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Procedimiento : 2007/0808(CNS)
Ciclo de vida en sesión
Ciclo relativo al documento : A6-0279/2007

Textos presentados :

A6-0279/2007

Debates :

PV 11/07/2007 - 5
CRE 11/07/2007 - 5

Votaciones :

PV 11/07/2007 - 7.2
CRE 11/07/2007 - 7.2
Explicaciones de voto

Textos aprobados :

P6_TA(2007)0328

Debates
Miércoles 11 de julio de 2007 - Estrasburgo Edición DO

5. Convocatoria de la Conferencia Intergubernamental (debate)
PV
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  El Presidente. De conformidad con el orden del día, se procede al debate del informe (A6-0279/2007) de Jo Leinen en nombre de la Comisión de Asuntos Institucionales sobre la celebración de la Conferencia Intergubernamental: la opinión del Parlamento Europeo (artículo 48 del Tratado UE)

(11222/2007 – C6-0206/2007 – 2007/0808(CNS)).

 
  
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  Manuel Lobo Antunes, Presidente en ejercicio del Consejo. (PT) Señor Presidente, Señorías, han pasado dos años desde que el rechazo de la Constitución en dos Estados miembros ensombreciera las actividades de la Unión. Tras un año de reflexión, la Presidencia alemana recibió un mandato, en junio de 2006, para encontrar una solución que nos permitiera salir de ese punto muerto y, en nombre de mis colegas, quiero felicitar a la Presidencia alemana por haber obtenido un amplio acuerdo en el Consejo Europeo. Creo que todos tenemos motivos para estar agradecidos a la Canciller Merkel por su compromiso personal para conseguir la votación de este acuerdo.

Como han dicho otros oradores, el acuerdo alcanzado en el Consejo Europeo significa que se elaborará un nuevo Tratado reformado que abra el camino hacia una rápida celebración de una Conferencia Intergubernamental con vistas a permitir que el nuevo Tratado entre en vigor a tiempo para las elecciones al Parlamento en 2009. Les invito sinceramente a todos a apoyarlo.

Es obvio que muchos de ustedes encontrarán partes del acuerdo que les parecerán menos satisfactorias. Ninguno de nosotros puede pretender que sea exactamente el mandato que habríamos formulado si hubiésemos tenido total libertad para hacerlo. Desde el comienzo, la Presidencia alemana se enfrentó a la difícil tarea de reconciliar opiniones muy diferentes sobre el camino que debíamos seguir. Los que ya habían ratificado la Constitución deseaban, y es comprensible, mantener el texto existente bajo una forma lo más parecida posible a la original, mientras que otros pedían un texto nuevo lo más diferente posible del proyecto de Tratado constitucional. Así pues, el texto es un compromiso entre estas dos posiciones. Todos han tenido la oportunidad de evaluar el resultado y por tanto no me extenderé en los detalles. Estoy convencido de que se trata de un texto equilibrado y que no habría sido posible alcanzar un acuerdo mejor.

El acuerdo alcanzado en el Consejo Europeo confiere a la Presidencia portuguesa un mandato que, dado su carácter global y exhaustivo, permitirá que la Conferencia Intergubernamental (CIG), encargada de transformar totalmente el mandato en el texto de un Tratado, complete su trabajo con la mayor celeridad posible. El Parlamento participará plenamente en el trabajo de la CIG y el Consejo ha aceptado una propuesta portuguesa para que el Parlamento tenga tres representantes en la Conferencia.

Conociendo el compromiso de esta Cámara de garantizar que la Unión pueda actuar en el futuro con la mayor eficacia y legitimidad democrática, me alegro de esta representación reforzada. Por supuesto, el Parlamento ha sido consultado durante todo el proceso que culminará con la CIG. Sé que Presidencia alemana apreció la contribución de los diputados, y que la tuvo en cuenta al formular el mandato.

Señor Presidente, Señorías, el Consejo ha invitado al Parlamento a presentar su opinión sobre la celebración de la CIG y sus debates de hoy en esta Cámara están dedicados a esa opinión. Les insto a que presenten su opinión lo antes posible para que el trabajo de preparación de la CIG pueda empezar antes de las vacaciones de verano. Esa es nuestra firme intención. Espero que estén de acuerdo conmigo cuando digo que ese objetivo redunda en interés de todos.

Sin duda tendrán observaciones detalladas que hacer y me gustaría que se tuvieran en cuenta en la CIG, pero espero que colectivamente puedan dar un amplio apoyo al mandato heredado por esta Presidencia. Es la única manera de garantizar el éxito del trabajo de la CIG y de ayudar a que la Unión salga de su punto muerto.

 
  
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  Margot Wallström, Vicepresidenta de la Comisión. (EN) Señor Presidente, hace tan solo unos meses no había muchos observadores que estuvieran plenamente convencidos de que el Consejo Europeo pudiera relanzar con éxito el proceso de revisión del tratado. La opinión en toda Europa no era sólida y había divergencias, pero gracias a la admirable firmeza de la Canciller Merkel y a la Presidencia alemana, y a un verdadero esfuerzo colectivo de los Estados miembros y nuestras instituciones, el Consejo Europeo llegó el mes pasado a un acuerdo en torno a un mandato claro y delimitado para una nueva CIG, y es importante que hoy reconozcamos este éxito.

Ayer, la Comisión adoptó su dictamen sobre la CIG y hoy debaten ustedes el dictamen del Parlamento. Este proceso permitirá a la Presidencia portuguesa convocar la Conferencia Intergubernamental este mismo mes, pero nuestras instituciones no solo caminan juntas en lo que atañe a la definición del calendario. También lo hacemos con respecto al fondo, lo que es más importante.

La Comisión comparte la evaluación globalmente positiva del mandato de la CIG que recoge el informe del señor Leinen. El mandato contiene varios elementos positivos que deben acogerse con satisfacción. Al igual que cualquier texto de compromiso, se trata también de un equilibrio cuidadosamente elaborado entre distintos intereses, entre la ambición y el realismo político, y ello significa que no se han mantenido algunos cambios acordados en la CIG de 2004. También es el motivo por el que se han concedido una serie de derogaciones a determinados Estados miembros.

Expondré cuatro motivos por los que la Comisión cree que este mandato nos permitirá en la CIG dotar a la Unión Europea de la sólida base institucional y política que precisamos para satisfacer las expectativas de nuestros ciudadanos y hacer frente a los desafíos de nuestras sociedades.

En primer lugar, el mandato sentará las bases para unas instituciones más responsables y modernas para la Unión ampliada. Acogemos con sumo agrado las disposiciones que renovarán y reforzarán la legitimidad democrática de la Unión Europea, un papel más sólido y amplio para el Parlamento Europeo, la transparencia de las deliberaciones del Consejo, más codecisión, más decisiones adoptadas por mayoría cualificada, una división más clara de las competencias.

Los Parlamentos nacionales tendrán una mayor oportunidad de participar en las labores de la Unión Europea, respetando al mismo tiempo plenamente el papel de las instituciones europeas. Asimismo, nos complace comprobar que se han salvaguardado las innovaciones de las constituciones con respecto a la participación democrática, incluida la iniciativa ciudadana.

