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Debates
Quarta-feira, 13 de Dezembro de 2017 - Estrasburgo Edição revista

9. Entrega do Prémio Sakharov (Sessão solene)
Vídeo das intervenções
PV
 

El Presidente – Señorías, señoras y señores. Es un honor recibir, en nombre del Parlamento Europeo, a los ganadores del Premio Sájarov 2017.

(La Asamblea, puesta en pie, recibe con aplausos a los galardonados.)

Quisiera empezar saludando a los finalistas de este año. La señora Aura Lolita Chávez Ixcaquic, líder indígena guatemalteca que ha dedicado su vida a la defensa de los territorios indígenas y las comunidades marginadas.

(Aplausos)

El compromiso del Parlamento Europeo con la protección de grupos étnicos en condiciones de vulnerabilidad y los derechos de los pueblos indígenas es imprescindible. Por tanto, pedimos al Gobierno de Guatemala que asegure la protección de la señora Chávez, exiliada en España, y del pueblo maya en su conjunto.

(Aplausos)

Quiero saludar también la presencia de Bethlehem Isaak. Usted ha venido a Estrasburgo para representar a su padre, Dawit Isaak, que no puede estar presente ya que sigue en prisión. Se decidió nombrar finalista al escritor sueco- eritreo, encarcelado en 2001 en Eritrea sin haber sido sometido a juicio, porque ejerció su derecho a la libertad de expresión en un país donde no hay prensa libre.

(Aplausos)

El Parlamento Europeo pide a las autoridades de Eritrea que lo liberen y que pongan fin a la persecución sistemática de la libertad de expresión pacífica.

Bienvenidos al Parlamento Europeo y gracias por estar con nosotros hoy.

(Aplausos)

Señorías, señoras y señores, ahora vamos a ver una pequeña película sobre el galardonado este año, la oposición democrática de Venezuela.

(Se proyecta el vídeo.)

El Premio Sájarov a la libertad de conciencia representa un momento muy importante para nosotros. Ponemos de lado las divisiones políticas para juntarnos en la prioridad fundamental de este Parlamento: la promoción de los derechos humanos. Desde los primeros ganadores, este galardón es un homenaje a personas u organizaciones que han dedicado sus vidas o acciones a la defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales.

Se ha convertido en la máxima distinción de la Unión Europea para los defensores de los derechos humanos. Con esta ceremonia cada año mandamos un mensaje fuerte al mundo. Pero a veces no es suficiente. Los galardonados siguen en situación de peligro.

Quiero recordar a algunos de ellos: Hu Jia, activista chino; Raif Badawi, bloguero de Arabia Saudí; Razan Zaitouneh, activista de la Primavera Árabe. Se han convertido en símbolo e inspiración para aquellos que luchan en favor de los derechos fundamentales.

Este año el Premio Sájarov ha sido concedido a la oposición democrática de Venezuela, en particular a la Asamblea Nacional, presidida por Julio Borges, y a los presos políticos de la lista del Foro Penal Venezolano representados por Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, Yon Goicoechea, Lorent Saleh, Alfredo Ramos y Andrea González.

Pero, como hemos visto en estas imágenes, más allá de la oposición democrática, el premio es para todos los venezolanos del mundo.

(Aplausos)

Saludo a una parte de la diáspora de este país aquí presente.

(Aplausos)

Es la primera vez que una institución, la Asamblea Nacional venezolana, gana este galardón. Como todos los parlamentos del mundo, incluso el nuestro, es el símbolo de la democracia y de la diversidad de opinión.

Presidente Borges, el Parlamento Europeo siempre reconocerá a la Asamblea Nacional, democráticamente elegida por el pueblo de Venezuela. Al ortorgar este premio defendemos las constituciones, las instituciones, la separación de poderes. Esta es la base de la democracia, así como la libertad de expresión.

Hoy tenemos con nosotros a representantes de algunos de los presos políticos. Saludo su presencia, así como la de Antonio Ledezma, sentado a mi lado.

