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Procedimiento : 2008/2169(INL)
Ciclo de vida en sesión
Ciclos relativos a los documentos :

Textos presentados :

A6-0043/2009

Debates :

PV 06/05/2009 - 15
CRE 06/05/2009 - 15

Votaciones :

PV 07/05/2009 - 9.18
CRE 07/05/2009 - 9.18
Explicaciones de voto

Textos aprobados :

P6_TA(2009)0389

Acta literal de los debates
Miércoles 6 de mayo de 2009 - Estrasburgo Edición DO

15. Nuevas competencias del Parlamento Europeo y sus responsabilidades en la aplicación del Tratado de Lisboa - Repercusiones del Tratado de Lisboa en la evolución del equilibrio institucional en la Unión Europea - Desarrollo de las relaciones entre el Parlamento Europeo y los Parlamentos nacionales con arreglo al Tratado de Lisboa - Aspectos financieros del Tratado de Lisboa - Aplicación de la iniciativa ciudadana (debate)
Vídeo de las intervenciones
Acta
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  Presidente. - Vamos a reanudar la sesión con un tema importantísimo: el debate conjunto sobre el Tratado de Lisboa, que incluye los siguientes informes:

- el informe de Jo Leinen, en nombre de la Comisión de Asuntos Constitucionales, sobre las nuevas competencias del Parlamento Europeo y sus responsabilidades en la aplicación del Tratado de Lisboa (2008/2063(INI)) (A6-0145/2009),

- el informe de Jean-Luc Dehaene, en nombre de la Comisión de Asuntos Constitucionales, sobre las repercusiones del Tratado de Lisboa en la evolución del equilibrio institucional en la Unión Europea (2008/2073(INI)) (A6-0142/2009),

- el informe de Elmar Brok, en nombre de la Comisión de Asuntos Constitucionales, sobre el desarrollo de las relaciones entre el Parlamento Europeo y los Parlamentos nacionales con arreglo al Tratado de Lisboa (2008/2120(INI) (A6-0133/2009),

- el informe de Catherine Guy-Quint, en nombre de la Comisión de Presupuestos, sobre los aspectos financieros del Tratado de Lisboa (2008/2054(INI)) (A6-0183/2009), y

- el informe de Sylvia-Yvonne Kaufmann, en nombre de la Comisión de Asuntos Constitucionales, por el que se insta a la Comisión a que presente una propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo relativo a la aplicación de la iniciativa ciudadana (2008/2169(INI)).(A6-0043/2009),

Como ven ustedes, son cinco informes de mucho calado y de un tema de candente actualidad, teniendo en cuenta además que, como saben, el Senado de la República Checa ha aprobado la ratificación del Tratado con la mayoría requerida.

 
  
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  Tadeusz Zwiefka, ponente. - (DE) Señor Presidente, señora Vicepresidenta, Señorías, el último pleno nocturno de este período legislativo está dedicado al debate sobre el Tratado de Lisboa. Sabemos que en muchos otros plenos nocturnos previos hemos centrado nuestros esfuerzos en la creación de un Tratado de Reforma y en su ratificación en 26 parlamentos de los Estados miembros.

Me gustaría expresar mi enhorabuena y mi agradecimiento a los miembros del Senado checo, que hoy han aprobado este Tratado por una clara mayoría. También me gustaría dar las gracias a todos aquellos que han contribuido a superar este obstáculo.

(Aplausos)

Sí, aplaudamos todos al Senado checo desde Estrasburgo a Praga. Estamos muy satisfechos con este resultado.

Estoy seguro de que podremos completar el procedimiento de ratificación para finales de este año. No hay que vender la piel del oso antes de cazarlo, pero todo parece indicar que conseguiremos 27 ratificaciones. La Comisión de Asuntos Constitucionales tenía motivos para ser optimista. El Consejo Europeo, la Comisión y el Parlamento Europeo deben prepararse para la entrada en vigor del Tratado. Me complace que esta Cámara haya aprobado cuatro informes de sumo interés e importancia —no, cinco informes, si contamos el informe presentado por la señora Guy-Quint sobre los aspectos financieros del Tratado de Lisboa— a modo de colofón de este período legislativo.

Esta Cámara nunca se rindió con el Tratado de Reforma, ni siquiera en tiempos difíciles. Algunos sí lo hicieron. No entiendo por qué se dudó y se cuestionó tanto si debíamos seguir debatiendo el asunto de Lisboa en esta Cámara. Este debate llegó a ocultarse en el pleno nocturno, cuando podría haberse abordado durante el día. Es indigno para esta Cámara posponer un debate de esta índole al pleno nocturno. Sabemos por qué se hizo. No querían que esta Cámara se reafirmara en su convicción de que necesitamos, queremos y creemos en este Tratado ante un público numeroso. Considero absolutamente incomprensible y completamente inaceptable que hubiera escépticos en las esferas más altas de este Parlamento.

Me he encargado del informe sobre el papel del Parlamento en la aplicación del Tratado de Lisboa y puedo asegurar que este Parlamento será uno de los más beneficiados por este Tratado de Reforma. Estamos dando un salto espectacular en términos de control democrático, ya sea en materia de legislación, de control presupuestario y toma de decisiones, o de control e incluso elección del ejecutivo, de la Comisión, o de la aprobación de acuerdos internacionales, o nuevos derechos de iniciativa que nos han sido otorgados, como el derecho del Parlamento Europeo a proponer enmiendas al Tratado, un privilegio reservado anteriormente a los Estados miembros y a sus gobiernos, por citar uno de los ejemplos más notables. La codecisión como norma nos sitúa al mismo nivel que el Consejo de Ministros: política agraria, de pesca, de investigación, reglamentos estructurales - muchos de estos asuntos dependerán ahora de la responsabilidad conjunta y del poder de codecisión de esta Cámara. Tenemos nuevas competencias de supervisión, nuevos derechos de información y nuevos poderes de iniciativa.

Señora Vicepresidenta, le doy las gracias por haber permanecido siempre a nuestro lado. Hoy ha sido un buen día, y con los cuatro informes, a modo de colofón, cerramos este período caracterizado por la dedicación a la reforma de la Unión Europea. Espero que el nuevo Parlamento tenga en cuenta este acto final y podamos comenzar el nuevo período legislativo sobre nuevos cimientos más sólidos.

(Aplausos)

 
  
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  Jean-Luc Dehaene, ponente. - (NL) Señor Presidente, señora Vicepresidenta, Señorías, la aprobación del Tratado de Lisboa por parte del Senado checo es un importante paso hacia la ratificación del Tratado. Por tanto, es positivo que el Parlamento Europeo se encuentre esta noche aprobando una serie de informes que definen la postura del Parlamento en relación con la aplicación del Tratado. Al fin y al cabo, el Parlamento necesita estar tan bien preparado como las demás instituciones antes de celebrar con ellas las negociaciones y reuniones sobre la ejecución y la aplicación del Tratado.

Tanto más importante en el caso del Parlamento, dado que sus competencias se verán ampliadas considerablemente con este Tratado. Por ello, el Parlamento tiene un gran interés en comprobar que a) está preparado para ejercer sus nuevas funciones de manera apropiada —como establecen los informes del señor Leinen y la señora Guy-Quint—, y que b) adopta una postura clara sobre su relación con otras instituciones, que constituye el tema de mi informe.

El Tratado de Lisboa refuerza y aclara el equilibrio institucional dentro de la Unión. El Tratado de la Unión Europea, que esperamos sea aprobado, pone fin a la estructura de pilares. Además, la Unión Europea dispondrá de personalidad jurídica; las instituciones comunitarias se convertirán en instituciones de la Unión y, en virtud de este Tratado, se definirán los papeles y los poderes de cada una de las instituciones de una manera clara. Asimismo, el Tratado pondrá fin a la doble postura del Consejo Europeo, convirtiéndolo en una institución autónoma de la Unión.

Aunque todavía es objeto de muchas excepciones, la aplicación del procedimiento de codecisión, que se convertirá en el procedimiento legislativo ordinario y que incluirá también aprobaciones presupuestarias, concederá un papel muy importante al Parlamento. De hecho, los poderes del Consejo y del Parlamento se han formulado de manera idéntica en el Tratado. Así, el Tratado fortalece el método comunitario y lo transforma en el método de la Unión. Además, ese método se extenderá también al anterior pilar de Justicia y Asuntos de Interior.

En mi informe, he destacado la necesidad de una fuerte coordinación de la labor legislativa y presupuestaria para que las instituciones funcionen de manera eficaz. El informe insta a que se realice una programación de la labor legislativa, incluyendo la consideración plurianual del presupuesto. El papel del Consejo de Asuntos Generales dentro del Consejo de Ministros será de suma importancia, ya que debe convertirse en el instrumento de diálogo entre el Parlamento y la Presidencia del Consejo. También confirma el papel de la Comisión en la toma de iniciativas; lamentablemente, el plan consiste en reducir el número de comisarios para conseguir una junta más pequeña. Esto obligará a la Comisión a reforzar su organización interna al máximo, si va a funcionar como una junta.

Un nuevo aspecto importante es el doble papel del nuevo Alto Representante y Vicepresidente de la Comisión, que será crucial en materia de asuntos exteriores y seguridad. En mi informe, he destacado la importancia de que la persona que ocupe dicho cargo trabaje en estrecha colaboración con la Comisión, de manera que puedan aprovecharse todos los recursos de política exterior de la Unión.

Me gustaría concluir recordando que después de las elecciones vendrá un período de transición muy difícil, así como una difícil transición del Tratado de Niza, que debe aplicarse en primer lugar al Tratado de Lisboa, que esperamos se apruebe a finales de este año. Quiero hacer un llamamiento al Parlamento y al Consejo para que evalúen de manera conjunta la forma en la que vamos a organizar este período y no entiendo por qué no lo han hecho aún. Si no lo hacen, corremos el riesgo de encontrarnos con una situación tras las elecciones en la que no sabemos que pasará con exactitud. Teniendo en cuenta que nadie quiere que eso ocurra, deberíamos ponernos de acuerdo sobre esta cuestión cuanto antes.

 
  
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  Elmar Brok, ponente. - (DE) Señor Presidente, señora Vicepresidenta, representantes de la Presidencia checa, Señorías, como ya han comentado los ponentes que me han precedido en el turno de palabra, este es un gran momento, no porque se estén debatiendo nuestros informes, sino porque hoy podemos decir que los parlamentos de 26 países han ratificado el Tratado de Lisboa, y que únicamente queda por celebrar un referéndum, que ya está previsto, en un solo país.

Que los parlamentos de 26 países hayan ratificado el Tratado de Lisboa demuestra que este es un tratado parlamentario. Se ha conseguido un gran progreso en la unificación de la Unión Europea, pero nunca ha habido un tratado como el Tratado de Lisboa, en el que los parlamentos —el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales— han salido fortalecidos, la democracia ha salido fortalecida, se ha introducido una iniciativa ciudadana y el principio de subsidiariedad se ha reforzado política y jurídicamente mediante el fortalecimiento de los parlamentos nacionales.

Por tanto, resulta asombroso que aquellos que se llaman a sí mismos fundadores de la democracia se opongan a este tratado. Se oponen al Tratado de Lisboa porque no quieren conceder al proceso de unificación europea ninguna legitimidad democrática. La unificación europea les repugna y temen que esta Europa gane popularidad con una mayor democracia y transparencia y unas capacidades para tomar decisiones reforzadas para hacer frente a los retos del futuro. Esa es la razón por la que mienten como lo hacen.

Permítanme ahora expresar mi agradecimiento a la Presidencia checa y, en particular, al Primer Ministro Topolánek, quien, en una situación personalmente difícil para él y de la que no era responsable, peleó hasta el último día de su mandato para conseguir una mayoría suficiente en el Senado checo.

Y no estamos hablando de una pequeña mayoría, estamos hablando de 54 votos contra 20, una ventaja descomunal para los que dijeron sí al Tratado de Lisboa. Espero que, después de que las 26 asambleas electas hayan tomado una decisión, la administración no paralice el proceso democrático retrasando sus firmas. Confío en que cumplan sus promesas y que se firme el Tratado.

En los debates de esta campaña electoral estamos comprobando que la crisis financiera ha puesto de manifiesto que cualquier país que actúa por su cuenta en este orden mundial está perdido. Por eso, es especialmente importante que Irlanda reconozca esta realidad y que —a juzgar por los sondeos de opinión— los irlandeses reconsideren su postura para que se protejan los intereses de Irlanda. Estoy seguro de que, a través de la cláusula social, del compromiso con la economía de mercado social y no con el capitalismo depredador, o dicho de otro modo, a través del compromiso en sentido social, este es también un Tratado para los ciudadanos de a pie. De este modo, podemos defender juntos nuestros intereses en el mundo.

Para ejercer verdaderamente un control sobre la burocracia administrativa, los gobiernos nacionales, la Comisión o los aparatos del Consejo aquí en Bruselas o en Estrasburgo, tenemos que establecer una estrecha colaboración entre el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales.

Hay muchas tareas comunes en política exterior y seguridad, en asuntos de interior y justicia, en el control de la Europol. Se abren muchas oportunidades para los parlamentos nacionales con el derecho de veto. También disfrutan de nuevas posibilidades en el ámbito del control de subvenciones con el uso de las tarjetas naranjas y amarillas y el derecho de acción, y como Miembros del Consejo, pueden ejercer un mayor control sobre sus propios gobiernos. En este sentido, están legitimados democráticamente por partida doble. Por ello, el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales no son adversarios en este proceso, sino aliados en el deseo de ejercer un control democrático conjunto sobre Europa, de ensanchar sus límites, y de no permitir que degenere en una Europa controlada por agentes del aparato. El Tratado de Lisboa es, por tanto, acertado y adecuado, y los parlamentos nacionales y el Parlamento Europeo no eludirán esta responsabilidad.

 
  
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  Catherine Guy-Quint , ponente. (FR) Señor Presidente, señora Comisaria, Señorías, me complace enormemente presentar esta noche el informe sobre los aspectos financieros del Tratado de Lisboa, preparado desde hace algún tiempo en la Comisión de Presupuestos. Este será el último informe presupuestario de la legislatura y mi último informe parlamentario.

Por encima de todo, es un placer saber que el Parlamento ha tenido el valor de presentar nuestros informes en el paquete «Lisboa» para cumplir la promesa que se hizo a los ciudadanos de informarles de las consecuencias de este tratado. Un ciudadano mejor informado es un ciudadano que vota con conocimiento de causa. Hablar sobre el Tratado de Lisboa en esta Cámara no es un rechazo a la democracia, sino más bien todo lo contrario. Su aplicación tendrá importantes consecuencias para las competencias presupuestarias de las instituciones e implicaciones económicas.

De hecho, la reforma es importante para el Parlamento. Además de la introducción de marcos financieros plurianuales, debemos recordar que el procedimiento presupuestario ha permanecido prácticamente intacto desde 1975. Por tanto, era crucial que la Comisión de Presupuestos analizara estas modificaciones y comprobara que se corresponden con las necesidades de nuestra institución para mantener, incluso fortalecer, su papel como autoridad presupuestaria. Ese es el principal objetivo de este informe: la simplificación y la clarificación de los retos presupuestarios del Tratado.

Mi principal deseo era defender las prerrogativas de la institución parlamentaria. Los futuros diputados no deben verse privados de sus competencias en futuros procedimientos presupuestarios y futuras negociaciones sobre el marco financiero plurianual.

Estas modificaciones sustanciales son de tres tipos. En primer lugar, modificaciones dentro del derecho primario. El nuevo procedimiento presupuestario incorpora verdaderos avances y nuevos retos para el Parlamento, en primer lugar con la eliminación de la distinción entre gastos obligatorios y gastos no obligatorios. En segundo lugar, la lectura única del procedimiento presupuestario con la introducción de un mecanismo de recurso en caso de que el Consejo rechace la posición común, la introducción de una comisión de conciliación encargada de elaborar una posición común y un calendario estricto para dicha comisión. Además, se están realizando cambios en el nuevo marco financiero plurianual que afianzan el papel del Parlamento. Este marco se está restringiendo. Para su aprobación requiere la unanimidad en el Consejo y el consentimiento del Parlamento Europeo. Añadiré que su aprobación es el resultado de un procedimiento especial completamente nuevo.

En lo que respecta a las nuevas perspectivas financieras, deseamos que sean quinquenales con el objetivo de que coincidan con los mandatos de la Comisión y del Parlamento Europeo. De esta forma, los comisarios deberán rendir cuentas en relación con las decisiones presupuestarias que adopten. La codecisión se extiende a la adopción del reglamento financiero y a sus métodos de aplicación. Sin embargo, lamentablemente la decisión sobre los recursos propios continúa en manos del Consejo. Solo se consulta al Parlamento sobre los métodos de aplicación.

