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Procedimiento : 2007/2002(INI)
Ciclo de vida en sesión
Ciclo relativo al documento : A6-0375/2007

Textos presentados :

A6-0375/2007

Debates :

PV 24/10/2007 - 13
CRE 24/10/2007 - 13

Votaciones :

PV 25/10/2007 - 7.12
CRE 25/10/2007 - 7.12
Explicaciones de voto

Textos aprobados :

P6_TA(2007)0483

Debates
Miércoles 24 de octubre de 2007 - Estrasburgo Edición DO

13. Situación actual de las relaciones UE-África (debate)
PV
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  Presidenta.(EL) De conformidad con el orden del día, se procede al debate del informe [2007/2002(ΙΝΙ)] (Α6-0375/2007) de la señora Martens, en nombre de la Comisión de Desarrollo, sobre la situación actual de las relaciones UE-África.

 
  
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  Maria Martens, ponente. (NL) Señora Presidenta, señor Comisario, Señorías, estamos debatiendo el informe sobre la situación actual de las relaciones entre la Unión Europeo y África. Esto plantea un enfoque compartido por parte de África y Europa sobre la cooperación futura con vistas a promover el desarrollo en África y luchar contra la pobreza. La estrategia tiene que consistir en algo más que solamente defender la política actual. Se trata de una visión, basada en valores y principios compartidos, en el respeto mutuo, que esté enfocada hacia el bienestar de la gente.

África y Europa comparten una larga historia, pero las relaciones entre ellos ciertamente han variado: no pueden seguir siendo unidireccionales. Ahora se trata de una asociación igual para abordar juntos problemas que están afectando a ambos continentes, como la seguridad, el comercio, la migración y el cambio climático.

La Unión Europea elaboró una estrategia europea para África en 2005. Yo también fui la ponente en aquella ocasión. A nuestro juicio, dicha estrategia presentaba dos deficiencias importantes. Era una estrategia que se mostraba excesivamente a favor de África, pero sin implicarla, y el Parlamento y la sociedad civil no estuvieron suficientemente involucrados en el desarrollo de esta estrategia. Me complace que ahora estemos hablando de una Estrategia conjunta UE-África y que el Parlamento y la sociedad civil hayan estado más involucrados esta vez. Esta cooperación es un buen augurio para el futuro.

Señora Presidenta, esta estrategia debería proporcionarnos la estructura y la dirección para la acción conjunta en el futuro. La lucha contra la pobreza y los Objetivos de Desarrollo del Milenio deben seguir ocupando un lugar central. Aunque las cifras más recientes de los ODM permiten un cierto grado de optimismo, en el África subsahariana el 41,1 % de la gente todavía vive con 1 dólar al día. Esta situación no se puede mejorar solamente con la ayuda al desarrollo. También hay que fomentar el crecimiento económico.

Los acuerdos de asociación económica que se están negociaciones actualmente podrían constituir un instrumento válido para ello, siempre —y subrayo este punto— que tengan como aspecto central el desarrollo sostenible y siempre que sean algo más que meros acuerdos comerciales europeos. Me gustaría mucho oír al señor Comisario pronunciarse sobre la situación referente al posible aplazamiento de la fecha límite del 1 de enero de 2008.

Señora Presidenta, los Gobiernos africanos son, por supuesto, los principales responsables del desarrollo en sus propios países. Se han hecho más independientes, tanto en el aspecto político como en el económico. El desarrollo africano se halla en pleno auge, sobre todo debido a la aparición en escena de nuevas instituciones, como la NEPAD (Nueva Alianza para el Desarrollo de África) y el Mecanismo Africano de Evaluación entre Pares (MAEP). Hace ya mucho tiempo que Europa dejó de ser el socio único y exclusivo en cuanto al apoyo financiero y político. Otros países han comenzado a ejercer su influencia en y sobre África de manera muy decidida: ahí esta China, por ejemplo. Ya no podemos dar por sentada nuestra relación con África.

Señora Presidenta, el informe subraya tres ámbitos políticos prioritarios: paz y seguridad, buena gobernanza, y crecimiento económico e inversión en las personas. Por lo que respecta a los ámbitos políticos europeos, el informe llama la intención sobre la importancia de una mayor coherencia entre las actividades de desarrollo, por un lado, y otros entornos políticos, por otro, como comercio, agricultura y migración. Únicamente si Europa es capaz de hacer un uso más coherente y mejor coordinado de su apoyo y mejorar su contabilidad financiera puede convertirse en más eficaz y más eficiente la política de desarrollo de la Unión Europea.

La paz y la seguridad constituyen un problema grave en África. El informe resalta la importancia de un enfoque integrado para abordar las situaciones de conflicto. La máxima prioridad en este ámbito debería ser nuestra responsabilidad por lo que respecta a proteger a la gente y contribuir a prevenir y resolver los conflictos, así como a la reconstrucción. Evidentemente, la buena gobernanza, un Estado de Derecho operativo y una democracia estable son condiciones para la estabilidad y el desarrollo. La creación de capacidades en estos ámbitos tiene una importancia vital. Apoyamos los propósitos de la Comisión en este entorno.

Señora Presidenta, la segunda Cumbre UE-África está prevista que se celebre en Lisboa en diciembre, tras un paréntesis de siete años. Allí se tomará una decisión sobre la Estrategia conjunta UE-África y el Plan de Acción. Hay mucho en juego y nos interesa mucho que esta cumbre sea un éxito. Además, aunque la situación en Zimbabue constituye causa de grave preocupación, debemos recordar que se trata de una Cumbre UE-África y no una Cumbre UE-Zimbabue, que se trata de un planteamiento centrado en los pueblos, no de una asociación centrada en los Presidentes.

Es bueno que el Parlamento Europeo y el Parlamento Panafricano tengan la oportunidad en la Cumbre de articular la visión parlamentaria sobre la Estrategia conjunta. Las delegaciones procedentes del Parlamento Panafricano y nuestro Parlamento se reunieron la semana pasada para redactar una declaración conjunta. Espero que nuestros Presidentes sean capaces de presentarla a los Jefes de Gobierno durante la Cumbre.

Señora Presidenta, quedan desde luego muchas cosas por decir acerca del tema, pero veo que se me ha agotado el tiempo, así que lo dejaré aquí, no sin antes dar las gracias a mis compañeros y a la Comisión por una colaboración muy fructífera.

 
  
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  Manuel Lobo Antunes, Presidente en ejercicio del Consejo. − (PT) Señora Presidenta, señor Comisario, Señorías, ponente, Europa, África y el mundo han cambiado mucho a lo largo de la última década. Europa es ahora un bloque de 27 Estados miembros, en el que confluyen prioridades y planteamientos en materia de política exterior a veces enormemente dispares. Aunque no es justo decir que el continente africano haya estado desatendido, dado el volumen de ayuda al desarrollo público que Europa aporta a este continente, no obstante podemos hablar de un vacío estratégico en la relación entre Europa y África. En los últimos años, las consecuencias negativas de este vacío se han hecho más evidentes. La Unión Europea y los Estados miembros reconocen ahora la necesidad de situar las relaciones con África en un plano nuevo, siendo la segunda Cumbre UE-África el momento adecuado para expresar claramente este propósito.

Existen diversas razones que justifican este nuevo reconocimiento de la importancia de las relaciones entre la Unión Europea y África: la percepción generalizada de que todos los retos globales, como la paz y la seguridad o el comercio internacional, exigen una actuación concertada por parte de la comunidad internacional, justificando así la aparición de nuevas formas de cooperación; la búsqueda de respuestas a problemas que afectan tanto a Europa como a África, en especial los efectos del cambio climático; la gestión de los recursos energéticos o los flujos migratorios; el deseo de África para solucionar de manera colectiva los problemas comunes, y la necesidad de adaptarse a cambios geopolíticos específicos en el contexto internacional.

Esta nueva relación entre la UE y África está recogida en los documentos que esperamos sean aprobados durante la Cumbre de diciembre: la Estrategia conjunta UE-África, su primer Plan de acción y, esperamos, la Declaración de Lisboa. Estos documentos reflejan la naturaleza específica de la relación entre Europa y África. Exponen un planteamiento que, por una parte, favorece los canales multilaterales y, por otra, busca ocuparse de los distintos aspectos de nuestra relación de una manera más integrada. Este enfoque constituye la diferencia que puede suponer la UE, sobre todo en comparación con otros interlocutores internacionales. El reconocimiento de África como socio mundial estratégico también está reflejado en el método utilizado para los preparativos, tanto para la Cumbre como para los documentos que se han de aprobar. Si bien la estrategia UE-África aprobada en 2005 es un documento de la UE que sólo es vinculante para ésta, la nueva estrategia —por primera vez, una Estrategia conjunta— y el Plan de acción son el resultado de la labor conjunta con nuestros socios africanos.

Desde un principio, los documentos de la Cumbre han sido elaborados por un grupo conjunto de expertos y esperamos que sean respaldados durante la Reunión Ministerial de las Troikas de la UE y de África que se va a celebrar el 31 de octubre, en un proceso que también ha implicado a interlocutores no gubernamentales y sociedades civiles, tanto africanas como europeas. La Estrategia conjunta y el primer Plan de acción son, así pues, el resultado de un trabajo conjunto. En consecuencia, su texto actual refleja y responde a muchas de las inquietudes y sugerencias contenidas en el informe de la señora Martens, un informe que ciertamente es muy completo y exhaustivo.

Las asociaciones entre la Unión Europea y África, identificadas tanto en la Estrategia conjunta como en el proyecto de Plan de acción, deben cubrir asuntos de interés común. Sus criterios fundamentales deben ser agregar valor a la cooperación y el diálogo político que existen actualmente y, a nuestro juicio, garantizar un impacto positivo sobre las vidas cotidianas de los ciudadanos europeos y africanos. Las asociaciones que queremos crear también van a procurar garantizar un equilibrio entre los compromisos formulados por ambas partes, que alterarán la lógica unilateral y basada en la asistencia de la relación entre la UE y los países ACP (de África, del Caribe y del Pacífico).