(Aplausos)

Pero no hay que olvidar a los demás. Según el Foro Penal, son casi trescientos. Este premio es igualmente para ellos. A este propósito, voy a mandar una carta para todos los presos de Venezuela. Más allá de los presos, no olvidemos a las ciento treinta personas asesinadas, muchas de ellas jóvenes, en las protestas callejeras de este año en favor de la libertad.

El Parlamento Europeo, en diversas resoluciones, ha condenado siempre la represión brutal ejercida por las fuerzas de seguridad venezolanas contra los manifestantes pacíficos. La situación de los derechos humanos se deteriora cada día más en este país. El pasado fin de semana el presidente Maduro decidió de manera arbitraria y antidemocrática prohibir a los principales partidos de la oposición presentarse a los comicios presidenciales.

Esta situación no puede seguir así. Por este motivo, se ha decidido entregar el Premio Sájarov a la oposición democrática de Venezuela.

(Aplausos)

Queremos que el país regrese a la democracia, a la dignidad, a la libertad. El objetivo es solucionar la crisis económica y humanitaria a la cual se enfrenta el pueblo de Venezuela y que tiene repercusiones regionales con flujos de refugiados importantes; favorecer el regreso a la libertad de expresión para las personas y los medios de comunicación; liberar a los presos políticos arrestados de manera arbitraria e injustificada y encarcelados sin juicio; hacer que la diáspora se pueda beneficiar de sus pensiones; volver a elecciones libres, con la participación de todos, para que el pueblo pueda decidir su futuro.

El Parlamento Europeo está dispuesto a ayudar con una misión de observación electoral junto a otros actores internacionales. Este es nuestro deseo y esperamos que el Premio Sájarov contribuya a esto.

Concluyo. Es un placer y un honor entregar a la oposición democrática de Venezuela el Premio Sájarov a la libertad de conciencia 2017.

Presidente Borges, señor Ledezma, tienen ustedes la palabra.

(Aplausos)

 
  
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  Julio Borges, representante de la oposición democrática de Venezuela galardonada con el Premio Sájarov 2017. – Señor presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, honorables miembros del Parlamento Europeo, respetables asistentes e invitados, delegación de Venezuela que nos acompaña a recibir este premio el día de hoy, amigas y amigos.

Sin duda, no es fácil hablar cuando se tienen los labios tan cerca del corazón como en este momento, pero quiero transmitirles a todos ustedes que, desde que unos navegantes llegaron a suelo americano hace siglos, Europa y Venezuela han tenido una relación de ida y de vuelta.

Aunque algunos pretendan cambiar la historia, estamos hermanados desde entonces.

Hoy a los venezolanos nos toca agradecer a Europa, ¡a ustedes!, que nos hayan tendido una mano amiga en las que, sin duda, son las horas más oscuras de nuestra historia republicana como nación. Esa es la misma mano que los venezolanos ofrecimos en el siglo XX a miles y miles de europeos que emigraron con las cicatrices de la guerra en sus almas y en sus cuerpos. Entre ellos, mis propios padres y mis abuelos.

Algunos han retornado a sus lugares de origen, expulsados por los devastadores efectos del llamado «socialismo del siglo XXI» que se ha pretendido instaurar en mi país. Y, tristemente, los jóvenes venezolanos también han dejado atrás su tierra con la esperanza de encontrar en Europa, y en otros rincones del mundo, el futuro y la oportunidad que el Gobierno de Venezuela les ha arrebatado.

Este viaje de ida y de vuelta, esta historia común entre América y Europa nos ha traído hasta acá. El Parlamento Europeo hoy reconoce la valiente e incansable lucha de la oposición del pueblo venezolano al otorgarle el Premio Sájarov a la oposición democráticamente representada en la Asamblea Nacional ―la cual tengo el honor de presidir— y a todos los presos políticos que hay en mi país.