De este modo, la disciplina presupuestaria regresa en parte al Parlamento, que puede rechazar el marco financiero plurianual. Esto supone un gran progreso. El reto del futuro Parlamento es saber qué será negociado bajo el nuevo procedimiento de reglamento presupuestario, cuál será la responsabilidad que comparte el Parlamento y qué parte de la legislación será relevada por el nuevo reglamento sobre el Acuerdo Interinstitucional, que el Parlamento solo podrá rechazar o adoptar.

Finalmente, las nuevas responsabilidades de la Unión darán lugar a nuevos requisitos de financiación. En primer lugar, el paquete de Relaciones Exteriores, en particular con la creación del Servicio Europeo de Acción Exterior y la del cargo de Alto Representante Vicepresidente de la Comisión, y, después, las nuevas políticas: energía, espacio y turismo, investigación, defensa civil, cooperación administrativa y deporte.

Señorías, como habrán podido apreciar, los cambios introducidos por el Tratado de Lisboa son cruciales.

 
  
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  Sylvia-Yvonne Kaufmann, ponente. - (DE) Señor Presidente, Señorías, este es mi último discurso en el pleno del Parlamento y, como ponente de la Iniciativa Ciudadana Europea, es un placer disponer del turno de palabra. Espero que mañana, durante el último día de sesiones de esta legislatura, el Parlamento envíe una señal política que ponga en marcha la carrera de acercar Europa a los ciudadanos, y que saque hacia delante un proyecto que ha sido muy cercano a mí durante muchos años.

Permítanme que comience haciendo algunas observaciones. Soy consciente, muy a mi pesar, de que ni mi Grupo ni mi Partido —y estoy escogiendo las palabras con cuidado— fue capaz de apoyar la Iniciativa Ciudadana. Mientras que, por una parte, no se pierde oportunidad alguna para quejarse del déficit democrático en la UE, por otra, hay una reticencia general a dar pasos firmes en la democratización del proyecto europeo. Este comportamiento carece de credibilidad y de perspectiva de futuro. Paraliza el progreso de Europa en el que los ciudadanos han insistido durante tanto tiempo, y no puedo aceptarlo ni lo haré.

Antes de que finalice mi mandato me gustaría dar las gracias a todos mis compañeros miembros del Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos) y Demócratas Europeos, el Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales para Europa y el Grupo Verts/ALE por haberme ayudado en la redacción de este informe. Me gustaría expresar mi agradecimiento a Jo Leinen, Presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales, y, en particular, a todos los coordinadores y ponentes alternativos de estos cuatro Grupos. Gracias por el buen trabajo realizado, superando las barreras entre partidos y países, y por el impulso que juntos le hemos dado al proyecto de integración europeo.

Señora Vicepresidenta, sin duda la disposición contenida en el Tratado de Lisboa que concierne a la Iniciativa Ciudadana representa un hito en el proceso de integración europeo. Lo cierto es que, en la Unión Europea, no pretendemos unir Estados, sino personas. Abordaremos esta cuestión de una manera completamente nueva si, como dispone por primera vez el apartado 4 del Artículo 11 del Tratado de la Unión Europea (Tratado de la UE, nueva versión n.v.), se involucra directamente a los ciudadanos en el proceso legislativo. Un millón de ciudadanos tendrán derecho a pedir a la Comisión que presente un proyecto de reglamento o una directiva determinada, un derecho del que disfrutan el Consejo desde 1957 y el Parlamento Europeo desde 1993.

En mi informe, el Parlamento presentó puntos clave y directrices para un futuro reglamento sobre las condiciones y procedimientos para una Iniciativa Ciudadana Europea. Señora Vicepresidenta, considerando la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, espero que la Comisión presente muy pronto una propuesta y que, además, siga las directrices de mi informe en la medida de lo posible. En particular, la Comisión debe apoyar la opinión del Parlamento, que refleja la opinión de un número considerable de Estados miembros dentro del sentido del apartado 4 del Artículo 11 del Tratado de la UE (n.v.). En mi informe, se propone el número 7. Es de vital importancia que no se designe un número al azar, ya que, primero, este debe poder justificar la limitación asociada del derecho de los ciudadanos de la UE a la igualdad de participación en la Iniciativa Ciudadana, sea cual sea su nacionalidad, y, segundo, debe estar orientado hacia el objetivo primordial. En otras palabras, el establecimiento de un número mínimo de Estados miembros debe garantizar que el punto de partida en el proceso legal no refleje el interés particular de un único Estado miembro, sino uno que se corresponda con el interés europeo general.

Asimismo, pido que se preste especial atención a la estructura del procedimiento, especialmente en lo que concierne a la admisibilidad de una Iniciativa Ciudadana. Hay que dar máxima prioridad al criterio de cercanía con los ciudadanos y al de seguridad legal. Si los ciudadanos de la UE establecen de manera conjunta el proceso legislativo europeo y desean presentar una Iniciativa Ciudadana, lo justo es que los organismos competentes de la UE decidan en el menor tiempo posible y de manera vinculante si la iniciativa propuesta cumple los requisitos legales del Tratado. Es de vital importancia que esto ocurra antes de que se recojan las declaraciones de apoyo, ya que los Estados miembros que proporcionan los recursos necesarios necesitan seguridad jurídica.

Para terminar, me gustaría recordarle a esta Cámara que las disposiciones sobre la Iniciativa Ciudadana no nos han llovido del cielo. Estaban recogidas ya en el Tratado Constitucional, porque se desarrollaron en estrecha colaboración con diversas ONG en la Convención Constitucional, en cuya firma estaban presentes algunos Estados miembros. Su inclusión en el proyecto de Constitución de la Convención no garantizaba su éxito pero tampoco era fruto de la casualidad. Representan los resultados de un intenso diálogo entre los miembros de la Convención y las ONG comprometidas con la política democrática. Ahora sabemos que esta idea ha estado en el limbo durante seis años. Ya es hora de que vea la luz después de tanto tiempo. Ha llegado el momento para la democracia directa en una Europa unida.

(Aplausos)

 
  
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  Margot Wallström, Vicepresidenta de la Comisión. - Señor Presidente, antes de nada, permítame que exprese mi agradecimiento especial a todos los ponentes. Admiro enormemente su compromiso y, si me lo permiten, su perseverancia. Quizá sea porque reconozco lo que mi marido llamaría testarudez en su insistencia por que estos asuntos se traten en este Parlamento, por lo que me he sentido tan a gusto y he podido colaborar de manera extraordinaria con todos ustedes.

Gracias especialmente a aquellos que se marchan. No solo han sido muy buenos colaboradores y compañeros en todo esto, sino también buenos amigos y muy comprensivos. Muchas gracias. Creo, señora Kaufmann, que puede sentirse orgullosa de ayudar a lo que yo llamaría instalar y cargar las líneas eléctricas entre los ciudadanos y las instituciones europeas —nuevas líneas eléctricas, instaladas y recargadas—. Creo que no es una tarea fácil.

Sin duda, estoy encantada de poder participar en el debate esta noche el mismo día en que la República Checa ha terminado de ratificar en el Parlamento el Tratado de Lisboa. Los votos de hoy elevan a 26 el número de Estados miembros cuyos parlamentos han respaldado el Tratado. Este debate, a mi parecer, nos brinda la oportunidad de recordar a los ciudadanos la importancia del Tratado de Lisboa a la hora de sentar las bases de una Unión Europea más democrática y coherente.

En tiempos de crisis económica es más importante que nunca que Europa funcione correctamente, que tenga los sistemas apropiados para garantizar la democracia. El Tratado proporcionaría a las instituciones democráticas de la UE, en el caso más evidente a este Parlamento, los poderes que necesitan. Ayudará a la UE a actuar con mayor unidad y coherencia en la escena mundial. Permitiría a Europa afrontar con mayor eficacia los nuevos retos de hoy en día en ámbitos como el cambio climático y la seguridad energética.

Los informes que debatimos esta noche también servirán de ayuda para garantizar que, con el Tratado vigente, su aplicación sea más rápida y gradual.

La buena colaboración entre las instituciones será crucial para sacar el mayor provecho al Tratado, y la Comisión se compromete a trabajar codo con codo con el Parlamento y las demás instituciones para que esto sea así.

El referéndum irlandés fue un duro recordatorio de la necesidad de anclar el argumento a favor de Europa en el debate nacional. Las inquietudes esenciales que explican esta votación deben ser tomadas muy en serio —y eso fue exactamente lo que ocurrió el pasado diciembre en el Consejo Europeo—. Las garantías jurídicas y la decisión sobre el tamaño de la Comisión son muestra del respeto de los líderes políticos europeos hacia los resultados en Irlanda, de la voluntad de comprender las razones para votar «no» y de responder a estas inquietudes. Pero también ponen de manifiesto que siguen convencidos de que este Tratado es positivo para Europa.

Esa es también la razón por la que, desde la votación, el procedimiento parlamentario ha concluido en ocho Estados miembros más con ocho «síes» más.

Los informes del Parlamento aportan un análisis global de los aspectos clave del Tratado. Se muestra en ellos una postura ambiciosa ante lo que el Tratado puede hacer por la UE; una postura que la Comisión comparte plenamente.

Los informes son especialmente valiosos porque profundizan en nuestra idea de cómo debe funcionar en la práctica el Tratado. Cada uno a su modo, los cinco informes presentan un Parlamento fuerte y seguro de sí mismo que busca maneras de optimizar el potencial del Tratado para mejorar la efectividad, la eficacia y la transparencia de la acción europea, en beneficio de los votantes y los ciudadanos.

El informe del señor Dehaene proporciona muchos detalles importantes, y la Comisión comparte plenamente su interpretación del Tratado. La gran baza del informe es la claridad con la que muestra que la aplicación del Tratado no implica fortalecer una institución en detrimento de otra, puesto que la Unión Europea solo puede velar por los ciudadanos si todas las instituciones disfrutan de buena salud y colaboran eficazmente.

El informe dedica especial atención a la cuestión de la transición, y aunque la entrada en vigor del Tratado antes de este año de transición institucional reportaría grandes ventajas, desgraciadamente, no ha sido posible. Por tanto, necesitamos un enfoque pragmático y flexible para encontrar una estrategia viable que trate de evitar cualquier vacío institucional este año, de garantizar que la próxima Comisión disfrute de la plena autoridad de un mandato democrático, y de respetar el papel del Parlamento. El informe Dehaene proporciona un modelo que nos ayudará a todos a encontrar dicha estrategia.

El informe del señor Dehaene insta a considerar el equilibrio político y de género, junto con el geográfico y demográfico, en la designación de los altos cargos de la UE. En la Europa de hoy, en la que más del 50 % son mujeres, estas todavía cuentan con un nivel de representación política muy bajo. Esta Comisión, como saben, tiene el número más alto de comisarias de la historia. Pero no es suficiente. La nueva Comisión debe cumplir el objetivo de mejorar el equilibrio de género: un objetivo que puede lograrse si el nuevo Parlamento presta un apoyo político firme.

También espero que tengamos más mujeres en el Parlamento Europeo y en los altos cargos de la UE. Sin ellas, nos estamos perdiendo su conocimiento, su experiencia y sus ideas.

El informe de la señora Guy-Quint aborda otra cuestión importante: cómo organizar el ciclo de planificación financiera de la Unión para el aprovechamiento del presupuesto de la UE destinando el dinero a las prioridades políticas. En una época de mucha presión para la hacienda pública, debemos aplicar los procedimientos adecuados para sacar la mayor rentabilidad. El equilibrio entre la estabilidad y la capacidad de respuesta en la planificación presupuestaria es crucial para una planificación eficaz de la UE, y la Comisión volverá a abordar esta cuestión en la revisión presupuestaria.

El informe del señor Leinen muestra cómo afectará el Tratado al trabajo del Parlamento, y aborda minuciosamente las implicaciones que los nuevos ámbitos políticos, las nuevas competencias y los nuevos procedimientos tendrán para el Parlamento. Por ejemplo, subraya la importancia de garantizar un examen riguroso de la acción exterior de la Unión, y estamos decididos a identificar los métodos apropiados para hacerlo. Sin embargo, solo se pueden acordar estos métodos una vez que el Vicepresidente y Alto Representante haya tomado posesión de su cargo.

Al igual que sobre otros muchos asuntos cuestionados —incluidos la comitología y los actos delegados— esperamos intercambiar más detalles con el Parlamento sobre la aplicación de todas las cuestiones suscitadas.

Permítanme comentar el informe de la señora Kaufmann, que define claramente cómo la Iniciativa Ciudadana puede comportar una nueva dimensión para la democracia de la Unión. Los ciudadanos podrán instar a la Comisión a que presente iniciativas políticas. Este es uno de los ámbitos en los que la Comisión pretende actuar con rapidez una vez entre en vigor el Tratado —también sobre la base de la consulta— para comprender las expectativas de las partes interesadas y de los ciudadanos. El planteamiento de la Comisión está en la misma línea que las recomendaciones de la señora Kaufmann.

No obstante, hay algunas áreas en cuyo debate debemos profundizar. Queremos encontrar el equilibrio adecuado entre un procedimiento fácil para el ciudadano y uno que garantice la legitimidad y la solidez de las iniciativas.

En lo que respecta al número mínimo de Estados miembros, por ejemplo, deberíamos reflexionar más detenidamente sobre el tipo de procedimiento previsto en el Tratado.

Para terminar, el informe del señor Brok abarca una cuestión sobre la que el Parlamento y la Comisión han dado pasos de gigante en los últimos años: las relaciones con los parlamentos nacionales. Este Parlamento ha sido pionero en la realización de conferencias interparlamentarias y ha descubierto algunos métodos muy prácticos para construir una verdadera red parlamentaria.

La Comisión, como saben, ha establecido un mecanismo de diálogo totalmente nuevo con los parlamentos nacionales, y en este ámbito se han logrado numerosos avances. Desde 2006, la Comisión ha enviado a los parlamentos no solo documentos de consulta sino propuestas legislativas, invitándoles a responder. Por el momento, hemos recibido y contestado cerca de 400 opiniones, y también hemos aumentado de manera significativa el número de contactos directos, con más de 500 reuniones entre los comisarios y los organismos parlamentarios nacionales desde que la Comisión asumió su cargo. Así que, como sugiere el informe, las nuevas disposiciones del Tratado que afectan a los parlamentos nacionales estarán en consonancia con la tendencia de los últimos años, y creo que fortalecerán aún más la familia parlamentaria europea.

En su conjunto, estos informes ilustran cómo el Tratado de Lisboa consolidará la democracia europea y tendrá sus frutos para los ciudadanos europeos. Este es un excelente mensaje que llevar a las elecciones del Parlamento Europeo, y una excelente plataforma de lanzamiento para la aplicación del propio Tratado.

 
  
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  Presidente. - Antes de dar la palabra a los oradores me voy a permitir una licencia que me parece que puede permitirse a quien preside a estas alturas de la legislatura y a estas alturas de la noche, que también estas sesiones nocturnas tienen esa ventaja.

Quiero comunicarles que tengo la intención de trasladar inmediatamente al Presidente y a la Mesa del Parlamento la propuesta de elaborar una publicación con el propio Tratado de Lisboa, con los cinco informes y las correspondientes resoluciones y con las intervenciones introductorias de los ponentes y de la señora Comisaria.

Creo que un documento de esta naturaleza, traducido a los veintitrés idiomas oficiales de la Unión y distribuido entre los hombres y mujeres de los veintisiete Estados miembros, será un documento muy importante para entender la importancia del propio Tratado de Lisboa, pero también para entender el esfuerzo y la actuación de nuestro Parlamento. Será, además, un homenaje merecido a los cinco ponentes y en particular a la señora Guy-Quint y a la señora Kaufmann, que nos han comunicado que se marchan pero que estarán siempre presentes en nuestra memoria y en nuestro agradecimiento.

 
  
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  Michael Gahler, ponente de opinión de la Comisión de Asuntos Exteriores- (DE) Señor Presidente, para celebrar la ocasión, como puede ver, he ocupado conscientemente el lugar del señor Zahradil.

En nombre de la Comisión de Asuntos Exteriores me gustaría señalar que consideramos al futuro Vicepresidente de la Comisión y Alto Representante totalmente responsable ante el Parlamento, por la sencilla razón de que, como todos los demás Comisarios, necesita la confianza del Parlamento para tomar posesión de su cargo. La práctica actual de regular el diálogo político en el pleno y en la Comisión de Asuntos Exteriores debe preservarse en la doble función ejercida por una sola persona.