La experiencia ha demostrado asimismo que los compromisos políticos exigen mecanismos de supervisión y control, de forma que puedan traducirse en algo más que solamente buenas intenciones. Entre Cumbres, en paralelo con las reuniones habituales entre las dos Comisiones y la troika ministerial, existe ahora la posibilidad de reuniones ministeriales sectoriales complementarias siempre que sean necesarias. No obstante, un auténtico cambio en la relación entre la UE y África sólo podrá ocurrir si el proceso también es asumido de forma eficaz por otros varios interlocutores.

A este respecto, queremos establecer grupos conjuntos informales de expertos para la implantación de cada una de las asociaciones. Estarán abiertas a la participación de un amplio número de interesados: Parlamentos europeos y africanos, autoridades locales, sociedad civil europea y africana, organizaciones subregionales africanas, institutos de investigación, organizaciones e institutos internacionales especializados y el sector privado. Al mismo tiempo, se ampliará la cooperación y el diálogo entre el Parlamento Panafricano y esta Cámara, y estas instituciones también actuarán como canales para la puesta en práctica de la Estrategia conjunta y el Plan de acción.

Aunque tales cambios profundos no pueden ocurrir de forma instantánea, nos encontramos en una encrucijada de cambio en las relaciones entre los dos continentes. El reto con que nos enfrentamos consiste en aprovechar al máximo esta oportunidad, comenzando la puesta en práctica de esta nueva visión estratégica para el diálogo UE-África. Con este objetivo en mente tenemos previsto celebrar la próxima Cumbre UE-África en Lisboa en diciembre, con la confianza y el convencimiento de que es necesario hacer lo que estamos haciendo.

 
  
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  Louis Michel, Miembro de la Comisión. – (FR) Señora Presidenta, Señorías, en primer lugar quiero felicitar y agradecer a la señora Martens por su excelente informe, que plantea distintos asuntos y ofrece un número de sugerencias útiles, y que ciertamente nos proporciona una fuente de inspiración para la contribución del Parlamento en lo que, de hecho, es un asunto de enorme importancia, un asunto que exige un nuevo planteamiento en el ámbito de las relación UE-África.

Como todos saben, 2007 va a ser un año especial para el futuro de las relaciones entre Europa y África. Cinco años después del informe sobre la Cumbre de Lisboa de 2003, y nada menos que siete después de la primera Cumbre África-Europa que se celebró en El Cairo en 2000, me parece que necesitamos de manera urgente redefinir esta relación sobre una nueva base. África ha cambiado profundamente en los últimos años y ha adquirido una arquitectura institucional continental que se asemeja a la nuestra en muchos aspectos. La nueva institución que es la Unión Africana necesita ahora fortalecerse y consolidarse. Esta institución ha desarrollado ambiciosas políticas continentales en ámbitos clave como el desarrollo socioeconómico, la paz y la seguridad, y de hecho la buena gobernanza también, y todos estos elementos merecen a las claras nuestro apoyo y reconocimiento.

África ha adquirido ya, innegablemente, una dimensión internacional. Estoy pensando ahora en la diferente naturaleza de sus relaciones con la comunidad internacional, tal como ha manifestado la señora Martens, y estoy pensando en el nuevo papel que está desempeñando China, por ejemplo, y su influencia sobre los proyectos de inversión en ese continente. También estoy pensando, desde luego, en los retos globales a los que África, como todos los demás interlocutores mundiales, tiene que hacer frente, a saber, el cambio climático, el suministro energético, la reforma de las instituciones multilaterales, el riesgo de pandemias, la emigración y demás, y es evidente que África tiene que hacerse escuchar, tiene que ejercer su influencia y, sobre todo, tiene que hacer valer sus derechos. Al fin y al cabo, estos desafíos globales que acabo de enumerar también son los nuestros. Todos estos retos y asuntos son comunes para los dos y, aún más, sirven para realzar la interdependencia que existe entre Europa y África. Pues compartimos el mismo destino.

Una Estrategia conjunta de una naturaleza más política puede resultar diferencial para África y, de hecho, para Europa también, y conviene decir que para el resto del mundo. Así pues, los dos continentes necesitan urgentemente establecer un nuevo marco y dotarse de un nuevo conjunto de instrumentos a fin de situar el diálogo UE-África a un nivel mucho más elevado. La Estrategia conjunta UE-África que hemos desarrollado en los últimos meses con nuestros socios africanos debe facilitar ese marco. No obstante, eso no significa que volvamos la espalda a la tradicional relación de solidaridad. Más bien necesitamos dar un salto cualitativo que inaugure una nueva era en las relaciones UE-África, una era que una a dos socios con iguales derechos e iguales responsabilidades.

Son inquietudes que están muy bien documentadas en el informe y sólo me queda apoyar las notables ideas nuevas que el Parlamento ha presentado para controlar y apoyar la ejecución de esta estrategia y los planes de acción que se deriven de ella. A este respecto, considero crucial la creación de una delegación conjunta PE/PAP (Parlamento Panafricano) para completar el edificio institucional que es necesario construir. A esto yo añadiría las reuniones periódicas que habrán de celebrarse entre los Presidentes de estas dos instituciones, junto con la organización conjunta de comparecencias y la preparación, también sobre una base conjunta, de informes políticos que detallen el progreso que se vaya alcanzando. Todo eso será esencial para mantener el dinamismo del proceso y para proporcionarle el vigor político que va a necesitar para que sea un éxito.

Somos conscientes de que este planteamiento también exige la creación de instituciones sólidas y estables por parte de la Unión Africana, unos organismos que sean capaces de actuar e interactuar con los nuestros. Teniendo esto muy claramente presente, vamos a continuar apoyando a la Unión Africana en la transformación y el fortalecimiento de sus instituciones. Como primera confirmación de este compromiso, me complace poder anunciar que el primer Plan de acción presentado por el Parlamento Panafricano estará subvencionado con un importe de 275 000 euros con cargo a nuestro programa de apoyo institucional, que está financiado actualmente por el noveno Fondo Europeo de Desarrollo. Esta fue una de las preocupaciones concretas que me fue comunicada por el Presidente Borrell.

Espero que esta subvención inicial permita al Parlamento Panafricano participar plenamente en la iniciativa que ustedes han planteado en cuanto a organizar una reunión parlamentaria conjunta antes de la Cumbre de Lisboa en diciembre, a fin de que los resultados de su trabajo puedan ser presentados a los Jefes de Estado durante la Cumbre.

Por último, como he dicho en una serie de ocasiones, la implicación y el compromiso de las poblaciones civiles de nuestros dos continentes y de las asambleas elegidas por sufragio universal que las representan, constituyen un factor esencial en el éxito de un proceso eficaz de diálogo y cooperación entre Europa y África. Quizá tendamos en ocasiones a olvidarlo, pero estamos hablando aquí del destino común de 1 500 millones de seres humanos y son ellos los agentes más importantes en la asociación que ahora estamos creando.

Señora Martens, estoy totalmente de acuerdo con la necesidad de la coordinación; por eso hemos propuesto el código de conducta, que debería procurar una mejor división del trabajo entre los diferentes donantes, lo que se traducirá en una mayor armonía. Creo que hemos sido coherentes a este respecto porque, como saben, en el décimo Fondo Europeo de Desarrollo hemos creado un marco financiero especial para gobernanza, que es uno de los aspectos, y ciertamente muy importante a estos efectos, del diálogo político que pretendemos establecer con nuestros socios africanos. Por lo que concierne a los AAE (acuerdos de asociación económica), no tengo ninguna duda de que tendré que responder a preguntas sobre este tema después de sus intervenciones. Por tanto, voy a reservar mi respuesta para las intervenciones, a fin de no hablar demasiado de momento y, por ende, consumir demasiado tiempo.

Mi última referencia atañe a algo que el Presidente en ejercicio del Consejo también ha subrayado: no cabe restar importancia a la Cumbre UE-África. Va siendo hora de celebrar dicho evento, ya que existe la dinámica y se trata de un cambio de objetivos. En ciertos aspectos se trata de un cambio en la naturaleza de las relaciones entre nuestros dos continentes. Tenemos que dejar atrás la relación tradicional —podríamos incluso decir banal—, esta relación bastante arcaica de beneficiario y donante, o donante y beneficiario, y progresar hacia una asociación mucho más política que implique a dos socios con iguales derechos y responsabilidades. A mi juicio, esto es ciertamente mucho más importante. Hasta aquí de momento, y estoy seguro de que de habré de volver sobre algunos de estos puntos una vez que ustedes hayan tenido oportunidad de plantearme preguntas de carácter más específico.

 
  
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  Michel Rocard, ponente de opinión de la Comisión de Asuntos Exteriores. – (FR) Señora Presidenta, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Comisario, Señorías, la Comisión de Asuntos Exteriores, a la que represento como ponente, está a favor de todos estos esfuerzos. Está preocupada por África y apoya todo lo que se ha dicho. Solamente quiere saber si somos lo suficientemente valientes para la tarea.

Lo que no podemos dejar por escrito, aun cuando nuestro informe lo sugiere y, de hecho, estoy en condiciones de decirlo, es que cuando se trata de África, aflora un montón de hipocresía políticamente correcta y asfixiante, de la que hay que liberarse para poder alcanzar realmente nuestros objetivos. Por lo que respecta a hacer posible que África se desarrolle permitiendo que sus productos accedan a nuestros mercados, conviene recordar que cerca de cuarenta países africanos no tienen nada de nada que exportar. Esta propuesta es simplemente fraudulenta. Ni uno solo de los países africanos es autosuficiente en cuanto a alimentos. Tienen que importar para comer, mientras que las exportaciones procedentes de aquí y de Brasil están matando la agricultura local de subsistencia. Tenemos que ayudar a África a protegerse a sí misma. Ese es el mensaje que hemos reiterado en el informe.

