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Acta literal de los debates
Miércoles 24 de noviembre de 2010 - Estrasburgo Edición DO

7. Resultados de la Cumbre del G-20 (debate)
Vídeo de las intervenciones
Acta
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  Presidente. – El siguiente punto es el debate sobre los resultados de la Cumbre del G-20.

 
  
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  Olivier Chastel, Presidente en ejercicio del Consejo. – (FR) Señor Presidente, Señorías, la Presidencia del Consejo y el Parlamento Europeo tuvieron ya la oportunidad de debatir el G-20 el pasado 20 de octubre de 2010, cuando estábamos en vísperas de la reunión ministerial del G-20 y estábamos a la espera de ver cómo evolucionarían las cosas en Seúl.

Como europeos, todos estábamos bien preparados para estas reuniones, tanto a escala ministerial como de Jefes de Estado o de Gobierno. Comprendimos que la falta de cohesión entre los europeos nos llevaría rápidamente a agotar la credibilidad de la Unión Europea en la escena internacional. Hay que decir que la Cumbre de Seúl suscitó reacciones diversas en todo el mundo. Por mi parte, creo que, a pesar de todo, debemos seguir siendo optimistas, incluso aunque los resultados no hayan sido tan impresionantes como hubiéramos esperado.

Antes de la Cumbre de Seúl, estábamos convencidos de que la prueba más dura y más importante iba a ser mantener nuestro impulso. No debemos cometer el error de pensar que ya no necesitamos la cooperación mundial, con la excusa de que ya no estamos en la crítica situación de hace 18 meses, o incluso de hace seis meses. Todavía creemos que los líderes políticos son responsables de la toma de decisiones. Lo son, y de hecho esta es la esencia de la política. No obstante, creo que también tienen otra responsabilidad todavía más importante: asegurarse de que las decisiones no se queden en el papel, sino que tengan resultados concretos y se apliquen plenamente.

La Cumbre de Seúl puso de manifiesto que el verdadero reto para el G-20, y por tanto, para todos nosotros, es comprender cómo debemos continuar con la ejecución —e incluso acelerarla. Tenemos que convertir las buenas intenciones en resultados prácticos, y todo ello es importante al menos por dos razones. En primer lugar, los mercados no se conforman con declaraciones sin más. Están observando los acontecimientos que tienen lugar dos, diez y treinta días después de la Cumbre, cuando los medios de comunicación ya han vuelto a casa. El estado de la economía europea debe entenderse como un todo: no es simplemente el resultado de los avances realizados durante los dos días de la cumbre. Los avances a los que aspiramos sólo pueden realizarse mediante un trabajo diario continuo, y, como diputados al Parlamento Europeo, esto es algo que ustedes saben mejor que nadie.

La segunda razón es tan importante como la primera, y se refiere directamente a todos ustedes. Creo que el Parlamento y los Parlamentos nacionales pueden llevar a cabo la tarea de control, pero también de proporcionar incentivos políticos para la agenda económica europea e internacional, garantizando una correcta aplicación entre una cumbre y la siguiente, y que el G-20 se convierta progresivamente en un proceso y no en una mera serie de reuniones.

En cuanto al fondo, la contribución de la Unión a un crecimiento sólido, duradero y equilibrado resulta ahora evidente, y se basa en un determinado número de principios: los planes de consolidación fiscal dirigidos a un crecimiento sostenible y diferenciado, la Estrategia Europa 2020 para las reformas estructurales necesarias para sostener, en particular, la creación de empleo, el programa de reformas para el sector financiero y los mercados, y, por último, el refuerzo de la gobernanza económica en la UE. He de añadir que la Unión está muy interesada en el proceso de revisión por homólogos en el marco del G-20. Como europeos, estamos acostumbrados a ello y sabemos lo útil que puede resultar este tipo de ejercicio. Es evidente que cada uno debe hacer su parte y mostrar una voluntad renovada de contribuir al conjunto de medidas para el crecimiento.

Quiero decir de nuevo, en coherencia con mis comentarios anteriores, que la batalla contra el proteccionismo no se puede ganar de una vez de manera directa, sino únicamente manteniendo de manera cotidiana el nivel de alerta mundial necesario.

