Presidenta. – Señorías, en nombre del Presidente del Parlamento Europeo, tengo el gran honor y el placer, en este Año Europeo del Diálogo Intercultural, de acoger en el Parlamento Europeo al Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Libertad de religión o de creencias, Dr. Asma Jahangir.
Nuestro Parlamento atribuye especial importancia a este Año del Diálogo Intercultural. Mediante una serie de iniciativas, nuestro Parlamento proporciona un foro para el intercambio de ideas entre ciudadanos de diferentes culturas y comunidades, y entre ciudadanos de diferentes religiones y creencias.
A lo largo de este año hemos invitado ya a líderes políticos y religiosos de todo el mundo para que hablen ante nosotros. Esperamos que nuestro Parlamento también sirva de foro para la comunicación, la propagación de un mensaje común y la promoción de un diálogo libre, verdadero y orientado a mejorar el conocimiento mutuo.
Es un placer para mí darle la bienvenida, Dr. Jahangir, e invitarle a que se dirija a la sesión plenaria para tratar asuntos de importancia vital para la paz mundial y el desarrollo.
Como parte de nuestra misión común para promover la democracia y los derechos humanos, hemos observado de cerca los sucesos de su país, Pakistán, y su detención el año pasado, durante la cual el Parlamento Europeo aprobó una resolución que solicitaba su liberación inmediata. Por este motivo, estamos especialmente contentos de tenerle hoy entre nosotros.
Hay otra razón por la que su visita es especialmente significativa en este momento. Este año celebramos el 60 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. Esta Declaración anunció una nueva era en un mundo que acababa de sobrevivir a las tribulaciones de la peor guerra de la historia, una guerra que empezó en Europa. La Declaración estableció la primera obligación formal internacional respecto a la dignidad e igualdad de todos los seres humanos, independientemente de su color, creencia u origen. El artículo 18 de la Declaración señala que «Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.»
Su tarea como Relator Especial de las Naciones Unidas es identificar las barreras actuales o las posibles barreras futuras que se oponen al ejercicio de este derecho, y proponer métodos y medidas para contrarrestarlas y superarlas.
En sus informes, recalca la importancia del diálogo continuo e intensificado con comunidades que se adhieren a religiones o creencias diferentes. Es un diálogo que debe celebrarse a todos los niveles, por parte de todos los grupos sociales. En particular, recalca la necesidad de la participación generalizada de las mujeres para promover una tolerancia, un respeto y una comprensión mutua cada vez mayores.
En muchas de sus resoluciones, el Parlamento Europeo destaca que las mujeres desempeñan una función vital en el fomento del diálogo y la paz, como también subrayamos en la conferencia que organizamos con ocasión del Día Internacional de la Mujer. Usted mismo ha participado en muchas conferencias sobre la promoción del diálogo, por ejemplo en el contexto de la Alianza de Civilizaciones, y ha tomado muchas iniciativas para dar a las mujeres un papel más relevante.
También ha recalcado la función de la educación como el factor más importante para prevenir conflictos. La educación puede enseñar a respetar y aceptar el pluralismo y la diversidad en el contexto de la religión y las creencias. Contribuye así a la difusión y el cumplimiento de los derechos humanos en todas las sociedades.
Lo que usted preconiza está de acuerdo con el lema del Año Europeo del Diálogo Intercultural, «Juntos en la Diversidad». Complementa la función protagónica asignada a las actividades que promueven el conocimiento, el respeto y la tolerancia de las distintas creencias.
La reunión de hoy es una ocasión espléndida. Para los que deseen seguir el debate con usted, habrá una reunión especial mañana por la mañana, organizada por la Subcomisión de Derechos Humanos.
Doctor Jahangir, es para mí un gran placer invitarle a dirigirse al Parlamento Europeo.