La corrupción, desde luego, actúa como una plaga destructora sobre África. Este problema es endémico en los países extremadamente pobres. Por tanto, tenemos que comenzar por los grandes y centrarnos en ellos. Eso significa los conocidos sospechosos habituales, aun cuando sean ministros, y quienes en nuestras filas participan en los sobornos. La corrupción a pequeña escala solamente desaparecerá con el desarrollo económico. No empecemos a acusarles de las mismas cosas que hacíamos nosotros hace un par de siglos, ya que nuestra expansión y desarrollo también se basaron en la corrupción.

Por último, una dictadura no se puede convertir en una democracia ni siquiera con la contribución del comercio y la ayuda exterior. Sin embargo, puede convertirse en despotismo ilustrado. Poner fin a la tortura y los secuestros, permitir la libertad de expresión y establecer la independencia de los tribunales y su control sobre la policía, todo ello debe tener prioridad sobre las elecciones plurales que se organizan simplemente para complacer a Occidente, mientras que continuamente se producen secuestros de gente y asesinatos de periodistas y candidatos electorales. Las condiciones que impongamos han de tener en cuenta estos factores. Queda todavía mucho por decir sobre este asunto.

 
  
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  Filip Kaczmarek, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (PL) Señora Presidenta, señor Comisario, la señora Martens ha elaborado un informe excelente que ha sido aprobado por unanimidad en la Comisión de Desarrollo. Por primera vez en la historia, África y Europa están empezando lentamente a trabajar de forma conjunta y a establecer un enfoque común para el desarrollo de la democracia, el apoyo al desarrollo y el fortalecimiento de la paz y la seguridad en todo el continente africano. Comparto la esperanza expresada por los representantes del Consejo y de la Comisión en cuanto a que este informe va a constituir una buena fuente de inspiración durante los preparativos de la Cumbre UE-África de Lisboa. Muchas de las disposiciones en el informe, y más concretamente su ejecución, tendrán una importancia vital para el desarrollo de las relaciones entre Europa y África. Resultará difícil conseguir algún progreso en nuestras relaciones mutuas sin mejorar la coherencia de diversas políticas de la Unión, como las de comercio, desarrollo, protección medioambiental, agricultura y migración.

También es importante respetar las decisiones y compromisos contraídos en el pasado. En 2005, el Consejo de la Unión Europea dictaminó que se asignara al menos un 50 % más de recursos en ayuda al desarrollo para los países africanos. En mi país, Polonia, la ayuda al desarrollo ha aumentado notablemente durante los últimos años. La dificultad estriba en que el año pasado, apenas el 1,4 % de toda la ayuda bilateral polaca se destinó al África subsahariana. El hecho de que ciertos Estados miembros hayan tardado en ratificar el Acuerdo de Cotonú revisado y el acuerdo interno relativo al 10º Fondo Europeo de Desarrollo también constituye un motivo de preocupación. A fecha de hoy, sólo la mitad de los Estados miembros han ratificado el Acuerdo de Asociación con los países ACP (de África, del Caribe y del Pacífico) que debía entrar en vigor el 1 de enero de 2008.

Si no se produce la ratificación plena, va a resultar muy difícil seguir adelante con los programas africanos y los planes de apoyo a África se quedarán sobre la mesa. Por tanto, insto a los diputados de esta Cámara a que presionen a sus Parlamentos y Gobiernos nacionales para garantizar que se produzca la ratificación del Acuerdo de Cotonú revisado.

 
  
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  Alain Hutchinson, en nombre del Grupo PSE. – (FR) Señora Presidenta, señor Presidente en ejercicio del Consejo, señor Comisario, el Grupo Socialista en el Parlamento Europeo siempre ha apoyado firmemente el principio de que las personas afectadas directamente deben tener el control sobre las estrategias de desarrollo, ya que eso significa que sean tenidas realmente en cuenta sus prioridades.

En este informe hemos resaltado naturalmente que los Parlamentos nacionales y la sociedad civil han de participar en la nueva estrategia UE-África. La implicación ha estado ausente en gran medida de los preparativos que se están realizando actualmente para esta nueva estrategia, que se propone inaugurar una nueva forma de asociación estratégica. Es apremiante que corrijamos esto. En este contexto, acogemos con gran satisfacción la iniciativa de la Presidencia portuguesa de invitar a delegaciones de los Parlamentos Europeo y Panafricano para que asistan a la Cumbre de diciembre en Lisboa. Esperemos que no se trate solamente de un gesto simbólico.

También hemos insistido —y la señora Martens lo acaba de mencionar— en que exista auténtica coherencia entre las distintas políticas europeas. Eso significa que las medidas adoptadas como parte de nuestras políticas sobre comercio, agricultura, pesca e inmigración, por ejemplo, tienen que tener especialmente en cuenta cualquier repercusión que pueda haber para el desarrollo en los países del Sur y concretamente en África.

También hemos recordado que la Unión Europea prometió hacer todo lo posible para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio y dar todos los pasos necesarios para erradicar la pobreza. Con esto en mente, insistimos en que la nueva estrategia UE-África debería proclamar claramente sus compromisos y especificar las medidas concretas necesarias para garantizar que sean respetados en lo concerniente a África.

En cuanto a los acuerdos de asociación económica, nuestra posición es muy clara: no nos oponemos de forma alguna, ni ideológicamente ni sobre ninguna otra base, a la firma de acuerdos que establezcan los términos de una asociación que sea igualmente beneficiosa para los europeos y para los pueblos de los países ACP (de África, del Caribe y del Pacífico). Sin embargo, nos opondremos resueltamente a cualquier acuerdo que, una vez firmado, coloque a los pueblos de África, en concreto, en una situación que sea menos favorable que la que tienen hoy. Ése es el propósito de la enmienda que hemos presentado.

Por último, quiero señalar que, en la situación actual, seguimos sin saber el texto que se va a presentar en la próxima Cumbre de Lisboa. Usted nos ha dicho que el documento en cuestión se estaba elaborando. Por tanto, vamos a estar muy atentos a la forma en que las recomendaciones que hemos expuesto en nuestro informe quedan recogidas en la elaboración de este documento y, naturalmente, nos reservamos el derecho a reaccionar debidamente tan pronto como se nos facilite el texto.

 
  
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  Johan Van Hecke, en nombre del Grupo ALDE. (NL) Señora Presidenta, Señorías, el informe de Maria Martens contiene una serie de interesantes recomendaciones, aunque debo admitir que mi Grupo tiene un pequeño problema con el matiz más bien negativo y la falta de una visión de futuro clara y coherente en el informe.

Siete años después de la primera Cumbre en El Cairo, la Presidencia portuguesa, junto con la Comisión, está procurando elaborar una nueva estrategia UE-África en un intento honrado —realmente lo creo— para despojarse del antiguo modelo de donantes y beneficiarios. El hecho de que se celebre esta Cumbre resulta enormemente importante, y no sólo por razones de índole negativa, no sólo por una reacción angustiada ante la creciente influencia de China.

Por el contrario, la creciente conciencia en ambas partes de que Europa y África ya nos son los recíprocos socios preferenciales exclusivos crea una oportunidad única para desarrollar una relación totalmente nueva y más equilibrada. A primera vista, la distancia entre Europa y África no parece tan insalvable. Es esencial para África que toda nueva asociación se aleje de la dependencia respecto de la ayuda tradicional y la cultura de caridad y condicionalidad. Las exigencias de una mayor industrialización, un mayor desarrollo del sector privado y una mayor inversión en la economía del conocimiento cada vez son más patentes.

Afortunadamente, también está aumentando la conciencia en África de que la gente tiene que ser responsable de la solución de sus problemas en primer lugar. Europa tiene que aclarar ahora cómo va a apoyar estos halagüeños planteamientos, sin caer en la trampa del paternalismo y la interferencia. Cualquier asociación futura entre la UE y África tendrá que estar inevitablemente basada en el principio de la responsabilidad mutua. En ese sentido, una supresión incondicional de las subvenciones agrícolas podría reforzar, más que ningún otro gesto, la credibilidad de la UE entre sus amigos africanos.

 
  
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  Brian Crowley, en nombre del Grupo UEN. — (EN) Señora Presidenta, quiero dar las gracias al Presidente en ejercicio y al Comisario por su intervención, pero sobre todo también a nuestra ponente, señora Martens, por su trabajo sobre esta cuestión, porque lo cierto es que estamos considerando una nueva asociación, un nuevo acuerdo entre la Unión Europea y África. Felicito al Consejo por proponer que se celebre una Cumbre UE-África en diciembre y espero que ésta no dependa de que una sola persona acuda o no a la misma.

Hay mucho en juego en la relación entre Europa y África como para que dependa de si Robert Mugabe acude o no a la cumbre. Todos conocemos y criticamos las acciones de Robert Mugabe en Zimbabwe. Todos defendemos los derechos de las instituciones democráticas y de los movimientos democráticos dentro de Zimbabwe y todos pedimos la protección de esos derechos democráticos, pero eso no debe obstaculizar el desarrollo ni el trabajo que tienen que realizar conjuntamente la Unión Europea y África.

Las cuestiones relacionadas con la gobernanza, la ayuda al desarrollo y, sobre todo, el libre comercio, tienen una importancia vital para el futuro desarrollo de África. Si hablamos de desarrollo, la Unión Europea es el principal donante de ayuda en el mundo. Irlanda, mi país, es por habitante el sexto mayor donante de ayuda en el mundo. Pero la ayuda no debe concederse pensando en conseguir algo a cambio, sino pensando en ofrecer a los ciudadanos la libertad para liberarse a sí mismos, resolver las dificultades, disponer de una educación, una salud y unas infraestructuras que les permitan dejar de depender de ayudas en el futuro.

China plantea algunos problemas, porque no valora igual que Europa la gobernanza, la lucha contra la corrupción, la apertura y la transparencia. Tenemos que reconocer la influencia que tiene China en el mundo en desarrollo. Muchas gracias, señora Presidenta, por su permiso.