Quisiera, por favor, que les diéramos un aplauso a quienes nos acompañan: Antonieta y Leopoldo López, padres de mi amigo personal Leopoldo López; Antonio Ledezma, quien tuvo que huir de Venezuela, de la prisión injusta a la cual fue sometido; Patricia de Ceballos, esposa de Daniel Ceballos, quien lleva casi cuatro años privado de libertad; además de los familiares y representantes de Lorent Saleh, su madre, Yamile; José Ignacio Guédez, representante del alcalde Alfredo Ramos, y Alejandra González, hermana de Andrea González, presa desde hace tres años y ciudadana española, además; igualmente, a Yon Goicoechea y a los miles y miles de exiliados de Venezuela.

(Aplausos)

Recibimos esta distinción con profundo agradecimiento. La acoge todo el país. La hace suya Venezuela entera y unida. Es un reconocimiento para la madre que se priva de alimentos para salvar a sus hijos; para el niño que hurga en la basura intentando saciar el hambre; para el abuelo que muere de mengua por la escasez de medicamentos. Lo recibe también ese joven que hoy ha emigrado desesperado por buscar oportunidades en otras latitudes. Recibe también este premio el maestro que vence la ceguera ideológica y se aferra a la tarea de formar hombres y mujeres libres para Venezuela. Lo reciben quienes luchan por los derechos humanos en Venezuela. Lo reciben los periodistas venezolanos, que se arriesgan toda la vida para mostrar la realidad que pretende ser silenciada. Esta distinción también atraviesa los barrotes de los calabozos en los que están detenidos injustamente más de trescientos cincuenta jóvenes venezolanos. Ellos y su lucha también están reconocidos y están presentes con nosotros el día de hoy.

(Aplausos)

Pero, de manera especial, el Premio Sájarov honra la memoria de ciento cincuenta y siete venezolanos asesinados por la represión brutal del gobierno durante las protestas pacíficas que realizamos durante este año 2017.

Cuando Andréi Sájarov fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1975 no pudo recibirlo personalmente. Se encontraba a las afueras de un tribunal lituano, esperando la injusta sentencia que marcaría la vida de su amigo, el científico Serghey Kovalyev. En el discurso de aceptación del Premio Nobel, que leyó su esposa, estaban los nombres de más de un centenar de presos políticos y exiliados. Su esposa pidió disculpas por los que no recordó, pero aseguró algo importante. Ella dijo: «Cada nombre, mencionado o no, representa un destino humano concreto, duro y heroico, de años de sufrimiento, años de lucha por la dignidad humana». Estas palabras, sin duda, remueven hoy el alma de cada venezolano y resumen la persistencia de la lucha que tenemos y tendremos hasta lograr la victoria democrática en el país.

(Aplausos)

Estoy convencido de que nuestro noble desafío no le es ajeno a Europa. A ustedes, honorables eurodiputados, no les resulta extraña la pelea que estamos dando en Venezuela contra la dominación y el miedo. En pleno siglo XXI, los venezolanos resistimos y nos enfrentamos a un Estado totalitario, una segunda Cuba pero con las reservas de petróleo, gas y oro más grandes de Occidente. Puedo asegurar que nosotros, al igual que ustedes hace décadas, estamos determinados a persistir y a vencer esa perversa pretensión de colonizar la conciencia de cada venezolano.

El régimen ha secuestrado la democracia en mi país. Instauró el hambre para administrar la miseria. Destruyó el sistema de salud para gestionar la muerte. Expropió miles de empresas para repartir miseria. Adoctrinó las aulas para ofrecer ignorancia.

A diferencia de la socialdemocracia, el socialismo del siglo XXI es una versión renovada e igual de traumática que el socialismo real que ustedes padecieron durante décadas. Y aunque esté condenado al fracaso, se ha constituido en el mayor obstáculo para la paz, el progreso y los derechos humanos en Venezuela.

(Aplausos)

La imposición de este sistema en nuestra nación ha causado destrucción y miseria sin precedentes. Por favor, escuchen con atención lo siguiente. Tras haber vivido la mayor bonanza petrolera de su historia durante los últimos años, la economía venezolana acaba de entrar en un traumático proceso de hiperinflación: este año el costo de los alimentos llegará al 2 000 %. Dicho de otra forma, en Venezuela basta que transcurran unas horas para registrar la inflación que los países europeos acumulan en varios años. El hambre se instauró como sistema político en Venezuela. El 75 % de los venezolanos ha perdido diez kilos, por persona, en los últimos meses y, por si fuera poco, los estudios oficiales demuestran que cuatro de cada diez niños sufren algún tipo de desnutrición. La muerte también avanza en las farmacias: de cada diez medicamentos nueve no se consiguen y las personas con enfermedades crónicas están sentenciadas a muerte.