(Aplausos)
Asma Jahangir, Relator Especial de las Naciones Unidas sobre la Libertad de religión o de creencias. – Señora Presidenta, distinguidos Diputados al Parlamento Europeo, Señorías, estimados amigos, es para mí un gran honor y un inmenso placer estar aquí hoy con ustedes. Quisiera agradecer muy cordialmente al Presidente, Hans-Gert Pöttering, por haberme invitado a dirigirme al Parlamento Europeo. También debo agradecerle el apoyo que me ha prestado, tanto en mi condición de Relator Especial de Naciones Unidas como personalmente, cuando el año pasado fui detenido.
Su decisión de designar 2008 como Año Europeo del Diálogo Intercultural y de diseñar diversas iniciativas sobre este particular es en verdad muy oportuna e importante. La historia de Europa ha sido conformada por muchos casos positivos de diálogo intercultural. Sin embargo, la falta de tal diálogo constructivo es también notoria, por ejemplo cuando recordamos las guerras religiosas o la marginación de determinados creyentes en la Edad Media.
En mi intervención quisiera compartir con ustedes algunos pensamientos, principalmente sobre el diálogo entre religiones, basados en la experiencia que he adquirido en los cuatro últimos años como Relator Especial de las Naciones Unidas para Libertad de religión o de creencias. Quisiera plantear cuatro preguntas, básicamente en relación con el qué, el por qué, el quién y el cómo del diálogo intercultural.
Empezaré la primera: ¿qué entendemos por diálogo intercultural? La terminología ya parece complicada: ¿incluye la palabra «intercultural» el diálogo «interreligioso»? Por supuesto, yo respondería que sí, ya que las religiones forman parte de la cultura. Al mismo tiempo, también hay que prestar atención a las tensiones «intrarreligiosas». En consecuencia, el diálogo intercultural debe tener en cuenta a los creyentes de distintas religiones y sus ideas.
¿Qué sucede con el diálogo entre los creyentes, los no creyentes y los ateos? Todos estos creyentes están protegidos por la ley internacional de los derechos humanos, así como por el derecho a no profesar ninguna religión o creencia. Por tanto, en mi opinión, estas dimensiones también deben estar incluidas en las iniciativas de diálogo intercultural.
En las Naciones Unidas se manejan además otras expresiones, como la Alianza de las Civilizaciones o «2010 Año Internacional de acercamiento de las culturas». Estas expresiones evitan la palabra «religión», a menudo conflictiva, pero están pensadas para fomentar el diálogo entre religiones y entre culturas, la comprensión y la cooperación por la paz.
Por tanto, el «diálogo intercultural» podría interpretarse como un diálogo integral que abarca las diversas dimensiones mencionadas: diálogo entre religiones y enfoques intrarreligiosos, incluso cuando incluyen a no creyentes y ateos. Estoy de acuerdo con la forma en que el Parlamento Europeo y el Consejo han descrito las metas del diálogo intercultural en su decisión nº 1983/2006/CE por la que se estableció el Año europeo para fortalecer «el respeto de la diversidad y traten la compleja realidad de nuestras sociedades y la coexistencia de distintas identidades culturales y creencias. Además, es importante destacar la contribución de las diferentes culturas al patrimonio cultural y el modo de vida de los Estados miembros de la Unión Europea y reconocer que el diálogo cultural e intercultural resulta fundamental para aprender a vivir juntos en armonía.»
Aún más importante, el Estado debe obrar en consecuencia por medio de sus políticas y desarrollar sus aptitudes de gobierno para tener en cuenta intereses diversos. Tanto el Gobierno como la sociedad civil desempeñan una función en la creación de un ambiente donde personas de religiones y creencias distintas puedan relacionarse sin esfuerzo. Por tanto, debe ampliarse el concepto de diálogo intercultural.
Esto me lleva a la segunda pregunta: ¿por qué es importante el diálogo intercultural? Estoy convencido de que mantener un diálogo intercultural permanente es de importancia capital para superar las actitudes sectarias e intransigentes y para aumentar la tolerancia religiosa en todo el mundo. Además de la educación, el diálogo interreligioso constituye uno de los principales medios de evitar los malentendidos, los conflictos y las infracciones en el terreno de la libertad de religión o de creencias. Si se conduce con éxito, el diálogo intercultural puede en verdad fomentar la tolerancia, el respeto y la comprensión.