Al próximo titular de esta oficina le interesará contar con el apoyo del Parlamento Europeo para sus actuaciones, ya que la gran mayoría de nosotros desea una postura más uniforme y práctica de la Unión Europea ante la política exterior. Los planes y las posturas políticas de nuestro ejecutivo también pueden debatirse con regularidad en la Comisión de Asuntos Exteriores, en reuniones donde el futuro Presidente del Comité de Representantes Permanentes informe sobre las cuestiones debatidas en el CRP. Esta práctica se aplicará también a los representantes especiales si así lo solicitan.

En el futuro, las decisiones de desplazamiento en los ámbitos de política de seguridad y defensa tendrán que ser debatidas también por el Parlamento para conceder a las acciones en terceros países una mayor legitimidad democrática.

En lo que respecta al Servicio Europeo de Acción Externa, consideramos que el Parlamento Europeo debe participar de lleno en las acciones preparatorias. Consideramos que este servicio debe asignarse a la Comisión por razones administrativas.

También queremos ofrecer todas las garantías para que, en el futuro, el representante de una delegación de la UE en un tercer país tenga que comparecer ante la Comisión de Asuntos Exteriores antes de que se confirme el desplazamiento definitivamente. Creo que si una persona no cuenta con la confianza de sus propios colegas no tiene muchas posibilidades de ser designada embajadora en otro país.

También pedimos que todos los gastos de política exterior de la Unión Europea, incluidos los gastos de política de seguridad y defensa común, se sufraguen en el futuro con el presupuesto comunitario. Sin embargo, para el siguiente tratado tras el Tratado de Lisboa, me gustaría que el gasto militar común apareciese también en el presupuesto.

 
  
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  Andrew Duff, ponente de opinión de la Comisión de Asuntos Exteriores. - Señor Presidente, como han dicho los oradores anteriores, el desarrollo de políticas comunes en materia de asuntos exteriores, seguridad y defensa es uno de los mayores premios que podemos conseguir como resultado del Tratado. Por lo tanto, los parlamentos nacionales se ven afectados en gran medida por los cambios que se avecinan.

Por supuesto, conservan responsabilidades nacionales con respecto a la seguridad nacional, pero también se les debería exigir una participación importante en la colaboración estrecha y regular con el Parlamento Europeo para analizar e intentar formular una política común europea, criticando e interrogando a sus propios ministros con respecto a su comportamiento en el Consejo y transmitiendo a la prensa y al público información sobre la nueva realidad: que la política exterior resulta mejor cuando se busca, se encuentra y se proyecta el interés común europeo.

 
  
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  Thijs Berman, ponente de opinión de la Comisión de Desarrollo. –? (NL) Señor Presidente, el Senado checo ha aceptado hoy el Tratado de Lisboa. Ahora se puede decir que solamente falta Irlanda y entonces tendremos un tratado que también brindará más oportunidades a mi Comisión de Desarrollo de hacer una política mejor.

No obstante, presionar a Irlanda sería un terrible error. Se trata de una unión de Estados independientes, y los irlandeses pueden tomar sus decisiones libremente. Cualquier presión externa incrementará el riesgo de que toda la Unión Europea explote, porque, a pesar de todas las palabras sutiles y confiadas que se han dicho hoy en esta Cámara, la Unión Europea se enfrenta a una profunda crisis de confianza. Este tipo de crisis solo se puede resolver con resultados, política social, inversión y recuperación económica, suministro de energía no contaminante para nuestro clima, protección de los derechos sociales, aquí y en todo el mundo, pero, para conseguir todo esto, debemos respetar los derechos de los demás Estados miembros a proponer sus propias soluciones efectivas.

La cooperación es necesaria, y especialmente en esta crisis, pero también es necesario confiar en ser fiel a uno mismo. Por lo tanto, presionar a Irlanda no sería oportuno, ni para los irlandeses ni para el resto de Europa. Dejemos que la Unión Europea se comporte humildemente, para que se pueda beneficiar de grandes ambiciones.

 
  
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  Danutė Budreikaitė, ponente de opinión de la Comisión de Desarrollo. – (LT) Señor Presidente, Señorías, quiero subrayar que el Tratado de Lisboa brindará a la Unión Europea nuevas oportunidades de tomar la iniciativa a la hora de desarrollar la política de cooperación para el desarrollo, mejorar la coordinación de los donantes, asignar tareas y suministrar ayuda de forma más efectiva. No obstante, también implica que las instituciones de la Unión Europea, incluido el Parlamento Europeo, deberán asumir una mayor responsabilidad.

Para aplicar con éxito la política de cooperación para el desarrollo, es fundamental contar con la estructura administrativa adecuada, a fin de eliminar las incoherencias existentes en las estructuras de las direcciones generales y en las competencias dentro de la Comisión con respecto a aspectos de la política y el presupuesto, y dotar de competencia exclusiva a la Dirección General de Cooperación para el Desarrollo.

Dado que la política de cooperación para el desarrollo se aplicará conforme al procedimiento habitual, es fundamental definir de forma muy precisa el cometido de la Comisión de Cooperación para el Desarrollo del Parlamento Europeo. El Tratado de Lisboa permitirá una mejor aplicación de los objetivos de la política de cooperación para el desarrollo, con el fin de reducir y finalmente erradicar la pobreza en el mundo.

 
  
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  Georgios Papastamkos, ponente de opinión de la Comisión de Comercio Internacional.? (EL) Señor Presidente, como ponente de opinión de la Comisión de Comercio Internacional, me gustaría señalar que los cambios introducidos por el Tratado de Lisboa en materia de política comercial común contribuyen en general a mejorar su legitimidad democrática, la transparencia y eficacia de la acción exterior de la Unión. Quiero subrayar en particular la redefinición del equilibrio institucional dentro de la Unión con la promoción del Parlamento Europeo a colegislador al objeto de definir el marco de aplicación de la política comercial común. La aprobación del Parlamento también será necesaria para todos los acuerdos de comercio que se pacten.

No obstante, quiero poner de manifiesto el desequilibrio entre la competencia interior y exterior del Parlamento, in foro interno e in foro externo, en relación con la política comercial común, dado que el Tratado de Lisboa no concede al Parlamento el derecho de aprobar el mandato de la Comisión para negociar un acuerdo comercial. Teniendo en cuenta que, sin embargo, el Parlamento está autorizado para establecer las condiciones previas para su aprobación de los acuerdos comerciales de la Unión, considero que, en este sentido, se necesita un acuerdo marco mejorado para las relaciones entre el Parlamento y la Comisión Europea.

Finalmente, quiero apuntar la necesidad de un diálogo más intenso entre el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales, dado que todas las cuestiones cubiertas por la política comercial común pasarán a ser jurisdicción exclusiva de la Unión. Todos los acuerdos comerciales serán acuerdos con la Unión y ya no habrá ningún acuerdo mixto alcanzado tanto por la Unión como por los Estados miembros.

 
  
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  Evelyne Gebhardt, ponente de opinión de la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor. - (DE) Señor Presidente, en la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor también apreciamos las enormes ventajas del Tratado de Lisboa, que no nos gustaría dejar pasar, especialmente en materia de protección del consumidor. Es muy interesante señalar que, en el Tratado de Lisboa, la protección del consumidor se ha convertido en una tarea intersectorial, que naturalmente dota a este ámbito de mucha más fuerza. Este ámbito es especialmente importante para los ciudadanos de la Unión Europea, dado que les podemos demostrar cada día lo que la Unión Europea hace por ellos. Los ciudadanos preguntan constantemente qué hace la Unión Europea por ellos. El hecho de que esto se recoja ahora en el artículo 12 y no en el artículo ciento y pico también es importante, dado que significa que el valor de la protección del consumidor ha aumentado mucho.

Creo que es positivo que contemos con el Tratado de Lisboa. Me satisface mucho que el Senado de Praga también haya ratificado el Tratado. Esto ha enviado un mensaje claro de que estamos a favor de esta Europa, una Europa social, una Europa de ciudadanos que queremos equipar para el futuro. Gracias por permitirnos demostrarlo hoy una vez más. Quiero darle las gracias especialmente a usted, señora Kaufmann, por su excelente trabajo en la Convención. Ha conseguido algo muy importante allí.

 
  
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  Oldřich Vlasák, ponente de opinión de la Comisión de Desarrollo Regional. – (CS) Señor Presidente, Señorías, en nombre de la Comisión de Desarrollo Regional, quiero introducir una dimensión territorial en los debates sobre el Tratado de Lisboa. Es un hecho que las autoridades locales individuales, los municipios y las regiones deben hacer frente, cada vez más, al impacto de la legislación europea y de las políticas europeas. En este sentido, un estudio de la Universidad de Utrecht ha demostrado que los organismos comunitarios adoptan cada año más de 100 reglamentos con un impacto inmediato sobre las autoridades locales. De hecho, el setenta por ciento de la legislación y de las medidas que adoptamos debe aplicarse en regiones, ciudades y comunidades locales.

Por esta razón, el polémico Tratado de Lisboa puede ser percibido desde un punto de vista positivo desde la perspectiva de las autoridades locales. En realidad, el Tratado de Lisboa contiene un protocolo de subsidiariedad, es decir un protocolo que establece que la adopción de una norma en un plano superior, en este caso en el plano europeo, se puede justificar solamente cuando se pueda demostrar que esta medida es más eficiente y necesaria. El Tratado exige unas consultas más efectivas con las autoridades locales y regionales y con sus asociaciones. Otra disposición que se introduciría es la obligación de la Comisión Europea de minimizar la carga económica y administrativa de cada reglamento nuevo. Estas medidas garantizarían que Bruselas estuviera más atenta a los problemas reales que afrontan los alcaldes y mejor preparada para resolverlos. También me gustaría señalar aquí que casi con toda seguridad este no será el último cambio del Derecho primario que debatiremos. Por lo tanto, deberíamos comenzar a pensar detenidamente en los cambios que tenemos que realizar al objeto de que la base jurídica de la Unión Europea sea comprensible, firme y beneficiosa para todos los ciudadanos.

Señorías, no quiero juzgar los aspectos positivos y negativos del Tratado de Lisboa aquí. Todos ustedes saben que la opinión de la República Checa es crítica, aunque realista. Esto se ha puesto de manifiesto en el debate de hoy en el Senado de la República Checa, en el que se aprobó el Tratado más avanzada la jornada.

 
  
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  Johannes Voggenhuber, ponente de opinión de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior. - (DE) Señor Presidente, hablo en nombre de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior. Estoy un poco enojado, dado que también me gustaría conocer la opinión de la Comisión de Desarrollo, pero el señor Berman ha utilizado su tiempo de uso de la palabra para aconsejarnos que no ejerzamos presión sobre el pueblo de Irlanda.

Esta mentalidad es claramente una de las razones por las que estamos celebrando este debate esta noche. Me pregunto si este Parlamento todavía tiene derecho a hablar con sus ciudadanos, para intercambiar opiniones, para defender los resultados de sus 10 años de trabajo en el proceso constitucional, o si con este diálogo se nos acusará de ejercer presión y de chantaje. Es un mundo extraño.

Me habría gustado que el Parlamento hubiese defendido este Tratado con mucha más firmeza, de forma mucho más ofensiva y abierta frente a los ciudadanos de la Unión Europea y que no hubiese dejado absolutamente todo en manos de los gobiernos, que muchas veces tienen una relación bastante ambivalente con el progreso que supone este Tratado.

Señor Presidente, muchos euroescépticos afirman que el progreso democrático que supone este Tratado es escaso y que, de hecho, es un velo para una Europa oscura y más siniestra que se esconde detrás. Yo creo que un rápido vistazo en materia de seguridad interior, justicia y de la policía, su comunitarización, el derecho de participación del Parlamento, la aplicación de la Carta, desmiente esas afirmaciones y revela que no son más que engaño, propaganda e ignorancia.

Para mí, esta cuestión sigue siendo tal vez la expresión más molesta del déficit democrático de la Unión Europea. Yo nunca he considerado que la separación de los poderes sea un principio filosófico histórico; es más bien un principio básico de la democracia. En este ámbito, el Tratado de Lisboa ha ofrecido una respuesta muy decisiva y previsiva. Es uno de los ámbitos más delicados de la constitución. En realidad, en este ámbito, los ministros responsables de los cuerpos de policía han tomado decisiones sobre leyes policiales —a puerta cerrada—, sin el control de los tribunales o del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas y sin la aplicación de un completo código de derechos y libertades fundamentales. Sin embargo, esto está cambiando y supone un enorme paso adelante en la dirección de una democracia europea. Por otra parte, señor Berman, hablarlo con los ciudadanos y defenderlo es nuestra obligación y no ejercer presión.

(Aplausos)

 
  
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  Presidente. - Voy a tener la satisfacción de dar la palabra a mi compatriota Carlos Carnero, que tampoco estará con nosotros en la próxima legislatura y a quien quiero agradecer públicamente el esfuerzo y el notabilísimo trabajo que ha desarrollado en el ámbito y tema particular que aquí nos ocupa.

 
  
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  Carlos Carnero González, ponente de opinión de la Comisión de Peticiones. - (ES) Gracias, Presidente y amigo, por estas amables palabras que, obviamente, me emocionan en un momento en el que me dirijo a la Cámara por última vez durante esta legislatura, para agradecer la colaboración de todos aquellos con los que he tenido el honor de trabajar y, además, pedir perdón por los errores que haya podido cometer. He tratado de trabajar dignamente en nombre de los ciudadanos de mi país y del conjunto de los europeos y ha habido momentos verdaderamente especiales en ese esfuerzo, como, por ejemplo, fue la Convención.

De hecho, estamos hablando hoy de ciudadanía y tomo la palabra en nombre de la Comisión de Peticiones. ¿Qué comisión más cercana a la ciudadanía que la Comisión de Peticiones de este Parlamento, que es la recipiendaria de uno de los derechos más importante que tienen los ciudadanos europeos: el derecho de petición?

La cuestión es esta: si en muchos países se conoce al Parlamento Europeo, es por el ejercicio del derecho de petición. Lo sabemos los miembros de la Comisión de Peticiones y lo sabe el conjunto de la Cámara. Ahora bien, el Tratado de Lisboa, que hace a la Unión Europea más democrática y más eficaz, introduce nuevos elementos —la Carta de los Derechos Fundamentales— y nuevos instrumentos, como la iniciativa ciudadana.

La cuestión es evitar la confusión, por ejemplo, entre el derecho de petición y el derecho de iniciativa ciudadana. Quiero recordar que, por ejemplo, los ciudadanos pueden pedir a través de una petición que este Parlamento se dirija a la Comisión para que ponga en marcha una iniciativa legislativa, de manera que en el futuro nos podríamos encontrar una iniciativa ciudadana europea pidiendo a la Comisión que ponga en marcha un procedimiento legislativo y una petición, sobre la base del derecho de petición, dirigida a la comisión correspondiente de esta Casa, pidiendo que se dirija la Cámara a la Comisión a tal efecto. Se trata de evitar esa contradicción y de conseguir una sinergia que refuerce ambas vías, que son vías que hacen más ciudadana a la Unión.

Sin duda, la Comisión de Peticiones querría estar presente en la gestión de ese derecho de iniciativa ciudadana. Sin duda, todas las comisiones lo querrían, pero yo reclamo que ese derecho se haga efectivo de la mejor manera posible. Creo que, además, sería un homenaje a un día como hoy, tan importante: el Tratado de Lisboa ha sido ratificado por el Senado de la República Checa, queda sólo un paso más para que ese Tratado sea realidad y, de hecho, para que el Tratado que es heredero de la Constitución Europea, que ha sido el mejor texto producido por la Unión hasta la fecha, entre en vigor.

Si lo conseguimos, todos los que estamos aquí —empezando por todos los «convencionados» que nos reunimos en esta noche— habremos dado un paso de gigante por el que habrá merecido la pena estar en este Parlamento.

 
  
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  Maria da Assunção Esteves, en nombre del Grupo del PPE-DE. – Señor Presidente, esta es mi última intervención en el Pleno, por lo que es un poco diferente.

Llegará un día en el que los parlamentos federales y cosmopolitas se unan para gobernar el mundo. El sueño de una humanidad compartida sin fronteras va a nacer aquí, en este lugar de representación, donde la libertad se fortalece y la democracia se amplía. La idea visionaria de la Ilustración de una unión de los pueblos da los primeros pasos dentro de la magia de nuestras salas y nuestros debates. En esta unión Maquiavelo se debilita, dado que hemos sido capaces de sustituir la soberanía de los poderes por la soberanía de los hombres. El paradigma del cosmopolitanismo se instala en nuestras instituciones y en nuestras decisiones, y ahora forma parte de la acción.

Está emergiendo una nueva visión antropocéntrica del derecho y la política, y la identidad postnacional está tomando forma en las calles de Europa. La dignidad total del hombre es ahora el principio que une Derecho nacional e internacional. Es la norma máxima para nuestra coordinación original. Lo que la Unión Europea y su Parlamento representan es una visión moral sin precedentes en la historia de la humanidad: una visión moral colectiva que se introdujo en la estrategia de los Estados europeos y sentó la base para su integración.