Por lo demás, quiero destacar tres acontecimientos importantes ocurridos durante el último mes. El primero de ellos es la reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI), dado que la UE ha mostrado con claridad su disposición a hacer su parte para que el nuevo FMI pueda ser más representativo de la nueva realidad económica internacional y, por tanto, para que las economías emergentes puedan hacer oír su voz y desempeñar un papel más importante. Hemos acordado reducir nuestra presencia en el Directorio Ejecutivo del FMI y hemos hecho concesiones considerables en términos de cuotas. Creo que hemos conservado lo que para nosotros era más importante, y que la comunidad internacional en su conjunto se ha beneficiado.

El segundo avance se refiere al Acuerdo de Basilea III. Creo que, en lo que respecta a los requisitos de capital de los bancos, vamos en la dirección correcta y, por supuesto, es vital que todos los Estados miembros afectados mantengan su compromiso de aplicar Basilea III. Obviamente, esta cuestión de la aplicación se mantendrá en la agenda política tanto de la UE como del G-20.

Observando lo que ha sucedido en las últimas semanas en relación con la denominada guerra de divisas, creo que la Unión Europea ha hecho un buen trabajo y ha sido capaz de defender una posición equilibrada, lo que significa que los tipos de cambio deben reflejar las bases económicas y que no es necesario que recurramos a la devaluación competitiva.

Por último, desde Seúl, Francia ha asumido la responsabilidad de la Presidencia del G-20, y creo que esta es una oportunidad única para los europeos y para la Unión Europea como tal. Será muy importante que trabajemos juntos de manera coordinada a fin de asegurarnos de que durante el próximo año —y con vistas a la Cumbre del G-20 de Cannes en noviembre de 2011 y posteriormente— el G-20 esté a la altura de las expectativas que ha creado.

El verdadero desafío que tenemos ante nosotros es demostrar que un foro creado con el fin de hacer frente a la crisis también está en condiciones de realizar las contribuciones y aportar los incentivos necesarios para lograr objetivos a medio plazo, tales como un crecimiento mundial más sólido, sostenido y equilibrado, unas reglas claras y justas para los mercados financieros internacionales y unas organizaciones internacionales que sean más representativas del mundo actual y que sean más capaces de ayudar a los gobiernos nacionales y las instituciones europeas a enfrentarse a la globalización. Señor Presidente, creo que corresponde al G-20 demostrar en los próximos años que el proceso de globalización no es solo económico, sino también, e incluso especialmente, político.

 
  
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  José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión. – Señor Presidente, antes de la Cumbre de Seúl de este mes existía la preocupación de que una vez disminuyera la presión de la crisis que hizo que los países del G-20 se acercaran unos a otros, el G-20 se encontraría ante la imposibilidad de cumplir su papel como el principal foro de coordinación económica mundial. Después de la Cumbre de Seúl de este mes puedo asegurarles que este escenario negativo no se confirmó. Hemos visto que el G-20 ha avanzado desde un «modo de crisis» a un enfoque más estable sobre la gobernanza mundial.

A pesar de las cuestiones difíciles que se debatieron y del hecho de que no hubo acuerdo sobre otras cuestiones como la fiscalidad del sector financiero, el G-20 transmitió una vez más un mensaje importante de determinación mundial; hizo avances reales y firmes a la hora de abordar los retos económicos mundiales. Sé que los resultados se recibieron con cierto escepticismo, porque no hubo ningún avance espectacular de última hora perfectamente sincronizado para los informativos nocturnos. Pero lo que los escépticos no entienden es que el proceso del G-20 en sí mismo es una noticia espectacular; no es como nuestro proceso europeo, más integrado, donde todos los participantes comparten una cultura común de negociación y compromiso.

Al margen de la Unión Europea y algunos de sus Estados miembros, el G-20 incluye a países tan diversos como los Estados Unidos y China, Rusia, Brasil y Japón, Argentina, Arabia Saudí, Corea, Sudáfrica. El hecho mismo de que participen en un proceso conjunto para hacer frente a los desequilibrios mundiales y llegar a acuerdos, por ejemplo, sobre la regulación financiera, debe reconocerse como lo que es: un avance enorme que sencillamente habría sido imposible hace unos años; la cumbre de Seúl supuso otro paso importante en ese proceso y el lanzamiento de una nueva agenda, y no un evento excepcional espectacular.

Así que, sí, fue un éxito y creo que la Unión Europea, representada por mí y por el Presidente del Consejo Europeo, puede estar satisfecha con las conclusiones de la Cumbre. De hecho, hemos realizado una contribución muy importante también en el nivel de los Ministros de finanzas, donde la Unión Europea estuvo representada por Olli Rehn, Comisario responsable de este ámbito. En general, las conclusiones reflejan las prioridades que la Unión Europea estableció antes de la Cumbre de Seúl, y la Unión Europea debe estar orgullosa de la importantísima contribución que está realizando a este proceso.