Aunque las culturas y las religiones pueden ser muy diferentes entre sí, no hay ninguna justificación para decir que por ser distintas no se las puede tratar por igual. Mientras un enorme número de personas, independientemente de su religión o de sus creencias, se adhiere a valores universales, siempre ha habido individuos que tratan de demostrar que su cultura, su religión, su idioma o su historia son superiores a los de sus vecinos. Mi antecesor como Relator Especial de las Naciones Unidas, el profesor Abdelfattah Amor de Túnez, preguntó una vez si hay algo que las personas no hayan hecho a lo largo de la historia «en nombre de la religión». No obstante, las religiones comparten muchos valores morales que podrían y deberían permitirles llegar a un entendimiento común del respeto.
Durante mis visitas a distintos países he visto lo beneficioso que puede resultar el diálogo interreligioso. Al mismo tiempo, la ausencia de tal diálogo quizá sea un signo de advertencia precoz sobre la proximidad de tensiones y conflictos entre religiones. Es evidente que el diálogo de por sí no resuelve los problemas fundamentales; pero puede ser un primer paso en la dirección correcta. El diálogo interreligioso no sólo debe ser un ejercicio intelectual y teológico, también puede activar a la mayoría silenciosa a buscar una estrategia común para encontrar la armonía y la paz. Hay casos ejemplares de diálogo interreligioso; sin embargo, los esfuerzos populares rara vez son noticia en los medios de comunicación, a diferencia de la violencia interreligiosa.
Quiero compartir con ustedes dos experiencias de mis misiones de investigación recientes que demuestran que los interlocutores no tienen que ir muy lejos para mantener un diálogo productivo. Durante mi visita a Israel y los territorios palestinos ocupados, me informaron de diversas reuniones entre religiones en las que residentes israelíes y palestinos se reúnen y no permiten que los acontecimiento políticos recientes les impidan dialogar. Una ONG señaló que «tanto los israelíes como los palestinos hablaron de frustración y desesperación ante las actitudes extremas de sus sociedades y la renuencia de la mayoría a colaborar de forma no violenta para encontrar soluciones. Unos y otros hablaron de la necesidad de escuchar al otro bando reconocer su propia violencia y arrepentirse de ella.»
También en Irlanda del Norte fui testigo de la importancia del diálogo interreligioso en los barrios; en Belfast hay muchas iniciativas populares que congregan a personas de diferentes orígenes políticos y religiosos, algunas de ellas vecinas y otras separadas por las denominadas «líneas de paz».
Esto nos lleva a la tercera pregunta: ¿quién debe participar en el diálogo intercultural? La Cumbre de la Paz Mundial del Milenio, celebrada en Nueva York en agosto de 2000, reunió a más de un millar de dirigentes religiosos y espirituales. En su Compromiso final con la paz mundial recalcaron que ninguna paz real se puede lograr a menos que todas las comunidades reconozcan la diversidad cultural y religiosa de la familia humana en un espíritu de respeto mutuo y comprensión.
Las reuniones de dirigentes religiosos son importantes, pero al mismo tiempo hay que fomentar y alimentar el diálogo interreligioso entre la población. En mi opinión, los intercambios de puntos de vista deben, si es posible, incluir a creyentes que viven su fe sin apasionamiento, así como a ateos, no creyentes y miembros de minorías religiosas. El diálogo siempre se beneficiaría enormemente de la perspectiva de las mujeres, que tienden a estar marginadas de los grandes acontecimientos de diálogo interreligioso. Las mujeres son uno de los sectores más afectados por la intolerancia religiosa, a pesar de que he observado que grupos de mujeres de distintas convicciones religiosas han defendido de forma muy eficaz los derechos humanos en situaciones de tensión social.
