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1989 - El año del Milagro

Instituciones - 06-11-2009 - 13:02
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Manifestación multitudinaria organizada por Solidaridad en Varsovia el 1 de mayo de 1989 ©BELGA_AFP_DRUSZCZ WOJTEIC

Manifestación multitudinaria organizada por Solidaridad en Varsovia el 1 de mayo de 1989 ©BELGA_AFP_DRUSZCZ WOJTEIC

Una década es un periodo que va más allá del horizonte político. Cuando el primer Parlamento Europeo electo se reunió en 1979, la estructura bipolar del confrontado mundo diseñado por el tratado de Yalta se daba por descontada. Era un mundo dividido, con la imaginación limitada, sin "tierra de nadie". Pero 1989 nos cogió por sorpresa y, con gran alegría, no podíamos ni creer que se avecinaba una nueva era de libertad para Europa, para una Europa unida.

Tras un intervalo de medio siglo, la democracia pudo ser restituida, el Muro derruido y el "Telón de Acero" desmantelado. Y de esta forma se acabó el viejo mundo. Hoy, Europa celebra unida el vigésimo aniversario del año que trajo la libertad y la democracia a millones de personas en nuestro continente.
 
Hemos hablado con los testigos de aquellos sucesos de 1989. Ellos contemplaron la caída del Muro desde sus dos lados: el de gris y el de los grafittis. Sus recuerdos resucitan la eléctrica atmósfera de aquellos tiempos.
 
 
 
 
Ref.: 20091030FCS63488

1989, el año que marcó la historia de Europa

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11 de noviembre de 1989: caída del muro de Berlín ©BELGA_AFP_GERARD MALIE

11 de noviembre de 1989: caída del muro de Berlín ©BELGA_AFP_GERARD MALIE

Hace dos décadas el imperio soviético establecido en Europa central y oriental se derrumbaba. La gente salió a las calles, y el Primer Ministro soviético Mikhail Gorbachev desautorizó el uso de la fuerza para frenar las protestas. Hoy en día, los países que hasta entonces estuvieron al otro lado del muro de Berlín se han ido adhiriendo a la Unión Europea. Este artículo repasa algunos de los principales acontecimientos de aquel año trascendental, 1989.
 
Los disturbios contra el régimen soviético que tuvieron lugar en Berlín en 1953 y el levantamiento húngaro de 1956 dejaron claro que la 'sovietización' de la Europa central y oriental sería posible sin un enfrentamiento. Las relaciones con el oeste del continente se deterioraron, y el Telón de Acero hizo desaparecer la cooperación política y económica.
 
Años más tarde, en 1968 en Praga y durante los años ochenta en Polonia, el desacuerdo entre ambas partes se hizo evidente, aunque se mantuvo latente la esperanza de un cambio. El año 1989, Europa comenzó a reescribir la historia.
 
Un año crucial
 
  • Febrero-abril: conversaciones entre el Partido Comunista Polaco y el movimiento de protesta Solidaridad.
 
  • Marzo: 80.000 manifestantes se congregan en Budapest en favor de la democracia. La oposición se organiza.
 
  • 4 y 18 de junio: durante las elecciones parcialmente libres en Polonia, Solidaridad gana 99 de 100 escaños en el Senado y los 161 del Sejm, la Cámara baja del Parlamento polaco.
 
  • 27 de junio: los Ministros de Asuntos Exteriores de Austria y Hungría eliminan la valla de la frontera entre los dos países.
 
  • 19 de agosto: apertura simbólica durante tres horas de la frontera entre Austria y Hungría para el "picnic paneuropeo".
 
  • 23 de agosto: dos millones de personas juntan sus manos formando la "cadena báltica" que atraviesa Estonia, Letonia y Lituania para tratar de llamar la atención sobre la situación de los países bálticos y también recordar el 50 aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop. Este pacto entre Alemania y la Unión Soviética desembocó en la ocupación de los tres Estados.
 