En segundo lugar, la Unión contará con una Carta de los Derechos Fundamentales para proteger a los ciudadanos, que no será una simple declaración de principios, sino que tendrá fuerza de ley. Los ciudadanos podrán reclamar ante los tribunales los derechos consagrados en la Carta. La Carta será vinculante para las instituciones europeas y para los Estados miembros cuando apliquen la legislación de la Unión Europea, aunque no sea aplicable a todos ellos.

En tercer lugar, la Unión podrá hablar con una sola voz en el escenario mundial y podrá proteger mejor los intereses europeos. Si realmente queremos hacer frente a la globalización y abordar los problemas que nos preocupan a todos en materia de desarrollo sostenible, cambio climático, competitividad y derechos humanos en el mundo, la Unión debería utilizar todo su gran potencial para actuar colectivamente.

Mi cuarta observación se refiere a los ámbitos políticos, porque el mandato desarrolla la capacidad de la Unión para adoptar decisiones más rápidas y coherentes en el ámbito de la libertad, la seguridad y la justicia. Además, refuerza el fundamento jurídico para hacer frente a los desafíos de la política energética y el cambio climático.

¿Cómo podemos valorar estos cambios? En nuestra opinión, el equilibrio general es positivo: la desaparición de algunos elementos, incluidos algunos de carácter simbólico, así como los cambios que reducen la legibilidad del texto, formaban parte de un acuerdo de conjunto que pudieran suscribir todos los Estados miembros. Sin un esfuerzo por comprometer a todos los implicados, el éxito no habría sido posible.

El tren europeo está de nuevo en la vía, pero todavía no estamos al final del viaje y los ciudadanos deben estar a bordo. El mandato todavía no es el producto final. Canalizar este nuevo consenso hacia una CIG exigirá grandes esfuerzos a la Presidencia portuguesa, los Estados miembros y nuestras instituciones. En particular, celebramos la decisión del Consejo Europeo de fortalecer la participación del Parlamento Europeo en la CIG.

Sin embargo, nuestros esfuerzos de negociación colectivos no bastarán por sí solos. Todos nosotros –la Comisión, los Estados miembros y el Parlamento– deberíamos extraer algunas lecciones del proceso anterior de ratificación y de la fase de escucha del Plan D. Me complace ver que el Consejo Europeo ha reconocido la importancia de la comunicación con los ciudadanos, de facilitarles toda la información sobre la UE y hacerles participar en un diálogo permanente. Esto debería ser aún más importante a la luz de los cambios que han reducido la legibilidad del texto del tratado.

En los próximos meses, la Comisión presentará algunas ideas sobre cómo podría organizarse durante el período de ratificación un debate en torno al Tratado reformado. Queremos colaborar estrechamente con ustedes en el Parlamento Europeo, todos los Estados miembros y otras instituciones. Juntos deberíamos aprovechar esta oportunidad; juntos deberíamos emprender este nuevo proceso sin demora y con toda nuestra energía.

(Aplausos)

 
  
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  Jo Leinen (PSE), ponente. – (DE) Señor Presidente, señor Primer Ministro, señora Vicepresidenta, Señorías, este debate en el pleno ha comenzado a las 9 de la mañana y aún no ha terminado. Quizá hubiera sido mejor vincular el debate sobre la Presidencia portuguesa a nuestra opinión sobre la Conferencia Intergubernamental, puesto que esta es el eje central de la Presidencia portuguesa y su éxito o fracaso dependerá de que en Lisboa se consiga un Tratado o no.

El mensaje que queremos transmitir en nuestra opinión es que el Parlamento Europeo da luz verde a la celebración de la Conferencia Intergubernamental. El plazo para las consultas ha sido muy ajustado y muchos colegas diputados han criticado la coordinación, pero hemos superado todos los impedimentos y no queremos poner obstáculos en su camino. No queremos poner obstáculos porque a nosotros también nos interesa que esta Conferencia Intergubernamental se celebrar y concluya rápidamente. Esperamos que la Cumbre de octubre dé resultados. Esto es posible porque el mandato es muy específico y tenemos una propuesta textual. Así que habrá mucho trabajo para los expertos legales pero no tanto para los políticos, si todo el mundo cumple con el acuerdo alcanzado en el Consejo de Bruselas.

Lo que me lleva a mi primer llamamiento a la Presidencia portuguesa: sean firmes, coherentes, no dejen que los Estados miembros se salten las normas, no permitan que se añadan nuevos puntos a la agenda, ni peticiones adicionales porque alguien diga que no entiende algo que entendió perfectamente el día anterior. Sean estrictos, cíñanse a los términos precisos del mandato, y entonces tendrán éxito.

Somos conscientes de que ha habido algunas pérdidas. Hay que pagar un precio y no solo con la pérdida de elementos simbólicos. El Tratado reformado es conceptualmente diferente de la Constitución original. En gran medida, se ha perdido la idea de una Europa de ciudadanos y Estados, no simplemente una Europa de Estados. El artículo 1 ha desaparecido y el Tratado dice sencillamente: «Las Altas Partes Contratantes han acordado» y ya no se hace referencia a «reflejando la voluntad de los ciudadanos y Estados de Europa». Esto puede parecer una minucia, pero es una señal de erosión que puede resultar perjudicial. Queremos subrayar este punto.

También nos preocupa el creciente número de cláusulas de exclusión. Plantea la cuestión de si queremos una Europa. ¿Aún existe la voluntad política de una mayor integración o estamos hablando de dos grupos de países que solo quieren permanecer en la UE sobre el papel? Debemos hacernos esta pregunta. El Parlamento es muy crítico con la cláusula de exclusión del Reino Unido de la Carta de los Derechos Fundamentales.

La UE quiere convertirse en una comunidad de valores. Hablamos en todo el mundo a favor de los derechos humanos, de los derechos fundamentales. Ya puedo oír exclamarse al señor Putin o al Primer Ministro chino: ¡pero si ni siquiera pueden ponerse de acuerdo entre ustedes sobre los derechos fundamentales! Es un golpe para la credibilidad de la UE en su conjunto, y también constituye una discriminación en contra de los ciudadanos residentes en el Reino Unido, incluidos los ciudadanos europeos que viven y trabajan allí. En nuestra opinión, pedimos a las instituciones y a los Gobiernos que vuelvan a hacer todo lo posible por conseguir la igualdad en la protección de los derechos fundamentales: ¡puede funcionar!. El Tribunal de Justicia puede desempeñar un papel fundamental.

La Constitución fue elaborada por una Convención. Ahora tenemos una Conferencia Intergubernamental que usa métodos diferentes pero, señor Presidente en ejercicio del Consejo, aún puede optar por la máxima transparencia. Publique los documentos que se presentan a debate; trabaje con nosotros y la Comisión para diseñar una estrategia de diálogo con la opinión pública y los ciudadanos.

Por desgracia, el llamado Tratado simplificado será un tratado complicado. También necesitamos una versión consolidada antes de concluir la Conferencia Intergubernamental y no, como en el caso de Ámsterdam, un año después. Necesitamos un texto legible cuando concluya la CIG. Quizá también sería útil acompañar el texto con una explicación que establezca los elementos clave y los principales mensajes para los ciudadanos.