A veces puede ser útil contar con personas de la misma fe pero de opiniones contrarias. Vi un buen ejemplo en mi reciente visita al Reino Unido para asistir en Londres a una mesa redonda en la que se hablaba de la legislación contra la discriminación por motivos de orientación sexual y de las excepciones para las organizaciones vinculadas con la religión o las creencias. Esa conversación habría sido completamente distinta sin la participación de miembros del Movimiento cristiano de gais y lesbianas.
Los artistas también pueden desempeñar un papel importante en la educación pública de la tolerancia religiosa y tendiendo puentes entre sociedades diferentes. Un buen ejemplo es la orquesta Diván occidental-oriental, formada por jóvenes músicos israelíes, palestinos, libaneses, sirios, jordanos y egipcios. Su fundador y director, Daniel Barenboim, describió la idea humanitaria de esta orquesta de la siguiente manera: «No nos vemos como un proyecto político, sino como un foro donde jóvenes de Israel y de todos los países árabes pueden expresarse libre y abiertamente al mismo tiempo que escuchan a los otros. No es necesariamente un asunto de aceptación de lo que dice el otro, ni mucho menos de estar de acuerdo con ello, sino de la necesidad imprescindible de aceptar su legitimidad.»
Pero mi última visita a la India también me ha demostrado lo vulnerables que se sienten los artistas ante la presión de las masas en la calle. La industria de las artes visuales ha desempeñado allí un importante papel en la enseñanza pública de la tolerancia religiosa. Sin embargo, algunas películas de Bollywood han sido prohibidas por iniciativas no oficiales mediante la intimidación. Lamentablemente, los profesionales de la industria de las artes audiovisuales parecen buscar sistemáticamente la aprobación de los autoproclamados guardianes de los sentimientos religiosos antes de proseguir con una película que aborda asuntos sociales. Esto indica lo importante que es la contribución del artista al diálogo intercultural, o al menos lo importante que podría ser. Los periodistas y los abogados también pueden influir, especialmente cuando sus afirmaciones y acciones trascienden las líneas religiosas. Hay innumerables ejemplos de personas que se han ayudado mutuamente cruzando todas las fronteras impuestas por las religiones.
Además —y esto es lo más importante— los políticos tendrían que celebrar sesiones conjuntas de búsqueda de ideas sobre el modo de afrontar los nuevos desafíos en un mundo cada vez más globalizado. Estas «tormentas de ideas» podrían conducir hacia acciones concretas para integrar la diversidad, por ejemplo, en proyectos urbanísticos, programas escolares y nombramientos en organismos públicos.
Por último, llegamos a la cuarta pregunta: ¿cómo se puede conducir eficazmente el diálogo intercultural? Hay diferentes niveles del diálogo intercultural, y los organismos internacionales y regionales como las Naciones Unidas, la UE o la OCI pueden facilitar plataformas para el diálogo intercultural. Además, las ONG proponen actualmente impulsar la cultura de la paz mediante el diálogo y la cooperación entre los individuos y las comunidades de distintas religiones y creencias mediante un Decenio de las Naciones Unidas para el diálogo entre religiones y la cooperación para la paz, que posiblemente se celebraría entre 2011 y 2020. A este respecto parece vital mantener muchas buenas iniciativas a escala mundial, regional, nacional y local. Déjeme destacar también que es posible utilizar métodos de comunicación nuevos, antiguos y creativos para establecer un diálogo intercultural de bajo coste, por ejemplo, mediante programas en escuelas o chats por Internet sobre temas concretos, como teatro en la calle o espectáculos de marionetas.