 
  
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  Marie-Hélène Aubert, en nombre del Grupo Verts/ALE. – (FR) Señora Presidenta, a pesar de las intenciones declaradas no podemos decir realmente que se haya introducido ningún nuevo elemento en los debates que se han celebrado durante los últimos meses sobre la asociación entre la Unión Europea y África. La paz y el Estado de Derecho ciertamente tienen que ser absolutamente prioritarios; la UE está desempeñando ahora un papel creciente a este respecto y eso no merece sino aplauso. Tenemos que garantizar asimismo que el apoyo proporcionado para la organización de las elecciones, por ejemplo, esté sometido a una gestión y vigilancia reales, de forma que las comunidades en cuestión perciban los beneficios prácticos que la democracia puede aportar a sus vidas cotidianas.

Por lo que respecta a las demás medidas, quiero decir que, en conjunto, las propuestas de la Unión Europea son bastantes clásicas, a medio camino entre la promoción de la buena gobernanza y el libre comercio, sin incidir en el desarrollo económico y la prestación de asistencia sanitaria. Sin embargo, aun cuando quedan asuntos candentes por resolver, estas estrategias UE-África, a nuestro juicio, no contemplan dos problemas clave. Primero está la seguridad alimentaria, que ha de contemplarse dentro del contexto de unos precios al alza de los alimentos básicos, sobre todo los cereales, y el repunte de los biocombustibles, junto con la necesidad de proteger y desarrollar la agricultura, aunque el próximo Fondo Europeo de Desarrollo —al igual que la mayoría de los Gobiernos en África— solamente ha asignado un pequeño porcentaje de su presupuesto a este objetivo. Incluso el Banco Mundial ha reseñado recientemente que es preciso hacer un replanteamiento en este ámbito y eso significa algo. La cuestión del suministro de alimentos se ha convertido en algo crucial, lo mismo que el futuro de los pequeños agricultores que con excesiva frecuencia son olvidados por las políticas de ayuda al desarrollo.

El segundo aspecto clave es que África, como saben, es una inmensa reserva de recursos naturales de la que la gente de África, por desgracia, no puede beneficiarse, aún cuando el precio de dichas materias haya aumento enormemente. Todas las grandes potencia económicas, junto con las naciones emergentes como China, se apresuran a hacerse con estos recursos que se están convirtiendo en cada vez más escasos. Esta moderna fiebre del oro, esta ansia por las materias primas, está teniendo ahora brutales repercusiones sociales y medioambientales y continúa alimentando guerras y corrupción.

A la luz de todo esto, la Unión Europea está hablando en un tono teórico, incluso angelical, al tiempo que también está involucrada en la explotación de los recursos naturales de África. ¿Cómo racionalizamos, gestionamos y compartimos entonces el acceso a estas reservas de forma que las comunidades afectadas obtengan realmente beneficios de ellas sin que su entorno quede arrasado? Se trata de una cuestión importante, una cuestión que la estrategia UE-África tiene que abordar con mayor seriedad, ya que de todas formas nos va a venir impuesta, dada la velocidad de los acontecimientos en este sector.

 
  
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  Luisa Morgantini, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (IT) Señora Presidenta, Señorías, le doy las gracias a la señora Martens, sobre todo por la forma en que hemos podido trabajar juntas en la comisión, por su cortesía y también por las discrepancias que han surgido, las diferencias entre nosotras, pero creo que el resultado, al margen de algunos puntos, es muy notable.

Las relaciones UE-África han recorrido un largo camino desde la Declaración de El Cairo de 2000. Han cambiado muchas cosas en África, un continente rico en diversidad y asolado por la guerra. La creación de la Unión Africana, la política de unidad en la diversidad, han supuesto un progreso.

El Parlamento Panafricano ha adoptado el lema de «un África, una voz». Los movimientos sociales en África son vitales y exigen lo que acaba de mencionar el señor Öger. Son vibrantes y se constituyen en redes y han tenido una presencia muy destacada en el Foro Social de Nairobi. También se han conseguido progresos reales en la formulación no de una política europea para África, sino una política conjunta africana y europea de asociación.

Las reuniones entre el Parlamento Panafricano y el Parlamento Europeo, y su presencia en la Cumbre de Lisboa, están poniendo en práctica lo que hemos dicho que faltaba en los documentos, a saber, el papel de esta Cámara. No sólo estamos exigiendo una función, sino su puesta en práctica, y pienso que la asistencia de Louis Michel ha sido de enorme importancia, por supuesto sumada a la de la Presidencia portuguesa. No obstante, nuestras diferencias de opinión son claras.

Los distintos aspectos de la estrategia son importantes, pero tenemos que ponerlos en práctica mediante políticas coherentes, y ahora me estoy refiriendo a la venta y el comercio de armamento. Así pues, hemos de continuar por este camino, a sabiendas de que está plagado de obstáculos.

 
  
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  Kathy Sinnott, en nombre del Grupo IND/DEM. — (EN) Señora Presidenta, la educación es el puente que enlaza la miseria con la esperanza. Es una herramienta para la vida diaria en la sociedad moderna. Es el muro contra la pobreza y el ladrillo con el que se construye el desarrollo. Kofi Annan describió la estrategia en los Objetivos del Milenio, que son similares a los establecidos en la estrategia de desarrollo de la UE para África. La educación se sitúa en el mismo plano que el comercio como clave para el desarrollo del continente.

A pesar de ello, la UE no tiene reparos en sumarse a naciones ricas como los Estados Unidos, Australia, Canadá y Nueva Zelanda para la exportación sistemática de profesionales africanos y asiáticos con un alto nivel de cualificación y formación.

El Comisario Frattini anunció el mes pasado que, para que Europa pueda conseguir «los inmigrantes que su economía necesita», en los próximos 20 años la UE tendrá que importar 20 millones de trabajadores cualificados de esos continentes por medio del sistema de la tarjeta azul, similar a la Tarjeta Verde de los Estados Unidos. Y aunque es cierto que el flujo constante de trabajadores cualificados para llenar los vacíos dejados por nuestra población trabajadora cada vez más envejecida nos beneficiará a nosotros, ese tipo de fuga de cerebros tendrá consecuencias devastadoras para los países pobres y subdesarrollados de África.

Europa es también responsable de la descapitalización de los pobres de África. Los niños son el futuro de nuestros países, pero los fondos para el desarrollo de la UE están sistemáticamente vinculados a programas de control de la natalidad dirigidos a eliminar africanos futuros.

El Libro Verde de la UE sobre demografía dice claramente que sin crecimiento demográfico no habrá crecimiento económico. África es actualmente el único continente del mundo con una tasa de natalidad por encima del nivel de reposición. Si mantenemos nuestros Objetivos del Milenio y cumplimos nuestras promesas, África llegará a convertirse este siglo en un líder mundial.

 
  
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  Koenraad Dillen, en nombre del Grupo ITS. – (NL) Señora Presidenta, nadie puede negar que este informe describe con gran detalle la multitud de problemas del continente africano, así como los distintos retos para la asociación entre la Unión Europea y África. Sin embargo, aun cuando tengo la máxima confianza en la experiencia de la ponente en el ámbito de la política de desarrollo, sigo pensando que este informe no hace suficiente énfasis en el origen fundamental de los problemas de África y no presenta respuestas a algunos desafíos muy básicos.

Tal vez no resulte políticamente correcto decir esto, pero así son las cosas. En contra de lo que sostiene este informe, África y la Unión Europea no comparten actualmente la misma forma de pensar sobre la democracia, la buena gobernanza y los derechos humanos. La causa principal de la pobreza, el hambre, la falta de seguridad y los problemas socioeconómicos que asolan al continente —y que están correctamente enumerados en este informe— es de hecho la existencia de regímenes muy incompetentes y corruptos que no se esfuerzan en absoluto por respetar la buena gobernanza, la democracia y los derechos humanos.

Nadie, por ejemplo, cuestiona ya que Robert Mugabe sea un criminal que ha puesto de rodillas a su país y que atemoriza a su propia población. Pero, ¿qué dicen los países en desarrollo del Sur de África? Que las elecciones se han realizado de forma adecuada y que los países occidentales deberían ocuparse de sus propios asuntos. Realmente tengo dudas sobre las promesas realizadas por estos dirigentes sobre la buena gobernanza.

Este informe se ocupa acertadamente de la paz y la seguridad. En África, con sus innumerables regímenes nada democráticos, el gasto en armamento siempre supera con creces la enorme cantidad de ayuda al desarrollo que fluye a esos países, según fuentes de Oxfam. Todos estos problemas, por tanto, responden a la misma causa.

Por último, debo decir que no estoy de acuerdo con la sección sobre inmigración, ya que cualquiera que piense que el planteamiento de las migraciones circulares puede detener la fuga de cerebros de África y la presión ejercida por la inmigración sobre Europa, me temo que se está engañando gravemente al respecto.

 
  
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  Michael Gahler (PPE-DE).(DE) Señora Presidenta, quiero dar las gracias a nuestra ponente por su sólido y exhaustivo informe. Existe un amplio consenso en la Cámara acerca de los principios generales. La Cumbre UE-África en Lisboa en diciembre no puede llegar más a tiempo. Aplaudo el hecho de que estemos de acuerdo en lo tocante a una Estrategia conjunta.

La posición del Parlamento Europeo en el caso especial del señor Mugabe es conocida desde hace años. Sin embargo, este caballero no debe convertirse en un obstáculo para un nuevo capítulo en las relaciones europeo-africanas. Creo que existen suficientes Jefes de Gobierno europeos que guardan un mensaje claro e inequívoco para él. Esa es la razón por la que tiene que estar presente y tragarse el mensaje que se le va a transmitir.

Como Presidente de la delegación para las relaciones con el Parlamento Paneuropeo, quiero expresar algunos deseos parlamentarios concretos para la cooperación futura que acordamos la semana pasada en Midrand. Los Parlamentos de África han sido por lo general instituciones desatendidas. Tienen sobre el papel un importante papel constitucional, pero sus propios Gobiernos y, de hecho, los donantes propenden a no tomárselos muy en serio. Pero con los apropiados recursos y tras una satisfactoria y exhaustiva creación de capacidades de los diputados y del personal en las administraciones parlamentarias, las comisiones y los grupos, estos Parlamentos tienen la capacidad potencial para desempeñar su verdadero papel de ejercer el debido control político del Ejecutivo. El irresistible atractivo de este planteamiento radica asimismo en que contaríamos con organismos de control a nivel local con legitimidad democrática, y cuando surgieran problemas, sus críticas resultarían mucho más aceptables que las de los donantes extranjeros.