Permítanme destacar algunos de los logros fundamentales: en primer lugar, la Unión Europea quería que esta Cumbre avanzara en acciones conjuntas para impulsar el crecimiento mundial y el empleo y diera respuestas sobre cómo abordar los desequilibrios mundiales y las tensiones monetarias. Todos sabíamos que sería muy complicado encontrar un modo común para hacer frente a los desequilibrios mundiales, pero, tras largas y arduas negociaciones, el G-20 optó por una solución cooperativa, estableciendo un mecanismo y un calendario que hermana a nuestras economías en la tarea de hacer frente a esta cuestión.

Los socios del G-20 se comprometieron a reducir los desequilibrios excesivos y a mantener los actuales desequilibrios de las cuentas a niveles sostenibles. No subestimen la importancia de este punto. El debate del G-20 sobre la manera de corregir los desequilibrios puso de manifiesto que la UE está en primera línea. Los resultados de nuestras propias reflexiones sobre los desequilibrios internos de la Unión Europea sirvieron de inspiración a los dirigentes del G-20 como el mejor modo de abordar los desequilibrios mundiales. Nuestro método de utilizar indicadores para activar una evaluación de los desequilibrios macroeconómicos y sus causas básicas constituye el fundamento del nuevo mecanismo del G-20. Este mecanismo se creará a mediados de 2011, y la primera evaluación se realizará antes de la próxima Cumbre de noviembre de 2011.

Ahora nos centraremos en reforzar este mecanismo tanto como sea posible y en garantizar que se aplique correctamente durante la Presidencia francesa del G-20 en 2011. Por tanto, las conclusiones fueron significativas, pero estoy de acuerdo en que ahora tenemos que ver cómo van a aplicarse.

El segundo logro se refiere a los tipos de cambio. La tarea de reequilibrar el crecimiento no tendrá éxito si no se abordan las tensiones monetarias. Una vez más, la Unión Europea contribuyó a alcanzar el consenso del G-20 sobre soluciones cooperativas. Hemos acordado avanzar hacia unos sistemas de tipos de cambio más condicionados por el mercado, que reflejen los fundamentos económicos subyacentes. También hemos acordado abstenernos de comparar las evaluaciones y mantenernos vigilantes contra el exceso de volatilidad y los movimientos desordenados en los tipos de cambio.

Esta decisión supone un impulso político para la Presidencia francesa del G-20, que acometerá una amplia reforma del sistema monetario internacional. También me complace comprobar que la Cumbre del G-20 respaldó la histórica reforma del FMI. Sin duda, hemos superado las expectativas de Pittsburgh sobre el cambio de las cuotas y la representación de las economías emergentes. Gracias al enfoque abierto y cooperativo de los Estados miembros de la UE, nuestras concesiones considerables y nuestra capacidad para compartir la responsabilidad han hecho que el Fondo cuente ahora con la legitimidad que necesita para asumir las difíciles tareas que se le presentan, en especial la de corregir los desequilibrios y las tensiones monetarias. Ahora, las economías emergentes tienen que demostrar que, a cambio de una mayor representación, están dispuestas a asumir una mayor responsabilidad para la gobernanza económica mundial.

Un cuarto logro de la Cumbre fue mantener el impulso para la reforma mundial de las regulaciones financieras, con un énfasis claro en la aplicación. Acogemos con satisfacción la aprobación de la reforma de Basilea III y el hecho de que el G-20 siga trabajando sobre las instituciones financieras de importancia sistémica. Los esfuerzos de reforma financiera del G-20 continuarán en ámbitos como los marcos de políticas macroprudenciales, la actividad bancaria «sumergida», los mercados de derivados, y la integridad y la eficiencia del mercado.

La Unión Europea está a la cabeza en muchos de estos puntos y nuestro trabajo interno se utilizará en el proceso del G-20. Ahora es importante garantizar una aplicación estricta y coherente de todos estos compromisos respetando el calendario acordado para garantizar la igualdad de condiciones a escala mundial. Hemos recibido garantías sólidas de los Estados Unidos en el sentido de que comparten nuestra determinación en este sentido. La Cumbre de Seúl también ha supuesto un nuevo impulso para la conclusión de la Ronda de Doha y ha reiterado el compromiso del G-20 para luchar contra el proteccionismo en todas sus formas.