Por supuesto, acogemos con satisfacción los progresos realizados. Queremos dar otro gran paso adelante, preferiblemente antes de las elecciones europeas, para poder centrarnos en otras cuestiones durante la campaña a las elecciones de 2009. Así que queda mucho trabajo por hacer, pero con determinación y compromiso lo lograremos. El Parlamento apoya a la Presidencia portuguesa.

(Aplausos)

 
  
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  Íñigo Méndez de Vigo, en nombre del Grupo del PPE-DE. (ES) Señor Presidente, para el Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos) y de los Demócratas Europeos era bueno que el Consejo Europeo llegara a un acuerdo y, por eso, esta mañana, en la resolución que vamos a votar dentro de unos minutos, mi Grupo va a votar favorablemente para que la Conferencia Intergubernamental, de acuerdo con el artículo 48 del Tratado, pueda reunirse.

Pero ahora lo importante es que ese acuerdo, el acuerdo resultante en la Conferencia Intergubernamental, sea bueno. Entiéndaseme bien: nosotros lo que le decimos a la Conferencia es «¡adelante!», pero juzgaremos a la Conferencia Intergubernamental por sus resultados.

Y quiero decir también que para mi Grupo, que estará representado por el señor Brok en esa Conferencia Intergubernamental, será una cuestión política importante el hacerse guardián de la Constitución. Nosotros queremos que el contenido, que la sustancia, que el acuerdo del Consejo Europeo esté presente en el acuerdo final del Tratado resultante después de la Conferencia Intergubernamental.

Una cuestión que ha sido evocada por el señor Sócrates es la de los referenda. Mire -ahora que no nos oye nadie-, déjeme que le diga una cosa: no se fíen de los partidos que están en la oposición y piden referenda. Y no se fíen tampoco de aquéllos que piden referenda para votar que no, porque esos quieren destruir Europa. Unos quieren destruir al Gobierno de turno y otros, a Europa.

Y, por tanto, me parece que las palabras del señor Sócrates de esta mañana son determinantes. Ningún país puede crear un lío al resto de los países y, en estos momentos, todos tenemos que apuntar en la misma dirección para sacar a Europa del impasse.

Ese primer acuerdo del Consejo Europeo es el primer paso y ahora creo que todos tenemos que ponernos a trabajar, por un lado, en lograr un buen acuerdo y, por otro lado, en empezar, una vez que nos hemos quitado esa hipoteca del impasse constitucional, a trabajar.

Porque a mí lo que me ha preocupado de verdad, señor Presidente, es el clima de recelo, de desconfianza en Europa, que he visto en el último Consejo Europeo. Y eso es algo que debe preocuparnos a todos y algo contra lo que todos tenemos que luchar juntos.

(Aplausos)

 
  
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  Richard Corbett, en nombre del Grupo del PSE. – (EN) Señor Presidente, el Grupo Socialista acoge con agrado la convocatoria de la CIG, acepta el mandato y apoya el calendario.

Muchas personas han comentado que este mandato mantiene el 90 % del contenido del Tratado Constitucional, lo que ha dado pie a muchos comentarios. Pero sabrán ustedes también que una reciente investigación científica demuestra que los seres humanos y los ratones son genéticamente idénticos en un 90 %. Sin embargo, la diferencia del 10 % es bastante importante. Por tanto, también en este mandato la diferencia del 10 % es bastante importante.

La pérdida de la designación constitucional del Tratado, la renuncia a sustituir el nombre del Alto Representante por el de Ministro de Asuntos Exteriores, la ausencia de toda mención en el Tratado de la supremacía del Derecho comunitario, el abandono de los símbolos y las numerosas derogaciones y exclusiones voluntarias para determinados Estados miembros suponen que para esos Estados miembros el porcentaje –sea del 90 % u otro– es incluso menor. Todo ello lo convierte en un tratado diferente del Tratado Constitucional.

Esto será motivo de lamento en esta Cámara y en la gran mayoría de los Estados miembros. Sin embargo, estos cambios posibilitarán, facilitarán la ratificación del Tratado en todos los 27 Estados miembros, y esto es un aspecto crucial que debemos reconocer.

 
  
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  Andrew Duff, en nombre del Grupo ALDE. – (EN) Señor Presidente, mi Grupo acoge con satisfacción la perspectiva de una CIG rápida y eficaz que despeje la ambigüedad que nos ha dejado el período de reflexión, que garantiza la seguridad jurídica y que crea un sólido consenso en torno al Tratado de la reforma. Por supuesto, es muy conveniente que el Parlamento intente defender, en el seno de la CIG, aquello que pretendía conseguir en el Tratado de 2004. Pero también deberíamos estar seguros de que el número creciente de exclusiones voluntarias y acotaciones minimalistas no contaminen la integridad del la legislación europea y la jurisdicción de los tribunales. Lucharemos por impedir todo contagio a partir del protocolo del Reino Unido relativo a la Carta; una cosa es un Consejo estratificado, pero el Parlamento no puede tolerar una ciudadanía de primera y de segunda.

Deberíamos luchar contra la sospecha popular de que la CIG tan solo es un gran ejercicio de oscurantismo concebido para salvar a ciertos Estados de las promesas que hicieron de celebrar referendos, y me complace sobremanera que el Primer Ministro Sócrates esté decidido a que no se organicen plebiscitos para oponerse a los Parlamentos. Es deseable la máxima transparencia, y a ella contribuirán tanto el papel más importante que asume el Parlamento, su refuerzo y su presencia más pluralista en la CIG.

 
  
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  Konrad Szymański, en nombre del Grupo UEN. (PL) Señor Presidente, me parece que, por lo menos por lo que respecta al Tratado, a esta Cámara no le gusta o no conoce el compromiso. En mi opinión, la crítica a los mandatos del informe es muy injusta. Mi país, Polonia, ha demostrado una gran flexibilidad y voluntad de compromiso a este respecto, y por eso me preocupa leer los duros términos del informe, que no quiere reconocer el obvio éxito del mandato.

Contrariamente a lo que dice el informe, una nueva onomástica, los símbolos de Europa en el Tratado solo provocarían incomprensión, y sugerirían que la Unión Europea está entrando en una nueva fase de seudoestados. La flexibilidad del mandato con respecto a la exclusión es una expresión de sabiduría y realismo, no de debilidad. Lo mismo puede decirse de la Carta de los Derechos Fundamentales.

Una cosa sobre la que sin duda estaremos de acuerdo: hay muchas cosas que se tendrán que revisar durante los próximos diez años, incluido el sistema de votación. La Conferencia Intergubernamental también se enfrenta a algunas decisiones detalladas sobre esta cuestión. Sin ellas corremos el peligro de llegar a un punto muerto en la ratificación.