Por tanto insto a la Comisión a incorporar la creación de capacidades con carácter puntual en sus programas para los países, para que dentro de algunos años podamos presenciar verdaderamente que la política africana se ha hecho mucho más receptiva, en la práctica, a las necesidades públicas, gracias también a la participación de los Parlamentos nacionales.

 
  
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  Alessandro Battilocchio (PSE).(IT) Señora Presidenta, Señorías, quiero felicitar a la señora Martens por su labor y reconocer la voluntad política de la UE y de la Unión Africana para elaborar una Estrategia conjunta que contemple diversos asuntos de interés para ambas comunidades: desde la seguridad al medio ambiente, desde la migración al desarrollo y el fomento de los derechos humanos y la democracia.

Para que esta estrategia sea plenamente eficaz, la UE debe crear esta asociación ya, implicando oportunamente a la sociedad civil y a los Parlamentos locales. La UE tiene que promover una acción tangible e incisiva para salvaguardar los derechos humanos, la libertad de expresión y de asociación y el principio de democracia, a fin de que el desarrollo económico y social en el continente africano pueda ser auténticamente sostenible e implicar a todos los estratos de la sociedad africana.

Además, quiero hacerme eco de otros compañeros al solicitar el compromiso más firme posible por parte de la UE para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, luchar contra el SIDA —que está diezmando la población laboral— y elaborar políticas europeas que sean verdaderamente coherentes con el espíritu de cooperación para el desarrollo, sobre todo en el contexto del comercio internacional.

 
  
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  Danutė Budreikaitė (ALDE).(LT) Quiero felicitar a la señora Martens por su informe sobre la situación actual de las relaciones UE-África y por las medidas propuestas para mejorar dichas relaciones.

Es una vergüenza que África siga siendo el continente más pobre del mundo. A pesar de la ayuda internacional prestada por la UE y otros países, el nivel de pobreza no ha disminuido; de hecho, ha aumentado. Todavía están por alcanzarse los Objetivos del Milenio.

Eso está ocurriendo en África, el continente más rico en recursos naturales del mundo. La razón principal de ello estriba en que las materias primas se exportan a unos precios ínfimos, mientras se pagan precios elevados por los productos terminados. La situación podría transformarse por medio del desarrollo de la industria de fabricación, las pequeñas y medianas empresas, la introducción de nuevos puestos de trabajo y el fomento de la cooperación regional.

No existe duda alguna, tal como señala el informe y se subraya continuamente por parte del Parlamento Europea, que la educación continúa siendo uno de los factores clave para el desarrollo de la economía independiente de África.

En cuanto al asunto del futuro de África, quiero mencionar los conflictos militares que continúan asolando ciertas zonas, como Sudán, desde tiempos inmemoriales. Por un lado, esta situación irradia inseguridad tanto para los inversores locales como extranjeros. Por otro, algunos países aprovechan los conflictos para incrementar la producción de materias primas en condiciones ventajosas.

La UE y la comunidad internacional deberían hacer un mayor esfuerzo para resolver los conflictos militares en África. Eso incrementaría la eficacia de la ejecución del programa de Cooperación al Desarrollo.

 
  
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  Helmuth Markov (GUE/NGL).(DE) Señora Presidenta, un factor muy importante en la política de desarrollo africano es el comercio, y el comercio, si se utiliza adecuadamente, puede contribuir desde luego a reducir la pobreza y además puede ayudar a mejorar la atención sanitaria en África. Puede ayudar a mejorar la educación y puede contribuir a eliminar el analfabetismo. Sin embargo, no puede hacerlo tal como lo concibe la Comisión.

Me complace que —bien porque se haya impuesto el sentido común, o porque la presión de los países africanos haya alcanzado tal intensidad— desde el lunes pasado, la Comisión está adoptando un enfoque diferente a los acuerdos de asociación económica (AAE). En consecuencia, ya no existen exigencias absurdas de reciprocidad en cuanto a la liberalización de los mercados y se ha dejado de insistir en la inclusión de los asuntos de Singapur. Existe ahora un acuerdo para suprimir los temas individuales, así que las conversaciones solamente se centrarán en mercancías, dejándose el debate de las otras cuestiones para más adelante.

Si adoptáramos el mismo enfoque para la Ronda de Desarrollo de Doha, tal vez podríamos alcanzar también algunos éxitos, ya que esa es la razón por la que hemos fracasado repetidamente hasta ahora. Esa es la razón por la que la OMC y la Ronda de Desarrollo de Doha han fracasado, ya que la Comisión siempre insiste en enviar el mismo mensaje. Afirma: «tienen que entender que nosotros sólo queremos lo mejor para ustedes, y si no aceptan eso, entonces no llegaremos a ningún acuerdo».

Afortunadamente, si echamos un vistazo al informe de este Parlamento —que en este caso estuvo mucho más listo que la Comisión— que fue elaborado por mi compañero, señor Sturdy, allá en 2006, resulta evidente que el Comisario Mandelson podría haber aceptado mucho antes las demandas que ahora se ve obligado a aceptar y tal vez no habríamos dejado llegar las cosas tan lejos.

Usted en persona intervino ante nuestra comisión y le preguntamos de forma muy concreta sobre ello. ¿Cuál fu su respuesta? ¡Usted afirmó que el Comisario Mandelson estaba realizando un trabajo magnífico! Francamente, el Consejo también tiene una responsabilidad en esto, dado que ha de respaldar el Acuerdo de Asociación al final de proceso. Podría participar en las negociaciones de vez en cuando, en lugar de decir simplemente: «vamos a dejar al Comisario que continúe con el tema hasta que proponga algo». No, usted tiene una responsabilidad y, a mi juicio, en lo concerniente a los AAE, usted no ha cumplido esta responsabilidad, al menos a juzgar por sus declaraciones a nuestra comisión.

 
  
  

PRESIDE: LUISA MORGANTINI
Vicepresidenta

 
  
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  Robert Sturdy (PPE-DE). - (EN) Señora Presidenta, me sorprendo al coincidir tan sinceramente con una colega del otro ala de esta Cámara.

Felicito a la señora Martens por su informe. Se han dicho muchas palabras bellas esta tarde en esta Cámara, pero hemos fallado a África. Hemos fallado a África en el pasado y, como ponente sobre los AAE, espero que esta Unión Europea no vuelva a fallarle.

Ayer, la Comisión publicó una comunicación sobre los AAE que reconoce por fin la imposibilidad de concluir las negociaciones antes de que finalice el año 2007, como se había previsto y recogido en mi informe. Pero la Comisión sigue insistiendo en que los países de África, el Caribe y el Pacífico tienen que comprometerse a ratificar plenamente los AAE en 2008 y que algunos países de la región, pero no otros, deben firmar los AAE. ¡Eso es increíblemente absurdo!

En esas negociaciones hay muchas cosas que no están claras y que son inciertas, cuando queda tan poco tiempo. La comunicación es deliberadamente vaga y, aunque entiendo de qué trata, me preocupa: nunca he firmado un acuerdo sobre algo que no entiendo, y aún así estamos pidiendo a África que haga precisamente eso.

Además, estas nuevas propuestas para establecer acuerdos subregionales dentro de regiones con los países africanos que estén dispuestos a firmar, creará una mezcolanza de acuerdos diferentes en países vecinos.

La idea de que otros países y regiones ACP se unan más tarde significa que tendrían que firmar un acuerdo que ellos no habrían negociado. ¿Es esa una buena idea? ¿No se pretendía con los AAE favorecer la integración regional?

Así pues, ¿quién está centrando su atención en la aplicación, los mecanismos de vigilancia y las evaluaciones de impacto, mientras que las partes negociadoras tratan de ponerse de acuerdo sobre esos paquetes más pequeños? Los países ACP no deberían tener que elegir entre acuerdos comerciales que pueden ser perjudiciales para sus mercados locales/regionales y barreras que paralicen sus mercados de exportación. Queda todavía una elección por hacer, y los cambios de política de la Comisión en el último minuto no ayudan a restablecer la confianza de los desconectados.

 
  
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  Josep Borrell Fontelles (PSE). - Señora Presidenta, señores Comisarios y señor Ministro, este debate debe contribuir al camino que lleva a Lisboa y a la Cumbre y hay que agradecer a la Presidencia portuguesa que haya centrado su atención en las relaciones entre Europa y África. Esperemos que ello sirva para que los europeos entiendan por fin que su destino está íntimamente ligado al destino de África, para que entendamos que el desarrollo de África es una de las condiciones de nuestra prosperidad, que no podremos controlar los flujos migratorios ni tener un aprovisionamiento energético seguro sin un partenariado fuerte con África.

Tengamos bien claro que no es para ayudar a los pobrecitos pobres, sino en nuestro propio interés. Tengamos también claro que los africanos ven a veces con poca confianza nuestras declaraciones, que les parecen retórica, porque todavía no hemos superado el pasado colonial para instalarnos en este partenariado sólido entre iguales que todos deseamos, que enunciamos, pero que está lejos todavía de la realidad.

La tarea para modernizar África es inmensa. La responsabilidad de los africanos en su situación es grande, pero la nuestra también. Y sin nosotros —sin nuestra ayuda, sin nuestra cooperación— no saldrán de la situación que describe el informe Martens, porque no será sólo con comercio sino con ayuda y con igualdad en las relaciones que podrán superar la herencia histórica de la cual, en parte, somos nosotros claramente responsables.

 
  
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  Olle Schmidt (ALDE).(SV) Muchas gracias, señora Presidenta. En diciembre se va a celebrar la primera Cumbre desde hace muchos años entre la Unión Africana y la UE. Se trata de una reunión importante para la UE, que tiene la gran responsabilidad de apoyar el desarrollo económico y democrático en África. Esta iniciativa es mérito de la Presidencia portuguesa. La UE tiene que mostrarse más activa en el continente africano.

