PIB en 2015 y sin trucos contables.
Tobias Pflüger, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (DE) Señor Presidente, estamos haciendo balance de la Cumbre del G-8. En esta Cumbre se emitió una declaración sobre el cambio climático que a todas luces carece de valor. Me uno a las declaraciones hechas por las organizaciones ecologistas. Greenpeace señala que es demasiado poco, y Amigos de la Tierra en Alemania califica las promesas realizadas de «vagas». No se han contraído compromisos vinculantes.
Suscribo lo que ha dicho el Comisario Michel sobre el hecho de que no ha habido ni mucho menos debates suficientes sobre África. La condonación de la deuda de los países más pobres sigue pendiente. Y puesto que este es un debate sobre el G-8 en general, quiero recordar que los Estados del G-8 carecen de toda legitimación, pues ellos mismos se han designado líderes de este mundo. Esta Cumbre del G-8 tuvo un coste de 100 millones de euros, de los que 12,5 millones se destinaron únicamente a la cerca colocada alrededor de Heiligendamm. Hubo una manifestación de gran éxito, a la que asistieron 80 000 personas contra esta Cumbre, y los disturbios –que estaban fuera de lugar y eran lamentables– fueron aprovechados por la policía para abandonar acto seguido el Estado de Derecho. Ahora sabemos, por ejemplo, que había investigadores policiales camuflados entre los manifestantes que provocaban a los asistentes para que cometieran actos violentos. Los abogados no pudieron llevar a cabo su tarea y los jueces se convirtieron en apéndices de la policía. Los abogados tuvieron que luchar durante muchas horas para poder ver a los detenidos. Se instalaron jaulas para los detenidos que Amnistía Internacional criticó vehementemente y calificó de inaceptables. En torno a esta Cumbre se llevó a cabo una represión digna de un Estado policiaco. No siempre es necesario buscar la represión de ciudadanas y ciudadanos en países lejanos, no, en plena Unión Europea se pisotearon los derechos humanos en el marco de esta Cumbre del G-8.
Georgios Karatzaferis, en nombre del Grupo IND/DEM. – (EL) Señor Presidente, en primer lugar no creo que ningún ciudadano del mundo confíe en esta cumbre del G-8. Recuerda a los señores feudales de hace 400 años, que se reunían y tomaban ciertas decisiones sin pedir la opinión del pueblo. Es feudalismo moderno. El G-8 se reunirá y se escogerán a suertes los ocho delegados de los países pobres que podrán asistir. Estamos hablando de África. Díganme el nombre de un gran hospital en cualquier lugar de África. ¿Iría usted a Tanzania, señor Presidente, si tuviera un grave problema de salud? Iría a Alemania o a Inglaterra. Díganme el nombre de un gran banco que tenga su sede en África. Todos los grandes bancos a los que confiamos nuestro dinero están en el hemisferio norte. Es un tipo especial de racismo que deberíamos admitir de una vez por todas. O cuando menos se tolera cierto tipo de racismo hacia esos países. Les damos las propinas que solemos dar al que no limpia las lunas.
Necesitamos una decisión, una ideología según la cual todos los ciudadanos del mundo tengan los mismos derechos a la democracia y a la salud y a participar en decisiones que les afectan. Yo no creo que lo que tenemos hoy sea democracia. Compartimos la riqueza, generamos cáncer por todo el mundo, mientras la superpotencia –Estados Unidos– no apoya Kyoto, con lo que la muerte y el calentamiento global afectan a todo el mundo, y los ciudadanos no pueden opinar. Por tanto, necesitamos más democracia, un acceso más fácil y más respeto por los ciudadanos, especialmente en los países donde la democracia todavía no brilla con fuerza suficiente. Debemos tener cuidado, porque de lo contrario nos vendrá otro sida de África, que será más catastrófico que este sida que envía a muchos ciudadanos del hemisferio norte al otro mundo.
Koenraad Dillen, en nombre del Grupo ITS. – (NL) Señor Presidente, Señorías, me complace ver que el Comisario de Cooperación al Desarrollo y Ayuda Humanitaria está de nuevo entre nosotros. Ya sabemos lo ocupado que está. Su excedencia como Comisario para participar activamente en las elecciones parlamentarias de Bélgica puede haber llegado a su fin, lo que por cierto no ha sido en vano para su partido, por lo que me gustaría felicitarle. Sin embargo, es necesario señalar con admiración y cierta sorpresa que incluso después de su ausencia temporal sigue activo en ambos frentes: aquí en esta Cámara, como Comisario de Cooperación al Desarrollo, pero también en Bruselas, donde prevalece la actividad febril con la formación de un nuevo Gobierno belga y donde hoy el Comisario insta al Partido Verde francófono de mi país a que se una al Gobierno. De hecho, no es fácil combinar la labor de Comisario europeo con el de «informador» adjunto de Bélgica que investiga en nombre de la corona si una propuesta de gabinete tiene visos de triunfar. Probablemente también tenga que ver con ello la cuestión de si esta mezcla no puede suscitar posibles partidismos y de si, en consecuencia, la neutralidad de la Comisión reside en el equilibrio.
Cambiando de tema, sería mejor, y ahora me refiero al informe Kinnock, prestar atención al carácter científico de nuestro enfoque de los Objetivos del Milenio. Esta polémica cuestión la planteó Amir Attaran, una autoridad en cooperación al desarrollo, de la Universidad de Ottawa, Canadá. De hecho, el señor Attaran cuestiona la base científica que sustenta estos objetivos y, sobre todo, la forma en que se mide su consecución. A modo de ejemplo menciona el objetivo relativo a la malaria, y establece que incluso instituciones como la Organización Mundial de la Salud admiten que no están seguras de que se faciliten los datos relevantes. Al aceptar ciertas estadísticas como si fueran la verdad, las Naciones Unidas crean un conjunto de Objetivos del Milenio sobre arenas movedizas, de acuerdo con el señor Attaran. La fiabilidad científica debería ser también la principal preocupación con respecto a la cooperación al desarrollo. Ya va siendo hora de que celebremos un debate a fondo sobre este tema.
Alessandro Battilocchio (NI). – (IT) Señor Presidente, Señorías, en primer lugar quiero dar las gracias a la ponente y a mis colegas por el excelente trabajo realizado y por el apoyo prestado a mis enmiendas en la Comisión de Desarrollo.
Me gustaría detenerme un rato en unas pocas cuestiones. La lucha contra el sida, en particular a la luz de los recientes informes de las Naciones Unidas, y la falta de progreso hasta la fecha en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, deben seguir siendo una prioridad para la comunidad internacional, un compromiso inquebrantable y una responsabilidad que deben asumir los países industrializados. Esto se debe a la imposibilidad de seguir hablando de desarrollo económico, de infraestructura educativa y sanitaria si, de hecho, la población activa que puede llevar a cabo estas reformas está siendo diezmada día tras día, a pesar de la contribución de terapias y medicinas que todavía no son suficientes o no son bastante efectivas.
