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Procedimiento : 2008/2576(RSP)
Ciclo de vida en sesión
Ciclos relativos a los documentos :

Textos presentados :

RC-B6-0281/2008

Debates :

PV 05/06/2008 - 2
CRE 05/06/2008 - 2

Votaciones :

PV 05/06/2008 - 6.17
CRE 05/06/2008 - 6.17
Explicaciones de voto

Textos aprobados :

P6_TA(2008)0257

Acta literal de los debates
Jueves 5 de junio de 2008 - Bruselas Edición DO

2. Proceso de Barcelona: Unión para el Mediterráneo (debate)
Acta
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  Presidenta. − El siguiente punto se refiere a la Declaración de la Comisión sobre el Proceso de Barcelona: Unión para el Mediterráneo.

 
  
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  Benita Ferrero-Waldner, Miembro de la Comisión. (FR) Señora Presidenta, Señorías, creo que hoy debería hablar en francés y así lo haré.

Querría comenzar dando las gracias al Parlamento Europeo por haber incluido este punto sobre las relaciones con nuestros socios mediterráneos en el orden del día de esta sesión plenaria. Ello da lugar a un debate sobre un tema de importancia vital para Europa y desearía felicitar especialmente al Parlamento Europeo por la función desempeñada durante los últimos años, ya que su interés por el Mediterráneo jamás ha decaído. El Proceso de Barcelona nos ha permitido abordar numerosas cuestiones regionales de importancia estratégica y, por supuesto, una serie de cuestiones políticas. Creo que hemos logrado mucho, aunque quedan aún multitud de desafíos comunes, incluidos los que se refieren a la seguridad, la protección medioambiental, la garantía del suministro energético, la lucha contra la delincuencia organizada, el control de los flujos migratorios y el diálogo intercultural. Además de esta cooperación con nuestros vecinos mediterráneos, desearía que fortaleciéramos nuestra comprensión mutua y la de nuestros respectivos intereses, así como el respeto y la confianza recíproca.

En marzo, el Consejo Europeo invitó a la Comisión a redefinir las modalidades del «Proceso de Barcelona: Unión para el Mediterráneo» y la Comisión adoptó, el pasado 20 de mayo, una Comunicación en la que destacaba el lugar central que corresponde al Mediterráneo, su importancia histórica y contemporánea y los considerables desafíos que plantea para nuestro futuro común. Desearía señalar, por otra parte, que también disponemos de la Política Europea de Vecindad, por supuesto, la cual es una política bilateral, en tanto que la primera es de índole regional. También hemos de tener en cuenta que los planes de acción existentes llevan a la práctica efectivamente las decisiones adoptadas en las diversas reuniones ministeriales. Cuando pensamos en el Mediterráneo, pensamos en la cuna de las tres religiones monoteístas, en un crisol de civilizaciones y culturas, de migraciones y del comercio. Pensamos en la historia del Mediterráneo, una historia indisociable de la de Europa. La cuenca del Mediterráneo es, en efecto, el puente entre el Norte y el Sur, entre Oriente y Occidente y, al situarse en la confluencia de tres continentes, es más que una mera frontera para la Unión Europea. La estabilidad en esta región es crucial tanto para nuestra seguridad y nuestra prosperidad como para las de nuestros vecinos y amigos mediterráneos. Sólo a través de una actuación política voluntariosa y realista, con un compromiso firme y constante y a través de un diálogo constructivo, se podrá dar respuesta a este conjunto de desafíos.

La Comisión siempre ha abogado por una relación más estrecha, más abierta y más constructiva con nuestros socios mediterráneos, y estamos presentando propuestas concretas para lograr dicho objetivo.

Señorías, permítanme que les presente hoy las principales observaciones y propuestas de la Comunicación que he presentado a la Comisión. Por desgracia, el Proceso de Barcelona ha padecido los persistentes conflictos del Mediterráneo meridional y, en ocasiones, la falta de cooperación entre los diversos socios, pero se está produciendo una evolución favorable que yo misma he podido constatar durante mis recientes desplazamientos a la región. Ha llegado la hora de aprovechar la nueva voluntad política para insuflar un nuevo impulso a nuestra cooperación y hacerla más equilibrada y más cercana a nuestros conciudadanos. En nuestra opinión, existen tres objetivos fundamentales.

El primero consiste en reforzar el nivel político de las relaciones de la Unión Europea con sus socios mediterráneos. El segundo se refiere a compartir mejor la responsabilidad de nuestras relaciones multilaterales y, el tercero persigue promover proyectos regionales y subregionales complementarios, útiles para los ciudadanos de la región, que hagan tales relaciones más concretas y más visibles. Estas medidas aportarían un gran valor añadido. Por supuesto, entrará en juego la financiación privada, ya que, hasta la fecha, sólo ha participado el sector comunitario. En adelante se incorporará el sector privado. Naturalmente, habrá que comprobar si ello funciona; sea como fuere, tal es la idea. Es, por consiguiente, fundamental reforzar el nivel de nuestras relaciones. La Comisión propone organizar cumbres bienales de Jefes de Estado y de Gobierno. Sería difícil comprender por qué celebramos cumbres regulares con nuestros socios importantes en todo el mundo mientras que carecemos de un foro de debate con los Jefes de Estado y de Gobierno de nuestros vecinos y amigos del Mediterráneo. Además, la Asamblea Paritaria Euromediterránea se ha confirmado como la dimensión parlamentaria del Proceso de Barcelona. Aquélla ofrece un espacio favorable para el debate, el diálogo abierto y el libre intercambio de puntos de vista. Da impulso a la asociación a través de la adopción de resoluciones y recomendaciones y será la legítima representación parlamentaria de la Unión para el Mediterráneo. La Comisión apoya sin reservas el reforzamiento de la función de la Asamblea Parlamentaria en las relaciones con los socios mediterráneos. Es asimismo esencial lograr un mejor reparto de las responsabilidades. Una de las ideas compartidas a lo largo de los últimos años consistía en que la agenda del Proceso de Barcelona ha estado influida por el hecho de que la Presidencia de la UE también ocupara la Presidencia de la Asamblea Euromediterránea.

Tres propuestas han contado con el apoyo general de los socios: la creación de una copresidencia, ocupada por un país del Sur y otro del Norte, la creación de un comité permanente conjunto, con sede en Bruselas y responsable de la gobernanza, y la creación de una secretaría dedicada a la promoción de los proyectos. Es preciso, en definitiva, tal como decía Robert Schuman, elaborar proyectos concretos «que creen, ante todo, una solidaridad de facto». La calidad de los proyectos que llevemos a cabo juntos garantizará el éxito de la iniciativa. Ello es lo que permitirá sentir la fuerza de los vínculos que unen las dos riberas del Mediterráneo. Los proyectos deben tener un efecto estructurante en la región y permitir la participación de los agentes no estatales, la sociedad civil y las empresas. Europa debe obrar como palanca para los capitales privados, como intermediaria. La Comisión ha propuesto, a título indicativo, el fomento de las autopistas del mar, la interconexión de la autovía del Magreb árabe, la promoción de la energía solar y la descontaminación del Mediterráneo. Desde luego, se trata de una lista abierta a la que se incorporarán otros proyectos. Durante la Cumbre de París se emprenderán nuevas iniciativas.

Para concluir, señora Presidenta, desearía hacer hincapié en un punto que, a mi juicio, se antoja esencial. Esta cooperación renovada con nuestros socios del Sur no se llevará a cabo en caso alguno en detrimento de nuestras políticas y de nuestros sólidos vínculos con nuestros vecinos del Este. Por el contrario, aparte de nuestros esfuerzos encaminados a reforzar los vínculos individuales con nuestros amigos del Este, la Comisión está intensificando la cooperación regional con su iniciativa «Sinergia del Mar Negro». En breve publicaremos el informe anual para celebrar el primer aniversario de su lanzamiento. Con dicha ocasión, podremos debatir la reciente iniciativa presentada por Polonia y Suecia. A través de tales esfuerzos, en el Este y en el Sur, podremos mantener nuestro objetivo: enriquecer nuestras relaciones a través de instrumentos de cooperación flexibles dedicados a las prioridades de nuestros socios.

Señorías, la Cumbre de París constituye una oportunidad real de conferir una nueva dimensión a las relaciones con nuestros socios mediterráneos. Aunque no debemos ignorar las enseñanzas del pasado, tampoco podemos permanecer prisioneros de ellas. La iniciativa «Proceso de Barcelona: Unión para el Mediterráneo» va a inaugurar una nueva era en nuestras relaciones con nuestros vecinos del Sur, una nueva asociación basada en los componentes más fructíferos del Proceso de Barcelona, con el fin de avanzar juntos en pos de la consecución de nuestros objetivos comunes de paz, democracia y prosperidad.

Disculpe, señora Presidenta, que me haya extendido en demasía pero creo que se trata de un tema fundamental para mí y para todos nosotros.

 
  
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  Vito Bonsignore, en nombre del Grupo del PPE-DE. – (IT) Señora Presidenta, Comisaria, Señorías, mi Grupo ha aguardado con gran interés la declaración de hoy de la Comisaria Ferrero-Waldner, por la que desearía darle de nuevo las gracias, y ha leído con gran interés la Comunicación de la Comisión adoptada el 20 de mayo pasado.