Lo que me preocupa, a diferencia de Brian Crowley, es que el dictador de Zimbabue, Robert Mugabe, probablemente asista a la Cumbre. No es digno de la Unión Europea sentarse a la misma mesa de negociación que Mugabe. El desgobierno y la corrupción de Mugabe están paralizando todo el país. La oposición política ha sido perseguida y encarcelada, no existe la libertad de expresión, existe escasez de alimentos en un país que un día fue el granero de África, y cientos de miles de personas carecen de vivienda. La economía se cae en pedazos, la inflación supera el 7 000 %, la edad media es la más baja del mundo y el 25 % de la población está infectada por VIH. Señora Presidenta, señor Comisario, señor Lobo Antunes, una de las formas de mostrar nuestro rechazo a las formas dictatoriales de Mugabe consiste en que la UE no acepte su presencia en la Cumbre. Hay que poner fin al terrible gobierno de Mugabe. Amigos míos, a las dictaduras hay que hablarles claro. Gracias.

 
  
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  Eija-Riitta Korhola (PPE-DE). - (FI) Señora Presidenta, señor Comisario, quiero dar las gracias a la ponente, señora Martens, por este importante informe. Por un lado, constituye una indicación clara a la Comisión de que la dimensión parlamentaria tiene que jugar esta vez un papel en la elaboración de la Estrategia conjunta UE-África. El hecho de que la Comisión no sólo ignorara a su homóloga, sino también al Parlamento, a la hora de elaborar la Estrategia de la UE para África en 2005, ha sido, por desgracia, un planteamiento habitual de la Comisión. Por otro, el informe, dicho sea en su honor, plantea una serie de importantes cuestiones de contenido que exigen una respuesta, así como el asunto de la estrategia a adoptar.

Primero, la historia demuestra claramente que los derechos humanos universales necesitan ser protegidos para que se conviertan en realidad. Por tal razón, es fundamental que las prioridades de paz y seguridad en la Estrategia de la UE para África incorporen un planteamiento que reconozca el concepto de la responsabilidad en cuanto a la protección, y que lo promueva. Tenemos la responsabilidad de proteger y ese debe ser asimismo el tema de un debate dentro de la UE.

Segundo, como de forma encomiable subraya el informe, el cambio climático tiene que ser una prioridad máxima en la estrategia. El agua, su calidad y su cantidad suficiente, se va a convertir, junto a la energía, en un grave problema político y, entonces, África será su primera víctima. No obstante, me gustaría recordarle a todo el mundo que los problemas medioambientales más graves de África son, de momento, la erosión y el pastoreo excesivo. El cambio climático, por supuesto, empeora las cosas. Se necesitan medidas de adaptación y apoyo. Además, para la UE, África es un socio natural dentro del contexto internacional en la lucha contra el cambio climático.

Tercero, deseo subrayar la importancia de las pequeñas empresas y la actividad empresarial local como condición para un desarrollo sostenible y económico real en África. Debemos garantizar que las acciones que emprendamos lo soporten. Los únicos que pueden levantar a África son la propia población local.

 
  
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  Ana Maria Gomes (PSE).(PT) Tengo que felicitar a la señora Martens por este importante informe en unos momentos en que la UE está redefiniendo su relación con África, debido en gran parte a la aparición de China como actor en ese continente. Sin embargo, la relación UE-África sólo puede avanzar si el enfoque doble en cuanto a desarrollo y seguridad es coherente, sobre todo con respecto a los derechos humanos, la democracia y la buena gobernanza.

Dada la importancia de la Estrategia conjunta y su Plan de acción asociado que van a ser aprobados en la Cumbre UE-África, quiero solicitar a la Presidencia portuguesa que informe puntualmente al Parlamento Europeo acerca de los progresos realizados en la negociación de estos documentos y sus contenidos. Eso resultará de utilidad para garantizar que las medidas fijadas en la Estrategia conjunta y en el Plan de acción se lleven seguidamente a la realidad, con el apoyo del Parlamento Europeo y bajo el control de los distintos instrumentos financieros aplicables.

En esta Cámara esperamos que la Estrategia conjunta y el Plan de acción reflejen los compromisos asumidos por la Unión Europea, concediéndose la debida prioridad a la lucha contra la pobreza y a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, en concreto el acceso a la asistencia sanitaria básica y a la educación. Deseamos que se incluyan medidas conjuntas sobre el control del tráfico de armas ligeras y de pequeño calibre, que son las auténticas armas de destrucción masiva en África, así como medidas para el refuerzo del poder de las mujeres y las sociedades civiles en las que reside la fuerza para el cambio, la paz y el desarrollo que África necesita de forma tan desesperada.

 
  
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  Zuzana Roithová (PPE-DE).(CS) Europa acostumbraba a tener mala conciencia respecto a África debido a sus pasadas políticas coloniales. Hoy estamos intentando ayudar a que los países en desarrollo entren a formar parte del mundo globalizado. Esa es la razón por la que el foco, en relación a estos países, se ha desplazado hacia los retos globales. Aparte de la enfermedad, el hambre y la escasez de agua potable, tales asuntos también incluyen la seguridad, el comercio, la migración, la fuga de cerebros y el cambio climático.

Al margen de la caridad, nuestra tarea consiste en supervisar una responsable toma de decisiones, basada en principios democráticos por parte de las instituciones africanas. En este contexto, considero peligrosa la estrategia de desarrollo del Comisario Mandelson, ya que se centra exclusivamente en las relaciones comerciales en el Pacífico.

Señorías, hemos de insistir en que la Comisión incremente la creación de capacidades en el ámbito de la agenda de los recursos humanos. Sin ella, la democracia en África o, para el caso, en cualquier otra parte del mundo no tiene posibilidad alguna de sobrevivir. Lo que me preocupa es hasta qué punto está arraigada la ideología del antiguo bloque comunista en África. Resulta igualmente preocupante la creciente influencia del modelo totalitario chino de mercado, que esquilma las materias primas africanas y roba puestos de trabajo a la gente africana.

Deseo felicitar a la ponente, señora Martens, por la exhaustiva y ponderada definición de la nueva estrategia tal como queda expuesta en su excelente informe. Sin embargo, también tenemos que atender a su marco financiero y aprender a extraer los resultados a partir de los oportunos indicadores.

También me parece que la Comisión no divulga suficientemente entre la ciudadanía europea la importancia de la colaboración de la UE con su vecino más próximo de África. Espero que la Cumbre de diciembre en Lisboa adopte, sobre la base de este informe, un nuevo enfoque de las relaciones, arraigado en la agenda de los derechos humanos.

Me gustaría concluir diciendo que la Cumbre va a ser fundamental cara a un giro en las relaciones UE-África, por lo que no apruebo el hecho de que la República Checa y el Reino Unido intenten bloquear esta Cumbre panafricana debido a la participación del dictador de Zimbabue. Dicho lo cual, su presencia debe ser cuestionada y condenada categóricamente.

 
  
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  Thijs Berman (PSE). (NL) Señora Presidenta, las relaciones entre la Unión Europea y los países africanos se han visto inaceptablemente lastradas debido a las negociaciones con los países de África, del Caribe y del Pacífico (ACP) sobre los acuerdos de asociación económica. Si fracasan dichas negociaciones, entonces Cotonú se verá sumido en un agujero negro para una serie de países a partir del 1 de enero, ya que nuestras relaciones comerciales pasarán a convertirse en el sistema de preferencias generalizadas, bastante menos favorable.

No obstante, sería lamentable que los países pobres se vieran penalizados de esta forma, ya que consideran que la UE y los países no son socios iguales en este momento. Tenemos que conceder a los países pobres el derecho a proteger sus mercados en sectores que son débiles y que zozobrarían sometidos a los embates del libe comercio. Estas negociaciones están en marcado contraste con los buenos principios e intenciones en el informe de Maria Martens, y yo comparto tales propósitos.

Nosotros, como Socialistas, hemos querido añadir que no debería permitirse que la política de comercio y agricultura de la UE fuera un obstáculo para la política de desarrollo. Necesitamos coherencia y huelga decir que la política debe estar encaminada hacia la emancipación y los derechos de la mujer. Compete a la Comisión configurar todo esto en una política concreta. Después, la Comisión controlará estrechamente la cooperación para el desarrollo.

 
  
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  Zbigniew Zaleski (PPE-DE).(PL) A pesar de los varios miles de millones de euros asignados a África, la pobreza está empeorando en ese continente, tal como indica el sólido informe elaborado por la señora Martens. No he consultado al señor Antunes, el representante de la Presidencia portuguesa, ni al señor Van Hecke, pero deseo resaltar que la cooperación con las entidades africanas locales constituye una condición sine qua non para que la ayuda financiera sea eficaz.

La economía exige asistencia en lo referente a la introducción de tecnología, a despertar el espíritu emprendedor, el fomento del compromiso cívico y el apoyo a la iniciativa individual. Los misioneros, por ejemplo, practican tales actividades, aun cuando no tienen fondos, mientras que la Unión no está implicada a pesar de tener la posibilidad de contar con notables recursos financieros. Uno de los principales retos es la educación, es decir, la inversión en capital humano, que reporta grandes beneficios. No obstante, África también ha adquirido algunos compromisos. Entre ellos se cuentan detener la importación de armas y la implantación de ciertas disposiciones jurídicas, sobre todo en lo tocante a los derechos de propiedad, que son esenciales para el desarrollo de la economía. Quiero finalizar diciendo que el papel de los Gobiernos debe entenderse como un servicio al pueblo, y no como beneficiarse de nuestra ayuda, tal como simbolizan los automóviles de lujo utilizados por los representantes de las autoridades africanas.

 
  
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  Marie-Arlette Carlotti (PSE).(FR) Señora Presidenta, el África de hoy tiene dos caras: primero está la de la extrema pobreza y la catástrofe humana, como en el caso de Darfur y Somalia, y luego existe la otra cara, que se ignora con excesiva frecuencia, de un continente que, a pesar de todo, está innovando, que se está haciendo más democrático, aunque con excesiva lentitud, y que poco a poco está retornando a la senda del crecimiento.