De acuerdo con el informe de ONUSIDA, en 2006 ha habido de 4 a 6 millones de casos nuevos, 3 millones de muertes el mismo año, dos tercios de las cuales se produjeron en el África subsahariana, la región en que se pretende alcanzar principalmente los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Esto supone más de 8 000 muertes al día, una cifra que es realmente insostenible.
Con respecto a esta lucha y la lucha contra la pobreza en general estamos muy lejos de nuestro plan de trabajo y ya no podemos aceptar las excusas de los países –el mío incluido, siento decirlo– que todavía no han cumplido los compromisos que han contraído con la comunidad internacional, teniendo en cuenta el hecho de que ya eran mínimos. Hemos de pedir a los Gobiernos de los países donantes, además, no solo una mayor eficiencia de la ayuda al desarrollo, sino también plena coherencia con sus propias políticas comerciales, porque apoyar el desarrollo significa sobre todo dar a los países en dificultades la oportunidad de levantarse por sus propios medios.
Así que en el horizonte aparecen nuevos desafíos, apuestas, pruebas y compromisos. Espero que esta vez Europa sea realmente capaz de desempeñar el papel que le corresponde.
Gay Mitchell (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, al acabar la Segunda Guerra Mundial, cuando fueron liberados los campos de concentración, dijimos: «¡Nunca más!» Nunca más habría una muestra semejante de inhumanidad del hombre contra el hombre. Los diputados a esta Cámara y todos los reunidos la semana pasada en el G-8 sabemos que hay millones de niños menores de cinco años que mueren cada año por falta de unas vacunas que nosotros, en el llamado Occidente, tenemos desde hace treinta años. Esto es un insulto aún mayor que lo sucedido en aquellos campos de concentración, porque sabemos que está sucediendo: lo estamos viendo con nuestros propios ojos. Y ¿qué hemos hecho? Hemos renunciado al liderazgo. Hemos cedido el liderazgo a las estrellas del rock, y demos gracias a que están ellos para presionar, porque si no, ¿quién lo haría? Esta es una flagrante falta de liderazgo en Europa.
Cuando hablamos de transmitir Europa, pensamos que podemos hablar a los ciudadanos de tratados constitucionales, etcétera. Es absurdo. Como ya he dicho antes, ni en los pubs de Dublín ni en los restaurantes de Alemania se habla de tratados constitucionales. Pero miremos a las personas que fueron a Gleneagles, que dejaron sus trabajos para marchar hasta Gleneagles, que asistieron a todos esos conciertos de rock sobre el Tercer Mundo. ¿Por qué no cedemos el liderazgo a esas personas? ¿Dónde están los hombres y mujeres de Estado de Europa? No tenemos más que políticos, y malos políticos, además. No hay un Delors, no hay un Kohl.
El asunto requiere liderazgo, y el G-8 nos ha defraudado. No ha mostrado el liderazgo que el asunto merece y esta Cámara tiene que insistir en que las cosas no pueden seguir así. Debemos insistir a los políticos de Occidente, de la Unión Europea y del G-8 que asuman un verdadero liderazgo en este asunto. No se puede aceptar otra cosa, y a usted, señor Presidente, esto le incumbe también. Usted puede darnos liderazgo en esta Cámara. Puede influir en los que tienen capacidad para cambiar las cosas. Nosotros tenemos capacidad para cambiar las cosas, no debemos aceptar esta situación. El G-8 ha sido una gran decepción para los ciudadanos. Ha demostrado que realmente no tenemos hombres ni mujeres de Estado, ni líderes, y espero que esto cambie.
El Presidente. Gracias, señor Mitchell. Agradezco que otorgue usted cierta importancia al Presidente del Parlamento Europeo, pero no fue invitado a Heiligendamm.
Ana Maria Gomes (PSE). – (PT) El genocidio de Darfur, graves crisis en Zimbabue, Somalia, Etiopía y Nigeria, corrupción, pandemias, desertización, trasiegos de armas y la carrera por el petróleo y otros recursos naturales; todos son factores que alimentan la continuidad de los conflictos en África e incrementan el número de personas suficientemente desesperadas para arriesgar sus vidas por entrar en Europa o en un lugar donde puedan encontrar mejores condiciones. Por tanto, es deprimente ver que el G-8 se limita a repetir las promesas de Gleneagles que no se han cumplido. A mitad de camino, tal y como dice con razón la señora Kinnock en su informe, los Gobiernos europeos y la Comisión todavía han de dar prioridad a los Objetivos del Milenio.
En África, en particular, los Objetivos del Milenio deben mejorar toda estrategia de seguridad y desarrollo, y, a su vez, la cumbre UE-África que se celebrará en diciembre para aprobar la estrategia de cooperación conjunta no debe quedarse de nuevo en simple sesión fotográfica. Tras la cumbre, las autoridades europeas y africanas deben contraer compromisos graduales para cumplir los Objetivos del Milenio, y han de proponer estrategias que no cambien con los Gobiernos y vayan más allá de una competición miope y sin principios con China.
Contraer compromisos para fortalecer las instituciones de la sociedad civil y democrática en los países africanos incluye invertir en quienes luchan por los derechos humanos, por los derechos de la mujer y por las libertades civiles en África. Y también implica que la UE y a sus socios africanos sean exigentes unos con otros a la hora de cumplir los acuerdos ya vinculantes como los de Cotonú. Sin justicia y Estado de Derecho no habrá gobernanza y, aún menos, desarrollo sostenible.
Toomas Savi (ALDE). – (EN) Señor Presidente, quiero hacer dos comentarios sobre la evaluación intermedia del avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
En primer lugar, es evidente que la erradicación de la pobreza en el mundo es uno de los principales retos del siglo XXI para toda la humanidad. Yo, como médico, tengo muy claro que la pobreza va siempre de la mano de enfermedades como el VIH/sida, la malaria y la tuberculosis, generando un «tsunami» que acaba con millones de vidas cada año. Es lamentable que esta tragedia se haya convertido ahora en una anodina estadística cotidiana. La erradicación de la pobreza requiere la eliminación de tales enfermedades y el fortalecimiento de los sistemas de salud en África mediante la aportación de por lo menos los 60 000 millones de dólares previstos para los próximos años por los países del G-8. El mundo de hoy tiene una oportunidad de enviar para siempre esas enfermedades a los libros de historia, y tenemos que lograrlo.
También celebro la decisión del G-8 de cancelar el 100 % de las deudas pendientes de los países pobres altamente endeudados al FMI, al Banco Mundial y al Banco Africano de Desarrollo.
Los ODM solo podrán alcanzarse en condiciones de paz, lo que significa que hay que poner fin a muchos conflictos militares locales que hay en África, sobre todo la interminable crisis de Darfur, donde se han violado los más elementales derechos humanos.
En segundo lugar, quisiera señalar que los nuevos Estados miembros, que hasta hace muy poco eran beneficiarios de la ayuda oficial al desarrollo y que durante algunos años han conocido un rápido crecimiento en su PIB, deben aumentar sus contribuciones y no limitarse a cumplir sus objetivos fijados. Por supuesto, apoyo el informe Kinnock.