Un logro que me produce satisfacción personal es que con el desarrollo, el comercio y la inversión ligados al Consenso de Seúl para el Desarrollo hemos situado el desarrollo en la agenda del G-20 de manera firme. Este nuevo enfoque orientado al crecimiento complementará las actividades ya existentes centradas en los donantes y el sistema de las Naciones Unidas. Además, impulsará nuestros esfuerzos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio y es perfectamente coherente con las propuestas recientes de la Comisión en su Libro Verde sobre el futuro de la política de desarrollo. Actualmente, este Libro Verde está en fase de consulta, y espero con interés las aportaciones de esta Cámara.

Por último, acojo con gran satisfacción el compromiso del G-20 con el Plan de Acción de lucha contra la corrupción, con los trabajos futuros sobre las cuestiones relacionadas con la energía, y con no escatimar esfuerzos para alcanzar un resultado equilibrado y satisfactorio en las negociaciones de Cancún sobre el clima.

(FR) Señor Presidente, Señorías, el interés creciente mostrado por los representantes de las empresas y los sindicatos es una muestra evidente de que el proceso del G-20 se ha consolidado como el foro más importante para la coordinación económica mundial. He participado también en la Cumbre empresarial del G-20, durante la cual destaqué la importancia de la responsabilidad social de las empresas. También tuve la oportunidad de dar la bienvenida a diversas delegaciones sindicales de Europa, América del Norte y del Sur y Asia. Coincidí con estas delegaciones, desplazadas por la Confederación Europea de Sindicatos (CES), en que el empleo debe ser una prioridad, y subrayé el hecho de que Europa, en efecto, proponía que el empleo y la dimensión social figurasen en las conclusiones.

Desde la Cumbre de Seúl, hemos comenzado a centrar nuestra atención en la próxima Presidencia del G-20 y en la Cumbre de Cannes, en noviembre de 2011. Debemos aprovechar al máximo esta oportunidad de tener a uno de nuestros Estados miembros al frente del G-20. Debemos establecer nuestra posición sin demora y ayudar activamente a dar forma a la agenda del G-20 de manera coordinada.

La Comisión está dispuesta a prestar su pleno apoyo a todas las prioridades de la Presidencia francesa. Uno de ellas es la reforma del Fondo Monetario Internacional (FMI), para lo cual tendremos que establecer una serie de propuestas coherentes, en particular con el fin de mejorar la estabilidad y reducir la volatilidad de los tipos de cambio.

Otra prioridad se refiere a la volatilidad de los precios de las materias primas. En los próximos meses, la Comisión realizará una evaluación de los mercados primarios de todas las materias primas.

Debemos considerar la Presidencia francesa como una oportunidad única para que Europa deje su sello en la agenda mundial del G-20. Si seguimos actuando conjuntamente a escala del G-20, Europa consolidará su posición en el centro del debate económico y financiero mundial, y desempeñará un papel clave en la conformación de nuestra respuesta a los desafíos mundiales.

 
  
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  Jean-Paul Gauzès, en nombre del Grupo PPE.(FR) Señor Presidente, si me han informado bien, creo que dispongo de un minuto.

Señor Presidente en ejercicio de la Presidencia belga, señor Presidente de la Comisión, Señorías, en primer lugar, quiero expresar, señor Ministro, lo mucho que aprecio su lúcida valoración de la última Cumbre del G-20, y mi disposición a apoyar sus propuestas para el futuro.

Creo que realmente hay que decir que los resultados han sido bastante escasos, incluso a pesar de la aprobación de Basilea III y de la reforma del FMI. Sólo nos queda esperar, al igual que el Presidente de la Comisión, que la Cumbre de Seúl allane el camino para la aplicación de las ambiciosas propuestas de la Presidencia francesa, que se justifican por su inmediata necesidad y por las difíciles circunstancias actuales. La Unión Europea tendrá que ser coherente, si aspira a asumir el peso que merece.

Los resultados concretos son esenciales, y estoy de acuerdo con usted, señor Presidente de la Comisión, cuando dice que lo que nuestros conciudadanos esperan es acción y no meras palabras o declaraciones. La globalización de la economía y las finanzas nos obliga a hacer un avance real en la armonización internacional de los reglamentos. Los mercados reaccionan con mayor celeridad que los políticos. Europa no debe caer en la ingenuidad y debe asegurarse de que hay reciprocidad.