El compromiso mutuo del pueblo europeo es realmente la asunción de su humanidad común. De hecho, el aislamiento y el egoísmo fueron derrocados el día del Tratado de Roma. Ahora la justicia emerge precisamente de la virtud de la política, como un puente entre Kant y Aristóteles, entre libertad y felicidad. Los pueblos de Europa saben que la única legitimidad es la que procede de los derechos humanos y que la única autoridad corresponde a los poderes que los respetan. Saben que la emancipación de la historia solamente resulta posible a través de un proyecto para compartir la política y la justicia mundial.

Llegará un día en el que los pueblos de Asia, de América y de África se unan. La dignidad de los hombres llegará a todas las culturas, de Goethe a Pessoa, de Bach a Chaikovsky, de Mahoma a Buda. Los derechos humanos como derecho universal, como norma común más allá de todas las diferencias, y Europa, para constituir un ejemplo, necesitan más constitución, más descentralización, más política, más expansión.

En este momento de despedida, quiero decirles lo orgullosa que me siento de haber compartido esta aventura con ustedes.

(Aplausos)

 
  
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  Presidente. - Gracias, señora Esteves, por su intervención, gracias por su trabajo a lo largo de estos años, y suerte y felicidad para su futuro.

 
  
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  Jo Leinen, en nombre del Grupo del PSE. (DE) Señor Presidente, usted ha dicho que propondría a la Conferencia de Presidentes y a la Mesa que resumiésemos los cinco informes y las explicaciones esenciales en un folleto. Es una excelente idea y la acojo con satisfacción. Yo recomendaría que incluyésemos también el informe Corbett/Méndez de Vigo, que fue la base para nuestro trabajo sobre el Tratado de Lisboa. En ese momento, obtuvimos 500 votos a favor, que fue un resultado sin precedentes. Es parte del proceso. Fue el punto de partida para este intento, después del Tratado Constitucional, de poner en marcha el Tratado de Reforma. Me parece una idea excelente. Cuenta con todo nuestro apoyo.

Usted ya ha dado las gracias a unos pocos que, lamentablemente, dejarán de estar con nosotros en esta Cámara. Puedo afirmar con toda seguridad que todos los diputados de la Comisión de Asuntos Constitucionales han trabajado bien juntos. Siempre hemos sido una comisión con una sólida participación. En este momento, quiero dar las gracias una vez más a los que se encuentran presentes en la Cámara. En primer lugar, quiero dar las gracias a Johannes Voggenhuber, una verdadera piedra angular de nuestro trabajo a favor de la democracia y de los derechos civiles. Sylvia Kaufmann, que ya ha sido mencionada en varias ocasiones, ha sido particularmente eficaz al expresar su opinión frente a una férrea resistencia en su entorno político. Carlos Carnero González siempre ha estado con nosotros. Luchó por la Constitución y también por el referéndum en España. Assunção Esteves siempre ha sido muy activa. Alain Lamassoure ha cosechado grandes logros, incluso en lo que respecta a la Constitución. Finalmente, aunque no menos importante —aunque no es miembro de la comisión—, Catherine Guy-Quint. Ha realizado un importante trabajo en la Comisión de Presupuestos y siempre ha apoyado la idea de asignarle más responsabilidades y derechos al Parlamento. Les doy las gracias a todos. He mencionado a los que están presentes hoy y que no estarán con nosotros en la próxima sesión. Prometemos continuar su trabajo.

Como portavoz del Grupo Socialista en el Parlamento Europeo, quiero hacer dos comentarios más sobre los informes. Con respecto al informe Kaufmann, siempre hemos defendido que la iniciativa ciudadana no es un placebo ni una excusa, sino un importante instrumento constitucional mediante el que los ciudadanos pueden incluir temas en el orden del día de Bruselas. Creo que, cuando se aplique la iniciativa ciudadana, nos aseguraremos de que siga siendo así. La Comisión debe ejercer su derecho de iniciativa y presentar un proyecto de ley inmediatamente después de la reorganización.

Con respecto al informe Dehaene, quiero mencionar una vez más el período de transición. Queremos que el espíritu de Lisboa esté presente durante las consultas para la propuesta del Consejo relativa al nuevo Presidente de la Comisión. Sin embargo, todo el Colegio de Comisarios, incluido el Presidente, no será confirmado hasta que el Tratado entre en vigor. En efecto, votaremos en dos ocasiones el Presidente de la Comisión. Es importante recordarlo. Es sencillamente lo que conlleva el período de transición. Creo que el programa que el señor Dehaene ha elaborado para el período legislativo es muy bueno. El punto de partida es la votación de los ciudadanos en las elecciones europeas, seguida por todas las decisiones de personal, programas políticos y la financiación de la Unión Europea. El punto de partida es la votación de los Estados soberanos, de los ciudadanos de la Unión Europea. Me parece realmente positivo. Gracias, señor Dehaene.

 
  
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  Andrew Duff, en nombre del Grupo ALDE. – Señor Presidente, el señor Churchill afirmó: «nunca se debe desperdiciar una crisis».

Pues bien, actualmente nos enfrentamos a una crisis de la economía, del clima, de la estabilidad internacional y nosotros tenemos claro, al menos en nuestro Grupo, que estas crisis refuerzan en gran medida el argumento para conceder a la Unión Europea una mayor capacidad de actuación en el plano mundial.

El Tratado es la respuesta lógica a estos desafíos. Es el mejor tratado que se puede acordar en estos momentos. Es positivo. Sin duda, históricamente, está en pie de igualdad con Maastricht. Aumenta la democracia y hace que la gobernanza de la Unión Europea sea más representativa, eficiente y efectiva.

También es un Tratado reformista. Corrige la mayor parte de los problemas que afectan al actual Tratado de Niza. No hay que ser un federalista militante —como yo— para ver esto, pero sí hay que ser un buen demócrata para entender, en primer lugar, que necesitamos una Europa integrada para crear nuestra respuesta a la globalización y, en segundo lugar, que una democracia postnacional no es un sustituto, sino un suplemento, de las democracias nacionales históricas.

Los oponentes conservadores y nacionalistas del Tratado deberían decirnos por qué prefieren seguir con la actual Unión, poco efectiva y chapucera, y por qué intentan que los Estados nacionales conserven las absurdas pretensiones de soberanía nacional, cuando lo que realmente importa es que funcione la interdependencia entre los Estados y los ciudadanos —una interdependencia que se aclara y afianza en este Tratado—.

Este Tratado supone un importante paso constitucional para Europa y me enorgullece haber estado vinculado a su elaboración. Lucharé hasta el final para asegurarme de que entre en vigor con éxito y rápidamente.

 
  
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  Johannes Voggenhuber, en nombre del Grupo Verts/ALE. (DE) Señor Presidente, señora Vicepresidenta, mirando a esta Cámara, de alguna forma tengo la impresión de que los ocupantes de la torre de marfil constitucional han sido invitados a continuar sus debates en la sesión plenaria de esta Cámara. Eso no era lo acordado. Lo que se había acordado era un importante debate del Parlamento Europeo sobre las consecuencias del Tratado de Lisboa.

¿No habría sido positivo que este Parlamento hubiese debatido el Tratado esta mañana al mismo tiempo que el Senado de la República Checa y que hubiese dejado claro a los ciudadanos de la Unión Europea que el Tratado era el trabajo del Parlamento Europeo, comenzando con la Convención y hasta el día de hoy, que esta reforma no había sido impuesta por una Unión Europea de minorías, sino que era un gran trabajo resultante de un esfuerzo de colaboración?

Cuando algo falla, mis 15 años de experiencia me dicen que el fallo se debe habitualmente a los gobiernos y no a los parlamentos. Ahora estamos totalmente cubiertos de cicatrices y condecoraciones. Estoy dando mi último discurso después de 15 años. Hemos recorrido un largo camino. Ha sido un gran honor. Yo también fui invitado —junto con el señor Duff— a ser ponente para esta Cámara, tanto para la Carta de Derechos Fundamentales como para la Constitución.

Debo decir —y creo que también hablo por los demás diputados de la Convención— que siempre nos hemos sentido respaldados por la aprobación del Parlamento Europeo. Nos hemos arriesgado, nos hemos atrevido a tener visiones que provocaron muchas negativas, oposición por parte de los gobiernos, en numerosas ocasiones un veto, casi el colapso de la Convención. Sin embargo, no se puede negar que la fuerza de impulso, la fuerza visionaria de este proceso han sido los parlamentos. En este sentido, también fue una primera victoria para los ciudadanos de la Unión Europea.

Quizás me permitan echar un vistazo al futuro. Sabemos que todos pensamos en el progreso que ha supuesto este Tratado. Cuando la Conferencia Intergubernamental criticó los resultados de la Convención, suprimió el Consejo Legislativo, reintrodujo leyes elaboradas por el Consejo y añadió la tercera parte —y todas esas cosas que realmente nos molestan hoy— tuve la idea de una primera enmienda de la Constitución en un momento lejano y distante.

Uno de los importantes elementos fundamentales de este Tratado es el derecho de iniciativa del Parlamento Europeo, su derecho a presentar propuestas para que se elabore una Convención para modificar la Constitución. Y todavía no hemos llegado al final del camino. Mientras luchábamos por nuestras visiones, a menudo se nos dijo en la Convención: «Ustedes y su comparación con la Convención de Filadelfia, Europa necesita una crisis importante. Sin una crisis importante nunca conseguirán crear una verdadera democracia europea, una verdadera comunidad política. Realmente necesitamos una crisis importante.» Sin duda, estaban pensando en el próximo siglo. Pero la tenemos. Tenemos esa crisis. Y ahora, de repente, los ciudadanos preguntan por qué no tenemos ninguna gobernanza económica. Preguntan por qué no tenemos un mínimo de Derecho económico común europeo, al menos con respecto a aspectos fundamentales de la política fiscal, los impuestos de sociedades y los impuestos sobre las operaciones. La gente también pide una Europa social. Sí, no abandonamos las barricadas, los gobiernos sencillamente dijeron Njet. Hoy toda Europa pregunta dónde están los poderes de la Unión Europea para defender la economía de mercado social, una distribución justa. Mientras tanto, se gastarán miles de millones de euros en la próxima generación. Y no tenemos ningún poder democrático, ninguna base jurídica para desarrollar una Europa social.

Cada día me preguntan cuál es la situación con respecto a la acción militar en nombre de Europa. Un par de Estados nacionales está emprendiendo acciones militares en el contexto de una política de gabinete como la que se practicaba en el siglo XIX. ¿No deberíamos reflexionar sobre el hecho de que esta Cámara tenga que dar su aprobación antes de que se puedan emprender acciones militares en nombre de Europa? ¿Y las iniciativas ciudadanas? Ahí también se excluyeron los cambios constitucionales. ¿Por qué? ¿Por qué no puede haber una iniciativa ciudadana que pida que el Tratado sea modificado y un nuevo desarrollo de la Constitución Europea?

Creo que todavía queda mucho camino por recorrer. La timidez de este Parlamento frente al Consejo es un enorme obstáculo.

(Abucheos)

Creo que deberíamos ser más militantes. Espero que esta Cámara exija realmente los derechos que le corresponden en virtud del Tratado de Lisboa con una tremenda confianza en sí misma y con gran lealtad a los ciudadanos de la Unión Europea, que los ejerza y, a continuación, que analice cuál es la mejor manera de hacer evolucionar todo hacia un orden social y una democracia europea. Señor Presidente, no voy a renunciar a mi sueño.

(Abucheos)

No voy a renunciar a mi sueño de que mis hijos y nietos puedan decir al menos: «Vive la République d'Europe!»

(Aplausos)

 
  
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  Tobias Pflüger, en nombre del Grupo GUE/NGL. (DE) Señor Presidente, los discursos demuestran que el Tratado de Lisboa se percibe claramente desde un punto de vista emocional y no racional. ¿Por qué no esperamos al siguiente Parlamento y dejamos que sea ese nuevo Parlamento el que debata la cuestión y espere a ver si el Tratado de Lisboa realmente se materializa? No, hay algunas personas aquí que están absolutamente obsesionadas con este Tratado y que quieren explicar sus supuestas ventajas una y otra vez.

Burkhard Hirsch, el moralista excesivo, lo explicó con palabras muy bonitas al decir que los irlandeses no deberían ser considerados pastores bajo una intensa lluvia ni los únicos europeos incapaces de entender los beneficios del Tratado de Lisboa. Los referendos habrían obtenido un resultado negativo en otras partes, porque no podemos esperar, ni deberíamos esperar, que los votantes aprueben un Tratado que ni siquiera un lector bienintencionado sería capaz de entender.

El Tratado de Lisboa no solo regula la relación entre las instituciones de la Unión Europea; no, el Tratado de Lisboa establece políticas. Y eso es importante. Por ejemplo, el apartado 1 del artículo 43 del Tratado de Lisboa establece las tareas de las fuerzas de combate de la Unión Europea. La cláusula de la solidaridad, en la letra a) del apartado 1 del artículo 222, afirma que se movilizarán todos los recursos disponibles para prevenir la amenaza terrorista en el territorio de los Estados miembros. Por lo tanto, la Unión Europea se convertirá en una alianza militar y existe incluso la posibilidad de que se dirijan operaciones militares en el interior de la Unión Europea. El apartado 1) del artículo 43 habla sobre la ayuda a terceros países para combatir el terrorismo en su territorio.

Existen varios reglamentos en este ámbito. Existe una «cooperación estructurada permanente» que permite una Europa militar común. Existe un papel para la OTAN en este Tratado y los «Estados miembros se comprometen a mejorar progresivamente sus capacidades militares». En el futuro, en caso de que se ratifique este Tratado —y espero que no sea así— habrá una financiación inicial (artículo 41): el presupuesto de la Unión Europea se podría utilizar también con fines militares en el ámbito de la política exterior y militar.

Con respecto a la política económica, la lógica económica del Tratado de Lisboa es precisamente la lógica económica que condujo a la crisis económica: «una economía de mercado abierta con una competencia libre». Una que nadie querría hoy.

Tengo la impresión de que la gente que quiere este Tratado, especialmente los integrantes de la élite de la Unión Europea, vive realmente en el pasado. Las condiciones han cambiado de manera drástica. Lo que necesitamos es un nuevo Tratado para una nueva era. Irlanda ha decidido. La decisión en el referendo fue clara. Se votó en contra del Tratado y, por tanto, está muerto. De repente se va a celebrar una segunda votación. ¿Quién diría en Francia, tras la elección del Presidente Sarkozy, que tenían que votar de nuevo simplemente porque a alguien no le gustaba? Quiero dejar algo totalmente claro: existen buenas razones puramente racionales por las que no deberíamos ratificar este Tratado. Lo que se dijo en Irlanda se debería mantener; en otras palabras «no» significa «no». Esto quiere decir que el Tratado de Lisboa está muerto y no entiendo por qué lo estamos debatiendo hoy en este contexto.

Existe un cambio del poder dentro de este Tratado en la dirección de los grandes Estados miembros. No me andaré con rodeos: como internacionalistas defendemos la idea europea frente a aquellos que quieren hacer de la Unión Europea una potencia militar y una alianza puramente económica. Necesitamos un tratado alternativo al Tratado de Lisboa y eso significa un tratado orientado hacia la paz y no un tratado fundamentalmente militar. Gracias.

 
  
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  Nils Lundgren, en nombre del Grupo IND/DEM. – Señor Presidente, doy por sentado que todos tenemos derecho a hablar tanto tiempo como queramos. Puede que necesite uno o dos minutos más y me encantaría poder hacer uso de ellos.

(SV) Ahora continuaré en mi propia lengua. La gestión del establecimiento político europeo del Tratado de Lisboa pasará a la posteridad como una vergüenza en dos sentidos: en primer lugar, con respecto al proceso político para conseguir su aprobación y, en segundo lugar, con respecto al propósito real del tratado y su contenido. Atendiendo a la Declaración de Laeken de 2000, allí se dijo que elaboraríamos una propuesta para una solución constitucional. Esto tenía por objeto conducirnos hacia una Europa más unida y unos ciudadanos comprometidos, dado que nos preocupaba que, en la práctica, los ciudadanos tuviesen una mala opinión de la Unión Europea. La Convención, bajo la dirección de Valéry Giscard d’Estaing, produjo algo bastante diferente. El pueblo de Europa no quería esto y el pueblo de Francia y de los Países Bajos dijo «no». Todos sabemos que los ciudadanos del Reino Unido, Dinamarca y otros muchos países habrían votado «no», si hubieran tenido la oportunidad. Se intentó encontrar una manera de sortear esto —apareció un nuevo tratado que es lo mismo, pero cuando conviene, se dice que no lo es y esta afirmación se sigue cumpliendo—. Ahora resulta que, cuando el pueblo de Irlanda dijo «no» a lo que ahora llamamos el Tratado de Lisboa, tenemos el descaro de realizar una investigación para averiguar por qué el pueblo de Irlanda ha votado de forma incorrecta. Es bastante increíble y no se ha producido absolutamente ningún debate al respecto. Todos ustedes se felicitan unos a otros y declaran lo positivo que es esto, a pesar de que saben que es una vergüenza.