Zbigniew Krzysztof Kuźmiuk (UEN). – (PL) Señor Presidente, quiero llamar su atención sobre tres cuestiones. Por desgracia, el nivel de ayuda prestado por una Unión de quince Estados miembros, expresado en porcentaje del PIB y asignado a los Objetivos del Milenio, está disminuyendo. La mayoría de los países todavía no han logrado ni siquiera el objetivo intermedio del 0,33 %. Mientras tanto, la financiación de la educación básica asciende solo al 23 % y la financiación de la asistencia sanitaria se sitúa en el 36 %.
A solo 18 de los 60 países necesitados les han cancelado su deuda exterior. Estas decisiones son importantes, no solo porque reducen la carga financiera a menudo insoportable que soportan estos países, sino también porque, como ha establecido el Banco Mundial, los países cuyas deudas se han reducido han doblado su gasto en la lucha contra la pobreza.
En tercer lugar, el medio más eficaz para ayudar a los países pobres es garantizarles el acceso a los mercados de los países más desarrollados del mundo, así como impulsar el desarrollo de pequeñas empresas y microempresas en los países pobres.
Por último, también es importante apoyar el desarrollo de Gobiernos locales, ONG y establecer un sistema de gestión central de ayuda con el presupuesto de la Unión Europea, ya que es la única forma de mejorar la eficacia y limitar la burocracia y la corrupción.
Margrete Auken (Verts/ALE). – (DA) Señor Presidente, quiero dar las gracias a la señora Kinnock por un informe brillante sobre la revisión intermedia de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Me complace especialmente que solicitemos una reevaluación de la ayuda al comercio, al desarrollo y a la agricultura. Nuestra práctica vergonzosa de dar con una mano y tomar –de hecho, a menudo tomando más– con la otra ha de cesar. Al mismo tiempo, el informe se refiere a toda una serie de aspectos muy relevantes de la ayuda. Dicho esto, no ha sido fácil sacarlo adelante en la Comisión de Desarrollo. Muchas enmiendas del Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos) y de los Demócratas Europeos han sido rechazadas por unos pocos votos, y si se hubieran aprobado habríamos tenido al final un informe muy diluido.
En cambio, el informe no contiene más que lo que hace tiempo los Estados miembros prometieron a bombo y platillo a los pobres, además de una fuerte crítica por el hecho de que no se hayan cumplido las promesas. El informe señala con claridad que la práctica de utilizar la remisión de la deuda como forma inteligente de cumplir las obligaciones es censurable. A menudo la deuda se amortiza o se cancelar completamente de forma justificada en los países donantes y de este modo los países que obtienen dinero en concepto de ayuda son los países donantes ricos. No podemos, por decencia, permitir que esto ocurra, y el conjunto del Parlamento debería unirse para rechazar este tipo de malabarismo.
Deberíamos insistir en la crítica y la autocrítica. Nuestra credibilidad se ha visto dañada, ya que las promesas deben cumplirse. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, así como los objetivos fijados en los pomposos discursos del G-8 de la semana pasada sobre los problemas de África, son importantes, y el hecho de que el Consejo ni siquiera se haya tomado la molestia de estar hoy en esta Cámara dice mucho, por supuesto, de la seriedad de sus promesas. El caso es que es difícil tomarse en serio al Consejo si ni él mismo lo hace.
Sin embargo, no solo deberíamos prestar atención a la forma en que los Estados miembros pueden eludir las exigencias que se les plantean o evitar al menor precio posible el cumplimiento de los requisitos. Todos deberíamos ponernos de acuerdo en la manera de conseguir nuestro objetivo de reducir a la mitad la pobreza para antes de 2015. Si además queremos conservar nuestra credibilidad ante los países en desarrollo, también debemos vigilar de cerca si estamos haciendo realmente lo que prometimos. Deberíamos esforzarnos por encontrar formas que nos permitan asegurar esta supervisión. En el futuro ninguno de nosotros debería poder salirse con la suya haciendo caso omiso de sus obligaciones.
Vittorio Agnoletto (GUE/NGL). – (IT) Señor Presidente, Señorías, el G8 ha sido un sonoro fracaso en la lucha contra la pobreza y el calentamiento global. Los rituales cansinos de una cumbre que, aunque legítima, es ahora antihistórica, dada la resistencia a incluir nuevos países emergentes como Brasil, Sudáfrica, China y la India, están reflejados en la falta de sustancia de sus declaraciones finales.
En 2005, en Escocia, los países ricos se comprometieron solemnemente a incrementar la ayuda pública al desarrollo a 50 000 millones de dólares al año en 2010, destinando supuestamente la mitad de ese importe a África, a fin de garantizar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio fijados por las Naciones Unidas para 2015.
Dos años más tarde, como ha demostrado el Panel Progreso de África presidido por Kofi Annan, las asignaciones reales representan tan solo el 10 % de lo prometido. Como si todo viniera de nuevo, en Rostock los países del G-8 contrajeron un nuevo compromiso de conceder fondos de 60 000 millones de dólares para combatir el sida, todo en términos muy vagos y deliberadamente confusos. No se fijaron plazos y, de hecho, la mitad del importe son fondos reciclados de compromisos ya contraídos por el Gobierno de los Estados Unidos hasta 2013. El aumento de 3 000 millones al año más con respecto a los compromisos ya contraídos por los otros Gobiernos, incluidos los europeos, es completamente insuficiente para hacer frente a la emergencia humana del sida y otras pandemias.
En cuanto al calentamiento global, la ausencia de toda decisión se ha celebrado como un éxito. El resultado de tres días de reuniones, con un coste de 120 millones de euros, ha sido devolver a las Naciones Unidas un posible acuerdo sobre la restricción de las cantidades de dióxido de carbono que se emiten a la atmósfera. No será posible conseguir ninguna promesa sin poner en tela de juicio el modelo socioeconómico dominante.
Hélène Goudin (IND/DEM). – (SV) Señor Presidente, es gratificante que el servicio jurídico del Parlamento Europeo haya dictaminado que es incorrecto utilizar la Constitución no ratificada de la UE como referencia en este informe.
La Lista de Junio, a la que represento, ha hecho hincapié sistemáticamente en que es censurable referirse a la Constitución de la UE, dado que las poblaciones de dos de los Estados miembros de la UE la han rechazado de forma clara y rotunda en sendos referendos. Para poder utilizar la Constitución como base o referencia jurídica, ha de ser ratificada unánimemente. Yo pediría a esta Asamblea que en el futuro respetara este estado de cosas.
Los países ricos del mundo tienen el deber moral de repartir parte de su prosperidad a los países en desarrollo. Por ello, apoyo de todo corazón los urgentes propósitos expresados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Sin embargo, la Lista de Junio cree que son los Estados miembros a título individual los que deberían ocuparse de las cuestiones relacionadas con la ayuda, en cooperación con organizaciones que cuenten con amplia legitimidad internacional y una dilatada experiencia.