 
  
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  Udo Bullmann, en nombre del Grupo S&D. – (DE) Señor Presidente, Señorías, en su discurso de esta mañana, la señora Harms planteó la pregunta de por qué la chispa de las cumbres ya no prende entre la gente, y por qué de los debates de las cumbre no emana coraje ni una confianza renovada. Al escucharle esta mañana, y también hace un momento, señor Barroso, y también al escuchar al señor Van Rompuy y al Consejo, me hago una idea de por qué no prende esa chispa. Ni siquiera prende aquí, en esta Cámara —mire a su alrededor. Sin duda, es importante que asistan más diputados. ¿Por qué no están presentes? Está mal que no asistan. Sin embargo, en realidad no escuchan nada nuevo. Usted nos cuenta cosas que ya se han dicho en los periódicos muchas veces y no está dando respuestas a las preguntas tan específicas que se han formulado. ¿Qué ocurre con el impuesto sobre las transacciones financieras? El señor Schulz ha planteado muchas preguntas sobre ello. ¿Cuál es la respuesta? No es algo que figure en la agenda de la Cumbre de Seúl del G-20. Me gustaría recibir una explicación.

También me gustaría saber por qué el Consejo Europeo, la Presidencia belga, ha dicho que está a favor de esta cuestión, pero por qué el Consejo Europeo, en sus tres últimas cumbres, se limitó a señalar que recomendaba un estudio de viabilidad a escala mundial, pero no a escala europea. ¿Por qué no? ¿Es que el Consejo no ve el callejón sin salida al que usted dirige este asunto? Se lo voy a preguntar una vez más, señor Barroso: ¿cuándo va a cumplir el señor Šemeta con la demanda formulada por este Parlamento a principios de este año, es decir, que también queremos un estudio de viabilidad para Europa? Si usted presenta un dictamen sobre este asunto, esta Cámara se llenará y le escucharemos. Pero no siga evitando esta cuestión durante más tiempo. Sólo para Europa, hablamos de 200 000 millones de euros al año. Pregunte a los diputados que pertenecen a la Comisión de Presupuestos acerca de las pequeñas cantidades insignificantes por las que están discutiendo ahora mismo con el Consejo. Podríamos avanzar con una iniciativa. Debemos insuflar vida a los documentos, y entonces la chispa volverá a prender. Eso es lo que esperamos de usted.

 
  
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  Marielle De Sarnez, en nombre del Grupo ALDE.(FR) Señor Presidente, da igual el número de cumbres y reuniones que se celebren: si Europa no adopta un enfoque ofensivo común, no tendrá ningún peso, y el próximo G-20 será simplemente una confrontación entre China y los Estados Unidos, de la que inevitablemente saldremos perdiendo. No obstante, los problemas no escasean.

Mientras la zona del euro experimenta sus propias dificultades, que requieren respuestas sólidas de manera interna, el sistema monetario internacional atraviesa un período muy crítico, que se suma a nuestras dificultades y genera una competencia para Europa tan desestabilizadora como injusta. Esa es la primera cuestión. Los europeos deben presentar ante el G-20 una serie de planes para un nuevo orden mundial monetario, basado en una unidad de cuentas a partir de una cesta de divisas que incluya, en particular, el dólar, el euro y el yuan.

De manera similar, tendremos que volver a examinar la cuestión de la regulación financiera. Los compromisos para luchar contra los paraísos fiscales todavía no se han visto reflejados en la práctica, y la actividad de las agencias de calificación crediticia sigue sin controlarse. Ello resulta especialmente lamentable porque existen otros desafíos, como la regulación de los mercados de materias primas: fósiles, minerales y agrícolas. En este sentido, le ofrezco una sugerencia. Creo que, sobre esta cuestión, los europeos debemos proponer la creación de una organización mundial de las materias primas.

De hecho, existe un riesgo real para la economía mundial derivado de la escasez organizada por determinados países productores, y en este punto estoy pensando en China. Además, la especulación sobre las materias primas agrícolas es profundamente inmoral, ya que, para los países en desarrollo, añade a los peligros del cambio climático un riesgo adicional de hambruna.

En relación con todas estas cuestiones importantes, claramente relacionadas con el equilibrio mundial, considero lo siguiente: creo que la Presidencia francesa sólo será verdaderamente útil si se ubica, desde el principio, en un marco europeo.

 
  
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  Patrick Le Hyaric, en nombre del Grupo GUE/NGL. – (FR) Señor Presidente, Señorías, el alcance de la crisis mundial y los imperativos sociales y ambientales exigen una acción decidida de la Unión Europea en el G-20, que surja de las declaraciones de intenciones sobre la regulación de las finanzas internacionales.