La nueva Estrategia UE-África debe, por tanto, tener en cuenta esta realidad dual y apoyar este proceso, aún frágil, por medio de una asociación auténticamente política: una asociación que esté basada en la unidad, ya que es África en su totalidad, a través de la voz de la Unión Africana, la que ha de ser nuestro principal punto de contacto; en la equidad con una agenda que haya sido elaborada conjuntamente y no haya sido impuesta por el Norte, y en la humildad, ya que Europa no es el único socio que tiene África. La UE tiene que respaldar asimismo el proceso utilizando los Objetivos de Desarrollo del Mileno como hoja de ruta, cumpliendo sus promesas y haciendo honor a los compromisos financieros formulados por la UE y por los Estados miembros y, por último, reconociendo el papel desempeñado por los Parlamentos africanos. El informe Martens es, de hecho, el mensaje que estamos enviando hoy a la Comisión y al Consejo, y vamos a estar en Lisboa en diciembre para asegurarnos de que este mensaje haya calado realmente.

 
  
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  Luís Queiró (PPE-DE).(PT) Señora Presidenta, según se afirma en el informe de la señora Martens, con el que coincido en gran medida, el hecho de que la actual estrategia de la UE para África no se estableciera en asociación con la gente de África constituye una limitación evidente para su potencial. Eso fue un error que debe y será subsanado en la siguiente estrategia de la UE, que ha de reforzar el papel de la Unión Africana y debe estar basada en las nociones de asociación e igualdad. Los asuntos que son motivo de preocupación y que deben ser contemplados incluyen la paz, el problema de las personas desplazadas y la lucha contra las enfermedades graves, como el SIDA y la malaria.

El desarrollo debe ser uno de nuestros objetivos y el comercio una de sus armas. A tal fin, tenemos que apoyar las pequeñas y medianas empresas y promover el comercio internacional equitativo. Sin embargo, sólo alcanzaremos el éxito en esta estrategia si podemos contribuir a reforzar la democracia y los derechos humanos en todo el continente.

A la hora de reformular y renovar la estrategia de la UE respecto a África, es necesario tener en cuenta las nuevas circunstancias locales y globales. El hecho de que hoy estemos hablando con una Unión Africana ya es de por sí significativo. Por otra parte, el aumento generalizado del consumo tanto de petróleo como de alimentos implica una necesidad de incrementar la capacidad de producción global y, a ese respecto, África es un continente rico en petróleo y gas, pero también con un enorme potencial agrícola a la espera de ser explotado.

Finalmente está la cuestión de la Cumbre. No es necesario celebrar una Cumbre para definir una estrategia para África. Sin embargo, dado que la Presidencia portuguesa ha emprendido esta vía, sería un error no llegar hasta el final, pues de lo contrario perderíamos una oportunidad de conseguir un impacto positivo en la vida de los africanos. Las conversaciones no se deben limitar a la cancelación de la deuda, ya que una mayor riqueza en el mundo puede y debe constituir, señora Presidenta, una oportunidad de alcanzar mayor riqueza en África. Esta riqueza tiene que beneficiar a su gente, y no sólo a la minoría.

La cooperación internacional no puede seguir siendo un problema para África, como ha dicho otra persona. Esa es la razón por la que tenemos que mejorarla para que pueda garantizarse la educación, el fomento de la sanidad, la democratización y el desarrollo.

 
  
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  Luis Yañez-Barnuevo García (PSE). - Señora Presidenta, mis felicitaciones a la ponente, mi acuerdo con el señor Michel sobre la creación de un partenariado y unas relaciones de nuevo tipo Europa-África, mi felicitación al señor Lobo Antunes por que la Presidencia portuguesa organice una Cumbre Europa-África.

Pero, mientras llega ese nuevo tipo de relación, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) sigue siendo y va a seguir siendo durante años un instrumento muy útil para las relaciones de Europa con África, no solamente de Europa en su conjunto sino de los países miembros.

Deberíamos promover una sana competición entre los países miembros en el aumento y en la calidad de la ayuda al desarrollo. España, mi país, ha triplicado esa ayuda en esta legislatura, y frente al Gobierno anterior, pasando de 200 millones de euros en 2004 a 850 millones presupuestados para el 2008. España es hoy el segundo país del mundo en nivel de esfuerzo en recursos destinados a la ayuda al desarrollo y es también el primero de los del Comité de Ayuda al Desarrollo que más ha crecido en este tiempo.

 
  
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  Manuel Lobo Antunes, Presidente en ejercicio del Consejo. − (PT) Señora Presidenta, Señorías, en primer lugar tengo que darles las gracias por sus comentarios, sugerencia e incluso críticas sobre lo que la Presidencia propone en sus planes para las relaciones UE-África. Por supuesto, he tomado nota de todas estas sugerencias, observaciones y críticas.

Quiero dejar muy claro que lo que estamos proponiendo en cuanto a una nueva relación con África presenta dos aspectos que diría que son innovadores, o al menos esperamos que lo sean o acaben siéndolo. Primero, pretendemos establecer una asociación eficaz con nuestros socios africanos; esta asociación tiene que resultar eficaz en términos de propiedad.

Como ya he mencionado, la estrategia que estamos desarrollando para África no es una estrategia unilateral. Se trata de una Estrategia conjunta, en otras palabras, una estrategia que se está elaborando, analizando y debatiendo conjuntamente, a fin de que los resultados y lo que se proponga sean realmente los que nuestros amigos africanos aguardan y esperan de nosotros y los que nosotros, por supuesto, quisiéramos recibir, en un sentido positivo, de nuestros socios africanos.

Por otra parte, también queremos aumentar el número de actores implicados en esta estrategia, para que no sólo involucre a los Gobiernos como de costumbre. Además de los Gobiernos, queremos que participen otras instituciones públicas, Parlamentos, como ya he mencionado, así como amplios sectores de la sociedad civil, sus representantes y actores. El segundo aspecto, que a mi parecer es enormemente importante, es que queremos modernizar la agenda entre la Unión Europea y África. Queremos que esto responda a los nuevos retos globales, que tenga en cuenta los profundos cambios que se están produciendo en el mundo y, en concreto, que ofrezca auténticamente a África la oportunidad de quedar completamente integrado dentro del nuevo orden mundial.

Esa es la razón por la que vamos a discutir y debatir con África tales asuntos nuevos y modernos como la cuestión energética, el asunto del cambio climático, los temas ligados a la migración, la movilidad y el empleo, pero evidentemente sin olvidar aquellos temas que continúan siendo fundamentales en nuestra asociación tradicional, como la paz, la seguridad, la gobernanza democrática y los derechos humanos, así como cuestiones vinculadas a la ciencia y la sociedad de la información.

Creo que esta agenda es amplia, ambiciosa y, como ya he dicho, profundamente moderna. Hemos de modernizar nuestra agenda con África, ya que ha de ser capaz de responder eficazmente a las actuales necesidades. Me gustaría decir que la Presidencia portuguesa y Portugal jamás han dudado en identificar a los dictadores en África o en ninguna otra parte del mundo y, en consecuencia, en denunciarlos, y vamos a seguir haciéndolo siempre que sea necesario.

Por último, debo decir unas palabras de agradecimiento por la labor realizada conjuntamente con la Comisión durante la elaboración de todo para la segunda Cumbre UE-África. Por parte de la Comisión y de los Comisarios con responsabilidad específica en estos ámbitos, a saber, Comercio, Acción Exterior y Ayuda Humanitaria, hemos recibido un apoyo sumamente comprometido y de alta calidad y estamos convencidos de que todos estamos trabajando hacia un objetivo común para marcar la diferencia en África y para África.

 
  
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  Louis Michel, Miembro de la Comisión. – (FR) Señora Presidenta, Señorías, quiero comenzar dando las gracias al Consejo por haber respondido tan exhaustivamente a las intervenciones, y me gustaría añadir que respaldo las cuestiones que se han planteado.

Comparto asimismo las preocupaciones que se han expresado. La Comisión está procurando aplicar una mayor coherencia a sus actividades de ultramar y, de hecho, la naturaleza del diálogo entre Europa y África debería permitirnos gradualmente eliminar algunas de las contradicciones, incluidas las expuestas por el señor Rocard. Huelga decir que a veces practicamos políticas contradictorias: basta pensar en las subvenciones abonadas a la agricultura. Es una contradicción. Por desgracia, hay que elegir entre intereses divergentes y eso, a veces, no queda más remedio que aceptarlo. Constato que Europa es el único actor internacional que continuamente se corrige a sí mismo e intenta, de forma manifiesta, a cualquier precio, avanzar en la dirección correcta.

Un segundo punto que se ha planteado es el de Zimbabue. No quiero volver sobre esta cuestión. La señora Martens ha respondido mejor de lo que yo podría hacerlo. De lo que estamos hablando es de una Cumbre UE-África, no una Cumbre UE-Zimbabue. Ese es ele elemento número uno. El elemento número dos es que soy muy consciente de las peticiones para que el señor Mugabe sea denunciado. Yo también podría hacerlo, pero eso no cambiaría nada. La decisión de invitar al señor Mugabe no depende de nosotros. Lo siento, pero no podemos suplantar a nuestros socios africanos. Hablando como Comisario de Desarrollo y Ayuda Humanitaria, con especial responsabilidad para los países de África, del Caribe y del Pacífico (ACP) y de las relaciones y el diálogo políticos con África, he de decirles —y lamento tener que manifestar esto— que no tenemos el derecho de coacción que nos permita decirles a nuestros socios africanos: «Pueden invitar a cualquiera menos a él.» A riesgo de ser demasiado atrevido, también diré esto: si tuviéramos que juzgar las cosas con el criterio de los dictadores, o más bien de quienes consideramos encajan en ese papel, tendríamos problemas con más de un señor Mugabe. Y permítanme decir otra cosa sobre el tema: esa es la realidad.