A este respecto, la función de la UE debería consistir sobre todo en cancelar gradualmente los acuerdos de pesca destructiva que firma la UE con los países pobres en desarrollo y reformar a fondo la política agrícola y comercial proteccionista. Esta perjudica a los agricultores de los países pobres en desarrollo para vender sus productos en el mercado europeo.
Anna Ibrisagic (PPE-DE). – (SV) Señor Presidente, en esta Asamblea hablamos mucho de cuánto pagamos actualmente en concepto de ayuda y de cuánto deberíamos pagar en el futuro. Siempre decimos que el dinero destinado a la ayuda es insuficiente y que no se conseguirán los Objetivos de Desarrollo del Milenio. No se podrán conseguir si los países en desarrollo no reciben esa ayuda, ya que esta les permite desarrollar sus economías y, por tanto, ayudarse a sí mismos.
Los diputados al Parlamento que me conocen saben que represento a Suecia, pero que llegué a este país hace 14 años, refugiada de Bosnia. Por tanto, sé que cuando las personas se hallan en una situación de debilidad y necesitan ayuda, quieren un tipo de ayuda que les permita a corto plazo ayudarse a sí mismos para conseguir ser independientes y autónomos lo antes posible y no necesitar más ayuda. Lo que sin duda no quieren son personas que sienten pena por ellos y el tipo de ayuda que hace que pasen a depender de la ayuda también en el futuro. También bajo esta luz debemos examinar la crítica que formulo contra el informe y en la que quiero hacer aún más hincapié en el comercio y su significación positiva para el desarrollo.
Otro asunto que el informe no ha destacado suficientemente es la liberalización. La opinión de que debería incrementarse la ayuda sin pedir a los países en desarrollo, por ejemplo, que reduzcan sus deudas, significa que se presta ayuda sin pedir nada en materia de liberalización o reestructuración de la deuda. Sin embargo, sin liberalización la deuda aumenta todavía más, y después llegamos a la situación que he descrito al principio de mi intervención, donde la ayuda genera dependencia de la ayuda, una situación que hay que evitar a toda costa.
El Presidente. Muchas gracias, señora Ibrisagic. Por su apellido, uno no imaginaría que habla usted tan bien el sueco: esto constituye un excelente ejemplo.
Anne van Lancker (PSE). – (NL) Señor Presidente, quiero felicitar cordialmente a la señora Kinnock por un informe crítico pero a mi juicio particularmente pertinente. Quiero agradecer al Comisario sus observaciones sobre la Cumbre del G-8 celebrada en Heiligendamm. De hecho, señor Comisario, puedo decirle que comparto en gran medida su escepticismo sobre el resultado.
En 2005, todos estábamos de acuerdo en que los Objetivos del Milenio podrían cumplirse si había compromisos y dinero. Menos de dos años más tarde, al parecer, esta idea despierta menos entusiasmo, ya que los Jefes de Gobierno del G-8 ya no van más allá de reiterar sus promesas de 2005. Tal y como han señalado algunos colegas diputados al Parlamento Europeo, los países del G-8 no han logrado establecer un calendario muy necesario que facilitaría el cumplimiento de las promesas. No se aplica ningún plan de financiación concreto que responsabilice a los países del cumplimiento de sus compromisos y de cualquier fallo al respecto, y ya es evidente que los países del G-8 no van a apretar el paso para duplicar la ayuda de aquí a 2010.
Solo en la lucha contra el VIH/sida ya existe una enorme falta de fondos. En 2007 faltan no menos de 9 000 millones. Las promesas hechas en la Cumbre de Gleneagles, a saber, garantizar el acceso universal a la prevención del VIH, el tratamiento de la enfermedad y el cuidado de los pacientes para 2010 no se han cumplido, al menos no en gran medida. Solo uno de seis enfermos de sida recibe medicación. Cada doce segundos muere alguien de sida y el 70 % de las nuevas infecciones por VIH se producen en el África subsahariana. Esto es simplemente inaceptable. Señor Comisario, 50 000 millones de dólares para el VIH, el sida, la tuberculosis y la malaria no bastan para que el G-8 cumpla puntualmente una promesa en el ámbito de la salud pública.
Quisiera hacer una última observación. Cumplir los ODM no es solo cuestión de dinero, sino también de derechos. Sin acceso, por ejemplo, a una asistencia en materia de salud reproductiva y sexual para todos no es posible combatir la pobreza. Espero, señor Comisario, que Europa siga cumpliendo su función pionera a este respecto.
Ignasi Guardans Cambó (ALDE). – (ES) Señor Presidente, en el año 2005, en Gleneagles, los mandatarios del G8 enviaron un mensaje ilusionante con la promesa de destinar 42 000 millones a África para ayuda sanitaria centrada especialmente en el sida, la malaria y la tuberculosis.
En 2007 tenemos una nueva promesa, 44 000 millones de euros. ¿Es realmente nuevo el compromiso? No lo sabemos. ¿O es más bien solo una nueva forma de disfrazar un incumplimiento?, como han denunciado todas las grandes ONG que siguen de cerca estos cálculos. No hay ningún calendario concreto, no está claro cómo se vincula y cómo se relaciona esta nueva promesa con las promesas anteriores.
Hay que decir desde aquí a los ciudadanos que nuestros Gobiernos no están actuando de forma coherente con el discurso que emiten. Los mismos mandatarios que ven en sus casas como la gente sale despavorida de África, como está dispuesta a arriesgar su vida para morir después en el Mediterráneo, que se muestran doloridos ante esas imágenes dramáticas, después no están a la altura de sus promesas cuando las tienen que convertir en decisiones políticas.
El compromiso tiene que crecer en ayudas —sí, sin duda, muy especialmente en sanidad y educación. Pero el compromiso también hay que llevarlo a la mesa de negociación. En su comunicado, el G8 califica de vital el éxito de la Ronda de Doha para el crecimiento económico del continente africano —vital, dice el G8.
Pues bien, efectivamente, cuando hablamos de África sería hipócrita por nuestra parte separar nuestros discursos humanitarios o de ayuda de nuestra conducta en la mesa de negociación en la Ronda de Doha, y no hablo solo de la Unión Europea, hablo de todo el primer mundo, de ese primer mundo que se ha reunido en el G8.
No podemos estar separando la libertad comercial, la realidad de los intercambios comerciales, la realidad de lo que puede suponer Doha para esos países, de nuestros discursos humanitarios y de ayuda. Nuestras promesas tienen que traducirse en la mesa de negociación en algo más de lo que se está ofreciendo en metálico.
Y, finalmente, la ayuda tiene que ser racional. Hay que dar la bienvenida al apoyo que da el G8 al Consorcio Africano de Infraestructuras (ICA –Infrastructures Consortium for Africa– en las siglas inglesas); es una medida concreta que quería destacar desde aquí.