 
  
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  Johannes Voggenhuber, en nombre del Grupo Verts/ALE.(DE) Señor Presidente, desde el Consejo Europeo de Bruselas parece reinar un sentimiento de satisfacción melancólica. Quizá sea solo porque estamos a punto de irnos de vacaciones. De hecho, cuando uno examina el mandato para esta Conferencia Intergubernamental, resulta tentador decir que Europa ha sido castigada con poca severidad, pero me temo que no sea tan sencillo. No son los Estados miembros los que han sufrido un duro golpe. Todos tienen la mirada clavada en el otro, todos protegen celosamente su soberanía. La pregunta es si le han puesto el ojo morado a Europa, o si Europa está ciega de un ojo, porque los ciudadanos ya no pueden ver la verdadera naturaleza de esta Unión.

Por supuesto, el mandato salvaguarda los principales logros de la Constitución, pero el mandato también nubla la verdadera naturaleza de Europa, esconde a Europa y ensombrece la idea de la integración europea. Señor Barón Crespo, no creo que se trate de un ejercicio de realismo político. Lo que tenemos aquí es nacionalismo puro y duro, con Gobiernos provincianos que van a la suya.

¿De verdad solo es un cambio cosmético cuando ya no se hace referencia a la Unión de los ciudadanos, y volvemos a la Unión de Estados? ¿Era esto lo que querían los ciudadanos cuando votaron «no» en Francia y los Países Bajos? ¿Qué ha ocurrido con las peticiones de una Europa social y una mayor democracia? ¿Es eso poco realista? ¿No es necesario? ¿Seguro que este es el papel de Europa? ¿Cuándo hemos intentado usar un lenguaje claro que sea fácilmente comprensible en esta Constitución, para producir un documento inteligible? Los Gobiernos solo han tenido un objetivo durante los últimos meses: producir un Tratado oscuro, enigmático, incomprensible, ilegible, que los ciudadanos no puedan leer.

La exclusión de la Carta de los Derechos Fundamentales no es solo una derrota para Europa, es un asalto a nuestra autoimagen como comunidad de valores. ¡Es inaceptable que la Unión se describa como una comunidad de valores mientras permite que algunos de sus ciudadanos queden excluidos de esos valores!

(Aplausos)

 
  
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  Francis Wurtz, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (FR) Señor Presidente, puede entender que los dirigentes de la UE estén entusiasmados con la idea de ver resucitada su vieja Constitución, aunque se vea privada de algunas de sus ventajas. En ese sentido, estoy de acuerdo con lo que acaba de decir el señor Voggenhuber. Lo que me cuesta entender es por qué, en un momento en que esos mismos dirigentes parecen tan convencidos de estar respondiendo a los más caros deseos de nuestros conciudadanos, se esfuerzan tanto por evitar que los ciudadanos se acerquen demasiado a este ovni institucional.

¿Cómo podemos interpretar si no la forma muy particular de democracia que caracteriza el proceso en marcha? Hay un mandato de negociación totalmente ilegible para los no iniciados, una aceleración sospechosa del calendario y, sobre todo, un pánico a la idea de los referendos. En el fondo, nuestros dirigentes se dicen sin duda que el hecho de cambiar las palabras –constitución, Ministros, ley– y de eliminar las referencias al himno y a la bandera no tendría mucha importancia frente a las preocupaciones de los ciudadanos sobre el actual modelo europeo si, por casualidad, resurgiera un debate público del nivel y la fuerza del que sacudió a una parte de la Unión hace dos años, y con razón.

En el futuro Tratado, las estructuras económicas liberales no sufrirán prácticamente ningún cambio, independientemente de que afecten al Banco Central Europeo, a la competencia, al libre comercio o al movimiento de capitales. La Carta de los Derechos Fundamentales, a la que se acaba de hacer referencia, no solo conservará sus graves lagunas, sino que se espera que apoye una situación que contradice totalmente todo lo que defiende, que apoye una excepción, en este caso una excepción británica, o si lo prefieren, el derecho a la discriminación, el derecho a los privilegios. Por último, las nuevas disposiciones sobre la política de seguridad y defensa, que en muchos ámbitos habían suscitado numerosas dudas y miedos, se han reconducido. No hay que buscar muy lejos las dificultades obvias a las que se enfrentan nuestros respectivos Gobiernos.

En España y Luxemburgo van a explicar que es innecesario celebrar un nuevo referendo municipal puesto que la esencia del Tratado ya ratificado se ha preservado en su totalidad. En Francia y Suecia, por otra parte, el Gobierno sugerirá que un referendo no es relevante puesto que la naturaleza del texto ha cambiado profundamente. En cuanto a Dinamarca y Portugal, donde se había previsto una votación, la operación cosmética realizada en el Tratado de 2004 puede justificar una renuncia cobarde a esta prueba de la verdad. Hoy, igual que ayer, el referendo solo es fundamental en Irlanda.

Por eso, respetando plenamente las diferencias de opinión y las situaciones nacionales específicas, mi Grupo mostrará la misma determinación que en el pasado reciente y hará un gran esfuerzo para dar información, clarificar las cuestiones en juego y comparar ideas sobre el contenido del futuro Tratado con la misma exigencia democrática: que se consulte en la práctica a los ciudadanos europeos. Dentro de unos días, la Conferencia Intergubernamental comenzará su trabajo, pero en vista de la experiencia, estoy convencido de que la suerte no está echada: pronto lo estará.

(Aplausos de la izquierda)

 
  
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  Bernard Wojciechowski, en nombre del Grupo IND/DEM. – (EN) Señor Presidente, el nuevo Tratado es un cebo para la aplicación del anterior Tratado constitucional. El informe subraya que el mandato salvaguarda el fondo del Tratado constitucional. Dos países han dicho «no». Por tanto, es poco más que un intento chapucero de federalizar la Unión a cualquier precio. También señala que el Parlamento reafirma su intención de mantener un diálogo abierto.

Este Parlamento se ha vuelto tan arrogante que si no fuera tan patético sería gracioso. Decir que mantenemos un diálogo abierto con alguien no es más que un chiste. El apoyo al Tratado constitucional no ha crecido. Los académicos y los políticos lo declaran un fracaso rotundo. Un nuevo Tratado debería tener en cuenta los siguientes aspectos.

En primer lugar, el producto final deberá ser ratificado en todos los Estados miembros en virtud de las disposiciones constitucionales y deberían repetirse los referendos. Intentar resolver las cuestiones de la integración sin tener en cuenta a la sociedad civil es inaceptable.

En segundo lugar, el Tratado constitucional consagraba un compromiso entre los Estados miembros y los sistemas políticos. El Tratado revisado no superará los acuerdos recogidos en ese Tratado. Se convertirá en un Tratado constitucional eclipsado.

En tercer lugar, el intento de elaborar otro tratado causa una demora considerable en esta fase de la reforma política de la UE. La reforma es posible, pero, por algún motivo, no se lleva a cabo. Los cambios del primer pilar son viables en los ámbitos que contempla el TCE. Las reformas aplicadas en este procedimiento pueden incluir el ámbito intergubernamental, básicamente el segundo y el tercer pilar.

Existe la posibilidad de regular varias cuestiones basadas en acuerdos internacionales concluidos por los Estados miembros. En lo tocante al tercer pilar, también se puede lograr el fortalecimiento de las estructuras de cooperación judicial y policial. Es posible asegurar la legitimación democrática de la UE mediante la celebración de reuniones públicas del Consejo, el refuerzo de los Parlamentos nacionales, la posición consultiva y la dotación a este Parlamento del poder de designar al Presidente de la Comisión.