  • 24 de agosto: Tadeusz Mazoviecki, miembro del sindicato Solidaridad, se convierte en Primer Ministro polaco tras el intento fallido para formar un gabinete por parte del candidato comunista. Así, se forma el primer gobierno no comunista en la Europa antes perteneciente al bloque soviético.
 
  • 11 de septiembre: el gobierno húngaro anuncia que los refugiados de Alemania del este no serán repatriados, sino que se les permitirá viajar a la parte oeste. Un total de 13.000 refugiados de la zona oriental atraviesan Hungría para llegar a Austria y a la República Federal Alemana.
 
  • 9 de octubre: más de 70.000 personas se manifiestan en la ciudad de Leipzig entonando el "Wir sind das Wolk" (somos el pueblo).
 
  • 18 de octubre: Erich Honecker dimite como Presidente del Consejo de Estado de la República Democrática Alemana.
 
  • 4 de noviembre: más de un millón de personas se congregan para manifestarse en la Alexanderplatz de de Berlín este.
 
  • 9 de noviembre: se derrumba el muro de Berlín.
 
  • 17 de noviembre: "revolución de terciopelo" en Chechoslovaquia. Las manifestaciones masivas acaban con el gobierno comunista.
 
  • 16 de diciembre: nuevas protestas en Timisoara (Rumanía) como respuesta al intento de desalojo del pastor disidente László Tőkés (ahora eurodiputado). Los estudiantes se unen a las manifestaciones que se centran en las sedes de los partidos. Las protestas se extienden hasta Bucarest, forzando la huida de Nicolae Ceaucescu.
 
  • 25 de diciembre: Nicolae Ceaucescu y su mujer son ejecutados.
 
Desintegración
 
La Unión Soviética siguió avanzando hacia su desintegración durante los dos años siguientes. En 1990 Alemania fue reunificada, mientras en Varsovia el líder de Solidaridad, Lech Walsea, se convertía en Presidente.
 
Finalmente, en diciembre de 1991, la hoz y el martillo fueron retirados del Kremlin de Moscú y sustituidos por la nueva bandera de la Federación Rusa. La Unión Soviética dejó de existir y en su lugar se creó la Comunidad de Estados Independientes.
 
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Los cambios democráticos en la Europa Central y del Este, según Róża Thun

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"Incluso cuando estaba arrestada, era una persona libre"

"Incluso cuando estaba arrestada, era una persona libre"

"Incluso cuando estaba arrestada, era una persona libre", afirma la eurodiputada Róża Thun, antigua disidente y activista dentro del sindicato polaco Solidaridad. En una entrevista exclusiva para Europarl, explicó por qué no le gusta hablar sobre la "Caída del Muro de Berlín", y cómo Polonia ha sobrellevado su transición democrática. Descubre, a través de la entrevista, una auténtica perspectiva polaca sobre los cambios democráticos que se han producido en los últimos veinte años.
 
Ha dicho recientemente que no le gusta la expresión "Caída del Muro de Berlín" para describir los cambios democráticos que han tenido lugar en la Europa central y oriental durante los últimos veinte años. ¿Por qué?
 
En mi opinión, la "Caída del Muro de Berlín" es un acontecimiento alemán muy simbólico e importante. Pero lo que realmente cambió Europa fue el hecho de que todos juntos nos las arreglamos para desmantelar el llamado "Telón de Acero", esa terrible división de Europa. Para mí, "caer" o "derrumbar" son verbos que mostrarían nuestra pasividad ante esa situación, mientras que en vez de "caerse" se puede decir que nosotros lo desmantelamos con un enorme esfuerzo, coraje y visión desde ambos lados del "Telón".
 
Como activista destacada de Solidaridad, usted estuvo personalmente involucrada en los cambios que acontecieron antes de 1989.
 