Aplaudimos al Presidente Sarkozy por haber puesto en marcha el asunto, por haber despertado el interés del Consejo Europeo y por haber iniciado un proceso de renovación de nuestra política mediterránea que mi Grupo apoya y con respecto al que desea que sea concreto y veloz.

Sabemos cuán difícil es perseguir los ambiciosos objetivos del Proceso de Barcelona. Por una parte, tenemos el conflicto sin resolver de Oriente Próximo y las tensiones en el Sáhara Occidental. Existe asimismo una brecha que acaso nos separa de los modelos democráticos, económicos y sociales de nuestros países asociados, que frena la consecución de los objetivos que nos hemos fijado. Todo ello es grave y dificulta la situación, pero no debería suponer un pretexto para justificar demoras o cambios de postura. Creo que la iniciativa política del Presidente Sarkozy y el apoyo brindado por la Comisión Europea van en la dirección adecuada, a saber, la de concretar y dar señales tangibles de nuestra voluntad política.

Con tal fin, la Comisión ha identificado cuatro proyectos, que la Comisaria ha recordado esta mañana, los cuales se suman a las actividades ya programadas: las autopistas del mar, la descontaminación del Mediterráneo, la gestión medioambiental, la cooperación en materia de protección civil para hacer frente a las catástrofes naturales y, por último, un plan de energía solar en el Mediterráneo. Cada uno de estos proyectos es importante. Por ello, en lugar de tratarlos ahora, procederá hacerlo cuando la Comisión haya facilitado más detalles al respecto.

Se trata de proyectos que, de llevarse a cabo, se constituirán en unos factores de increíble importancia tanto para dar un nuevo impulso al Proceso de Barcelona como para completar las medidas ya iniciadas que no han concluido aún. Recuerdo que la zona de libre comercio está programada para el año 2010: desearíamos saber más de este asunto, señora Comisaria, así como de la situación de los objetivos establecidos en los acuerdos de asociación y en otros proyectos en curso.

Para concluir, en lo que respecta a las acciones concretas que han de completarse dentro de un plazo razonable, desearía recordar asimismo que, aparte de las infraestructuras del mar y la relación Norte-Sur, es preciso dar un impulso al corredor de transportes por carretera Sur-Sur que interconecta los países del Sur del Mediterráneo; además, este sistema ha de interconectarse con Europa. Por último, es asimismo necesario un sistema de crédito y ayuda en relación con la cuestión del agua y de las infraestructuras en Oriente Próximo.

Deseo llamar la atención del Consejo y de la Comisión sobre dos últimos temas. El primero se refiere a la administración y al funcionamiento de la Asamblea Euromediterránea. La Unión Europea ha contraído importantes compromisos en Oriente Próximo. Esperamos que a éstos los suceda la actuación política. ¿Puede indicarnos el Consejo cuáles son las perspectivas concretas y reales en este sentido?

 
  
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  Martin Schulz , en nombre del Grupo del PSE. (DE) Señora Presidenta, Señorías, no estoy de acuerdo con la Comisaria Ferrero-Waldner en que esta mañana sea apropiado hablar en francés.

(FR) Junto con mi lengua materna, el francés es mi lengua preferida, Comisaria, pero creo que esta mañana, en concreto, es inadecuado hablar en francés, ya que el Presidente Sarkozy ha cometido el error, desde el comienzo, de dar la impresión de que la Unión para el Mediterráneo es una idea franco-francesa. Entretanto, sin embargo, su postura se ha vuelto más razonable, circunstancia por la que, señor Bonsigniore, hay que felicitarlo.

(DE) Hay que recordar, de nuevo, que, al principio, cuando el señor Sarkozy compareció ante esta Cámara para presentar la idea de la Unión mediterránea ante la Conferencia de Presidentes por vez primera, le pregunté: «¿Podría indicarme qué función le corresponderá a la República Federal de Alemania en su Unión Mediterránea?» Él me respondió: «Le statut d’un observateur» (un estatuto de observador). Hemos avanzado entretanto y tales cuestiones han quedado aclaradas. Por ello, el planteamiento que ha descrito usted, señora Comisaria, es el correcto.

Estoy firmemente convencido de que, en el contexto de la Unión Mediterránea, nos enfrentamos a tres retos principales. En primer lugar, creo que la estabilidad social es el requisito fundamental para la paz. Sin embargo, en ninguna parte, sea en el Norte o en el Sur, corre tanto peligro la paz como en la región mediterránea. En ningún otro lugar es tan grande ni tan visible —resulta, de hecho, tangible— la confrontación inmediata entre la enorme riqueza de una parte y la enorme pobreza de la otra como en la región mediterránea. En ningún otro lugar es tan grande la confrontación y las tensiones que ésta acarrea para nosotros, los europeos, como en la región del Mediterráneo.

Por ello, la Unión para el Mediterráneo es un proyecto que, a través de la integración económica de nuestras dos regiones, podría dar lugar a una paz y una estabilidad mayores, por lo que es una muy buena idea que los socialistas apoyamos.

En segundo lugar, se trata de una idea muy razonable, ya que convierte al multilateralismo en la base de la cooperación, no sólo en el marco de la Unión para el Mediterráneo, sino asimismo como proyecto de cooperación regional que no puede servir como modelo para el mundo pero que sí puede dar lugar al desarrollo de iniciativas comunes que contribuyan a que se logre una mayor estabilidad en el mundo.

El tercer punto, de gran importancia para nosotros los socialistas, se refiere a que hemos logrado evitar que se pongan en marcha procesos paralelos. El Proceso de Barcelona —para el que, dicho sea de paso, se han asignado 15 500 millones de euros en el marco de las perspectivas financieras 2007-2013—que se inició conforme a las consideraciones que acabo de exponer, las cuales fueron la base política de la Unión para el Mediterráneo, se ha elevado, gracias a la Unión para el Mediterráneo, a un nuevo nivel. Se ha fortalecido e intensificado, sin que se hayan creado nuevas instituciones al margen de las existentes en la UE. Por ello, la función de la Comisión y la nuestra como Parlamento —también de la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea— es especial. Se trata de una función que se ha definido ya y que no precisa ni exige nuevas instituciones o más burocracia.

Desde los puntos de vista político, institucional y económico y en lo que respecta a los objetivos concretos, ahora nos hallamos en el buen camino en relación con la Unión para el Mediterráneo. Creo que ello podrá celebrarse, también, el 14 de julio en París.

 
  
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  Graham Watson, en nombre del Grupo ALDE. Señora Presidenta, con sus propuestas sobre una Unión para el Mediterráneo, el Presidente Sarkozy ha reconocido lo que muchos sabían pero no admitían: que el Proceso de Barcelona —orientado de arriba hacia abajo y regido por intereses europeos— estaba estancado y que estaba provocando que nuestros socios meridionales se retiraran del mismo, haciendo aumentar asimismo las diferencias en materia de prosperidad a ambas orillas del Mediterráneo.

Si Europa se toma en serio la posibilidad de revertir los fracasos de la pasada década y generar desarrollo y seguridad en sus costas meridionales, tendrá que aprender a dar, aparte de recibir. Debemos construir, sobre las cenizas del Proceso de Barcelona, una asociación verdadera basada en la confianza, la reciprocidad y, sobre todo, el respeto mutuo.

El Mediterráneo no debe constituirse en una línea divisoria cultural, sino en un lugar de encuentro. La inversión común en infraestructuras —tales como puertos, conexiones marítimas y redes de distribución de energía— acercará a nuestros pueblos mucho más eficazmente que las altisonantes declaraciones que caracterizaron el Proceso de Barcelona.

Tenemos que invertir, asimismo, en las personas. La clase de energía que unió a franceses y alemanes tras el final de la última gran guerra debe emplearse en acercar a europeos y norteafricanos para evitar la próxima.

El peor error que el Presidente francés podría cometer sería el de comprometer a la Unión Europea —y, por extensión, a sus ciudadanos— a participar en un proyecto grandioso sin facilitar los fondos necesarios para dicha cooperación hasta que no hayan transcurrido varios años. Y, como ha dicho el señor Schulz, crear una estructura burocrática completa, junto a las delegaciones permanentes y el Servicio de Acción Exterior, no ha de ser el camino; éste ha de fundamentarse en los valores.

Pese al deterioro de la situación, sobre todo en Egipto e Israel, y al hecho de que afirmemos que tales valores son la base de la política exterior de la UE, las referencias a los derechos humanos son, misteriosamente, difíciles de hallar en las propuestas de la Comisión. Espero que ésta analice esta circunstancia.

No obstante, dejando de lado las objeciones, los Liberales y Demócratas nos complacemos en apoyar esta Unión para el Mediterráneo, si bien con una importante condición: la cooperación pragmática sobre cuestiones económicas no debe sustituir el fomento de la paz en Oriente Próximo mediante la Política Exterior y de Seguridad Común que se contempla en el Tratado de Lisboa.

Ya que la Comisaria reconoce el vínculo entre el desarrollo económico y la paz, ¿qué mejor señal de paz y buena voluntad hacia nuestros vecinos árabes podría darse que la supresión de los aranceles agrícolas? Nuestros tan cacareados acuerdos de libre comercio no han servido para hacer aumentar el nivel de vida, ya que no incluían la agricultura y los servicios, que representan dos terceras partes del PIB de los países de Oriente Próximo y África del Norte. Si no recibimos los productos de estos países, acabaremos recibiendo a sus habitantes. La reforma de la PAC, de modo que se garantice una situación equitativa para los productos procedentes del Mediterráneo meridional, contribuiría en gran medida a abordar de raíz las causas que han motivado los máximos históricos de migración hacia Europa.