La tragedia es evidente y dolorosa. Solo la soberbia de quienes conciben el poder como una forma de dominación desconoce esta realidad y la subestima, hasta el punto de cerrar las puertas a muchos países como ustedes, que generosamente nos han ofrecido alivio.

Hoy quiero reiterarlo frente a Europa: la apertura de la cooperación humanitaria de alimentos y medicinas es urgente para Venezuela. Es una exigencia que clama al cielo y que hemos presentando en todas las instancias nacionales e internacionales. Y, de manera increíble, el Gobierno de Nicolás Maduro se niega a la cooperación de medicinas y alimentos para el pueblo.

Más temprano que tarde la larga lucha por la dignidad referida por Sájarov dará sus frutos y nos permitirá reconquistar la libertad. Nos aferramos también a lo que decía nuestro Rómulo Gallegos, gran libertario y presidente de Venezuela. «El mal es temporal» —decía Gallegos—, «pero la verdad y la justicia imperan siempre».

Lejos de lo que desean quienes pretenden dominarnos, quienes estamos acá y quienes estamos en Venezuela sufriendo no estamos llenos de odio. Y por ello, quiero compartir con ustedes lo que considero uno de nuestros grandes triunfos: no guardamos rencor a quienes han hecho tanto daño a Venezuela. Casi a diario nos empujan a odiarlos, pero no han logrado hacerlo ni lo vamos a hacer. Pero tampoco perdemos la esperanza ni dejaremos de luchar hasta que veamos una Venezuela libre y de todos los venezolanos.

(Aplausos)

La situación de nuestra Venezuela es difícil. Nos urge concretar un cambio político hacia la democracia para enfrentar esta terrible crisis humanitaria creada por el régimen que les acabo de describir. No hemos dejado de levantar nuestra voz pese al efecto distorsionante de la censura y la propaganda. Nos mantenemos firmes en todos los espacios y en todos los terrenos posibles. Por eso, acudimos a la comunidad internacional, a ustedes, al mundo libre, para invocar los principios de justicia social internacional y encontrar caminos que contribuyan al rescate democrático de mi país. Por eso luchamos en las calles, en la Asamblea, en el campo internacional, protestando pacíficamente por recuperar la democracia en Venezuela.

En nuestra memoria aún están nítidas las imágenes de la brutal represión que las fuerzas de seguridad del Estado desplegaron contra ciudadanos desarmados. Muchos de ellos jóvenes, que hoy están presos y que no superan los veinte años. Las armas de la República se dedicaron a enlutar a ciento cincuenta y siete hogares venezolanos. Esas armas no deben usarse para resolver lo que podemos dirimir a través de la palabra y el voto, que es el vehículo para que millones de venezolanos se puedan expresar.

El voto ejercido en libertad es una declaración de independencia. Por eso, estamos obligados a rescatarlo. En los próximos meses debe haber una elección presidencial en Venezuela y le pedimos a Europa y al mundo libre que pongan toda su atención en estos comicios. Tenemos el desafío de recobrar condiciones electorales que permitan a los venezolanos expresarse libremente en las urnas, sin chantajes, sin presiones de ninguna índole, sin represión, y que su voluntad sea respetada. Es una lucha que nos convoca a todos y exige lo mejor de todos nosotros.

Por eso, tomamos con alegría las palabras del presidente Antonio Tajani y pedimos formalmente que una misión electoral del Parlamento Europeo acompañe estas elecciones que deben darse en Venezuela, para que sean unas elecciones libres y pueda haber una transición democrática en mi país.

