Sassoli: "El desbloqueo de las negociaciones depende del Consejo" 

 

Discurso del presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli, ante el Consejo Europeo de 15 y 16 de octubre de 2020

En los últimos meses, la crisis de la COVID-19 ha afectado a todos los aspectos de nuestra vida. Es tan omnipresente que ha eclipsado otra grave crisis: la emergencia climática. Los recientes fenómenos meteorológicos extremos en Europa son un trágico recordatorio de que el cambio climático sigue siendo uno de los problemas más acuciantes de nuestra era.

La pandemia y las medidas aplicadas para afrontarla nos ofrecen posibilidades inauditas para el futuro con respecto a la sostenibilidad medioambiental y social.

Esta es la oportunidad para que Europa dé muestras de liderazgo. En el marco del Acuerdo de París, las naciones europeas se comprometieron a abrir el camino hacia una transición ecológica. Ahora tenemos la responsabilidad política y moral de cumplir realmente estas promesas. La Unión tiene la capacidad económica y política necesaria para hacerlo.

Considero que la Ley Europea del Clima es una piedra angular del Pacto Verde, ya que establece por ley el objetivo de neutralidad climática para 2050 y refuerza el objetivo de reducción de las emisiones para 2030. El Parlamento Europeo aboga por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 60 % para 2030. La próxima década será crucial para invertir esta tendencia. Necesitamos un objetivo firme para guiarnos por el camino hacia la neutralidad climática. Creo que es menos costoso actuar de forma decisiva desde ahora mismo, en lugar de esperar y actuar más tarde. Además, debemos movilizar la industria y ayudarla para que trabaje en pos de una economía más sostenible, de modo que la competitividad industrial y la política climática se refuercen mutuamente. La protección del medio ambiente conlleva nuevos puestos de trabajo, más investigación, más protección social y más oportunidades.

Los esfuerzos de quienes dependen en mayor medida del carbono deberán ser reconocidos y recibir apoyo.

El cambio climático no entiende de fronteras nacionales, por lo que es necesaria una acción común para ayudar al planeta. Tenemos que intensificar nuestros esfuerzos a escala mundial, en consonancia con el Acuerdo de París. Y esto es algo que nos incumbe a nosotros, europeos, y a nuestros socios.

En los próximos meses invertiremos de forma masiva en la reconstrucción de nuestras economías y debemos garantizar que los paradigmas del pasado no sean los motores de la recuperación. Debemos utilizar los estímulos económicos ofrecidos por las instituciones públicas para cambiar radicalmente nuestros modelos de crecimiento, garantizando al mismo tiempo una transición justa adaptada a nuestras necesidades y a las de las generaciones futuras. Nadie debe quedar rezagado. El objetivo de la neutralidad climática representa una oportunidad para reducir las brechas presentes en nuestras sociedades y restablecer el equilibrio de una manera más justa e inclusiva.
Esto me lleva a nuestra asociación con África, que es esencial para el crecimiento, la prosperidad y la seguridad en esta parte del planeta. Cuanto más fuerte sea África, más fuertes seremos nosotros. Europa y África tienen un destino común. Es preciso invertir más en nuestra cooperación a todos los niveles, pero haciendo especial hincapié en la salud, la educación y el cambio climático, que siguen siendo las principales prioridades en la actualidad. A la vez que mejoramos nuestra cooperación, debemos centrarnos en la innovación, la economía digital, la energía y la agricultura. También hemos de intensificar aún más nuestra respuesta en materia humanitaria y de desarrollo para ayudar a los países africanos a hacer frente a los retos sanitarios inmediatos. Celebro la iniciativa de la Comisión de poner en marcha un puente aéreo humanitario de la UE.

Además, me gustaría destacar la necesidad de celebrar el nuevo acuerdo posterior a Cotonú y doy las gracias a la Presidencia alemana por su empeño en dar prioridad a la conclusión de las negociaciones. Sigo siendo optimista y creo que el nuevo acuerdo propuesto contribuirá a satisfacer las aspiraciones de la población de África, el Caribe y el Pacífico y de los ciudadanos de la Unión, e incluirá una sólida dimensión parlamentaria.
Hace dos semanas el Consejo Europeo pidió por una reducción de la tensión en el Mediterráneo Oriental y que Turquía se abstuviera de hacer provocaciones en violación del Derecho internacional. Lamentablemente, las cosas parecen ir en la dirección opuesta. El buque Oruç Reis ha vuelto a la misma posición en que se encontraba en agosto. Los turcos han decidido unilateralmente reabrir parte del complejo de Varosha. El discurso turco es cada vez más agresivo y, ciertamente, la intervención en el conflicto de Nagorno-Karabaj no ayuda en absoluto. Ha llegado el momento de que la Unión apoye plenamente los esfuerzos de mediación de Alemania y de que se mantenga unida y hable con una sola voz. Es la única manera de enviar un mensaje creíble y proporcionar un mayor impulso a los esfuerzos de reducción de la tensión.

Estimados colegas:

Dentro de once semanas a partir de mañana finalizará el período transitorio con el Reino Unido y el Derecho de la Unión dejará de aplicarse en este país. La situación ya no será igual para los trabajadores, las pymes, los estudiantes, los investigadores y los comerciantes de bienes y servicios. Habrá cambios, pero estos serán mucho más significativos si no logramos llegar a un acuerdo sobre nuestra futura relación a partir del 1 de enero de 2021.

Estamos en una coyuntura crítica y tenemos que hacer balance de nuestra posición, especialmente por lo que respecta a nuestros ciudadanos y empresas, que quieren saber qué cabe esperar para poder planificar el futuro y sentirse protegidos. Nuestro deber es proteger sus intereses. Esperábamos estar en condiciones de celebrar un acuerdo al llegar a esta cumbre, pero aún no es así.