Tal como dijo el inimitable Doctor Johnson: «la vida no puede subsistir… sin concesiones mutuas». Así, por el bien de esta Unión, corresponde a Europa mover ficha en primer lugar.

 
  
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  Hélène Flautre, en nombre del Grupo Verts/ALE. (FR) Señora Presidenta, la Comisión Europea ha presentado una buena propuesta. Ha transformado una iniciativa política más bien torpe —la «Unión para el Mediterráneo»— en una ambición política renovada a favor de un Proceso de Barcelona reforzado. Se trata de un avance excelente y, en este contexto, la Comisión ha desempeñado perfectamente su función.

Apoyamos sus propuestas, sobre todo en lo que se refiere a integrar las instituciones del futuro proyecto en la perspectiva del Tratado de Lisboa y a su objetivo de lograr una política exterior de la Unión más coherente y mejor integrada. De este modo, se pone fin a los justificados temores que apuntaban a un control político ad hoc con arreglo a los acuerdos alcanzados en la cumbre, a la carta o según las circunstancias, temores que alimentaron fundamentalmente las intempestivas iniciativas del Presidente Sarkozy a favor, por ejemplo, de la proliferación de la energía nuclear en la región.

Los mediocres resultados en materia de democracia y derechos humanos se identificaron de manera unánime en 2005 como un obstáculo a los objetivos de Barcelona. Por ello, el Parlamento Europeo insiste en que todos los mecanismos destinados a fortalecer la democracia y el Estado de Derecho y, asimismo, la dimensión parlamentaria del proceso y la participación de la sociedad civil, se garanticen debidamente en el marco de esta nueva ambición para la región euromediterránea.

Se nos ha presentado una enmienda en relación con el conflicto de Oriente Próximo. Señorías, creo que el Parlamento Europeo obraría acertadamente aprobándola. Es justo, en efecto, no supeditar toda nueva iniciativa en la región a la resolución del conflicto, aunque es asimismo ilusorio negar sus repercusiones negativas en las capacidades concretas de desarrollar proyectos mediterráneos útiles para los ciudadanos.

Por otra parte, la delegación ad hoc que visitó recientemente Palestina ha documentado graves violaciones del Derecho humanitario y de los derechos humanos y violaciones manifiestas de los compromisos de Oslo y Anápolis. Sería vano pretender que la persistencia de esta situación no socava profundamente la confianza mutua de los socios y de las sociedades civiles de la región, confianza que, sin embargo, es vital para la realización de nuestras ambiciones euromediterráneas.

 
  
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  Konrad Szymański, en nombre del Grupo UEN. (PL) Señora Presidenta, la Unión Europea tiene muchos «antiguos» vecinos al sur y otros muchos «nuevos» vecinos al este. En cuanto a los primeros, existe un instrumento para la cooperación exterior que se está fortaleciendo actualmente. Dicho proceso de fortalecimiento debe continuar, aunque no dará lugar a que ninguno de los países en cuestión se adhiera a la Unión. En el caso de nuestros vecinos orientales, quienes forman parte de la Política Europea de Vecindad, la adhesión a la Unión representa una posibilidad cierta. La adhesión no es el objetivo de una cooperación eficaz, pero una política de vecindad eficaz debe conducir en dicha dirección.

El Proceso de Barcelona precisa un nuevo impulso político, ya que una política de vecindad de «talla única» no es adecuada para el Este ni para el Oeste. Es, pues, absolutamente apropiado que se hayan incorporado a la agenda europea dos proyectos paralelos: uno referido a la Unión para el Mediterráneo y el otro a la asociación con Europa Oriental.

Como vecino de Ucrania, Belarús, Moldova y Georgia, espero encarecidamente que no se dé lugar a una competencia dañina entre las políticas relativas a los países del Sur y las referidas a los del Este. Ambas deberían ser mutuamente complementarias. Si hemos de lograr el éxito en las negociaciones presupuestarias, por ejemplo, tendremos que trabajar hombro con hombro. La solidaridad política mutua es necesaria a la hora de elaborar los aspectos orientales y meridionales de la política de vecindad. Es asimismo urgente lograr unas condiciones equitativas en el ámbito institucional, político, económico y relativo a la ayuda y en lo que respecta a nuestra política sobre los países del Sur y los del Este.

Por ello, hoy apoyo con firmeza el fortalecimiento y la renovación del marco político de vecindad en lo que atañe a los países mediterráneos. Apoyamos los proyectos en materia de créditos, comunicación y energía. También apoyamos las reformas institucionales referidas al Sur. Confiamos que, en el futuro, se brinde un apoyo similar al fortalecimiento de la política dirigida al Este.

 
  
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  Francis Wurtz, en nombre del Grupo GUE/NGL. (FR) Señora Presidenta, Comisaria, los retos que plantea la relación de Europa con los pueblos de la cuenca meridional del Mediterráneo superan con creces los de una simple relación de vecindad.

Es acaso el futuro de la paz lo que se está jugando en esta zona de confrontación por excelencia. Las razones de esta situación saltan a la vista. En primer lugar, el desequilibrio económico. Trece años después del lanzamiento del Proceso de Barcelona, no sólo no se ha alcanzado la prosperidad común prometida, sino que las diferencias se han acentuado. De hecho, la obsesión por el libre comercio ha primado sobre el objetivo del desarrollo. Para tener éxito mañana donde fracasamos ayer será necesario un cambio de orientación. Sin embargo, no lo veo.

El segundo problema se refiere al trato humillante que se dispensa a los migrantes. La población de estos países es muy joven. Desea vivir, pero no ve futuro alguno. Aunque siente un profundo apego por su país, su cultura, la historia de su civilización y su extraordinaria aportación —y que no se disguste señor Berlusconi— muchos de ellos dirigen la mirada a Europa y ven cómo sus hermanos emigrantes padecen las afrentas que todos conocemos: del encasillamiento a la discriminación, de los centros de detención a la expulsión.

También en este sentido, las diferencias han experimentado un drástico aumento. Hablar de un diálogo de culturas y acercar a los pueblos sin que se ponga fin a estas prácticas carece de toda credibilidad.

Cabe citar, por último, la inercia de Europa en relación con el problema palestino. Se me responderá que la Unión y sus Estados miembros son los principales donantes en Palestina; es cierto y está muy bien. Sin embargo, cualquier observador confirmará, como acaba de hacerlo la delegación del Parlamento que ha visitado Oriente Próximo, que sin un firme compromiso europeo en el terreno político, dicha ayuda no servirá para resolver nada en el fondo.

Dicho de otro modo, lo que se espera de Europa en el Mediterráneo meridional es que se supere al fin lo que el ex representante del Secretario General de las Naciones Unidas, señor de Soto, denominó muy acertadamente la autocensura en relación con Israel a propósito de la violación permanente del Derecho internacional y de sus propios compromisos.

Israel debe comprender —y es deber de la Unión el contribuir a que ello suceda— que la normalización de sus relaciones con toda la región tiene un precio y que dicho precio no es, ni más ni menos, que el que se establece en la Iniciativa de Paz de la Liga Árabe, la Hoja de Ruta del Cuarteto o la Declaración de Anápolis, a saber, el fin de la ocupación y de la barbarie que entraña y el reconocimiento del Estado palestino con arreglo a las fronteras de 1967.

La actitud de Europa sobre esta cuestión puede ser el criterio que decida el éxito o el fracaso de cualquier intento de relanzar la asociación euromediterránea.

Por lo tanto, sería conveniente que el Consejo de Asociación Unión Europea-Israel que se reunirá el 16 de junio considere seriamente este hecho crucial al examinar la petición de Israel de elevar de categoría su estatuto de asociación con la Unión.

 
  
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  Graham Booth, en nombre del Grupo IND/DEM. – Señora Presidenta, se me ha pedido que hoy hable sobre Euromed. Se trata del descabellado intento de crear un bloque panmediterráneo que una Europa con África del Norte. Para los arquitectos de este plan, la idea fue brillante: Europa transferiría riqueza y tecnología a África del Norte y ésta ofrecería mano de obra barata, petróleo y gas a Europa.

En realidad, se trata de una idea desastrosa. Ya hemos visto lo que sucede cuando se permite que los habitantes de los países pobres disfruten de libertad de circulación hacia los ricos. ¿Se pueden imaginar cuánto más cierto será tal extremo si África del Norte acaba comprendiéndolo también? En un momento de auge del terrorismo internacional, ¿es una buena idea ofrecer libertad de circulación a países que, como es sabido, albergan miembros de Al Qaida? Tras los atroces atentados terroristas de Madrid y Londres, cualquiera diría que Europa ha aprendido la lección. ¡Está claro que no!

Refirámonos asimismo al petróleo y al gas. Los países norteafricanos saben que es posible intimidar a Europa. ¿Es, en verdad, una buena idea el poner nuestra seguridad energética en manos de la dictadura militar argelina o del Coronel Gaddafi, en Libia, ambos conscientes de nuestra vulnerabilidad?