Eoin Ryan (UEN). – (EN) Señor Presidente, yo también quiero felicitar a la señora Kinnock por su magnífico informe. Es difícil hablar de esta cuestión en tan solo un minuto, pero lo intentaré. En mi opinión, la dificultad no está solo en el mucho o el poco dinero que reciba África de la UE o del mundo occidental. El problema también está en cómo se administra y se coordina esa ayuda. Todos somos conscientes de las limitaciones que el desgobierno supone para los países africanos. La ayuda funciona en muchos casos, pero la ayuda sin buen gobernanza nunca podrá erradicar la pobreza.
Una idea que podría sopesarse es que determinados países europeos, o grupos de Estados miembros, asumieran un papel coordinador para gestionar la ayuda en países africanos concretos. Con ello se daría un paso fundamental para que los países donantes se hicieran responsables del dinero que dan. Asimismo, sería un ejemplo de buenas prácticas en la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Y digo esto desde mi experiencia como Ministro del Gobierno irlandés que trató con comunidades pobres en Dublín y en otras ciudades europeas, donde un organismo estatal era responsable de coordinar todo lo que donábamos a esas comunidades, y tuvo mucho éxito. Creo que lo mismo podría hacerse a escala europea o mundial con respecto a África.
No tengo tiempo suficiente para hablar de esto, pero la otra gran cuestión es el comercio. Sin comercio no hay forma de que África pueda salir de la pobreza. Este es otro asunto que hay que abordar. En cualquier caso, creo que hace falta mucha más coordinación en la manera de utilizar y gastar nuestro dinero en África. Con una coordinación adecuada podremos hacer grandes progresos. Como todos sabemos, no es una tarea fácil y no hay soluciones sencillas, pero tenemos que cambiar la forma en que prestamos ayuda a los más pobres de África.
PRESIDENCIA DEL SR. ONESTA Vicepresidente
Kathalijne Maria Buitenweg (Verts/ALE). – (NL) Señor Presidente, aunque es bueno que se haya destacado hoy aquí el progreso habido en algunas regiones, la situación del África negra sigue siendo trágica, como han señalado otros oradores, entre ellos el señor Van den Berg. Convendría establecer una distinción geográfica, pero también según el criterio de género. El Presidente Bush está ahora convencido de que hay que hacer más por combatir el sida, ya que afecta tanto a mujeres como a hombres. No puedo quitarme de encima la impresión de que se trata de una condición importante antes de que se pueda poner dinero sobre la mesa.
Por definición, solo las mujeres fallecen por causas asociadas a la maternidad. No hay ninguna señal de mejora en el ámbito de los derechos sexuales y reproductivos. Parece que para muchos la vida de una mujer no es valiosa. En la región subsahariana, una de cada 16 mujeres fallece a raíz del embarazo, por ejemplo, durante el parto o a causa de un aborto en condiciones inadecuadas. Sri Lanka demuestra que las inversiones salvan realmente la vida a mujeres. Señor Szymánski, el agua y medicamentos por sí solos no bastan. Las mujeres han de poder decidir por sí mismas si quieren quedarse embarazadas. Las decisiones difíciles sobre el aborto, por ejemplo, deberían adoptarse a título individual, y no formar parte de una declaración amplia y general que se hace desde la comodidad de nuestras sillas.
Señor Comisario, tiene usted razón al decir que la UE es un importante prestamista de dinero y en que también cumple una función importante en todo esto. Los países de la UE tampoco han cumplido sus promesas de El Cairo. ¿Qué mecanismos pretende poner usted en marcha para ello?
Luisa Morgantini (GUE/NGL). – (IT) Señor Presidente, Señorías, quiero agradecer a la ponente, la señora Kinnock, su informe que, si se hubiera aprobado a tiempo, habría transmitido un mensaje claro a los Jefes de Estado reunidos en el G-8 y a toda la comunidad internacional sobre lo importante que es tomar medidas decididas para cambiar de rumbo.
Esta es la exigencia de millones de personas que siguen muriendo de hambre, de sed y de enfermedades, o debido a las guerras. Aunque no bastaría, al menos sería muy significativo que los países del G-8 y la comunidad internacional cumplieran los compromisos que han contraído. Sin embargo, si no se toman medidas, con para abordar las causas estructurales de la pobreza y el subdesarrollo, las personas seguirán muriendo.
El Comisario Michel tiene razón cuando habla de la necesidad de establecer estrategias concertadas y coherentes en varios frentes, como la cantidad y la calidad de la ayuda pública al desarrollo, al cancelación de la deuda y la revisión de las normas de comercio internacional, así como, indudablemente, la asunción de responsabilidad, la transparencia y el buen gobierno en los países en desarrollo.
Me gustaría destacar algunos aspectos: con respecto a la calidad de la ayuda, es especialmente necesario poner fin a la práctica sumamente nociva de la ayuda vinculada a intereses económicos y geopolíticos, así como la incoherencia entre el desarrollo de la Unión Europea, la política comercial y la política agrícola. También es necesario revisar los Acuerdos de Asociación Económica (AAE) y buscar vías alternativas, compatibles con la consecución de ODM, superando el punto muerto de las negociaciones de la ronda de Doha.
Los tres Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de salud nunca se lograrán si no se asegura el acceso universal a terapias y medicinas. Demasiado a menudo sucede que la legislación internacional en materia de derechos de propiedad intelectual prima sobre los derechos a la salud y a la vida de millones de personas en beneficio de las multinacionales farmacéuticas. Los decepcionantes acuerdos alcanzados en el G-8 también destacan las contradicciones de las grandes potencias del mundo, que invierten en desarrollo el 5 % de lo que se gastan en armas de muerte y destrucción.
Manolis Mavrommatis (PPE-DE). – (EL) Señor Presidente, yo también quiero felicitar a la señora Kinnock por su informe de iniciativa propia sobre una cuestión tan importante.
Para el Parlamento Europeo es interesante, mediado el plazo fijado para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio, comprobar lo lejos que estamos de alcanzarlos y, por extensión, de revisar algunos de los medios para lograrlos.
Es una pena que numerosos países de las zonas más pobres del mundo, del África subsahariana, estén muy lejos de cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Es evidente que estos no se conseguirán a menos que los países en desarrollo más pobres reciban una ayuda más cuantiosa y de mejor calidad para complementar sus propios recursos nacionales.
Las Naciones Unidas, la Unión Africana, el G-8 y la Unión Europea deben ajustarse a los cálculos actuales sobre la necesidad de aumentar la ayuda a África a razón de unos 3 700 millones de euros anuales.
Además, como mayor donante de ayuda humanitaria, la Unión Europea ha de seguir esforzándose por conseguir que se cancele la deuda de los países en desarrollo.
Sin embargo, he de admitir que lo que más me preocupa es la incapacidad para lograr el objetivo en materia de educación. Ciento veintiún millones de niños, 65 millones de los cuales son niñas, nunca han ido a la escuela. Además del Objetivo 2 sobre enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos, las conclusiones de la Cumbre Mundial de la Infancia de 1990 incluía un objetivo para el año 2000 de asegurar el acceso universal a la educación y que el 80 % como mínimo de los niños cursara toda la educación básica. Lamentablemente, estamos lejos de ese objetivo. Los países en desarrollo deben darse cuenta de que si no invierten en la calidad de sus recursos humanos, están condenados para siempre a la misma situación de subdesarrollo.