Las prisas por tener un nuevo Tratado no tienen ningún sentido. No se puede aplicar un documento nuevo a través de algún conducto trasero. Esto sería contrario a la voluntad de los ciudadanos. Las peticiones de una personalidad jurídica, de la moneda única o el sistema rotatorio en la Comisión son extremas, aunque en los dos últimos años ningún país europeo ha expresado este deseo.

 
  
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  El Presidente. Señor Wojciechowski, antes de criticar a otros, por favor, asegúrese de que usted también respeta el tiempo de uso de la palabra.

 
  
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  Philip Claeys, en nombre del Grupo ITS. (NL) Señor Presidente, solo puedo concluir que, en un informe oficial, esta Cámara también admite abiertamente lo que todos han podido comprobar tras la Cumbre Europea de Bruselas: que la Constitución Europea, que fue rechazada por los neerlandeses y los franceses y que, a consecuencia de ello, desde una perspectiva estrictamente legal nunca podría volver a entrar en vigor, se mantiene y se reintroduce casi en su totalidad a través de artimañas político-jurídicas.

Las múltiples tácticas para hacer entrar por la puerta trasera partes de dicha esta Constitución, que se impusieron incluso después de los referendos francés y neerlandés –piensen en la Carta de los Derechos Fundamentales que se hizo vinculante a pesar de que el documento no es vinculante– se vuelven a adoptar ahora en la política europea oficial. Este Parlamento no sería este Parlamento si no distinguiera, de acuerdo con tradiciones antiquísimas, entre los llamados «buenos» Estados miembros, aquellos que glorifican el credo federal y caminan incondicionalmente por la senda federal, y los llamados «malos» Estados miembros.

Pero el colmo del cinismo es por supuesto el llamamiento de esta Cámara –y cito– «a volver a implicar al ciudadano europeo en la continuación del proceso constitucional». En realidad, lo que esta Cámara ha hecho en muchos informes, comenzando con el infame informe Duff-Voggenhuber, es barrer el resultado de los referendos francés y neerlandés. A esta Cámara no le importa nada lo que quiera la opinión pública, las personas a las que afirma representar. Esta Cámara se está convirtiendo poco a poco en lo opuesto a cualquier cosa que tenga que ver con la democracia real.

(Aplausos de la derecha)

 
  
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  Jim Allister (NI).(EN) Señor Presidente, pretendemos estar del lado de los ciudadanos, pero presentamos un informe que evita manifiestamente la defensa de la ratificación popular de esta constitución refundida. De hecho, tan grande es la voluntad de aprobar este informe a toda prisa que abandonamos el debido procedimiento de esta Cámara hasta tal punto que haría enrojecer a un déspota.

Pedimos a los Estados miembros que acaten el mandato de la CIG, pero declaramos nuestra intención unilateral de ir más allá del mismo utilizando la bandera y el himno europeos. Expresamos nuestra firme voluntad de que nada más lograr estos cambios constitucionales pediremos más. Esta es la gran trampa de este acuerdo, porque permite la autoenmienda, que para la mayoría equivaldrá a no tener que consultar nunca más a los ciudadanos sobre qué categoría constitucional vamos a cambiar.

(Aplausos de la derecha)

 
  
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  Maria da Assunção Esteves (PPE-DE). – (PT) Europa dio un paso adelante en la última Cumbre de junio. No perdió la esperanza durante la crisis, y no excluyó a nadie de esta búsqueda compartida de una sociedad cosmopolita basada en el Estado de Derecho. Es cierto que no es fácil lograr el consenso en una Europa ampliada, pero Europa es un proyecto moral, un proyecto de razón, un proyecto vencedor. El único camino es la unidad y el único destino la justicia global.

Europa se va construyendo en capas de ajuste estructural: el Tratado de Roma y la quiebra del mito de las fronteras, el Tratado de Maastricht y la ciudadanía europea, el Tratado de Niza y la ampliación, y ahora el Tratado reformado y la integración política en una democracia en gran escala. El Tratado reformado aún no abre las puertas de una Europa constitucional –aún nos deja, en gran medida, en una Europa de Gobiernos– pero acaba con la falacia de razonar por contraposición y con el error de contraponer una Europa de resultados a una reforma institucional de Europa.

La Conferencia Intergubernamental exigirá buena fe por parte de los Gobiernos, la implicación de los Parlamentos y una política de verdadera comunicación. Pero no nos engañemos: un referendo no hará que la comunicación funcione, ni legitimará el nuevo Tratado de la Unión. En muchos casos, los referendos están asociados con una tendencia populista que no tiene nada que ver con la base racional de las democracias. La legitimidad de Europa solo puede construirse en un proceso político de comunicación constante, que anteponga la política a la burocracia, que valore el escrutinio de los Parlamentos nacionales, que promueva la implicación de la sociedad civil, que refuerce el liderazgo, que publique el trabajo de las instituciones y base sus políticas cotidianas en una cultura de derechos y humanidad. Esa es la Europa legítima.

 
  
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  Harlem Désir (PSE).(FR) Señor Presidente, Europa es algo más que sus Tratados; sus dificultades no son solo –ni siquiera principalmente– de naturaleza institucional, y el relanzamiento de Europa tendrá que pasar por las políticas, por los proyectos europeos, por el presupuesto de la UE. No obstante, es cierto que el bloqueo de la reforma de las instituciones, el fracaso de la ratificación de la Constitución en varios países y los procesos de no ratificación en otros han dejado estancada a Europa, la han sumido en una crisis y han puesto a prueba su unidad.

De hecho, el compromiso alcanzado para convocar la Conferencia Intergubernamental y el mandato con vistas al futuro Tratado modificado no suscitan entusiasmo. Todo es complicado en este acuerdo, que contiene muchas notas a pie de página, hasta tal punto que el futuro Tratado no será en absoluto simplificado y resultará poco legible para los ciudadanos.

La exclusión que se ha concedido a la Carta de los Derechos Fundamentales es verdaderamente lamentable por parte de quienes la han pedido. Al menos dicha Carta se aplicará en los otros 26 países de la UE y eso les honra. No obstante, por lo menos este acuerdo es un acuerdo y ha llegado en un momento en que Europa necesitaba afirmar su unidad.

Creo que tenemos que darle una oportunidad a la Conferencia Intergubernamental y, sobre todo –y en este punto en particular quiero responder a las observaciones de mi colega, señor Wurtz– el mandato de convocatoria de la Conferencia Intergubernamental tiene al menos un mérito: el de basar su trabajo en las innovaciones institucionales que, en su mayor parte, estaban incluidas en la primera parte del proyecto de Constitución europea. Se trata de un punto clave, puesto que la primera parte de la Constitución apenas se cuestionó, incluso por los partidarios del «no», los que afirman apoyar la integración europea en todo caso, los países donde se celebraron referendos.