Los programas de aprendizaje permanente de la UE pueden servir —y sirven— como plataformas perfectas para el diálogo intercultural e interreligioso. Los distintos programas son en verdad ejemplos de buenas prácticas: Comenius procura desarrollar el conocimiento entre distintas culturas europeas mediante intercambios y cooperación entre colegios de diferentes países; más de 1,5 millones de estudiantes ya han participado en el programa de intercambio de enseñaza superior Erasmus; el programa Leonardo da Vinci financia la movilidad transnacional en la formación profesional; el programa Grundtvig brinda nuevas oportunidades de aprendizaje, especialmente para adultos en riesgo de exclusión social y para trabajadores mayores; y, por último, la red Jean Monnet estimula la enseñanza, la investigación y la reflexión sobre la integración europea en instituciones de enseñaza superior de todo el mundo. Quiero recalcar la importancia que tiene para la Unión Europea cubrir el mundo entero, especialmente en el marco del diálogo intercultural.
La función de las instituciones de enseñanza es vital. Podrían inculcar un espíritu de tolerancia y evitar las tensiones desde una edad muy temprana. Por consiguiente, hay que hacer hincapié en una educación ilustrada que enseñe a los niños a reconocer la diversidad existente. Son potencialmente importantes los intercambios escolares voluntarios con otros países, de Europa y de otros lugares. A este respecto quisiera remitirme a la Conferencia Internacional Consultiva sobre la Educación Escolar en Relación con la Libertad de Religión y de Convicciones, la Tolerancia y la No Discriminación de 2001 . En ella se adoptó por consenso el Documento Final de Madrid, que recomienda que se den a profesores y estudiantes las oportunidades necesarias para que de forma voluntaria mantengan reuniones e intercambios con compañeros de religiones o convicciones distintas.
La familia es otro punto dónde la amplitud de miras se puede combatir o alimentar, actitudes que dependen en gran medida del origen de cada persona. Además, los matrimonios mixtos proporcionan de forma natural nuevas perspectivas y pueden facilitar el diálogo intercultural y entre religiones. En mi opinión es importante comenzar a una edad temprana a familiarizarse con las ideas de los vecinos o de otras religiones. Esto no exige necesariamente viajar a lugares lejanos, pues se puede organizar, por ejemplo, mediante reuniones en iglesias, mezquitas, sinagogas, templos u otros lugares de culto locales. El tamaño de los grupos —especialmente en reuniones de personas de base de religiones distintas— no debe ser demasiado grande, para dar a los interlocutores la oportunidad de hablar y de que se conozcan personalmente.
Sin embargo, el diálogo intercultural presenta varios riesgos potenciales: si no se conduce adecuadamente, puede resultar un ejercicio superficial, vago e ineficaz. Además, el diálogo intercultural también se puede usar como herramienta para recalcar lo negativo del «otro». Los participantes quizá se sientan tentados a convencer a sus interlocutores de la superioridad de su religión o su cultura.
En cuanto a la sustancia posible del diálogo, hay que responder a una pregunta fundamental: ¿deben hacerse preguntas a los participantes sobre su religión y sus ideas teológicas, o sería peligroso? Un aspecto positivo sería que los interlocutores podrían darse cuenta de que hay enfoques similares, pero también diferencias. Sin embargo, estas diferencias se podrían interpretar como hirientes u ofensivas. Imaginen una conversación sobre algún asunto conflictivo, como ¿Quién fue el último profeta? ¿Tuvo Dios algún hijo? ¿Son los dirigentes religiosos infalibles? ¿Qué se puede comer y qué no? ¿Hay reencarnación?
Una opción atractiva podría ser centrarse únicamente en cosas no conflictivas que no tengan ninguna relación con la teología, como las inquietudes comunes por el medio ambiente. Pero estos temas quizá sean difíciles de encontrar y podrían ser muy aburridos y, en último término, tal enfoque iría en contra de la finalidad real de un diálogo intercultural e interreligioso. No creo que fuese de utilidad añadir una capa de «corrección religiosa» al actual enfoque de la corrección política.