Linda McAvan (PSE). – (EN) Señor Presidente, quisiera hablar sobre la cumbre del G-8 y hacer dos comentarios. El primero trata del cambio climático. Ha habido buenas noticias, porque los Estados Unidos se han mostrado favorables a seguir dentro del proceso de las Naciones Unidas, pero también malas, porque no ha habido acuerdo sobre objetivos vinculantes, y aún peores, pues no se ha avanzado nada en la implicación de las economías emergentes, como la India, Brasil y China, en el proceso.
Señor Comisario, tenemos mucho trabajo por hacer en la recta final hacia Bali. Sé que no es usted el Comisario competente en cuestiones de cambio climático, pero como Comisario de Desarrollo desempeña usted un papel decisivo en el mantenimiento del impulso en la lucha contra el cambio climático, pues, como bien sabe, los pobres del mundo en desarrollo ya están pagando el precio del mismo. Por eso espero que dé usted prioridad a este asunto.
Mientras los pobres pagan el precio, si miramos el otro aspecto clave del G-8, la ayuda exterior, veremos que los ricos pagan de boquilla. Las cifras nos demuestran que el G-8 está muy lejos de cumplir sus compromisos de ayuda al mundo en desarrollo y, precisamente, los países de la UE están entre los que menos cumplen.
Señor Comisario, mi teoría es que volveremos a estar aquí dentro de dos o tres años lamentando otra vez la falta de progreso en la ayuda exterior. En la cumbre de la UE se prometió doblar la ayuda. ¿Llevan ustedes la cuenta, o tenemos que acudir a las ONG para que nos digan cómo vamos cumpliendo? De hecho, tendríamos que mirar el progreso en materia de cambio climático y ayuda exterior, porque lo que ha dicho antes el señor Mitchell sobre la credibilidad y la UE es totalmente cierto. Los ciudadanos nos van a juzgar en función de cómo gestionemos los asuntos que realmente les preocupan: el cambio climático y la pobreza. La Constitución es importante para nosotros, pero no para el público. Por tanto, si no lo hacemos bien en esas cuestiones, no tendremos mucha credibilidad ante el mundo exterior.
Feleknas Uca (GUE/NGL). – (DE) Señor Presidente, Comisario Michel, Señorías, en primer lugar quisiera dar las gracias a la señora Kinnock por su informe. Por razones de tiempo abordaré ahora tan solo un tema que desgraciadamente apenas se menciona en el informe. En mi opinión, la gran importancia que tiene el trabajo digno para acabar con la pobreza constituye un factor muy destacado con vistas a alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. ¿En que situación nos hallamos actualmente con respecto a estos objetivos?
Este balance intermedio me parece catastrófico. La mayoría de los Objetivos del Desarrollo del Milenio no se han alcanzado, ni siquiera por asomo, y según algunas valoraciones realistas tampoco se alcanzarán en 2015. Esta es una imputación de los países donantes. Las noticias de prensa sobre los supuestos éxitos de la Cumbre del G-8 no cambian para nada esta situación.
Nirj Deva (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, como de costumbre, la señora Kinnock ha elaborado un buen informe, pero presentar un buen informe, que es lo que todos hacemos aquí, no es suficiente.
Me preocupa sobremanera que en el apartado 40 y, sobre todo en el 41, la señora Kinnock mencione el Plan de Maputo. El Plan de Maputo, según yo lo entiendo, promueve el aborto y va mucho más allá de la Declaración de El Cairo. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño afirma que los niños, debido a su inmadurez física y mental, necesitan especial protección y cuidado, incluida la adecuada protección jurídica, antes y después de nacer.
Según las Naciones Unidas, unos 8,5 millones de personas mueren cada año en el mundo de inanición. Es una cifra que contrasta con los 46 millones de niños que son abortados cada año según la OMS. Equivale más o menos a la población de España. Esto significa que, desde el momento de la concepción, es cinco veces más fácil morir por aborto que de hambre. Comparen los 46 millones de abortos con el total de 56 millones de personas que mueren cada año en el mundo.
Cuarenta y seis millones de abortos también contrastan con las 70 000 mujeres que, por desgracia, deciden abortar ilegalmente y mueren en el intento. Así, por cada mujer que se queda embarazada y muere a causa de un aborto ilegal, son abortados 650 niños viables en el útero materno, que debería ser, según el propósito de la naturaleza, el lugar más seguro del mundo para que crezca un bebé.
Insto encarecidamente a sus Señorías a que voten en contra de los apartados 40 y 41, que nada tienen que ver con la mortalidad materna, que supuestamente es el tema del ODM nº 5. Esos apartados tampoco tienen que ver con los derechos sexuales y reproductivos, porque el aborto no guarda relación con la sexualidad: no es saludable; a todas luces no es reproductivo –sino todo lo contrario– y en mi opinión no es ningún derecho.
Åsa Westlund (PSE). – (SV) Señor Presidente, lo que ha dicho el orador anterior me ha conmocionado bastante. Por ello me resulta difícil hablar, pero intentaré atenerme a lo que quería decir.
Cuando iba a la escuela aprendí que en África había personas que morían de hambre porque habían talado los árboles en los lugares donde vivían, de modo que allí nada podía crecer nunca más. Por tanto, de alguna manera, más o menos, ellos mismos eran los causantes de la situación. Ahora hay cada vez más indicios de que en realidad somos nosotros, los del mundo rico, los que por nuestro estilo de vida y las altas emisiones de dióxido de carbono y otros gases que afectan al clima, hemos causado un cambio climático en el África subsahariana, a raíz de lo cual los habitantes de la región son incapaces de conseguir suficientes alimentos y agua. Esto nos lleva a ver la pobreza mundial de modo diferente. Nuestra responsabilidad en la erradicación de la pobreza es tanto mayor si somos nosotros quienes la hemos causado.
La señora Kinnock ha incluido un capítulo especial sobre el cambio climático en su informe, haciendo hincapié en nuestra responsabilidad de asegurar que nuestras emisiones de dióxido de carbono no afecten a las personas más pobres de la Tierra. Si logramos esto necesitaremos reducir drásticamente nuestras emisiones de gases que afectan al clima y ayudar a los países en desarrollo para que puedan abordar efectivamente el enorme ajuste que el mundo ha de llevar a cabo.
Lo que está en juego es todo lo que tiene que ver, por ejemplo, con unos niveles de agua más altos para garantizar que los países en desarrollo que pueden generar energía renovable tengan la oportunidad de hacerlo y, así, la oportunidad de salir de la pobreza.