Usted sabe que soy una mujer mayor, y esa es una larga historia (risas)... Yo estuve involucrada en el movimiento democrático, considerada como una disidente ya desde la década de los setenta, antes de Solidaridad. Hubo un momento durante mi juventud, cuando aún estaba en la Universidad, en que yo y mis amigos nos dimos cuenta de que somos responsables de lo que sucede a nuestro alrededor; que no somos objetos, sino sujetos; que queremos y podemos decidir sobre lo que pasa. Nos dimos cuenta de que podíamos tener influencia en esa situación sin esperar que Europa cambiase mucho en un abrir y cerrar de ojos, de manera que Polonia llegara a ser un país democrático y un miembro de la Unión Europea.
 
Los grupos que nos opusimos a la dictadura comunista éramos, al menos, gente libre, gente normal en un sistema político completamente anormal. Y eso ya era un lujo, incluso a pesar de pagar un precio por ello. Yo fui portavoz de una asociación estudiantil llamada "Comité estudiantil por la Solidaridad", que ya existía antes de Solidaridad, y fueron organizaciones como éstas las que respaldaron a los sindicatos y a los movimientos más grandes que surgieron después.
 
Debo decir que aunque fueron tiempos muy difíciles (éramos constantemente seguidos por la policía secreta y arrestados con frecuencia), tengo muy buenos recuerdos. Yo era libre aunque estuviera arrestada, aprendí y comprendí un motón de cosas, hice amigos maravillosos y, hoy por hoy, vivo en una Europa que ha hecho realidad mucho más de lo que hubiera soñado en esos tiempos. Además, me puedo permitir decir con toda mi humildad, que yo tuve algo que ver en este gran desarrollo.
 
Echando la vista atrás veinte años, ¿qué expectativas de las que tenía se han cumplido, y qué le ha podido decepcionar?
 
Siempre hay decepciones y personas que no lo supieron sobrellevar. Pasar de un mundo cerrado a una economía de libre mercado totalmente abierta fue un gran reto. Polonia vive cambios constantes. En los últimos veinte años todo ha cambiado, no solo a nivel nacional sino también en relación a las políticas exteriores. Por ejemplo, cuando uno mira el mapa de Europa, todos los vecinos de Polonia cambiaron: al este teníamos a la Unión Soviética, que ya no existe; al sur teníamos a Checoslovaquia, que ya no existe; y al oeste teníamos la República Democrática Alemana, que tampoco existe ya.
 
Nuestro día a día también pasó por cambios tremendos. El sistema social polaco no es suficientemente rico y desarrollado para cuidar de aquellos que no fueron capaces de sobrellevar los cambios. Por eso hay algunas personas que están frustradas. Pero los polacos en general son lo opuesto a estar frustrado. Incluso en las encuestas de opinión, están muy felices con sus vidas y con decisiones políticas como la de adherirse a la Unión Europea. Están obteniendo muy buenos resultados a nivel económico, en este momento los mejores de Europa. Son extremadamente trabajadores y están viendo ahora los resultados de su ardua labor.
 
¿Cuál es su mensaje para las nuevas generaciones?
 
Que vivan de forma activa, que se involucren. Cuando te haces mayor te das cuenta de lo importante que es poder mirar atrás y ver que has dejado un rastro positivo para Europa. La generación más vieja siempre dice: "cuando éramos jóvenes, la juventud era mucho mejor". Odio escuchar esto, porque si hubiera sido mejor no hubiéramos alargado la vida de ciertos sistemas.
 
La generación venidera no solamente es buena, sino que le ha tocado vivir en tiempos afortunados. Desearía que despertaran una mañana, sonrieran por la época en que viven, la disfrutaran y sintieran responsabilidad por la misma. Estos cambios sólo pueden ir a mejor con su total compromiso para con el mundo que les rodea: para con su barrio, su escuela, su parroquia, su universidad, su región, su política nacional o europea. Les deseo que se casen, que tengan hijos, que vivan una vida normal y feliz, y que transmitan su optimismo y responsabilidad a la siguiente generación.
 