 Desde el principio, la Unión ha sido muy clara sobre cuáles eran nuestros principios fundamentales en estas negociaciones y sobre qué ámbitos debían resolverse. Queremos un acuerdo global, centrado en la competencia libre y justa, una solución a largo plazo y equilibrada en materia de pesca y un mecanismo sólido para garantizar el cumplimiento de las normas. No se trata de tácticas, sino de salvaguardar las bases y la esencia de la Unión Europea y del mercado único, que no pueden ser negociables.

Por otro lado, aunque las conversaciones se han intensificado recientemente y la Unión seguirá negociando hasta el último momento, me preocupa mucho la falta de claridad por parte del Reino Unido, cuando nos acercamos rápidamente a finales de año. Un acuerdo redunda en interés de ambas partes, pero, como ya he dicho, no puede ser un acuerdo a cualquier coste. Esperamos que nuestros amigos del Reino Unido aprovechen la muy limitada oportunidad que nos queda para trabajar de manera constructiva a fin de superar nuestras diferencias.

En lo concerniente al Acuerdo de Retirada, esperamos asimismo que el Reino Unido respete plenamente el Estado de Derecho y cumpla los compromisos negociados y ratificados concienzudamente por ambas partes. Están en juego la paz y la estabilidad de la isla de Irlanda y la salvaguardia del Acuerdo del Viernes Santo. No podemos aceptar nada que ponga en peligro estos logros y compartimos el mismo interés y compromiso por evitar una frontera física. Por tanto, instamos al Reino Unido a que cumpla sus compromisos y retire con carácter urgente los elementos controvertidos del proyecto de ley sobre el mercado interior, lo que supondría un paso hacia el restablecimiento de la confianza necesaria para proseguir nuestras futuras relaciones.

Señoras y señores del Consejo Europeo:

En un contexto marcado por la ola de la pandemia que no cesa y los contagios que someten de nuevo a una dura prueba a nuestros Estados miembros, los retos mundiales y geopolíticos a los que se enfrenta la Unión exigen respuestas rápidas a las dificultades de nuestros ciudadanos. Todos somos conscientes de que se han adoptado medidas urgentes, pero todavía no podemos decir si serán suficientes para vencer una crisis que, día tras día, nos muestra su carácter imprevisible y su profundidad. No cabe excluir una «segunda fase» que implique la adopción de medidas a una escala mayor de la aplicada hasta ahora. Navegamos en un mar proceloso y hemos de considerar todas las opciones si queremos evitar el naufragio. Esta es la razón por la que el Parlamento está tan decidido a alcanzar un acuerdo en el marco de la negociación del MFP y el Plan de Recuperación. Se observan avances en algunos ámbitos, lo cual es positivo: tenemos que avanzar. Y el Parlamento no está bloqueando nada.

Por el contrario, de forma muy oportuna, a mediados de septiembre el Parlamento inició el camino hacia la ratificación del Instrumento de Recuperación. No obstante, tenemos que acordar una hoja de ruta vinculante para la introducción de nuevos recursos propios en los próximos años, a fin de cubrir al menos los intereses y reembolsos.

Más de dos años después de la propuesta de la Comisión, también acogemos con satisfacción la apertura del debate sobre la protección del presupuesto de la Unión contra la repercusión del incumplimiento del Estado de Derecho. Estamos decididos a defender un mecanismo sólido, que pueda aplicarse eficazmente en la práctica.
Sin embargo, hay un ámbito en el que no se ha avanzado.

Es comprensible que, en julio, ustedes se concentraran en el Instrumento de Recuperación y en las asignaciones nacionales. No obstante, la reducción de los programas de siete años con una clara dimensión europea no es el camino adecuado.
A fin de alcanzar un compromiso, el Parlamento se ha alejado significativamente de sus peticiones iniciales respecto del MFP. Desearía resumirles, con afán realista y constructivo, los puntos esenciales para el Parlamento.

En primer lugar, permítanme recordarles que nuestros negociadores pidieron 39 mil millones de euros adicionales. Se trata de una modificación mínima del paquete de 1 800 billones de euros, pero que supondría una gran diferencia para los ciudadanos que se benefician de nuestras políticas comunes.

Hemos presentado propuestas creativas para financiar estos 39 mil millones de euros. Para ello, necesitamos un aumento del límite máximo de gasto de 9 mill millones de euros con el que alcanzaríamos exactamente el mismo nivel de gasto que en el período 2014-2020 en términos reales.
 
El segundo elemento esencial: nuestra propuesta de contabilizar los costes de los intereses de Next Generation EU al margen de los límites máximos del MFP.
Hay que tener en cuenta que Next Generation EU significa un compromiso extraordinario y, por lo tanto, el coste de los intereses de los intereses de Next Generation EU también tienen un valor de gasto extraordinario. Estos costes no deben competir con los programas del MFP. Por lo tanto, si dejamos los intereses de Next Generation EU al margen de los límites máximos, dispondremos de 13 mil millones para emplear en los programas.

En tercer lugar, debemos garantizar instrumentos con una flexibilidad suficiente como para hacer frente a acontecimientos imprevistos y no perder ni un solo euro del MFP o del Instrumento de Recuperación. Los fondos que pudieran quedar sin utilizar deben redistribuirse entre los programas cubiertos por el marco plurianual.

Ahora las negociaciones se han estancado y está en sus manos desbloquearlas. Para avanzar es imprescindible actualizar el mandato de negociación de la Presidencia alemana. No se trata de poner en cuestión el acuerdo alcanzado en julio, sino de que el Consejo dé un pequeño paso hacia la aprobación definitiva del paquete.