Si el mundo quiere conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio, debemos centrarnos más en estas consideraciones y darles más prioridad. Y si queremos reducir en serio la mortalidad causada, por ejemplo, por el VIH, el sida y embarazos poco seguros, no deberíamos permitir que conceptos religiosos se interpongan en el camino de la libertad de elección de las personas y de su capacidad para protegerse a sí mismas de enfermedades mortales y embarazos no deseados. Los derechos reproductivos, la información relativa al aborto legal y el acceso a la contracepción son y siguen siendo elementos necesarios de nuestro esfuerzo por lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Todas las demás consideraciones son meros prejuicios y me sorprende oírlos en esta Asamblea. Deberíamos estar mejor informados.
Tokia Saïfi (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente, señor Comisario, el debate de hoy nos permite examinar con claridad cuánto tenemos que recorrer todavía hasta 2015 para conseguir los Objetivos del Milenio. Convendría señalar en esta Asamblea que estos objetivos son vitales en el contexto de la cooperación al desarrollo y que deben fomentar la ayuda eficaz y coherente. A medida que se agota el plazo fijado, los escasos resultados obtenidos, en particular en el África subsahariana, nos obligan a ser más exigentes y a redoblar nuestros esfuerzos por cumplir nuestras promesas. Visto lo que está en juego, la Unión Europea debe desempeñar plenamente su papel político para fortalecer los instrumentos de desarrollo y la eficacia de su acción sobre el continente africano.
El año 2015 está a la vuelta de la esquina. Por tanto, ahora no es momento de perder fuelle o tirar la toalla. Como principal proveedor mundial de ayuda oficial al desarrollo, la Unión Europea tiene los medios para ayudar a los países del Sur a lograr la estabilidad y beneficiarse del desarrollo económico, social y humano. Por tanto, si tenemos los medios, pensemos ahora en las herramientas de la eficacia, de manera que la ayuda prestada genere resultados tangibles y duraderos.
Esta necesidad exige movilizar a todos los implicados. No es una cuestión de caridad hacia esos países, sino de ayuda al desarrollo. Se han hecho muchas promesas de cumplir esos objetivos fundamentales. Podemos mencionar los compromisos contraídos en la decepcionante cumbre del G-8, que ha decidido asignar 44 000 millones de euros de ayuda a la lucha contra las pandemias en África y ha reafirmado el compromiso de 2005.
Esperemos y roguemos que estas promesas sean algo más que palabras. Para ello es preciso traducir ahora estas iniciativas en medidas prácticas y tangibles. Urge actuar. Intensifiquemos nuestros esfuerzos en un espíritu de colaboración para no incumplir el plazo de 2015.
Mairead McGuinness (PPE-DE). – (EN) Señor Presidente, un minuto es muy poco tiempo para hablar de este tema tan amplio. Me he sentido algo molesta por el tono que en algunos momentos ha adoptado este debate, y me pregunto si, de haber preguntado a las mujeres africanas por lo que quieren, habrían planteado alguna de las respuestas que se han dado hoy aquí. Las mujeres con las que he conversado en Malawi me hablaron, desde luego, de la necesidad de educación, comida, trabajo y esperanza, y yo creía que eso era lo que los Objetivos de Desarrollo del Milenio iban a darles, pero está claro que no vamos a llegar a tiempo.
En los treinta segundos que me quedan me referiré en especial al aspecto comercial de todo esto: los apartados 83 y 89 son particularmente interesantes. Sugieren que las negociaciones de la OMC podrían ser una respuesta a algunos de los problemas de África, pero el apartado 89 afirma claramente que los PMA apenas se beneficiarán de la creciente liberalización del comercio, y yo creo que los africanos necesitan suprimir las barreras comerciales dentro de su propio continente y estudiar detenidamente esta posibilidad mientras desde Europa les ayudamos a desarrollar el comercio con el resto del mundo. Pero nos gustaría poder hacer más, y espero que este debate contribuya a ello.
Louis Michel, miembro de la Comisión. (FR) Señor Presidente, Señorías, casi no es necesario decirles que siempre es frustrante tener que responder en un tiempo muy breve a una avalancha de comentarios, de la mayoría de los cuales han sido muy pertinentes. Si duda alguna, en general estoy de acuerdo con los comentarios, valoraciones e ideas que he oído.
Empecemos con el G-8. Debo confesar que para mí también ha sido muy decepcionante comprobar que las cumbres del G-8 se están convirtiendo en un ejercicio básicamente ritual y lamento el hecho de que, cuanto más ritual sea este ejercicio, tanto menos creíble será, y un día todos empezarán a preguntar si en realidad sirve para algo.
He oído a alguien –de la izquierda de la Cámara, creo– preguntar sobre la naturaleza representativa o legítima del G-8. Creo que esta pregunta era necesaria. No se puede negar que vastas zonas del mundo real, desde el punto de vista geopolítico y demográfico, siguen sin estar representadas, lo cual es una pena. El G-8 se está convirtiendo en un concurso de belleza, y, por supuesto, es muy triste ver que la misma idea se vea desacreditada por la incapacidad de los participantes de cumplir las promesas que repiten año tras año. Siempre es posible ver algún motivo de satisfacción en este tipo de reuniones, pero no bastan para convencernos de que sea un ejercicio muy útil y sincero.
Debo adoptar un enfoque impresionista a la hora de responder a algunos de los comentarios más mordaces. En primer lugar, sobre la cuestión del VIH/sida, permítanme decir que los dos principales canales de suministro de ayuda económica para la lucha contra el VIH/sida son el apoyo prestado a diversos países para mejorar sus servicios sanitarios, en particular en África, y la asignación de fondos con cargo a rúbricas presupuestarias temáticas. Pueden estar tranquilos, que utilizaremos todos los recursos que están a nuestra disposición. Los programas de salud aplicados en 21 países africanos suponen 396 millones de euros, con un importe adicional de 62 millones de euros asignados para los próximos meses. No ocultaré el hecho de que es a través de estas líneas presupuestarias temáticas y los fondos asignados a los países ACP en el marco del octavo y noveno FED que la Comunidad aporta al Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, en el que hemos asumido la Vicepresidencia de la Junta Directiva. Tras la creación del fondo en 2002, la Comunidad Europea ha desembolsado un total de 522,5 millones de euros para el período de 2002 a 2006. Si esto se suma a las aportaciones de los Estados miembros, la Unión Europea es el mayor donante al Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria.
Una palabra sobre el cambio climático en respuesta a una intervención: comparto plenamente su preocupación ante la amenaza que supone el cambio climático para los países en desarrollo y sus esfuerzos por lograr los Objetivos del Milenio. Creo que las cuestiones relacionadas con el cambio climático deberían integrarse en la cooperación al desarrollo. En 2003 aprobamos un plan de acción de la Unión Europea sobre cambio climático y desarrollo que estamos aplicando conjuntamente con los Estados miembros. Actualmente se están revisando los avances de la aplicación de este plan y las conclusiones indican que si bien ha sido una buena plataforma para la acción conjunta por parte de la Unión Europea, la forma en que se está llevando a cabo el plan no guarda relación realmente con la magnitud e importancia del desafío.