A veces se oye decir a los diplomáticos que no deberíamos criticar ninguna religión, salvo la propia. Pero quisiera preguntar: ¿excluye el diálogo la posibilidad de criticar los principios de otras religiones? En mi opinión, en un diálogo auténtico, una de las opciones debe ser que los interlocutores puedan manifestar acuerdo o desacuerdo, obviamente mientras respeten las opiniones y los puntos de vista de los demás.
(Aplausos)
Quien quiera criticar la religión de otro debe hacerlo de manera informada y sopesando cuidadosamente sus palabras. Además, también puede ser útil que ya se haya asentado la confianza mutua entre los distintos grupos. No obstante, estoy firmemente convencido de que sería un error mantener la idea de proteger las religiones per se en lugar de proteger a los individuos o a los grupos de creyentes, tal como afirman las normas internacionales de derechos humanos.
(Aplausos)
En muchas ocasiones he expresado mi preocupación por la tipificación como delito de la llamada difamación de la religión, pues puede ser contraproducente, ya que crea una atmósfera de intolerancia y miedo y puede incluso aumentar las probabilidades de una reacción violenta. Las acusaciones de difamación de la religión quizá repriman la crítica legítima e incluso la investigación sobre prácticas y leyes sancionadas por la religión y contrarias a los derechos humanos, o que al menos se perciben como tales.
Por último, creo que el estado de derecho y el funcionamiento de las instituciones democráticas son requisitos previos para el establecimiento de un clima favorable que conduzca al diálogo y la comprensión real. Las personas deben tener confianza en el sistema, y la diversidad dentro de las instituciones puede contribuir a crear ese ambiente. El diálogo intercultural no se debe imponer o diseñar de forma altanera. Las políticas públicas a este respecto deben dar espacio a diversas religiones y creencias y crear así oportunidades naturales para la interacción y el entendimiento.
Estas son mis ideas sobre el qué, el por qué, el quién y el cómo del diálogo intercultural. Temo que, en lugar de dar respuestas completas, pueda haber suscitado nuevas dudas.
En mis observaciones he aludido al potencial —pero también a los posibles escollos— del diálogo intercultural. Para institucionalizar de forma correcta un diálogo intercultural a diversos niveles y con una selección amplia de participantes, es crucial que se admita un intercambio real de puntos de vista. Creo que las declaraciones conjuntas y las afirmaciones de los dirigentes religiosos son importantes; sin embargo, quisiera aprovechar esta oportunidad para recalcar la función vital de las iniciativas populares, las reuniones concretas y las acciones conjuntas. También creo que es mejor mantener una guerra de palabras que mantener tensiones duraderas. Cuando ateos, creyentes, no creyentes, practicantes y no practicantes se reúnen, algunos quizá por primera vez, aprenden mucho unos de otros, aunque al final difieran en cuestiones de fondo.
Los valores universales deben servir de puente entre diferentes religiones y creencias, y no acepto que los valores universales de los derechos humanos puedan ni deban estar supeditados a normas sociales o religiosas.
(Aplausos)
Esto también puede, en último término, conducir a reforzar los derechos humanos universales promoviendo y protegiendo los derechos humanos y las libertades.
Para terminar quisiera citar a Boutros Boutros-Ghali, anterior Secretario General de las Naciones Unidas, que dijo: «los derechos humanos, vistos desde una perspectiva universal, nos obligan a enfrentarnos con la más exigente de todas las dialécticas: la dialéctica de la identidad y la otredad, del “yo” y el “otro”. Nos enseñan, de la manera más directa, que somos, a la vez y en la misma época, iguales y diferentes.»
(La Asamblea, puesta en pie, aplaude al orador.)
Presidenta. – Doctor Jahangir, muchas gracias por su intervención. Hemos escuchado muy atentamente lo que ha dicho, basado en su respeto por los derechos humanos, en su abundante su experiencia, y en el importante trabajo que ha realizado sobre este asunto.
Espero que su visita al Parlamento Europeo nos dé la oportunidad de ampliar la cooperación en nuestra misión común en pro de la democracia, la paz y el desarrollo.