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Del Pacto Hitler-Stalin a la caída del muro de Berlín

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Firma del pacto Molotov-Ribbentrop

Firma del pacto Molotov-Ribbentrop

Este año se cumple el 70° aniversario del pacto Molotov-Ribbentrop entre Hitler y Stalin, por el que se repartían Europa del Este. También se conmemoran los 20 años de la caída del muro de Berlín. El Presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, abrió una conferencia en la que recordó el pacto y subrayó lo mucho que ha avanzado Europa desde entonces: "Actualmente vivimos en una Europa diferente, cuya base debe ser la solidaridad".
 
La caída del muro de Berlín tuvo lugar el 9 de noviembre de 1989. El Pacto de no agresión Germano-Soviético había sido firmado el 23 de agosto de 1939, creando "una terrible unión de dos regímenes totalitarios: el nazismo y el comunismo". El vicepresidente de la Comisión, Jacques Barrot, ofreció una conferencia bajo el lema "Europa: setenta años después del pacto Molotov-Ribbentrop", organizada por los Parlamentos nacionales de los estados bálticos el pasado 14 de octubre en la Eurocámara.
  
Un recuerdo compartido
 
La conferencia se centró en la necesidad de unir todas las historias de Europa y a la vez consolidar el conocimiento del pasado. "Ahora más que nunca debemos constituir una sola voz cuando hablamos como UE de cara al exterior", dijo el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek.
 
Aivars Stranga, historiador de la Universidad de Letonia, explicó que la ausencia de un recuerdo compartido provoca problemas de comprensión, y añadió que esto puede suponer un grave obstáculo a la hora de crear un futuro común. "La historia de la Unión Europea debería ser narrada desde una perspectiva común".
 
Los ponentes exigieron cooperación internacional para aportar ideas sobre cómo difundir el conocimiento de la historia europea. En este sentido, el eurodiputado estonio Mart Laar subrayó la necesidad de introducir un nuevo manual escolar de historia.
 
Destrucción del muro, destrucción de la prisión.
 
El muro de Berlín cayó hace veinte años, pero ¿comprenden realmente los países occidentales lo que pasó al otro lado del mismo durante los 50 años anteriores?
 
El eurodiputado lituano Vytautas Landsbergis explicó que "la aparición del nefasto y sangriento muro de Berlín permitió la construcción de dos Europas, la de la democracia y la soviética".
 
También dijo que los países que se habían unido a la UE cinco años antes se encontraban "en una gran cárcel que se extendía sobre Europa Central y Oriental... que tenía prisioneros a millones de personas... La caída del muro también supuso la caída de esta prisión y una denuncia de la división política y cultural de Europa".
 
¿Sigue habiendo problemas?
 
Muchos ponentes explicaron que la Europa Occidental no acaba de entender las consecuencias que para un gran número de personas al otro lado del Telón de Acero, supuso vivir bajo el régimen comunista, ni los crímenes que allí se cometieron.
 
El problema surge cuando se intenta comparar dos regímenes totalitarios, dijo Kazimierz Woycicki, de la Universidad de Varsovia. "No podemos establecer ninguna coincidencia entre el holocausto y el régimen de Stalin".
 
Camilla Andersson, del Instituto de Información sobre Crímenes del Comunismo en Suecia, declaró que hay un gran desconocimiento en Occidente: "mucha gente cree que el muro de Berlín fue construido por los nazis".
 
Los participantes en la conferencia manifestaron la importancia que tiene el compartir experiencias y opiniones en el marco de la UE.
 
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Werner Schulz, la fuerza de la palabra y el recuerdo

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Werner Schulz ©BELGA_AFP PHOTO DDP_MICHAEL KAPPELER

Werner Schulz ©BELGA_AFP PHOTO DDP_MICHAEL KAPPELER

"Tener que conquistar la libertad y la democracia por uno mismo te marca profundamente", asegura Werner Schulz. Veinte años después de la caída del Muro de Berlín, el hoy eurodiputado del grupo de los verdes relata su implicación en la "revolución pacífica" en Alemania oriental y se rebela ante el resumen de lo ocurrido en 1989 como "el colapso del comunismo". "Los sistemas no colapsan sin más", dice, recordando la pervivencia del comunismo en Cuba o Corea del Norte.
 