Honorables eurodiputados, son tiempos difíciles, pero vemos el futuro con esperanza. Anhelo el momento en que se abran las celdas, regresen los exiliados y nos abracemos todos los venezolanos, lloremos de alegría y trabajemos juntos para que se respete la Constitución, tengamos Estado de Derecho y una democracia plena de oportunidades.

Amigos de Europa, se acerca la Navidad y muchos hogares venezolanos recibirán al Salvador en medio de graves carencias materiales, sin nada que comer. Seguramente, con la misma humildad, fe y amor que María Santísima y su esposo San José lo hicieron hace más de dos mil años en Belén. En nombre de ellos, de quienes más sufren, de quienes merecen un futuro de oportunidades en Venezuela, recibo con humildad este premio, que se ha conferido a nuestro indomable amor por la paz, la democracia, la justicia, el progreso y los derechos humanos.

En nombre del pueblo venezolano, ¡muchas gracias a todos ustedes!

(Aplausos)

 
  
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  Antonio Ledezma, representante de la oposición democrática de Venezuela galardonada con el Premio Sájarov 2017. – Señor presidente Tajani, honorables integrantes del Parlamento Europeo. Debería estar empinado en esta tribuna ante ustedes con una sonrisa dibujada en mi rostro, pero ni siquiera tengo fuerzas para simularla y, parafraseando a Sájarov, repito como él las palabras que pronunciaron los labios de su abnegada e incondicional esposa cuando, en el momento de recibir el Premio Nobel en 1965 —como nos recordó nuestro compañero Julio Borges—, dijo, en nombre de su marido, «que no podía estar contento y feliz recibiendo ese premio sabiendo que en su patria había presos de conciencia».

Pues bien, no puedo estar feliz ni contento recibiendo este premio sabiendo que en las mazmorras de Venezuela permanecen privados injustamente de su libertad más de trescientos presos políticos.

Sájarov, tú que estás presente espiritualmente en este sagrado recinto, permíteme saludarte y agradecerte en nombre de la humanidad tu vida consagrada a la defensa de la paz, del progreso y de los derechos humanos de los seres que pueblan esta tierra y ratificar, en nombre de la ciudadanía venezolana que hoy, por supuesto, se engalana orgullosamente con esta distinción, que lo recibimos con la humildad que ha caracterizado a nuestro pueblo, pero también con la gallardía y el coraje que ha puesto en la vitrina de nuestro país como ejemplo de lucha tenaz ese pueblo en cuyo nombre recibimos este laurel.

Este premio lo queremos convertir en flores. Que este trofeo lo convirtamos en flores para llevarlo a la tumba de Franklin Brito. Un hombre cuyos días postreros los vivió en un catre, donde murió protagonizando una huelga de hambre, defendiendo la tierra que le había sido usurpada.

Y en la cara y en el rostro y en el nombre de Franklin Brito veo a los campesinos, a los agricultores, a los ganaderos venezolanos que han sufrido los embates del autoritarismo porque sus predios, sus fincas, su propiedad privada han sido una y otra vez invadidos.

Este trofeo lo convertimos en flores para llevarlo a las tumbas de más de 350 000 venezolanos cuyos hogares están enlutados. Venezolanos como los que el año pasado, más de 29 000 ciudadanos, perdieron la vida a manos del hampa en un país donde ha desaparecido el Estado de Derecho y no funciona el imperio de la ley sino el capricho de gobernantes que han pulverizado las reglas del juego destinadas a garantizar la convivencia en una sociedad de espíritu democrático como es la venezolana.

Este premio estará en las tumbas de los jóvenes escuderos que —como decía Julio— derramaron su sangre en las calles de Caracas y de todos los pueblos del país para dibujar nuestro mapa sentimental. Jóvenes que no llegaban a coronar los veinte años de edad; que lucharon por una democracia que no llegaron a conocer. Para esos jóvenes invoco en este recinto una oración póstuma como un homenaje a quienes supieron defender los ideales que no se pactan y que no jugaron con la conciencia de un pueblo que hoy recibe orgulloso este laurel para continuar luchando por la libertad y la democracia venezolana que fue cátedra para América Latina.