Mi segunda objeción es la siguiente: la función de un tratado constitucional, una constitución, no es acelerar la toma de decisiones políticas. Más bien, lo contrario: es dificultar la toma de decisiones políticas. Las constituciones existen para garantizar que las personas que salen elegidas no puedan tomar las decisiones que quieran. Debería ser complicado. Así es la Constitución norteamericana. Se trata de una tradición burocrática francesa para garantizar que una autoridad pueda tomar decisiones rápidamente sobre lo que quieran sin necesidad de preocuparse por la influencia del público. Esto es espantoso y una vergüenza para la Unión Europea.

 
  
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  Presidente. - Habrá comprobado, señor Lundgren, que sus colegas le han escuchado con respeto, en silencio y sin dar voces como ha hecho usted cuando estaban hablando otros colegas, pero ésa es la manera de entender la democracia de unos y otros.

 
  
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  Roger Helmer (NI). - Señor Presidente, esperaba que el señor Pöttering tal vez presidiera la sesión esta noche, porque quería agradecerle públicamente el hecho de haberme brindado la oportunidad de dejar el Grupo del PPE hace unos años. Estoy muy satisfecho de que todos mis colegas conservadores vayan a dejar el Grupo del PPE en breve —un objetivo por el que he trabajado durante 10 años—.

Estamos aquí para debatir el Tratado de Lisboa, por lo que le habría recordado al señor Pöttering que su propio país, Alemania, todavía no lo ha ratificado. En la Unión Europea afirmamos ser una Unión de valores, basada en la democracia y el Estado de Derecho, aunque ignoramos la democracia. Pisoteamos los deseos de los votantes. Rechazamos los resultados de los referendos celebrados en Dinamarca sobre Maastricht, en Irlanda sobre Niza, en Francia y Holanda sobre la Constitución, y ahora en Irlanda también sobre Lisboa. Tratamos las aspiraciones de nuestros electorados con total desprecio. ¡Eso no es democracia!

Tampoco nos va mejor con respecto al Estado de Derecho. Estamos aplicando planes e invirtiendo sobre la base del Tratado de Lisboa antes de su ratificación. Esto es poco menos que un golpe de estado sin derramamiento de sangre. El señor Pöttering afirma que un millón de votantes irlandeses no puede interponerse en el camino de 450 millones de europeos. Tiene razón. Por lo tanto, dejemos que los 450 millones voten el Tratado. Gran Bretaña votará «no». Con toda probabilidad, Francia y Alemania votarán «no», pero no se atreven a dejar que la gente vote el Tratado porque ya saben su respuesta. En Gran Bretaña, todos menos ocho de nuestros 646 diputados fueron elegidos con el compromiso de celebrar un referendo, aunque nuestro desacreditado Gobierno laborista ha incumplido escandalosamente su promesa.

Permítanme informar debidamente a mis colegas. En el Partido Conservador británico celebraremos un referendo sobre Lisboa, un punto clave de nuestro programa electoral europeo. Celebraremos un referendo y acabaremos con este lamentable y vergonzoso Tratado.

 
  
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  Alain Lamassoure (PPE-DE).(FR) Señor Presidente, Señorías, la integración europea a veces nos ofrece símbolos que mueven a los actores anónimos como nosotros. Por lo tanto, la última votación de la legislatura será la de la última enmienda que propusieron conjuntamente los diputados al Parlamento Europeo y los diputados de los parlamentos nacionales antes de la Convención Europea: la creación de una iniciativa ciudadana en el plano de la Unión Europea.

No debemos subestimar su importancia. El Tratado de Lisboa concede a los ciudadanos, a los ciudadanos de a pie, la misma capacidad de iniciativa política dentro de la Unión Europea que a nuestro propio Parlamento. Nuestros informes de propia iniciativa nos permiten invitar a la Comisión a actuar, a proponernos una base jurídica al objeto de crear una nueva política o adaptar una existente. Pues bien, ahora los ciudadanos podrán hacer lo mismo si se reúnen en un número suficiente y si proceden de un número importante de Estados miembros.

Quiero felicitar a la señora Kaufmann por la forma en la que ha trabajado para conseguir un consenso que, sin duda, era necesario para una cuestión como esta. Las aclaraciones que ha aportado al Tratado y las garantías relativas al procedimiento son razonables. La fijación del número mínimo en un cuarto de los Estados miembros es coherente con la solución adoptada para los propios gobiernos en el marco del espacio de libertad, seguridad y justicia.

Este nuevo derecho concedido a los ciudadanos europeos no existe en ninguno de nuestros países de esta forma. La Unión garantizará así su avance hacia la democracia directa. Ni siquiera en Francia, por ejemplo, nos atrevemos a llegar tan lejos. Reformamos nuestra Constitución nacional el pasado año, pero limitamos este mismo derecho de petición colectiva a nivel local solamente.

Esperemos que nuestros partidos políticos compitan imaginativamente para aprovechar al máximo este nuevo derecho y, sobre todo, más allá de los partidos, esperemos que la sociedad civil lo utilice: sindicatos, organizaciones no gubernamentales, estudiantes —especialmente aquellos con becas Erasmus—, trabajadores transfronterizos, todos los ciudadanos europeos que viven en un país distinto a su país de origen y que piensan que, lamentablemente, las leyes que adoptamos aquí no se aplican correctamente sobre el terreno.

En esta Unión de libre circulación, las únicas barreras que quedan son las de nuestros debates políticos. Lamentablemente, una vez más no va a iniciarse una campaña electoral europea, sino 27 campañas nacionales basadas en un pretexto europeo.

El espacio económico existe, la moneda única existe, el cielo único europeo existe, pero el espacio político único todavía no se ha creado. Este es el verdadero desafío para el Tratado de Lisboa y es sin duda una de las disposiciones que más contribuirá a superar ese desafío.

 
  
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  Adrian Severin (PSE). - Señor Presidente, esta noche la esperanza generada por la ratificación del Tratado de Lisboa por parte de la República Checa se está viendo ensombrecida por la atmósfera casi conspiradora de esta reunión.

Algunos temían que al preparar la adecuada aplicación de un Tratado tan necesario podríamos ofender a determinados ciudadanos de la Unión. Creo que, por el contrario, estamos ofendiendo a los ciudadanos al ocultar la verdad acerca de lo que Europa es y podría ser, y al negarnos a mantener un diálogo sincero y racional con ellos.

Del mismo modo, demostrar respeto por una opinión minoritaria e ignorar la decisión de la mayoría es ofensivo tanto para la mayoría en cuestión como para los principios generales de la democracia que todos afirmamos apreciar.

El texto escrito de un tratado no es suficiente. Hay que dar al texto una interpretación aclaradora que ponga de manifiesto su espíritu, permitiendo así una mejor aplicación del mismo. Eso es precisamente lo que están haciendo los informes de hoy. Hablan sobre, en primer lugar, la parlamentarización de la Unión, en segundo lugar, la comunitarización de las instituciones europeas, en tercer lugar, el establecimiento de un equilibrio interinstitucional como garantía para un sistema transnacional de contrapoderes institucionales, en cuarto lugar, la garantía de la cohesión y la coherencia legislativas en el plano de la Unión Europea a través de la europeización de los parlamentos nacionales y no de la nacionalización del Parlamento Europeo, en quinto lugar, concentraciones de instrumentos y políticas para una buena eficiencia institucional y, en sexto lugar, la mejora de la representación, transparencia y participación en el plano de la Unión Europea.

En ese sentido, podremos ver cómo surge un pueblo que llena de sustancia el actual caparazón de los procedimientos europeos, haciendo que resulten relevantes para los ciudadanos.

Lo único que queda por hacer es encontrar una solución que vincule las elecciones al nuevo Parlamento con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa. Espero que esa sensación de responsabilidad y solidaridad de nuestros colegas irlandeses nos sirva para conseguir eso y para cumplir nuestro programa histórico.

 
  
  

PRESIDE: GÉRARD ONESTA
Vicepresidente

 
  
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  Andrzej Wielowieyski (ALDE).(FR) Señor Presidente, señora Comisaria, creo que el informe del señor Dehaene, que es muy importante y valioso, debería ser complementado en lo que respecta al funcionamiento y, sobre todo, a las responsabilidades del Consejo Europeo. Este importante organismo ascenderá al rango de institución y, en el ámbito político, es una fuerza importante.

Por tanto, se debería prestar especial atención al mismo. Sus acciones estarán sujetas a la jurisdicción del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas del mismo modo que las del Banco Central Europeo. Yo también propongo, en nombre de mi Grupo, una enmienda que refleje esta responsabilidad adicional. Dado que sus funciones legislativas son limitadas, esta responsabilidad está fundamentalmente sujeta al artículo 265 sobre la omisión. Creo que, dada la falta de detalles del Tratado, probablemente las obligaciones del Consejo Europeo tengan que explicarse más detenidamente en un acuerdo interinstitucional.

Así pues, el informe de la señora Kaufmann es muy importante, porque constituye una apertura real para los ciudadanos. La mayor debilidad que podríamos demostrar, frente a un desafío para el futuro de la Unión, sería crear un vacío, una distancia entre la Unión y los ciudadanos. Para ellos, la Unión es distante y desconocida, aunque creen que la necesitan. Mi Grupo, el Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa, cree que este vacío solo se podría llenar de forma efectiva a través de una consulta general y regular a los ciudadanos.

No hemos tenido tiempo de terminar nuestro trabajo ni de concluir nuestro debate sobre esta cuestión. No obstante, como el señor Lamassoure ya ha señalado, según el Tratado, la iniciativa ciudadana puede ser un instrumento importante para crear el espacio público europeo que tanto necesitamos. En efecto, alentará el debate público entre los ciudadanos y la Unión, y esto, a su vez, fomentará el conocimiento del público, que es crucial para nosotros.

No obstante, aún así, su gestión supone un importante desafío para las instituciones europeas, especialmente para la Comisión, con la credibilidad de este nuevo instrumento en juego, para los Estados miembros, que deben aceptar la nueva práctica y facilitar las infraestructuras y, obviamente, para los ciudadanos, que deben aceptar este nuevo instrumento por el bien de la democracia directa.

 
  
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  Milan Horáček (Verts/ALE). - (DE) Señor Presidente, señora Vicepresidenta, el Presidente Klaus reaccionó a la decisión de hoy del Senado checo, que acogemos con satisfacción y por la que le felicito sinceramente, al afirmar, entre otras cosas, que el Tratado de Lisboa estaba muerto, porque había sido rechazado en el referendo irlandés.

Es un zombi político lanzando un ataque contra las decisiones mayoritarias de su propio Parlamento y el Senado, que confirma su lamentable y sectaria actitud también en otros ámbitos políticos. Por desgracia, tras las votaciones positivas, lo único que consigue es hacer el ridículo. Los Verdes tenemos una actitud positiva y constructiva con respecto al proceso de integración europea, con comentarios críticos, por supuesto, cuando es necesario.

Una vez más, mi más sincero agradecimiento al Senado checo, al Parlamento checo y al Gobierno checo.

 
  
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  Bastiaan Belder (IND/DEM). - (NL) Señor Presidente, el informe del señor Dehaene me produce sentimientos encontrados. Por una parte, acojo con satisfacción el hecho de que, de vez en cuando, sienta la necesidad de analizar cosas en serio, y aquí me refiero a los apartados 14 y 26, cuando se refiere al dominio del Consejo Europeo y a los problemas asociados con el nuevo sistema de presidencia del Consejo.

Por otra parte, el informe me decepciona, porque el análisis del ponente no presenta un enfoque satisfactorio en su totalidad. En particular, en los 12 últimos apartados, donde habla sobre la política exterior, todas las incertidumbres institucionales han sido maquilladas, a pesar de que las consecuencias institucionales de este doble papel no son completamente conocidas. Por tanto, no puedo entender cómo el ponente ha llegado a la valoración general de que el nuevo sistema supondrá un equilibrio institucional más sólido en la Unión.

Reconozco que el Tratado de Lisboa supone una mejora en determinados ámbitos. No obstante, esto no quita que sean precisamente las consecuencias inciertas de este Tratado las que resulten ser el talón de Aquiles de Lisboa para el equilibrio institucional de la Unión, algo que el ponente no ha recogido.

 
  
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  Jana Bobošíková (NI). – (CS) Señorías, en esta sesión estamos haciendo algo que en nuestro país se describe como hacer la cuenta en ausencia del tabernero. Vamos a votar las relaciones entre las instituciones de la Unión Europea, sus Estados miembros y parlamentos como si el Tratado de Lisboa estuviese en vigor. Me gustaría insistir en que el Tratado de Lisboa todavía está lejos de la ratificación. Los diputados de este Parlamento deberían saberlo y no deberían ocultar esta información a los ciudadanos. Toda persona democrática debe darse cuenta de que ni siquiera los ataques más agresivos contra los políticos que no han firmado el Tratado de Lisboa cambiarán nada.

Para terminar, quiero decirle al señor Cohn-Bendit que sus inaceptables declaraciones, al afirmar que el Presidente Klaus de la República Checa tiene la intención de sobornar a los senadores del parlamento de mi país, son una ofensa no solamente para el Presidente Klaus, sino también para los ciudadanos de la República Checa. Estas acusaciones constituyen una ofensa para los principios de las relaciones internacionales amistosas y, sencillamente, para la decencia humana. Por esta razón le pido al señor Cohn-Bendit que demuestre sus afirmaciones de corrupción o que pida disculpas públicamente al Presidente Klaus.

 
  
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  Richard Corbett (PSE). - Señor Presidente, este paquete de informes demuestra que, si el Tratado de Lisboa entra en vigor —y esto es sin perjuicio, por supuesto, de la decisión del pueblo irlandés—, entonces tendremos una Unión que ofrecerá más oportunidades de participación, más responsabilidad, más democracia y más contrapoderes institucionales. Este es el mensaje central que podemos dar esta noche, sea a través del informe Leinen que demuestra la mayor participación de este Parlamento electo dentro del sistema institucional, del informe Brok que demuestra las nuevas oportunidades de participación para los parlamentos nacionales, del informe Dehaene que analiza la responsabilidad adicional de las ramas ejecutivas de las instituciones y cómo organizaremos un posible período de transición, del informe Guy-Quint, que demuestra que ya no habrá partes del presupuesto europeo vetadas para el control parlamentario o, por supuesto, del informe Kaufmann sobre la iniciativa ciudadana.

Mi Grupo respaldará todas estas resoluciones y estamos orgullosos de ello, aunque yo diría, con una reserva en particular, con respecto al informe Kaufmann, que nos parece un primer paso: poner sobre la mesa una primera reflexión sobre cómo esa cuestión podría funcionar en el futuro. Sin embargo, tenemos que tener cuidado —y estoy de acuerdo con lo que ha dicho antes la señora Comisaria— de no crear un sistema que sea demasiado oneroso para los ciudadanos o que presente demasiados obstáculos burocráticos para el ejercicio de ese derecho. No obstante, tenemos mucho tiempo de volver sobre esto, en caso de que el Tratado realmente entre en vigor.

Estamos hablando el mismo día en que conseguimos la 26ª ratificación parlamentaria. Sé que los conservadores británicos de esa zona no están interesados en ello. Sin duda, ellos están hablando de otra cosa, pero se trata de un hecho importante.

Veintiséis ratificaciones a través de procedimientos parlamentarios: 26 «síes» al Tratado; un «no». Yo sugeriría que, en esa situación de 26 «síes» y un «no», no es, como algunos han sugerido, antidemocrático analizar ese resultado y preguntar al país que ha dicho «no» si desea reconsiderarlo en vista de la ratificación de los demás. Ellos tienen la opción de hacerlo o no. Sin embargo, creo que es bastante razonable que en Irlanda hayan llegado a la conclusión de que desearían replanteárselo si se cumplen determinadas condiciones. A nosotros nos corresponde hacer todo lo posible para afrontar las preocupaciones expresadas por la votación en contra. Eso tiene que formar parte de la respuesta y eso, después de todo, es lo que la Unión ha decidido hacer.

Todos los demás Estados miembros —porque son los Estados miembros y no solo las instituciones europeas las que están implicadas en esto— han acordado intentar abordar esas preocupaciones para poder conseguir la 27ª ratificación.