Insto firmemente a la UE a que ponga fin a este plan. Ya tuvimos un mare nostrum imperial. No nos hace falta otro.

 
  
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  Jean-Claude Martinez (NI). – (FR) Señora Presidenta, Comisaria, el Mediterráneo es la región de todas las fracturas: fracturas telúricas, fracturas históricas —Salamina, Axión, Lepanto—, fracturas demográficas e, incluso, fracturas filosóficas, entre el pensamiento mágico y el pensamiento lógico, es decir, entre Oriente y Occidente y, al mismo tiempo, entre el Este y el Oeste, del Egipto de Moises y, después, de Jesús y, después, de Mahoma, de Omar Jayyam a Baudelaire, de las mesetas sirias a las planicies del Languedoc. El Mediterráneo es la esperanza de las tres religiones monoteístas y de la civilización del trigo y del vino, no del chucrut y de la cerveza, o de los mejillones en Chez Léon.

La Unión para el Mediterráneo no se reduce a la descontaminación o a la seguridad civil. ¡Es un asunto que precisa un cuerpo de bomberos! El Mediterráneo no se gestiona con 44 altos funcionarios desde Bruselas, capital del mismo. ¿Por qué no concedemos una beca Erasmus a Platón y a Aristóteles, para que vengan a estudiar Derecho comunitario a la Universidad de Brujas?

El Mediterráneo gestiona los asuntos de las mujeres y hombres del Mediterráneo, es decir, la prosperidad, por ejemplo, de los pescadores, que se lo están pidiendo en este momento, esto es, la paz a un tiempo en el Oeste, en las provincias saharianas de Marruecos, y en el Este, en Palestina.

Comisaria, señora Ferrero-Waldner, nuestros sueños han de ser lo bastante grandes para que no los perdamos de vista mientras los perseguimos y tal es la razón por la que no se logra una estrecha unión de los pueblos del Mediterráneo.

 
  
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  Rodi Kratsa-Tsagaropoulou (PPE-DE).(EL) Señora Presidenta, Comisaria, Señorías, el Mediterráneo ha desempeñado una función en las relaciones exteriores de Europa desde el comienzo de la unificación europea. Incluso el Tratado de Roma anticipó unas relaciones preferenciales con determinados países mediterráneos. La política del Mediterráneo y la situación internacional han contribuido al desarrollo de nuestro marco institucional, ya que la región ha sido siempre el escenario de dificultades y problemas internacionales.

Tal como se reconoce universalmente, no hemos alcanzado los ambiciosos objetivos que fijamos en Barcelona en 1995, de modo que, en 2005, fijamos otros nuevos. Nuestras relaciones euromediterráneas nos han dado, sin duda, numerosas oportunidades para celebrar reuniones y para conocernos bilateral e internacionalmente, con el fin de mejorar nuestra relación con la opinión pública y con los parlamentos.

La Unión para el Mediterráneo propuesta por el Presidente Sarkozy, y su avance bajo la égida de la UE y de sus instituciones, han puesto de relieve cuán urgente es hacer realidad el sueño euromediterráneo, que se ha vuelto más real y ha avanzando en ambas orillas. El sueño ha supuesto una importante aportación. El Mediterráneo ha estado siempre presente en nuestros asuntos, modificaciones y planes; ha sido clave en el equilibrio de poder y en las relaciones de la UE. El avance que esta propuesta representa es asimismo un testimonio de la movilización, innovación y compromiso de los que es capaz la Unión frente a los desafíos importantes.

Felicito y doy las gracias a la Comisión Europea y, en concreto, a la Comisaria Ferrero-Waldner por su trabajo y por su propuesta que, en nuestra opinión, es ejemplo de equilibrio e integración. Tal propuesta saca el máximo partido de nuestros compromisos e intereses particulares, se fundamenta en las nuevas propuestas francesas y prepara el camino que se habrá de seguir.

A través de la resolución conjunta, el Parlamento Europeo aplaude y apoya tales esfuerzos. Brindará su apoyo al interesante y ambicioso proyecto que ha comenzado. Los desafíos que plantea la región con cada vez mayores y más urgentes. Se dan profundas diferencias económicas y políticas, graves problemas de seguridad y desigualdades económicas. Además, el entorno económico y político del Mediterráneo está adquiriendo una complejidad cada vez mayor. Es preciso tener en cuenta a los Estados Unidos, al igual que China y Rusia, de modo que podamos obrar con una prudencia y una eficacia mayores.

 
  
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  Pasqualina Napoletano (PSE). – (IT) Señora Presidenta, Comisaria, Señorías, el Parlamento Europeo ha querido responder de inmediato a la Comunicación de la Comisión. Ello se debe, como la Comisaria ha recordado, a que estamos interesados en que se relance, se renueve y se desarrolle la asociación euromediterránea.

Apoyamos la opinión de la Comisión de que la Unión Europea debería ser el principal agente institucional y político, por la parte europea, en la construcción de la Unión para el Mediterráneo. Ello puede animar a nuestros socios del Sur a que cooperen más estrechamente, lo que hasta la fecha ha planteado muchas dificultades.

Estamos de acuerdo en que la misión de la Unión en el Mediterráneo debería consistir en la integración económica y territorial de los países ribereños, la cual debería lograrse a través de grandes proyectos de infraestructuras, y nos parecen adecuadas las propuestas que la Comisión ha avanzado a modo de ejemplo.

Con tal fin, sin embargo, debe estar claro cuál es cometido de cada cual. Sobre todo, han de evitarse los solapamientos entre la función de la Comisión y la de la secretaría que se constituya. En lo que respecta al relanzamiento de la asociación, es obvio que estamos interesados en el reforzamiento de su dimensión política, no sólo en el diálogo entre los gobiernos, sino asimismo en la función de los parlamentos, en la institución del Parlamento euromediterráneo y en su trabajo, al igual que en el de la sociedad civil, con respecto al que deseo destacar especialmente el papel fundamental de los interlocutores sociales.

Por último, debe quedar claro que los proyectos indicados en la Comunicación de la Comisión no deberían redundar en detrimento de los programas regionales en curso en el ámbito de la cultura, el patrimonio, la formación y el sector audiovisual. Al respecto, pedimos que se potencie el programa Erasmus Mundus y que se refinancie el programa Euromed Audiovisual.

 
  
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  Thierry Cornillet (ALDE). – (FR) Señora Presidenta, bienvenida al relanzamiento, trece años después, del proceso de relaciones multilaterales entre la Unión Europea y los países ribereños del Mediterráneo.

Nuestra resolución no se equivoca. No se trata de una iniciativa intempestiva, sino, por el contrario, de una iniciativa feliz y bienvenida, una nueva iniciativa, un nuevo ímpetu y un nuevo impulso. Ello demuestra, pues, que el Proceso de Barcelona era, cuando menos, perfectible y tal es la tarea a la que nos vamos a dedicar.

Sea, pues, bienvenido este «Proceso de Barcelona: Unión para el Mediterráneo». Se trata, no obstante, de la primera vez en que se crea el instrumento antes de definir su objetivo. No tengo duda de que la Unión para el Mediterráneo permanecerá como nombre genérico, aunque no deseo enfadarme con nadie. ¡La Unión para el Mediterráneo es el huevo de Colón! El Mediterráneo es un lago. Todos vivimos en sus orillas; algunos están organizados, otros lo están menos o no lo están en absoluto —los países del Sur—, pero tenemos la vocación de trabajar juntos y hay que comenzar —como la Comisión ha destacado perfectamente— con proyectos concretos relativos a la contaminación, la producción de energía y el empleo para los jóvenes, sin duda fundamental para nuestros países ribereños.

Bienvenido sea, también, el relanzamiento parlamentario en ámbitos menos tangibles, tales como los derechos humanos y las cuestiones de género. Sin embargo, debo concluir afirmando que, seguramente, no será necesario un tercer relanzamiento.

Es absolutamente necesario que tengamos éxito en esta ocasión ya que, en caso contrario, demostraríamos que somos enemigos de nuestros propios intereses.

 
  
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  Rebecca Harms (Verts/ALE). – (DE) Señora Presidenta, Señorías, mucho se ha dicho de la propuesta del Presidente francés de equipar y armar a los países de África del Norte y de Oriente Próximo con instalaciones nucleares civiles y, asimismo, militares en el marco de la Unión para el Mediterráneo. Permítanme que cite a Asterix el Galo: «¡Están locos estos franceses!» Sin embargo, la evolución de los acontecimientos me preocupa aún más habida cuenta de que la Comisión Europea ha acogido activamente y apoyado tales planes.

Hace aproximadamente dos semanas se celebró una reunión entre el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el señor Mohamed ElBaradei y la Comisión. Asistió el señor Barroso. Se firmó un acuerdo entre el OIEA y Euratom, esto es, la Comisión, por el que se pretende forzar la proliferación de la energía atómica. En apariencia, se tiene la intención de dotar de equipo a los países en desarrollo en los que el señor Sarkozy ha puesto el ojo, conducirlos por dicho camino y brindarles todo el apoyo necesario para que puedan hacer uso de la energía nuclear.