Por tanto, el futuro Tratado debería retomar los elementos sobre los que hay consenso entre todos los europeos sinceros, independientemente de que votaran «sí» o «no» a la Constitución: refuerzo de los poderes del Parlamento Europeo y de los Parlamentos nacionales, una Presidencia del Consejo estable, voto por mayoría doble, menos minorías de bloqueo, menos decisiones adoptadas por unanimidad, sobre todo en relación a la cooperación judicial y policial, refuerzo de la política exterior y de seguridad común, cooperación reforzada y estructurada en materia de política de defensa, que será más fácil de aplicar, y nuevas competencias en materia de energía y cambio climático.

Además, también hay dos puntos que estaban en la tercera parte pero que todos los progresistas querrán proteger: la cláusula social horizontal y un artículo que permite proteger los servicios de interés económico general y, por tanto, adoptar una directiva a favor de los servicios públicos. Espero que, si la Conferencia Intergubernamental retoma todos esos puntos, todos los defensores de Europa, independientemente de que votaran «sí» o «no» a la Constitución, apoyarán el futuro proyecto de Tratado.

(Aplausos)

 
  
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  Anneli Jäätteenmäki (ALDE). – (FI) Señor Presidente, quiero plantear una cuestión muy importante. Pido a los diputados al Parlamento Europeo que apoyen la enmienda 1, que pide que se amplíe el mandato de la Conferencia Intergubernamental para incluir la transferencia de la sede del Parlamento Europeo de Estrasburgo a Bruselas. Mi Grupo apoya esa decisión.

Se trata de una cuestión menor pero muy importante. Una sede reforzará la legitimidad de la UE. Hace un año más de un millón de personas firmaron una petición a favor de una sede, y la CIG es el lugar donde debe debatirse y decidirse esta cuestión. El Parlamento decidirá hoy si quiere debatir la cuestión de tener una sede o seguir como antes. Si estamos a favor de tener una sede votaremos a favor de la enmienda 1.

 
  
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  Inese Vaidere (UEN). – (LV) Señorías, como la única institución de la Unión Europea que es elegida por los ciudadanos, el Parlamento Europeo tiene el deber de procurar que sus decisiones sean comprensibles. Quiero subrayar que no se han analizado con la suficiente profundidad las razones por las que el Tratado constitucional se rechazó en dos Estados miembros y fue impopular en otros. En mi opinión, el escepticismo se debió en gran parte a que los ciudadanos observan una concentración de toma de decisiones, arrogancia por parte de las autoridades y alejamiento de los ciudadanos, así como excesiva burocracia. Son razones suficientes para que los ciudadanos se opongan a una mayor integración. Nuestro deber es promover la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones, en lugar de tomar las decisiones en su lugar. Tenemos que hablar con los ciudadanos en un lenguaje comprensible, no en la jerga especializada de los funcionarios. La Conferencia Intergubernamental debe tener esto en cuenta. Al mismo tiempo, es importante seguir desarrollando el principio de solidaridad en la toma de decisiones, por ejemplo en el importante ámbito de la energía. Tenemos que hablar con los países terceros con una sola voz, para impedir que se chantajee a países concretos. Quiero hacer hincapié en el hecho de que, dejando de lado los errores y las deficiencias, la Unión Europea es un proyecto exitoso.

 
  
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  Gérard Onesta (Verts/ALE).(FR) Señor Presidente, pido a la Comisión, en primer lugar, y al Consejo, en particular, que muestren un poco de decencia y modestia en esta cuestión, pues el magnífico éxito que están intentando vendernos no consigue esconder una regresión.

Pasaré por alto la vergonzosa conducta de algunos jefes de Estado y de Gobierno, que se han retractado de su palabra oficial y solemne sobre la Carta, como el señor Blair, y sobre los votos en el Consejo, como los hermanos Kaczynski. Pasamos de tener una Constitución, que estamos perdiendo –las palabras tienen un significado–, una constitución que es una señal de confianza en nuestros valores y perspectivas comunes, a tener un Tratado llamado simplificado. ¡Simplificado, menuda broma! Las notas a pie de páginas son más largas que el propio Tratado. Por tanto tenemos que enfrentarnos a una señal de desconfianza mutua y generalizada, y los bloqueos son numerosos: la exclusión sobre la Carta, que va a crear ciudadanos de segunda categoría; bloqueos respecto de los votos en el Consejo hasta 2007 y más allá con el compromiso de Ioannina; y diplomacia, que sin duda está incluida, pero que pronto se verá obstaculizada.

Está claro que hay que otorgar un mandato a esta CIG. Cualquier cosa menos el Tratado de Niza, porque el Tratado de Niza equivale a la muerte. No obstante, quiero decirles a quienes se avergüenzan de Europa: no se construye nada sólido sobre la desconfianza, sobre todo cuando se dirige a los ciudadanos, pues ni siquiera nos molestamos en trabajar juntos, en codecidir en el Parlamento –este debate es un caos–, en ganarnos la aprobación de los ciudadanos o en educar. Es cierto que hay que actuar rápido para esconder el hecho de que las políticas ya no están sobre la mesa, sino bajo la alfombra. Por desgracia, un día tendremos que pagar el precio.

Señor Presidente, para concluir, y puesto que gobernar significar anticipar, frente a la incapacidad de la Comisión y del Consejo para pensar en el próximo paso, pido al Parlamento que pase a la acción y confirme con su voto su intención firme de utilizar su poder futuro para modificar el Tratado en un esfuerzo de relanzar verdaderamente el motor de Europa.

(Aplausos del Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea)

 
  
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  Maciej Marian Giertych (NI) – (PL) Señor Presidente, hoy es un día negro para la Unión Europea y para la democracia. Las elites políticas de la UE, incluida esta Cámara, la Comisión Europea y los Gobiernos de los Estados miembros, están intentando engañar a su electorado y a sus ciudadanos. Se espera que apoyemos una constitución europea que ya ha sido rechazada por el electorado.

El eslogan de hoy son las palabras de Angela Merkel: usar palabras diferentes preservando la esencia jurídica, como el nombre del Tratado, los nombres de los instrumentos jurídicos de la Unión Europea, o del Ministro de Asuntos Exteriores de la UE. Esto es exactamente lo que se ha hecho.

Estamos debatiendo un documento con un nombre diferente y formulado en términos diferentes, pero que en esencia es el mismo. Evidentemente, se trata de un documento de menor nivel, para impedir que se someta a referendo. Es un intento de engañar a nuestro electorado, a nuestra propia gente. Hoy es un día negro, un día vergonzoso.

 
  
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  Alexander Stubb (PPE-DE).(EN) Señor Presidente, quiero decir al señor Giertych que he oído muchas tonterías en esta Asamblea, pero que esa ha sido probablemente la mayor de todas.

Quisiera insuflar un poco de espíritu positivo a esta Asamblea. Suena como si estuviéramos en una especie de funeral con el nuevo Tratado. En realidad, no creo que estemos entrando en una nueva fase.

Me gustaría hacer tres observaciones. En primer lugar, tengo plena confianza en la Presidencia portuguesa. Recuerdo cuando preparamos el pretratado de Niza bajo la Presidencia portuguesa, con el señor da Costa y el señor Lourtie. Siempre hacen un trabajo fantástico. Sin embargo, quiero darles un consejo: tengan cuidado con la Secretaría del Consejo, porque el diablo está en los detalles y Jean-Claude Piris es muy bueno con los detalles.