En primer lugar, las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio no deben convertir el mundo en una jungla capitalista, sino que deben aplicar normas sociales, ambientales y de creación de empleo al sistema de comercio. Estas negociaciones deben combatir la plaga del desempleo, que actualmente afecta a más de 250 millones de personas en todo el planeta, poniendo fin a las políticas de austeridad actuales.

Desde una perspectiva opuesta, deben abolirse los paraísos fiscales, y debe inventarse un mecanismo para gravar los movimientos de capitales, debe crearse un fondo internacional para estabilizar los precios de las materias primas, empezando por los precios de las materias primas agrícolas, debe revisarse el sistema monetario internacional, dotar de un nuevo papel al Fondo Monetario Internacional en los ámbitos del empleo y el desarrollo humano sostenible y crear una moneda mundial universal para cuestionar la norma del dólar.

De manera similar, debe ponerse freno a este escándalo de que las agencias de calificación crediticia sean sus propios jueces, en beneficio exclusivo de los bancos. La gente debe poder dar su opinión sobre todas estas cuestiones que les afectan.

 
  
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  Georgios Papanikolaou (PPE).(EL) Señor Presidente, los anuncios de los resultados de la Cumbre del G-20 han sido importantes, no cabe duda; sin embargo, una segunda lectura plantea cuestiones importantes sobre determinados puntos.

Para ser precisos, veinte países desarrollados enviaron una advertencia estricta a todos los países que están aplicando políticas económicas descoordinadas, y todo ello en un momento en que los Estados Unidos aplican una política económica, con una expansión monetaria cuantitativa, los Estados miembros de la Unión Europea aplican otra distinta, optando en este momento por la austeridad, y China aplica una tercera, elegida para mantener su moneda devaluada.

Por tanto, lo que intento comprender es lo siguiente: ¿qué sentido tiene una declaración de este tipo y a quién va destinada en última instancia? Me resulta muy difícil creer que este mensaje va dirigido a los países de poca importancia para la economía mundial. Sin embargo, si el G-20 realizó dicha declaración en su propio beneficio, entonces realmente debemos plantearnos si estamos ante un problema muy grave de conspiración política en un momento económico en que se requiere una reacción inmediata.

 
  
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  Charles Goerens (ALDE).(FR) Señor Presidente, mi pregunta iba dirigida inicialmente al señor Barroso, pero, dado que no está presente, quiero planteársela a la Presidencia belga.

Hoy en día, es posible realizar un dumping comercial sin incumplir las normas antidumping de la Organización Mundial del Comercio (OMC). En efecto: con una moneda devaluada de manera crónica se llega al mismo resultado. Incluso aunque empecemos a combatir, aunque tímidamente, la cuestión de las devaluaciones de la moneda para ganar en competitividad, queda pendiente la pregunta de qué resulta aceptable para la Unión Europea.

Mi pregunta a la Presidencia belga es la siguiente: si el G-20 fracasa en su intento de poner fin al desorden monetario, ¿creen ustedes que las negociaciones de la OMC podrían salir indemnes?

 
  
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  Nikolaos Salavrakos (EFD).(EL) Señor Presidente, en mi opinión, la Cumbre del G-20 de noviembre no tuvo resultados importantes. Se demostró una vez más que los Estados Unidos están en una posición de privilegio y que China está intentando asegurarse un lugar en la escena internacional.

Como todos sabemos, la crisis económica mundial que comenzó en 2007 estalló cuando, uno a uno, los bancos de inversión del Reino Unido se encontraron con problemas de liquidez. Como hemos visto —y como todo el mundo sabe— la administración de los Estados Unidos se vio obligada a imprimir más dinero: 700 000 millones de dólares en una primera etapa y más de 600 000 millones en una segunda etapa muy reciente.

En contraste con esta respuesta a las cuestiones monetarias por parte de los Estados Unidos, Europa en general, y la zona del euro en particular, se mantuvieron fieles al principio de disciplina presupuestaria, a una política de estricto control monetario, dejando así margen para que los mercados acometieran juegos especulativos a expensas de las economías menos fuertes de Europa en general y la zona del euro en particular.

Propongo que se examine la cuestión de la emisión en Europa de dinero nuevo, sea en forma de billetes bancarios o de eurobonos.