A mi juicio, ello plantea múltiples dudas. En primer lugar, señora Comisaria, se supone que usted fue cosignataria de este acuerdo. Dispongo del proyecto de acuerdo en cuestión. ¿Por qué se ha distanciado del mismo? ¿Acaso es por qué no existe fundamento alguno en los Tratados para la celebración de este acuerdo? En segundo lugar, ¿cuál es la postura de Javier Solana a propósito de la firma de un acuerdo tal? Me cuesta imaginar que, desde la perspectiva de la seguridad, y sobre todo en vista del conflicto con Irán, este acuerdo pueda contar con el beneplácito europeo.

Ya que parece que se trata de un asunto tramitado casi en secreto, me complacería mucho recibir una explicación de su parte, señora Comisaria, ya que procede usted de un país, Austria, cuya postura frente a la cuestión nuclear es crítica.

 
  
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  Salvatore Tatarella (UEN). – (IT) Señora Presidenta, Comisaria, Señorías, no hablaré en francés, de manera que el señor Schulz estará contento. Ello no impide, sin embargo, que apruebe incondicionalmente la iniciativa del Presidente Sarkozy, que ha impulsado o, incluso, espoleado a Europa a ocupar una posición desde la está en condiciones de reivindicar una función indispensable en el mar Mediterráneo.

El mérito de la iniciativa de Sarkozy consiste en haber dado una respuesta no domesticada a la pregunta sobre los resultados del Proceso de Barcelona. Cada vez que nos preguntemos qué frutos se han obtenido en el Mediterráneo gracias al Proceso de Barcelona, nuestra respuesta, si es objetiva, seria y veraz, no puede ser satisfactoria. Ciertamente, se ha declarado una guerra y sigue existiendo un conflicto en Oriente Próximo. Cuando, en 1995, se decidió en Barcelona lanzar esta nueva política europea, se pensaba en administrar la paz tras el conflicto. No sucedió así entonces y no sucede así ahora. Europa sigue estando retrasada y esta iniciativa de la Presidencia francesa se antoja oportuna.

Aprobamos la iniciativa de la Comisión y el compromiso que se ha desprendido de la misma. Lo apoyamos pero creemos que sigue siendo insuficiente con respecto a la función que Europa puede y debe desempeñar en el Mediterráneo. Ha habido quien ha temido y teme que la iniciativa francesa ponga en peligro la cohesión europea. Yo no creo que exista tal peligro. No existirá un peligro tal siempre que se pida a Europa que se centre más en la política y menos en el mercado.

 
  
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  Patrick Louis (IND/DEM). – (FR) Señora Presidenta, Señorías, el debate de hoy reviste una importancia capital. Una de las claves del futuro de nuestro continente reside en nuestra capacidad de impedir que se produzca una profunda fractura que divida la cuenca mediterránea en dos bandos antagonistas cultural y económicamente. Pese a todas las diferencias que existen a ambas orillas del mare nostrum, lo que une es más fuerte que lo que nos separa.

Por ello, la iniciativa de Nicolas Sarkozy es, en principio, excelente, ya que insufla un nuevo aire al Proceso de Barcelona que marca el paso. Sin embargo, albergo ciertas reservas en relación con el método.

Cuando Francia firmó los compromisos europeos contenidos en los diversos Tratados, de Maastricht a Lisboa, aceptó transferir a la Comunidad —y lo lamento— un cierto número de prerrogativas, en concreto en materia de asuntos exteriores. Sin ánimo de molestar al señor Guénot, tal es, por desgracia, el mundo en el que los Tratados nos obligan a vivir. Por ello representa, a mi juicio, una suerte de incoherencia el lanzar, con una gran resonancia mediática, un proyecto de esta índole. En realidad, Francia no tiene ya el poder de imponerlo. El único modo de hacerlo avanzar habría consistido en desplegar el conjunto de recursos diplomáticos y humanos de que Francia dispone para convencer a sus socios de que procedan a la reforma del Proceso de Barcelona, sin dar la impresión de desandar lo andado, pese a que lo existente distaba mucho de ser satisfactorio.

El resultado de esta incoherencia puede verse hoy, ya que no es en absoluto una coincidencia que el debate se haya desplazado de la sesión de ayer, en la que el Consejo podría haber participado, al de esta mañana, en el que sólo está representada la Comisión. Evidentemente, esto representa más de una señal: la Comisión no tiene intención de desvincularse de este asunto.

 
  
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  Tokia Saïfi (PPE-DE). – (FR) Señora Presidenta, Comisaria, me complace que el «Proceso de Barcelona: Unión para el Mediterráneo» se sitúe hoy en lo más alto de la agenda europea.

El diagnóstico de la Comisión parece, en efecto, pertinente. Sobre la base del acervo en materia de cooperación euromediterránea, iniciada en 1995, se insufla a este un nuevo dinamismo con vistas a superar las lagunas y las deficiencias existentes.

Me complace, en este sentido, que los objetivos fijados aquí se basen en los principios de paridad e igualdad, los cuales se sitúan en el núcleo de la propuesta de Unión para el Mediterráneo. Los proyectos regionales que se lleven a cabo harán asimismo la asociación euromediterránea más visible y, sobre todo, más cercana a los ciudadanos. De hecho, la responsabilización de las personas será el garante de una asociación fuerte y de un refuerzo de la cooperación regional en la cuenca meridional del Mediterráneo.

En la consecución de este objetivo, la función oficial que pueda desempeñar la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea será, pues, determinante. Esta Asamblea se reconocerá, por fin, de manera oficial como una forma de apoyo parlamentario a la asociación euromediterránea.

Por último, desearía insistir en la gobernanza del proyecto. Reforzar las relaciones políticas, compartir responsabilidades, cultivar la igualdad y multiplicar las reuniones entre los socios euromediterráneos, tales deben ser nuestros objetivos. No debemos diluir el contenido político de este proyecto bajo el peso de un mecanismo institucional que conduciría, sin lugar a dudas, a la inercia, y debemos dotarle de los medios necesarios para lograr una eficacia real a través de una copresidencia Norte-Sur, garante de una responsabilidad compartida, y de una secretaría que debe ser el órgano responsable de la gobernanza de la Unión para el Mediterráneo y del seguimiento de la realización de los proyectos concretos.

La Unión para el Mediterráneo representa un importante avance y, como usted ha dicho, señora Comisaria, inaugurará —espero— una nueva era con nuestros socios, ya que nuestro destino es común.

 
  
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  Carlos Carnero González (PSE). – (ES) Señora Presidenta, como hay vida fuera del Parlamento Europeo, supongo que los fines de semana tenemos la ocasión algunas veces de ir al cine.

Yo lo he hecho este domingo pasado y he visto una película que recomiendo vivamente —no tengo intereses económicos en la producción y distribución de la misma—, es «El edificio Yacobián», que habla de los problemas políticos, económicos, sociales y culturales que vive un gran país mediterráneo que es Egipto.

Pues bien, en ningún momento a lo largo de esa película, de prácticamente dos horas y media, se habla de la Unión Europea, se habla de nuestra presencia, se habla del proceso de Barcelona. ¿Es que por eso el proceso de Barcelona no existe, no ha tenido éxito? No, no confundamos las cosas. No ha tenido suficiente visibilidad, pero sí ha tenido un contenido que ha beneficiado a la ciudadanía y que se ha convertido hoy en un punto de referencia de cómo debe ser una política exterior diferente basada en la cooperación y basada en la igualdad.

El proceso de Barcelona es exactamente lo contrario de lo que ha sido históricamente la relación entre Europa y el sur del Mediterráneo. Éste no es un proceso neocolonial, éste no es un proceso de imposición, es un proceso de partenariado, un proceso de asociación, no lo olvidemos.

Este proceso no ha podido cambiar las grandes dinámicas del Mediterráneo, pero ¿cómo queremos cambiar en diez años, un poquito más, dinámicas de cientos de años? En cambio, sí ha servido para reorientar parte de esas dinámicas. Por eso, lo que hay que hacer es fortalecerlo política e institucionalmente, con programas, con financiación. Eso es la Unión por el Mediterráneo.

Lo dice bien la Comisión Europea en su comunicación, y por eso este Parlamento va a apoyar hoy esa comunicación y va a apoyar lo que la gran mayoría de los gobiernos europeos quiere: más proceso de Barcelona, más proceso de Barcelona, más proceso de Barcelona. Eso es la Unión por el Mediterráneo: no más estructuras sino la posibilidad de que la gente viva mejor gracias a una cooperación entre iguales.

Quiero decir que, en ese caso, la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea debe ser el órgano legislativo que dé legitimidad democrática a este proceso. No es casualidad que usted, señora Rothe, miembro de la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea, presida hoy esta sesión.

 
  
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  Baroness Nicholson of Winterbourne (ALDE). – Señora Presidenta, expreso mi agradecimiento a las Señorías que han intervenido y que han apoyado el Proceso de Barcelona a lo largo de muchos años. Se trata de una idea maravillosa que merece tener éxito. Aplaudo particularmente la iniciativa del Presidente Pöttering de crear cierta estructura en el seno de esta Cámara para impulsar el Proceso de Barcelona, así como el compromiso del Presidente Sarkozy de reforzar el proceso a través de diversos aspectos.