Tenemos una lección más amplia que aprender de esto. Nuestro libro de normas básicas en la Unión Europea, los tratados firmados y ratificados por los Estados miembros, solamente pueden ser modificados mediante el acuerdo unánime de todos y cada uno de esos Estados miembros. Esto es un importante obstáculo a superar. Demuestra que quienes afirman que estamos pisoteando la responsabilidad democrática e ignorando las opiniones de las personas están totalmente equivocados. Es muy sencillo bloquear cualquier paso adelante, cualquier reforma de las instrucciones europeas. Los euroescépticos de esa zona solamente necesitan una victoria de 27. El dado está cargado a su favor y no a favor de quienes, como el señor Duff, desearían una integración mucho más rápida. Así son las cosas.

También mencionan los referendos que han obtenido un resultado negativo. Me he dado cuenta de que solamente mencionan los referendos que han obtenido un resultado negativo. Nunca mencionan el referendo de España o el referendo de Luxemburgo. Creo que si uno analiza la historia de la integración europea, ha habido unos 32 (si no recuerdo mal) referendos en los Estados miembros a lo largo de los años, de los cuales 26 o 27 han obtenido un resultado positivo y solamente unos cuantos, uno negativo. Sin embargo, siempre que se ha producido un resultado negativo, ha sido imposible ignorarlo sin volver atrás y abordar las preocupaciones expresadas y preguntar al país en cuestión si quería o no replanteárselo, si quería cambiar de opinión.

Desde un punto de vista democrático, no creo que haya nada de malo en eso, en fortalecer gradualmente, paso a paso, despacio, por medio del consenso de todos los Estados miembros, esta Unión en la que hemos trabajado durante más de medio siglo, esta Unión de la que deberíamos estar orgullosos, en el hecho de que tengamos 27 países trabajando juntos en un continente cuya historia demuestra que, con mucha frecuencia, ha sido arrasado por las ascuas nacionales que algunos intentan reavivar.

 
  
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  Anne E. Jensen (ALDE). - (DA) Señor Presidente, participar en el debate de esta tarde es una experiencia un tanto especial. Durante cinco años he trabajado en estrecha colaboración con Catherine Guy-Quint. Ambas hemos sido coordinadoras del presupuesto de nuestros respectivos Grupos políticos. Hemos tenido nuestras batallas en el camino, pero la mayor parte del tiempo hemos luchado juntas con un espíritu de cooperación que impregna el trabajo de la Comisión de Presupuestos.

Catherine ya se marcha y yo quiero aprovechar esta oportunidad para darle las gracias de forma más oficial por el tiempo que hemos pasado juntas. ¡He aprendido mucho! Mi dominio del francés ha mejorado y también he aprendido mucho de su estilo, que he llegado a respetar. ¡Es más sensata que yo, pero en ocasiones es necesario serlo!

Esta tarde el Parlamento saliente cede su puesto al nuevo Parlamento, que será elegido entre el 4 y el 7 de junio. Si los votantes de Irlanda votan positivamente en octubre y el Tratado de Lisboa entra en vigor a finales de año, tendremos que actuar rápidamente porque tendrá importantes consecuencias para el trabajo del Parlamento, sobre todo en el ámbito de los presupuestos. Eso se describe oportuna y claramente en el informe de la señora Guy-Quint. Ha realizado un trabajo de primera categoría para entregar a los nuevos diputados del Parlamento Europeo.

El Parlamento participará formalmente en el establecimiento de los marcos financieros plurianuales, pero todavía no hemos conseguido introducir un cambio en el período de este marco de siete a cinco años, de forma que coincida con el mandato de la Comisión y del Parlamento. Esto nos permitiría ayudar siempre a elaborar estos marcos. El Parlamento tendría plena influencia sobre la totalidad del presupuesto, incluido el presupuesto de agricultura. Creo que sería positivo para los agricultores y ciudadanos de la Unión Europea que los debates en materia de política agraria fuesen realmente abiertos de este modo y que el toma y daca a puerta cerrada fuese sustituido por un debate abierto y democrático. Nadie puede decir por adelantado cuál sería el resultado para el nivel del gasto agrario, pero indudablemente evitaría que los programas se mantuviesen y desarrollasen cuando no se pudiesen explicar de forma clara y lógica a nuestros ciudadanos.

Se está cambiando el procedimiento del presupuesto anual, y el pasado año probamos los nuevos requisitos del trabajo de la Comisión de Presupuestos del Parlamento Europeo. Realizar únicamente una lectura seguida de las negociaciones para alcanzar un acuerdo nos obliga a prepararnos con más antelación y mucho más detenidamente. Básicamente no es una idea tan mala. Creo que el ensayo general del pasado año de la nueva disciplina obtuvo buenos resultados.

El Tratado de Lisboa dota al Parlamento de nuevas competencias presupuestarias y nuevas formas de trabajar, y el informe de la señora Guy-Quint ofrece al próximo Parlamento una base excelente para este trabajo. Espero y creo que conseguiremos que el Tratado de Lisboa sea adoptado, garantizando así que trabajo de la Unión Europea sea más abierto y efectivo.

 
  
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  Michael Henry Nattrass (IND/DEM). - Señor Presidente, desde la década de los setenta, los políticos británicos han declarado que la Unión Europea no trata del dominio político ni de la pérdida de soberanía, aunque los presidentes de la Unión afirman que compartimos nuestra soberanía y que tenemos un imperio europeo, que representa el 75 % de nuestro Derecho.

Este Tratado cede nuestra capacidad de gobernarnos a nosotros mismos, aunque una encuesta de la BBC afirma que el 84 % de los británicos no quiere ceder más poder. El pueblo británico está desinformado o mal informado. Los conservadores, a través del Grupo del PPE, aportaron su dinero a la campaña a favor del «sí» en Irlanda; a continuación, prometieron de forma dudosa permitir un referendo —pero solo si Irlanda vota «no» de nuevo—. A espaldas del pueblo británico y sin ninguna orden al respecto, los partidos de Westminster han vendido a su país, mientras que las encuestas demuestran que el 55 % de la población quiere dejar la Unión Europea. Nunca ha sido estafada tanta gente por tan pocos en el ámbito de la política humana.

 
  
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  Roberto Fiore (NI). (IT) Señor Presidente, Señorías, millones de europeos, británicos, italianos y franceses no quieren una Europa basada en actitudes políticamente correctas, en una perspectiva de «dejar pasar» y antisocial, como hemos visto con el proyecto Bolkestein, sobre el centralismo jacobino y totalitario, o en una perspectiva laica, masónica y artificialmente marxista.

Creo que los europeos están muy interesados en las verdaderas libertades sociales, en las que ofrecen a las familias, las comunidades y las organizaciones sociales la oportunidad de conseguir un progreso real, y en una Europa basada en la subsidiaridad y, precisamente, en las organizaciones sociales y en una visión cristiana y romana profundamente arraigada de la historia. Esta es una Europa totalmente opuesta a la del Tratado de Lisboa que buscan las grandes potencias, los grupos de interés que desean efectivamente centralizar la situación de forma radical.

Creemos que los europeos deben votar finalmente y lanzar este Tratado al mar.

 
  
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  Paul Rübig (PPE-DE). - (DE) Señor Presidente, Comisaria Wallström, Señorías, creo que este debate es muy importante, porque hemos escuchado de los distintos bandos de la Cámara que se deben conceder competencias a Europa. Desde el punto de vista de los Estados nacionales esto es cierto, pero el hecho es que los Estados nacionales también deben tener la oportunidad de garantizar que se apliquen las mismas leyes y reglamentos en los 26 Estados miembros restantes. Este proyecto de racionalización europeo, emprendido para garantizar que no tengamos sistemas legales completamente diferentes en 27 Estados miembros y que nos esforcemos por crear un único marco regulador, supone un paso fundamental y concede no solamente a nuestros ministros, sino también a nuestros diputados al Parlamento, muchos más derechos y oportunidades de promover los intereses de los ciudadanos de la Unión Europea.

A pesar de que suelo expresar mi insatisfacción en los escaños de este Parlamento y de que cuando ahora miro hacia atrás y veo que los escaños de los oponentes están vacíos y que la gran mayoría de los oponentes no están participando en este debate, quiero dejar muy claro que, por supuesto, nosotros también somos críticos con las instituciones y queremos mejoras. Son precisamente estas mejoras las que han sido objeto de un intenso debate en los últimos ocho años. Simplemente queremos garantizar que se mejoren las relaciones entre las instituciones y los ciudadanos. Hoy no podemos quedarnos quietos y decir que un proceso de reforma iniciado hace ocho años se va a detener sin ofrecer ninguna alternativa: ese es el verdadero escándalo de este debate.

Debemos concentrarnos urgentemente en lo que consiste el Tratado. Este Tratado nos aporta nuevos objetivos. Finalmente vamos a conseguir una democracia representativa y participativa con la correspondiente iniciativa ciudadana. Vamos a adquirir nuevas competencias en materia de protección medioambiental y cambio climático. ¡Como si un único Estado nacional pudiese resolver todos estos problemas por sí solo! Con respecto al aire y al agua, en particular, y en muchos otros ámbitos, es sencillamente imposible. Juntos, también debemos prestar atención a la libertad, la seguridad y el pleno empleo. En vista de la crisis, es especialmente importante que la Unión Europea cuente con estas competencias.

No obstante, las nuevas bases jurídicas también son importantes. En vista de la crítica situación energética, necesitamos una base jurídica para la política energética. También en materia de política de comercio, cuando tratamos cuestiones del comercio internacional, comprobamos que necesitamos urgentemente una buena solución para nuestros ciudadanos europeos, al margen de los viajes espaciales y la propiedad intelectual. Y, para nuestros oponentes, la cláusula de salida también puede ser bastante importante. Creo que las nuevas competencias de supervisión y los nuevos procedimientos reforzarán a este Parlamento. Estoy a favor de que este debate sea mucho más intenso, porque muchos de nosotros todavía no hemos visto qué oportunidades ofrece esta nueva Europa.

 
  
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  Libor Rouček (PSE). – (CS) Señorías, como diputado de la República Checa, estoy muy satisfecho de que hoy, mientras estamos debatiendo el impacto del Tratado de Lisboa, el Senado checo lo haya aprobado por una aplastante mayoría de 54 votos a favor y 20 en contra. De este modo ha expresado la voluntad del pueblo checo de que se aplique el Tratado de Lisboa. Esta misma voluntad ya había sido expresada por la cámara baja del Parlamento checo, el Congreso de los diputados. No obstante, al mismo tiempo, el Presidente de la República está cuestionando la voluntad del pueblo, la opinión claramente expresada por el Congreso y el Senado.

Václav Klaus, el Presidente de la República Checa, ha dicho: «Debo expresar mi insatisfacción por el hecho de que algunos de los senadores, tras una presión mediática y política que ha alcanzado unos niveles sin precedentes, tanto en el plano nacional como en el extranjero, hayan abandonado sus anteriores opiniones expresadas públicamente —renunciando así a su integridad política y cívica— y hayan dado su consentimiento al Tratado de Lisboa. Han dado la espalda a los intereses a largo plazo de la República Checa, que han sido subordinados a sus propios intereses y a los intereses a corto plazo de los actuales políticos. Lamentablemente, esto pone de manifiesto un fracaso más por parte de una importante sección de nuestra élite política. Ahora esperaré a ver si un grupo de senadores —algunos de los cuales ya han anunciado su intención de hacerlo— pide al Tribunal Constitucional otra revisión del Tratado de Lisboa con respecto a nuestra constitución. Si esto ocurre, no me plantearé mi propia decisión sobre la ratificación del Tratado de Lisboa hasta que el Tribunal Constitucional haya emitido su sentencia».

Estamos aquí para debatir el impacto del Tratado de Lisboa sobre el progreso del equilibrio institucional de la Unión Europea. No obstante, creo que también deberíamos debatir aquí —y esto también lo deberían hacer los diputados y senadores checos— el equilibrio institucional en la República Checa. La República Checa es una democracia parlamentaria. A pesar de esto, la República Checa tiene un Presidente que no respeta la voluntad del Congreso, que no respeta la voluntad del Senado y que actúa como un monarca absolutista o un dictador del país al que tanto critica y recuerda, es decir a la antigua Unión Soviética. Hay mucho que decir a nuestros euroescépticos sobre el estado de la democracia en Europa, sobre el estado de la democracia en nuestro país y sobre el comportamiento del Presidente al que tanto admiran.

 
  
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  Kyösti Virrankoski (ALDE). - (FI) Señor Presidente, el Tratado de Lisboa reformará radicalmente el procedimiento presupuestario de la Unión Europea. El marco financiero plurianual será obligatorio, la clasificación del gasto en obligatorio y no obligatorio desaparecerá, y los procedimientos presupuestarios serán más cortos.

Apoyo el marco financiero quinquenal para la legislatura del Parlamento Europeo y la Comisión. Se traducirá en un trabajo más eficiente y permitirá a las instituciones establecer sus propias estrategias políticas.

La elaboración del presupuesto se va a convertir en un proceso difícil. Hace que uno se pregunte quién podría haber desarrollado un sistema tan complicado. Hasta ahora estaba claro qué institución decide las cifras definitivas del presupuesto. Ahora tiene que haber un consenso para cada detalle, lo cual puede conllevar negociaciones muy intensivas en el Comité de Conciliación.

Para el Parlamento, el nuevo procedimiento exigirá un reforzamiento de los recursos humanos disponibles. De lo contrario, no podrá ejercer plenamente sus competencias en la elaboración del presupuesto, en general, o en la administración de la Unión Europea, en particular.

Para terminar, quiero dar las gracias a los ponentes y en especial a la señora Catherine Guy-Quint por sus excelentes informes y, en un sentido más amplio, por sus excelentes niveles de cooperación a lo largo de los años.

 
  
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  Elmar Brok, ponente. - (DE) Señor Presidente, gracias por brindarme la oportunidad de hacer algunos comentarios bastante antes de lo previsto.

Este debate ha demostrado un elevado grado de convicción en todo el espectro político y nacional. También ha demostrado la solidez de nuestro compromiso de llevar Europa adelante. Cuando escucho a algunos oradores muy críticos de los países anglosajones, recuerdo que fue precisamente de esos países de los que recibimos, en los últimos meses, un número especialmente elevado de peticiones de auxilio para superar juntos la crisis financiera. No me cabe duda de que estos caballeros también serán conscientes de que representan posturas basadas en el legado de 60 años de Winston Churchill.

Ahora vamos a entrar en una fase muy decisiva. Tras nuestras decisiones, que hemos alcanzado con un amplio consenso en el Parlamento Europeo y que nos han parecido tan convincentes en Praga, no deberíamos caer en el triunfalismo. Será una tarea importante para nosotros brindarle al pueblo irlandés, con toda modestia, la oportunidad de tomar su decisión, en soberanía y libertad —una decisión que Irlanda tiene que tomar en libertad soberana sin responsabilidad para todo el continente—. Creo que también deberíamos contribuir decisivamente a garantizar que esto sea posible. Espero que, a finales de junio, el Consejo Europeo cree las condiciones necesarias para que se complete esta fase final y que los irlandeses dispongan de las condiciones que necesitan para abordar esta cuestión.

 
  
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  Proinsias De Rossa (PSE). - Señor Presidente, agradezco este debate. Durante un tiempo pareció que no se iba a realizar. Me alegra que se esté llevando a cabo gracias a la persistencia de mis colegas. Es completamente apropiado que esta Cámara trate de forma responsable y sensata la transición de la posible ratificación –por fin– del Tratado de Lisboa. Seríamos unos necios si no lo hiciéramos. Me esforzaré a finales de este año para asegurarme de que se vote «sí» –sea elegido o no al Parlamento–, y lamento que varios de mis amigos no estarán aquí, y los echaré de menos.

Pero esta noche, en particular, quiero agradecerle a la República Checa su voto a favor, porque hoy ha votado por el futuro. Creo que es extremadamente importante que comuniquemos este mensaje: que la unificación de Europa y la construcción de una Europa unida tienen que ver con el futuro de los europeos.

En ninguna otra parte del mundo fuera de Europa tenemos 27 Estados miembros soberanos que comparten la toma de decisiones sobre una base transfronteriza por los intereses comunes de sus ciudadanos. En ninguna otra parte los estados independientes presentan sus decisiones conjuntas de aprobación y modificación ante un parlamento multinacional elegido directamente. Esta Unión nuestra es única. Es un experimento democrático único. No está exento de fallos. Necesita una reforma y, de hecho, las reformas del Tratado de Lisboa son las reformas sobre las que nos podemos poner de acuerdo en este momento. Sin duda los Parlamentos futuros –y, por supuesto, los Consejos futuros– identificarán y acordarán más reformas.