El segundo comentario es que creo que la política y la economía van de la mano. Hoy y muy a menudo en esta Asamblea hemos oído que solo queremos una Unión económica o que solo queremos una Unión política. Yo soy de los que pienso que necesitamos ambas: necesitamos una competencia libre y sin distorsiones y también necesitamos una Unión política, y este Tratado realmente nos da ambas cosas. No me preocupo demasiado por las excepciones, porque la historia nos demuestra que siempre ha habido excepciones, al final gana la sabiduría y todos se suben al tren.

Mi última observación es que deberíamos ver el lado bueno. Hemos de pasar página. Tenemos un Tratado o un proyecto de Tratado sobre la mesa. Seamos positivos: utilicemos la personalidad jurídica que ya tenemos, utilicemos el voto por mayoría cualificada que ya tenemos, utilicemos la codecisión que ya tenemos, utilicemos al Presidente, utilicemos al Ministro de Asuntos Exteriores. Todo lo que digo hoy es que este es un nuevo comienzo, tenemos un Tratado fantástico, convivamos con él y sigamos nuestro camino.

(Aplausos de la derecha)

 
  
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  Genowefa Grabowska (PSE). – (PL) Señor Presidente, el informe que estamos debatiendo es bueno y equilibrado y voy a votar a favor. Envía a los Gobiernos de los Estados miembros, a los Parlamentos nacionales y a los ciudadanos de la UE un mensaje claro: la Unión Europea se reformará y la reforma va por el buen camino.

También es un intento de restaurar la confianza pública en la Unión Europea y sus instituciones. Y en este contexto, en el contexto de la confianza, las voces de algunos Estados miembros que tienen reservas sobre la naturaleza vinculante de la Carta de los Derechos Fundamentales, son motivo de gran preocupación. Me pregunto cómo explicarán esos Gobiernos a sus ciudadanos que no pueden usar uno de los logros fundamentales de la democracia europea y que no quieren darles los derechos de los que disfrutan sus vecinos europeos.

¿La oposición a la Carta de los Derechos Fundamentales conducirá a una nueva división de Europa en ciudadanos de primera y de segunda, en la que los ciudadanos mejores disfruten de toda la gama de derechos consagrados en la carta, derechos que se negarán a los ciudadanos de segunda? ¿Deberíamos aceptar tales divisiones en el siglo XXI? Yo digo que no, sobre todo si queremos, como propone la Presidencia portuguesa, una Europa más fuerte en un mundo más fuerte.

(Aplausos)

 
  
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  Bogdan Pęk (UEN). (PL) Señor Presidente, este Tratado no reforma nada, simplemente pone un parche a las grietas. Es un Tratado cuyo objetivo es esconder la verdad sobre sí mismo.

Siempre que pueden, la Unión Europea y las respetables personas que se sientan en esta Cámara hablan de justicia y de los valores en los que se basa la Unión Europea. En el mundo moderno, en la historia de la humanidad, ¿hay mayor virtud que la verdad? No.

Este Tratado es una corrupción de la verdad, porque bajo la cobertura del Tratado reformado, se esconde un intento extremadamente engañoso de imponer el Tratado constitucional que los ciudadanos rechazaron. Es un camino que no lleva a ninguna parte.

Señor Presidente, hoy ha vuelto a demostrar en esta Cámara que es capaz de interrumpir a los oradores que no están de acuerdo con el Tratado, mientras que concede casi un minuto más de tiempo a los que están de acuerdo con usted. Ese es su particular concepto de la equidad.

(Aplausos)

 
  
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  El Presidente. Señor Pęk, usted tenía un minuto de tiempo de uso de la palabra. Ha hablado durante un minuto y 23 segundos. Ha sobrepasado su tiempo, y el Presidente ha sido muy tolerante. Quizá podría ser razonable y aceptarlo.

 
  
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  Manuel Lobo Antunes, Presidente en ejercicio del Consejo. (PT) Ya hace bastante rato que debatimos la cuestión del Tratado –desde la 9 de la mañana, como ha señalado un orador– y por tanto creo que ya se han hecho las observaciones y comentarios más importantes, muchos de los cuales han sido sin duda interesantes, y de los que la Presidencia portuguesa sacará sus propias conclusiones.

Fui miembro de la Convención Europea, junto con varios diputados presentes en esta Cámara y también tomé parte en la Conferencia Intergubernamental de 2004. No diré que entre 2004 y ahora no haya tenido motivos de aprehensión e incluso para la incredulidad, pero siempre he sabido que el motor de Europa es el compromiso y la voluntad de avanzar. Hoy puedo decirles que esa voluntad de avanzar, esa voluntad de compromiso, de alcanzar acuerdos ha vuelto.

No podíamos permitirnos fracasar en el Consejo Europeo y no fracasamos, así que transmitamos una señal inequívoca a Europa, a sus ciudadanos y al mundo de que este es un proyecto de futuro, un proyecto que sirve a los europeos, un proyecto que sirve al mundo. Por supuesto, es posible que no todos estemos satisfechos con el mandato aprobado por el Consejo Europeo, pero que nadie dude de que este mandato nos dará un Tratado con instituciones más eficaces, un proceso más democrático de toma de decisiones y respuestas más adecuadas tanto a los problemas internos de la Unión como a los problemas externos que tiene que abordar.

Este es y será el mandato que necesitábamos. Vamos a tener el Tratado que los ciudadanos de Europa tanto han deseado. Como el Primer Ministro de Portugal ha dicho aquí: «tenemos el mandato, no tenemos el Tratado», y el mandato que hemos recibido no es para cambiar ese documento sino para crear el nuevo Tratado. Ese es nuestro objetivo y lo haremos con toda nuestra energía y nuestra convicción.

El plazo que nos hemos fijado para concluir esa tarea es octubre y espero que en octubre podamos anunciar la buena noticia de un nuevo Tratado para nuestra Unión. Por tanto, no permitiremos ninguna falta de disciplina, como ha sugerido un diputado. También quiero asegurarles que todas las Presidencias portuguesas se caracterizan por la transparencia, la comunicación con los ciudadanos y la comunicación con las instituciones. Por supuesto, seguiremos por ese camino y puedo asegurarles que este es uno de los compromisos de la Presidencia portuguesa.

Como he dicho, espero tener buenas noticias para ustedes en octubre.

(Aplausos)

 
  
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  Margot Wallström, Vicepresidenta de la Comisión. (EN) Señor Presidente, Señorías, tiene que haber una posición intermedia entre Pangloss y su optimismo exacerbado y el burro Igor que piensa que todo es inútil. En política es muy poco habitual tener una segunda vida, y no me refiero a los juegos de rol en Internet. Recuerden que hace menos de un año el Tratado constitucional o la idea de tener un nuevo Tratado se consideró muerta, en coma o mantenida en vida artificialmente. Y ahora estamos hablando de un procedimiento de ratificación que se avecina.