¿Recuerda el 4 de noviembre de 1989, cuando más de un millón de personas se manifestaron en Berlín?
 
Sí, fue la primera manifestación libre de cierta importancia que viví en Berlín. La gente llegaba de todas partes con pancartas increíblemente creativas y provocativas, con eslóganes y caricaturas. Corría el rumor de que la Stasi (la policía secreta de la RDA), quería provocar un accidente delante de la puerta de Brandenburgo para justificar una represión violenta de la manifestación. Por ese motivo, muchos simpatizantes del grupo de oposición "nuevo forum" llevaban bufandas con el lema "no a la violencia", y se situaron por todas partes para evitar las provocaciones.
 
El 9 de noviembre de 1989 cae el Muro. ¿Fue derribado o le fueron saliendo fisuras?
 
El 9 de noviembre se atravesó la frontera; el Muro no cayó hasta más tarde. Ese día se agujereó el Telón de Acero no por efecto del azar, sino gracias a la presión de la calle. La gente se movilizó, todo estaba en ebullición, y por eso es por lo que se dirigieron en masa a los puestos fronterizos cuando se anunció por la televisión la apertura de la frontera. Anteriormente se habría disparado sobre toda esa gente, pero los soldados estaban desconcertados, y la tensión aumentaba cada vez más. La gente gritaba "¡abrid, abrid!"... abrieron y la multitud se precipitó hacia Berlín oeste.
 
Pero independientemente del muro, ¿el sistema se engulló a sí mismo?
 
No, el sistema se dio la vuelta. Los regímenes no colapsan así, sin más. Todos los que dicen que la RDA estaba en las últimas se equivocan. En Corea del Norte, en Cuba, los regímenes se mantienen aunque la población esté cada vez peor. Comparado con Rumanía, por ejemplo, la gente vivía bastante bien en la RDA. Nada se habría derrumbado por sí mismo. Se dio la vuelta al régimen.

Citation

El valor de la libertad y la democracia se percibe de forma muy diferente cuando se han deseado tantos años"
Werner Schulz, eurodiputado
El problema fue que no se podía impedir a la gente que bajara a la calle. La primera gran manifestación no autorizada, que tuvo lugar el 9 de octubre en Leipzig, logró que el poder político fuera incapaz de reaccionar. Por primera vez, no tenía capacidad para impedir una manifestación. Eso dio valor a la gente para hacer lo mismo por todas partes, y vimos una eclosión de manifestaciones. La presión continuó aumentando, y el SED (el partido entonces en el poder en la RDA) se vio obligado a publicar nuevas reglas para regular el derecho a viajar.
 
A principios de 1989, Erich Honecker había anunciado que el Muro se mantendría en pie cincuenta o cien años, mientras perduraran las razones de su existencia. Pero las únicas razones del Muro eran el SED y el hecho de que la gente huyera continuamente de la RDA. Cuando el Telón de Acero se hizo poroso se hicieron evidentes las últimas horas del SED.
 
¿El hecho de que las manifestaciones no fueran reprimidas como a Tiananmen fue decisión de los dirigentes de la Alemania del este, o del azar de la historia?
 
Es difícil decirlo, porque los responsables de la época no son sinceros hoy. Por un lado, amenazaron con hacer añicos el movimiento democrático como en Tiananmen, y coger prestada la forma de actuar de los "camaradas chinos". Por otra parte, no estoy seguro de que hubieran querido hacerlo realmente. La "vieja escuela", la que había vivido la época de Stalin, no habría dudado en aplastar la revolución; otros no lo tenían tan claro. Al mismo tiempo tenía lugar una especie de revuelta interna, porque había fallado la cadena de mando.
 
En Leipzig, el 9 de octubre, las ametralladoras no hubieran bastado para disciplinar a 70.000 personas. Las fuerzas del orden hubieran podido disparar, y aquello habría terminado en un baño de sangre. Los manifestantes que, llenos de miedo, osaron desafiar la prohibición, resultaron vencedores del pulso.
 