Pero Europa también necesita una nueva dirección. Necesita reafirmar su compromiso con el bienestar social de nuestros compatriotas y reequilibrar la obsesión casi exclusiva con la liberación del mercado que hemos tenido en la última década. Hay que tener presente que la orientación política, social y económica de esta Unión la conducen las elecciones que hacen los electorados: en las elecciones generales, en las elecciones europeas y a través de las comisiones que seleccionamos y disponemos en conjunto. La Unión Europea es el foro en el que resolvemos los conflictos, cuando antes los jóvenes los resolvían matándose en las trincheras. Es un gran honor para mí participar en este Parlamento, en el que hemos sustituido la fuerza de los brazos por la fuerza de los argumentos.

No podemos permitir que los euroescépticos vuelvan atrás. Que la decisión de un Estado miembro, que representa menos del 1 % de la población de la Unión, pueda detener su avance, es una señal de lo delicada que es nuestra estructura. Pero también es una señal de la fuerza de la Unión que podamos sobrevivir y permitir a los ciudadanos europeos que tomen estas decisiones de manera independiente. Creo que debemos intentar volver a infundir en nuestros ciudadanos el sueño de Europa. Tenemos que evitar que los viejos gruñones que se encuentran allí arriba entre los diputados de la extrema derecha y que nos gritan y nos dicen lo antidemocráticos que somos nos arrastren al fondo, cuando en realidad este Parlamento ha sido elegido por los ciudadanos europeos para tomar decisiones para los europeos.

 
  
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  Costas Botopoulos (PSE).(FR) Señor Presidente, hoy es un día verdaderamente solemne: el paquete Lisboa —como se le llama— llega por fin ante el Parlamento, el Senado checo ha dado una muestra de esperanza, muchos toman la palabra por última vez, la emoción es palpable; estamos en proceso de cerrar este período parlamentario y muchos estamos bastante emocionados. En esta sesión nocturna del Parlamento predomina una atmósfera realmente histórica.

Como diputado de doble vertiente —medio constitucional, medio presupuestario— me gustaría hablar hoy de forma un poco más específica del informe de la señora Guy-Quint sobre el nuevo sistema presupuestario y sobre el impacto que tendrá el Tratado de Lisboa en este nuevo sistema. Como se ha dicho, es sobre todo un sistema más democrático. A partir de ahora, todos los gastos —el presupuesto completo— se acordarán en el procedimiento de decisión conjunta entre el Consejo y el Parlamento.

También es, lo que es aún más importante, un presupuesto más político, ya que tenemos —como la señora Guy-Quint lo llama— una programación estratégica interinstitucional, dicho de otro modo, todos los organismos de la Unión Europea están de acuerdo en elaborar este presupuesto. Sin embargo, este sistema aún contiene incertidumbres.

Por ejemplo, ¿desempeñará realmente el Parlamento lo que, en teoría, es su papel consolidado? ¿Disfrutará de este nuevo poder, dado que también hay problemas? Tenemos menos tiempo, ya que solo hay una lectura. Por tanto, le toca al Parlamento aprovechar —lo cual constituye un reto en sí mismo— esta oportunidad para desempeñar su papel. ¿Coincidirá el período presupuestario de cinco años con el período parlamentario de cinco años o este subrayará a aquel? No es seguro. En este tema también tenemos que esforzarnos.

También se pierden oportunidades. Perdimos la oportunidad de proveernos de más recursos propios, perdimos la oportunidad —por favor déjenme 10 segundos más, ya que estamos en una sesión nocturna formal— de aplicar una nueva filosofía presupuestaria.

Para acabar, me gustaría subrayar que nos enfrentamos a retos: el reto de la transición —no es fácil pasar a un sistema nuevo— y el reto de la flexibilidad —necesitamos más flexibilidad si vamos a asumir las crisis—.

Terminaré con el deseo de que todo esto pueda seguir adelante con la aplicación del Tratado de Lisboa.

 
  
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  Presidente. – Como yo también soy un diputado de doble vertiente en la misma comisión que usted, señor Botopoulos, no he tenido más opción que concederle esos 40 segundos.

 
  
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  Justas Vincas Paleckis (PSE).(LT) Creo que todos los que estamos participando en esta sesión nocturna recordaremos esta reunión durante mucho tiempo y tendremos algo que contarles a nuestros hijos y a nuestros nietos. Incluso esta noche todos podemos sentir el barco de Europa sacudido por las tormentas de la crisis financiera. Está claro que el motor de este barco, el mecanismo del tratado, es demasiado débil y necesita ser reemplazado de inmediato.

El Tratado de Lisboa es el motor más fuerte que necesitamos para enfrentarnos a la crisis. Por lo tanto, estoy de acuerdo con los informes que se están debatiendo y estoy de acuerdo con mis compañeros, que hacen hincapié en que no es muy democrático si la roca de un referendo puede hacer naufragar el barco de Europa entero, si el dirigente de un estado se imagina que es el único que lleva el paso y la opinión de los otros 26 estados no tiene ninguna trascendencia. Creo que los votantes de Irlanda sacarán sus propias conclusiones sobre lo que está pasando en Europa y en todo el mundo.

 
  
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  Avril Doyle (PPE-DE). - Señor Presidente, soy la última en la lista de oradores del Partido Popular Europeo/Demócratas Europeos esta noche, y como parlamentaria irlandesa supongo que existe alguna razón para ello.

Quisiera dar las gracias, antes de nada, a todos los ponentes de los cinco informes. Estoy encantada de que tengamos la oportunidad de debatirlos y, como otros compañeros irlandeses, he solicitado varias veces, a través de mi grupo político, que llegáramos a la situación en la que estamos esta noche, en la que podemos debatir cinco informes muy importantes.

Para empezar, quiero dejar bastante claro que lo que diga en este debate esta noche está enteramente contenido en la próxima oración. No sería apropiado ni pretendo anticipar de ningún modo o dar por sentada la decisión de los ciudadanos irlandeses en el segundo referendo sobre el Tratado de Lisboa que está por venir y que fue anunciado hace solo una semana por nuestro Taoiseach Brian Cowan TD.

Las conclusiones del Consejo Europeo del pasado diciembre contienen un paquete de medidas que surgió del estudio hecho a partir del referendo que se llevó a cabo en mi país el pasado junio: medidas para responder a las preocupaciones de los irlandeses que votaron en contra según las describió nuestro Taoiseach en la reunión del Consejo el pasado diciembre, así como un plan que permita que el Tratado entre en vigor a finales de 2009.

Este paquete incluye la retención del principio de un Comisario por Estado miembro, la confirmación de la importancia que la Unión le da a los derechos de los trabajadores y a otros temas sociales, y una serie de garantías legales sobre la neutralidad de los impuestos y las disposiciones de la constitución irlandesa en relación al derecho a la vida, la educación y la familia.

En el Consejo Europeo de primavera nuestro Taoiseach informó a los compañeros de que, según la cronología acordada en diciembre, ahora se está llevando a cabo un trabajo concienzudo para que se hagan efectivos estos compromisos que debería estar terminado a mitad de 2009.

Si nuestro Gobierno está completamente satisfecho con el resultado, el Taoiseach ha acordado pedir la ratificación del Tratado al final del período de la Comisión actual, que se espera que deje el cargo, según tengo entendido, a finales de octubre. Espero sinceramente que la promesa de un referendo a principios de otoño signifique principios de octubre como muy tarde.

Y, dado el aumento de los poderes del Parlamento Europeo previsto en el Tratado de Lisboa, resulta comprensible que sus diputados deban considerar las implicaciones institucionales y de procedimiento del Tratado, y de ahí el debate de esta noche sobre los cinco informes.

La reflexión del Parlamento Europeo sobre estos temas esta noche tiene lugar en un momento en el que mi guión para esta noche dice que cuatro Estados miembros —Irlanda, la República Checa, Alemania y Polonia— aún tienen que terminar el proceso de ratificación. Técnicamente es cierto, pero esta noche felicito a la República Checa —en particular al Senado checo— por la aprobación completa de su Parlamento para permitir, espero, que su Presidente ratifique el Tratado en nombre de los ciudadanos checos. Confío en que acepte la voluntad de su Parlamento. Entiendo que se ha remitido a una revisión judicial. Espero que solo sea un retraso técnico.

Para que el Tratado entre en vigor, por supuesto, todos los países deben ratificarlo, y sí, es correcto decir que 26 parlamentos europeos —26 parlamentos de los Estados miembros— han dicho «sí», y hasta ahora solo quedan por hacerlo los irlandeses.

Acepto completamente que al Parlamento le gustaría examinar los temas surgidos en estos documentos y en estos informes de la manera más completa posible, sin ninguna interferencia o adelanto del procedimiento de ratificación destacado.

Puedo decir que me opongo al balido oportunista de unos pocos fósiles euroescépticos sentados en la parte trasera de la Cámara, y lo que dicen debería reconocerse por lo que es. Mi mensaje para ellos es claro: dejen de entrometerse en una decisión irlandesa soberana, porque nadie les dirá a los electores irlandeses lo que deben hacer.

Quisiera darles las gracias, ya que ésta es mi última contribución en el Parlamento, a toda la Presidencia del Parlamento, a la Comisión, a la Presidencia checa y a todos los compañeros, por lo que han sido 10 años sumamente gratificantes para mí como diputada al Parlamento Europeo. Quedo a la espera de un voto a favor por parte de los irlandeses en el segundo referendo en octubre.

 
  
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  Mairead McGuinness (PPE-DE). - Señor Presidente, es agradable ser la primera en la lista de cualquiera estos días. Solo quisiera, ahora que Avril ha acabado, desearle lo mejor, ya que se retira del Parlamento Europeo. Para ser justa con ella, les dio una buena paliza a los fósiles tras el voto por el Tratado de Lisboa en Irlanda, y se la recordará por su fantástica forma de hablar. Te deseo suerte, Avril, públicamente, y espero que te involucres en la campaña a favor de Lisboa en tu jubilación.

Ha sido un debate muy interesante. Mi cuerpo y mi cerebro querían irse a casa a dormir, pero ha sido demasiado bueno para perdérselo y demasiado importante —porque soy irlandesa— para no estar aquí. Permítanme decir una cosa, y le hablo al electorado: estáis en el asiento del conductor. Tenéis elección. Podéis votar por el punto de vista de unos pocos viejos gruñones —incluyo a hombres y mujeres, pero mayoritariamente hombres— de los extremos de este Parlamento y de los extremos de la Unión Europea, de la derecha y de la izquierda, y conseguiréis mucho ruido y muchas fotos a todo color y titulares, pero no se hará ningún trabajo en esta Cámara. O podéis votar, tanto en las elecciones al Parlamento como en las del Tratado Lisboa, a favor de gente positiva que trabaja duro, que no consigue titulares, pero que está aquí por un buen propósito.

Creo que los irlandeses saben que la situación ahora es diferente. Les engañaron en el último debate. Hemos llevado a cabo un debate más satisfactorio desde el voto en contra y les insto a que voten «sí» por su futuro, por el futuro de mis hijos y por el futuro de la Unión Europea.

 
  
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  Siiri Oviir (ALDE). - (ET) Estamos aquí esta noche —la verdad es que ya es bastante tarde— para debatir la aplicación del Tratado de Lisboa. Los preparativos para la entrada en vigor del tratado y el hecho de que se esté haciendo en el debido tiempo es un signo de responsabilidad. Una buena preparación para la aplicación de un tratado tan importante como éste hace que se confíe en que la Unión Europea funciona bien, lo que hará que cumpla de forma más efectiva las tareas que los ciudadanos de la Unión Europea esperan que resuelvan los representantes a los que han votado.

Quizá los pasos que se están dando no son lo suficientemente grandes. Algunos ciudadanos creen que la Carta de los Derechos Fundamentales es demasiado retórica, pero el Tratado de Lisboa es, no obstante, un serio paso hacia adelante. Es una respuesta al cambio de necesidades de la Unión Europea. Así lo han hecho los parlamentos elegidos por los habitantes de 26 Estados miembros al dar su apoyo al Tratado.

Los informes actuales muestran que la Unión Europea se siente segura de manera creativa tras haber emprendido de forma pragmática la planificación de la fase de transición. No podemos crear algo nuevo a partir del pesimismo y de tácticas de retraso. Doy las gracias a los ponentes por su valor y su habilidad para crear los documentos necesarios.

 
  
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  Zita Pleštinská (PPE-DE). – (SK) Señorías, no podemos decir que el Tratado de Lisboa sea lo mejor que cada Estado miembro de la UE-27 pudiera desear, pero es lo mejor que la UE-27 pudo acordar. Hasta ahora todos los tratados habían sido tratados de la UE-15 y, por tanto, me gustaría subrayar el mensaje político del Tratado de Lisboa, que coloca a la UE-27 en la línea de salida para que en el futuro dejemos por fin de dividir la UE entre Estados miembros antiguos y nuevos.

El Parlamento Europeo ha demostrado que es capaz de tomar decisiones operativas y, por lo tanto, estaría bien que el Tratado de Lisboa concediera más poder al Parlamento, en otras palabras, a los representantes elegidos por los ciudadanos europeos. Si el Tratado de Lisboa entra en vigor en todos los Estados miembros de la UE, traerá consigo cambios entre los que se incluirá el fin del sistema actual de rotación de la Presidencia del Consejo. Pasando a un punto más importante, la UE dispondrá de una política energética común, que demostró ser necesaria, especialmente en la crisis del sector del gas.

Agradezco la decisión de hoy del Senado checo de aprobar el Tratado de Lisboa. Es una señal muy importante del Parlamento checo a la UE durante la Presidencia checa.

 
  
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  Daniel Hannan (NI). - Señor Presidente, en los últimos 16 meses he hablado 77 veces en esta sala y he acabado cada discurso con un llamamiento a la gente por el Tratado de Lisboa: Pactio Olisipio censenda est.

Lo he hecho como homenaje a Catón el Viejo, quien terminaba todos sus discursos con la famosa llamada a la destrucción de Cartago. A veces he tenido que hacer un esfuerzo para conseguir ese final en un tema distinto, pero esta noche no.

Es extraordinario haber escuchado algunas de las contribuciones. No todas. Ha habido algunos pro europeos honorables y democráticos en esta Cámara, pero algunos discursos han estado llenos de tal desdén, tal arrogancia y tal desprecio por la opinión pública, que ahora que la UE y, claramente, los Estados miembros están empezando a aprender el valor político de YouTube, no podrían hacer nada mejor que colgar la totalidad de este debate en YouTube como si fuera una emisión de las elecciones de un partido para las diversas campañas en contra.

Me he acordado de las inquietantes palabras de Bertolt Brecht: «¿No sería más sencillo en ese caso para el gobierno deshacerse de esas personas y elegir otras?» Y todos los oradores siguen diciendo que los parlamentos han ratificado. Solo están anunciando la desavenencia que existe entre la clase política y los ciudadanos de cada Estado miembro.

Se burlaban y abucheaban a Catón el Viejo y los demás senadores solían imitar su voz. ¿Saben qué? Al final hicieron lo que él dijo.

 
  
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  Paul Rübig (PPE-DE). (DE) Señor Presidente, el orador anterior acaba de demostrar lo difícil que resulta el avance de la democracia en Europa cuando vemos que, en Irlanda, la mitad de la población no votó debido a la complejidad de los temas y al hecho de que no todos quieren ser constitucionalistas. De los que votaron, la mitad votaron en contra del Tratado porque no lo habían leído. ¿Cómo vamos a reformar Europa si no somos capaces de convencer a los responsables de que asuman su responsabilidad?

La Comisaria, la señora Wallström, y su equipo cargan con una responsabilidad muy especial, que es la de informar a los ciudadanos europeos, aquellos que estén interesados, y poner a su disposición toda la información para que se puedan debatir los temas de forma competente. Debemos buscar el diálogo con los ciudadanos europeos de forma mucho más intensa, informarles y decirles lo importante que es la reforma para el desarrollo de Europa. Con este enfoque conseguiremos resultados.

 
  
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  Richard Corbett (PSE). - Señor Presidente, me ha resultado curioso escuchar este argumento sobre el hecho de que, de algún modo, la ratificación parlamentaria nacional no es legítima porque, si ese es el caso, permítanme tomar el ejemplo de mi propio país, que, en toda su historia, nunca ha ratificado un tratado internacional por medio de un referendo.

En ese caso, si es ilegítimo que los parlamentos nacionales ratifiquen un tratado, el Tratado de la OTAN, el Tratado de las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio, cualquier compromiso en el que ha entrado Gran Bretaña por medio de un tratado internacional es igualmente ilegítimo. Así que no entiendo este argumento de que la ratificación parlamentaria nacional es, de algún modo, antidemocrática.