 
  
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  Michel Dantin (PPE).(FR) Señor Presidente, nuestros conciudadanos poseen expectativas sobre nosotros, poseen expectativas sobre Europa en relación con la cuestión de la gobernanza mundial. Tenemos que ser una fuerza proactiva, debemos ser una fuerza decisiva. Esta mañana, varios oradores han señalado que la Presidencia francesa del G-20 podría representar una oportunidad para Europa. Yo comparto sin ninguna duda esta opinión, y creo que nuestro Parlamento debe ser informado periódicamente de la marcha de los trabajos del G-20 por la propia Presidencia. Entiendo que el Presidente de la República Francesa estaría dispuesto a asistir aquí para dirigirse a nosotros. Señor Presidente, creo que usted debería invitarle a que así lo haga.

 
  
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  Andris Piebalgs, Miembro de la Comisión. – Señor Presidente, definitivamente, el G-20 es una formación muy particular, en la que todas las decisiones deben tomarse por consenso. Pero, tal y como han destacado nuestro Presidente de la Comisión y el Presidente belga, el proceso está avanzando y me limitaré a abordar uno de los temas, a saber, la tributación del sector financiero.

Incluso aunque no haya habido un gran avance, se acordó seguir trabajando en materia de financiación innovadora bajo la Presidencia francesa. La Unión Europea está dispuesta a apoyar los trabajos del G-20 para explorar y desarrollar un impuesto sobre las transacciones financieras a escala mundial. Como ya he dicho, el G-20 trabaja basándose en el consenso y, en este momento, muchos socios del G-20 no comparten nuestra visión sobre este asunto, pero vamos a seguir trabajando para lograr un consenso.

Mientras tanto, tenemos que trabajar en otras formas de garantizar que el sector financiero contribuya de manera equitativa con medidas como el impuesto de actividades financieras. El 7 de octubre de 2010, la Comisión expuso su opinión sobre este asunto y perseguirá los siguientes objetivos. En primer lugar, debemos asegurarnos de que el sector financiero contribuya de manera equitativa a las finanzas públicas. Ello es particularmente importante, dado el apoyo que recibió durante la crisis. En segundo lugar, debemos asegurarnos de que cualquier impuesto que introduzcamos ofrezca unos beneficios reales y de que permita recaudar unos ingresos importantes sin poner en peligro la competitividad de la UE. En tercer lugar, debemos asegurarnos de que el mosaico de impuestos nacionales divergentes sobre el sector financiero no genere nuevos obstáculos para el mercado único.

Sobre esta base, la Comisión ha propuesto un enfoque doble con respecto a la fiscalidad del sector financiero. Un impuesto sobre las actividades financieras parece el mejor modo de abordar esta cuestión en la UE. Gravar los beneficios y los salarios del sector financiero podría asegurar una fiscalidad justa para este sector, a la vez que generaría unos ingresos muy necesarios. Además, un impuesto sobre las actividades financieras podría plantear menos riesgos para la competitividad de la UE que los que podrían derivarse de otras herramientas fiscales si se introdujeran de manera unilateral.

Debe promoverse un impuesto sobre las transacciones financieras a escala mundial. Un impuesto sobre las transacciones internacionales en el sector financiero globalizado es el mejor modo de financiar los objetivos internacionales en ámbitos como la ayuda al desarrollo y el cambio climático. Con la elección correcta del impuesto y su adecuada aplicación, podríamos contar con una nueva e importante fuente de ingresos, manteniendo nuestra competitividad.

La Comisión se propone continuar trabajando sobre estas opciones con el fin de presentar iniciativas políticas en 2011. El primer paso será una evaluación de impacto sobre una fiscalidad del sector financiero que abarque las ideas que hemos expuesto. En este sentido, también tendremos en cuenta el análisis de los Estados miembros. Antes de presentar cualquier propuesta, será importante evaluar el impacto acumulativo de la nueva reglamentación y los posibles impuestos y gravámenes bancarios sobre las instituciones del sector financiero.

Por mi parte, también quiero mencionar algo que es muy importante: el G-20 incorporó de manera clara a su agenda una serie de objetivos de políticas de desarrollo. Creo que es una señal en el sentido de que el proceso del G-20, con la determinación adecuada por parte de la Unión Europea, podría generar beneficios en interés de los ciudadanos.