Este lunes, 9 de junio, se inaugurará la Universidad Euromediterránea. Señorías, deseo que apunten esta fecha. Afirmamos que nuestro éxito reside en el diálogo y el proceso euromediterráneo debería ejemplificarse en una universidad que represente un éxito. Felicito a la Presidencia eslovena por ofrecer la sede de la Universidad, aunque deseo preguntar a sus Señorías de todas las comisiones —a la Comisión y la Conferencia de Presidentes— por qué no se ha reservado dotación presupuestaria alguna para dicha Universidad. Sin duda, no deberíamos depender de un solo Estado que ocupe la Presidencia —en este caso, Eslovenia— para fomentar el futuro de la Universidad. Si queremos que constituya un éxito, tendremos que asignarle un presupuesto para los años venideros.

 
  
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  José Ignacio Salafranca Sánchez-Neyra (PPE-DE). – (ES) Señora Presidenta, el Mediterráneo es mucho más profundo en su historia que en su geografía. No hace falta ser originario de esta región para comprender, como ha señalado con acierto la Comisaria, los grandes problemas que se plantean en ella: el problema de las migraciones, el de las mafias que trafican con seres humanos, que lamentablemente no se encuentra recogido en el proyecto de resolución de transacción, el problema de la droga, el problema de la brecha económica que separa las dos orillas y, por supuesto, el fundamentalismo islámico radical, que es uno de los grandes agujeros negros de la política internacional.

De ahí la importancia que la situación en el Mediterráneo tiene para la estabilidad y para la seguridad de nuestro propio proyecto político. Por eso, saludamos esta comunicación de la Comisión, por su diligencia, al cumplimentar rápidamente un mandato del Consejo Europeo, por su realismo, al poner las cosas en su sitio, y por su sentido común, al subrayar la adicionalidad y también el carácter multilateral de las iniciativas que se plasman en esta nueva iniciativa destinada, efectivamente, a dar un nuevo impulso al Proceso de Barcelona.

Quiero decir, señora Presidenta, que no estoy de acuerdo con algunas de las críticas que se han formulado en este debate. Creo que la Unión Europea y la Comisión ponen, cuando es necesario, las cifras al servicio de los ideales y es evidente que la Unión Europea, en su acción exterior, trata siempre de defender los principios en los que creemos. Pero también es verdad, señora Presidenta, que tenemos que pasar muchas veces de las bienaventuranzas y de los grandes principios a los libros de contabilidad para dar credibilidad y dar realismo, y pasar de las palabras a los hechos en las políticas que queremos impulsar.

Por eso, señora Presidenta, es muy fácil lanzar críticas y lanzar iniciativas, pero esas iniciativas hay que contrastarlas con los medios presupuestarios que los Estados miembros tienen que poner a disposición de la Unión Europea al objeto de instrumentar convenientemente las políticas. Por eso, señora Presidenta, en el marco de las perspectivas financieras actuales, tenemos lo que tenemos y, si no nos dotamos de esos medios, no podremos realizar las ambiciones que como Unión Europea nos estamos trazando.

 
  
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  Kader Arif (PSE). – (FR) Señora Presidenta, Señorías, el lanzamiento de lo que en su momento fue la Unión para el Mediterráneo suscitó polémica e inquietud tanto en Europa como en nuestros socios mediterráneos.

Esta iniciativa no podía ser, obviamente, una iniciativa franco-francesa o euro-europea, ni la expresión de una visión orientada la seguridad de las relaciones euromediterráneas.

Por lo tanto, aplaudo las palabras de la Comisaria esta mañana y las propuestas concretas presentadas, las cuales responderán a algunas de nuestras preocupaciones. Este proyecto común debe consistir en un diálogo colectivo basado en la paridad y la cogestión. Sin embargo, la relación euromediterránea es una relación asimétrica, pasional e irracional. Asimétrica en el ámbito del comercio, evidentemente, tanto en el comercio Norte-Sur como en el Sur-Sur. Habrá que investigar, por otra parte, si procede la creación de una zona de libre comercio en 2010 o no. Es irracional porque se basa en relaciones vinculadas a una historia a menudo dolorosa, complicada y hoy amplificada por lo que ciertos conservadores desean, es decir, el choque de civilizaciones, una confrontación entre el bloque occidental y el oriental.

Por consiguiente, si hubiéramos de tomar decisiones, las primeras consistirían en contemplar esta relación euromediterránea de manera desapasionada y con racionalidad. Racionalidad a través del refuerzo la función de los parlamentos y, en concreto, la función de la APEM; racionalidad en lo que respecta a nuestras propuestas sobre la buena gobernanza; racionalidad en cuanto a la ayuda que se les puede conceder desde la perspectiva Sur-Sur; racionalidad también a propósito de la libertad de circulación de personas y sobre la cuestión israelo-palestina. Tendremos asimismo que obrar de manera desapasionada, dado que, si no somos capaces de ello, no podremos crear dicha zona de paz y no evitaremos el choque de civilizaciones que algunos desean.

 
  
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  Ioannis Kasoulides (PPE-DE). – Señora Presidenta, la Comisaria Ferrero-Waldner y los anteriores oradores han expuesto adecuadamente el nuevo ímpetu dado al «Proceso de Barcelona: Unión para el Mediterráneo». Las ideas de Barcelona son ahora más pertinentes que nunca. Por desgracia, la diferencia de niveles de prosperidad entre la Unión Europea y la mayoría de los países mediterráneos ha aumentado. Un aumento gradual del comercio con la Unión Europea no ha sido capaz de atraer la inversión nacional y extranjera necesaria para potenciar el nivel de vida de nuestros socios mediterráneos.

Mucho dependerá ahora del éxito de los nuevos proyectos propuestos, que deben ser visibles y tangibles para el ciudadano de a pie de ambas riberas del Mediterráneo y afectar y atraer el interés del sector privado: los proyectos que versen sobre temas como la protección civil, los efectos del cambio climático, la sequía y la falta de agua, los incendios forestales, la descontaminación del mar Mediterráneo y el desarrollo de tecnología para hacer un mejor uso de la energía solar en beneficio de ambas orillas del Mediterráneo.

Los proyectos comunes a todos los países mediterráneos, septentrionales y meridionales, constituirán una de las claves del éxito. Las cuestiones de la migración, la integración social, la justicia y la seguridad redundarán asimismo en beneficio de ambas partes y harán aumentar la visibilidad. No olvidemos que nuestros socios son ahora países de tránsito para las oleadas de inmigración procedentes del África subsahariana.

La cuestión de la financiación, sobre todo en relación con un proyecto más ambicioso como el presente, sigue pendiente. Cuanto más tangibles y visibles sean los beneficios que procure este proyecto, mayor será la voluntad de los Estados miembros de facilitar fondos.

 
  
  

PRESIDE: MIGUEL ÁNGEL MARTÍNEZ MARTÍNEZ
Vicepresidente

 
  
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  Vural Öger (PSE). – (DE) Señor Presidente, señora Comisaria, desearía felicitar al Presidente Sarkozy por una vez, aunque a regañadientes, en esta ocasión. Gracias al alboroto que ha creado a propósito de las relaciones euromediterráneas, ha logrado dar al Proceso de Barcelona, que de hecho existe desde 1995, el relieve y la visibilidad que merece y ha dado pie a que se inicie un nuevo debate sobre nuestra región vecina del sur.

Sin embargo, si nos fijamos en los resultados se puede constatar que la idea original de Sarkozy, formulada en febrero de 2007, ha fracasado en tres aspectos. En primer lugar, una posible alternativa a la adhesión a la UE de Turquía quedó descartada de resultas de la Declaración de Roma aprobada por España e Italia en diciembre de 2007. Posteriormente, la Canciller Merkel garantizó que las relaciones euromediterráneas seguirían desarrollándose dentro de las estructuras de la UE existentes. Por último, la Comisión ha puesto freno ahora a los ambiciosos planes del señor Sarkozy en cuanto a la secretaría y el liderazgo del proyecto. Queda claro, pues, que planteamientos en solitario como los del señor Sarkozy no se tolerarán en la Unión Europea.

 
  
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  Simon Busuttil (PPE-DE).(MT) Nos hacía falta este nuevo comienzo, necesitábamos esta nueva energía para la política mediterránea, tan importante para el Mediterráneo y para Europa. Acaso el principal defecto del Proceso de Barcelona fue que nuestros países vecinos del Mediterráneo central tuvieron siempre la sensación de que éste era un proceso europeo que se les imponía y que no existía, en grado suficiente, un sentimiento de igualdad y de pertenencia. Durante la Cumbre del 13 de julio tendremos que garantizar que estamos construyendo este nuevo proyecto de Unión para el Mediterráneo sobre la base de una pertenencia y una igualdad verdaderas. Deberíamos basarlo en estructuras independientes y no imponer a otros nuestras perspectivas. Ello significa, por supuesto, que existen obligaciones, amén de derechos, que atañen a ambas partes, no sólo a una de ellas. Aplaudimos esta propuesta con una mezcla de escepticismo y, al mismo tiempo, de esperanza. Espero que la esperanza triunfe sobre el escepticismo.

 
  
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  Luís Queiró (PPE-DE).(PT) Si el Proceso de Barcelona existe es porque un conjunto de cuestiones centrales de la política europea se ven afectadas por esta relación con el Sur: la energía, la lucha contra el terrorismo, la demografía y la inmigración, el desarrollo económico y la lucha contra la delincuencia son algunas de estas cuestiones. Debemos reconocer, sin embargo, que el Proceso de Barcelona no ha constituido un éxito.