Creo que entrar en un juego de acusaciones no nos ayudará nada y, como broche final a este debate, quiero decir dos cosas. Primero, con respecto a la Carta de los Derechos Fundamentales, la Comisión Europea no es amiga de las exclusiones voluntarias. Habríamos preferido que no hubiera exclusiones voluntarias. Pero, ¿cuál era la verdadera alternativa política en esta cuestión? Una Carta debilitada sin fuerza de ley o una Carta jurídicamente vinculante para las instituciones de la Unión Europea con una exclusión voluntaria, o la conservación del texto completo de la Carta. Por tanto, prefiero tener una Carta jurídicamente vinculante, y una exclusión también puede ser una inclusión, ya que esto no es inamovible.

Mi segundo comentario es que supongo que los diputados al Parlamento no consideran que la ratificación parlamentaria es menos legítima desde el punto de vista democrático que los referendos.

(Aplausos)

Algunos euroescépticos, por supuesto, esperan que el escollo de informar a los ciudadanos e implicarlos en una cuestión tan compleja como un Tratado pueda convertirse en un arma que acabe con la ulterior integración europea. Pero no creo que debamos permitrlo.

(Aplausos)

Asimismo, al margen del método de ratificación que elijan los Estados miembros, todos estamos obligados a informar, a invitar a participar, a debatir, a discutir con los ciudadanos de toda Europa, y eso es a lo que tenemos que comprometernos ahora, a hacerlo juntos, en plena cooperación y de forma planificada. Así es también cómo contribuiremos por parte de la Comisión. Así que pronto volveré a esta Cámara con esta especie de plan para un procedimiento de ratificación correcto, democrático, abierto y transparente.

Con esto también deseo a la Presidente portuguesa mucha suerte en la apertura de la CIG.

(Aplausos)

 
  
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  El Presidente. El debate queda cerrado.

Se procede a la votación.

Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)

 
  
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  John Attard-Montalto (PSE), por escrito. – (EN) Los dos últimos años del proceso de reforma del Tratado no han sido una pérdida de tiempo. Se han identificado los cinco siguientes pasos y su ejecución se ha iniciado:

1. Siguiendo el mandato de junio de 2006, la Presidencia alemana ha elaborado un informe.

2. El Consejo Europeo ha acordado convocar una Conferencia Intergubernamental.

3. Como la batuta de la Presidencia del Consejo se pasa ahora a los portugueses, se ha convertido en su prioridad redactar un proyecto de Tratado.

4. Se prevé que la CIG complete su trabajo antes de finales de este año.

5. Está previsto que la ratificación se produzca antes de las elecciones europeas de 2009.

En realidad, se está dando un enfoque más cauteloso: el aspecto constitucional del tratado ha sido reestructurado para mitigar su carácter anticonstitucional. Por otro lado, han sobrevivido innovaciones sustanciales que originalmente se habían propuesto en el Tratado Constitucional, y lo más importante es que la UE tenga personalidad jurídica.

 
  
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  Jean-Pierre Audy (PPE-DE).(FR) Durante el último Consejo Europeo de junio de 2007, los jefes de Estado y de Gobierno alcanzaron un buen compromiso para avanzar hacia una Europa política. Lamento que nuestros amigos del Reino Unido hayan vuelto a distinguirse por su rechazo a la aplicación de la Carta de los Derechos Fundamentales y a la cooperación total en materia judicial y policial. Aunque se han mantenido en términos materiales, lamento que los símbolos de la UE (la bandera, el himno y el lema) hayan desaparecido del texto oficial. Aunque me opongo a una Unión Europea federal debido a mi firme convicción sobre la utilidad de las naciones para el bienestar de los pueblos, creo que los ciudadanos necesitan algunos puntos de referencia con los que identificar a la Unión política. Espero que regresemos a ese punto. Por último, la eliminación de la referencia al concepto de «competencia libre y no distorsionada en el seno del mercado interior» nos permitirá, en el contexto de lo que se ha convertido en una competencia mundial compleja, hacer un mejor uso de la fuerza de la Unión Europea al servicio de los productores, y no solo de los consumidores. Acojo con satisfacción la acción del Presidente de la República francesa, señor Sarkozy, que ha sabido usar todo su talento para promover una Europa fuerte y unida.

 
  
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  Pedro Guerreiro (GUE/NGL), por escrito. – (PT) En 200 palabras:

1. El mandato para la CIG recupera la esencia del contenido del Tratado rechazado en 2005.

2. Lo que pretenden las fuerzas que están detrás de la integración capitalista europea es reinstaurar, por la puerta trasera, el salto cualitativo federalista, neoliberal, y militarista consagrado en la «Constitución Europea» rechazada;

3. Esto supone una grave falta de respeto a la voluntad de los franceses y neerlandeses expresada en sus referendos.

4. Si, en relación con las cuestiones institucionales, Portugal solo toma el mandato como base, al mismo tiempo que las grandes potencias aumentan su peso en el proceso de toma de decisiones de la UE, él país perderá:

- en la ponderación de los votos en el Consejo;

- el derecho de veto;

- soberanía;

- diputados al Parlamento Europeo;

- un Comisario permanente.

5. El mandato reafirma la base de las políticas neoliberales de la UE, que son la causa de los graves problemas socioeconómicos que afectan a Portugal.

6. El mandato institucionaliza la militarización de la UE.

7. Esto significa que solo el contenido del mandato bastaría para justificar la celebración de referendos nacionales vinculantes sobre el seudonuevo proyecto de Tratado y esa exigencia es legítima puesto que la cuestión es la imposición inaceptable del contenido esencial de un Tratado que ya fue rechazado.

 
  
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  Monica Maria Iacob-Ridzi (PPE-DE), în scris. (RO) Mandatul Consiliului European depăşeşte impasul constituţional în care Uniunea Europeană se află de mai bine de doi ani, dar în acelaşi timp sacrifică unele prevederi esenţiale.

Consiliul European a decis ca simbolurile europene să fie excluse din viitorul tratat; consider acest lucru ca fiind regretabil şi susţin modificarea Regulamentului de procedură al Parlamentului pentru a adopta în mod oficial steagul şi imnul Uniunii Europene. Cetăţenii europeni respectă aceste simboluri, pe care le consideră familiare şi apropiate, după cum indică cel mai recent Eurobarometru. În România, 76% dintre cetăţeni asociază simbolurile UE cu un sentiment de încredere; de aceea, sunt convinsă că steagul Uniunii Europene va fi şi în continuare arborat cu mândrie în ţara mea.

Mandatul defineşte, de asemenea, stabilirea unei noi componenţe a Parlamentului European. Ca singurul organ ales al Uniunii şi cel care este menit să reprezinte cel mai fidel cetăţenii, consider că Parlamentul European trebuie să respecte întru totul principiul proporţionalităţii în desemnarea numărului de europarlamentari din fiecare stat. Reprezentarea fiecărei ţări nu trebuie să fie stabilită prin negocieri politice, ci trebuie să reflecte mărimea populaţiilor statelor membre.

Nu în cele din urmă, consider esenţială includerea clauzei de solidaritate în domeniul energetic. Aceasta va asigura cadrul legislativ pe baza căruia Uniunea Europeană îşi va putea proteja mai bine interesele şi întări independenţa energetică.

 
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