(Aplausos)

Este es un homenaje para los niños que en Venezuela mueren de hambre. Este es un homenaje para los seres humanos que han dejado de existir simplemente porque no tienen a la mano un medicamento. Y esto ocurre en un país inmensamente rico. Ha hablado Julio Borges de la Venezuela pujante en cuyas entrañas está la reserva petrolera más grande del mundo.

Pero resulta que un país cuyo Gobierno ha administrado en los últimos años más de 1 500 millones de millones de dólares, importe diez veces superior al presupuesto asignado a la Unión Europea, hoy exhibe —como vimos en las imágenes que se proyectaron hace algunos minutos— a seres humanos rebuscando en la basura para poder sobrevivir.

Es un pueblo que lucha por su supervivencia. Y para poder ser libres tenemos que tener libertad. Y es la voz de esos presos políticos en cuyo nombre me envió Leopoldo López esta frase o este pensamiento que quiero compartir con ustedes. Dice Leopoldo: «La libertad para quienes viven en democracias saludables es muchas veces un abstracto. Para quienes carecemos de ella es tan vital como el oxígeno. Le pedimos a Europa que se mantenga firme en su compromiso para lograr la libertad de más de trescientos presos y de treinta millones de venezolanos que hoy no respiramos libertad».

(Aplausos)

Esta es la reflexión de todos los presos políticos. Es la reflexión de un pueblo que quiere resolver sus dificultades por la vía cívica y democrática. Por eso, propusimos el año pasado un referéndum constitucional. Un camino cívico, democrático, legal, para dirimir nuestras diferencias. No estamos buscando a Dios por los rincones. No estamos atizando el fuego en los cuarteles o en las guarniciones. Porque, a diferencia de los que hoy ostentan irregularmente el poder en Venezuela, que gobiernan sobre fusiles o sobre bayonetas, pisoteando la Constitución y las leyes de la República, nosotros queremos paz.

Aquí no venimos a buscar venganza sino justicia. Aquí venimos libres de odios y de rencores, porque esos son sentimientos que enferman el espíritu y pervierten el alma. Queremos que Venezuela recupere su libertad y su convivencia. Y hemos querido plantear caminos electorales que el mismo régimen obtura, porque Venezuela está en manos, y lo digo con pesar, de facinerosos que han convertido nuestro Estado en un Estado fallido.

Nos avergüenza que hoy se hable de Venezuela porque hay funcionarios de alto nivel que están relacionados con el narcotráfico. Y lo ha dicho la oficina de Viena que controla las operaciones de narcóticos en este continente: que más del 60 % de la cocaína que ingresa Europa proviene de territorio venezolano. Y los que no están relacionados con el narcotráfico tienen vínculos con el terrorismo internacional. Y los que no están relacionados con el terrorismo o con el narcotráfico están empastelados con escándalos o hechos de corrupción. Más de 600 000 millones de dólares que les han sido birlados a las finanzas públicas están depositados en paraísos fiscales del mundo. Y esa es la paradoja de un país inmensamente rico, con un pueblo sufriendo dentro y con un peregrinaje de más de dos millones de ciudadanos de Venezuela que hoy padecen entre pecho y espalda el dolor de patria ausente.

Por eso, amigas y amigos, este premio nos refuerza. Este premio nos da más energía para seguir luchando por los valores y principios de la democracia que ustedes comparten. Para decirle al mundo que nunca más sufran los pueblos de dictaduras. Que nunca más se hable de torturados o de presos políticos en pueblos que se han vestido de democracia. Que nunca más se hable de divisiones o de fracturas sentimentales. Que abramos camino a la concordia.

Y con palabras del maestro Gallego me despido diciéndoles a ustedes: «Hoy más que nunca estamos convencidos de que tanto más se pertenece uno a sí mismo cuanto más tenga su voluntad y su vida toda puesta al servicio de un ideal colectivo.».

¡Viva Venezuela! ¡Viva la democracia! ¡Viva la libertad del mundo!

(Aplausos)

 
  
 

(La seduta è sospesa alle 12.55)

 
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