El gran éxito de Europa ha sido, de hecho, la promoción de las reformas en los países candidatos a la adhesión. Sin embargo, los países de la ribera meridional del Mediterráneo no pueden adherirse a la Unión Europea aunque son, en algunos casos, nuestros vecinos más problemáticos. Por lo tanto, la pregunta que se plantea es cómo debemos modificar nuestra estrategia para relanzar el proceso, para que la nueva Unión para el Mediterráneo sea algo más que una mera fórmula.

¿Creemos que el camino es el apoyo a las inversiones concretas en el marco de una verdadera apertura de los mercados? ¿Creemos en un acceso lo más amplio posible a los instrumentos comunitarios de recuperación? ¿Defendemos la supeditación de los importes de la ayuda a la calidad de las reformas que se emprendan? Yo considero que sí, ya que los problemas del Mediterráneo son, también, nuestros problemas. Tengamos presente que, si no comprendemos qué falló en Barcelona, no seremos capaces de introducir una nueva dinámica en la relación con nuestros socios del Sur.

 
  
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  Erna Hennicot-Schoepges (PPE-DE). – (FR) Señor Presidente, desearía pedir a la Comisaria, señora Ferrero-Waldner, que no contemple este Proceso de Barcelona como un mero proceso económico. Cuando Europa necesita energía, se vuelve hacia África para beneficiarse del sol y de la arena. ¿No es demasiado poco? ¿No deberíamos aplicar este proceso trabajando en el ámbito de la cultura? Trataremos con países muy diversos, países orgullosos, países que tienen una historia y una gran cultura. ¿No deberíamos hacer esfuerzos para mejorar la cohesión social a través de un intenso trabajo en materia cultural?

Ni un solo documento se refiere a la Fundación Anna Lindt, que, desde hace años, se esfuerza por llevar a cabo este trabajo de cooperación. Me complacería sobremanera que se lograran avances en cuanto al proyecto de creación de una universidad euroárabe.

 
  
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  Marusya Ivanova Lyubcheva (PSE).(BG) Señor Presidente, Señora Comisaria, la cuestión relacionada con la creación de una Unión para el Mar Negro reviste una gran importancia estratégica. Se trata de un proceso de desarrollo futuro común que atañe no sólo al incremento de la influencia de la Unión Europea y a la cooperación económica sino, asimismo, a la buena vecindad.

La región mediterránea, con su plétora de estratos culturales e históricos y con su moderna influencia política y económica reviste una particular importancia. Considero este proceso un paso adelante hacia una función más global de la UE en su conjunto y no de ningún país en concreto.

Al mismo tiempo, el eje mediterráneo en el desarrollo de políticas de la UE debería vincularse con la dimensión oriental de los proyectos estratégicos de la Unión. Las regiones del Mar Negro se han vinculado siempre al Mediterráneo, por lo que ambas deberían ser comparables y situarse en pie de igualdad hoy.

Tal es el único camino para lograr una nueva eficacia y una mayor influencia de las políticas y los valores de la Unión Europea y aportaría, además, un nuevo valor añadido a las políticas de la UE.

 
  
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  Marios Matsakis (ALDE). – Señor Presidente, querría señalarle a la Comisaria que la planificación de autovías no resolverá los graves problemas a los que se enfrenta la región mediterránea, a menos que esté resuelta a convencer al Presidente Sarkozy de que se construya una autovía de seis carriles que una Francia con Turquía.

Comisaria, me ha defraudado su discurso introductorio, ya que no ha tratado algunos de los problemas más acuciantes del Mediterráneo. Me refiero, por ejemplo, a la ocupación por Israel de un territorio que pertenece a los palestinos, a la ocupación de Chipre por Turquía y a la colonización continuada, en pleno siglo XXI, de una parte de Marruecos por parte de España, que tiene dos colonias en Marruecos, a las dos colonias del Reino Unido en Chipre y a la colonia que —según me parece— aquel país sigue teniendo en España.

A menos que trate esos graves asuntos no podremos convertir en realidad los planes, teóricos, de una Unión para el Mediterráneo.

 
  
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  Ryszard Czarnecki (UEN). – (PL) Señor Presidente, Europa respira, en verdad, por dos pulmones. Uno de estos pulmones es la dimensión mediterránea que estamos debatiendo. El otro es la dimensión oriental, que incluye a los países que comparten alguna de sus fronteras con Polonia. A modo de ejemplo, podría citar Ucrania, Belarús y Rusia. La dimensión oriental incluye asimismo a países del Cáucaso tales como Georgia y Armenia.

Es correcto y adecuado que hoy, trece años después de Barcelona, estemos dedicando tanto tiempo a la vital dimensión mediterránea de nuestra política europea. Debería hacerse hincapié, no obstante, que ésta es sólo una parte de un todo mayor. La política con respecto a los países de la cuenca mediterránea es necesaria y debe renovarse, pero sólo es un elemento de la política exterior general de la Unión Europea. Nuestra política con respecto a los futuros miembros de la Unión Europea debería ser una parte muy importante de aquélla. Para expresarlo con claridad, no creo que ninguno de los países mediterráneos sobre los que estamos debatiendo hoy se adhiera a la Unión. En cambio, seguramente Georgia y Armenia acabarán siendo Estados miembros.

 
  
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  Marie Anne Isler Béguin (Verts/ALE). – (FR) Señor Presidente, señora Comisaria, deseaba decirles que hacen falta dos para bailar un vals. Así pues, lo que me interesa saber es si existe un verdadero interés en la otra orilla del Mediterráneo. Cuando contemplamos hoy la danza del vientre que el Gobierno francés está practicando para atraer a los Jefes de Estado del Mediterráneo, para que éstos acudan a París el día 13 de julio, cabe preguntarse si existe verdaderamente una adhesión recíproca en el otro lado.

Deseo decirles que su proyecto revisado es sumamente interesante. La Unión Europea se construyó, tras la Guerra, sobre la base del carbón y del acero. Si, en efecto, estamos proponiendo a nuestros socios la construcción de un proyecto para el siglo XXI, basado en el cambio climático, en la energía renovable, en la restauración de un medio ambiente mediterráneo totalmente degradado, entonces sí, será posible adherirse a ese proyecto. Sin embargo, ¿dónde queda la coherencia, señora Comisaria? ¿Qué podemos responder ante este solo del señor Sarkozy quien, hoy mismo, antes de ocupar la Presidencia, impele a Argelia a firmar acuerdo sobre la instalación de una central nuclear? Creo que ello testimonia la contradicción que acaso existe entre el Consejo y la Comisión.

 
  
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  Carlo Fatuzzo (PPE-DE). – (IT) Señor Presidente, Señorías, el señor Matsakis tiene razón, estoy de acuerdo con buena parte de lo que ha dicho. Siempre han existido dificultades y problemas para los países que bordean el mare nostrum, como se le llamaba hace dos mil años.

Sin embargo, también es cierto, a mi juicio, lo que ha dicho el Presidente del Grupo Liberal, señor Watson: si no damos, no recibiremos. Así pues, desearía invitar al Gobierno italiano del Presidente Berlusconi a escuchar las súplicas y los ruegos de Gaddafi, al que tanto buscábamos en la época del asunto de las enfermeras búlgaras, ignorando todo lo que había detrás. Aquél ha pedido a Italia en reiteradas ocasiones que construya una autovía en su país. Una autovía no sólo beneficiaría al Presidente Gaddafi sino, asimismo, a todos los ciudadanos de África del Norte, de manera que su construcción representaría un testimonio de buena voluntad que nos permitiría obtener a todos un resultado positivo en el Mediterráneo.

 
  
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  Lidia Joanna Geringer de Oedenberg (PSE). – (PL) Señor Presidente, la cuenca mediterránea y Oriente Próximo son regiones de importancia estratégica desde el punto de vista de la Unión Europea. Está más que claro que debemos crear una zona de paz y estabilidad económica basada en los principios de la democracia, la solidaridad y la cooperación si hemos de dar respuesta a los desafíos comunes. También es necesario revitalizar y desarrollar el Proceso de Barcelona, de modo que se cree una fuerte asociación en el ámbito de la política exterior y de seguridad que contribuya a luchar contra el terrorismo.

La asociación euromediterránea no puede centrarse exclusivamente en cuestiones que atañen a la economía y al comercio, sin embargo. Debería acompañarse de un refuerzo de la cooperación regional, una integración social más estrecha y la cooperación en el ámbito de la protección del medio ambiente. Además, deberíamos hacer hincapié en la necesidad de fortalecer las políticas encaminadas a potenciar la función de la mujer en las sociedades mediterráneas, a través del fomento de la igualdad de género. El respeto de las costumbres y tradiciones no debe vulnerar los derechos fundamentales de la mujer.

Para concluir, desearía expresar mi aprobación por la propuesta de la Comisión acerca de la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea. Deberían reforzarse la función y la legitimidad democrática de aquélla.

 
  
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  Benita Ferrero-Waldner, Miembro de la Comisión. (FR) Señor Presidente, Señorías, seguiré hablando en francés. Puede que el señor Schulz no esté de acuerdo, pero creo que el Presidente Sarkozy ha sido el autor del impulso dado a la Unión para el Mediterráneo. Por ello, creo que, por esta vez, voy a seguir expresándome en dicha lengua.