Lo que es importante es que se celebre la Cumbre y lo que también es importante es que durante dicha Cumbre, podamos discutir los asuntos y plantear la cuestión de los derechos humanos en Zimbabue. Eso es lo que a mí me parece útil e importante y no me importa decirlo. Así pues, la Cumbre tiene que celebrarse. Hemos esperado suficiente tiempo. Ya ha habido una Cumbre África-China. Es más, se encuentra en fase de preparación una cumbre África-Japón y nosotros vamos a estar allí cuando eso ocurra, aunque no sé exactamente cuándo va a ser.

Quiero decir también que hemos recurrido a la ayuda de Sudáfrica. Si hay un país africano que ha realizado notables esfuerzos para intentar resolver esta cuestión por el bien de todo el mundo, ése es Sudáfrica. Además, ese país esta seriamente dedicado a generar, inspirar y trabajar en un acuerdo importante entre la mayoría y la oposición en Zimbabue, y esto debería traducirse en unas elecciones limpias y justas en marzo de 2008. Estas conversaciones se encuentran todavía en curso, pero en cualquier caso, la última conversación que tuve con el Presidente Mbeki parecía ofrecer visos reales de éxito. Así que no critiquemos a Sudáfrica, ya que está haciendo cuanto puede y no está haciendo un mal trabajo.

Por lo que respecta al porcentaje de subvención asignada a la agricultura, simplemente señalaría que, entre el noveno y el décimo Fondo Europeo de Desarrollo, la cifra dedicada a este sector aumentó de 663 millones de euros hasta 1 100 millones de euros. Es cierto que, a pesar del aumento de los fondos entre el noveno y el décimo FED, hubo una reducción en términos de porcentaje absoluto, pero por lo que se refiere a dinero contante, el aumento real no fue insignificante. Además, quiero mencionar que me ha encantado escuchar al Presidente del Banco Mundial anunciar hace algunos días en Washington, durante una reunión a la que asistí, que se dedicaría mucha mayor atención al desarrollo agrícola, así que comparto plenamente las preocupaciones que se acaban de plantear.

En lo tocante al papel de la sociedad civil y los Parlamentos, también el Parlamento Panafricano, no puedo más que aprobar de corazón el enfoque adoptado en el informe.

En una palabra, y para ser breve porque el tiempo asignado es muy corto, quiero volver a tocar la cuestión de los acuerdos de asociación económica o AAE, como he prometido hacer. Ustedes se hacen cargo de mi posición por lo que respecta a estos acuerdos. Constituyen una condición esencial para la integración de África en la comunidad mundial. Tal como ha demostrado la experiencia de Asia, no es la ayuda el factor más determinante para el progreso, sino el desarrollo económico y la integración en el mercado global. Creo personalmente que los AAE representan una oportunidad en virtud de la cual los países ACP pueden integrarse gradualmente en la comunidad comercial internacional, desarrollando primero sus mercados regionales. De todas formas, quiero señalar que el 1 de enero de 2008 no va a significar el inicio de una súbita y dramática liberalización del mercado. ¿Qué a va significar entonces? De hecho, va a significar la apertura gradual de los mercados en función de distintos períodos de transición dependiendo de los productos en cuestión, con la ayuda de fondos regionales que van a proporcionar soporte financiero y van a contribuir asimismo a aliviar el problema de una pérdida fiscal neta como resultado de la liberalización. Desde luego, no faltan propuestas interesantes para aplicar en este ámbito.

Más aún, también vamos a poder movilizar unos recursos bastante notables en toda una serie de entornos que pueden crear unas condiciones óptimas, en virtud de las cuales este proceso de liberalización pudiera hacerse de hecho progresivo, y conseguir que esta apertura paulatina de los mercados fuera útil, positiva y productiva. Comprendo perfectamente los recelos que han expresado algunas personas. Sin embargo, en cuanto a la petición de ampliar la fecha para concluir estos acuerdos de asociación económica, he de decirles que no percibo ninguna ventaja en ello. La OMC no nos va a conceder una excepción para los países ACP —y está muy bien pedir que se les conceda— porque nuestro sistema actual está perjudicando a otros países en desarrollo que están solicitando ser tratados de la misma forma que las antiguas colonias.

La única alternativa, por tanto, consiste en utilizar el sistema de preferencias generalizadas. Los países menos desarrollados (PMD) tendrán acceso a todo excepto armas, pero para los países que no son menos desarrollados —y aprovecho para señalar que hay 36 tales países—, esto representaría una reducción de su nivel actual de acceso. Los AAE nos van a permitir seguir garantizando este acceso preferencial a nuestros socios tradicionales, pero lo que es más importante, ellos van a ayudar a soportar el proceso de la integración económica regional. Creo que aquí es donde radica el potencial real para que el comercio sea capaz de contribuir al desarrollo económico.

Somos conscientes, desde luego, de los problemas que esto va a plantear a nuestros socios, reconocemos su reticencia y, admitámoslo, comprendemos sus legítimos temores. Precisamente por esta razón hemos propuesto inicialmente firmar acuerdos graduales que, en primer lugar, resuelvan el problema comercial incluyendo la apertura de los mercados sobre una base recíproca que sea compatible con las normas de la OMC. Como ya he dicho, las ofertas de acceso a los mercados por parte de nuestros socios ACP estarán basadas, desde luego, en el principio de la asimetría. Recuérdese que nosotros, por nuestra parte, estamos abriendo nuestros mercados completamente, intentamos ser los más flexibles posible y vamos a hacer uso de todo el margen de maniobra de que dispongamos para dar cabida a nuestras preocupaciones en materia de desarrollo, sobre todo la necesidad de proteger el grueso de la producción agrícola y las industrias emergentes.

En estos momentos seguimos trabajando en esta cuestión. El reto real consiste en evitar que los países que no son menos desarrollados se vean abocados a una situación comercial catastrófica el 1 de enero. Estos países tienen claramente enormes intereses comerciales en juego. Si para el 1 de enero aún no hemos desarrollado la cuestión del acceso a los mercados, es evidente que volverán al sistema de preferencias generalizadas, lo que significa que quedarán al margen y entonces estarán en una posición ciertamente desastrosa. Por tanto, tenemos que dar un impulso si queremos contar al menos con acuerdos temporales. Esta es, en esencia, la situación de los AAE.

Por último, quiero decir que estoy totalmente de acuerdo con las opiniones que el señor Borrell ha expuesto con tanta claridad. La próxima Cumbre y la estrategia UE-África van a tratar específicamente de inducir un cambio en la naturaleza de las relaciones entre Europa y África. Así pues, —y voy a tomar prestadas sus palabras— intentemos crear una asociación sólida entre las dos partes que se respeten mutuamente y tengan derechos y responsabilidades uno respecto del otro, y dejemos atrás lo que tenemos en la actualidad —yo no lo tildaría de banal, es más serio que eso—, esta relación anticuada, arcaica y contraproducente, esta asociación a menudo humillante, de donante y beneficiario.

 
  
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  Presidenta. − Se cierra el debate.

La votación se celebrará mañana a las 11.30 horas.

Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)

 
  
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  Pedro Guerreiro (GUE/NGL), por escrito.(PT) La Cumbre UE-África debería significar un cambio en las políticas de la UE respecto a la soberanía y el derecho al desarrollo de los países y pueblos africanos, promoviendo un mundo más justo, más pacífico y más humano con una mayor nivel de solidaridad.

Eso exige, por ejemplo:

- unas inmediatas medidas de solidaridad para cubrir las necesidades más básicas de millones de seres humanos;

- el respeto a la soberanía nacional y la independencia, la no intervención en asuntos internos de cada país y una solución pacífica a los conflictos internacionales;

- la desmilitarización de las relaciones internacionales y una reducción gradual del gasto militar y en armamento;

- unas relaciones económicas internacionales equitativas y justas, rechazando las imposiciones del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, así como los acuerdos de asociación económica sobre liberalización del comercio;

- la cancelación de la deuda externa, que ya ha quedado saldada con creces;

- unas adecuadas políticas de cooperación y apoyo activo y mutuo al desarrollo;

- la garantía de los derechos de los inmigrantes.

Esta relación debe dejar de estar basada en aspiraciones neocolonialistas o planteamientos paternalistas, destinadas a recuperar el terreno perdido cuando los pueblos africanos obtuvieron su independencia nacional —tras haber sido conquistados durante la segunda mitad del siglo XX— y a promover la interferencia, la presencia militar de las grandes potencias de la UE y el control y la explotación de los recursos naturales por las transnacionales.

 
  
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  Tokia Saïfi (PPE-DE), por escrito. – (FR) Para resaltar la importancia del informe del Parlamento sobre las relaciones entre la Unión Europea y África, dada la próxima Cumbre UE-África en diciembre, ante todo tenemos que aplaudir su enfoque realista.

El informe propugna una genuina asociación entre la UE y África, una asociación democrática y realista que se fundamente sobre la ayuda eficaz y coordinada, pero también sobre el comercio.

Quiero expresar en concreto mi apoyo a las negociaciones sobre los acuerdos de asociación económica (AAE), ya que, como bien subraya el informe, el comercio internacional tiene que estar concebido como un instrumento que sirva para el desarrollo. La pobreza sólo se podrá reducir de manera permanente por medio de un crecimiento económico que sea justo, sostenible y esté debidamente supervisado, un crecimiento que sea el resultado de la actividad comercial estimulada por el acceso a los mercados.

El libre comercio no constituye un fin en sí mismo, tiene que cubrir las necesidades de los países de África, del Caribe y del Pacífico (ACP); ese es el motivo por el que el grupo de naciones ACP tiene que implicarse de manera gradual y asimétrica, al objeto de tener en cuenta las características locales.

No podemos darnos por satisfechos simplemente con proporcionar ayuda de forma selectiva, pues de lo contrario no estaremos resolviendo los problemas, sino que simplemente estaremos posponiéndolos indefinidamente.

África no es simplemente un teatro para la ayuda humanitaria, tiene que ser un actor en su propio desarrollo, con la Unión Europea como socio.

 
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