Comercio: De la guerra del plátano al panel solar  

 
 

Compartir esta página: 

Filete de carne genéticamente modificada ©BELGA/CPD/SCIENCE  

Las guerras comerciales son siempre el último recurso porque perjudican a todas las empresas de los países implicados. Sin embargo, hay Estados que consideran que compensa recurrir a las restricciones comerciales cuando se trata de cuestiones como la salud. La comisión de Comercio Internacional del Parlamento Europeo debate este 21 de enero sobre actualizar las normas sobre cuándo y cómo la Unión Europea (UE) puede imponer medidas contra la competencia desleal.

La Unión Europea impuso el año pasado aranceles aduaneros adicionales a los paneles solares fabricados en China para contrarrestar que su precio fuera inferior a su coste. Pekín replicó que impondría un alza de los aranceles que debe pagar el vino europeo exportado al gigante asiático. Ambas partes alcanzaron un acuerdo en diciembre según el cual los productores chinos de paneles solares y de sus piezas clave aceptaron un precio mínimo de venta en Europa.


Durante dos décadas, las relaciones entre la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá se han visto enrarecidas por la carne con hormonas, que en Europa se considera como un riesgo potencial para la salud. Ambos países norteamericanos replicaron en 1999 a la prohibición europea con limitaciones en sus importaciones de queso, mostaza y chocolate proveniente de la UE. La disputa se resolvió en 2012 cuando el Parlamento Europeo aprobó un acuerdo para aumentar las importaciones de carne de vacuno sin hormonas proveniente de la otra orilla del Atlántico Norte.


Transgénicos


La salud también fue el origen de las fricciones alrededor de los organismos genéticamente modificados provenientes de EEUU. Los consumidores europeos desconfían de estos alimentos y cultivos, y las autoridades de la UE ralentizaron la aprobación de nuevas variedades. En enero de 2014, el Parlamento Europeo rechazó una variedad de maíz transgénico al considerar que el productor no había demostrado que fuera seguro.


Las importaciones de bananas provocaron un dilatado conflicto comercial con Estados Unidos. Para impulsar las economías de las antiguas colonias de Europa en África, Caribe y Pacífico, sus plátanos no debían pagar aranceles al cruzar la frontera europea. Al mostrarse en contra de esta situación los grandes productores de bananas de América Latina, controlados con frecuencia por empresas estadounidenses, Washington presentó una denuncia ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) e impuso sanciones comerciales a productos europeos como el queso. Europa terminó por rebajar los aranceles para facilitar las importaciones de bananas americanas.


Rusia


En octubre de 2013, los eurodiputados acusaron a Rusia de utilizar el comercio como arma para presionar a Lituania, país que en ese momento desempeñaba la Presidencia semestral del Consejo de la UE. Moscú impuso controles aduaneros discriminatorios a los camiones lituanos, y amenazó con bloquear sus importaciones de productos lácteos, carne y pescado procedentes de Lituania. Algunos eurodiputados aseguraron que el objetivo ruso era zancadillear los esfuerzos de la UE para estrechar sus relaciones comerciales con sus vecinos orientales. Rusia también recurrió a la prohibición de importaciones para intimidar a países como Moldavia y Ucrania y disuadirles de avanzar en sus vínculos con la UE.