Percibo ante todo, Señorías, que este debate o esta cuestión no deja a nadie indiferente. Todos tienen algo que decir, lo que me parece muy, muy importante. Es cierto, en mi opinión, que la suerte de la paz podría estar jugándose en el Mediterráneo. También es cierto que sigue habiendo diferencias entre ambas orillas: éstas se están reduciendo pero siguen ahí. Debemos tener en cuenta los avances logrados: estabilidad macroeconómica, inflación más baja, mayor desarrollo de los derechos humanos. Naturalmente, sigue quedando mucho por hacer. Por otra parte, existe una enorme necesidad de emprender reformas, y éstas deben ser más rápidas y más profundas. Además, la cuestión del comercio y de las inversiones es absolutamente crucial. No estoy de acuerdo con el señor Wurtz en que el Proceso de Barcelona esté muerto. No, como siempre he dicho, aquél ha sido siempre muy difícil de poner en práctica debido a los problemas políticos existentes, eso es cierto. Cuando se debatían los problemas políticos, como sabemos, el debate versaba sobre el Proceso de Barcelona. Por desgracia, estos problemas persistirán —estoy de acuerdo— aunque intentemos resolverlos mediante proyectos muy concretos. Por lo tanto, estoy convencida de que ésta es una buena idea y creo que la hemos reconducido de un modo pragmático y concreto que, por supuesto, incluye absolutamente a todo el mundo.

En lo que concierne al libre comercio y a los acuerdos de libre comercio, Señorías, debo señalar que, debido a unos procesos de transición excesivamente prolongados, 2010 será el primer año en que se puedan llevar a la práctica tales acuerdos. De hecho, no disponemos aún de acuerdos de libre comercio. En cuanto a la agricultura, estamos en plenas negociaciones pero éstas resultan muy complicadas, también para la otra parte, ya que no sólo se tratar de dar sino, asimismo, de recibir. Estas negociaciones son siempre difíciles. Los acuerdos de libre comercio con Túnez e Israel entrarán en vigor en 2010. Se está finalizando un acuerdo similar con Marruecos, aunque queda aún mucho por hacer. El último país afectado será Egipto. Como puede ver, las cosas avanzan con lentitud, aunque ello no se debe al proceso sino a los propios países, que no desean avanzar más deprisa. Creo que hay que señalar este extremo. Pese a todo, esta nueva idea es una buena idea, una oportunidad, y espero que los socios hagan uso de la misma. También es cierto, señora Isler-Béguin, que los socios han de querer bailar. Por ello, la Comisión ha debatido con cada uno de ellos para cerciorarse de que sus propuestas reflejen sus inquietudes y sus puntos de vista.

En lo que respecta a los derechos humanos, Señorías, debo señalar que yo misma no habría hecho nada si no se hubieran tenido en cuenta. Sin embargo, el Proceso de Barcelona subsiste. Tal es la idea. También participan las instituciones. En principio, las instituciones intervienen, y ello se aplica asimismo a la Fundación Anna Lindt. Desde luego la Fundación Anna Lindt está presente y, dado que cuenta con una nueva presidencia y con un nuevo director, tales aspectos deberían reforzarse en adelante. No se trata de cuestiones perdidas. Queda asimismo política de vecindad a la que me he referido, una política bilateral. Es esta política la que, a través de sus planes de acción, trata realmente de reforzar y promover las reformas. No crean, pues, que no está ahí. Tal es el verdadero valor añadido de los proyectos que hemos ejecutado realmente y en los que hemos hecho hincapié.

En cuanto a la Universidad Euromediterránea de Portorož, creo, ante todo, que se trata de una excelente idea de la Presidencia eslovena. Voy a asistir personalmente a su inauguración. Se me ha invitado y tengo intención de acudir.

En lo que se refiere a la financiación, y ante todo, dado que se trata de una idea eslovena, creo que es normal que los eslovenos aporten algo, y lo harán donando un millón de euros. Se me ha pedido una contribución, por lo que he tratado de hallar algo en los fondos que, en principio, ya se han asignado. No es nada fácil. He sido capaz de encontrar un importe de un millón de euros que voy a añadir a este proyecto. Sin embargo, existen otros instrumentos y he informado de ello a la Presidencia. En primer lugar, están los Fondos Estructurales y el Fondo de Cohesión, en relación con los cuales no hay sino que revisar su redistribución en Eslovenia y, en segundo lugar, cabe citar asimismo los fondos destinadas a la investigación y la educación. Así pues, se dispone de fondos. Además, sabrán que las becas Erasmus siguen estando en vigor. Se trata de un elemento nuevo que vamos a potenciar.

Desearía referirme brevemente a la cultura, Señoría. Creo que alguien ha citado una declaración de Robert Schuman, quien afirmó que, de volverse a crear una Unión Europea, deberíamos comenzar por la cultura. Es cierto, pero, ya que existe tanta pobreza, tanto analfabetismo, etc., tendremos que emprender, además, otras acciones, y puedo repetir lo que ya dije en relación con los derechos humanos: todos los programas de cultura siguen vigentes y hay una buena cantidad de ellos.

Por último, me referiré brevemente a la secretaría, ya que se trata de una cuestión muy concreta. A la luz de los diversos puntos de vista expresados, hemos llegado a la conclusión de que conviene, como indicamos en nuestra comunicación, exigir a la secretaría que desempeñe su función, que consiste en formular propuestas de iniciativa conjuntas, las cuales deberían aprobar posteriormente las instancias políticas, y en garantizar el necesario seguimiento de las decisiones sobre los proyectos que adopten los Jefes de Estado y de Gobierno. La secretaría podría tener asimismo una personalidad jurídica distinta y un estatuto autónomo. Las modalidades específicas habrán de determinarse.

Concluiré con unas palabras sobre la cuestión nuclear. Señoría, el Memorando de Acuerdo que nuestro Presidente firmó con el OIEA, el Organismo Internacional de Energía Atómica de Viena, se refiere a la seguridad y la protección. Personalmente, estoy de acuerdo con el mismo y creo que todo el mundo debería estarlo, ya que no podemos elegir qué energías emplean los Estados miembros. Todo Estado miembro tiene el derecho, como ha dicho, de albergar cierta reticencia a propósito de la energía nuclear y sabe que tal es nuestro caso. Sin embargo, hay que dar, al menos la posibilidad a los demás países de obrar como les parezca oportuno. En este caso, la seguridad y la protección son cruciales y en tales cuestiones se fundamenta el Memorando.

Pido disculpas, señor Presidente, pero, como dije al principio, este debate no deja a nadie indiferente.

 
  
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  Presidente. − Para concluir este debate, he recibido seis propuestas de resolución1 presentadas de conformidad con el artículo 103, apartado 2, del Reglamento.

Se cierra el debate.

La votación se celebrará a las 11.00 horas.

Declaraciones por escrito (artículo 142)

 
  
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  John Attard-Montalto (PSE), por escrito. Es un placer escuchar declaraciones del Consejo y la Comisión en relación con el Proceso de Barcelona, así como la propuesta de creación de una Unión para el Mediterráneo. Esta última empezará a funcionar el 13 de julio en París durante la Presidencia francesa.

El Gobierno de Malta ha hecho público un documento de posición sobre las citadas declaraciones. Estoy plenamente de acuerdo con las propuestas que se están haciendo acerca de la Unión para el Mediterráneo. Puesto que es importante no duplicar esfuerzos y energías, la sugerencia relativa a las actividades marítimas es loable.

Malta ha ofrecido acoger una secretaría para supervisar la aplicación de dichas propuestas, y yo respaldo totalmente el ofrecimiento, no sólo por la posición geográfica única que ocupa la isla en el Mediterráneo, sino también porque contamos con la infraestructura, el personal y la experiencia necesarios para albergar una entidad de este tipo.

Para terminar, quisiera mencionar que, hace poco más de treinta años, fue un gobierno laborista el que consiguió llamar la atención del mundo sobre la importancia del Mediterráneo y la necesidad de colaboración entre los países ribereños del Norte y el Sur de dicho mar.

 
  
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  Alessandro Battilocchio (PSE), por escrito. (IT) Celebro la creación de la Unión para el Mediterráneo, que ayudará a mejorar e intensificar las relaciones con nuestros socios mediterráneos y promoverá el conocimiento mutuo, el crecimiento, el empleo y la formación en la UE y en los doce países no europeos interesados.

Promover la paz y la democracia, los controles sobre la inmigración, las relaciones económicas y los suministros de materias primas: históricamente, éstos han sido los puntos clave de la política de vecindad de mi país con los países mediterráneos. Bettino Craxi fue un pionero en este sentido.

La Unión para el Mediterráneo ayudará a facilitar la realización de proyectos transfronterizos que son importantes para el área en su conjunto, sirviendo para mejorar las autopistas del mar, combatir la contaminación marina, mejorar la protección civil, crear un mercado de la energía más integrado y desarrollar nuevas tecnologías renovables.

La Unión para el Mediterráneo ha de contribuir a promover la democracia y a resolver los conflictos que aún desestabilizan Oriente Próximo y el Sáhara Occidental, con la ayuda de la Asamblea Parlamentaria Euromediterránea, que debe intervenir plenamente.

 
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