 
  
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  Bernard Wojciechowski (IND/DEM).(PL) Señor Presidente, Señora Comisaria, en Polonia probablemente solo el 13 % del electorado vote en las elecciones europeas. Probablemente sea el índice de participación más bajo de toda la Unión Europea. ¿Por qué? Echen, por favor, un vistazo a la sala. No hay ningún representante de los dos principales partidos políticos de Polonia en un debate tan importante. Esa es precisamente la actitud de esos partidos de cara a las elecciones y a los asuntos europeos: una falta de participación total.

El debate sobre Europa, un debate serio, no existe en Polonia. ¿Cómo puede existir si, y vuelvo a recalcarlo, en este debate no hay un solo representante del partido gobernante ni de la oposición? Uno puede tener la impresión de que la parte más importante de la clase política polaca no está interesada en los asuntos europeos. Eso es lo que piensan los electores y eso es lo que piensan muchos jóvenes polacos, personas con las que he hablado y que están interesadas, por ejemplo, en el Tratado de Lisboa. No existe tal respuesta por parte de la clase política.

 
  
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  Ewa Tomaszewska (UEN).(PL) ¡Perdón! ¡Debo protestar! Soy miembro de Ley y Justicia, el partido más grande de la oposición. La afirmación de que aquí no hay nadie de ese partido no es cierta.

 
  
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  Syed Kamall (PPE-DE). - Señor Presidente, muchas gracias por darme esta oportunidad. Creo que ha sido un debate interesante, independientemente de la opinión que se tenga sobre el proyecto europeo y sobre el Tratado de Lisboa.

Ha habido muchas referencias a viejos y fósiles, pero permítanme hablar de ello desde mi perspectiva. Veo aquí una generación de políticos más antigua atascada en una mentalidad de los años 50, atascada en una solución propia de los años 50 para los problemas y los retos a los que se enfrenta el mundo. Si echan un vistazo a la sala, verán a muchas personas mayores que hablan a favor del Tratado de Lisboa. Todas ellas condenan a los irlandeses y a los ciudadanos de otros países que votaron «no» a la Constitución original y que votaron «no»al Tratado de Lisboa. Vemos incluso viejos hombres de armas que ahora hablan de soltar las pistolas y defender la paz.

Sí, en los años 50 era una solución de la posguerra para lo que había sucedido antes, pero debemos avanzar con el mundo. Cuando se hable de responsabilidad democrática, no nos olvidemos de una cosa. Cuando empezamos con la Constitución, las normas eran que cada país tendría que ratificarla o no se aplicaría. Cuando empezamos con el Tratado de Lisboa, las normas eran las mismas: cada país tenía que ratificarlo o no se aplicaría. Así que no sigamos adelante con el Tratado de Lisboa hasta que todos los países lo hayan ratificado. Si de verdad quieren un debate democrático apropiado, dejen que los británicos puedan elegir. ¿Quieren la visión que propone el señor Corbett de unos Estados Unidos de Europa federados o una visión de una Europa más flexible, la de libre comercio a la que apoya mi partido?

 
  
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  Margot Wallström, Vicepresidenta de la Comisión. - Señor Presidente, me gustaría dar las gracias a Sus Señorías por este interesante debate que ha sido en parte un consenso en varios temas, en parte una repetición de conocidos argumentos a favor y en contra del Tratado y en parte un debate muy interesante sobre lo que constituye la democracia. Es la primera vez que oigo hablar de sistemas totalitarios que permiten un referéndum tras otro en determinados Estados miembros y de por qué algunos resultados de los referéndum se olvidan o no se tienen en cuenta, principalmente los que han sido positivos.

También ha sido un debate sobre la legitimidad. Me sigue pareciendo extraño, como he dicho antes, que un Parlamento como este deba decir si una decisión tomada por un parlamento nacional es antidemocrática, no tiene relevancia o no es legítima. En cuanto a la Comisión, siempre ha mantenido la opinión de que cualquiera que sea el sistema elegido, ya sea una votación por referéndum o mediante una decisión parlamentaria nacional, es democráticamente legítimo. No veo que sea posible otra posición.

Cualquier ciudadano europeo que escuche este debate querrá que nos refiramos a estos informes que reflejan verdaderamente algunas preocupaciones importantes sobre el modo en que tomamos las decisiones, sobre el libro de normas, sobre cómo fortalecer el funcionamiento democrático de esta Unión Europea y sobre cómo usar el presupuesto de forma correcta para destinar los recursos a nuestras prioridades políticas. Todos estos asuntos están recogidos en estos importantes informes.

También se trata de cómo tomar decisiones de un modo más efectivo y, con suerte, más rápido. La intervención del señor Lundgren me ha dejado absolutamente atónita. ¿De verdad creemos que de lo que se trata es de ralentizar las cosas y de ralentizar la toma de decisiones cuando nos enfrentemos a una crisis económica como la actual? La gente espera que tomemos medidas para garantizar puestos de trabajo y crecimiento, para combatir el cambio climático y la crisis energética y para abordar los problemas derivados de la inmigración y la seguridad; para todo ello. Esa es también la base de estos informes. Por eso es por lo que estamos aquí y así es como conseguimos legitimidad democrática; si demostramos que podemos actuar y que podemos actuar con prontitud. No creo que ninguna intervención arrogante y pedante que nos dé lecciones sobre esto o aquello nos ayude tampoco. Se trata realmente de abordar estos problemas que hoy no son nacionales. Son europeos e internacionales y debemos tener un libro de normas moderno.

Debemos tener una Unión más democrática que permita a los ciudadanos tomar la iniciativa. Nunca oímos nada parecido de los que están en contra. Nunca les oímos decir nada sobre la fuerza democrática de lo que constituye el Tratado de Lisboa; falta eso claramente. Estos informes nos proporcionan una buena base y una buena plataforma para reformar nuestra forma de trabajo. Por parte de la Comisión estamos dispuestos, por supuesto, a seguir trabajando en todos los detalles para garantizar que podemos aplicarlo con prontitud.

Una última cuestión sobre Irlanda es que tras el «sí» del Senado checo, todos los ojos estarán sin duda puestos de nuevo en Irlanda y en la posibilidad de que se ratifique el Tratado a finales de año. El tema de las garantías jurídicas es claramente esencial aquí, y tanto el contenido como la coordinación son muy importantes. En la Comisión estamos seguros de que el Consejo de la Unión Europea será capaz de resolver este asunto y también sé que se están ultimando los preparativos en este momento y, si tiene la oportunidad, la Comisión también prestará su contribución.

Muchas gracias y gracias también por haber hecho de este un evento en parte social, en el que las personas se dan las gracias las unas a las otras por la buena colaboración y desean buena suerte a los que nos dejan. Imagino que todos nos veremos de un modo u otro en la campaña electoral.

(Aplausos)

 
  
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  Presidente. – Señora Comisaria, en nombre del Parlamento, como es la última sesión nocturna, créame, por favor, si le digo que hemos sido muy conscientes de la excelencia de nuestros informes durante todo este período parlamentario. Gracias una vez más.

 
  
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  Jo Leinen, ponente. - (DE) Señor Presidente, Vicepresidenta, agradezco a la señora Doyle su contribución desde una perspectiva irlandesa que apoyo totalmente. Los irlandeses deben decidir de forma independiente y sin presión externa, lo más probable en octubre, si las garantías que se han de negociar en la cumbre de junio despejan sus dudas y sus principales preocupaciones asociadas con el Tratado y si, bajo estas circunstancias, seguirán a los 26 países restantes para avanzar hacia la reforma de la Unión Europea junto a ellos.

Espero que la vecina Gran Bretaña también respete la independencia de opinión que se está formando en Irlanda. En el primer referéndum, muchos de los británicos que apoyaban el voto en contra recorrieron Irlanda y, sobre todo, los tabloides británicos eurofóbicos ayudaron a desconcertar a los irlandeses. Hay que reconocer una cosa: que debe respetarse la independencia de los irlandeses para formarse una opinión en el segundo referéndum.

Ha sido un debate importante. Hoy los parlamentos de 26 países han dicho «sí». Más de 7 800 representantes del pueblo han decidido que el Tratado es bueno y que representa el progreso. Un total de 350 representantes del pueblo de 26 países han dicho «no». Todos no pueden ser tontos y cabezas de chorlito. Lo que quiero decir es que el Tratado no puede ser tan malo como lo pintan una y otra vez. Está marcado con estereotipos, a veces también en esta Cámara. Quien diga que esto será una unión militar está malinterpretando el objetivo primario de la Unión Europea, que es servir a la paz, en el continente y en todo el mundo. Además, quien diga que se está estableciendo una constitución económica neoliberal no ha leído el Tratado. Es el tratado europeo más social que ha habido nunca.

Señora Vicepresidenta, Señorías, gracias. Espero que el nuevo Parlamento haga lo que está indicado en los informes: aplicar y hacer respetar el Tratado. Muchas gracias.

 
  
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  Jean-Luc Dehaene, ponente. - (NL) Señor Presidente, Señorías, creo de verdad que esta noche hemos disfrutado de un buen debate. Demuestra que el Parlamento Europeo está preparado para la aplicación del Tratado de Lisboa y que no estamos intentando de ninguna manera adelantar la decisión de los irlandeses. Sin embargo, creo que también ha surgido otro asunto importante y es que, en vísperas de las elecciones, el Parlamento ha tomado una posición clara, lo que ha originado que se posicione con fuerza de cara a las futuras negociaciones sobre este Tratado.

Me gustaría dar las gracias a todos mis compañeros por su apoyo. También quisiera resaltar la naturaleza complementaria de los cinco informes y comentar que, en efecto, forman un todo unitario que determina la posición del Parlamento. Permítanme acabar retomando lo que dije al principio: me preocupa la situación después de las elecciones y la transición del Tratado de Niza al Tratado de Lisboa.

Todavía sostengo que deberíamos negociar un acuerdo entre el Parlamento y el Consejo antes de las elecciones. Si no, me temo que nos encontraremos en una posición algo incómoda que no le convendría a nadie. Ese acuerdo tiene que estar lo bastante claro para el Parlamento y para el Consejo para que sepan exactamente cuál es su posición respecto al difícil período de transición que nos espera.

 
  
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  Catherine Guy-Quint, ponente.(FR) Señor Presidente, este debate ha sido realmente interesante y vehemente. Permítanme, no obstante, ponerle una nota de humor a lo que el señor Kamall acaba de decir, porque llamarnos viejos, y por tanto fósiles, porque nos jubilamos para dejar paso a los jóvenes, es absolutamente encantador.

Sin embargo, lo que quería decirles a todos los que han vilipendiado este proyecto de tratado es lo siguiente: ¡no confundan la democracia con la demagogia! Entiendan que durante ocho años en este Parlamento, por toda Europa, no hemos estado viviendo un psicodrama, sino una tragedia política en la que Europa está luchando por mantenerse a flote y podemos ver claramente que estamos evitando los problemas actuales.

Este debate refuerza mi convicción de que debemos aplicar este Tratado, a pesar de todas las dificultades surgidas porque su contenido arrojará transparencia. Traerá democracia y todos necesitamos este choque democrático para volver a centrar el proyecto europeo en la política y la política del siglo XXI aplicada al mundo de hoy.

A este respecto, el presupuesto es solo una herramienta, pero nos permitirá asegurar que las instituciones pueden reequilibrarse y, gracias a esta transparencia, podremos conocer la actitud del Parlamento, de la Comisión y, sobre todo, del Consejo. Esta voluntad política es indispensable. Esta transparencia es indispensable en la lucha contra el cáncer del egoísmo nacional, que ha estado corroyendo el proyecto político europeo durante tantos años.

Esta transparencia volverá a infundir confianza en todos los ciudadanos europeos otra vez, o eso espero, y nos permitirá desarrollar mejor la información, lo que es muy difícil. Señora Wallström, ha estado trabajando en esto durante años, está empezando a hacer progresos y tiene que perseverar.

Todo esto requiere la convicción, el tiempo y, sobre todo, el valor político, de los que carecemos. Debemos recuperar ese valor político y esa utopía, la utopía de los padres fundadores de la Unión Europea, de los que creyeron que de la guerra podría nacer la paz. A nuestra manera, hoy en día, en el siglo XXI, debemos aceptar este reto, y una de las herramientas que nos ayudará a hacerlo es el Tratado de Lisboa. ¡Recuperemos la utopía, y la utopía por la paz!

 
  
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  Presidente. – Se cierra el debate conjunto.

La votación tendrá lugar mañana a las 12.00 del mediodía.

Declaraciones por escrito (artículo 142 del Reglamento)

 
  
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  Sebastian Valentin Bodu (PPE-DE), por escrito.(RO) Solo queda dar un pequeño paso hacia la adopción del Tratado de Lisboa que, una vez entre en vigor, unirá mucho más a la Unión Europea y a sus 500 millones de ciudadanos. Rumanía, el país al que represento en el Parlamento Europeo, fue uno de los primeros en ratificar el Tratado porque todos sus políticos creen en la integración europea.

Las elecciones al Parlamento Europeo no se organizarán de acuerdo al Tratado de Lisboa, pero incluso este hecho resalta lo democrática y representativa que es la institución de la Comunidad Europea y lo importantes que son cada uno de sus Estados miembros.

Las instituciones europeas, incluido el Parlamento, son, en este momento, demasiado abstractas para los ciudadanos de la Comunidad. La importancia del Parlamento en el proceso de toma de decisiones de la UE ha crecido con cada tratado europeo. El Tratado de Lisboa no es una excepción, ya que crea un parlamento con una implicación tangiblemente mayor en el proceso legislativo.

El Tratado acercará la UE más a sus ciudadanos. Todos sabemos lo difícil que es llamar la atención de los ciudadanos de nuestros países sobre los problemas de la Comunidad. El hecho de que los diputados del Parlamento que cada Estado miembro elige directamente recibirán más poderes es, en este momento, la solución ideal para acercar más a los ciudadanos una institución única en el mundo.

 
  
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  Cristian Silviu Buşoi (ALDE), por escrito.(RO) Antes de nada me gustaría agradecer el voto a favor del Tratado de Lisboa por parte del Senado checo, que hace que todo el proceso de ratificación dé un paso adelante. Creo que resulta conveniente aplicar este Tratado lo antes posible, ya que garantizará que la UE opere de forma más eficiente, más transparente y, sobre todo, más democrática.

Apoyo las conclusiones del ponente respecto a la reorganización del Parlamento Europeo y espero que las conclusiones del grupo de trabajo sobre la reforma parlamentaria reflejen el papel más amplio del Parlamento, como se estipula en el Tratado.

Me gustaría hacer algunos comentarios sobre el procedimiento para nombrar a la Comisión Europea. En principio, apoyo el calendario propuesto para nombrar a la Comisión, pero creo que se deberían acortar determinadas etapas para que las instituciones europeas no se queden paralizadas durante meses enteros cada vez que haya elecciones europeas. Como no se ha ratificado el Tratado de Lisboa a tiempo, es conveniente, tras las elecciones de 2009, que los nombramientos se hagan mediante un procedimiento que sea mucho más próximo al estipulado en el Tratado de Lisboa. Sin embargo, el problema es complicado porque hasta que no conozcamos el resultado del voto irlandés, debemos tener presente la necesidad de cumplir con el Tratado de Niza, que es el válido actualmente.

 
  
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  Dushana Zdravkova (PPE-DE), por escrito.(BG) Señorías, según mi colega, Elmar Brok, el informe sobre las relaciones con los parlamentos nacionales da una excelente visión general de las tareas que tendrá que afrontar el Parlamento Europeo tras la ratificación final del Tratado de Lisboa por parte de todos los Estados miembros. Reforzar el papel de los parlamentos nacionales en el proceso legislativo de la Unión Europea no solo agilizará la transposición de la legislación europea a la legislación nacional, sino que también proveerá a los ciudadanos europeos de aún más medios para participar en el gobierno.

Los resultados positivos conseguidos hasta ahora basándonos en la colaboración en la COSAC deben usarse como base para incrementar la participación de los parlamentarios de todos los Estados miembros. Creo que es especialmente importante que también incluyamos en este esfuerzo a representantes de los parlamentos de los países candidatos a la adhesión a la Unión Europea. Esto nos ayudará a hacer de su adhesión a la UE un proceso más sencillo y sin complicaciones. Este tema no se ha estudiado ni en el informe ni en el Tratado de Lisboa, pero creo que el Parlamento encontrará los medios para conseguirlo.

Finalmente, me gustaría destacar que los parlamentos nacionales necesitarán reforzar su capacidad administrativa y asegurarse de tener la financiación adecuada para poder ejercer de manera plena sus nuevos poderes.

Gracias por su atención.

 
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