 
  
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  Olivier Chastel, Presidente en ejercicio del Consejo. – (FR) Señor Presidente, señor Comisario, Señorías, para concluir este debate, quiero comenzar, en términos generales, diciendo una vez más que, en vísperas de las reuniones del G-20, dejamos muy claro que era importante para la Unión alcanzar un resultado satisfactorio en un gran número de cuestiones, y que teníamos que trabajar para garantizar que el G-20 se mantuviera, ante todo, como un foro creíble y legítimo, capaz de producir resultados concretos, como decía hace un momento, y de dar un impulso político coordinado a la globalización, de manera que la Unión, en particular, pueda hacer oír su voz en este contexto. Sin restar importancia a las dificultades —y muchos de ustedes se han referido a estas dificultades—, creo que la Unión ha cumplido con sus obligaciones y que la labor de las instituciones europeas y de los países de la Unión que participan en estos debates del G-20 puede considerarse satisfactoria.

La de Seúl fue la quinta cumbre en dos años, y se puso sobre la mesa un gran número de compromisos colectivos. Muchos de estos compromisos han tenido resultados positivos en términos de crecimiento económico y estabilidad financiera mundial, a pesar de que esta labor dista claramente de haber concluido.

En el seno de la Unión, y como continuación de lo que la Comisión acaba de decirnos acerca de los gravámenes bancarios y del impuesto sobre las transacciones financieras, las conclusiones del Consejo Europeo de 29 de octubre señalan claramente que los trabajos sobre estas dos cuestiones deben continuar, tanto dentro de la Unión como en cuestiones de ámbito internacional. Sobre la cuestión de los gravámenes, hay un consenso creciente sobre la base y el espíritu de dichos gravámenes. Todavía no hay consenso sobre el objetivo ni el uso de los ingresos.

Mientras tanto, los Estados miembros están en proceso de crear unos sistemas nacionales que difieren entre sí considerablemente. Por tanto, a corto plazo, tendremos que introducir un nivel mínimo de coordinación, y, a medio plazo, avanzar hacia un marco de resolución que armonice en mayor medida las estructuras de resolución de crisis, especialmente sobre la base de las propuestas legislativas de la Comisión. Sobre esta base, el Consejo Europeo de octubre llegó a la conclusión de que los diferentes sistemas de gravámenes actualmente existentes deben coordinarse en mayor medida, y se invitó al Consejo de Economía y Finanzas a que presente conclusiones en el Consejo Europeo de diciembre.

Por último, en cuanto al impuesto sobre las transacciones financieras que la Comisión acaba de mencionar, el Consejo Europeo instó al Consejo y, por tanto, al Consejo de Economía y Finanzas, a que analizase modos en los que hoy día podríamos considerar las diversas opciones para la abolición de los paraísos fiscales y la evasión fiscal, y el Consejo de Economía y Finanzas delegó en el Grupo de alto nivel del Consejo la tarea de analizar estas complejas cuestiones.

 
  
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  Presidente. – Se cierra el debate.

Declaraciones por escrito (artículo 149 del Reglamento)

 
  
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  Ioan Mircea Paşcu (S&D), por escrito. – Nuestra arquitectura institucional internacional en materia económica y financiera —que data del final de la guerra— está actualmente bajo una fuerte presión. Un sistema internacional profundamente cambiante y la crisis mundial están tensándola hasta el límite, obligándola a adaptarse a las nuevas circunstancias. Además, se están creando nuevas instituciones para dar respuesta a este nuevo escenario, como el G-20. Sin embargo, en este caso se trata fundamentalmente de un organismo intergubernamental, cuyas decisiones, que nos afectan a todos, tienen que aplicarse a escala nacional. Por ello es importante que sus decisiones tengan en cuenta los intereses no solo de sus miembros, sino de todos nosotros.

Desde esta perspectiva, resulta alentador comprobar que la Cumbre de Seúl hizo hincapié en la cooperación y la colaboración entre los miembros, garantizando así la aplicación de las decisiones, y que se evidenció la resolución de llevar a cabo cambios estructurales fundamentales y de promover el crecimiento a través de la creación de empleo, sin perder de vista las necesidades del mundo en desarrollo. Esperemos que la UE, como tal, se beneficie de las decisiones de un organismo en el que sólo participan algunos de sus miembros, y que se beneficien, asimismo, los países de fuera de la zona del euro.

 
  
 

(Se suspende la sesión a las 11.55 horas)

(De las 11.55 a las 12.10, el Parlamento se reúne con ocasión de la entrega del premio LUX)

(Se reanuda la sesión a las 12.05 horas)

 
  
  

PRESIDE: Edward McMILLAN-SCOTT
Vicepresidente

 
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