¿Tienen un significado especial aquellos acontecimientos para usted, como eurodiputado?
 
Por supuesto. Tener que conquistar la libertad y la democracia por uno mismo te marca profundamente. Al contrario que los alemanes del oeste, no es algo que hayamos recibido sin más. Creo que el valor de la libertad y la democracia se percibe de forma muy diferente cuando se han deseado durante tantos años.
 
Además, soy muy sensible ante la situación en Europa del este, y trabajo mucho en la problemática rusa, porque allí hay personas que se encuentran en una situación parecida a la que teníamos nosotros en la RDA. A veces su situación es incluso peor, porque tienen violencia, no se trata de intimidación sino de muertes. Ese es el motivo de mi firme compromiso por que el premio Sájarov a la libertad de conciencia fuera otorgado a la asociación Memorial.
 
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La caída del muro de Berlín contada por Jacques Santer

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Jacques Santer

Jacques Santer© Belga/PHOTOPQR/LE REPUBLICAIN LORRAIN/HECKLER Pierre

"La mañana después de la caída del muro, había muchos « Trabis » en la frontera con Luxemburgo" recuerda Jacques Santer, antiguo Presidente de la Comisión Europea y Primer Ministro de Luxemburgo cuando tuvieron lugar los acontecimientos de finales de 1989. Santer ha hablado en exclusiva para Europarl reviviendo lo que ocurrió en esos años. Los líderes de Alemania del Este " querían ver la radio luxemburguesa" como símbolo "de paz y de libertad".
 
Señor Santer, ¿cómo recuerda usted los acontecimientos de 1989? ¿Se vio implicado de alguna forma en ellos?
 
Por aquel entonces yo era el Primer Ministro del Gran Ducado de Luxemburgo que, en 1990, era además el país que presidía la Unión Europea. En efecto, esa movilización de los alemanes del este que desembocaría en el derrumbamiento del muro de Berlín nos dejó sorprendidos y conmovidos en aquel momento. No obstante, ya sabíamos con antelación que una serie de acontecimientos de la misma índole estaban teniendo lugar  en Hungría, Polonia y Checoslovaquia.
 
La mañana después de la caída del muro, había muchos "Trabis" en la frontera con Luxemburgo, así que los aduaneros luxemburgueses me llamaron para preguntarme qué debían hacer con la gente que esperaba ahí sin visado. Querían visitar la radio luxemburguesa, censurada en la República Democrática Alemana, ya que era la radio que difundía el mensaje de paz y libertad. Les dejé entrar y les enseñamos la radio. Después se marcharon porque no estaban autorizados a quedarse más tiempo.
 
Después de esto, hubo muchas discusiones y desacuerdos entre los cristiano-demócratas. Me convocaron a una de sus cumbres en Pisa, a la que acudí como Presidente del Partido Popular Europeo. En esa reunión, que no se dio realmente a conocer fuera del Parlamento, los cristiano-demócratas, unidos en torno a la figura del canciller Helmut Kohl, alcanzaron un consenso por el que se decidió  optar por una estrategia de apoyo a la unificación alemana.
 
Veinte años después y con una perspectiva occidental, ¿cómo ve la situación actual de Europa del Este? ¿Cree usted que las reformas anteriores han sido llevadas a buen término?
 
Creo que se trata de una historia de éxito. Por supuesto, esto también propició la aparición de nuevos problemas, ya que hubo que hacer un esfuerzo considerable. Hay dos acontecimientos que tuvieron lugar cuando yo era Presidente de la Comisión, de los que estoy muy orgulloso: por un lado, y teniendo en cuenta la actual crisis económica, de haber introducido el euro y, por otro, de haber estado al mando de la Comisión cuando por primera vez ésta dirigió la estrategia de ampliación, entre 2004 y 2007. Estoy muy contento de haber podido contribuir de esta forma a la unificación de nuestro continente mediante los valores de la paz y la libertad.
 
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