Por tanto, tengo la intención de lanzar una estrategia para intensificar nuestra cooperación con los países en desarrollo más gravemente afectados por el cambio climático. El propósito es impulsar una alianza mundial contra el cambio climático que sustente el diálogo y la cooperación entre la Unión Europea y los países en desarrollo sobre la reducción de emisiones y la adaptación a los cambios de clima. También pretendo compartir con ustedes en breve detalles de esta propuesta. Esto es un punto concreto.
En cuanto a los acuerdos de cooperación económica, no me extenderé mucho al respecto. Baste decir que soy uno de los que están convencidos de que no puede haber un verdadero desarrollo sin acceso al comercio y sin dinamismo económico, en el sentido de crear el tipo de riqueza que permite financiar servicios sociales y todos los principales canales de acceso a los servicios públicos. En consecuencia, los acuerdos de cooperación económica, tal y como los contemplamos, los percibimos y los estamos aplicando, son en sentido estricto acuerdos de política de desarrollo. La prioridad no es la dimensión comercial, sino el desarrollo.
Las diferencias de opinión que puedan existir entre algunas personas y yo a este respecto saldrán a la luz pública. Creo que su existencia puede darse por sentada. La decisión de concluir los acuerdos de cooperación económica para antes de finales de 2007 la tomaron conjuntamente la Unión Europea y los países de África, el Caribe y el Pacífico. El debate y la controversia que suscitó esta decisión han valido la pena, en particular porque han propiciado la aceptación de periodos de transición más largos, el reconocimiento de la naturaleza específica de ciertos productos sensibles, así como la aceptación del principio de financiación de fondos regionales concebidos para compensar pérdidas de ingresos causadas por la eliminación de barreras arancelarias. Es una cuestión sobre la que volveremos, pero sin duda alguna se debe al debate planteado aquí en esta Asamblea, en particular por la señora Kinnock y otros, que la Comisión, sus interlocutores y otros sectores interesados hayan presentado propuestas más flexibles que tienen más en cuenta la realidad.
Estoy convencido de que el alivio de la deuda contribuye a financiar el desarrollo. No hay nada raro con respecto a esa posición. Simplemente está basado en nuestro marco de referencia común en el ámbito de la política de desarrollo, en el Consenso Europeo que aprobaron el Parlamento y la Comisión apenas hace año y medio. El Consenso Europeo se refiere a la definición de la OCDE de la ayuda pública al desarrollo e incluye la reducción de la deuda. Además, la Unión Europea se ha comprometido a encontrar soluciones duraderas al problema de las cargas de la deuda que son insostenibles.
Dicho esto, señora Kinnock, sin duda alguna tiene usted razón. Todo el mundo espera que haya más reducción de la deuda, y yo el que más. Tiene usted razón cuando dice que esto no es más que un primer paso y que, si los Gobiernos quieren cumplir sus promesas, han de aumentar el valor real y absoluto de los importes que dedican a las políticas de ayuda al desarrollo en los próximos años. Este es, por cierto, el mensaje que transmitió la Comisión a los Estados miembros en su Comunicación de abril.
En cuanto a la modificación de las normas de la OCDE, planteada hace poco, no me parece necesaria. Quiero añadir que, en mi opinión, cuestionar estas normas comporta el riesgo de suscitar un debate sobre la posibilidad de optar por otras aportaciones financieras, que, a mi juicio, no tienen nada que ver con las políticas de desarrollo. No voy a decir nada más al respecto. Todos saben muy bien lo que pienso.
En cuanto a la importante cuestión del desarrollo social y humano, debo decir –y lo digo sin rodeos, ya que tengo en gran consideración al señor Deva, quien ha planteado esta cuestión– que no comparto su punto de vista. La Comisión apoya políticas e iniciativas que permitan a hombres y mujeres decidir libremente y con conocimiento de causa cuántos hijos quieren tener y en qué intervalos entre unos y otros, y que les permiten acceder a servicios de planificación familiar y salud reproductiva de alta calidad y a asistencia cualificada durante el embarazo.
Me temo que no comparto su opinión, que me parece demasiado radical y que no tiene suficientemente en cuenta el concepto de libertad individual. Se trata de una divergencia filosófica que he de reconocer. Cada uno tiene su opinión, señor Deva. No somos necesariamente todos iguales y creo que el argumento de autoridad y el argumento de sumisión valen para todos. Si bien puedo comprender su afirmación de que es un error someterse al aborto en la práctica o en principio, no creo que tampoco podamos someternos a un precepto religioso. Este es, al menos, mi punto de vista.
Me gustaría mencionar otro elemento que considero importante, a saber, la eficacia de la ayuda. En mi opinión, la ayuda –internacional, europea u otras– será mucho más eficaz cuando estemos un poco menos obsesionados, y no es mi intención culpar a nadie, con la necesidad de ondear nuestra bandera. Cuando nos centremos debidamente en el objetivo de aliviar la pobreza y ayudar a los habitantes más pobres de nuestro planeta, en lugar de preocuparnos por saber quién hace qué y cómo podemos destacar el papel de nuestras actividades, entonces, creo, seremos más eficaces. Trabajamos en este sentido y nos guiamos por un código de conducta en un intento de inducir a los Estados miembros a aceptar más coordinación, más convergencia y una división más racional del trabajo, porque todas esas cosas solo pueden reforzar nuestra eficacia.
Sin embargo, he de decirle con toda sinceridad –porque le oigo muy claramente y sé que casi todo el mundo comparte esta opinión y que, además, cuando oímos las declaraciones de Gobiernos, Ministros, Primeros Ministros, este mensaje es una de las amenazas que transmiten todos ellos– que en la práctica estos objetivos están lejos de haberse conseguido. Hemos realizado análisis conjuntos en relación con la elaboración de documentos de estrategia nacionales y hemos propuesto una programación conjunta. Hoy puedo decirle que para la programación operativa del décimo Fondo Europeo de Desarrollo son más o menos diez los Estados miembros que han decidido participar en una programación conjunta, y ni siquiera van a participar en todos los mecanismos de programación. Puedo citar muy pocos casos de programación conjunta. No obstante, ese es claramente el objetivo. El objetivo no es saber quién está haciendo qué, sino quién hace qué mejor.
Como ya he tenido ocasión de decir antes, la Comisión no desea tirar de todos los hilos. La Comisión está dispuesta a delegar responsabilidades y financiar parcialmente a quienes asumen su responsabilidad, en otras palabras, a los países que dirigen ámbitos de actividad concretos o proyectos, a condición de que la delegación sea más productiva que cuando actuamos solos. Debemos intentar avanzar en esta dirección. Soy optimista porque creo que a medida que avanzamos probaremos que la eficiencia viene de la mano de la mayor coordinación, la convergencia y la armonización; estas son las claves de la eficiencia.
El Presidente. – El debate conjunto queda cerrado.
La votación sobre el informe de la señora Kinnock tendrá lugar mañana.